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Inti: Revista de literatura hispánica

Volume 1
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Number 20 Article 5
1984
La bolsa de huesos: un juguete policial de Eduardo L.
Holmberg
Gioconda Marún
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Citas recomendadas
Marún, Gioconda (Otoño 1984) "La bolsa de huesos: un juguete policial de Eduardo L. Holmberg,"
Inti: Revista de literatura hispánica: No. 20, Article 5.
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LA BOLSA DE HUESOS:
UN JUGUETE POLICIAL DE EDUARDO L. HOLMBERG

Gioconda Marún
Fordham University

En 1896 Holmberg publica en Buenos Aires La bolsa de huesos.
1
En el
prólogo dedicado a Belisario Otamendi, jefe de la oficina de pesquisas de la
policía de Buenos Aires, llama a su obra juguete policial. Esta denominación
no es fortuita, la obra participa de las características connotativas del género
detectivesco hasta el capítulo VI, a partir de aquí se produce el golpe
imprevisto que motivó se lo tachara al autor de romántico, decadente.
Trataré de rastrear los elementos detectivescos en los seis primeros
capítulos, para luego dilucidar el sentido y significación de los últimos que
insertan la obra en un concepto más amplio: el de modernidad.
Al regresar un médico de un largo viaje, un amigo le regaló una bolsa de
huesos que un estudiante de medicina dejó olvidada en la casa del señor
Equis. El médico estudió los huesos. La casualidad lo lleva a encontrar otro
esqueleto exactamente igual en la casa de un colega suyo, que tenía origen
semejante. Un frenólogo Manuel de Oliveira César, amigo del médico, estudia
los cráneos y descubre que pertenecen a caracteres semejantes: inteligentes,
con vocación hacia la medicina. En las dos casas donde se encontraron los
esqueletos había vivido Antonio Lapas, también estudiante, en ambas había
muebles que conservaban cierto perfume exquisito, en ambas el estudiante
Antonio Lapas era un modelo de discreción y prudencia, en ambos esqueletos
faltaba la cuarta costilla. El médico, con la ayuda del frenólogo inicia la
investigación. En el proceso, muere otro estudiante de medicina, víctima de un
veneno vegetal desconocido. Este estudiante presentaba una incisión cica-
trizada a la altura de la cuarta costilla, tenía como los otros una inteligencia
brillante.
El médico descubre que el autor de estos crímenes es Antonio Lapas, que
no es un hombre sino una mujer Clara. Mas Clara, que resultó ser una mujer
de belleza indescriptible, que mataba a los hombres para vengarse del que la
engañó, no será castigada por la ley. Siguiendo el consejo del médico, ella se
suicida. Con la excepción de este final, que comprende los capítulos VII y
VIII, la estructura del género detectivesco se ha respetado. Hay un detective,
el médico, que pertenece a la categoría del detective científico acuñado por
Sherlock Holmes, la creación de Conan Doyle. Hay también otras coinci-
dencias entre Holmberg y Conan Doyle: ambos son médicos y sus héroes
detectivescos despliegan no sólo un excelente poder deductivo, sino un gran
intelecto. El médico de La bolsa de huesos como Sherlock Holmes conoce no
solamente medicina, sino ha publicado varias obras eruditas. Una, La bota
fuerte y el chiripá como factores del progreso, otra El cangrejo en
administración y en política.
El médico de Holmberg va acumulando todos los indicios y pistas sin
apresuramiento, sin hacer hipótesis, hasta encontrar la pista dominante: un
trozo de una carta firmada con el nombre de Clara, en una de las casas donde
vivió Antonio Lapas. Todas sus acciones están guiadas por la lógica y la
serenidad de un científico. También el médico tiene un ayudante, como todos
los detectives, el frenólogo Manuel, que carece de los sutiles poderes de
observación y deducción del médico. Es menos cauto que aquél y muchas
veces el médico lo debe reprender cuando emite exclamaciones que pueden
comprometer el curso de la pesquisa. Las pistas que tiene el detective son de
dos tipos: tangibles e intangibles. Entre las primeras, el perfume que Antonio
Lapas dejaba en las casas que vivía: esencia extraña, quizás del Perú (p. 187).
Otras pistas: el trozo de carta cuya letra coincidía con las inscripciones en los
huesos de los esqueletosy la ausencia de la cuarta costilla izquierda. Las pistas
intangibles que informan sobre el carácter y personalidad son reveladas por el
frenólogo a través del estudio de los cráneos: aunque ambos son de estu-
diantes de medicina, uno evidencia una personalidad soberana, ideal,
benevolente y el otro, egoísta, astuta e instintiva, (p 210)

Es posible detectar en La bolsa de huesos los tres momentos
articulatorios señalados por Porter para la novela detectivesca: la peripecia, la
escena de reconocimiento y la de sufrimiento.
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La peripecia significa en la
novela detectivesca, el retardo de la solución del crimen. En La bolsa de
huesos esto se logra con la aparición de otra víctima, Saturnino, que
confirmará los datos ya recogidos por el detective. La escena de
reconocimiento o de desenmascaramiento, se da al final del capítulo VI
cuando el detective que sigue a Antonio Lapas, lo llama «Señorita Clara» (p.
220), revelando la verdadera identidad del autor de los crímenes. La escena de
sufrimiento pertenece al capítulo VII, Clara revela el tormento de su vida. Fue
vilmente engañada por Nicanor, a quien mató sacándole la cuarta costilla
izquierda. Luego víctima de una neurosis mata a Mariano y a Saturnino
repitiendo en ellos el mismo sadismo.
Holmberg logra así reproducir la estructura de la novela detectivesca,
donde el arte de matar ejercido con refinamiento y eficientemente por Clara se
equipara al arte detectivesco. Desde este punto de vista, Holmberg sigue la
tradición inaugurada por Poe con su investigador Dupin: el detective que
exhibe no sólo una profunda capacidad de análisis, sino que es también un
esteta, capaz de ofrecer soluciones elegantes y aristocráticas.
Sin embargo en la novela detectivesca el investigador soluciona un
crimen para que el criminal, que destruye la civilización, reciba el castigo de
la justicia. Al arte de la novela detectivesca, ha expresado Wrong, busca
justificar la ley al castigar al culpable.
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Este aspecto, el castigo del criminal
por la ley está ausente en La bolsa de huesos, Clara aconsejada por el
detective se suicida. Esto provoca la reacción del ayudante, el frenólogo, que
juzga al detective un criminal, instigador de un suicidio (p. 231). El detective
arguye varias razones: el secreto médico que se sobrepone a las demás leyes
sociales, el posible escándalo y trámite burocrático si la policía descubre a
Clara, el ser él un médico novelista que hace la pesquisa con espíritu
romántico (p. 231). Otras razones más profundas las expone el médico al final
de la obra cuando afirma que los jueces: «saben mejor que nadie que en la
naturaleza no hay hechos solitarios, sin vínculos que los aten a los demás, sino
una armonía perfecta, una serie de eslabones sin solución de continuidad, un
nudo eterno y fatal que no se desata como el gordiano, porque representa el
mundo complejo alrededor del cual giran las leyes, y los sentimientos y las
razones» (p. 235).
Estas palabras del médico delinean una visión del mundo alejada de la
novela detectivesca. En ésta se propone un mundo de valores culturales fijos,
el bien y el mal son identificables, el último es castigado. Desde este punto de
vista, como expresa Porter, la novela detectivesca es una reafirmación de
valores culturales y míticos.
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En ella se reduce a una fórmula simple las
complejidades y ambiguedades de la realidad histórica. Esta presentación de
la realidad deja de lado lo oscuro y desconocido y reemplaza según Slotkin los
hechos problemáticos del mundo real con otros de un mundo falso. El lector
tiene entonces un nuevo cosmos, más coherente que el real, más de acuerdo
con sus esperanzas, temores y prejuicios.
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En oposición a este macrocosmos organizado está «el mundo complejo
alrededor del cual giran las leyes, los sentimientos y las razones» que
distingue el médico-detective de La bolsa de huesos. No hay aquí un universo
regido por la ley, sino una profunda conciencia metafísica. Y si hasta el
capítulo VI Holmberg hace alarde del poder de la ciencia y la medicina legal,
al final admite el peligro de aplicar la relación científica causa-efecto a los
actos humanos. Él mismo erró al deducir que el relicario de rubíes de Clara
tenía el veneno maléfico, cuando encerraba la foto de su hijo y concluye «así
sucede con todas las cosas» (p. 236).
El final de La bolsa de huesos responde a una nueva sensibilidad en
Argentina: es el espíritu moderno cuyos valores entran en conflicto con la
modernidad que le dio origen. Para poder explicitar esto utilizo el concepto de
modernidad dilucidado por Calinescu. Para Calinescu existen dos moder-
nidades: la burguesa y la estética. La primera cree en el progreso, la razón, la
ciencia. Su concepto del tiempo es el mensurable del capitalismo. La moder-
nidad estética es una rebelión hacia aquélla y sus valores. En oposición al
tiempo mensurable, se yergue el tiempo subjetivo —dureé— que implica el
desarrollo y realización del ser. Esta modernidad estética se expresa a través
de una literatura escéptica, grito de protesta del artista que rechaza los avances
de la civilización y el progreso.
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En la Argentina de 1890 ya se vivían las dos modernidades. En las
décadas siguientes a 1850 surge lo que agudamente ha llamado Scobie «An
Agricultural Revolution on the Pampas» que incrementa el uso y valor de la
tierra y estimula el comercio con el extranjero.
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Esta expansión agrícola-
ganadera origina la modernidad burguesa progresista en Buenos Aires pro-
fundamente conectada al capitalismo inglés. Los efectos sociales y humanos
de este proceso—avizorado en un principio por los dirigentes argentinos como
el tan anhelado progreso—son múltiples y contradictorios. Por un lado, la
abrupta transición de la sociedad colonial de gran aldea en cosmópolis:
Buenos Aires pasa a ser el París de América del Sur ingresando a la moder-
nidad de las metrópolis europeas y a su cultura. Por otro, como bien lo vio
Angel Rama, la coexistencia de «sociedades pertenecientes a tiempos
distintos»
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: Buenos Aires, cabeza del capitalismo y del desarrollo cultural, en
oposición a las sociedades rurales marginadas y dependientes.
Los avances del progreso y civilización se estrellan en 1889, año de la
gran crisis económica, según expresa Levene porque «La Argentina era
inquilina, no propietaria de ese progreso dentro del cual creía haberse
instalado definitivamente»
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. Surge entonces la modernidad estética que es el
desengaño del artista contra el positivismo y su prístina realización la ciencia,
contra el progreso y los avances de la civilización. La llamada generación del
80 en Argentina testimonia este disconformismo, indagación y
cuestionamiento de una realidad caótica.
La bolsa de huesos responde a estas dos modernidades, la burguesa y la
estética. La burguesa representa el andamiaje de toda novela detectivesca: la
aparición de la ciudad, con los caracteres dantescos vistos por Baudelaire,
origina el crimen que es la violación del orden social. La ley, la policía y el
detective son sus predicamentos necesarios. En nuestra novela hay otros
elementos: los avances de la civilización y la ciencia han creado la medicina
legal que como expresa el médico «puede conquistar todos los terrenos,
porque es la llave maestra de la inteligencia» (p. 233). El médico cree también
en la ciencia de Gall, la frenología y aunque un colega le objeta que ha sido
rechazada de las universidades argentinas, el médico responde: «me atrevo a
sostener que nuestra ciencia médica, representada por sus dignos sacerdotes,
comete más errores en el diagnóstico o en el tratamiento» (p. 178). Esta
declaración acerca de la falibilidad de la ciencia corresponde a la modernidad
estética que pone en tela de juicio los avances de la ciencia. La crítica al
progreso también surge irónicamente en las obras que el médico ha escrito: La
bota fuerte y el chiripá comofactores del progreso y El cangrejo en
administración y en política.
Producto de la civilización, de la modernidad es Clara. Ser anónimo,
alienado que cae en un estado de crisis síquica, la neurosis, víctima de la
mentira y falsedad humana. Este desiquilibrio refleja la crisis de valores y de
creencias de la nueva sociedad. Precisamente la eliminación de la cuarta
costilla izquierda de los amantes era según Clara «un vértigo, un ensaña-
miento, una neurosis» (p. 228). Sin embargo hay en Clara una alteridad: frente
al aspecto oscuro y siniestro se yergue un ser sensible que interpreta a
Beethoven y posee cuadros con las imágenes de Mozart y de Weber. Su
perfume aristocrático (p. 187) coincide con su figura delicada. Las
vestimentas masculinas enmascaran una inteligencia superior cuyos vastos
conocimientos de medicina generan primero la confianza y amistad de los
hombres. Después estos convertidos en esclavos ante la belleza de la mujer-
Circe concluyen siendo una bolsa de huesos.
Esta visión de la siquis humana está en consonancia con los plantea-
mientos de Nietzsche, Freud y Marx del «hombre no como un ser racional
capaz de entender y controlar su mundo y a sí mismo, sino un ser misterioso
con desconocidos altibajos, sujeto a fuerzas internas y externas comprendidas
parcialmente»
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.
El suicidio de Clara es el paradigma que continúa la destrucción y la
muerte. La ley no se puede aplicar porque es objetiva y no puede comprender
la dualidad, los desajustes temporales y metafisicos del ser humano. Des-
garramientos sólo mensurables desde la interioridad de la conciencia que los
sufre. El médicodetective es sobre todo un corazón artístico que descubre no
sólo al crimen sino su belleza. El crimen para él no es un problema social sino
un hecho estético filosófico.
La bolsa de huesos invierte con su final las coordenadas señaladas por
Marjorie Nicolson para la novela detectivesca. En la obra se pasa de la
objetividad a la subjetividad, del intelecto a las emociones, de un optimismo a
la duda.
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El universo no está gobernado por la relación causa y efecto, la ley
con todo su andamiaje y sus definiciones, puede ser cuestionada.

NOTAS
1 Eduardo Ladislao Holmberg (Bs. As. 1852-1937) científico,
naturalista, escritor, un caso único de enciclopedismo y polimorfismo en la
Argentina del s. XIX. Su producción fue recogida parcialmente en Cuentos
Fantásticos, edic. y prólogo de Antonio Pages Larraya (Bs. As.: Hachette
1957), edición usada en el presente trabajo. La paginación de las citas se
incluye en el texto.
2 Dennis Porter, The Pursuit of Crime. Art and Ideology in Detective
Fiction (New Haven & London: Yale Univ. Press, 1981) pp 31-32.
3 E. M. Wrong, «Crime and Detection» en Howard Haycraft, The Art
of Mystery Story (New York: Simon & Schuster, 1946) p. 31.
4 D. Porter, p. 218.
5 Citado por Porter, Richard Slotkin, Regeneration through Violence,
p. 218.
6 Matei Calinescu, Faces of Modernity. Avant-Garde. Decadence
Kitsch (Bloom-ington-London: Indiana University Press, 1977) pp. 5 y 43-4.
7 J ames R. Scobie, Argentina a City and a Nation 2da. edic. (New
York: Oxford Univ. Press, 1971) pp. 82 y sgtes.
8 Angel Rama, «La dialéctica de la modernidad en J osé Marti,» en
Estudios maníanos (San J uan: Editorial Universitaria, 1974) p. 164.
9 Gustavo Gabriel Levene, Historia Argentina vol. III (Bs. As.:
Campano, 1964),
p. 85.
10 Monroe Spears, Dionysus and The City. Modernism in Twentieth
Century Poetry (New York: Oxford, Univ. Press, 1970), p. 42. Traducción
personal.
11 Marjorie Nicolson, «The Professor and The Detective» en Howard
Hay raft, op. cit. p. 114.