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Derechos fundamentales frente a la adicción a sustancias psicoactivas en
Colombia
Lizeth Nathalia Revelo Guzmán
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Resumen
La adicción a sustancias psicoactivas en Colombia, es una problemática social que por
sus consecuencias negativas para la población se ha transformado en un problema de
salud pública. Los conceptos científicos sobre este tipo de adicción nos indican que es
una enfermedad psiquiátrica que debe ser atendida por el Sistema General de
Seguridad Social en Salud. Además la comunidad internacional también ha manifestado
su preocupación y recomiendan dar solución al problema a través de políticas
enfocadas a disminuir tanto la oferta como la demanda de sustancias psicoactivas.
Pese a ello los esfuerzos legislativos y las políticas implementadas no son reflejo de
una efectiva cobertura en el sistema de salud ni tampoco de una adecuada protección
de derechos humanos y fundamentales como la vida digna y la salud mental. La razón
de ello es que la farmacodependencia no se ha concebido como un problema de
política pública en salud sino como un problema policivo, un inconveniente político en el
cual el Estado obra como un agente represivo y ofensivo en el marco de lo que se
concibe como “guerra contra el narcotráfico”; ello naturalmente acarrea el
desconocimiento de una serie de garantías constitucionales que cuentan con un amplio
respaldo jurisprudencial.

Abstract
Psychoactive substance addiction in Colombia is a social problem for its negative
consequences for the population has become a public health problem. Scientific
concepts about this kind of addiction indicate that it is a psychiatric illness and although
expensive, must be addressed by the Social Security System in Health. Moreover, the

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Estudiante de Derecho, Universidad Mariana Pasto, nathalia_revelo@hotmail.com.
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international community has also expressed its concern and recommended to solve the
problem through policies aimed at reducing both supply and demand for psychoactive
substances. Despite this legislative efforts and the policies implemented are not a
reflection of effective coverage in the health system nor adequate protection of
fundamental human rights and dignity of life and mental health. The reason is that drug
is not intended as a problem of public health policy but as a policing problem, a political
problem which the State acts as an agent of repression and offensive in the context of
what is conceived as "war on drugs", this naturally leads to the lack of a series of
constitutional guarantees that have broad support jurisprudence.

Palabras claves
Derechos Fundamentales, Farmacodependencia, Salud Mental,
Key words
Mental Health, Rights, Drug.

Introducción
La problemática de adicción a sustancias psicoactivas no solo como una
dificultad social sino como un crítico problema de salud pública, adquiriere relevancia
desde la consolidación del narcotráfico en la década de los 80. En esta época, el país
se vio enfrentado a los carteles del narcotráfico, quienes sometieron a la nación
colombiana a dolorosas situaciones.
Frente a ello, para dar solución al problema se han adoptado múltiples posturas y
una de las principales estrategias planteadas por el Gobierno, que en su momento se
consideró como la más acertada, fue dar inicio la llamada guerra contra las drogas, lo
que provocó una confusión en entre los conceptos de: consumo de drogas y
narcotráfico, problema de salud y problema policivo o de represión.
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El Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Colombia en el
año 2008 observa que la problemática tiene dimensiones y características que lo la
hacen acuciante y con serias implicaciones sobre el bienestar de la población, la salud
pública, la convivencia ciudadana, la seguridad y el futuro de las nuevas generaciones.
Así mismo, plantea un gran reto en materia de gobierno, política e inversión pública,
responsabilidad social y gestión institucional. El estudio indica que existe un mercado
diverso y muy extendido en la geografía nacional. Aunque la oferta es claramente
mayor en las ciudades capitales, también en ciudades de tamaño medio e incluso en
municipios con población inferior a 200.000 habitantes se puede acceder sin mucha
dificultad a las sustancias psicoactivas. (Ministerio de Proteccion Social & Direccion
Nacional de Estupefacientes, 2009)
Así pues dentro de este contexto, el presente artículo pretende entrever desde
un análisis jurídico, científico, y jurisprudencial una situación que no puede seguir en
aumento y cuya solución debe apoyarse en una colaboración efectiva de todos los
actores estatales e internacionales que adquieran un compromiso social ante la
población de farmacodependientes.
Se plantea en este marco los siguientes interrogantes: ¿A qué problema de salud
se enfrentó nuestra población con la consolidación del consumo de sustancias
psicoactivas en nuestro país? ¿Cómo el Estado Colombiano a través de sus órganos e
instituciones ha abordado la problemática de farmacodependencia, desde el panorama
de protección de derechos fundamentales consagrados en la Constitución Política de
1991?
Para emprender el análisis sobre la problemática nombrada es pertinente
denotar en primera instancia la farmacodependencia con sus elementos desde un punto
de vista científico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), define a la farmacodependencia
(consumo de drogas) como:
"El estado psíquico y a veces físico causado por la interacción entre un
organismo vivo y un fármaco, caracterizado por modificaciones del comportamiento y
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por reacciones que comprenden siempre un impulso irreprimible a tomar el fármaco en
forma continua o periódica, a fin de experimentar sus efectos psíquicos y a veces para
evitar una sensación de malestar que surge al dejar de consumirlo."
Así mismo en la sentencia T-684 de 2002 la Corte expresó que “el Estado de
drogadicción crónica sí es considerado como enfermedad y se ha catalogado de ese
modo en los índices internacionales”
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De otra parte y en consideración a esta patología, se debe manifestar que el
tratamiento constituye una ardua tarea que no siempre se ve coronada por éxito. La
realidad demuestra la gran cantidad de farmacodependientes sufren recaídas y vuelven
al mismo grado de intoxicación inicial poco tiempo después de haber concluido el
tratamiento de deshabituación.
. Bajo esta consideración, como cualquier otra,
esta enfermedad, debe ser manejada con el tratamiento médico debido.
En el tratamiento de las toxicomanías, cabe distinguir tres niveles claramente
diferenciados: el tratamiento médico de resultados positivos en la mayoría de los
casos; el tratamiento psicológico, de mayor complejidad, ya que implica la superación,
por parte del adicto, de las motivaciones, tanto individuales como sociales, que le han
conducido al consumo de droga y a la toxicomanía y finalmente la integración del adicto
a la vida social sin influencia de drogas.
La primera fase del tratamiento consistirá en lograr la deshabituación controlando
los riesgos del “síndrome de abstinencia”, que, en el caso de las drogas duras sobre
todo la heroína, puede ser realmente peligroso. Esta fase tiene que realizarse bajo el
cuidado y dirección de especialistas, así como en centros médicos adecuados. Hay
medicamentos para el tratamiento de la drogadicción, los más importantes son la
metadona, el LAAM (levo-alfa-acetil-metadol) y la naltrexona, que están disponibles
para aquellos individuos adictos a los narcóticos, pero que aún no son cubiertos por el
Plan Obligatorio de Salud (POS). La segunda fase, se requiere generalmente un
tratamiento psicológico (psicoterapia), dado que los enfermos suelen presentar algunos
trastornos de personalidad y dificultades en su capacidad de relacionarse sin la droga.

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Escrito de julio 9 de 2002 la Academia Nacional de Medicina
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Para facilitar el contacto interpersonal y la dinámica social suelen emplearse las
terapias de grupo. La tercera fase, simultánea a la anterior, intenta integrar al individuo
en la vida social, pero este objetivo depende de factores económicos y sociales, por lo
que deberían intervenir también otros organismos e instituciones. Este último requisito
es un factor determinante que provoca el fracaso del tratamiento en la mayoría de los
casos. (Lopez, 2011)
De estas consideraciones se puede concluir que debido a que no existe la
certeza de una recuperación absoluta, como ha dicho la Corte en ocasión de la
sentencia T-407-1996, no se puede suspender la prestación del servicio público pues
en este caso de enfermedad el servicio debe ser prestado con estricta continuidad.
Ahora bien, la farmacodependencia puede generarse por el consumo de drogas
ilícitas o licitas. En éste último caso, se trata de fármacos que en principio se utilizaron
para el tratamiento de una enfermedad, y que se consumen en cantidades superiores a
las recomendadas, para lograr una sensación diferente a los efectos terapéuticos para
los cuales fueron recetadas (2009). Pero en lo que realmente pretendo enfocar el
análisis es sobre aquellas sustancias ilícitas.
Con base en la sentencia T-438 de 2009 la cual toma como referencia la
Enciclopedia Multimedia Illustrated Health Encyclopedia y la Enciclopedia Médica
Medline-Plus, podemos catalogar los siguientes fármacos ilícitos: los opiáceos y
narcóticos, como la heroína, el opio, la codeína. Los estimulantes del sistema nervioso
central que abarcan anfetaminas y la cocaína. Los depresores del sistema nervioso
central que tienen un efecto sedante, calmante y de reducción de la ansiedad y pueden
llevar a la dependencia. Los alucinógenos, abarcan el LSD que provocan alucinaciones
y pueden llevar a dependencia psicológica. El tetrahidrocannabinolel el cual es el
ingrediente activo que se encuentra en la marihuana (cannabis) y el hashish. (2009)
El uso indiscriminado de las drogas o fármacos antes mencionados, además de
generar adicción, tiene consecuencias dañinas para el organismo del consumidor. Cabe
destacar que los efectos dañinos que éstas producen no son los mismos en todos los
casos y dependen del tipo de sustancia consumida. Así por ejemplo, mientras la
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adicción a narcóticos puede producir somnolencia y pérdida del conocimiento; el
consumo excesivo de anfetaminas genera excitación, aumenta del ritmo cardiaco y
acelera la respiración. En ese mismo contexto, los alucinógenos y drogas psicoactivas
pueden conducir a estados de paranoia, alucinaciones, comportamientos agresivos o
retraimiento social extremo, en tanto las sustancias que contienen cannabis causan
relajación, trastornos motores y aumento del apetito.(2009)
En ese sentido, Bernardo Pérez Salazar, investigador sobre el tema nos dice
que, dentro de aquella política de guerra contra las drogas surge el dilema de que si los
daños asociados con sus estrategias represivas contribuyen a reducir el daño causado
por las drogas o si por el contrario se suman para agravarlos.
Según el autor la política implementada para la solución de esta
problemática debe ser equilibrada con un balance entre la protección de la salud
pública frente a los daños representados por la toxicomanía. El mensaje es claro,
las políticas acertadas en este tema no pueden ser solo orientadas a disminuir la
producción de drogas con estrategias “represivas” sino también a disminuir el
consumo. Y en esta óptica aquella guerra contra las drogas debe armarse, pero
de políticas de atención en salud para el consumidor o farmacodependiente con
estrategias que no hagan aumentar la intoxicación y sus consecuencias. (Perez
Salazar)
Ahora bien analicemos el panorama internacional debido a que este ha sido
un problema de trascendencia externa que empieza a preocupar a una comunidad
internacional. Las organizaciones internacionales como la Oficina de las Naciones
Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés), han sido uno
de los actores importantes en la implementación de políticas a partir de estudios
sobre el consumo y su impacto mundial.
La organización advierte que para lograr los objetivos en disminución del
consumo de drogas, la comunidad internacional debe combinar diversas
intervenciones encaminadas a reducir la oferta y la demanda de droga, e
incorporar los esfuerzos en el plano nacional al marco de las nuevas estrategias
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internacionales parejamente a los mercados de la droga. (Oficina Contra la Droga
y el Delito, 2010)
El Informe Mundial sobre drogas La UNODC también estima que entre 155
y 250 millones de personas en todo el mundo (3,5 a 5,7% de la población entre 15
y 64 años de edad) consumieron sustancias ilícitas en 2008. En el epicentro del
consumo de drogas se encuentran los “consumidores problemáticos”, es decir,
aquellos que se las inyectan o son considerados drogodependientes, quienes en
consecuencia sufren graves repercusiones de índole social y sanitaria.
Es pertinente nombrar el Informe 2011 de la Comisión Global de Políticas
de Drogas, que advierte que la guerra global contra las drogas ha fracasado
generando graves consecuencias para individuos y sociedades del mundo.
Esta comisión como la encargada de revisar los supuestos básicos,
efectividad y consecuencias del enfoque de la “guerra a las drogas”; evaluar los
riesgos y beneficios de diferentes respuestas nacionales al problema de las
drogas, ha planteado que:
Los inmensos recursos destinados a la criminalización y a medidas
represivas han fracasado en reducir eficazmente la oferta o el consumo. Los
esfuerzos represivos dirigidos a los consumidores impiden las medidas de salud
pública para reducir el VIH/SIDA, las muertes por sobredosis, y otras
consecuencias perjudiciales del uso de drogas que enmarca un grave problema de
salud pública. (Drogas, J unio 2011)
Las recomendaciones de la comisión están dirigidas a ofrecer servicios de
salud y tratamiento a los que los necesiten y asegurar una variedad de
modalidades de tratamiento.
También propone, comenzar con la transformación del régimen mundial de
prohibición de drogas. Reemplazar las políticas y las estrategias de drogas orientadas
por la ideología y la conveniencia política, por políticas económicas responsables y
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estrategias basadas en la ciencia, la salud, la seguridad y los derechos humanos y
adoptar criterios apropiados para su evaluación (Drogas, J unio 2011).
Por último menciona que muchos países todavía reaccionan ante las personas
dependientes de drogas con castigo y estigmatización. En realidad, la dependencia de
drogas es una compleja afección de salud que tiene una combinación de causas
sociales, psicológicas y físicas. La comisión indica que los países que trataron a los
ciudadanos dependientes de drogas como pacientes necesitados de tratamiento, en
lugar de como delincuentes merecedores de castigo, demostraron resultados
extremadamente positivos en reducción del crimen, mejoramiento de la salud y
superación de la dependencia. (Drogas, J unio 2011)
Por otra parte en el Estado Colombiano, se evidencia que se ha abordado la
problemática a través de acciones gubernamentales. Una de ellas es la que se adoptó
en el año 2007 a través de El Plan Nacional de Salud Pública, para el cuatrienio 2007-
2010, Decreto 3039 de 2007
Una de las observaciones que podemos hacer a este Decreto es que no
manifiesta la garantía del derecho a la salud a población farmacodependiente.
Cuando dentro del Decreto se hace un análisis de la situación en salud involucra a
varios grupos poblacionales entre los cuales el grupo de población vulnerable, en
aquel se nombra a las personas en situación de discapacidad, desplazados y
grupos étnicos. Pero en el Decreto no se nombra a poblaciones de personas
adictas a sustancias psicoactivas quienes guardan relación con la problemática de
salud pública y debería ser atendidas por nuestro sistema de salud con la misma
integralidad que lo hace con aquellas poblaciones que si se incluye en esta
disposición.
En las prioridades nacionales en salud que atienden a las necesidades del
país en esta materia, el Decreto enuncia la salud mental como consecuencia de
lesiones violentas o en relación con circunstancias de violencia pero no se tiene en
cuenta que una de las causas de afecciones a la salud mental es la adicción a
sustancias psicoactivas que medicamente es concebida como una grave
enfermedad psiquiátrica.
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Sin perder de vista lo anterior, en materia de salud mental El Plan Nacional
de Salud Pública fijó entre aquellas Prioridades Nacionales en Salud para el
Periodo 2007 – 2010, : “Adaptar los planes territoriales a la política nacional de
salud mental y de reducción del consumo de sustancia psicoactivas en 100% de
las entidades territoriales”.
Dentro de las estrategias que propone el decreto para lograr esta meta se
encuentra ubicada en la Línea de política número 1 la Promoción de la salud y la
calidad de vida, que incluye en mayor parte ítems relacionados con la formulación
e implementación de políticas concernientes a la reducción del consumo de
sustancias psicoactivas, algunas solo se encaminan a proponer la gestión de
políticas, buscar nuevas iniciativas para la participación de actores, y brindar
apoyo a las personas que se encuentren en riesgo de adicción más no dentro de
la problemática. Es decir en gran parte este programa está orientado a la
formulación de estrategias preventivas y educativas pero que no incluyen atención
integral al adicto.
Por otro lado recientemente ha sido puesta vigencia la ley 1438 de 2011
referente a la reforma al Sistema General de seguridad Social en Salud, de la cual
podemos destacar el artículo 65 el cual propende por la garantía del ejercicio
pleno del derecho a la salud mental mediante atención integral. Esta resiente
disposición, obliga a las autoridades de salud a proporcionar una amplia
protección a la población con afecciones en salud mental. En su materialización
tendremos que observar que los alcances de esta disposición involucren a la
población farmacodependiente en la medida que aquella se considere afectada en
su salud metal y en este sentido se propenda por la cobertura y eficiencia en la
prestación del servicio de salud.
En la medida que el consumo se incrementa en Colombia los esfuerzos para
disminuir la problemática no se han hecho visibles. Un reflejo de ello son los proyectos
de ley para atención a personas adictas a las Sustancias Psico-Activas que no han
tenido un trámite satisfactorio, no solo porque hay proyectos de ley de más interés
político, sino por la falta de respaldo presupuestal por el gobierno al considerar el
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problema de adicción como una enfermedad de alto costo cuya responsabilidad no
puede ser sufragada por los recursos públicos.
Así pues tenemos el proyecto 300/10 cámara 248/10 senado que intenta
reglamentar el acto legislativo 02 de 2009 el cual prohibió la dosis mínima, y establecen
medidas y tratamientos administrativos de orden pedagógico, profiláctico o terapéutico
para las personas que consuman sustancias estupefacientes o psicotrópicas. (Benedetti
Villaneda & Parody D' Echeona)
Avanzado el trámite para la aprobación de este proyecto, el 20 de octubre el
ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, expresó en una audiencia al que fue citado
por la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, su preocupación por la
inviabilidad presupuestal para garantizar los tratamientos de más de once billones de
pesos para la rehabilitación a las 320 mil personas adictas a sustancias psicoactivas
dejando sin alternativa de recuperación a muchos integrantes de esta población y sin
esperanzas de viabilidad a los creadores del proyecto.(Congreso Visible, 2011)
Sin embargo, este proyecto no gozo de mucha aceptación en la comunidad
puesto que haciendo un análisis a sus disposiciones, estas estaban orientadas a
adoptar medidas represivas que desconocen derechos y no medidas efectivamente
curativas.
Por otra parte, podemos hacer un análisis Constitucional observando los
derechos sometidos a una vulneración. Entre los cuales tenemos los fundamentales a
la vida, la salud, dignidad, y la protección de disminuidos físicos y sensoriales.
Respecto a la salud la Corte Constitucional, en sentencia T-760 de 2008
manifestó que es un derecho fundamental, tiene un núcleo esencial que debe ser
garantizado a todas las personas, puede ser objeto de limitaciones que para ser
admisibles, deben estar justificadas a la luz de los principios de razonabilidad y
proporcionalidad. Desde este pronunciamiento el derecho fundamental a la salud,
comprende, entre otros, “el derecho a acceder a servicios de salud de manera
oportuna, eficaz y con calidad.”
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Además también la corte se ha manifestado sobre el principio de integridad o
integralidad del derecho a la salud, revelando en múltiples ocasiones que:
“la atención en salud debe ser integral y por ello, comprende todo cuidado,
suministro de medicamentos, intervenciones quirúrgicas, prácticas de rehabilitación,
exámenes de diagnóstico y seguimiento de los tratamientos iniciados así como todo
otro componente que los médicos valoren como necesario para el restablecimiento de
la salud del paciente” (2008)
La sentencia T-275 de 2009 enuncia la protección que le otorga el ordenamiento
Constitucional al derecho a la salud que se complementa y fortalece por lo dispuesto en
el ámbito internacional. Son varios los instrumentos internacionales que reconocen el
derecho de las personas a la salud tales como:
El artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos afirma en su
párrafo 1º que toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure,
así como a su familia, la salud y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la
asistencia médica y los servicios sociales necesarios.
El artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y
Culturales contiene una de las disposiciones más completas y exhaustivas sobre el
derecho a la salud. En su párrafo 1º determina que los Estados partes reconocen:
El derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y
mental’, mientras que en el párrafo 2 del artículo 12 se indican, a título de ejemplo,
diversas ‘medidas que deberán adoptar los Estados Partes a fin de asegurar la plena
efectividad de este derecho.
De acuerdo con los artículos 48 y 49 de la Carta, la sentencia T-438 de 2009 ha
dicho que la Salud es un derecho constitucional, así como un servicio público esencial,
cuya prestación se encuentra a cargo del Estado, y que debe orientarse por los
principios de solidaridad, universalidad y eficiencia. Lo anterior nos refleja que la salud
tiene doble connotación, de derecho y servicio público, respecto a este ultimo atiende
intereses y necesidades generales y por ello no puede ser indiferente a la problemática
de adicción a sustancias psicoactivas, en su esencia este sistema debe garantizar
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cobertura sin dejar de prestar asistencia a todos los sectores de la población y mucho
menos a sectores vulnerables.
El sistema de seguridad social en salud fundado en Colombia por medio de la ley
100 de 1993 encuentra fundamento en los mencionados artículos 48 y 49 de la
Constitución y tiene entre sus principales finalidades crear condiciones de acceso a
toda la población en todos los niveles de atención para mantener o restablecer su
salud. El Plan obligatorio de Salud de este sistema, fue creado debido a las
limitaciones de los recursos. En efecto, atendiendo al carácter programático y el
desarrollo progresivo que en principio se le atribuye al derecho a la salud, el artículo 10
del Decreto 806 de 1998, consagra la posibilidad de establecer exclusiones al Plan
Obligatorio de Salud, definiéndolas como: “Aquellas que no tengan por objeto contribuir
al diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de las enfermedades, aquellos que sean
considerados como cosméticos, estéticos o suntuarios, o sean el resultado de
complicaciones de estos tratamientos o procedimientos”. (2009)
Si bien la Corte Constitucional ha sostenido que las limitaciones o exclusiones al
Plan Obligatorio de Salud, son constitucionalmente admisibles, toda vez que tienen
como propósito salvaguardar el equilibrio financiero del sistema de seguridad social en
salud(2009) ; la adecuada prestación del servicio y el correcto ejercicio este derecho
fundamental puede empezar atendiendo la necesidad de una ley integral que cubra
dentro del Plan Obligatorio de Salud una atención hospitalaria, curativa para las
personas dependientes a sustancias psicoactivas. A partir de ello las instituciones de
salud podrán, además de seguir desarrollando sus proyectos de prevención del
consumo, ejecutar proyectos de atención creando programas y destinando el suficiente
presupuesto para ello.
Además de lo anterior, podemos ver que respecto a la falta de cobertura en el
POS en la reciente sentencia T–094 de 2011 se ha hecho referencia a que “en términos
del Acuerdo 08 de 2009 artículos 54 y 68, lo único que se autoriza en casos de
farmacodependencia es la psicoterapia individual durante la fase crítica de la
enfermedad, entendiendo por etapa crítica aquella que se prolonga hasta máximo 30
días.” (2011). Situación que resulta cuestionable, al considerar que la adicción a
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sustancias psicoactivas concebida como enfermedad tiene una mayor duración y no 30
días como lo prevé la norma en mención.
También se debe tener en cuenta la dignidad humana consagrada en Colombia
como principio fundante del Estado Social de Derecho y que está muy asociada con la
calidad de vida, la cual en cuanto a las personas consumidoras a sustancia
psicoactivas, en cualquiera de las etapas de consumo se ve afectada y se deteriora
conforme avanza la edad y el tiempo de adicción.
No se puede perder de vista que con la desprotección que generaría el estado a
la adicción se estaría vulnerando también el artículo 47 de la Carta, referente a la
protección de disminuidos físicos y sensoriales.

Según sentencia T-684 2002 la drogadicción crónica es considerada como un
trastorno mental o enfermedad psiquiátrica con una manifiesta debilidad psíquica, en
consecuencia, se puede afirmar que al estar probada esta condición la persona que se
encuentre en la misma merece una especial atención por parte del Estado en virtud del
artículo 47 constitucional.
En virtud del artículo 47 además la corte ha señalado que las personas adictas
son beneficiarias de los programas que el Estado a través de su sistema de seguridad
social en salud debe haber adelantado, en la medida de lo posible y lo razonable, para
su rehabilitación e integración. (2009)
Además al respecto la Sentencia T-248 de 1998 ha dicho que: “En los casos de
peligro o afectación de la salud mental y sicológica de una persona no solamente están
comprometidos los derechos fundamentales que a ella corresponden sino los de sus
allegados más próximos, los de la familia como unidad y núcleo esencial de la sociedad
que merece especial protección, y los de la colectividad”.
Así pues vemos que aquella vulneración de derechos no solo afecta la esfera del
consumidor en el ejercicio de su derecho a una vida digna sino también de su familia y
más adelante de la sociedad.
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Recientemente la Corte Constitucional mediante tutela T-094 de 2011 aborda las
problemáticas de drogadicción y bulimia, aduciendo que las personas afectadas por
estos padecimientos menoscaban gravemente su salud y la posibilidad de vivir una
vida digna, por lo que requieren de atención y tratamiento no solo inmediato sino
además cualificado, específico e idóneo, con el fin de evitar consecuencias o daños
irreparables. La corte también se manifiesta sobre la vulneración o amenaza sobre
procedimientos o medicamentos que no se encuentran en el POS estableciendo en
este aspecto reglas jurisprudenciales.
La corte en esta ocasión también indica que, en materia de fármacodependencia
las secretarías, institutos o direcciones departamentales de salud son las encargadas
de los proyectos sobre fármacodependencia y toxicología, junto con las Unidades de
Atención Integral para Conductas Adictivas, las Empresas Sociales del Estado o las
entidades sin ánimo de lucro, con dineros del Fondo Na cional de Estupefacientes. De
este modo, incluso si este tipo de programas no están incluidos en el Programa
Obligatorio de Salud -POS-, de todas maneras todas las personas que los necesiten
deben poder acceder a ellos según lo establecido en la resolución 1479 de 2006.
Conclusiones
De este análisis se coligue que nos encontramos frente a una grave situación de
salud y debemos reflexionar ante la actitud omisiva del Estado reflejada en la escasa
disposición por parte del gobierno para proteger a la población farmacodependiente en
sus derechos fundamentales y en la limitación de acceso a beneficios integrales de un
sistema de seguridad social que propende por la universalidad y la eficacia.
La salud se nos es garantizada a todos los colombianos, aquel derecho y
servicio público debe ejercerse con continuidad pues aunque la salud es un derecho
fundamental autónomo, aquel no ha perdido su amplia conexión con la vida y sobre
todo con la vida digna. La postura frente a la farmacodependencia nos involucra a
todos como titulares de derechos fundamentales propendiendo por una colaboración
armónica entre las diferentes instituciones estatales en el marco de la solidaridad como
estrategia más idónea para superar esta problemática.
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El Estado ha luchado contra la producción de droga y el narcotráfico
evidenciados en los procesos de erradicación de cultivos ilícitos, como también en las
acciones frente a la incautaciones de drogas y sustancias químicas, desmantelamiento
de la infraestructura de producción y los principales logros de la fuerza pública en la
lucha contra las drogas, todos ellos encaminados a una lucha “Ofensiva definitiva
contra el narcotráfico”, la cual pretende generar un punto de quiebre tal que revierta la
tendencia evolutiva del fenómeno y que más bien lo reduzca a su mínima
expresión.(Direccion Nacional de Estupefacientes, 2009)

Se debe destacar, la resiente iniciativa de la Honorable Corte Constitucional, al
entrar a debatir esta problemática, que aunque en sede de tutela los efectos son
interpartes, a partir de este pronunciamiento se crea un precedente y un respaldo
jurisprudencial para futuras controversias sobre esta realidad de la salud y sobre todo
se destaca la gran incidencia que tiene esta sentencia para los futuros desarrollos que
en adelante los gobiernos y sus instituciones están obligados a asumir respecto al
tema.

Así como nuestro Estado se ha dedicado a luchar también es pertinente que
disponga parte del presupuesto público para no permitir que el consumo siga
aumentando y la mejor posibilidad para ello son las políticas en salud, con la
implementación de proyectos bien enfocados a realizar esfuerzos presupuestales para
la prevención, atención y rehabilitación con miras a la defensa de derechos humanos y
de aquel derecho fundamental a la salud mental de los consumidores de sustancia
psicoactivas. Así entonces las políticas para disminuir la consolidación de este flagelo
deben tener dos perspectivas, una dirigida a la disminución de oferta y otra dirigida a la
disminución de la demanda de sustancias psicoactivas.




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