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LA FELICIDAD DE LOS NIÑOS Y JOVENES UN FIN PRIMORDIAL DE LA ESCUELA

Reflexiones en torno a la felicidad en la escuela a partir de la lectura del libro La auténtica
felicidad de Martín Seligman

El premio Nobel de literatura, Gabriel García Márquez, desde hace años, viene reclamando por una
escuela donde los niños puedan ser felices, en contraposición a la escuela que semeja un
parqueadero para niños y jóvenes, o peor una cárcel en la que se recluyen a los estudiantes por unas
horas diarias mientras sus padres trabajan. No es un secreto que encontramos en la escuela
estudiantes que se sienten desdichados e incluso infelices. La felicidad es uno de los términos más
estudiados y de más variación en su significado. Nos acogemos al significado que le da el profesor
Seligman y su equipo de investigadores. Para ellos la felicidad se obtiene a través de tres vertientes:
a) El camino de la vida placentera que tiene que ver con la capacidad para disfrutar de la vida y el
esfuerzo por ir disminuyendo las emociones negativas para incrementar las positivas. b) La buena vida
que consiste en vivir intensamente la vida dejándola fluir. Y c) Una vida significativa o con sentido en
la que la persona pone sus talentos, fortalezas, virtudes y capacidades al servicio de una causa, tarea,
proyecto, traducida en desarrollar sentido pertenencia y sentido de unidad en el lugar que se
encuentre.

Seligman invita a cultivar las emociones positivas respecto al futuro, entre otras, la fe, la confianza, la
seguridad, la esperanza y el optimismo; y a volver sobre las emociones positivas en relación al
pasado, las cuales incluyen, entre otras, la satisfacción, la complacencia, la realización personal, el
orgullo y la serenidad. Esas emociones pueden incrementarse enseñando a las personas a practicar
una mirada agradecida al pasado, perdonando y liberándose de todo lo que encasilla y predispone.

El equipo de Seligman ha hecho estudios en varias naciones intentando verificar cuáles eran las
fortalezas y virtudes que hacen a las personas más felices y encontró 6 virtudes que son las más
repetidas:

1. La sabiduría y el conocimiento. 2. El valor y valentía. 3. El amor y la humanidad. 4. Justicia. 5. La
moderación o templanza. Y, 6. La trascendencia.

Es importante proporcionar a los estudiantes espacios para reflexionar sobre el modo de ser más feliz
en la vida, cómo pasar y sentirse un poco menos desgraciado frente a circunstancias inevitables como
por ejemplo la pérdida de su ser querido (invitación a leer el libro Las preguntas de la vida de Fernando
Savater), recordándoles que la verdadera felicidad deriva de la identificación y el cultivo de las
fortalezas más importantes de la persona y de su uso cotidiano en el trabajo, el amor, el ocio y la
educación de las personas con quienes interactúa con mayor frecuencia..

Seligman propende por evocar las experiencias que provocan emociones positivas ya que estas hacen
que las emociones negativas se desvanezcan rápidamente. Indica que las fortalezas y las virtudes
actúan a modo de barrera contra la desgracia y los trastornos psicológicos y pueden ser la clave para
aumentar la capacidad de recuperación.

Las investigaciones de Seligman permiten afirmar que existe una relación directa entre felicidad y
longevidad. La cantidad de sentimientos positivos son determinantes para prolongar la vida de una
persona. En un estudio con monjas americanas que tienen un similar nivel de vida, viven en
ambientes homogéneos, presentan bajos niveles de estrés, ingieren una alimentación similar, gozan
de los mismos de seguridad social, tienen cargas laborales semejantes y dedican el tiempo libre a
actividades comunes, entre otros factores que pueden marcar diferencias, encontró que el 90% de
personas más alegres seguían vivas a los 85 años, en contraste con sólo el 34% del grupo menos
alegre. Asimismo, el 54% del grupo más animoso seguía vivo a los 94 años, mientras que sólo lo
estaba el 11% del grupo menos alegre. La sonrisa de las personas es un indicador fiable de su
felicidad. Para Seligman existen dos tipos de sonrisas. La primera, llamada sonrisa de Duchenne (en
honor a su descubridor, Guillaume Duchenne), es genuina. La comisura de los labios se levanta y la
piel del contorno de los ojos se arruga (como las patas de gallo). La otra sonrisa, llamada sonrisa Pan
American (en honor a las azafatas de los anuncios de televisión de la ya desaparecida compañía
aérea), es fingida y no presenta ninguno de los rasgos de la Duchenne, dado que resulta
extremadamente difícil controlar de forma voluntaria los músculos encargados de dichos movimientos.
Seligman concluye que una persona que sonría de forma genuina tiene más posibilidades de ser feliz
en su matrimonio y en la vida. Recuerda el investigador que las emociones positivas momentáneas
son la alegría, fluidez, regocijo, placer, satisfacción, serenidad, esperanza y éxtasis, las cuales tienen
un alto peso en la longevidad de las personas o su muerte temprana.

Para Seligman la calidad de vida no es más que la cantidad de buenos momentos menos la cantidad
de malos momentos. La sociedad actual ha inventado innumerables fórmulas para que las personas se
sientan bien: drogas, chocolate, sexo sin amor, ir de compras, masturbarse y ver la televisión serían
algunos ejemplos. Recalca que la idea de que se puede recurrir a tales fórmulas para obtener felicidad,
alegría, consuelo y éxtasis, en vez de tener derecho a dichos sentimientos gracias al ejercicio de las
fortalezas y virtudes personales, hace que exista un buen número de personas que, rodeadas de
grandes riquezas, padecen una sed de espiritualidad. Las emociones positivas obtenidas por
actividades ajenas al carácter provocan desolación, falta de autenticidad y depresión a medida que se
envejece. Por el contrario, el sentimiento positivo que aparece a partir de la puesta en práctica de las
fortalezas y virtudes, en vez de las fórmulas rápidas, es genuino.

Seligman llama la atención sobre las consecuencias de ciertas actividades placenteras -salir con los
amigos, ver una película o comer helado de chocolate- que no producen auténtica felicidad en
comparación con los efectos de una buena acción. Cuando los actos son filantrópicos, espontáneos y
requirieron el empleo de fortalezas personales, se obtiene mayores niveles de felicidad personal.
Destaca el papel preponderante que juega el optimismo. Las personas optimistas tienden a interpretar
que sus problemas son pasajeros, controlables y propios de una situación. Las personas pesimistas,
por el contrario, creen que sus problemas durarán siempre, socavarán todo lo que hagan y que no
podrán controlarlos, los que les genera estrés e infelicidad. El altruismo, la capacidad de aplazar la
gratificación, la previsión de futuro y el sentido del humor contribuyen a la felicidad de las personas en
alto grado. Relieva el valor de la sabiduría y el amor. La sabiduría, por ejemplo, comprende fortalezas
tales como curiosidad, amor por el conocimiento, criterio, originalidad, inteligencia social y objetividad.
El amor incluye amabilidad, generosidad, cariño y la capacidad de amar y ser amado.

Los maestros necesitamos incorporar habilidades para actuar con eficiencia en el pequeño e infinito
mundo de la personalidad de los alumnos, ayudándolos a formarse como personas con tendencia a
ser felices. Es claro que cada hábito practicado por los educadores contribuirá a desarrollar
características fundamentales de la personalidad de los jóvenes para bien o para mal. Tampoco es un
secreto que la personalidad en formación de nuestros estudiantes necesita de una excelente nutrición
psíquica que si no la pueden brindar los padres, al menos debería brindársela la escuela. Es
importante que los maestros nos preocupemos por los alimentos que enriquecen las tendencias hacia
la felicidad. El profesor Seligman recalca que no se puede ser feliz descuidando el desarrollo personal
y el sentido de la vida, viviendo insolidariamente, sin generar vínculos, comunidad, sentido de
pertenencia; sin aprender a vivir en armonía con uno mismo, con los otros, con la naturaleza; sin
saborear la vida cotidiana y sin poner la persona al servicio de una causa que sea importante para ella,
ya que esto da la propia vida sentido y significatividad.

Yopal, Noviembre de 2013. JJS. SELIGMAN, M (2011) La auténtica felicidad. Editorial Zeta