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1.

- Los Fundadores de la Psicoterapia Experiencial
La actual Psicoterapia Experiencial contó con el impulso de Carl R. Rogers y actualmente con el
impulso de Eugene T. Gendlin.
Pondremos nuestra atención en el quehacer terapéutico que postulan ambos autores y cómo conciben el
cambio personal, realzando qué deben atender los terapeutas en los clientes para facilitar el cambio
personal, dando pie a la construcción de una nueva escala.
Si bien actualmente se comprende en mayor medida el proceso mediante el cual una persona cambia su
conducta o la manera en que se concibe, la consecución de este conocimiento fue paulatino y las más
de las veces enigmático.
Carl Rogers en los comienzos de su investigación señaló que el fenómeno del cambio en la
personalidad continuaba siendo un enigma: “Deseo informar al lector que tal objetivo aún no ha sido
alcanzado y que, al parecer, la expedición sólo ha podido penetrar unas pocas millas en el interior de la
jungla”. (Rogers, 1984, p.118)
Su investigación se basó en las siguientes preguntas: “¿Cuáles son los elementos comunes a los
cambios de personalidad?, ¿Cuáles son los elementos comunes a las distintas condiciones que preceden
al cambio? Y lo más importante ¿Cuál es el proceso por el que se realiza este cambio?”. (1984, p.118)
Rogers junto a sus colaboradores requirió decenas de años de investigación y experiencia clínica para
develar en parte estas preguntas, que conformaron un sistema teórico-práctico distinguible en tres
periodos, que a continuación se expone.
2.- Los períodos que atravesó la psicoterapia impulsada por Carl Rogers
1. Psicoterapia No Directiva (1940-1950)
2. Psicoterapia Centrada en el Cliente o Reflectiva (1950-1957)
3. Psicoterapia Experiencial (1957 en adelante)
En el primer período, Psicoterapia No Directiva, el terapeuta básicamente brinda un espacio de
aceptación con un estilo no intervencionista, “...esforzándose en clarificar la experiencia del cliente a
fin de que este alcance un mejor conocimiento de sí mismo y de su situación vital”. (Reyes, 1982, p.
58)
Destaca en este período, el desarrollo de un encuentro con el cliente substancialmente diferente a los
imperantes de aquella época, preponderando la relación por sobre las técnicas.
Gendlin señala al respecto que “Rogers eliminó la situación en la que el terapeuta se mantenía a buen
recaudo, oculto del paciente, el modelo médico, el <paciente> como un ser diferente del <doctor>;
eliminó el diagnóstico, <el tratamiento>, el historial del paciente, el encuadre en su totalidad.”
(Gendlin, 1969, p.422)
El cambio en la personalidad del cliente se producía porque este exploraba su experiencia sin sentirse
amenazado por juicios, descalificaciones, imposiciones u opiniones provenientes del “experto”; el
terapeuta.
Con respecto al segundo período, Psicoterapia Centrada en el Cliente o Reflectiva, el terapeuta ayuda a
rescatar “...los significados implícitos de la comunicación del cliente. El objetivo central del terapeuta
es la búsqueda de la congruencia personal del cliente”. (Reyes, 1982, p.59) El elemento central en la
acción terapéutica es la empatía.
Rogers a esta altura de la investigación articula el pilar fundamental de su quehacer psicoterapéutico; el
mantenimiento de actitudes específicas del terapeuta durante la sesión serán necesarias y suficientes
para que se produzca el cambio personal en el cliente.
Estas actitudes son: el terapeuta está en un estado de acuerdo interno por lo menos durante la sesión,
experimenta sentimientos de consideración positiva e incondicional respecto al cliente, experimenta
comprensión empática del marco de referencia interno del cliente y este último las percibe en un grado
mínimo.

(Rogers y Kinget, 1967, p.219)
Cabe destacar que la teoría y práctica clínica de este segundo período aún se encuentra vigente.
El tercer período abarca el desarrollo de la Psicoterapia Experiencial (1957 en adelante), caracterizada
por el surgimiento del concepto “experiencing” (experienciando).
En este período tiene cabida intervenciones terapéuticas con objetivos más específicos y claros que los
períodos precedentes. A su vez brinda una mejor explicación teórica de cómo se produce el cambio en
el cliente.
El objetivo primordial del quehacer terapéutico de este período es; “un esfuerzo conjunto
(terapeuta/cliente) para restablecer el contacto del cliente con su proceso de experienciar” (Reyes,
1996, p.60)
El impulsor de este tercer período junto a Carl Rogers es Eugene Gendlin, quien posee bases filosóficas
del existencialismo.
Hasta aquí los tres períodos claramente distinguibles. Revisemos ahora los conceptos centrales de él.
3.- Los conceptos centrales del período de la Psicoterapia Experiencial
Antes de avanzar, es necesario aclarar que este tercer período integra los períodos anteriores, en el
sentido de la actitud básica del terapeuta desde la cual debe construir sus intervenciones. (Gendlin,
1974, p.201)
Gendlin comparte con Rogers que el cliente tiene el papel principal dentro de la terapia y todas las
técnicas deben estar subordinadas a una relación de escucha y empatía.
¿Hacia dónde se debe apuntar entonces cuando ya se dispone del tipo de relación antes descrito?: para
Rogers hay que “...responder al ‘sentir’ puntual del cliente, a lo esencial de todos los mensajes del
cliente. Al hacer esto hay un progreso y se abren vías de solución a partir de este aspecto sentido. Lo
siguiente que hace a una persona experienciar y hablar no es por fuerza lo que se sigue lógicamente de
lo último que se dijo. Más bien se sigue del sentimiento de lo que se dijo.” (Gendlin, 1973, p.147)
Gendlin reformula lo arriba señalado, planteándolo de la siguiente manera: “La filosofía experiencial
diría de esto que, atendiendo a lo que uno ahora es, cambia o mueve eso mismo. Imponerse
interpretaciones y esquemas es inútil, pero permitir que la dinámica interior siga es, junto con
elecciones audaces, el modo de vivir las propias posibilidades”. (1973, p.147)
Atender “a lo que uno ahora es”, Gendlin lo denomina atender al experienciar. Este es el concepto
central de la teoría y práctica experiencial.
Este concepto se define como “una corriente de sensaciones, que ocurre en el presente inmediato. Su
naturaleza es organísmica (se da en el cuerpo), es preconceptual y en tal sentido guía la
conceptualización. Esta corriente de sensaciones es significativa o es fuente de significados, de este
modo las personas pueden hacer referencia directa a ella y formar conceptos”. (Reyes, 1982, p.60) Es
además infinitamente diferenciable. (Gendlin, 1973, pp.150-151)
Para Gendlin el experiencing es la existencia.... (1973, p.150)
Cabe mencionar que la palabra experiencing (experienciando) es gerundio de “experience”
(experiencia). Denota el carácter activo y de constante movimiento.
Gendlin señala que “...mientras más el experienciar del individuo juega un papel central en sus
pensamientos, palabras y reacciones, más alto se mueve en el continuo del proceso” (de cambio
personal) (Rogers-Gendlin-Kiesler-Truax, 1967, p.118)
Por el contrario, si la persona se encuentra distanciada de sus datos sentidos (o experiencing) se
produce el “desajuste personal”. (Gendlin, 1973, p.164) “El desajuste psicológico no es la neurosis
clásica, ni ningún ‘contenido nocivo’ interior, sino la pérdida de contacto con la propia experiencia”.
(1973 p.164) “Si la neurosis se puede considerar como la pérdida de contacto con el rico flujo de la
experiencia personal (o experiencing), la psicosis supone un estrechamiento radical de este flujo”
(1973, p.165)
Otro concepto central del Período Experiencial es el término sensación sentida, definición que será
definida ampliamente debido a su importancia.
Gendlin lo define como una sensación que tiene vida propia, autónoma, que no podemos controlar ni
saber cuándo va a surgir. Es compleja en significados, de carácter global y menos intensa que la
emoción o los sentimientos. Incluye emociones, tiene sus propios significados. Es conceptualmente
vaga pero nítidamente sentida., “...lo que se siente directamente pero que es más global y ambiguo que
cualquier sentimiento normal; algo situado en la zona comprendida entre el consciente y el
inconsciente”. (1999, p.90)
A continuación se presentan algunas características que Gendlin (1999) hace de la sensación sentida:
1. Frente a una sensación sentida decimos, «puedo sentirlo, justo ahí, pero no sé qué es».
2. La sensación sentida tiene su propio significado, pero normalmente es más complejo de lo que
podemos expresar con las expresiones o categorías normales. Aun así es muy definida en el sentido
que sentimos inmediatamente cuando algo no se ajusta a ella.
3. Cuando se encuentran las palabras adecuadas la sensación sentida se abre- fluye hacia delante. En
donde antes estaba bloqueada, ahora fluye a lo largo del significado de las palabras. Estas palabras
se vuelven continuas con la sensación sentida. Con ellas la sensación sentida se abre y se mueve.
4. La sensación sentida es una sensación corporal implícita y holística de una situación compleja.
Abarca distintos factores, muchos de los cuales no se habían diferenciado antes. Algunos de estos
factores son emociones.
5. La sensación sentida contiene un entramado de significados, toda una textura de facetas, una
alfombra persa de patrones (mucho más de lo que se puede decir o pensar). A pesar de su
complejidad, la sensación sentida también tiene un foco, una sola demanda específica, una
dirección, un punto. Puede «sumarse a» o «llevar a» otro paso.
6. Cuando se produce una sensación sentida, sólo ciertas expresiones o acciones resonarán con ella y
la llevarán adelante. Aunque sepamos mucho sobre ese aspecto, la sensación sentida consta de
muchos matices que desconocemos. Se trata de la sensación única de toda una complejidad y por
eso no cae dentro de ninguna categoría normal.
7. La sensación sentida es más fiable que la razón porque suele sentir más factores de los que puede
tener en cuenta la razón.
8. Con la sensación sentida no sabemos de antemano qué va a surgir. Lo que sí sabemos con
anterioridad es que la sensación sentida incluye más factores de la situación de los que ya sabemos.
9. La sensación sentida tendrá una cualidad corporal determinada: nerviosismo, pesadez, pegajosidad,
inquietud, tirantez...
10. La sensación sentida no es tan intensa como el enfado. A partir de la sensación sentida, cuando
surge, podemos encontrar más de lo que sabíamos sobre la situación que nos enojó.
11. La sensación sentida es una multiplicidad que se siente a la vez. También tiene su propio punto
local -lo peor, lo mejor, lo más importante, el <resultado> más sobresaliente- el próximo paso de
pensamiento, la acción necesaria.
12. La sensación sentida incluye más de lo que hemos llegado a pensar o apreciar y más de lo que
podemos pensar o considerar explícitamente. (Lógicamente, no se trata de algo omnipotente y
puede dejar fuera muchas cosas: por ejemplo, algo que los demás sienten y saben.)
13. La sensación sentida es una sensación en nuestro cuerpo, como la sensación de inquietud que nos
hace saber que un problema, para el que parece no haber solución, no está resuelto.
14. Es la sensación física de algo con significado, de una complejidad implícita.

Los esfuerzos terapéuticos en la psicoterapia experiencial están destinados a facilitar el contacto del
cliente con su experiencing a través de la sensación sentida. A continuación Gendlin expone cómo la
atención e interacción con aquel flujo de experiencia produce “sanación” en el cliente:
“Evidentemente, aunque aquí estamos hablando sobre bastantes aspectos del cómo y del por qué (se
produce el cambio experiencial), todavía podemos seguir diciendo que no comprendemos el proceso.
Es demasiado abarcador y profundo y surge a su propio antojo; no podemos encapsularlo limitándolo a
nuestros conceptos o a nuestra intuición. Pertenece a su propio reino. Se trata de una cura que surge
desde abajo. A partir de este tipo de atención interna y relacional, la globalidad de esta complejidad se
reorganiza a sí misma. Todo lo que sabemos es qué ocurre cuando le prestamos (a nuestro experienciar)
atención de una forma determinada, si dejamos que se forme una sensación sentida, si <hacemos un
espacio>, si <permanecemos a su lado> (de la sensación sentida) atendiéndola y si agradecemos los
pequeños pasos que tengan lugar”. (1999, p.229, Los paréntesis son míos) Continua Gendlin señalando
que “Nosotros (los terapeutas) hacemos muy poco (para que se produzca el cambio). Es importante
darse cuenta de esto. Pero lo poco que hacemos sí parece ser fundamental y eso sí es comprensible y se
puede enseñar. Ahora somos capaces de conceptualizar y aislar las condiciones necesarias para generar
y mantener este proceso. Aparte de esto, el proceso hace el resto desde debajo de forma parecida a
como una herida se cicatriza desde dentro, desde su extremo más profundo y hacia fuera, si
conseguimos mantenerla limpia.” (1999, p.220, los paréntesis son míos)
El contacto con el experienciar a través de la sensación sentida es definitivo para restablecer la salud.
Por tanto este es el principal y primer objetivo de la psicoterapia experiencial.
Junto a este objetivo existen otros dos, que permiten “llevar adelante” el proceso de cambio personal.
El segundo objetivo es la significación del flujo experiencial. El cliente necesita encontrar símbolos
que se ajusten a sus datos sentidos. Se entiende como símbolo; palabras, imágenes, sonidos, olores,
etc., cualquier asidero que nomine la experiencia.
Se considera como tercer objetivo la expresión del cliente en la interacción con el terapeuta, ya sea a
través del lenguaje o a través de comportamientos.
La expresión del cliente es considerada por Gendlin como una forma de simbolizar la experiencia. Otro
autor pone énfasis en que la forma de hablar de los clientes, y la calidad de la misma, es una variable
que facilita u obstaculiza el contacto con el experienciar. (Reyes, entrevista personal, Junio del 2000)
Este último autor propone que la expresión personal cuando es de carácter subjetiva (yo veo las cosas
así), alude a sentimientos y significados personales (yo siento...., esto para mí significa...), cuando la
voz posee ritmo, pausas, cadencias afectivas con coherencia entre lo no verbal y lo verbal, cuando se
expone al interlocutor el contexto y lo que se relata es espontáneo, la persona se está expresando de un
modo coherente al funcionamiento del experienciar. (Reyes, 2000)
En síntesis los objetivos de la Psicoterapia Experiencial son tres:
1. Contacto con el experienciar.
2. Simbolización o significación de la experiencia.
3. Expresión.
En palabras del impulsor de la psicoterapia experiencial: “La teoría de Gendlin de la evolución de la
personalidad, se ocupa de los siguientes pasos terapéuticos: concentración en la experiencia inmediata
(Contacto), surgimiento de palabras y sentimientos a partir de esa experiencia, ‘cambio experiencial’ de
la experiencia a la que nos referíamos (Simbolización). La interacción del terapeuta con el cliente,
verbal o no verbal (Expresión), se considera un llevar adelante la experiencia del cliente y en este
sentido simbolizarla más”. (Gendlin, 1973, p.149, los paréntesis son míos)
De estos tres objetivos o pasos terapéuticos podemos desprender que los clientes pueden presentar
dificultades en alguna de estas tres funciones (contacto, significación o expresión), debiendo el
terapeuta identificarlas para orientar su quehacer.
Por tanto el terapeuta experiencial necesita realizar un diagnóstico de tipo procesal para pesquisar las
dificultades específicas del cliente para procesar su experiencia.
Por último cabe señalar que el terapeuta en esta línea de la terapia no plantea que temas vitales el
cliente debe tratar, es decir no se centra en el contenido del cliente sino en cómo procesa cualquier
experiencia que el cliente aborde. Esta distinción será abordada en el siguiente capítulo.
4.- La atención del terapeuta experiencial en el proceso
Se ha mencionado que el terapeuta experiencial apunta con sus intervenciones a que el cliente contacte
sus datos sentidos para que pueda diferenciarlos, significarlos y expresarlos.
No es primordial qué contenidos el cliente expone en la terapia para realizar lo anterior, vale decir si es
acerca de sus traumas infantiles, su sexualidad, la relación con la figura paterna, etc., lo primordial es
cómo el cliente contacta, significa y expresa estos contenidos.
Para Greenberg “los objetivos de la terapia son los procesos de construcción de significados y los
conjuntos de esquemas emocionales que son relevantes para los asuntos y situaciones problemáticas
traídas a la terapia por cada cliente.” (Greenberg-Rice-Elliot, 1996, p.31)
La atención a dichos procesos de construcción se basan en atender momento a momento a la
experiencia sentida del cliente: las respuestas terapéuticas “se diseñan para facilitar ciertas actividades
de procesamiento que ayudarán al cliente a atender y simbolizar la parte más viva de su experiencia.”
(Greenberg-Rice-Elliot, 1996, p.33)
Este tipo de intervenciones no requieren que el terapeuta se centre en algún contenido particular. “Al
facilitar la experiencia emocional, el terapeuta no sostiene que se deba tratar un contenido específico
para lograr el cambio.” (Greenberg-Rice-Elliot, 1996, p.33)
Los contenidos del cliente son importantes para este, por ende la comprensión empática del terapeuta es
fundamental. Sin embargo, la atención del terapeuta se centra en “cómo los clientes están organizando
su experiencia en el presente.” (Greenberg-Rice-Elliot, 1996, p.34)
Para Gendlin atender al proceso experiencial es fundamental. A medida que el cliente atiende a la
dirección de su propio proceso, este lleva adelante su experiencia.
Gendlin señala que “el proceso experiencial a menudo parece, en un momento dado, dirigirse hacia
cierta conclusión. Un poco después puede orientarse hacia otra muy diferente, incluso opuesta.” (1967,
p.97)
Lo anterior es una de las razones por las cuales el terapeuta experiencial no se centra en los contenidos.
Estos cambian a medida que el cliente diferencia y significa su experienciar. Pero la razón principal de
atender al proceso y no al contenido es que sólo al atender y diferenciar el significado sentido presente
del cliente el proceso experiencial progresa. Cualquier otra acción del terapeuta o del cliente es dar
marcha atrás o ir de lado. (Gendlin, 1967, p.97)
De este proceso surgen los movimientos necesarios para integrar aquellas experiencias que se
bloquearon. “El organismo puede completar lo que debería haber pasado en su infancia y juventud
temprana..., esta interacción presente (experienciar y símbolo) puede ofrecer implícita y
específicamente la continuación actual de los procesos que se detuvieron en la infancia. El cuerpo ha
implicado los siguientes pasos simples desde entonces y los representará si la interacción así se lo
permite.” (Gendlin, 1999, p.389)
El cliente siente y sabe qué necesita, su cuerpo “sabe” que falta para llevar adelante su experiencia, por
ello es él quien debe decidir qué temas abordar. Gendlin señala que “El organismo se completa a sí
mismo. Los pasos provienen del cuerpo, como cuando hay una herida: nuestra labor consiste en
mantenerla limpia. El cuerpo sabe cómo cicatrizarla y cómo unir todos los capilares.” (1999, p.397)
Más adelante agrega que la “forma más sencilla de evitar los puntos muertos (o bloqueos) es dejar que
el proceso del cliente siga su propio paso. El terapeuta debe saber que se consigue mucho simplemente
acompañando al cliente, captando el sentido exacto de lo que está expresando.” (1999, p.30, los
paréntesis son míos)
Es importante atender cómo el cliente procesa su experiencia, no importa el contenido, ayudando al
cliente a contactar los aspectos presentes, que se encuentra en movimiento.
Por tanto el terapeuta experiencial tiene como objetivo primordial ayudar al cliente a desarrollar sus
capacidades de contacto, significación y expresión. De ahí que su atención está puesta en el proceso y
no en el contenido.
El terapeuta experiencial no intenta modificar el contenido, aunque este cambia cuando el cliente
contacta, distingue y significa el flujo de sensaciones presentes. Por ello al terapeuta tampoco debiera
importarle la valencia de dichos contenidos, es decir si se refieren a experiencias dolorosas o a
experiencias placenteras.
Lamentablemente esto último no sucede. En una investigación impulsada por G. Reyes y D. Benítez
(1989) encontraron que los terapeutas disminuyen su nivel empático cuando los mensajes del cliente
son positivos, aumentando sus niveles empáticos cuando atienden a problemas.
Desde la teoría experiencial, como ya se ha mencionado, la importancia radica en cómo el cliente
contacta su experienciar. El terapeuta no debería atender con mayor intensidad a los aspectos dolorosos
del cliente, sino que necesita resonar con la sensación sentida presente del cliente sin importar la
valencia de ella.
La sensación sentida cuando es contactada y diferenciada produce movimientos corporalmente sentidos
de alivio. El terapeuta experiencial ayuda al cliente a no centrarse en sus contenidos sino en el proceso
de vivir experiencias lo más nítidamente posible.
El cliente requiere atender a cómo procesa su experiencia para ver qué efectos tiene sobre él lo que
expresa o lo que el terapeuta le señala. “Todas las intervenciones terapéuticas requieren que el cliente
se fije en los efectos concretos de la intervención. Algunas intervenciones producen un efecto genuino
y otras no.” (Gendlin, 1999, p.29)
El cliente no llevará adelante su experiencia por el mero hecho de hablar de temas socialmente
criticables o por conversar cómo fue la relación con sus padres o bien por sus deseos sexuales u otros
contenidos, el cambio no se produce por los contenidos que el cliente exponga, sino por la manera en
que este se contacta con ellos.
Para que el cliente pueda mejorar su nivel de contacto el terapeuta deberá ayudarlo a observar cómo en
el presente lo afectan cada una de las experiencias que relata.
“Si no intentamos mejorar o cambiar algo, si no ponemos nada de nuestra propia cosecha, si por muy
mal que estén las cosas nos dedicamos a expresar sólo qué es lo que estamos entendiendo exactamente,
esta respuesta se suma a nuestra presencia y ayuda a los clientes a ponerse en contacto y profundizar en
lo que están sintiendo en ese momento. Quizá se trata de la cosa más importante que debe saber
cualquier persona que se dedica a ayudar a los demás.” (Gendlin, 1999, p.30, los paréntesis son míos)
Gendlin plantea que atender al proceso experiencial es atender al proceso de focalización. (Hinterkopf,
Comunicación personal, 3 de Julio del 2000) “El proceso involucra prestar atención a una sensación
corporal vaga y holística -una sensación sentida- de manera compasiva, permitiendo que esta se devele
con sencillez y energía de vida.” (Hinterkopf, 2000) En cambio “el contenido se refiere al material
simbolizado con significados idiosincrásicos para cada cliente.” (Hinterkopf, 2000)
En el proceso de focalización el terapeuta atiende al proceso y no al contenido ya que se conoce que los
significados de las palabras son diferentes para cada cliente, por ejemplo para una persona la palabra
Dios puede significar amplitud, alivio y fuerza vital, en cambio para otra puede acarrear tensión.
Siguiendo el proceso, más que el contenido, se puede evitar el riesgo de ser enjuiciador, (Hinterkopf,
2000) esta es otra ventaja de centrarse en el proceso.
Las escalas de proceso tampoco se basan en los contenidos que el cliente expone en terapia. Dichas
escalas, en términos generales, se centran en cómo el cliente explora su experiencia.
A continuación revisaremos los esfuerzos para construir este tipo de escalas.
5.- El desarrollo de escalas para efectuar diagnósticos procesales
Carl Rogers ideó una escala procesal que permite predecir la amplitud del cambio en psicoterapia.
Este fue un importante hallazgo de Rogers y sus colaboradores; se observó que aquellos clientes que se
encuentran en un nivel superior en dicha escala al comienzo de la terapia, muestran mayores cambios
que aquellos que puntúan en niveles inferiores. Incluso es posible predecir que estos últimos (los que
puntúan en niveles inferiores) no tendrán éxito en una psicoterapia. (Rogers-Gendlin-Kiesler-Truax,
1967, pp.126-127)
Esta escala se basa en la manera que el cliente se refiere a su experiencia, puesto que Rogers pensaba
que “...las cualidades de la expresión del cliente en un punto determinado podrían señalar su posición
en el continuo, su ubicación en el proceso de cambio”.(Rogers, 1984, p.122)
Las cualidades de la expresión del cliente que Rogers alcanzó a distinguir son siete: (1) Sentimientos y
significados personales, (2) Manera de experienciar, (3) Grado de incongruencia, (4) Comunicación del
sí mismo, (5) La manera en que la experiencia es construida, (6) La relación con los problemas y (7) La
manera de relacionarse con los demás. (Rogers-Gendlin-Kiesler-Truax, 1967, p.120-121)
Estas siete variables a su vez se dividen en 7 niveles (Anexo 1).
Sin desmedro de la importancia de esta escala, cuando ésta se utiliza como medio para pesquisar las
fallas procesales específicas del cliente o como herramienta para orientar acciones terapéuticas
específicas, esta escala disminuye su valor.
Otra limitación de ésta, es la señalada por E. Gendlin y T. Tomlinson. Consideran que “esta primitiva
escala procesal aparece como muy global, y algunas de las hiladas descripciones son imprecisas”.
(Rogers-Gendlin-Kiesler-Truax, 1967, p.127) Agregan que algunas de estas variables son difíciles de
distinguir entre una etapa y la otra, ya que las distinciones son de este tipo: etapa 1, “x” no está
presente; etapa 2, muy poco de “x”; etapa 3, aún poco de “x”; etapa 4, apareciendo “x”; etapa 5, “x”
aparece más frecuentemente; etc.
A partir de los análisis críticos de Gendlin y colaboradores se llevaron a cabo descripciones más
específicas de cada variable. A su vez se midió separadamente cada una de ellas con el fin de dilucidar
si un individuo con un nivel alto puntuaba en las otras variables de igual modo. Así se construyeron
cuatro escalas diferentes, (Rogers-Gendlin-Kiesler-Truax, 1967, p.587-611) que ganaron en
especificidad.
Cada escala mide un aspecto considerado de gran valor dentro del proceso de cambio. Estas escalas
son:
1. - La Escala del Experiencing (Anexo 2) mide el grado en que el cliente manifiesta referencias
internas en sus verbalizaciones. El cliente se refiere internamente cuando se refiere a sus sentimientos y
reacciones, cuando busca significados a sus acontecimientos personales, sentimientos e ideas que
reporta.
2. - La Escala de Constructos Personales (Anexo 3) evalúa la expresión de ellos, desplazándose
desde el polo donde estos se encuentran ausentes en el discurso de la persona, pasando por la expresión
de ellos pero considerándolos de manera rígida, hasta el otro extremo del continuo donde los
constructos son tentativos y siempre son chequeados y re-chequeados con los datos sentidos.
3. - La Escala Expresión de Problemas (Anexo 4) evalúa la manera en cómo el cliente habla de sus
problemas. Esta variable se mueve en el continuo del proceso desde el extremo en el que no se habla de
ningún problema como dificultad, confusión, conflicto, queja, etc., pasando por un estado intermedio
en donde el individuo habla acerca de sus reacciones ante el problema o la manera en que él contribuye
a generarlo, hasta el otro polo donde la persona habla de la resolución de su problema, en términos de
cambios en las sensaciones, actitud o experiencia del mismo.
4. - La Escala de Relación (Anexo 5) evalúa la cualidad relacional en 4 sentidos. Si la relación es
significativa e importante, el grado de comunicación íntima y personal, si hay preocupación personal de
mantener la relación y si asumen los interlocutores estas intenciones en el otro interlocutor.
Estas cuatro escalas toman también como referencia principal las cualidades de la expresión del cliente,
junto con la manera en que este se relaciona con su experiencia.
Si bien las descripciones de cada nivel son más detallados que la escala original de Rogers, en general
el defecto de éstas radica en que no permiten orientar acciones terapéuticas específicas debido a la
manera como están operacionalizadas.
En gran parte se debe a que al construir estas escalas, como ya se mencionó, el foco central radicaba en
observar como las personas que puntuaban en un nivel determinado de una escala, puntuarían en las
otras, y no para diagnosticar las fallas procesales del cliente ni menos aún para orientar las
intervenciones terapéuticas.
Leslie S. Greenberg, Laura N. Rice y Robert Elliot elaboraron un diagnóstico procesal que orienta
acciones terapéuticas específicas.
Señalan que es necesario contar con índices precisos que orienten las intervenciones terapéuticas en
cualquier momento de la terapia. Para ellos “...las decisiones terapéuticas apropiadas se basan
atendiendo en cómo los clientes están comúnmente organizando su experiencia. A lo que apuntamos es
a cambiar la manera en cómo las personas procesan (su experiencia), cambiando qué es lo que atienden
y cómo simbolizan, antes que modificar o comprender un contenido específico”. (Greenberg-Rice-
Elliot, 1996, p.15)
Los índices dan cuenta de la forma en que procesa una persona en un momento determinado su
experiencia. “Investigando estos eventos concluimos que los terapeutas pueden ayudar a los clientes a
resolver tipos particulares de procesar sus problemas mediante una facilitación selectiva en el modo en
que los exploran, apuntando específicamente a la dificultad para procesarlos. Entonces estos índices
indican la naturaleza de la dificultad específica para procesar con la que el cliente esta forcejando, y
además indican la manera común como trabaja con sus problemas”. (Greenberg-Rice-Elliot, 1996,
p.13)
El diagnóstico para estos autores es de suma importancia; “...el diagnóstico del proceso supone la
identificación de indicadores de problemas de procesamiento emocional. Cuando emerge un indicador
de un tipo particular, el terapeuta facilita tipos particulares de actividades de procesamiento, diseñadas
para ayudar a resolver el problema de procesamiento emocional experimentado en ese momento.”
(Greenberg-Rice-Elliot, 1996, p.37)
Estos autores identificaron seis índices, que se acompañan de intervenciones terapéuticas
especializadas.
1. Reacción problemática.
2. Sensación sentida poco clara o imperceptible.
3. Conflictos y división en la evaluación del sí mismo.
4. Interrupciones en el sí mismo.
5. Asunto incompleto o no resuelto.
6. Intensa vulnerabilidad.
La principal crítica a esta forma de diagnóstico es que al señalar problemas tan específicos del cliente,
se necesitaría desarrollar una amplia gama de índices con sus respectivas acciones terapéuticas que den
cuenta de los distintos problemas con que topa el cliente, que serían difíciles de memorizar y en vez de
orientar al profesional, probablemente lo llevaría a tener una visión muy parcial del proceso del cliente.
Además este tipo de diagnósticos, aparentemente, antepone las técnicas por sobre la relación
terapéutica, es decir da excesiva importancia al diagnóstico, aspecto que desde la psicoterapia
experiencial podrían llegar a interferir en el proceso de cambio del cliente.
Un avance en la construcción de una escala procesal debiera integrar índices que agrupen y sinteticen
una amplia variedad de problemas que el cliente presenta, manteniendo a su vez una visión general del
proceso.
La Escala de Expresión Personal desarrollada por Ruth Rojas N. y Marta Ruiz T. (Rojas-Ruth, 1984)
(Anexo 6) tiende en este sentido.
Esta escala se compone de un índice principal, la expresión personal, y seis subíndices más, los cuales a
su vez se encuentran divididos en cinco niveles. Fue construida para observar la cualidad de la
comunicación interpersonal.
A través de esta escala se puede efectuar un diagnóstico general del tipo y calidad de la comunicación
interpersonal y podría orientar acciones terapéuticas.
Otro esfuerzo en la construcción de escalas procesales es la desarrollada por Rainer Sachse (1990) para
una investigación. El determinó con dicha escala los efectos de las intervenciones de los terapeutas en
el modo de procesamiento de sus clientes (Anexo 7).
La escala se compone de 8 niveles que representan el modo de procesamiento del cliente de sus
sentimientos y significados. Cada nivel hace alusión a conductas distinguibles, mediante preguntas y
respuestas que el cliente se hace.
Los niveles 1 al 8 de la escala señalan modos de procesamiento particulares: en el cliente no se percibe
un procesamiento de contenidos pertinentes, intelectualiza, solamente reporta, realiza evaluaciones
externas, efectúa evaluaciones personales, alude a significados personales, realiza explicaciones de las
estructuras de significados pertinentes, efectúa una integración.
Cabe mencionar las tres conclusiones de esta investigación: Las intervenciones verbales de los
terapeutas dirige al cliente a procesamientos más profundos de su experiencia, por tanto sus
intervenciones son cruciales. En segundo lugar los clientes son más vulnerables a las intervenciones del
terapeuta cuando se encuentran en un nivel de procesamiento más profundo, ya que los clientes tienen
dificultades para mantenerse en dichos niveles. Por último se concluye que las intervenciones
desfavorables tienen un fuerte efecto en los clientes disminuyendo el nivel en que estos procesan su
experiencia.
Por ello las condiciones que los terapeutas ofrecen junto al tipo de intervenciones que realizan es un
elemento central para favorecer el cambio o para entorpecerlo.
La carencia de la escala de Sachse radica en la exclusión de índices que son considerados centrales en
la psicoterapia experiencial, nivel de contacto y significación debido a que la escala se enmarca en la
teoría de la terapia centrada en el cliente.
Las principales escalas procesales actuales presentan deficiencias para orientar acciones terapéuticas
sin perder la visión general del proceso. Además las necesidades de formación requieren de un tipo de
escala diferente a las actuales.
En la formación de psicoterapeutas se considera importante incluir los niveles que un cliente presenta
en sus funciones de contacto, simbolización y expresión.
Otra variable que una escala de proceso necesita integrar es si el terapeuta con sus intervenciones está
facilitando u obstruyendo el nivel alcanzado por el cliente. Las intervenciones de los terapeutas o el
modo como este interviene, según demuestra Sachse, son cruciales para los clientes.
Para desarrollar una escala como la descrita ahondaremos un poco más en la práctica y teoría
experiencial, aunque ya contamos con las tres funciones básicas para promover el cambio personal.
Ahora necesitamos conocer cómo se concibe cada uno de dichas funciones a través de la focalización.
La focalización es entendida como una técnica (Gendlin, 1969) y también como un proceso, (Gendlin,
1970, cap.7) vale decir por un lado es una herramienta terapéutica y por el otro, es una
conceptualización de cómo se favorece y produce el cambio personal.
6.- El diagnóstico procesal orientado a partir de la focalización
La técnica Focusing (Gendlin, 1969) o focalización (Anexo 8) desarrollada por Gendlin, completa los
tres objetivos de la psicoterapia experiencial: Contacto, significación y expresión.
La focalización como técnica es una sucesión de 6 movimientos con instrucciones específicas:
1. Despejar un espacio
2. Dejar que se forme la sensación sentida
3. Buscando un asidero
4. Resonando
5. Preguntando
6. Recibiendo
La acción principal de esta técnica o “procedimiento terapéutico” (Gendlin, 1969, p.109) es dejar de
pensar en el problema y de alejar las conversaciones con nosotros mismos acerca del problema. Se trata
de preguntar qué es lo que está mal en este momento y luego permanecer en silencio conteniéndonos de
nuestra costumbre a contestarnos inmediatamente; “Normalmente pensamos sobre nosotros mismos de
afuera a dentro. En ‘focusing’ sintonizamos con el ‘de dentro hacia fuera’. En vez de intentar decir o
pensar cuál es el problema, cuál es la respuesta, debemos mantenernos en silencio y escuchar. Así, la
versión corporalmente sentida del problema se hace sentir con suficiente claridad.” (Gendlin, 1969,
p.110)
Un segundo aspecto importante de este procedimiento es comprender que “las palabras surgen de una
sensación” (Gendlin, 1969, p.110), es decir que sólo algunas palabras tienen un efecto sentido en la
sensación. Gendlin a esto lo denomina “efecto experiencial” o “cambio sentido”, (1969, p.110) que el
cliente describe como aquellas palabras que le provocan una sensación más aguda del problema o una
sensación de alivio, es decir sólo algunas palabras se ajustan a la sensación, rechazando el cuerpo las
otras.
Por último el tercer aspecto relevante de este procedimiento radica en que “es posible sentir el
problema de forma global y dejar que lo que es importante surja desde la sensación corporal.”,
(Gendlin, 1969, p.111) en otras palabras permitiendo que lo esencial del problema se haga evidente.
A través de esta técnica la persona descubre aspectos sentidos de su experiencia que hasta ese entonces
desconocía o sólo intuía. Siente alivio y mayor comprensión de sí mismo y de su problema.
El problema de esta técnica aplicada según los pasos antes señalados aparecen muy estructurados y no
se ajustan al proceso dinámico de la relación terapeuta-cliente.
Por ello Gendlin nos recuerda que las técnicas, incluida la focalización, deben estar supeditadas a la
relación terapéutica. “La interacción interpersonal es la vía de entrada terapéutica más importante”.
(1999, p.300) “La escucha, el focusing, y el resto de los procedimientos sólo son efectivos dentro de
una relación interpersonal segura, genuina y de confianza. El resto es algo que dos personas prueban,
personas que siempre son más importantes y reales que cualquier procedimiento”. (1999, p.418)
Cuando la focalización es entendida como proceso, libera al terapeuta y al cliente de tener que guiarse
por estos pasos estructurados.
Entendida así permite una visión general del proceso que sobreviene cuando el cliente enfoca en su
experiencia, y brinda una mejor comprensión teórica del proceso.
La focalización como proceso es la sucesión de 4 etapas. (Gendlin, 1970) Para Gendlin toda
experiencia que es “llevada adelante” pasa por el proceso de estas cuatro etapas.
1. Referencia Directa (Primera etapa): esta se produce cuando atendemos de una manera particular al
flujo de sensaciones presentes. Se caracteriza por una “atención flotante” (Reyes-Ortiz,
comunicación personal, Septiembre del 2000) a nuestro flujo de sensaciones carente de análisis y
juicios.
2. Develación (Segunda etapa): se produce cuando los símbolos que interactúan con el experienciar,
ajustan con la sensación sentida, se produce un contenido de experiencia.
3. Aplicación Global (Tercera etapa): este es un proceso autopropulsado en el que experiencias de
igual significado aparecen junto a la develada.
4. Movimiento del Referente (Cuarta etapa): la atención ya no se centra en las experiencias
simbolizadas previamente, sino que la atención se dirige a otros aspectos difusos o que no han sido
simbolizados. Por tanto es necesario volver hacer referencia directa a ellos.
En la medida que el cliente atienda a su experienciar pasará por estas cuatro etapas: “El proceso de la
terapia depende de atender en todo momento al referente directo siguiendo la dirección del movimiento
del referente” (Rogers-Gendlin-Kiesler-Truax, 1967, p.116)
Cabe mencionar que los movimientos se corresponden con las etapas, es decir, “Despejar un espacio” y
“Dejar que se forme la sensación sentida” tiene correspondencia con la primera etapa del proceso, la
referencia directa; “Buscando un asidero” y “Resonando” se corresponde con la develación;
“Preguntando” con la aplicación global y “Recibiendo” con el movimiento del referente”
A partir de las 4 etapas y 6 movimientos de la focalización, se puede diagnosticar en que nivel el
cliente presenta dificultades para “llevar adelante” su experiencia.
Ya se mencionó que la focalización tiene concordancia con los tres objetivos del quehacer terapéutico
experiencial (ayudar a desarrollar las funciones de contacto, significación y expresión): cuando el
cliente está contactando su experiencia hace referencia directa al experienciar; cuando está
simbolizando su experienciar diremos que se encuentra en el proceso de develación; cuando los
símbolos se extienden a muchos aspectos de su experiencia de igual significado, el individuo está
aplicando globalmente; cuando el cliente siente un cambio en su referente directo diremos que se está
produciendo el movimiento del referente (establece un nuevo contacto). Todo este proceso es facilitado
por el terapeuta para que el cliente logre expresarlo en la relación terapeuta-cliente o para ser expresado
mediante comportamientos (expresión).
Aunque el proceso aquí se encuentra seccionado, la manera en que este se manifiesta es como un todo.
Vale decir en todo momento el cliente necesita mantener el contacto para poder simbolizar
adecuadamente. Es un interjuego constante entre el contacto y la significación.
Cabe señalar que un cliente en una misma sesión puede presentar dificultades en diferentes aspectos
para procesar su experiencia, por tanto el terapeuta debe ir observando momento a momento cual es la
dificultad específica del cliente.
Al igual que Greenberg y colaboradores considero que algunas personas manifiestan pautas
características en la manera que acceden a su experiencia, y cuando éstas presentan alguna dificultad en
su procesamiento, este también es característico. Por ende si bien el terapeuta debe ocuparse de las
dificultades específicas, también debería tener en cuenta la manera habitual que el cliente falla en dicho
procesamiento.
7.- La forma en que se completan experiencialmente las etapas y movimientos de la focalización
A continuación se realizará una división del proceso experiencial para poder especificarlo y
operacionalizarlo, pero se debe tener en cuenta que este proceso es un entretejido de diferentes
funciones que son mutuamente necesarias para producir el cambio personal.
El primer elemento necesario para comenzar un proceso de cambio es establecer un buen contacto con
el experienciar. Esta función del cliente requiere de a lo menos 4 acciones específicas para que dicha
función se utilice óptimamente:
1. La atención debe dirigirse hacia lo corporalmente sentido. Especialmente hacia la zona media del
cuerpo: cuello, caja torácica y abdomen. A esto lo denominaremos Atención Corporal. (Tiene
correspondencia con: “Despejar un Espacio”/ “Referencia Directa”).
2. En segundo lugar se necesita atender sin análisis, críticas o juicios al flujo de sensaciones,
explorando con confianza dichas sensaciones. Denominamos esta condición Confianza Corporal
(Corresponde a: “Dejando que se Forme la Sensación”/ “Referencia Directa”).
3. En tercer lugar el cliente tiene que prestar atención a la sensación sentida y en caso de alejarse de
ella, buscarla nuevamente y permanecer junto a ella al producirse cambios. Denominamos a esto
Cualidad de Búsqueda. (Corresponde a: “Dejando que se Forme la Sensación” o “Recibiendo”/
“Referencia Directa” o “Movimiento del Referente”).
4. Un cuarto aspecto apunta a que los sentimientos y emociones no deben distanciarse demasiado, de
lo contrario el cliente no podrá resonar afectivamente. Por otro lado no debe permitir que las
reacciones emocionales lo inunden ya que se estrechará el campo de conciencia y se dificultará la
capacidad de significación. Este aspecto lo denominamos Espacio Afectivo. (Corresponde a:
“Despejar un Espacio/ “Referencia Directa”).
Una vez establecido un óptimo nivel de contacto se requiere como segundo paso interpretar o
significar lo experimentado corporalmente. El cliente podrá ejercer óptimamente esta función si a lo
menos realiza las siguientes 4 acciones:
1. En primer lugar el cliente necesita distinguir la cualidad de la sensación sentida. Denominamos esta
condición Diferenciaciones y Matices (Corresponde a: “Buscando un Asidero”/ “Referencia
Directa”).
2. En segundo lugar necesitará encontrar símbolos que se ajusten al flujo de sensaciones.
Denominamos esto Búsqueda de Símbolos (Corresponde a: “Buscando un Asidero”/ “Develación”).
3. En tercer lugar deberá cotejar el símbolo encontrado con la sensación sentida. Denominamos a este
aspecto Contrastando Símbolos (Corresponde a: “Resonando”/ “Develación”).
4. Y en cuarto lugar necesitará prestar atención a los nuevos significados que aparecen cuando explora
la sensación sentida. Denominamos a esto Atención a Significados (Corresponde a: “Preguntando”/
“Aplicación Global”).
Cabe mencionar que para lograr una buena significación de la experiencia es indispensable contar con
un buen contacto.
Si la función de contacto y significación se ejercieron adecuadamente entonces se requiere un tercer
elemento que viene a completar el proceso. Este tercer paso es la expresión de los significados sentidos
en la interacción terapeuta-cliente. Para una adecuada expresión se necesitarán a lo menos 7 acciones:
(Reyes, 2000)
1. El interlocutor necesitará hacer referencia al contexto de lo que relata para permitir al terapeuta y a
sí mismo una adecuada comprensión. Denominamos esta condición Elementos de la Situación.
2. Un segundo aspecto necesario es la expresión de sentimientos, en especial los que se manifiestan en
el presente. Denominamos esta condición Expresión de Sentimientos.
3. Un tercer aspecto necesario es la expresión de significados personales. La denominamos Expresión
de Significados.
4. Lo expresado necesita contar con una tonalidad afectiva, ritmo adecuado, silencios reflexivos,
cadencias, etc. Lo denominamos Cualidad de la voz.
5. A su vez lo relatado por el cliente requiere ser espontáneo y no prefabricado. La construcción
necesita hacerse desde los datos sentidos presentes. Esto lo denominamos Frescura de la
Expresión.
6. Lo dicho por el cliente debiera contar con constructos y significados flexibles y no categorizantes.
Esto es la Expresión Subjetiva.
7. Por último debe existir una congruencia entre lo que se relata y el tono afectivo. Lo denominamos
Coherencia Verbal / no Verbal.
También cabe destacar que la adecuada expresión necesita contar con una óptima simbolización, y por
ende a su vez con un óptimo contacto.