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SER MEJORES PADRES
Conozco el desarrollo afectivo de mis hijos.
Hijos sociables y generosos.
Miguel de Zubiría
Son tres las dimensiones de competencia afectiva humana: intrapersonal referida a
al conocimiento de sí mismo, a la relación consigo mismo; la socio- grupal (referida
a la interacción con grupos de personas), y la interpersonal (sobre la relación con
los demás). Estas tres dimensiones causan y constituyen en su conjunto la felicidad
humana.
Los hermanos y los compañeros constituyen los cimientos para edificar los pisos
superiores de las relaciones simétricas o entre pares, las definitivas: amigo, amiga,
socios, novia, pareja.
Las dimensiones que constituyen la existencia afectiva del ser bio-pisco-social
humano: La inter-personal, la socio-grupal o trans-personal y la intra-personal:
La primera no es otra que la que fundamenta su esencia, prioritaria en importancia,
la dimensión interpersonal -entre personas- nos hace especie, nos permite
sobrevivir, compartir, desplegar nuestro arsenal comunicativo, educativo, físico,
psicológico….., se centra en la interacción entre personas, en relaciones de uno a
uno.
La segunda dimensión es la relacionada con la interacción con grupos. Es la
formación socio-grupal la que educa al humano para ser miembro de un hogar o
familia (como hijo, como hermano), luego integrante de un colegio (como estudiante
y compañero) y más adelante, miembro de innumerables grupos (deportivos,
culturales, laborales) interacciones que a la larga, derivan en las categorías más
generales, como ciudadano (miembro de una nación) y ciudadano global (miembro
de un mundo.
La tercera en importancia, no es otra que la dimensión que, aventuro, surgió como
producto de la conciencia (la increíble capacidad del humano de saberes como
individuo, de verse, de escucharse, de observarse mientras existe, de pensarse así
mismo, todo desde su cerebro). Para inter actuar y actuar socio grupalmente, es
preciso explorarse, conocerse y dirigirse desde adentro, es preciso descubrir aquello
a lo cual le dedicaremos una inmensa cantidad de horas de nuestra vidas, nuestra
ocupación.
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Los padres le deben dedicar muchos años a instalar más de diez mil palabras,
enseñarle a su hijo el oficio de pensar y el de juzgar su realidad, además de dotarlo
con las esenciales destrezas interpersonales humanas de leer la mente de los otros
y la suya propia. Asimismo, simultáneo a razonar, el niño debe aprender a valorar,
juzgar motivar, motivarse, desarrollar su voluntad, capacidad del trabajo, juicio, entre
otros.
Los principales tutores son los padres, y me atrevería a pensar que hoy son los
únicos, pues ellos forman mientras que los profesores enseñan conocimientos
científicos. Existe una diferencia radical entre ambos: la diferencia en FORMAR o
EDUCAR, dos palabras cercanas con dos significados lejanos. Colegios, donde,
esencialmente, les enseñan a los pequeños matemáticas, ciencias naturales,
sociales y lenguaje. Ni siquiera asumen la instrucción de las competencias de
razonar, valorar, juzgar, motivar, motivarse, desarrollar su voluntad, capacidad de
trabajo, juicio, ni las demás funciones psicológicas esenciales, casi todas éstas a
cargo de los padres.

Para los humanos, seres sociales por excelencia, los otros y el propio yo son la
“realidad”, el “ambiente”, no físico sino psicológico, al cual deben adaptarse, incluso
más que al frío, el hambre o los depredadores. Y si además les enseñan las mejores
maneras de dirigir-se (es decir, a esforzarse, ser tenaces, a persistir ser ordenados y
disciplinados) sus hijos ganarán destreza intra personal, la segunda cualidad en
importancia para la felicidad humana, pues se refiere a estar bien con uno mismo.

Los padres dictan la asignatura HABILIDADES PARA LA VIDA, son responsables de
que sus pequeños lleven un recorrido vital satisfactorio, grato, intenso, lleno de
alegrías.

El rol de padre o madre es tan delicado y decisivo que cualquier omisión o pobre
enseñanza suya acarrea efectos psicológicos muy negativos, casi siempre de por
vida. Puede convertir a sus pequeñines en personitas tímidas, egoístas, retraídas,
ansiosas, irresponsables, rebeldes o indisciplinadas, entre otras. Resultantes
siempre de las pobres enseñanzas paternas del arte de interactuar con los otros y
con él mismo. Defectos psicológicos muy costosos cuya responsabilidad primaria le
cabe a los padres, por acción u omisión.

Piense los efectos de la timidez o del egoísmo en la diaria interacción de un
pequeño con decenas de compañeritos, cada uno con su propia y singular
personalidad: una calamidad, fuente de innumerables “pequeños sufrimientos”,
evasiones, aislamientos, burlas o francas agresiones, con nocivas consecuencias
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permanentes para quien la sufre. Todo porque sus padres evadieron, o no le
supieron enseñar a iniciar relaciones (timidez) o a compartir sus cosas y su tiempo
con otros (egoísmo).

Ahora bien, la timidez, el egoísmo, la apatía o el déficit de atención no cierran la
extensa gama de consecuencias negativas. Hay otros defectos psicológicos más
devastadores, que para sorpresa inmensa de los psicólogos dejaron de ser casos
anormales y aislados, siempre causados por hogares disfuncionales, propensos a
transformarse en enormes y crecientes epidemias: 1) la soledad, 2) la depresión y 3)
el suicidio. Tres males recientes que, desafortunadamente, parecen crecer de
manera alarmante hacia el futuro.

Soledad y sociabilidad están directamente conectadas, pues a la primera la causan
incompetencias inter personales debidas a una deficiente socialización paterna,
reflejadas en la incapacidad del hijo de iniciar, profundizar, y desconflictuar vínculos
con sus hermanos ( mucho peor cuando no tiene) o compañeros, amigos, amigas, y
aún más grave en sus futuras relaciones íntimas.

Así pues, la soledad y la depresión predisponen, de manera peligrosa, a que
cualquier problema o inconveniente existencia, frustración o dolor con alguna
intensidad, active en el muchacho sus ideas suicidas: estudios realizados por los
psicólogos Thomas Joiner (2009), arrojan datos dramáticos: 1. El suicidio es la
segunda causa de muerte en el mundo entre los 15 y los 30 años y 2. Cada 40
segundos se suicida una persona en el mundo, lo cual equivale a un millón de
personas cada año. Un filósofo lo dijo magníficamente: “ Los amigos multiplican las
alegrías, y sobre todo dividen las penas”. Luego, a pesar de ser un proceso
personal y por completo subjetivo, sobre el suicidio inciden con fuerza las deficientes
tareas paternas.

Por milenios, las madres se encargaron casi exclusivamente de la crianza y
formación de los hijos, en tanto que los padres les instruyeron en el arte de ser
sociables, generosos cumplir deberes, respetar normas y auto exigirse. Ahora la
ideología eliminó los deberes las normas y los requerimientos, generando con ello
graves consecuencias que podrían ser severas. Otro tipo de preocupaciones y
ocupaciones desplazaron el tiempo que antes correspondía a los hijos.

Como si fuera poco, tres visiones erróneas de la felicidad contribuyeron a agravar el
problema: Una primera la definió como el libre ejercicio de la voluntad y el albedrío
(felicidad=libertad). Otra la conceptualizó como la búsqueda del placer personal y la
evitación del dolor (hedonismo). Y aún muchos la en tienden como la búsqueda y
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posesión de propiedades, dinero, trabajo, belleza y prestigio social
(felicidad=posesiones materiales y éxito social). Nada de eso garantiza felicidad.

Los padres no necesitaron curso formales, ni presenciales, ni virtuales. Su
entrenamiento comenzaba muy temprano, como niños responsables de sus muchos
hermanitos, siempre insertos en una familia urbana numerosa campesina extensa
con rígidas estructuras de autoridad y normas nítidas e incuestionables.

De 1945 para acá, la escena paterna cambió. Fue el momento perfecto para el
libro del pediatra Benjamín Spock, Tu hijo, quien inspirado en las ideas de Juan
Jacobo Rousseau (precursor directo de la revolución francesa), del psicoanálisis, la
pediatría, y las pedagogías activas, propuso como la tarea central de los padres
AMAR a sus hijos, contra la tradición de miles de años, desde aquel entonces
calificada como AUTORITARIA y restrictiva, llena de normas, deberes y “ crueles”
castigos, que supuestamente mutilaban a los pequeños angelitos, como se les
comenzó a ver hasta hoy. Los padres, por su parte, (como título y rol), habían
empezado a desaparecer.

Desde entonces, la respuesta a la pregunta de qué enseñarles a los padres, fue
clara, directa y sencilla. Tres breves y categóricas enseñanzas: Ver a sus hijos
como IGUALES. Permitirles la mayor LIBERTAD. Considerarlos amigos, por el
principio universal de FRATERNIDAD. Consecuentes con tres des-
aprendizajes: Nunca sentirse superiores a sus hijos.No imponerles normas o
deberes. Nunca sancionarlos y menos castigarlos.

Estas sencillísimas enseñanzas las presentó el doctor Spock como la nueva biblia
de la crianza amorosa, reeditada desde 1946 innumerables veces y con cantidad de
publicaciones paralelas de diversos autores que se suman a la cruzada por los
derechos de los niños, publicaciones que en la actualidad siguen apareciendo.

Luego de sesenta años -ya tres generaciones- de aplicar esta nueva y
presumiblemente magnífica amorosa de criar a los hijos, los resultados se
sugieren demasiados desalentadores. En un lugar de un mundo pleno de
felicidad, nos topamos a cada instante del día con:

Hijos IGUALADOS a sus padres, profesores y demás adultos

Hijos no libres, sino a-nómicos IRRESPONSABLES e irrespetuosos.

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Hijos no amigos, sino A-NOMICOS, incapaces de frenar sus impulsos
inmediatos, muy cercanos a la disocialidad, inundando las cárceles de jóvenes
y los reformatorios que dan abasto.

Definitivamente este camino de la igualdad, la libertad y la fraternidad parece errado.
Confunde al joven, confunde a los padres y confunde a la sociedad. Ver el libro de
Michael Argeyle (1979) Psicología de la felicidad

Las personas felices establecen las mejores relaciones con 1) los demás 2) con
amigos y pareja 3) con su ocupación y 4) con ellos mismos. Siendo de poca
importancia variables siempre pensadas como esenciales, por ejemplo, la riqueza,
la salud, la belleza, el nivel de estudios.

Existe alguna respuesta para una pregunta tan decisiva como la de saber en qué
consiste la tarea central de un padre o madre?.

Sí la hay, es una respuesta muy reciente, venida una joven disciplina que estudia la
felicidad humana. Esa disciplina es la PSICOLOGIA POSITIVA, aún sin cumplir
treinta años, comparada con otras a nivel mundial, es apenas una adolescente.

Produce ganancias la paternidad o la maternidad?. No, sin embargo es la fuente de
todas las riquezas, de la riqueza humana o en su ausencia, de todas las pobrezas y
miserablezas humana.

Ocurre que demasiados padres piensan como ustedes, que los hijos van al colegio a
obtener buenas calificaciones, idea promovida por los mismos colegios, cuyos
informes bimestrales solo registran el rendimiento académico, asignatura por
asignatura, en tanto omiten informar del rendimiento humano de los
estudiantes.

Las relaciones interpersonales (entre su hijo y otras personas) y con el mismo,
originan algo definitivo muy apreciado por los humanos de todas las edades: ¡ la
propia felicidad!. En grado inmensamente mayor que el conocimiento, al cual los
colegios y los padres le rinden pleitesía.

De acuerdo con las más recientes investigaciones acerca de la felicidad, se
considera que la red afectiva de una persona, constituida por las otras personas con
quienes establece vínculos, le ayuda a afrontar con mayor facilidad las situaciones
difíciles, le permite comunicar aquello que piensa y siente, le facilita ser escuchada y
apoyada. Con esto se disminuye, de manera notable, el riesgo de experimentar
aburrimiento y soledad, que puedan conllevar una depresión, al percibir que no se es
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importante para otras personas o que se carece de personas importantes en la vida
y por lo tanto, puede lucir desprovista de sentido. Como puede verse, sentirse bien
consigo mismo y con los demás es un factor determinante de la felicidad.

La tarea crucial de los padres consiste, precisamente, en desarrollar
afectivamente a sus hijos.

Jonathan Haid en su libro La Hipótesis de la felicidad, 2006 afirma: “La condición
asociada a la felicidad que supera a todas las otras en importancia es el número de
las relaciones que tiene una persona y la calidad de la mismas. Las buenas
relaciones hacen a las personas felices, y las personas tienen más y mejores
relaciones que las que tienen las personas infelices”.

Las relaciones con los otros y consigo mismo, causan algo definitivo y muy
apreciado por los humanos, de todas las edades:¡ la propia felicidad!. Luego la tarea
crucial de los padres consiste, precisamente, en desarrollar afectivamente a sus
hijos.

Lo central es conocerse y creer en uno mismo, así pocas labores serán imposibles
de lograr. Competencias interpersonales (simpatía, amabilidad, sociabilidad), las
intra personales (auto conocimiento y autovaloración).

David Niven (2003) y cientos de psicólogos que se ocupan de estudiar la felicidad,
afirman que las competencias interpersonales aportan más de la mitad del bien estar
humano, una cantidad enorme.

Parece obvio que las personas con mayores ingresos viven mejor, y por
consiguiente llevan una mejor vida, en consecuencia, son más felices. El
razonamiento pareciera incontrovertible. No obstante podrá ser objetable pues
podría contener un grave error.

Los ingresos de los profesionales eran mayores que los de las personas sin titulo
profesional, sin embargo los mayores ingresos no crean más felicidad. Como
segunda gran sorpresa apareció que la relación entre felicidad e ingresos resultó
ser muy leve, ¡La felicidad, según se comienza a sospechar a partir de lo anterior, es
independiente del nivel de ingresos.

Factores antes considerados cruciales como la educación, los ingresos, la
inteligencia y el atractivo físico, agregan escasa felicidad personal; inferior al número
de amigos que aún es una variable pobre, pues un asunto es la cantidad y otro la
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calidad de los vínculos. Con esta segunda definición, la amistad supera, y por
mucho, el aporte de la educación, los ingresos, la inteligencia y el atractivo físico.

Como le ocurre a otros animales, nuestros sentimientos se adaptan a nuestra
experiencia. Si las cosas mejoran, al cabo de un rato las damos por sentadas, pero
si empeoran, tarde o temprano también acabamos por aceptarles en buena medida.
Esta es otra razón por la que el crecimiento económico no haya aumentado el
bienestar tanto como esperábamos.

El número de descontentos con su situación financiera es tan alto como el de hace
treinta años, aunque la gente ahora sea proporcionalmente mucho más rica ¡Qué
deprimente! (Layard,2005,p224).

Los vínculos y las competencias inter personales son los factores centrales en la
felicidad humana, mientras que otros factores considerados ante definitivos no lo
son.

“Las relaciones personales son muy importantes. El cónyuge, los demás miembros
de la familia, los amigos, incluso los animales domésticos pueden contribuir a la
buena salud y a la felicidad”
David Howe: “ Para la mayoría de nosotros, la cualidad de nuestras relaciones con
los demás sigue siendo el área de experiencia más importante y el criterio con el
que medimos la felicidad y la satisfacción. A los largo de nuestras vidas disfrutamos
del hecho de tener relaciones íntimas con otras personas” (Howe, 1995).

La primera conclusión ha de ser nítida. Ayúdenle a su hijo a desarrollar sus
competencias interpersonales, que es mejor inversión que estimular sus habilidades
académicas o su “ inteligencia”.

No obstante resulta menos fácil de lo que parece. Alcanzar tal doble meta (favorecer
su desarrollo intelectual y afectivo) requiere un trabajo sostenido de años, más el
aporte educativo de varios tutores afectivos. Arranca con la interacción del bebé y su
madre, pronto incluye a sus hermanitos, su padre, abuelos, tíos y primos. Un número
grande de personas sólo en la etapa familiar.

Durante la escolaridad, el DA (desarrollo afectivo) requiere desarrollar buenos nexos
con profesores, compañeros y los demás miembros del colegio. O sea, con el
celador, quien vende en la tienda, la monitora de la buseta y muchas otras personas
(por no nombrar a los niños vecinos y otras personas de su barrio o conjunto
habitacional). Interacciones donde los padres responsables deben estar muy atentos
y orientar a su pequeño ante cualquier dificultad.
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En la adolescencia requiere las positivas interacciones del joven con sus amigos y
amigas íntimas, con su pareja sexual o novia, ¡qué complicación!; además, con
grupos ajenos a las estrechas paredes del colegio. En la adultez, el DA guiará la
relación con la pareja, los hijos y el trabajo.

El desarrollo afectivo define una obra delicada y larga, al ser la crianza
afectiva el arte humano por excelencia.

En cada relación su hijo ha de saber desempeñar un rol distinto, con reglas
disímiles, las cuales dominará si ustedes lo ayudan. Las fallas interpersonales
acarrean fracaso escolar porque en la vida diaria escolar se interactúa con enorme
cantidad de compañeritos y de profesores o profesoras, fallar afecta negativamente
el desempeño general. El psicoterapeuta Lawrence E. Shapiro (1997) constató que:
el niño rechazado, desde el punto de vista social, presenta entre dos y ocho veces
más probabilidades de abandonar la escuela secundaría antes de graduarse, y tiene
estadísticamente más posibilidades de ser arrestado por actividades delictivas y/o
ser consumidor habitual de alcohol o drogas.

En suma, conocer qué tan buen o mal estudiante es su hijo -nuestro tema del inicio-
representa un conocimiento parcial, para nada el más importante, piensen lo que
piensen los mismos colegio,excusándose y justificándose a sí mismos.

Si pretenden para su hijo una vida amable, que
disfrute con sus amigos, amigas, colegas, y
pertenezca a varios grupos, sólo existe un camino
seguro: enséñenle a relacionarse con las demás
personas, hasta ganar experiencia en el oficio
humano.

(….) uno de los mejores predictores de la felicidad es si una persona considera que
su vida tiene un propósito. Sin un propósito claramente definido, siete de diez
individuos no se sienten a gusto con su vida; con un propósito, casi siete de cada
diez se sienten satisfechos.

En suma, el desarrollo afectivo interpersonal e intrapersonal de sus hijos resulta
definitivo por una razón que no me cansaré de repetir: DA causa la mayor felicidad,
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le da los mayores sentimientos positivos o en su defecto, negativos. Cuando el
desarrollo afectivo avanza bien, al corazón de su hijo lo llenan ilusiones, anhelos,
motivaciones, intereses: vivir así representa goce, retos, felicidad. Cuando marcha
mal, apaga la existencia, atemorizada por dolorosos sentimientos de ansiedad,
angustia y depresión.

Si pretenden para su hijo una vida amable, que disfrute con sus familiares, amigos
amigas, colegas, y pertenezca a varios grupos, sólo existe un camino seguro:
enséñele a relacionarse con las demás personas. Unos pocos minutos de
matemáticas, de ciencias, o de español “ perdidos” no
tornan peor ser humano a nadie; mientras que algunos
minutos semanales destinados al desarrollo afectivo sí
pueden reencauzar la vida de muchos, de todos.

Hoy nadie les explica ni enseña cuestiones más básicas como el ABC de la
amistad y de las interacciones con el otro sexo. Por ejemplo, cómo saludar a una
muchacha, hablar con ella, sobre qué temas, en que secuencia, cómo captar si le
interesa o aburre….hasta más complejas como el procedimiento funcional para
invitarla a cine o una fiesta.

La alimentación, el vestido, la vivienda y la salud son funciones comunes y
universales, obligaciones biológicas. No así la formación humana, la obligación
PSICOLÓGICA fundamental de los padres. Y también, por supuesto, la obligación
social y cultural de que los hijos reciban los valores y las virtudes esenciales para
llevar una vida positiva, comunitaria, proactiva.

Como los papás fueron niños y sus tutores les enseñaron, saben interactuar, y como
para enseñar hay que conocer el tema, los papás son excelentes candidatos a
TUTORES afectivos de sus hijos. No así los colegios actuales ni sus profesores,
muy ocupados con demasiadas materias, a cargo de grupos enormes de treinta,
cuarenta o más alumnos, muchos de estos aburridos, desmotivados, apáticos y
rebeldes. Lo ideal es que lo fueran.

Siendo el desarrollo afectivo la tarea crucial paterna, ser buen padre o madre
significa formar a sus hijos, actuar como tutor principal, desde el principio, hasta el
final.

Se hizo costumbre de muchos papás- ¡casi uno de cada dos!- llevar su hijo al
psicólogo, al carecer de autoridad para guiarlos: mientras que quienes deberían ir al
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psicólogo son ellos, pues dejaron de cumplir su tarea formativa, lo que se refleja en
hijos groseros, inaguantables, apáticos, desafiantes.

El desarrollo afectivo interpersonal tiene por meta comprender cada vez mejor a los
otros. Descifrar al otro, su singularidad (qué quiere, le interesa, aborrece, le gusta,
sueña, y cientos de temas adicionales), define un arte sofisticado.

Daniel Goleman (1999) agrega una evidencia definitiva: las personas con logros
inmensos no superan a los demás por sus capacidades excepcionales, sino por su
disposición férrea a invertir miles de horas en alcanzar su sueño. Es un asunto de
aCtitudes, no de aPtitudes como siempre se pensó.

Estudios realizados con atletas olímpicos, músicos de nivel mundial y grandes
maestros del ajedrez, demuestran que el rasgo que los une es la capacidad de
motivarse ellos mismos para llevar a cabo una rutina de entrenamiento implacable.

La auto compresión, muy compleja, pues uno es ¡al menos una docena de “Yos”!,
dados los muchos roles desempeñados. Entre ellos: <Hijo>, <hermano>, <alumno>,
<compañero>, <amigo>, <miembro grupal>, <amigo-a>, <compañero sexual>,
<novio>, <padre>, <trabajador>, <subordinado>, <jefe>.

Es sin lugar a dudas, indispensable aprender a comprenderse a uno mismo, es
imposible retarse, motivarse, exigirse, controlarse y dirigirse, sin previamente
conocerse de manera franca y profunda. También precisa auto conocerse, auto
valorarse y saber interactuar consigo mismo.

“A pesar de nuestra mejores intenciones, nuestro hijos parecen haber empeorado.
Aunque les damos mucho más, pasamos mucho menos tiempo interactuando
realmente con ellos. Al tiempo que hemos intentado aumentar la autoestima de
nuestros hijos a través del elogio y la atención, nos hemos vuelto demasiado
permisivos en nuestra disciplina y esperamos demasiado poco de ellos”.

Los roles <proyectivos> son claves. Le permiten al adolecente planear su futuro,
definir un proyecto de vida, afectivo y laboral; un plan de navegación, director de su
embarcación en las próximas décadas, constituir el necesario propósito existencial,
que previamente mencionamos y se constituirá no sólo en su motor motivacional y
ocupacional, sino en uno de los factores determinantes de su felicidad. También
pertenecer a asociaciones extraescolares (grupos musicales, religiosos, comerciales,
deportivos, ect).

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Los grupos les exigen conocer, valorar y saber interactuar con cada miembro del
grupo con su peculiar personalidad, pensamientos, creencias, miedos angustias,
ilusiones; tanto como con las reglas, principios, valores y metas grupales. En ningún
caso puede ser visto como una labor sencilla, demasiados jóvenes fracasan.

El rol <amigo> exige conocer a profundidad al otro, penetrar su ser, saber valorar
cada acción o inacción. Rol que requiere de mucho tino y cuidado, la amistad es
una cultura de vidrio, hermosa pero igual de delicada.

Muy por encima de lograr que sus hijos se destaquen en sus labores académicas,
los padres deberían invertir muchas de las innumerables horas dedicadas a criar y
compartir con sus hijos, a enseñarles cómo relacionarse de forma efectiva con cada
una de las personas en los diferentes roles que asumirán a lo largo de su vida, así
como también deben aprender a compartir lo que tienen (mucho más importante
aún, deben aprender a compartir lo que son, es decir: a compartirse). Sin tales
competencias necesarias, no sólo sería un fracaso la labor esencial de los padres,
sino que las consecuencias manifiestas en los escenarios sociales de los hijos
(todos) serían francamente nefastas. Descifrar a los otros,
comunicarse con otros, preocuparse por ellos, brindarle
apoyo y construir relaciones íntimas, resulta indispensable
para obtener bienestar y, a la larga felicidad.

El número de amigos, la cercanía con ellos, la cercanía con la familia y buenas
relaciones con los compañeros de trabajo y vecinos. Estos factores unidos explican
aproximadamente el setenta por ciento de la felicidad personal (Niven,2003 p21).

Por siglos se pensó al revés, que era prioritario estar bien con uno mismo, y no
parece así. Muchos estudios comprueban que primero, se necesita estar bien con
los otros, y en segundo término, con uno mismo. Más aún, quien está
regular con los otros, muy difícilmente estará bien con él
mismo.

En las relaciones cercanas están los factores significativos para la felicidad, más que
la satisfacción personal o la propia percepción del mundo como un todo. Si se siente
cerca de otras personas, tiene cuatro veces más posibilidades de sentirse bien con
usted mismo que si no se siente cerca de nadie. (Niven, 2003,p14).

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La soledad -la ausencia de vínculos- es una mala condición. Una aclaración: es
magnífico estar a solas, debería ser obligatorio, es tiempo dedicado a uno mismo; no
así, SER solo, vivir en soledad. Esta segunda condición causa enormes problemas
psicológicos, entre ellos atrae los sentimientos de exclusión, marginamiento, sentirse
poca cosa y también problemas médicos. Recién se descubre que la muerte acecha
más a los solos que a los fumadores de dos paquetes de cigarrillos diarios. Luego, la
soledad tiene graves incidencias médicas. John Bowlby.

Nos necesitamos los unos a los otros hasta un grado inaudito: la sociabilidad
representa la mayor fortaleza humana; muy por sobre la inteligencia racional, todavía
hoy muy escasa.

Si confiamos el uno en el otro se abren más posibilidades ante nosotros de que el
total conseguido sea mayor. El resultado de la cooperación no es la suma cero; es
una actividad en la que todos ganan. Si los seres humanos no hubieran sido
capaces de cooperar de esta manera, probablemente no habrían sobrevivido a los
rigores de la sabana o de otras regiones mucho más frías.

Para que su hijo sea sociable, enséñele a comprender a las
personas: valorarlas, conocerlas y saber cómo interactuar
mejor con ellas.

El sociable crea un amplio tejido afectivo, es generoso,
afectuoso y se da a los demás. Si anhela formar hijos
generosos, ¡enséñeles a agradecer!..

Si anhela formar hijos sociables, guíelos desde la infancia sobre cómo compartir
mejor con sus padres y profesores, y muy especialmente con sus hermanos y
compañeros. En su juventud y adultez, guíelos acerca de cómo compartir (se) con
otras personas que hacen parte de escenarios diferentes a su hogar y su colegio.

“La inteligencia interpersonal es la capacidad para comprender a los demás: qué los
motiva, cómo operan, cómo trabajan cooperativamente con ellos. Vendedores,
políticos, maestros, médicos clínicos y líderes religiosos de éxito tienen
probabilidades de ser individuos con elevado grado de inteligencia interpersonal”.

Erróneamente se tiende a creer que los seres humanos somos sociales por
naturaleza y eso es cierto de forma parcial, lo que sucede es que lo que no es
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natural es la necesidad de vivir en sociedad (si una cría humana nace y no tiene
quién la cuide, simplemente no sobrevivirá. Si, por otra parte, nace en medio de una
manada de lobos, aprenderá a actuar como lobo, con lo cual logrará ser sociable, no
obstante perderá su humanidad), mas no heredamos de ninguna manera la
habilidad para actuar de forma humanamente sociable, eso debemos aprenderlo de
tutores humanos.

De acuerdo con investigaciones recientes, se ha logrado establecer que “ las
palabras sólo transmiten el 7% del mensaje, el tono de voz un 20 o 30% y el
lenguaje corporal el 60 al 80%; conclusión, el 93% del mensaje es el lenguaje no
verbal”.

Y aunque en los colegio industriales miles de “compañeros” pululan al recreo,
escasea el adulto atento a enseñarles y guiarlos en el viejo arte humano de la
interacción. Los adultos (tutores naturales de la sociabilidad) dictan cinco horas
continuas de matemáticas, ciencias sociales, lenguaje, ect., y quedan exhaustos,
(actualmente, mucho más pues intentan educar muchachitos malcriados, insolentes
y apáticos).

Todo niño dejado a su suerte, con pobres tutores o pocos recursos didácticos con
quienes practicar (hermanitos), es más probable que se torne retraído, desconfiado,
envidioso, hostil y antipático, a que desarrolle sus cualidades interpersonales
contrarias: sociable, confiado generoso, amable o simpático.

Equivale a decir que quien es sociable, confiado, generoso,
amable o simpático y demás, no lo es porque sí; estas
cualidades suyas resultaron de cientos de enseñanzas más
miles de ejercicios guiados por su padre, madre y
hermanitos mayores. Todas estas habilidades se aprenden,
como se ve, no se desarrollan espontáneamente, como
suele creer.

Motiven a sus hijos a abandonar el estrecho ámbito hogareño y a lanzarse a
compartir con sus vecinos, compañeritos, a fin de fortalecer sus destrezas y
competencias interpersonales. La segunda, muéstreles cómo actuar, guíenlos,
conversen, oriéntelos, exíjanles, actúen como genuinos tutores Su simpatía a flor de
piel.

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El sociable crea un amplio tejido afectivo, el generoso se da íntimamente a los
demás. Si anhelan formar hijos afectuosos, enséñeles a dar, a darse, a agradecer y
a intimar.

En la vida real las competencias inter personales superan por mucho el aporte de las
intelectuales. Nos encontramos ante la gran paradoja de que los hijos actuales
saben muchas matemáticas, ciencias sociales y lenguaje y muy poco del ABC
interpersonal. Las dos últimas generaciones invirtieron las prioridades y los valores
humanos: demasiada educación y muy poca formación humana. Los sistemas
escolar y laboral contemporáneos privilegian lo intelectual muy por encima de lo
afectivo. Los resultados son con tundentes; cada vez se trabaja más y se comparte
menos, cada vez se produce más y se es más infeliz de paso.

Como especie animal, nos movemos naturalmente por fuerzas instintivas que nos
conducen a ser egoístas, fuerzas como las búsqueda de supervivencia (vivir aunque
los demás no lo hagan), la competencia (ganarle a los demás) y la búsqueda de
placer individual (obtener satisfacción o evitar el dolor).

Algunas emociones, como el enojo o la ira, llevan a que deseemos hacer daño; otras
como el amor, la simpatía y la gratitud, nos conducen a querer ayudar a las
personas. (Pinker,200.p50).
Sin embargo, hoy un gran inconveniente es la ideología amorosa de darles la mejor
vida a los pequeños- y tan pequeños-, que sufran menos que sus padres en el
pasado. ¿A cambio de qué? ¡De nada! Por amor, sólo por ser sus hijos. Ideología
que de entrada parece magnífica, y podría no serlo, pues inundados los hijos de
bienes o regalos no retribuidos- muchas veces ni con las gracias- les es difícil
aprehender a ser generosos, desarrollar esta bella cualidad de carácter.
Tres razones explican la conversión de los hijos criados
bajo esta concepción de amor (sacrificado e incondicional)
en anti generosos. La primera, ya nada les sorprende; en
consecuencia la segunda, dejan de anhelar ya que todo lo
tienen a la mano; y la tercera, de anhelar ya que todo lo
tienen a la mano; y la tercera, como sus padres no esperan
nada de ellos, su corazón infantil deja de sentir gratitud,
quedándose sin ejercitar continuamente esta cualidad.
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Demasiados niños cada semana esperan un regalo mejor o más costo y como sus
padres no les exigen ninguna retribución a cambio, ni las gracias, su hijo siente cada
vez menos gratitud.
Gravísimo en la ruta de formar hijos generosos, pues le daña el motor psicológico
del agradecer y del dar para recibir, fundamento afectivo de todas las relaciones con
pares. Luego el ejemplo de estos padres amorosos¡ es pésimo!. Sus hijos,
posiblemente, nunca se coinvertirán en personas generosas.
No retribuir, ni tener que agradecer a sus padres puede convertir al pequeño en un
tirano DESAGRADECIDO, enseñado a solicitar y esperar siempre recibir sin
retribuir nada,…muchas veces, ni las gracias. La típica psicología del tirano. En la
vida real el amor (incondicional) no existe, sólo los afectos recíprocos. “ Yo te doy, tú
me das”, con lo cual ambos ganamos.
Las consecuencias de la paternidad amorosa pueden ser
muy negativas. Al pequeño le enseñan a esperar la entrega
desinteresada de los demás ¿y qué recibe de sus
compañeros? Lo contrario: decepciones, burlas,
aislamiento, cuando no empujones y francos golpes. Él y
sus padres se confunden

¡Enséñele a sus hijos la gratitud! ,que desde el principio
siempre digan.”GRACIAS”, “No sólo porque es la forma
decente de comportarse, sino porque repetir estas
palabras inculca la gratitud en quien las dice”.

El agradecimiento reciproco crea círculos interminables que unen a dos personas sin
vínculos de sangre entre ellas, que no son parientes.

El generoso da algo o ayuda a otro, su acción causa un círculo virtuoso, pues el
receptor siente gratitud, creadora de un nuevo acto diferido suyo. Reacción donde
ambos ganan, como en la amistad, y de allí para arriba. La generosidad y la gratitud
recíproca tejen el compañerismo, la amistad y los restantes vínculos entre personas,
con dos ventajas fundamentales: quien las aplica recibe generosidad y gratitud, y
además, cuenta con aliados en tiempos difíciles, como lo son casi todos los tiempos.

Siempre que le den un bien o le hagan un favor. Exhórtenle
a sentir gratitud, a razonar de la siguiente manera: “Me
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dieron esto con generosidad, yo debo retribuir en igual o
mayor medida: mediante agradecimiento sincero, otro
bien, favor o ayuda”. Actitud pronto generalizada con sus
hermanitos y demás compañeros; cuenta ya con la primera
cuota de una personalidad generosa, un encanto
irresistible.

Siempre enséñale a dar en la medida en que recibe y a recibir en la medida en que
da.

En la juventud, la meta se complica aún. Como padres responsables guíenlo en dar-
se a los amigos y a las personas necesitadas, a quienes están tristes, o padecen
dolor físico o moral. Dar-se, no sólo en cuanto a bienes o ayudas, sino entregar-se a
los demás.

Dar-SE. Compartir de lo que se es. Quien se da a los otros
es generoso, y no sólo a nivel básico, sino superior.
Le enseñan a agradecer cada favor, regalo o atención, le crean al pequeño fuertes
deudas morales, que pronto retribuirá también a otros, a las personas a su
alrededor, y en la juventud a otros más, cuando la generosidad se transforme en
SOLIDARIDAD.

“Hacia el final de la niñez, entre los diez y los doce años, los niños expanden su
empatía más allá de aquellos a los que conocen u observan directamente, para
incluir a grupos de gente que no conocieron nunca. En esta etapa, denominada
empatía abstracta, los niños expresan su preocupación por gente que tiene menos
ventajas que ellos, ya sea que vivan en otra manzana o en otro país. Cuando los
niños hacen algo acerca de estas diferencias percibidas a través de actos caritativos
y altruistas, podemos suponer que han adquirido en forma completa la capacidad de
empatía del C:E:”

Los estudios descubren una estrecha relación entre que una madre apoye a su hijo
cuando éste sufre y la solidaridad futura del pequeño.

“Ella le ayuda, luego él debe proceder similar en reciprocidad con los demás,
comenzado por sus hermanitos. La madre le enseña a sentir malestar y ser solidario
al ver sufrir a otro, como si le ocurriera a él. Su madre o padre lo auxiliaron, ahora él
les regresa las atenciones a otros en una situación similar” (Eisenberg y
Strayer,1992).

Las madres” no disponibles” les traen graves consecuencias a sus pequeños, al
tornarles insensibles.

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“Los niños que son criador en este tipo de familia (con padres desinteresados o
negligentes) suelen tener problemas de autocontrol, pobre funcionamiento
académico y problemas de conducta tanto en la escuela como en la sociedad en
general”.

El razonamiento afectivo de los pequeños parece ser el siguiente: “Cuando sentí
miedo o frío o dolor nadie me socorrió, tampoco ahora lo haré con los otros”. En
suma nadie lo ayudó, tampoco él lo hará con otros necesitados.

Madres distantes, emocionalmente no implicadas y poco interesadas por sus hijos,
evidenciando las graves consecuencias. Éstos resultaron cada vez más
desadaptados, insensibles, distantes e indiferente.

Ver Sociabilidad http://www.myfamilyjoint.com/index.php?modo=lineas&id=13
.Bienestar Afectivo.

Las ventajas son inmensas. Los hijos agradecidos y generosos establecen
relaciones gana-gana con sus semejantes, muy diferente de los niños “amados”
cuyos padres le regalan su tiempo y sus atenciones, actitud que podría convertirlos
¡en tiranos! Desagradecidos con sus papás, y de paso, con los demás, e
insatisfechos en grado sumo. Ver Psicología afectiva.

En sus primeros diez años Luis recibió lecciones de formación humana equivalentes
a 3.000 horas (cientos, miles de “saluda”, “¿distes las gracias?”, “¿cómo te sientes?”,
“me siento un poco defraudado, o feliz”, “juega con la niña”, “por qué no les prestas
tu balón a los otros niños”, “te traje un regalo mi amor”, “recíbeme un bocadito”,
“discúlpate con tu mamá”, “háblale, deja la pena a un lado”, entre otro.

En los otros diez años siguientes otras 3.000 horas (agreguemos otros miles de y
¿´por qué dices que Gustavo es tu amigo?,”¿te sientes mal por haber peleado con tu
profesor?, “ en éste momento no quiero hablar, estoy muy molesto contigo”, “así es
la vida hijo, no siempre ganas, aunque mucho te esfuerces”, nos divertiremos mucho
en el paseo con la familia de mis compadres” me dieron este premio en la empresa,
por ser el mejor compañero” no seas desatento, ayúdale a la señora con sus
paquetes”, no me parecen bien que sólo vayas a cine con tu novia a ver las películas
que a ti te gustan, los gustos de ella también cuentan”, me parece muy bien que
dones alimentos para las víctimas del terremoto”, “oye, el vigilante del edificio
merece tanto respeto como tú”, ¿me regalas ese pedazo de su postre?, “debes
guardar muy bien el secreto que te confió tu hermano” y muchos más).

Los padres modelan el trato con los adultos en general. Según se relacionen con sus
hijos éstos reaccionarán con los demás adultos. Si eligen ser “amigos” estos
esperarán que los profesores procedan igual, cual amigos suyos, sin serlo para
nada: son sus profesores. Y adelante los grupos, policías, jueces, autoridades, jefes.
En tal caso, muy corriente hoy, los mismos padres confunden a sus hijos en un tema
importantísimo.

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Los juego les enseñan a los niños a compartir, sí, pero también a DEFENDERSE,
las dos caras de las interacciones sociales. Y aunque los medios de comunicación
divulgan cada noche su idea romántica de la niñez cálida, afectuosa y tierna, ésta
también contiene adversarios, competidores, enemigos, escaramuzas, fricciones,
peleas, escupitajos, agresiones verbales y no tan verbales. Los juegos
preparan al pequeño también para estas malas e ingratas
escenas.
Al igual que el hogar y la escuela, el grupo de pares es una institución que socializa,
adoctrina y entrena. Allí los niños aprenden a tratar a las personas ajenas a su
círculo familiar, adquieren las técnicas aprobadas de sociabilidad, afirmación
personal, competencia y cooperación y desarrollan la sensibilidad necesaria para
captar las expectativas, la censura y la aprobación grupal. Mediante la interacción
con sus pares, aprenden la base funcional y recíproca de las reglas y obligaciones,
la forma de desempeñar roles diferenciados y la manera de subordinar los propios
intereses a los objetivos del conjunto ( Ausubel.Sullivan,1993p89).

“Muchos niños que tienen problemas para llevarse bien con otros, carecen de la
capacidad de conversar adecuadamente a la edad. Tienen problemas para trasmitir
sus necesidades a los demás y parecen tener dificultades para comprender las
necesidades y los deseos de los demás”. (Shapiro, 1997 p.190).

¿Es buena la comunicación de sus hijos con sus compañeros de curso, de buseta,
barrio, escuela DEPORTIVA?. Adquirir competencia inter
personales requiere ayudarle a su hijo convertirse en una
personita habladora, entradora, sociable, comunicativa,
confiada, servicial, generosa, amable, solidaria y simpática
(es decir, afectuosa).
Bienestar afectivo, www.myfamilyjoint.com/index.php?modo=lineas&id=13&id

“Cuando compramos una casa o un auto, no esperamos que se mantenga en
buenas condiciones sin sostenimiento regular y las reparaciones que sean
pertinentes. Sin embargo, con frecuencia pensamos que nuestras relaciones
personales seguirán funcionando bien aunque no nos ocupemos de
ellas”(Niven,2003 p.146).

El maestro Aristóteles formuló gran verdad: “Si los ciudadanos practicasen entre sí
la amistad, no tendrían necesidad de la justicia”. (Rivera,1988,p49).

Sociabilidad es: la acción competente a través de la cual un ser humano valora a los
otros, los conoce e interactúa (se relaciona) con ellos. Una competencia
interpersonal requiere de unos saberes esenciales (interpretar situaciones,
interpretar el lenguaje no verbal de las personas e interpretar sus mensajes
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verbales) y de unos saber hacer (escuchar, interpretar, comunicar, apoyar, solicitar
ayuda, ect.

Generosidad es: la acción competente a través de la cual un ser humano da de lo
que tiene a los demás, agradece a otros, les apoya y establece relaciones íntimas
(se da a los demás). Como resultado de lo anterior, desarrolla la capacidad de ser
AFECTIVO.

Tres enseñanzas fundamentales, agradecer a otros y a la vida, compartir lo que
tiene y lo que es con los demás y consentirse y consentir a quienes lo necesitan.


Yopal, Mayo 9 de 2013.

Transcribió: Lilia Merizalde


DE ZUBIRIA, M (2010). Ser mejores padres. Conozco el desarrollo afectivo de mis
hijos. Hijos sociables y generosos. Fundación Internacional de Pedagogía
Conceptual. Bogotá. Legis S.A