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AUB, Max (2003) (escrito en1950). Campo abierto.

Madrid: Suma de Letras

Tercer título de la serie "El laberinto mágico", relato imprescindible sobre la guerra civil
española. Comienza el 24 de julio de 1936 y termina el 7 de noviembre del mismo año.
Los lugares: Valencia, Burgos y Madrid.

Lo más destacable es una enorme destreza para la descripción sucinta que perfila el
personaje: "Cacoquimio y negro, escuchimizado y constipado, la barba cerrada y sin
afeitar más que de uvas a peras, lo ojos ribeteados de rojo, y beato." (pág. 35) y la
capacidad para poner en movimiento centenares de caracteres con simples alusiones.
Esto y la elección del adjetivo justo en un despliegue de vocabulario muy rico: "los trajes
grises,(...) con el saín por el cuello," (pág. 38). "A Josefina le atraía el toroso mozancón"
(pag. 218). "Entró en una gran tarbea que fue refectorio" (pág. 269) "Por el cauce venía
un río, a redopelo, cuesta arriba." (pág. 375)




PRIMERA PARTE: VALENCIA (VALENCIA REPUBLICANA)
Estructurada en cinco capítulos titulados con nombres de personajes, lo que permite
observar cinco perspectivas de una situación extremadamente compleja.

Gabriel Rojas
Valencia, 24 de julio de 1936: el principio de la guerra se ilustra con el
nacimiento del niño sin padre, asesinado por un disparo anónimo, de alguien (¿un
vecino?) desde un balcón. La presencia esporádica y asesina de los “pacos”
(francotiradores) y la normalidad alterada por la guerra: el –en ese momento- nuevo
padre de familia, que es asesinado.

Vicente Dalmases
Valencia, agosto: por medio de un grupo de teatro de aficionados se muestra el
entusiasmo y la implicación de los jóvenes comunistas: la revolución posible; la
defensa de la libertad. El odio entre partidos (anarquista, comunistas…. la guerra
dentro de la guerra). La naturaleza de la delación, el peligro de la ausencia de
autoridad y la consiguiente administración de justicia apresurada, sin pruebas,
criminal. Hay una diferencia entre los comunistas, que intentan aplicar una disciplina
férrea, antipática; pero que se preocupa por las pruebas y los anarquistas, disgregados
en sus propios impulsos, de consecuencias fatales para los demás y para ellos
mismos, asunto que desarrolla en el siguiente capítulo.

Manuel Rivelles
Los anarquistas valencianos parten, a mediados de agosto, hacia Teruel,
acompañando ingenuamente a un grupo de guardias civiles. La traición calculada, el
asesinato frío en masa (¿un guardia civil republicano? se había preguntado un
comunista ante aquél extraño viaje).

Vicente Farnals
Los insólitos problemas morales en tiempo de guerra: el amigo-enemigo.
(discusión entre comunista y socialista de Pablo Iglesias, seguidor de Prieto).

Jorge Mustieles
O el más terrible de tener que elegir entre la fidelidad al padre o a la idea: un
militante del partido Radical-Socialista enfrentado al dilema de juzgar a su padre,
probado topo fascista, tras conocerse las brutales represiones que los sublevados
están llevando a cabo. Principios de septiembre (toma de Irún). Retrato de un fascista
(el padre de Jorge).

El Uruguayo
La revolución, agujero por donde se cuelan las gentes sin escrúpulos: Un gánster
de la FAI.




SEGUNDA PARTE: DEL OTRO LADO
Un único personaje sirve para ilustrar un nuevo aspecto: los caracteres tibios, tontos, a la
moda, que se acogen a la causa republicana sin ninguna convicción, o los que lo hacen
por salvar su vida.

Claudio Luna
Burgos, agosto, este personaje, hijo de notario, se ve obligado a acatar la orden del
fusilamiento de un conocido lo que le produce cierta incomodidad: "la verdad es que
un mes antes mandaban ellos y yo andaba tan tranquilo por la calle."

Hecho prisionero y trasladado a Madrid, basta el aval de un antiguo profesor de la
universidad (perifollo republicano hueco y endiosado) para hacerle libre.

En una casa de putas del barrio de Salamanca se encubre un centro de espionaje
fascista, con una emisora para transmitir mensajes.





TERCERA PARTE: MADRID
El frente republicano empieza a retroceder, el tiempo se ralentiza y fragmenta a medida
que los rebeldes avanzan. En la ciudad se vive una guerra teórica, retórica, sin conciencia
exacta del peligro. A medida que el avance fascista se acerca, el relato va aumentando su
intensidad dramática y subraya la frivolidad de las charlas de café y las trágicas
consecuencias de la formación del Comité de No Intervención promovido por Francia e
Inglaterra.


Asunción Meliá
Retomada del grupo valenciano de la Primera Parte, joven comunista, hija de
socialista fusilado en la Valencia republicana por una denuncia falsa promovida por
el amante falangista de su mujer (episodio relatado en el capítulo II de la Primera
Parte). La idea simple, inocente, de la igualdad, alienta a este personaje de diecisiete
años.

Finales de octubre
Todos los límites se mueven en tiempo de guerra: las jóvenes de la zona
republicana viven una libertad impensable un mes antes. Al conocer el acercamiento
de los rebeldes a Madrid, el grupo de teatro decide marchar allí, a actuar, a ayudar.
En el frente, el ejército republicano retrocede, retrocede; sin aviones, sin
tanques, sin ametralladoras; sólo discursos que anuncian las armas que nunca llegan,
y piojos, garrapatas.
Los rebeldes entran en Alcorcón.

3 de noviembre
Jacinto Bonifaz, peluquero de la calle de Embajadores, gallego de nacimiento y
madrileño de vocación, cuya idea sobre la guerra era que “de un lado luchaban los
partidarios de las propinas, del otro los que querían suprimirlas para siempre”, como
él empeñado en mantener la “denidaz” del oficio. Su mujer, la “señá Romualda”,
madrileña de los Cuatro Caminos, socialista como su padre, de apodo La Cicerona,
por lo mucho que le daba a la lengua.
Los rebeldes han entrado en Getafe.

4 de noviembre
Se plantea una confrontación entre la teoría y la realidad: discusiones entre
varios personajes cultos y burgueses: un hombre de leyes , un médico ¿republicanos
convencidos?, un escritor aterrorizado por el asesinato de su hermano (un error) que
sólo piensa en callar y esconderse; un filósofo que se niega a tomar partido porque
sólo le interesa el Hombre, no la historia; o unos representantes del Parlamento inglés
que vienen a constatar si es cierto que los rebeldes tiran bombas sobre la población
civil. El testimonio real y escalofriante lo aporta una joven, hija de un diputado
socialista, huida por el monte hasta Madrid, que descubre el horror de oler a rojo en
el bando rebelde.
Una novedad en el cielo de Madrid: cinco cazas rusos.

5 de noviembre
Los rebeldes a las puertas de Madrid. "Están en Alcorcón.": esta frase aparece
como un estribillo trágico entre los párrafos. Los jóvenes con ansias de ir al frente
("Están en Alcorcón"). Las conversaciones de café comentando desenfadadamente el
comportamiento del pueblo con los santos y los curas ("Están en Alcorcón"). La
inconsciente ingenuidad política de un ministro republicano, todo grandilocuencia,
que abandonaría Madrid al día siguiente ("Están en Alcorcón"); por oposición al
repolludo discurso del republicano, parte de un macabro discurso de Queipo de
Llano, tomado a taquigrafía al escucharlo en la radio ("Están en Alcorcón"). En
Madrid la vida sigue pareciendo normal ("Ya están en Leganés"); tertulias en el café:
el honor, Calderón…("Están en Alcorcón, en Leganés, en las afueras de Getafe"); el
parte por la radio es optimista: todo el país lucha. De Madrid no dicen nada.

6 de noviembre, por la mañana
Las charlas de café, violentas, apasionadas, dejan ver que con la guerra también
se había puesto en marcha un proceso revolucionario que hacía hervir todos los
sentimientos: comunistas, anarquistas, socialistas discuten incansablemente.
Vicente Dalmases, el joven comunista valenciano que da nombre al capítulo II
de la Primera parte, es el personaje que muestra la cara más amarga del momento:
agotado, llega desde el frente a Madrid con un mensaje, comprueba el
desmantelamiento del Ministerio de la Guerra, ve las columnas de civiles que
marchan hacia el frente, sin armas, a relevar a los muertos. Vagabundea, entra en la
Granja el Henar, oye a su alrededor las conversaciones: la incredulidad ante la noticia
de la huida del gobierno, el arrojo de los ciudadanos “nada une como lo que no se
quiere”; los madrileños no están dispuestos a morir por defender la República, sino
porque no entren los fachas: “Y no pasarán”.
A Vicente, entre sueños, con el ruido de las discusiones, las fantasías y los bulos
del café le asalta el miedo al recordar los fusilamientos de la plaza de toros de
Badajoz, represión feroz de los sublevados. Siente que a su alrededor nadie se da
cuenta del peligro inminente: es la diferencia entre ver la guerra desde el frente o
desde el café.

6 de noviembre, por la noche
Un magistral diseño dramático: las relaciones de nombres, las estadísticas se
humanizan patética, insoportablemente. Cada Sindicato ha convocado a sus afiliados
en un teatro de Madrid; en el de la Zarzuela están los peluqueros: son unos
cuatrocientos hombres dispuestos a defender Madrid con cincuenta cartuchos cada
uno y un fusil por cada tres; muchos de ellos nunca habían visto un arma. Aub saca
su alma de escritor y de republicano para levantar un monumento a su memoria: en
estas páginas recoge doscientos treinta nombres con apellido, edad, lugar de
nacimiento y peluquería en la que ejercen el oficio, sin duda datos recogidos del
registro del Sindicato, individualizados con maestría en una decena de palabras, para
rescatarlos de una monótona lista muda y que perduren.

6 de noviembre, por la noche, más tarde
La situación es desesperada, todos los personajes informados lo saben y muchos
de ellos han huido. Sin embargo, la moral de los madrileños de las clases populares
es enorme, su caudal de energía imparable: se saben en la verdad.
A las seis de la tarde han entregado el mando para la defensa de Madrid al
general Miaja (un general cualquiera, para que pierda o entregue la ciudad, piensa él).
No hay tropas (los Sindicatos y los Partidos envían los hombres que tienen), no hay
armas (hay cajas para llenar de piedras y farolear con una supuesta munición: por
cada una auténtica, dos falsas). Pero hasta los campesinos se acercan con sus carros a
refugiarse a la ciudad, a coger un fusil, a defender “su tierra”, la que no tenían y les
acababan de dar.
Aunque no todos los madrileños son republicanos dispuestos a defender la
ciudad: están las múltiples Legaciones y Consulados que la República consentía,
repletas de fascistas, que no temen a los bombardeos puesto que se saben
perfectamente localizados por el ejército nacional.
Los hombres de la prensa hacen guardia en la Estación del Norte: todavía
confían en la ayuda de Francia o Inglaterra. Los intelectuales se enfrentan a la terrible
evidencia de que el futuro vivo que supone la República va a ser aplastado por
aquellos que representan un pasado muerto.

7 de noviembre
Todos los personajes van apareciendo implicados en la lucha desde sus distintas
perspectivas vitales: el sentido y la situación del hombre sale constantemente en boca
de los intelectuales, la idea de Dios o una trascendencia materialista y optimista, que
no precisa de aquella figura (probablemente la propia concepción del autor) y que
supone al hombre inmerso en un “laberinto mágico”, limitado por sus cinco sentidos.
En el hospital de San Carlos, los heridos graves: un albañil, un estudiante, un
panadero, un mozo de estación, una “fusilera” de veintidós años…. En Embajadores,
las mujeres se preparan con colchones, con agua hirviendo, con los cuchillos de la
cocina; la “señá Romualda” instintivamente se ha puesto al frente de un batallón de
quinientas mujeres que hacen barricadas, organizan hospitales; mientras tanto, las
bombas caen sobre Madrid y la representación del parlamento inglés se ve obligada a
aceptar que Franco bombardea a la población civil.
El general Miaja no tiene refuerzos, pero las calles se llenan de gente que baja
hacia el frente en manada: ¡No hay repliegue! Ciudadanos con pocas armas: en la
Casa de Campo uno con arma, dos esperando la muerte del compañero para
empuñarla. Del lado faccioso doscientas bocas de fuego disparando sin cesar,
causando enormes destrozos. Por la carretera de Extremadura avanzan siete tanques
en dos grupos: cuatro delante; Antonio Coll, ordenanza del Ministerio de Marina,
lanza dos bombas de mano contra el primero y lo revienta, contra éste se empotran
los de detrás y sobre ellos caen las escasas bombas de mano, sobre seguro,
destrozando el resto de los tanques. Al registrar los cuerpos del enemigo se encuentra
una orden de operaciones lo que permite, a las ocho de la noche, al general Miaja
ordenar un ataque; elige al sindicato de barberos, el batallón “Fígaro” y al de los
empleados de ultramarinos, el batallón de los “Leones rojos” para detener al
enemigo. El batallón de los Fígaros desplegado en la Casa de Campo, lo forman
cuatrocientos hombres con ciento cincuenta fusiles.
A las siete de la mañana entran los soldados regulares. A las doce ya sólo
quedan la mitad, pero no han retrocedido un paso. Del otro lado, el general Varela no
puede explicarse el impedimento de su avance. Los obuses caen sobre la ciudad cada
tres minutos.
Al día siguiente, entran en Madrid las Brigadas Internacionales.







ALGUNAS FECHAS DE INTERÉS PARA LA LECTURA

Julio de 1936
Comienza la rebelión militar que da lugar a la Guerra Civil. Los sublevados obtienen un
tercio del territorio español e institucionalizan la represión contra quienes se les resisten.
Los defensores de la legalidad republicana y los revolucionarios inician la defensa del
territorio no sublevado.
Julio de 1936
La revolución social se extiende por la zona republicana. Al mismo tiempo comienza la
represión a cargo de grupos descontrolados contra el clero y los acusados de apoyar a los
sublevados.
Agosto de 1936
Brutal represión tras la conquista de Badajoz por parte de los militares rebeldes.
Septiembre de 1936
27 países crean el llamado Comité de No Intervención con el objeto de mantenerse al
margen del conflicto español.
Septiembre de 1936
El socialista Francisco Largo Caballero se convierte en presidente del gobierno
republicano.
Septiembre de 1936
El general Francisco Franco decide destinar una importante parte de sus fuerzas para
liberar a los rebeldes asediados en el Alcázar de Toledo. Franco es designado por los
sublevados generalísimo y jefe del gobierno.
Octubre de 1936
Franco une a su jefatura política y militar la jefatura del Estado, el día 1.
Octubre de 1936
El dirigente fascista alemán Adolf Hitler crea la Legión Cóndor para ayudar a los
franquistas.
Octubre de 1936
La Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas (URSS) envía sus primeros equipos de
ayuda a los republicanos. Llegan asimismo los primeros miembros de las Brigadas
Internacionales.
Noviembre de 1936
El gobierno de Largo Caballero se dirige a Valencia ante el decidido ataque franquista
contra Madrid, repelido por la Junta de Defensa encabezada por el general José Miaja.






Milagros González A., 2004