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Dos trabajadores que plantean su expectativa de cobrar indemnización de acuerdo a la ley 20.

744, dado su retiro de
la cooperativa, y considerando que no se han respetado sus derechos laborales, alegan la existencia efectiva de una
verdadera relación de dependencia.
Esta cooperativa tiene como único objeto la elaboración de uniformes destinados exclusivamente a una Sociedad
Anónima que por su parte los comercializa.
En primer lugar cabe preguntarse si les corresponde exigir indemnización a la Cooperativa de trabajo a la que se
hallaban asociados.
De acuerdo con el criterio seguido por la CSJN en un fallo pronunciado en el año 2009, Lago Castro, Andrés Manuel
c. Cooperativa Nueva Salvia Limitada y otros, los asociados a las cooperativas de trabajo no revisten la calidad de
trabajadores dependientes de éstas. Por tanto no resulta aplicable el artículo 27 de la LCT, referido al socio empleado.
En este fallo, la Corte descalificó una sentencia de la Sala X de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, la
cual había considerado que el actor, Andrés M. Lago Castro, estuvo vinculado con la demandada, Cooperativa Nueva
Salvia Limitada, mediante un contrato de trabajo y, por ende, hizo lugar a los créditos laborales reclamados.
El objeto de una cooperativa no es favorecer sino suprimir, en lo posible, el trabajo asalariado, para sustituirlo por el
trabajo en común, mediante una aportación libre y solidaria del trabajo de todos, que contribuyen de tal manera a la
obtención de beneficios, volcando sus actividades a favor de la entidad. No se la concibe guiada por un primordial
espíritu de lucro, consagrada a la acumulación de capitales e intereses, al modo de una empresa comercial que loca
sin restricciones el trabajo de los individuos, allegándolos en relación de dependencia”.
También señaló, por un lado, las “políticas de Estado” seguidas en nuestro país, según las cuales “el sector de la
economía social, cimentado en los principios de solidaridad, ayuda mutual y equidad social”, tiene “como pilares
fundamentales la acción de las cooperativas” y, por el otro, la relevancia de estas últimas en el proceso de integración
del MERCOSUR
En primer término, como ha dicho la Corte, el hecho de que estos trabajadores recibieran órdenes de trabajo no
acreditaba su dependencia jurídica de la cooperativa, a menos que se descartara que dichas órdenes fuesen
consecuencia de los actos de gobierno y de organización de los que no puede prescindir incluso un ente
autogestionado.
Y, en segundo lugar, la corte prestó especial atención a que la cooperativa, en el mencionado fallo, fue constituida
por los empleados de Salvia S.A. ante la quiebra de ésta, con el propósito de continuar su marcha y mantener las
fuentes de trabajo de sesenta familias, incluidas las viviendas del personal que se encontraban en el predio de la
planta.
Como lo establece la ley 20.337 en su art. 4: “La relación jurídica entre la cooperativa de trabajo y sus asociados es
de naturaleza asociativa, siendo actos cooperativos los celebrados entre los mismos en cumplimiento del objeto social
y la consecución de los fines institucionales.” Se reafirma así el carácter asociativo del vínculo, excluyendo la relación
de dependencia laboral por no existir subordinación del trabajador a un orden externo a él mismo (subordinación
heterogestiva) sino a un orden que él mismo contribuye a crear (subordinación autogestiva).
Se da entonces la inaplicabilidad de la figura del socio empleado ya que la misma consagra un doble vínculo
incompatible con el compromiso que el asociado debe mantener con su cooperativa. Las cooperativas sólo
pueden tener un único régimen legal, a través del cual se deben canalizar sus conflictos internos: apelación de
la exclusión por ante la asamblea con su corolario de confirmación o revocación de la decisión. En ningún caso
el asociado excluido puede darse por despedido por ser esta fígura ajena al derecho cooperativo.
Por lo que descartada la figura del socio empleado, y en virtud del principio de primacía de la realidad, en todo
caso cabría probar la existencia de una verdadera relación laboral encubierta bajo la forma de una cooperativa;
un empleado disfrazado de socio.

Al respecto del retiro voluntario citamos el artículo 22: “Los asociados pueden retirarse voluntariamente en la
época establecida en el estatuto, o en su defecto, al finalizar el ejercicio social dando aviso con treinta días de
anticipación.” Se consagra el derecho de libre egreso pero con un preaviso de un mes.

También podría recurrirse a la aplicación del art. 30 de la ley 20.744 con el objeto de extender la
responsabilidad solidaria de la SA encargada de la comercialización de uniformes.
Art. 30. — Subcontratación y delegación. Solidaridad.
Quienes cedan total o parcialmente a otros el establecimiento o explotación habilitado a su nombre, o
contraten o subcontraten, cualquiera sea el acto que le dé origen, trabajos o servicios correspondientes a
la actividad normal y específica propia del establecimiento, dentro o fuera de su ámbito, deberán exigir a
sus contratistas o subcontratistas el adecuado cumplimiento de las normas relativas al trabajo y los
organismos de seguridad social.
Los cedentes, contratistas o subcontratistas deberán exigir ademas a sus cesionarios o subcontratistas el
número del Código Unico de Identificación Laboral de cada uno de los trabajadores que presten servicios
y la constancia de pago de las remuneraciones, copia firmada de los comprobantes de pago mensuales
al sistema de la seguridad social, una cuenta corriente bancaria de la cual sea titular y una cobertura por
riesgos del trabajo. Esta responsabilidad del principal de ejercer el control sobre el cumplimiento de las
obligaciones que tienen los cesionarios o subcontratistas respecto de cada uno de los trabajadores que
presten servicios, no podrá delegarse en terceros y deberá ser exhibido cada uno de los comprobantes y
constancias a pedido del trabajador y/o de la autoridad administrativa. El incumplimiento de alguno de los
requisitos harán responsable solidariamente al principal por las obligaciones de los cesionarios,
contratistas o subcontratistas respecto del personal que ocuparen en la prestación de dichos trabajos o
servicios y que fueren emergentes de la relación laboral incluyendo su extinción y de las obligaciones de
la seguridad social". Las disposiciones insertas en este artículo resultan aplicables al régimen de
solidaridad específico previsto en el artículo 32 de la Ley 22.250.

Esto siguiendo los lineamientos expuestos por la corte en el fallo “Rodriguez Ramón c/ Compañía
Embotelladora”, donde si bien la Corte plasmó el criterio restringido de interpretación de este artículo, es
pertinente analizar la configuración de las circunstancias que a juicio de la Corte darían efectivamente
lugar a esta extensión.
Así, se advierte que que el art. 30 citado establece, en lo pertinente, la responsabilidad solidaria de
'quienes contraten o subcontraten, cualquiera sea el acto que le dé origen, trabajos o servicios
correspondientes a la actividad normal y específica propia del establecimiento por las obligaciones
laborales del contratista o subcontratista.
Con ello se persigue evitar la interposición de 'hombres de paja' entre un trabajador y su verdadero
empleador y realizar los ponderables fines tuitivos del ordenamiento laboral
La norma comprende las hipótesis en que un empresario encomienda a un tercero la realización de
aspectos o facetas de la misma actividad que desarrolla en su establecimiento. Son supuestos en los que
se contrata prestaciones que completan o complementan la actividad del propio establecimiento, esto es,
'la unidad técnica o de ejecución destinada al logro de los fines de la empresa, a través de una o más
explotaciones'
Nace aquí la solidaridad, porque la SA ha contratado servicios que complementan o completan su
actividad normal. Existiendo una unidad técnica de ejecución entre la empresa y la actividad de la
cooperativa. Esta unidad es patente si se tiene en cuenta que esta cooperativa ha sido constituida con el
exclusivo fin de proveer los productos, cuya venta hace el objeto de esta sociedad.
Hay que tener en cuenta además que en su estatuto figura como objeto “la elaboración y
comercialización de uniformes y vestimenta de trabajo”, con lo cual surge que considera comprendido en
su actividad la propia de la cooperativa.
Se agrega como elemento que confirma esta línea argumentativa, el difuso protagonismo que tiene el
espíritu cooperativista en este caso, ya que el carácter asociativo del vínculo propio del cooperativismo se
ve desdibujado por la relación de dependencia laboral, al existir una subordinación del trabajador a un
orden externo a él mismo. Se advierte si se tiene en cuenta las regulares directivas impartidas por la SA a
estos trabajadores a fin de que ajustaran sus tareas de elaboración, los productos utilizados, y los
tiempos empleados a las cambiantes necesidades que exigía su comercialización.
Además, ha habido diversos fallos y doctrina autorizada que sostiene que con un sustento más propio en
el principio protectorio laboral entre otros elementos, apartándose un poco de una exégesis literal del art.
30 de la LCT; se propicia un alcance mayor de la noción de solidaridad.
Por actividad 'normal y específica' debe entenderse toda aquella que haga posible el cumplimiento de la
finalidad de la empresa y que puede ser relativa tanto al núcleo del giro empresario, como a los trabajos
que coadyuvan al cumplimiento del objetivo correspondiente, pues la empresa es un todo y no puede ser
fraccionada en partes a efectos de establecer la posible existencia de responsabilidad solidaria.
Esto en atención a que es más coherente con el concepto de empleador que da la propia LCT en su
art.26, en efecto esta norma dispone: "Se considera 'empleador' a la persona física o conjunto de ellas, o
jurídica, tenga o no personalidad jurídica propia, que requiera los servicios de un trabajador." Surge de la
norma que empleador es quién requiere los servicios de un trabajador, y en definitiva quién se verá
beneficiado por la prestación laboral será el principal o contratante en una relación de tercerización.
Corresponde preguntarse ¿Es la SA que eligió tercerizar una tarea, y contratar en libertad a una
cooperativa de trabajo un tercero?. Viéndolo así considero que el empresario principal no puede ser
considerado un tercero ajeno.
Por todo ello, y siguiendo un principio fundamental de derecho laboral como lo es el de primacía de la
realidad, quedando claro que se ha constituido la Cooperativa no ya con el espíritu propio de estas
entidades, sino como una herramienta legal para evadir las responsabilidades que se derivan de la
legislación laboral, considero que correspondería extender la responsabilidad y exigirle indemnización a
la SA por el incumplimiento de esta normativa encargada de proteger a estos trabajadores.