You are on page 1of 2

NOMBRE: Eusebio Salas Ramírez.

MATERIA: España
GRUPO: 2201 No CUENTA: 414106309


EL CALIFATO DE CORDOBA: Abderramán III el señor de Al-Ándalus. UNAM -FES Acatlán

1

EL CALIFATO DE CORDOBA: Abderramán III señor del Al-Ándalus.

Abd Allah I era su abuelo y antecesor, emir (gobernador) de Al-Ándalus (888 d.C. – 912
d.C.). Buena parte de Al-Ándalus estaba repleta de rebeliones que proclamaban el fin de la
dinastía omeya, en Córdoba. Abd Allah era desconfiado y buscaba a los culpables
incluyendo entre sus propios descendientes. Entre ellos su primogénito, Muhammad su
sucesor, el propio Abd Allah no dudo después en encarcelarlo y permitir su asesinato
acusándolo de realizar tratos con los rebeldes. Muhammad dejo un hijo llamado Abderramán,
pero a los 23 años acabaría haciéndose con el poder.

La conquista de Bobastro, una fortaleza situada en los montes de Málaga sería una de sus
conquistas más satisfactoria para el califa. Desde allí Umar Ibn Hafsun (se había convertido
al cristianismo en el curso de su rebelión), había conducido una formidable rebelión contra la
dinastía omeya. Umar falleció en el año 918 sin haber sido sometido y dejando sus dominios
en herencia a sus hijos, que continuaron desafiando el Califato de Córdoba. Tras largas
campañas consiguió la derrota de Bobastro en 928. Cuatro años después, en 932, Toledo se
rindió a las tropas cordobesas, poniendo, de este modo, punto final a una larga serie de
rebeliones durante décadas provocadas por los habitantes de esta ciudad. En el Levante a
un quedaban rebeldes, en el valle del Ebro, donde una serie de familias aristocráticas, los
Tuyibies, se rehusaban reconocer a los gobernadores omeyas, y enviar sus tributos al califa
o renunciar a pactar con los reinos y condados cristianos del norte. Para doblegar a los
Tuyibies volvió a realizar más campañas militares, emboscadas y asedios que finalizaron en
el 937, a causa de esto Zaragoza abrió sus puertas por medio de un tratado que aseguraba
el reconocimiento de la autoridad omeya en esta ciudad, no desalojo a los Tuyibies de sus
territorios, pero marco los límites de su territorio.

Durante los años de las expediciones militares internas en Al-Ándalus se habían dejado de
atacar los territorios del norte, permitiendo la expansión de reinos y condados cristianos.
Ponerle fin a esto se convirtió en una de las principales prioridades del soberano omeya y por
este motivo se dirigieron las cuatro campanas que él personalmente lidero. La primera tuvo
lugar en los enclaves del Duero en 920, se internó en el reino de Pamplona y derroto a una
NOMBRE: Eusebio Salas Ramírez. MATERIA: España
GRUPO: 2201 No CUENTA: 414106309


EL CALIFATO DE CORDOBA: Abderramán III el señor de Al-Ándalus. UNAM -FES Acatlán

2
coalición cristiana en un lugar llamado Muez. Tras ganar ordenar la ejecución de los
cristianos, y toma más de un millar de caballos como motín. En 924, su ejército saquea
Pamplona y 10 años después, acepta la sumisión de la regente navarra Toda, Abderramán
se marcha a Castilla, donde derroto al ejército dirigido por el conde Fernán González con el
apoyo del rey de León. Con esto quedo claro el equilibrio de poder del Califato de Córdoba.

En 939 dos años antes de que sometiera Zaragoza, Abderramán III sufrió su peor derrota: las
tropas cristianas le vencieron en la batalla de Alhandega, durante la que le abandono una
parte de su propio ejército. Con esto su ánimo de se volvió más pesimista. Esa derrota hizo
una profunda herida en un Abderramán a punto de cumplir los 50 años, tomaría la decisión
de no volver a salir jamás en campaña militar. A partir de ese momento, se dedicaba a
ocuparse de labores diplomáticas en numerosas embajadas a Córdoba. Abderramán III
continúo gobernando el Califato de Córdoba hasta su muerte en octubre de 961. Murió a los
73 años, consiguió que Al-Ándalus se convirtiera en el más poderoso y próspero Estado
peninsular. Abderramán III dejo establecido desde muy pronto que su sucesor seria su hijo
mayor, Al-Hakam.

Al-Hakam tomo el poder a los cuarenta y ocho años (una edad muy avanzada para la época).
A su muerte, en 976, su hijo Hisham fue proclamado califa de forma irregular, con solo once
años (en teoría las leyes del califato prohibía que un menor pudiera gobernar), y la corte
convirtió al niño en una figura decorativa. De esta manera empieza el declive de la dinastía
omeya.