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Cinco episodios para entender Ucrania

Por: F. Javier Herrero | 30 de enero de 2014

Oficiales alemanes reciben a Leon Trotsky y Lev Kamenev en Brest-Litovsk / AP
La revuelta popular del ‘Euromaidán’, que se desató a finales de noviembre con la
sorprendente decisión del Gobierno ucranio de suspender la firma del Tratado de
Asociación y Libre Comercio con la UE, ha generado una convulsión interna que por
lo pronto se ha cobrado la dimisión del primer ministro Mikola Azárov y todo su
gabinete ministerial. Ucrania se enfrenta a la disyuntiva de acceder a la Unión
Aduanera que ha forjado Rusia con Bielorrusia y Kazajstán o afianzar su relación con
la Unión Europea mediante el tratado de asociación. La doble alma del pueblo
ucranio -con un occidente que se ve custodio de las esencias nacionales y mira hacia
Europa, y el sureste, de cultura y lengua rusas, que lo hace hacia Moscú-, vuelve a
dividir al país como ya ocurrió en el pasado. Estos son algunos momentos claves del
pasado de Ucrania que ayudan a entender el presente.
1- Desde 1654 la Tierra de la Frontera (ese es su significado en el idioma eslavo), a
excepción de la occidental Galitzia vinculada al Imperio Austro-Húngaro, perteneció
al imperio de los zares hasta que la I Guerra Mundial y la Revolución Rusa pusieron
patas arriba el mapa de la Europa centro-oriental. La firma del Tratado de Brest-
Litovsk en marzo de 1918 entre las Potencias Centrales y Rusia obligó a ésta a
reconocer la independencia de Ucrania, entre otras muchas cláusulas humillantes,
pero la derrota alemana en la Gran Guerra unos meses después, dejó en papel mojado
lo firmado en Brest-Litovsk. Rusia quería recuperar los territorios perdidos y Ucrania
se vio inmersa en una guerra civil con varias entidades autónomas apoyadas por rusos
bolcheviques, rusos mencheviques, polacos... incluso un movimiento anarquista
llamado el ‘Ejército Negro’ se hizo fuerte en el sur del país. El Tratado de Riga de
marzo de 1921 puso fin a una guerra que dejó un millón y medio de muertos y marcó
las fronteras definitivas hasta la II Guerra Mundial. Ucrania occidental se incorporó a
Polonia y ésta reconocía a la República Socialista de Ucrania que en diciembre de
1922 fue miembro fundador de la URSS.
2- Las directrices marcadas por Stalin en la construcción del estado socialista y el
primer Plan Quinquenal soviético trajeron funestas consecuencias para la nación
ucrania que hoy día son una herida que supura en las relaciones entre ambos países.
Stalin y los planificadores económicos culparon a los agricultores de acaparar los
cereales y comprometer los resultados de los objetivos de industrialización. En 1929
la lucha de clases se desató contra los kulaks, los campesinos acomodados, que se
convirtieron en un grupo social a liquidar. La resistencia de millones de campesinos a
las requisas de la cosecha y la colectivización forzosa, fue contestada con una
represión feroz que supuso ejecuciones, encarcelamientos, torturas y deportaciones en
masa. Los efectos de la política de Stalin, que deliberadamente sabía que condenaba a
sufrir penurias y hambre al campesinado de la URSS, se tradujo en el invierno de
1932-33 en una crisis que sentenció a muerte a unos cinco millones de ucranios.
Algunos supervivientes testificaron que la escasez y el horror llegaron al punto de
darse casos de canibalismo. Fue lo que se conoció popularmente como Holomodor,
la Gran Hambruna, que para muchos es uno de los más brutales genocidios del
siglo XX. El dictador georgiano afirmó que la muerte de un hombre es un hecho
trágico, pero que la muerte de un millón es una simple estadística. Seguramente
pensaba en eso cuando se dio la orden de que los niños que eran hijos de campesinos
y fueron dejados por sus padres cerca de los orfanatos de las ciudades porque no
podían alimentarlos, fuesen expulsados y abandonados en medio de la inmensidad del
campo ucranio a su suerte.
3- En 1954 Nikita Kruschev, líder soviético de origen ucranio ruso-hablante, decidió
asignar la república autónoma de Crimea a Ucrania para conmemorar los 300 años de
unión entre rusos y ucranios. Esta península estaba poblada por tártaros hasta que
Stalin en 1943 ordenó la deportación de la mayoría de ellos a Asia Central acusados
de colaboracionismo con el ejército nazi. A partir de ese momento llega a Crimea
población rusa y ésta pasa a ser su principal componente demográfico. Desde el punto
de vista militar su importancia no es poca pues la flota soviética del Mar Negro
estableció su base en Sebastopol. Al producirse la desintegración de la URSS en
diciembre de 1991, los actos caprichosos de dirigentes anteriores acabaron pasando
su factura. En mayo de 1992 el parlamento ruso declaró ilegal la cesión de Crimea a
Ucrania en 1954, temeroso de que ésta rompiese con Rusia y la CEI (Comunidad de
Estados Independientes) y avanzara hacia una mayor cooperación con Occidente. En
1994 los partidarios de la integración con Rusia dominaban el poder ejecutivo y
legislativo en Crimea aunque por fortuna para Kiev las diferencias entre ellos no
tardaron en aflorar y el poder central ucranio se hizo con la situación. En los años
siguientes los presidentes Kuchma y Yeltsin pactaron el uso de la base naval y
Ucrania decretó el control político desde Kiev del conflictivo territorio. Dicho esto, la
mayoría ruso-hablante de la península no olvida sus orígenes.

Manifestantes de la Revolución Naranja en Kiev en 1994 / Reuters
4- Las elecciones presidenciales de noviembre de 2004 se grabaron en la memoria
de todos los ucranios. Putin viajó a Ucrania e hizo abiertamente campaña a favor de
Víktor Yanukóvich, actual presidente y en ese momento heredero del corrupto
presidente Leonid Kuchma. Víktor Yúshenko acudía a las elecciones en alianza con
Yulia Timoshenko, conocida como la ‘princesa del gas’, dueña de una empresa
importadora de gas ruso y representante del clan empresarial de Dnepropetrovsk.
Timoshenko tiene intereses económicos directos con Rusia y ha sabido liderar el
bando prooccidental, lo cual es más que notable. El 6 de septiembre, el candidato
opositor y prooccidental Víktor Yúshenko enfermó repentinamente y tuvo que ser
hospitalizado. Fue tratado en Viena y cuando reapareció el 19 de aquel mes, tenía el
rostro irreconocible. Un descomunal sarpullido era el síntoma de lo que los médicos
diagnosticaron como un envenenamiento con dioxinas. Yúshenko culpó a los
servicios secretos que trabajaban para sus rivales políticos los cuales habrían decidido
apearle de la carrera electoral y dejar el camino libre a Yanukóvich, pero Yúshenko
se repuso. Cuando se celebró la segunda vuelta, las denuncias de fraude electoral
llegaron desde todos los ámbitos menos Rusia. La negativa gubernamental a repetir
las elecciones desataron la 'Revolución Naranja' con la que centenares de miles de
personas ocuparon el centro de Kiev de manera pacífica bloqueando los edificios
administrativos durante 18 días en una vigilia permanente que exigía democracia ante
los ojos atónitos de medio mundo. Las regiones ruso-hablantes del este del país
amenazaron con imponer su autonomía y el régimen pensó en declarar el estado de
excepción. Las negociaciones entre las partes y la mediación internacional lograron
alejar el fantasma de la guerra civil y alcanzar el pacto. Se volvieron a celebrar
elecciones y Víktor Yúshenko fue elegido presidente.
5- Antes de llegar al presente Ucrania y Rusia tuvieron una última crisis con la
guerra del gas que se desencadenó en enero de 2009. Rusia alegaba el impago de la
deuda que Kiev mantenía con la compañía rusa Gazprom y la negativa ucrania a
acordar un nuevo contrato de suministro, aparte de acusarle de robar gas. Por los
gasoductos ucranios transita el 80% del gas que importa Europa de Rusia, que acabó
tomando la decisión de cortar el suministro para presionar a Ucrania. Durante quince
días con temperaturas a -15º, los países del este europeo se quedaron literalmente
tiritando y algunos de la Unión Europea vieron sus reservas disminuir
peligrosamente. El escenario político era muy complejo. Las relaciones entre ambos
países se hicieron más difíciles ya que Putin no tragaba con la política nacionalista y
prooccidental de Yúshenko. La Unión Europea había llegado a las puertas de Rusia
con sus ampliaciones y se convertiría en el mercado natural de las exportaciones
ucranias. Mientras tanto se negociaban créditos con el FMI y el BERD para salir de la
apurada situación financiera de su economía. Al frente de Ucrania, los que antes eran
aliados, ahora eran enemigos. El presidente Yúshenko acababa de cesar a
Timoshenko como primera ministra tras la aprobación de leyes que mermaban el
poder del presidente de la república y las reformas necesarias para salir del caos
económico permanecían aparcadas. Ucrania y Rusia acabaron firmando un acuerdo
sobre el suministro de gas con duras condiciones para la primera. Las firmas de ese
acuerdo fueron luego usadas para acabar condenando a Yulia Timoshenko, a la sazón
primera ministra, a siete años de cárcel por abuso de poder en unas circunstancias
procesales que recordaban las de Mijail Jodorkhovski en Rusia.
Ucrania afronta de nuevo momentos decisivos. La Rusia de Vladimir Putin juega el
papel de potencia global que quiere subvertir en lo posible la situación de postración
en la que quedó tras la desintegración de la URSS y Ucrania es un peón necesario en
esa estrategia por su situación en el mapa, pero los ucranios se consideran lo
suficientemente fuertes para no aceptar la presión rusa como en tiempos anteriores. El
tablero geopolítico en esa zona se mantiene inestable.