You are on page 1of 3

1

A PROPOSITO DE CALIDAD EN EDUCACIÓN. VIVIR Y CONVIVIR LA
DEMOCRACIA EN LAS AULAS.

"La educación es el proceso permanente que abarca las distintas etapas de
la vida de las personas y que tiene como finalidad alcanzar su desarrollo moral,
intelectual, artístico, espiritual y físico, mediante la transmisión y cultivo de
valores, conocimientos y destrezas, enmarcados en nuestra identidad
nacional, capacitándolas para convivir y participar en forma responsable y
activa en la comunidad".

La educación como proceso permanente ha sido objeto de mucho estudio
y desde los más variados puntos de vista. Sin embargo, pese a que algunos
de aquellos planteamientos pueden parecernos bastante poco novedosos o
muy viciados, se afirma que la educación democrática ha sido objeto de
poco estudio, sobre todo cuando se estudia para un mejoramiento de la
calidad de los aprendizajes dentro de los centros escolares, de un
mejoramiento de la convivencia, que muchas veces se obvia por las y los
profesores de la enseñanza basica y media tradicional.

No porque la educación haya sido muy estudiada, se ha podido dar
siempre con las herramientas que la hagan más democrática, progresista,
efectiva, motivadora y flexible ante los cambios sociales. Muy por el contrario,
hoy se encuentra en una situación de crisis, precisamente por la lentitud con la
cual se producen sus cambios. Hago mención de manera específica a las
escuelas mal llamadas públicas , que en realidad son municipalizadas,
donde se comprueba que las estructuras mentales y las formas de operar
no varían desde hace mucho tiempo. Las escuelas municipalizadas conviven
sus rutinas formando a las alumnas y los alumnos más en el pensamiento
coercitivo, heterónomo y carente de visión crítica de la realidad, en vez de
un pensamiento para una vida democrática y que potencie la autonomía y la
participación.

En este sentido, una de las conclusiones más importantes es la
necesidad de la reflexión crítica que debemos tener los educadores, respecto
de conocer y comprender el cómo hemos sido educados y en consecuencia el
cómo hemos aprendido a educar. Esto es importante, en tanto nos permita
distinguir cuáles son los aspectos de la tradición enseñanza - aprendizaje que
debemos modificar en función de generar formas de aprender en las escuelas,
que preparen las conductas democráticas.

Del mismo modo, es necesario la importancia de establecer el
carácter preeminente que tiene el hecho que los individuos, quienes
trabajamos en el campo educativo, nos hagamos conscientes del significado
que implica la construcción de seres educados en los valores de la
democracia, que sean capaces de desarrollarse como sujetos protagónicos,
capaces de deducir que son parte de una historia y que por lo tanto tienen una
responsabilidad que no sólo los hace estar en el mundo, sino con el mundo,
como lo diría Paulo Freire, de una manera integrada y no sólo adaptada,
caracterizándose esta última por hacer de éste, un sujeto al servicio de la
sociedad que le rodea y con la que interactúa, inevitablemente.

Otra de las conclusiones más relevantes, es rescatar y considerar
la enorme importancia de la educación y de los procesos formativos para la
constante construcción y reconstrucción dinámica de la democracia, y de los
2
países que viven las democracias modernas, sobre todo en un lugar como
Chile, en donde ésta ha sido coartada por tanto tiempo, un lugar donde
no debemos olvidar otros tristes acontecimientos de atentados contra la
democracia misma y la dignidad de las personas.

Por otra parte, la mayoría de los autores, afirman que la educación y el
sistema educacional son reforzadores de la construcción de la democracia
como sistema de gobierno. En otras palabras, de la educación depende, en
gran medida, que las sociedades se formen en actitudes democráticas.
Detenernos brevemente en esto, tiene un sentido socio - histórico muy
importante. Si nos detenemos a pensar en las múltiples exclusiones históricas
y atentados contra los derechos humanos y contra la democracia misma ,
hay que llegar al fondo de aquéllos misterios y preguntarse cuál fue el tipo
de educación que reciben quienes han detentado el poder con medios
humanamente cuestionables, o qué educación reciben los racistas, terroristas,
xenófobos, entre otros, para llevar a cabo sus prácticas. Lo más lógico es
pensar que las personas son educadas en las escuelas, y por lo tanto que
hay una gran parte de responsabilidad de este tipo de formación en ella. No
porque los educadores excesivamente mantengamos un discurso normativo y
no por muy excesivamente repetido, se han superado estas actitudes. Cabe
señalar que en estos aspectos no existen grandes diferencias entre naciones
desarrolladas y subdesarrolladas, puesto que si las sociedades "desarrolladas"
fueran educadas efectivamente en conductas democráticas, no serían temas de
actualidad la discriminación racial, sexual y económica; ningún extranjero debería
sentir miedo de ser agredido, y los países en vez de utilizar las armas,
habrían de utilizar el diálogo como medio fundamental para la resolución de
sus conflictos.

El hecho de que se pueda proporcionar a la sociedad los conocimientos
de los conceptos de ciudadanía y democracia, no implica que efectivamente
los niños y niñas se desarrollen en las actitudes de la convivencia
democrática. Se requiere de otras estrategias para que los individuos seamos
capaces de cuestionar, criticar y por ende buscar modificar aquello que daña a la
sociedad, y esos aspectos es necesario señalar que son los valores que
dan forma a la vida democrática, es decir, la tolerancia y el respeto, la
diversidad y pluralismo, el diálogo, la autonomía y la participación. Todo
aquello es parte del progreso, parte del progresismo.

Lejos de dar una respuesta cerrada de la educación democrática y
para la democracia, y teniendo en consideración lo complejo que es ésta en
cuanto la he analizado respecto de su construcción mediante los valores, y
además comprendiendo que el quehacer educativo es un proceso continuo e
inacabado, este escrito tiene su sentido en función de cumplir su objetivo
central para poder luego, compartir reflexiones que junto a otras nos permitan
acercar de una manera aproximada a la subjetividad en las formas de aprender
las actitudes de una convivencia escolar democrática y que constituyen en cada
uno de los sujetos que aprenden un pequeño universo del cual sólo alcanzamos a
descubrir una mínima parte.

Los valores democráticos, la participación como medio y fin de la
educación democrática, del diálogo como una necesaria herramienta para la
resolución de conflictos además para la construcción de relaciones afectivas, el
aprendizaje del la autonomía como un poderoso mecanismo para desarrollar el
pensamiento crítico y la reflexión, no se logra por medio del conocimiento de su
3
concepto o de su significación, fomentar y practicar la participación, el diálogo y la
autonomía, se cumplirán en la medida en que existan instancias efectivas donde
alumnas y alumnos puedan realmente “vivir y convivir la democracia en sus
aulas”.
.


Francisca J erez
Profesora Lenguaje
Partido Progresista Rancagua