LA GRAN TRANSFORMACIÓN - KARL POLANYI

Capítulo I La paz de los cien años
La civilización del siglo XIX se compone de:
Estado liberal
Potencias diferentes como contrapeso que evitaba largas guerras
Organización de la economía en torno al oro
Bienestar económico producto del mercado autorregulado:
Verdadero centro de la civilización. El oro actuó como manera de extenderlo internacionalmente,
el mercado internacional funcionó gracias al contrapeso de potencias y el estado liberal surgió de
él. Sin embargo, fue una idea utópica y su caída causó la transformación y destrucción de la CXIX.
Por lo general cuando existe un grupo poderoso, los grupos débiles se unirán para mantener su
libertad en base a la guerra. En Europa se produjo el mismo efecto a través de un periodo de paz
nunca antes visto
Los desmanes producidos por la Revolución Francesa hicieron caer el patriotismo en descrédito, y
desde 1815 las tendencias patrióticas pro-guerra (libertad) se enfrentaron a las tendencias
industrializadoras pro-paz. La Iglesia aportó con la ideología pacifista y recorrió el continente
suprimiendo sublevaciones, y el interés por la paz se hizo manifiesto
El interés pacifista que trajo la revolución industrial se concretizó con la formalización de un
Concierto Europeo que protegía la paz a toda costa, en que las grandes potencias se alineaban
aislando países que pudieran desestabilizar la paz y de este modo neutralizándolos. Esto, sin
embargo, ahogaba las guerras, pero no las prevenía por completo, lo que implicaba una amenaza
latente de romper el equilibrio.
Mientras que la Santa Alianza contaba con una jerarquía de sangre y una importante escala de
ministros religiosos que ayudaron a organizar el equilibrio de potencias y mantener la paz, el
Concierto Europeo, mucho menos formal, logró la paz con menos intervenciones armadas gracias
al factor económico que empezó a predominar en la época: las altas esferas financieras.
La banca, y sobre todo las familias banqueras, actuaron como una diplomacia encubierta sin
lealtad a ningún estado, pero que generaron la confianza suficiente como para generar también
dependencia. Su mediación se hizo fundamental en las relaciones económicas internacionales y en
sus manos se mantuvo la paz, pues las largas guerras bloquearían el comercio que les convenía.
Aún cuando las finanzas tomaron una importancia gigantesca en las relaciones internacionales, la
política prevaleció. Sin embargo, las altas finanzas que debieron hacer frente al sabotaje político
lograron influir a tal punto en la política europea que el interés por la paz siempre estuvo
representado. Este mismo interés, motivado por la posibilidad de inversión, permitió la existencia
de una paz armada de tal envergadura como la ocurrida hasta 1914 sin que estallara una guerra
antes de la Guerra Mundial.
Los préstamos internacionales estaban condicionados, en regímenes constitucionales, a
presupuestos claros y a buena conducta, lo que obligaba a los pequeños estados a comportarte
según los estándares que establecían las altas finanzas y que generalmente tenían que ver con la
paz.
Aunque se acusa, con razón, a las finanzas internacionales de causar guerras coloniales por
ganancias, organizaron la paz en la misma medida, pues en cuanto las guerras locales podían
reportar beneficios, las internacionales trabajaban en su contra. E incluso en caso de guerra el
derecho internacional tendió a facilitar los negocios entre beligerantes y la mantención de redes
comerciales
Alemania, liderada por Bismarck, debe en gran parte su ascenso a condición de potencia a esta
política pacifista que le permitió evitar conflictos pendientes con Francia y Austria. Bismarck supo
ponerse a la cabeza como líder pacífico, evitando situaciones potencialmente conflictivas.
A medida que el librecambio pasa a ser reemplazado por un proteccionismo creciente debido a la
pelea por mercados coloniales, el sistema de equilibrio se desvirtuó. Lo que antes era un grupo de
tres potencias es las que la tercera podía aliarse con cualquiera para neutralizar conflictos, se
convirtió en la forma prematura de las alianzas de la Guerra, poniendo al continente en tensión
Capítulo II Años veinte conservadores, años treinta revolucionarios
En la economía de mercado de la época, el oro como valor general actuó como el nudo entre
política y economía, y sobre él descansó la economía una vez que los otros pilares cayeron. Por lo
mismo, una vez que se cayó el patrón oro se cayó la economía y la civilización basada en ella. La
falta de aceptación de la importancia del oro hace difícil entender la caída
Tiende a verse la I Guerra Mundial como la causante del caos de postguerra, siendo que fue una
consecuencia de la caída del sistema económico y de equilibrio hasta entonces reinante. Los
tratados de postguerra no podían solucionar el caos, pues consistieron en el desarme de un grupo
de potencias, con lo que se hacía imposible mantener el equilibrio que hasta entonces había
asegurado la paz.
Aún si se hubiera dado el equilibrio de potencias que los tratados imposibilitaron, la única base
sólida para la paz era la vuelta al sistema internacional de altas finanzas, pues sin el aliciente
económico los países no tenían un verdadero interés en mantener la paz si esta iba en contra de
sus objetivos (W. Wilson). Este deseo de volver al sistema antiguo se ve reflejado en el primer
decenio de la postguerra
Durante los años 20 los países lucharon por mantener la estabilidad de la moneda, ligándola al oro
como valor de respaldo. Todos los países, credos y tendencias políticas se unieron en la lucha por
esta estabilidad monetaria que parecía el único objetivo capaz de reconstruir el sistema. Sin
embargo para mantener la estabilidad de la moneda, para lo cual era necesario el comercio
internacional, se crearon medidas restrictivas que hacían las relaciones internacionales cada vez
más difíciles, con las que sin darse cuenta se prepararon para la eliminación del patrón oro, lo cual
permitió que no se derrumbara la estructura de la industria de la época.
Los años 30 marcaron un quiebre, pues se dejó la tendencia de volver al sistema antiguo y los
países comenzaron a trabajar por una independencia económica y política: se disolvió la Sociedad
de Naciones y se abandonó el oro, lo cual produjo una verdadera crisis mundial. Las instituciones
tuvieron que adaptarse para conseguir sobrevivir, y algunos países que podían ver las fallas ocultas
en el sistema comenzaron estas tendencias renovadoras antes, lo que les permitió sobreponerse
mejor (Alemania), pero todos los países sufrieron transformaciones que constituyen el derrumbe
de la CXIX. En el marco de estos cambios surgen las ideologías totalitaristas de Europa, que sin
importar su contenido estaban orientadas hacia los intereses de reconstrucción personal de esos
países.
El siglo XIX constituye una etapa única de la historia en que la sociedad se basó fundamentalmente
en el concepto de la ganancia, por lo que giró en torno de un débil y utópico modelo de mercado
auto-regulador y en él sentó todas sus bases. Este proceso partió en Inglaterra con la Revolución
Industrial y es en Inglaterra donde debe estudiarse las consecuencias del derrumbe de la
civilización que este país forjó.
Capítulo III Moradas versus mejoras
El proceso de cambio traído a Inglaterra por la Revolución Industrial significó un crecimiento nunca
antes visto de los factores productivos al tiempo que una destrucción social completa. Esto se
explica sólo al ver como se olvidó por completo el fundamento político y científico dela necesidad
de enlentecer el cambio para adaptarse a él, justificando que el cambio se cicatrizaría a sí mismo.
En el caso de los enclosures, que aumentaron en gran medida la ganancia económica acosta de la
destrucción de las viviendas y derechos de los campesinos - con lo que se puede trazar un paralelo
con la Revolución Industrial- se critica que las leyes restrictivas en contra de estos no fueron
eficientes, pues los propietarios se las saltaban y el proceso se realizó igualmente. Sin embargo es
importante entender que el rol de un gobierno al legislar puede no ser frenar un proceso o
cambiar su dirección, sino que enlentecerlo de manera que la población se adapte a él.
Los economistas modernos critican las políticas proteccionistas de los Tudor al juzgar lo enclosures
en el sistema de mercado en el que se observan las causas "a largo plazo", pero en primer lugar
hacia la época no existía un sistema de mercado y más importante, si los cambios a corto plazo son
destructivos no se puede asumir que a largo plazo no serán igualmente destructivos. La política de
los Tudor permitió contener un proceso inevitable, de manera que las clases bajas pudieran
adaptarse a él sin sufrir consecuencias mortales no sólo para ellos, sino que para la economía del
país. No es sólo el proceso lo importante, sino el ritmo, que puede cambiar completamente el
resultado, y en este sentido se puede decir que la legislación contra los enclosures es igualmente
responsable del éxito económico que significaron. Del mismo modo es falso considerarla una
política excesivamente conservadora, puesto que introdujeron todos los cambios propios de un
Estado Moderno.
Se puede decir que la regulación de los enclosures fue la última obra política adecuada dela
corona, que más tarde se desvirtuó en un afán paternalista que ya no era necesario una vez
pasada la transición, lo que llevó al descrédito del rey. Esto afectó en el sentido de que se olvidó la
importancia que había tenido la protección, y se evitó usarla cuando llego la Revolución Industrial.
La Revolución Industrial tiene un sinnúmero de causas que no pueden ser separadas (explosión
demográfica, clima propicio al algodón, presencia de mucha mano de obra, maquinaria) y que
causaron al tiempo que un crecimiento económico, condiciones de vida miserables. Puede ser
definida como el nacimiento de la economía de mercado.
La economía de mercado nace producto de la maquinaria, pues los comerciantes que adquieren
máquinas caras necesitan asegurar la producción. Para ello debe asegurarse el aprovisionamiento
de materias primas, y si se corta esta cadena no sólo pierde el comerciante, sino las personas que
éste emplea y abastece. Para que la cadena funcione, hay que permitir que el sistema actúe sin
intervenciones. Ahora, si se analiza esta situación no puede no verse el cambio: el comerciante ya
no compra productos, sino que para producir necesita trabajo y materias primas, las cuales
compra. En este sentido la naturaleza y el hombre pasan a ser mercancías, lo cual es una completa
metamorfosis del sistema hasta ahora.
Capítulo IV Sociedades y sistemas económicos
La economía de mercado consiste en la regulación del sistema económico a través de precios y
nada más que precios en un mercado que, por ello, se regula a sí mismo y es lo más importante
del sistema. A pesar de que trata de decirse que el hombre tiende naturalmente a esta forma de
intercambio, la verdad es que en toda sociedad anterior a la nuestra el mercado fue
absolutamente secundario.
Una vez que se comprobó que la economía primitiva no estaba orientada al intercambio de
mercado se la relegó a un segundo plano por considerar que no tenía nada que ver con los
intereses de nuestra época, por ser "no-civilizada". Lo cierto es que la economía, hasta la entrada
del sistema de mercado, tuvo una evolución casi nula, y siempre mantuvo el mismo trasfondo: que
las actividades económicas eran englobadas por la vida social, o dicho de otro modo, que la
economía servía a propósitos sociales no-económicos (estatus, supervivencia, etc.). Si miramos
una tribu por ejemplo, en la vida en comunidad el principio de generosidad es tan importante que
el concepto de ganancia no existe, pues iría en contra de los intereses personales.
Otra manera de ver cómo la economía de mercado no fue el "año 0" de los sistemas económicos
es ver complejos sistemas económicos primitivos que basan toda su economía en dos principios: el
de reciprocidad (lo que da un individuo luego será devuelto por otro) y el de redistribución
(entregar todo lo que se obtiene a una figura central que luego lo reparte). Aquí los alicientes
sociales del prestigio evitan que los individuos trabajen menos. Incluso el "comercio" internacional
no funciona según un deseo de lucro, sino que a través de regalos que se devolverán según leyes
implícitas. Nada de este proceso, extenso tanto en espacio como en tiempo, es registrado. Como
se ve aquí todo el sistema económico se ve abarcado dentro de las relaciones sociales y políticas.
Un tercer principio económico que no opera dentro del sistema de mercado, y que es la
administración doméstica, es decir producir para el propio consumo, ya sea de un grupo, una
localidad, una familia etc.: la autarquía o la producción de uso.
Aristóteles hace una distinción e introduce el factor del excedente y el dinero obtenido por
él(producción de beneficio), pero dice que esto es válido mientras esté subordinado a la
administración doméstica, al producir para uso y no para ganancia. Es justamente en este punto
donde se da la mayor diferencia entra la CXIX con cualquier civilización anterior: se produce el
hecho económico antinatural de producir por el beneficio, y no por el uso de estos beneficios, por
lo que la economía rebasa los límites sociales anteriores y se impone.
Capítulo V La evolución del modelo de mercado
El trueque o pago en especias necesita de la institución del mercado para funcionar, pero dela
misma manera que los otros principios económicos vistos en el capítulo anterior, el trueque puede
ocupar un lugar secundario si se privilegian otras cosas por sobre la economía.
La diferencia del trueque con los otros sistemas vistos (reciprocidad, redistribución y producción
doméstica) es que para funcionar crea una institución nueva al servicio de la economía, lo que
desvirtúa la economía hasta el minuto: ya no está al servicio de la vida social, sino que la vida
social está al servicio de ella, porque para que el mercado funcione hay que adaptar las leyes para
permitirlo: una economía de mercado sólo funciona en una sociedad de mercado.
En el siglo XIX se consideró el sistema de mercado como la cumbre de la economía, el punto hacia
el cual los sistemas económicos avanzaban. Sin embargo la ausencia de mercados no afecta
realmente la organización económica local, sino que el comercio hacia afuera, por lo cual la
ausencia de mercados sólo causa un repliegue de la sociedad hacia si misma, y no un real cambio
en la organización económica. Más aún, el comercio exterior, entendiéndose como intercambios
de productos, se da antes de que existan los mercados como expediciones en busca de bienes de
manera unilateral o por reciprocidad antes que por trueque, lo cual implica la inexistencia del
mercado, y también la inexistencia del mercado como medio para la paz.
Al analizar la economía en una etapa posterior de desarrollo del mercado vemos comercio local,
exterior e internacional. Los dos primeros responden a la complementariedad, a proveer un bien
que otro no tiene, y no implican competencia. Con el comercio internacional se crea le concepto
de productos semejantes compitiendo entre sí.
El origen del mercado no es claro, pero si se puede ver que en sus inicios se crearon medidas de
contención que evitaban que proliferaran. Estos, en pueblos antiguos, se daba en forma de
rituales, mientras que más tarde puede verse como la ciudad actúa como protectora del mercado,
pero también como limitante de su extensión. Por la misma razon que no pueden tomarse los
mercados locales como iniciadores de los mercados nacionales e internacionales, pues estos se
mantuvieron como puntos de poca influencia, y casi sin evolución.
El comercio local y al exterior antes de los tiempos modernos estuvieron firmemente separados,
pues de esa manera se evitaba que el comerciante extranjero, al que no se podía controlar con la
legislación burguesa por vivir muy lejos, influyera en el mercado local.
Una vez que se empieza a considerar el poder, el establecerse como potencia, como foco
primordial de los países, el Estado introduce el mercantilismo y con ello hace saltar las barreras
que habían impuesto las ciudades. Una vez eliminadas éstas, aparecen los riesgos del monopolio y
la competencia en un mercado aún no preparado, por lo que se establecen muchísimas
regulaciones comerciales. De esta manera se crea el comercio interior, pero no como en el sistema
actual, pues este está inmerso en relaciones sociales de regulación, y la producción doméstica
sigue siendo la base económica.
Capítulo VI El mercado autorregulador y las mercancías ficticias
Como se ha visto, hasta el surgimiento del sistema de mercado el comercio creció al tiempo que
las regulaciones sobre éste. Se mantuvo subordinado a la vida social.
El mercado autorregulador rompe con todos los esquemas económicos hasta el minuto, por
primera vez se separan de manera total las esferas política y económica. Para funcionar necesita:
Que no haya regulaciones de ningún tipo, sino un mercado en que todo es determinado según
el precio, y todo lo que se ofrece también se demanda.
Que todos los ingresos vengan de la venta de cosas en este mercado, por lo que el trabajo, la
tierra y el dinero también son parte del comercio, y son remunerados con salario, renta e interés
respectivamente.
Si se observan ambas condiciones, el mercado autorregulador supone incluir todo dentro del
campo de la economía, cosa que jamás se había hecho anteriormente. Incluso el mercantilismo,
con una fuerte tendencia hacia la comercialización, reguló el trabajo y la tierra con
consideraciones sociales y políticas, y jamás económicas. El trabajo es dado por los hombres que
componen la sociedad, y la tierra por el medio en el que viven: incluir ambos en el mercado es
incluir a la sociedad como un todo.
Si miramos detenidamente el sistema de mercado se verá que la base es la mercancía, es decir,
productos creados para ser vendidos y para los que existen miles de mercados individuales
organizados en oferta y demanda que se unen para formar el mercado como tal. Sin embargo, ya
que para que el sistema funcione debe haber mercados para todo, se toma el trabajo, el dinero y
la tierra como mercancías. Esto es falso, puesto que no fueron creados para su compra y venta.
Pero son tan esenciales para el mercado que hay que tomarlos como tales.

Si se toman como tales se desnaturaliza al hombre, pues este no puede desligarse de su trabajo.
Con la tierra pasa lo mismo, tomándola como mercancía la convertimos en una pila de recursos
naturales, cosa que no es realmente. El dinero tratado como mercancía influiría negativamente en
este, causando gigantescas fluctuaciones de capital que significarían la ruina de las empresas. Es
decir, si se permite que el mercado autorregulador funcione como debe, la sociedad se agota
inevitablemente, por lo que debe ser regulado, pero esto evita el funcionamiento del mercado.
La introducción de maquinaria cara y compleja fue la responsable de convertir trabajo, tierra y
dinero en mercancías, puesto que una vez que un comerciante se hacía con mercancía cara, la
única manera de no perder todo lo invertido era asegurando la producción, para lo cual se
necesita justamente de estos 3 elementos. Y la única forma de asegurarlos es si están disponibles
para la compra y venta.
El peligro inherente de un mercado en extensión tanto en escala como en la cantidad de
mercancías trajo una red de instituciones con las que la sociedad trató de protegerse.
Capítulo VII Speenhamland, 1795
Al mirar la situación inglesa vemos que se luchó contra mercantilizar el trabajo hasta el punto en
que los beneficios económicos que traía el sistema sin mercado de trabajo no fueron capaces de
paliar los perjuicios que traía.
El sistema Speenhamland o "leyes de pobre" que entraron en vigor en Inglaterra una vez que los
trabajadores perdieron la organización en torno a una parroquia impidieron la creación de un
mercado de trabajo, puesto que ningún hombre trabajaría si ya tiene el sustento asegurado. En el
mismo sentido el subsidio se entregaba incluso a hombres que recibieran un salario siempre y
cuando este fuera menor a lo necesario para vivir según el Speenhamland, por lo que los
trabajadores no se sentían obligados a ser productivos, y los empleadores podían pagar sueldos
miserables. Se llegó de esta manera a una degradación social sin nombre, en que las personas
preferían el subsidio de pobre que un salario, y estaban dispuestos a vivir miserablemente.
El desarrollo paralelo de Speenhamland, que evitaba la configuración de un mercado de trabajo, y
de un sistema de mercado que empoderaba a los empleadores y mercantilizaba la tierra
despojándosela a los pobres terminó por arruinar a los pobres que la ley trataba de proteger. Sin
la capacidad de competencia en el mercado por el trabajo, los sueldos no hicieron más que caer.
Existieron tres periodos bien definidos en el mercado laboral inglés:
Speenhamland, que trató de frenar la economía de mercado y terminó por empobrecer a la
población hasta degradar su condición humana
La abolición total y repentina de las leyes de pobres, como transición al sistema de mercado,
dejando sólo las miserables workouses para los verdaderos indigentes, con lo que se condenó a los
pobres orgullosos o a los simplemente no tan pobres a la miseria y a la amenaza de morir de frío,
pero donde las condiciones de vida para la clase baja general mejoraron (1834-1870)
El reconocimiento de los sindicatos, que permitió la protección de los obreros en el ya
constituido mercado de trabajo, y donde se marca el real sistema de mercado
La abolición de Speenhamland puede considerarse la reforma social más brutal de la historia y
también el nacimiento de la CXIX, pues es aquí donde (1844) surge un mercado competitivo de
trabajo, necesario para una lógica capitalista.
La pobreza generada con la abolición de las leyes de pobres significó la toma de conciencia de la
influencia de la existencia de una sociedad como tal y de las leyes económicas en la vida social
(economía política) y con ello un entendimiento de la cantidad de posibilidades que abría la nueva
ciencia, ya fuera con una mirada esperanzadora, representada en los postulados de abundancia y
progreso como con una gran desesperanza, representada en el determinismo y la lucha de clases.
Surge el concepto de las leyes de mercado y de la economía como límite de posibilidad desde lo
humano. En ellas se consideran dos principios fundamentales: armonía (los intereses del individuo
son los mismos que los de la sociedad) y conflicto (la competencia es necesaria para llegar a una
armonía a largo plazo).
Capítulo VIII Antecedentes y consecuentes
En Inglaterra el trabajo era regulado de tres maneras:
Estatuto de artesanos, que establecía tres pilares entendidos como obligación a trabajar, a
recibir 7 años de educación y a recibir un sueldo ajustado a las necesidades para vivir del
momento. Eran principios paternalistas que fueron cayendo en desuso
Ley de pobres, que proclamaba la obligación a trabajar de la gente con capacidad de hacerlo y a
dar empleo y socorro de las parroquias
Ley de establecimiento, que surgió en relación a la ley de pobres obligando a la gente a
quedarse en un lugar determinado para evitar la migración hacia las buenas parroquias Estos
principios, aunque basados teóricamente en libertad e igualdad, violaban flagrantemente esos
principios
Con el avance del comercio que trajo la Revolución Industrial se hicieron dos modificaciones a la
ley de pobres: por un lado se abolió la ley de domicilio, pues los empleadores necesitaban obreros
que no les estaban llegando por la imposibilidad de viajar en busca de empleo. Por otro se abolió
la obligatoriedad del trabajo y se aprobó el "derecho a vivir" del Speenhamland, lo que implicaba
que la gente no necesitaba trabajar, pues el estado velaría por su vida. Las dos medidas eran
absolutamente contradictorias, pero aún sin la luz del capitalismo que se venía encima, la
generación no se dio cuenta y trató de explicar la pobreza que ya existía desde antes e iba en
aumento de mil otras formas.
Situación previa a Speenhamland
La realidad es que la pobreza que trató de solucionar Speenhamland era causada por una cesantía
invisible, pues a pesar de que crecía el comercio y con el la cantidad de empleados necesaria, se
produjo una división del trabajo (especialización del empleado que una vez cesante no podía
cambiar de rubro) y una fluctuación del comercio (eliminación súbita de una
manufactura/empresa) que hizo crecer en gran medida el desempleo.
La gente abandonaba el campo para ir a las ciudades, donde no encontraba trabajo, y volvía a la
desorganización que había quedado que ya tampoco podía proporcionárselo. A esto se sumaba el
desarraigo con la tierra que habían traído los enclosures, que al quitar los derechos comunales a
los campesinos habían quitado también la producción doméstica sometiendo a las familias como
nunca antes a vivir sólo del sueldo que ganaban
Existían fuertes diferencias entres los sueldos de campo y ciudad, y la organización del mundo
rural se veía afectada constantemente por las fluctuaciones del empleo en el mundo urbano. Si se
hubiera impuesto un sistema de mercado de trabajo, el campo se habría visto aún más golpeado
por el cambio, por lo que en cierto sentido Speenhamland permitió subvencionar los sueldos
miserables que recibía el mundo agrícola sin romper completamente con el sistema
Speenhamland
Speenhamland sufría muchísimas falencias, entre ellas:
Se confió todo a las parroquias, excesivamente pequeñas para administrar el sistema
Los progresos en la diferencia entre pobres e indigentes que había tenido la legislación anterior
se ignoraron, considerando a todo pobre como una masa y dificultando aún más el sistema (el
cesante era lo mismo que el viejo que nunca más trabajaría), pues era pobre casi cualquiera. Esto
causó una pérdida de amor propio que llevaba a los considerados indigentes a competir por quien
estaba peor, de manera de seguir recibiendo el subsidio y no tener que trabajar
El hecho de que el que trabajaba debía mantener al cesante y por lo mismo tenían una serie de
atribuciones con las que abusaban de los pobres sin regulación de la autoridad, que prefería mirar
hacia el lado con tal de conseguir el mayor pago de impuestos posible.
La existencia de los subsidios salariales permitió a los propietarios bajar los sueldos a niveles
bajo el límite de la necesidad. De este modo cualquier persona que quisiera vivir sin subsidios no
era contratada, pues habría implicado pagar un sueldo mayor al que se le pagaba a los "pobres"
Baja de la productividad hasta niveles bajísimos que realmente paralizaban la industria del país,
por la falta de incentivo que representaban los sueldos miserables: los indigentes no dependían
del patrón, por lo que trabajaban mal.
Deshumanización de las masas: al reducir a los trabajadores explotados a la condición de
indigentes se los humillaba a tal punto que no podían constituirse como clase política, ¿cómo
hacerlo, si eran los "beneficiados por el estado"?
En 1834 el estado de las cosas llevó a concretar lo que se estaba pidiendo a gritos: la abolición de
Speenhamland. Esto abrió paso a la economía de mercado como tal.
Capítulo 9 Pauperismo y utopía
Como se dijo en el capítulo anterior, el tema de la pobreza en Inglaterra da origen a dos
situaciones: el pauperismo (entendiéndose como una situación de indigencia entendida agrandes
masas de la sociedad) y la economía política, es decir, el hecho de que las decisiones económicas
afectaban en gran manera la sociedad como un todo. En este sentido, está muy
ligada al nacimiento del concepto de sociedad, ya no de estratos tan diferenciados, sino como una
globalidad en que los grupos se interrelacionan y tienen influencias entre ellos.
En el siglo XVII los pobres empiezan a asentarse como trabajadores libres del sistema y se deja de
verlos como "enemigos del estado", lo cual si sucedía antes. Comienza a darse una discusión
filosófica en torno al tema de la existencia de la pobreza, y a proponerse que el desempleo
involuntario es producto de una falla en el sistema. Surgen ideas que apuntan a conseguir
beneficios sociales de los cesantes: Bellers (1696), Bentham (1769) y Owen (1818) de ideologías
absolutamente distintas apuntan a hacerlos trabajar con estos objetivos. Bellers propone
comunidades de trabajo por la sustentación cuyos excedentes vayan en beneficios de otros
cesantes, Bentham propone usarlos como fuerza de trabajo para hacer funcionar la industria
(Industry Houses) cuyos beneficios vayan a los accionistas, y Owen propone las mismas sociedades
de trabajo de Bellers pero en que los excedentes vayan en pro de la misma comunidad. Es
interesante el hecho de que todos apuntan a una misma idea de fondo, lo cual seda porque la
discusión está en un marco en que todavía no se alcanza el sistema de mercado y no se entiende
realmente el problema de la pobreza, por lo que las ideologías no están claramente diferenciadas.
Defoe responde con dos profundas críticas: en primer lugar, si se hacía caridad con los pobres se
promovía la ineficiencia, pues al quitar la necesidad se perdía la motivación por el trabajo. En
segundo lugar, si se creaban empleos públicos para pobres, la superabundancia de bienes
generados por empresas públicas causaría el paro y la ruina de las empresas privadas.
Insistencia en que las soluciones propuestas no resuelven realmente el problema, que va
creciendo potencialmente entre los años que separan a estos pensadores, puesto que no se
entiende el origen real del pauperismo en una sociedad que recién está viendo el nacimiento del
sistema de mercado.
Capítulo 10 La economía política y el descubrimiento de la sociedad
En la economía política existen dos puntos que hay que marcar con dos pensadores: Adam Smith y
Townsend. Adam Smith implica el cierre de la creación del Estado de Hobbes, y Townsend la
apertura hacia una sociedad que no se rige por las leyes del Estado, sino que las leyes del Estado
se rigen por la sociedad.
Adam Smith plantea la economía como una nueva ciencia, en donde la riqueza no está disociada
de la sociedad, sino que forma parte de ella y debe entenderse dentro de una estructura política,
en que un país será rico mientras la gran masa de la población tenga bienestar. Toda su filosofía
tiene un gran optimismo en que la economía está subordinada a principios morales, y no al revés,
ya que los intereses del hombre, por su sola esencia, lo llevaran a actuar en pos de los intereses
sociales. Toda la economía debe estar preocupada del hombre y sus necesidades.
Townsend pone al hombre en el mismo plano que los animales: funda una filosofía en torno al
ejemplo de las cabras y los perros (
Se ponen cabras en una isla, las cuales se multiplican. Cuando quiere limitarse el número de cabras
se ponen perros en la isla, los cuales también se multiplican, hasta que algunos perros mueren de
hambre y otras cabras mueren presa de los perros, llegándose a un equilibrio. Las cabras no
quieren salir de su refugio, pero deben hacerlo para conseguir comida y algunas son devoradas.
Los perros no quieren subir las montañas para cazarlas, pero deben hacerlo para comer, y los que
no pueden mueren. Hay equilibrio a pesar de que no hay gobierno): los individuos son controlados
por el hambre, la cual los llevará a trabajar en contra de esa hambre. Finalmente el número de
individuos será determinado por la cantidad de alimento. Townsend crítica el estado de las cosas
que ha obligado a evitar el hambre y la hare emplazado por leyes, pero a su parecer el hombre
gobernado por leyes puede rebelarse ante ellas, lo que lleva al desorden. Por otro lado si no se
evita el hambre, esta actuará como ley, pues uno no puede rebelarse contra ella, y una vez que se
ha comida gracias al pago de otro, el sentimiento de gratitud será permanente. A fin de cuentas
Townsend expone implícitamente la división de castas entre propietarios y trabajadores (fuertes y
débiles) y propone que se proteja a aquel que adquiere bienes (sustento, comida), que se castigue
a aquel que trata de quitárselos, y que se permita que sea la necesidad de comer la que fuerce a
los pobres a elegir "libremente" el trabajo.
La situación del momento en que, a pesar de eliminados los privilegios sociales, seguía
manteniéndose una sociedad de clases, hacen que los hombres de la época justifiquen esto en los
principios naturalistas de Townsend y se gesta la sociedad de mercado, diferenciada de los
principios políticos y morales que hasta entonces habían regido.
Es en este contexto donde se eliminan las leyes de pobre y el Speenhamland en todo sentido:
Burke, no tanto desde el naturalismo de Townsend como en un miedo por la amenaza que pueden
representar los pobres a la seguridad social, defiende este sistema de nula ayuda a los pobres,
enviándolos a industrias en su lugar. Antes había que mantener a los indigentes, ahora se entiende
que el hambre los impulsa a mantenerse solos. El mercado es capaz de suplir sus necesidades
mientras los capitalistas se benefician y el estado no gasta en ello. Además, el hambre es un
castigo físico suficiente por lo que no hay razón para aplicar, además, una sanción política. Por
otro lado estas son las leyes de la naturaleza, la humanidad necesita del trabajo delos pobres para
subsistir, por lo que la caridad o los intentos de acabar con la pobreza son en realidad amenazas
de autodestrucción para la humanidad.
Bentham habla de las ciencias sociales y subordina las ciencias naturales a ellas, pues considera
que fue la economía como ciencia la que permitió el desarrollo de la técnica. Con esto crea un
verdadero concepto de "ingeniería social" en que manifiesta que la moral y la legislación deben
realizarse siguiendo criterios de utilidad basados en conocimientos empíricos, y determinar qué
caminos seguir para solucionar los problemas de la sociedad (todo esto era extremadamente
exigente en una sociedad que, como se vio en el capítulo anterior, tenía tan poca información de
lo que pasaba en la época que apenas entendía de dónde venían los problemas que la afectaban).
A su muerte la tendencia se desvaloriza absolutamente, se considera como ya suficientemente
estudiada a la sociedad y el mercado domina la vida, pero propone una enorme cantidad de
reformas, ya que a diferencia de Burke y Townsend no considera la ley como opuesta a la libertad
de mercado.
Si miramos nuevamente hacia el Speenhamland se entiende porque se cayó en justificar la
economía a través del naturalismo: la población inglesa había visto como la clase baja se mantenía
siempre al borde de la subsistencia, y ya llegado el desarrollo y el perfilamiento de una economía,
vieron que esto seguía así. De esta manera, consideraron que era su estado natural. Sin embargo
fue Speenhamland lo que causó este fenómeno, pues gracias al sistema fue que los patrones
podían mantener salarios escandalosamente bajos, y que los trabajadores que no querían caridad
se mantuvieran desempleados. Así, a pesar de que Smith esboza el hecho de que una sociedad no
puede progresar si la masa humana se hace cada vez más miserable, al ver los hechos esto no era
cierto, por lo que la teoría económica se construyó en las bases falsas de Speenhamland y por lo
mismo no entendió la economía del minuto. Este hecho trae tres consecuencias:
Una teoría económica confusa, que trata de explicar ciertos conceptos y no lo logra, puesto que
no puede ajustar la teoría a la realidad de la época
La imposibilidad de llegar a una conclusión sobre las causas de los problemas de la época, ya
que estos eran causados por dos fenómenos contradictorios: la entrada a una economía de
mercado y la creación de un sistema paternalistas que impedía la creación de un mercado de
trabajo, necesario para una economía de ese tipo
Entendimiento de las leyes económicas como leyes de la naturaleza (Ricardo, Malthus), al creer
que la sociedad no podía multiplicarse indefinidamente, pues sería frenada por la disponibilidad
de alimentos. Así, se disocian las ciencias sociales de lo relativo al hombre, y se hace imposible
explicar y tratar de solucionar los problemas humanos. Los economistas clásicos consideraban que
la existencia de una clase débil y trabajadora era natural e inherente a él, y por lo mismo la
pobreza debe existir para que exista la sociedad.
Robert Owen se aleja de las reflexiones de los economistas clásicos, confiere al Estado el rol de
aliviar las desgracias humanas pero por sobre todo plantea una concepción social del hombre, y
con ello se aleja del naturalismo y del cristianismo que considera individualizador. También
plantea la necesidad de aceptar el mal en la sociedad como algo inevitable, por lo menos hasta
cierto punto, debido a la libertad.
Pero lo más destacable de Owen es la reflexión que hace entorno al problema de la época: es
quizás el primer pensador en diagnosticar el problema, más que como económico, como social.
Habla de cómo, a pesar de que las leyes de pobres si empobrecieron al pueblo, lo que
verdaderamente los arruinó fueron las manufacturas, no tanto en términos monetarios, sino
destruyendo todo el medio social, el oficio, la influencia y el amor propio de tanto trabajadores
como propietarios que se veían lanzados a la máquina, y clamó por una legislación que garantizara
una autoprotección social que sería la única capaz de conseguir que el problema no siguiera
empeorando.