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HOMENAJE

A
SAENZ DE BURUAGA
LS.B.N.: 84 500-7836-9
Depósito legal. M. 25.424.-1982
RAYCAR, S. A, llrpn¡sonps. Matilde Hernández, 27. Madrid-l9
EL FORO DE AUGUSTA EMERITA
Por José Maria ALVAREZ MARTINEZ
(Museo Arqueológico de Badajoz)
El problema
de la ubicación del foro dela colonia Augusta Emerita preocupó
de antiguo a los eruditos que se afanaban por restituir en sus líneas más esen-
ciales la topografia emeritense. Hubo algunos que pensaron en su situación den-
tro del área ocupada por la actual Plaza de España; otros, los más, cerca del
cruce del decumanus maximus y el cardo maximus. Las razones que esgrimían
estos últimos, además de los planteamientos
vitruvianos, era la frecuencia de ha-
llazgos que se habían producido y seguían resultando enlazona comprendida por
las actuales calles de Romero Leal, Sagasta, San José y Falange Española.
Todos los historiadores de Mérida, así como los arqueólogos de la primera
mitad de nuestra centuria, no hablan más que de un foro, sin sospechar por un
momento qte Emerita, aI ser capital de la provincia de Lusitania, pudo contar
con algún área forense más, como así parece
deducirse de los últimos hallazgos e
investigaciones llevadas a cabo en la ciudad.
Nosotros, precisamente, queremos
dar a conocer parte de los resultados ob-
tenidos de nuestro estudio de las zonas públicas de la colonia, complementado
por varias campañas de excavaciones que hemos podido realizar en Mérida,
concretamente en la zona del denominado <<Templo de Diano> (l) y la breve
campaña efectuada este verano en un solar de la calle de Sagasta, que ha propor-
cionado datos y hallazgos del más alto interés (2). Por otro lado, tratamos de
estudiar, al menos'en sus rasgos más generales, en espera de una investigación
más profunda, lo que pudo ser otra zona pública de edificios oficiales que habría
que ubicar, como veremos, en los aledaños del Parador Nacional de Turismo, ya
valorada, antes que nosotros, por el Dr. Almagro Basch, quien ha sabido ver per-
fectamente la importancia arqueológica del lugar, sobre la que ha hecho intere-
santes observaciones, que nosotros tenemos muy en cuenta a la hora de redactar
estas líneas.
Comenzando por el lugar donde se encuentra el <<Templo de Diana>>, las noti-
cias proporcionadas por los eruditos son numerosas. Se observa en ellos un in-
tento de establecer el foro donde creemos que hay que situarlo correctamente,
(1) Actualmente preparamos, tras la reciente adquisición de un predio que impedía la contem-
plación total del edifìcio, una monografia sobre el <Templo de Dianu, donde exponemos los resulta-
dos de nuestras excavaciones.
(2) Estos hallazgos, de los que damos una fotografia de conjunto, no pueden ser tratados de mo-
mento, en tanto no se solucionen los problemas jurídicos planteados tras la paralización de la obra
que dio lugar a los mismos.
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Fig. 1.-Vist¿ del <templo de Diana>. Mérida. (Foto Alvarez.)
cuando refieren las ruinas de los edihcios públicos halladas allí. Hay que esperar
a hnales del siglo xIX cuando Pedro María Plano nos hable de este lugar como
importante y principal de la ciudad, al considerar los restos del <Templo de
Diano> y los de lo que el llama <Palacio de los Pretores>> (3). Es Maximiliano
Macías el primero que declara abiertamente la existencia del foro en el triángulo
que delimitan las calles de Berzocana (hoy Teniente Coronel Tella), Sagasta y
San José y su prolongación en el área del <Templo de Diana> (4). Richmond es
del mismo parecer (5).
El problema, cuando se realizaron las excavaciones del <Templo de Diano>,
se pudo resolver con claridad, o al menos así lo creemos nosotros. En estos traba-
jos
se descubrió la escalinata de acceso al edificìo, orientada en el lado opuesto al
decumanus maximus, al contrario de lo que se pensaba, y ello nos hizo sospe-
char que una poderosa razón, que no era otra que la existencia del foro, había
motivado esa ubicación. Además, su presencia venía señalada por el descubri-
miento de los restos de varios edihcios públicos (6). La teoría fue aceptada por
los participantes del simposio celebrado con motivo del Bimilenario de la
ciudad.
Dicho espacio contaba con un templo, a todas luces de culto imperial,
cuya identihcación fue ya determinada por Hübner, Fita, Almagro y Etienne,
quien llegó a precisar (no sabemos en base a qué), aunque su dato es impor-
(3) P. M. Plano. Ampliaciones a la historia de Mërida.Mérida, 1894, pp. 27 -29.
(4) M. Macías. Mërida monumental y artística, Barcelona, 1913,p. 52.
(5) I. A. Richmond. <The ltrst years of Augusta Emerita> Archaeological Jounnl, LXXXVII
(1930), p. 108.
(6) J.M.AlvarezMartínez.<EltemplodeDiana>. AugustaEnrcrita.Nfadrid, 1976,pp.46-47.
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tante a la hora de considerar la existencia de otro posible foro, que se trataba de
un edihcio de culto imperial de carácter municipal, es decir, el reservado a las
necesidades religiosas de la ciuitas (7). Tampoco faltaban unas posibles termas,
cuyos restos nos menciona, como aún visibles en el siglo XVII, Moreno de Var-
gas (8), y a cuya decoración quizâ pertenecía la ménsula con prótomos de toro,
que apareció en una zanjapracticada en la calle de Falange (9). Por fin, comple-
tando el conjunto de edificios más o menos conocidos, los restos del descubierto
en la calle del Portillo (hoy Sagasta) a f,rnales del siglo pasado mencionado por
Plano (10). A todo ello habría que unir la existencia de un pórtico hallado en
una obra recientemente realizada en la esquina de la calle Capitán Barón con
Gavilanes, que no pudimos apreciar directamente, pero que muy bien pudo
corresponder al que flaqueaba el cardo maximus, ya detectado en otros lugares
de la calle de Forner, y no a un criptopórtico como Se nos ha insinuado. Tam-
bién, para frnalizar, recordar los considerables restos de un edihcio
público bajo
la casa número 22 dela calle de Romero Leal, donde apareció una estatua y va-
rios sillares.
Volviendo al edihcio de la calle de Sagasta, diremos en primer lugar que Mé-
lida identihca sus restos con los del monumento dibujado por Laborde (l l), con-
siderándolo, incluso, por la estructura de la planta que levantó el viajero francés,
un capitolio, pero no hay duda de que la ubicación correcta corresponde a otro
lugar.
Los restos de la calle de Sagasta, al decir de Plano, y lo hemos podido corro-
borar recientemente, eran importantes, como lo son las esculturas halladas en
aquel lugar, entre ellas la muy conocida de Agrippa, identif,rcada afortunada-
mente por una inscripción conservada en el plinto y de cuya autenticidad no hay
que dudar, como nos ha indicado el Dr. Trillmich, buen conocedor de la esta-
tuaria del período, porque se trata, efectivamente, de una efigie del patronus co-
loniae, y cinco togados firmados por Gaius Aulus, dos descubiertos a finales
del siglo pasado y tres el pasado verano, sin duda personajes notables de la ciu-
dad (12). Asimismo hay que citar varios elementos de arquitectura decorativa,
acrecentados grandemente con los hallazgos del verano de 1980, y parte de la de-
coración del pórtico del foro: varios clípeos con cabezas de luppiter Ammon y
Medusa y cariátides (13). Por el momento es dificil pronunciarse por una identi-
(1) C. I. L. II,480; F. Fita. <<Excursiones epigráficas>. B.R A.H., XXV (1894), n." 63, p. 104; M.
Almagro. GuíadeMërida.Valencia, 1972,pp.31-33;R.Etienne. LeculteimperialdanslaPëninsule
Ibérique d'Auguste a Dioclëtien. París, 1958, pp. 220-221 . Para las características del edihcio remiti-
mos a nuestro trabajo citado en la nota anterior.
Queremos,
y es nuestra intención reflejarlo en un ar-
tículo, desterrar la dala augustea que propusimos (también decíamos que podría ser del tiempo de los
primeros julio-claudios), para situarlo en un período inmediatamente posterior.
(8) Moreno de Vargas. Historia de Mërida. Badajoz, 197 4, p. 86.
(9) A. García y Bellido. Esculturas romanas de España y Portugal. Madrid, 1949, n." 435,lám.
309.
(10) Véase nota 3.
(11) J. R. Mélida. Catálogo Monumental de España. Provincia de Badajoz. I. Mad¡id, 1925, n."
705, pp. 128-129.
(12) A.GarcíayBellido. Op.cit.,n."207,lám. 152; n.'210, lám. 155; n."215.1âm. 157,
(13) Tras los hallazgos de este verano hay que descartar, como ya personalmente habíamos pen-
sado, la procedencia de la zona de <<Pancaliente>, donde se encontraron, de los clípeos y cariátides
citados. Sobre este tema véase el interesante trabajo de M. Floriani Sqarciapino. <Ippotesi di lavoro
sul gruppo di scultute da <Pancaliente>>. Augusta Emerita. Madrid, 1976, pp. 55 ss.
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Fig. 2.-Efigie de Marcos Agrippa, patronus colonial Aupostal
Emerital. Museo Nacional de Arte Romano. (Foto Barrera.)
Fig. 3.-Togado firmado por el escultor Gaius Aulus. Museo Na-
cional. (Foto Barrera.)
Fig. 4.-Detalle de los hallazgos producidos en agosto de 1980 en la calle de Sagasta'
(Foto Barrera')
ficación correcta de las ruinas, pero acaso, por las esculturas halladas,
podría tra-
tarse de un edihcio de administración civil, nunca un capitolio como supone
Mélida.
Tenemos,
pues, tres importantes edificios más o menos identihcados: templo
de culto imperial, termas
y posible basílica o curia,
que nunca suelen faltar en
losfora de las colonias romanas.
A la vista de la situación de tales monumentos no es difîcil asignar alapluza
pública, una extensión, en el sentido de los lados largos, desde la esquina de las
calles ¿e San José y Sagasta a la actual de Capitán Barón. Más complicado es
precisar la profundidad o ancho
por la )scasez de los restos hallados, aunque es
inuy posiblã q.t. ,, final esté situado, más o menos' en el cruce de la calle de Fa-
fu"É.
"o"
la anteriormente referida (14). Laplaza estaba
pavimentada con lastras
de
iiedra
caliza,
que hemos descubierto
junto
al <Templo de Dianu
y en el so-
larãe la casa númèro 26 dela calle de Romero Leal, frente al monumento,
y que
se prolonga por los predios contiguos.
Todo 1o anteriormente
enunciado no excluye
que existieran otros edificios de
(14) El loro no dife¡ía mucho en cuanto a su
5.000 metros cuadrados. El de Alba Augusta Helv
drados
(cfr. M. Le Glay-S. Tourren' <Le forum
352-353), el de Conimbriga era un rectángulo de
Portugal a l'époque augustéenne>>. Symposium de
de Leptis rvraÈna 100;60 metros
1ift'
Þ aJia e
Romana'
Torino, 1970,p. 102). Los de Britannia
varias
ndinium)'
lis, t'zl meíros (Verutamium)' etc. Sob
S' Fre
he Towns
ofBritannia>. AustiegundNieáergangderrrjmischenWellll-Ptincipat,3'Berlin,
1975'pp'321 ss'
57
relieve en las inmediaciones de los probables límites del foro, como nos denotan
las ruinas de un edificio aparecido al efectuarse una obra en el número 7 de la
calle de Romero Leal, que tenía columnas estucadas semejantes a las del <<Tem-
plo de Diano>.
Este foro responde a los esquemas que podemos apreciar en los de comienzos
del Imperio en las provincias occidentales, que siempre suelen contar con un
edihcio de culto imperial, una basílica y unas termas (15). Por otra parte, la in-
fluencia itâlica en todos estos edificios parece ser incuestionable, como ha obser-
vado en muchos ejemplos galos Ward Perkins (16), y en relación a esto se nos
ocurre pensar en las esculturas antes citadas al mencionar el edificio de la calle
de Sagasta, que copian exactamente, como ha demostrado con creces la Dra.
Squarciapino, la decoracion delforum Augusti de Roma, y que sin duda también
en Emerita serían componentes de la decoración del pórtico de este foro. En
cuanto a la relación templo-basílica, tan conocida en otros lugares como Augus-
ta Raurica, Velleia, Alba Fucens, Lucus Feroniae etc., en los que puede apre-
ciarse el templo en un extremo del foro y la basílica en el opuesto(17), aquí, si
consideramos la posición del <Templo de Dianu y la del edificio de la calle de
Sagasta, parece distinta, si bien la norma, como ha observado Mansuelli en la Ci-
salpina, no era tan rígida (18).
Es posible también que el foro, si aceptamos lo indicado como límites del
mismo, no fuera afectado por el tráhco que se desarrollaba normalmente por el
Cardo maximus. Parece, en relación con las viae, que este foro se extendía pa-
ralelo al decumanus en el sentido de la longitud y al kardo en lo referente a an-
chura, y cerca del cruce de ambas calles como era lo usual. Algo así sucedía en
Turín y otros de la Cisalpina, que dibujaban plantas en rectángulo alargado (19).
Podemos destacar su posición elevada, ideal para establecer el templo de cul-
to imperial, como una verdadera acrópolis, lo que obligó a los planifìcadores de
la ciudad a construir unas terrazas a modo de substructiones, restos de las cuales
se han hallado en la calle de Viñeros y en los aledaños del templo en su bajada al
decumanus maximus, desde donde no faltarían escaleras de acceso al área fo-
rense.
Lo anteriormente comentado nos introduce de lleno en una problemática que
hoy, tras las observaciones del profesor Almagro, hay que considerar en el con-
texto del urbanismo emeritense: la más que posible existencia de otra ârea fo-
rense en Augusta Emerita, de la que nos ocupamos a continuación.
Almagro en su último trabajo dedicado a la topografîa emeritense (20) ha lla-
mado la atención sobre la gran cantidad de restos relacionados con templos
romanos aparecidos en el área noroeste de la ciudad, en las inmediaciones de la
Plaza del Parador y del cerro del calvario, por lo que se inclina a pensar que
pu,Jo haber existido un gran foro en esta zona. Analicemos los hallazgos.
(15) J. B. Ward Perkins. <From Republic to Empire. Reflections on the Early Provincial Archi-
tecture ofthe Roman Wesb.
"I.R.,S.,
LX (1970), pp.2-4.
(16) Id., Art. cit., pp. 4 y ss.
(17) Id., Art. cit., pp. 7 y ss.
(lq)
9.A.Mansuelli.UrbanismoearchitetturadellaCisalpinaromana.Bruselas,
1971,p.91.
(19) rd. Op, cit. pp.89-90.
(20) M. Almagro. <La topografia de Emerita Augusta>>. VI Congreso de Estudios Extremeños.
Mérida, 1979 (en prensa).
58
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de Mérida levantado
por
çoelto.
La flecha señala el emplazamiento
del edificio'
(Foto Barrera.)
59
En primer lugar, Alejandro de Laborde dibujó la planta y la reconstrucción
ideal de un posible templo (21), que por
el plano de situación que de los distintos
monumentos emeritenses levantó el erudito francés sabemos que se encontraba a
la derecha del camino de la ermita de <el Calvario>>; demolida hace unos años y
se señala en el conjunto con laletra G.I-a misma situación es la que le asigna un
plano
de coello, anterior al realizado por Laborde.
posteriormente,
son ubi-
cadas en el mismo lugar las ruinas por Ivo de la Cortina y Pulido. Hacemos hin-
capié en su correcta localización, porque
ésta ha sido puesta
en duda en alguna
ocasión, principalmente por Mélida (22), quien lo hizo, sin duda por confuiión,
enlazona del <Templo de Diana>>, concr€tamente en el lugar de aparición del
edificio de la calle de Sagasta antes comentando.
Estos restos fueron citados con posterioridad
a Laborde por Fernándezy Pé-
rez, al mencionar la aparición en la calle del Calvario de una columna, un capitel
corintio y restos de argamasones y cimientos, que él aventura que pudieron
corresponder al templo de Marte (23), cuya situación no es hoy completamente
desconocida.Ya recientemente esta construcción ha sido objeto de atención por
parte de nuestro colega y amigo el Dr. Hauschild, quien ha dedicado un intere-
sante comentario a su extraña planta, que hemos tenido muy en cuenta en este
ftabajo (24).
Ia zona donde se insertaba este edificio es de considerar, si se tienen en cuenta
los numerosos hallazgos allí producidos,
entre ellos unos exvotos de bronce y
otras piezas del mismo metal depositadas, tras su exhumación en 1924, en el
Museo Nacional de Arte Romano así como una columna descritos por Méli-
da (25). Cerca de allí, en el número 37 de la actual calle de Holguín, aparecieron
varios fragmentos correspondientes a estatuas y arquitectura decorativa (26). No
hay que olvidar tampoco, al considerar este lugar, las excavaciones que realizó
en el siglo xvul Villena en la citada calle Holguín, en las ruinas de lo que él con-
sideró <edificio público de carácter
jurídico>.
Sus trabajos dieron como resultado
la aparición de un capitel corintio, unas columnas y fragmentos de estatua (27).
Por fin, para completar la visión general de esta área, se citan como procedentes
del denominado cortinal de <El calvario>>, otras piezas arquitectónicas que
corresponderían a otro edihcio público (28).
Yolviendo al edifìcio de l¿borde, su reconstrucción ideal nos define un ex-
traño edificio, sobre cuya identificación correcta queremos pronunciarnos
en la
medida de lo posible. Hauschild se sorprende lógicamente de la rareza de su
estructura, casi en forma de basílica criitiana, deslacando la particularidad
del
(21) A. de Laborde. Voyage pittoresque et hislorique de I'Espagne, París, 1813.
^1.I,2.^parte,páv
gina I l0,lám. CXLV.
(22) J. R. Mélida, op. cit., n'" 705, pp. 128-129.
(23) G. Fernández y Pérez. Historia de las antigüedades de Mérida. Mérida,l893, p. 57.
(24) Th. Hauschild. <Problemás de las construcciones romanas en Mérida>>. Augusta Emerila.
Madrid, 1976,pp,109-110, figs. I y 2.
(25) J. R. Mélida. Op. cit.n.",1.008, p.289, n.. t.l4t-1.147, pp.3l9 y ss.
(26) J. Alvarez Sáenz de Buruga. en MMAP, VII (1946), pp.39-40.
(21) J. Guillén Tato. <Hallazgo de los planos de una excavación en Mérida en el siglo xvur>>.
Hom. a Mëlida,III (1935), p.227,fits.6, lám. III.
(28) J. R. Mélida. Op. cit, n." 998-1.001, 1.031-1.032.
60
-e'rrI.,,rf
Fig. 6.-Restos de un edificio descrito y restituido por Alejandro de l¿borde. (Foto Barrera.)
ábside ci¡cular que se ve en el testero, rasgo en verdad
poco conocido en Lusita-
nia(29).
El análisis de la planta nos muestra un edihcio rectangular con antecámaras
y
una sala principal de l8 metros de longitud y 21 metros de ancho; está dividido
en tres naves por dos series de columnas
que terminan,la central en el ábside se-
micircular ya referido, y las laterales en planta aproximada de cruz latina. Es oc-
tástilo, períptero, con cuatro hlas de columnas. Está cerrado al exterior por una
Suerte de temenos. Su esquema, al decir de Hauschild, en el caso de que las co-
lumnas fueran laterales, podría compararse al del templo de Mars Ultor en el
foro augusto de Roma, donde se puede apreciar un tipo de cella análogO, así
como el ábside semicircular
para albergar la estatua del dios
(30).
Es dificil optar, evidentemente,
por una solución satisfactoria. Hay que pen-
sar, como ya lo ha hecho Hauschild, en la posibilidad de que la restauración sea
hipotética. El hecho de que esté dividido en tres naves nos puede hacer pensar <a
priorb de que se trate de un capitolio. Las razones podrían ser éstas: pronaos casi
ãe las mismas dimensiones
que la cellø-y con profusión de columnas,
próstilo,
muy parecido al capitolio de Roma; la disposición del tçstero; su planta rectan-
gular;la posible presencia de un temenos,lo
que lo acercaría al esquema del Ca-
pitolio de Ostia y al de Falerii. No sería normal, por el contiario,
que si hay que
considerar a las naves laterales como cellae que éstas fueran más profundas que
el pronaos. Cagiano de Azevedo lo incluye en el eleco de sus capitolia, concreta-
mente dentro del tipo de la cella única dividida en tres naves por columnas, ci-
(2e)
(30)
Th. Hauschild. Art. cit., p. 110.
Th. Hauschild. Loc. cit.
61
tando como ejemplos, además del emeritense, el de Itálica y el de Djemila (Cui-
cul), y por la presencia, según la restitución de Laborde, de opistodomos,lo
pone
en relación con el de Virunum
y el de Timgad (31).
Pasemos a considerar otra posibilidad, pues por el examen de la hipotética
planta se desprende la consideración de que podría tratarse de una basílica.
A lo que parece el viajero francés ha pretendido mostrarnos t¡es naves separa-
das por dos filas de nueve columnas cada una, con un testero muy confuso, en el
que se observan como ya hemos indicado, un ábside y dos espacios que posible-
mente no serían otra cosa que hornacinas, lo que no resultaría en modo alguno
extraño, pues sabemos que en más de un caso el lugar del tribunal está marcado
por un ábside, pero no encaja esa suerte de opistodomos, en el que acaso no hay
que
ver otra cosa que una puerta. La conclusión que sacamos es que Laborde no
entendió bien los restos que tenía ante é1, ya que las dificultades de interpreta-
ción que nos asaltan son numerosas y de diflcil solución.
En cuanto a algunas características que muestra el edihcio emeritense a rela-
cionar con una basílica, veamos algunos paralelos. La longitud y la anchura son
semejantes a otras de las provincias occidentales: Saint Remy (44,50x21 m.),
Ardea (45,80 x23,80), Alba Fucerzs (53,10 x23,35), Pompeya (54,90 x24,02),
Augusta Raurica (49 x22), Augusta Bagiennorum (58 x24) etc., obedeciendo su
planta a un rectángulo alargado, cuyos lados responden a la misma relación I a
2, con. doble columnata que la divide en tres naves (32). Los ábsides en el testero
de estas construcciones son en muchas ocasiones un elemento esencial en su es-
tructura y podemos considerar el caso de la basílica de Tergesle (Trieste), dividi-
da en tres naves por dos filas de doce columnas y con dos ábsides, uno en cada
lado, de los que el meridional es más bien una amplia exedra como en el caso
emeritense (33). Además, y ésta es una particularidad muy interesante, el testero
de la basílica al final de las naves laterales cuenta con sendas escaleras de subida
al tribunal, lo que podría ser el caso que Laborde nos ha intentado explicar (34).
Siguiendo con el examen de las características del monumento, diremos que
la basílica de Lopodunum ofrece una disposición muy parecida, no en cuanto a
la nave (de estructura muy diferente), sino por la exedra y el complicado
juego
de
espacios en el testero (35). Otra basílica, la de Ocriculum (Otrícoli), está com-
puesta también de tres naves con ábside central flanqueado por dos espacios cua-
drados y unos muros laterales a modo de temenos o peribolos como en el edificio
emeritense, que corresponderían posiblemente a dos alas con tejado en ver-
tiente (36). Otro paralelo es la basílica de Centumcellae (31). La de Velleia, cons-
(3 1) M. Cagiano de Azevedo. <I capitolia dell'Impero Romano>>. Atti della PontiJicia AÒcademia
Romana di Archeologia. Memorie, V (1941), p. 38, fie. 42, p.70, p. 72. Bianchi, a cuyo trabajo no he
podido acceder, ha puesto en duda por su parte, la identificación de las ruinas de Mérida con las de un
capitolio (cfr. Castagnoh, E.A.A., s.Y. Capitolium, p.328.
(32) J. Ch. Balty. <Basilique et curie du lorum de Glanum: Note sur le centre monumentel de la
vil le augustéen ne>>. L at o mtt s, XXI (l 9 62), p. 29 7 .
(33) Y. Scrinari. Tergeste (Tireste). Roma, 195 I
,
pp. 70-7 1 .
(34) Estos esquemas recuerdan al de la Basílica Ulpia en el Fo¡o de Trajano.
(35) H. Mylius. <Die römische Marktbasilika in Lopodunum>>. Germania,30 (1952), pp. 56 ss.
(36) C. Pietrangeli. OcrictLlum (Otricoli). Roma, 1943, pp. 53 ss., fig. 6.
(37) S. Bastianelli. Centumcellae. Roma, 1954, p. 44, |tg. 4.
62
Fig. 7.-Pedestal con inscripción dedicada-a Concordia Au€u;5, n"t en la base del monumento a santa
trucción en planta rectangular con nave única con exedras rectangulares en el
testero, es también muy semejante en su esquema (38).
Resumiendo, y como hipótesis de trabajo, reflejamos nuestra impresión de
que el hipotético edificio de Laborde posiblemente haya que relacionarlo con
una basílica, con el facto¡ en contra, poco propio de la disposición de estas cons-
trucciones, de la estructura del vestíbulo (39).
Si aceptamos esta posibilidad, tendríamos documentada en Augusta Emerita
una basílica en esta granátrea pública, distinta a la que se contemplaba en el en-
torno monumental del foro del <Templo de Diana>.
En nuestro análisis de los hallazgos de la zona consideramos ahora los restos
de otro edihcio público dedicado, según nos aclara una inscripción colocada
como base del monumento de Santa Eulalia (40), a la Concordia Augusti (y po-
siblemente otras virtudes imperiales), y que apareció en la Plaza de Santiago
(hoy Plaza del Parador). Hay que aclarar que la inscripción corresponde a un
pedestal y no sabemos si era la misma que hguraba en el epistylium del templo.
En el mismo lugar, es más que probable, se hallafon unas aras cilíndricas que
hguran en el mismo monumento (41), fechables en el siglo I. d. C., sin que se
(38) M. Marini. Velleia. Parma, s.a., p. 59.
(39) Sobre las basíiicas y sus tipos, véase: R. Schultze. Basilikn. [Jntersuchungen zur anliken und
Frühmittealterlichen Baukunsl. Berlín, 1928. También puede consultarse G. Garettoni, en E.A.A. s.v.
Basílica. ll,2ss.
(40) Sobre este monumento y las piezas que lo forman véase A. García y Bellido, op. cit., n." 413,
lâm.294, pp. 412-413.
(41) Otros, al hablar de su procedencia, aseguran que se hallaron en el <<Templo de Diana>.
con inscripción dedicada a Concordia Augusti, hoy en la base del monumento a Santa
63
pueda asegurar que sean plenarnente augusteas como propone García y Belli-
do (42). Se dice también que estas piezas salieron entre otras de carácter arquitec-
tónico decorativo, que, con posterioridad, con motivo de la reforma del Parador,
han venido incrementándose. El cúmulo de hallazgos nos hace pensar clara-
mente en la existencia allí de un templo de culto imperial, lo que vendría avala-
do por dos inscripciones que aparecieron en aquel lugar y que son francamente
ilustrativas: una de ellas dedicada a Tiberio, en cuya época debió construirse el
templo y otra a Domiciano (43). A mayor abundamiento, en el Museo Nacional
de Arte Romano se conseryan como procedentes del mismo sitio otras dos más,
una que posiblemente haya que relacionar con Trajano dedicada por los lan-
cienses y otra del tiempo de Constantino ofrecida por el praeses provinciae Lusi-
taniae, Gaius Sulpicius Rufus (44). Creemos que estas dos inscripciones que aca-
bamos de citar aclaran muy convincentemente que el templo de la zona del Pa-
rador estaba dedicado al culto imperial y que su carácter era netamente provin-
cial, lo que nos podría hacer pensar con cierta lógica que esta gran érea forense
que proponemos estaba dedicada a las necesidades político-religiosas de los ad-
ministrados de la provincia de Lusitania, muy distinto al foro anteriormente co-
mentado, que estaría dedicado con exclusividad a los asuntos emeritenses.
Habría que considerar, pues dos zonas oficiales en Augusta Emerita, bien di-
ferenciadas, y cuyos límites concretos y exactos, como hemos apuntado, son muy
dificiles de definir hoy a plena satisfacción. No obstante hay un monumento que
acaso podría ser clave para fijar estos límites y no es otro que el denominado
<<Arco de Trajano>.
Hay que decir en primer lugar que el denominado <<A¡co de Trajano>>,
nombre puramente arbitrario asignado por el elemento popular emeritense, no
es una puerta de la ciudad como se ha pensado, sino más bien un arco ubicado,
como tantos otros, sobre una de las viae mâs importantes de Emerita, atyo ca-
rácter y función trataremos de determinar. Para Gaspar Barreiros, que es el pri-
mero que se ocupa con cierto detenimiento de é1, no es un arco triunfal sino un
trofeo (45).
Villena llegó a hacer una excavación bajo el arco y encontró ya en el
siglo xvlrt el kardo maximus, pudiendo comprobar la estructura del zócalo y la
prolongación del muro a un lado y otro del arco, particularidad ésta un tanto
exagerada por los que han querido ver en él una puerta de la ciudad (46). Fue
Fernández y Pérez el primero que consideró el arco como límite de una calle
principal de la colonia que terminaría en el <<Arco de Cimbrón>), por lo que hay
que considerarlo como el primer teorizante de la hipótesis relacionada con un
primitivo recinto fundacional, de acuerdo con los esquemas de la urbs quadra-
ta (47). Macías se debate entre considerarlo como un arco de triunfo o los restos
de un suntuoso edificio público (48), mientras que Mélida (49) se inclina a in-
terpretarlo como puerta monumental del primer recinto de Emerita.
(42) Véase nota 40.
(43) A. F. Forner y Segarra. Antigüedades de Mërida. Mérida, 1893, pp. l4l, 144.
(44) J.R. Mélida. Op. cit., n." 7l6,pp. 209-210.
(45) G. Barreiros. Chorographia (en García Mercadal, p. 963).
(46) J. Guillén Tato. Art. ctt.,p.225, fig. 1,1ám. 1.
(47) G. Fernández y Pérez. Op. cit., pp. 47 -48.
(48) M. Macías. Op. cit., pp.41-49.
(49) J,R. Mélida. Op cit, n.'701, pp.12l-123.
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Richmond ha negado tal posibilidad, al observar que el <<Arco de Trajano>
tiene más afinidad con los denominados arcos de triunfo que con una puer-
ta (50). Almagro también piensa lo mismo, cuando dice que se erigió para orna-
to de la ciudad en el kardo maximus, para considerar, creemos que con una acer-
tada visión, que posiblemente daba acceso a una zona oftcial con templos como
el de la Concordia (51).
Se trataría, por tanto, el <<Arco de Trajano>, a
juicio
del profesor Almagro,
juicio que compartimos, de una puerta de entrada a un recinto. Es éste un caso
muy conocido en el mundo romano y con ejemplos claramente documentados.
Frontingham nos habla de la costumbre desarrollada en las colonias romanas de
erigir un arco en el punto donde Ia calzada principal, antes de entrar en la ciu-
dad, cruzabalalíneadel pomoerium, por lo que podría ser considerado como de-
finidor de la línea religiosa y legal de la demarcación entre ciudad y jurisdicción
comarcal (52). No es el caso concreto del <Arco de Trajano), pero la idea es muy
similar como veremos. Mansuelli habla del arco, que adquiere desde Augusto la
categoría del monumento conmemorativo ohcial, como del definidor concreto
de un limite, y su función es de primer orden, al separar espacios o unidades de
un urbanismo meditadamente establecido (53); de los monumentos conmemo-
rativos y honoríhcos es el más vivo e interesante como problema de relación
urbanística con otras entidades arquitectónicas circundantes, al incidir sobre la
organizacion espacial, hasta el punto de que en más de una ocasión asume con
todas sus consecuencias su primitiva función de puerta, como acceso monumen-
tal a un espacio cerrado (54). Y éste, a nuestro parecer, es el caso del Arco de
Emerita. El arco daba acceso a un espacio cerrado, a un foro, cuyo intento de re-
construcción hemos esbozado.
Los ejemplos de este tipo de arcos en el imperio podrían multiplicarse, y nos
referimos a los que ejercen la función antes reseñada. En Mactar (la antigt¡a Thi-
gibla) Picard descubrió, en una excavación realizada cerca del foro, un arco que
daba acceso a la plaza (55), lo que no es un casb único en el Norte de Africa,
donde Gsell ya había recogido en su conocida monografia (56) otros ejemplos
ilustrativos como el de El Gouassa (Thubursicum), Henchir Kissa, Timgad etc.
En Leptis Magna el Arco de Tiberio está igualmente situado sobre el kardo
maximus, en el ángulo exterior del sudeste del mercado púnico-romano, y su
función, como precisa Romanelli, erula de aislar un barrio de otro, o una zona
de la ciudad de otra (57). En Italia se pueden considerar casos similares como el
de Cosa, cuyo foro estaba provisto en su extremo noroeste de una monumental
puerta de entrada bien descrita por Brown (58).
(50) Richmond. Art. cit., p. 103.
(51) M. Almagro. <La topografia de Augusta Emeritu. Symposium de ciudades augusteas, L
Zar agoza, 197 6, pp. I 98-200.
(52) A.L. Fronthingam. <The Roman Territorial ,\rch>> A.J.A,, XXIX (1915), pp. 155 y ss.
(53) G.A. Mansuelli. Architettura e citta. Bologna, 1970, p.212.
(t4) G.A. Mansuelli. <Il monumento commemorativo romano>. Bollettino del Centro di Studi
per la Storia dell'Architettura, n: 12 (1958), p. 9.
(55) F.A. II (1947),n..2.834.
(56) St. Gsell. Les monuments antiques de I'Algérie.,I. París, 1901, pp. 155-163.
(57) R. Romanelli. <Gli archi di Tiberio e di Traiano in Leptis Magnu. Africa ltaliana, VII, 3-4
(1940), pp.87 ss.
(58) F. E. Brown. <Cosa I. History and Topography>. MAAR ¿XX (1954), pp. 73 ss.
65
Por otra parte, los arcos que dan entrada a recintos meramente religiosos son
abundantes y se nos ocurre citar el Arco di via di
pietra,
que, según cãstagnoli,
aparece unido al templum divi Hadriani, circwdado por un muro, por lo que no
era otra cosa que una entrada para
todo aquel que, a través de la Flaminia, se
acercaba al Campo de Marte (59). Igualmente el Iseo Campense contaba con dos
arcos de entrada, el llamado de Camillo y el <giano accanto alla Minerva), res-
pectivamente las entradas oriental y occidental del área central del santua-
rio (60), una de las cuales, por ciefto, está representada en un relieve del sepulcro
de los Haterii (61). Conocemos también la existencia de un arco de entrada a un
edifìcio público de
juegos
tan importante como el Estadio de Domiciano (62).
Es éste, por tanto, el carácter que más conviene a nuestro entrañable monu-
mento emeritense, tantas veces reproducido por la serena majestad de sus res-
tos. Hay que descartar, a nuestro
juicio,
la idea de que fuera una puerta
del
recinto fundacional, aunque los arcos de entrada a un recinto muradó que ofre-
cen estas características sean conocidos, como los Arcos de los Sergii en Þola, del
de Minturno, Reims (63), Ascoli Piceno (64) etc. otro también ei el sentido de
los arcos erigidos a manera de monumentos conmemorativos con motivo de la
fundación de una ciudad, como el Arco de orange, que en opinión de Amy y de
los editores del estudio del monumento galo, pudo ser el emblema de la núeva
colonia (65), lo que en el caso de Mérida fue, al parecer,
según nos muestran las
emisiones de la ceca, una puerta geminada,
o el de Vienne, que se encontraba en
una de las extremidades del decumarez¡ siguiendo la norma del emplazamiento
de este tipo de arcos en la intersección de las viae con el pomoerium (66).
Para concluir, y a manera de resumen, reflejamos, pues, la existencia de dos
áreas forenses bien definidas eî Augusta Emerita, una ia situada en los aledaños
del <Templo de Diana>>, donde, además, de este edificio, existieron unas termas y
otras construcciones de carácter público
aún poco definidas como una posiblê
basílica, que acaso, como hemos dicho, haya que relacionar con lo descubierto a
finales del siglo pasado y verano de 1980. Este foro tenía un pórtico,
al menos en
parte,
decorado con clípeos con figuraciones de luppiter Ammon y Medusa,
flanqueados por cariátides, al igual que sucedía en el
forum
Augusti y en otroÁ
foros del Adriático y en monumentos determinados y óoncretos como ia basílica
de Tergeste. Por otra parte,
existía una zona pública,
dedicada, al parecer,
como
(59) F. Castagnoli. <Due archi trionlali della Via Flaminia presso Piazza Sciar¡a>r. Bull. Coom.
,LXX
(1942), p. 81.
(60) G. Gatti. <Topografia dell'Iseo Campense>>. Rend. Atti della PontiJicia Accademia Romana
di Archeologia, XX (1943-44), pp. 124 ss.
(61) F' Castagnoli. <<Gli edihci rappresentati in un rilievo del sepolcro degli Hateriil>. Bzll
Comm., LXIX (l9al), p. 66.
(62) Se trata del arco al que pertenecieron los relieves clelPalazzo della Cancelleria. Sob¡e estos
relieves véase: F. Magt. I rilievi
flavi
del Palazzo della Cancelleria. Roma, 1945, y A.M. Mc Cahn. <A
re-dating of the Reliefs from the Palazzo della cancelleria>>. R.M.,79 (19i2),pp.
249 ss.
(63) I. A. Richmond. <Commemorative archs and City gates in the Augustan Age>. .I.ìR.,S.,
XXIII (1933), pp. 149 ss.
(64) M. Pasquinucci. <Studio sull'urbanistica di Ascoli Piceno romana>>. Asculunt, L
pisa,
1975,
p.26, fig.27 .
(65) R. Amy y otros. L'Arc d'Orange. París, 1962.
(66) J. Formigé. <L'Arc municipal de la colonie romaine de Vienne>>. Rev. Arch., XXXVIII
(1951),pp.62ss.
66
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Fig, 8.-El denominado <Arco de Trajano> a comienzos de siglo. (Foto Boccomi.)
67
nos demuestran las inscripciones de culto imperial, a las necesidades de la pro-
vincia de Lusitania, con un templo de culto imperial que lqabría que situar en las
cercanías del Parador Nacional de Turismo, una posible basílica, monumental,
que
sería el edificio restituido por Alejandro de Laborde y otros edificios que han
dado a lo largo de los siglos restos importantes, pero cuyo carácter se nos escapa.
Ambas zonas de la ciudad estaban perfectamente separadas y delimitadas, se-
gún nuestra opinión, discutible si se quiere, por un elemento de especial interés
urbanístico: el <<Arco de Trajano>>.
I¿ existencia de dos o más foros, por otra parte, es algo bien normal en las
grandes ciudades del Imperio y, sobre todo, en capitales de provincia. No quere-
mos olvidar los ejemplos hispanos tan claros como el de Tarraco, dotada de un
pequeño foro para las necesidades de la ciuitas y de otro de carácter provincial,
en el área de la <<Torre de Pilatou> (61)
V
el de Caesarlugusta, éste ya un poco
más problemático (68)
(67) Th. Hauschild. <<Tarraco en la época augustea>>. Symposium de ciudades augusteas,l. Z,ara-
goza, 197 6, pp. 2 I 4 ss.
(68) A. Beltrán. <<Caesaraugusfa>>. Symposium de ciudades augusteas., L Zaragoza, 1976, pp.
245 ss.
68