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KARL MARX

BIOGRAFIA
Pensador socialista y activista revolucionario de origen alemán (Tréveris, Prusia
occidental, 1818 - Londres, 1883). Karl Marx procedía de una familia judía de
clase media (su padre era un abogado convertido recientemente al luteranismo).
Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena, doctorándose en Filosofía
por esta última en 1841.
Desde esa época, el pensamiento de Marx quedaría asentado sobre la dialéctica
de Hegel, si bien sustituyó el idealismo de éste por una concepción materialista,
según la cual las fuerzas económicas constituyen la infraestructura que determina
en última instancia los fenómenos «superestructurales» del orden social, político y
cultural.
En 1843 se casó con Jenny von Westphalen, cuyo padre inició a Marx en el
interés por las doctrinas racionalistas de la Revolución francesa y por los primeros
pensadores socialistas. Convertido en un demócrata radical, Marx trabajó algún
tiempo como profesor y periodista; pero sus ideas políticas le obligaron a dejar
Alemania e instalarse en París.
Por entonces estableció una duradera amistad con Friedrich Engels, que se
plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y política de ambos. Fue
expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas; por fin, tras una breve
estancia en Colonia para apoyar las tendencias radicales presentes en la
Revolución alemana de 1848, pasó a llevar una vida más estable en Londres, en
donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su obra escrita. Su dedicación a la
causa del socialismo le hizo sufrir grandes dificultades materiales, superadas
gracias a la ayuda económica de Engels.
Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de
«utópicos», si bien tomó de ellos muchos elementos de su pensamiento (de
autores como Saint-Simon, Owen o Fourier); tales pensadores se habían limitado
a imaginar cómo podría ser la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su
implantación resultara del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas
comunidades modélicas.
Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo científico»,
basado en la crítica sistemática del orden establecido y el descubrimiento de las
leyes objetivas que conducirían a su superación; la fuerza de la Revolución (y no
el convencimiento pacífico ni las reformas graduales) serían la forma de acabar
con la civilización burguesa.
En 1848, a petición de una Liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes
alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el Manifiesto Comunista, un
panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de las revoluciones
europeas de 1848.
Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el estudio
de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente en el modelo de
David Ricardo, construyó su propia doctrina económica, que plasmó en El Capital;
de esa obra monumental sólo llegó a publicar el primer volumen (1867), mientras
que los dos restantes los editaría después de su muerte su amigo Engels,
poniendo en orden los manuscritos preparados por Marx.
Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo el trabajo humano produce
valor, Marx denunció la explotación patente en la extracción de la plusvalía, es
decir, la parte del trabajo no pagada al obrero y apropiada por el capitalista, de
donde surge la acumulación del capital. Criticó hasta el extremo la esencia injusta,
ilegítima y violenta del sistema económico capitalista, en el que veía la base de la
dominación de clase que ejercía la burguesía.
Sin embargo, su análisis aseguraba que el capitalismo tenía carácter histórico,
como cualquier otro sistema, y no respondía a un orden natural inmutable como
habían pretendido los clásicos: igual que había surgido de un proceso histórico por
el que sustituyó al feudalismo, el capitalismo estaba abocado a hundirse por sus
propias contradicciones internas, dejando paso al socialismo. La tendencia
inevitable al descenso de las tasas de ganancia se iría reflejando en crisis
periódicas de intensidad creciente hasta llegar al virtual derrumbamiento de la
sociedad burguesa; para entonces, la lógica del sistema habría polarizado a la
sociedad en dos clases contrapuestas por intereses irreconciliables, de tal modo
que las masas proletarizadas, conscientes de su explotación, acabarían
protagonizando la Revolución que daría paso al socialismo.
En otras obras suyas, Marx completó esta base económica de su razonamiento
con otras reflexiones de carácter histórico y político: precisó la lógica de lucha de
clases que, en su opinión, subyace en toda la historia de la humanidad y que hace
que ésta avance a saltos dialécticos, resultado del choque revolucionario entre
explotadores y explotados, como trasunto de la contradicción inevitable entre el
desarrollo de las fuerzas productivas y el encorsetamiento al que las someten las
relaciones sociales de producción.
También indicó Marx el sentido de la Revolución socialista que esperaba, como
emancipación definitiva y global del hombre (al abolir la propiedad privada de los
medios de producción, que era la causa de la alienación de los trabajadores),
completando la emancipación meramente jurídica y política realizada por la
Revolución burguesa (que identificaba con el modelo francés); sobre esa base,
apuntaba hacia un futuro socialista entendido como realización plena de las ideas
de libertad, igualdad y fraternidad, como fruto de una auténtica democracia; la
«dictadura del proletariado» tendría un carácter meramente instrumental y
transitorio, pues el objetivo no era el reforzamiento del poder estatal con la
nacionalización de los medios de producción, sino el paso -tan pronto como fuera
posible- a la fase comunista en la que, desaparecidas las contradicciones de
clase, ya no sería necesario el poder coercitivo del Estado.

PRINCIPALES APORTES
Marx adoptó el modelo dialéctico de la lógica de Hegel. Mientras Hegel se ocupó
de la dialéctica de la ideas, Marx intento aplicar este enfoque dialéctico al estudio
del mundo material, esto permitió a Marx tomar la dialéctica del reino de la filosofía
y trasladarla a la ciencia de las relaciones sociales existentes en el mundo
material.
Dos características básicas del análisis dialéctico distinguieron el pensamiento de
Marx de la mayor parte del pensamiento sociológico: primera, el método dialéctico
de análisis no contempla una única y unidireccional relación causa-efecto entre las
diversas partes del mundo social, para el pensador dialéctico un factor puede
tener un efecto sobre otro, pero este último también puede influir sobre el primero.
Este tipo de pensamiento significa que cuando los pensadores dialécticos hablan
sobre causalidad, siempre se refieren a las relaciones recíprocas entre los factores
sociales, así como a la totalidad dialéctica de la vida social en la que se dan. La
segunda característica del análisis dialéctico se opone aún más si cabe a la mayor
parte del pensamiento sociológico contemporáneo. En el análisis dialéctico, como
Marx lo desarrolla, los valores sociales no son separables de los hechos sociales.
El pensador dialéctico piensa que no solo es imposible apartar los valores del
estudio del mundo social, sino que tampoco es desearle porque produce una
sociología inhumana y desapasionada.
Hechos y valores están entretejidos, a resueltas de lo cual el estudio de los
fenómenos sociales entraña necesariamente una carga valorativa.
En sus primeras obras denominó alineación a las distorsiones que causaba la
estructura de la sociedad capitalista en la naturaleza humana. Aunque era el actor
el que padecía la alineación de la sociedad capitalista, Marx centró su análisis en
las estructuras del capitalismo que causaban la alineación.
Marx ofreció básicamente una teoría de la alineación arraigada en la estructura
social. Es la estructura social la que rompe las interconexiones naturales que
caracterizan la naturaleza humana en un sentido ideal. Aquí es importante el
sistema de dos clases: aunque los trabajadores usan las herramientas y actúen
sobre la naturaleza, las interrelaciones naturales están rotas.
Componentes de la alineación. El concepto incluye 4 componentes básicos:
primero, en la sociedad capitalista, los trabajadores están alienados de su
actividad productiva. En lugar de ser un proceso satisfactorio en y por sí mismo, la
actividad productiva en el capitalismo se reduce, según Marx a un aburrido e
idiotizante medio de ganar el dinero para sobrevivir. Segundo, los trabajadores
están alienados también del objeto de las actividades productivas: el producto. El
producto de su trabajo no les pertenece, los trabajadores no solo no ejercen
control alguno sobre el producto, sino que tampoco tienen una percepción correcta
de lo que producen, suelen realizar tareas muy especializadas, a resultas de lo
cual apenas perciben el papel que juegan en el proceso de producción. Tercero,
en el capitalismo los trabajadores están alienados de sus compañeros de trabajo.
La sociedad y la hostilidad entre las personas suelen alienar a los trabajadores
respecto de sus compañeros. Por ultimo, los trabajadores están alienados de su
propio potencial humano en la sociedad capitalista. La conciencia se entumece y
en última instancia se destruye a medida que gradualmente se van rompiendo las
relaciones con otros humanos y con la naturaleza.
Distorsiones derivadas de la alineación. Como consecuencia de la alineación, el
trabajo en el capitalismo se reduce al simple trabajo en cuya realización el
individuo no se afirma, sino que se niega; no se siente satisfecho, sino infeliz; no
se desarrolla libremente su eficacia mental y física, sino que mortifica su cuerpo y
arruina su mente. En el capitalismo el trabajo es muy diferente a la genuina
actividad humana.
Como ejemplo de la perversión de la humanidad por el capitalismo tenemos la
reflexión sobre el dinero. Idealmente las personas no pueden ser más de lo que
realmente son, pero en el capitalismo el dinero confiere a las personas
capacidades y actitudes que no tienen realmente.
Sólo a unas pocas personas se les permite realizar trabajo intelectual, la mayoría
realiza un trabajo manual exento de componentes mentales.
Tenemos también la monotonía de repetir hasta la saciedad la misma tarea
especializada. Los seres humanos dejan de ser creativos y se orientan en soledad
hacia la posesión de objetos. Debido a esa total alineación de las funciones
humanas, una persona ya no puede satisfacer sus capacidades y necesidades
humanas y se ve obligado a concentrarse en las capacidades y necesidades
naturales.
Para Marx el capitalismo era un mundo invertido, en el que los que deberían estar
arriba, quedan relegados a lo más bajo y viceversa.
La realidad de la vida en el capitalismo se esconde tras la ilusión de un hecho; la
creencia común es que son las capacidades las que confieren el éxito al
trabajador.
Emancipación. El objeto de la sociología de Marx era la emancipación de la
humanidad de la esclavitud de la sociedad capitalista. “La emancipación humana
será total sólo cuando el hombre real o individual se haya convertido en un ser
genérico”.
Por tanto, la actividad humana debe lograr la dignificación, la integración, la
perfección y la liberación de hombre, de manera que los recursos y capacidades
que residen en él puedan desarrollarse, expandirse y encontrar una expresión
fructífera.
Las reflexiones sobre el potencial humano llevaron a Marx a articular una crítica de
la sociedad capitalista y un programa político orientado hacia la destrucción de las
estructuras del capitalismo para que las personas pudieran expresar su
humanidad esencial.
La meta de la emancipación es el ser genérico, es decir, la meta es el comunismo,
que constituye la primera expresión real y la realización autentica del hombre, de
la esencia del hombre y de su esencia como algo real.
Las opiniones de Marx sobre las grandes estructuras se formaron a partir de su
modo de pensar dialéctico, especialmente sobre la base de su tendencia a
centrase en las relaciones sociales.
Marx percibía las estructuras sociales como un conjunto de relaciones sociales
numerosas y continuas. Esta perspectiva dinámica o dialéctica se opone a la idea
de muchos neodurkheinianos, que han ignorado la advertencia de Durkheim de
que había que tratar los hechos sociales como cosas, y los consideran cosas de
hecho. Si bien tenía una perspectiva dinámica de las estructuras, Marx
consideraba que el conjunto de relaciones en el capitalismo eran externas a los
actores y coercitivas. Esto no significa que este conjunto de relaciones fuera
inevitable y eterno, pero había adquirido una realidad objetiva bajo el capitalismo y
debía ser destruido para acercarse al comunismo.
Su perspectiva más relacional confiere a las estructuras sociales una naturaleza
mucho más cambiante que la que tendrían si fueran consideradas cosas.
Mercancías. El concepto de mercancía de Marx arraiga en la orientación
materialista de su análisis sobre las actividades productivas de los actores. Los
productos son intercambiados en el libre mercado a cambio de dinero (valores de
cambio)
Aunque son las personas las que producen objetos en el capitalismo, el papel que
desempeñan en la producción de mercancías y su control sobre ellas se mistifican.
Al principio creen que esos objetos y el mercado tienen una existencia
independiente y esa creencia se convierte en realidad cuando esos objetos y su
mercado se convierten en reales, en fenómenos independientes. La mercancía
aparece como una realidad externa, casi independiente.
Fetichismo de la mercancía. La base de este proceso es el trabajo que confiere
valor a las mercancías. El fetichismo de las mercancías implica el proceso por el
que los actores olvidan que es su trabajo el que confiere a las mercancías su
valor. Llegan a creer que su valor procede de las propiedades naturales de las
cosas o que el funcionamiento impersonal del mercado es lo que les otorga su
valor. Así, para los actores, el mercado realiza una función que para Marx los
actores son los únicos que pueden realizar: la producción del valor.
Reificación. Las personas producen no sólo objetos económicos, sino también
relaciones sociales y en última instancia estructuras sociales. Desde este punto de
vista, el fetichismo de la mercancía se puede traducir al concepto más amplio de
reificación. La reificación es el proceso por el que se llega a crear que las formas
sociales humanamente creadas son naturales, universales y absolutas y
consecuentemente esas formas sociales adquieren esas características. El
concepto de reificación implica el convencimiento de las personas de que las
estructuras sociales están fuera de su control y son inalterables.
Las estructuras adquieren realmente el carácter que las personas les otorgan. El
uso de este concepto implica que las personas deifican no sólo las mercancías
sino también el conjunto total de las diversas estructuras sociales.
Capital. Como estructura independiente, el capital (en manos de los actores que
operaban en su propio beneficio, la burguesía) explotaba a los trabajadores, los
responsables de su creación. Marx pensaba que el poder del capital aparecía
como un poder otorgado por la naturaleza, un poder productivo inherente al
capital. Así las personas tendían a deificar el capital, a creer que por naturaleza, el
sistema capitalista era externo a ellas.
Circulación de mercancías. Considerada como el punto de partida del capital.
Distinguió dos tipos de circulación de mercancías, que representan la totalidad de
las relaciones económicas establecidas, que son externas y coercitivas para el
actor. Uno de estos tipos de circulación: D-M-D es característico del capital, no
ocurre así en el caso M-D-M. Podemos considerar la circulación simple de
mercancías caracterizada por el circuito M-D-M como el segundo tipo histórico de
circulación de mercancías, el trueque es el primero. Ambos circuitos conducen
finalmente la circulación de mercancías bajo el capitalismo, que se caracteriza por
el circuito D-M-D.
Propiedad Privada. Marx analizó el proceso por el que la propiedad privada se
deifica en el capitalismo. Para Marx la propiedad privada, como los demás
componentes estructurales del capitalismo, se deriva del trabajo de los
trabajadores. La propiedad privada es el producto, la consecuencia necesaria del
trabajo alienado, de la relación externa del trabajador con la naturaleza y con sí
mismo.
División del trabajo. La idea básica de Marx sobre la división del trabajo se deriva
de la distinción entre los propietarios de los medios de producción y los que se ven
obligados a vender su fuerza de trabajo. A Marx en particular le interesa la
tendencia estructural por la cual las personas se ven obligadas a especializarse en
tareas cada vez a más específicas. Esta especialización impedía que los actores
se realizaran y expresaran su potencial humano.
Clase social. Marx consideraba a las clases sociales como estructuras externas y
coercitivas para las personas. Las clases sociales son relaciones sociales
deificadas o las relaciones entre los hombres que han logrado una existencia
independiente.
Las clases sociales se derivan de los actos de producción: las personas llegan a
deificar las clases y consecuentemente comienzan a cobrar una vida
independiente que construye al actor.
Las ideas de Marx hacen referencia a la conciencia en el sentido cultural (es decir
a las normas y valores o, en términos hegelianos, al espíritu) y no en el sentido de
los procesos mentales y de la construcción social de la realidad. Parece que Marx
relega el nivel cultural a la condición de epifenómeno, determinado por las
estructuras sociales y económicas. Esto parece reducir todo cambio social a un
cambio de índole material sobre el que se erigía la superestructura cultural.
Conciencia de clase y falsa conciencia. Cuando Marx habla de la conciencia (y la
falsa conciencia) de clase, no se refiere a una conciencia individual, sino a la
conciencia de clase en su conjunto. Estos conceptos no son para Marx estáticos,
sino más bien sistemas de ideas dinámicos que cobran sentido sólo a la luz del
cambio y del desarrollo social. La falsa conciencia describe la situación durante el
periodo capitalista, mientras la conciencia de clase es la condición que le espera al
proletariado y que puede ayudarle a realizar el cambio de una sociedad capitalista
a otra comunista.
Ideología. Puede definirse como el sistema integrado de ideas que es externo a
los individuos y resulta coercitivo para ellos. Aunque Marx solía hablar de
ideologías en el mismo sentido en que hablaba de las clases y la falsa conciencia,
es decir como meros reflejos de la base material, no hay duda que la ideología
adquirió una existencia independiente en el seno de su sistema.
Destacan 3 ideas fundamentales interrelacionadas sobre la conceptualización que
hace Marx de las ideologías: primera, sin duda representan los intereses de la
clase dominante, pero esto no significa que estas ideas no tengan una influencia
recíproca en los intereses materiales; segunda, constituyen un reflejo invertido de
la realidad; y tercera, las ideologías tienen una existencia independiente que
resulta coercitiva para las personas.
La función de un sistema de ideas es alterar los pensamientos y las acciones de
los miembros de la clase oprimida, en este sentido, las ideologías sirven para
fomentar la explotación del proletariado. Las ideologías no funcionan por sí solas:
operan a través de actores que llevan a cabo sus directrices, así las ideologías
determinan las acciones de los actores de la clase dominante, quienes a su vez
influyen en los pensamientos y acciones del proletariado.
OBRAS
* Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro (1841)
* Sobre la cuestión judía (1843)
* La crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1844)
* Manuscritos económicos y filosóficos (1844, publicado póstumamente en 1932)
* Tesis sobre Feuerbach (1845, publicado póstumamente)
* Trabajo asalariado y capital (1845)
* La sagrada familia (en colaboración con Engels, 1845)
* La ideología alemana (en colaboración con Engels, 1845, publicado
póstumamente)
* La miseria de la filosofía (1847) (critica de Filosofía de la miseria de Proudhon)
* Manifiesto Comunista (en colaboración con Engels, 1848)
* Circular del Comité Central a la Liga Comunista (en colaboración con Engels,
1850)
* Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 (Escrito entre enero al 1 de
noviembre de 1850)
* El 18 brumario de Luis Bonaparte (1851–1852)
* La España revolucionaria [2] (Escrito en 1854. Primera edición: New York Daily
Tribune, 9 de septiembre de 1854)
* [Simón] Bolívar y Ponte (1858)
* Contribución a la crítica de la economía política (1859)
* La tecnología del capital: Subsunción formal y subsunción real del proceso de
trabajo al proceso de valorización. (Extractos del manuscrito de 1861-1863) Karl
Marx
* El capital (Das Kapital) (1864–1877. Sólo el libro primero fue acabado por Marx)
* Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864)
* Salario, precio y ganancia (1865)
* La guerra civil en Francia (1870–1871)
* De las resoluciones de la Conferencia de Delegados de la Asociación
Internacional de los Trabajadores (Londres, 23 de septiembre de 1871) (en
colaboración con Engels, 1871)
* Crítica del programa de Gotha (1875, publicado póstumamente)
TEORIA marxista
El marxismo es el conjunto de movimientos políticos y filosóficos derivados de la
obra de Karl Marx, filósofo y periodista revolucionario alemán de origen judío,
quien contribuyó en campos como la sociología, la economía, el derecho y la
historia, y de su amigo Friedrich Engels, quien le ayudó en muchas de sus teorías.
Engels acuñó el término socialismo científico para diferenciar el marxismo de las
corrientes socialistas anteriores englobadas por él bajo el término socialismo
utópico. También se emplea el término socialismo marxista para referirse a las
ideas y propuestas específicas del marxismo dentro del marco del socialismo. El
objetivo que se propone el marxismo es lograr una sociedad sin clases sociales
donde todos vivan con dignidad compartiendo los bienes producidos socialmente,
sin que exista propiedad privada sobre los medios de producción porque supone
que ésta es el origen y la raíz de la división de la sociedad en clases sociales.
El pensamiento marxista, nutriéndose de toda la obra de creación humana que le
antecedió, sitúa al hombre no sólo como centro de sus preocupaciones filosóficas,
sino que propone las vías para lograr una verdadera existencia humana, y en ese
sentido proyecta la formación de un hombre nuevo, un individuo superior,
plenamente emancipado y desarrollado multifacéticamente en todos sus aspectos,
es decir, perfeccionado espiritual, moral, físico y estéticamente.
El humanismo marxista no se basa en una concepción general abstracta del
hombre, sino en una visión histórica y social, es decir concreta de lo humano;
donde el hombre es, a la vez que creador, resultado de la sociedad en que vive.
Para Marx el hombre es ante todo el conjunto de sus relaciones sociales "... la
esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su
realidad, el conjunto de sus relaciones sociales". Relaciones que no son
puramente espirituales, entre conciencias, sino la unidad de lo espiritual y lo
material, relaciones establecidas a través de la interacción del hombre con la
naturaleza en el proceso de producción y reproducción de su vida material y
espiritual.
Por medio del trabajo el hombre transforma la naturaleza y crea objetos. El
producto es obra humana, proyección u objetivación del hombre. Por medio del
trabajo el hombre pone la naturaleza a su servicio, la humaniza, pero, al mismo
tiempo el hombre se eleva sobre ella, se remonta sobre su ser natural; en una
palabra, se humaniza a sí mismo. Si el trabajo es de este modo, la autoexpresión
del hombre y el proceso de su autodesarrollo, debería ser pues, fuente de
satisfacción para éste, pero pierde esta posibilidad en el proceso de su
enajenación, en la conversión del trabajador en mercancía, efecto de la división
social del trabajo, que en las condiciones de la propiedad privada, lo reduce a una
fracción de hombre.
Marx analiza la relación existente entre propiedad privada y trabajo enajenado. El
trabajo enajenado se vincula con la naturaleza esencial de la propiedad privada y
con su desarrollo, por lo que la liquidación de la propiedad privada en un estadio
dado del desarrollo social- a través de la revolución social del proletariado- implica
simultáneamente la eliminación del trabajo enajenado.
Ya Hegel, en la Fenomenología del Espíritu, había tratado el problema de la
enajenación, visto como un recurso de negación dialéctica que permite un
autoconocimiento del Espíritu Absoluto, en tanto desaparece la relación sujeto-
objeto, para nivelarse en la relación sujeto-sujeto. Para Marx, la enajenación es el
concepto que permite explicar aquellas relaciones que conducen a una forma de
trabajo en la cual queda anulada la libre actividad humana, sustituyendo la función
social del trabajo, orientada hacia el establecimiento de vínculos humanos entre
los hombres, por la cosificación de esas relaciones.
El hombre se afirma como ser humano cuando realiza la actividad de forma libre,
capaz de proporcionar placer y no una actividad forzada. En el capitalismo, donde
la actividad humana se realiza en los marcos de la propiedad privada, la
explotación del trabajo asalariado se convierte en un medio de obtención de
riquezas. Las relaciones entre los hombres pierde su carácter esencialmente
humano y se potencian las necesidades no satisfechas y la descomposición de los
valores espirituales.
En el devenir histórico, la propiedad privada limitó el proceso natural de desarrollo
del individuo, quedando frustradas las posibilidades de revelar libremente sus
capacidades creativas, y el propio proceso del trabajo, dejó de ser un elemento de
reafirmación del hombre en la sociedad. Es por ello que en la sociedad burguesa
el hombre se ve impedido de desarrollar plenamente sus potencialidades
humanas.
Un elemento importante de las reflexiones de Marx, lo constituye la idea acerca de
la necesidad de superar la propiedad privada como causante de la
deshumanización. Feuerbach consideraba la exteriorización de la esencia humana
únicamente como alienación, Marx ve en ella la forma en que se concretan las
fuerzas creadoras del hombre, fuerzas que se alienan sólo en condiciones
determinadas y por tanto de forma transitoria.
Mientras que Feuerbach no toma en cuenta la práctica transformadora del
hombre, Marx define al hombre no sólo en su aspecto genérico, sino
esencialmente en su determinación social, como resultado del medio y como
fuerza esencial de su transformación. Asume de Feuerbach, la idea de que la
alienación constituía la característica de la sociedad deshumanizada, y que la
supresión de ella resultaba una condición necesaria para devolver al hombre sus
condiciones de ser humano, superándolo al sustentar el criterio de que la
transformación de la sociedad exige la supresión del trabajo alienado y esto se
logra con la revolución del proletariado, con el cambio del carácter de las
relaciones de propiedad. En Marx se presenta la definición de la actividad, como
modo específicamente humano de relación entre los hombres, y de éstos con la
naturaleza, en el curso de la cual se forma el hombre y se transforma el mundo.
El hombre creador es analizado por Marx no como un ente abstracto, aislado y
dotado de propiedades innatas, sino como individuo concreto, que encuentra la
medida y el grado de realización de su esencia en el carácter del régimen
socioeconómico en que vive y se desenvuelve.
En la sociedad en que está establecida la división del trabajo (basada en la
propiedad privada), "las actividades espirituales y materiales, el disfrute y el
trabajo, la reproducción y el consumo, se asigna a diferentes individuos, y la
posibilidad de que no caigan en contradicción reside solamente en que vuelva a
abandonarse la división del trabajo" ; por lo que ello genera distribución desigual
del trabajo y de sus productos; o lo que es lo mismo la propiedad, "... división del
trabajo y propiedad privada -escribió Marx- son términos idénticos: uno de ellos
dice, referido a la actividad, lo mismo que el otro, referido al producto de ésta".
Marx hace este planteamiento en el sentido de que la división del trabajo es la que
sirve de base a la división de la sociedad en clases. Quiere decir, que la base
material de la producción mercantil es la división social del trabajo, pero no su
causa, puesto que la causa de la producción mercantil es la propiedad privada
sobre los medios de producción, en tanto aislamiento de los productores.
De esta forma, la división social del trabajo provoca que cada hombre cree con su
trabajo, sólo un fragmento de la cultura humana, el resto de la riqueza de la
humanidad se mantiene para él como algo ajeno, situado fuera de él y que se le
contrapone como una fuerza ajena. Lo que significa que la enajenación del
hombre aumenta en la medida que aumentan las riquezas que él mismo produce y
reproduce con su trabajo, que crea fuera de sí y contra sí.
La división social del trabajo y el nivel de desarrollo logrado por las fuerzas
productivas, a la vez está enlazada estrechamente con el carácter del régimen
social y es un indicador de las relaciones sociales en cuyo ámbito se realiza el
trabajo. Bajo el capitalismo, la división del trabajo se desarrolla de modo
espontáneo, las industrias y producciones se desenvuelven de manera desigual y
no dejan de surgir desproporciones entre ellas. El ahondamiento de la división del
trabajo imprime al proceso de producción un carácter cada vez más social,
mientras que la apropiación de los resultados del trabajo sigue siendo cada vez
más privada. Sólo al cambiar el carácter de esa división se crean las condiciones
para el completo desarrollo del hombre.
Al analizar el planteamiento de Marx y Engels acerca de la eliminación de la
división social del trabajo, aspecto que tratan en varias de sus obras, entendemos
que el mismo está encaminado no a la eliminación de la división del trabajo, sino
al carácter enajenante que le imprime a ésta la existencia de la propiedad privada
sobre los medios de producción. Es necesario analizar la división social del trabajo
como dos lados de un mismo proceso: por un lado el desarrollo de las fuerzas
productivas, su desarrollo, genera el aislamiento de los productores, condicionada
por la existencia de la propiedad privada, por el otro, genera un mayor nivel de
especialización de los productores, lo que hace que cada vez más, para producir
un producto se necesite del trabajo de un mayor número de productores. De todos
modos en el comunismo el individuo tendrá que atender una parte del trabajo
productivo, pero el empleo de forma social y planificada de los medios de
producción y el desarrollo de la ciencia y la técnica, brindarán la posibilidad de
desarrollar todas sus capacidades. Quiere decir que lo que cambia es el carácter
enajenador de la división del trabajo.
La sociedad se adueña de todos los medios de producción y los emplea de forma
social y planificada, de esta forma acaba con el sojuzgamiento a que se ha visto
sometido el hombre bajo el dominio de sus propios medios de producción, y como
condición, debe desaparecer la vieja división del trabajo. Al respecto Engels
plantea:
Su lugar debe ocuparlo una organización de la producción en que, de un lado,
ningún individuo pueda desatenderse de su parte de trabajo productivo, que es
condición natural de toda existencia humana, cargándola sobre otros y en la que,
de otra parte, el trabajo productivo se convierta, de medio de esclavización, en
medio de emancipación del hombre, que brinde a todo individuo la posibilidad de
desarrollar y ejercitar en todos los sentidos todas sus capacidades, tanto físicas
como espirituales, y se transforme de una carga en un goce.
El despliegue de las potencialidades humanas está dado en el contenido social de
toda la realidad, en la realidad humanizada que debe ofrecer la sociedad futura. La
socialización de la propiedad sobre los medios de producción aparece así como
condición indispensable para el progreso de la humanización del hombre, y, por
tanto, para el despliegue de todo su ser social.
La socialización de la propiedad sobre los medios de producción, es ante todo la
socialización de la actividad, la socialización del trabajo, la planificación y dirección
consciente de las fuerzas productivas; "sustituir al individuo parcial, simple
instrumento de una función social de detalle, por el individuo desarrollado en su
totalidad, para quien las diversas funciones sociales no son más que otras tantas
manifestaciones de actividad que se turnan y revelan". Lo que equivale a decir que
debe crearse una generación de productores dueños de sus condiciones de
producción y reproducción, formados y capacitados universalmente, que conozcan
las bases científicas de toda la producción industrial y cada uno de los cuales haya
aprendido prácticamente toda una serie de ramas de la producción desde el
principio hasta el fin.
Para Lenin la expropiación capitalista permitirá un gigantesco desarrollo de las
fuerzas productivas y con ello la eliminación de la vieja división del trabajo. Lo que
no se puede precisar es qué tiempo se empleará para lograr ese desarrollo, ni "la
rapidez con que se llegará a romper con la división del trabajo, a suprimir el
contraste entre el trabajo intelectual y manual, a convertir el trabajo 'en la primera
necesidad vital' ."
La transformación de las fuerzas personales en materiales provocada por la
división del trabajo no puede eliminarse, quitándose de la cabeza la idea acerca
de ella, sino logrando que los hombres sometan bajo su mando estos poderes
materiales y supriman la vieja división del trabajo.
El carácter esencialmente humano de la sociedad futura estará dado en las
posibilidades que tendrá el hombre de desplegar todo su potencial humano,
hacerse verdaderamente un hombre rico, un individuo cuya vida abrace una esfera
de variadas actividades de relaciones prácticas con el mundo, que lleve una vida
multilateral, que su pensamiento tenga el mismo carácter de universalidad que
cualquier otra manifestación de vida de este individuo.
Es decir, para los clásicos del marxismo, la sociedad comunista liquidará la vieja
división del trabajo sustituyéndola por una distribución racional de los diversos
tipos de actividad, una distribución entre individuos, rica y multilateralmente
desarrollada.
El filósofo de la otrora URSS, E.V.Ilienkov, en su obra De ídolos e ideales, al
referirse a esta problemática, considera que un modelo de comunidad organizada
al modo comunista, se puede construir sólo de individuos multilateralmente
desarrollados, un modelo de organización donde el único objetivo de la actividad
humana es aquí el propio hombre, y todo lo demás sin exclusión, se convierte en
medio que por sí mismo no tiene significación alguna. Es por ello que el
comunismo es la única doctrina que contempla la completa liquidación de la
enajenación, manteniéndose como ideal a alcanzar.
El descubrimiento de las leyes del desarrollo social y la consolidación de una
teoría filosófica científica, le permitieron a Marx afirmar que el hombre es un ser
que realizará su esencia humana en la medida y el grado en que lo permita el
carácter del sistema social en que vive, por ello plantea la necesidad de superar la
sociedad capitalista como causante de la deshumanización moderna, y crear una
sociedad que propicie la plena realización del hombre.
De todo este análisis se infiere que para Marx, el hombre nuevo es el individuo
que corresponde a la sociedad comunista, sociedad que permitirá el libre
desarrollo pleno y armónico del hombre, un productor capacitado universalmente,
conocedor de las bases científicas de la producción, y con un pensamiento
universal que le permita la plena satisfacción de las necesidades materiales y
espirituales, con un alto desarrollo ideopolítico, estético y moral.
El triunfo de la Revolución Socialista de Octubre transformó en realidad las ideas
liberadoras de Marx, Engels y Lenin, multiplicándose en todo el mundo la doctrina
emancipadora de los clásicos del marxismo, no solamente en Europa sino también
en América Latina. En el caso de Europa, se destacó sobremanera el filósofo y
luchador italiano Antonio Gramsci, quien fundó en su vida y obra la más estricta
fidelidad al espíritu creador del marxismo. Este reconocido marxista, puso en el
centro de su análisis la cuestión de la cultura espiritual y el papel de la
intelectualidad en el proceso revolucionario.
Antonio Gramsci, al igual que Marx, considera que el hombre es el conjunto de sus
relaciones sociales; el hombre activo que modifica el ambiente, entendiendo por
ambiente el conjunto de las relaciones en las que interviene cada individuo. Por
tanto, si la individualidad propia es el conjunto de las relaciones sociales, hacerse
una personalidad significa adquirir conciencia de tales relaciones, de ahí que
planteara que "... la actividad revolucionaria que crea al "hombre nuevo", […] crea
nuevas relaciones sociales".
Para Gramsci, en el período de la creación revolucionaria y de la fundación de la
nueva sociedad, la resistencia y el sacrificio no tienen límites, y el hombre nuevo
tendrá que luchar constantemente con el "burgués" al acecho. Utiliza el término
hombre nuevo para referirse al hombre que se forma en la actividad práctica, al
hombre que se va cambiando en tanto cambian las circunstancias. Como veremos
más adelante las coincidencias del Che con estas visiones filosóficas de Gramsci
son significativas.
Para Gramsci, en el Partido Comunista como organización que agrupa la
vanguardia, puede encontrarse el germen de libertad que tendrá su desarrollo y
expansión plena una vez que el Estado obrero haya organizado las condiciones
materiales necesarias.
La obra de este autor se difunde en América Latina a partir de los años 50, y por
los puntos de coincidencia que encontramos en la concepción guevariana con la
de este autor, pudiera afirmarse que su obra fue conocida por el Che, pues es bien
conocido que en éste se da lo que Aricó dijo de Gramsci: "Ante todo y por sobre
todo fue un político práctico". Ambos planteaban la necesidad de transformar al
hombre en la misma medida que se transforma la sociedad que construye el
socialismo, donde el hombre adquiere nuevos valores en la actividad práctica, "el
socialismo no se impone con un fiat mágico: el socialismo es un desarrollo, una
evolución de momentos sociales cada vez más ricos en valores colectivos"
Como ya hemos señalado, al igual que para todo el mundo, para América Latina,
la Revolución de Octubre también constituyó un extraordinario hecho histórico. Al
influjo de este acontecimiento, toma auge la difusión del marxismo-leninismo aún
cuando desde antes, esas ideas habían entrado en la región, divulgándose a
través de diferentes vías, aunque muchas veces en formas tergiversadas.
En el caso de Cuba, varios intelectuales revolucionarios no solo colocaron al
hombre en el centro de sus concepciones e ideales, como fue el caso de Julio
Antonio Mella, sino que intentaron crear las condiciones objetivas y subjetivas para
su logro. En el resto de Latinoamérica encontramos también dignos ejemplos de
pensadores marxistas de una amplia y profunda concepción humanista como fue
el caso del peruano José Carlos Mariátegui, del argentino Aníbal Ponce, el
también argentino Carlos Astrada y el mexicano Vicente Lombardo Toledano, por
solo mencionar algunos de los más destacados.
José Carlos Mariátegui analiza la realidad de América Latina desde un enfoque
dialéctico, considerando la correlación sociedad-individuo a partir de las
particularidades de la región, por ello señala: "no queremos que el socialismo sea
en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con
nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano.
He aquí una visión digna de una generación nueva," se trata de pensar con ideas
propias, de buscar soluciones a los problemas devenido de nuestra realidad, tarea
que debe enfrentar un hombre que piense diferente, pero sin menospreciar los
valores morales creados por las sociedades que le antecedieron, hace un análisis
objetivo de los problemas socio-culturales y clasistas de la realidad
latinoamericana. Es la línea que sigue al analizar la realidad peruana, según su
opinión, "El socialismo nos ha enseñado a plantear el problema indígena en
nuevos términos. Hemos dejado de considerarlo abstractamente como problema
étnico o moral para reconocerlo concretamente como problema social, económico
y político y entonces lo hemos sentido, por primera vez esclarecido y demarcado".
Ello le permite proponer soluciones a los problemas del momento y trazar la
estrategia de la lucha latinoamericana, ve el socialismo como porvenir de América,
y a las nuevas generaciones como sus protagonistas, quienes deben crear y
realizarse en el trabajo; por eso expresó: "El destino de un hombre es la creación.
Y el trabajo es creación, vale decir liberación. El hombre se realiza en su trabajo".
Es decir que para este pensador, el trabajo es la vía hacia la realización humana,
por lo que se debían crear las condiciones que hicieran posible que el individuo se
viera realizado en su obra.
Para Anibal Ponce, la existencia de la propiedad privada sobre los medios de
producción, hace que la máquina triture al obrero y lo degrade. En el comunismo,
en cambio, la máquina liberará al obrero con la reducción de la jornada laboral y el
bienestar creciente, le dará posibilidad de asomarse al mundo de la cultura. Al
respecto planteó:
[...] La máquina, que es por esencia liberadora, acentúa bajo el capitalismo la
estrechez de las especialidades con el "idiotismo profesional" que en poco tiempo
crean [...] ¿Cómo devolver al individuo mutilado por la especialidad, su desarrollo
completo, su sed de totalidad? Por la conquista del poder político que será el
resultado de la victoria proletaria.
Para este pensador, la eliminación de la división social del trabajo, es el
fundamento de la formación de la personalidad de nuevo tipo, que junto a la
educación, que es la encargada de combinar la teoría con la práctica, asegurarían
el desarrollo universal de las capacidades humanas. Sostenía que "El socialismo,
aunque digan lo contrario sus enemigos, aspira a realizar la plenitud del hombre,
es decir a liberar al hombre de la opresión de las clases para que recupere con la
totalidad de sus fuerzas, la totalidad de su yo [...]".
De aquí que para Ponce, el término hombre nuevo, esté referido al hombre de
desarrollo integral, para quien las diversas funciones sociales no serían más que
maneras diferentes y sucesivas de su actividad; hombres que pueden formarse en
determinado momento del desarrollo histórico. La formación del hombre nuevo, se
fundamenta en dos premisas: en la conquista del poder político por el proletariado
y en la eliminación de la división social del trabajo, así como en la posibilidad que
tendrán los hombres de dominar la cultura.
Otro argentino, Carlos Astrada quien fuera en sus inicios seguidor del
existencialismo (corriente ético-filosófica que ganó muchos adeptos en América
Latina); se separa de éste al comprender la incapacidad de dicha filosofía para
resolver los problemas del hombre, desembocando finalmente en el marxismo.
Astrada, siguiendo la concepción marxista, ve en el proletariado la clase
emancipadora, que al cumplir su misión histórica de superarse a sí misma como
clase, debe abolir la sociedad clasista, provocando el advenimiento del hombre
humano, rotas las ataduras de la enajenación, mediante el salto al "reino de la
libertad". Partiendo de Marx, ve al comunismo como positiva superación de la
propiedad privada, como condición necesaria del retorno del hombre a sí mismo
como ser social, donde puede llegar a ser un "hombre total", es decir, devenir
universalmente humano. "Ahora -señala Astrada- se encamina a una nueva
realización de su ser, a una nueva imagen suya. Aspira a realizarse y concebirse
en todas sus posibilidades inmanentes, a integrarse en sus potencias,
reencontrarse, en fin, a sí mismo en una plenaria concreción de su humanidad
esencial". Astrada tiene en cuenta la formación de un hombre nuevo en
correspondencia con la sociedad sin clases, donde se afirme a sí mismo como
humano, movido por nuevas necesidades, nuevos fines y nuevos valores. Aborda
la problemática, teniendo en cuenta factores económicos, políticos y ético-
filosóficos.
Este análisis ha permitido entender que el problema de la formación del hombre
nuevo, que ha sido tratado a través del decursar de la historia y comprendido
desde ópticas diferentes, fue tema de preocupación esencial de los fundadores del
marxismo y de sus seguidores.
En nuestro tiempo, pensadores de la talla de Ernesto Che Guevara, Fidel Castro y
otros revolucionarios, han hecho suyos los legados del marxismo para encauzar
en la práctica la formación de las nuevas generaciones.
Tomando como fundamento la teoría marxista, concebimos al hombre nuevo,
como aquel hombre capaz de transformarse a sí mismo, de apropiarse de forma
dialéctica de valores nuevos, de interpretar y transformar la realidad, al tiempo que
se enriquece su propia esencia. Un hombre que pueda autovalorarse
deliberadamente como sujeto y objeto del desarrollo; un hombre que sólo puede
ser alcanzable cuando desaparezcan todas las formas de enajenación social, en
primer lugar las económicas.