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La exclusión del discurso femenino en la Iglesia Antigua

Diana Rocco Tedesco
Resumen
En los primeros siglos del cristianismo hay poquísimos textos escritos por mujeres
o aún que tengan mujeres por protagonistas. En este artículo se quiere aclarar
esta laguna investigando las pocas mujeres que son visibles, Tecla, aximila y
!riscila, !erpetua, aría agdalena del Evangelio de aría y Egeria. Es evidente
que hubo mujeres cristianas con "uer#a de testimonio y car$cter e igualmente
evidente que distinguidos cristianos como %er&nimo se es"or#aron por silenciarlas.
'bstract
(n the "irst centuries o" )hristianity there exist very "e* texts griten by *omen o
even texts that have *omen as their main characters. This article tries to clari"y this
gap searching out the "e* visible *omen o" the period, Thecla, !riscilla and
aximila, !erpetua, ary agdalene o" the +ospel o" ary, and Egeria. (t is
evident that there existed *omen o" strong character and testimony, and equally
evident that distinguished )hristians li,e %erome made every e""ort to silence them.

-Era arcela muy discreta y sabía lo que llaman los "il&so"os to prépon, es decir, lo
decente o decoroso en el obrar. y así, de tal "orma respondía a lo que se le
preguntaba, que aun lo suyo lo vendía por no suyo, afirmando ser o mío o de
cualquier otro. De este modo, aun en lo que enseñaba, confesaba ser
discípula /sabía, en e"ecto, lo que dice el 'p&stol0 A la mujer no le permito
enseñar 12 Tim 3,234/, con lo que evitaba dar la impresión de agraviar al sexo
viril y, a veces, hasta a sacerdotes u obispos que la consultaban sobre puntos
oscuros y ambiguos.5
En esta cita, %er&nimo, con su acostumbrada lucide#, concentra pr$cticamente
todo lo que hay que saber para entender el problema con que nos en"rentamos0
las mujeres son bienvenidas y, es m$s, buscadas por la comunidad cristiana y
llegan a desempe6ar importantes tareas asistenciales, pero, sin embargo, sus
"unciones no pueden transgredir, tampoco dentro de la (glesia, la norma
socialmente aceptada de que una mujer no puede convertirse en -pública5 a
menos que se deshonre.
7a clausura, pues, se impone o en sus propias casas, o m$s tarde en lugares
destinados a tal "in 1monasterios o casas de clausura4, y se extiende a su posible
discurso. !uede y debe trabajar para la (glesia, siempre y cuando, guarde su
lugar, que es el del $mbito privado, con lo que evita -agraviar al sexo viril5, como
dir$ %er&nimo.
7o que hace este !adre en el siglo (8 es expresar claramente aquello que se viene
gestando durante los siglos anteriores y que modela toda una corriente de
pensamiento desde Tertuliano en adelante, acerca del lugar que en la (glesia debe
ocupar la mujer.
7o que observamos parecer$ evidente /y por cierto no somos los primeros en
se6alarlo/ pero debe volver a decirse una ve# m$s0 la organi#aci&n eclesial
cristiana nace, crece y se organi#a como parte de una sociedad de estructura
relacional patriarcal y no puede menos que adoptar y re"lejar sus "ormas, ideales y
reales.
Estas reglas y principios ideales, estos valores, se "ueron modelando a lo largo de
los primeros cuatro siglos de la 9istoria de la (glesia y podríamos decir que
%er&nimo expresa algo así como el punto de llegada que "undamenta el silencio /
oral y escrito/ impuesto a las mujeres por la (glesia.
Esas ideas se basaron en una selecci&n de textos paulinos y deuteropaulinos, que
hablan de la mujer. 7a parcial selecci&n de los !adres privilegi& a aquellos textos
que con"irmaban la organi#aci&n patriarcal y dej& de lado los que hablaban de un
orden di"erente, como el novedoso /yo diría revolucionario/ -1...4 todos los
bauti#ados en )risto os hab:is revestido de )risto0 ya no hay judío ni griego, ni
esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en )risto
%esús5 +$l ;,3<.
En realidad los textos son citados para justi"icar una posici&n previa, que estaba
pautada desde "uera de la (glesia por la pr$ctica social greco=romana, que era,
como sabemos, la dominante.
!ara demostrarlo en "orma un poco simple, pero real, el texto m$s citado por los
!adres sobre el actuar de las mujeres en la (glesia es el de 2 Tim 3,22=230 -7a
mujer oiga la instrucci&n en silencio, con toda sumisi&n. >o permito que la mujer
ense6e ni que domine al hombre. ?ue se mantenga en silencio5.
' pesar de todo, a estudiosos como @rígenes se les hace di"ícil y hacen
verdaderos malabares exeg:ticos para demostrar que ni D:bora ni 9ulda ni 'na /
en 7ucas 3,;A=;</, a pesar de ser reconocidas como pro"etisas por las mismas
Escrituras, ejercieron alguna ve# su carisma ante asambleas pblicas. 7o que se
juega aquí es, en realidad, el lugar del poder dentro de la iglesia. El control del
cuerpo, el actuar y las ideas de las mujeres, era "uncional al modelo patriarcal,
asegurando su continuidad.
!or lo tanto, en principio podemos a"irmar que las cristianas que se consagraban a
una vida completamente dedicada a la nueva "e, seguían situadas en el $mbito de
lo privado y de la posesi&n masculina, tal como lo eran antes de su conversi&n,
quit$ndoselas del espacio "amiliar para con"inarlas en el espacio privado eclesial
bajo la tutela de sacerdotes, obispos y con"esores. >otemos que esta clausura
incluía a ellas mismas 1su cuerpo4, a su desempe6o público 1sus acciones4 y a
toda su posible producci&n oral o escrita 1sus ideas4.
En una carta a arcela, del a6o ;<B, hablando de 'sela, una ni6a que como
!aula, la hija de 7eta, había sido consagrada por sus padres desde antes de nacer
y que desde los die# a6os vivía en retiro, %er&nimo dice0
-Encerrada en las estrecheces de una celda, go#aba de la anchura del paraíso. El
mismo suelo le servía de lugar de oraci&n y de descanso 1...4 se port& siempre tan
comedidamente y se mantuvo tan retirada en lo secreto de su habitaci&n, que
!am"s se presentó en pblico ni supo lo que era #ablar con un #ombre, y, lo
que es m$s de admirar, a una hermana suya virgen, pre"ería amarla a verla 1...4
sana siempre de cuerpo y m$s sana de espíritu, la soledad hacía sus delicias, y en
la ciudad turbulenta ha sabido encontrar el yermo de los monjes5.
Cin embargo, tambi:n es necesario se6alar, que este paso del $mbito "amiliar al
eclesial lo hacían voluntariamente y no mediante tr$mite paterno, como era el caso
del acuerdo matrimonial. !or eso la propaganda de los !adres se bas& en dos
puntos "undamentales0 la libertad de elecci&n, un cambio positivo en sí mismo, y la
evasi&n de los deberes y peligros que implicaba a la mujer el estado de matrona.
!or lo tanto este artículo debiera tratar de lo que las mujeres no pudieron escribir,
y no de los escasos textos escritos, que suponemos les pertenecen y lograron
escapar a 3DDD a6os de censura. )laro que nos quedan tambi:n las
contestaciones de varios obispos y monjes a cartas de mujeres consideradas
destacadas por su "e y consagraci&n 1mulier virilis, según el cali"icativo de los
!adres4, pero no las cartas de ellas, cartas, que por las respuestas que
conservamos deben haber constituido un aporte valioso a la 9istoria de la (glesia y
que posiblemente nunca recobraremos. !or lo tanto s&lo podemos conocer su
discurso a trav:s del "iltro de la mirada masculina.
'sí, -casualmente5 se perdieron las cartas de @limpia a )ris&stomo, aunque se
conservan 2E del obispo a la diaconisa, se perdieron tambi:n las de las dos
elanias, las de !aula, Eustoquia, Flesila, Ru"ina y todas las mujeres que
reconocían la autoridad de %er&nimo, y las de la misma arcela entre ellas
=destinataria de la carta cuya cita encabe#a este artículo=, asimismo las cartas que
seguramente la hermana de 'gustín le escribi& pidi:ndole consejos para su
peque6a comunidad, las de la hermana de 'mbrosio y vaya a saber cu$ntas m$s,
sin omitir en esta lista a 9ypathia, que no era cristiana, aunque por su relaci&n con
el obispo Cinesio de )irene y las cartas que :l le escribi& pensamos que
consideraba al cristianismo entre las "iloso"ías dignas de conocimiento. En este
caso, como en los otros, conservamos las cartas del obispo a su maestra,
pidi:ndole consejos, sometiendo a su examen las nuevas re"lexiones que iban
apareciendo, las nuevas invenciones, pero no las de 9ypathia, que deben haber
sido cuidadosamente destruidas, así como lo "ue su cuerpo.
)omentaremos, pues, desde el punto de vista de la mujer, los textos que nos
quedan, aún siendo muy escasos los que creemos que se originan en mujeres o
círculos "emeninos0 algunos "ragmentos de la Passio Perpetuae, el Itinerarium
Egeriae... y nada m$s. Tambi:n, "uera del $mbito de la ortodoxia, el gn&stico
Evangelio de María, algún que otro or$culo montanista de aximila y !riscila,
colaboradoras de ontano, recogido por heresi&logos mal predispuestos, y la
leyenda hagiogr$"ica de Tecla, "abulada, según Tertuliano, por un monje de 'sia a
"ines del siglo ((.
'nali#aremos brevemente algunos de estos escritos. El orden seguido tiene que
ver no solamente con lo temporal, di"ícil de precisar, sino tambi:n con una l&gica
espacial, que nos parece importante tener en mente al desarrollar este tema.
Hechos de Pablo y Tecla

Es uno de los ejemplos m$s conocidos de los Hechos Apócrios. 'parecen como
la segunda parte de un texto que se denomina Hechos de Pa!lo.
7os Hechos de Pa!lo " #ecla son un testimonio muy importante de la militancia
"emenina en la iglesia cristiana de los primeros siglos. Este testimonio que en"ati#a
tanto la participaci&n activa de las mujeres, lleva a algunos autores a pensar que
algunas de las Actas ap&cri"as, que en general presentan este tema con "uer#a,
"ueron escritas por mujeres o círculos "emeninos, que serían pues las narradoras
de estos relatos de castidad y ministerio. Ciguiendo a Theissen, podríamos por lo
menos asegurar con certe#a la existencia de un grupo transmisor, que ha valorado
la participaci&n "emenina tanto como para que estos textos "ueran preservados de
la censura y la destrucci&n.
7o que tenemos, en el caso de los Hechos de Pa!lo " #ecla, es el resultado de
sucesivas elaboraciones redaccionales y la superposici&n de una leyenda
hagiogr$"ica escrita tal ve# por el monje citado por Tertuliano, sobre relatos que
recordaban a una posible "igura hist&rica de una m$rtir de nombre Tecla, cuyo
culto go#aba de popularidad en 'sia enor. Esto nos sitúa a "ines del s.(( y
comien#os del (((. Gna $ida de #ecla es escrita tan tarde como el s.8, por otro
sacerdote de 'sia enor.
Cegún el relato de los Hechos, tal como lo conservamos, Tecla es una joven rica
de (conio, que seducida por la predicaci&n de !ablo cuando :ste llega a su ciudad,
abandona a su novio Tamiris con el cual estaba a punto de casarse y contra la
voluntad "amiliar, se dispone a seguirlo e imitarlo, convirti:ndose en una especie
de virgen itinerante.
Gna ve# superados los incidentes "amiliares que provoca la actitud de Tecla y su
devoci&n a !ablo y su predicaci&n, la protagonista decide seguir tras el ap&stol,
que sin embargo pospone su bautismo una y otra ve#. Durante su itinerario es
acosada sexualmente por di"erentes pretendientes, lo que sirve al autor para
demostrar algunos aspectos interesantes del personaje0 su valor, su disposici&n a
morir martiri#ada antes de perder su virginidad, /lo que muestra una ve# m$s el
valor de la virginidad en círculos cristianos 1recordemos 2 )or E,<4/, y lo que me
parece muy interesante, la mutaci&n que va su"riendo el personaje a trav:s del
relato0 Tecla comien#a siendo una joven prometida -normal5 de (conio y termina
siendo una anacoreta trasvestida de hombre, con sus cabellos recortados, para
en"ati#ar m$s, si es posible, su vocaci&n de superaci&n de su condici&n "emenina.
Este último tema tambi:n es importante recalcarlo, porque lo que encontramos
dram$ticamente actuado en este relato, es lo mismo que vamos a encontrar en el
relato de !erpetuay lo que los !adres de la (glesia no se van a cansar de predicar0
una mujer triun"ante de las tentaciones y "iel al evangelio pasa a ser una mulier
virilis. 9a superado su de"iciencia "emenina para adquirir virtudes masculinas. Eso
es visto así por %er&nimo, por 'mbrosio, por 'gustín y por todos los grandes
!adres de la (glesia. H tambi:n por el Evangelio ap&cri"o de Tom$s, que lo dice
con toda claridad0
-22B. Cim&n !edro les dijo0 I?ue se aleje ariham de nosotrosJ, yo me encargar:
de hacerla macho, de manera que tambi:n ella se convierta en un espíritu
viviente, id:ntico a vosotros los hombres0 pues toda mujer que se haga var&n,
entrar$ en el reino del cielo5.
Tecla, pues, seducida por la predicaci&n de !ablo, se viste como hombre y lo
busca, hasta la ciudad de ira, en 7icaonia. 'quí le cuenta sus aventuras, entre
las cuales el haberse autobauti#ado en 'ntioquía cuando la llevan al circo como
m$rtir cristiana, por resistir a la seducci&n de un tal 'lejandro, hombre principal de
la ciudad0
-(ntrodujeron muchísimas "ieras, pero ella estaba siempre en pie con las manos
extendidas en plegaria. !ero cuando termin& la oraci&n, se volvi&, vio una enorme
"osa llega de agua y dijo0 KHa es tiempo de que yo me laveL y se tir& dentro con las
palabras0 Ken el nombre de %esús el )risto yo me bauti#o en el último díaL5
Despu:s de relatarle los hechos a !ablo, le pide permiso para retornar a (conio y
este le responde0 -8e y ense6a la palabra de Dios5. Tecla parte pues, encuentra al
llegar a su ciudad que su novio ha muerto, y tras convencer a su madre de la
verdad del evangelio parte para Celeucia, donde -1...4 despu:s de haber iluminado
a muchos por medio de la palabra de Dios, se durmi& en dulce sue6o.5
7a narraci&n principal termina aquí, pero no "altan a6adidos que hablan de una
larga vida asc:tica despu:s de la cual Tecla, ya anciana, huye de una tentativa de
violencia entrando viva en la roca que se abre milagrosamente para albergarla
hasta su muerte.
uchos a6os despu:s Eteria, la virgen espa6ola, autora de unas notas de viaje
que nos ilustran sobre la geogra"ía, monumentos y costumbres de los lugares
santos orientales, nos cuenta de su visita a ese lugar, donde se había levantado
una iglesia dedicada al culto de la ahora Canta Tecla. Cegún su relato se
conservaban allí copias de una vida de la Canta, tal ve# las que escribiera Fasilio
de Celeucia.
!ara terminar este somero an$lisis, retengamos de este personaje algunos
elementos que no permanecen dentro del cristianismo o"icial post=constantiniano0
la itinerancia de una mujer, la predicaci&n con aval apost&lico, su independencia
de re"erentes masculinos, salvo !ablo, decisivo en su conversi&n, el gesto de
autobauti#arse dentro de este marcoM
Todo eso parece indicar con "uer#a, que por lo menos en 'sia enor, la calidad
de la participaci&n de la mujer en el movimiento cristiano asumía características
públicas importantes, marcando di"erencias cualitativas con las "ormas
consagradas del cristianismo latino.
Ciguiendo dentro de la regi&n, quisi:ramos ahora incorporar al an$lisis, los textos
de otras dos mujeres del 'sia enor0 !riscila o !risca, y aximila, seguidoras de
ontano.

Los oráculos de Priscila y Maximila
)omo es sabido, el montanismo, es un movimiento carism$tico nacido en 'sia
enor entre aproximadamente el 2ND y el 2ED, y lleva ese nombre debido a su
"undador, un tal ontano, "rigio de nacimiento. 7a participaci&n activa y
protagonista de dos mujeres, !riscila y aximila, sus inmediatas seguidoras,
pro"etisas ellas mismas, y continuadoras del movimiento, caracteri#& al
montanismo. Esta "aceta no "ue aceptada por Tertuliano, que despu:s de
proclamarse montanista, adapt& las características del movimiento a su propia
visi&n del mismo.
El contenido de la predicaci&n de este grupo lo conocemos en "orma "ragmentada
=y tendenciosa= a trav:s de citas de algunos heresi&logos, de Tertuliano mismo, y
de relatos recogidos por Eusebio en su Historia de la Iglesia.
!or estas citas sabemos que el :n"asis estaba puesto en una predicaci&n ext$tica
de tipo pro":tico que anunciaba la proximidad de la Parousía. El inminente
descenso de la %erusal:n celestial, el entusiasmo por la proximidad del
cumplimiento escatol&gico de las pro"ecías, los trances ext$ticos, llenaron de
entusiasmo a sus seguidores y el movimiento tuvo mucho :xito y creci&
notablemente en 'sia enor y el norte de O"rica, donde, como dijimos, se logr& la
adhesi&n de Tertuliano y posiblemente del círculo que rodeaba a !erpetua y
Pelicitas, de quienes hablaremos m$s adelante.
)reemos que el problema de "ondo no "ue el de un posible cisma o herejía
1depende del en"oque, el resultado del juicio4 sino el de la aceptaci&n de la
circulaci&n del carisma, que eliminaba las jerarquías eclesi$sticas, sustituy:ndolas
por otras, m$s abiertas y hori#ontales, puesto que -el Espíritu donde quiera
sopla5... Esto y el protagonismo de las mujeres, que se atrevían a pro"eti#ar en
público y eran aut:nticas líderes de sus comunidades, desa"iando todo el poder
masculino de la iglesia cristiana ortodoxa.
?ue los problemas de "ondo son estos, podemos probarlo transcribiendo una cita
de 9ip&lito en sus %eutatio, <,2<,2Q, que es sumamente explícita en sus
prejuicios y temores0
-Existen otros, de naturale#a todavía m$s her:tica, "rigios de nacionalidad. 9an
sido inducidos a error porque se #an de!ado conducir por unas mu!ercitas
1h"po g"nai&n' llamadas !riscila y aximila, a las que consideran pro"etisas,
diciendo que el $spíritu %ar"clito #abita en ellas. Exaltan igualmente como
pro"eta a un tal ontano, que ha iniciado el movimiento antes que las dos mujeres.
$l nmero de los libros de estos es incalculable y son estas lecturas los que
los hacen desviar, puesto que no saben valorar en "orma racional los or$culos de
estos presuntos carism$ticos y no prestan atención a aqu&llos que sabrían
evaluarlos. Ce dejan guiar ciegamente sin ningún sentido crítico, por la "e que
depositan en estos carism$ticos y aseguran haber aprendido m$s de sus libros
que de la 7ey y los !ro"etas o de los Evangelios. !or sobre los ap&stoles y
cualquier carisma, exaltan a estas mujercitas, a tal punto que algunos de ellos han
tenido el valor de asegurar que en estas mujeres encontraron cosas mejores de
las que se pudieran encontrar en )ristoM Reali#an innovaciones en los ayunos,
en las "iestas, en el r:gimen alimentario que es a base de comidas secas y
r$banos y a"irman que esto ha sido instituido por estas mujercitas.5
'quí hay varias cosas que se6alar, y que trascienden a pesar de la mala voluntad
del in"ormante.
!rimero, es de notar la molestia e irritaci&n que causaba a los obispos la
hori#ontalidad de estos grupos y su desa"ío a las autoridades a"ian#adas de la
iglesia cristiana. Esta es una parte importante del problema. )reo que con juste#a
/si adopt$ramos la &ptica mon$rquica de los obispos/, deberíamos plantearnos la
pregunta b$sica, que en "ormulaci&n eclesiol&gica ellos mismos se hacían0 Rqu:
organi#aci&n resiste una apertura tan grande de las estructuras de poderS
7a otra cosa notable es la menci&n a la gran cantidad de escritos montanistas
conocidos en :poca de 9ip&lito de los que nos quedan apenas algunos peque6os
"ragmentos de pro"ecías. Ci tomamos en cuenta que esta obra debe ser de
alrededor del 33D, cuando se est$ queriendo universali#ar un canon que
distinguiera a la iglesia apost&lica de las heterodoxias, se entiende el juicio de
9ip&lito contra estos escritos y que hayan desaparecido casi completamente a
pesar de su abundancia.
!or último, y no por eso menos importante, el desprecio por el actuar público
"emenino es evidente, lo que nos hace sospechar de su importancia y
envergadura, por lo menos en esta parte del (mperio. H no dejemos de mencionar
el desprecio por la mujer en sí misma, considerada una especie de "alla de la
naturale#a, según los conocimientos de la :poca. Todo eso con"igura el g"naia de
9ip&lito.
En realidad la virulencia de la reacci&n se explica 1y de las di"amaciones que
recoge Eusebio en su Historia de la Iglesia4 si entendemos que el montanismo
atacaba como movimiento a los tres pilares sobre los que se construía la iglesia en
esos momentos de persecuci&n e inseguridad y de vacilaci&n doctrinal0 el canon,
la autoridad basada en la continuidad apost&lica y la tradici&n =y no precisamente
en la libre circulaci&n del Espíritu=, y la "ormulaci&n de un credo trinitario con
:n"asis cristol&gico y relacional.
!ara terminar esta secci&n, transcribiremos uno de los or$culos de !riscila, que
marca la "uer#a de las mujeres en este movimiento, ganada a partir de una praxis
integradora, " la capacidad (ue tenían de pensar lo divino en clave emenina...
virtud que la iglesia o"icial perdi& y reci:n ahora, con mucho es"uer#o intenta
vacilantemente recuperar.
-9a venido a mí, )risto, en aspecto de mu!er, con vestiduras resplandecientes.
e ha in"undido sabiduría y me ha revelado que este lugar es santo y que aquí
descender$ la %erusal:n del cielo5.
La Pasión de Perpetua

>os movemos ahora, con este nuevo texto, desde 'sia enor al norte de O"rica...
pero algunos estudiosos creen que hay elementos internos en la "uente que nos
indicarían que seguimos dentro de los límites del movimiento montanista, que,
como ya se6alamos, "ue exitoso tambi:n en esta regi&n. Este es pues un escrito
que est$ m$s cerca del cisma de ontano que de la ortodoxia.
El documento que comentaremos, desde el punto de vista que nos ocupa, el
discurso "emenino, relata el martirio de una joven mujer /8ibia !erpetua/, que al
decir de la misma "uente era -1...4 de noble nacimiento, esmeradamente educada y
brillantemente casada.5
Cegún sigue el relato -1...4!erpetua tenía padre, y madre y dos hermanos 1uno
catecúmeno como ella4 y un hijo de pocos meses de vida. ' partir de aquí, ella
misma relató toda la #istoria de su martirio, como lo de!ó escrito de su mano
y según sus impresiones.5
!erpetua misma escribi&, pues, según consta en el texto, antes de su muerte las
secciones ; a 2D, en latín. Esto convierte a la Passio Perpetuae en uno de los
textos m$s antiguos escritos por una mujer. En este caso no estamos hablando
s&lo de círculos transmisores "emeninos o pro="emeninos, sino de autoría. $s
adelante 12;4 se nos dir$ que -!erpetua se puso a hablar con ellos en griego...5 lo
que indica que había recibido una educaci&n esmerada y completa, cosa posible
en caso de mujer, si el padre lo decidía así. Este privilegio de mujer nacida en
casa noble, se re"leja en el p$rra"o N, cuando el padre dice -)on estas manos te
he criado hasta la "lor de la edad y te he pre"erido a todos tus hermanos. I>o me
hagas ser la vergTen#a de los hombresJ5 >otemos sin embargo que era un
privilegio discutido que se ejercía no sin cierta oposici&n y presi&n social. ' pesar
de todo, prevalecía la patria potestas, y el padre que así lo quería podía educar a
su hija, como naturalmente lo haría si "uera var&n.
Este notable documento proviene del norte de O"rica y "ue escrito en el contexto
de la persecuci&n del 3D;, desatada por el emperador Ceptimio Cevero 12Q;=3224.
!erpetua muri& martiri#ada, junto con otros miembros de su comunidad en las
arenas del circo de )artago, cerca de Teburba, su aldea natal, en ocasi&n del
"estejo del cumplea6os de uno de los hijos de Ceptimio.
El marco general es el de una crisis muy dura que golpea al (mperio Romano y
que produce cambios en su organi#aci&n política, social y econ&mica. Esta crisis
se sentía especialmente las ciudades, pero no de modo tan contundente en el
norte de O"rica, que basaba su economía en la explotaci&n rural.
!ero las condiciones de la pa) romana habían cambiado. 7as "ronteras del norte
europeo y de Ciria, estaban amena#adas por invasiones constantes, lo que llev& a
re"or#ar el ej:rcito y las exacciones que se debían pagar para mantenerlo. El
ej:rcito "ue "ortalecido y los emperadores provenían cada ve# con m$s "recuencia
del ej:rcito y de las provincias donde las cohortes se establecían. uchos de
estos emperadores surgieron por aclamaci&n de sus propias tropas, marcando
tambi:n el cambio de clases in"luyentes. Ha no era el patriciado romano, eran los
e(uites, que se apoyaban en las tropas, los que gobernaban.
7os Cevero cumplían con estas condiciones0 eran de origen a"ricano, =lo que no
eximi& a la regi&n de la persecuci&n=, subieron al trono como dinastía despu:s de
una breve guerra civil y eran militares. Tratan de ordenar un estado que busca
perpetuarse en un mundo que cambia en "orma acelerada y que est$ amena#ado
desde "uera por la presi&n b$rbara y desde dentro por los ingentes gastos que
genera mantener ad intra la "amosa pa) romana.
Tanto el judaísmo como el cristianismo, estados dentro de un estado, molestaban
al planteamiento de "ortalecimiento y cohesi&n que los Ceveros querían llevar a la
pr$ctica, como "orma política de en"rentar la crisis. H por primera ve#, el
cristianismo, que por el mismo texto podemos ver que ya se había extendido en
"orma hori#ontal y vertical, es decir espacial y socialmente, se en"rentar$ a una
persecuci&n generali#ada que busca "renar este proceso.
!or eso, lo que el edicto imperial prohíbe es el proselitismo, la actividad de
predicaci&n evang:lica, el crecimiento en sí mimo. !or eso los perseguidos son
especialmente los que catequi#an, los que predican. Ceptimio Cevero prohibi&
bajo pena de muerte la actividad proselitista de estos dos grupos y adem$s dej&
vigente el rescripto de Trajano mediante el cual cualquier ciudadano podía acusar
a un cristiano, simplemente por serlo y sería condenado a muerte si se
empecinaba en no o"recer sacri"icio público a los dioses del Estado, lo que
equivalía a cometer un acto de desobediencia civil en "orma pública.
Durante su prisi&n, !erpetua y C$turo, compa6ero de prisi&n, tienen visiones
sobre lo que sobrevendría a su grupo, y a partir de ese momento ordenan sus
actos, comprendiendo que est$n destinados al martirio. !erpetua consigue
desprenderse de su hijo, al que estaba amamantando y de su padre, que la
atormentaba con sus demandas inst$ndola a que abjurara de su "e.
)omo parte de estas visiones, !erpetua supera su condici&n "emenina
convirti:ndose en mulier virilis, tal como correspondía a su calidad de m$rtir y
con"esante de la "e cristiana, viviendo esta situaci&n en "orma dram$tica en el
sue6o, como la trans"ormaci&n de su propio cuerpo.
!erpetua lo dice de esta manera0
-El día antes de nuestro combate, vi una última visi&n. El di$cono !omponio venía
a la puerta de la c$rcel y llamaba con "uer#a. Ho salí y le abrí. 1...4e tom& de la
mano y echamos a andar 1...4 !or "in llegamos jadeantes al an"iteatro y !omponio
me llev& al medio de la arena y me dijo0 K>o tengas miedo. Ho estar: contigo y
combatir: a tu ladoL. H se march& 1...4 Entonces avan#& contra mí un egipcio de
repugnante aspecto, acompa6ado por sus ayudantes, con $nimo de luchar
conmigo. 'l mismo tiempo se me acercaron unos j&venes hermanos, mis
ayudantes y partidarios. 'e desnudaron y qued& convertida en varón. is
ayudantes empe#aron a "rotarme con aceite, como se acostumbra en los
combates y, "rente a mí, vi al egipcio que se revolcaba en la arena.5 12D4
El combate, es en"rentamiento contra el Diablo, el (mperio encarnado, y así lo
entienden los m$rtires. Este es un tema recurrente en las Actas habla claramente
de la conciencia que las comunidades cristianas tenían de la dimensi&n del
enemigo al que se oponían. Ce aceptaba que la Parousía no iba a ser inmediata,
pero se con"iaba en el martirio, segundo bautismo y esta ve# de sangre, como un
camino seguro a una vida mejor, la vida eterna, camino marcado por la convicci&n
de la resurrecci&n "inal y de que )risto, con su propio sacri"icio había se6alado.
Despu:s del sue6o, !erpetua dice0 -Entonces me despert: y comprendí que yo
debía combatir no contra las "ieras, sino contra el diablo. pero estaba segura de la
victoria.5 12D4
C$turo tambi:n consiga por escrito una visi&n y "inalmente un relator, que algunos
creen es el mismo Tertuliano, dice0 -Estas "ueron las visiones m$s insignes que
tuvieron los beatísimos m$rtires C$turo y !erpetua y que ellos mismos
consignaron por escrito.5 12B4
El relato sigue, en"ati#ando la obra del Espíritu Canto entre la comunidad de los
encarcelados, tanto que se logra incluso la conversi&n de alguno de sus
carceleros. Este :n"asis en el obrar del Espíritu, la aceptaci&n de pro"ecías y
nuevas visiones y el protagonismo de las mujeres, así como la posible mano
tertuliana en el escrito, son los elementos que se tienen en cuenta a la hora de
sospechar de este escrito como proveniente de círculos montanistas.
Debemos decir, que el protagonismo de las mujeres que predican, imparten
sacramentos, tienen visiones, y operan como verdaderas líderes de su comunidad,
es para nosotras uno de los argumentos m$s "uertes que nos inclinarían a
coincidir en este juicio. El protagonismo y el discurso de las mujeres s&lo son
consentidos y preservados en ambientes heterodoxos, no en los cat&licos, como
hemos visto hasta ahora, y no hay ra#&n para creer que O"rica era una excepci&n
a la regla.
El Evangelio de María

Este Evangelio es uno de los textos gn&sticos conocidos antes de los importantes
descubrimientos de los c&dices coptos de >ag 9ammadi, en 2QBN. Es el primero
de los tratados que integran el )&dice de Ferlin 1F+ <ND3, 24.
>o se puede establecer la "echa de redacci&n, pero el manuscrito copto "ue
datado como de comien#os del s.8 y un "ragmento griego del mismo, de
comien#os del s.(((.
Este Evangelio, aunque corto y "ragmentado, contiene elementos esenciales del
gnosticismo cristiano0 se plantea la articulaci&n entre lo divino y lo humano,
tratando de conservar la alteridad absoluta de lo divino 1Q,2<=3D4, la relaci&n entre
lo material y lo espiritual 1E,2=2D. <, 2=2D4. el teol&gico planteamiento del unde
malum* solucionado vía dualismo 1E,22=3<4, la continuidad de la revelaci&n, por
contraposici&n al dogma 12D, 2D=2;4 y lo que nos interesa particularmente, el papel
de lo "emenino en el $mbito religioso, a nivel pr$ctico y te&rico 1Q,23=3D. 2D,2=A4.
Todo en un estilo que repite el tema del secreto, típico del Evangelio de arcos,
dentro del gran tema gn&stico de la inaccesibilidad del verdadero conocimiento a
todos los creyentes 1E,2D y 3<, entre otros4.
Es interesante notar en este escrito la clara pol:mica con el cristianismo
autodenominado ortodoxo0
->o impongan ninguna regla, salvo aquella de la que "ui Testigo. >o a6adan leyes
a las del que dio la Tor$, para no ser esclavos de ellas5. 1Q,2=B4 y en 2<,2Q=32
-Calgamos a anunciar el Evangelio sin tratar de establecer otras reglas y leyes,
excepto aquella de la que :l "ue testigo5.
El relato muestra a tres personajes discutiendo en pie de igualdad, uno de ellos
una mujer, que ha recibido una revelaci&n directa del CalvadorUaestro y la
trasmite al grupo de oyentes masculinos, entre los cuales uno de mucha autoridad0
!edro.
El texto dice0
-!edro a6adi&, KREs posible que el Ense6ador haya conversado de ese modo con
una mujer, acerca de secretos que nosotros ignoramosS R9abremos de cambiar
nuestras costumbres y escuc#ar todos a esa mu!erSL 1...4 aría entonces
rompi& a llorar. Dijo a !edro0 K!edro, hermano mío, Rqu: tienes en la cabe#aS
R)rees que yo sola me lo he imaginadoS 1...4 7eví tom& la palabra0 K!edro, tú
siempre has sido un impulsivo, veo ahora que te ensañas contra la mu!er, como
lo #acen nuestros adversarios. Cin embargo, si el Ense6ador la ha hecho digna,
(qui&n eres t para rec#a)arla*5 12E,2B=2Q, 2<,2=B y E=234
)ontra las a"irmaciones de los !adres que encabe#an nuestro estudio, aquí se
discute sobre la posibilidad de que una mujer, que ha recibido una revelaci&n
directa del aestro, sea escuchada por los hombres =Ien públicoJ= y se remarcan
adem$s las divergencias en cuanto a este tema que había entre di"erentes grupos
de cristianos, que notemos de paso discutían en pie de igualdad con los que
despu:s resultarían triun"adores y por lo tanto, -ortodoxos5.
El lugar destacado que aría ocupa en este Evangelio, ha llevado a algunos
autores a suponer que algunos escritos gn&sticos, y tal ve# este que nos ocupa,
son de autoría "emenina o pertenecen a círculos "emeninos, autores yUo
transmisores. Es imposible a"irmarlo o negarlo. !ueden o no serlo. C&lo la
posibilidad es demostrable por estos textos.
!ero eso no obsta para que este pasaje del Evangelio en particular, admita varios
niveles de lectura que enrique#can nuestra in"ormaci&n sobre el lugar que ocupa
la mujer en di"erentes grupos cristianos. !ara este "ragmento encontramos
interesante y útil a nuestro estudio anali#ar el nivel sintagm$tico, el simb&lico y el
de la intencionalidad de la "uente. De este an$lisis podremos obtener elementos
importantes de juicio para el tema que nos ocupa, aunque di"ícilmente la certe#a
de la autoría del escrito.
Desde ya podemos observar que existen grupos de mujeres activas dentro del
grupo gn&stico que produjo este texto, tal como ya habíamos encontrado dentro
del movimiento montanista, mujeres que podían actuar como vehículo de visiones
para su comunidad al estilo de !erpetua. 7a discusi&n posterior aclara =y esa
creemos es la intencionalidad de presentar la disputa= que en otros grupos
cristianos esto no era lo acostumbrado, y que incluso habría -ensa6amiento5
contra las mujeres.
Todos estos datos estarían adem$s re"rendados por los que venimos anali#ando
hasta ahora en las otras "uentes, e incluso por el discurso de los !adres de la
(glesia.
Esto demostraría adem$s que la situaci&n de la mujer en algunos círculos
gn&sticos, 1ya que no debemos dejar de lado la multiplicidad de movimientos
involucrados, con matices diversos4 era =tal como vimos en otros movimientos
heterodoxos= superadora con relaci&n a la organi#aci&n patriarcal de la sociedad
greco=romana asumida como la única posible por la iglesia cristiana ortodoxa.
!ero por otro lado debemos se6alar que para los movimientos gn&sticos, no era la
relaci&n entre los sexos lo central, o la primacía o no del hombre sobre la mujer,
que en general no presentaba problemas, sino la superación de la dualidad
implicada en la necesidad de hablar de -relaci&n entre5.
!ara decirlo en las palabras del Evangelio de +elipe,
-ientras Eva estaba Vdentro de 'd$nW no existía la muerte, mas cuando se separ&
Vde :lW sobrevino la muerte. )uando :sta retorne y :l la acepte, dejar$ de existir la
muerte.5 1E24
' la lu# de esta creencia debemos tambi:n leer el Evangelio de María.
7o interesante de este planteamiento es adem$s los personajes elegidos para
presentar los di"erentes grupos, los arquetipos utili#ados, el nivel simb&lico del
relato.
!edro, encarnando el discurso eclesiol&gico de la -ortodoxia50 hombre, ap&stol,
testigo, arquetipo de la autoridad episcopal dentro de la iglesia. aría agdalena,
la primera y con"iada testigo de la resurrecci&n, según arcos 2A,Q y %uan 3D,22,
la primera entre otras, según 7ucas 3B,2D, y ateo 3<,2, mujer arquetipo de la
uni&n amorosa de "e, completa y sin "allas, por la que se llega al verdadero
conocimiento, compa6era de %esús, según el Evangelio de +elipe 1;34. Cimboli#a
al grupo que llega a la gnosis a trav:s de revelaciones directas y continuas que no
clausuran el discurso evang:lico. H por último, 7eví, arquetipo de un cristianismo
que comien#a siendo judai#ante y logra superar su propia tradici&n en "unci&n de
la verdad revelada.
R!or qu: la elecci&n de la mujer aría agdalenaS )reemos que porque el
:n"asis est$ puesto en que aría encarna adecuadamente para las creencias
gn&sticas de grupos "ilovalentinianos, el conocimiento pro"undo, "ruto de una
relaci&n intensa y personal con el Calvador. El concepto de pareja, de s"-"gia, es
"undamental para entender la elecci&n del personaje. Es el concepto de
complementaci&n superadora de la dualidad lo que condiciona la elecci&n de este
arquetipo.
!ara decirlo con las palabras de El Evangelio de #om.s0
-1...4%esús les dijo0 Kcuando se$is capaces de hacer de dos cosas una, y de
con"igurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo
de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo "emenino, de manera que el
macho deje de ser macho y hembra la hembra. cuando hag$is ojos de un solo ojo
y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen en
lugar de una imagen, entonces podr:is entrar Ven el ReinoWL5 1334
Es interesante notar la "uer#a con que aparece la con"rontaci&n a la que la (glesia
cat&lica era sometida por los grupos que no aceptaban la autoridad de los obispos
ni la con"inaci&n de la mujer en el papel de escucha pasiva del discurso masculino.
Paltaba mucho camino por recorrer antes de llegar a >icea.
En el Evangelio de María, vemos pues, como en los casos anteriormente
anali#ados, e"ectivamente cuestionado el papel subalterno de la mujer desde un
círculo heterodoxo. >aturalmente admitimos que esta toma de posici&n genera la
posibilidad de que haya habido escritoras dentro de estos grupos y círculos
"emeninos o pro="emeninos que aseguraron la transmisi&n de los textos, pero
desde otro lugar, desde la superaci&n de la pol:mica sobre la di"erencia de los
sexos, desde la superaci&n de la dualidad.
(deas teol&gicas previas marcan el en"oque, aunque la inquietud era la misma0
determinar cu$l era el lugar de la mujer dentro de ese nuevo orden llamado
cristianismo.
El itinerario de Egeria

)ambiamos ahora totalmente de discurso y entramos con este texto dentro de los
límites de la ortodoxia y del poder imperial, conjugados en una importante alian#a
que buscaba "ortalecer el (mperio dentro de un mundo constantemente
amena#ado desde a"uera 1las invasiones4 y desde adentro 1las divisiones4.
Egeria es una noble mujer espa6ola 1de +alicia, casi con certe#a4 relacionada con
Teodosio, emperador de origen hispano, aunque no "uera por un parentesco
directo. Emprendi& posiblemente en el a6o ;E<, un viaje hacia la corte de
)onstantinopla, pero tomando la ciudad no como destino último sino como punto
de partida para una peregrinaci&n por los lugares santos mencionados en la Fiblia
1'ntiguo y >uevo Testamento4.
Este tipo de viaje, la peregrinaci&n a lugares santos, que durante toda la Edad
edia caracteri#ar$ tanto la piedad culta como la popular instaurando objetivos de
viaje que podían cambiar según las posibilidades econ&micas de la persona que lo
reali#aba, comien#a a convertirse en habitual en esta :poca. H son las mujeres
ricas de Roma o de la corte de )onstantinopla las que instalan la costumbre. $s
tarde, Cantiago, Roma o %erusal:n, ser$n los destinos elegidos según la
capacidad del viajero. En esta :poca el principal objetivo de viaje es %erusal:n,
aunque algunas mujeres 1sobre todo mujeres4 pasaban tambi:n por Egipto,
buscando visitar a hombres "amosos por su santidad, anacoretas convertidos en
santos en vida.
)omo muy bien describe Ram&n Teja0
-!iedad, curiosidad, orgullo de poder contar lo visto, excursionismo y atracci&n por
lo ex&tico se conjugan para convertir al @riente en centro de atracci&n para las
arist&cratas de occidente.5
El discurso de 'rsenio a una mujer que lo visita, cuando :sta a pesar de sus
reparos logra verlo, es emblem$tico0 -R>o has oído hablar de mis obrasS Xstas
son las que hay que ver. R)&mo has osado emprender un viaje como :steS (+o
sabes que eres una mu!er* I>o debes salir de casa como te pla#caJ R@ es que
acaso quieres volver a Roma a contar a las otras mujeres que has visto a 'rsenio,
para que despu:s hagan del mar una ruta de mujeres que vienen hacia míS5
!ero 'rsenio no logr& evitar lo que sigui&, aunque es justo se6alar que estas
mujeres no arriesgaban mucho, ya que viajaban con s:quito, guardias, y toda la
protecci&n y "acilidades necesarias que ellas tenían y el (mperio les daba, ya que
la mayoría de ellas eran mujeres de noble origen y con grandes recursos propios,
adem$s de los del estado.
Egeria no es la primera y tampoco ser$ la última. !ero se distingue de las dem$s
por un diario de viaje que nos leg&, donde recoge impresiones, costumbres,
liturgias y posiblemente hasta dibujos de lo que ve, para enviarle a compa6eras de
monasterio, a quienes llama -se6oras y venerables hermanas5 1dominae
uenera!ilies sorores4, -se6oras del alma mía5 1dominae animae meae4, o -se6oras
y luces mías5 1dominae lumen meum4, entre otras denominaciones. Este
tratamiento respetuoso pone a sus destinatarias por lo menos a su mismo nivel, lo
que puede ser puramente protocolar, o signi"icar, que se dirige e"ectivamente a
sus iguales, que abra#aron un tipo de vida de clausura que se supone es su propio
punto de partida, por cierto transgredido abiertamente con su viaje.
El texto tiene valor por ser un testimonio privilegiado del siglo (8 de lugares
importantes para la piedad cristiana y descriptor cuidadoso en su segunda parte
de las liturgias de %erusal:n, adem$s de "acilitarnos el conocer de primera mano
las impresiones de una mujer que repite el itinerario de otras tan "amosas como
ella, pero que no nos han dejado indicaciones acerca de lo que vieron o sintieron.
R?u: podemos decir de Egeria y su ItinerariumS !ues que destila ortodoxia y
prudencia en toda su extensi&n. Tanta que algunos autores sospechan que hay
una cuidadosa toma de partido por la ortodoxia en sus p$ginas. Es posible. >o nos
olvidemos que el marco del viaje es el )oncilio de )onstantinopla del ;<2, donde
el partido niceno, con apoyo del emperador que quiere un imperio sin "isuras, ni
aún teol&gicas, pelea contra los pneumat&macos. la controversia origenista
protagoni#ada principalmente por %er&nimo y Ru"ino de 'quileya, y en Espa6a
misma, el problema del priscilianismo, que había tenido una cruel resoluci&n.
De ahí la a"irmaci&n de Rivera +arretas de que -1...4 Egeria parece especialmente
preocupada por asegurar a sus amigas que todo lo que han aprendido es cierto,
que el cristianismo "unciona divinamente, que no hay ni un recuerdo, ni un obispo
ni un monje "uera de sitio. 1...4 REst$ intentando Egeria dejar bien claro que su
viaje no tiene nada de sospechoso, que no hay transgresi&n ni en su iniciativa ni
en su ceder a su deseo, que todo lo que ve, oye y hace es tan
incuestionablemente impecable que no tiene nada de malo salir de viajeS5
Cegún esta autora, adem$s de la sospecha de herejía que caía sobre las mujeres
transgresoras, estaba el hecho de que el viaje era -cosa de hombres5 y que Egeria
se mueve -1...4en los m$rgenes entre la conducta esperada de las mujeres y la
esperada de los hombres de su cultura y :poca.5
!ero en realidad, si tenemos en cuenta la cantidad de mujeres del entorno imperial
y del ambiente romano pudiente que reali#aban este tipo de viaje, esta nos parece
una lectura "eminista un poco "or#ada. )reemos que a Egeria le preocupaban m$s
episodios como el del priscilianismo, que por otra parte tuvo como escenario su
propia patria, la #ona actual de +alicia.
El valor de testimonio de esta mujer, es importante en sí mismo0 pudo viajar y
dejar por escrito lo que veía para aquellas mujeres cristianas que recibían sus
notas de viaje, y tambi:n contribuy& a legar, junto con las otras viajeras, la
costumbre de la peregrinatio que tanto marcaría a la piedad de la Edad edia.
Esto lo pudo hacer dentro de los límites impuestos por los obispos ortodoxos a las
mujeres de la iglesia y gracias a ello su escrito sobrevivi& a la censura o"icial y
lleg& hasta nosotros. >o hay pol:micas en su diario de viaje, s&lo descripciones,
que son valiosas sobre todo para la historia de la liturgia de los primeros siglos.
C&lo indirectamente atestigua sobre mujeres de clases sociales altas y su relaci&n
con la iglesia o"icial.
)omo ella misma dice en su cuidadoso estilo ortodoxo0 -Debo dar gracias a Dios
por todo, sin hablar de lo mucho y bueno que se ha dignado darme a mí, indigna
y no merecedora, por haber podido recorrer todos los lugares sin m:rito mío 1...45
Conclusiones

' pesar de que 9ypathia no "ue personaje cristiano, junto con )irilo, obispo de
'lejandría 1BD;=BBB4, muestra en una "orma dram$tica y emblem$tica lo que los
obispos ortodoxos creían debían hacer para situar a la mujer en un lugar que no
pudiera -agraviar al sexo viril5, al decir de %er&nimo.
'l mismo tiempo que el obispo de 'lejandría desarrolla su actividad política y
teol&gica contra las desviaciones nestorianas y discute la relaci&n entre las dos
naturale#as de )risto /según la tendencia teol&gica alejandrina del logos/sar)0,
apoyado por monjes entrenados como tropas de elite que se imponen a las
mismas tropas romanas de la ciudad, se dedica a erradicar cualquier atisbo de
paganismo. H para hacerlo utili#a todas las armas que le da el poder.
9ypathia, una mujer, de desempe6o y discurso público respetado y respetable, es
el blanco ejempli"icador elegido por )irilo. 7a "il&so"a encarna la prueba de que las
mujeres pueden encontrar un lugar propio en la historia, sin estar bajo la tutela de
los varones. Es una amena#a que cuestiona los "undamentos del poder episcopal.
En su lucha contra 9ypathia, la m$xima autoridad eclesi$stica de 'lejandría
cuenta con herramientas legales, creadas por el mismo emperador Teodosio, que
prohibían los cultos paganos 1el edicto de Tesal&nica, del a6o ;<D, y la ley
recogida en el )&digo Teodosiano, del ;Q34 Cu -guerra justa5, al decir de 'gustín,
se basaba en leyes imperiales y no dud& en llevarla a cabo en "orma radical.
R)u$l es el resultado de esta política, que sistem$ticamente llevaron adelante los
obispos y !adres de la (glesiaS El sometimiento y el silencio de las mujeres, la
clausura, la exclusi&n del lugar y del discurso público, el con"inamiento en tareas
asistenciales. H tambi:n 3DDD a6os de teología donde no se pudo pensar lo divino
desde lo "emenino, logrando abortar líneas de desarrollo teol&gico muy ricas que
se insinuaban ya en el judaísmo pre=cristiano y que encontraron, durante un
tiempo, caldo de cultivo adecuados dentro de los movimientos heterodoxos,
prolijamente perseguidos.
De todo esto apenas nos quedan hilos de pensamiento, "ragmentos muy
peque6os y muy pocos escritos. 7a censura "ue el arma que consolid& el poder de
los obispos. @br& como el "iltro a trav:s de los siglos que impidi&, o mejor, trat& de
impedir, que se admitiera la "ecundidad que puede aportar la aceptaci&n de la
diversidad.
!ero, como hemos visto, no todos los grupos cristianos pensaban lo mismo acerca
del lugar social de la mujer. )abe entonces la pregunta de por qu:, pues, triun"a y
se impone este modelo.
!ensamos que la respuesta puede ser muy simple0 porque era "uncional a la
consolidaci&n de la pir$mide de poder que los obispos construyeron y los
emperadores sancionaron, y "undamental para asegurar la estabilidad buscada
por una sociedad que se sabía amena#ada internamente por las divisiones y en
peligro de extinci&n. El modelo heterodoxo, en cambio, ponía en "uncionamiento
una organi#aci&n de tipo hori#ontal que era en la pr$ctica desestructurante para un
poder verticalista y peligrosamente dis"uncional para la estructuraci&n del
centralismo impuesto por el poder imperial.
Pinalmente las pretensiones de homogenei#aci&n del imperio se vieron cumplidas
a trav:s de las políticas de la ortodoxia, que "ue la que impuso costumbres,
modos, relaciones sociales e ideas a todo el imperio en sus dos partes oriental y
occidental 1espacio4 y a lo largo de 3DDD a6os de historia 1tiempo4. !ero,
tengamos presente que lo que tambi:n triun"& "ue la imposici&n de las relaciones
de poder entre los sexos, que "ueron en de"initiva las que convirtieron el discurso
"emenino en un discurso excluido.
)omo dir$ Tertuliano muy claramente, citando a !ablo, durante la preeminencia
social e ideol&gica del cristianismo regir$ aquello de que0
-' las mujeres no se les permite hablar en asamblea 12 )or 2B,;B. 2 Tim 3,234, ni
tampoco se le permite dar instrucci&n, bauti#ar, o"recer la eucaristía, o reivindicar
para ellas la autoridad de cualquier encargo reali#ado por los hombres, mucho
m$s si se trata de una "unci&n sacerdotal.5
,iana Rocca -edesco
(CEDET
)amacu$ 3N3
2BDA Fuenos 'ires, 'rgentina
arsne*Yaol.com