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¿Que es un caso?

Juan David Nasio

Este texto es el primer capítulo del libro "Los mas famosos casos de psicosis"
"Yo mismo me sorprendo al ver que
mis observaciones de enfermo se leen como novelas,
y que no llevan, por así decirlo, el sello de la seriedad,
propio de los escritos de los hombres de ciencia"
S. Freud
En su acepcin m!s com"n, la expresin "un caso" desi#na para el practicante el inter$s
particular que deposita en al#uno de sus pacientes. %on #ran frecuencia ese inter$s lo
impulsa a compartir su experiencia con sus cole#as &supervisin, #rupos clínicos, etc$tera',
pero a veces, tal inter$s da lu#ar a una observacin escrita que constituye entonces lo que
llamamos verdaderamente un caso clínico.
(ecordemos, no obstante, que, en el discurso m$dico, la palabra "caso" adquiere un sentido
muy diferente y hasta opuesto al sentido psicoanalítico que le daremos en este libro.
)ientras en medicina la idea de un caso remite a un su*eto annimo representativo de una
enfermedad + se dice, por e*emplo, "un caso de listeriosis"+, para nosotros, en cambio, un
caso expresa la sin#ularidad misma del ser que sufre y de la palabra que nos diri#e.
,sí es como, en psicoan!lisis, definimos un caso como el relato de una experiencia
sin#ular, escrita por un terapeuta para dar testimonio de su encuentro con un paciente y
apoyar la innovacin terica. Ya sea que se trate del informe de una sesin o del desarrollo
de una cura, ya sea que constituya la presentacin de la vida y de los síntomas del
anali-ando, un caso es siempre un escrito que apunta a ser leído y discutido. .n escrito que,
en virtud de su modo narrativo, pone en escena una situacin clínica que ilustra una
elaboracin terica. /or ello, podemos considerar el caso como el paso de una
demostracin inteli#ible a una presentacin sensible, como la inmersin de una idea en el
flu*o mvil de un fra#mento de vida y concebirlo, finalmente, como la pintura viva de un
pensamiento abstracto.
L,S 0(ES F.1%231ES 4E .1 %,S35 4246%02%,, )E0,F3(2%, Y
7E.(8S02%,
Funcin did!ctica
/recisamente ese car!cter esc$nico y fi#urativo es lo que lo confiere al estudio de caso un
indiscutible poder de su#estin y de ense9an-a. :/or qu$; :<u$ distin#ue el relato de un
caso de otros escritos did!cticos; Su particularidad estricta en lo si#uiente5 el relato de un
caso transmite la teoría diri#i$ndose a la ima#inacin y a la emocin del lector. %asi sin
darse cuenta, el *oven practicante aprende el psicoan!lisis de una manera activa y concreta.
Leyendo atentamente el caso, ima#ina que ocupa alternativamente el lu#ar del terapeuta y
el del paciente y experimenta lo que experimentan los prota#onistas del encuentro clínico.
.n caso se presenta, pues, como una fantasía en la que uno vuelva libremente como una
mariposa de un persona*e al otro, en el seno de un mundo virtual, exceptuado como est! de
toda confrontacin directa con la realidad. ,sí, el e*emplo clínico muestra los conceptos y,
al mostrarlos, transforma al lector en actor, quien mediante un improvisado *ue#o de roles,
se inicia en la pr!ctica y asimila la teoría. Esta es la funcin did!ctica de un caso5 transmitir
el psicoan!lisis a trav$s de la ima#en, m!s exactamente, a trav$s de la puesta en im!#enes
de una situacin clínica que favorece la empatía del lector y lo introduce sutilmente en el
universo abstracto de los conceptos.
3bs$rvese que el alcance evocador de esta puesta en im!#enes que es el caso se aseme*a a
la nocin aristot$lica de catarsis. En su /o$tica, ,ristteles explica la atraccin que e*erce
la tra#edia en el espectador en virtud del fenmeno de la "purificacin &catarsis' de las
pasiones". = El espectador se libera de la tensin de sus pasiones al ver cmo se representa
ante $l el espect!culo de su drama íntimo. >e desarrollarse en el exterior su conflicto
interior. El principio del fenmeno cat!rquico puede resumirse en la si#uiente frmula5 lo
seme*ante se trata mediante lo seme*ante. Las pasiones que a#itan en silencio el
inconsciente del espectador se apaci#uan cuando este "ltimo ve desencadenarse en el
escenario esas mismas pasiones? la violencia de las pasiones reprimidas queda así
exorci-ada por la violencia de las pasiones teatrali-adas. @racias a identificaciones
ima#inarias con los persona*es de la tra#edia, el espectador participa activamente de la
intri#a? de espectador pasa a ser actor. ,hora bien, este mismo principio es lo que confiere
a la lectura del caso clínico su poder su#estivo. /ara nuestro lector, transformado en actor,
lo seme*ante se aprende mediante lo seme*ante? al leer el informe de las sesiones, ima#ina
que sufre lo que sufre el paciente e interviene como interviene el terapeuta.
/ero aquí sur#e una pre#unta5 :4e qu$ manera facilita la lectura fi#urativa el acceso al
pensamiento abstracto; :%mo, partiendo de una observacin clínica, puede el lector
deducir la teoría; 4e*ando de lado el placer narcisista de leer un caso +verdadero espe*o
que remite al lector a sí mismo+, :cmo explicar, por e*emplo, que el relato de La peque9a
/i##le nos permita comprender tan acabadamente el concepto Ainnicottiano de "madre lo
suficientemente buena"; 7emos dicho que el caso +visto en la perspectiva de quien lo
redacta+ es una puesta en im!#enes de un concepto, un paso de lo abstracto a lo concreto,
pero ahora queremos saber cmo se da el movimiento inverso. <ueremos saber como se
produce en el espíritu del lector el trayecto que va desde el texto ilustrado al concepto
pensado, de la escena a la idea, de lo concreto a lo abstracto.
1uestra respuesta puede resumirse mediante el si#uiente encadenamiento. En un primer
momento, y a fin de apoyar una proposicin terica, el terapeuta redacta el informe del
desarrollo de una cura, describiendo la vida y los síntomas de su paciente. Lue#o, el lector
aborda ese texto y se identifica con los persona*es principales de la historia del su*eto,
despu$s #enerali-a el caso al compararlos con otras situaciones an!lo#as para extraer, por
"ltimo, el concepto que hasta ahora no aparecía formulado. Solo entonces aparta de la
escena clínica y, #uiado por el concepto emer#ente, barre su espacio mental poblado por
otros conceptos conocidos y otras experiencias vividas.
En suma, cuando nuestro lector da vuelta la "ltima p!#ina de ese c$lebre diario de cura que
es La peque9a /i##le, comprende que uno de los e*es del libro es la nocin de "madre lo
suficientemente buena". %omprende que la "madre lo suficientemente buena" es la madre
simblica, es decir, la "doble" psíquica de la persona real de la madre, una representacin
mental que la ni9a puede maltratar y a#redir sin destruirla ni destruirse a sí misma. /or lo
tanto, al lector slo le resta dar un ultimo paso5 extender el concepto de "madre lo
suficientemente buena" al terreno m!s #eneral de la relacin transferencial entre paciente y
analista. 0eniendo presente esta nocin y observando cmo concluye el an!lisis de /i##le,
nuestro lector sabe ya que, se#"n los principios Ainnicottianos, la meta "ltima de la accin
del psicoanalista en procura de la cura es crear en el anali-ando la certe-a de que ha podido
amar y a#redir a su terapeuta de manera simblica, es decir, sin haberlo poseído ni
destruido realmente. /artiendo de la experiencia concreta de La peque9a /i##le los lectores
tenemos acceso al concepto de "madre lo suficientemente buena" y, desde ese trampolín,
podemos saltar hacia un nuevo concepto m!s amplio que llamar$, parafraseando a
Binnicott , analista lo suficientemente simboli-able. Lo suficientemente simboli-able para
sobrevivir, en su condicin de representacin psíquica, a las proyecciones pulsionales del
anali-ando? un analista que haya obrado en la realidad de la cura de manera lo
suficientemente pertinente para imprimir en la psique del paciente la fi#ura simblica de un
terapeuta inalterable, condicin esencial para que el anali-ando termine su an!lisis sin culpa
respecto de aquel que se someti a la influencia de la transferencia.
En suma, el valor did!ctico de un caso estriba en el poder irresistible que tiene una historia
clínica de atrapar al ser ima#inario del lector y de llevarlo sutilmente, casi sin que $ste lo
advierta, a descubrir un concepto y a elaborar otros.
4ramati-ar el concepto
Sin embar#o, debo precisar aquí +siempre refiri$ndome a la funcin did!ctica del caso+ que
existe otro modo de poner en escena un concepto sin tener que recurrir por ello al
testimonio de un caso clínico. :%mo; Ya no se trata de una ilustracin en la que el
concepto "obra" dentro de una escena humana, sino de ver cmo el concepto mismo se hace
humano, cobra vida, se trata de antropomorfi-arlo, de hacerlo hablar y actuar como hablaría
y actuaría un ser que quiere hacerse entender. ,sí ocurre que, movido por mi pensamiento
visual, me pon#o a expresar con #estos las nociones m!s abstractas y formales. %uando
debo ense9ar en un marco restrin#ido como el de mi seminario cerrado, a veces siento el
impulso de expresar la si#nificacin de una nocin mediante, adem!s, mímicas y
entonaciones. /ero, fuera de esas situaciones particulares, cuando debo exponer por escrito
una entidad formal, me esfuer-o por presentar sus articulaciones sinuosas y con frecuencia
complicadas, a la manera de un director de teatro que convirtiera un concepto terico en el
persona*e central de una intri#a que se anuda, culmina y lle#a al desenlace? un director que
procura crear en su espectador una tensin tan sobreco#edora como el suspenso de un
drama.
0omemos el e*emplo del concepto de comple*o del Edipo en el ni9o. %uando,
recientemente, tuve que presentarlo, quise que el estilo de mi exposicin concordara lo m!s
posible con el movimiento psíquico que desi#na. /uesto que el Edipo es ante todo la
superacin de una prueba, el paso brusco de un estado a otro, era menester que mi
formulacin refle*ara la misma tensin que anticipa el salto, la misma emocin del transito
y la misma rela*acin que si#ue a la crisis. :%mo enunciar, pues, el concepto sin de*ar de
ser fiel a un proceso tan mvil y fluido; Se me ocurri for*ar un artificio de exposicin que
da vo- al inconsciente del ni9o edípico. ,l hablar en primera persona, el inconsciente del
ni9o nos relataría las peripecias de su crisis edípica. Esto es lo que nos confiaría5
"Yo, el inconsciente hablo5 siento excitaciones penianas 0en#o el falo y me creo
omnipotente , veces deseo poseer a mis padres y ser poseído por ellos y suprimir a mi
padre Siento placer fantaseando )i padre amena-a casti#arme castr!ndome >eo la
ausencia del pene+falo en una ni9a y en mi madre )e an#ustio 4e*o de desear a mis padres
y salvo mi pene Supero así la an#ustia 3lvido todo5 deseo, fantasía y an#ustia )e separo
sexualmente de mis padres y ha#o mía la moral de ellos %omien-o a comprender que mi
padre es un hombre y mi madre una mu*er y a advertir, poco a poco que yo tambi$n
pertene-co al lina*e de los hombres C...D."
Esas son las emociones sucesivas que marcan el movimiento dram!tico de la fantasía
edípica masculina. %ada frase enunciada en primera persona contiene una vasta red de
conceptos que el lector no necesariamente discierne, pero que, no obstante, asimila. Solo
lee los " yo siento", "deseo", "me an#ustio" u "me olvido", con los cuales se identifica y, al
hacerlo, inte#ra espont!neamente entidades abstractas.
En una palabra, dramati-ar un concepto si#nifica personificarlo y hacerle representar su
papel en una unidad de lu#ar, de tiempo y de accin a fin de atraer al lector y llevarlo al
cora-n de la teoría.

Funcin metafrica
(etornemos ahora al caso clínico y a su valor metafrico. Es frecuente + y pienso aquí
sobre todo en los c$lebres casos del psicoan!lisis+ que la observacin clínica y el concepto
del que constituye la ilustracin est$n tan íntimamente imbricados que la observacin
sustituya el concepto y se transforme en su met!fora. El hecho de que los analistas hayan
recurrido repetidamente a al#unos #randes casos, siempre los mismos, para e*emplificar un
concepto dado, ha provocado, con el transcurso de los a9os, un despla-amiento de
si#nificacin. El sentido primero de una idea se ha transformado poco a poco en el sentido
mismo de su e*emplo? y esto es hasta tal punto así que la sola mencin del nombre propio
del caso &Foey, las hermanas /apin, 4ominique, etc$tera' basta para hacer sur#ir
instant!neamente la si#nificacin conceptual. 0ambi$n el e*emplo lle#a a ser un concepto.
%uando estudiamos la psicosis en t$rminos abstractos, solemos evocar espont!neamente tal
episodio de la historia del delirante presidente Schreber y, al evocarlo, estamos teori-ando
sin saber que lo hacemos. /ienso aquí en el momento preciso en que estalla el delirio
paranoico del c$lebre presidente. Esta es la escena5 todavía en una duermevela, despu$s de
una noche de sue9os, Schreber ima#ina que sería muy a#radable ser una mu*er en el
momento del coito. Ya esta sola evocacin hace que se presente la hiptesis freudiana que
equipara la paranoia masculina con la expresin mrbida de una fantasía infantil e
inconsciente de contenido homosexual5 la de ser poseído sexualmente por el padre y #o-ar
de esa posesin. En su enso9acin ertica, Scherber es una mu*er embria#ada por la
voluptuosidad de la penetracin, pero en su fantasía subyacente es en verdad un ni9o que
#o-a al librarse al deseo sexual de su padre. ,dem!s, que un psicoanalista evoque ese clis$,
este episodio decisivo de la dolencia de nuestro presidente paranoico, equivale a afirmar
una de las principales proposiciones que explican el ori#en de la paranoia5 el amor
inconsciente por el padre ha sido proyectado hacia fuera en la persona de un hombre
acosador a quien uno odia y teme. La causa de la paranoia es la reactivacin a#uda de una
fantasía homosexual edípica. Gien se ve que el concepto de proyeccin paranoica se
desvanece ante el e*emplo que lle#a a ocupar su lu#ar.
7asta puede ocurrir que el caso+met!fora se estudie, comente y retome tan
incansablemente en la comunidad de los terapeutas que adquiera un valor emblem!tico y
hasta fetiche. :<u$ son Schreber, 4ora y 7ans sino historias consa#radas por la tradicin
psicoanalítica como los arquetipos de la psicosis, de la histeria y de la fobia;
:7ace falta a#re#ar que las numerosas observaciones clínicas que pueblan la teoría analítica
recuerdan la imposibilidad del pensamiento conceptual de expresar lo verdadero de la
experiencia recurriendo slo al ra-onamiento formal;

Funcin heurística
Sucede adem!s que el caso excede su rol de ilustracin y de met!fora emblem!tica para
lle#ar a ser en sí mismo #enerador de conceptos. Esto es lo que yo llamo "la funcin
heurística de un caso". La fecundidad demostrativa de un e*emplo clínico es a veces tan
fructífera que vemos proliferar nuevas hiptesis que enriquecen y consolidan la trama de la
teoría. /ara retomar la fi#ura del presidente Schreber, se9alemos que, #racias a las
sorprendentes )emorias de un neurpata comentadas por Freud, Lacan pudo concebir por
primera ve- la nocin de si#nificante del "nombre del padre" y la nocin correlativa de
forclusin, conceptos que, desde entonces, renovaron la comprensin del fenmeno
psictico. H /ara completar esta referencia, recordemos el papel que desempe9 el c$lebre
caso del hombre de los lobos &episodio de la alucinacin del dedo cortado' en el nacimiento
del concepto Lacaniano de forclusin.
.1 %,S3 ES .1, F2%%2I1
/ero, que un caso ten#a una funcin did!ctica +por ser un e*emplo que respalda una tesis+,
una funcin metafrica +porque es la met!fora de un concepto+ y hasta una funcin
heurística, como destello que est! en el ori#en de un nuevo saber, no impide que el informe
de un encuentro clínico nunca sea el refle*o fiel de un hecho concreto y que sea en cambio
su reconstitucin ficticia. El e*emplo nunca es un acontecimiento puro? siempre es una
historia modificada.
.n caso se define, pues, como el relato hecho por un practicante cuando reconstruye el
recuerdo de una experiencia terap$utica destacada. 0al reconstruccin slo puede ser una
ficcin, puesto que el analista recuerda el encuentro con el anali-ando a trav$s del filtro de
su vivencia como terapeuta, lo rea*usta de acuerdo con la teoría que quiere validar y, no
olvidemos este punto, lo redacta si#uiendo las leyes restrin#idas de la escritura. El analista
participa de la experiencia misma con su deseo, lue#o la recupera de su recuerdo, la piensa
mediante su teoría y la escribe en el len#ua*e com"n. Gien se ve hasta qu$ punto esos
planos sucesivos deforman el hecho real que termina por transformarse en otro.
Es así como el caso clínico resulta siempre de una diferencia inevitable entre lo real de
donde sur#i y el relato en el cual cobra forma. 4e una experiencia verdadera, extraemos
una ficcin y, a trav$s de esta ficcin, inducimos en el lector efectos reales. /artiendo de lo
real creamos la ficcin y, con la ficcin, recreamos lo real.
L, @ES0,%2I1 4E .1 %,S3 %L212%35 EL (3L 4EL ES<.E), 4EL ,16L2S2S
/ero, :cmo lle#a un psicoanalista a dar vida a un caso; : <u$ lo impulsa a escribir; En su
oscilacin permanente entre pr!ctica y teoría, deben cumplirse dos condiciones mínimas
para que el analista pueda transformar una experiencia sin#ular en un documento destinado
a sus cole#as.
,nte todo, el practicante estar! tanto m!s abierto y ser! tanto m!s sensible al encuentro
clínico, cuanto mayor sea su capacidad se sorpresa, y $sta ser! tanto mayor cuanto m!s
formado est$ el analista en la teoría. Frescura y ri#or, innovacin y saber son las primeras
cualidades de un clínico receptivo al suceso transferencial que lo impulsa a escribir.
La otra condicin mínima para producir un caso es comprometerse en la escucha del
paciente teniendo siempre presente, en un nivel preconsciente, lo que yo llamo el esquema
del an!lisis, es decir, un con*unto de hiptesis que definen la problem!tica principal de un
paciente dado. Este esquema, resultado de una madura reflexin del analista sobre los
conflictos pulsionales del paciente, personali-a la escucha de cada anali-ando.
Evidentemente, no escucho a Sarah, *oven anor$xica, con el mismo enfoque conceptual +
aunque sea muy flexible+ con que escucho a 4iana, que tambi$n es anor$xica, ni con el que
escucho a Fulien, que sufre de a#orafobia. /ara cada uno de estos pacientes, la inteli#encia
preconsciente de mi escucha es indiscutiblemente diferente, puesto que, a partir de la teoría
psicoanalítica #eneral, opero una reconstruccin de las principales fantasías subyacentes
ba*o los síntomas propios del anali-ando.
/ero, :por qu$ hablo aquí de un esquema del an!lisis; :<u$ funcin cumple en la escritura
de un caso clínico; En realidad, es una funcin determinante porque ese esquema, esta
construccin, por intelectual que sea, contin"a siendo indispensable para que, en el
momento m!s vivo de la escucha, *usto antes de interpretarla, el analista pueda
representarse la fantasía del inconsciente del paciente. ,hora bien, ese momento,
favorecido por la existencia previa del esquema conceptual, puede resultar tan conmovedor
que incite al practicante a escribir.
Expliquemos esto un poco m!s. )e presento a la escucha de mi paciente teniendo en un
se#undo plano, casi olvidado +pero siempre dispuesto a presentarse en mi espíritu+ el
esquema din!mico de sus conflictos pulsionales, m!s exactamente, el esbo-o de sus
fantasías dominantes. /ero, y esto es lo esencial, ese esquema, elaborado en mí desde la
primera entrevista y lue#o olvidado, parece sufrir una fermentacin psíquica que lo lleva a
convertirse, en el transcurso de la escucha, en una serie de im!#enes que se imponen a mi
espíritu. Las fantasías reconstruidas intelectualmente se transforman en un momento dado
en fantasías ima#inadas, casi alucinadas, en el espíritu del terapeuta, dicho de otro modo, el
esquema del an!lisis, madurado lar#amente, lle#a a convertirse, en el instante de la escucha
en una escena impresa de #ran nitide-.
,dem!s, el psicoanalista debe comen-ar por pre#untarse cuales son las fantasías
dominantes de su paciente y, una ve- establecida su elaboracin, ya no pensar en ella
esperando que se precipite en una escena ima#inada. La consi#na que le transmitiría yo al
psicoanalista sería, pues5 "(econstruya las fantasías primordiales, olvide la reconstruccin
y d$*ela actuar en usted hasta que +#racias a una manifestacin del paciente+ se transforme
en im!#enes animadas".
/or supuesto, la aparicin de esas im!#enes en el espíritu del terapeuta depende ante todo
de la fuer-a de las proyecciones transferenciales del anali-ado. Si bien es cierto que el
esquema del an!lisis se for* #racias al saber consciente del analista, tambi$n es cierto que
la aparicin de la escena ima#inada slo es posible #racias al inconsciente del psicoanalista.
/ara elaborar su esquema, el practicante se sirvi de su saber consciente? en tanto que para
visuali-ar la escena, se sirve de su inconsciente, entendido como instrumento perceptivo?
m!s exactamente, utili-a su inconsciente como una placa sensible expuesta a las
proyecciones inconscientes del anali-ando. En resumidas cuentas5 la fantasía ima#inada es
la aparicin en el espíritu del analista de lo reprimido del paciente.
,hora bien, la si#nificacin de la fantasía ima#inada, y con esto me refiero a la l#ica de la
escena fantasm!tica, J est! re#ida por la elaboracin conceptual del esquema del an!lisis,
esquema que funciona a seme*an-a de una "microteoría" que dicta el #uin de la escena
percibida. /or consi#uiente se comprende por qu$ ra-n nuestro esquema permite al
psicoanalista representarse adecuadamente la fantasía, es decir, ver emer#er en $l una
fantasía que expresa verdaderamente la trasferencia de su anali-ando y no una ilusin
personal.
En suma, ese esquema no es ni un resumen de los principios #enerales del psicoan!lisis, ni
la puesta en im!#enes propiamente dicha que se me impone en el momento de la
interpretacin. 1i teoría #eneral, ni fantasía visuali-ada, sino una elaboracin conceptual
a*ustada a cada paciente en particular que, una ve- olvidada, se convierte en una escena
ima#inada. En este sentido, definiremos la interpretacin psicoanalítica como la
representacin en palabras, hecha por el analista, de la escena ima#inada tal como se dibu*a
en su espíritu. 2nterpretacin que, se#"n las circunstancias, el terapeuta comunicar! al
paciente o, por el contrario, #uardar! para sí.
<uisiera dar aquí un e*emplo, tomado de mi propia pr!ctica, que muestra el paso del
esquema a la ima#en. /ienso en ,ntoine, un hombre de KL a9os que me consulta a causa de
su impotencia sexual. 4espu$s de al#unas sesiones, me entero de que, cuando era ni9o,
recibía frecuentes casti#os corporales de su padre, un hombre violento que tambi$n
aterrori-aba a su mu*er. %omo ha#o con la mayor parte de mis pacientes, pro#resivamente
lo#ro elaborar un esquema conceptual que orienta la escucha. %onstruyo, pues, la fantasía
que supuestamente explicaría la impotencia de ,ntoine. /artiendo de una hiptesis con la
que estoy familiari-ado, a saber, que siempre debemos buscar la causa del sufrimiento
neurtico en la relacin edipica con el padre del mismo sexo, J me di*e +y $ste es el
esquema del an!lisis+ que en su inconsciente nuestro anali-ando había tomado, en relacin
con su padre, el lu#ar de la madre. Se había, pues, identificado con una mu*er #olpeada que
sufre la brutalidad de un hombre. 4e modo que para $l la virilidad sería sinnimo de
violencia, y la femineidad, sinnimo de sufrimiento.
Esta secuencia fantasm!tica, que construí sesin tras sesin se#"n diferentes variantes, es,
en mi opinin, la escena inconsciente y pat#ena que indu*o la impotencia. En realidad
,ntoine es impotente porque, dominado por su fantasía, se prohíbe penetrar a una mu*er
por temor a hacerle da9o o a hacerle da9o a su propia madre. %omo est! identificado con su
madre, cree sentir el dolor que sentiría una mu*er cuando es penetrada. Le basta con
acariciar el cuerpo de una mu*er deseada para que, inmediatamente, sin darse cuenta, se
inhiba sexualmente.
,hora bien, un día, durante una sesin difícil, teniendo en mi espíritu todas estas ideas en
estado latente, fui sorprendido por el llanto s"bito del paciente. 0uve hasta tal punto la
impresin de oír los sollo-os de una mu*er que inmediatamente se me apareci el rostro
desconsolado de una madre que #emía en lo m!s profundo de ,ntoine. Esta ima#en, que se
me impuso en un momento crucial de la sesin se vio refor-ada por otra, i#ualmente
sin#ular y sobreco#edora cuando, al acompa9ar al anali-ando hasta la puerta, advierto lo
alto y corpulento que es. )e siento invadido entonces por una percepcin nueva que
representa un ni9o de M a9os, muy del#ado, que se encuentra de pie, aplastado entre el
cuerpo maci-o de un padre amena-ador y el esmirriado de una madre desecha en l!#rimas.
:<u$ sucedi; %iertamente un suceso ante todo transferencial, puesto que esas im!#enes
sur#idas en mi espíritu son la expresin fantasm!tica de lo reprimido inconsciente del
paciente. Y di#o bien "del paciente", pues, yo de*$ elevarse al plano consciente mi
percepcin inconsciente del inconsciente del paciente. )i inconsciente funcion en este
caso como un instrumento de percepcin. /ero seme*ante suceso transferencial no habría
podido darse sin el proceso previo de mis reflexiones tericas que afinaron la sensibilidad
de mi inconsciente y le#itimaron la secuencia de las escenas percibidas. Esa relacin
a*ustada y fluida entre teoría e inconsciente del psicocanalista es lo que yo formali-o
diciendo5 la fantasía primordial del paciente +reconstruida intelectualmente por el analista+
lle#a a ser en el aquí y el ahora de la sesin y #racias a un incidente transferencial, una
fantasía percibida.
:<u$ conclusin podemos sacar; 0erico slido capa- de sorprender y clínico sutil dotado
de un esquema del an!lisis5 $stas son las aptitudes que debe reunir el psicoanalista para
poder participar de un encuentro clínico apasionante que suscite el deseo de transcribirlo.
En suma, :por qu$ se escribe un caso; ,nte todo, por necesidad, la irresistible necesidad de
escribir para ali#erar la intensidad de una escucha que se vuelve mirada. Lue#o, por deseo,
de dar testimonio de la vivacidad de nuestra actividad analítica. Y, por "ltimo, uno escribe
adem!s impulsado por la se#uridad de pertenecer a la comunidad psicoanalítica, nacida de
la formali-acin de una primera experiencia, la de Freud, y consolidada desde hace un si#lo
por innumerables escritos nacidos de la pr!ctica de varias #eneraciones de psicoanalistas.
L, %31F24E1%2,L24,4
1o podríamos cerrar este capítulo sin considerar, aunque slo sea brevemente, un problema
mayor, el de la confidencialidad en lo que ata9e a la identidad del paciente que est! en el
ori#en del escrito clínico. 7ay dos re#las intan#ibles que el psicoanalista autor de un "caso"
debe respetar ri#urosamente. En primer lu#ar, es indispensable enmascarar todos los datos
y los detalles que permitan identificar a la persona del anali-ando, en se#undo lu#ar, en mi
opinin, es i#ualmente indispensable hacerle leer el documento al paciente ob*eto del
estudio y solicitarle su aprobacin para una eventual comunicacin y hasta publicacin. ,
fin de no perturbar el curso normal de la cura y de poder redactar el informe partiendo del
con*unto de los materiales, es preferible plantearle esta cuestin al paciente una ve-
terminado el an!lisis.
La estricta observancia de estas re#las $ticas es una condicin necesaria para que casos
clínicos ricos en ense9an-as contin"en favoreciendo la transmisin viva del psicoan!lisis.

1otas
= ,ristteles, /o$tique, @. Gud$, =NOH, =KKNb, HM.
H ,l teori-ar el caso de Laura, pude prolon#ar el concepto Lacaniano de forclusin
presentando la tesis de una forclusin local, tesis que sostiene que hay episodios forclusivos
cuyas causas no implican necesariamente un dia#nostico de psicosis. El lector puede
remitirse a Les Yeux de Laure. 0ransfert, 3b*et a et 0opolo#ie dans la th$orie de F. Lacan,
/arís, %hampsP Flammarion, =NNQ? así como al "ltimo capítulo de la presente obra.
J Los terminos fantasme y phantasy han sido traducidos al castellano como "fantasma" y
"fantasía", se#"n la tradicin francesa e in#lesa respectivamente. En esta compilacin, que
re"ne casos anali-ados por psicoanalistas de diversas escuelas, hemos adoptado el termino
"fantasía", y utili-ado el ad*etivo "fantasm!tico" en reempla-o de "fant!stico ", dado que
este "ltimo tiene connotaciones no t$cnicas. &1. 4e la 0.'
JJ Esta observacin es particularmente v!lida en el caso del hombre. (ecordemos que la
an#ustia de castracin m!s intensa que puede experimentar un hombre es el temor a sufrir
una a#resin homosexual. En el hombre, el atentado contra su identidad viril es la fuente de
la mayor resistencia y tambi$n del mayor temor.
ER0(,%03S 4E L,S 3G(,S 4E S. F(E.4 Y 4E F. L,%,1 S3G(E L, 13%2I1
4E "%,S3 %L212%3"
Las líneas en bastardilla que presentan las citas de Freud y de Lacan son de F.S4. 1asio.
F(E.4
Freud siempre se sinti presionado entre el respeto deontol#ico por la intimidad del
paciente y el deber ineludible de comunicar a todos su experiencia y de teori-arla con miras
a fundar esta nueva ciencia que es el psicoan!lisis. Las dos citas si#uientes muestran este
anta#onismo entre la preocupacin por preservar el secreto profesional y el deseo de
constituir un saber universal.
C...D Es cierto que los enfermos nunca habrían hablado si hubiesen ima#inado la posibilidad
de una explotacin científica de sus confesiones y, se#uramente, tambi$n habría sido en
vano pedirles su autori-acin para publicarlas. =
Sin embar#o, entre discrecin y publicacin, Freud no duda, eli#e la publicacin.
C...D La discrecin es incompatible con una buena exposicin de an!lisis? hay que carecer de
escr"pulos, exponerse, entre#arse plenamente, traicionarse, conducirse como un artista que
compra los colores con los ahorros dom$sticos y quema los muebles para dar calor a su
modelo. Sin al#unas de estas acciones criminales, nada se puede lo#rar acabadamente. H
/ara Freud, la transmisin del saber es una exi#encia moral.
C...D El m$dico tiene deberes, no slo ante el enfermo, sino tambi$n ante la ciencia. ,nte la
ciencia si#nifica, en el fondo, ante muchos otros enfermos que sufren el mismo mal o que
lo sufrir!n al#"n día. La publicacin de lo que uno cree saber sobre la causa y la estructura
de la histeria lle#a a ser un deber, la omisin, una ver#on-osa cobardía. O
Freud reconoci haber enmascarado ciertas circunstancias de la vida del paciente que
habrían permitido identificarlo, sin de*ar de deplorar la censura del menor detalle de su
historia clínica. /rocura así favorecer la participacin activa del lector.
,ntes de se#uir con mi informe, debo reconocer que modifiqu$ las circunstancias que
rodearon los hechos que estudiaremos, con la intencin de evitar toda identificacin, pero
eso es lo "nico que cambi$. /or lo dem!s, considero un abuso el hecho de deformar, por el
motivo que fuera, a"n el me*or, los ras#os de la historia de un enfermo en el momento de
comunicarla, porque es imposible saber que aspecto del caso rescatar! un lector al *u-#ar
por sí mismo y porque se corre así el ries#o de inducirlo a error. K
Es preferible que el analista redacte el caso una ve- terminado el an!lisis.
C...D 1o someter los materiales adquiridos a un traba*o de síntesis hasta que el an!lisis haya
terminado. Q
El estilo narrativo y necesariamente animado de una observacin clínica facilita hasta tal
punto la lectura que nos hace olvidar que la teoría est! allí plenamente presente.
Yo mismo me sorprendo al comprobar que mis observaciones de enfermos se leen como
novelas y que no llevan, por así decirlo, el sello de la seriedad, propio de los escritos de los
hombres de ciencia. Y me consuelo dici$ndome que este estado de cosas es evidentemente
atribuible a la naturale-a misma del tema tratado y no mi eleccin personal. T
Freud lamenta comprobar la inmensa diferencia que separa el hecho vivido del hecho
escrito, el hecho real del hecho informado y tambi$n lamenta hasta qu$ punto la escritura,
al no lo#rar nunca describir lo real psíquico, slo puede suministrar una representacin
empobrecida.
U<u$ embrollo cuando tratamos de describir un an!lisisV U <u$ pena da tener que presentar
en fra#mentos el #ran traba*o artístico que la naturale-a cre en la esfera psíquicaV M
L,%,1
,sí como lo bello slo puede conocerse mediante el e*emplo, ciertas nociones analíticas
slo pueden abordarse poniendo en escena un caso. ,l introducir una de las lecciones de su
seminario sobre La Etica, Lacan invita a sus auditores a releer la ,ntí#ona de Sfocles
como el e*emplo mismo de los bellos.
En la cate#oría de lo bello slo el e*emplo, dice Want +pues es totalmente diferente del
ob*eto+, puede fundar la transmisin, en la medida en que ella es posible e incluso exi#ida.
,hora bien, desde todo punto de vista, este texto C,ntí#onaD merece desempe9ar un papel
para nosotros. X
/ara Lacan los %inq /sychanalyses testimonian ante todo la preocupacin de Freud por
obtener del paciente la restitucin de su pasado. (estitucin que consiste en una
reinte#racin de su historia, es decir, en una reinterpretacin de su pasado a partir de lo
vivido actual. %ada paciente, no slo tiene una historia sin#ular, sino que tiene sobre todo
una interpretacin sin#ular de su historia. /recisamente esta manera particular de revivir el
pasado es lo que individuali-a cada caso y hace que exista el psicoan!lisis.
%reo haberles demostrado que $ste es el punto de partida de Freud Ces decir, de la
reconstitucin completa de la historia del su*etoD. /ara $l, siempre se trata de la aprehensin
de un caso sin#ular. En ello radica el valor de cada uno de sus cinco #randes psicoan!lisis.
C...D el pro#reso de Freud, su descubrimiento, est! en su manera de estudiar un caso en su
sin#ularidad.
:<u$ quiere decir estudiarlo es su sin#ularidad; <uiere decir que esencialmente, para $l, el
inter$s, la esencia, el fundamento, la dimensin propia del an!lisis, es la reinte#racin por
parte del su*eto de su historia hasta sus "ltimos límites sensibles, es decir hasta una
dimensin que supera ampliamente los límites individuales. N
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