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Reacción legal e institucional

En los primeros meses de 1.971 el líder ERP Mario Roberto Santucho contacto
con el terrorismo tupamaro (Uruguay) y el MIR (Chile) estos lazos se fueron
afianzando, y constituyeron la antesala, que al año siguiente seria la JCR. En tanto
en la Argentina durante el primer trimestre los atracos y atentados no cesaban.
El gobierno provisional de entonces (presidido desde el 23 de marzo por el general
Alejandro A. Lanusse), ante el desconcierto creado por la subversión al que
alentaba el general Perón, rápidamente creó por ley 19.053 del 28 de, mayo de
1.971la Cámara Federal en lo Penal, destinada a juzgar las actividades terroristas.
Esta lucida reacción política y jurídica demostró que la actitud del Gobierno Cívico-
Militar fue desde el inicio combatir a la guerrilla bajo el imperio de la ley y la
institucionalidad, creando al efecto los mecanismos apropiados.-
La cámara logró con rapidez, durante los años 1.971 y 1.972, juzgar y procesar
alrededor de dos mil terroristas. La cámara solo juzgo a terroristas que cometieron
delitos después de la creación del tribunal.
La subversión, lejos de amilanarse ante esta legítima reacción institucional, hizo
que aumentara cuantitativamente los asesinatos, secuestros, y robos. En ese
ínterin, se atacó la cárcel de Mujeres del Buen Pastor y se liberó a cuatro
terroristas; se atacó la subcomisaria Gonnet de la Plata; se intentó secuestrar al
general Julio Alsogaray y la compañía telefónica y la compañía telefónica de
Tucumán fue asaltada (robaron 30 millones de pesos). Ante la zozobra generada
por la virulenta agresión de la ascendente guerrilla, las comisarias fueron
convirtiendo en fortalezas.
En el mes de octubre de 1.971fue por lejos el más despiadado del año se cometió
cuarenta atentados de alta envergadura, varios de ellos m multimillonarios.
El 6 de abril se desarrolló en la provincia de Mendoza una intensa actividad
terrorista durante cuatro días. Se produjeron desmanes, ataques con
francotiradores y se incendiaron decenas de automóviles. Esas jornadas de
conocieron como el mendozazo. Los terroristas secuestraron al director general de
la FIAT y pedían una suma importante pos su liberación (1000 millones de pesos).
El asesinato del empresario desencadenó una avalancha de repudios por parte de
personalidades de todos los sectores políticos. Los terroristas que participaron de
este resonante homicidio fueron juzgados por la Cámara Federal en lo Penal. El
ex juez Dr. Felipe Smart, recuerda años más tardes: “el defensor de una de las
implicadas era el Dr. Felipe Rodríguez Araya (…) cuando presenta su escrito de
defensa lo hace con el patrocinio del Dr. Alfonsín”.
Nótese quienes fueron a partir de 1.983 los “abanderados de los derechos
humanos”: Precisamente los defensores de los terroristas de ayer.
Asomando el año 1.973, Lanusse anunció el llamado a las elecciones
presidenciales y las consiguientes formas democráticas. A comienzos de ese año,
las actividades terroristas se multiplicaron.
Mientras tanto Lanusse, había convocado a elecciones previas para marzo de
1.973 como particularidad (y hecho histórico tras tantos años de proscripción),
para esta ocasión se permitió participar al Partido Justicialista, aunque con una
limitación: se activaron mecanismos formales para que Perón no pudiera
presentarse en las contiendas electorales.
La maniobra proscriptiva de Lanusse, contaba con el consenso de diversos
partidos políticos, tal el caso de la UCR.
La elección de Cámpora para encabezar la lista del PJ fue decidida por Perón. De
este modo, bajo el lema “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, el 11 de marzo se
llevaron a cabo las elecciones.
La lista de Cámpora se presentó con la sigla FREJULI (frente justicialista de
liberación nacional), conformada por Partido Justicialista, incluía por ejemplo al
MID, dirigido por el ex presidente Arturo Frondizi.
El triunfo de Cámpora, no fue un triunfo de la izquierda, sino un triunfo del
peronismo.
Cámpora era un personaje totalmente vinculado y enrolado en las bandas
terroristas, que durante la campaña expresó que “la acción de la FAR y
Montoneros es tan respetable como la de quienes estamos en el camino de la
persuasión”, durante el proselitismo fue el de brindar libertad a los terroristas,
reabrir relaciones con Cuba, Vietnam, Corea del Norte, y muchos candidatos del
PJ se pronunciaron a favor de nacionalizar la banca y el comercio exterior. En
lugar de fijarse como objetivo el combate contra el terrorismo, conversaba
afablemente con los impulsores prometiéndoles beneficios, cargos y liberaciones
(concesiones que cumplió al pie de la letra). En efecto, el sostén político de
Cámpora eran precisamente las bandas homicidas.
Finalmente el 25 de mayo, Héctor Cámpora, custodiado por numerosos terroristas
que ingresaron al Salón Blanco de la Casa de Gobierno, asumió la Presidencia de
la Nación.
En Córdoba el gobernador electo Obregón Cano (también enrolado en la banda de
Montoneros).
Terroristas de Estado
El breve desempeño de Cámpora (gobernó sólo cuarenta y nueve días) fue
nefasto para la vida institucional de la Republica, Cámpora con su lamentable
gestión se constituyó en uno de los principales responsables del elevadísimo
número de víctimas. Los gobernadores más comprometidos con la guerrilla fueron
Obregón Cano (Córdoba), Oscar Bidegain (Buenos Aires),Alberto Martínez Baca
(Mendoza) , Miguel Ragone (Salta) y Jorge Cepernic (Santa Cruz), quienes se
encargaban de suministrar la estructura necesaria para encaminar la acción hacia
la tan ansiada “patria socialista”. Entre los diputados nacionales que respondían a
Montoneros se encontraba Carlos Kunkel, actual subsecretario de la Presidencia
del gobierno de Kirchner.
Durante los días 26, 27, y 28 de mayo, el congreso derogó veinte normas
destinadas a combatir al terrorismo, se llegó a eliminar la disposición “del artículo
80 del código penal, que disponía la pena de prisión perpetua por el asesinato de
un juez o de un miembro de Las Fuerzas armadas o de seguridad” ; se dejó sin
efecto una ley que autorizaba partidas para el equipamiento de las fuerzas
regulares contra la subversión y se disolvió por ley la Cámara Federal en lo Penal
que había sido creada en 1.971 para juzgar legalmente a las actividades
terroristas. Durante los dos años en que funcionó este tribunal, se procesó y juzgo
a miles de terroristas, al contrario durante el “estado de derecho” comprendido
entre mayo de 1.973 y marzo de 1.97, no se dictó ni una sola condena a ningún
guerrillero.
Era claro que el Poder Judicial por su propia y natural función era un obstáculo
para el terrorismo y la subversión; se necesitaba entonces pulverizarlo. En
consecuencia la Corte Suprema de Justicia estaba vacante porque sus integrantes
renunciaron en el preciso momento en que se enteraron del resultado de las
elecciones. Para poder desmantelar al resto del Poder Judicial removiendo a sus
integrantes, se sanciono una insólita ley que otorgaba la facultad de jubilarse sin
haber alcanzado la edad legal y cobrando el 80% del sueldo que percibían con el
agregado de poder ejercer la profesión libremente. En caso de no aceptar esta
formidable posibilidad, los funcionarios eran amedrentados y amenazados con la
expulsión lisa y llana o con ser jubilados bajo un sistema desventajoso. Se produjo
un éxodo como nunca se conoció en la justicia, quedando esta desarticulada y
vaciada.
El descuartizamiento del Poder Judicial fue tan agudo que, mientras las bombas y
asesinatos en masa sacudían al país a toda hora, la Justicia, en lugar de
multiplicar esfuerzos y celeridad se hallaba absolutamente paralizada e inmóvil.
De terroristas a victimas
La represión ilegal favorece políticamente al terrorismo subversivo, ya que esta
situación de irregularidad les permite despojarse de su condición y presentarse
ante la sociedad como víctimas. Este fue precisamente uno de los motivos por los
cuales el terrorismo (auxiliado por el gobierno) hizo lo imposible por desarticular y
maniatar las estructuras legales, buscando así arrastrar al Estado a una drástica
encrucijada: o bien se mantenía en pasividad e inacción total ante los crímenes
terroristas, o se veía forzado entonces a efectuar una represión no contemplada
en la ley (ya que no había ninguna).