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ECONOMÍA POLÍTICA CLÁSICA Y CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA: LA RENTA DE LA TIERRA
DE RICARDO A MARX.

Nicolás Pérez Trento (UBA).


“Es cierto que Ricardo no fue el inventor de la teoría
de la renta. West y Malthus la habían puesto en letras de
imprenta antes que él, pero la fuente es Anderson. Sin
embargo, lo que distinguió a Ricardo es la forma en que
vincula la renta con su teoría del valor” (Marx, 1985:29)


Me propongo, en este trabajo, revisar la teoría de la renta que expone David Ricardo, uno de los
principales exponentes de la economía clásica, quien logra explicar, por vez primera, la teoría de la renta
mediante su teoría del valor, así como señalar las insuficiencias de su planteo por medio de la crítica de la
economía política que desarrolla Marx.

1. La economía política: valor y renta de la tierra en Ricardo

La determinación del valor de las mercancías por el tiempo de trabajo necesario para producirlas, es
precisamente el punto esencial de partida en el análisis de Ricardo. Esto le permite entender a la renta de la
tierra como una forma específica del rédito, esto es, distinta esencialmente a la ganancia: mientras que ésta
última corresponde a los capitalistas, la renta es apropiada por los terratenientes.
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La teoría ricardiana de la renta es, fundamentalmente, una teoría de la renta diferencial: surge
cuando, a causa del crecimiento poblacional, entran en producción porciones de tierra de distinta fertilidad.
Cuando se coloniza una tierra fértil de la cual sólo se requiere cultivar una porción muy pequeña para la
subsistencia de la población, no existe allí renta alguna, ya que nadie pagaría por el uso de la tierra si
existen aún porciones de ella sin apropiar y disponibles para quien desee cultivarlas. Es sólo porque los
terrenos no son ilimitados en cantidad ni uniformes en calidad (Ricardo agrega aquí como determinación su
ubicación geográfica) que, al aumentar la población, se hace necesario cultivar tierras de calidad inferior.
Llegado este caso, se comienza a pagar renta por los terrenos de calidad superior, y su magnitud se regula
por la diferencia de potencia productora entre ambos terrenos. Cuando se hace necesario que entren en
producción tierras de tercer orden, se comienza a pagar renta también por los segundos, y su magnitud
queda determinada de igual modo. Al mismo tiempo, la renta percibida por los dueños de las tierras de
primer orden aumentará.
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El desarrollo de Ricardo comprende también el caso de intensificación del proceso productivo al
interior de una misma porción de tierra. Si bien la aplicación de más capital y trabajo a la misma unidad
productiva redunda en una productividad menor, esta puede ser superior a la de una tierra menos fértil. En
este caso, se invertirá capital en el terreno antiguo, y quedará creada igualmente la renta, ya que esta es,
por definición, la diferencia entre el producto obtenido por el empleo de dos cantidades iguales de capital y
de trabajo.
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Esta es, muy sintetizada, la teoría de la renta que presenta Ricardo. Notemos un supuesto
primordial: el hecho de que las mercancías se intercambian por su valor: En este esquema, se halla
presupuesta la igualación de valores y precios. Esto lo conduce a la imposibilidad de resolver teóricamente
el problema de la igualación de las tasas de ganancia. Señala Engels: “según la ley ricardiana del valor, dos
capitales que emplean la misma cantidad de trabajo vivo y con la misma remuneración, producen en
tiempos iguales -suponiendo que todas las demás circunstancias sean idénticas- productos de igual valor y
plusvalía o ganancia en cantidad también igual. Pero si emplean cantidades desiguales de trabajo vivo, no
pueden producir una plusvalía o, como dicen los ricardianos, una ganancia de tipo igual. Pues bien, lo que
ocurre es precisamente lo contrario. En realidad, capitales iguales, cualquiera que sea la cantidad, pequeña
o grande, de trabajo vivo que empleen, producen en tiempos iguales, por término medio, ganancias iguales.
Se encierra aquí, por tanto, una contradicción a la ley del valor, contradicción descubierta ya por Ricardo, y
que su escuela fue también incapaz de resolver” (Engels, 2009:22).



1
“La renta es aquella porción del producto de la tierra que se paga al propietario por el uso de la potencia original e
indestructible del suelo” (Ricardo, 1985:69).
2
Ricardo, 1985:71-73.
3
Ricardo, 1985: 73-78.
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2. La crítica de la economía política en Marx.

Marx logra superar este escollo en su formulación de la teoría de la renta. Pero si es capaz de
hacerlo, es a causa de haber descubierto las determinaciones esenciales de la teoría del valor. Mientras
que para Ricardo se trata de definir el concepto de valor, Marx llega a él dando cuenta de su necesidad. Es
por eso que, a diferencia de Ricardo, quien entiende que el valor es directamente tiempo de trabajo, Marx
logra dar cuenta de que se trata en realidad de la representación del tiempo de trabajo socialmente
necesario cuando éste se hace de forma privada. Veamos por qué.
Es, por cierto, el trabajo humano la acción que, como trabajo concreto, produce valores de uso, al
tiempo que, como trabajo abstracto, es decir, como gasto de fuerza humana de trabajo en sentido
fisiológico, los produce con el atributo que los hace aptos para entrar en la relación de cambio como iguales.
Y, en efecto, la magnitud del atributo que hace de un valor de uso un objeto para el cambio (valor de
cambio) se mide por la cantidad de trabajo abstracto gastada en su producción. Pero, en cuanto simple
gasto de trabajo humano, la producción de un mismo valor de uso requiere una mayor o menor cantidad del
mismo, según la habilidad del productor o la técnica utilizada: “se trata, por lo tanto, de una diferenciación
cualitativa que, por ser propia del trabajo abstracto mismo, tiene por todo contenido el ser una diferenciación
de cantidad. Luego, la identidad material como producto del trabajo abstracto que le permite a una
mercancía transformar su materialidad concreta en otra mediante el cambio, no es un atributo inherente a la
singularidad de sus condiciones de producción. Por el contrario, es un atributo propio del trabajo abstracto
en tanto su propia materialidad supera toda singularidad. Y dado que se trata de una superación de una
multitud de determinaciones singulares independientes entre sí, la misma toma necesariamente la forma de
la normalidad. De modo que el trabajo abstracto capaz de representarse como la aptitud de una mercancía
para el cambio es el que la generalidad de sus productores requiere en condiciones normales para hacerlo,
o sea, el trabajo abstracto socialmente necesario para producirla. ” (Iñigo Carrera, 2007: 30). Pero para
explicar por qué tienen valor las mercancías, falta aún desarrollar otra determinación. Y ésta consiste en la
forma de privado que tiene el trabajo social. Este se realiza por individuos recíprocamente libres, sin
ninguna relación entre sí. Qué, cómo, cuánto y cuándo producir es una decisión que depende enteramente
de su voluntad. Este es entonces el atributo específicamente propio de las mercancías: “el carácter de
privado e independiente con que se realiza el trabajo social es el que señala la diferencia específica que
determina a los valores de uso como mercancías. Las mercancías tienen valor, y por lo tanto valor de
cambio y precio, porque son materializaciones de trabajo abstracto socialmente necesario realizado de
manera privada e independiente” (Iñigo Carrera, 2007: 35).
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Marx logra resolver también el problema del plusvalor, que había sido el causante del naufragio de
la escuela ricardiana.
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Éste se crea mediante el consumo de una mercancía específica, cuyo valor de uso
es, precisamente, la creación de valor: la fuerza de trabajo. El capitalista paga esta mercancía por su valor
(que se resuelve en la suma de los medios necesarios para reproducirla), pero, al consumirla en el proceso
productivo, obtiene como resultado de este proceso una magnitud de valor mayor del que pagó por ella.
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La
resolución del problema de cómo este plusvalor se transforma en ganancia, y particularmente en ganancia
media, es lo que le permite a Marx avanzar más lejos que Ricardo.
La masa de plusvalor que se genera en el proceso de reproducción del capital se distribuye en las
distintas ramas de la producción de acuerdo al capital total adelantado en cada una de ellas,
independientemente del tiempo de rotación y de la composición orgánica que cada una presente, es decir,
la proporción en que se distribuya entre capital variable (fuerza de trabajo) y capital constante (medios de
producción). Si bien la magnitud de plusvalor producido en cada rama depende de su composición orgánica,
el plusvalor total se distribuye entre ellas equitativamente por medio de la competencia, forma en que se
relacionan entre sí los distintos capitales individuales. De este modo, la cantidad de plusvalor apropiado es
cuantitativamente distinta a la de plusvalor creado: las ramas de menor composición orgánica, por poseer
una mayor proporción de capital variable, van a apropiar una menor magnitud de plusvalor que la que
crearon, y viceversa.
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Esto explica que las mercancías se cambien no por su valor, sino por la suma de sus costos más la
ganancia media, es decir, por su precio de producción. Se ve, asimismo, cómo el plusvalor se presenta,
superficialmente, como ganancia.
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El desarrollo completo puede hallarse en Marx, 2006, capítulo I. Para una interpretación crítica, véase Iñigo Carrera,
2007.
5
Marx, 1985.
6
Marx, 2006, capítulo V.
7
Marx, 2008, sección II.
8
Marx, 2008, sección I.
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3. La renta de la tierra en Marx

Podemos volver entonces a la teoría de la renta. La forma en que Ricardo se plantea la solución del
problema está enturbiada, como ya señalamos, tanto por su incapacidad de distinguir el valor del precio
(bajo el supuesto de que las mercancías se cambian por su valor y no por su precio de producción) como,
consecuentemente, el plusvalor de la ganancia.
Así, argumenta que la renta no puede ser otra cosa que un excedente por encima de la ganancia
media. Pero, como señala Marx, el hecho de que la mercancía entregue renta por encima de la ganancia no
demuestra que se venda por encima de su valor, de la misma forma que la circunstancia de que la plusvalía
de una mercancía sólo se exprese en la categoría de la ganancia media no muestra que la mercancía se
vende por su valor. Si una mercancía puede dar una tasa media de ganancia que se encuentra por debajo
de su propia tasa de ganancia determinada por su plusvalía real, se sigue de ello que, si además de esta
tasa media de ganancia, las mercancías de determinada esfera de la producción rinden una segunda
proporción de plusvalía, específicamente, la renta, entonces la suma de la ganancia más la renta no tiene
por qué ser superior a la plusvalía contenida en la mercancía.
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Puesto de esta manera, el problema queda mucho más simplificado. Ya no se trata de explicar
cómo puede el precio de una mercancía dar tanto ganancia como renta sin descartar la ley del valor. En
estos términos, de lo que se trata es de saber por qué estas mercancías no tienen que compartir con el
resto de las ramas de la producción el excedente por encima de la ganancia media, es decir, la cuota de
ganancia extraordinaria que logra apropiar el terrateniente, y que como tal, constituye la renta.
Para resolver esto, Marx busca en primer lugar cuál es la fuente de esta ganancia extraordinaria,
partiendo del supuesto de que las mercancías que la pagan se venden, como todas las demás, a su precio
de producción.
Al mirar esta rama de la producción, se evidencia el hecho de que dos capitales de igual magnitud,
vendiendo al precio de producción, obtienen distintas ganancias. Marx pone de relieve inmediatatamente la
fuente de esta divergencia: la posibilidad de utilizar fuerzas naturales específicas (por ejemplo, una caída de
agua o una tierra más fértil que otras) se resuelve en una distinta productividad del trabajo. Quien utilice
mejores condiciones naturales como medio de producción obtendrá, con iguales magnitudes de capital y
trabajo, una mayor productividad de este, lo que equivale a un menor valor de cada mercancía individual. O
bien, desde el punto de vista del industrial, un menor precio de costo, que se le aparece como un menor
precio de producción individual. La plusganancia es entonces la diferencia entre su precio de producción
individual y el general, y por ende, entre su ganancia individual y la tasa media de ganancia.
Pero esta plusganancia no emana del capital, sino del empleo de una fuerza natural que se halla
incorporada a determinadas porciones del planeta y sus anexos, y que, en principio, no puede ser
reproducida, pero sí monopolizada por parte del capital. Bajo estas circunstancias, la plusganancia se
convierte en renta de la tierra, es decir que le corresponde al dueño de la tierra. El hecho de que el
capitalista y el terrateniente pudieran hallarse reunidos en la misma persona, en nada cambiaría la cuestión,
ya que percibiría al mismo tiempo la ganancia en tanto capitalista y la renta de la tierra como terrateniente.
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La siguiente cuestión es averiguar por qué esta plusganancia no sigue su curso normal, o sea,
permanece en la rama en lugar de distribuirse proporcionalmente por efecto de la competencia.
Y la respuesta se halla, nuevamente, en la misma formulación del problema: por la propiedad
privada de la tierra. Seguimos suponiendo, hasta aquí, que las mercancías se venden a su precio de
producción, y que los capitalistas apropian no más que la ganancia media. Pero ¿qué los obligaría a
renunciar a esta ganancia extraordinaria que obtienen a raíz de aprovechar estas fuerzas naturales
irreproducibles? Sencillamente, la competencia contra los otros capitalistas. El terrateniente, como
propietario de la porción del planeta que posee estas condiciones naturales, se halla en situación de
reclamar al capitalista esta plusganancia y dejar que apropie la ganancia media. De este modo, la ganancia
extraordinaria pasa a manos del terrateniente, transformándose así en renta de la tierra.
La renta diferencial es, entonces, la diferencia entre el precio individual de producción y el precio de
producción general que regula la rama, y proviene de la mayor productividad del trabajo de los obreros
agrícolas en tierras de mejor calidad que el promedio.
Pero, a diferencia de Ricardo, Marx va a distinguir 2 tipos de renta.
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Hasta aquí, se ha mantenido el supuesto que introduce Ricardo de que el suelo de la peor calidad
no abona renta. Pero la ley de la renta diferencial es por completo independiente de éste se verifique.

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Marx, 1975:29.
10
Marx, 2008: capítulo XXXVIII.
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Estrictamente, la renta monopólica puede ser considerada un tercer tipo de renta.
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Supongamos que en el peor tipo de suelo, al cual podemos llamar suelo clase A, el precio de
producción individual coincide con el general, con lo cual no existiría margen para vender al precio de
producción general y pagar renta al mismo tiempo. En el suelo A, la renta sería igual a cero. Supongamos
también un suelo B de mejor calidad, cuyo precio de producción fuera P´, lógicamente superior a P. La
diferencia d = P – P´ es la plusganancia que obtiene el arrendatario del suelo B, y que debe ceder al
terrateniente en calidad de renta. Finalmente, en un suelo C de mejor calidad cuyo precio de producción sea
P´´, tendríamos entonces que P – P´´ = 2d, plusganancia que se transforma también en renta. Pero
levantemos, a su vez, el supuesto de que las mercancías se venden a su precio de producción, y digamos
que el tipo de suelo A abona asimismo una renta r. En ese caso, el precio del producto del suelo de la clase
A no estaría regulado por su precio de producción P, sino que contendría un excedente por encima de este:
P + r. Sin embargo, si bien el precio general del producto del suelo se habría modificado, la ley de la renta
diferencial no por ello quedaría abolida, ya que si el precio del producto de la clase A, y por ende el precio
general de mercado, fuese = P + r, el precio de los suelos mejores sería asimismo = P + r. Para el suelo
clase B, la diferencia d se mantendría, ya que (P+r) – (P-r) es igualmente = d; en el suelo clase C, P - P´´ =
(P + r) - (P + r) = 2d, etc. Así, la renta diferencial seguiría siendo la misma de antes, y estaría regulada por la
misma ley.
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¿Por qué, entonces, el producto del tipo de suelo A no abonaría renta? La única respuesta posible
es que en el precio de producción de las mercancías que en él se producen no estuviera portada ninguna
plusganancia, sino que sobre este suelo, en las condiciones dadas, únicamente pudiera obtenerse la
ganancia normal.
Pero, como señala Marx, esta circunstancia no es en modo alguno razón para que el terrateniente
preste gratuitamente su tierra al arrendatario. Lo que encierra semejante supuesto es la abstracción de la
propiedad de la tierra, cuya existencia constituye precisamente una barrera para la inversión de capital y
para la valorización discrecional del mismo en la tierra. El monopolio de la propiedad de la tierra como
barrera del capital está presupuesto no obstante en la renta diferencial, ya que sin ese monopolio la
plusganancia no se convertiría en renta de la tierra y no caería en poder del terrateniente en lugar de quedar
en manos del arrendatario. Y la propiedad de la tierra en cuanto barrera persiste inclusive donde la renta
desaparece como renta diferencial, es decir, en el tipo de suelo A.
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Vemos entonces que es, nuevamente, la propiedad de la tierra, ya no en cuanto medio de
producción de diferente productividad, sino como propiedad en sí misma, lo que permite la existencia de
una renta absoluta.
Por más que el precio de producción individual no arroje plusganancia, el terrateniente no dejará de
exigir una renta. Esto implica que, para que esta tierra entre en producción, el precio de mercado debe
haber ascendido por encima del precio de producción a P + r, de modo que pueda entregársele una renta.
La confusión de Ricardo entre valor y precio de producción le impide avanzar sobre este punto. Es
el precio de producción y no el valor lo que se determina por las peores condiciones de producción. Y es la
posibilidad de que se establezca una divergencia sistemática entre éstos lo que explica la renta diferencial
de la tierra. Al ignorar esta cuestión, Ricardo se ve obligado a definir el concepto de valor de la forma
errónea en que lo hace.
El hecho de que los productos del suelo se vendan por encima de su precio de producción no
implica que se vendan por encima de su valor: es posible aún que se vendan por debajo de este y por
encima de aquél. Marx parte del hecho de que la composición del capital en la agricultura es,
empíricamente, menor que la del capital social medio. En todo caso, sólo bajo este supuesto el valor de los
productos agrícolas puede hallarse por encima de su precio de producción.
De este modo, sólo si existiera algún impedimento para que el valor se distribuyera en las distintas
ramas, reduciéndose en ésta a su precio de producción, podría entonces originarse la plusganancia. Dicho
impedimento es, como hemos mencionado, la propiedad de la tierra, mediante la cual puede el terrateniente
apropiar dicha plusganancia bajo la forma de renta absoluta. El que esta renta sea igual o no a toda la
diferencia entre el valor y el precio de producción, dependerá del estado de la oferta y la demanda y de la
extensión del nuevo territorio incorporado a la producción.
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Nuevamente, la falsa premisa de que los precios de producción de las mercancías deben ser
iguales a sus valores es lo que lleva a Ricardo a la imposibilidad de considerar la existencia de una renta
absoluta. Si tal cosa existiera, entonces las mercancías se venderían por encima de su valor. Pero lo que
ocurre en realidad no es tal cosa: el hecho de que dichas mercancías se vendan por encima de su precio de
producción no implica, como demuestra Marx, que se vendan por encima de su valor.
4. Conclusiones

12
Marx, 2008: 951-953.
13
Marx, 2008: 954-955.
14
Marx, 2008: 969.
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A lo largo de este trabajo he intentado exponer, sintéticamente, la teoría de la renta de Ricardo y
analizar sus puntos de vista a partir de la crítica de la economía política que desarrolla Marx. La superación
del enfoque ricardiano se evidencia a partir de la distinción entre valor y precio que logra establecer Marx.
La imposibilidad de Ricardo (y que es común, además, a toda la economía política clásica) de distinguir la
sustancia del valor de su forma, el precio, es lo que le impide avanzar sobre esta cuestión, impidiéndole dar
cuenta entonces de la existencia de una renta absoluta.



Bibliografía

Engels, F. (2009), “Prólogo”, en Marx, K. El Capital. Crítica de la economía política, tomo II, vol. VI,
Siglo XXI, México
Iñigo Carrera, J. (2007), Conocer el capital hoy. Usar críticamente El Capital, vol. 1, Imago Mundi.
Marx, C. (1985), Teorías sobre la plusvalía, tomo II, Cartago, Buenos Aires.
Marx, K. (2006), El Capital. Crítica de la economía política, tomo I, vol. I, Siglo XXI, Buenos Aires.
Marx, K. (2008), El Capital. Crítica de la economía política, tomo III, vol. VIII, Siglo XXI, México.
Ricardo, D. (1985) Principios de economía política y tributación, Orbis, Barcelona.