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La etnomusicología en su encrucijada: musicología comparada u otra forma de
entender la musicología
La Escuela Alemana sugirió sobre la idea de construir una musicologia comparada muy
próxima a los planteamientos de la de Viena, considerando pertinente la división en
música popular y culta y hablaron de música europea y extraeuropea.
Piensan que los investigadores de cualquier etnogra!a deben estudiar una cultura
dierente a la de uno.
". #olins$i apuntó que el tratamiento deber!a ser mas relevante que las limitaciones de
la %ona a estudiar.

&ilbert 'hase cre!a que la música culta occidental habr!a de ser enocada desde una
perspectiva etnomusicologa y la deinió como (el estudio musical del hombre
contempor)neo.
*+
Música, sociedad y cultura: la nueva etnomusicología.
La escuela norteamericana emergió con uer%a a partir de ,-./ y que asentó su l!nea de
investigación en las teor!as y m0todos de la antropolog!a moderna, centrar!a sus
estudios sobre las unciones y papel social de la música.
*.
3
Panorama general de la etnomusicología y el folklore musical
en spa!a
" folklore en spa!a: #u aparici$n oficial
La implantación 1oiciosa 2ociedad de 3ol$lore Espa4ol 5 de esta nueva disciplina tuvo
lugar en 0poca bien temprana 6,77*8 a la imagen de la de Londres de ,797. Alcan%a
r)pido esplendor debido a su modernidad gracias a "achado.
:nglaterra ten!a un enoque puramente nost)lgico rente a "achado que concibió la
ciencia de la cultura popular como una orma de aproximarse a la realidad din)mica de
las creaciones de un pueblo ;rural y urbano; partiendo de una amplia recopilación
*<
nacional. Esa concepción globali%adora no se institucionali%o quedando sólo en papel.
'hocaba con los sentimientos nacionalistas y regionalistas que siempre han
caracteri%ado a los movimientos ol$lóricos en Europa y en ocasiones adquir!a un
car)cter m)s tur!stico que acad0mico, donde la burgues!a entreten!an con la búsqueda de
lo pintoresco en ratos de ocio.
Este conusionismo sobre si aquello del ol$lore deb!a ser ciencia o pasatiempo lo
originó el propio "achado.
*9
A mediados de este siglo las sociedades ol$lóricas desaparecieron por completo,
decayendo irremediablemente el inter0s por el ol$lore. 2iendo el romancero el único a
estudiar.
l folklore como la otra %istoria de la cultura.
Espa4a es de los pa!ses Europa que cuenta con las m)s antiguas recopilaciones de
cultura popular pero no queda rele=ado en estas crónicas ya que son del s. >:>, ni de la
actitud de la elite intelectual hacia la popular 6recopilada en las centurias8 necesarias
para un me=or conocimiento de la historia cultural reconstruir con detalle.
Precedentes medievales.
Esa postura contradictoria del intelectual ante la cultura popular puede
apreciarse con claridad en algunos de los escritores espa4oles del s. >V
EL culto y lo popular conviv!an y drasticamente ueron separados en
virtud de códigos e incluso de lenguas distintas.
2e sabe que los mesteres de clerec!a y =uglar!a no se separaron de manera tan radicales?
que los =uglares tambi0n sab!an leer y escribir en muchas ocasiones? que hubo cl0rigos
+/
a quienes les gustaba 1a=uglararse5? que en las cortes de los
reinos peninsulares coincid!an =uglares, Alonso >
tuvo en cuenta a los =uglares al hacer las crónicas históricas de sus
antepasados. E=emplos@ las 'antigas de 2anta "ar!a, el Arcipreste de Aita.
Aumanismo y Benacimiento@ dierenciación e inter0s hacia lo popular
A inales del siglo xv, y se desarrolló una l!rica trovadoresca artiicial. 2e tomaron
melod!as y temas de las canciones populares al tiempo que inluyeron grandemente en
lo que el pueblo cantaba.
En el renacimiento, hay un trasiego en las dos direcciones y cuando los poetas de=aron
de ser músicos, lo popular y lo culto se distancian y en el siglo >:> es cuando aparece
un paralelismo entre ambas..
+,CC
a que los humanistas relexionaban con plena conciencia sobre el pa;
pel de la cultura y lo que 0sta habr!a de ser en la historia de los pueblos,
volvieron la mirada ;aún sin demasiados pre=uicios; hacia unos conoci;
mientos que ellos emparentaban con la antigua sabidur!a del.mundo cl)si;
co. Ese mundo que pasó a constituir para los intelectuales de aquel tiempo
un modelo de excelencia al que imitar.
El "arqu0s de 2antillana habla, as!, en su 'arta;Prohemio, de 1los
cantares e romances de que las gentes de baxa e servil condición se ale;
gran5 o de 1aquellos que sin ningún orden, regla ni cuento acen estos ro;
mances y cantares5, pero ;por otra parte; incluye g0neros, temas e in;
cluso versos extra!dos de alguna canción popular en sus creaciones
po0ticas y reali%a 6por encargo de Duan ,, de 'astilla8 una de las primeras
recopilaciones de proverbios de la cual se tiene noticia@ los Beranes que
dicen las vie=as =unto al uego. .
En el siglo xv prolieraron, por otro lado, las recopilaciones de cancio;
neros cortesanos que incluyen los diversos tipos de canto que dentro de
los c!rculos m)s cultos se interpretaban entonces, siendo di!cil determinar.
, ;en algunos casos; lo que sus textos y melod!as pueden deber a la cul;
tura popular.
En general, tanto en las canciones hechas en verso corto como en los
decires, m)s discursivos y largos, predomina lo artiicioso, un ormalismo
lleno de =uegos retóricos que halaga los o!dos.
El 'ancionero de Eaena, el de Palacio, el de 2tú4iga, el de Aerberay
Fdes Essarts, rele=an los gustos de las cortes castellanas y aragonesas y han
sido conservados en copias manuscritas, si bien el m)s tard!o 'ancionero
general de Aernando de 'astillo ue ya impreso en ,.,, y conoció des;
pu0s diversas reediciones.
los siglos dorados@ la eli% interinluencia
@?
G
c
i Antes de ,../ se imprime el 'ancionero de romances compilado por "ar;
Hc un Iucio, quien aplicó en su traba=o criterios de corrección y perecciona;
c miento muy seme=antes a los que encontraremos en los ol$loristas del si;
HJ glo >:>. Kice, por e=emplo, en el prólogo de su, obra sobre las versiones por
HH 0tutili%adas@ 1Puede ser que alten algunos 6muy pocos8 de los romances
L@ ;
vie=os, los cuales yo no puse o porque no han venido a mi noticia, o por;
que no los hall0 tan cumplidos y perectos como quisiera, y no niego que
en los que aqu! van impresos habr) alguna alta, pero 0sta se debe imputar
a los e=emplares de donde los saqu0 que estaban muy corruptos, y a la la;
que%a de la memoria de algunos que me los dictaron que no se pod!an
acordar de ellos perectamente5.
Mras la recopilación de Iucio editada en Amberes, otras muchas colec;
ciones de romances vieron la lu%, siendo la diusión de este g0nero abierta;
mente avorecida por la novedosa actividad de las imprentas. 2i hasta en;
tonces el romancero hab!a circulado en labios de =uglares y, luego, de
boca en boca, ahora los pliegos de romances lo llevar)n por todos los rin;
cones del mundo hisp)nico.
En ,../ se publicó la 2ilva de varios romances en Narago%a y en ,<//
el Bomancero general, que impreso por primera ve% en "adrid y reeditado
en ,</* y ,</L ue ampliado con una segunda parte en la edición de Va;
lladolid de ,</.. En ,<*, y ,<*- se publicaron, tambi0n, la primera y se;
gunda parte de la Primavera y lor de ,/. me=ores romances en la capital de
Espa4a.
El humanista Duan Vald0s escribió en su Ki)logo de la lengua, a propó;
sito del romancero, unos p)rraos que rele=an el inter0s y atracción que los
intelectuales de su tiempo experimentaban hacia este tipo de poes!a. la
ascinación ;como veremos; sucedió a los reproches ormalistas de un
"arqu0s de 2antillana, aun cuando los recopiladores sigan pensando que,
a menudo, este g0nero popular precisa de correcciones y enmiendas que
le doten de mayor reinamiento.
los criterios de recopilación y el mismo inter0s por recoger romances
obedec!an, pues, a una orientación m)s est0tica que cient!ica, al igual que
iba a suHHder con los ol$loristas decimonónicos que se ocupar!an de estas
:compO2:':ones.
Kice Vald0s@ 1y siendo as! que la gentile%a del metro castellano con; P
siste en que de tal manera sea metro que pare%ca prosa, y que lo que se es; G
cribe se dice como se dir!a en prosa, tengo por buenos muchos de los ro;
mances que est)n en el 'ancionero general? porque en ellos me contenta Q
aquel su hilo de decir que va continuado y llano5. Esta tersura o supuesta ,@
natura,idad del romancH, que procede, sobre todo, de su con; =
dicionamiento por la oral=dad en que ha vivido y aún se conserva, habr)G
H
de ser igualmente estimado por recopiladores ol$lóricos y artistas de todas
las 0pocas.
La utili%ación de este g0nero que, tras las colecciones eectuadas so;
bre 0l por los romancistas de los siglos >:> y >>, llevar)n a cabo poetas
contempor)neos como los de la &eneración del *9 orece cierto paralelis;
mo con la remodelación del romancero que ya hab!an reali%ado en su
0poca los poetas cultos de nuestro 2iglo de Oro. A partir de la segunda
mitad de esta centuria, se produ=o una verdadera moda literaria en torno a
los romances que provocó la creación de nuevos tipos y estilos romanc!s;
ticos@ ese con=unto de composiciones que se ha dado en llamar 1roman;
cero nuevo5.
Lope de Vega y &óngora, entre otros muchos poetas cultos, compu;
sieron magn!icas obras dentro de este g0nero, que ya hab!a atravesado
por un progresivo pereccionamiento de sus aspectos ormales. En esa
m0trica y rima deinitivamente i=adas tambi0n vertieron sus inspiracio;
nes nuestros m!sticos, 1volviendo a lo divino5 vie=os romances de amor
proano.
Pero los humanistas espa4oles no sólo se interesaron por los can;
tos populares, yen los siglos >V: y >V:: se sucedieron una serie de libros
en torno a los saberes ol$lóricos, como la 2ilva de varia lección, que
editó en ,.L* Pero "ex!a, la Philosophia vulgar, de Duan "al de Lara,
impresa en 2evilla en ,.<7, la 3loresta de apotegmas y sentencias sa;
bia y graciosamente dichas de algunos espa4oles, de "elchor 2anta
'ru% de Kue4as, publicada en ,.9L, o Los d!as geniales y lúdicros, de
Bodrigo 'aro, tempran!simo ensayo europeo sobre =uegos y iestas de
la cultura popular eruditamente contrastados con otros de la antigRe;
dad cl)sica.
2in olvidar la inormación que sobre los mismos temas nos propor;
cionan los diccionarios human!sticos, como el Vocabulario de &on%alo
'orreas o el Mesoro de la lengua castellana de 2ebasti)n de 'ovarru;
bias.
Aay autores tambi0n que, como Duan de Mimoneda, coleccionaron y
recrearon a un tiempo diversos materiales ol$lóricos@ romancero en la
Bosa de romances, cuentos en El sobremesa y alivio de caminantes, El
buen aviso y porta cuentos o El patra4uelo? y otros que, como Enrique
'oc$, consignaron importantes reerencias etnogr)icas en torno a la so;
ciedad de la 0poca en sus escritos cortesanos sobre los via=6@Fs ,,S,llcF, ,,F
lipe ,,.
La 0poca del Earroco se nos presenta como un tiempo en que ,,8 6 ::::,:
T lo popular est)n continuamente interpenetr)ndose en un marco 6UtF l:lG,G
gran luide% cultural. Es el momento en que los autos sacramentales 2:F
convirtieron, a pesar de la comple=idad ormal de estas obras, en espectl,;
culos verdaderamente populares y en que los cultismos de los poetas m)s
minoritarios llegaron a impregnar las ormas de expresión del lengua=e co;
tidiano.
El arte se desenvolv!a en un clima de proundo simbolismo, compar;
tido por la mayor parte de la población, de modo que pintores y escrito;
res se serv!an con naturalidad de un código sem)ntico que hoy nos
cuesta descirar pero que sus coet)neos entend!an sin demasiadas dii;
cultades.
La novela picaresca, g0nero genuinamente espa4ol y claro prece;
dente de la novel!stica moderna, incorporó en sus relatos todo un cat);
logo de temas y recursos extra!dos del ol$lore. Los autores de teatro
m)s se4eros, como Lope de Vega o 'alderón, incluyeron en sus obras
asuntos y motivos legendarios e, incluso, versos y canciones tomados de
la tradición oral.
"iguel de 'ervantes mane=ó con recuencia temas ol$lóricos, como el
que da pie al Betablo de las maravillas ;ya comprendido entre los cuen;
tos morales del :nante Kon Duan "anuel;, y recogió tambi0n en su m)s
amosa obra, El Vui=ote, no pocas reerencias a creencias, supersticiones,
dichos y cuentecillos populares.
Io es de extra4ar, dada la mutua inluencia de las distintas tradicio;
nes culturales, que ;durante este periodo; se publicaran versiones abre;
viadas de los poemas y obras de teatro de los escritores m)s amosos den;
tro de un cauce tan populari%ante como el de los pliegos de cordel. Males
ediciones se prolongaron hasta bien iniciado el siglo >V:::, lo que demues;
tra que el gusto de las masas permanec!a iel al esp!ritu barroco aunque
las elites ya se hubieran despla%ado hacia planteamientos dierentes y, en
gran medida, contrarios.
El 2iglo de las Luces@ curiosidad y represión
En el siglo >V:::, los intelectuales m)s signiicativos se inclinaron, en Espa;
4a, a avor de la moda neocl)sica que ven!a de Europa y, especialmente,
de 3rancia. 2u actitud respecto a lo popular varió considerablemente en
comparación con la eli% promiscuidad que hab!a caracteri%ado a 0pocas
anteriores. A partir de ese momento, se pretendió 1reormar5 al pueblo y
:levarlo hasta las nuevas luces de la ra%ón, por lo que las 0lites persiguie;
ron sin desmayo las supersticiones y costumbres que, a sus o=os, aparec!an
como b)rbaras y disparatadas.
Ke manera indirecta, los ilustrados nos proporcionaron, no obstante,
abundante inormación sobre las tradiciones y costumbres populares de
aquella centuria, ya que, en su intento de erradicar estas maniestaciones,
las locali%aron y describieron con gran detalle. Wn magn!ico e=emplo de
seme=ante parado=a lo tenemos en el Meatro cr!tico universal, de 3ray Eeni;
to =erónimo de 3ei=óo. En el ondo, ese mismo enoque según el cual se
cons.ignan los tipismos del ol$lore en el convencimiento de que deben de;
saparecer ;por arcaicos y atrasados; de la vida actual, persiste aún entre
muchos ol$loristas.
Mal concepción motivó obras tan inmersas en la cultura popular como
la "emoria para el arreglo de la polic!a de teatro y espect)culos, de &aspar
"elchor de =ovellanos, quien tambi0n se aproximó en otros traba=os suyos a
lo etnogr)ico? por e=emplo, en su carta a Antonio Pon% donde se ocupaba
de la vida y costumbres tradicionales de los X6vaqueiros de al%ada5.
Por otra parte, Iicol)s 3ern)nde% de "orat!n, padre de Leandro, hab!a
dedicado sus esuer%os de historiador a elaborar su 'arta histórica sobre el
origen y progreso de las iestas de toros en Espa4a, digno precedente de las
muchas obras de autores espa4oles y extran=eros que se sucedieron, en los
siglos siguientes, sobre el tema taurino.
Aproximaciones como 0sta a lo popular rele=an otro aspecto de los
intelectuales y artistas del siglo >V::: que tampoco ha de ser olvidado@ la
atracción por el casticismo, el avillanamiento que se puso de moda entre
las clases elevadas ;principalmente despu0s de la expulsión de los ran;
ceses; y que pintores como &aya rele=aron de orma magistral. Es el
mundo de persona=es curiosos que, por otra parte, vemos en plena ac;
ción en los sainetes costumbristas de un Bamón de la 'ru%.
H
El romanticismo o el 1descubrimiento del pueblo5
En el siglo >:> ese gusto pasa=ero se convirtió en tendencia est0tica de gran;
des proporciones que impregnó todas las ramas del arte. El Bomanticismo,
en este sentido, se reveló como un movimiento europeo que devolv!a a Es;
pa4a ;pa!s rom)ntico por excelencia; el aprecio de sus peculiaridades
tan combatidas por los ilustrados.
Io es, sin duda, una coincidencia que Duan Iicol)s Eohl de 3aber, pa;
dre de la novelista 'ecilia, que irmó sus obras como 3ern)n 'aballero,
uera uno de los m)s destacados deensores de la introducción del Boman;
ticismo en Espa4a y que su hi=a recogiera ;si bien tratados 1art!sticamen;
te5; una variada colección de cuentos populares. Algo parecido hi%o Pe;
: dro Antonio de Alarcón al recrear en El sombrero de tres picos una historia
que circulaba ya, en distintas versiones, dentro de la tradición subliteraria
de los pliegos de cordel.
En el teatro rom)ntico, que siguió de cerca los modelos del drama ba;
rroco, volvieron a aparecer los temas legendarios nacionales, como se pue;
de comprobar revisando los principales t!tulos de la producción de un au;
tor t!pico del Bomanticismo@ Dos0 Norrilla.
Los escritores costumbristas como Dos0 2elgas y 'arrasco en sus 3rases
hechas, "anuel del Palacio y Luis de Bivera en su "useo cómico, Anto;
nio de Mrueba en sus 'antares y otras muchas obras, 2era!n Est0bane%
'alderón en sus Escenas andalu%as, o "esonero Bomanos, especialmente
en sus "emorias de un setent<n y en la revista 2emanario Pintoresco Es;
pa4oU;de la que ue undador; tambi0n recogieron abundantes alusio;
nes a la cultura popular y muchos datos etnogr)icos de la 0poca. En igual
sentido orece, hoy, gran inter0s la colección de Los espa4oles pintados
por s! mismos, en la que colaboraron los autores del costumbrismo m)s
próximos al ol$lore, como Antonio 3lores.
En los novelistas claramente rom)nticos, como los que cultivaron la
llamada 1novela histórica5, no altan tampoco las reerencias populares,
y buena prueba de la preocupación de estos escritores por lo ol$lórico
es que uno de los m)s notables, Enrique &il y 'arrasco, escribiera un li;
bro rebosante de interesante etnogra!a@ Via=e a una provincia del inte;
rior.
Pero ue Agust!n Kur)n, director de la Eiblioteca Iacional, quien reali;
. P .
les, hasta el punto de que una gran parte de las publicaciones sobre ol$lo;
re hispano va a estar dedicada, precisamente, a creaciones populares en
que la música =uega un importante papel.
En contrapartida, puede airmarse que la historia de la etnomusicolog!a
en nuestro pa!s se .ha sustentado casi de manera exclusiva, hasta 0poca
bien reciente, en esas variopintas recopilaciones de ol$lore musical y que
es ahora cuando la disciplina empie%a a abrirse paso en el )mbito acad0;
mico y sus practicantes comien%an a plantearse los ob=etivos y m0todos
de la misma desde una perspectiva cient!ica.
As!, =osep 'rivill0 ha escrito que 1la investigación de la música ol$ló;
rica de Espa4a est) en relación indirectamente proporcional a su rique;
%a5, aunque precise, despu0s, que tampoco se podr!a decir 1que aqu! no
se ha hecho nada y que todo est) por empe%ar pues no ser!a ni =usto ,/
primero ni cierto lo segundo y puede que nos llevara a desmerecer las
plausibles reali%aciones que han llevado a cabo tanto ol$loristas como
musicólogos y que han cristali%ado en las obras y estudios que a trav0s
de los autores y de las entidades nos permiten conocer, hoy, algo de lo
que debió ser aquel inmenso caudal de la música tradicional espa4olal
6'rivill0, ,-7,, p.,.,8.
Io obstante, 'rivill0 reconoce una evidencia que es susceptible de
extenderse, cambiando la materia recopilada, a todo nuestro ol$lore@
1Los estudios sistem)ticos, comparativos, globales, de sustancia y de len;
gua=e musical de nuestra música 0tnica orman todav!a una lista escu)li;
da a =u%gar por la importancia y por las posibilidades que los documen;
tos descriptivos que se poseen evidencian y orecen5 6'rivill0, ,-7,,
p)gina ,.*8,
Vui%) por ello 'rivill0 únicamente citar), a manera de hitos de laet;
nomusicolog!a en Espa4a, unas pocas publicaciones de autores nacionales
y extran=eros agrupadas de acuerdo con las tem)ticas que, a continuación,
se rese4an.
a8 Obras sobre actores generales de la etnomusicolog!a espa4ola
En este apartado, 'rivill0 menciona traba=os como el 'ancionero musical,
de Pedrell 6Earcelona, Eoileau, ,-,7;,-**8, el de =. E. Mrend sobre Mhe
"usic o 2panish Aistory 6Oxord, ,-*.8, o el libro "úsica popular espa;
4ola, de Eduardo Lópe% 'h)varri 6Earcelona, Labor, ,-*98. Mambi0n se re;
iere 'rivill0 a diversos art!culos de Eduardo "art!ne% Morner, Desús Eal y
&ay, Arcadio Larrea Palac!n o "anuel &arc!a "atos, y a obras de car)cter
m)s general como El ol$lore de Espa4a, de D. ". &óme% Mabanera 6"a;
dridU ,-<78U que incluye un traba=o de Larrea sobre la música popular, y
3ol$lore espa4ol@ música, dan%a y ballet 6"adrid, 2tudium, ,-<-8U de Kio;
nisio Preciado.
b8Obras que recogen estudios sistem)ticos sobre la sustancia musical
'ita 'rivill0, dentro de este grupo de publicaciones, el temprano traba=o de
Melesoro de Aran%adi A propósito de algunos .U7 laponeses y castellanos.
Euscapi0 de lort%icos y ruedas 6Pars, ,-,/8 y las aportaciones de Besurrec;
ción "H de A%$úe, de Dos0 A. de Konostia, de A. de 2antiago y de I. Or;
maechea en torno a la música popular vasca. La canción tradicional cata;
lana ha sido estudiada por Dosep Earber), 3rancesc Pu=ol y 3rancesc P.
Ealdelló, entre otros.
:gualmente menciona 'rivill0 el traba=o de Duli)n Bibera 1Ke música y
m0trica gallegas5 en el Aomena=e a "en0nde% Pidal 6"adrid, ,-*.8U el de
"arius 2chneider 1A propósito del inlu=o )rabe@ ensayo de etnogra!a mu;
sical de la Espa4a medieval5, publicado en el Anuario musical del :nstituto
Espa4ol de "usicolog!a 6vol. ,U ,-L<8 yU de nuevo, las investigaciones de
"art!ne% Morner y &arc!a "atos en este sentido.
'rivill0 tambi0n hace reerencia al interesante estudio de Aiginio An;
gl0s 1Belation o2panish 3ol$ 2ong to the &regorian 'hant5, editado en el
=ournal o the :nternational 3ol$ "usic 'ouncil 6núm. ,<U ,-<L8.
c8Obras sobre las ormas musicales de la música tradicional
ii@
.Hrivill0 cita algunos traba=os de ". Arnaudas, &. Eolyston y Larrea sobre la
=ota, y los de Aipólito Bossy, Bicardo "olina y Antonio "airena, o &arda
"atos sobre el cante =ondo y el lamenco. Larrea, en su &u!a del lamenco
6"adrid, Editora Iacional, ,-9.8 y Anselmo &on%)le% 'liment en Eiblio;
gra!a del lamenco 6"adrid, ,-<.8 han reunido, por otra parte, una amplia
?inormación bibliogrF)ica sobre,lamencolog!a?.F
; Glit,?Q , .
d8 Obras sobre enómenos de interrelación
En este grupo iguran traba=os como el de "anuel &arc!a "atas titulado
Aclaraciones sobre algunos de los inlu=os que en el 1cante lamenco5 ha
e=ercido la canción ol$lórica hispanoamericana 6"adrid, ,-9*8 o el de
&eorge List que trata de 1A 'omparison o 'ertains Aspects o 'olumbian
and 2panish 3ol$sung5 : publicado en el Tearboo$ o the :nternational 3ol$
"usic 'ouncil 6núm. ., ,-9+8.
En el mismo apartado podr!a incluirse la mayor parte de la$ investiga;
ciones publicadas sobre música seard!, como las de :srael #cit%, Alberto
Aemsi o Arcadio de Larrea, ya que ;en general; estos estu
lios se cen;
tran en la relación de aquellas maniestaciones musicales con a tradición
oral espa4ola.
e8 Obras que se ocupan de las transormaciones y variabilidad de la músical tradicional ;
Aqu! encontramos aportaciones de "iguel Vuerol con 1El villano de la
0poca de 'ervantes y Lope de Vega y su supervivencia en el ol$lore con;
tempor)neo5, en Anuario musical 6vol. >:, ,-.<8, de &arc!a "atas, 1Pervi;
vencia en la tradición actual de canciones populares recogidas en el siglo
>V: por 2alinas en su tratado Ke "usica libri septem5, tambi0n en Anuario
musical 6vol. >V:::, ,-<+8, T de Duan Mom)s, en la misma publicación, 1Las
, variantes en la canción popular5 6vol. >:V, ,-.-8.
:
n Obras que tratan de la presencia de elementos.de la música tradicional espa4ola
en las grandes obras musicales
2obre este tema han traba=ado Pedrell, 2chneider y Vuerol, centr)ndo;
se todos ellos en la huella de la canción popular dentro de la música espa;
4ola del siglo >V:. "anuel &arc!a "atas estudió, por otro lado, la inluen;
cia del ol$lore en un músico contempor)neo@ "anuel de 3alla.
g8 Obras sobre organolog!a popular
Este apartado es de los me=or nutridos en cuanto a número de traba=os.
3or%oso resulta citar, otra ve%, los nombres de Pedrell, Konostia, 2chneider,
Mom)s y &arc!a "atas que tambi0n se ocuparon del campo de los instru;
mentos tradicionales, y a reputados ol$loristas y etnógraos como Doan
Amades, B. Violant y 2imorra, o Luis Pericot. En 0poca reciente Lóthar 2ie;
mens Aern)nde%, en 'anarias, y Doaqu!n K!a%, en 'astilla, han reali%ado
algunas incursiones sobre el mismo tema.
h8 Estudios de clasiicación sistem)tica
'rivill0 cita en este grupo el traba=o de 3rancesc Pu;ol 1'lasiicación de las
músicas populares5, editado en el Anuario musi ; ..;/
Doan Amades GG"úsiFrl pnplllrlr H ml!Hica ol$lórica
el mismo Anuario 6vol. >V:, ,-<,8. El propio 'riv
sayo de an)lisis y clasiicación de la música tradi
pp. ,<,;,<<8.
En el presente apartado, aunque tambi0n en r
obras incluidas en; el grupo dedicado a los 1estud
sustancia musical5, debemos citar otro complet! e
publicado en el volumen 9 de la Aistoria de la mús caFespa4ola con el t!tu;
lo de El ol$lore musical 6,-7+8.
:dióonos
; Entrechocados@ Palillos, pitos, casta4uelas, te=oletas, platillos, cucharas, pie;
dras.
; 3rotados@ Eotella, sart0n, ginebra, tabla de lavar.
; Percutidos@ Aierros, almire%, mortero, carraca, matraca, nue%, caldero, tabli;
llas, campana.
; Punteados@ Mrompa de boca.
; 2acudidos@ 'ascabeles, sona=as, esquilas, campanillas, cencerro.
Aeróonos
; 3rotados@ Numbador, bramadera.
; 2oplados sobre tubo o recipiente@
; Ke boquilla@ 'uerno, caracola, trompeta, bocina.
; Ke pico de bisel@ 3lauta + ag., pito de ca4a, pito de llaves, ocarina.
; 2in lengReta@ &Rito, silbo, llave, %ampo4a, castrapuercas, c)ntaro.
; Ke lengReta enrollada@ 2onador, ho=a.
; Ke lengReta simple@
; 2oplo directo@ &aita de centeno?
; 2oplo indirecto@ &aita serrana, acordeón, órgano, chilla.
; Ke lengReta doble@
; 2oplo directo@ Kul%aina, requinto, chirim!a, chila.
; 2oplo indirecto@ &aita de odre.
:
'ord)onos :
; 3rotados@ :
; 'on arco@ Babel, viol!n.
; 'on rueda@ Namona.
; Percutidos@
; 'on un palo@ 2alterio.
; 'on madllos@ Piano mec)nico o manubrio.
; Punteados@
; 'on dedos@ &uitarra.
; 'on plectro@ Laúd, bandurria, mandolina.
"embranóonos
; 3rotados@ Nambomba.
; Percutidos@
; 'on la mano@ Pandero, pandereta, pandero cuadrado.
; 'on baqueta@ 'a=a, tamboril, tambor, bombo.
; 2oplados@ "irlitón.
:Principales debates en torno
rF; a la etnomusicolog!a
"usicólogos y etnomusicólogos
El punto de ruptura entre los musicólogos historiadores y los etnomusicólo;
:gas estriba ;según ha escrito Erailoiu; en que los primeros recha%an
todo documento oral y los otros desde4an todo lo escrito 6Erailoiu, ,-9+,
p. ,+,8.
Algo seme=ante ha sucedido con los estudiosos de aquellas produccio;
nes literarias ligadas a la música, como la 0pica o la balada. En este campo
se mantiene desde hace tiempo un enconado debate entre los individualis;
tas, que únicamente traba=an sobre documentos escritos creyendo que las
obras literarias por ellos anali%adas se deben a un solo autor, y los neotra;
dicionalistas, que deienden la importancia del proceso oral y de la autor!a
colectiva dentro de esas creaciones.
'omo muy bien se4ala Erailoiu, 1la música no escrita ;o popular;
ha alimentado a la escrita desde, por lo menos, el siglo >::: al xx5 6Erailoiu,
,-9+, p. ,+*8, por lo que la etnomusicolog!a puede aportar claridad, con
sus documentos orales, tanto al problema de los or!genes de la música
como al de su evolución posterior. 2in embargo, esa necesaria revisión de
las perspectivas musicológicas que la implantación de la etnomusicolog!a
exige se encuentra aún en una ase incipiente.
2ólo la progresión por esa v!a nos permitir) estudiar la música en su
dimensión universal y como hecho social !ntimamente ligado a cada cultu;
ra, pues, de acuerdo con las airmaciones de Erailoiu, no se ha descubierto
en ningún lugar del mundo una sociedad que, por primitiva que sea, igno;
re lo musical.
Keben ser superados, por otra parte, los criterios est0ticos de car)cter
etnocentrista según los cuales todav!a algunos musicólogos se resisten a
admitir que las músicas que Hstud=HnQG los Hmbmusicólogos mere%can el
nombre de música. El ob=eto de ta etnomQusitolog!a Qno estar!a en una 1pre;
música5 anterior e inerior@a,la @música occidental,Fsino ;entre otras co;
.. Q c
sas; en el estudio corriparativó de toda música, ya que ;como ha escrito H,
&ilbert Bouget; una musicolog!a verdaderamente cient!ica 1no puede ser.
m)s que musicolog!a comparada5 6Bouget, ,-<7, p. ,++-8. ;,
S?;;;Q HFcH
c
Etnomusicólogos y antropólogos
En este sentido, la postura de 'hristopher 2mall, que se coloca ;por as
decirlo; desdeluera del )mbito musical europeo para estudiar la música
en su con=unto como parte de la sociedad yQde ,a educación, resulta espe;
cialmentealeccionadora. En eecto, como 0l airma, el an)lisis de las músi;
cas de otras culturas puede, adem)s, 1orecernos un espe=o gracias a, cual
:tegar a ver, o me=or dicho a o!rccon m)s claridad nuestra propia música y
a apreciarla me=or, no sólo en cuanto experiencia est0tica, sino tambi0n
como una institución y una uer%a potencial en el seno de nuestrasocie;
dad. 62mall, ,-7-, p. L,8.
La relación entre musicolog!ay etnolog!a, primero, y entre aqu0lla y la
antropolog!a, m)s recientemente, ha de enriquecer tanto a una como a
otra, ya que palabra y música son con recuencia inseparables en gran par;
te de lasmaniestacionescolectivaside distintas sociedades?
La música de la que los etnomusicólogos se vienen ocupando, por otro
lado, no es;comoen,el )mbito europeo culto; cosa de unos pocos para
otros pocos o para una mayor!a que m)s o menos la acepta? de acuerdo
con Qlo ya apuntado por &ilbert Bouget, la música estudtada por la etnomu;
sicologia constituyeuna,realidadGcompartida, algo en que participa lama;
yor!a de miembros de una comun!dadenctodastasocasiones..importanteso
dram)ticas de su existencia.. EnFdeinitivar y como airma Bouget, esta mú;
sica equivale auna1ormadeser5@6,-<7, p...,DLV8.
En t0rminos parecidos )Qlos anteriormente..comentados,Alan P. "e;
rriam, uno de los etnomusicólogos que m)s se ha interesado por los pro;
blemas de teor!a y m0todo en su disciplina, se plante,a cu)l deber!a ser
exactamente la importancia y el papel a =ugar por la antropolog!a dentro
de los estudios etnomusicológicos.
Para "erriam, la etnomusicolog!a es una disciplina netamente antro;
pológica cuyo ,moment)neo abandono por parte de los antropólogos se
debe, undamentalmente, al 0nasis que la antropoiog!a moderna ha puesto
en la revisión de los m0todos etnológicos y en otros aspectos como la es;
tructura social o económica. 2in embargo, y tras ese desinter0s coyuntural
hacia la música u otras maniestaciones consideradas como art!sticas, la
antropolog!a habr!a de incorporar plenamente entre sus ramas el estudio
de las creaciones musicales.
Etdebate entre arte y ciencia dentro de la musicolog!a
,En la opinión de "erriam, la oposición entre arte y,ciencia social que algu;
nos autores imaginan desde la perspectiva de la musicologia tradicional no
tiene sentido dentro de la etnomusicolog!a, pues esta disciplina no ha de
interesarse tanto por Flas creaciones de la obra art!stica como por Flos pro; :
bDemas que debe arontar el artista en el momento en que compone su
obra y en las unciones del arte,
El etnomusicólogo;según "erriam; no se ocupa de lo cualitativo ni
de lo est0tico, por lo que debemos distinguir entre el proceso creativoy su
estudio? el etnomusicólogo investiga y se esuer%a por comunicar aquello
que deinimos como conocimiento!as! que sus ines, por tanto, son mucho
m)s cient!icos que art!sticos 6"erriam, ,-<L, pp. +9 T +78.
, Problemas de deinición de la etnomusicolog!a
'on buen criterio, Alan P. "erriam ha se4alado que la etnomusicolog!a no
debe ser deinrda por lo que Flos etnomusicólogos hacen, sino que;aG
contrario;habr) que deinir, primero, lo que la etnomusicolog!aes 6o de;
ber!aser8, y determinariuego qu0 se supone que hace o tiene que hacer el
t Fetnomusicólogo,6"erriam, ,-99, p. ,7-8.
6@@H 2i deini0ramos la etnomusicolog!a únicamente por lo que es o ha sido
Gi@F
gH; ;y no por lo que queremos que sea 6la otra manera de encarar el proble;
H, .
ma8H podr!a bastar la descripción de lo que los etnomusicólogos general;
mente hacen para contestar de modo m)s o menos satisactorio a la pre;
gunta de en qu0 consiste la disciplina.
Ta que la deinición de la etnomusicolog!a y de su campo de estudio
ha ido transorm)ndose desde que apareció oicialmente, parece imponer;
se esa segunda orma de deinirla@ qu0 deber!a ser, en nuestra opinión, la
etnomusicolog!a.
Kecir, con "antle Aood, que 1el tema a estudiar por los etnomusicólo;
gos es la música5 6Aood, ,-9,, p. +8 no resuelve el problema, pues ;
como apunta "erriam; habr!amos de deinir entonces el concepto de
música de manera que resultara v)lido para toda cultura, ya que la etno;
musicolog!a pretende ser una disciplina transcultural.
Por otra parte, cualquier somero an)lisis de lo que se publica sobre et;
nomusicolog!a en las revistas especiali%adas nos revelar) un variado pano;
rama de intereses 6"erriam, ,-99, p. ,-.,8P as! que deinir el campo por lo
que los etnomusicólogos hacen o escriben parece tarea excesivamente
complicada.
Lo que tambi0n se aprecia consultando la bibliogra!a de tales pu;
blicaciones ;en especia.l norteamericanas; de los ú.ltimos a4os es que
se ha pasado, cada ve% m)s, de citar obras exclusivamente musicológi;
cas a las reerencias de las obras antropológicas m)s relevantes del mo;
mento. .
Becogiendo los ensayos de deinición m)s tempranos, como el de
'uido Adler.en ,77., u otros que datan ya de los a4os treinta y cuaren;
ta, "erriam se4a.la que durante ese Ftiempo la etnomusicolog!a ha sido,
para la mayor!a de sus practicantes, una 1musicolog!a comparativa5 que
estudiaba la música de los pa!ses no europeos y la música ol$lórica de
Europa, o ;dicho de otra manera,;;; .la música transmitida por tradición
oral.
La primera acepción,. sin embargo, ue la predominante, aunque a me;
nudoapare%ca,combinadacon.la otraQcOehecho existe, en la relación en;
tre ambas acepciones, un problema de base@ si .lamús=canoeuropea y la
música ol$lórica de nuestra propia sociedad pueden ser englobadas den;
tro de un mismo tipo, el de la música dendminada con el t0rmino, por lo
dem)s muy cuestionable, de tradicional o de tradición oral.
;
Kiversas maneras de deinir la disciplinaetnomusicológica
Para "erriam., la mayor!a de las deiniciones que se han ensayado hasta el
momento siguen girando en torno a unos pocos aspectos, por lo que podr!;
an incluirse en dos grandes grupos, sea cua, sea Fel punto sobre el que cada
uno pone m)s 0nasis.
a8 Las deiniciones de la primera clase se centran en la música que va
a ser estudiada ;de 1pa!ses no europeos5, de 1uera de nuestra sociedad5,
de 1otras culturas5; o en el tipo de música, de tradición oral 6al que se
hace coincidir con las %onas antes se4aladas8.
Esta última identiicación es claramente rebatible, pues como apuntan
otros autores 1todas las tradiciones musicales emplean un importante com;
ponente de tradición oral5 6Iettl, ,-9.U pH <-8 yU por otra parte! en la tradi;
ción de esas otras culturas s! conviven en muchos casos, la música oral y
la escrita.
Las deiniciones de esta primera clase suelen reerirse tambi0n al modo
de estudio, 1la musicolog!a comparada5, como si este m0todo uera espe;
c!ico de su disciplina, cuando ;de acuerdo con "erriam; 0sa ue una
metodolog!a que, en su momento, resultó revolucionaria y signiicativa
dentro de la musicolog!a tradicional, pero que hoy no sirve para caracteri;
%ar los estudios etnomusicológicos.
Este autor se4ala incluso cómo el t0rmino de 1musicolog!a com;
parada5, en cuanto sinónimo de etnomusicolog!a, ha ido cayendo en desu;
so 6"erriam, ,-99, pp. ,-, T ,-*8.
b8 Wna segunda clase de deiniciones, que supone una cierta ruptura
con las posturas del pasado, pondr!a su oco de atención no en la música
que va a ser estudiada, sino en cómo va a serio, es decir, en la orma de es;
tudio 6,-99U p. ,-98.
As!, Aood y el propio "erriam han ido indicando que la etnomusico;
,/g!a no deber!a limitarse al an)lisis de la música 1primitiva5 o 1no occi;
dental5 y que, por el contrario, habr!a de centrarse en 1la investigación del
arte de la música5 6Aood, ,-.98 o en el 1estudio de la música en la cultu;
ra5 6"erriam, ,-</8.
La necesidad de una redeinición de la etnomusicolog!a F HHt,@
Lo que parece claro es que la etnomusicolog!a no podr) precisar su m0to;
do y t0cnicas si antes no enmarcasatisactoriamente su campo de;iraba=o
y el enoque que se quiere dar al mismo. En este sentido, "erriam ;el te;
órico de la disciplina que me=or ha sistemati%ado las diversas aproxima;
ciones; concluye, acertadamente@ 1Las deiniciones de la musicolog!a
comparativa y laetnomusic/,/g!a aqu! citadas, rele=an sus etapas y el
pensamiento de quienes las proponen, como era de esperar. "irando ha;
cia esas deiniciones con perspectiva histórica,. aprendemos algo no sólo
de la historia de nuestro campo de estudio, sino tambi0n de su desarratlo
intelectual. Io dudo que nuevas deiniciones de la etnomusicolog!a Fcon;
tinuar)n siendo propuestas y que 0stas igualmente rele=ar)ncla creciente
madure% de ,a disciplina y de quienes la practican5 6"erriam, ,-99, p)gi;
na,-78.
. H:::::
v
El concepto de etnomusicolog!a, hoy@
la música como cultura
FrF .
Q,
,Evolución teórica de ,aetnomusicolog!a
Besumamos cu)les han sido las circunstancias T etapas que, a grandes ras;
gos, condicionaron y aún condicionan el concepto y deinición de laetno;
musicolog!a.
'omo hemos podido comprobar rev.isand-?su historia, los estudros,et;
nomusicológ!coshan seguido una trayectVlaque es paralela ;aunque
algo m)s lenta; queH:propio proceso de implantación de la antropolog!a
en cuanto disciplina0ient!ica.
.
Primera etapa@ una rpusicolog!a de las otras?músicas ??Q.,cQF@.. @.F.
,
H :nicialmente,.Da 0etnomusicolog!a Hómolaetnolog!a para aspectos m)s glo;
G@ bales,?;surgHY;a manera de rama meHoM?ycasivergon%anteqe,.amusicolog!a
H en cuaHt680H=,storia de la 1gran <,úsica?5? la etnomusicolog!a?dentro de ese
HF ,planteam8ento, habr!a nacSdopaa@e2tudiar .DamúsicadeDasculturas exóticas
HF Syprimltivas quealgunosn!slqu,tHra@consideraban verdaHcHrH.música.
H ?QF0 Kespu0s de un,rempóenqueF:H etnomus.icolog!aPy?F@eAol$lore musical
Hl recorren caminos pare=os pero distintos comodisciplilMasF?FHqúe se ocupan,
H? respectivamente, de ,a ?músicade,los 1salva=es de dentro5 ,y de 1..Sos? salva;
H, @=es deDuera5?ulMacy. otra dis0iplina terminanpor0coincidir. ?
:SH?QF. @,@c ,,@,,F6; c @,. .;.,F@
Q.. F.. F@@;?/.. Qc?@,.F.F
6iQFc.., ? c .. ,? .,F .. ?
@,?FtZ? FQ2egún hemos visto a trav0s de escritos como los de Erailoiu, el ol$lore
;HQ.,
/YY/YF . ;;H.H.vFQF
musical es Fidentiicado 'On la etnomusicologa y ya muchos autores no
creen que lo caracter!stico de esa música ol$lórica sea su car)cter de arte
.HHV,p?el?D @FqHH Ce?o crea y
transmite@cFomFl!FhlHn Flbs
1no culta5 y a laHF.,sp,ciedHde[ltaV,ada,s1PDimitivas,Ft.? @, H
,o,Q,;QQQ@?,,FQQFQQQ,c,,.,QQQ /F/...
Mercera etapa@ una musicologa de los procesos de creación y transmisión musical
Modav!a, tal y como comprobamos en los textos de Erailoiu, se liga a los
campesinos con los primitivos, pero ya se piensa que la etnomusicolog!a
debe estudiar las producciones de ambos y, m)s all) del producto, el pro;
ceso creativo, independientemente de@los criterios est0ticos que@ hab!an
pre=uiciado el acercamiento a las otras músicas a=enas a la 1gran tradición5
de Occidente. @/F ,?
, El paso siguiente ser) evde la aproximación antropológica FHal me;
nos en teor!a; a cualquier música, incluidas las músicas consumidas
por las masas en las grandes urbes o esa músicao8HenominadaQ1d)si;
ca5Hperteneciente a la corriente que Bobert Bedieldllamó 1gran tradi;
ción5 6Bedield,..,?-</8H F
@H @ o @@@Q
Wna nueva deinición del campo de estudio;,? @@ ?t?@F @H,H@,QF.@o YF?/
Este
quelaoetnomusicolog!a??disciplina dirigida hacia el an)lisis de?esosproce;
sos, ha de?c0ntrarseenlamúsica@ dentro de Dacultura@y, Hsobretodo= ,en Fla
1música como cultura5 6"errram?D-N9.,FQ.@p.F,-98iy F, ?@. c@, ;Q ..i, F
2u car)cter eminentementecantropológicoQ quedaPGas!Poaclaradopor
completo \,yF "erriam @?.P@;entendiendo queo debe Fsuperarse el concepto de
1musicolog!a icomparada5?Q hablai,srn ,ningún@comple=o, de una 1antropo;
log!adela música5 @para reerirse@a la etnomusicolog!a. @
2egún Iettl, una ?de?.las@deinicionesposib.les de., 0sta? de=ando..a un
lado aquellas que nos la presentan como rama de la antropolog!a, de la
musicolog!a o como campo interdiscip.l inario,.?c consiste ,en F@airmarqueDa
:etnomusicolog!H 1es lo que toda la musicolog!a deber!a ser5 6IettlG ,-7+,
p..@+8?,,.?,,?Hoi,@iFP,@@YJ@H???;@ ;oH?rFi??FQ@F@S?.FHQoQQ@??Qo,,F?H8HF,F@H??@?@QH?@iH
G
;;
Aacia una antropolog!a de todas las músicas
lo verdaderamente importante de los planteamientos conque algunos teó;
ricos de esta materia se enrentan ;ahora; a0lla radica en esa nueva vi;
srónque hemos constatado e]"errram y,Iettl@yanose trata de deinir la
disciplina porellogaralqlie pertenece la música o por los Fque la transmi;
ten.
2e trata de estudiar toda la música ;es de suponer que la considerada
como 1culta5 tambi0nF;; con los m0todos comparativos deta etnomusico;
log!a, sin pre=u%gar la bondad de una música respecto a otras o sus m0ritos
para que se la estudie? pero, undamentalmente, se trata de estudiar la mú;
sica en su contexto, como integrante de una cultura y de una sociedad. En
suma, delestudioantropológico del enómeno musical.
Este proceso transormativo sobre el supuesto ob=eto de an)lisis ha te;
nido lugar, de manera muy parecida, dentro,.de la antropolog!a. Para hacer
antropologa no hay que estudiar necesariamente ni las otras culturas que,
en tiempos, ueron consideradas como atrasadas, ni tampoco las aldeas re;
motas.
2e puede y se debe investigar sobre nuestra sociedad urbana e indus;
trial, sobre nuestros barrios, nuestras )bricas y nuestras oicinas, aunque
en un principio pueda resultar m)s complicado. El estudio antropológico
de las artes en su vertiente culta, de la 1gran música5 y de .la 1gran literatu;
ra5, tambi0n habr!a de entrar ;por tanto; dentro de nuestro campo.
:
Kiversas l!neas de investigación
en ol$lore musical y etnomusicolog!a
:ncidencia de algunas corrientes ol$lóricas de investigación
en el desarrollo de la etnomusicolog!a
Kentro de las l!neas de investigación m)s utili%adas en etnomusicolog!a
coinciden vie=as y nuevas tendencias que responden tanto a la relación de
0sta con el ol$lore ;globalmente considerado; como a la evolución es;
pec!ica de la disciplina en cuanto a etnolog!a de la música.
Esa conexión deG ,ol$lore con la etnomusicolog!a proviene ;como ya
vimos; de muy antiguo y se ha mantenido? ininterrumpidamente, hasta
hoy. Io podr!a ser de otro modo si tenemos en cuenta la proximidad de
ambos campos de estudio y el hecho de que la etnomusicolog!a se ocupe,
principalmente, de un tipo de maniestaciones musicales que, en gran par;
te, se encuentran .l.igadasa la literatura oral.
Aunque según las tradiciones culturales el concepto deo.l.$lore y los
contenidos que abarca var!an de orma sensible, es precisamente con ese
aspecto de la recopilación e investigación de la literatura no escrita 6a me;
nudo unida al canto8, con el que los estudios ol$lóricos siguen estando
, m)s identiicados.
? FGF Becordemos, pues,Q a trav0s de la revisión que reali%ó el ol$lorista nor;
, leamericanoBichard ". Korson X,-9*8 de las m)s importantes teor!as y
H corrientes del ol$lore, algunas de las tendencias que m)s@han venido inlu;
H,,?FHyendoen la,discipl,naetnomusicológica a ,/ largo de su historia.
H i,H;@QF
la teor!a histórico.reconstruccionista
"uy próxima a la etnohistoria, esta aproxima'ión ue prousamente emple;
ada por los ol$loristas del siglo >:>, que buscaron en el ol$lore literario;
musical y en los materiales pertenecientes al ol$;lie la inormación que
les ayudara a reconstruir aquellos periódos históricos de los que ha queda;
do menos constancia o de los que resulta muy arduo encontrar datos escri;
tos.
El m0todo derivado de tal teor!a ser!a aplicado por los hermanos
&rimm al estudio de la literatura popular en su intento de reconstrucción
de la mitolog!a teutónica y, tras ellos, por ol$loristas brit)nicos y espa4oles
a sus respectivos cantos y narraciones de tradición oral.
Este inter0s reconstruccionista se centró, primeramente, en el paganis;
mo y, luego, a causa de la inluencia suscitada por la obra de Kar]in, en
la documentación, a partir de survivals actuales, de las m)s remotas ases
de la evolución humana, como los tiempos prehistóricos.
Ello explica la adscripción de la etHF^gra!a a los Kepartamentos de
Prehistoria en pa!ses como Espa4a y el predominio de la atención hacia la
denominada cultura material por parte de esos etnógraos;prehistoriadores.
Ke esta situación procede, tambi0n, la visión muse!stica que tanto ha pesa;
do en la aproximación espa4ola al ol$lore, al ol$;lie y a la etnomusico;
log!a en general.
Los brit)nicos de la 0poca victoriana, ascinados como estaban por la
búsqueda de survivals, demostraron un gran inter0s por la aplicación histó;
rica del ol$lore, siendo &eorge Laurence &omme el que m)s destacó en
la sistemati%ación de ese enoque con su 3ol$lore as an Aistorical 2cience
6,-/E8@
El debate sobre la historicidad del ol$lore y el grado de iabilidad que
puede concederse a la inormación contenida en la tradición oral ha impli;
cado a los practicantes de diversas disciplinas como arqueólogos, antropó;
logos, musicólogos o estudiosos de la Eiblia y de la antigRedad cl)sica.
En la actualidad, la discusión al respecto se ha visto reavivada por el
auge que han ido tomando los traba=os sobre historia oral en peque4as co;
munidades y la utili%ación por muchoH antropólogos de las llamadas 1his;
torias de vida5, que a veces :ncorporan en sus relatos biogr)icos leyendas
tradicionales ampliamente extendidas.
la teor!a histórico;geogr)ica
Esta tendencia, tambi0n llamada diusionista y considerada por algunos
m)s como un m0todo que como una teor!a, ue especialmente potenciada
por los estudios que la escuela inlandesa de ol$lore dedicó al origen y di;
usión de los cuentos y de la 0pica oral.
El ob=etivo de estos ol$loristas era reconstruir, a trav0s de la compara;
ción de cientos y cientos de versiones, la historia y peripecias de una de;
terminada narración o canto. 2eme=ante m0todo se basa en algunas hipóte;
sis que han sido uertemente contestadas despu0s.
Por e=emplo, la deG origen único rente a la polygenesis o invención in;
dependiente de los materiales oG$lóricos y la presunción de que los relatos
hoy transmitidos oralmente provienen en su mayor!a de un oco geogr)ico
:y cultural concreto, ya sea 0ste 1ario5 u 1oriental5. Males relatos habr!an se;
guido, a partir de ese punto originario, unas rutas 1históricas5 cWT- tra%ado
? ;se supone; es posible reconstruir.
G, 2e ha criticado, con ra%ón, la rigide% y excesivo mecanicismo de esta
G corriente de investigación, pero debemos admitir la utilidad de su m0todo
H en lo que ata4e a la documentación de un tema ;cuento o canto; y al
me=or conocimiento de los procesos de creación y transmisión orales. Es
, de lamentar que sus seguidores, obsesionados por encontrar un origen im;
i probable del asunto estudiado, no proundi%aran ;por lo general; en
i esta última vertiente de lo procesual.
@ Aa de mati%arse, por otro lado, que los m)s ilustres ol$loristas rela;
lF cionados con esta tendencia, como el sueco #arl von 2ydo], ueron re;
H ceptivos a las cr!ticas que el diusionismo provocaba e incorporaron en
H sus traba=os las precisiones que les parec!an pertinentes. As!, este autor
t se4aló que actores culturales y de la propia historia local condicionaban
H, la evolución de un cuento internacional originando su ramiicación en
?H 1subtipos5 y 1oi$otipos5, que es como 0l denominó a las variedades re;
Z gionales.
t El diusionismo que, dentro deG ol$lore espa4ol, ue empleado con rigor
H por Aurelio ". Espinosa en sus investigaciones sobre el cuento popular o por
GH, Bamón "en0nde% PidaG y sus disc!pulos en el estudio del romancero y de
H otros cantos orales, se nos muestra ;en suma;@; como un m0todo de supues;
it, tos teóricos muy discutibles.
HD=
Puede airmarse que, por ,/ común, la labor exigida por este m0todo
aparece como desproporcionada para los resultados que genera. 2in em;
bargo, ha aportado al conocimiento del ol$lore un cierto desarrollo de las
t0cnicas de recopilación y, =unto a unos archivos verdaderamente estima;
b,es, la especiali%ación del ol$lorista en la combinación ;siempre di!;
cil; de uentes orales y escritas. &racias al diusionismo sabemos, tam;
bi0n, que ,as creaciones populares traspasan las ronteras con asombrosa
acilidad y que las barreras lingR!sticas suelen pesar, según se demuestra
con los e=emplos del pasado que conocemos, bastante menos que las cul;
turales.
la corriente ideológica
la manipulación del ol$lore en este sentido se inició con el mismo naci;
miento de la disciplina, ya que los rom)nticos como Aerder identiica;
ban la poes!a 6oU$ con la verdadera poes!a de una nación y ve!an rele=a;
da en Qas canciones, las baladas, los cuentos y los h0roes ol$lóricos, la
aut0ntica alma del pueblo.
Esta concepción inspiró, igualmente, ,/s traba=os de los hermanos
&rimm en Alemania, de Asb=ornsen y "oe en Ioruega, de Lonnrot en
3inlandia, de Kouglas Ayde en :rlanda y de nuestro "achado y _lvare%
en Espa4a. Io se encontraba tampoco muy le=os de esta aproximación
Bamón "en0nde% Pidal en sus estudios de la balada hisp)nica cuando
consideraba al romancero como un compendio de las esencias nacio;
nales.
A inales del siglo pasado, tal conexión del ol$lore con el orgullo por
lo propio resultó, en t0rminos generales, bastante inocente, e incluso pue;
de decirse que ue positiva, pues avoreció Qas investigaciones sobre la cul;
tura popular. 2in embargo, ya en este siglo, las maniestaciones m)s extre;
mistas de esa manera de entender el ol$lore se asociaron peligrosamente
con la ideologi%ación pol!tica y el nacionalismo virulento ba=o reg!menes
como el de la Alemania na%i o la Wnión 2ovi0tica.
Kurante los a4os treinta, el gobierno de Aitler concedió una gran im;
portancia a la utili%ación del ol$lore, que ,,egóa convertirse en asignatura
obligatoria de algunas universidades alemanas. Los na%is emplearon el ,/,;
H :FP ,@
$lore en su propaganda, dando un contenido pol!tico y ideológico a lo que
eran costumbres tradicionales. Io resulta casual, por tanto, que ba=o ese
r0gimen prolierara la publicación de traba=os que contribu!an a estrechar
la liga%ón entre lengua y ra%a, cu.Utura y tradición.
En aquel periodo, los ol$loristas de ide/,/g!a na%i redescubrieron con
entusiasmo las tesis del escritor `ilhem Biehl, que en su obra El ol$lore
como ciencia, editada en ,7.7, se hab!a dirigido a los estudiosos de las
ciencias sociaUes en general ;y del ol$lore en particular; anim)ndoles a
que se concentraran sobre los temas alemanes.
Los na%is se valieron, as!, de las investigaciones en torno a la cultura
popular para sus propios ines, aplicando estos conocimientos a un deli;
rante proyecto de 1germani%ación5 de la vida diaria.
En la Wnión 2ovi0tica ;y a pesar de las dierencias ideológicas; el
ol$lore, que ya go%aba de una sólida tradición de estudios, ue igualmente
visto desde el poder como una poderosa arma que pod!a avorecer la im;
plantación socral del sistema 6en este caso, comunista8.
Los ol$loristas rusos hab!an demostrado un especial inter0s por labio;
gra!a y personalidad de los inormantes, pero compart!an con sus colegas
europeos la mayor parte de los planteamientos que caracteri%aron al ol;
$lore de inales del siglo pasado. Ello provocó que, en la presente centuria,
algunos intelectuales comunistas consideraran que ,/s estudiosos del ol;
$,/re estaban siguiendo teor!as de orientación antimarxista.
Aubo en consecuencia una reacción, dentro de los mismos ol$loris;
tas, contra aquellas concepciones ;ormu,adas, entre otros, por Aans
Iaumann en Alemania; que entend!an el ol$lore como una suerte de
cultura que descend!a de la 0lite al pueblo. 2us estudiosos deendieron en
Busra ;qui%) porque no ten!an otro remedio;;?,a hipótesis contraria@ que
el /,$lore siempre hab!a surgido de ,a ecunda creatividaddelaclase tra;
ba=adora.
As!, Propp renunció aWormalismo y Andreev al m0todo de la escuela
inlandesa. Por lo dem)s, .resultaba enormemente )cil encontrar en el ol;
$lore ruso temas acordes con el pensamiento del buen Fcomunista@ no alta;
ban precisamente en 0l los e=emplos deh0roes,uera de ,aley que hab!an
luchado contra los abusos de ,/s grandes se4ores.
2o$olov, por último, enunció del siguiente modo ,los ,principios en
que habr!a de basarse la nueva manera de estudiar la cultura pHpular.@ 1El.
P .. ,
ol$lore esun eco ,del pasadoP pero tamb=0n la vigorosa vo% del presenteP
y;en ese sentido; constituye un rele=o y un arma, de ,a lucha de cla;
ses5 X2o$oDVvr ,-./8.
Ke acuerdo con este conceptoP =as obras de los ol$loristas del pasado
e incluso las creaciones art!sticas de a,gunos grandes músicos Hue esta;
ban inspiradas en recopilaciones de música tradicional; ueron vistas
como reaccionarias en cuanto que serv!an a los propós.itos de los naciona;
lismos oiciales. 2iguiendo las nuevas directrices, los /,$loristas busc?aron
en el ol$lore prerrevolucionario las evidencias del malestar de los campe;
sinos y obreros hacia la opresión %arista y exaltaron las iguras del narrador
y del cantante ol$lóricos en su calidad de humildes creadores del proleta;
riado.
'on todoresa revisión marxista del ol$lore y de sus agentes en la Bu;
sia prerrevolucionaria eral a menudoP engorrosa e incómodar por Do que
pronto los ol$loristas i=aron sus o=os en las maniestaciones /,$8óricas
que hab!an alorado tras la revolución. 2e recopilaronr por e=emplor can;
ciones militares revolucionarias y se propició la adaptación de las vie=as
ormas a los nuevos h0roes.
En resumenP estos pDanteamientos ;,;que luego ser!an incorporados a la
pol!tica cultural de otros reg!menes socialistas como el de 'ubaH han
aportado un me=or conocimiento del ol$lore en cuanto espe=o de las ten;
siones y conlictos de una sociedad, suscitando un mayor inter0s por los
aspectos subversivos de algunas producciones de la cultura popular. Por
otra parte, han atra!do .igualmente la atención sobreF una parcela bastante
olvidada en ,/s estudios Dol$lóricosrcomo es Da del..papel =ugado por quie;
nes creanytransmiten las,radiciones.
Las dos tendencias ideológicas ,mencionadas coincidieron en Espa4a,
durante la,guerracivilP eV8autili%aciónque se hi%o de las canciones como
armas de identiicación y propaganda 6K!a%, ,-7L8. A lo largo del periodo
ranquista ;FQF;y aun despu0s; el/,$loremusica,sever) igualmentemani;
pu,ado ,eVnuestro pa!s tanto para omentar Da unidad,dela nación como
para estimular las diversidades regionales 6K!a%r ,-77a..Ea=o ,/s primeros
a4osdel@r0gimen..de 3rancoipor e=emplor ue@pr)cticacorriente publicar y
divu,gar canc=oneros quecontenY!anD,en?tndiscriminada me%cla, temas po;
pulares,=unto,a otros de orientación ascista.. F?F F@?
.. F?, ? H; iF@?F
La teor!a uncionalista
Es 0ste un enoque de gran inluencia en toda la antropolog!a, que ;supe;
rando las acostumbradas obsesiones de los /,$loristas por et origen y dis;
tribución de ,/s materiales populares;viene a centrarse en el papel que el
ol$lore desempe4a dentro de una determinada cultura.
Aunque con recuencia eviten el t0rmino ol$lore, los antropólogos
norteamericanos se han preguntado repetidamente de qu0 manera ciertas
maniestaciones ;como los rituales o la literatura oral; contribuyen al
mantenimiento de las instituciones sociaUes. ,H
As!, 3ran% Eoas ;uno de los undadores de la antropolog!a moderna
en Estados WnidoH siempre concedió la debida importancia a ,/s datos
ol$lóricos ensu traba=o de campo e inculcó el mismo inter0s por el ol$lo;
re a sus numerosos e ilustres disc!pulos. Eoas, que ue por mucho tiempo
uno de Uoseditoresdel =ournaUo American 3ol$lore, no desarrolló una te;
or!a tan claramente uncionaUista como algunos de;sus seguidores? de he;
cho, 0l dedicó sus mayores esuer%os en este campo a demostrar que la di;
usión de ciertas narrativas orales se hab!a dado por elccontacto entre
culturas? recha%ando en parte la invención independiente de los cuentos.
2er!a su disc!pula Buth Eenedict quien, revisando ,as teor!as del maes;
tro, relexionar!a m)s sobre el uso uncional del ol$lore? para eAa, las pro;
ducciones ol$lóricas no sólo serv!an para reairmar el sistema, sino tam;;
bi0n para violar ;siquiera en el. terreno de la antas!a; las normas
culturales. El ol$lbre, en su opinión, no se ,imita a rele=ar la cultura como
Eoas se4alara? crea un mundo ant)stico a partir de .las realidades culturaH
les y, por tanto, un nuevo plano desde el que hablar sobre elUas.
`illiam Eascom, disc!pulo de "elvilte Aars$ovits ;que a su ve% lo ue
de Eoas;, se ocupó detenidamente de las unciones de la parte del ol$lore
que 0l denominó verbalart, relacionando de orma reveladora@textos y con;
textos XEascom, ,-..a. 2egún su teor!a, ,os proverbios ayudan a asentar
decisiones de tipo legatP las adivinan%as a conormar.@lossentidos, los mitos
a legitimar ,a conductaP,ascanciones sat!ricasa liberar las hostilidades.
En su con=unto, et verbaUartest) compuesto, para Eascom, por Uascreol;
aciones din)micas ynoest)ticas, integradas y no aisladasdeuna?sociedad.D?
esas creaciones son, a su parecer, centrales y noFperi0ricas para.@la com;
prensióndeuna cultura 6,-7,8? ,
El uncionalismo, a trav0s de su aplicación al ol$lore según ya lo ha;
!a hecho el propio "alino]s$i, ue inluyendo paulatinamente en los es;
Ddios de los etnomusicólogos ;especia,mente de los norteamericanos;
n su preocupación creciente por relacionar música y sociedad. En nuestro
a!s, su incidencia en ,a etnomusicolog!a y el ol$lore musical ha sido m)s
ien escasa, si bien contamos con algunos traba=os sobre el papel social de
:gunosmúsicos popu,ares.
,
, teor!a estructuralista r
H@
e trata, probablemente, de la corriente teórica m)s inluyente en los c!rcu;
8s ol$,óricos y antropológicos de los a4os sesenta que, como el unciona;
smo, ha incidido en varias disciplinas de las ciencias sociales.
Aunque existen distintos :ntentos de adaptación de esta teor!a al cam,.
odel ol$lore por parte de algunos autores, ue el ormalista ruso V,adimir
ropp qu!en,ya en ,-*7, publicó La morologa del cuento ol$lórico 6tra;
ucida al ingl0s en ,-.78 y alcan%ó con esta obra gran reputación e in;
uencia entre los proesionates de distintos campos.
En ella,Propp revlsó,a clasiicación de ,/s cuentos de Antii Arne, que
HbasabaFprincipalmente en Qlos persona=es? y ,,egó a ,a conclusión de que
lucho m)s importante que 0stos era la acción que reali%aban. A partir de
icha convicción, y puesto que la misma acción es e=ecutada ,en distintas
Hrsiones de esos relatos por diversos agentes 6un ogro, un dragón, un dia;
,/8,cPropp elaboró una clasiicación de acuerdo con las unciones que
@bnstituyen la morolog!adelcuHnto. La tipolog!a establecida por 0l recoge
, unciones y desarrolla una terminolog!a que habr!a de ser mati%ada, en
D versión inglesarpor a,gunos ol$loristasnorteamericanos.
As!,Alan Kundes acu4ó elterminomotieme para emplearlo en ve% de
:nción, y etde allomotipara designar los motivos.,que orman parte del
Dotieme. El modeloquePropp ensayó sobre el cuento ol$lórico ruso ue
tili%ado?@despu0srPorotros estudiososparae, an),isis de cualquier g0nero
arrativo de tipotradrcional ?con interesantes ,resultados, pero en el ol$lore
la antropolog!a actuales no sólo inluyó la obra de este autor.
El antropólogo ranc0s'laudeL0vi;2trauss aplicó con gran brillante% el
l0todo anal!tico del estructuralismo en sus traba=os acerca del mito. Las
vie=as escuelas de interpretación mitológica hab!an considerado que los
mitos rele=aban o distorsionaban las realidades de la cultura? L0vi.?2trauss
se preguntó por qu0 los relatos m!ticos presentaban en todo e.l mundo tan;
tos rasgos similares 6L0vi..2trauss, ,-.78.
La respuesta tuvo que buscarla en la estructura lógica de .la mente hu;
mana, tanto si esas concepciones proced!an de individuos cultivados como
si eran producto del llamado 1pensamiento salva=ebr. Ke esta manera, L0vi;
2trauss se esor%ó en reve.lar lo que ser!a;por as! decirlo;.la estructura
inherente al mito 6,-..,. pp. L*7;LLL8 mientras que Proppy sus seguidores
se centraron, preerentemente, en los aspectos ormales del mismo.
Mal y como propuso Alan Kundes, podr!a ad=udicarse el t0rmino de pa;
radigm)tico al enoque de L0vi;2trauss, ya que tiene que ver con el para;
digma o marco conceptual del mito, y el de sintagm)tico al de Propp, ya
que se ocupa de ,a sintaxis, o ;dicho de otra maneraF;QF del,engua=e de
las narraciones orales. Ambos se sustentan en un. m0todo que pretende re;
lacionar los g0neros ol$lóricos con modelos y órmulas universales. L0vi;
2trauss 6,-978 tambi0n se ocupó de la conexión estructural entre mito y
música en un. magn!ico traba=o que los etnomusicólogos no han tenido su;
icientemente en cuenta
la teor!a de la órmula oral
Los estudiosos de la literatura oral han demostrado Hn general; una
gran receptividad hacia esta teor!a 1ormulaica5 que busca en el narrador y
su perormance ante una audiencia ladave compositivade,a 0piHa, la ba;
lada, el romance y el cuento. 2us primeros impulsores ueron dos proeso;
res de Aarvard, el estudioso de la literatura griega "ilman Parry y el espe;
cialista en lenguas eslavasAlbert E. Lord. La colección de cantos eslavos
iHiciada por Parry entre ,-++ y ,-+. ser!a continuada por Lord en sucesi;
vos traba=os de campo llevados a cabo en ,-+9, ,-./ T ,-.,? una selec;
@ión de la misma, traducida al ingl0s y con transcripciones musicales de
E0la Earto$, ver!a la lu% en ,-.L.
Lo queParry en un principio buscaba era probar la composición oral de
los poemashom0ricos, y para ello se valió del estudio directo de una tradi;
@ión europea F@F;aún viva; de poes!a heroica. Lord prosiguió Hsta l!nea de
@raba=o convirtiendo, con el tiempo, el instrumento de investigación ;es
iecir, el estudio de la composición oral; en el ob=eto mismo de su labor.
'omo el propio Lord ha explicado, 0l y Parry descubrieron que la utili;
%ación de determinadas órmulas por parte de los cantores tradicionales
Hra el actor que resultaba m)s signiicativo en su empe4o investigador..de
iistinguir la 0pica oral de la escrita.
En Mhe 2inger o MaDes, publicado en QF-</, Lord oreció un consistente
Hstudio de la 0pica hom0rica en cuanto producto de la composición y ,a
@ransmisión orales. En su opinión, el autor o autores de aquellos poemas
lab!an seguido un m0todo seme=ante al que pod!a encontrarse todav!a en;
re los bardos yugoslavos.
En su obra, el mismo Lord i=a, al mismo tiempo, los conceptos de 1ór;
nula5 y 1tema5, verdadera clave de su teor!a, y precisa, desde el principio
Dellibro, cu)lQ serLel tipo de poes!a que, a su parecer, puede deinirse como
ct0cnicamente oral5@ la poes!a creada, transmitida y aprendida oralmente.
El uso de 1órmulas5., versos o rases enteras que el cantor o narrador
ntroducen en el relato según su conveniencia, es lo que hace posible la
mprovisación dentro de estosgeneros y, como consecuencia, la creación
braD.
Por 1temas5 entiende Lord la repetición de argumentos ;acciones o
Hpisodios determinados; que se componen, a su ve%, de órmulas y que,
,: igual que 0stas, el bardo puede intercalar de acuerdo con su criterio en
os distintos relatos.
La valide% del modelo de la 1órmula oral5 en el an)lisis de la,itera;
ura ol$lórica perteneciente a g0neros y )mbitos culturaDesdistintos a los
Hueestudió Lord ha sido puesta a prueba por otros autorescomoFDones,
H
Bichmond, Ennis y Bosenberg con resultados generalmente satisactorios.
As!, Dames A. Dones aplicó el nuevo m0todo a las baladas inglesas yes;
cocesas, `. Edson Bichmond a la balada noruega, "erlin Ennis a los cuen;
tos orales de Angola y Eruce A. Bosenberg a los sermones ;en ocasiones
cantados; de los predicadores negros norteamericanos.
Las tesis de Lord tambi0n ueron tenidas en cuenta por los estudio;
sos del romancero hisp)nico y de la 0pica castellana, si bien en este
caso las discusiones en torno a la pertinencia de su aplicación origina;
ron un debate que aún no ha terminado. 'harles 3aulhaber resumió las
propuestas de estas posturas encontradas en un art!culo imparcial que
resulta muy útil desde un punto de vista inormativo 63aulhaber, ,-9<,
p)ginas. 7+;--8.
La teor!a de Lord ha sido criticada en virtud de dos limitaciones unda;
mentales@ una viene dada por la exclusión que Lord hace en ella de las or;
mas de literatura oral que no son 1t0cnicamente orales5, o;dicho de otra
manera; que viviendo dentro de la tradición oral no reúnen los requisitos
que 0l exige a ese tipo de poes!a. La segunda limitación proviene de la du;
dosa adecuación de su modelo en la explicación del proceso oral de otros
g0neros dierentes de la 0pica. Las dudas al respecto continúan a pesar de
los ensayos ;ya mencionados; que algunos autores han reali%ado sobre
narrativas aines.
La antropóloga Buth 3innegan, por e=emplo, trope%ó con ambas limita;
ciones en su estudio de la literatura oral aricana y de=ó constancia de tales
diicultades en .algunos de sus traba=os 63innegan, ,-9/8. Io es extra4o,
por otro lado, que 3innegan y otros antropólogos se hayan mostrado reti;
centes ante el m0todo de Hord, ya que 0ste se centra undamentalmente en
los problemas de estilo y orma que presenta el enómeno de la oralidad y
relega a un segundo plano los aspectos de car)cter antropológico.
La teor!a transcultural y el modelo etnomusicológico de Alan Lomax
Algunas de las m)sdestacables escuelas de etnolog!a y ol$lore de inales
del siglo >:> tendieron a caer en. generali%aciones simplistas que pretend!;
an abarcar todas las culturas situ)ndolas ba=o determinadas leyes de evolu;
ción.
La antropolog!a evolucionista de Mylor, que hi%o un uso muy impor;
tante de los datos extra!dos del ol$lore de Qos pueblos, inluyó en gran
medida sobre los ol$loristasde la 0poca vDctoriana, liderados por An;
dre] Lang y Ed]in 2idney Aartland, y determinó que 0stos incorporaran
su esquema de desarrollo cultural uniorme desde el salva=ismo a la
civili%ación.
El. ol$lore, en este sentido? representaba la supervivencia de las creen;
cias primitivas ;sostenidas por todas las ra%as humana2F;; dentro de ,/s
segmentos menos desarrollados de ,a sociedad civili%ada.
Dames &. 3ra%er avan%ó por un camino parecido en su propósito de
demostrar, a trav0s de los doce volúmenes de Mhe .'oUden Eough, que
todos los mitos y todo el ol$lore proven!an de los antiguos ritos sacrii;
ciales de ertilidad. Era una l!nea compartida por otros eruditos, según la
cual Dos@.mitos derivaban ;en primer ,ugar.?.,..,. de los rituales, pero hab;
an llegado, con el tiempo, a separarse de aqu0llos 63ra%er, reedición de
,..-<L8.
En el presente siglo, los antropólogos advirtieron ,/s riesgos de estos
planteamientos tan generali%adores y ueron centr)ndose en el estudio in;
tensivo de comunidades concretas. 2in embargo, la teor!a transcultural ha
incidido de orma sustancial en la etnomusicologa, tambi0n muy inluida
por todas las teor!as que hemos revisado, y ha servido de base a una co;
rriente de investigación que pasó por ser la m)s vanguardista entre algunos
estudiosos.,deeste campo.
"e reiero a la teora que recibe el nombre de cantometrics yque ue
inicialmente impulsada por AlanFLomax, quien en Qsu F libro 3ol$ 2ong2tyle
and 'uUture6,-<78 sienta los principios de ,/.que habr!a de ser un vasto
proyecto de recopOación y an)lisis de la músicaol$lórica.
Lomax denomina como cantometrics a su 1sistema medidor5 deinter@.
pretaciones musicales cuyo modelo de an)lisis 0l pretende hacer extensivo
a otras expresiones artsticas@ por e=emplo, la dan%a.
Este autor Fvislumbra una FnuevaQcciencra@@de? la est0tiFcasocialF5 que
coincide bastante con lo que ha venido siendo el ol$lore en Estados Wni;
dos y que, en su opinión, debera ser capa%? a partirFde ahora, de estable;
cer las 1predeciblesy universales relaciones entre los procesos expresivos
y comunicativos, por un ladoP y lacestructura social y los patrones cultura;
les, por otro5.
; YE..
Las canciones ol$lóricas son el primer indicador sobre el que Lomax
ha traba=ado, porque en todas las culturas se canta y porque los cantos, en
su opinión, rele=an la realidad de esas culturas, pero las dan%as o los
cueHtos podr!an proporcionar, de igual manera, m)s inormación sobre las
normas culturales.
"idiendo las cualidades de la canción ol$lórica, Lomax cree haber en;
contrado correlaciones signiicativas con otras parcelas de la cultura como
la relación entre sexos, ,el nivel de productividad económica y las normas
de compoQHamiento@ Q
Ke acuerdo con las dierentes cualidades del canto, Lomax establece
en sus gr)icos y tabas la adscripción de regiones y subregiones geogr)i;
cas a a,guno de los grandes estilos por 0l dHscritos.
")s a) de las generali%aciones transdu!turales del siglo xlxbasad)s en
la uniormidad evolucionista, LFomax acepta una cierta clase de pluralismo
cultural,. y)que?;F9QFQQQFsegHnFel concepto Fantrqpó,ógico m)s importante de su
teor!aHcada;Frr!usica contiene sus propPaHHHrmoA!as interiores y su particu;
Q .Q;.Q ;,F
lar estilo expresivo.
E, propósito últimVrl0HRambicioso proyecto continúa siendo, no obs;
tarit0, a,go decimonónico@ Lomax piensa que e, conocimiento de los seis
H, grandes estilos en que divide ;por bloqGDesC,asregiones del mundo, :le;
var) a una mayor estima y me=or pre?HerTHH=.ón@dei@Hsmis..mos entre los me;
d=qsHFdecomunicación de masas, ev=t)naoHe as!) corrosiva inluencia de
.,.Q Q.F.,cF ...F ..Q FS F
Q, las tuer%as delamecani%ación y el industHi,H8isri,o. G@ QQ
F; F;Por 6=tHa@,paHe, Lomax recurreHen??Hu prqyeqto a ,,aXeH,ólog!a m)s sois;
?Q t!cHda?@a@Fl)H inormati%ación de los datoHHy a : asF,aqFl )Fs Qestad!sticas. Para 0l
??FO@Faraba=aFun equipo de especialistas en HO&iolog!ai s-cXblind,R!stica, etnolo.
Q@g!aP etrDoh!stor!aPmosico,/g!a, psicologa@ yeconocmMHD..subvencionados por
Fundaciones privadas yQbecas del gobierno norteamericano. ,
@@ ? H'on@ta,1emp!rica evidencia5 de :a.s graYpaJtones en cinta magnetoóni;
H;Q;HHy peR.0ula QobtenidHsHurante e, traVa=V,.,de, campo, Lomax aspira a con;
@?,?c@seguirquYeGc,2;ci0ndas sociales sirVanBHrH?predecir las leHes.del comporta;
Q .
t;
Otras teor!as del ol$lore actual en relación con la etnomusicolog!a
2on aquellas que Bichard Korson 6,-7+8 denomina ol$;culturaU, mass;cul;
tural, y hemiseric. La primera de estas aproximaciones, que pretende estu;
diar la 1cultura ol$5 como un todo, ha sido especialmente impulsada por
los ol$loristas dedicados al conocimiento de la ol$lie, de las pro;
ducciones tangibles del ol$lore.
2e corresponde ;en t0rminos generales; con la tradición etnogr)ica
que, dentro del )mbito hisp)nico, se ha centrado en la investigación sobre
la llamada cultura material. La organolog!a popular que constituye, como
vimos, uno de los aspectos a tratar por la etnomusicolog!a, ormar!a parte
de ese corpus.
Ke hecho, los estudiosos ;anglosa=ones o hispanos; de este campo
suelen ocuparse de la descripción !sica de los ob=etos 6a menudo acompa;
4ada de dibu=os y otogra!as8 y de su reconstrucción histórica, dedicando
no pocos esuer%os a tra%ar mapas de diusión o distribución de los mis;
mos. 'omo en el pasado, con recuencia quienes traba=an sobre ol$lie se
muestran m)s cercanos a la mera descripción etnogr)ica que a las rele;
xiones antropológicas sobre la etnogra!a, y m)s preocupados por el dato
que por la teor!a.
'on todo, existen excepciones muy destacables? un e=emplo de ellas
es Aenry &lassie, quien saliendo al encuentro de las cr!ticas que siguen
P considerando al investigador de ol$;lie como al vie=o buscador de anti;
gRedades con nuevo nombre aclara@ 1El me=or estudioso de la cultura ol$
ha de ser a un tiempo un buen etnógrao en su traba=o de campo y un
buen teórico? adem)s, un estudio moderno de la cultura material deber!a
incluir la descripción detallada y coherente ordenación de los datos de
campo, las conexiones histórico;geogr)icas de tipos, construcciones y
, usos, as! como especulaciones de car)cter uncional y psicológico5 6&las;
,
t sie,,-<-,p.,<8.
H &lassie propone, acertadamente, que el investigador no ha de limitarse
: en su traba=o a tratar los tradicionales aspectos de historia y distribución
:H del ob=eto, sino que deber) interesarse, igualmente, por el papel cultural y
X. emocional que 0ste desempe4a en la vida de quienes lo hacen y de quie;
a nes lo usan. H.@
H El enoque que Korson ha denominado mass cultural o de cultura ;
H
de masas supone una nueva orientación por parte de los ol$loristas ha;
cia un vie=o probSema@ Sa nSpoS0SSca Sucna HnttH Sa cultura 6ol$ en cuanto
a cultura rural o de los campesinos y la cultura tecnológica, urbana o de
consumo.
Kurante d0cadas ,los ol$loristas presentaron a esta última como la ma;
yor amena%a contra el ol$lore pero, a partir de los sesenta, algunos estudio;
sos reinterpretaron la relación entre ambas y comen%aron a vislumbrar que
lo que se supon!a conrontación hab!a sido, en realidad, un caso de interpe;
netración constante.
Ello provocó que estos nuevos ol$loristas ;y algunos etnomusicólo;
gos entre ellos; prestaran atención a una serie de temas hasta entonces
in0ditos, como el de la supervivencia del ol$lore 0tnico y rural en las ciu;
dades o la rica existencia de un antiqu!simo ol$lore urbano.
Estos autores tambi0n se interesaron pronto por la interconexión entre
el ol$lore y la televisión u otros medios de comunicación de masas. 'omo
ha se4alado el ol$lorista alem)n Aerman Eausinguer@ 1Io podemos creer
por m)s tiempo que la industriali%ación implica necesariamente el in de
una espec!ica cultura oU$, sino que m)s bien debemos ocuparnos de las
:moHiicacioHes y HuHaciones surGdas por,a cultura 6oU$ en un mundo ur;
bani%ado e :ndustrial :%ado5 6Eauslnger, ,-<7, p. ,*98. :
Aoy, se habla de etnomusicolog!a urbana no sólo en el sentido de es;
:tudiar las músicas 0tnicas que se siguen creando y transmitiendo en las
grandes ciudades, sino tambi0n desde la perspectiva de investigar ,as va;
riadas ormas musicaFles que produce la ciudad con su multiplicidad de
rcódigos.
Ke ah! ,a creciente dedicación de los /,$loristas de hoy, en Estados
Wnidos, a los chistes,leyendas, proverbios y dichos del ol$lore urbano,
de modo que han llegado a coincidir con los sociólogos en el tratamien;
to de algunos asuntos. Pero estos ol$loristas diieren de aqu0llos en sus
m0todos aunque puedan coincidir en los temas que tratan, como ;por
e=emplo;; los eectos socia,es del turismo, las artesan!as populares, la
literatura de masas, los sistemas musicales mixtos o las costumbres
vacacionales. :
En resumen, y tal como apunta Korson, 1el vie=o ol$lore no es, muH F
chas veces, tan vie=o como parece y, sin embargo, el nuevo podr!a ser m)s
antiguo de lo que normalmente se cree5 6Korson, ,-9*, p. L+8.
La teor!a denominada hemispheric, o hemis0rica, por último, es la del
propio Korson y divide el ol$lore del vie=o y del nuevo mundo para sus
propósitos anal!ticos. Ke acuerdo con ella, la cultura popular de cada he;
miserio precisar!a ser estudiada teniendo en cuenta sus ingredientes 0tni;
co;raciales e históricos. El ol$lorista del nuevo mundo habr) de examinar
minuciosamente los procesos de sincretismo, adaptación, aculturación,
revitali%ación o desaparición que se producen en su contexto, escudri4an;
do aquellos actores históricos y de desarrollo que han contribuido a dar a
las tradiciones su orma actual, sin olvidar ;por otro lado; la impor;
tancia de los tipos espec!icamente americanos.
Entre los autores que, de orma m)s sistem)tica, se han ocupado del
ol$lore iberoamericano en su vertiente de poes!a cantada, resulta obliga;
do nombrar ;por su signiicación para la historia de la etnomusice;
g!a; a Duan Alonso 'arri%o, Vicente M. "endo%a y 'arlos Vega.
rH Iuevos modelos metodológ!cos :
H en etnomusicolog!a
G
:
:

H
H
H El modelo etnomusicológico de Alan P. "erriam y la revisión del mismo
,
?
P Mimothy Bice ha introducido algunas modiicaciones en H: modelo que "e;
t rriam 6,-<L8 hab!a i=ado para los estudios etnoml8sicológicos en su Anthro;
P pology o "usic. En aqu0l, que "erriam centraba sobre .los elementos de so;
P nido musical, cognición y comportamiento, el principal 0nasis reca!a sobre
el proceso social. Bice recogió la visión de 'liord &eert%, según la cual, H
1los sistemas simbólicos son construidos históricamente, socialmente mante;
nidos e individualmente aplicados5 6&eert%, ,-9+, pp. +<+ T +<L8.
Para Bice, que sigue de cerca a Elac$ing en su idea de prestar m)s
atención al proceso que al producto dentro de la etnomusicolog!a 6Elac;
$ing, ,-9<, pp. xiii;xxi8, el modelo de "erriam resulta susceptible de trans;
ormación. Ke acuerdo con el enoque de &eert%, los etnomusicólogos de;
ber!an de preguntarse 1cómo la gente construye históricamente, mantiene
socialmente y crea y experimenta la música de manera individual5 6Bice,
,-79,p.L9+8.
la propuesta de Mimothy Bice
En suma, el nuevo modelo propuesto por Bice incluye como elementos
undamentales la 1construcción histórica5, el 1mantenimiento social5 y la
1creación y experiencia individual5. Kentro de cada uno de estos niveles,
Bice incorpora los planos del modelo \de "erriam 6sonido, concepto y
comportamiento8 y reali%a .las siguientespuntuali%aciones@
a8 El nivel de 1construcción histórica5 comprender!a dos poceHoH?;el iH
de cambio con el paso del tiempo y el de reencuentro y re.creao<n de HD
las ormas y6H:, le
gi=E .Q,PHHQ,F.QFQP?,P,,,H,G'QQQQQFQFQQQFHHQQ ,.
Oos,/. d0PFdi@acroniH?y@sin; H
. ,,F Q
croH!a tingR!sticH. H
b8 El nivel de los 1procesos de conservaclon social8 habrla sido ;en OP:; H
nión de Bice; el m)s documentado por los etnomusicólogos desde .H
que "erriam intensiicó el inter0s por ese campo de estudio. Para Bice ?
es relativamente sencillo elaborar una lista de traba=os que tratan de P
orma bastante completa la manera en que la música es sustentada, ,
conservada y alterada por instituciones T sistemas de creencia social;
mente construidosXBice,F?,-7?9Qp@L9.a@ @, cFQ
c8 El nivel de la 1experiencia individual5 es, qui%), el m)s reciente y
constitWye;todavia;unterrenoescasamentetratado ,porta etnomu;
Fsicolog!a. Algunos de F:osHpuntos que deber!an estudiarsecdesde esta
perspectiva son la composio0n! la improvisación T perormance, tos
repertorios y ,os ?estilos, asuntos quePcomo sabemos, s! han tratado
abundantemente quienes se ocupaban de la música culta?
2igniicación antropológicadel nuevo modelo Q .
Bi&e, por tanto, con suremodelación de la etnomusicolog!a intenta intro;
duora 0sta dentro de, ta corriente ,antropológica?que,,iderada por &eert%P
aproxima la Fetnogra!a a las humanidades ale=)ndola ,de la sociolog!a yde
lairiluencia de,as cienciasFHnaturales.
En su a)n de crear una musicolog!a uniicada que estudie interpretati;
vamente la naturale%a de los 1procesos ormativos5 de la música, Bice
contempla la posibilidad de que ;en virtud de las relaciones que su mo;
delo establece;los etnomusicólogos 6en cuanto,antrdpólogosay.,losFmusi..
cólogos tradicionales 6en cuanto historiadoresa colaboren en un an)lisis to;
tati%ador?delenómenomusical F6Bice? ,F-79,F pp. L7* T L7+8.
Io ,obstante, y deduci0ndose de la postura de Bice que la etnomusicolo;
g!a es undamentalmente unaFrama de la antropolog!a., cabe interrogarse so;
brecu)l de las ,dos disciplinas ha de comprender a la ,otra en esa cl)sica con;
=unción de etnolog!aymúsica,dentrode,/sestudios etnomusicológitos?
La respuesta, por la dierente amplitud de los enoques entre antropo;
log!a y musicolog!a, parece clara@ deber) ser 0sta la que se integre en la
ciencia antropológica, ya que los musicólogos se ocupan ;o habr!an de
ocuparse; de una de las parcelas de la cultura que la antropolog!a preten;
de estudiar en su con=unto.
A la etnomusicolog!a puede aplicarse lo que `illiam B. Eascom escri;
bió sobre el ol$lore@ que de las cuatro ramas que ;especialmente en Ior;
team0rica; se incluyen dentro de las disciplinas antropológicas 6la antro;
polog!a !sica, la prehistoria, la arqueolog!a y la antropolog!a cultural o
social8 es esta última la que se halla m)s proundamente relacionada con
los estudios olclóricos 6Eascom, ,-.+, pp. *7+;*-/8.
Por tanto, la etnomusicolog!a deber!a integrarse plenamente ;si no
queremos que siga siendo una especie de 1musicolog!a menor5; en la
antropolog!a cultural. Esta v!a común habr) de enriquecer por igual a los
estudios etnomusicológicos y antropológicos.