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MIÉRCOLES, 22 DE FEBRERO DE 2012
El Príncipe. Maquiavelo
EL PATRIOTISMO DE MAQUIAVELO.
El patriotismo de Maquiavelo podemos extraerlo en el último capítulo
titulado Exhortación a apresar Italia y liberarla de las manos de los bárbaros (se refería los
Españoles, franceses y al Papado) . A lo largo de todo "El Príncipe" el tema dominante
que lo recorre de cabo a rabo es el de la regeneración de un organismo político corrupto
o, por adoptar el término utilizado por él, de su "redención" mediante la introducción de
órdenes nuevos por obra de un príncipe nuevo (Maquiavelo pensaba en Cesar Borgia)
que llega a serlo por propia virtud (aunque Cesar Borgia no tenía esas virtudes) y con
armas propias. Maquiavelo al plantearse el problema de la regeneración de un organismo
político decadente y corrupto, pensaba sobre todo en Italia "más esclava que los hebreos,
más sierva que los persas, más dispersa que los atenienses, sin jefe, sin orden, abatida,
esquilmada, lacerada, corrida".
En su experiencia como secretario florentino, Maquiavelo había adquirido un
profundo conocimiento de las especialidades y diferencias que caracterizaban la realidad
italiana de la época y que enfrentaban a los distintos estados de la península. De entre
éstos, aquel por el que tenía mayor respeto e interés era la República de Venecia, cuyos
ordenamientos internos, fundados en un sistema de pesos y contrapesos entre las
diversas magistraturas y cargos del Estado, le aseguraban una estabilidad y un prestigio
desconocidos en los otros Estados italianos Pero al igual que los demás Estados, también
Venecia había renunciado a las armas propias, recurriendo a los mercenarios, con la
consecuencia de que en una jornada (la batalla de Agnadello de 1509 en la que los
venecianos fueron derrotados por los ejércitos coaligados de la Liga de Cambray)
perdieron todo lo que con tanta fatiga habían ganado en ochocientos años. Bastante más
crítico es el juicio de Maquiavelo a la hora de hablar del Ducado de Milán y del Reino de
Nápoles, ambos agobiados por pesados residuos feudales cuyos órganos están todos
corrompidos. Pero donde es más crítico es con los principados eclesiásticos, que decía
que tiene estados, y no los defienden, súbditos, y no los gobiernan.
Así el sueño que atormentaba a Maquiavelo, no era otro que el liberar a Italia de
los Bárbaros y de la corrupción, y conseguir la unidad de Italia. Por ello Maquiavelo
envidiaba a otros Estados como el de Francia y España, ambos gobernados por un
monarca absoluto, y en los que la unidad de sus reinos mitigaba la posible corrupción
existente. Ciertamente, Maquiavelo no consigue recabar de la realidad italiana modelo
alguno de su Estado idóneo y dirige su mirada fuera de la península. El modelo que
observa con mayor interés es el de las grandes monarquías absolutas, y en particular, de
la francesa. Así en el capítulo IV contrapone la monarquía del Turco, en la que un solo
señor manda sobre un pueblo de siervos, a la francesa en la que el rey está colocado en
medio de una vetusta multitud de señores y está obligado a respetar sus prebendas. Más
adelante, en el capítulo XIX, Maquiavelo hace de nuevo referencia al reino de Francia,
como uno de los reinos bien gobernados y ordenados de nuestro tiempo, en el que se
encuentra muchas buenas constituciones, entre las que él señala en particular el
Parlamento, que ejerce una función de freno, sea frente a la ambición del poderoso, sea
frente al pueblo. En el Capítulo XXI encontramos una referencia a España, que se iba
convirtiendo en la potencia dominante de la península, y a Fernando el Católico, del cual
alababa su piadosa crueldad con la que expulsó a los judíos.
Por tanto, la importancia del pensamiento de Maquiavelo es que fue capaz de
darse cuenta de que esos ejércitos de bárbaros debían sus éxitos militares a una más
moderna forma de organización política y social como eran las monarquías absolutas
francesa y española.
LA INDIFERENCIA MORAL.
Hay dos términos que encontramos a lo largo de "El Príncipe" acuñados por
Maquiavelo pero que tienen sus precedentes en los romanos, y que son el
término Fortuna y el término Virtud.
La Fortuna para Maquiavelo es una especie de suerte que posen ciertas
personas, es una especie de fe sobre el destino ciego, sobre el cual no se puede ir en
contra. Esta idea de fortuna, que consiste en resignarse al destino, es acuñada por el
Estoicismo romano, así Séneca habla mucho de la fortuna, del destino, posteriormente es
asumida en el renacimiento por Maquiavelo. Así como Cesar Borgia fracasó en la
empresa de unificar Italia, Maquiavelo lo achaca a la fortuna.
La Virtud significa todo lo contrario a la fortuna, significa energía, energía que
debe ser brutal y prudente, energía prudentemente calculada, desprovista de cualquier
carga moral.
Maquiavelo señala que el Príncipe para poder mantenerse en el gobierno debe
ser un hombre hábil y bien protegido por la fortuna. Así pues esta indiferencia moral
acompañada de una cierta fortuna son para Maquiavelo las virtudes que debe tener un
Príncipe para mantener un Estado.
Así Maquiavelo comienza distinguiendo entre los principados nuevos, que se
añaden como miembros a un Estado preexistente (conquistas) y que él llama mixtos, a los
cuales están dedicados los capítulos III a V, y los principados del todo nuevos, de los que
trata a partir de los capítulos VI y VII. Estos capítulos están dedicados respectivamente a
los principados nuevos que se ganan con armas propias y de forma virtuosa, y aquellos
que se ganan con las armas y la fortuna de otros. Ejemplo de los primeros son los
Estados fundados por los grandes legisladores de la antigüedad, como Moisés, Ciro,
Rómulo, y entre los modernos, el fundado por Francisco Sforza, que una vez duque de
Milán "lo que con mil afanes había conquistado con poca fatiga mantiene". Entre los
segundos es el Estado constituido en Italia central en los primeros años del siglo XVI por
el Duque Valentino, quien "conquistó el Estado con la fortuna del padre, y con ella lo
perdió".
La distinción entre los dos tipos de principado consiste, por tanto, en la relación
entre el momento de la conquista y el momento del mantenimiento: aquellos príncipes
nuevos que alcanzan el poder por virtud propia y con sus propias fuerzas tienen mayor
posibilidad de echar barba, de enraizarse, que aquellos que llegan al poder con la ayuda
de la fortuna y de las armas de otro.
Como condición para que el Príncipe se mantenga y se consolide, se trate de un
Estado adquirido por fortuna o por virtud, con armas propias o ajenas, es que el príncipe
no se limite a ocupar o a usurpar una estructura política ya existente, sino que procesa a
su transformación o renovación. En definitiva, no es imaginable un principado nuevo sin
un orden nuevo.
Una vez que se ha adquirido el Estado y se ha consolidado, el príncipe deberá
preocuparse exclusivamente por defender y extender su poder por cualquier medio,
incluso el crimen. Maquiavelo afirma que es mejor ser amado que temido, pero como esto
no es posible por la naturaleza humana, es preferible ser temido, y ello por lo siguiente:
- Los hombres son ingratos, inconstantes, cobardes, disimulados, ávidos de
ganancias "desgraciado el príncipe que hubiese reposado en estas amistades pagadas
con la belleza. Pronto ser vería perdido".
- Los hombres reparan mucho menos en ofender al que se hace amar que al que
se hace temer. "Ser temido no significa ser odiado. El odio de los de súbditos no es
aconsejable ya que lleva al desprecio". Para evitar ese desprecio Maquiavelo señala que
el príncipe debe abstenerse de atentar a los bienes de los súbditos y a la honor de sus
mujeres.
Los capítulos en los que Maquiavelo a adquirido ese concepto negativo por el
que ha sido designado como coadyutor del demonio, son los Capítulos XV a XIX, en ellos
describe a un príncipe carente de prejuicios y de escrúpulos, en el que cualquier medio,
incluso el más cruel, es considerado válido en la medida en que se asegure la
consecución de un determinado fin. En ellos se puede leer que el príncipe "no se
preocupe de incurrir en la infamia de aquellos vicios sin los que difícilmente se puede
salvar el Estado" o incluso que, cuando se halle "necesitado, para mantener el Estado,
puede obrar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión"
Entre sus consejos Maquiavelo señala que el príncipe debe cuidar su reputación,
ya que la mayor fuerza que puede obtener es la adhesión del pueblo. Hay que saber
manejar la opinión pública. Maquiavelo sabe que la opinión pública puede manejarse
fácilmente, el príncipe debe saber utilizar el engaño, a través de la hipocresía,
convirtiéndose la hipocresía en un deber del príncipe. El príncipe para hacerse virtuoso
debe hacerse parecer virtuoso, el disimulo como virtud del parecer, y así señala:
"volviendo al las buenas cualidades enunciadas más arriba, no es muy necesario que el
príncipe las posea todas, pero si lo es que parezca poseerlas. Me atrevo incluso a decir
que si las tuviese efectivamente y las mostrase siempre en su conducta podrían
perjudicarle, mientras que siempre le es útil aparentar tenerlas". Otro texto del capítulo
XVIII dice: "todo el mundo ve lo que parecéis, pocos conocen a fondo lo que sois, y este
pequeño número no se atreverá a levantarse contra la opinión de la mayoría, sostenida,
además, por la majestad del poder soberano".
En definitiva "un príncipe necesita saber utilizar con acierto a la bestia y al
hombre, y que estando, pues, necesitado de utilizar con acierto a la bestia, de entre ellas
debe imitar a la vez al león y a la zorra, porque el león no se defiende de trampas, la zorra
no se defiende de lobos"
Maquiavelo sabía que Cesar Borgia era cruel, y que a través de esa crueldad
podría restablecer el orden en la Romania, y decía: "bendita crueldad ha sido la causa de
que desaparezca el desorden".
Finalmente si el príncipe logra conservar su vida y el Estado, todas las medidas
que haya adoptado, por muy crueles que sean, serán consideradas como honorables. Así
con estos principios e pueden justificar las dictaduras como la de Pinochet. Lo
fundamental según Maquiavelo es proteger a la sociedad, sin mirar los medios que se
utilicen para ello, ahí es donde está la clemencia del Estado, es decir, la clemencia radica
en proteger a la sociedad de los desordenes, ya que lo que importa es la omnipotencia
del resultado. Maquiavelo dice "finalmente en las acciones de los hombres y sobre todo
de los príncipes que no pueden ser escrutados ante un tribunal lo que se considera es el
resultado, que el príncipe piense bien en conservar su vida y su Estado. Si lo consigue,
todos los medios que haya empleado serán juzgados honorables y alabados por todo el
mundo". En esta época en la que empiezan a configurarse los Estados modernos, los
Estados absolutos, el poder y la fuerza militar se concentran en una sola persona, en el
príncipe, el cual está por encima de las leyes, él no podrá ser juzgado, ya que las leyes
emanan de él mismo, y por ello, Maquiavelo dice que dado que los actos de un príncipe
no pueden ser escrutados ante un tribunal, puede hacer cualquier cosa, siempre que
consiga su resultado.
En relación con Maquiavelo hay que poner de manifiesto que existe un cierto
arsitotelismo materialista. En el S. XIV (un siglo antes de Maquiavelo) autores como
Marsilio de Padua que escribió "Defensor Pacis", muestra también un gran odio hacia el
papado. Este autor coincide en muchos aspectos con Maquiavelo, como que la religión
está al servicio de la política y no la política al servicio de la religión. Así Marsilio de Padua
lucha teóricamente contra el papado, al igual que Maquiavelo, por considerar que el
papado era un freno a la unidad de Italia. Padua apoya la teoría de la doble verdad: que
tan verdad es el aristotelismo pagano como los dogmas cristianos. Maquiavelo por su
parte condena al cristianismo por ser ultramundano, que provoca servilismo en las
personas, y este servilismo sería la causa del fin de los Estados, y ensalza otras
religiones paganas que hacen a los hombres más viriles. Así en los "Discursos de Titio
Libio" en el libro II capítulo II dice: "nuestra religión coloca el supremo bien en la
humanidad, la abnegación y el desprecio de las cosas mundanas, en tanto que la pagana
por el contrario, lo ponía en la grandeza del animo, la robustez corporal, y todas las
demás cualidades que hacen fuertes a los hombres..."
Maquiavelo tenía una gran admiración por las virtudes cívicas de los romanos
(Uno de los emperadores romanos fue capaz de asesinar a toda su familia para que su
hijo fuera emperador) y a los ciudadanos suizos de su época. Los cantones suizos
siempre fueron un pueblo muy peculiar, que por su situación geográfica y por su clima, se
han caracterizado por ser muy sanos, muy viriles y por la frugalidad (simplicidad) de sus
costumbres.
La indiferencia moral de Maquiavelo se ha presentado en algunos escritos como
una imparcialidad científica, aunque esto no es así, ya que su única finalidad era como
alcanzar el poder político. También se ha señalado que los juicios de Maquiavelo están
formados empíricamente, por la observación y el estudio de los gobernantes. Esta
afirmación puede tener su sentido ya que es cierto que Maquiavelo expone datos
empíricos, pero más que un empírista, lo podríamos definir como un filósofo con sentido
común. Lo que hace es utilizar la historia para dar ejemplo y apoyar alguna conclusión a
la que ha llegado, por eso hay una doble interpretación: en unos casos se le considera
como un histórico y en otros como un ahistórico porque utilizaba la historia para alcanzar
sus fines y por que él afirmaba que la naturaleza humana es y ha sido la misma en todas
partes. Pero esto no significa utilizar un método histórico ya que no acudía a la historia
como un método científico.
EGOISMO UNIVERSAL.
La naturaleza humana es esencialmente egoísta, agresiva y ambiciosa. Los
hombres no sólo aspiran a conservar lo que tienen, sino que desean tener lo que no
tienen. Pero como las posesiones están limitadas, por la escasez natural, los hombres se
encuentra en constante lucha, pudiendo degenerar en una anarquía, si no se les limita por
la fuerza del derecho del Estado.
Por ello Maquiavelo señala que el gobierno se fundamenta en la debilidad e
insuficiencia del individuo. El individuo es incapaz de protegerse frente a la opresión por
ello precisa del apoyo del Estado, de un poder fuerte que pueda enfrentarse a ese
egoísmo natural universal.
Por su parte Hobbes en el Leviatan, el presupuesto fundamental es proporcionar
seguridad a sus súbditos, al igual que Maquiavelo, en la propiedad y en la vida, hasta tal
punto que Hobbes, que rechaza el derecho a revelarse, lo admite cuando el Estado no es
capaz de asegurar dicha seguridad.
Hobbes en el Leviatan en el S. XVI, de una forma cuasicientífica va a confirmar
estas palabras de Maquiavelo. Maquiavelo señala que los hombres son, por lo general,
malos y con ello debe contar el gobernante, y sobre esta base debe fundamentarse su
política. Hobbes afirma lo dicho por Maquiavelo al señalar "Homo homini lupus" "El
hombre es un lobo para el hombre.
Maquiavelo en el Capítulo XIX titulado "Como evitar el desprecio y el odio" señala
que: "El príncipe tiene que pensar en evitar cualquier cosa que pueda provocar el odio y el
desprecio, siempre que consiga evitarlo habrá cumplido con su deber, y las demás
infamias no supondrán par él ningún peligro. El odio nace sobre todo cuando el príncipe
roba y usurpa los bines y las mujeres de su súbditos de lo cual debe abstenerse; cuando
no se arrebatan ni los bienes ni el honor de la mayoría de los hombres, éstos viven
contentos, y sólo hay que combatir la ambición de unos pocos, a los que se puede frenar
fácilmente de muchas maneras. El desprecio nace cuando el príncipe se le considera
inestable, superficial, afeminado, pusilánime e indeciso, algo que debe rehuir como si
fuera un escollo en su camino, e ingeniárselas para que en sus acciones se reconozcan
grandeza, valor, prudencia y fortaleza."
Esto parece un recurso al derecho natural, el considerar la propiedad y la vida
como universal al ser constatables a la naturaleza humana, pero nada más lejos de la
verdadera intención de Maquiavelo, que no es otra que el mantener al príncipe en el
poder. Maquiavelo señala que "un hombre olvida con más facilidad el asesinato de su
padre que la confiscación de su patrimonio".
Pero a Maquiavelo lo que realmente le preocupaba, no era la maldad o el
egoísmo humano, sino el síndrome de decadencia social, de corrupción existente en Italia
y que se reflejaba en la no unificación de su país. En otros países como España o
Francia, la unificación del reino, hacia que la corrupción se mitigase. Así pues el problema
al que se enfrentaba Maquiavelo era la de fundar un Estado unificado partiendo de una
sociedad corrompida, y para ello consideraba que la única forma de gobierno capaz de
lograr esa unificación es lamonarquía absoluta, que es lo que existía en España y
Francia. Pero a su vez admiraba la república romana y era partidario despotismo. Esto
tiene su explicación: cuando han decaído todas las virtudes necesarias para restablecer la
república (la república romana) no hay otra solución, para restablecer algunas de esas
virtudes, que un poder despótico. Lo más importante es que el principado nuevo sea
efectivamente, por su organización interna algo profundamente distinto del viejo y corrupto
estado ciudadano italiano. Que sólo con la introducción de órdenes nuevos que
modifiquen su estructura interna y permitan la constitución de un organismo político más
cohesionado y más moderno será posible la reforma que auspicia Maquiavelo.
Aunque Maquiavelo, en "El Príncipe", no señala expresamente las diversas
formas de gobierno, en estas palabras y del "Discurso sobre las décadas de Tito Libio"
podemos extraer las siguientes formas de gobierno:
Según Maquiavelo hay tres formas de gobierno buenas y tres malas. Las buenas
son el principado, el gobierno de los grandes y el gobierno popular. Los tres malos
nacen de la corrupción de los primeros. El principado se convierte fácilmente en tiranía.
El gobierno de los grandes degenera en el de un corto número de ellos: es lo que
llamamos oligarquía. Finalmente, el popular cae en la licencia, y es lo que
nombramos anarquía.
En cuantas ciudades hay una gran igualdad entre los ciudadanos, no puede
establecerse el principado; y si se quisiera crear uno en un país en que reina esta suma
igualdad, sería menester comenzar introduciendo allí la desigualdad de las condiciones,
haciendo muchos nobles feudatarios que, juntos con el príncipe, tendrían sumisas, con
sus armas y unión, la ciudad y provincia. Un príncipe que está solo y sin nobleza que le
rodee y sostenga no puede soportar el peso del principado; necesita, para llevarle, de un
intermedio colocado entre él y el pueblo. Pero la diferencia es enorme entre la monarquía
y el despotismo. Éste no existe más que en un soberano absoluto que gobierna por sí
mismo, o por medio de ministros, que son sus esclavos, y a los que crea y destruye con
una sola palabra. La monarquía se mantiene cuando ella admite una nobleza hereditaria
que posee derechos y cargos que no pueden conferirse más que a una determinada clase
de ciudadanos.
Maquiavelo distingue tres tipos de principados:
a) Principado Despótico: Está gobernado por un príncipe del que todo el
mundo es esclavo (Turquía). Este principado es difícil de conquistar, puesto que todos sus
súbditos se encuentran alrededor del príncipe, pero sin embargo es fácil de mantener.
Para conquistarlo será preciso asesinar a todos los descendientes de príncipe, para así
nombra uno nuevo.
b) Principado Aristocrático: En este tipo de principado existe un príncipe
asistido de grandes señores que deben su autoridad a su nobleza (Francia). Es fácil de
derrocar puesto que es fácil que estos nobles se revelen contra su príncipe.
c) La República: Forma de Estado donde se vive libre bajo las leyes. Es
difícil de mantener bajo el yugo de un príncipe nuevo, ya que los súbditos al estar
acostumbrados a vivir libres no se acostumbraran fácilmente al gobierno de un príncipe
nuevo. Por ello Maquiavelo aconseja que el príncipe resida en el país, para poder reprimir
posibles sublevaciones, y se mantengan las leyes de esa república, siendo preciso la
dispersión de la población y dice "Cuando los estados que se conquistan están
acostumbrados a vivir en libertad y a tener sus propias leyes, haya tres formas de
conservarlos: la primera destruirlos, la segunda ir a vivir allí personalmente y la tercera
dejar que sigan viviendo con su leyes, cobrándoles un tributo y creando en su interior
gobiernos oligárquicos que los mantengan fieles a ti. Sin embargo, en realidad, no existe
otra forma segura de dominarlas que no sea la de destruirlas. Por muchas precauciones
que se tomen, si no se divide o se destruye a sus habitantes, éstos nunca olvidarán ese
nombre y esas instituciones y recurrirán inmediatamente a ellos en cuanto tenga ocasión,
tal y como ocurrió en Pisa, cien años después de que fuera conquista por los florentinos.
EL LEGISLADOR OMNIPOTENTE.
En el Capítulo XII Maquiavelo señala que "Un príncipe tiene que tener unos
fundamentos sólidos, ya que en el caso contrario fracasará irremediablemente. Los
fundamentos principales de todos los Estados, ya sean estos nuevos, viejos o mixtos, son
las buenas leyes y los buenos ejércitos; puesto que no puede haber buenas leyes donde
no hay buenos ejércitos, y donde hay buen0s ejércitos conviene que haya buenas leyes.
Por ello Maquiavelo considera que la vida moral y cívica debe surgir de la ley, es
decir, una sociedad corrompida solo puede ser reformada a través del legislador.
Este legislador, puede decidir lo que es derecho y lo que es moral, puede
construir nuevos Estados, potenciar nuevas virtudes en las almas de los súbditos, aunque
él está por encima de la ley y de la moral que se derivan de las leyes, el único patrón que
va a juzgar la actuación del príncipe es el "resultado". Por ello Maquiavelo sanciona el uso
del asesinato, de la perfidia (falsedad, traición..), la crueldad, ahora bien, sí serán
aprobables cuando se utilicen con inteligencia y disimulo para alcanzar sus fines.
Maquiavelo en el Libro I, Cap. IX de los "Discursos sobre las décadas de Tito
Libio" dice: "pero conviene que cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y
cuando el resultado es bueno como ocurrió en el caso de Romulo (que asesinó a su
hermano Remo para poder gobernar) siempre se le absolverá. Es digna de
censura la violencia destructiva, no la violencia que reconstruye". Asimismo señala que
"un príncipe que desee mantenerse en el trono debe aprender a no ser bueno y a servirse
o no de este conocimiento según exija la necesidad... Pero no tema incurrir en la infamia
que acompaña a tales vicios, sino puede sin ellos conservar su Estado".
Ahora bien, Maquiavelo se da cuenta que esta figura del legislador omnipresente
no siempre es posible, y por ello no llegó a crear una teoría del absolutismo del legislador
(cosa que si hizo Hobbes). Es fundamental entender la diferencia que Maquiavelo plantea
en dos momentos: el momento de la adquisición del principado y el momento de su
mantenimiento. Así en un primer momento (conquista y regeneración de la sociedad
corrupta) Maquiavelo admira al déspota, a ese ser carente de escrúpulos y prejuicios,
capaz de utilizar los medios más crueles para alcanzar su objetivo (alcanzar el poder);
pero en un segundo momento (mantenimiento del principado una vez acabada la
corrupción) Maquiavelo se muestra partidario de un pueblo libre en que se gobierna a sí
mismo
Así pues, recomienda el despotismo ante la creación de un Estado nuevo y para
la reforma de un Estado corrupto, donde el Príncipe se encuentra por encima de la ley.
Pero una vez constituido el Estado, no se puede gobernar sin la participación del pueblo,
por lo que en esta fase el príncipe debe gobernar de acuerdo con la ley y respetar la
propiedad de sus súbditos.
Pero ¿cómo llegar a este medio inaccesible?. Sería necesario hacer a un mismo
tiempo dos cosas que parecen incompatibles, es decir:
- Limitar en tanto punto el poder que el que es depositario suyo no pudiera
abusar de él, y
- Impedirle extenderse, sin que esta sujeción le hiciera perder nada de su
actividad.
Cuando los hombres están bien gobernados, no solicitan ni apetecen otra
libertad.

Publicado por Damián en 11:53