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Algunos consejos para sacerdotes respecto al cirio pascual.

Estos consejos también valen para
laicos colaboradores en las parroquias.

Es muy bonito hacer las incisiones sobre el cirio que marca el ceremonial. Yo siempre uso un
punzón y hago las marcas. Cuando me han dado un cirio ya pintado por de sus caras, hago las
marcas por el otro lado del cirio.
Me parece estéticamente no muy bello, el clavar unas bolas horribles en los extremos de la cruz
del cirio. Se pueden poner cosas mucho más decorosas. Basta pasarse por la sección de chinchetas
de un gran almacén, para comprobar que hay chinchetas muy dignas acabadas en bellas formas,
desde luego mucho mejor que las bolas usuales.

Yo, personalmente, prefiero con el punzón hacer unos agujeritos pequeños, e insertar auténticos
granos de incienso, tal como dice el ceremonial. Esos granos de incienso se pueden apretar sobre
un poco de parafina, y colocar el granito de parafina en el agujero. Esta operación puede parecer
difícil descrita con palabras si no se ve, pero es muy simple de hacer. La parafina es tan sencilla de
conseguir como comprar algunos quesos que vienen en envueltos en parafina roja. También se
puede usar plastilina. Sólo la justa para incrustar un grano de incienso en el agujero.

No trates nunca de encender el cirio directamente de la hoguera. Es decir, aproximando el cirio a
la llama de la hoguera. Hay que usar una vela más pequeña para esa operación. Por flojo que sea
el fuego de la hoguera, la corriente de aire ascendente, siempre apagará el cirio. Y eso sin contar
con que la parte superior se ennegrecerá al contacto con la llama.

Tampoco aconsejo sumergir el cirio en el agua de la pila bautismal, a no ser que previamente
inclines el cirio para que la cera fundida caiga fuera. De lo contrario, por más cuidado que pongas
en mantener vertical el cirio, la cera te caerá sobre las manos o la casulla.


Por último, me gusta en la octava de pascua colocar el cirio pascual en pleno centro del
presbiterio, justo a medio camino entre el altar y el extremo del presbiterio.

George Orwell o el arte de mirar hacia otro lado cuando interesa

Estoy leyendo a ratos perdidos Homenaje a Cataluña de George Orwell. Este autor fue comunista y
luchó al lado de los comunistas en la guerra civil española. El libro es un relato detallado de lo que
vivió en esa guerra. Y he llegado a un punto donde la candidez de Orwell me ha parecido que
alcanzaba unas cotas sencillamente increíbles. Ese pasaje es el siguiente:

Una o dos veces fui a pasear por el pequeño cementerio, situado a unos dos kilómetros. La
ausencia de inscripciones religiosas en las lápidas era casi completa y esto resultaba tanto más
sorprendente porque todas ellas correspondían al periodo anterior a la revolución.

Creo que sólo vi una vez el Rezad por el alma de Fulano de Tal, común en las tumbas católicas. La
mayoría de las inscripciones eran puramente seculares, con ridículos poemas sobre las virtudes del
difunto. Quizá en una de cada cuatro o cinco tumbas se advertía una pequeña cruz o una
referencia formal al Cielo, que algún ateo industrioso generalmente había logrado atenuar con un
punzón.

Me sorprendió que la gente de esa región de España careciera de genuinos sentimientos
religiosos, en el sentido ortodoxo. Durante toda mi estancia nunca vi persignarse a ninguna
persona, a pesar de que ese movimiento llega a hacerse instintivo, haya o no haya una revolución.
Evidentemente, la Iglesia española retornará (como dice el refrán: la noche y los jesuitas siempre
retornan), pero no cabe duda de que con el estallido de la revolución se desmoronó y fue
aplastada hasta un punto que resultaría inconcebible incluso para la moribunda Iglesia de
Inglaterra en circunstancias similares. Para el pueblo español, al menos en Cataluña y Aragón, la
Iglesia era pura y simplemente un fraude sistematizado.

Estas palabras de Orwell me dejaron boquiabierto. Y más porque hablaba de Siétamo, un lugar
que está al lado de Barbastro. Y que, por tanto, conozco perfectamente.

¿Es posible que ese autor desconociera la persecución religiosa que había tenido lugar? Todas las
cruces del cementerio de Barbastro fueron quitadas por orden del ayuntamiento del Frente
Popular. Y se sorprende de que en el pueblo de al lado no quedaran cruces. Increíble. ¿Es posible
que desconociese la cantidad de hombres y mujeres que murieron antes que negar su fe?
Se sorprende de que nadie se persignase. Lógico. En Barbastro, conozco a un hombre al que se le
fusiló por el único cargo de encontrarle un rosario en el bolsillo.


¿Cómo pudo no darse cuenta de esa masacre estando en medio de la masacre? Pues sí, parece
que Orwell estaba mirando hacia otro lado cuando ocurrieron todos esos martirios. Eso sí, se
sorprende de que nadie hiciera la señal de la cruz, cuando eso significaba la muerte.

Querido Orwell yo soy de al lado de Siétamo, donde describes esa escena, y hasta las ovejas sabían
lo que tú pareces desconocer. Todos lo sabían, porque en ello les iba la vida.

SÁBADO, MAYO 17, 2014

Más sobre mi viaje a Tierra Santa


En la foto estoy bendiciendo a un grupo de católicos indios que me pidieron que lo hiciera. Fue en
la puerta de la iglesia de las Bienaventuranzas.

Tres viajes he hecho en mi vida a Tierra Santa. En el primer viaje no llevé un mapa. Resultado: no
tenía ni idea de donde estaba. Me daba la sensación de que el autobús nos llevaba de un lado a
otro como haciendo círculos sobre el territorio de Israel. La sensación no era del todo inadecuada,
pues ahora sé que dimos muchas vueltas alrededor del Mar de Galilea. Éste fue un viaje en el que
sufrí una gran aridez. Ningún lugar me recordaba lo más mínimo a la época de Jesús. Ya me
esperaba algo así. Lo que no me esperaba era que en esos lugares mi aridez fuera total. Hubiera
sentido más devoción en cualquier iglesia tranquila de mi diócesis, que en aquellos lugares de
bullicio llenos de gente.

En mi segundo viaje, fui a dar unas conferencias sobre tres versículos de la Bíblia. Sí, varias
conferencias sobre tres versículos muy concretos, y sin salirme de esos versículos. Ése había sido el
encargo, y el público, además, estaba compuesto de curas, frailes y religiosas, así que no podía ir
más allá del tema que se me había encargado. En ese viaje me centré en conocer Jerusalén.
Paseos y más paseos, todos los días. Pasé mucho tiempo en la Iglesia del Santo Sepulcro haciendo
oración personal, a solas. Fue un viaje muy aprovechado en lo espiritual, pero totalmente
focalizado en esa iglesia.


Mi tercer viaje fue diverso de todos. El grupo era fantástico. Un grupo de gente creyente, alegre,
personas bondadosas con las que era un placer ir en autobús, comer y bañarse en el Mar Muerto.
Esta vez sí que recorrí el mapa del Evangelio mentalmente. Esta vez sí que supe donde estaba.
Además, traté de hacer oración en el autobús, en las iglesias donde íbamos, en todas partes. Fue
el mejor viaje de los tres.
Plan para mañana domingo
Acabo de cenar. Mañana quería ir a ver el Museo Arqueológico de Madrid. Pero cuando he
llamado a varios de mis amigos, han coincidido en que mañana no pueden. Se me ha ocurrido
decir por aquí que si alguno quiere acompañarme, a las 13:00, será un placer. Siempre me gusta
conocer a gente nueva. Eso sí, los que vengan tienen que llamar a este número 630 52 31 51. Lo
de llamar a ese número, es para organizarme yo. Ya que si no llama nadie, quizá vaya a otra hora o
cambie de planes. Me gusta conocer gente nueva y visitar el museo con algunos lectores será una
experiencia agradable, como lo han sido todos los anteriores encuentros similares. Lo que siento
es decirlo con tan poco tiempo. Después escribiré mi post de después de la cena. Un saludo a
todos.