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Definiciones que deberá tener presentes en los estudios y predicas

GRACIA: «La gracia de Dios quiere decir que Dios nos da lo que no merecemos, y la
misericordia de Dios quiere decir que Dios no nos da lo que merecemos». Los seguidores de
Jesucristo reconocemos con profunda gratitud que hemos llegado a conocer la gracia de Dios por
medio de Cristo Jesús, nuestro Señor y Salvador. Esa maravillosa realidad nos ha cambiado la
vida. Ya no pensamos en Dios como un ser distante y amenazante, sino como el que amó al
mundo de tal manera que envió a su Hijo Jesucristo para morir por nuestros pecados y
redimirnos de una vida rebelde y desviada, desperdiciada y sin sentido. Esto, mis hermanos, es la
revelación de la gracia de Dios.
Casi todos los textos de orientación teológica nos informan que la definición más sencilla de la
gracia es «el favor inmerecido de Dios, revelado a los seres humanos en Cristo Jesús». Pero los
mismos textos nos dicen que la gracia de Dios se revela, en un sentido mayor, de dos maneras:
una es la gracia común y la otra es la gracia especial. La gracia común se designa así porque se
manifiesta a todos, simplemente, por haber sido creados por Dios. Dios ama su creación y la
cuida. En cambio, la gracia especial se llama así porque es la que llegamos a conocer por la
obra de Cristo en su muerte y resurrección a nuestro favor.

LEY
¿Para Qué Sirven Los Diez Mandamientos?
En primer lugar, no sirven para salvarnos.

El mundo religioso está lleno de personas que creen que pueden salvarse guardando estos
preceptos. La Biblia dice lo contrario y afirma que nadie será salvo guardando los Diez
Mandamientos. Entonces, la ley no fue dada para salvarnos, sino para convencernos de nuestros
pecados y entonces mostrarnos nuestra necesidad de Cristo. “Ya que por las obras de la ley
ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el
conocimiento del pecado”. (Romanos 3:20) Para ser justificados ante Dios, sólo confiamos en
Cristo como aquel que cumplió la ley en su vida de obediencia, y en su muerte de castigo, como
el sustituto y representante de los creyentes. “Sabiendo que el hombre no es justificado por las
obras de la ley, sino por la fe de J esucristo...” (Gálatas 2:16)

Segundo, los Diez Mandamientos son las reglas o normas de justicia tanto para los
creyentes como para los incrédulos.

Son un reflejo de la naturaleza y el santo carácter de Dios. Cuando la Biblia dice: “Sed santos
porque yo soy santo”, no se puede definir la palabra santo sin referirse a los preceptos morales
resumidos en los Diez Mandamientos. El pecado se define en términos de la violación de los
preceptos morales de la ley. “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el
pecado es infracción de la ley”. (1 Juan 3:4) Los inconversos aún tienen la ley de Dios escrita
en sus conciencias, y ellos serán juzgados y condenados en el día del juicio según la luz que
tienen. (Romanos 2:11-16)

Tercero, los Diez Mandamientos sirven para conducirnos a la manifestación práctica del
amor.
“Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos”. (2 Juan 6) El problema básico del
incrédulo es que no ama a Dios. Por lo tanto, es enemigo de Dios; no se sujeta a sus
mandamientos, ni le puede agradar. (Romanos 8:7-8) Al contrario, el creyente ya ama a Dios
porque ha sido cambiado por Él; ahora quiere agradarle y servirle; quiere ser semejante a Él. El
creyente encuentra en los Diez Mandamientos mucha ayuda porque los mandamientos le enseñan
como manifestar su amor. Los primeros cuatro mandamientos significan: “Amarás al Señor tu
Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. (Mateo 22:37) Los otros
seis mandamientos gobiernan la relación entre nosotros y el prójimo: “Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. (Mateo
22:39-40)

Redencion: Todos necesitan de la redención. Nuestra condición natural fue caracterizada por
la culpa: ―Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.‖ La redención de
Cristo nos ha librado de la culpa: ―siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la
redención que es en Cristo Jesús.‖

Los beneficios de la redención incluyen la vida eterna (Apocalipsis 5:9-10), el perdón de los
pecados (Efesios 1:7), la justificación (Romanos 5:17), libertad de la maldición de la ley (Gálatas
3:13), adopción dentro de la familia de Dios (Gálatas 4:5), liberación de la esclavitud del pecado
(Tito 2:14; 1 Pedro 1:14-18), paz con Dios (Colosenses 1:18-20), y la morada permanente del
Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). Entonces, ser redimido es ser perdonado, santificado,
justificado, bendecido, liberado, adoptado y reconciliado. (Ver también Salmos 130:7-8; Lucas
2:38; y Hechos 20:28).

La palabra redimir significa ―comprar.‖ El término era usado específicamente con referencia al
pago de la libertad de un esclavo. La aplicación de este término a la muerte de Cristo en la cruz,
significa exactamente eso. Si somos ―redimidos,‖ entonces nuestra condición previa era la de
esclavitud. Dios ha pagado nuestra libertad, y ya no estamos bajo la esclavitud del pecado o de la
ley del Antiguo Testamento. Este uso metafórico de la redención es la enseñanza de Gálatas
3:13; y 4:5.

La palabra rescate está relacionada con el concepto cristiano de la redención. Jesús pagó el
precio de nuestra liberación del pecado (Mateo 20:28; 1 Timoteo 2:6). Su muerte fue ofrecida a
cambio de nuestra vida. De hecho, la Escritura dice claramente que la redención sólo es posible
―a través de Su sangre‖ (esto es, por Su muerte), Colosenses 1:14.

Las calles del cielo estarán llenas de ex-cautivos, quienes por ningún mérito propio, se
encuentran perdonados y libres. Los esclavos del pecado son convertidos en santos. No
sorprende que cantan un nuevo cántico—un cántico de alabanza al Redentor que fue inmolado
(Apocalipsis 5:9). Nosotros éramos esclavos del pecado, condenados a una separación eterna de
Dios. Jesús pagó el precio para redimirnos, resultando en nuestra liberación de la esclavitud del
pecado, y nuestro rescate de las consecuencias eternas de ese pecado.

Justificación: En pocas palabras, justificar es declarar justo; hacerlo a uno justo con Dios. La
justificación, es Dios declarando justos a aquellos que reciben a Cristo, basándose en que la
justicia de Cristo es imputada a la cuenta de aquellos que lo reciben. Aunque la justificación,
como un principio, se encuentra a través de toda la Escritura, el pasaje más importante que
describe la justificación en relación a los creyentes está en Romanos 3:21-26:

―Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los
profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él.
Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a
quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a
causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar
en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe en
Jesús."

Somos justificados, declarados justos, al momento de nuestra salvación. La justificación no nos
hace justos, sino más bien declara nuestra justificación. Nuestra justificación procede de poner
nuestra fe en la obra terminada de Jesucristo. Su sacrificio cubre nuestro pecado, permitiendo
que a través de él, Dios nos vea como perfectos y sin culpa. Porque como creyentes estamos en
Cristo, Dios ve la propia justicia de Cristo cuando nos mira. Esto satisface las demandas de
perfección de Dios; así que de esta manera, Él nos declara justos – Él nos justifica.

Romanos 5:18-19 lo resume bien: ―Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación
a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la
justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron
constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos
justos.‖ ¿Por qué es tan importante este pronunciamiento de justificación? ―Justificados, pues,
por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.‖ (Romanos 5:1). Es
por la justificación que la paz de Dios puede reinar en nuestras vidas. Es por el HECHO de la
justificación, que los creyentes pueden tener la seguridad de la salvación. Es el HECHO de la
justificación, lo que permite que Dios inicie el proceso de santificación – el proceso de Dios
haciendo realidad en nosotros, lo que ya somos posicionalmente.
Pastor Williams Machazek
31JUL11