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Ratto, Sixto y otro c/ Productos Stani S. A. s/ dif. salarios.

Fallos, 265:242 (1966)
Dr. Juan Oscar Pons 3 diciembre, 2012
Ratto, Sixto y otro c. Productos Stani S.A. CSJN, Fallos, 265: 242

LEY: Interpretación y aplicación. Las leyes no deben interpretarse conforme a la desnuda literalidad de sus
vocablos, ni según rígidas pautas gramaticales, sino computando su significado jurídico profundo.
CONSTITUCION NACIONAL: Derechos u garantías. Igualdad. El principio del art. 14 nuevo de la Constitución
Nacional que asegura igual remuneración por igual tarea, no se opone a discriminaciones fundadas en la mayor
eficacia, laboriosidad y contracción al trabajo, que aseguran el justo reconocimiento de una superación útil y
resultan convenientes a la colectividad. Corresponde, por ello, revocar la sentencia que hace lugar al pago de la
sobreasignación que el empleador abona a algunos de sus empleados, por encima de las retribuciones fijadas por
el convenio colectivo, y reclamada por los restantes dependientes ocupados en iguales tareas.
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SENTENCIA DEL JUEZ NACIONAL DEL TRABAJO
Buenos Aires, 20 de mayo de 1964.
Y vistos:
Estos autos a sentencia de los cuales resulta que:
Don Sixto Ratto y don Ignacio Ramón Romero demandan a Productos Stani S. A. por cobro de la suma en total y
común de m$n 20.270 por diferencias de salarios, en razón, dicen, que atienden una máquina por cuyo trabajo a
los obreros que anteriormente lo realizaran se les abonaba un “plus”, no pagado a los accionantes, por lo que
interponen la presente, fundando sus derechos en las leyes 11278 y 12.921, y jurisprudencia.
Dice la patronal en su responde, luego de negar las fechas de ingreso aducidas en la acción, que el trabajo
realizada por los actores es abonado según lo establecido por el convenio del ramo y que los mismos realizaban
diversas tareas. Que no da asidero legal al reclamo el que otros obreros de la sección perciben por su idoneidad
mayores salarios que responden a aumentos voluntarios, por todo lo cual corresponde el rechazo de la demanda,
con costas.
Y considerando:
Los actores a fs. 36 vta. reconocen que las remuneraciones que perciben están en un todo de acuerdo a la
Convención Colectiva respectiva y, por su parte, la demandada, al contestar la acción a fs. 26 vta., dice que la
circunstancia de que en la misma sección en que aquéllos trabajan haya otros operarios que perciben mayores
salarios, de ninguna forma convalida sus pretensiones, ya que los mismos responden a aumentos voluntarios
abonados sobre el convenio del ramo, en función de la mayor idoneidad, dedicación y servicios prestados por
aquellos operarios.
Con la declaración de los testigos que deponen en autos a fs. 34 vta./37 y fs. 45, a cuyas deposiciones me remito
brevitatis causa, se acredita que si bien los señores Ratto y Romero trabajan, indistintamente en la sección
“Optima” o en la de “chicle”, en realidad lo hacen en las mismas máquinas que otros obreros a quienes también
so les paga el “plus”, como así también, que no siempre lo hacen en dichas máquinas, ya que, además, efectúan
tareas de limpieza (fs. 45/45 vta.). Por su parte, el contador, en su pericia de fs. 53/56, que no ha sido observada
y cuyas conclusiones acepto, informa que el resto del personal ocupado en la máquina ‘”Optima”, recibe un
“plus”, además del premio a la mayor producción, que es variable, premio este último que también percibieron y
perciben los señores Ratto y Romero en la misma medida que los restantes operarios de “Optima” cada vez que
trabajan en dicha máquina.
Con la presente acción los actores pretenden la nivelación de salarios, nivelación que, lógicamente, no podría en
el sub examine ir más allá, que las horas en que los accionantes trabajan en la llamada máquina “Optima”, ya
que, según considerandos anteriores, dentro de la jornada también se ocupan de otras tareas. La empresa,
pasando sobre los salarios estipulados en el contrato de trabajo, ha otorgado a algunos subordinados, mayor
importe del que les correspondía, lo que importa reconocer implícitamente que dicho trabajo debe ser mejor
remunerado. No se ha demostrado, como debió hacerlo la accionada, que los actores cuando trabajaban en las
máquinas, no lo hubieran hecho en igualdad de condiciones y eficacia respecto a los trabajadores a los cuales se
les ha reconocido el “plus”.
El problema de fondo tiene gran trascendencia por la determinación del concepto “igualdad de trabajo”. No se
ha traído elemento alguno que acredite que las condiciones de eficiencia de los accionantes no fueran iguales a
las de los otros trabajadores a los que se les ha otorgado el beneficio y que no hubiera tampoco existido
uniformidad respecto de la cantidad y calidad del trabajo realizado. DE LA CUEVA dice que éstos son los
elementos primordiales que pueden dar lugar a la nivelación de los salarios, con lo cual no se logra la destrucción
de, la iniciativa individual y, consiguientemente, que cada trabajador reduzca su actividad a la rendida por el
menos apto o menos inteligente. Estos conceptos, por lo demás, son los que deben tenerse en cuenta al aplicarse
el art. 14 bis de la, Constitución Nacional, en la parte que establece que el trabajo en sus diversas formas gozará
de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador, entre otras condiciones, igual remuneración por
igual tarea.
Si a todo lo anterior agregamos la circunstancia de que los actores participan del premio a la mayor producción
en la misma medida que los restantes operarios cada vez que trabajan en la máquina “Optima”, va de suyo que la
nivelación de salarios pretendida debe prosperar, lo que así se declara.
Por ello, debe darse curso a la presente acción por los importes que indica la pericia a fs. 55, o sea m$n
22.046,50 correspondiendo m$n 11.023,25 a cada uno de los actores.
Por estas consideraciones y demás constancias de autos, definitivamente juzgando,
Fallo:
Haciendo lugar a la demanda interpuesta por los señores Sixto Ratto e Ignacio, Ramón Romero contra Productos
Stani, Sociedad Anónima Industrial y Comercial y condenando a esta última a pagar a los primeros; dentro del
quinto día de serle notificada, la presente, la suma de m$n 22.046,56, que corresponden m.$n 11.023,25 a cada
actor, con más sus intereses, gastos y costas, todo lo cual deberá ser depositado en autos. Hácese saber a la
demandada que sobre el importe condenado deberá efectuar los correspondientes aportes jubilatorios.
ALFREDO DE TEZANOS.
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SENTENCIA DE LA CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL TRABAJO
Buenos Aires, 14 de diciembre de 1964.
EL DOCTOR JUAN B. FLEITAS (h) DIJO:
La sentencia de primera instancia viabiliza las pretensiones de los actores a que sus salarios, ajustados a los
mínimos impuestos por las convenciones colectivas vigentes en la actividad, sean equiparados a los de otros
trabajadores de la misma empresa a quienes la demandada bonificara, con un suplemento voluntario, decisión
sustentada en el principio de igual remuneración por igual tarea consagrado en el art. 14 bis de la Constitución
Nacional, lo que motiva la apelación de la demandada, agraviada en los términos de su memorial de fs. 67/9 vta.
A través de dicho memorial, como de su responde, las partes denotan conocimiento de mi opinión vertida en los
autos “Rodríguez, Conrado c/ Sirdar S. A. s/ salarios”, sentencia definitiva n° 3716 del 26 de abril de 1963,
respecto a la operabilidad de la norma constitucional en cuestión en situaciones como la planteada, circunstancia
que unida a la publicación de dicho fallo en la revista Derecho del Trabajo, 1963, pág. 582, hace que al ratificarme
en la misma me remita a sus motivaciones, dándolas por reproducidas en homenaje a la brevedad.
Bastarían ellas para determinar mi voto favorable a la procedencia de la apelación deducida y por la revocatoria
de la sentencia en recurso. Mas el hecho de que mis distinguidos colegas no compartieran esos puntos de vista
me lleva a insistir con el aporte de otras razones que en aquella oportunidad no creí del caso exponer y fueron
puestas de resalto por DEVEALI en nota crítica al pronunciamiento de referencia.
Es evidente, a mi juicio, y como señala el distinguido profesor mencionado, que la garantía constitucional de que
se trata no tiene la finalidad que se le asigna y se halla limitada a evitar discriminaciones por sexo, raza y religión.
Tal se infiere de los antecedentes de derecho comparado citados por el mismo autor, de la difusión en la
Asamblea Constituyente de 1957, según pone de relieve TISEMBAUM (op. cit., 1958, págs. 5 y sigtes.) y de su
elaboración internacional, a cuyo respecto explica el Código Internacional de Trabajo —1955— que “…la
expresión igualdad de remuneración entre la mano de obra masculina y la mano de obra femenina por un trabajo
de igual valor, designa las tasas de remuneración fijadas sin discriminación en cuanto al sexo…” (art. 233 L.),
sumándose recomendaciones en relación al trabajo de los menores en la 27ª reunión de la Conferencia y lo
resuelto en la 24ª celebrada en Ginebra en 1958, invocando a los miembros “a aplicar el principio de igualdad de
trato a todos los trabajadores que residan en su territorio y a renunciar a toda medida de excepción, que, en
particular, pueda establecer discriminaciones en perjuicio de trabajadores de ciertas razas o religiones…” (cód.
cit. —II— pág. 3).
Forzoso es admitir, por consiguiente, la naturaleza programática de la norma con el alcance limitado que quedó
señalado, resultando impropia su proyección a. otra esfera y en forma de que ¡interfiera derechos potestativos,
que, coma el de bonificar o premiar al margen de toda disposición de la ley o de la convención, están librados a la
exclusiva voluntad de su titular y que, como ya sostuviera, no pueden ser coartados en tanto nadie está obligado
a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe, como reza el art. 19 de nuestra Constitución.
Las proyecciones negativas de la tesis que rebato han sido también bien destacadas por DEVEALI y ninguna duda
puede caber acerca de que lejos de beneficiar el interés que se busca proteger, ante el riesgo de ser obligados a
generalizar en cuanto a título graciable y en consideración a los innumerables e imponderables factores de todo
orden que confluyen a las relaciones de trabajo, los empleadores habrán de abstenerse de concesiones tales, con
grave perjuicio para, los trabajadores en general.
Desde otro punto de vista, considero que, en la especie, no es sostenible que las tareas de los actores puedan
equipararse a las de los otros obreros tomados y coito punto de comparación, desde que éstos, desde mucho
tiempo atrás, han venido desempeñándose exclusivamente en el manejo de las máquinas en cuestión, cuando
aquéllos sólo ocasionalmente lo hacían y desde época muy cercana, resultándome también objetable el fallo
desde que viabiliza remuneraciones corridas durante todo el lapso comprendido en la demanda siendo que,
según los diversos testimonios y las certificaciones periciales de fs. 54 vta., los demandantes efectuaban diversas
tareas y sólo accidentalmente estuvieron afectados al servicio de las máquinas.
Señalo, para finalizar, que la doctrina contraria constituirá una fuente inagotable de cuestiones y ya en el caso es
de advertir que los actores no habrán de conformarse con la diferencia obtenida sino que habrán de buscar la
mayor resultante de referirse a las retribuciones de Carbone, operario que al servicio de la misma máquina
obtenía un “plus” de m$n 5,80 por hora en vez de los m$n 2,25 que se manda pagar.
Por tanto, voto en el sentido de que se revoque, con costas, el pronunciamiento recurrido en todo lo que fue
materia de apelación.-
EL DOCTOR OSCAR FRANCISCO GUIDOBONO, DIJO:
Disiento con el temperamento que propicia el Dr. Fleitas en el voto que antecede. Ello así, no sólo por participar
del criterio con que el a quo decide el pleito, sino también y fundamentalmente, porque la cuestión debatida en
el sub lite ya ha sido tratada y resuelta con anterioridad por esta Sala en autos “Rodríguez c/ Sirdar S. A.” a cuyos
fundamentos me remito brevitatis causa y reitero en la oportunidad, declarando al respecto que un nuevo
análisis y reconsideración de la cuestión controvertida, a la luz de factores que la crítica doctrinaria expusiera en
sentido contrario al fallo de este Tribunal, carecen —en mi opinión— de relevancia suficiente para hacer variar el
sentido de la decisión.
Aceptando que el principio social y constitucional de “igual remuneración por igual tarea” reconocido en el art.
14 bis de la Constitución Nacional, en consonancia con idéntico principio consagrado universalmente en el
Tratado de Paz de Versailles (1919), persiguieran la finalidad de evitar discriminaciones derivadas de diferente
sexo, raza o religión, o si se quiere, de distinta nacionalidad de trabajadores residentes dentro de un mismo
territorio. Pero tal interpretación, a mi juicio, no es óbice ni empece a la más amplia que sustentara la Sala al
decidir el precedente jurisprudencial invocado. Ello así, por cuanto aceptar lo contrario importaría violentar el
viejo aforismo interpretativo de ubi lex non distinguiere, nec nos debemus (donde la ley no distingue, nosotros
tampoco debemos distinguir), siendo que, además, en materia laboral, el criterio de interpretación debe estar
más bien, por la amplitud del principio de la norma, conforme y coincidente así con la aplicación del principio in
dubio pro operario vigente en el campo laboral.
En cuanto a las proyecciones negativas de la tesis sustentada por el Tribunal a que aludiera la crítica doctrinaria
mencionada en el voto precedente (Derecho del Trabajo, 1963, pág. 582) y al temor de que, los empleadores
ante la interpretación jurisprudencial de la Sala— se abstengan de conceder bonificaciones o “plus” voluntarios
con grave perjuicio para los trabajadores en general, no las comparto, en atención al grado de adelanto y
progreso alcanzado en el campo del derecho laboral, y dada la nueva conciencia imperante en los dos factores
esenciales de la producción —capital y trabajo— fuera de que los beneficios o mejoras sociales, no sólo resultan
garantizados a los trabajadores a través de tus respectivas organizaciones gremiales y la instrumentación de sus
convenciones colectivas sustentadas a través de sendas estructuras legales —leyes 14.455 y 14.250—; sino que
también, en última instancia, el criterio del Tribunal podría contribuir de algún modo a evitar discriminaciones o
preferencias que, resultarían negativas para la mejor producción o buena disciplina, dentro del ambiente del
trabajo de toda empresa.
Tales consideraciones me inclinan a refirmar el criterio de la Sala recaído en el precedente jurisprudencial
mencionado (“Rodríguez, C. c/ Sirdar S. A.”, de fecha 26/4/963), en cuyo mérito va de suyo que propicio la
confirmatoria del fallo recurrido en todas sus partes. Con costas (art. 92, clec. 32.347/44 —ley 12.948—).
Así dejo expresado mi voto.
EL DOCTOR MARCOS SEEBER, DIJO:
Debo señalar, como cuestión previa, que, esta causa difiere de la sentenciada por la Sala que integro a. tenor del
fallo n.9 3716 del 26/4/963 “Rodríguez, Conrado c/ Sirdar S. A. s/ salarios”, cuestión de puro derecho relativa a
“si el actor obrero de la sección clasificación, habiendo trabajado ocho horas en lugar de seis como lo hicieron sus
compañeros, recibiendo igual jornal que éstos, debía percibir á salario equivalente a las dos horas dejadas de
abonar”. Basta el enunciado para establecer la disimilitud con el caso de autos que motiva mi voto.
Aquí la accionada adujo, reconociendo que las máquinas empaquetadoras, eran atendidas por dos personas por
vez y que otros operarias de iguales tareas percibían mayores salarios —”plus” de m$n, 2,25 la hora— que ello
obedecía “en función de la mayor idoneidad, dedicación y servicios prestados”. Vale decir que debemos
atenernos al reconocimiento de haber abonado a unos obreros —que -realizaban iguales tareas que otros (los
accionantes) — mayores salarios en razón de su mayor eficiencia.
En consecuencia, admitida, la igualdad de tareas o trabajo, la excepción que introduce quien es demandado,
debe ser acreditada. Comparto en este sentido el criterio aducido por el señor Juez a quo. Por lo tanto, la
accionada debió acreditar la mayor eficiencia de uno como signo inequívoco de que tal “plus” obedecía a dicha
circunstancia o reflejo de la idoneidad demostrada. Acepto por ello la facultad indiscutible que tiene el
empresario de premiar a unos o establecer -diferencias, pero a condición que se demuestre —por quien lo
alega—, que el mayor salario obedecía a una mayor eficiencia, contracción o aptitud para el trabajo. Equivoca el
primer voto cuando dice que se interfieren —a influjo del criterio sostenido en el fallo de 1ra. instancia—
derechos potestativos de bonificar o premiar al margen de toda disposición de ley, porque tal tesitura que
comparto, en modo alguno resulta aplicable al caso que nos ocupa. Si la accionada hubiese aducido “remuneraré
a unos obreros con un ‘plus’ de m$n 2,25 por hora, porque trabajaban exclusivamente en la máquina “Optima”
(empaquetadora) y los accionantes realizaban tareas varias”. Lamentablemente para dicha parte, tal no surge de
los términos en que quedó trabada la litis, por cuanto, como repito, la accionada no discute la índole de las
tareas realizadas por los accionantes en la máquina “Optima”, ni la cantidad de horas trabajadas en la misma
(hecho cierto), sino su eficacia o idoneidad, ello habida cuenta de que los actores también trabajaron en otras
tareas —como las de limpieza (prueba de testigos)— pero también “todos los operarios hacían tareas de
limpieza” (testigo Carbone, fa 35).
En consecuencia y constreñido a los términos de la litis que a igualdad “de tareas en máquina “Optima” unos
obreros percibieron un “plus” por hora que los accionantes no cobraron, sin acreditarse que los primeros fuesen
más idóneos (a cargo de quien se excepciona) pues es facultad del empresario bonificar a quien lo merezca y en
esto comparto el criterio del Dr. Fleitas—, me pronuncio en el sentido que reza la Constitución Nacional: a
igualdad de tareas igual remuneración; debiendo, en consecuencia, confirmarse el fallo apelado que acoge el
cálculo efectuado por el perito contador, observado por las partes. Sin costas en la alzada para el apelante (art.
92, dec. 32.347/44 —ley 12.948—).
Por lo que surge del acuerdo que antecede, el Tribunal resuelve: confirmar el fallo recurrido en todas sus partes.
Con costas (art. 92, dee. 32.347/44 —ley 12.948—). MARCOS SEEBER – OSCAR F. GUIDOBONO – JUAN B. FLEITAS
(h.).
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DICTAMEN DEL PROCURADOR GENERAL
El precepto de la Constitución Nacional que los fallos de ambas instancias han invocado como único sustento
normativo del acogimiento de la demanda entablada por los actores, reza así: “El trabajo en sus diversas formas
gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador… igual remuneración por igual tarea…”
Incluida entre aquellas que en el nuevo art. 14 de la Constitución Nacional se refieren a la remuneración del
trabajo efectuado bajo relación de dependencia, la disposición transcripta no puede considerarse totalmente
desvinculada de la que previamente encomienda al legislador proteger la “retribución justa” del trabajador.
Desde este punto de vista, estimo que la cláusula de referencia, tomada en su estricta literalidad, aparece
enderezada a proscribir de nuestro concreto ordenamiento legal preceptos que de cualquier modo impongan o
autoricen discriminaciones irrazonables entre quienes desempeñan una misma labor, y conduzcan, por esa vía, a
privar a alguien, o a algunos, de la remuneración estimada justa para los demás ocupados en idénticas tareas.
Se sigue de ello que el dispositivo constitucional que alude a dicha igualdad de trato establece, ante todo, un
criterio al que el poder estatal ha de subordinar la regulación salarial del contrato de trabajo, tenga ella lugar por
vía legal o reglamentaria, o bien a través de la actuación que al Poder administrador compete en la homologación
de convenciones colectivas (arts. 3° y concs., ley 14.250).
En el caso de autos, sin embargo, no se trata de la aplicación del aludido precepto del nuevo art. 14 con el fin de
verificar si se adecua a él determinado acto normativo, sino de juzgar, a la luz de lo allí estatuido, el proceder
observado por la demandada al acordar a tres de sus operarios retribuciones, diferentes entre ellas, pero en
todos los casos mayores que las otorgadas a sus restantes dependientes ocupados en iguales tareas, a los cuales
ha respetado, sin embargo, el salario que para la respectiva categoría reconoce el convenio colectivo de la
actividad y, más concretamente, se trata de establecer si sólo por mérito de la prescripción constitucional ya
citada, cabe reconocer a los actores, no beneficiados con la sobreasignación, el derecho de exigir a su empleador
las diferencias de salarios resultantes de su equiparación con uno de los obreros remunerados por arriba del
convenio.
Hállase, pues, fuera de controversia el acatamiento por la demandada de los salarios fijados por dicho
instrumento y, por ello, reitero que la discriminación en que los actores fundan su reclamo no proviene de
disposición normativa cuya validez constitucional se encuentre en tela de juicio. Por tanto lo que corresponde
resolver es si, como lo ha decidido el a quo por mayoría, la cláusula del art. 14 bis a que he venido aludiendo
puede brindar, por sí sola, soporte jurídico adecuado al reclamo formulado por los actores.
Sobre el punto expreso desde ya mi opinión negativa.
El texto constitucional en examen, analizado a través de sus antecedentes en el orden internacional, y en la labor
de la Convención Nacional Constituyente que precedió a su sanción, recoge una opinión vigente en la conciencia
jurídica general, contraria a que la retribución de un mismo trabajo sufra merma por razón del sexo, la raza, la
nacionalidad o el credo de quien lo ejecuta, lo cual, por cierto, autoriza a entender también prescripta, en la
materia, cualquiera otra discriminación de igual o parecida irrazonabilidad que conduzca a remunerar a un
trabajador con un salario inferior al establecido para una tarea similar a la suya.
Lo expuesto equivale a decir que cualquier aplicación de la norma constitucional de referencia que signifique
proyectarla más allá de la mera formulación de un criterio para la regulación del contrato de trabajo por el
Estado, requerirá indispensablemente la previa determinación del valor que haya de reconocerse a la labor
desempeñada por quien pretenda desconocida la garantía constitucional en análisis, único camino para llegar a
establecer, en concreto, si ha mediado arbitraria conculcación de aquélla.
En el caso de autos, la aludida determinación debe considerarse verificada para las partes por vía del convenio
colectivo concertado para la actividad a que pertenecen, el cual traduce el acuerdo de aquéllas, logrado a través
del procedimiento de la ley 14.250, y homologado por el Estado, respecto de cuál es la remuneración del trabajo
de los actores que ha de estimarse adecuada a la pauta constitucional de justicia.
Ello establecido, y toda vez que, conforme así quedó acreditado en la causa, la demandada ha satisfecho a los
accionantes esos salarios, su decisión de retribuir a tres operarios por encima del convenio no resulta, en mi
opinión, elemento fundamental para configurar un esencial desconocimiento de la garantía de igualdad de trato
remuneratorio. En tales condiciones, pienso que tampoco puede esta última operar como criterio judicial válido
para fundar decisiones de la naturaleza de la que se trae apelada, pues, en las circunstancias de autos, el
proceder de la demandada no aparece contrario a la reglamentación legal de los derechos que acuerda la
Constitución, y supone, por tanto, el ejercicio de una facultad propia, no lesiva del derecho de los actores a una
justa retribución de su trabajo, y que debe entenderse concretada al amparo de también expresas garantías
establecidas en los arts. 14 y 19 de la Ley Fundamental.
Las consideraciones que preceden, y las concordantes del voto de la minoría del a quo, me llevan a pensar que el
pronunciamiento en recurso debe ser revocado. Buenos Aires, 12 de julio de 1965. – RAMÓN LASCANO.
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FALLO DE LA CORTE SUPREMA
Buenos Aires, 26 de agostó de 1966:
Vistos los autos: “Ratto, Sixto y otro c/ Productos Stani S. A. s/ dif. salarios”.
Y considerando:
1°) Que en estos autos se debate la inteligencia de la cláusula del art. 14 de la Constitución Nacional que asegura
“igual remuneración por igual tarea”. Se trata de varios obreros que desempeñan labores similares; a todos se les
paga la retribución fijada en el convenio colectivo, pero a algunos de ellos la compañía demandada les ha
reconocido un plus, fundada en su “mayor idoneidad, dedicación y servicios prestados”. Los restantes reclaman
se les pague también a ellos ese plus, pretensión que es acogida por el a quo, que juzga que la discriminación
hecha por el patrón contraría la aludida garantía constitucional.
2°) Que la solución del presente caso no depende del problema, debatido en autos, de la operatividad del
principio del art. 14 de la Constitución Nacional, en cuanto asegura igual remuneración por igual tarea; aun
admitiendo su inmediata operatividad, resulta obvio que él no es sino una expresión de la regla más general de
que la remuneración debe ser justa. Así entendido, es indudable que se opone a discriminaciones arbitrarias
como serían las fundadas en razones de sexo, religión o raza, pero no a aquellas que se sustentan en motivos de
bien común; nada obsta, por vía de ejemplo, a que se pague mayor retribución a quien tiene mayores cargas de
familia, tal como la misma Constitución lo quiere al disponer que una ley establecerá “la compensación
económica familiar” (art. 14, “in fine”).
3°) Que, siendo así, es claro que el mentado principio tampoco se opone a discriminaciones fundadas en la
mayor eficacia, laboriosidad y contracción al trabajo del obrero. La ley no debe interpretarse conforme a la
desnuda literalidad de los vocablos usados, ni según rígidas pautas gramaticales, sino con arreglo a su significado
jurídico profundo.
4°) Que el empleador cumple con el mandato constitucional pagando a cada categoría de trabajadores lo que
estipula el convenio colectivo, que por haberse elaborado con intervención de la parte laboral, asegura una
remuneración justa.
5°) Que no puede privarse al empleador de su derecho de premiar, por encima de aquellas remuneraciones, a
quienes revelen méritos suficientes. De lo contrario, no habría manera de estimular al trabajo, la eficacia y la
lealtad, con grave detrimento de la justicia, y con respecto al interés de la comunidad, que en esta cuestión no
puede dejar de compurgarse, es patente el efecto nocivo de una igualación forzosa al más bajo nivel.
6°) Que el derecho del empleador de premiar aquellos méritos no puede sujetarse a la prueba, en la práctica
muy sutil y difícil, de que ellos existen; debe quedar librado a su prudente discrecionalidad, pues de lo contrario
se desvirtuaría su ejercicio.
7°) Que de este modo no se autorizan arbitrariedades o discriminaciones infundadas que comprometan la
disciplina del trabajo, sino se asegura el justo reconocimiento de una superación útil, que conviene a la elevación
y al bien de la comunidad.
Por ello y lo dictaminado por el Procurador General se revoca la sentencia apelada en cuanto ha sido materia de
recurso. Las costas de esta instancia por su orden, en atención a la naturaleza de la cuestión resuelta. –
EDUARDO A. ORTIZ BASUALDO. – ROBERTO E. CHUTE. – MARCO A. RISOLÍA. – GUILLERMO A. BORDA. – LUIS C.
CABRAL.
Fuente: http://www.constitucionweb.com/2012/12/ratto-sixto-y-otro-c-productos-stani-s-a-s-dif-salarios-fallos-
265242-1966.html