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Sostenidos por el poder de Dios

Armando Alducin

La vida es una lucha constante, en donde encontamos toda clase de batallas: contra las malas actitudes,
contra las personas que nos rodean y no hacen ir por malos pasos, contra la misma tentación del mal que
asecha nuestra alma, etc...
Es por ello que para ser cristianos de corazón, se debe ser valiente y enfrentar todas estas cosas, pero no es
algo fácil, porque todos somos cobardes por naturaleza, decaemos ante cualquier problema, nos
desanimamos con facilidad y somos arrastrados a la inmundiacia con el más minimo estímulo de pecado, por
todas estas razones, es que debemos acecarnos mas profundamente a Dios, conocer su palabra y educarnos
para escuchar siempre al Espíritu Santo, Él habita dentro de nuestros corazones, no está en lo externo, ni en
los rituales donde la gente grita: “Espiritu Santo desciende sobre mí”, Él no tiene nada que ver con lo exterior,
es alguien que permanece dentro de nosotros.
Hay un versiculo poderoso en la Biblia que dice “estamos atribulados en todo, mas no angustiados” (2
Corintios 4) esto quiere decir, que Dios esta conciente de cuan llenos de problemas estamos, ya sea con el
trabajo, con la familia, con la iglesia, etc. Pero esta no es razon, para desistir, para rendirnos o afligirnos,
pensando que no existen soluciones, pues este tipo de pensamiento en nada honrra al Señor, ni le grlorifica.
Es mas, es el mismo diablo el que hace que tu mundo se vea nublado y no te creas capaz de salir adelante,
quizas llegando a un desenlace trágico como quitarte la vida. Siempre habrá una salida para todos los
problemas porque Cristo tiene la solución para todos nuestras preocupaciones, y aunque en lo exterior
continuen los problemas, debemos recordar que es la persona de Jesus (Dios mismo), quien deberia ser
nuestro gozo, nuestra paz y nuestro refugio. Recuerda que en el mundo simpre tendras aflicciones, pero en
Cristo, siempre encontraras felicidad y vida abundante para tu alma.
Se trata de no tener miedo, sino fe en Dios, porque Él todo lo puede, es Él ser que esta para ayudarte en todo
momento, no hay que rendirse nunca; orar, inclinarse, darle las palabras necesarias para que el venga a tu
rescate serán las maneras de llamar a su presencia.
En el momento en que abramos nuestros corazones y dejemos que esa paz que tanto deseamos, entre en
nuestro ser, ese rayito de luz, que es Dios, nos dara la calma y la felicidad para enfrentar valientemente toda
clase de difilcultades, hasta el día que no habitemos mas esta tierra, para estar por siempre con Él.

Tomando decisiones
Dante Gebel

El le propone matrimonio en un arrebato de pasión y tal vez verdadero amor. Alguien decide que finalmente se
dedicará a su verdadera carrera y vocación: la medicina.

Ella deja sus distracciones atrás, e ingresa al Instituto Bíblico con el propósito de prepararse para misionar en
algún remoto lugar del mundo. Un adolescente toma la decisión de ser el mejor en el fútbol, y a partir de
ahora, trabajará muy duro para lograrlo.

Los dos esposos finalmente concuerdan en que ella no debe abortar, y tendrán a ese hijo. Todos tienen un
denominador común: decisiones fundamentales que ahora parecen sencillas, pero afectarán su propio futuro e
inconscientemente, el de los demás.

El primero dejará de ser un soltero sin preocuparse por cuál jean usará el sábado, para transformarse en el
eje de una familia. Otro salvará cientos de vidas en un hospital, desde una sala de emergencias. La chica que
una vez decidió prepararse en el Instituto, ahora predica en un rincón de Nueva Guinea.

El otro es un reconocido futbolista y acaba de firmar un contrato millonario para jugar en Italia. La pareja que
una vez decidió no abortar, hoy escucha a su hijo dar su discurso presidencial desde la Casa Blanca.
Decisiones que causan un golpe cósmico en algún lugar. Decisiones que afectarán generacionalmente a
otros.

Pequeñas decisiones que pasarán desapercibidas para cualquier escritor de grandes acontecimientos, pero
que con el correr del tiempo, se transformarán en historia grande.

Yo tengo una historia, que habla de esas "sencillas" decisiones. Era una fría mañana de mayo, y el hombre
pasaba el cumpleaños más triste de toda su existencia. Cumplía sus primeras cinco décadas de vida y el
saldo no era favorable. Su esposa había enfermado hacía unos cuantos años. No importaba cuántos, habían
sido eternos.

El hombre, de oficio carpintero, había visto cómo gradualmente el cáncer se llevaba lentamente a la
compañera de casi toda una vida. Era una enfermedad humillante. ¿Cuándo fue la última vez que éste
hombre de manos rústicas había dormido toda la noche? Casi no lo recordaba. Todo se había transformado
en gris desde que el maldito cáncer llegó a casa. Su esposa no tenía el menor parecido con la foto del viejo
retrato matrimonial que colgaba sobre la cama. Ahora solo era un rostro cadavérico, níveo, sin color y por
debajo del peso normal de cualquier ser humano.

"-Usted es una señora adulta- había dicho el médico-, váyase a casa, y... espere.".
El hombre, temperamental y de manos rudas, sabía lo que había de esperar. Lo inevitable. Aquello que le
arrebataría su esposa y la madre sus cuatro hijos. Sin piedad, sin otorgarle unos años más de gracia. El
putrefacto aliento de la muerte parecía llenar la atmósfera con el pasar de los días.

La bebida era como una anestesia para el viejo carpintero. Por lo menos, por unas horas no estaba obligado a
pensar. Por el tiempo que durara la borrachera, tendría un entretiempo en medio de una vida que no le daba
tregua. Había cualquier tipo de alcohol diseminado por toda la casa; en el armario, la heladera, el garaje, el
galpón, y hasta una botella en el aserrín de un viejo y enmohecido barril. Este era su cumpleaños. El hombre
festejaba un año más de vida y un año menos junto a su esposa.

El gemido de su esposa lo despertó del letargo."-Recuerda- dijo suavemente la mujer- que hoy estamos
invitados a ir a esa iglesia..."
El hombre hizo un gesto de disgusto. El había sido luterano desde su niñez y hacía años que no pisaba una
iglesia. Apenas recordaba algunas canciones religiosas en idioma alemán que se entonaban en su Entre Ríos
natal. Pero el pedido de su mujer no era una opción, era un ruego desesperado.

Tal vez el último deseo de quien lucha cuerpo a cuerpo con el tumor que se empecinó en invadirlo todo. Un
último intento por acercarse a Dios antes de partir para siempre. El carpintero de las manos rudas y aliento a
bebida blanca, asintió con la cabeza. Irán a esa iglesia que su hijo mayor les había hablado. Estaba un poco
lejos, pero cuando el cáncer se instala en un hogar, a nadie le importa el tiempo. Ya nadie duerme en la casa
del carpintero.

Esa noche, la del cumpleaños, el matrimonio llegó con sus dos hijos menores a la remota iglesia evangélica
de algún barrio de Del Viso, Buenos Aires. El se apoyó en la pared del fondo y oyó el sermón.
"-Linda manera de festejar el cumpleaños" - habrá pensado.
Pero continuó allí con profundo respeto, viendo como su esposa lloraba frente al altar.

El casi no oyó el mensaje, pero presintió que debía acompañar a su mujer, y lentamente, el hombre que
escondía botellas de alcohol en el aserrín, pasó al frente. Los dos tomaron una decisión. Aceptaron a Cristo
como su suficiente Salvador. Una sencilla decisión que no pareció demasiado histórica, y estoy seguro que
muy pocos, esa noche, se percataron del carpintero y su enferma esposa. Pero a ellos le cambió la vida para
siempre.

Ella observó cómo el cáncer retrocedía lentamente hasta transformarse milagrosamente en un mal recuerdo.
El hombre se deshizo de todas las botellas de alcohol y jamás volvió a tomar. Lo que comenzó como un mal
día, terminó con una decisión que afecta el futuro para siempre.

A propósito, la historia es real y ocurrió un primero de mayo de 1975. El carpintero de las manos rudas jamás
se hubiese imaginado que debido a su buena decisión, no sólo se sanaría su esposa, sino también, algún día
afectaría a sus hijos. Su hijo menor, que por aquel tiempo tenía siete añitos, hoy le predica a cientos de
jóvenes y entre otras cosas, escribe esta nota.

Eso es a lo que yo llamo una decisión generacional. Miles son afectados por un sencillo paso al frente.
Cuando decidas a qué te vas a dedicar, con quién te vas a casar, o sencillamente pases al frente de algún
altar a tomar un nuevo compromiso con el Señor, recuerda que estás escribiendo la historia. La tuya y la de
los demás.

Hace poco les dije a mis padres que estaba profundamente agradecido por aquel gris primero de mayo en el
que tomaron la decisión más radical de sus vidas. Les dije que cada joven que llegaba a oír mis mensajes,
también le estaban agradecidos.

Y les dije, además, que siento una tremenda responsabilidad, cuando tomo una de esas "sencillas" decisiones
como por ejemplo, el escribir esta nota. Porque nunca sé a quiénes y a cuántos estoy afectando. Aunque de
algo estoy completamente seguro: a cada minuto de nuestras vidas, escribimos la historia.

Generación de vanguardia en marcha
Dante Gebel

Acerca de los cambios de esta nueva generación y de cómo los jóvenes se capacitan para conquistar distintas
áreas. Hace un tiempo oí una frase que decía: “Dale una hoja de papel blanco a un religioso y se quejará de
que no tiene nada que leer; dásela a un creativo y te agradecerá por proveerle material para trabajar”.

En los años pasados muchos jóvenes permitían que alguien les escriba todo en su hoja en blanco. No podían
soñar con algo nuevo, porque le sentían un aroma a herejía. He hablado con decenas de jóvenes que solo
concebían dos maneras de servir a Dios: predicando o tocando la música. Si no poseían oído musical o no
tenían la soltura para predicar ante la gente, se sentían excluidos del equipo, fuera de las grandes ligas.

Pero gracias a Dios, algo nuevo comenzó a darse en los últimos años en nuestra querida juventud cristiana.
Los viejos dogmas comenzaron a experimentar una reforma drástica, saludable. No hablo de una postura de
transgresión gratuita que hiere sensibilidades, sino una reforma basada en principios bíblicos y calibrada con
el corazón del Señor: las almas perdidas.

Muchos de nosotros, inconscientemente, vivíamos estancados en la época de los setenta, nos excusábamos
al afirmar que “Dios nunca cambia, y no tenemos que imitar al mundo”.

Decir que Dios nunca cambia es desconocer su estilo para crear cosas nuevas, y afirmar que no hay que
imitar al mundo es un contrasentido; todo cristiano medianamente inteligente sabe que Satanás es el imitador
en lugar de nosotros. En todo caso, tiene su reloj en hora, mientras el nuestro sufría un atraso demoledor.

Practicando en las inferiores
Hace unos dos años conocí a un pastor de jóvenes que no lograba el éxito que quería con su grupo juvenil. A
pesar de sus buenas intenciones, no tenía ascendencia entre los suyos. Estuvimos juntos tratando de
descubrir el problema. De pronto, se me ocurrió hacerle una pregunta: «¿Cuál es tu sueño? ¿A qué aspiras en
un futuro?» El joven me miró sorprendido como si hubiese hecho una pregunta demasiado obvia. «Quiero ser
pastor de una congregación. Quiero tener mi propia iglesia.»

Aunque la motivación no era mala, se había transformado en su problema. En lugar de concentrarse en ideas
novedosas para llegar al corazón de los jóvenes, tomaba esta etapa como un ensayo para su verdadera
vocación. El departamento juvenil, para él, solo significaba las ligas menores. Un lugar en el que pudiese
practicar para el verdadero ministerio. Y eso ahogaba su éxito actual.

El joven se vestía como su pastor, se dejaba los bigotes para parecer de más edad y realizaba los servicios
juveniles imitando al culto central dominical.

Cuando iba a la radio, en lugar de hablarle a la audiencia joven, se dirigía a los oídos del pastor, para que
«considere al gran predicador que se estaba gestando».

En lugar de enfocar su energía en los jóvenes, dirigía sus esfuerzos para ganarse un lugar en la iglesia
central. Dios no puede darle una unción especial para el trabajo actual, cuando mentalmente ya armó las
maletas para mudarse de llamado.

La tradición y el querer imitar lo que vio toda su vida, lo condujeron al fracaso inminente: el corto camino hacia
la tradición hueca. Llegará al pastorado, fundará su propia iglesia y creerá que ha logrado su máximo sueño,
cuando en realidad alguien le escribió su papel en blanco y le dijo, inconscientemente, lo que se suponía que
debía hacer.

La generación del nuevo siglo
Durante muchos años vivimos desfasados en el tiempo. Pero afortunadamente, hay una generación que se ha
dado cuenta que nuestros jóvenes tienen toda la información que deseen al instante, gracias a Internet.
El control remoto de la televisión es una extensión de sus extremidades nerviosas; si algo lo aburre, lo
cambiará al instante. El nuevo milenio arrasó con la sensibilidad de nuestros hijos. Y felizmente, muchos
jóvenes cristianos se están percatando de esos cambios y están obedeciendo al llamado de ponerse a la
altura de las circunstancias.

Esta nueva reforma no tiene que ver necesariamente con un show, un festival, un programa de radio o
televisión innovador, sino con un cambio drástico de nuestra manera de pensar, en el espíritu de nuestra
mente. Hay una generación entera que está cambiando sus odres mentales para que el vino nuevo pueda ser
habitáculo en su interior.

Hay cientos de maneras de servir a Dios y de utilizar a plenitud nuestro potencial. Algunos serán actores y
ganarán una estatuilla como «mejor película extranjera»; demostrarán que se puede hacer cine para toda la
familia. Otros ganarán la copa del mundo como los mejores jugadores de fútbol de la historia, sin apelar a
anabólicos ni a drogas estimulantes. Se están gestando productores de contenidos que aportarán nuevas
ideas a una televisión devaluada y sin ideas.
Están emergiendo excelentes políticos que administrarán los graneros del país, en lugar de tener que orar
para que los presidentes corruptos se arrepientan o regalarles Biblias para que las amontonen en algún
armario. En los próximos años, Dios nos regalará empresarios y gerentes de banco, que financiarán los
grandes proyectos evangelísticos.

Por eso hay toda una generación en preparación, que estudia y se capacita para la excelencia.

Un reformador sabe que el entrenamiento es vital y determinante. Siempre le digo a los jóvenes: cuando te
sorprendan las ganas de servir a Dios a «tiempo completo» y de «vivir por la fe», resiste y ponte a estudiar.
Capacítate. Trabaja duro, ve por el oro, por el primer lugar.

Una juventud de vanguardia
Para experimentar una verdadera reforma, necesitamos genuinos locutores de radio, excelentes conductores
y periodistas llenos de capacidad intelectual y unción, para que no tengamos programaciones mediocres o
hermanos que solo cuentan con buenas intenciones en su haber.

Necesitamos una manera de predicar envuelta en distintos formatos para televisión; de otro modo, solo
tendremos una televisión cristiana llena de predicadores que le hacen la tarea más fácil a los que quieren ver
el servicio desde la sala de su hogar.

Necesitamos, urgentemente, jóvenes que generen ideas, que disparen originalidad.
El endeudado, el pobre, el descorazonado, la mujer que se acaba de enterar que su marido le es infiel, el
joven que anoche intentó suicidarse, todos ellos estarán en nuestros servicios durante horas, harán lo que les
digamos, asentirán con su cabeza lo que apenas comprenden y aplaudirán todas las veces que se lo
pidamos.
Pero hay otro grupo de gente allá afuera. Gente que no nos entiende, aunque hagan un gran esfuerzo.
Empresarios, universitarios, intelectuales... gente con poco tiempo. Hombres que dependen de la cotización
de la bolsa de valores. Gente de celulares que no paran de sonar. Hombres de negocios que transitan su vida
sobre cheques posdatados. Críticos de los buenos espectáculos.

Gente que cree tenerlo todo: una esposa, dos hijos, una casa, dos autos, un perro y una amante para los fines
de semana. Ellos también necesitan a Cristo tanto como el drogadicto que anoche visitó el templo. Y gracias a
la provisión divina, se está levantando toda una generación de adolescentes y jovencitos con las armas y la
audacia necesaria para llegar a esos sectores tan singulares. Estamos a pocos pasos de ver en acción a la
generación del nuevo siglo.
Dante Gebel
A Dios ¿Lo mueve la necesidad?
Predicas de Dante Gebel
Es inútil que cuando trates de orar, te duelan las rodillas, o le digas que ya no soportas más, o que no
mereces vivir esta situación o que llores hasta que no te queden lágrimas.

A Dios lo mueve tu fe.

La nave de los discípulos parece que va a darse vuelta como una frágil cáscara de nuez. Las olas sobrepasan
el barco y el mar se ve más enfurecido que de costumbre. Los hombres tienen pánico, pero Jesús descansa
plácidamente en el camarote.

Uno de ellos, se harta de esperar que el Maestro deje de roncar. Y lo despierta de un sacudón.

-Maestro! No ves que perecemos? No te da un poco de lástima que nos estamos por ahogar? Cómo se te
ocurre dormir a bordo del Titanic? No podrías tener un poco de consideración con tus apóstoles?

Será mejor que los discípulos sepan, desde ya, que este día no figurará en ningún cuadro de honor. Esta no
será el tipo de historia con las que futuros evangelistas armarán sus mensajes. Si querían aparecer retratados
en la historia grande de los valientes de la fe, tengo que comunicarles que han errado el camino. De este
modo, no se llega a Dios.

No conmoverán al Maestro con un sacudón y gritos desaforados. La histeria no enorgullece al Señor. Puedo
asegurarles que Pedro, Juan y otros tantos querrán olvidarse de este episodio, y jamás le mencionarán a sus
nietos que esto ocurrió alguna vez.

Pese a lo que hayas creído todos estos años, la necesidad, insisto, no mueve la mano de Dios.

El Señor se levanta un tanto molesto. Este es su único momento para descansar en su atareada vida
ministerial. Y estos mismos hombres que presenciaron como resucitó muertos y sanó enfermos, lo despiertan
de un descanso reparador, por una simple tormenta en el mar. Se restriega los ojos, mientras trata de calmar
a quien lo acaba de despertar de un buen sueño profundo.

-No tengan miedo –dice, mientras bosteza.

El Señor sale del camarote y ordena a los vientos que enmudezcan. Y al mar que se calme.

Hombres de poca fe –dice, antes de regresar a la cama.

Uy.

Eso si que sonó feo.

No quisiera irme a dormir con esas últimas palabras del Señor acerca de mi persona.

Pensaron que les daría unas palabras de aliento. O que les diría que la próxima vez no esperen tanto para
despertarlo. Quizá que mencionaría que para el próximo viaje, se aseguren una mejor embarcación, o que
chequeen si hay suficientes botes salvavidas. Pero sólo les dijo que fallaron en la fe.

Alguno de ellos, cualquiera, debió haberse parado en la proa y decir:

-Viento! Mar! Enmudezcan en el nombre del Señor que está durmiendo y que necesita descansar!

Esa sí hubiese sido una buena historia. Los evangelistas hubiésemos aprovechado ese final para nuestros
mejores sermones.

Es que, sólo la fe es la que mueve la mano de Dios.


Dante Gebel
Adaptado de “Las arenas del alma” (Editorial Vida)