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Capítulo 1.

0 Investigación y análisis social
1.2 Perspectiva norteamericana

El Handbook de Análisis Cualitativo que compendian Denzin y Lincoln (1994) pretende
representar una destilación del conocimiento en el área del análisis cualitativo. Dicho
compendio, ofrece una visión de conjunto derivada de una plétora de libros de texto, revistas y
publicaciones generados en el transcurso de los años ochenta y mediados del noventa, y
además propone el rumbo que algunas predicciones podrán ofrecer para la investigación
cualitativa (Denzin y Lincoln, 1994:IX).

Denzin y Lincoln parten de la convicción de que en ese periodo hubo una revolución
metodológica en las ciencias sociales pero las fronteras disciplinarias permanecen muy
borrosas y confusas. Pero también hacen evidente que las Ciencias Sociales y las
Humanidades están más vinculadas a objetivos comunes, y las técnicas y metodologías
clásicas se han expandido a nuevas perspectivas dejando a un lado “el hacer ciencia” pero
dando pie a nuevas fronteras en la interpretación del cambio social. Indican que se ha
impulsado a las temáticas sobre las étnias, los estudios sobre las razas, el género, la tercera
edad y la cultura. Consideran que se ha gestado una crítica a la visión tradicional del mundo y
a los métodos cualitativos establecidos. Que las temáticas se han centrado en la definición del
campo de estudio del análisis cualitativo, en los paradigmas y en las estrategias para
preguntar, recolectar, analizar, interpretar y evaluar material empírico (1994:IX).

Lo cualitativo y los cinco momentos de la investigación cualitativa
Denzin y Lincoln utilizan el término “bricoleur”
1
como una característica esencial de las
múltiples metodologías “bricolage” del análisis cualitativo hasta mediados de los noventa: “es
como un saco para todo uso en manos de un profesional que hace las cosas por sí mismo”, “es
un ensamble de partes y prácticas que ofrecen soluciones a problemas concretos”, es “una
construcción emergente que cambia a medida que se usan instrumentos y técnicas dentro de
un rompecabezas” (Denzin y Lincoln,1994:4). Multiplican las definiciones y concluyen con una
de ellas que nos da una idea más clara de la perspectiva norteamericana:

“La investigación cualitativa es un campo interdisciplinario, transdicsiplinario y algunas
veces contra-disciplinario que cruza a las humanidades y a las ciencias sociales y
físicas. La investigación cualitativa es muchas cosas al mismo tiempo. Es
multipardigmática en su foco de atención y sus practicantes son sensibles al valor de la
perspectiva de análisis respecto al uso de varios métodos. Están comprometidos con la
perspectiva naturalista y a la comprensión interpretativa de la experiencia humana. Al
mismo tiempo, el campo de acción del análisis cualitativo está comprometido
políticamente y delimitado por múltiples posiciones éticas y políticas. La investigación
cualitativa está enmarcada entre dos tensiones simultáneas: por un lado está ahogada
en una vasta sensibilidad hacia lo interpretativo, lo post moderno, feminista y crítico, y
por el otro, está sujeta a una definición más estrecha del positivismo, post-positivismo y
humanismo así como a concepciones naturalistas de la experiencia humana y su
análisis” (1994:4-5).


1
De acuerdo a la raíz francesa del término, alude a un trabajador que usa sus manos y métodos un tanto erráticos y
tortuosos comparados con los del artesano. Es práctico y logra la conclusión de su trabajo.
Reconocen que todavía se ve a los investigadores cualitativos como periodistas o científicos
suaves cuyo trabajo, o no es científico, o es sólo exploratorio, completamente personal y lleno
de predisposiciones, y que es más crítico que teórico. Pero también está comprometido con
una versión naturalista e interpretativa con su materia de estudio y orienta su crítica a la política
y métodos positivistas. (1994:5).

Enfatizan que lo cualitativo está orientado a un mayor énfasis en los procesos y significados
que no son rigurosamente examinados ni medidos en términos de cantidades, intensidades o
frecuencias. Prestan mayor atención a la relación íntima entre el investigador y lo que estudia,
a las restricciones situacionales que delimitan los cuestionamientos. Por otro lado, los estudios
cuantitativos enfatizan la medición y análisis de las relaciones causales entre las variables, no
de los procesos y los cuestionamientos al objeto de análisis, que se excluyen de un marco
valorativo (1994:5).

Denzin y Lincoln distinguen cinco períodos en la investigación cualitativa:
• El período tradicional (de principio de siglo XX hasta la segunda guerra mundial) en
donde el análisis pretende ser lo más objetivo posible bajo el paradigma positivista.
Este período está bien representado por el trabajo del “Etnógrafo solitario”, aludiendo a
B. Malinowsky, R. Brown y M. Mead entre otros.

• La fase modernista, (de la segunda guerra mundial hasta la década de los 70), en que
se construyen las obras canónicas del período clásico y se empiezan a formalizar los
métodos cualitativos etnográficos y de observación participante. Es una “edad de oro”
del análisis cualitativo norteamericano. En ella surgen las propuestas de una nueva
generación de sociólogos jóvenes que promueven la relevancia de las voces de las
clases marginadas: la Etnometodología de H. Garfinkel, la Fenomenología de A.
Schutz, La Sociología Cognoscitiva de A. Cicourel, la “Grounded Theory”
2
de Glasser y
Strauss, la Teoría Crítica y el Feminismo entre otras. Esta perspectiva se enriquece
con la mirada post-positivista que ensancha los métodos de registro, intensifica el
componente estadístico pero reconoce las limitaciones para aprehender
completamente la realidad siendo sólo una aproximación a ella.

• Fase de los géneros borrosos (de 1970 a 1986). Si bien en este período se desarrollan
con mayor plenitud las teorías y técnicas del período pasado, también emerge de ellos
una gran interacción borrosa y difusa. Por primera vez se empieza a considerar el uso
de la computación en estas técnicas, también se reconoce el inicio de una mayor
interacción entre las perspectiva social y la cultural a través de los análisis semióticos y
hermenéuticos. Empiezan a darse reacciones constructivistas y de-constructivas, post-

2
Se trata de una metodología general para desarrollar teoría social, iniciando desde la información en la recolección de
los datos de la investigación y elaborando desde ese momento los elementos de la teoría para conformar conceptos y
grupos de conceptos. (Strauss y Corbin, 1994:273). Hace uso de la mismas técnicas ya establecidas (entrevistas,
observación participativa, análisis de documentos, etc…) y considera como elemento estructural una matriz de reflexión
en la que circunscribe los elementos del material empírico, desde un nivel general de comunidades, organizaciones,
hasta un nivel específico de relaciones e interacciones entre individuos. (1994:274).
Inicia su construcción estableciendo relaciones plausibles entre conceptos y grupos de conceptos –siempre derivados de
los datos- para conformar un cuerpo denso de conceptos desde una perspectiva múltiple de los participantes. Los
conceptos se conforman al identificar patrones y procesos que analíticamente pueden conducir a una conceptualización
que se delimita por las condiciones y consecuencias de la misma información de referencia. Se trata de un trabajo
siempre colectivo, muy fluido e interactivo entre los actores investigados y los investigadores, que codifican sus
aportaciones a lo largo de todo el proyecto, para conformar cuerpos de descripciones conceptuales. Estas actividades
que pueden ser fuertemente apoyadas por el uso de programas de computación para interpretar y visualizar la
información (1994:280-283).

estructuralistas y neo-positivistas. Se considera al ensayo sociológico como una forma
de arte que reemplaza al artículo científico.

• Crisis de la representación (aproximadamente entre los años 1985 a 1990). Aunque
hay una fuerte reflexión sobre la irrupción de géneros borrosos, y del multicultralismo,
se erosionan más las normas clásicas del objetivismo, las complicidades colonialistas y
de la vida social de la antropología. La distancia entre el trabajo de campo y el
asentamiento de los informes y textos escritos que representan la experiencia social,
genera una fuerte crisis. Se cuestiona la hegemonía del empirismo en el texto como
productor de conocimiento / poder. Por otro lado, se acentúan las perspectivas
epistemológicas del feminismo y teoría crítica.

• La doble crisis (aproximadamente de 1990 a 1994). Además de las críticas a la
representación que tiene el texto respecto de la experiencia en campo, se suma el
problema de la legitimación de la investigación cualitativa. Las fuentes de ello son la
interpretación y los componentes lingüísticos y retóricos. Estos últimos atañen a la
representatividad del texto. La crisis de la legitimación cualitativa descansa en lo
endeble de la validez, generalización y confiabilidad de los discursos sociológicos.

Se necesitan reforzar estos atributos –representación del texto y legitimación del discurso- en
la investigación cualitativa. Denzin y Lincoln hacen una reflexión final en la que ratifican más
que un momento de consolidación, una fase de reflexión dentro del quinto momento actual del
trayecto cualitativo en sociología: confirman la difusa diversidad de perspectivas y la necesidad
de reflexionar en torno al “dónde estamos y hacia donde vamos para tratar de imaginar un
nuevo futuro”. (1994:584)

La perspectiva del sociólogo en estos autores es complicada, ambiciosa pero un tanto borrosa,
sobre todo al definir la actividad del análisis cualitativo con más detalle. Se trata de una
definición, de baja nitidéz por la falta de una delimitación de varios términos usados en ella
debido a que la actividad sociológica norteamericana se encontraba en una doble crisis y bajo
una gran reflexión como más adelante lo establecen.

La primera observación que nos parece pertinente hacer respecto a la definición que estos
autores dan sobre el análisis cualitativo, -y que es precedida de su artículo por muchas más
definiciones parciales-, es que a través de los términos de lo interdisciplinario, transdicsiplinario
y contra-disciplinario se resuelve una borrosidad –término que ellos mismos emplean- para
deslindar o precisar lo netamente multidisciplinario e interdisciplinario en el cruce e interacción
de las disciplinas.

Estamos de acuerdo con García (2006, 66-69) en que los grupos de investigación deben ser
necesariamente multidisciplinarios, pero ello no implica que la investigación sea
interdisciplinaria, sino hasta que a partir de un problema común del grupo de investigación, se
genere un objeto de estudio y una metodología también comunes y evidentemente
consensados. Entonces se puede hablar de un trabajo interdisciplinario. Pero como más
adelante lo acentuaremos, el cruce de disciplinas necesita expandirse más allá de los dominios
de las ciencias sociales. En los años noventa incluso esta osadía se empieza a gestar a través
de un uso más convencido de las computadoras, no como procesadores de textos sino como
sistemas de análisis, y de la presencia más afortunada de los constructivismos. Pero
reiterativamente se mantiene un deslinde del objeto de estudio propio del “sentido” en las
ciencias sociales respecto a los objetos de estudio de las ciencias naturales y físicas. Incluso
Denzin y Lincoln aluden a la imagen peyorativa del sociólogo cualitativo como un periodista,
atributo que queda asociado a una baja cientificidad.

En esto insistiremos más adelante. Por ahora lo apuntamos desde el análisis de la autocrítica
que hacen muy atinadamente Denzin y Lincoln respecto a la actividad de la investigación
social. Esto lo enfatizan bajo el marco de un “quinto momento” -1995- en el que se encuentra la
sociología en el momento de su publicación. En él, habría una necesidad de revisar las
representaciones de las propuestas cualitativas -nosotros diríamos que aluden a los contenidos
“que no convencen”-, y a la necesidad de legitimizar más su discurso, lo que traducimos como
una carencia de racionalización explícita. Para contribuir a dicha reflexión, establecen una
periodización atinada de las fases de las actividades de investigación cualitativa
norteamericana, proponiendo en otro apartado del Handbook, los paradigmas que han
prevalecido en la joven ciencia sociológica.

Cuatro paradigmas en escena
De acuerdo a Guba y Lincoln, los cuatro paradigmas o tipos de métodos que cubren a modo de
sombrilla al análisis cualitativo –e incluso al cuantitativo- y que rigen al final de los ochenta y
principios de los noventa son: el Positivismo, el Post-positivismo, la Teoría Crítica y el
Constructivismo. Su concepto paradigmático corresponde a un sistema de creencias del
investigador y a una cosmovisión que lo guía ontológica y epistemológicamente. (Guba y
Lincoln, en Denzin y Lincoln, 1994;105).

Consideran que a través de las preguntas ontológicas, epistémicas y metodológicas, es posible
establecer la forma que asume un paradigma, analizando la consistencia en el encadenamiento
de sus respuestas. Para ello, desde la ontología se le pregunta al paradigma sobre la forma y
naturaleza de la realidad y qué se puede conocer de ello. Si se responde por un mundo “real”
entonces lo que se puede conocer es “lo real y cómo funciona” implicando la existencia de
“cosas y acciones reales”. Si lo real está en términos de “significados de alguna estética o
moral” entonces no se puede hacer referencia ontológica a la realidad externa si no se quiere
caer fuera del dominio científico legítimo. (1994:108).

Desde la epistemología se pregunta por la naturaleza de las relaciones entre el conocedor o
conocedor potencial y lo que puede ser conocido. La respuesta a ello depende de la respuesta
ontológica, o sea que no puede ser postulada cualquier relación epistémica entre la naturaleza
de los objetos y de las acciones. Por ejemplo, describen Guba y Lincoln: si una realidad “real”
se da por asentada, entonces la postura del conocedor debe ser de una imparcialidad objetiva
o de valoración libre para descubrir cómo “las cosas realmente son y operan” (1994;108). En la
figura 1.2 sintetizamos las preguntas paradigmáticas.

La pregunta metodológica cuestiona cómo el conocedor o conocedor en potencia puede
encontrar lo que él o ella cree que puede conocer. Por ejemplo, una realidad “real” seguida de
una pregunta objetiva puede imponer el control de factores implicados entre si, ya sea por
métodos procedentes de una técnica cuantitativa (análisis de variancia) o cualitativa
(observaciones). La pregunta metodológica no tiene que referirse a los métodos sino que éstos
son los que se deben adecuar a una metodología predeterminada por una epistemología y a
una ontología. (1994;108-109).



Con estas tres preguntas Guba y Lincoln abordan los cuatro paradigmas que en última
instancia, siempre son construcciones humanas y que como conjuntos de creencias básicas,
no están abiertos a demostraciones en sentido convencional. Consideran que ninguno está por
encima del otro, y la única forma de abogar por ellos es mediante la persuasión y la utilidad que
tengan, más que por la demostración. Estos argumentos se hacen extensivos a sus propuestas
sobre al análisis cualitativo. (1994;109).

Respecto al paradigma Positivista –denominado por ellos como la “mirada recibida” (Recived
View)- parte de una ontología asentada en un “Realismo Naive de una realidad “real” y
“aprehensible”. En su epistemología se parte de una dualidad entre el “sujeto investigador y el
objeto investigado” como entidades independientes y el investigador puede no influenciar al
objeto investigado. La metodología está necesariamente involucrada en una manipulación
experimental que verifica hipótesis principalmente con base en métodos cuantitativos
(1994:109).

Sin embargo, plantean ocho críticas intra y extra paradigmáticas y contribuyen con ello a
contrarrestar el predominio de la perspectiva positivista en la investigación sociológica
(1994;106-107). Entre las críticas intra-paradigmáticas están (figura 1.3):

1. El desconocimiento de la discontinuidad de algunas variables y su vinculación con un
contexto o entorno que lo ignora.
2. La exclusión del significado y propósitos implícitos en el material empírico
3. La disyunción entre los resultados macroscópicos de la estadística y los contextos
locales.
4. La exclusión del “contexto de descubrimiento” en la naturaleza de las variables a
considerar en el análisis.

Entre las críticas extra-paradigmáticas están:

5. El desconocimiento de la interdependencia entre las descripciones de la teoría al
formular hipótesis y las descripciones asociadas al contexto de descubrimiento del
material empírico.
6. El desconocimiento de la imposibilidad de consolidar una teoría con base en el
principio de la inducción y de la conveniencia de plantear en su lugar la posibilidad de
una falsabilidad teórica.
7. El desconocimiento en la teoría del componente axiológico de los hechos.
8. El desconocimiento de la naturaleza interactiva entre el conocedor que pregunta y lo
cognoscible preguntado.

Respecto al Post-positivismo, Guba y Lincoln señalan que, si bien trata de responder a las
críticas descritas, lo hacen muy limitadamente. Este paradigma parte de una ontología crítica al
realismo en el sentido de que es “real” la realidad y se puede aprehender de manera
probabilística y consecuentemente de manera imperfecta. Su epistemología abandona la
posición dualista, entre un sujeto que investiga –que se apoya y enriquece de otros puntos de
vista- y un objeto investigable, aunque mantiene la posibilidad de una objetividad en términos
de probabilidades en concordancia entre la teoría y la realidad así como de la falsabilidad de
las hipótesis. La metodología involucra a instrumentos y triangulaciones en la manipulación
experimental tratando de resolver las críticas intra-paradigmáticas expuestas anteriormente.
Incorpora más técnicas cualitativas a su metodología de investigación (1994:110)



Señalan que la Teoría Crítica para ellos es un término que conjunta varias perspectivas
semejantes como el neo-marxismo, el feminismo, el materialismo y las perspectivas
participativas, pero que pueden ser agrupadas en tres divisiones: post-estructuralismos, post-
modernismos y una mezcla de ambos. El común denominador en ellos es la naturaleza de los
valores determinados en la pregunta que conduce a una diferencia epistemológica.

La ontología crítica parte de un realismo histórico: originalmente plástico como formas de
discurso y gradualmente delimitado por medio del discurso de diversos actores cotidianos y
finalmente cristalizado (reificado) en términos de estructuras virtuales, naturales e inmutables
que se consideran “históricamente reales”. Esto conduce a una epistemología transaccional y
subjetivista entre el sujeto que investiga y el objeto investigado. Entre ambos se establecen
vínculos que asociados a los valores del investigador y a los valores situados de lo investigado
transforman las preguntas. Hay una fusión entre lo ontológico / epistémico. La metodología
exige una relación dialógica y dialéctica que transforma la ignorancia de las transformaciones
estructurales en los actores a través del diálogo en una mayor conciencia y conocimiento en lo
investigado y en ambos actores. (1994:110).

Respecto al Paradigma Constructivista, asumido por estos los autores –y en concordancia con
la perspectiva que nos interesa resaltar en este trabajo-, parten de un desplazamiento al nivel
ontológico, y afirman que se trata más de una ontología relativista que realista. Pero acotan su
análisis a este paradigma en dos sentidos: no consideran la presencia de los significados y -
salvo el paradigma positivista-, como los demás paradigmas, “se encuentran en etapas
formativas donde no hay acuerdos finales y la discusión está sujeta a reformulaciones.”
(1994:108-109).

La ontología constructivista es relativista: la realidad se aprehende en la forma de
construcciones múltiples, mentales e intangibles. Está basada en una experimentación social,
con una naturaleza local y específica –aunque los elementos son a menudo compartidos entre
los individuos e incluso entre las culturas- pero son dependientes de la forma y contenido de
las personas o grupos que sostienen la construcción. Dichas construcciones no son ya
“verdaderas en un sentido absoluto” sino simplemente más o menos informadas o elaboradas,
y también alterables de acuerdo a sus “realidades” asociadas. No debe confundirse con los
nominalismos ni con los idealismos (1994:110).

La epistemología constructivista que proponen Guba y Lincoln es, como la de la teoría crítica,
transaccional y subjetivista: investigador y objeto investigado están interactivamente vinculados
y todo hallazgo se deriva de ello. La distinción entre ontología y epistemología desaparece y se
comprende mejor por la relación de los conceptos y la diagonal: ontología / epistemología
(1994:111).

La metodología constructivista es hermenéutica y dialéctica. La naturaleza variable y personal
de las construcciones sociales sugiere que las construcciones de los individuos pueden ser
extraídas y refinadas a través de las interacciones entre el investigador y los actores que
responden. Dichas construcciones se interpretan con base en técnicas hermenéuticas y son
comparadas y contrastadas dialécticamente. El propósito final se deriva del destilado
consensuado y construido que sea más informativo y sofisticado que construcciones anteriores,
incluyendo incluso la perspectiva propia del investigador (1994:111).

Más adelante Guba y Lincoln matizan las diferencias paradigmáticas con preguntas esenciales:

Respecto al constructivismo asientan:
• ¿Cuál es el propósito de la pregunta esencial?. El propósito de la pregunta se orienta a
la comprensión y reconstrucción de las mismas construcciones que los individuos e
investigador mantienen, así como propugnar por un consenso abierto a nuevas
interpretaciones, ya sea en términos de mejores informaciones o de mayores
sofisticaciones. El criterio de progreso radica en una mejora permanente de
construcciones que permitan mayor conciencia de los contenidos y significados de las
mismas construcciones (1994:113).

• ¿Cuál es la naturaleza del conocimiento?. El conocimiento constructivista consiste en
aquellas construcciones que tienen consenso o tendencia a él, para interpretar la
sustancia de la construcción. Pueden coexistir múltiples conocimientos cuando hay
intérpretes sociales, políticos, culturales económicos o étnicos competentes, confiables
y que pueden estar en acuerdo o en desacuerdo. Las construcciones deben de estar
en continua revisión (1994:113).

• ¿Cómo se acumula el conocimiento?. El conocimiento se acumula relativamente sobre
la formación de construcciones cada vez más informadas y sofisticadas y por la vía de
procesos hermenéuticos y dialécticos así como por la yuxtaposición de varias
construcciones. El mecanismo de transferencia de conocimiento de una a otra
construcción es con base en la experiencia vicaria contenida en reportes de casos de
estudio.

• ¿Qué criterios son apropiados para juzgar la bondad o calidad de la pregunta?. Guba y
Lincoln proponen dos criterios: El primero –orientado a la calidad del constructivismo-
es “el mérito confiable de la credibilidad” (como una validación interna), que implica una
transferibilidad (de la validez externa), una dependencia (en la seguridad y veracidad) y
una confirmabilidad (aludiendo a la objetividad). El segundo criterio es la autenticidad
(como imparcialidad y autenticidad ontológica), la autenticidad educativa (que conduce
a una mejor comprensión en la construcción de los otros), la autenticidad catalítica (que
estimula la acción), y la autenticidad táctica (que empodera a la acción). (1994:114)

• ¿Cuál es el papel de los valores en la pregunta?. Los valores tienen un lugar
privilegiado: son determinantes en la delimitación y forma de construcción y de
creación de nuevas preguntas. El constructor, como orquestador no asume un papel de
autoridad valorativa en el establecimiento de los valores.

• ¿Qué papel tiene la ética en la pregunta?. La ética es intrínseca no sólo desde la
perspectiva del constructor sino de los interlocutores.

Con la síntesis y delineamento de las propuestas paradigmáticas descritas, Guba y Lincoln
establecen que todo investigador tiene el derecho de hacer nuevas preguntas si deja claro de
qué paradigma parte y guía su perspectiva.

El análisis que hacen Guba y Lincoln sobre las perspectivas de análisis cualitativo,
denominadas por ellos como paradigmas que cubren como “sombrillas” a la investigación
social -con clara alusión a la mirada kuhniana sobre la transformación del conocimiento
científico, es muy atinada y nos parece que les permite señalar con certeza las distinciones
pertinentes en torno a la borrosa situación del trabajo interdisciplinario y la pertinencia en los
encadenamientos que se debe de cumplir para transformar el concepto de cientificidad en el
marco de la mirada polémica entre cualitativistas y cuantitativistas sociales.

Consideramos que además de los tres ejes de análisis, el ontológico, el epistémico y el
metodológico, se debería incluir como componente paralelo a ellos y en forma explícita, el
componente axiológico. Si bien lo mencionan posteriormente dentro de las críticas al
paradigma positivista, desde nuestra perspectiva debería estar explícito en el análisis que
hacen.

El razonamiento respecto al paradigma constructivista nos parece acertado en varios aspectos:
efectivamente ya no se puede hablar de una ontología permanente dado que se parte ahora de
la construcción –quizá mejor de la reconstrucción del pensamiento social- y por ello no puede
permanecer inamovible. Esta ausencia de ontología o de una ontología íntimamente ligada a
una epistemología, es un punto de partida para el constructivismo que consideramos se está
gestando en el siglo XXI. En todo caso es relativa dado que estará vigente para el análisis del
problema en cuestión o para una fase o etapa de estabilidad de las estructuras / procesos de
conocimiento, dado que incluso hoy en día, de acuerdo con Guba y Lincoln, los nuevos
paradigmas “se encuentran en etapas formativas donde no hay acuerdos finales y la discusión
está sujeta a reformulaciones”. La propuesta de la diagonal entre ambas palabra nos parece
adecuada.

Consideramos importante entresacar de su análisis, que se trata de una mirada de reflexión
muy atenta pero que todavía alude a un “conocedor” (knowlder) o “conocedor potencial” que
denominaríamos como de “primer orden” involucrado en dicha reflexión. Aluden a “las
interacciones entre el investigador y los actores que responden”. No hacen explícito “el giro de
observación” de la reflexión que presentan dichos investigadores respecto al cómo conocen, a
cómo hay que observar en ellos los encadenamientos ontológicos / epistémicos /
metodologícos y añadiríamos a los axiológicos, explicitación que observa las transformaciones
en esas relaciones, esto es las “aceleraciones en los cambios epistémicos / metodológicos” de
segundo orden.

Insistimos que hacer explícita la observación sobre el cómo se conoce es ya parte sustantiva
de una nueva racionalidad que forma parte de la nueva sociología que se está conformando
desde la Sociocibernética. Es más evidente su reflexión de segundo orden cuando hacen
explicito que el “propósito de la pregunta se orienta a la comprensión y reconstrucción de las
mismas construcciones que los individuos e investigador mantienen”.

El análisis que hacen Guba y Lincoln más adelante sobre las ocho críticas al positivismo son
todas esenciales y muy atinadas. Hacen explícitos no sólo los retos internos y externos de
dicho paradigma sino que junto a las preguntas esenciales que nos muestran, forman parte de
los retos actuales de la investigación social.

Los aspectos abordados por Guba y Lincoln nos parecen fundamentales para el análisis de la
investigación social. Junto con los elementos expuestos más delante de Ibáñez y Bourdeau,
constituyen el marco de referencia del análisis cualitativo más adecuado, para delimitar los
retos y los impulsos que nos llevan a establecer nuestra propuesta de modelo adaptativo
sistémico. La propuesta que delimitamos la matizaremos de acuerdo a un constructivismo que
en el capítulo cuarto de este trabajo describimos con base en las propuestas de Heinz von
Foerster y el trabajo de Piaget-García.

Información de la Tesis sobre “Sistemas adaptativos para el análisis
social: una aproximación desde la Sociocibernética” de José A.
Amozurrutia, junio del 07.