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Escenas de la vida posmoderna. Una lectura de “E 1”.

Por Marcelo Sánchez Rojel (2003)

Descentramiento: Si hace pocos años, la “provincia” denunciaba su marginalidad


del “centro” y del “circuito” de las artes en el Chile de Santiago; hoy, una nueva
generación de artistas plásticos descree del territorio como provincia, del margen
como punto de referencia y de un circuito como imposibilidad. El desafío llega, por
cierto, al concepto mismo de producción local o de escena artística.

Raspaje: Una silla, reciclada, la mitad restaurada y pintada, es la respuesta


transitoria a un debate estético. La silla se emplazó en una esquina de la Plaza
Independencia de Concepción. Esta y otras instalaciones se registraron en
imágenes fotográficas que en formato powerpoint (65,5 mb) descarga “Ejercicio 1”
(E 1). Una silla de madera, en distintos ángulos de enfoque, sin nadie sentado
sobre ella, siempre en la misma esquina del eje político, religioso y comercial del
centro tradicional de la ciudad (otros centros, como la plaza techada -un mall- se
han desplazado hacia territorios antes periféricos). Que el arte sea como una silla
para detenerse a mirar el mundo (Huidobro lo diría como verso, llave y puerta) es
una posibilidad que busca el consenso entre los participantes de la escena artística.
En su montaje, Leslie Fernández no solo ha tachado al ciudadano, al crítico de arte
y al espacio o sala de exposición. También al artista. En ausencia, el gesto es
sentarse a pensar y articular una nueva escena. La seducción es actualizarse,
luego, producir. La silla repara en este palimpsesto. Hay que volver a raspar en un
sitio donde conviven los rastros fundacionales de la enseñanza institucionalizada del
arte y la superficie restaurada ficcionaliza una residencia hecha de fragmentos y
desplazada. En cualquier caso, la memoria no está en el objeto, sino en el
simulacro. Un espectador ideal tomaría conciencia de la naturaleza lingüística del
arte y la realidad, de la interacción entre la idea y su representación visual; de la
silla como búsqueda del encuentro.

Hipérbole: Si leer y escribir es profundidad y la imagen es velocidad, la ciudad se


deja ver en múltiples avisos luminosos. Atorados de significantes, las ofertas de
transacción titilan, como neurosis cotidiana de la economía, como encantamiento,
como promesa. ¿Qué sucede cuando el aviso desplegado en quioscos, vallas
camineras o paletas publicitarias se va a blanco? Todo lo inmaterial que tiene la
realidad perturba en los trabajos de Oscar Concha. Los llama “Luminosos”. Son
artefactos realizados con tubos fluorescentes, enmarcados en diferentes fomatos y
el color dominante del objeto es el frío de la ausencia. La reseña: “Nada que ver,
“nada que pensar”, “nada que imaginar”. Como esa otra práctica: “nada que
explicar, nada que interpretar, nada que comprender”. Lo que se intenta es hallar
una especie de conexión eléctrica. En este caso, el lapsus, el paréntesis, el silencio,
marcan aquello que está por venir. Lo raro es no ser seducido. Los luminosos
despliegan el blanco mortecino desapercibidos por el exceso de información. La
trama publicitaria es vista por un exceso de vacío.

Actualidad urbana: No solo más allá de la pintura, del artista, de la academia


penquista. También son otros los temas. El problema del yo o los complejos
teatrales del escenario psíquico no son parte de la técnica, soporte ni discurso de “E
1”. La belleza, si es que existe, es otra. Fractura, ruina y desencanto conviven con
el activismo, las relecturas, la actualidad. Materiales de desechos o de fabricación
industrial reciclan sus signos. Para distintos montajes se emplearon, por ejemplo,
overoles sintéticos, papel de diario, cartón. No hay catálogo ni objeto libro para la
difusión o registro del proyecto. Se distribuyeron copias en discos compactos. Se
desprejuicia la ocupación de los espacios. La calle, la circulación casi privada y no la
galería. Los artistas no son propietarios de su obra. La demanda de autor no es
satisfecha. “E 1”, estos ejercicios, no pueden decorar ni la ciudad ni la casa. El
paisaje mismo integra la obra (el río, el puente y la ribera en la escritura sobre la
arena de Claudio Bernal). La reflexión arquitectónica o urbanística debate sobre la
política de asentamiento y proliferación de industrias de entretención que develan
las inconsistencias de una administración de gobiernocque prefiere la velocidad a la
profundidad, conectarse nunca desenchufarse. Estar al día, en casos recientes de
planes municipales, es estar como en Santiago (privilegiar los edificios de altura,
los estacionamientos subterránesos, la asfaltización de la plaza mayor, los
espectáculos). En el trabajo de Carlos Valle, las imágenes fotográficas destacan la
ribera norte del Río Biobío donde se emplaza la columna de propaganda de un
futuro Teatro Pencopolitano. La imagen es precaria, desoladora y demasiado real.

Pérdida de realidad: “El hombre autómata” llega, trasladado por el artista visual
Luis Almendras, desde calle Castellón hacia Barros Arana. En el paseo peatonal del
centro de Concepción se instala como se instalan las “estatuas humanas” que
simulan personajes estáticos que se mueven por dinero (es decir, una moneda, un
movimiento). “El hombre autómata” está hecho de cartón y papel de diario, como
un robot pobre, arruinado. Le acompaña un maniquí de chaqueta, camisa y
pantalones sostenidos por un eje sólido, como un espantapájaro urbano. La acción
pasa casi desapercibida. La distracción dura un par de minutos. Lo relevante no es
la duración, sino la simulación. La perturbación no ocurre. La acción de arte ha
perdido su parodia, acaso su apelación al corte del tránsito peatonal. Ya nada
inmuta al público. No hay moneda ni movimiento.

Metonimia: los overoles ya sin el cuerpo del obrero funcionan como contrastes
entre la modernización urbana (Programa de Mejoramiento Ribera Norte, Centro
Cívico, Nueva Prat, etc.) y la inestabilidad laboral. La operación del artista visual
Roberto Espinoza es la siguiente: la actual escena plástica de Concepción, para
entender las modalidades de producción de estas obras, necesita referentes
teóricos. En el interior de una serie de cajas plásticas transparentes, puso a
resguardo estos overlores o trajes de lluvia, doblados unitariamente. El casco y los
zapatos también fueron eextraídos desde el abandono de un sitio de relleno donde
las faenas de construcción ya finalizaron. Los obreros no tienen nombre.

Desaparición: La misma escena anterior. La pérdida del cuerpo. Los overoles. La


desmaterialización. Mirar lo que no se ve. Los “Luminosos” que iluminan el no
aviso. La conexión está en otra parte. Pérdida de la realidad. Prótesis, la cultura sin
memoria, la ciudad sin relatos.

En proceso: Luis Almendra trasladando al “Hombre autómata” por la calle, como


cargando un cilindro de gas, un electrodoméstico. Si el destino era un punto exacto
del Paseo Peatonal, una vez ahí importa menos el tiempo de detención o la llegada
que el trayecto mismo: Del artista a su producción, de la obra a la historia
penquista, de una escena frágil a un circuito por instalar.

Desplazamiento: Imposibilidad de mantener un lugar fijo. A lo largo de una


reciente avenida Los Carrera, la caja plastificada con el hardware del trabajador
(traje para la lluvia, zapato, casco) instalada por Roberto Espinoza en sucesivas
paradas de buses. Esa es una velocidad del desplazamiento. La ciudad que
privilegia el acceso fluido, la vía rápida. Otro desplazamiento: De la escultura a la
instalación, del collage al montaje urbano, de la contemplación a la intervención; de
la pintura al arte conceptual, la arquitectura, el urbanismo.

Efímero: Las propuestas de “E 1” son fugaces. La concepción del arte ha variado


en relación a la historia reciente de la escena plástica de la ciudad, desde la
fundación del Departamento de Artes Plásticas de la Universidad de Concepción y
luego espaciada en salas de institutos binacionales y algunas peregrinas galerías.
En “E 1” el valor permanente de la expresión estética se pone a prueba. La noción
de obra como esa expresión que persiste el tiempo no tiene lugar. La escritura
sobre la arena desapareció horas después. El hombre autómata vivió poco tiempo
(el papel de diario se puso amarillo, desvaneció). La silla es ocupada como silla. Los
luminosos se apagaron y desmantelaron. Los overoles no encontraron cuerpos.
Algunos ejercicios permanecen como objetos independientes. El contexto de este
trabajo colectivo permanece. La ciudad volvió a su tránsito.

Ejercitar las artes

“E 1” fue un proyecto financiado casi por sus propios productores. Se realizó en


noviembre y diciembre de 2003. Se trata de una práctica que reflexiona sobre sí
misma y su contexto: La producción de arte en Concepción, la materialidad de las
obras, los circuitos de exhibición y difusión, la visualización de estos ejercicios en
los medios de comunicación, la carencia de líneas curatoriales, la pertinencia de los
actuales referentes teóricos y la relación entre un emergente mapa artístico y las
nuevas coordenadas políticas y urbanísticas de la ciudad.

Los participantes son Leslie Fernández, Alejandro Delgado, Luis Almendra, Roberto
Espinosa, Claudio Bernal, Cristian Muñoz (autor del texto crítico), Oscar Concha y
Carlos Valle. A excepción de estos dos últimos, todos son egresados del
Departamento de Artes Plásticas de la Universidad de Concepción hacia fines de la
década del noventa y en años recientes. Concha y Valle egresaron de Diseño
Gráfico en el Instituto DuocUC de Concepción.

En un aquí transitorio y un ahora efímero, “E 1” plantea la búsqueda de un lugar


con ejercicios que conformarían una producción local emergente y todavía al borde
del debate y práctica de las artes en la ciudad y su academia (universidad). “E 1”
ejercita una experiencia estética que hace vivir otro mundo posible, contingente,
relativo, descentrado, provisorio, frágil. Los ejercicios oscilan entre la pertenencia a
un circuito local y el extrañamiento. Se está más próximo a otros lugares de
reflexión y más lejos de Concepción (en la sociedad de la imagen sería alejar lo
próximo, acercar lo lejano). El arte de tela y óleo es constatado como un antes.
Ahora (un ahora que en el mundo cruza varios tiempos), el desmantelamiento
opera en profundidad. Ya no es posible ignorar la reflexión crítica al interior de la
propia producción. Estas oscilaciones de pertenencia y extrañamiento bien podrían
ser una esperanza. “E 1” inscribe esta pluralidad de micro-relatos como elementos
liberadores de la rigidez de la enseñanza del arte, la producción y sus circuitos.
Otros ejercicios determinan que si hubiese una etapa actual del arte en Concepción,
esa fase sería de transición. Algunas prácticas acusan esa nostalgia de una realidad
sólida, unitaria. Alejandro Delgado corre ese riesgo y opera con un paradigma
anterior. Sale a encuestar a la gente. Personalmente entrega volantes, páginas con
preguntas desde el arte. Esa distancia es ya imposible. Se aleja lo cercano, se
acerca lo lejano. Una operación nostálgica se suma a los cientos de volantes en las
calles de consumo rápido. Hecho para no durar.

Las materializaciones producidas son efímeras. La intervención de la sala de arte


dura lo que dura la exposición. En el caso de “E 1”, la búsqueda de una sala para
ese tiempo-espacio provisorio, por el momento, es virtual. En Concepción, el
prestigio del crítico de arte y del artista contemporáneo todavía no tiene escena. La
producción editorial, en tanto objeto libro, es casi huérfana. Quizá, ya no sea
necesaria. Estamos en la era del acceso y la reflexión crítica es posible en sitios
electrónicos. El debate superespecializado es online y, por cierto, tiene otro tiempo.
El catálogo y la entrevista soportan la historia impresa del arte penquista.
La explosión de tecnologías de la información y el acceso a una abrumadora
cantidad de materiales de un origen en apariencia anónimo, contribuye a la
disolución de las identidades homogéneas. Ante la estetización del mundo, ante la
hiperrealidad y el simulacro, estas prácticas se conectan a un andamiaje crítico
respecto de la contingencia del arte. Soluciones paródicas, materiales de desecho o
espacios profanos tensionan la noción de obra como objeto de consumo. La pintura
ha desbordado el marco y el arte deviene espacio social y público. Como el futuro
Barrio Cívico, su nueva costanera y su conexión veloz hacia avenida Los Carrera, el
descentramiento hacia la periferia ha implicado una pérdida del eje y un
distanciamiento del interés colectivo por el espacio de la ciudad. Pero la fascinación
está, también, en otra parte. Aunque las acciones de arte y montajes no
permanecen, se ha liberado la intensidad de esas fuerzas. “E 1” supone un “E 2”.