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Lacan - Marx
Introducción y perspectiva del
seminario !II "El env#s del psicoan$lisis%
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'ictado por 'iego (oppo
Lacan, Marx y una analogía
En la clase anterior habíamos llegado a la diferenciación de los discursos en términos de
aquellos que contaban con la función autor y aquellos que no contaban con ella. Esa era una
gran diferencia.
Bien, aceptamos entonces que hay algunos discursos que tienen este atributo y hay otros
que no lo tienen. Foucault se pregunta: ¿cómo se caracteria en nuestra cultura un discurso
portador de la función autor!
Foucault establece cuatro caracteres con los que cuentan los discursos que tienen la función
autor" no e#cluye que puedan ubicarse otros caracteres pero en principio son cuatro los que
él describe.
El primero de esos caracteres es el de la propiedad del discurso" de quién es el discurso.
Foucault dice que en determinado momento histórico, al poder se le plantea la necesidad de
que se pueda identificar al propietario del discurso, es decir, saber quién es su due$o.

%ice: &Los textos, los libros, los discursos, comenzaron realmente a tener autores...”, “...
en la medida en que el autor podía ser castigado...” y uno se pregunta ¿por qué debería
castigarse al autor! 'a respuesta es: “... en la medida en que los discursos podían ser
transgresivos”. ( sea que en este punto, a diferencia del “No importa quién habla” que
Foucault había planteado y tomado como referencia de )amuel Bec*ett en el inicio de la
+onferencia, ac, sí importa quién habla. -arece que para cierto elemento de poder, porque
quien pueda hacer este mo.imiento parecería ser alguien que tiene cierto poder, resultó
necesario por lo menos a partir de cierto momento, identificar al propietario de
determinados discursos que, ac, lo dice muy claro, fueran de alg/n modo transgresi.os. )i
el discurso no tu.iese la cualidad de ser transgresi.o pues entonces no se hubiese planteado
como necesidad ubicar al propietario.
Entonces, primer car,cter para identificar la función autor: la propiedad del discurso.
(tro car,cter: “Hubo un tiempo en que esos textos que ho llamaríamos literarios...!..."...
eran recibidos, puestos en circulaci#n, valorizados, sin que se planteara la cuesti#n de su
autor$ su anonimato no ocasionaba di%icultades...” ( sea, no se sabía de quién pro.enía la
escritura de esos te#tos, quién o quiénes eran los autores. +ontin/a: “... su antig&edad,
verdadera o supuesta, era su%iciente garantía para ellos. 'or el contrario los textos que
ahora llamaríamos cientí%icos...”, hasta ahí habló de los discursos literarios, ahora .a a
hablar del discurso científico. “...que se aplicaban a la cosmología al cielo, a la medicina
a las en%ermedades, a las ciencias naturales o a la geogra%ía, no eran recibidos en la
(dad )edia, s#lo llevaban un valor de verdad si estaban marcados con el nombre de su
autor0. -or e1emplo, “Hip#crates di*o, 'linio cuenta...0 tal cosa

)in embargo, &(n el siglo +,-- o en el +,--- se produ*o un quiasmo$...” )e produce un
.ira1e, una transformación: “.los discursos cientí%icos comenzaron a ser recibidos por
ellos mismos, en el anonimato de una verdad establecida siempre nuevamente
demostrable$ est/n garantizados por su pertenencia a un con*unto sistem/tico, no por la
re%erencia al individuo que los ha producido”.
Entonces, en el siglo 2344 o 23444 la relación a la .erdad no est, dada por el autor como
puede ser por e1emplo &5ipócrates0, sino por en este caso &la medicina0.
6lumno: 7na comunidad.
+oppo: 7na comunidad. %ice “La %unci#n autor se borra, el nombre del inventor s#lo
sirve a lo sumo para bautizar un teorema, una proposici#n.”, “. un con*unto de
elementos, un síndrome patol#gico”. El nombre propio 8de un indi.iduo9 que hasta ese
quiasmo garantiaba de alguna manera la .erdad del discurso es a partir de ese momento
suplantado.
-arece haberse producido en ese preciso momento histórico una despersonaliación, en el
sentido de que ya no importa tanto la persona sino el campo al que pertenece un discurso
cuya autoría puede ser referida a una esfera m,s amplia y para nada cernida al cuerpo de un
indi.iduo. 6hora la autoría parece haberse ligado a un cuerpo o un campo de discurso, lo
que suele entenderse por: una disciplina 8la medicina, la psiquiatría, etc.9.
:odo esto ocurre fundamentalmente en el discurso científico. ;o parece pasar lo mismo en
el discurso literario.
3emos como Foucault .a delineando tipos de discurso; est, el literario <por un lado= y el
científico <por el otro=. ;o podemos acceder con claridad <al menos en esta +onferencia= a
los criterios con los que .a realiando esta separación de discursos, pero lo que sí est,
e#presamente definido es que para él hay distintos tipos de discurso.
6lumna: >o, de1,ndome lle.ar por una especie de atre.imiento, hago un paralelo con lo
que ocurrió, de manera progresi.a, en el campo de las relaciones de producción. En
determinado momento el artesano ponía la firma en su obra, en su producto. Eso, a partir de
la industrialiación se pierde" se pierde el nombre del productor, del autor. )iguiendo con
este paralelismo, el sistema capitalista <por las mismas características de su modo de
producir=, .a imponiendo el borramiento de los nombres de los productores.
+oppo: Ese paralelismo que .os se$al,s coincide perfectamente con lo que se$ala Foucault
en tanto él marca al )iglo 234 como el del nacimiento del capitalismo" si bien entre los
historiadores no e#iste una fecha e#acta en la que coincidan para ubicar ese acontecimiento.
Est, claro que ese siglo es fundamental para situar el momento en el cual se colocaron las
bases para el desarrollo del modo de producción capitalista con su ?e.olución 4ndustrial.
7na obser.ación m,s respecto de este punto" es .erdad que los artesanos quedan perdidos
en tanto autores, en la producción de sus ob1etos" es .erdad que los productos también
de1an de ser producidos de manera general por artesanos y son producidos por f,bricas. )in
embargo <y continuando con el atre.imiento que recién mencionabas= todos esos ob1etos
quedan se$alados por marcas. 'os ob1etos llegan al mercado a partir de la producción
mercantil habiendo las marcas reemplaado a los nombres propios que denotaban a la
persona que los había producido, es decir, a sus autores. 6 partir de ese momento son las
empresas, esa forma 1urídica ba1o la cual se generalia la producción, las que de1an
impresas en los ob1etos, los productos =m,s específicamente las mercancías=, las marcas.
6lumno: E#isten algunos casos en los que ese proceso puede comprobarse bastante
f,cilmente. 'a marca de autos &Ford0 tomó su nombre del nombre propio de su fundador:
5enry Ford. ¿'a palabra &Ford0 utiliada para la denominación de una marca no
constituiría una contrariedad con la idea que estamos mane1ando en cuanto al reemplao de
los nombres de los artesanos por las marcas de las f,bricas!
+oppo: ;o lo .eo como una contrariedad. @,s bien todo lo contrario. -uede que el e1emplo
de &Ford0 sea un modelo de la transición que lle.ó de un lugar a otro el problema del autor.
5ay otros casos con las mismas características" recordemos los pantalones &'e.ys0, los
automó.iles &Ferrari0 y otros tantos casos. 6hora bien, otro e1emplo que habla de un
&borramiento0 del nombre del productor en tanto autor: el surgimiento de la forma 1urídica
que las empresa adoptaron con las llamadas &sociedades anónimas0.
6l segundo car,cter con el que cuentan los discursos que tienen la función autor lo
llamaremos entonces el de la despersonalización del nombre de autor. Esa
despersonaliación no significa que se haya borrado la necesidad de una referencia que dé
cierta fiabilidad al discurso, simplemente que ese lugar no necesariamente estar, ocupado
ahora por un nombre propio.
+omencemos con el tercer car,cter que tiene la función autor. 'a función autor “... no se
%orma espont/neamente como la atribuci#n de un discurso a un individuo. (s el resultado
de una operaci#n comple*a que construe cierto ser de raz#n que se llama autor0. Este ser
de raón es algo que se llama &autor0 y que parece no ser algo espont,neo, sino un con1unto
de operaciones que traba1a, opera, con los discursos.
)e define por una serie de operaciones específicas y comple1as: la de partición de los
discursos, la de separación, la de puesta en relación de unos con otros. +ontin/a: “0odas
esas operaciones varían seg1n las épocas seg1n los tipos del discurso”. (tra .e .uel.e a
dar por sentado que no hay &un0 discurso. %ice: &No se construe un ”autor %ilos#%ico”
como se construe un “poeta””, parecería ser otro modo. & ... en el siglo +,---...” a tra.és
de la referencia histórica dice “...no se construía el autor de una obra novelesca tal como
ho se lo hace. 2in embargo, se puede encontrar a través del tiempo cierta invariante en
las reglas de construcci#n del autor”. ;o he podido localiar claramente en el te#to de la
conferencia cu,les son esas in.ariantes. ;o obstante, sí ha quedado claro que no se trata de
una asignación espont,nea.
+omo la atribución de un discurso a su productor no es espont,nea quiere decir entonces
que en el tercer car,cter de la función autor se incluye un agente que debe inter.enir y
realiar la asignación del atributo &autor0 al discurso, por lo tanto ese agente pasa también a
ser autor.
El cuarto caracter. )e los leo tal como él lo enuncia" la función autor “... no remite pura
simplemente a un individuo real...”. El sentido com/n diría que frente a la pregunta
&¿Auién es el autor!0, una respuesta esperable sería, por e1emplo: Buan. Bueno, ac, dice
que no, que no remite pura y simplemente a un indi.iduo real. +ontin/a: “... ella puede dar
lugar simult/neamente a muchos egos...”, a muchos oes podríamos decir nosotros o
=aunque no sea una e#presión utiliada habitualmente= os.
-uedo suponer que les ocurrió alguna .e, en ocasión de tener que redactar un te#to, que
sur1a la pregunta sobre la elección de los pronombres personales a utiliar: ¿qué uso! ¿&yo0
o &nosotros0! ¿En qué persona o indi.iduo haré recaer la función del locutor!
Es bastante frecuente que encontremos en un te#to e#presiones del tipo “Nosotros
pensamos...0. +abría entonces la pregunta: ¿+u,ntos son 8los que escriben9! )iendo el caso
de que el autor de ese te#to sea una sola persona sucede que el &uno0 se reemplaa, toma la
forma del &nosotros0.
4nclusi.e hay obras donde uno .e que aparecen intercambiados esos pronombres personales
y de ese modo se hace difícil seguir a quién es el que habla. 'o mismo pasa, por e1emplo,
con ciertos te#tos en los que habla el redactor directamente y otros te#tos en los que el
redactor hace hablar al protagonista de la obra. +ada tanto el redactor se mete en la obra y
opina en su propio nombre.
-articularmente este cuarto caracter es muy freudiano ya que si recordamos el título del
te#to &La escisi#n del 3o en el mecanismo de de%ensa0, constataremos la descripción que
allí se describe, en tanto hay una partición de ese con1unto de representaciones que
constituyen el >o" éste es tironeado por distintas instancias que lo complican, le sacan ese
car,cter de unicidad que lo haría hablar coherentemente, que lo conformarían en un locutor
incapa de perderse entre otros locutores.
Entonces, para resumir este cuarto car,cter, decimos que la función=autor “puede dar lugar
a muchos egos, a muchas posiciones4su*etos que di%erentes clases de individuos pueden
llegar a ocupar”
Los instauradores de discurso
:odo este desarrollo que realia Foucault en el que la persona real del autor es suplantada
por un intento de localiación de la función=autor en lo que yo he llamado una
despersonaliación, desemboca, a lo largo del desarrollo de la +onferencia, en la ubicación
de ciertos autores que parecen sí haber tenido cierta entidad, y al mismo tiempo influencia,
sobre los discursos y que han hecho operaciones con ellos. Cl los nombra primero, como
autores transdiscursi.os y menciona a “... Homero, 5rist#teles, o los 'adres de la
-glesia...”.
-ero después, y nue.amente siguiendo con la importancia dada a la periodiación histórica,
dice que en el siglo 242 &... se vieron aparecer en (uropa algunos autores bastante
singulares que no se podrían con%undir ni con los grandes autores literarios, ni con los
autores de textos religiosos can#nicos, ni con los %undadores de ciencias. Llamémosles de
%orma un poco arbitraria, %undadores de discursividad.”. )e refiere e#presamente a @ar#
y a Freud no como los /nicos pero sí como “... los primeros los m/s importantes.
En una continuidad transferencial, pr,cticamente un a$o después de esta +onferencia <el DD
de febrero de DEFG= 'acan recorta a Freud y a @ar# del con1unto de todos los autores para
designarlos como aquellos dos a quienes si se intenta contradecirles “...siempre se puede
patinar, se patina %/cilmente se acaba diciendo tonterías. 6esbaratan el discurso de
quienes pretenden meterse con ellos”
7
.
3ol.amos ahora a Foucault8 “La particularidad de estos autores es que no s#lo son los
autores de sus obras...” 8cosa que .erdaderamente son9, “... de sus libros0, sino que “...
Han producido algo m/s8 la posibilidad la regla de %ormaci#n de otros...” discursos.
%ice Foucault: &9reud no es simplemente el autor de la -nterpretaci#n de los sue:os...” y
@ar# tampoco lo es, solamente del @anifiesto +omunista o de El +apital “... ellos
establecieron una posibilidad inde%inida de discurso”.
+ontinuando con los atre.imientos a los que hoy hemos comenado a darles lugar, .oy a
tomar en este punto la responsabilidad de mi atre.imiento.
3oy a presentarles la analogía que, entre @ar# y FreudH'acan .iene ocup,ndome desde
hace bastante tiempo. 'a analogía de la que les hablaré es la dada entre la relación entre el
su1eto y la mercancía 8@ar#9 con la relación entre el su1eto y el significante 8FreudH'acan9.
'a presentación de esta analogía .a a acercarnos de manera bastante directa a nuestro
problema central que es el de los cuatro discursos lacanianos.
6ntes de tomar de a una a ambas relaciones 8la del su1eto y la mecancía y la de la relación
del su1eto y el significante9 establecamos qué entendemos por analogía. -ara ello me
basaré en el artículo de Ierardo 6renas &6pología de la analogía0 publicado en El +aldero
D
'acan, Bacques. )eminario DF &El re.erso del psicoan,lisis0. Ed. -aidos" p,gina FJ.
de la Escuela 8E('9 en octubre de DEEE. 7na analogía es un modo de pensamiento que
tiene por ob1eti.o el deslinde o despe1amiento de una estructura a tra.és de un proceso de
formaliación. 'a formaliación tiene por ob1eti.o separar el con1unto de elementos y sus
relaciones de su estructura. Esa separación entre la estructura y el con1unto ser, de suma
utilidad epistemológica si la primera puede ser aplicada a otro con1unto. )e dir, entonces
que entre esos dos con1untos e#iste una identidad de estructuras.
3eamos entonces el primer con1unto, el conformado por el su1eto y el significante unidos
entre ellos por la relación de representación 8del segundo respecto del primero9.
Freud ad.irtió bastante tempranamente que el su1eto no podía hacerse representar
uní.ocamente por una representación o por lo que luego 'acan llamó significante. Freud
tu.o la gran capacidad de notar que el su1eto no se podía hacer representar con o por una
representación sin m,s, es decir, sin que inter.enga otra representación que se encontrara
en relación con la primera. %e aquí de.ino el nacimiento de las para ese entonces
denominadas neuropsicosis de defensa. ¿+u,l fue el fundamento freudiano para
conceptualiar la represión! Aue había una representación, o algunas representaciones que
eran inconciliables con las representaciones del >o. El >o es un con1unto de
representaciones. @e atre.o a decirlo: el >o es un discurso" es un con1unto de
representaciones que son consistentes entre ellas mismas. +uando digo que son consistentes
entre sí lo hago en el estricto sentido lógico, esto es que no entran en contradicción entre
ellas" ninguna. Ba1o esta perspecti.a el >o conforma un sistema en el que rige una de las
tres leyes b,sicas del pensamiento, me refiero al -rincipio de ;o +ontradicción.
?ecordemos que este -rincipio es acompa$ado por el -rincipio de 4dentidad y por el
-rincipio de :ercero E#cluido.
¿Aué dice el de ;o +ontradicción! %ice que ning/n enunciado puede ser .erdadero y
falso
K
. 'a lógica no asignaría e#actitud al siguiente enunciado: &'lue.e y no llue.e0. El
enunciado &'lue.e y no llue.e0 es ine#acto en tanto se .ulnera el -rincipio en el que nos
estamos centrando. El hecho de que dentro de una misma e#presión e#istan proposiciones
como mínimo una .erdadera y una falsa, hace que de manera global, entendida de forma
unitaria, la e#presión sea ine#acta, pierde su posibilidad de ser consistente, es decir, no
contradictoria.
En el caso del concepto de represión el problema es cuando hay una representación que es
inconsistente con todas las dem,s o aunque m,s no sea con al menos una de todas esas,
cuando una es entonces, lo que Freud llama: inconciliable. El hecho de que e#ista una
inconciliable es lo que nos marca que hay, adem,s de aquella con la cual el su1eto se
.incula, otra. Esto es lo que ya di1e que ad.irtió Freud. Este problema toma toda su
rele.ancia en el te#to de Freud en el que compara las par,lisis org,nicas con las no
org,nicas. 'o que dice Freud ahí es que el cuerpo se paralia en función de
representaciones y que son representaciones determinadas. )u determinación de.iene de su
inconciliabilidad. Cl dice que el lengua1e entrega una idea .ulgar del cuerpo o de una parte
del cuerpo, por e1emplo &brao0, pero esa idea .ulgar de &brao0, no responde a la
anatomía del brao en el cuerpo. ?esultado: hay una escisión.
K
+opi, 4r.ing. &4ntroducción a la lógica0. Ed. Eudeba" DEFE" 8-rimera edición en inglés: DEJL9" p,g. LKD.
'a propiedad de .ulgaridad del lengua1e nos est, diciendo que 1unto a él hay otro lengua1e"
es decir, la escisión del >o es de lengua1e" pues entonces la escisión es directamente de
lengua1e. 6quí y así arribamos a la escisión de discursos aunque a/n no hemos determinado
en lo m,s mínimo cu,l ser, la cualidad o la característica de cada lengua1e o de cada
discurso. -ero que no tengamos determinado qué es lo distinti.o de cada uno de ellos no
quita la rele.ancia que tiene el hecho de que ya es imposible sostener al lengua1e como
/nico o al discurso como /nico.
3eamos ahora el segundo con1unto, el conformado por el su1eto y la mercancía, unidos
entre ellos 8al igual que el primer con1unto9 por la relación de representación 8de la segundo
respecto del primero9.
7stedes saben que hasta @ar#, la economía política tu.o un desarrollo .inculado al
nacimiento del mercantilismo, lo que se llamó la Escuela @ercantilista" esa escuela después
deri.ó en lo que se conoce como la economía cl,sica cuyos representantes m,s destacados
fueron 6. )mith y %. ?icardo. Ellos fueron aquellos autores que @ar# criticó <
e#poniéndoles= y pudo superar. @ar# parte de esa superación de la economía cl,sica, sobre
todo de ?icardo y de la crítica que le hiciera a éste respecto de la teoría del .alor.
?icardo disponía ya de su teoría del .alor" sabía lo que determinaba el .alor de los
productos. -uede incluso decirse que desde -etty ya e#istía una teoría del .alor. ?icardo
había descubierto que las cosas .alían por el tiempo que promedial y socialmente había
lle.ado el fabricarlas" lo que después se llamó el tiempo de traba1o socialmente necesario.
;o perdamos de .ista el lugar com/n que ocupan en los dos con1untos de nuestra analogía
el significante y la mercancía. 6mbos cumplen la función representar al su1eto: el primero
frente a otro significante" el segundo frente a otra mercancía en el mercado.
-artimos del a#ioma de que en abstracto una cosa <mercancía= que contiene traba1o, .ale.
)e$alando que una cosa tiene .alor nos encontramos en el ni.el cualitati.o del an,lisis"
continuando, decimos que tiene un .alor y con esto se$alamos analíticamente que el .alor
que tiene puede especificarse cuantitati.amente. ?etrocedamos ahora un paso y
preguntémonos: ¿Aué es el .alor! Es el traba1o, el .alor de una cosa es el tiempo de traba1o
que socialmente implicó hacerla. 'a sustancia del .alor es el traba1o. 6dem,s, el traba1o <
aspecto cualitati.o= es un traba1o, una cantidad de traba1o coagulado en el .alor de la
mercancía <aspecto cuantitati.o=.
6lumno: Aue contenga traba1o ¿es lo que permite su circulación!
+oppo: ;o. El traba1o que est, metido en la cosa, no lo hace per se, capa de circular. En el
an,lisis de la producción capitalista @ar# diferencia dos instancias: la de la producción y la
de la circulación. -or ahora nosotros nos estamos mane1ando teóricamente dentro del
primero de esos espacios.
En tal sentido, yo puedo perfectamente en mi casa cocinar un plato de comida que de
ning/n modo est, en mi moti.ación su circulación. Es indudable que tal tarea de cocinar
conlle.ar, cierto traba1o que no est, destinado al intercambio sino a mi propio consumo.
'as cosas tienen .alor, pero no necesariamente tienen que ser intercambiadas. 'a cuestión
que me interesa se$alar a los fines de completar mi analogía es la de la relación de valor
de que debe establecerse en el intercambio entre mercancías 8en el mercado9.
)ucede que el .alor de una cosa no puede ser e#presado por ella misma. 'a raón es muy
sencilla y es por lo que en la retórica se llama una tautología. >o no puedo decir cu,nto
.ale por e1emplo una .ali1a, en términos de sí misma. +uando compré esta .ali1a, pregunté
lo que suele preguntarse en estos casos: &¿+u,nto .ale 8esta .ali1a9!0. Auiero destacar que
por el mismo hecho de preguntar cu,nto .ale una cosa determinada es que queda también
determinado que su .alor sólo podr, ser e#presado ba1o la forma de otra cosa. En el caso
de lo que m,s tarde terminó siendo mi .ali1a el .endedor .ió condicionada la respuesta a mi
pregunta en términos de tener que e#presar el precio de la .ali1a no en sus propios términos
sino <para el caso= en términos de &pesos0 <aspecto cualitati.o= , m,s específica y
completamente me di1o: &3ale MG pesos0, es decir, ane#ó también el aspecto cuantitati.o.
6lumno: 'a .ali1a fue puesta en relación con un equi.alente y precisamente con el
equi.alente general: el dinero 8para este caso, el signo monetario &pesos09. 'a .ali1a fue
igualada en uno de sus aspectos 8el del traba1o en general y el del traba1o en particular
contenido en ella9 con el con1unto total de las mercancías y en tanto que fue igualada puede
ser comparada. ?ecién ahora la podemos comparar, es decir, podemos preguntarnos
&cu,nto .ale0 la .ali1a y también preguntarnos cu,nto .ale un tractor, cu,nto .ale una tia
o, finalmente cu,nto .ale cada uno de las mercancías que se encuentran disponibles en el
mercado. -or el lado cualitati.o de la mercancía accedemos a su lado cuantitati.o. -or su
igualación en cuanto mercancía con todas las que ella no es, accedemos a la posibilidad de
conocer cu,nto del total ella es, cuanto del total de traba1o social general abstracto la .ali1a
contiene.
+oppo: Est, muy bien, pero quería ser m,s primario en el an,lisis. ;o se apuren. Auiero ser
bien elemental en esto porque sino luego no se entiende. 'o que quiero remarcar es que si
yo le pregunto al .endedor &¿+u,nto .ale esta .ali1a!0, él puede contestarme correctamente
desde el punto de .ista lógico: &'o que .ale esta .ali1a, es lo que .ale esta .ali1a0. )u
respuesta es una tautología y por ello no se hace posible el intercambio en tanto si bien se
responde correctamente no se obtiene la información que haga posible el intercambio. )i el
.endedor no 8me9 refierese la .ali1a a otra cosa que no sea la .ali1a no se la podría comprar,
dado que sólo puedo hacerlo con otra entidad que no sea ella 8la .ali1a9. En el caso de una
economía plenamente desarrollada puede hacerlo con el dinero" pero a/n en el caso de una
economía menos desarrollada, por e1emplo, una economía de trueque podría comprar la
.ali1a con alg/n ob1eto de mi propiedad y respecto del cual yo me encontrase dispuesto a
cederlo.
'a .ali1a < en tanto mercancía= tiene que tener relación con otra, con otro .alor.
6lumno: 'a mercancía tiene que estar &en relación a0.
+oppo: :iene que estar en relación a otra mercancía a tal punto que toda mercancía no sólo
tiene que estar sino que est, en relación a otra, de modo tal que el cambio por otra le sea
posible.
:odo partió de mi se$alamiento respecto del punto de intersección entre Foucault 8KKHKHNE9
y 'acan 8DDHKHFG9, cuando ambos coinciden en destacar a las figuras de @ar# y de Freud en
cuanto autores. 'a identidad de función de los dos /ltimos <que no es coincidencia=
puntualiada por los dos primeros, est, dada en la superación que ambos han alcanado al
poner aquello que ellos est,n estudiando, en relación con otra cosa.
En el caso de @ar#, estudiando el .alor de la mercancía coloca en relación al el .alor de
ésta con el de otra mercancía, agregando entonces un nue.o concepto: el de forma de .alor.
@ar#: @=======@O
En el caso de Freud, estudiando la representación coloca en relación a ella otra
representación.
Freud : ?=======?O
%e esta analogía y agregando 8seg/n nos lo permite el concepto de identidad de estructura9
un con1unto m,s a nuestro desarrollo, podemos armar lo que es el piso superior de la
estructura que 'acan utilió para formaliar uno de los discursos: el del 6mo.
)D ============= )K
?icardo no había puesto al .alor en relación a ninguna otra cosa. El había sí determinado
que la mercancía contenía traba1o y que su e#presión era el .alor, pero a éste no lo había
puesto en relación con el .alor de ninguna otra mercancía" no había descubierto lo que sí
descubrió @ar# que fue la forma del valor. Esto marca la superación de @ar# respecto de
?icardo dado que el .alor ya no ser, solamente lo que se deri.a del traba1o sino que
adem,s el .alor ser, aquel componente que 1unto con su e#presión, con su forma, es decir,
la relación toda har, posible la deri.ación que encadenadamente lle.ar, de la mercancía al
dinero y de éste al capital. Es por este hecho que el capital no es un ob1eto sino una
relación.
3ayamos entonces reteniendo cómo se identifican las estructuras dadas por los con1untos
miembros de la analogía a lo que después .a a ser el formato mínimo que plantea 'acan en
la parte superior de la estructura de los cuatro discursos, parte que se encuentra compuesta
por dos elementos puestos en relación. ?etomaremos esto cuando analicemos la clase del
DL de no.iembre de DENM correspondiente al )eminario DN.
'eo de la +onferencia lo que me parece que es ordenador cuando en la p,gina DGL,
Foucault .a concluyendo y dice: “Lamento mucho no haber podido aportar al debate que
va tener lugar ahora, ninguna proposici#n positiva, a lo sumo direcciones para un traba*o
posible, caminos de an/lisis. 2eme*ante an/lisis, de ser desarrollado, quiz/s permitiría
introducir a una tipología de los discursos. )e parece en e%ecto que tal tipología no
podría hacerse solamente a partir de los caracteres gramaticales de los discursos, de sus
estructuras %ormales, o incluso de sus ob*etos. 2in duda existen propiedades o relaciones
propiamente discursivas es a ellas, que es preciso dirigirse para distinguir las grandes
categorías de discurso”.
;o est, claro por lo menos para mí qué son las &'ropiedades o relaciones propiamente
discursivas0. -ero a &las propiedades propiamente discursi.as0 o a &las relaciones
propiamente discursi.as0 las interpreto desde un an,lisis del lengua1e que no apunte
e#clusi.amente al campo de las referencias, es decir, al campo de los ob1etos del mundo,
entendiendo a la noción de &ob1eto0 en su sentido m,s pobre. ;ue.amente retornamos a la
idea de despersonaliación del discurso.
6grega: “;reo por otra parte que se podría encontrar allí una introducci#n al an/lisis
hist#rico de los discursos....”. > otra idea fundamental8 los discursos se articulan con
relaciones sociales. Aue los discursos puedan ser ob1eto de un an,lisis histórico implica
que ellos .arían en el tiempo. %el mismo modo, el estudio histórico de las relaciones
sociales es el que ha demostrado también su .ariabilidad teniendo también @ar# en este
punto un lugar importante con su obra &Formaciones económicas precapitalistas0
'acan, a lo largo del seminario DF es e#plícito en cuanto a la referencia a la historia y su
incidencia respecto de los discursos. -or e1emplo, 'acan ad1udica a “un hecho,
determinado por razones hist#ricas” que en la presentación de los cuatro discursos él haya
comenado por el discurso del amo. @,s adelante introduciré mi interpretación respecto de
este problema. @,s adelante, cuando .eamos concretamente las clases que he seleccionado
de ese seminario .amos a se$alar las citas respecti.as.
6parece luego la pregunta en la que directamente se pone en relación al su1eto con los
discursos8”<c#mo, seg1n qué condiciones ba*o qué %ormas algo como un su*eto puede
aparecer en el orden de los discursos=”. 6c, retornamos al problema que ya hemos
mencionado. %eba1o de la barra hay un su1eto que pugna, podríamos decir, por e#presarse
L
.
)D
) 8barrado9
4dealmente el su1eto podría e#presarse con la palabra 1usta. -ero la e#periencia analítica nos
dice que si puede entenderse en alg/n sentido que la palabra de la histérica es 1usta sólo lo
es no con la anatomía del cuerpo como referencia sino por un segmento de lengua1e que
toma el lugar de lo que para la medicina era la lesión.
%ecimos que la histérica se e#presa con el cuerpo siempre y cuando establecamos la
suposición de que lo que le pasa en el cuerpo a la histérica es una e#presión de algo. Freud
L
'a propiedad de e#presión del significante es mencionada con todas las letras por 'acan en el )eminario J
&'as formaciones del inconciente0, sesión del F de mayo de DEJM.
hace esa suposición" no tiene por qué suponerse que la histérica e#presa algo, ni tampoco
que lo e#presado lo es a tra.és de su cuerpo. Freud hace esa suposición y por lo tanto hay
un su1eto supuesto, hay un su1eto supuesto al que le suponemos un deseo. 6hora dice: si así
fuera, si fuera efecti.amente el caso de que haya un su1eto, la pregunta sería: ¿qué lugar
puede ocupar en cada tipo de discurso, este su1eto! ¿Aué funciones puede e1ercer y
obedeciendo a qué reglas! ( sea, ya se .a formateando nuestro lugar de llegada en la
e#posición: la estructura de los discursos.
)D =========== )K
) 8barrado9
)i bien tenemos la antesala del lugar teórico al que fuimos acerc,ndonos, a/n no sabemos
nada del funcionamiento de esta estructura. ;os hemos acercado a identificar a algunos de
sus elementos componentes pero no hemos tratado toda.ía cómo se .incula el su1eto con
las representaciones, con los significantes. ?etomando la analogía que les he presentado,
sabemos desde @ar# que la relación dada entre el su1eto y los ob1etos que produce, posee
una naturalea de car,cter fetichista, es decir, que el ob1eto introduce al su1eto en un
determina orden de discurso: el de la mercancía.
'o que le pasa al su1eto cuando produce los ob1etos e#clusi.amente ba1o el modo de
producción capitalista es que si bien él conduce, dirige y hasta planifica el proceso de
producción, lo hace sólo 8y por eso9 limitadamente en la esfera pri.ada" m,s, cuando ese
proceso de producción adquiere su car,cter social <no pri.ado= al momento de darse el
proceso de intercambio, se traspolan todas las funciones que he mencionado anteriormente:
son los ob1etos producidos los que ahora conducen, dirigen el accionar del su1eto. 'as
mercancías conducen al su1eto porque, en definiti.a su accionar se encuentra determinado
por el mercado, ya que ese es el lugar en el que ella puede e.entualmente realiarse.
( sea, el su1eto puede planificar en su taller y de hecho lo hace, pero lo que no puede
planificar es la realiación del .alor de su producto, dependiendo ella de si luego la
mercancía encuentra o no comprador" de ahí a la desesperación como uno de los destinos
posibles del su1eto sólo hay un paso y me atre.o a decir en lugar de &desesperación0,
&descomposición fantasm,tica0.
Es .erdad que se puede ser el propietario 1urídico de determinado bien pero qué sucede si
ese bien no encuentra su realiación en el intercambio" lo que ocurre en ese caso es que ese
bien sólo puede serlo de consumo pero nunca podr, .aloriarse a sí mismo, es decir, nunca
podr, ser capital.
6sí como ocurre con el encuentro entre dos significantes, el de una mercancía con otra
introduce siempre una tensión. )e introduce una cierta conflicti.idad en el hecho de
entrarse en contacto con lo otro en aquello que se suponía que no era relacional.
'o que hacen @ar# y Freíd en tanto instauradores del discurso es se$alar que hay una cierta
conflicti.idad cuando estas cosas, insisto, que se suponían no relacionales, e.identemente
tienen con qué relacionarse y est,n relacionadas de una forma inmanente, como sería por
e1emplo el caso de las mercancías o de los ob1etos que hasta que no llegan a conectarse con
otros, no son mercancías. Fí1ense hasta qué punto las transforma el hecho de entrar en
contacto con otras" hasta el momento en que solamente son cosas producto del traba1o son
solamente eso: cosas producto del traba1o" las puedo consumir como productor. -ero el
problema es que si yo quiero, o me1or dicho, si yo necesito, conseguir una cosa que yo no
produco, tengo que dirigirme necesariamente a otra persona que disponga de ella, de ese
producto que esa persona produ1o. 'uego, ofrecerle que .oluntariamente acepte
intercambiar la de él por la mía. Eso introduce una tensión dado que no estoy seguro de que
él .a a querer lo que yo le ofreco, ni tampoco él est, seguro de que yo .oy a querer pactar
con él.
6/n, luego de manifestadas ambas .oluntades de cambio, permanece la tensión en tanto
resta determinar en qué cantidad de cada producto, o sea, en qué proporción se efecti.iar,
e.entualmente el cambio.
3ol.amos ahora a la +onferencia de Foucault y busquemos en el final la palabra de 'acan.
En primer lugar saluda a Foucault rei.indicando que este /ltimo regrese a lo que él había
planteado ya en la década del PJG con aquel luego famoso &retorno a Freud0. )eg/n
Foucault el &retorno a0 es una necesidad también inmanente de los discursos que fueron
instaurados.
)obre la instauración de esos discursos Foucault dice que se produce un ol.ido sistem,tico.
5ay una tendencia que act/a sobre esos discursos que los empu1a hacia el ol.ido. @i
pregunta es: ¿por qué se produce este ol.ido! -orque hay representaciones que son
inconciliables en y con el sistema del >o. )ucede que las condiciones para la
inconciabilidad no se mantienen est,ticas sino que ellas .an cambiando de acuerdo a
diferentes momentos. Es por eso que los discursos tienen una relación con la historia.
+ada discurso tiende a estabiliarse en ,mbitos donde ri1a la consistencia lógica.
)in embargo, la aparición de discursos que conmue.en esa consistencia, trastocan las bases
de los discursos planteados hasta ese momento, produciéndose el efecto de ol.ido que
menciona Foucault, al que llama e#actamente: “olvido esencial constitutivo”.
El &retorno a0 es la operación in.ersa de &el ol.ido de0 el &acto de instauración0.
¿-or qué aparece esa necesidad de retornar a ese punto en el que se produ1o el ol.ido! (
m,s bien, el hecho de &retornar a0 podría ser la otra cara, el re.erso de la tendencia a
ol.idar" hay en el campo de los discursos una modificación tal que una .e que la
instauración de ese discurso nue.o se produ1o, ya no se la puede cancelar. 6 lo sumo se la
puede ol.idar, pero no se la puede cancelar. 6l modo en que Freud e#plicaba la din,mica
del afecto, una .e aparecido no se lo puede hacer cesar, de1a su huella. Foucault dice que
hay que hacer una operación de le.antamiento del ol.ido. 7sa te#tualmente la palabra
levantamiento y esa palabra también es muy freudiana" hay que levantar el ol.ido, y por
eso se encuentra concatenado el retorno que plantea 'acan respecto de Freud.
6lgo de este tenor plantea el profesor -ablo 'e.ín, profesor de historia del pensamiento
económico en la Facultad de +iencias Económicas de la 7B6 en su libro &El +apital
:ecnológico0 =premiado con el -remio ;acional de Economía=, libro que refle1a su tesis
planteada hace ya m,s de DJ a$os.
Esa tesis y el libro de.enido de ella se encuadra de manera e#plícita en el retorno a @ar#.
-orque él dice que el mar#ismo, con el estalinismo, cayó si bien no en el ol.ido si en la
per.ersión de su tergi.ersación. Ese punto es coincidente con el del ol.ido y es por eso que
'e.in propone retornar en ese mismo punto a @ar#.
El stalinismo parece haber sido aquello que en.ió al ol.ido la instauración del discurso
realiada por @ar#. 'e.in plantea que debe ser retomada la .ía abierta por @ar#, y hacer la
crítica del mar#ismo desde el mar#ismo. Es eso lo que él hace.
'es decía ... 'acan inter.iene en la +onferencia de Foucault di.idiendo él mismo su
locución en tres puntos.
7no, al que acabo de aludir, es el del &retorno a0.
El segundo dice: “...quisiera hacerles observar que, estructuralismo o no,...” discusión en
la que parece no querer entrar, contin/a: “...me parece que en ninguna parte se trata en el
campo vagamente determinado por esta etiqueta del estructuralismo, de la negaci#n del
su*eto. 2e trata de la dependencia del su*eto, lo que es mu di%erente,...”. Es muy diferente
decir que el su1eto ha desaparecido de decir que el su1eto depende de algo. > agrega mas,
porque dice que “...mu particularmente en el nivel del retorno a 9reud...” se trata “... de
la dependencia del su*eto en relaci#n con algo verdaderamente elemental, que hemos
intentado aislar ba*o el término de “signi%icante”.
6quí se reforaría mi argumento a fa.or de la e#istencia de la analogía mencionada
anteriormente., ya que la relación entre su1eto y significante como así también la del su1eto
y la mercancía, no sólo es de representación <de los segundos respecto de los primeros=
sino también de dependencia < en el mismo sentido=.
'acan se$ala esta dependencia o esta subsunción del su1eto respecto al significante. Es por
eso que luego en la fórmula del discurso del 6mo esta subsunción aparece formaliada de
esta forma:
)D
) 8barrado9
6lumno: )e podría pensar que si el planteo lacaniano liga el su1eto al significante y
Foucault liga el su1eto al discurso, el primero puede perfectamente ser tomado por una
reducción del segundo.
+oppo: ;o me animaría por el momento a decir que uno es la reducción del otro porque
para que lo sea debiera entenderse en términos de que el significante es menos que el
discurso. -ero es 1ustamente el hecho que estu.e anteriormente y retomo ahora queriendo
destacar: ese hecho es el de que el significante solo, /nico, no tiene ninguna 1ustificación
como concepto, en tanto no hay ninguno que pueda representarse por sí mismo o a sí
mismo. )i todo significante se define en relación a todos los dem,s, si no hay significante
que no esté numerado y es ba1o esa forma que aparecen e#presados en la formaliación
lacaniana de los discursos" no solamente en la formaliación en general sino en la
formaliación mínima <es decir, en el matema= es equi.alente hablar de significante y de
discurso, siempre y cuando definamos a este /ltimo como la e#presión mínima de una
cadena significante. En estos términos no hay significante que no sea un discurso.
Finalmente Foucault dice respecto del su1eto que no es absoluto. 6clara que debe
considerarse de qué su1eto se trata, si del su1eto del discurso, del su1eto del deseo, del su1eto
del proceso económico. -ero dice: esto me lle.a a decir que el su1eto, hay algo que es y que
lo que es, es que no es absoluto.

%eteng,monos por hoy ac, y comenamos en la clase que .iene en la que .iene con la
sesión del DL de no.iembre de DENM del )eminario DN de 'acan.