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DERECHO CIVIL

EL MANDATO

Definición y Naturaleza del Contrato Mandato:

Definición.- el mandato es el contrato por cual una persona, llamada mandante,
encarga a otra persona, llamada mandatario que acepta cumplir un acto jurídico
representando en su nombre el artículo en 1984 el código civil subraya que la
representación es de la esencia del mandato; lo cual implica que sujeto no
puede ser sino el cumplimiento de actos jurídicos y no el de actos materiales.

Mandato, contrato por el cual una de las partes se compromete a realizar un
acto o servicio relativo a la gestión de un determinado asunto, por cuenta propia
o ajena. El que encarga el acto o servicio es llamado mandante, y quien lo
ejecuta (aceptando la representación personal del mandante, el desempeño de
la gestión o servicio) se denomina mandatario. El mandato puede ser revocado
así como puede ser gratuito o retribuido.

El Consentimiento
Ofrecimiento y aceptación. Consentimiento es necesario para la perfección del
mándalo que se opone así a la gestión de negocios ajenos. Cuasicontrato cuya
existencia supone la ausencia de voluntad del dueño del negocio; desde el
instante en que el dueño del negocio aprueba el acto la gestión se transforma
retroactivamente en mandato.

El consentimiento descompone como en todo contrato en un ofrecimiento y una
aceptación.

El ofrecimiento procede del mandante; no está sometido a ninguna forma incluso
puede ser tácito salvo para los actos de disposición que requieren un mandato
expreso. Cuando el ofrecimiento se hace por escrito, este instrumento se
denomina procuración: la palabra procuración que se empleaba en otros tiempos
como sinónimo de la expresión contrato manda, no se utiliza ya la práctica sino
para designar el documento en que consta el contrato de mandato o donde
consta el ofrecimiento del mandante.

El ofrecimiento no está sometido a formalidades que si el acto jurídico debe
concertar el mandatario por cuenta del mandante a su vez un acto solemne. Las
formalidades exigidas para la validez de un contrato tiene por finalidad la
protección de una de las partes por la presencia de un notario; faltaría esa
protección si ese contratante pudiera dar mandato válidamente sin ninguna
formalidad; de ahí que el mandato de celebra un acto solemne no es válido más
que si se otorga ante notario.

Para la conclusión del contrato mandato es necesario la aceptación por el
mandatario del ofrecimiento que le dirige el mandante según denuncia el (art.
1.984 del Código civil)

El mandato se perfecciona desde la aceptación, incluso tácita, del mandatario.
Suele suceder que el mandante no conozca al mandatario cuando le ha
ofrecimiento, el acto de alguien que será designado por otra persona ("poder
blanco").

La validez del poder blanco ha sido discutida porque el mandato es un contrato
en el cual el intiutus personae desempeña un papel preponderante. Pero el
poder blanco se traduce en un mandato: el mandante le da mandato a una
persona que conoce para que le dé mandato a otra distinta de la primera
designada; esos dos mandatos son válidos, por excluir la consideración de la
persona del mandatario ni en uno ni en otro. No deja de ser menos cierto por ello
que es peligroso el mandato en blanco; por qué debe ser cumplido por una
persona que no conoce el mandante originario.

El mandato en blanco es mucho más peligroso porque no sólo admite la validez
de este poder en cuanto nombre del mandatario, sino también en cuanto objeto
del mandato. Es mucho más peligroso que la del mandato dado en términos
generales. Ya que pese ya limitado por el art. 1988 del Código civil a los actos
de administración; mientras que el mandato que disponga de un poder blanco en
cuanto al objeto del mandato, puede atribuirse, llenando el blanco, todos los
poderes de disposición.

El Mandato Aparente

El mandato aparente. Un mandato puede obligar para con los terceros a una
persona que no haya consentido en ser representada; ocurre así cuando existe
mandato aparente: los terceros han creído que la persona con la que trataban
había recibido poder de representar a otra.

Los redactores del Código civil han considerado dos casos especiales: la
revocación del mandato ignorada por terceros (art. 2,005) y el fallecimiento del
mandante cuando lo ignore el mandatario (art., 2.008 y 2.009); pero los
requisitos que han establecido para obligar al mandante son diferentes de los
señalados por la jurisprudencia sobre el mandato aparente; las situaciones
previstas por esos preceptos legales no deben, pues, ser alineadas entre
aquellas otras a las cuales se les aplica la teoría del mandato aparente Stricto
sensu,

El mandato aparente no debe confundirse tampoco con el mandato tácito, ni
con la gestión de negocios ajenos. La voluntad del mandante existe en el
mandato tácito; mientras que falta en el mandato aparente, que, acerca de este
punto se parece a la gestión de negocios ajenos.

Pero el mandato aparente no constituye pese a ello una gestión de negocios
ajenos; porque este último, a diferencia del mandato puede tener por objeto
tanto actos materiales como actos jurídicos; y la gestión de negocios ajenos no
obliga al dueño de negocios más que si ha sido útil el acto del gestor. Por el
contrario, el mandato aparente, como todo mandato, no recae sino sobre actos
jurídicos y obliga al comandante sin que deba ser tomada en consideración la
utilidad del acto.
Voluntad de contratar y voluntad de representación. El mandato tiene por
objeto la conclusión de un contrato para el cual le da el mandante poder al
mandatario para que éste obre en nombre de aquél. La voluntad de concluir ese
contrato es necesaria tanto en el mandante como en el mandatario; por tanto,
sus voluntades no deben estar viciadas ni con respecto al mismo mandato ni con
respecto al contrato cuya conclusión sea objeto del mandato.

Además, el mandatario debe tener la voluntad de representar al comandante; a
falta de ello, se obligaría personalmente.

Contraparte; mandato doble. Se ha definido ya el contrato consigo mismo e
Indicado lo peligroso que es que el mandatario trate con él mismo cuando deje
que ignore su intención el mandante: encargado de vender, compra para si
mismo; encargado de comprar, se convierte en vendedor de lo suyo.

Alentada por el artículo 1596 del Código civil, que prohíbe la contraparte en el
caso particular del mandatario encargado de vender, la jurisprudencia ha
establecido un principio general: "el mandatario que se entrega., sin saberlo su
cliente, a operaciones de contraparte incurre en dolo"; la simple reticencia
puede ser, en efecto, constitutiva de dolo, cuando, como en materia de
mandato, una de las partes esta en su derecho para fiarse de la buena fe del
otro contratante.

Esa jurisprudencia ha sido aprobada por la Comisión de reforma del Código de
comercio (art. 31 del Anteproyecto). Por supuesto, no hay dolo más que sí el
mandatario deja a su mandante en la ignorancia de la operación de la parte
contraria; cuando el mandante esté al corriente, nada se opone a la validez del
contrato en el cual intervenga el mandatario, de un lado, como representante
del mandante, y. de otro, por sí mismo.

Hay que admitir igualmente la validez del principio del mandato doble. Se trata
del caso en que una mismo, persona interviene como mandataria de las dos
partes del contrato: encargado de vender un inmueble, lo enajena a alguien
que le había encargado comprar. Pero esa práctica, técnicamente
satisfactoria, no deja de ser peligrosa.

Con frecuencia, en efecto, el mandatario es remunerado a prorrata del
beneficio realizado por su mandante, que es la manera más eficaz de asegurar
la protección de los intereses del mandante; ahora bien, esa protección no
existe ya si el mandatario es remunerado en las mismas condiciones por la otra
parte. La jurisprudencia se ha mostrado severa con respecto a esos
procedimientos que pueden constituir un dolo por reticencia y viciar los dos
mandatos.

El mandato doble no es válido que si el mandatario revela a sus mandantes su
doble Carácter. En materia comercial, se presume a veces, de acuerdo con los
usos, que los comitentes conocen el doble carácter del comisionista (trato de
aplicación).

Contrato de Mandato y Acto de Apoderamiento
Concepto

El contrato de mandato es uno entre los diversos negocios jurídicos de gestión y
consiste en que el mandatario se encarga de adelantar negocios jurídicos o
actos de comercio, por cuenta del mandante, con representación o sin ella. En
tanto el apoderamiento es un acto unilateral, que puede ser aceptado o no, en
virtud del cual una persona autoriza a otra para actuar a su nombre y
representación.

Contrato de Gestión y Acto de Apoderamiento Relación y
Distinción en Efectos

Lo que ordinariamente ocurre es que el contrato de gestión precede y genera el
acto de apoderamiento, pero esta íntima relación no permite confundir los
efectos de uno y otro, porque mientras el acto de apoderamiento es oponible a
quienes por causa del mismo se relacionan con el poderdante y con el
apoderado, el contrato de gestión rige las relaciones internas entre estos de
manera preferente al acto de apoderamiento, pero sin trascender a quienes se
vinculan con el apoderado y el poderdante por razón de la representación,
porque con respecto de aquellos el contrato de gestión viene a ser res Inter
alios acta.

El mandato supone, pues la representación; el mandatario no obra en su nombre
personal, sino en nombre del mandante; no se obliga por el mismo, obliga
mandante.

El mandato no es sino un aspecto convencional de la representación: junto a los
mandatarios, existen representantes legales que reciben sus poderes de la ley
(la mujer casada recibe así del artículo 220 del código civil el poder de
representar a su marido para las necesidades del hogar; el tutor tiene el poder
de representar a su pupilo), y representantes judiciales con las excepciones
establecidas en el artículo 115 del código civil que prohíbe la aplicación sobre
los bienes muebles del hogar y tampoco sobre aquellos muebles corporales
cuya naturaleza hace presumir que son propiedad del otro cónyuges.

La existencia de la representación de una de la partes por la otra constituye el
criterio que permite distinguir el contrato de mandato del contrato de empresa.
Clases de Mandato
 Gratuito o remunerado.

 General (referido a todo el patrimonio del mandante) o especial (referido a
algunos bienes).
 Expreso o tácito.
 En nombre propio o por cuenta ajena, según si el mandatario contrata en su
nombre o en nombre del mandante.


Características del Mandato

Es unilateral: Cuando en el mandato no hay remuneración a favor del
mandatario, o sea que adquiere carácter gratuito, se convierte el contrato, por
ese mismo efecto, en unilateral, ya que no genera obligaciones sino para el
mandatario, quien se encargara de la gestión sin que surjan obligaciones, al
celebrarse el contrato, para el mandante, quien tan solo, cómo consecuencia
posterior del mandato, estará obligado, de acuerdo con lo establecido.

Es bilateral: Si el mandato es remunerado se entiende que es bilateral, ya que
al momento de surgir validamente el acto jurídico, nace una obligación también
esencial y concomitante para el mandante: de pagar la prestación pactada.

Es principal: No requiere de otro contrato para existir. Tiene vigencia propia.
Es nominado: Tiene su calificación, denominación y desarrollo en el código
civil.

Objeto del Mandato

El objeto del mandato es la conclusión de uno o varios actos jurídicos por el
mandatario. Un simple consejo o recomendación no constituye, pues, un
mandato.

El mandato según objeto puede ser según el artículo 1987 del código civil:
 Especial
 General

El mandato es especial: Cuando el mandante confiere un poder al mandatario
para representarlo en un acto determinado que ha de cumplirse con relación a
un solo bien, un negocio, ciertos bienes o ciertos negocios del mandante.

El mandato es general: Cuando el mandante confiere un poder al mandatario
para representarlo y cumplir cualquier acto jurídico con respecto a todos los
bienes o negocios del mandante.

La especialidad o generalidad del mandato puede ser enfocado desde el punto
de vista de los bienes sobre los cuales es susceptible de caer, o bien en cuanto
a los actos que mandatario tiene poder para cumplir.

Desde el punto de vista de los bienes: el mandato puede recaer sobre todos los
bienes del mandante o estar limitado a ciertos bienes.

Desde el punto de vista de los actos jurídicos que al cumplirse: el mandato le da
al mandatario el poder de representar al mandante. Ya sea en todos los actos
jurídicos, ya ha en ciertas categorías de actos, ya sea en tal acto determinado.

El mandato general es muy peligroso para el mandante: inexperiencia o
descuido el mandante le da así al mandatario poderes considerables sobre sus
bienes. Por eso la ley debe proteger al mandante contra él mismo.
Formación del Contrato de Mandato

El mandato es un contrato consensual: no se exige ninguna forma particular
para su validez; es suficiente con el consentimiento las partes.

Consentimiento del mandatario: El consentimiento del mandatario esta
revestido bajo la forma de aceptación, expresa o tácita. La aceptación expresa
consiste en la voluntad exteriorizada de una manera inequívoca de realizar la
gestión que le encarga el mandante. La aceptación tácita se aprecia cuando hay
acto en ejecución del mandato.

Los elementos del mandato son los comunes a todos los contratos:
a) Consentimiento, que no es otra cosa que las declaraciones reciprocas de la
voluntad de los contratantes;

b) Capacidad;

c) Objeto, o sea el contenido de las declaraciones de voluntad, lícitamente
expresadas;

d) Causa lícita.

Por Excepción, hay Actos Jurídicos que no se Pueden Confiar
a Otra Persona:

El Testamento, es indelegable, esto es, que no se puede confiar a otra persona
su realización, por se una manifestación de voluntad personal del testador.

La Absolución de Posiciones o Interrogatorio Departe, El interrogatorio de
parte debe ser absuelto personalmente por quien va a vincularse con los efectos
de su declaración, la confesión por apoderado solamente es pertinente cuando
es judicial, que se presume para la demanda, las excepciones y las
correspondientes contestaciones.

Requisitos de la Representación

Para que se cumpla la representación de mandato deben darse tres requisitos:

PRIMERO. Intervención de la voluntad propia del el presentante o mandante
cuando emite o recibe la manifestación, pues es el quien la emite o recibe, no el
representado.

SEGUNDO. Actuación del intermediario en nombre del interesado. Con esta se
revela la intención de que los efectos se produzcan directamente en cabeza de
este. Es la llamada comtemplatio domini, exigencia tan esencial que a falta de
ella tales efectos recaen únicamente sobre el intermediario.

TERCERO. El poder Es simplemente la facultad conferida a un intermediario de
actuar en nombre de la persona interesada en la celebración de algún negocio y de
manera general en la emisión o recepción de alguna manifestación de voluntad; es
decir, el poder es la facultad de representación.

Formas de Contratar el Mandatario

El mandatario, en cumplimiento de la gestión, puede celebrar el contrato frente
al tercero de dos maneras;

En nombre del mandante o sea poniendo en conocimiento del tercero la
calidad con que actué, esto es, en representación del mandante.

En su principio nombre, es decir, omitiendo frente al tercero su calidad de
mandatario, o no dando a conocer los poderes suficientes con que actúa. Es
decir, el tercero al contratar con el mandatario lo hace en consideración a la
persona misma del mandatario no a su condición de tal.

Frente a esa doble forma de contratar, los efectos que se derivan de la
ejecución y del cumplimiento. Son diferentes. Veamos

Si obra en nombre del mandante. Este es el típico caso que con lleva
representación. El mandatario no hace otra cosa que transmitir la voluntad del
mandante, por lo cual el tercero al celebrar el contrato respectivo conoce la
calidad real del mandatario y de la persona que se obliga, que es el mandante,
quedando comprometida frente a ese tercero su órbita patrimonial, ya que los
resultados jurídicos y económicos se entienden para el mandante, tanto en sus
aspectos activos como pasivos. El patrimonio del mandatario queda libre de
cualquier pretensión del tercero. La responsabilidad se radica en el mandante,
exclusivamente, para el cumplimiento posterior del contrato.

Cuando el mandatario contrata en su propio nombre, los efectos que produce
su gestión tienen que enfocarse de distinta manera;

a) frente a los terceros, y

b) Frente al mandante.

Frente a terceros: si al obrar el mandatario oculta su condición frente al tercero
contratante, y este desconoce esa calidad, la responsabilidad de aquel queda
plenamente comprometido, esto es, en su propia jurídica se fijan los efectos por
el acto realizado.

Frente al mandante: si el mandatario procede en cumplimiento puede ejercer la
retención, por no existir el nexo entre lo que se retiene y lo que se cobra o pide.
El mandante cuando contrata por medio de un representante, que se acoge a
los términos del mandato, lo hace como si hubiera negociado el mismo. Se
convierte, por tanto, en acreedor o deudor del tercero según el caso.

La expresión frente a terceros produce plenos efectos cuando el mandatario ha
cumplido el encargo dentro de los límites del mandato y así es conocido por el
tercero.
Todo acto que se separa del mandato no obliga al mandante en relación con
terceros, salvo que el mandante ratifique expresa o tácitamente cualquiera
obligación contraría a su nombre.

Mandatario que contrata a nombre propio

No obliga respecto de terceros al mandante, pero una vez finalizada su gestión,
debe traspasar a su mandante los créditos y demás derecho adquirido y las
deudas contraídas por la ejecución del mandato.

PRUEBA DEL CONTRATO MANDATO

Prueba del contrato de contacto en las relaciones del mandante y el mandatario.

El contrato de mandato está sometido en las relaciones del mandante y del
mandatario a las reglas de prueba del derecho común: en ausencia de
confesión, se exige un documento, a menos que exista un principio de prueba
por escrito, que exista imposibilidad de procurarse un documento o también se
trate de un mandato mercantil según lo establece el artículo 1985 del Código
civil. Esas reglas se aplican a todo mandato, incluso tácito.

La aceptación del mandato por el mandatario está probada suficientemente por
"el cumplimiento que se le haya dado por el mandatario".

En efecto el cumplimiento del mandato no constituye solamente una
presunción sino la confesión misma de la aceptación; mas aún, sobre el terreno
de la práctica, suele que haya dado su aceptación por escrito. (Acerca de la
prueba de la existencia de una remuneración y de su importe.

El mandato gratuito: es un contrato unilateral o sinalagmático imperfecto; por
tanto, el documento puede ser redactado en un solo ejemplar; la formalidad del
"vale por. " es innecesaria ya que el mandato no crea una obligación de pagar
una suma de dinero. Si es retribuido, el mandato es un contrato sinalagmático
perfecto; pero, en la práctica, no se exige la formalidad del duplicado: el
mandante, alejado con frecuencia del mandatario, le envía un poder, que éste
cumple inmediatamente. Ese poder no se tiene que extender por duplicado;
porque el artículo 1325 del Código civil no se refiere sino a "los documentos
privados que contengan convenciones sinalagmáticas
"
y no al intrumentum que
deja Constancia solamente de un ofrecimiento.


La Prueba del Mandato con Respecto a Tercetos

En principio, los terceros tienen la posibilidad de probar por todos los medios
un acto jurídico al que hayan permanecido ajenos; porque, de una parte, se
han encontrado en la imposibilidad de procurarse un documento; y, de otro
lado, el acto no es a su respecto sino un hecho jurídico. Esa regla es aplicable
evidentemente a los terceros distintos de aquel con el cual se haya concertado
el contrato que sea objeto del mandato. Pero el tercero que haya tratado con el
mandatario no se beneficia de las mismas Facilidades de prueba; la ju-
risprudencia se niega a considerarlo como tercero en el contrato de mandato,
porque la validez del acto que celebra con el mandatario está subordinada a la
existencia de ese mandato; por eso somete aquélla al tercero que haya tratado
con el mandatario, y que quiera probar el mandato, a las reglas de prueba
aplicables a las partes contratantes; pero admite con bastante facilidad que el
tercero se haya encontrado en la imposibilidad, al menos moral, de procurarse
y de conservar un documento que acredite el mandato.

El tercero que alegue un mandato aparente no tiene que probar un mandato
que no existe, sino un hecho Jurídico: la apariencia de un mandato o la culpa
del supuesto mandante; por lo tanto, esa prueba es libre.


CAPACIDAD DEL MANDANTE Y DEL MANDATARIO

Capacidad del mandante. El mandato se da por el mandante con la sola
finalidad de que se cumpla un acto jurídico en su nombre. Así, el mandato y el
acto jurídico que se haya de cumplir están íntimamente unidos Se exige
entonces en el mandante, para la validez del mandato, la capacidad necesaria
para concertar el acto jurídico que se haya de realizar (enajenación,
constitución de hipotecas, etc.). Además, cuando el mandato sea retribuido el
mandante debe tener siempre la capacidad para obligarse, incluso cuando esa
capacidad no se exija para el acto que ha de concertarse: en efecto, se obliga a
pagarle una remuneración al mandatario.

La capacidad del mandatario. En cuanto al mandatario, hay que distinguir la
capacidad de obligarse para el mandato y la capacidad necesaria para la
representación del mandante.

El mandatario no se obliga con respecto al mandante más que si es capaz: a
falta de capacidad, su responsabilidad contractual por mal cumplimiento del
mandato no sería exigible porque el contrato de mandato es nulo. Pero la
responsabilidad delictual del mandatario incapaz puede ser exigida con
respecto al mandante. Por otra parte, ese mandatario es susceptible de tener
que soportar que se apliquen contra él las reglas del enriquecimiento sin causa.

Cuanto al acto concluido en nombre demandante, la capacidad del mandatario
es diferente.

Los redactores del artículo 1990 del código civil han afirmado la validez de los
actos celebrados por dos categorías de mandatarios incapaces: las mujeres
casadas (eran incapaces en 1804) y los menores emancipados; pero se
pregunta si esa disposición de ser extendida a los demás incapaces: menores
no emancipados y sujeto a intervención.

Es cierto, que el primer término el infans al cual hay que asimilar el niño apenas
adolescente y sujeto a interdicción en periodo de enajenación mental porque no
tienen ninguna voluntad, no podría obligar al mandante. Así pues, la dificultad
está limitada al acto celebrado por un mandatario menor de edad, salido ya de
la infancia, o por un mandatario que esté sujeto a interdicción y que se
encuentre en un intervalo lúcido. Algunas razones de hecho y de derecho
militan en pro de la extensión del artículo 1990 del Código civil a todos los
incapaces.

De hecho, si el mandante ha sido aún mandatario incapaz, ha sino con
conocimiento de causa o porque no es suficientemente informado; así pues,
justo que soporte la consecuencia elección. En cuanto al tercero, si bien es
verdad que debe cerciorarse de la capacidad del mandante con el cual haya
concluido el acto y el carácter del mandatario, es normal que no tenga que
controlar la capacidad del mandatario; sobre todo cuando éste, por no ser parte
en el contrato, permanece ajeno a obligaciones que se originaran del mismo.
En el conflicto susceptible de plantearse entre el mandante y el tercero con
relación a la capacidad del mandatario el tercero merece pues, ser protegido,
contra la nulidad del acto solicitada por el mandante.

Efectos del incumplimiento en la ejecución del mandato

Si el mandatario a los términos del mandato, se coloca, necesariamente, en
caso de incumplimiento de un contrato; si de ese incumpliendo sobrevienen
perjuicios al mandante, puede este demandar al mandatario para que le
resarzan dichos perjuicios.

Efectos del Contrato de Mandato

Efectos entre las partes y con respecto al tercero.

El mandato no produce solamente efectos entre el mandante y el mandatario;
por conferirle a éste poderes de representación, surte efectos con respecto al
tercero que concluya el contrato objeto del mandato.

Obligaciones del Mandatario. El mandatario debe cumplir el mandato y rendir
cuentas. Obligación de prudencia y diligencia como un buen padre de familia.
El artículo 1991 del código civil le impone al mandatario la obligación "a cumplir
el mandato mientras que se encuentre encargado del mismo".

El mandatario debe cumplir el mandato y rendir cuentas.

Obligación de cumplir el mandato: obligación de prudencia y de diligencia. El
artículo 1.991 del Código civil le impone al mandatario la obligación "a cumplir
el mandato mientras que se encuentre encargado del mismo".

Ese precepto legal no obliga al mandatario a celebrar siempre el contrato que
tenga la misión de concertar: salvo que no haya recibido sino la misión de
firmar el documento sin discutirlo (delegación de firma) el mandatario tiene el
deber de discutir las condiciones según el mejor interés del mandante; por
consiguiente intentar contratar pero no hacerlo si no obtiene condiciones
favorables. Su obligación de contratar no es pues sino una obligación de
medios y no una obligación de resultado.
¿A qué diligencia está obligado entonces? Las partes pueden concretarla. A
falla de ello hay que referirse al articulo 1.992 del Código civil, que distingue
entre el mandato retribuido y el mandato gratuito; ese precepto sería impreciso
si no recordara hasta la evidencia la fórmula mucho más clara de los artículos
1.927 y 1.928 del Código civil, que se refieren al depósito , el mandatario
retribuido, como el depositario retribuido, está obligado a la diligencia de un
buen padre de familia ("culpa levis in abstracto"): mientras que el mandatario
gratuito debe poner en los asuntos del mandante nada más que la diligencia de
que d¿ pruebas en sus propios asuntos ("culpa levis in concreto").

Cumplimiento por un Sustituto del Mandatario.

Cuando el mandatario encargue a sus encargados que Cumplan en todo o en
parte la misión que a el le incumbe, es responsable de las culpas de sus
encargados. ¿Es la misma la situación cuando encarga de esa misión a un
sustituto del cual no sea el comitente? Hay que distinguir según el mandatario
haya autorizado la sustitución o no. Cuando el mandante no haya autorizado la
sustitución, el mandatario sigue siendo responsable para con el mandante que
no lo haya elegido sino en razón de la confianza que depositaba en él. Por el
contrario, cuando la sustitución haya sido autorizada, el mandatario no es
responsable más que si ha hecho una mala elección (art. 1.994, del Cód. civil.).

Obligaciones del Mandante. Las obligaciones del mandante según las
siguientes: cuando mandato sea retribuido, pagar la remuneración que se haya
convenido. Pero los tribunales se arrogan el derecho de reducir los honorarios
de los mandatarios cuando sean exagerados.

Reembolsarle los gastos al mandatario.

Independizaron al mandatario de perjuicios que haya experimentado en el
cumplimiento del mandato.

Para obtener el pago de lo que se deba, el mandatario se beneficia de derecho
de retención.

Efectos del Mandato Frente a Terceros

Desde el instante en que el mandante expresa su voluntad por medio de su
representante, el mandatario, se obliga frente al tercero contratante, como
sentido directo de su querer. El mandante, cumplirá todas las obligaciones que
a su nombre ha contraído el mandatario dentro de los límites del mandato.

El mandato tiene por finalidad la conclusión de un contrato entre el mandante y
un tareero. Así pues, produce efectos respecto oí tercero que haya celebrado el
contrato que el mandatario tenía, la misión de concluir. Se concretará al
estudiar las relaciones entre el mandante y el tercero, y luego las relaciones
entre el mandatario y el tercero.

Relaciones entre el mandante y el tercero. Por llevar el mandato consigo
representación, todo ocurre con respecto al tercero como si hubiera tratado el
mismo mandante: este se convierte personalmente en acreedor y en deudor
del tercero.

Pero el mandante no se encuentra obligado sino dentro del límite del mandato;
es decir, del poder de representación que le haya conferido al mandatario;
fuera del mandato, el mandatario carece de carácter para tratar en nombre del
mandante, que permanece ajeno a los actos cumplidos así el Art. 1.998, del
Cód. civ. Los romanos le negaban también toda eficacia al mandato cuando el
mandatario, por haber comprado a precio superior del fijado por el mandante,
ofrecía pagar la diferencia.

En las tres situaciones siguientes, el mandante se ha obligado más allá de los
poderes que ha conferido:

a) Cuando el mandante ha ratificado expresa o tácitamente el acto celebrado
en su nombre (art. 1.998 del Cód. civ.); la ratificación surte efecto retroactivo.

b) A falta de ratificación, el acto celebrado fuera de los poderes de
representación obliga al mandante según las reglas de la gestión de negocios
ajenos, con la condición de que ese acto haya sido útil.

c) El mandante se obliga, aunque el acto concertado traspase los poderes que
le había conferido al mandatario, cuando haya habido mandato aparente; ya
sea que el mandatario haya cometido un error invencible, ya sea que haya sido
encañado por una culpa del mandante; por ejemplo, la mala redacción del
poder. Sí la omisión de recoger un poder en blanco carente ya de objeto.

A la inversa, el mandante no queda obligado por el acto que celebra el
mandatario dentro del límite de sus poderes, cuando el mandatario o él mismo
hayan sido víctimas de un vicio del consentimiento, o si ha habido colusión
entre el mandatario y el tercero.

Por efecto de la representación, todo ocurre al respecto de tercero que haya
tratado por intermedio del mandatario como si hubiera tratado el propio
mandante.

Relaciones entre el mandatario y el tercero. En principio, no existe ninguna
relación jurídica entre el mandatario y el tercero; puesto que el mandato no
ahoga en su propio nombre. Sin embargo, el mandatario se obliga a veces
personalmente por un acto distinto, ya sea porque garantice la ratificación del
contrato por el mandante, ya sea porque se constituya en fiador del
cumplimiento.

El mandatario está obligado igualmente con respecto al tercero cuando haya
traspasado sus poderes; su responsabilidad es extracontractual, puesto que no
ha querido contratar por sí mismo. El articulo 1.997 del Código civil lo libera de
toda obligación cuando le haya dado al tercero "conocimiento suficiente de sus
poderes; en efecto, le pertenece al tercero, exactamente prevenido, proceder
con prudencia.
En principio, no existe ninguna relación jurídica entre mandatario y el tercero.
Sin embargo el mandatario puede comprometer su responsabilidad delictual
con respecto al tercero si traspasa sus poderes sin advertir al tercero.
Extinción del Contrato de Mandato

Causas particulares de extinción. De las causas ordinarias de extinción de los
contratos, el mandato está sometido a algunas causas especiales de revo-
cación; porque este contrato se concierta casi siempre in-tuitu personae y
supone una confianza reciproca entre las partes
El contrato de mandato se puede extinguir por:

Rescisión por voluntad unilateral.

Muerte de una de las partes.
Incapacidad, quiebra y suspensión de pagos de una de las partes.
Rescisión por Voluntad Unilateral Revocación y Renuncia del Mandato.

Por fundarse sobre la reciproca la confianza del mandante y del mandatario,
cada uno de ellos debe poderle poner fin unilateralmente al contrato desde el
instante en que no tenga ya confianza en la otra parte. Así pues, el mandante
puede revocar el mandatario puede renunciar al mismo.

Revocación del mandato. El derecho de revocación, según el artículo 2.004 del
Código civil le permite al mandante "revocar su poder cuando le parezca bien".
La solución es tradicional y corresponde a la voluntad presunta de las partes:
por haberse concertado el mandato en interés del mandante, el mandatario
debe esperar que se le retiren sus poderes desde et instante en que el
mandante no tenga ya interés en el mandato o no tenga ya confianza en su
representante. La revocación puede ser tácita; resultará, por ejemplo, de la de-
signación de un nuevo mandatario (art. 2006 del Cód, civ. La revocación del
mandato extingue inmediatamente el mandato. Pero el mandatario, si cumple
con el mandato revocado, no puede incurrir en ninguna responsabilidad,
mientras que no haya recibido la notificación de la revocación.

Los terceros deben ser protegidos especialmente contra la revocación del
mandato; lo son por la inoponibilidad de la revocación que ignoren.

Renuncia del mandatario. El mandatario puede renunciar al mandato in-
demnizando al mandante. El mandatario puede renunciar al mandato,
notificando su renuncia al mandante.

Primera excepción a la revocabilidad del mandato cláusula de
irrevocabilidad.

La irrevocabilidad del mandato no es de orden publico: por consiguiente, las
partes pueden estipular la irrevocabilidad del mandato, con la condición de que
el mandato sea especial para un asunto determinado o. al menos, limitado en
el tiempo: un mundo irrevocable sin límite de duración, seria nulo como
contrario a la prohibición de olvidarse indefinidamente la cláusula de
Irrevocabilidad va acompañada, en la práctica de una cláusula de exclusividad,
por la cual el mandante se prohíbe, durante el plazo señalado, dirigirse a otro
mandatario.

Segunda excepción a la revocabilidad del mandato: el mandato en interés
común.

Es sabido que el mandato se llama en interés común cuando et contrato que el
mandato está encargado de concluir presente, a la vez, un interés para el
mandante (o un tercero) y para el mandatario.

Muerte de una de las Partes

El contrato de mandato se extingue por el fallecimiento del mandante o del
mandatario. En principio, por descansar sobre la recíproca confianza de las
partes, el mandato termina por la muerte de una de ellas. Ocurriría de modo
distinto si las partes hubieran decidido lo contrario, ya sea expresamente, ya
sea tácitamente en el supuesto, por ejemplo, en que se hubiera pactado que el
mandato no ha sido concertado en consideración a la persona del difunto.
El legislador protege a las partes y dios terceros contra la cesación subida del
mandato por lo muerte:

El mandante está protegido por las dos reglas siguientes: a) El asunto
comenzado a la muerte del mandante, debe ser acabado por el mandatario "si
existe peligro en la tardanza" (art. 1.991 del Cód, civ.) b) La muerte del
mandatario deja subsistente, con cargo a los herederos, la obligación de avisar
al mandante y de "proveer, entre tanto, a lo que exijan las circunstancias en
interés de éste" (art. 2010 del Cód. cív.).

Incapacidad, Quiebra y Suspensión de Pagos de una de las Partes

Incapacidad del mandante o del mandatario. Según los términos del artículo
2.003 del Código civil: "El mandato termina: por la interdicción civil ya sea del
mandante o del mandatario".La extinción del mandato es evidente en caso de
incapacidad del mandante; ya que el representado debe ser capaz en el
momento de la conclusión del acto celebrado en su nombre.

Pero, ¿no hay contradicción, en cuanto a la incapacidad del mandatario entre el
artículo 2,003 y el artículo 1.990 del Código civil, que le permite al mandante
designar a un mandatario incapaz? Las dos soluciones están justificadas: una
cosa es autorizar al mandante a elegir un mandatario que él sabe que es
incapaz y cuyos poderes limitará en la práctica; y otra cosa muy distinta es
mantener en funciones a un mandatario, capaz cuando fue designado, mientras
que se ha convertido en incapaz en el curso del cumplimiento.
El artículo 2.003 del Código civil, aunque no se refiera sino a la interdicción
civil, debe ser extendido a toda incapacidad; porque enuncia una regla de buen
sentido.

Quiebra y suspensión de pagos del mandante o del mandatario. La quiebra, la
regulación judicial y la suspensión de pagos arruinan la confianza necesaria en
las relaciones entre las partea en el mandato. Por eso, el artículo 2.003 del
Código civil decide que esos acontecimientos, sobrevengan en la persona del
mandante o del mandatario, te ponen fin al mandato.


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