Bajtin.

Las formas y usos de la lengua son tan variadas como las esferas de la actividad humana. El uso de
la lengua se lleva a cabo en forma de enunciados concretos y singulares que pertenecen a los participantes
de una u otra esfera. Los enunciados revelan las condiciones y el objeto de cada esfera por su contenido,
estilo, recursos léxicos, fraseológicos y gramaticales y por su composición y estructuración. Cada esfera
del uso de la lengua, cada función determinada, elabora tipos relativamente estables de enunciados:
géneros discursivos, es decir, tipos temáticos, composicionales y estilísticos de enunciados determinados.
El lenguaje participa en la vida a través de los enunciados concretos que lo realizan, y la vida participa en
del lenguaje a través de los enunciados.
-Primarios o simples: constituidos en la comunicación discursiva inmediata. Adquieren un carácter
especial dentro de los secundarios: pierden su relación inmediata con la realidad y con los enunciados
reales de los otros.
-Secundarios o completos: géneros más desarrollada, y generalmente escritos, absorben y
reelaboran los primarios, transformándolos.
Estilística: todo estilo está vinculado con el enunciado y con los géneros. Todo enunciado puede
reflejar la individualidad del hablante, o sea que puede poseer un estilo individual. No todos los géneros se
prestan a absorber un estilo individual. Los que más lo hacen son los literarios, y los que menos son
aquellos que requieren formas estandarizadas como documentos oficiales, órdenes militares, señales
verbales, en los que se reflejan los aspectos biológicos de la individualidad. Salvo en los literarios, un estilo
individual no forma parte de la intención del enunciado, sino que este es un epifenómeno, un producto
complementario del enunciado. Para utilizar libremente los géneros hay que dominarlos bien. Dentro del
enunciado la lengua nacional encuentra su forma individual.
Los estilos lingüísticos o funcionales son estilos genéricos de determinadas esferas de la actividad y
comunicación humana. Una función y unas condiciones determinadas generan determinados tipos
temáticos, composicionales y estilístico de enunciados relativamente estables. El estilo tiene que ver con
tipos de estructuración, de su conclusión y de las relaciones que establece con el hablante y los otros
participantes de la comunicación discursiva. El estilo entra como elemento en la unidad genérica del
enunciado.
Los cambios históricos en los estilos de la lengua están vinculados a los cambios de los géneros
discursivos. Los G.D reflejan las transformaciones de la vida social. Los enunciados y sus géneros son
correas de transmisión entre la historia de la sociedad y la historia de la lengua. Ni un fenómeno nuevo
puede ser incluido en el sistema de la lengua sin pasar la prueba de elaboración genérica.
En cada época son determinados géneros los que dan el tono. Cualquier extensión literaria está
relacionada con la penetración de la lengua literaria, de los nuevos procedimientos genéricos para
estructurar una totalidad discursiva, para concluirla, para tomar en cuenta al oyente, todo lo cual lleva a una
reestructuración de los géneros.
La gramática no puede prescindir del estudio de los estilos. La misma selección de una forma
gramatical determinada es un acto de estilística. Estos dos fenómenos deben combinarse sobre la base de la
unidad real del fenómeno lingüístico. El estudio del enunciado como de unidad real de la comunicación
discursiva permitirá comprender la naturaleza de las unidades de la LENGUA: la palabra y la oración.
La comunicación discursiva es un proceso complejo, multilateral y activo. El oyente, al percibir y
comprender el significado del discurso, toma con respecto a éste una activa postura de respuesta: está o no
de acuerdo, lo completa, lo aplica, se prepara para una acción. Esta respuesta está en formación a lo largo
de todo el proceso de audición y comprensión. Toda comprensión de un discurso vivo tiene un carácter de
respuesta, y la genera. El oyente se convierte en hablante. Tarde o temprano lo escuchado resurgirá en los
discursos o en la conducta del oyente. El hablante cuenta con la activa comprensión preñada de respuesta.
El papel del otro es activo. Todo hablante es un contestatario, no ha roto el silencio del universo. Cuenta
con la presencia de enunciados anteriores, suyos y ajenos, con los cuales su enunciado establece
relaciones. Todo enunciado es un eslabón en la cadena de otros enunciados. Además, los géneros
secundarios dialogan entre sí.

Enunciado: unidad real de la comunicación discursiva. El discurso puede existir en la realidad sólo
en forma de enunciados concretos pertenecientes a los hablantes. Los enunciados poseen rasgos
estructurales comunes y fronteras definidas por el cambio de los sujetos discursivos. Todo enunciado posee
un principio y un fin. Un hablante termina su enunciado para ceder la palabra al otro o para dar lugar a su
comprensión activa. El enunciado es una unidad real. La alteración de los sujetos discursivos adopta, en las
diversas esferas, formas variadas según distintas funciones del lenguaje, condiciones y situación de la
comunicación. Las réplicas están relacionadas entre sí. Pregunta, afirmación, consentimiento, son
imposibles entre las unidades de la lengua y dentro del enunciado mismo. Tales relaciones sólo son
posibles entre enunciados de diferentes sujetos discursivos, porque presuponen la existencia de otro. Las
pausas que se dan entre ellos no tienen un carácter gramatical, sino real (psicológicas o por circunstancias
externas).
Oración: Los límites de una oración nunca son el cambio del sujeto discursivo. La oración es una
idea relativamente concluida que se relaciona con otras ideas del mismo hablante dentro de la totalidad del
enunciado. La oración no se relaciona directamente con la realidad, sino que se vincula con ella a través de
la totalidad del enunciado. En cambio el enunciado se enfrenta de manera directa con la realidad y con los
enunciados ajenos. Una oración dentro del contexto verbal carece de capacidad para determinar una
respuesta, sólo la puede adquirir dentro de la totalidad del enunciado. La oración tiene una naturaleza
gramatical, límites gramaticales, conclusividad y unidad gramaticales. Analizada dentro de la totalidad del
enunciado adquiere propiedades estilísticas. La gente habla por medio de enunciados, que se construyen
con ayuda de las unidades de la lengua.
Una obra, igual que una réplica del dialogo, está orientada a la respuesta de otro. Una obra es un
eslabón en la cadena de la comunicación discursiva. La obra se relaciona con otras obras y enunciados, a
los que contesta, a la vez que otros enunciados le contestan a ella. Una obra está separada de otras por las
fronteras del cambio del sujeto discursivo.
Además, el enunciado posee conclusividad. El hablante dijo o escribió todo lo que quiso decir en un
momento dado y en condiciones determinadas. La conclusividad permite la posibilidad del enunciado de
ser contestado, de tomar una postura de respuesta en relación con el enunciado. El carácter de una totalidad
conclusa que posibilita una respuesta tiene tres factores: 1-el sentido del objeto, agotado 2-el enunciado se
determina por la intencionalidad discursiva del hablante 3-el enunciado posee formas típicas de
conclusión. El agotamiento del sentido puede ser completo en algunas esferas cotidianas, allí donde los
géneros tienen un carácter estandarizado y donde está ausente el momento creativo. En las de creación sólo
es posible un grado del agotamiento del sentido. El objeto es inagotable, pero cuando se convierte en el
tema de un enunciado adquiere un carácter relativamente concluido en determinadas condiciones dentro
de los límites de la intención del autor. Nos imaginamos qué es lo que quiere decir el hablante y mediante
esta intención medimos el grado de conclusividad del enunciado. La intención determina la elección del
objeto, sus límites y capacidad de agotar el sentido, y la forma genérica en que se volverá el enunciado. La
intención forma una unidad con el aspecto del sentido del objeto. Por eso los participantes de la
comunicación perciben desde el principio del discurso la totalidad del enunciado en proceso de
desenvolvimiento. La voluntad se realiza en la elección del género, definida por la especificidad de una
esfera dada, por las consideraciones del sentido del objeto, por la situación concreta, por los participantes
de la comunicación discursiva. Todo enunciado es un eslabón en la cadena de la comunicación discursiva,
es la postura del hablante dentro de una esfera de objetos y sentidos.
Los géneros nos son dados casi como se nos da la lengua materna, la cual conocemos por los
enunciados concretos que escuchamos y reproducimos en la comunicación discursiva. Las formas de la
lengua y los géneros llegan a nuestra experiencia conjuntamente. Aprender a hablar es aprender a construir
enunciados. Al oír el discurso ajeno adivinamos su género desde el comienzo, calculamos el volumen, su
composición y final. Si no existieran los G.D, si tuviéramos que crearlos cada vez dentro del proceso
discursivo, la comunicación discursiva habría sido imposible.
La variedad de los breves géneros cotidianos de los saludos se determina por la situación discursiva,
por la posición social y las relaciones personales. Estos géneros también requieren determinada entonación
expresiva.
Un enunciado aislado no puede ser considerado como una combinación absolutamente libre de
formas lingüísticas, porque los G.D no son creados por el hablante, les son dados.
Elegimos el tipo de oración desde el punto de vista de la totalidad del enunciado que se le figura a
nuestra imaginación discursiva. El género elegido preestablece los tipos de oraciones y las relaciones entre
éstas. La oración y la palabra son unidades significantes de la lengua. Por eso cada oración aislada es
comprensible: comprendemos su significado lingüístico. La oración, que es afirmativa por su forma, llega a
ser una afirmación real sólo en el contexto de un enunciado determinado. La oración no tiene autor, y sólo
funcionando dentro de un enunciado completo llega a ser la expresión de una postura del hablante en una
situación concreta de la comunicación discursiva.
El otro aspecto que determina la composición y estilo es el momento expresivo con respecto al
contenido semántico de su enunciado. Esto determina la selección de los recursos léxicos, gramaticales y
composicionales del enunciado. La oración y la palabra sólo representan un recurso lingüístico para una
posible expresión de una actitud emotivamente valoradora respecto a la realidad, pero no se refiere a
ninguna realidad determinada. Pero la oración es neutra y no posee ningún valor expresivo. La entonación
expresiva es un rasgo constitutivo del enunciado.
Al seleccionar las palabras partimos de la totalidad real del enunciado que ideamos. Esta totalidad
es expresiva e irradia expresividad hacia cada palabra que elegimos. No vamos ensartando palabras sino
que llenamos un todo con las palabras necesarias. Sólo el contacto de la lengua con la realidad que se da en
el enunciado genera esa chispa de expresividad. Al elegir palabras las solemos tomar de otros enunciados
afines genéricamente al nuestro. El género incluye una expresividad típica. Los géneros corresponden a los
temas típicos, a las situaciones típicas de la comunicación discursiva y a los contactos típicas de los
significados de las palabras con la realidad concreta en circunstancias típicas. De ahí se origina la
posibilidad expresiva típica que cubre las palabras. La expresividad genérica de la palabra es impersonal
como los propios GD, porque representan las formas típicas de los enunciados pero no son los enunciados
mismos. Las palabras pueden formar parte de nuestro discurso conservando los ecos de los enunciados
individuales. La palabra existe para el hablante en 3 aspectos: -palabra neutra de la lengua 2-palabra ajena
3-mi palabra. Este proceso de asimilación de las palabras ajenas es llamada polifonía.

La experiencia discursiva se desarrolla en interacción con los enunciados ajenos, produciéndose una
asimilación de palabras ajenas. Nuestros enunciados están llenos de palabras ajenas de diferente grado de
alteridad y asimilación. Las palabras ajenas aportan su expresividad, que es asimilada y reelaborada por
nosotros. La oración posee cierta entonación gramatical (conclusiva, explicativa, enumerativa, disyuntiva),
pero no expresiva. En las entonaciones enunciativa, interrogativa, exclamativa y la orden se produce una
fusión entre la entonación gramatical y la que es propia de los GD. Las unidades de la lengua asumen
cualquier postura valorativa.
El enunciado, su estilo y composición se determinan por el aspecto temático y por el aspecto
expresivo, por la actitud valorativa del hablante hacia el momento temático.
El enunciado se debe analizar como eslabón de la cadena de la C.D en una esfera determinada. Los
enunciados se reflejan mutuamente, determinando su carácter. Todo enunciado debe ser analizado como
respuesta a los enunciados anteriores. El enunciado ocupa una determinada posición en la esfera. La
expresividad se determina por el objeto y el sentido del enunciado y por los enunciados ajenos emitidos
acerca del mismo tema. La expresividad expresa la actitud del hablante hacia su objeto y hacia los
discursos ajenos. Un enunciado está lleno de matices dialógicos. Un enunciado revela surcos que
representan ecos de los cambios de sujetos discursivos, de los matices dialógicos y de marcas limítrofes
debilitadas de los enunciados que llegaron a ser permeables para la expresividad del autor. El enunciado
está dirigido a su objeto y a enunciados ajenos acerca del mismo. Un enunciado se relaciona con los
enunciados anteriores y con los posteriores. El enunciado se construye tomando en cuenta las posibles
respuestas. Está destinado a alguien, lo que lleva a elegir el género, los procedimientos de estructuración,
los recursos lingüísticos: el estilo. La construcción del enunciado dependerá de cómo el hablante se
imagine a sus destinatarios. Todo género posee su propia concepción del destinatario. Las unidades de la
lengua carecen de este carácter destinado, carecen de actitud hacia el enunciado ajeno.
Matices más delicados del estilo se determinan por el carácter y grado de intimidad entre el
destinatario y el hablante, en géneros íntimos y familiares, en los que se observa una sinceridad específica.
Para cada época, corriente y estilo son características determinadas concepciones del destinatario.
También junto al autor hay imágenes convencionales de autores ficticios, editores y narradores. Los
géneros secundarios representan diferentes formas de la comunicación primaria, de allí que aparezcan
personajes convencionales de narradores, autores y destinatarios.
El análisis estilístico es posible sólo como análisis de la totalidad del enunciado dentro de la cadena
de la comunicación discursiva cuyo eslabón representa este enunciado.