Pontificia Universidad Javeriana

Facultad de filosofía
Seminario de énfasis: John Rawls, Liberalismo político
Protocolante: Viviana Brito
Profesores: Ángela Calvo y Luis Fernando Múnera


Consenso constitucional y consenso traslapado
En el presente texto trato de recoger los principales temas desarrollados en la sesión del 10 de abril de
2014, en los que se concluyó la lectura de la segunda parte de la cuarta conferencia, donde se continúa
examinando las objeciones a la idea de consenso traslapado, consenso constitucional y las posibles
soluciones a estas. Comenzaré por la última objeción fundamental a la idea de consenso traslapado que
afirma que el mismo tiene carácter utópico, posteriormente, a la idea de consenso constitucional y su
necesario paso al consenso traslapado.
Hacia el consenso constitucional
La última objeción que ocupa a Rawls es que el consenso traslapado tiene un carácter utópico, esto es
observable si intentamos realizarlo, pero también deja muchas dudas con la estabilidad y la profundidad
del mismo, si se llegara a dicho acuerdo. Se plantea, entonces, un método que consta de dos etapas: la
primera, cuando se haya alcanzado un consenso constitucional, y la segunda, cuando se dé el paso al
consenso traslapado, y este será el orden para alcanzar el último.
La Constitución, en primera instancia, establece unos principios liberales de la justicia política, pero si
bien estos no van acompañados de unas ideas claras de sociedad y de ciudadanos, como a una
concepción política y pública compartida, dicho consenso no podrá tener la suficiente profundidad que
se requiere. En el consenso constitucional, si bien la Constitución satisface requisitos importantes y
establece procedimientos electorales con el fin de moderar las pugnas políticas, sociales e intereses
particulares, también es cierto que hay rivalidades de otros tipos que demandan un contenido más
preciso en cuanto a los derechos y libertades y lo que se considera como lo básico de estos y sus límites.
Al parecer, el consenso constitucional es demasiado estrecho y se resume a los meros procedimientos
gubernamentales democráticos, como las operaciones electorales, pero deja por fuera el marco de la
estructura básica.
La Constitución queda demasiado estrecha en el pequeño avance que proporciona el consenso
constitucional pero es necesario que se llegue a este primer momento. Aparece entonces la pregunta
“¿cómo podría lograrse que, a través del tiempo, la aquiescencia general de una Constitución que
satisfaga estos principios liberales de la justicia se desarrolle y llegue a ser un consenso constitucional en
que se afirmen esos mismos principios?” (Rawls, P. 159) para contestar esta pregunta es necesario que,
en primer lugar, se haya llegado a un acuerdo del tipo modus vivendi, pues es la única posibilidad de
contener las diferencias y rivalidades y evitar el conflicto bélico o cualquier acción que altere
violentamente orden público.
El modus vivendi se caracteriza principalmente por llegar a un pacto entre las partes involucradas que
están en tensión, es el producto de una circunstancia, y no al sometimiento a principios democráticos, ni
a una concepción política, pero una vez han cambiado las circunstancias que han motivado el pacto, el
que esté en la mejor posición tomará su beneficio. Precisamente por esto es necesario superar el modus
vivendi y conseguir un acuerdo más estable y profundo, pues este es más un acuerdo temporal donde
cada quien busca su propio beneficio, sin embargo, es un momento insoslayable para llegar al consenso
traslapado.
Las doctrinas comprensivas enfrentadas seguirán en su creencia radical, es necesario que se llegue al
consenso constitucional para lograr una “laxitud en nuestros puntos de vista comprensivos, así como el
que no sean plenamente comprensivos” (Rawls, p. 159) porque no siempre las muchas doctrinas
existentes en la sociedad bien organizada aceptan los principios por las mismas razones. Rawls sostiene
que pueden darse tres casos: “en el primero, los principios políticos se derivan de una doctrina
comprensiva; en el segundo, no se derivan de esa doctrina, sino que son compatibles con esa doctrina, y
en el tercero, son incompatibles con ella” (Rawls, p. 159) no le da validez a ninguno de los tres casos,
pues la mayoría de las doctrinas morales, religiosas o filosóficas no son completamente generales ni
comprensivas, sino que lo son en una manera gradual, así mismo, una doctrina que tenga una base
dogmática no podrá entrar nunca en el consenso. Consecuentemente, son las doctrinas comprensivas las
que deben acomodarse a la democracia y aprender de esta, adaptando sus máximas a ser razonables y
aceptando los principios de tolerancia.
Ahora bien, es importante que los ciudadanos logren reconocer la importancia de la apropiación y
aplicación de los principios constitucionales y, en el mejor caso posible, que lleguen a establecer
relaciones entre estos y sus “demás puntos de vista”, lo cierto es que muy pocos se han detenido a pensar
en estas conexiones. En un caso especial, en que vean incompatibilidad de dichos principios de justicia y
su doctrina comprensiva será necesario ajustar y revisar la doctrina en lugar de rechazar los principios,
aunque esto puede resultar algo ingenuo por parte del liberalismo, pues la mayoría de los ciudadanos
están más íntimamente ligados a sus religiones, convicciones personales y creencias que a sus valores
políticos, todavía no se ha encontrado la manera de hacer que los valores políticos primen en la vida de
las personas más que los que profesan en su doctrina comprensiva.
Esto lleva a la pregunta “¿en virtud de cuales valores políticos podrían los principios liberales de la
justicia obtener acatamiento?” (Rawls, p. 160) este acatamiento del que se hace mención es a las
instituciones justas que están en una sociedad bien organizada y que tiene como foco a la justicia como
equidad, y los principios que regulan las mismas pueden sentarse en tradiciones e ideales de lo que se
espera que se haga cuando los principios liberales regulan dichas instituciones.
Para saber si dichos principios efectivamente rigen a las instituciones entonces estas deberán cumplir
con los tres requisitos indispensables para un consenso constitucional, a saber: el primero será, como ya
he hecho mención, haber alcanzado un gobierno democrático constitucional de tipo modus vivendi –
sustentado en el pluralismo razonable – donde efectivamente se establezcan y garanticen las libertades y
derechos básicos, “hacer esto quita esas garantías de la agenda política y coloca más allá del cálculo de
los intereses sociales, con lo cual establece clara y firmemente las reglas de la contienda pública (Rawls,
p. 161) el segundo requisito está ligado con la clase de razón pública, que implica aplicación de
principios liberales de justica, aquí prima la importancia del uso público de la razón, ya que los
principios liberales están exclusivamente referidos a los hechos constitucionales, “esto contribuye a
asegurar que el razonamiento público pueda verse públicamente – como debe ser – correcto y
razonablemente confiable en sus propios términos” (Rawls, p. 161) incluso si las doctrinas usaran
argumentos metafísicos o teológicos políticamente serían impracticables por su complejidad, la
aplicabilidad de estos principios debe ser clara y sencilla. El tercer requisito del consenso constitucional
estable es básicamente que los dos primeros lleguen, efectivamente, a ser exitosos, es decir, dependen de
la virtud de la cooperación política. Cuando se refiere a virtud se debe entender “la virtud de la
razonabilidad y el sentido de la imparcialidad, el juego limpio, el espíritu de compromiso y la
disposición a dialogar con los demás; todo ello está conectado con la voluntad de cooperar con los
demás en térmicos políticos que todo el mundo puede aceptar públicamente” (Rawls, pág. 152) este
sería el proceso de aprendizaje de una “evolución social”, un producto del resultado de la cultura
política.
Lo que hace preferible al consenso traslapado del consenso constitucional es la mayor amplitud y
profundidad del primero, pero primero es necesaria una concepción política de justicia que tenga una
base en la justicia como imparcialidad, para llegar, no sólo a los procedimientos democráticos y
garantizar las libertades y derechos de los ciudadanos, como se haría en el modus vivendi, sino que
pueda darse el paso al consenso traslapado para que pase a incluir los principios toda la estructura básica
y también ciertos derechos sustantivos (libertad de conciencia, pensamiento, oportunidad equitativa y
satisfacción de las necesidades básicas) puesto que el liberalismo siempre tiende a dar el mayor número
de libertades posible a cada persona.
Rawls muestra entonces cuales son las fuerzas que llevan a dar el paso del consenso constitucional al
consenso traslapado. En primer lugar, en cuanto a la profundidad, los grupos políticos deben dialogar
con otras doctrinas comprensivas diferentes a la propia en un foro de discusión, necesariamente van a
tener que transformar su doctrina si quieren alcanzar mayor público. “Al hacer esto, tiene que formular
concepciones políticas de justicia (tal como hemos definido en I:2). Estas concepciones suministran la
moneda común de los debates y una base más profunda para explicar el significado y las implicaciones
de los principios y políticas que suscribe cada grupo” (Rawls, p. 164) El un segundo punto hace
referencia a la profundidad, esta surge de la obligación de los jueces de, efectivamente, defender lo que
se ha pactado en la Constitución, donde está inscrita la concepción política de la justica, esta
concepción es el referente en el cual se revisarán todas las pugnas constitucionales. Y por último, la
tercera fuerza es la amplitud, si bien se sabe que una característica del consenso constitucional es que
está demasiado estrecho, pues no es suficiente con conseguir algunas conclusiones políticas y
procedimientos constitucionales, sino que es necesario la elaboración de leyes que incluya otras normas
esenciales (libertad de conciencia, de pensamiento, etc.) también será necesario especificar la
normatividad en cuanto a la libertad de asociación, de desplazamiento y que efectivamente se garanticen
todas las necesidades básicas de los ciudadanos para que la participación en la vida política sea posible.
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Ahora bien, el consenso traslapado es más profundo, porque este no es un pacto ni tampoco es
negociación, es más aproximado a un proceso de razonabilidad, un “equilibrio de razones”. Todas las
objeciones al consenso traslapado que se han propuesto en esta segunda parte de Liberalismo Político
“se contestan encontrando una concepción liberal razonable a la que pueda sustentar un consenso
traslapado de doctrinas razonables” (Rawls, p.169) La fuerza que mueve la realización de dicho
consenso es que la vida de los ciudadanos puede verse potenciada, a pesar de los avances y retrocesos
que se pueda tener en dichos consensos.
La última reflexión que hace Rawls es en torno a la filosofía, en su labor de seguir pensando el deber
ser, así mismo, la filosofía política puede aprender de razonabilidad y no ser fundamentalista de la
política, es decir, debe ser moderada. Consecuentemente, la terea de la filosofía es la que Kant le asignó
la defensa de la fe razonable.
Bibliografía
Rawls, John; Liberalismo Político. Edit. Fondo de cultura económica, 2013
Aristizábal, Pablo. Consenso constitucional y consenso traslapado. 2014


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Respecto a este último punto, la idea no consiste en satisfacer las necesidades, en oposición a meros deseos y carencias;
tampoco se trata de redistribuir los bienes a favor de una mayor igualdad (…) Lo que determina el nivel de bienestar y
educación debajo del cual no hay ciudadanos participantes no incumbe a la concepción política. Debemos estudiar la
sociedad en que se trate. Pero esto no significa que los elementos esenciales de la Constitución misma no sean
perfectamente explícitos y claros: es lo que se necesita realmente para atribuir el peso apropiado a la idea de sociedad
como un sistema justo de cooperación entre ciudadanos libres e iguales, y no considerar todo esto, en la práctica, sino en el
discurso, como mero recursos retóricos (Rawls, p. 165)