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SALA DE CASACIÓN CIVIL

Magistrado Ponente: CARLOS OBERTO VÉLEZ
En el jui ci o por cumplimiento de cont rato de seguro int entado
ant e el Juzgado Tercero de Primera Inst anci a en lo Civil, Mercantil y del
Tránsi to de la Circunscripci ón Judi ci al del Área Met ropolit ana de
Caracas, por el ci udadano JOSÉ RAMÓN BARCO VÁSQUEZ,
representado por los profesional es del derecho Mart ín Valverde Garcí a y
Crist óbal Rondón, contra l a sociedad de comercio que se di stingue con
la denomi naci ón mer cant i l SEGUROS CARACAS
LIBERTY MUTUAL patroci nada por l os abogados en ejerci cio de su
profesión Oct avio Cal caño Spinetti, Judi th Ochoa Seij as, Oscar Ochoa G,
Luis Fernando Ál varez De Lugo, Álvaro Gonzál ez Ravelo, David Sanoja
Rial, Móni ca Ortin Vil ori a, Erna Yol anda Sell horn Nett, Oct avio y
Ricardo Cal caño Aguil era; el Juzgado Superi or Noveno en l o Ci vil,
Mercantil, y del Tránsi to de l a misma Circunscri pción Judici al, con
compet enci a funcional j erárqui ca vertical, en fecha 3 de mayo de 2001,
dict ó sentencia decl arando con lugar t anto la apelación del demandado,
como la perenci ón de la instancia, revocando por ví a de consecuencia, el
fal lo apel ado.
Contra l a preindi cada sent enci a, anunció recurso de casaci ón el
demandante, el cual fue admit ido y formalizado. Hubo impugnación. -
Concluida la sust anci aci ón, pasa l a Sal a a dictar su máxi ma
decisión procesal, bajo la ponenci a del Magistrado que con tal
carácter l a suscribe, y l o hace previ a l as si guientes consideraciones:
I
RECURSO POR INFRACCIÓN DE LEY
Con fundamento en el ordinal 2º del artí culo 313 del Código de
procedimiento Civil, denuncia el formalizante lainfracci ón del artí cul o 12 y ordinal
1º del artí cul o 267 ei usdem, por errónea i nterpretaci ón, lo cual hace baj o
la si gui ente argumentación:
“...denuncio la infracción por la recurrida del artículo 267, ordinal 1º,
ibidem, por error de interpretación, al darle el sentenciador de Alzada
un sentido y alcance que no prevé la norma, violando en consecuencia
el artículo 12 del mismo texto legal, que lo obliga a que en sus
decisiones se atenga a las normas de derecho y a lo alegado y probado
en autos, lo cual fue determinante en el dispositivo del fallo

(...Omissis...)

observamos que de acuerdo al ordinal 1ºdel artículo 267 del Código de
Procedimiento Civil, toda instancia se extingue (sic) ‘1º Cuando
transcurridos treinta días a contar desde la fecha de admisión de la
demanda, el demandante no hubiere cumplido con las obligaciones
que le impone la ley para que sea practicada la citación del
demandado...’

Ahora bien, conforme a la jurisprudencia reiterada de esta Sala, se
interpreta de la norma transcrita que el legislador previó una sanción
muy grave, como lo es la perención, la cual está condicionada a que el
demandante no cumpla con las obligaciones que le impone la Ley para
lograr la citación. Debe, pues, tratarse necesariamente de una
obligación establecida en la Ley, y, no puede ser de otra manera, pues
toda norma sancionatoria es de interpretación restrictiva. Además,
siendo de extrema gravedad la sanción, como lo es la perención, la
misma no puede quedar al libre criterio del interprete y en caso de
duda debe prevalecer el derecho a la defensa permitiéndose la
continuación del juicio.

En el caso de autos la recurrida extendió la aplicación del ordinal 1º
del artículo 267 del Código de Procedimiento Civil (Sic) a un
supuesto de hecho no contemplado en esa norma como lo es, que el
actor no suministró la dirección de la demandada dentro de los
treinta (30) días siguientes a la admisión de la demanda, en este
sentido, ha sostenido reiteradamente este Supremo Tribunal, que, LA
ÚNICA OBLIGACIÓN DEL DEMANDANTE ES IMPULSAR LA
CITACIÓN DEL DEMANDADO MEDIANTE EL PAGO DE LOS
DERECHOS ARANCELARIOS QUE PREVÉ LA LEY DE ARANCEL
JUDICIAL. (hoy derogada por la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela).

Por otra parte, no establece la norma en forma imperativa que el
demandante deba citar al demandado en el lapso perentorio de treinta
días, a contar de la admisión de la demanda. Y, además, consta en el
libelo de la demanda el señalamiento del domicilio del demandado
en la ciudad de Caracas, por ende, no se le violó al accionado su
derecho constitucional a la defensa, ni se le ha causado daño alguno,
pues la presente causa se encuentra en fase de evacuación de pruebas
en la primera instancia.

Las consideraciones expuestas determinan de manera objetiva que la
recurrida incurrió en errónea interpretación del ordinal 1º del artículo
267 del Código de Procedimiento Civil. Este error determinó el
dispositivo de la sentencia, siendo aplicable para la resolución de la
controversia la misma norma que aplicó, que dejó de aplicar el
sentenciador de la recurrida, esto es, el ordinal 1º del artículo 267
antes citado.

En efecto, de haber apreciado la recurrida las actuaciones de mi
representado relativas al pago de los derechos arancelarios y a la
consignación de la respectiva planilla, a la luz de las previsiones de la
norma señalada, hubiera concluido que mi mandante cumplió con la
obligación que le impone esa norma, esto es, la de impulsar la citación
del demandado mediante el pago de los derechos arancelarios, y en
consecuencia, daba lugar a la confirmatoria de la sentencia apelada
dictada por el Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil,
Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del Area
Metropolitana de Caracas, esto es, que no se había operado la
perención de la instancia, y por ende, la declaratoria sin lugar de la
apelación ejercida por la demandada...” (negritas y cursivas de la
Sala)


Para decidir, se observa:
La Sal a ha desarrol lado de manera reit erada y pacifi ca en su
doctri na, cuando debe ent enderse que el juez ha realizado errónea
interpretaci ón de una norma jurí dica. Al efecto, en sent enci a Nº202, del
14 de junio de 2000, con ponencia del Magistrado que con tal carácter
suscribe la presente, en el jui ci o de Yajaira López cont ra Carlos Al berto
López Méndez y ot ras, expediente Nº. 99-458, se est abl eció lo si gui ent e:
“...Invoca el recurrente el error de interpretación por parte del
sentenciador de la alzada, de la disposición contenida en el artículo
341 del texto Legal (Sic) Adjetivo (Sic), en este orden de ideas,
considera oportuno la Sala, reiterar la opinión sustentada por élla
mediante copiosa jurisprudencia, relacionada con la infracción de ley
denunciada, a saber:

„En efecto, la infracción por errónea interpretación de un
precepto legal por parte de una sentencia, ex definitione, sólo puede
configurarse con respecto a aquellas normas jurídicas que sí hayan
resultado aplicables, para resolver la materia jurídicasometida a la
potestad jurisdiccional del correlativo juzgador.

Al respecto, la moderna y calificada doctrina especializada en la
materia, con irrecusable rigor técnico, expresa:

„...la interpretación errónea de la norma ocurre, en suma, cuando
siendo la que corresponde al caso litigado, „se le entendio (sic)
sin embargo equivocadamente y así se aplicó‟
(Mucia Ballen, Humberto; Recurso de Casación Civil, Librería El
Foro de la Justicia, Bogotá, Colombia, 1983, pág.
307)....‟”

En el sub iudice, denunci a el recurrent e que el Juez de Alzada,
interpretó de manera errónea l a preceptiva legal cont enida en el ordinal
1º del artí culo 267 del Códi go de Procedimi ento Civil , al deci di r
consumada l a perenci ón de la i nst anci a, por el hecho de que el
demandante, aún habiendo cancelado oportunamente los derechos
arancelarios correspondientes a la compulsa para la citación, aportó l a di rección
del demandado pasados t reint a ( 30) dí as después de real izado el pago
aludido.
A efect os de veri ficar lo denunci ado, realiza l a Sal a el
pormenorizado análi sis de l a recurrida y a parti r de ell o consi dera
oportuno reproduci r la part e pertinent e de la sent enci a acusada, que
textual ment e reza:
“...Surge la presente incidencia, en virtud de la apelación interpuesta
por las abogadas Judith Ochoa Seguias y Erna Sellhorn Nett contra la
sentencia interlocutoria dictada el 02 de octubre de 2000, por el
Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil (sic) Mercantil y del
Tránsito de esta Circunscripción Judicial, en la que se declaró sin
lugar la perención de la instancia.

Una vez que el tribunal de la causa admitió la demanda por
cumplimiento de contrato interpuesta contra la Sociedad Mercantil
Seguros Caracas Liberty Mutual, ordenando el emplazamiento del
demandado en la persona de su representante legal José Barco
Vásquez, la parte actora cumplió con la obligación legal del pago del
arancel judicial prevista en la Ley de Arancel Judicial, hoy derogada
(Sic) por la Constitución vigente, dentro del lapso preclusivo de
treinta días, después de admitida la demanda

(...Omissis...)

Por su parte, el artículo 340 del Código de Procedimiento Civil (Sic) establece
como uno de los requísitos (Sic) que debe contener el libelo de la
demanda el nombre, apellido y domicilio del demandante y del
demandado y el carácter que tiene.

De autos se desprende que el actor cumplió con esa carga procesal de
indicar la dirección del demandado donde se iba a citar, en fecha 30 de
junio de 1999, es decir, había transcurrido con creces treinta (30) días
no sólo desde la fecha de admisión de la demanda (13-05-1999), sino
desde que había aportado en autos la planilla del pago del derecho
arancelario (24-05-1999).

Como bien se destaca en la citada jurisprudencia, el alguacil es el
único que puede proceder a la práctica de la citación, pero si el
funcionario no provee la dirección del demandado, es imposible
lograrla.

La parte actora debe aportar oportunamente la dirección del
demandado para lograr de esa forma su citación, su inactividad en ese
sentido, indica su falta de interés procesal en que el órgano
jurisdiccional resuelva su pretensión. Ese interés se pone de
manifiesto cuando el actor recaba los proveimientos necesarios a los
fines de que el Juez resuelva su interés sustancial en el proceso y, el
mismo debe manifestarse desde que se incoa la demanda hasta la
materialización de la decisión, puesto que, la acción es una „vibración
continua‟ a lo largo del proceso, el cual no se mueve con la inercia
sino por el debido impulso procesal ya de las partes ya del Juez.

La falta de interés procesal, genera la perdida de la instancia, la cual
debe ser sancionada con su perención.

TERCERO

Por los razonamientos que anteceden, este JUZGADO SUPERIOR
NOVENO EN LO CIVIL (Sic) MERCANTIL Y DEL TRANSITO DE
LA CIRCUNSCRIPCIÓN JUDICIAL DEL AREA
METROPOLITANA DE CARACAS, ADMINISTRANDO
JUSTICIA EN NOMBRE DE LA REPUBLICA Y POR
AUTORIDAD DE LA LEY, declara PRIMERO: CON LUGAR LA
APELACION formulara en fecha 9 de Noviembre (Sic) de 2000, por
las abogadas Judith Ochoa Seguias y Erna Sellhorn Nett, actuando
como apoderadas judiciales de la sociedad mercantil SEGUROS
CARACAS LIBERTY MUTUAL, contra la Sentencia Interlocutoria
de fecha 2 de octubre de 2000, dictada por el Juzgado Tercero de
Primera Instancia en lo Civil Mercantil y del Tránsito de esta
Circunscripción Judicial, a través de la cual negó la perención de
la instancia solicitada por la parte demandada. SEGUNDO: se declara CON
LUGAR la PERENCIÓN DE LA INSTANCIA solicitada por la parte
demandada....”


En rel ación a lo transcrit o el artí culo 267 ordinal 1º, de l a Ley
Adj etiva Civil, est ablece:
“Toda instancia se extingue por el transcurso de un año sin haberse
ejecutado ningún acto de procedimiento por las partes. La inactividad
del Juez después de vista la causa, no producirá la perención.

También se extingue la instancia:

1º. Cuando transcurridos treinta días a contar desde la fecha de
admisión de la demanda, el demandante no hubiese cumplido con
las obligaciones que le impone la ley para que sea practicada la
citación del demandado...”


Como se observa, el legisl ador impone una dura sanción a la
negli genci a de l as part es, lo cual evi dentement e redunda en agilizar l os
procesos, puesto que obli ga a los lit igantes a impulsarl os bajo l a
amenaza de la perención, evit ando así en gran medida, l as parali zaci ones
de l as causas por l argos perí odos, t al y como ocurrí a ant eri ormente.
Ahora bi en, dada l a severidad del casti go, est e Supremo Tribunal ha
considerado de apl icaci ón e int erpret ación rest ri cti va, l as normas
rel ati vas a l a perenci ón y bajo estos lineami entos ha establecido,
medi ant e su doct rina, que por cuanto l a l ey habla de las
obligaci ones que debe cumpli r el demandant e, basta que éste ej ecute
alguna de ellas a los efectos de la practica de l a citación, para evitar
que se produzca la perención. En est e senti do se pronunci ó la sent enci a
Nº. 172, de fecha 22 de j uni o de 2001, expediente Nº. 00-373, en el jui cio
de Raúl Esparza y otra cont ra Marco Pugli a Morgguese y otros, cuyo
texto reza:
“...Para decidir, la Sala observa:

La recurrida yerra ostensiblemente al aplicar falsamente el ordinal 1º del
artículo 267 del Código de Procedimiento Civil, como el recurrente asevera.
En efecto, consta de la precedente trascripción, que la demanda fue
admitida por el tribunal de la causa el 23 de julio de 1997. Asimismo,
que los derechos de arancel judicial se pagaron el 30 de julio de 1997,
es decir, dentro de los treinta (30) días siguientes a la fecha de
admisión del libelo. No obstante, el sentenciador consideró que los
demandantes tenían que cumplir con otras obligaciones a su cargo y al
no hacerlo, se produjo la perención de la instancia.
Ahora bien, la Sala en sentencia del 06 de agosto de 1998 (Banco
Hipotecario Unido, C.A. contra Freddy Ramón Bruces González),
señaló:

„...El criterio antes expuesto, de que las únicas obligaciones
legales a cargo del actor están constituidas por el pago de los
derechos de compulsa y citación fue reiterado en fallos del 31 de
marzo de 1993 (Antonio Labora Soanne contra C.A. Inmuebles
La Primicia); del 19 y 27 de octubre de 1994 y 08 de febrero de
1995, como el recurrente alega.

Por tanto, las normas atinentes a la perención de interpretación
restrictiva, por su naturaleza sancionatoria, a juicio de la Sala y
con vista al contenido del ordinal 1º del artículo 267 del Código
de Procedimiento Civil, basta con que el recurrente cumpla con
alguna de las obligaciones que la ley le impone a los fines de
practicar la citación del demandado, antes referidas, para que no
se produzca la perención, ya que las actuaciones subsiguientes,
como se expuso en el fallo del 22 de abril de 1992 antes citado,
corresponden íntegramente realizarlas al tribunal de la causa de
conformidad con lo indicado en el artículo 218 eiusdem; y sin
que la parte tenga ingerencia alguna en esas actuaciones
subsiguientes, sino que las mismas están a cargo del tribunal.

(...Omissis...)

El ordinal 1º del artículo 267 del Código de Procedimiento Civil
(sic) tiene como supuesto de hecho para que se produzca la
perención de la instancia, que el actor no cumpla con las
obligaciones que la ley le impone para que se practique la
citación del demandado. La mención de la palabra obligaciones
en la norma en comento está en plural. Por argumento en
contrario, como antes se refirió, si el actor cumple con alguna de
las obligaciones que tiene a su cargo, es evidente que no opera la
aplicabilidad del supuesto de hecho del ordinal 1º del artículo
267, el cual exige para aplicar la sanción allí prevista que no se
cumpla con las obligaciones...‟

(...Omissis...)

Ratificando la doctrina antes expuesta, la Sala observa que la recurrida
asentó que la demanda se admitió el 23 de julio de 1997, y el 30 de
julio de 1997, siete (7) días después, la actora canceló la planilla de
arancel judicial para practicar la citación de los co-demandados. Por
tanto, a criterio de la Sala, la actora cumplió con las obligaciones que
la ley le impuso para citar a los co-demandados dentro de los treinta
(30) días siguientes a la fecha de admisión del libelo; actuación
suficiente para evitar la sanción de que trata el ordinal 1º del artículo
267 del Código de Procedimiento Civil, cuyo supuesto de hecho,
ciertamente, la alzada infringió, por falsa aplicación, al decretar la
perención de la instancia, pues al haber la actora cumplido con las
obligaciones a su cargo, dentro de los treinta (30) días siguientes a la
fecha de admisión de la demanda, era improcedente decretar la
perención de la instancia en el proceso....” (Lo subrayado es de lo
transcrito)

Bajo l as premisas que ant eceden, observa l a Sal a que, cont rario a
la doct rina imperant e, el juzgador del conocimi ent o jerárqui co verti cal ,
al aplicar la sanción de perenci ón, efectivament e erró en la
interpretaci ón de l a norma contenida en el ordinal 1º del artí cul o 267 del
Códi go Adjet ivo Civil, t oda vez que, el demandant e al pagar
oportunament e el arancel correspondi ent e a la compulsa para los efectos
de l a cit ación, el mi smo di o cumplimi ento a la obl i gaci ón que l a l ey l e
impone. Pues bi en, el haber dado cumpl imiento con dicho supuesto a l a
luz de la doctri na de la Sal a supra invocada, no existe l a posibilidad de
que se haya producido la sanci ón de l a perención breve, en el caso
parti cul ar. Asi se resuel ve.
A propósi to de las obligaci ones o cargas procesales que el
demandante debe cumplir dentro del l apso de los 30 días si guientes a la
admisión de la demanda o de la reforma de la misma, esta Sala estima
necesario y oportuno conci liarl as bajo el nuevo principi o de la justi ci a
gratuita conteni do en el artí culo 26 de la Constitución de la Repúbli ca
Bolivariana de Venezuela y la doctrina que ha consi derado que no ha
lugar l a perención por la gratuidad de los procedimientos.

Ci ert ament e el legisl ador pat rio en el artí cul o 321 del Códi go de
Procedimi ent o Civil , recomi enda a los juri sdi cent es de inst ancias
procurar acoger la doctri na de casaci ón est abl ecida en casos análogos
para defender la integridad de l a l egislaci ón y la uni formidad de l a
jurisprudenci a. Sin embargo, nada se ha dicho sobre la obligación
contemplada en el artícul o 12 de la Ley de Arancel J udi cial, ya que –al
parecer- no ha sido sometido a la consideración de esta Suprema
J urisdi cción en ningún recurso de casación, que pudiera permitir
pronunciarse sobre l a perención breve de la instancia por
incumplimiento de las obli gaciones (cargas) que impone la Ley al
demandante para el logro de l a citaci ón en el l apso de 30 días contados
a partir de la fecha de admisión de la demanda o de su reforma, para
dilucidar –contrari ament e a lo que ha veni do afirmado la casación- esto
es, que si es procedent e la perenci ón de la instancia en t odos aquell os
procedimi entos informados por el princi pio de l a grat uidad, ya que las
obli gaciones a que se refi ere el art ículo 267 del Códi go de
Procedimi ent o Civil , ordi nal 1º desti nadas al logro de l a ci tación, NO
SON SOLAMENTE DE ORDEN ECONÓMICO.
El precit ado art ículo 12 de l a Ley de Arancel Judi cial señal a:
“Cuando haya de cumplirse un acto o evacuarse al guna
dili genci a fuera de la pobl ación en que tenga asi ent o el
Tri bunal, Regist ro Mercantil y Notarías Públicas la parte
promovente o i nt eresada proporcionará a l os funci onari os y
auxiliares de justi ci a que int ervengan en ellos, l os
vehículos necesari os y apropiados para su trasl ado,
y proveerá los gastos de manutención y hospedaj e
queocasione. Igualmente se proporcionará vehículo, cuando
el acto o dili genci a se efect úe en l a misma pobl ación en
que resi da el Tribunal, Registros Mercantiles y
Notarías Públicas en lugares que di st en más de qui ni entos
(500) metros de su recinto.
El Consej o de la Judi cat ura y el Mi ni sterio de Justicia,
respectivamente fijarán, periódi camente, mediant e
resoluci ón el mont o de los gast os de manutención y de
hospedaj e que habrán de pagar l os i nt eresados”.

En ese senti do, es imperant e profundizar sobre razonamientos
val ederos t ant o para la emergenci a arancelari a como para la actual
concepción de l a gratui dad en l a justici a, con mayor fundament o para
est a última:

Las obli gaci ones a que se cont rae el ordinal primero del artí cul o
267 aludi do, son de dos órdenes; pero, ambas desti nadas a lograr l a
cit ación del demandado.
En primer lugar, l a que correspondí a al pago de los conceptos en
la el aboraci ón de l os recaudos de cit ación o compulsa del l ibelo,
librami ent o de bol et a de cit ación y, l as atinentes al pago del funcionari o
judi cial Al guacil para la práctica de sus diligencias encaminadas a la
obtención del acto de comuni caci ón procesal de cit aci ón y que
est aban previst as en el art ículo 17, apart e I, numeral 1 y 2, y apart e II,
numeral 1, respecti vament e de l a Ley de Arancel Judi ci al, que se
mat eri alizaba mediante la liquidaci ón de l as respectivas pl anillas de l os
extintos derechos de arancel j udi ci al normas que en atención al
contenido y alcance de l a disposi ción derogatoria única de l a
Constit ución de 1999, perdi eron vi genci a por cont rari ar l a garantía de l a
justi ci a gratuit a que ell a misma contempla en su artí cul o 26, por lo que
dada su derogatoria no cuent a para l os efect os de la perenci ón breve; en
segundo lugar, la urgente obli gación lógica de suministrar por lo menos
la di rección o lugar en el cual se encuentra l a persona a cit ar, asi como
el transport e o trasl ado y gastos de manut ención y hospedaje, cuando
haya que cumplirse en l ugares que dist en más de quini entos met ros de l a
sede del Tri bunal, los cuales se cubren de diferent e manera, pero, jamás
mediante liquidación de reci bos o planill as, pero que su
incumplimiento a juicio de esta Sal a generan efectos de perención.
Conforme al cont enido del art ícul o 2 de l a Ley Arancel
Judici al, el arancel se const ituí a en un ingreso públi co que tenía por
obj eto coadyuvar en el l ogro de la mayor efi ci enci a del Poder Judici al ,
permiti endo que di cho t ributo fuese proporcional y facilit ara el acceso a
la justi ci a de todos los sectores de l a pobl ación; y como tal ingreso
públi co, quedaba dent ro de l a clasifi caci ón que el l egi slador ha
consi gnado en el art ícul o 42 de la Ley Orgánica de la Haci enda Pública
Nacional como rentas ordinari as.
Empero, al l ado de esta derogada obl i gación t ribut aria (ingreso
públi co, según el art . 2 de la Ley de Arancel Judi cial, que era perci bido
por los instit utos bancarios con conveni o con l a hoy suprimida Ofi cina
Nacional de Arancel Judici al) , están las obligaciones PREVI STAS EN
LA MI SMA LEY DE ARANCEL J UDI CI AL QUE NO CONSTI TUYEN
I NGRESO PÚBLI CO NI TRI BUTOS NI SON PERCI BI DAS POR LOS
I NSTI TUTOS BANCARI OS en sus oficinas receptoras de fondos
nacional es, es decir, obli gaciones que no son arancel es j udi ci al es y, por
ende, dichas obli gaciones que pueden ser o no di nerari as NO SON
DESTI NADAS A COADYUVAR EL LOGRO DE LA EF I CI ENCI A DEL
PODER J UDI CI AL NI A PERMI TI R EL ACCESO A LA J USTI CI A (art .
2 de l a Ley de Arancel Judicial) NI A ESTABLECIMIENTOS PÚBLICOS DE
LA ADMI NI STRACI ÓN NACI ONAL (art . 42, ord. 4º de l a
Ley Or g á n i c a d e l a Ha c i e n d a P ú b l i c a Na c i o n a l ) l a s c u a l e s
ma n t i e n e n p l e n a v i g e n c i a .
E stas obligaciones son las contempladas en el artí culo 12 de la
Ley de Arancel J udicial , relati vas al suministro de vehí culo para el
traslado de l os funci onarios y auxili ares de justici a que intervengan en
actos o en diligenci as atinentes a asuntos que cursen ante Tribunal es,
Notarías o Registros, y que deban evacuarse fuera de sus respecti vos
recintos, incluyendo –además de los vehículos para l a transportaci ón o
los gastos que ella ocasione- los gastos de manutenci ón y hospedaj e
que ocasi one la evacuaci ón del acto o dili genci a, si empre y cuando
dicha actuación haya de practi carse en lugares que disten más de 500
metros del lugar o recinto del Tribunal , Notaría Públi ca o Registro.
Nadi e osaría discutir ni poner en duda que el contenido del
artí culo 12 de la Ley de Arancel J udi cial , constituye una obli gación
que el demandante debe satisfacer cuando la citaci ón del demandado
haya de practicarse en un sitio que diste más de 500 metros del lugar o
recinto donde el Tri bunal tiene su sede, ni nadie podrí a afi rmar que el
contenido económico de esta obligación pueda ser calificado de arancel
judici al o ingreso públi co tributario. En efect o, l o que se pague por
transporte, hospedaj e o manutención del funcionario judicial Alguacil (en
caso de citación para la cont est ación de l a demanda) no est á des t inado a
coadyuvar al logro de la efi ci enci a del Poder Judicial ni para que todos
tengan acceso a l a j usti cia ni tampoco era pagado en l as i nstituciones
bancarias con l as cual es l a extinta Ofici na Naci onal de Arancel Judicial
había celebrado convenios para la percepción de l os t ri butos. Los pagos
destinados a sati sfacer las necesi dades de transporte, manutención y
hospedaj e de los funcionarios o auxiliares que deban evacuar
diligencias fuera de l a sede el Tribunal, son del úni co y exclusivo
interés del peti cionante o demandante –según el caso- ya que se repit e,
no responde al concepto de ingreso públi co de caráct er tributario, y
cuyos montos ingresan al patrimonio del transportista, hotel ero o
proveedor de estos servi cios. No i ngresaban al pat rimonio nacional que
admi nist raba la extinta Ofi ci na Naci onal de Arancel. De all í que, tales
obligaci ones a cargo del demandante para la obtención de la citaci ón,
como se indi có, tienen pl ena vi genci a en todos los procedi mientos que
hoy están exentos de la obligaciónt ributaria (ingreso públi co) que est aba
prevista en l a Ley de Arancel Judi ci al, en razón de l a j usti ci a gratuit a
garantizada por el artí culo 26 de l a Const itución de l a Repúbli ca
Bol ivari ana de Venezuel a.
Dent ro de l as normas presupuest ari as del extinto Consej o de l a
Judicatura no existían parti das desti nadas (ni hoy exi sten en el
Presupuesto del Poder Judicial ) para satisfacer estos gastos en que
necesari ament e habrían de i ncurri r los funcionari os o auxiliares de
justi ci a, cuando hayan de practicar di li genci as fuera de la sede el
Tri bunal, Regi st ro o Not aria, ni exi ste norma alguna que imponga a
estos funci onari os a soportar en su patrimonio tales gastos, habi da
cuenta que tal es dili gencias, como se indicó, son del único y exclusi vo
interés de los peti cionantes o demandantes, salvo aquel l os que son
inherent es al funcionami ent o del tri bunal, para lo cual si existe una
partida poco si gnificant e, que se le otorga a los al guacil es para
transporte de esas di li genci as.
Entonces, si endo claro que se trata de obligaciones impuestas
por la ley (Ley de Arancel J udi ci al), tal como lo exige el ordinal 1º del
artí culo 267 del Código de Procedimiento Civil , no queda duda al guna
de que al encont rarse el sitio o lugar donde haya de practicarse
la ci t a ci ón a más de 500 met r os de l a s e de del Tr i buna l , el
demandante deberá cumpl i r con tal es cargas
u

obl i gaci ones
,
independi entemente de la gratuidad contemplada en la
constituci ón, ya que ésta (la gratuidad) hace sólo referencia al arancel
judici al o ingreso públi co tributario. El Est ado est á facultado para
est abl ecer exenci ones o exoneraciones t ri but ari as, pero no para obli gar a
los parti cul ares (transportistas, hot el eros o prest adores de servi cios de
manutención, et c. ) a soport ar la gratui dad de los jui cios. De manera,
pues, que tal es sumas de dinero para pagar transporte, hospedaj e o
manutención no responden a la defini ción de ingreso público ni de
tributo a que se contrae el artículo 2 de la Ley de Arancel J udicial, ni
al de renta ordinari a previsto en el ordi nal 4º del artí culo 42 de la Ley
Orgánica de Hacienda Públi ca Nacional ni al concepto doctrinario de
tasa, l o que por ví a de consecuencia, no vulnera la gratuidad de la
justici a consagrada en el vigente texto Constitucional .
Las razones que avalan la afi rmación anteri or, radican en lo
sigui ente: Los pagos que se hagan por transporte, por manutención y
por hospedaj e se le hacen di rectamente al funci onari o para ser
i nverti dos en el servi ci o que personas particul ares han de reci bir o
directamente l o hará el interesado, al transportista, al hotel ero o
restaurant o fonda proveedora de alimentos. No se liquidan
planillas como ocurría con el arancel j udici al y con toda otra renta, ni
se pagan en oficinas receptoras de F ondos Naci onal es. En este orden
de ideas, y según sean proveí dos l os conceptos de transporte,
manutención y hospedaj e por el demandante, interesado en el
cumplimiento de la diligencia al funci onario judi ci al (al guacil en el
caso de citación para la contestaci ón de la demanda), nos revelarí a una
relaci ón de derecho privado entre el que suministra el transporte (el
interesado) y el prestador de servi cio de transporte, de manutención y
de hospedaje, configurándose típi co “acto de comercio”, objeti vo
definido en los ordinal es 6 y 9 del artícul o 2 del Código de
Comerci o. Mientras que la relaci ón que existía entre el particular que
pagaba o liqui daba el arancel judi cial (entendido como ingreso públi co
o tributo, tal como lo definía el artí culo 2 de l a Ley de Arancel
J udicial ), y el estado, daba paso a una relaci ón de derecho públi co. De
manera, pues, que existía una marcada y notori a diferenci a en l a
nat ural eza j urídi ca de ambas rel aciones, pero que coincidían en que
ambas estaban i mpuest as o previst as por la Ley para el l ogro de l a
cit ación, las cual es debí an ser cumpli das dentro de l os 30 días si gui ent es
a la fecha de admi sión de l a demanda por l a part e del demandant e
interesado, so pena de que operara la perención de l a i nstancia o
extinci ón del proceso. Con l o di cho no debe ent enderse que la citaci ón
debe ser practi cada dentro de los 30 dí as si gui entes a l a admisión de l a
demanda o de su reforma. NO. Por el contrario, lo que debe cumpli rse
dentro de ese l apso de 30 dí as, son l as obli gaciones previstas en l a
Ley desti nadas a l ograr l a citación, importando poco que ésta se
practique efecti vamente después de esos 30 dí as.
No obst ante, dado en pri ncipio cons titucional actual respecto a l a
gratui dad de la j ustici a y de l a nat ural eza que había ent re l as
obli gaciones (previst as en l a l ey para el l ogro de la cit aci ón cuando ésta
haya de practi carse en un sitio que di st e más de 500 met ros de la sede el
Tri bunal ), se robust ece la tesis pl anteada argument ando que los ingresos
públicos o tributos se satisfacían dinerari ament e, val e decir, pagando con
dinero el mont o de l a obli gación tri but aria, no si endo posibl e pagarl a en
especi e o de ot ra forma, entre tanto que la obligación que aun subsiste de
transportación de los funcionarios o auxili ares de justi ci a que impone el
art ículo 12 de l a Ley de Arancel Judici al, puede satisfacerse poniendo a
disposición del funci onari o o auxili ar de j usti ci a los vehí culos
necesari os para l a transportación, satisfaci éndose de esta manera la
obli gación l egal , mediante una forma di ferent e a la del dinero, lo cual
deviene jurí dicamente imposibl e en mat eri a tribut ari a o de ingreso
públi co.
Si endo así est a Sal a est abl ece que l a obl i gaci ón ar ancel ar i a
que previó la Ley de Arancel Judicial perdió vigencia ante la manifiesta
gratuidad constitucional, quedando con plena aplicación las contenidas en el
precitado artículo 12 de dicha ley y que igualmente deben s e r e s t r i c t a y
o p o r t un a me n t e s a t i s f e c h a s p o r l o s demandantes dentro de los 30
días sigui entes a la admi sión de la demanda, mediante la
presentación de dili gencias en la que ponga a la orden del alguacil los
medi os y recursos necesarios para el logro de la ci tación del
demandado, cuando ésta haya de practicarse en un sitio o lugar que
diste más de 500 metros de la sede del Tribunal; de otro modo su
omisión o incumpli miento, acarreará l a perenci ón de l a instancia,
siendo obligación del Alguacil dejar constanci a en el expedi ente de
que la parte demandante l e proporci onó lo exigido en l a ley a los
fines de real izar las diligencias pertinentes a la consecución de la
citación. Queda de esta forma modifi cado el criteri o de esta Sal a a
partir de l a publicación de esta sentencia, el cual se apli cará para las
demandas que sean admitidas al dí a si guiente de la fecha en la cual se
produzca ésta. Así se establ ece.
Estos nuevos argumentos doctrinarios como ya se indicó, no son
apli cabl es al caso en estudio, pero sí para aquellos que se admitan a
partir de l a publi cación de esta sentencia. De este modo bajo criterio
imperante para el momento, la denunci a analizada debe ser declarada
procedente. Así se decide.
II
Bajo el títul o de casación sobre los hechos y con apoyo en el
art ículo 320 del Códi go de Procedimi ento Civil, denunci a el recurrent e
la infracción, por fal sa aplicación del ordi nal 1º del artí culo 267
eiusdem, y lo hace en los t érmi nos si gui entes:
“...De conformidad con el artículo 320 del Código de Procedimiento
Civil, denuncio la infracción, por falsa aplicación, del ordinal 1º del
artículo 267 del Código de Procedimiento Civil, norma jurídica
expresa que regula el establecimiento de los hechos, todo lo cual fue
determinante en el dispositivo del fallo.
(...Omissis...)
Ahora bien, como lo ha sostenido reiteradamente este Alto Tribunal,
el fundamento de la figura procesal de la perención es la presunción
de abandono del procedimiento por parte de la persona obligada a
impulsar el proceso, vista su inactividad durante el plazo señalado por
la Ley. Siendo entonces la perención de carácter objetivo,
irrenunciable y de estricto orden público, basta que se produzcan para
su declaratoria: (i) falta de gestión procesal, es decir, la inercia de las
partes, y (ii) la paralización de la causa por el transcurso de
determinado tiempo, una vez efectuado el último acto de
procedimiento. De allí tenemos, que a partir del auto de admisión de la
demanda, el actor deberá cumplir las actividades y obligaciones que le
impone la Ley para que sea practicada la citación de la parte
demandada, cuales eran la de cancelar los emolumentos previstos en
la Ley de Arancel Judicial (hoy derogada por imperativo de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela) y
posteriormente aquellos pagos que impliquen la forma de
emplazamiento que hayan de producirse, como es el pago de las
copias fotostáticas de la demanda que se adjuntará a la orden de
comparecencia, todo lo cual fue cumplido por mi representado en el
caso de autos.

En efecto, se puede determinar con precisión en el presente
expediente, que una vez admitida la demanda según auto del 13 de
mayo de 1999, por el Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo
Civil, Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del Area
Metropolitana de Caracas (folio 1), donde se ordenó el emplazamiento
de la demandada en la persona de su representante legal, ciudadano
Nelson Sánchez Cardiales, para la litis contestación, así como librar la
compulsa, previa cancelación de los derechos arancelarios
correspondientes, mi representado, canceló estos derechos en fecha 18
del mismo mes, como se evidencia del folio 12, cuya planilla fue
consignada el 24 de los mismos mes y año, según consta al folio 14.
Por ello, consta inmediatamente a esta consignación, la nota de
Secretaría dejando constancia que en fecha 25 del citado mes de mayo
se libró la correspondiente compulsa.

De allí la falsa aplicación del ordinal 1º del artículo 267 del Código de
Procedimiento Civil, pues por el contrario la parte actora cumplió con
la obligación que le impone el mencionado ordinal 1º, esto es, con el
pago de los emolumentos previstos en la Ley de Arancel Judicial
(...Omissis...)

El pronunciamiento que en este capítulo se denuncia fue determinante
en el dispositivo del fallo, pues de no aplicar falsamente el Juez de la
recurrida la citada norma procesal, hubiera apreciado las actuaciones
de mi representado relativas al pago de los derechos arancelarios y la
consignación de la respectiva planilla, como elementos demostrativos
del cumplimiento por parte de mi representado de la carga que le
impone la Ley, so pena de perención. Y por tanto en su dispositivo
habría confirmado la sentencia apelada....”

Para deci di r, l a Sal a observa:
La “Casaci ón sobre l os hechos”, represent a l a posibilidad de que,
excepcionalmente, este Máximo Órgano, desprendi éndose de su condi ci ón
de t ri bunal de derecho, extienda su análisis al fondo de la controversia y desci enda
al est udi o de l os hechos sucedi dos en el proceso; t odo el l o es posi bl e
cuando se i nt erponga una denunci a i nvocando el art í cul o 320 del
Códi go de Procedi mi ent o Ci vi l ; pero es oport uno rat i fi car que además
del apoyo en l a di sposi ci ón señal ada, debe el formal i zant e cumpl i r con
l os requi si t os referi dos a l a especi al t écni ca exi gi da para l a adecuada
el aboraci ón de est e t i po de denunci as. En efect o, est e Tri bunal
Supremo de Just i ci a, a t ravés de copi osa y rei t erada doct ri na, ha
est abl eci do el cri t er i o que de segui das se t ranscri be, cont eni do en l a
sent enci a Nº . 29 de est a Sal a de Casaci ón Ci vi l , de f echa 16 de f ebrero
de 2001, en el j ui ci o de Inversi ones Bayahi be, C. A. , cont r a Fr ankl i n
Durán, expedi ent e Nº . 99-564:
“...Ha sido doctrina reiterada de este Supremo Tribunal cual es la
técnica requerida al formalizante, para acusar las violaciones
referentes a la llamada casación sobre los hechos, especialmente en lo
que se refiere a los casos de falso supuesto, y en tal sentido se ha
dejado establecido que:

„...En sentencia de fecha 8 de agosto de 1995 precisó la Sala los
requisitos que debe cumplir una denuncia de suposición falsa, en
los siguientes términos:
„La Corte, con fundamento en la redacción del artículo 435
del Código de Procedimiento Civil derogado, elaboró la
técnica para la denuncia del entonces denominado falso
supuesto. Esta técnica, luego de la vigencia del nuevo Código
de Procedimiento Civil, se ha mantenido idéntica. Ahora bien,
un examen de la redacción del artículo 320 eiusdem, permite
concluir que el motivo de casación, ahora denominado
suposición falsa, es, a diferencia de lo previsto en el anterior
Código, un motivo autónomo de casación. En efecto, el
encabezamiento del citado artículo 320, dice lo siguiente:

„En su sentencia del recurso de casación, la Corte Suprema
de Justicia, se pronunciará sobre las infracciones
denunciadas, sin extenderse al fondo de la controversia, ni
al establecimiento ni apreciación de los hechos que hayan
efectuado los Tribunales de instancia, salvo que en el
escrito de formalización se haya denunciado la infracción
de una norma jurídica expresa que regule el establecimiento
o valoración de los hechos, o de las pruebas, o que la parte
dispositiva del fallo sea consecuencia de una suposición
falsa por parte del Juez, que atribuyó a instrumentos o actas
del expediente menciones que no contiene, o dio por
demostrado un hecho con pruebas que no aparecen en autos
o cuya inexactitud resulta de actas e instrumentos del
expediente mismo.‟

Es posible advertir cómo la redacción de la norma, ha convertido a las
denuncias de suposición falsa en una hipótesis diversa de casación.
Por tanto, aislada de su relación con las denuncias de violación de
reglas que regulan el establecimiento o valoración de las pruebas o de
los hechos, su técnica no requiere, como se ha venido indicando, de la
denuncia de esos textos legales. Basta, conforme a la expresión de la
norma „...que la parte dispositiva del fallo sea consecuencia de una
suposición falsa...‟, con la denuncia del precepto legal aplicado
falsamente, porque el Juez da por cierto un hecho valiéndose de una
suposición falsa.

En consecuencia, incorporando lo antes expresado a la técnica de la
denuncia de suposición falsa, la Sala modifica su doctrina de la
siguiente forma:

Para que la Corte pueda examinar y decidir acerca de la
determinación y apreciación que los jueces del mérito hayan
efectuado sobre los hechos y las pruebas, es indispensable que
el formalizante se ajuste a la técnica elaborada por la Sala
para la denuncia apropiada de casación sobre los hechos,
técnica que exige el cumplimiento de los siguientes requisitos:
a) indicación del hecho positivo y concreto que el juzgador
haya dado por cierto valiéndose de una falsa suposición; b)
indicación específica del caso de falsa suposición a que se
refiere la denuncia, puesto que el encabezamiento del artículo
320 del Código de Procedimiento Civil (sic) prevé en ese
respecto tres (3) situaciones distintas; c) el señalamiento del
acta o instrumento cuya lectura patentice la falsa suposición;
d) indicación y denuncia del texto o los textos aplicados
falsamente, porque el Juez da por cierto un hecho valiéndose
de una suposición falsa; e) la exposición de las razones que
demuestren que la infracción cometida fue determinante de lo
dispositivo de la sentencia.

Por otra parte, conforme a reiterada jurisprudencia, la suposición
falsa tiene que referirse forzosamente a un hecho positivo y
concreto que el Juez establece falsa e inexactamente en su
sentencia a causa de un error de percepción, entre otras
razones, porque no existan las menciones que equivocadamente
atribuyó a un acta delexpediente. Ahora bien, como el
mencionado vicio sólo puede cometerse en relación con un
hecho establecido en el fallo, quedan fuera del concepto de
suposición falsa las conclusiones del Juez con respecto a las
consecuencias jurídicas del hecho, porque en tal hipótesis se trataría
de una conclusión de orden intelectual que aunque errónea, no
configuraría lo que la ley y la doctrina entienden por
suposición falsa.‟.

Este criterio fue ampliado en sentencia de fecha 29 de noviembre de
1995, para incluir el supuesto de que el error conduzca a la falta de
aplicación de una norma jurídica.

Ahora bien, si se establece un hecho falso, que constituye el supuesto
de hecho abstracto de una norma, este error sólo puede conducir a que
se aplique esa regla legal a unos hechos reales a los cuales no es
aplicable, lo cual constituiría, de acuerdo con el razonamiento de la
doctrina analizada, falsa aplicación. Esta es la consecuencia directa
del error y otras normas sólo resultarían violadas por falta de
aplicación como una consecuencia de segundo grado, constituyendo
estas últimas las reglas que el sentenciador de última instancia debió
aplicar y no aplicó para resolver la controversia. En conclusión, se
reitera el criterio sentado en sentencia de 8 de agosto de 1995, en el
sentido de que el denunciante debe cumplir con la “indicación y
denuncia del texto o los textos aplicados falsamente, porque el Juez da
por cierto un hecho valiéndose de una suposición falsa”. En el caso
bajo decisión, el formalizante, en el encabezamiento de la denuncia,
imputa infracción de normas sustantivas por falta de aplicación y
"mala aplicación", supuesto este último no establecido en el artículo
313 del Código de Procedimiento Civil (sic) y no expresa de manera
alguna las razones por las cuales considera infringidas las reglas
legales en cuestión, pues se limita a establecer la influencia del error
en el dispositivo, sin relacionar tal efecto con las normas. En
consecuencia, al no cumplir el recurrente con los requisitos de una
denuncia como la expuesta, no puede la Sala conocer de lo
denunciado.” (Sentencia 4 de noviembre de 1998, en el caso Gerardo
Fink Finowicki contra Eurobuilding Internacional C.A.)

(...Omissis...)
Así entre otras deficiencias pueden anotarse:

1.) Es unánime el criterio doctrinal y jurisprudencial, que afirma que
los casos previstos por la primera parte del artículo 320 del Código de
Procedimiento Civil, referentes a la llamada casación sobre los hechos, no
son más que una especie dentro del género del recurso por infracción
de Ley, debiendo cumplirse al momento de formalizar alguna delación
apoyada en dicho dispositivo, los mismos extremos de técnica
requeridos para cualquier otra delación que se fundamente en el
ordinal 2° del artículo 313 eiusdem.

2.) El ordinal 3º del artículo 317 del Código de Procedimiento Civil, prevé como
carga del formalizante señalar el caso o los casos contemplados en el
ordinal 2º del artículo 313 eiusdem, expresando las razones que
demuestren la existencia de la erradainterpretación, falsa aplicación o
falta de aplicación. Es el caso que el formalizante en su denuncia
omite señalar por cual de los motivos o en cual de los casos de
infracción que regula el referido ordinal 2º del artículo 313 de la Ley
adjetiva civil, se encuentra incursa la sentencia impugnada, incumpliendo de
esta forma un importante extremo de técnica....”

En ese mismo sentido, bajo la ponencia del Magistrado que con tal
carácter suscribe ésta, en sentencia Nº 356, de fecha 8 de noviembre de 2001, caso
Gustavo Nahmens Bravo contra Enrique Lizarraga y Compañía, C.A., exp. AA20-C-
2000-000015, la Sala expresó:
“...La suposición falsa tiene que referirse forzosamente a un hecho
positivo y concreto que el juez estableció falsa e inexactamente en su
sentencia a causa de un error de percepción, ya sea porque “atribuyó
a instrumentos o actas del expediente menciones que no contiene” o
porque “dio por demostrado un hecho con pruebas que no aparecen en
autos o cuya inexactitud resulta de actas e instrumentos del expediente
mismo” (parte final del primer párrafo del artículo 320 del Código de
Procedimiento Civil).

Por tanto, el vicio debe tratarse exclusivamente del establecimiento de
un hecho, quedando excluida las conclusiones a las que pueda llegar el juez
con respecto a las consecuencias del hecho establecido, ya que en este
caso se trataría de una inferencia de orden intelectual que, aunque sea
errónea, no configura el vicio de suposición falsa...”.


Analizada la denuncia a l a luz de l as precedent es doct rinas,
result a evidente que el recurrent e incumple l a t écni ca req uerida para l a
formul ación de est a clase de delaci ones, puesto que apoyándose en el
art ículo 320 y expresando en el encabezami ento de su alegat o “Casación
sobre l os hechos”, en el desarroll o de él , no i nforma a l a Sala, cual fue
el error de derecho al juzgar los hechos (est abl ecimi ent o y valoración de
los hechos y de las pruebas) o el de hecho al juzgar l os hechos
(suposi ción fal sa), en que incurrió el ad-quem en su deci sión, de manera
tal que permit a a este Alt o Tribunal descender al est udi o de las act as
procesal es, para así constatar el vici o y fulminar a l a sentenci a recurrida,
si fuese procedent e.


Con base a las ant eriores consideraciones, l a Sal a decl ara
improcedente la denuncia anal izada en este capít ulo. Así se decide.


DECISIÓN
Por los razonamientos expuestos, el Tribunal Supremo de Justicia de
la República Bolivariana de Venezuela, enSal a de Casación Civil,
admi nist rando Justicia en nombre de l a Repúbli ca y por aut oridad de l a
Ley, decl ara: CON LUGAR el recurso de casaci ón, anunciado y
formalizado por el demandante, cont ra la sentencia dict ada por el
Juzgado Superior Noveno en lo Civil , Mercantil y del Tránsito de l a
Circunscripción Judi ci al del Área Metropolit ana de Caracas, en fecha 3
de mayo de 2001. En consecuenci a, se decl ara l a NULIDAD del fall o
recurrido y se ORDENA al Juez Superi or que result e compet ent e di ct ar
nueva decisión con sujeción a l a present e sentencia.
Publíquese, regíst rese y remít ase el expediente al Tri bunal
Superior de ori gen ya mencionado.
Dada, fi rmada y sel lada en l a Sal a de Despacho de l a Sal a de
Casación Ci vil, del Tri bunal Supremo de Justici a, en Caracas, a los sei s
(06) días del mes de juli o de dos mil cuatro. Años: 194º de l a
Independencia y 145º de l a Federaci ón.
El Vicepresidente en ej erci ci o
de la Presi denci a y Ponent e,


______________________________
CARLOS OBERTO VÉLEZ


El Magi strado,



___________________________
ANTONIO RAMÍREZ JIMÉNEZ


Magist rado Suplent e,


___________________________
TULIO ÁLVAREZ LEDO
La Secret ari a,


_________________________
ADRIANA PADILLA ALFONZO


Exp. Nº. AA20-C-2001-000436