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Laberinto

Juan Domingo Argüelles La escuela del resentimiento cultural página 4
Rosario Manzanos La danza en el 2014 página 8
Santiago Gamboa Recapitulando el 2013 página 9
Magali Tercero Superhéroes migrantes de Dulce Pinzón página 12
Música expresiva de Fernando Del Paso
Héctor Iván González Página 5
ESPECIAL
MILENIO
Tres centenarios
Paz, Huerta y Revueltas
Evodio Escalante
Página 6
sábado 4 de enero de 2014
N.
551
antesala
MILENIO 02 # sábado 4 de enero de 2014
TOSCANADAS
DE CULTO
EX LIBRIS
La muerte
del libro de texto
C
uando nos interesa la
historia o queremos
resolver algunas dudas
sobre el uso del lenguaje o
nos fascina el mundo de los
números, podemos ir a alguna
librería a satisfacer nuestra
curiosidad o hambre de saber.
El Fondo de Cultura
Económica tiene incontables
e interesantes libros sobre
historia mexicana, y todavía
sobrevive como gran clásico el
famoso México a través de los
siglos.
Para conocer nuestra lengua
se puede leer algún manual de
gramática de la RAE o cualquier
ameno libro sobre ortografía y
dudas del idioma.
En el caso de las matemáticas,
hay libros que van desde
lo elemental a lo profundo,
pasando por los juegos
numéricos, como en los eternos
libros de Yakov Perelman o
el inagotable Matemáticas
e imaginación, de Kasner y
Newman.
En fn, podría hacer una
larguísima enumeración de
libros a los que recurrimos
para enterarnos de un tema o
profundizar en él, trátese de
física, química, astronomía,
matemáticas, lenguas, historia,
leyes… lo que sea.
Solo alguien que esté
fuera de sus cabales o en
desconocimiento de que
existen las librerías tomaría un
libro de texto escolar con este
propósito. Nadie, conversando
con los amigos, ha dicho alguna
vez: “¿Ya leíste Historia para
sexto grado? Es fascinante.”
Ningún intelectual ha dicho:
“El libro que marcó mi vida
fue Educación Artística en el
quinto grado.” Nadie enseña
con orgullo su colección de
libros de texto; más bien se
D
urante poco más de cincuenta años, la
breve y sorprendente obra narrativa de
Arturo Souto Alabarce fue una revelación
destinada a unos cuantos amigos y cazadores de
tesoros. Y no porque desdeñara la compañía de
toda clase de lectores sino porque apareció bajo
el sello editorial de la UNAM, que sabe mucho de
convertir los libros en objetos invisibles que bus-
can en vano un sitio en las librerías. La plaga del
crisantemo, de 1960, es una suma de relatos que
acoge por igual las profecías apocalípticas de la
ciencia fcción, la perla autobiográfca, el más puro
humor negro proyectado sobre un fondo realista
o el mero extrañamiento frente a la indiferencia
de la naturaleza. En enero de 2012, Bonilla Artigas
Editores publicó Cuentos a deshora, un libro cuya
simiente es aquel libro casi fantasmal, La plaga
del crisantemo, al que se sumaron otras piezas
escritas en ¿dos, tres, cuatro décadas? Contiene
20 cuentos que suman 143 páginas. Nada más.
Arturo Souto Alabarce perteneció a la segunda
generación del exilio español, la misma que modeló
también las vidas de Angelina Muñiz, Tomás Sego-
via, José de la Colina, Luis Rius… Nació en Madrid
en 1930, y arribó a México en 1942. Hijo del pintor
Arturo Souto Feijoó, cursó la carrera de Lengua y
Literatura Hispánicas en la UNAM, donde habría
de estimular el amor de sus alumnos por las obras
de Azorín, de Unamuno, de Gómez de la Serna.
Yo lo recuerdo, con su expresión melancólica y
ensimismada, caminando por los pasillos de la
Facultad de Filosofía y Letras en las mañanas de
un escurridizo 1983.
No es injusto decir que el magisterio inhibió al
escritor de fcciones elegantes. Souto prologó quién
sabe qué número de libros de la colección Sepan
Cuántos de Porrúa, preparó antologías, acumuló
ensayos sobre la Generación del 98, el romanti-
cismo, las relaciones entre literatura y sociedad,
Edgar Allan Poe, Flaubert, la naciente poesía épica
deshace de ellos en la primera
oportunidad. Nadie conserva
un recuerdo amoroso o al
menos emocional con respecto
a sus libros de texto. Nadie los
cita en un ensayo.
¿Por qué entonces se los
recetamos a los niños en las
escuelas?
Hace poco leía un libro
físico–teórico–autobiográfco
de Ronald L. Mallet, quien se
propuso construir una máquina
para viajar en el tiempo. Él
dice que su inspiración vino
de una fuente inesperada: el
número 133 de los clásicos
ilustrados publicados por la
editorial Gilbert: La máquina
del tiempo, de H.G. Wells, en
versión de historieta. Luego
enumera montones de libros
que marcaron su vida. La
mayoría, novelas de ciencia
fcción, biografías de Einstein
y acercamientos a la Teoría de
la Relatividad. No menciona
ningún libro de texto. Hasta
las historietas ilustradas tienen
mayor capacidad de dejar
huella.
Los libros de texto son
creaciones que obedecen a
un programa, no a un hambre
de saber. No despiertan
curiosidad ni la sacian. No son
emocionantes ni interesantes.
Son aburridísimamente
esquemáticos.
¿Por qué, habiendo tantos
textos apasionantes que la
escuela podría adoptar, se
manufacturan estas aborrecibles
enumeraciones de temas?
Por una razón sencilla: los
libros de texto no son una
herramienta de aprendizaje
sino de enseñanza. O sea,
están ahí para el maestro, no
para el alumno. Con ellos, el
maestro puede ir cubriendo
cada tema que el programa le
exige, administrando bien los
horarios de cada semana o mes,
sabiendo qué debe preguntar
en los exámenes. Con ellos, la
SEP le pasa la misma fórmula
mental a todos los mexicanos.
Debemos deshacernos de
todos los libros de texto y
formar un canon escolar. Las
mejores mentes de la historia
ya crearon abundantes libros
que despiertan la inteligencia
a cualquier edad. ¿Por qué
nos comportamos como si no
existiesen los libros y hubiese
que inventarlos para cada ciclo
escolar?
El libro de texto ya se hizo
viejo sin que diera los frutos
esperados. Es hora de que
muera. L
Roberto Pliego # robertopliego61@gmail.com
La fauta mágica #EKO
Arturo Souto Alabarce
La cruz
del magisterio
ESPECIAL
ESPECIAL
MILENIO # LABERINTO # Dirección: José Luis Martínez S. Edición: Alicia Quiñones Coedición: Iván Ríos Gascón Arte y diseño: Salvador Vázquez Mejía
David Toscana
dtoscana@gmail.com
hispanoamericana… Dictó conferencias sin la
prisa del académico que obtiene puntos a destajo,
impartió cursos lo mismo en Alabama que en Gua-
najuato. En su juventud, participó en la creación de
las revistas, siempre efímeras, Clavileño y Segrel.
“El solitario acompañante” es el primero de los
Cuentos a deshora. Es la historia de un corrector
de pruebas, ya entrado en la vejez, que desde su
cuarto de azotea en la ciudad de México mira
llegar, con frágil estoicismo, los cuerpos de sus
antiguos compañeros a la funeraria que se halla
en la acera de enfrente. No tardamos en saber que
se trata de uno de esos hombres arrancados de su
tierra por la brutalidad innombrada del general
Franco. Una X trazada en una libreta es la última
imagen que entrega “El solitario acompañante”,
la última después de que a los oídos del corrector
de pruebas ha llegado la noticia de otra muerte
que duele. Podemos sospechar que Arturo Souto
Alabarce concibió este cuento como una anticipa-
ción, que marcó su propio nombre con una X en
esa hora en que la fcción promete exigirle cuentas
a la realidad. Murió el 1 de diciembre de 2013. L
antesala
LABERINTO sábado 4 de enero de 2014 # 03
POESÍA ESCOLIOS
Otra misiva
a un joven artista
Poemas
de un loco
Con un delicado sentido del humor, el autor veracruzano relaciona
a la creación con un oficio que transforma la mirada
E
stimado aspirante: una
pulsión te consume,
tienes la tentación
irresistible de escribir y hasta
has pensado que podría
ser una profesión valiosa.
Si te piden razones para la
rara elección vocacional,
acaso tendrás que acudir
a motivos confusos, como
esa sensación de pasmo y
revelación que experimentas
ante determinados textos o,
tal vez, tus razones sean más
concretas y mundanas, pues
piensas que escribir brinda
prestigio social, abundantes
refectores y sex appeal. En
todo caso, debes sopesar con
toda sinceridad la naturaleza
de tu llamado, pues eso te
ahorrará mucho tiempo y
confictos. Si aspiras al ascenso
en el mundo literario, apenas
tienes que leer y escribir: mejor
utiliza tu olfato y competencias
sociales; amplía tu círculo de
infuencias en todos los ámbitos
(recuerda que la prominencia
política o económica
también es intercambiable
en el medio literario); acude
a tertulias, ofrece festas y
cocteles; acércate a escritores
infuyentes, editores, críticos
y agentes literarios; no dejes
que nadie se te escape sin
halagarlo, imponerle un
manuscrito o solicitarle un
favor; participa en mesas y
presentaciones siempre con
palabra ligera y elogiosa; lee
periódicos y cultiva temas
de actualidad e interés;
multiplica, más que tus
obras, tu presencia; satura y
circula, y nunca te detengas en
anacrónicas consideraciones
de calidad o congruencia, pues
para triunfar no importa que te
lean, sino que te identifquen.
Si, por desgracia, el motivo de
tu vocación es menos práctico
y, por ejemplo, escribirías pese
a la falta de reconocimiento
y satisfacciones inmediatas,
si concibes la escritura como
una consagración, o hasta una
enajenación, entonces, pobre
de ti, debes desarrollar otras
destrezas. En su juguetón libro,
La creatividad literaria (Ariel,
2013), José Antonio Marina
y Álvaro Pombo indagan (en
diálogo con grandes creadores y
preceptistas como Valéry, Rilke,
Proust o Eliot) en los temas de
la vocación, la inspiración y la
concreción literaria. Para este
dueto, la creatividad proviene
tanto del entrenamiento
persistente como de una suerte
de gracia, tanto de lo rutinario
de la técnica como de lo insólito
de la inspiración. El enfoque
creativo es una cualidad
especial, pero puede aprenderse
y hay una parte operativa que
resulta fundamental. Crear
es un hábito, aunque siempre
renovado, que se compone
de la ensoñación dirigida, la
corrección consciente y hasta
la errata afortunada. Cierto, el
ofcio literario es indispensable,
pero no sufciente y, acaso,
una vez hecha la debida
gimnasia, la gracia se digne,
o no, a aparecerse.  En todo
caso, ya el ofcio te brinda una
base y, si no te visita jamás el
genio, por lo menos podrás
articular de mejor manera
tus percepciones, refexiones
y emociones. De modo que,
sin desdeñar a la musa, acaso
debas encomendarte a ese ente
sistemático, nada afrodisíaco,
que laboriosamente va forjando
sus obras en la acumulación, la
selección y la decantación. L
M
i poesía tiene un fn elevado.
Lo he notado estos últimos días.
Recién revisaba algunos manuscritos
que dediqué a cierta antigua dama
y me ha parecido que ahora mi “tono”
es mucho más confable que antes.
Ya no abundan los ripios en exceso.
Digamos que ahora mi escritura es más concentrada.
Es difícil llegar a este punto.
Se requiere de mucha fuerza de voluntad
y dejar ciertos vicios que antaño
nos dejaron no pocas satisfacciones.
Me refero a las jovencitas.
Es mejor observarlas y hacer a un lado
ciertos gustillos que en otro tiempo
hubiese sido más que improbable.
D
e nueva cuenta,
un yerro tras otro yerro.
¡El rey de los yerros!
¡Fantásticamente estúpido!
Me imagino que no tengo cabeza
cada vez que cometo una barbaridad.
¿En qué demonios estoy pensando?
¡Maldición!
Soy tan ciego que no veo...
¡Preferir guiñarle el ojo a la muchachita!
No tengo remedio.
¡Y de pronto una tierna sonrisa
nubla mi cabeza de espantapájaros!
¡Pero si seré torpe!
¡Necio!
¡Ver que se me escape todo!
¡Encerradme, pues, en un manicomio!
ESPECIAL
ESPECIAL
E
dgar Aguilar (Xalapa, Veracruz, 1977) es narrador y
poeta. Recibió en 2000 el Premio de Poesía Jorge Cuesta
(Universidad Veracruzana). Autor de Ecos (Ediciones
Safari, 2007) y La torta y otros relatos menos crueles (Edicio-
nes Cultura de Veracruz, 2010), fue editor de las revistas Liber-
tina y Artemisa. Colaborador de La Palabra y el Hombre, Casa
del Tiempo, Replicante, Periódico de Poesía, Revista Morbo,
Cronopio y La Jornada Semanal, entre otras publicaciones.
Próximamente aparecerá su libro Canto del marinero y otros
poemas (Editorial Praxis). Poemas de un loco es su más re-
ciente proyecto literario, aún inédito.
MILENIO #LABERINTO # http://www.milenio.com/suplementos/laberinto/Facebook: Laberinto Milenio/Twitter: SCLaberinto
Armando González Torres
agonzale79@yahoo.com.mx
Edgar Aguilar
MILENIO 04 # sábado 4 de enero de 2014
literatura
S
e puede ser lector instrumental y, al mismo tiempo,
analfabeto cultural y funcional. La razón es muy simple:
hay quienes tienen un especial resentimiento (algo más
que disgusto) hacia la lectura literaria, sea porque no
la disfrutan, sea porque no la comprenden, pero, sobre
todo, porque la consideran un lujo inocuo, un pasatiempo inútil,
una pérdida de tiempo. No son pocos los que piensan así.
No solo esto. Incluso personas con buena formación intelectual
se irritan contra la literatura, es decir contra la creación literaria
fccional cuando, por ejemplo, alguien recomienda este medio
como el inmejorable vehículo para la educación sentimental y la
formación cultural de las personas. En un arranque de “pragmatis-
mo” consideran banal o frívolo todo aquello que tiene que ver con
imaginación y fantasía. Lo desdeñan por falto de rigor académico
o sociológico.
Por todo ello, no es fácil que admitan que no hay nada mejor que
la fcción y la fantasía para iniciar a la gente en la cultura escrita y,
en general, en la cultura. El pensamiento sociológico lleva a pensar
a algunos que la fcción o lo fccional es del todo prescindible. Y,
con frecuencia, éste es el drama de la educación universitaria: que
enseña que solo es importante lo curricular y aquello que tiene una
utilidad inmediata dentro de una instrumentalización práctica.
Michèle Petit refere que incluso en Francia, ¡en la Universidad de
París!, no son pocos los profesores e investigadores que esconden la
novela o el libro de poesía que están leyendo para que ningún colega
La escuela del
resentimiento cultural
ENSAYO
El antagonismo entre lectores de ficción y lectores académicos, la universidad
deshumanizada, la frialdad intelectual, el pragmatismo y el libro como mero instrumento
de evaluación, son algunos de los fenómenos que explora el siguiente texto,
para enunciar los prejuicios recurrentes en torno de la lectura
Juan Domingo Argüelles los sorprenda en el campus “leyendo cosas sin im-
portancia”, es decir, cosas que les restan “seriedad
académica”. ¡Y esto ocurre en Francia! ¡Y en la Sorbona!
Lo curioso del caso es que las investigaciones sobre
las prácticas lectoras y los hábitos culturales han
demostrado que los lectores literarios suelen estar
más abiertos a otras materias o campos (psicología,
sociología, historia, flosofía, política, etcétera) que
los lectores sociológicos, muchos de los cuales in-
cluso únicamente leen sobre su especialidad y, más
restringidamente, sobre los productos internos de
su especialidad: tesis, artículos en revistas e inves-
tigaciones de su departamento, facultad o escuela.
No se les ocurriría traspasar esa frontera.
Ciertos lectores académicos desdeñan con
mucha facilidad todo lo fccional porque lo con-
sideran un “lujo burgués”, una inactividad, un
ocio improductivo. Esta conclusión es uno de los
mayores daños que ha causado la escuela y, en
particular, una escolarización carente de placer,
que ha privilegiado el pragmatismo frígido.
El gran escritor húngaro de lengua inglesa Stephen
Vizinczey refere lo siguiente en su libro ya clásico
Verdad y mentiras en la literatura (Seix Barral, 2001):
“Hace unos años vino una estudiante a verme a
Londres: estaba licenciándose en Literatura Inglesa
en Oxford. Mencionó un libro y yo le pregunté si le
ESPECIAL
había gustado. Poniéndose muy derecha, dijo con
orgullo: ‘¡No leo para sacar gusto, leo para evaluar!’
Me temo que es típica de la educación universitaria
y del género de expertos literarios que ésta produce:
aman a los libros como los niños mimados aman a los
criados: porque pueden sentirse superiores a ellos.
Extraen su disfrute no de la de la literatura, sino de
la emisión de su juicio, del poder”.
Con esta mentalidad, leer solo es importante si
es instrumental, si arroja una utilidad inmediata.
“Leer por leer”Ðque es el futuro de la lectura,
según ha dicho Armando PetrucciÐ no convence
a estos lectores. Para ellos, la lectura debe tener
un “para qué” de utilidad inmediata o, al menos,
evidente, tangible. Leer para un examen, leer
para una tesis, leer para el escalafón, leer para
una promoción, etcétera. Pero, con esta lógica,
leer es perder una buena parte del imaginario, del
mismo modo que leer, exclusivamente literatura
fccional, es perder de vista la realidad y mucho
de lo mejor del pensamiento escrito.
La verdad es que la escolarización deshumani-
zada (sin humanidad y sin humanidades), que es
a la vez una educación instrumentalizada, tiene
mucho que explicar a este respecto. Escolarizar
y preparar a la gente nada más para la “carrera”
y para el “trabajo” es una forma de cortarle las
alas de la imaginación, una manera de inhibir la
creatividad del ser humano.
En la actualidad, se llega al extremo de privilegiar
y recomendar, en las mismas universidades, solo
aquella lectura que tenga un “propósito social”.
A esto se refere, por ejemplo, Harold Bloom en
El canon occidental (Anagrama, 1995); a eso que
con buen apelativo denomina “la escuela del
resentimiento”, la cual predica que solo es ético
leer con un propósito social. ¡Vaya locura! (Las
supersticiones ilustradas existen, y tienen, por
cierto, muy buena prensa y no pocos partidarios.)
“Leer al servicio de...” se ha convertido en la
lectura “correcta”. Pero, junto con Bloom, existi-
mos algunos que todavía creemos en los lectores
comunes y corrientes, en los lectores autónomos
y en la lectura soberana. No es sorprendente que,
pese a sus estudios universitarios en Cornell y
en Yale, y pese a ser profesor en la Universidad
de Nueva York, Bloom haya puesto la siguiente
advertencia en el prólogo de El canon occidental:
LABERINTO sábado 4 de enero de 2014 #05
literatura
“Este libro no se dirige a los académicos, porque solo
un escaso número de ellos sigue leyendo por amor
a la lectura. Lo que Johnson y Woolf denominaron
el ‘lector corriente’ todavía existe, y posiblemente
siga siendo receptivo ante las sugerencias de lo que
debería leer. Tal lector no lee para obtener un placer
fácil o para expiar la culpa social, sino para ensan-
char una existencia solitaria. El mundo académico
se ha vuelto tan increíble que he oído a un crítico
denunciar a este tipo de lector, diciéndome que leer
sin un propósito social constructivo no era ético”.
¡Vaya con la concepción “ética” que tienen algunos!
Harold Bloom impugna este dislate del modo más
lúcido: “Leer al servicio de cualquier ideología es lo
mismo que no leer nada. La recepción de la fuerza
estética nos permite aprender a hablar de nosotros
mismos y a soportarnos. La verdadera utilidad de
Shakespeare o de Cervantes, de Homero o de Dante,
de Chaucer o de Rabelais, consiste en contribuir al
crecimiento de nuestro yo interior”.
Pero a los lectores del dogma social que no se
les hable de fuerza estética, emoción, sensibilidad,
combate de la soledad o crecimiento del yo interior,
lo único que les interesa son las evidencias con-
cretas de la “utilidad” de la lectura. ¿Emociones?,
se pueden preguntar, y se responden: “¿Cuáles
son las evidencias concretas de las emociones?”
Y siguen campantes, a pesar de que Antonio Ma-
chado les dijo hace mucho tiempo: “¿Dónde está
la utilidad/ de nuestras utilidades?/ Volvamos a
la verdad:/ vanidad de vanidades”.
Recientemente, Heriberto Yépez (“Rulfo en
2013”), hizo en Laberinto (5 de octubre de 2013)
un diagnóstico devastador en relación con la aca-
demia: “En journals o eventos, la mayoría [de los
académicos] refritea o sale al paso usando formatos.
El 70% de las ponencias no son textos. Son trámi-
tes”. Habría que agregar que con el PowerPoint,
las “presentaciones” académicas se han vuelto
promociones de Microsoft. El público no sabe a
qué hacerle mayor caso: si a la presentación o la
lectura (casi literal de la presentación) que hace un
expositor que sin el PowerPoint sentiría que no ha
dicho nada, aunque, de todos modos, no diga nada,
porque en esas presentaciones nos enteramos de lo
que opinan algunos autores citados, pero no, por
cierto, de lo que opina el autor de la presentación:
alguien que, en general, o no tiene opinión o bien
(debemos suponer) opina exactamente todo lo que
opinan sus autores multicitados.
Por lo demás, hay quienes no solo no admiten
que su frigidez lectora puede ser una patología,
es decir un grave trastorno físico o emocional,
sino que incluso lo presumen, lo ostentan, como
si de una virtud se tratara, todo ello producto
de tantos años de recibir (sin procesar) ideas
en una escuela que condena el placer íntimo y
únicamente aprueba el fn social y el resultado
práctico inmediato. Resulta lógico que este tipo de
lectores Ðcomo la joven londinense que describe
VizinczeyÐ tan solo lea para evaluar, pero jamás
para sacar gusto alguno. Hoy la chatura emocional
suele confundirse con “seriedad”.
Espíritus chatos, sensibilidades aplanadas,
juzgan un bien necesario solo en función de la
utilidad inmediata y tangible, del pomposamente
denominado “impacto social”. Son insensibles al
arte y a la cultura, pero están orgullosos de serlo.
Muchos de ellos son incultos, pero se muestran
muy satisfechos de ello, como un profesionista
(era ingeniero, pero hubiera podido ser abogado,
economista o lo que fuera) que tuve por compañero
de asiento en un viaje en avión a Monterrey, que
interrumpió mi sabrosa lectura para “conversar”
(más bien para hablar él, para escucharse), pero
sobre todo para decirme que él no leía libros porque
nunca los había necesitado, y tenía un alto puesto
ejecutivo en una empresa.
Este es el tipo de profesionistas que ha formado
la escuela deshumanizada del resentimiento cul-
tural. Se sienten con la necesidad de presumir su
estatus puesto que no pueden mostrar su formación
cultural o intelectual. Y, a pesar de todo, se sienten
en la necesidad de acentuar que no leen, para poder
convencerse de que, al fn y al cabo, tampoco lo han
necesitado para conseguir su estatus. ¿Extraño? No,
no es extraño. El caso es uno entre una multitud:
una gran abundancia de incultos satisfechos con
su incultura; una enorme proporción de frígidos,
ufanos de su frigidez. L
Música expresiva
de Fernando Del Paso
ENSAYO
En días pasados, el autor de Palinuro de México fue galardonado con el Premio
Internacional Alfonso Reyes 2013. Presentamos un repaso de su obra
Héctor Iván González
hombresdeagua@yahoo.com.mx
CLAUDIA GUADARRAMA
R
ecuerdo con mucha claridad cuál fue el primer texto de Fernando
Del Paso que conocí, lo encontré en el número uno de la revista,
ahora desaparecida, Paréntesis, se trataba de un ensayo intitulado
“‘Vive la France!’ O de los usos y abusos del paréntesis”. No dejaba de
sentir asombro mientras leía esa clase magistral, esa degustación de
las palabras y esa forma de hacer que el lenguaje hablara por sí mismo.
Del Paso explicaba, a partir de un texto que iba alterando, la forma en
que el paréntesis podría ser centrífugo, centrípeto, rectilíneo y, en el
peor de los casos, oncológico. En aquellos años mi pasión por la prosa
nacía gracias a los cuentos de Borges y de Flaubert, sí, paradójicamente
no eran sus novelas, fue un cuento como “Herodías” el que me hiciera
notar que, cuando se escribe, hay un tono y una elección precisa de las
palabras. A partir de ese momento incluí a Del Paso entre mis prosistas
predilectos por esas seis breves páginas.
Posteriormente, sentí un profundo entusiasmo por Noticias del Im-
perio, una obra imposible de catalogar, con tantos registros, de tantas
aproximaciones a la historia o a la dramatización, y de una potencia
lírica como muy pocas; un crisol cuya profundidad histórica, infati-
gable documentación y estilo literario, impuso un hito en la literatura
mexicana. Al momento de leerla, venían a mi mente los pasajes más
intensos de las mejores novelas del siglo XIX, Rojo y Negro de Sten-
dhal, El Conde de Montecristo de Alexandre Dumas, Nôtre–Dame de
Paris de Hugo o Salambô de Flaubert. Me hacía pensar en esas obras
porque éstas me parecen las más logradas de sus autores respectivos,
y venían a mi mente porque en Noticias del Imperio uno percibe la
misma fuerza vivifcadora que se experimenta cuando se entra a una
obra maestra, una gran catedral que hay que recorrer a pie a través
de pasillos infnitos, naves interminables, que lo dotan a uno de un
agrandamiento de la psique. Varias veces me he sorprendido citando
esta obra como un fel juraría sobre la Biblia, y otras tantas releyendo
sus páginas para hallar la eufonía de la prosa, un aliento poético vivaz.
Fue algo muy parecido cuando me acerqué a José Trigo, Palinuro de
México y Linda 67. Historia de un crimen, o cuando leí Bajo la sombra
de la historia o sus poemarios Sonetos del amor y de lo diario o Poemar.
Ahí está al autor que malea el lenguaje, que sacude o bruñe las palabras
para erigir una torre de naipes y formar una muralla de metáforas.
Porque lo que es y siempre ha sido Del Paso es un poeta, como lo fue
Virgilio y como lo fue Dante. De esto uno se puede percatar al hacer la
prueba más rigurosa, aquélla que usaba Flaubert para cerciorarse de
que las líneas recién escritas tendrían la vigencia de un corazón que
palpita en el momento en que se acomete la lectura. Me refero a la
prueba del gueulard (o del vocinglero, en español), leer el texto en voz
alta; buscar, ya no la grafía ni la mancha tipográfca, sino la reacción
del oído a la caricia de las modulaciones, la resonancia en el espíritu,
por esto las novelas delpasianas me hacen pensar en sinfonías tota-
les como las de Bruckner, porque cuando escucho el adagio de la 7ª
Sinfonía pienso en Carlota y en la tristeza lánguida que reclama que
le hagan caso y la ayuden para que no la envenenen, o que recrimina
a Maximiliano y lo amenaza con clavarle espinas
de maguey en el glande. Lo equiparo con algunas
sinfonías de Shostakovich cuando Del Paso nos
deja ver la victoria de la batalla en Puebla o nos hace
testigos del peregrinaje de Juárez por todo el país
llevando a cuestas su dignidad y honra innegables.
También recuerdo la 5ª Sinfonía de Gustav Mahler,
en su segundo movimiento, cuando José Sedano es
víctima de la angustia al saber que lo alejarán de la
Quinta Borda para que dizque aprenda a plantar otro
tipo de fores que le gustaban al Emperador, pero que
en el fondo solo será un pretexto para que su esposa
se bañe desnuda con aquel que llegó como dueño de
México para desbaratarle la vida. Podría dar más
ejemplos de a qué suena la prosa de Del Paso, solo
necesitaría citar la Sinfonía del Nuevo Mundo de
Dvo」ák para recordar el primer pasaje de Palinuro
de México, del mismo modo que veo su propuesta
vanguardista a lo Györgi Ligeti en el resto de esta obra.
Y si evocamos la historia de José Trigo podría decir
que me viene a la mente algo más enigmático, como
un ballet macabro a lo El sacrifcio de la Primavera
de Stravinsky. Todo esto sucede porque la escritura
de Del Paso se vuelve música expresiva, imágenes
que escalan en el aire, centellas que escriben en el
humo del cuarto la historia de México, esa historia
que huele a pólvora.
He mencionado la fuerza vivifcante, que es uno
de los aspectos propios de Del Paso, pero también
está el azoro que, para el novelista en ciernes,
provoca el estilo, las páginas, los capítulos y las
novelas de nuestro autor. Un azoro equiparable al
que brota cuando se piensa en Proust, en Faulkner
o en Tolstoi. La perplejidad parecida al vértigo que
surge cuando esas imaginaciones, esas fortalezas
creativas, nos van llevando paulatinamente a un
grado mayor de inquietud al ir percibiendo la fuerza
de sus naturalezas. Esa sensación que hace sentir
pequeñito a cualquiera que sepa el esfuerzo que se
requiere para escribir una novela. Tan pequeñito
que se sublima el acto de la escritura a grados ver-
tiginosos, pero que es la legítima respuesta de una
imaginación que ha sido puesta a prueba.
La voz narrativa de las novelas delpasianas apela
a una ética que nunca cae en el dictado de la faci-
lidad. Cuando describe las torturas de Bazaine, la
corrupción de los mexicanos que trajeron a Maxi-
miliano, la frivolidad de aquella corte invasora, su
absurdo gusto por el boato, las miserias de Márquez
o de Miramón, o la incongruencia de los países que
apoyaron la Intervención, el lector es persuadido
de que, de haberse dado la victoria extranjera,
México se hubiera quedado en ruinas. Admiro la
entereza de Del Paso al no caer en las posturas más
conservadoras de muchos autores coetáneos suyos;
valoro su rechazo a perder su mexicanidad y su ca-
pacidad para nunca confundir cosmopolitismo con
malinchismo. No se necesita abundar mucho para
subrayar que Del Paso sabe, igual que Juan Rulfo o
que Daniel Sada sabían, que el arte se alcanza de
forma centrípeta, de cara a la comunidad universal
pero creando el idioma propio.
Su narrativa le habla de tú a todas las culturas
porque sabe que es el trabajo y el esfuerzo los que
otorgan el pasaporte para la grandeza de las tra-
diciones, sin necesidad de sentirse un entenado o
alguien que deja en empeño su prestigio artístico
para que le aplauda un auditorio ajeno. Quizá por
eso, y por otros muchos motivos, Fernando Del Paso
siempre ha sido un autor alejado de todas las escuelas
literarias, inclasifcable en el contexto mexicano,
un maestro de maestros, un hombre de letras en el
más alto de los grados posibles. L
Su estilo literario ha impuesto un hito en la literatura mexicana
LABERINTO
Paz, Huerta y R
A
mediados de 1943, un joven escritor que se había
formado y que había tenido sus primeros éxitos
literarios en el sexenio de Lázaro Cárdenas (1934–1940),
se siente a tal grado asqueado del giro conservador
que ha dado la política nacional con la presidencia de
Manuel Ávila Camacho y con el subsecuente ambiente de hipocre-
sía y corruptela que domina en lo que él llama “la casta literaria y
artística”, que, pertrechado por una beca Guggenheim que recién
ha obtenido con el apoyo de Alfonso Reyes, se dispone a dejar el
país. Pero no lo hace sin exponer en público su insatisfacción.
Sostiene categórico que México se ha convertido en “el país de la
falsifcación y la mentira”, que los especuladores se enriquecen a
costa de incrementar la miseria de “las clases pobres y medias” y que
la crítica literaria vive, de plano, una época abyecta. Chantajistas e
inquisidores, en palabras de este angry young man, los plumíferos
mexicanos “incapaces de realizar una crítica creadora y honrada,
ofenden e injurian a todos aquellos que piensan que la literatura no
tiene nada que ver con la charla de los loros, con el mugido de las
vacas o con las palabrotas de los matones y pistoleros.” Se simula la
democracia en lugar de ejercerla. Cada jefecillo o caudillo literario
tiene a su servicio “una diligente manada de perros literarios” listos
para ladrar y morder a todo aquel que se opone a los caprichos del
tiranuelo. Se trata, en suma, de una crisis de la literatura mexicana
“que abarca no solo a pobres pandilleros sino a todos, sin excluir
a las víctimas de las injurias y provocaciones de los gangsters.”
Los poetas chillan en lugar de escribir poemas, los pintores pre-
feren redactar manifestos a pintar cuadros, y hasta los flósofos
(supongo que se refriere a García Bacca y a José Gaos) dan gato por
liebre pretendiendo vendernos su vieja mercancía colonialista en
la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. ¿Y de la novela y la
poesía que escriben sus coetáneos, qué dice? Transcribo su ácida
opinión: “las divagaciones místico–indigenistas se visten con el
ropaje de la novela y hasta del marxismo; anacrónicos Antonios
Plazas confunden sus sórdidos confictos eróticocabareteros con
la poesía y pretenden hacernos creer que esa chabacanería de
hampones es la expresión del sano espíritu del pueblo…”
Todo sería entendible y hasta compartible en el autor
de estas líneas, un joven iracundo llamado Octavio
Paz (1914–1998), si no fuera porque en este último
párrafo se está refriendo al narrador José
Revueltas (1914–1976), cuya novela El luto
humano acababa de ganar el primer lugar
en el premio convocado por la Unión
Panamericana de Washington, y el
consiguiente derecho de representar a
México en este concurso, y si no fuera
porque el poeta aludido es ni más ni
menos que Efraín Huerta (1914–1982),
sus dos amigos más cercanos de la
revista Taller (1938–1941).
¿Cómo saber que alude a ellos,
pese a que no menciona sus nom-
bres? Además de que las referencias
resultan transparentes, apenas tres
semanas antes el mismo Paz había
dado a conocer una severa nota bi-
polar acerca de El luto humano en
el periódico Novedades, hospitalario
entonces a sus colaboraciones, en el que
condenaba lo que a él le parece un intento
frustrado de novela sin dejar paradójica-
mente de elogiar a la persona que la escribió.
José Revueltas, en efecto, le parece talentoso,
dotado de fuerza imaginativa y dueño de un
vigor y una sensibilidad fuera de serie. Todavía
más, reconoce que “es el primero entre nosotros
que intenta crear una obra profunda, lejos del
costumbrismo, la superfcialidad y la barata
psicología reinantes.” Lo anterior, empero, no
le impide destrozar su texto. Sostiene Paz,
resumiendo su juicio: “La novela,
como se ve, está contaminada
de sociología, religión e
historia antigua
y presente
de
México. Otro tanto ocurre con su lenguaje, a ratos brillante, a
ratos extrañamente torpe, desaliñado y siempre con un lastre
de lirismo sin empleo. También son notables su torpeza para
relatar —que nace, seguramente, de esa incapacidad de ciertos
escritores modernos para decir las cosas de un modo sencillo— y
sus frecuentes confusiones de tiempo y espacio.” No acaba aquí
el dicterio. Agrega: “A la novela le falta el sentido del tiempo, de
la duración tanto como del suelo. Todo esto contribuye a que la
acción deshilvanada transcurra en una atmósfera pantanosa, en
la que a veces desaparecen sus fantasmales personajes.”
Hay que decirlo de frente: Paz nunca fue un buen crítico de
novela, y resulta curioso que le reproche a Revueltas una torpe-
za para relatar (sic), no saber manejar el tiempo, proponer una
“acción deshilvanada” y que sus personajes desaparezcan como
fantasmas, comentarios que pareció calcar Alí Chumacero un
decenio después cuando reseñó la primera edición de la gran
novela de Rulfo, Pedro Páramo.
Más injuriante, si cabe, es el juicio acerca de Efraín Huerta. La
comparación con el poeta populachero Antonio Plaza (célebre entre
otras cosas por su poema “A una ramera”) tiene por supuesto un
ánimo denigratorio. Huerta, según esto, confunde los “sórdidos
confictos eroticocabareteros con la poesía” y llevado por sus
impulsos populistas quiere hacernos creer que esa “chabacanería
de hampones” expresa el “sano espíritu del pueblo.”
¿Qué es lo que provoca esta descarga de moralina? Sin duda,
la publicación en revista de “La muchacha ebria”, que Huerta
incluiría en Los hombres del alba (1944), considerado por muchos
críticos como su mejor libro de poemas. Trascribo el arranque:
Este lánguido caer en brazos de una desconocida,
esta brutal tarea de pisotear mariposas y sombras y cadáveres;
este pensarse árbol, botella o chorro de alcohol,
huella de pie dormido, navaja verde o negra;
este instante durísimo en que una muchacha grita,
gesticula y sueña con una virtud que nunca fue la suya.
(…)
Ah la muchacha ebria, la muchacha del sonreír estúpido
y la generosidad en la punta de los dedos,
la muchacha de la confada, inefable dulzura para un hombre,
como yo, escapado apenas de la violencia amorosa.
Resulta bizarro que este poema que Paz abominaba
sea uno de los que le habrá de merecer, treinta años
más tarde, la admiración incondicional de la naciente
tropa infrarrealista encabezada por Mario Santiago y
Roberto Bolaño. Los infrarrealistas, que detestaban
con fervor a David Huerta, y a todo lo que sonara a
poesía exquisita, no solo adoraban a su padre, Efraín,
sino que de algún modo lo “incorporaron” a su em-
presa de agitación cultural. La publicación del
libro de Santiago Papasquiaro, Jeta de santo
(Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2008)
no me deja mentir. Hay ahí cuando menos tres
textos de homenaje a “Infraín Huerta (1914–1982)”
elevado al rango de mentor y santo patrono del
movimiento, como lo prueba este fragmento:
Es 1 viejo jipi estalinista/ atlantista & erotómano
Encerrado en su semidesnudez & sus libracos
No posee joroba
Pero sus hijos/ sembrados en el amanecer de los caminos
Lo tenemos por sagrado
Menciono, así sea de paso, el
“rescate” de los infras, que
solían frecuentar a Huerta
en su departamento de
Polanco, porque ellos
han sido prácticamente
los únicos hasta ahora
que han reclamado ser
no solo los herederos
sino los “hijos” de su
poética callejera y
a menudo ríspida.
Vuelvo a la his-
toria inicial. Lo
Nacidos en 1914, amigos
y compañeros de
páginas, de inquietudes
literarias y por un
instante breve, de
luchas sociales, el
siguiente ensayo traza
el camino que siguieron
los dos poetas y el
narrador, un sendero
teñido de aspereza pero
no de enemistad
Evodio Escalante
Tres centenarios
FO
TO
S: ESPECIA
L
sábado 4 de enero de 2014 #07
de portada
Revueltas
que llama la atención es que ni Revueltas ni Huerta le
tomaron rencor a su amigo por estos ataques, ni hay
huellas, hasta donde sé, que hubieran respondido a
sus críticas. Al revés, siempre le guardaron enorme
admiración y respeto. Un breve repaso a Aquellas
conferencias, aquellas charlas (UNAM, México, 1983)
de Efraín Huerta, permite corroborarlo. De nadie se
expresa el Cocodrilo con mayor entusiasmo que de
la fgura de Paz. De sus años de juventud: “¿Qué era
y cómo era? Era fervor puro, inquietud pura; era un
alucinado, era un impetuoso, un hombre ardiendo,
un poeta en llamas. Era un hombre animado por
una pasión, consumido por una pasión.” Empero,
es también un torbellino que lo mismo despierta
veneración que repudio. Lo registra Huerta en estas
conferencias de fnales de los años sesenta: “Octavio
Paz, como poeta nacido en México, tiene en México
sus más feroces y despiadados detractores, al par que
sus adoradores más fanáticos. Negarlo tercamente,
es tan dañino como venerarlo.” El comentario fnal
no podía ser más elogioso: “Octavio ha cumplido
cincuenta y tres años. En estos segundos, en su hora,
en su tiempo, es el más joven entre todos nosotros,
sus más feles contemporáneos; es el más joven entre
los jóvenes, el más poeta entre todos los poetas de
su tiempo.”
Habiendo dimitido de la Embajada de México en
la India a raíz de la represión contra los estudiantes
orquestada por el gobierno de Díaz Ordaz el 2 de
octubre de 1968, Paz, en su doble faceta de poeta y
ensayista, se convirtió como por arte de magia en el
Herbert Marcuse que teníamos a nuestro alcance:
un faro moral e intelectual que podía orientarnos
en nuestra resistencia contra el poder establecido.
Despertaba una fascinación irrestricta en gran parte
de los universitarios de aquella época. Anunciarse
una lectura de Octavio Paz en el Auditorio
Justo Sierra de la Facultad de Filosofía
y Letras de la UNAM y presenciar
un lleno completo era un símbolo
de los tiempos, tan sencillo
como esto. Me tocó estar en
una multitudinaria lectura
que debería tener lugar,
precisamente, el 10 de junio
de 1971. Estaba por iniciarse
el acto cuando Paz anunció
que le llegaban noticias de
que grupos paramilitares
estaban golpeando a los
estudiantes en la Ribera
de San Cosme, y que este
hecho obligaba a suspender
el acto. Nunca tuvo entre
nosotros un rating como en
esa época.
Las posiciones políticas de Paz,
una vez establecido en México, em-
pezaron a identifcarse con las de los
neoliberales en el poder. Recuerdo mi
impresión un día que pasé a saludarlo
en su departamento de Paseo de
la Reforma a principios de
los años 80, ya en pleno
Más conocida es la carta pública que le envía Revueltas a Paz desde
Lecumberri en 1969. Entresaco un primer párrafo indicativo: “Martín
Dozal [este es el nombre del estudiante con el que José compartía
su celda] lee a Octavio Paz; tus poemas, Octavio, tus ensayos, los
lee, los repasa y luego medita largamente, te ama largamente, te
refexiona, aquí en la cárcel todos refexionamos a Octavio Paz, todos
estos jóvenes de México te piensan, Octavio, y repiten los mismos
sueños de tu vigilia.”
En el país del siniestro cacique de Cempoala, como se lee en el
poema de Paz titulado “El cántaro roto”, esto es, en el México represor
de Díaz Ordaz, de Echeverría y de Gutiérrez Barrios, los poemas y
los ensayos de Paz son como una lámpara en las tinieblas. Por eso
Revueltas añade ahí mismo, en clara alusión a este glorioso poema
de La estación violenta del propio Paz: “No, Octavio, el sapo no es
inmortal, a causa, tan solo, del hecho vivo, viviente, mágico de que
Martín Dozal, este maestro, en cambio, sí lo sea, este muchacho
preso, este enorme muchacho libre y puro.”
En medio de la desesperación más espantosa, “cuando ya creía-
mos perdido todo, cuando mirabas a tus pies con horror el cántaro
roto”, parece agregar Revueltas, he aquí que existen los estudiantes
rebeldes y he aquí que tus poemas confrman y alientan esta rebeldía.
“Hemos aprendido desde entonces —asegura Revueltas ya casi para
concluir— que la única verdad, por encima y en contra de todas las
miserables y pequeñas verdades de partidos, de héroes, de bande-
ras, de piedras, de dioses, que la única verdad, la única libertad es
la poesía, ese canto lóbrego, ese canto luminoso.”
Teniendo tras de sí una larga carrera como novelista, cuentista,
periodista, dramaturgo y guionista de cine, José Revueltas escribirá
en Lecumberri lo que es sin duda su testamento y su obra maestra: El
apando (1969). Yo había participado como estudiante por esos años
en un movimiento popular en contra el gobernador del estado de
Durango y había sido secuestrado por elementos del ejército federal, en
compañía de algún otro estudiante y de un pintor de brocha gorda al
que de cariño apodábamos “Siqueiros”. Desperté en el Campo Militar
número 1 y fui interrogado por Miguel Nassar Haro. Entiendo que
algunos periódicos dieron noticia de las manifestaciones que había
en mi natal Durango, exigiendo a las autoridades que devolvieran a
los “desaparecidos”. Como era, y desafortunadamente sigue siendo,
la costumbre en la política nacional, estas “desapariciones” forzadas
se realizaban al margen de la ley y por decirlo así “en lo oscurito”.
Solo el gobierno, en dado caso, podría saber dónde estábamos.
Por esas fechas, Revueltas había salido de la cárcel gracias a
un indulto de Echeverría y se había internado en el Hospital de
Nutrición de la Ciudad de México, con el fn de hacerse unos estu-
dios pues padecía del páncreas. Ahí coincidió con una estudiante
de Durango, internada igualmente en el hospital. Se hicieron
de plática y Revueltas le preguntó si me conocía. A la respuesta
afrmativa de la estudiante, Revueltas le dio un ejemplar dedicado
“de su puño y letra”, como luego se dice, de la segunda edición de
El apando, para que me lo entregara al regresar a provincia. Esa
dedicatoria fue para mí un regalo muy especial, pues Revueltas
no me conocía sino de nombre. Rebosante de idealismo optimis-
ta, escribió en la dedicatoria: “Para Evodio Escalante y a través
suyo, a los universitarios de Durango —valientes, intrépidos,
insobornables. José Revueltas. Febrero, 1972.”
Seis años más tarde, Efraín Huerta, cuyos “poe-
mínimos” le habían labrado una nueva no-
toriedad entre la gallera literaria, me puso
esta dedicatoria en un ejemplar de sus
50 poemínimos (Taller Martín Pes-
cador, México, 1978): “Para Evodio,
escalantemente poeta, ¡ay carajo!
Efraín.” Mi nombre, por cierto,
lo escribió con una caligrafía
intencionadamente temblona,
como si le evocara una película
de horror. Sin duda era un
tipo sumamente querible.
Aunque conversé un
par de veces con Octa-
vio Paz, a quien en lo
fundamental siempre
admiré, nunca me pasó
por la mente pedirle que
me autografara uno de
sus libros. L
régimen de Miguel de la Madrid, y lo primero que me
dijo fue: “¿La estamos haciendo bien, no le parece?”
El implícito de su frase, al menos así lo interpreté,
es que él se consideraba parte, así sea no ofciosa,
del gabinete que entonces gobernaba el país. Este
giro que desmentía su anterior posición disidente,
por supuesto que afectaba su imagen pública. No
es de extrañarse que los mismos estudiantes que lo
veneraban en 1971 lo recibieran con rechifas pocos
años después, en mayo de 1977, cuando Hugo Gu-
tiérrez Vega, entonces director de Difusión Cultural
de la UNAM, organizó una lectura colectiva en el
Palacio de Minería, en la que participarían los poetas
más reconocidos del momento: Sabines, Bañuelos,
Labastida, García Terrés, el propio Gutiérrez Vega,
etc. Los poetas entraron en fla a ese auditorio que
los aguardaba con expectativa… Cuando Octavio
Paz, seguido inmediatamente por Efraín, entró en
el lugar, fue abucheado por la multitud. La reacción
de Huerta no se hizo esperar: se giró de inmediato y
manoteando y haciendo gestos de que nos calláramos
(una operación por un cáncer en las cuerdas vocales
lo había dejado afónico) logró aplacar las muestras
de disgusto. Lo sorprendente aquí no fue que los
estudiantes rechazáramos a Paz, sino que, muy
obedientes, nos calláramos ante este decidido
gesto de su gran amigo de juventud. En
efecto, a Huerta, pasara lo que pasara,
siempre le tuvimos ley, como se dice
en el norte.
José Revueltas, salvo una breve
anotación en su Diario, donde a la
letra afrma “el pensamiento de
Octavio Paz se dispara al aire”,
con lo que da a entender que
como ensayista, sobre todo
en su aspecto flosófco, Paz
se deja llevar a menudo por
impulsos rapsódicos, mantuvo
hasta el fn una relación muy
cordial con su compañero de
generación. Las otras referencias
que existen se remontan a los
días en que Revueltas se encon-
traba en la cárcel de Lecumberri en
calidad de preso político, castigado
por su participación en el movimiento
del 68, por supuesto. Le anota en carta
a su hija Andrea: “El domingo pasado
vino a verme Octavio Paz. Vino en
compañía de Montes de Oca.
Como siempre magnífco, limpio,
honrado, este gran Octavio a
quien tenía más o menos
ocho años de no ver
o algo así.”
EL CÁNTARO ROTO
(fragmento)
Octavio Paz
El dios–maíz, el dios–for, el dios–agua, el
dios–sangre, la Virgen,
¿todos se han muerto, se han ido, cántaros
rotos al borde de la fuente cegada?
¿Sólo está vivo el sapo,
sólo reluce y brilla en la noche de México el
sapo verduzco,
sólo el cacique gordo de Cempoala es
inmortal?
La estación violenta (FCE, México, 1958), p. 50
MILENIO 08 # sábado 4 de enero de 2014
danza
C
omienza un año y se espera, como por
arte de magia, que se inicie un cambio
de ciclo y el futuro nos confera la fuerza
para encarar con una buena sonrisa y
los pies en la tierra los acontecimientos
que se avecinan de forma inexorable.
Pero nos guste o no, la cuesta de enero se inicia con
gran incertidumbre para la danza nacional. El 2013
dejó tras de sí muchas batallas perdidas, cambios de
mando en las instituciones culturales, fracasos en el
foro, muertes lamentables y sobre todo un caos con
respecto a la estructuración de eventos.
Si el 2013 fue un año difcilísimo, el 2014 lo será
también, porque ni la danza ni el arte en general
pueden estar fuera del contexto social por el que
pasa el país. Como dice Néstor García Canclini en
uno de sus textos, existen múltiples obstáculos para
entender la correlación entre procesos artísticos y
procesos sociales.
Entre ellos “las posiciones idealistas y románticas
que imaginan al arte como un fenómeno espiritual,
ajeno a las condiciones sociohistóricas” y los “‘crea-
dores’ que reclaman para sí la originalidad absoluta”
y por supuesto los “historiadores que examinan
el desarrollo artístico como la sucesión aislada de
individuos excepcionales y obras solitarias”.
La administración pública heredada de los panistas
ha sido un verdadero desastre. Pero la posición de
cacicazgo de los priístas y la ineptitud de los perre-
distas han puesto de cabeza a un golpeado gremio
dancístico que sobrevive a fuerza de nadar contra la
corriente en muchos casos y, en otros, cediendo —con
resultados funestos— frente a los programadores de
teatros y festivales.
¿Qué depara entonces el 2014 a creadores y bailarines?
En primer lugar la falta de reconocimiento al trabajo
artístico: Como se sigue pensando que los artistas son
seres “hipersensibles, excepcionales y únicos”, se les
trata bajo pautas que no tienen nada que ver con el
proceso histórico cultural de país.
Se les considera entonces —paradójicamente—
como autores de actividades que en realidad no
dan ningún benefcio a la sociedad en general y, por
lo tanto, prescindibles, ya que su trabajo es elitista.
Mientras tanto, instituciones de gran impacto
cultural como Conaculta, Fonca, INBA, UNAM y
CRÍTICA
los innumerables problemas que existen en esa
institución.
Aunque nunca ofrece conferencias de prensa, a
fnales de diciembre pasado anunció que hará una
temporada internacional en el Palacio de Bellas
Artes, cambiará el perfl del Premio INBA/UAM y
hará un homenaje a Guillermina Bravo, fallecida en
noviembre del 2013.
Nájera se ha dedicado a realizar un diagnóstico
nacional de la danza escénica, recorriendo el país
de cabo a rabo, y está convencido que los festivales
deben de continuar pero que la programación de
danza de primer nivel tiene que ser permanente en
todos los foros del país.
Buenas intenciones, pero la realidad es que no
cuenta ni con el presupuesto ni con el apoyo de las
instituciones culturales de provincia, para llevar
adelante su proyecto. El centralismo siempre ha sido
una mala estrategia y muchos programadores del
interior están hartos de recibir instrucciones desde
la Ciudad de México.
Tenaz y decidido, Nájera ha afrmado que logrará
sus pretensiones pero sin recursos adecuados y un
buen margen de maniobra. Él, que ha sido un artista
de primera línea, no aguantará la burocracia brutal
del INBA. El 2014 será el año que defnirá hasta dónde
puede llegar con su empuje y conocimiento.
MEXICO CITY
En lugar de Nájera, en la Dirección de Danza de la
UNAM entró la regiomontana Angélica Kleen, ex
directora de la Escuela Superior de Música y Danza
de Monterrey y experta de reconocido currículum
en la enseñanza del ballet.
Con buen ánimo, pero sin presupuesto, Kleen
se volcó en el 2013 hacia la danza de afcionados y
para el 2014 ha preparado un proyecto dirigido a la
docencia profesional y la capacitación académica,
con una mirada hacia los programas de posgrado. Es
claro que ya es hora de que la UNAM cuente con un
centro especializado para la capacitación dancística
y no sería raro que Kleen busque apuntalar el inicio
de semejante proyecto.
Por otro lado, se sabe que elaborará propuestas
de producción dancística con grupos de danza
contemporánea, ballet y famenco. El Salón de
Danza seguirá siendo un espacio de experimen-
tación para los que no tienen foro o buscan otro
tipo de acercamiento con el público.
Tanto Kleen como Nájera, no han logrado convocar
al público a sus eventos de mayor calidad. La prolife-
ración de grupos de jóvenes llenos de vitalidad que
son parte del movimiento de moda de la “no danza”
—realizan acciones, medio actúan, hacen espec-
táculos incomprensibles y sin objetivos claros y no
se entrenan— ha ahuyentado a la gente de los foros.
Interesante como fenómeno cultural pero con poca
trascendencia en el ámbito del arte, la “no danza”
es contestataria. Muy interesante para quienes la
realizan pero aburrida para quien paga una entrada
y siente que lo que vio fue un fraude.
El Teatro Esperanza Iris de la caótica Secretaría
de Cultura del Gobierno del Distrito Fedral, bajo la
dirección de Ángel Ancona, dio batalla en el 2013 y se
lució con fguras como la del bailaor famenco Israel
Galván. Para el 2014 —si es que no se derrumba toda
la estructura de la Secretaría de Cultura— dará cupo
y hasta intentará producir a múltiples compañías de
ballet, danza contemporánea, famenco y folclor. Pero
no solo en ese foro sino también en el Benito Juárez
y en A Poco No, entre otros.
Si Ancona contara con un presupuesto, por lo menos
triplicaría sus actividades, pero hasta el momento
solo ha ofrecido taquillas y mínimas condiciones.
Utilizando toda suerte de intercambios, se dice que
en marzo traerá a uno de los bailarines contempo-
ráneos más cotizados de Inglaterra.
Muchas visiones nuevas de la danza quedan fuera
de esta pequeña refexión para el futuro. Pero me
parece fundamental subrayar que el arte de la danza
no mejorará si los aspectos de seguridad pública,
educación, producción económica, protección del
patrimonio y el claro establecimiento de políticas
culturales y su aplicación real, no funcionan de forma
holística al lado del desarrollo artístico.
¿A quién diablos se le ocurre dedicarse a la danza
en México? La respuesta es sencilla: a los que no
pueden evitarlo y lo hacen en contra de todo, incluso,
en ocasiones, de su propia seguridad económica y
profesional a futuro. L
Los ínfimos logros de la política cultural imponen un reto para los encargados de la
producción y organización de proyectos coreográficos en el país. A continuación,
un análisis de las actividades que este año se intentarán llevar a cabo
la Secretaría de Cultura del Gobierno del DF ofrecen, orientados
hacia el positivismo y lo peor, hacia el difusionismo, cifras cuanti-
tativas de sus miles de actividades, benefciarios, becarios y público
asistente a sus eventos sin jamás detenerse a analizar la dimensión
cualitativa de lo que hacen. Porque si la danza ha de ser evaluada
en cualquiera de sus aspectos bajo la perspectiva de la “utilidad”
a obtenerse de ella, estamos perdidos en un laberinto sin salida.
A esto se aúna que si las propuestas de estas formas artísticas que
se presentan cotidianamente en los foros del país no son sujetas a una
estricta curaduría y evaluación, en cuanto a su calidad los teatros se
quedarán vacíos.
Hasta ahora, las programaciones de festivales y teatros del país se
hacen con supuestos criterios “democráticos” y no de calidad, porque
se considera que ésta solo posee un valor subjetivo, que suele vincularse
con la idea de que todo mundo debe tener acceso a los escenarios.
Cabe entonces la pregunta de si lo que se debe de evaluar es la “popu-
laridad”, digamos al estilo del Ballet Folklórico de Amalia Hernández,
compañía privada que lleva más de cincuenta años haciendo uso del
Palacio de Bellas Artes y otros foros del gobierno federal bajo un con-
venio que nadie conoce.
MAINSTREAM
Estar fuera de los medios masivos, no hacer el uso adecuado de ellos y
no invertir en difusión de la danza nacional es un error capital.
Si se hiciese una evaluación sobre lo mejor de la danza internacional
que se vio en México en el 2013, sin duda el Festival Internacional
Cervantino estaría a la cabeza. Con una programación espectacular,
presentó en su última edición a la excepcional compañía taiwanesa
Legend Lin, que dejó al público asistente al Auditorio del Estado,
atónito ante la belleza y la fuerza de las imágenes de su montaje
Song of Pensive Beholding. Chants de la Destinée.
Charleroi Danses no se quedó atrás con Kiss and Cry, espectáculo
magistral interdisciplinario de danza, video y performance que
conmovió hasta las lágrimas a muchos de los asistentes durante sus
funciones en Guanajuato. Lo mismo sucedió con Maguy Marin y
su montaje Salves, a favor de los mártires republicanos de España,
y en la Alhóndiga de Granaditas con la Moiseyev Dance Company
y su montaje —tipo show— de gran calidad.
La primera pregunta es ¿quién tuvo conocimiento de que vinieron
todos estos artistas y de la calidad y belleza de su obra?. La segunda:
¿cómo es posible que no recorrieran el país entero, se hiciera difusión de
su trascendencia dentro del arte mundial y se promoviera que los estu-
diantes de danza de las principales escuelas del país viajaran a verlos?.
La respuesta, en algunos casos, ante la molesta pregunta fue la ya muy
trillada “falta de presupuesto”. La siguiente fue que “nadie se enteró…”
El turbulento 2013 trajo cambios radicales en la administración
dancística: Cuauhtémoc Nájera dejó la Dirección de Danza de la
UNAM y llegó a la desastrosa Coordinación Nacional de Danza
del INBA que, sexenio tras sexenio, parece claudicar frente a
La danza en el 2014
ESPECIAL
"Hasta ahora, las programaciones de teatros del país se hacen con supuestos criterios 'democráticos'"
Rosario Manzanos
manzanos.prensa@gmail.com
LABERINTO sábado 4 de enero de 2014 #09
en librerías
A
lejandra Varela, especialista en arte urbano,
es comisionada para esclarecer los planes de
Sniper, artista del grafti y promotor de acciones
callejeras que desafían la ley. La encomienda la
obliga a hacer un viaje de Madrid a Lisboa y de
Verona a Nápoles. En el trayecto, Varela se conven-
cerá de que el objetivo del artista no es meramente
el de ocupar las calles con sus pinturas, sino que
probablemente haya un oscuro plan detrás de la
parafernalia de frmas, dibujos y consignas que
invaden los muros de casi todas las ciudades.
N
ueva Ciencia Ficción norteamericana es el
subtítulo de esta antología que reúne nombres
emblemáticos, aunque algunos de ellos no sean espe-
cialistas del género futurista. Cuentos de Greg Bear,
Don Webb, Ted Chiang, Cory Doctorow, Terry Bisson,
Margaret Atwood, Jef VanderMeer, Rudy Rucker,
Christopher Rowe, John Kessen, Nancy Kress, Chris
N. Brown, Kij Johnson, Ken Liu, Will Clarke, Bruce
Sterling, Charlie Jane Anders y Lucius Shepard, entre
otros autores, componen una muestra representativa
—y actualizada— de relatos donde los sueños y las
pesadillas emanan de un mundo extraño.
L
a lucha revolucionaria en México, como el movi-
miento independentista, tuvo varios momentos.
El maderista, que la inició, se ha minimizado un tanto
porque no cambió el aparato político porfrista. La
verdadera revolución, opinan los especialistas, ocurre
en 1914 tras la caída Victoriano Huerta, cuando los
ejércitos de Villa y Zapata se unen y se enfrentan contra
el carrancismo. Este libro se centra en la lucha del
caudillo del sur, el cual continúa la historia trazada
en los anteriores volúmenes La irrupción zapatista.
1911 y La revolución del sur. 1912–1914.
C
omo en todos los retos de la vida, para cocinar
en principio hay que atreverse. En su decálogo
para pensar como un chef, la autora señala que
lo importante es pasársela bien, más allá de si
somos de los que se nos quema el agua. El libro
está dividido en seis partes y va de las cuestiones
más generales a las específcas: cómo organizar la
cocina, qué es lo que necesitas, cómo manejar y
mantener cada utensilio, cómo elegir los diferentes
ingredientes. En cuanto a las recetas, como Inés
Ortega es española, el recetario es básicamente
europeo.
Arturo Pérez–Reverte
Alfaguara
México, 2013
302 pp.
Pepe Rojo y Bernardo
Fernández Bef (comps.)
Almadía
México, 2013
723 pp.
Francisco Pineda Gómez
Era
México, 2013
492 pp.
Inés Ortega
Planeta
México, 2013
496 pp.
El francotirador paciente
25 minutos en el futuro
L
a primera novela del autor francés es un retrato
sobre la deshumanización que acarrean las
guerras. Cargada de escenas violentas, de eventos
desesperanzadores y de personajes terribles, ésta
se centra en la Guerra de Argelia. La historia de
un hombre que participó en el conficto, la de un
abogado de origen argelino que descubre que su
padre apoyó a la policía francesa durante el mismo,
y la de una adolescente secuestrada por islamistas,
se entrelazan en este libro para ejemplifcar la
crueldad humana.
Stéphane Chaumet
Vaso Roto Ediciones
México, 2013
264 pp.
Aun para no vencer
E
l reconocido narrador poblano reúne en
este libro 26 ensayos escritos a lo largo de 20
años. Por sus páginas se despliega una galería
de nombres y temas que exponen los intereses,
las manías, las obsesiones y las reminiscencias
del autor. Pitol refexiona en torno a personajes
como Carlos Fuentes, Monterroso, Bellatin, Rufno
Tamayo y Vicente Rojo, y también aborda cues-
tiones de cine, de narrativa polaca, de proyectos
editoriales y hasta del problema de la identidad
en América Latina, temas y preocupaciones
evidentes en su trayectoria literaria.
Sergio Pitol
Era
México, 2013
271 pp.
El tercer personaje
E
n su más reciente título, Tzvetan Todorov
(Bulgaria, 1939) traza una panorámica de
la realidad actual a través de los miedos y los
resentimientos del hombre. Para ello, analiza las
categorías con las que se evalúa someramente el
mundo contemporáneo y por las que se juzgan a
las sociedades salvajes o civilizadas, las relaciones
entre individuos y países, y el intento por camufar
los confictos políticos, sociales y religiosos. “El
miedo a los bárbaros —asegura Todorov— es lo
que amenaza con convertirnos en bárbaros”.
E
ste libro de “Perfles y entrevistas con pintores
contemporáneos”, como advierte el subtítulo,
es una mirada amena y atenta sobre el trabajo de
Antoni Tàpies, Pablo Palazuelo, Julian Schnabel,
José Bedía, Julio Galán, David Salle y Yoko Ono.
Con el ofcio del periodista y los recursos del na-
rrador, Garza se asoma a la obra pero también a la
intimidad de estos creadores. Por ejemplo, Yoko
Ono le habla de las humillaciones que enfrentó
por el racismo en Estados Unidos y Galán descubre
su genialidad pero también los demonios que lo
atormentaban.
Tzvetan Todorov
Galaxia Gutenberg
México, 2013
308 pp.
José Garza
Universidad Autónoma de Sinaloa
México, 2013
108 pp.
El miedo a los bárbaros
Fuego al museo
Ejército libertador. 1915
Cocina fácil para dummies
Recapitulando
el 2013
P
ara los nacidos en los
años sesenta, estas cifras
de año que comienzan
por 20… son realmente
inquietantes, con una
sonoridad algo fantasmagórica
más relacionada con George
Lucas y su Guerra de las
galaxias que con la realidad.
Pero hay que acostumbrarse
y ahora vamos hacia el 2014,
pues todos los que hoy estamos
vivos en el planeta nunca
veremos el cambio en la
segunda cifra, cuando los años
empiecen por 21…
¡Me acuerdo tanto de los años
setenta! Usé bota campana
y zapatos de plataforma,
bailé a los Bee Gees al ritmo
de Travolta, me enamoré
de la rubia del grupo Abba.
¡Y los ochenta! Mi entrada
a la universidad, los sueños
alocados de escribir, el inicio de
una particular peregrinación
que me sacó de Colombia a
los 19 años y que aún no ha
terminado, después de pasar
por cinco países de residencia.
¿Por qué cosas será recordado
el 2013? Recordaré que murió
Doris Lessing, escritora que
admiro y cuya vida habría
querido vivir: alguien que estuvo
en todos los mundos y que dejó
noticia de ello en sus libros.
Asimismo murió Nelson
Mandela, en uno de los países
de residencia de Lessing. La
muerte de Mandela es la del
último gran símbolo de la
política del siglo XX, alguien
que logró el consenso del
universo entero y que fue
enterrado en unos funerales
que podríamos califcar de
“planetarios”. Supongo que
ningún ser humano se sintió
ofendido o contrariado por el
honroso saludo que la especie
humana viviente le dio a
Mandela. ¿Queda alguien
a quien el planeta rendiría
homenaje de este modo? Me
atrevo a pensar que García
Márquez.
Llegó el papa Francisco I,
un argentino que trae al
ambiente vaticano aires de
renovación, y al que le escuché
decir, durante la santifcación
de una monja colombiana, en
una ceremonia en la Plaza de
San Pedro, la siguiente frase:
“¡Debemos luchar contra el
aburguesamiento del corazón!”.
Extraño que un papa use un
término acuñado en el Mayo
del 68. Francisco hizo cosas
revolucionarias: le lavó los
pies a presos toxicómanos y
a una musulmana, habló del
rol de la mujer en la iglesia,
se negó a vivir en los lujosos
apartamentos vaticanos…
¿Sobrevivirá el papa argentino
en medio de ese ambiente
denso y reaccionario? Ojalá que
sí. Lo dice un no creyente.
El caso Snowden nos
mostró cómo la vida privada
es una entelequia, y provocó
un divertido rif–rafe entre
Washington y Moscú, en el
que por momentos tuvo que
ver Venezuela y, de forma
involuntaria, incluso Evo
Morales, a quien se le prohibió
cruzar los espacios aéreos
de varios países europeos
“soberanos” por orden de sus
jefes del Pentágono.
Mi país, Colombia, continúa
esperanzado el camino abierto
por las conversaciones de paz
de La Habana, con el obvio
rechazo de la ultraderecha
criolla, representada por Álvaro
Uribe. ¿Y los libros? Varios muy
buenos: Comí, de Caparrós;
Lady Masacre, de Mario
Mendoza; El sueño del retorno,
de Castellanos Moya. Se me
acabó el espacio. Muy feliz año
a todos. L
AMBOS MUNDOS
ESPECIAL
Santiago Gamboa
Facebook: Santiago Gamboa–círculo de lectores
MILENIO 10 # sábado 4 de enero de 2014
teatro
Apuntes para 2014
CORTESÍA CARRETERA 45
L
as propuestas independientes son las que llevan la delantera en
programación, el descubrimiento y lanzamiento de producciones,
escritores y actores mexicanos en la Ciudad de México.
En 2013, se crearon o consolidaron proyectos teatrales que ampliaron
el abanico de propuestas escénicas en distintos barrios.
Uno de ellos es Microteatro, ubicado en Santa María La Ribera, dirigido
por Alejandra Guevara y Andrea Novelo, que produce piezas teatrales
de 15 minutos. Su foro, ubicado en Roble 3, tiene una capacidad de
15 personas. La idea de este tipo de teatro —original de España—, es
producir un impacto en los espectadores, generar empatía, tristeza o
repulsión en un corto tiempo, y el hecho de que sus producciones sean
sencillas, les permite tener precios accesibles. Este 2014, Microteatro
comenzará su temporada con micropiezas de Edgar Chías, Mónica
Revilla y Felipe Curiel, entre otros dramaturgos mexicanos.
Otro de los proyectos independientes más representativos es Carretera
45, dirigido por Antonio Zúñiga. Su propuesta es la de un teatro que
esté en las calles, que se represente en estaciones de metro, que llegue
a reclusorios, a escuelas.
Carretera 45, creado en Ciudad Juárez y establecido en la colonia Obrera,
del Distrito Federal, tiene un pequeño foro donde han comenzado a
desflar propuestas de dramaturgos consolidados como Bárbara Colio.
Uno de sus montajes más interesantes de 2013 fue Mendoza, excelente
adaptación de Macbeth.
En 2013 tuvieron 280 presentaciones, y ahora decidieron lanzar una
convocatoria para generar su nueva programación. Recibieron, según
LA PUERTA ESTRECHA
Antonio Zúñiga, 90 carpetas, de las cuales seleccionaron
24, y que podremos ver en escena a partir de febrero.
“Estamos a la par de la programación del INBA o el
Centro Cultural Helénico. Resulta que algunos de
los grupos que seleccionamos para nuestro foro,
también fueron seleccionados en teatros como La
Gruta o La Capilla; es un signo de que estamos en
el camino”, asegura el director.
Además, el dramaturgo Jaime Chabaud estrenará en
mayo una pieza en el teatro Sor Juana Inés de la Cruz
sobre la experiencia de los grupos como Carretera
45 y el quehacer escénico en los barrios.
Además, Zúñiga Montará Lo que señoé ese día que
me quedé dormido bajo el puente, en el Teatro el
Galeón, el próximo julio.
Centenarios
Los centenarios de nacimiento de Octavio Paz y Julio
Cortázar también serán celebrados con sus piezas
teatrales. De Paz, se prepara el montaje de La hija
de Rapaccini, su única pieza teatral. Y de Cortázar,
Los Reyes o alguna selección de Adiós Robinson y
otras piezas breves.
La puerta estrecha se ha cerrado. L
CRÍTICA
Ignorancia y silencio
Alegría Martínez
alegriamartinez@gmail.com
L
a ignorancia en relación al surgi-
miento de los primeros síntomas del
VIH durante la década de los 80 en
Nueva York, el arduo trabajo llevado a cabo
por Larry Kramer, escritor y activista por
los derechos de la comunidad homosexual,
así como las consecuencias de las  barreras
de índole moral, eslabonadas a los prejui-
cios, la cerrazón médica y la hipocresía,
nutren la obra Un corazón normal, obra
que reúne a un interesante elenco bajo la
dirección de Ricardo Ramírez Carnero,
quien orquesta atinadamente este trabajo
producido por dos de sus intérpretes.
Kramer, también autor de textos polémi-
cos como Faggots, Te Tragedy of Today´s
Gay o Te Destiny of Me, —publicada
cuando se supo portador del virus en
1988—, plasma en Un corazón normal
el profundo conocimiento del tema que
desarrolla en tanto integrante de la co-
munidad homosexual y fundador de Gay
Men´s Health Crisis y de ACTUP, dos de
las primeras organizaciones defensoras
de personas con VIH.
Los obstáculos levantados por la clase
política, la sociedad en general, la propia
comunidad gay —tanto la que se asume
homosexual, como aquella a la que no
le ha sido posible salir del clóset—, así
como las difcultades erigidas por las
organizaciones médicas y científcas en
los inicios de este inmenso problema de
salud, son expuestos de manera clara y
contundente en esta obra documental, que
también alude con valentía las emociones
y sentimientos desgarrados.
La libertad de expresión, la lucha de un grupo de
homosexuales contra el sistema y asuntos como el Sida,
son puntos de reflexión en la pieza Un corazón normal
Escrita desde la honestidad de un ser
humano que no teme señalar con puntua-
lidad los defectos de su propia comunidad,
su falta de valentía, su promiscuidad como
única forma de comunicación en muchos
de los casos, o el costo de su inconcien-
cia, así como la corrupción política y la
negligencia de las instituciones de salud
neoyorquinas, la obra no solo subraya un
momento clave de nuestro tiempo, sino
que evidencia conductas que, aunque
en menor medida, persisten en torno a
la homosexualidad, y deja plenamente
al descubierto esa vulnerabilidad per-
manente que, con independencia de las
preferencias sexuales, impide el desarrollo
de una sociedad como la nuestra, en la
que ignorancia, temor, silencio y cohecho,
son cómplices del retroceso.
La selección de actores que agrupa a un
elenco heterogéneo proveniente de diversas
escuelas y trayectorias, obtiene buenos
resultados bajo la dirección de Ramírez
Carnero, a pesar de ciertos altibajos de
tono que, en una de las escenas, tiende
a caer ostensiblemente en el melodrama
mientras que en otras, se sostiene gracias a
la simpatía que provoca un actor conocido
por su trabajo en televisión, cuyo papel
es el de un personaje altruista y amable.
Aun así, y debido a que la obra plantea
no solo los confictos de un grupo de
personajes y el tránsito que deben reco-
rrer para comprender en algo la trágica
situación por la que cruzan, sino también
la abrupta toma de conciencia frente la
muerte de su pareja o de sus amigos más
queridos, el montaje progresa y transcu-
rre ágil a partir de la interpretación de
Hernán Mendoza, Edgar Vivar, Eduardo
ESPECIAL
A partir del 10 de enero, viernes, sábado y domingo en el Teatro Helénico. Avenida Revolución 1500
Alicia Quiñones
aquinonescontacto@gmail.com
El Príncipe Ynocente, adaptación de Lope de Vega. Se estrenará el 3 de febrero
Arroyuelo, Juan Ríos, Pedro Mira, Carlos
Guerra, Claudio Lafarga, José Daniel Fi-
gueroa, así como Pilar Boliver y Horacio
Villalobos, quienes además de actuar,
producen la obra junto con Bh5 Group y
La Rama de Teatro.
La proyección en paneles superiores,
laterales o al fondo, de las calles de Nueva
York, fachadas de las ofcinas y nombres
de víctimas de la enfermedad escritos a
máquina, es parte del diseño escenográ-
fco de Miguel Ángel Álvarez, quien en
equipo con María José Secco, a cargo del
diseño de iluminación y video, genera
una multiplicidad funcional de espacios
abiertos que conducen al espectador tanto
a espacios interiores como exteriores, con
referencias imprescindibles para adentrarse
en el contexto de la obra y en el perfl de
Need Weeks, personaje autobiográfco
de Kramer, interpretado profesional y
entrañablemente por Hernán Mendoza. L
LABERINTO sábado 4 de enero de 2014 # 11
cine
Q
ue solo Dios perdona me lo enseñó la abuela cuando estudiaba
el catecismo. Y perdona, decía, pero no olvida. Only God For-
gives, nominada a la Palma de Oro, echa mano de todo fuego
artifcial para dar rienda suelta a la violencia. Y sí, en Cannes gusta la
violencia, pero no le gusta que la tomen por garantizada. Si uno mira
bien las películas que ganan la Palma de Oro, notará que el jurado no
perdona fácilmente la violencia gratuita. Buenas noticias para los que
en México buscan desesperadamente llamar la atención del jurado con
tanta sangre como poca imaginación. El danés Nicolas Winding Refn
ha querido asustar al mundo con una trama que salta de violencia en
violencia sin la gracia de Tarantino ni el sentido del humor de Jackie
Chan. En resumen, la crítica lo recibió fríamente y como últimamente
los directores se sienten consagrados cuando los abuchean, la gente
salió de la sala sin otro ruido que el de los zapatos pisando palomitas.
Dinamarca, Tailandia, Francia, Estados Unidos y Suecia apostaron
por esta historia en torno a un policía secreto que, con pocos escrú-
pulos, se fltra en la mafa para matar. El cinismo suscribe aquello de
“el fn justifca los medios”, pero tengo la impresión de que el público
no. Después de la tercera cabeza volada uno comienza a preguntarse
dónde quedaron aquellas hermosas películas de gánsteres en que los
malos vivían atormentados por dilemas éticos.
La gran tradición fílmica de los Estados Unidos gira en torno a los am-
biguos personajes mafosos. Winding Refn, sin duda, se ha alimentado
de cuanto cine de gánster ha caído en sus manos, sin contar, claro, una
que otra película asiática de esas de mucha garra y mucha pintura roja.
El resultado, por desgracia, carece de encanto aunque hay que decir en
HOMBRE DE CELULOIDE
“La paternidad es una cuestión de convivencia”
ENTREVISTA
R
yoata, un arquitecto obsesionado por el
éxito profesional, forma con su joven esposa y
su pequeño de seis años, una familia aparen-
temente estable. Su mundo se tambalea cuando los
doctores del hospital donde nació su primogénito, le
informan que dos bebés fueron cambiados y  el niño
que crió no es el suyo, mientras que su hijo biológico
vive con una familia modesta. Motivado por una
refexión alrededor de la paternidad, el cineasta
japonés Aka Hirokazu Kore–eda rodó De tal padre
tal hijo, flme ganador del Premio del Jurado en
Cannes y del Público en San Sebastián. 

¿De dónde viene el interés por tocar el tema del
intercambio de hijos?
La idea no habría germinado de no ser por mi
hija de seis años. Mientras flmaba Milagro, entre
2010 y 2011, pasé mucho tiempo fuera de casa.
Todo ello propició que mi presencia ante ella se
desvaneciera. Así surgió la inquietud de trabajar
sobre la relación padre–hija. Maduré la idea y
salió como una refexión sobre cuál es el soporte
de la relación flial: la sangre o el trato cotidiano.
¿Cómo fue el trabajo con los niños?
Cuando trabajo con menores no suelo dejarles el
guión, simplemente trato de estar cerca de ellos
e incluso de murmurarles casi al oído.
Varias de sus películas giran alrededor de cues-
tiones familiares, ¿por qué?
Es difícil responder. ¿Qué será? No tengo una
respuesta satisfactoria y debo limitarme a decirle
que la familia es el espacio donde un ser humano
se desempeña de distintas maneras, puede ser
padre, hijo, hermano o esposo. Es decir, me per-
mite indagar sobre diferentes facetas del hombre.
En la película hay un diálogo donde uno de
los personajes habla sobre la problemática
que representó la suplantación de hijos, par-
ticularmente a partir de la Segunda Guerra
Mundial.
Hace cuarenta o cincuenta años este tipo de fe-
nómenos eran relativamente comunes. Y cuando
salían a la luz, la mayoría de los padres elegía a
los hijos de sangre. De hecho, creo que en ciertos
sectores de la sociedad japonesa aún prevalece
la idea de que la paternidad tiene más relación
con la sangre que con el trato. Si me pregunta mi
opinión al respecto, debo decirle que para mí, la
paternidad es una cuestión de convivencia, pero
en la película no se trataba de imponer mi punto
de vista sino de contrastarlo. En Japón, el sistema
de adopción no es tan común.
La película está contada desde la perspectiva
masculina, ¿fue porque le interesaba el punto
de vista paterno o porque esa es la posición
dominante en la familia japonesa?
Mi interés era hablar sobre el proceso de ser padre,
así que fue algo premeditado. No podría decir que
el machismo es una condición predominante en
las familias. Incluso en el comportamiento de los
hijos, el énfasis está centrado en las reacciones
que tienen hacia los papás.  
 
Dada la refexión personal que detonó De tal
padre tal hijo y pensando que Nadie sabe par-
tió de la muerte de su madre, ¿el cine tiene un
efecto catártico en usted?
No sé si pueda hablar de un proceso catártico
pero sí tiene algo de autobiográfco. No obstante,
debo resaltar que son fcciones y por lo mismo
mantengo cierta distancia con mi experiencia
personal. En la película sobre mi madre partí del
objetivo de homenajearla, mientras que ahora
busqué refexionar sobre la relación con mi hija.
El núcleo familiar es el hilo conductor de un relato que medita sobre la relación filial, los vínculos
que se crean a lo largo de la vida y, sobre todo, las paradojas afectivas que detona el pasado
La actuación de los protagonistas, hombres sobre todo, es muy con-
tenida en términos emocionales, ¿por qué?
Por el tema podría haber dirigido a los actores rumbo al llanto, pero
entonces habría conseguido un melodrama, género que me resulta
poco atractivo. Al privilegiar el proceso de paternidad, me parecía más
efectivo mantener cierta contención. Todo se resume a una cuestión
de intereses, entre más claro tengas hacia dónde quieres llegar, mejor
será la película.
¿La constante comparación con Yasujiro Ozu le perjudica o benefcia?
En realidad, ya estoy acostumbrado y no me molesta. Creo, incluso, que
me ha facilitado la circulación en festivales internacionales. Es intere-
sante porque en los últimos años, la fama del cine japonés se limitaba
al género de terror, cosa que no me sorprende porque en mi país existe
una tradición muy importante en este terreno.  Aun así, debo decirle
que la producción anual en Japón oscila entre 350 y 400 películas, en
las que hay de todo. L
Aka Hirokazu Kore–eda
descargo del flme que dos o tres momentos visuales
valen la pena, el todo fastidia.
En 2011, Drive fue nominada al Oscar, a los premios
Bafta y a ochenta preseas más. En aquel momento,
Refn era una luminaria que prometía cine para rato.
Solo Dios perdona, por desgracia, decepciona. Y lo
peor, no decepciona tanto a los amantes del cine
violento y cínico. Decepciona justamente a quienes
pensaron que había nacido un Tarantino danés.
Confundido entre el arriba y el abajo, Winding Refn
vuelve a Cannes con personajes ambiguos, de esos
de los que uno no sabe qué esperar. Vithaya, uno de
los personajes principales, juega en uno y otro bando.
Y el problema no es ese. El gran cine está hecho de
personajes indeterminados que igual dan un beso
que una puñalada. Creo que el principal problema de
Winding Refn consiste en que a fuerza de ser cínico,
no ha conseguido escribir personajes sólidos ni en
sus ambigüedades. Después de la promesa de Drive
en el 2011, Refn necesitará volver a caminar un largo
trecho para volver a convencer a una producción tan
sofsticada y artística como la que consiguió en esta
muy fallida película. Tan fallida que dudo que le sea
fácil volver a flmar. L
Sin perdón de Dios
Fernando Zamora
@fernandovzamora
Carlos Jordán
gonzalezjordan@gmail.com
ESPECIAL
Solo Dios perdona (Only God Forgives) Dirección: Nicolas Winding Refn. Guión: Nicolas Winding Refn. Música:
Clif Martinez. Fotografía: Larry Smith. Con Ryan Gosling, Kristin Scott Thomas, Vithaya Pansringarm, Gordon
Brown. Estados Unidos, Francia, Suecia, Dinamarcia, Tailandia. 2013
ESPECIAL
Escena de De tal padre tal hijo
varia
MILENIO 12 # sábado 4 de enero de 2014
DULCE PINZÓN ESPECIAL
El libro internacional
del 2013
Superhéroes migrantes
de Dulce Pinzón
U
n libro especialmente
relevante en el 2013
internacional: Te
Bourgeois. Between History
and Literature (Verso) de
Franco Moretti.
Según el Manifesto de
Marx y Engels, el comunismo
solo puede partir de los
logros de la burguesía, que
quizá pueden defnirse
como una profanación y
desencantamiento de todas las
prácticas.
Lo burgués: lo prosaico.
Moretti escribe: “el burgués
se revela como más capaz
de ejercer poder dentro de la
esfera económica que capaz
de establecer una presencia
política y formular una cultura
general”.
Las preguntas que atraviesan
el libro de Moretti son,
entonces, ¿qué es lo burgués?
¿Dónde reconocerlo?
“Las historias y lo estilos,
ahí es donde encuentro lo
burgués... La regularidad —
no el desequilibrio— fue la
gran invención narrativa de la
Europa burguesa”, escribe.
Según Moretti, lo burgués
es la posesión de claridad
intelectual y comercial y, en
general, claridad de metas
(aunque nunca heroicas).
La aristocracia se idealizó
a sí misma; la burguesía, en
cambio, se caracterizó por su
color gris.
El libro de Moretti,
enciclopédico y sucinto, salta
de Machado a Balzac, de Pérez
Galdós a Giovanni Verga, de
Dostoievsky a Ibsen, para
concluir que el único heroísmo
de la burguesía fue su prosa
literaria.
¿Qué fue, entonces, lo
burgués, según Moretti? Sobre
todo, la prosa analítica. La
prosa como polémica racional,
D
ulce Pinzón es una artista de la llamada
fotografía construida o escenifcada.
De ahí que su serie Superhéroes. Latin
Inmigrants Who Make New York (Superhéroes.
Inmigrantes latinos que hicieron Nueva York)
incluya no solo migrantes de Puebla, Veracruz,
Guerrero y otros estados mexicanos, sino que
sus retratos estén construidos satíricamente con
elementos de las culturas popular estadunidense
y mexicana. Como puede verse acá arriba, cada
persona retratada lleva puesto un traje de héroe.
El "Repartidor" circula vestido de Superman
por las calles de Manhattan. La imagen es
graciosamente irónica pues el poblano Noé Reyes
no posee un físico especialmente poderoso:
es pequeño de estatura y todo parece costarle
trabajo, incluso pedalear en su bicicleta para
cumplir con su trabajo. ¿Habrá tenido conciencia
de esto cuando se vio por primera vez ante el
espejo enfundado en el traje que le compró,
o mandó coser, la propia Pinzón? Lo ignoro,
pero lo imagino sonriendo con ese humor tan
característico de nuestra cultura.
 
Catwoman te cuida a tus niños
Pinzón defne este proyecto —iniciado hacia
2005 y concluido con un libro publicado primero
en inglés y luego en español (RM, 2012)— como
“retratos ambientales de las personas que desde
los Estados Unidos, en particular en la ciudad
de Nueva York, ayudan económicamente a sus
comunidades […] y signifcan una importante
fuerza […] en el desarrollo de ambos países”. Tras
el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York
en 2001, la artista comenzó a cuestionarse el
concepto de héroe. Lo que rifa en este mundo es
lo espectacular. Lo sabemos. Por eso la defeña
Dulce Pinzón (1974), llegada como estudiante
migrante a Estados Unidos en 1995, quiso
mostrar, homenajear en realidad, a nuestros
héroes anónimos: los migrantes a quienes su
país nunca ofrece empleo. En esta magnífca
serie están representados veinte ofcios, entre
ellos la lavandera o Mujer Maravilla, la niñera o
Catwoman, el limpiavidrios u Hombre Araña.
Pinzón sintió la necesidad de crear conciencia
sobre la cotidiana y no menos heroica labor de
nuestros compatriotas expulsados por su país
para construirse una vida económica en un país
ajeno y racista. Los héroes no solo sacrifcan sus
vidas para salvar a otros, como ocurrió en las
Torres Gemelas: también sacrifcan su identidad
y sus afectos para conferir dignidad a los suyos.
Lo que México no otorga a sus hijos
Hace unos meses, la dueña de una escuela de
estética ubicada en Chimalhuacán, Estado de
México, me decía que todos tenemos derecho
a vivir con una mínima dignidad. Ella es hija
de inmigrantes michoacanos asentados en la
periferia miserable de la gran Ciudad de México.
Sus padres tuvieron que construir su hogar
con sus propias manos allá por los cincuenta,
cuando la ahora Ciudad Nezahualcóyotl
(entonces parte de Chimalhuacán) era
un desierto lodoso atravesado por vientos
inclementes. Ella y sus hermanos tuvieron que
cubrirse las piernas, día tras día, con bolsas de
plástico. Todo para caminar rumbo a la escuela,
diminuta construcción a veces sin techo, por
calles inundadas en tiempo de lluvias, del luego
famoso “Nezalodo”. Ya ahí se despojaban de las
“lujosas botas impermeables” y se ponían los
zapatos. Su madre no dejaba que los niños
comieran antes de las 6 PM, la hora en que
los vientos se calmaban. Si por casualidad
alguien sucumbía al hambre antes de ese
momento, tragaba demasiada tierra con
lombrices. Los mexicanos retratados por
Dulce Pinzón pertenecen también a este tipo de
mexicanos cuyo entorno —rural, semiurbano
o completamente urbanizado—, es el de la
pobreza o la miseria. Hace poco, el cronista
Emiliano Pérez Cruz, quien popularizó el
término Nezayork después de verlo en la pinta
de una barda, me contó que su padre anunciaba
todas las noches: “Niños, ¡apaguen las luces que
voy a oír el radio!” Obedecían al instante porque
bien sabían que los diablitos, ilegalmente
colocados, no jalaban sufciente energía.
Historias del paraíso
La serie ha sido expuesta en varios países,
quizá porque logra hacernos ver a ese trabajador
esforzado salido de todos los rincones de
México. En Estados Unidos el mexicano,
créase o no, tiene fama de trabajador. Hasta
mayo de 2013, Superhéroes… estuvo colgada
en la Columbia University de N.Y. En México,
Historias del Paraíso fue expuesta en el Museo
de Historia Natural (ahora demolido) de Puebla,
con la curaduría de Santiago Espinosa de los
Monteros. Ahí la artista creó escenas ecológicas
relacionadas con los animales disecados del
recinto, protagonistas centrales de la serie. Esta
misma serie fue exhibida en el Distrito Federal
gracias a Patricia Conde, dueña de la galería de
fotografía del mismo nombre. Ahora circula
en español el volumen de la RM dedicado a los
superhéroes mencionado antes. No se lo pierda. L
ARCHIVO HACHE GUÍA VISUAL
la prosa que comprende el
engaño de las metáforas y lo
deja atrás, como una mujer
—dice— que se desengaña de
un varón y lo abandona.
La conclusión de
Moretti —consciente de la
indispensable ironía— es que
lo burgués ha desaparecido,
pero su existencia consistió
en una voluntad de
honestidad. Según Moretti,
la fgura del burgués fue
gris, casi indistinta, pero si
queremos comprenderla,
antes de sepultarla por
completo, debemos
reconocer que su gran legado
es su prosa.
La prosa burguesa —he
aquí el grave problema— es
la prosa de la novela del
siglo XX todavía; la prosa
de la crítica literaria, el
periodismo, la psicología, la
flosofía y la academia.
El libro de Moretti es
relativamente breve, sencillo,
prácticamente burgués
(y esta paradoja no pudo
escapársele a Moretti).
Lo burgués: lo “realista”,
lo práctico, en suma,
literalmente lo prosaico.
En el 2013, Verso publicó
otro libro de Moretti: Distant
Reading, que merece
comentario aparte, aunque,
a pesar de lo aparente,
posee menos implicaciones
que Te Bourgeois, cuya
forma y conclusiones son
devastadoras para muchas
áreas donde lo burgués, a
pesar de ya ser un espectro (o
precisamente debido a ello)
rige.
La obra de Moretti
atraviesa una transición.
Estos dos libros recientes
lo manifestan y lo marcan
como unos de los pensadores
más interesantes del periodo
presente.
No perdamos de vista a
Moretti. L
Niñera Franco Moretti
Heriberto Yépez
hyepez.blogspot.com
Magali Tercero
@magalitercero