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La evolución y la configuración de
la calidad de vida de las ciudades
metropolitanas en Chile
ARTURO ORELLANA
Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (ivu:)
Pontificia Universidad Católica de Chile
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1
El presente trabajo explora la relación entre la tendencia demográfica de
las ciudades metropolitanas chilenas en las últimas dos décadas, y la calidad
de la vida urbana. Se inscribe en una investigación sobre la calidad de vida
urbana en Chile, para la cual se aplicó el denominado Índice de Calidad de
Vida Urbana (icvu 2013).
2
Este Índice revela un patrón común al interior de
casi todas las ciudades metropolitanas: ellas crecen y concentran población,
pero al mismo tiempo muestran disparidades significativas, tanto entre las
1 El presente artículo es parte de una de las líneas de investigación que se llevan a cabo en el
marco del Proyecto Anillos de Ciencias Sociales soc++o6, actualmente en desarrollo, cuyo
director es este mismo autor.
2 Los resultados del icvu 2013 fueron hechos públicos por el Núcleo de Estudios
Metropolitanos (xv:) del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia
Universidad Católica de Chile, y la Cámara Chilena de la Construcción (ccnc), en confe-
rencia de prensa el día 7 de mayo de 2013. Está disponible el documento ICVU. Indicador de
Calidad de Vida Urbana. Análisis 2002-2013, avances y resultados. Santiago, 13 de mayo de
2013, en http://bit.ly/15vmyu5. Recientemente se ha publicado un artículo basado en la
metodología del icvu; véase Orellana, Bannen, Fuentes, Gilabert y Pape (2013).
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comunas
3
que las configuran como al interior de la región a las que pertene-
cen. Predomina en el país un fenómeno de fagocitación regional creciente de
parte de las ciudades metropolitanas, expresado en el crecimiento demográ-
fico en la ciudad principal (o capital) y/o en sus comunas, en desmedro de
ciudades menores de la región, sobre todo aquellas metrópolis de menor
escala o en proceso de consolidación. Esto último obedece a un proceso de
terciarización a escala metropolitana y a la configuración de regiones urbanas
en torno a las ciudades capitales, donde se asienta la dinámica económica
principal de la región en sintonía con el proceso de globalización.
La globalización ha acrecentado la importancia de las grandes ciudades y
los procesos de metropolización han ido configurando megaciudades en todo
el orbe, muy especialmente en Latinoamérica, convirtiéndola en la región
más urbana del mundo. Lo anterior ha generado que, aun en contextos de
importante descentralización político-administrativa del Estado, como es
el caso de estados federales, las metrópolis sobrepasen en importancia a las
regiones (provincias y departamentos) como referentes del desarrollo econó-
mico, social y político. Estos nodos articuladores de la economía global en
que han devenido las metrópolis cobran especial importancia para el caso de
Latinoamérica, dado que en muchos países concentran más de un tercio de la
población y del vin. Ejemplos de ello son las áreas metropolitanas de Lima,
Santiago, Buenos Aires, Montevideo, Caracas, Asunción, La Paz, Managua,
entre otras. Solo Ecuador, Colombia, Brasil y México presentan una situa-
ción de mayor desconcentración demográfica y económica, pese a que estos
dos últimos países tienen las dos metrópolis más pobladas de toda América,
São Paulo y Ciudad de México, respectivamente, con más de veinte millones
de habitantes cada una.
El fortalecimiento de las grandes ciudades como nodos de acumulación
de capital y de consumo al que hemos asistido en las últimas décadas en
Latinoamérica obedece en gran medida a un proceso de debilitamiento del
ámbito regional, en contraposición a la consolidación de los grandes centros
urbanos como principales protagonistas de la nueva economía. Este fenó-
meno, que se ha acelerado de forma importante las últimas tres décadas, es
de larga data, a juicio de algunos autores, como De Mattos (1993), quien
3 En Chile se entiende por comuna la división político-administrativa menor y básica del
territorio. Corresponde a lo que en términos genéricos se conoce como municipio. La adminis-
tración local de cada comuna (o agrupación de comunas en casos excepcionales) reside en una
Municipalidad, cuya máxima autoridad es el alcalde. Este gobierna con un Concejo Municipal
compuesto por entre seis y diez concejales, dependiendo del tamaño de la comuna.
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sitúa su origen temporal en la posguerra, ya que, como señala, “al iniciarse
el proceso de industrialización sustitutiva, los centros urbanos que conta-
ban con mayores ventajas en términos de dimensión del mercado accesible,
disponibilidad de fuerza de trabajo, dotación de infraestructura urbana y de
sistemas de comunicaciones y de transporte y, eventualmente, con la proxi-
midad física del poder político nacional, fueron los que ejercieron mayor
atracción para las nuevas actividades productivas y para la población” (p. 82).
Claramente la concentración territorial de la industria y de los servicios en
aglomeraciones urbanas en persistente expansión, favoreció una intensifica-
ción en la concentración económica, estimulando a su vez la concentración
territorial. Ello generó una paulatina e inexorable propagación de las rela-
ciones de producción capitalista hacia el medio rural, como ya lo expresaba
Singer (1974), al mismo tiempo que consolidaba la posición dominante de
los centros urbanos por sobre la regional.
El nuevo siglo ha colocado así de manifiesto la necesidad de pensar cómo
habitar los espacios en un planeta cada vez más urbano. Los efectos de un
modelo económico globalizado con predominancia del rol del mercado le
han dado un protagonismo importante a la iniciativa privada, haciéndola
cada vez más un agente principal en los procesos de transformación urba-
nos y territoriales, especialmente responsable en la configuración de las áreas
metropolitanas en Latinoamérica. No resulta casual, entonces, corroborar que
en menos de medio siglo las capitales y principales ciudades del continente
americano hayan sufrido un proceso acelerado de metropolización a través
de una expansión del núcleo central urbano que, a modo de una “mancha
de aceite”, va agregando a su nueva configuración socioterritorial una gran
cantidad de poblados de distinto tamaño, muchos de los cuales eran hasta
entonces parte del paisaje de la ruralidad.
Ciertamente, las explicaciones no solo tienen que ver con los cambios
inducidos por la apertura a los mercados o que han tenido lugar en la estruc-
tura económico-productiva nacional y regional; también se relacionan con la
marcada situación de conflictos de orden político interno que se expresan en
quiebres parciales y temporales de los procesos democráticos, acelerando los
procesos de metropolización por desplazamientos forzados, situación que se
mantiene en algunos países hasta hoy. Adicionalmente, resulta importante
considerar los procesos de migración desde el campo a la ciudad en busca
de mejores condiciones de vida o mayores perspectivas laborales frente a una
ruralidad que, en nuestro continente, ha carecido de estrategias que permi-
tan equilibrar las condiciones de acceso a bienes y servicios para mejorar la
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calidad de vida de su población, en relación con la vida urbana (Orellana,
2010). Por el contrario, la mayor concentración de la propiedad de las tierras
en el campo, por la mayor valoración y rentabilidad de la actividad de proce-
samiento y de servicios agroindustriales con base exportadora, muchas veces
por sobre la actividad primaria silvoagropecuaria, ha sido otro factor que
explica el acelerado proceso de urbanización de estas últimas décadas.
De alguna manera, se puede decir que el espacio regional sucumbió a
esta nueva geografía urbana, lo que explica que, para Dematteis (1998),
esté ocurriendo desde hace un par de décadas una tendencia a que “con la
periurbanización y la ‘ciudad difusa’ los modelos de suburbanización de tipo
latino-mediterráneo y de tipo anglosajón, que durante mucho tiempo han
seguido caminos diferentes, tienden ahora a converger en un modelo único
común a toda Europa de ‘ciudad sin centros’ de estructura reticular, cuyos
‘nodos’ (sistemas urbanos singulares) conservan y acentúan su identidad a
través de procesos innovadores de competición y colaboración” (p. 17). Este
planteamiento revela una de las características más complejas del fenómeno de
la metropolización, el cual consiste en que, al urbanizarse, las regiones se ven
amenazadas en su identidad, ya que se impone un modelo global de ciudad que
se nutre del territorio, pero buscando ocuparlo y adaptarlo a los propósitos de
desarrollo impulsados por la lógica del capital. Lo que se observa del proceso
de configuración de la nueva geografía urbana donde predomina el papel de
las metrópolis, es que el proceso acelerado de liberalización económica generó
una reestructuración productiva y financiera a escala mundial, haciendo de las
regiones urbanizadas unidades geográficas fundamentales (Brenner, 2003).
Para el caso de las metrópolis de Latinoamérica, es posible ratificar lo cons-
tatado por los trabajos de Dematteis y Brenner en una serie de investigaciones
sobre las transformaciones observadas desde el punto de vista económico,
social y ambiental en las grandes ciudades en Latinoamérica en las últimas
décadas. Todas ellas coinciden en la preocupación en torno a los problemas en
materia de gobernabilidad, planificación y gestión que experimentan cuando
se trata de dotar de mejores y más equitativas condiciones de calidad de vida a
sus residentes, independientemente del sistema de gobierno y nivel de descen-
tralización de cada uno de los países analizados a escala regional y local.
No obstante lo anterior, en general han sido los gobiernos nacionales los
que han incidido de forma significativa en los procesos de transformación
urbana y territorial ocurridos las últimas décadas en las principales ciudades
de Latinoamérica, a través de acciones que en muchos casos han ido en contra
de intereses regionales y locales, pero amparadas en decisiones de política
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económica y fiscal que responden a criterios impuestos por organismos multi-
laterales (v:i, World Bank, niu).
4
Incluso, persiste cierto acuerdo entre los
investigadores respecto de la importancia de abordar desde la escala regional
el proceso de metropolización, como señala el propio De Mattos (2010); “si se
acepta que la actual metamorfosis urbana está condicionada estructuralmente
por tendencias constitutivas de la nueva dinámica de acumulación y creci-
miento, es lógico prever que toda propuesta de transformación urbana que
busque impulsar modificaciones radicales en la configuración actual de estas
ciudades, deberá contemplar necesariamente una previa alteración de dichas
tendencias, desde que son ellas las que en última instancia han modelado la
transición hacia esta nueva forma urbana” (p. 101).
En síntesis, la metropolización de nuestras principales ciudades en
Latinoamérica es una realidad y una tendencia que seguirá expresándose
en todas sus dimensiones, es decir, combinando un proceso de expansión
indiscriminado y poco racional de uso de suelo, una espacialización de las
actividades bajo criterios de mercado y no necesariamente más eficientes en el
contexto de la movilidad urbana, aumento de la segregación y fragmentación
social, y mayores riesgos de carácter ambiental. No obstante, también consti-
tuye un desafío para la gobernabilidad de las metrópolis, la mayor complejidad
que significará para las administraciones de gobierno (sean metropolitanas,
regionales y/o locales) ejercer sus facultades y atribuciones relativas a polí-
ticas públicas sobre el territorio, tanto en materia de inversión pública como
en la aplicación de instrumentos normativos e indicativos, frente al creciente
descontento y mayores demandas de parte de la ciudadanía organizada.
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Dentro del contexto latinoamericano, nuestro país es quizá uno de los
que cuenta con mayor porcentaje de población urbana, tal como lo mues-
tran los resultados preliminares del Censo de 2012 (Instituto Nacional de
Estadísticas [ixv], 2013), donde se la estima en casi un 90% de la pobla-
ción total. Adicionalmente, conforme la población actual en Chile está en
poco más de 16,5 millones de habitantes, se puede estimar que un 54% de
4 Un trabajo realizado por Fuentes y Orellana (2013), publicado recientemente en la revista
Ciudad y Territorio, en España, compara indicadores socioeconómicos entre el Área
Metropolitana de Bogotá y Santiago en la última década, mostrando cómo bajo un mismo
modelo económico de desarrollo, pero con institucionalidades diferentes, los resultados
obtenidos en términos de cohesión social entre las dos áreas metropolitanas son similares.
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la población vive en las principales ciudades metropolitanas
5
del país, las
cuales —sumando aquellas comunas o sistemas urbanos
6
que cumplen esa
condición— compromete actualmente a Iquique-Alto Hospicio (288.000
habs.), Antofagasta (346.000 habs.), Coquimbo-La Serena (413.000 habs.),
Gran Valparaíso
7
(929.000 habs.), Gran Santiago
8
(5.845.000 habs.),
Rancagua-Machalí (245.000 habs.), Gran Concepción
9
(919.000 habs.),
Temuco-Padre Las Casas (339.000 habs.) y Puerto Montt-Puerto Varas
(266.000 habs.). De este modo, es posible aseverar que la participación de la
población que vive en ciudades metropolitanas al final de esta década, será
muy probablemente cercana a dos tercios del total del país.
En Chile, a diferencia de otros países,
10
las ciudades metropolitanas no
cuentan con una institucionalidad ad hoc que las gobierne, planifique y
gestione a su escala desde una institucionalidad propia, ya sea esta desig-
nada o elegida. La acción de gobierno, planificación y gestión urbana que se
expresa en el conjunto de diversas acciones de política pública, se realiza en
el país a partir de tres niveles político-administrativos de gobierno: nacional,
regional y municipal.
11
Esta estructura de gobierno centralista y unitario del
Estado chileno responde a lo establecido en el Capítulo xiii en su articu-
lado 99 a 115 de la Constitución Política de la República de Chile de 1980,
incluyendo sus respectivas reformas posteriores. Esa Carta define que solo
existen dos niveles de gobierno que se eligen en forma directa por la ciuda-
danía: el nacional y el municipal. En el ámbito regional, en cuyos territorios
se hace presente el proceso de metropolización, se conforma un gobierno con
la figura de un Intendente designado por el Presidente de la República y un
5 Las ciudades metropolitanas, según la División de Desarrollo Urbano del Ministerio de
Vivienda y Urbanismo, son las que tienen una población superior a los 300.000 habitantes.
6 Se utilizará para este caso “sistema urbano” cuando se trate de al menos dos comunas
que están conurbadas y tienen una relación de intercambio dependiente en términos
económicos, laborales y sociales.
7 Comprende las comunas de Valparaíso, Viña del Mar, Quilpué, Villa Alemana y Concón.
8 Comprende las 32 comunas de la Provincia de Santiago, más las comunas de Puente Alto y
San Bernardo.
9 Comprende las comunas de Concepción, Talcahuano, Lota, Coronel, Chiguayante,
Hualpén, San Pedro de la Paz, Tomé y Penco.
10 Básicamente se hace referencia a la existencia de un Alcalde Mayor, como en Bogotá, o
el Major of London del Gran Londres, el Alcalde de Nueva York que gobierna sobre cinco
distritos, entre otras experiencias.
11 Si bien se reconoce un nivel de gobierno provincial establecido en la administración
del Estado chileno, sus facultades y atribuciones no tienen significancia en materia de
desarrollo urbano y territorial, por lo que no se lo considera en el análisis para estos efectos.
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Consejo Regional, cuyos consejeros son designados por los concejales elegi-
dos en las elecciones municipales cada cuatro años.
12
Históricamente y hasta la fecha, en Chile el gobierno central ha
impulsado las políticas públicas que más incidieron en los procesos de
transformación y configuración urbana en el país. En la primera mitad del
siglo pasado, lo hizo mediante la generación de polos productivos impulsa-
dos por la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) y las políticas
de sustitución de importaciones posguerra, para que en la segunda mitad del
siglo xx prevalecieran el impulso a la minería (cobre y acero), el desarrollo
de los puertos, carreteras interurbanas, transporte público, en algunos casos
a través de empresas públicas que luego, con los años, fueron privatizadas.
Tanto la Constitución de 1925 como la de 1980 profundizaron el carácter
centralista y presidencialista de nuestro país.
Más recientemente, destaca en las últimas dos décadas la política de
concesiones implementada mediante la Ley y Reglamento de Concesiones
de Obras Públicas de 1996, que permitió aumentar el nivel de conectividad y
productividad del país a través de la construcción y ampliación de carreteras,
modernización de puertos y aeropuertos, área que presentaba una situación
deficitaria respecto de las necesidades de desarrollo del mercado interno y
de la estrategia exportadora del país. Su impacto, por cierto, ha sido positivo
para el desarrollo productivo y exportador del país desde finales de los años
noventa; y también ha impactado de forma importante sobre el proceso de
metropolización, pero como una acción decidida, planificada y gestionada
desde el nivel central de gobierno.
Entre los ministerios más influyentes en los efectos transformadores del
desarrollo urbano actual de las ciudades metropolitanas están el Ministerio
de Vivienda y Urbanismo (Minvu), el Ministerio de Obras Públicas (:ov)
y Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones (:::). En un segundo
orden están los Ministerios de Educación, Salud, Medio Ambiente,
Agricultura y Bienes Nacionales, seguidos por, y en menor medida, el resto
de los ministerios sectoriales. Cabe destacar que la incidencia de los minis-
terios no se da solo por las políticas, programas y proyectos que deciden
impulsar desde el nivel central de gobierno, sino porque también ejercen
su autoridad sobre cada uno de los Secretarios Regionales Ministeriales
12 Existe un proyecto de ley actualmente en discusión en el Congreso Nacional que busca
modificar la Ley N° 19175 Orgánica Constitucional de Gobierno y Administración
Regional de 1993, para que los Consejeros Regionales sean elegidos directamente por la
ciudadanía.
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(Seremi) de los distintos ministerios, cuya autoridad es compartida con el
Intendente de cada Región, en una relación a veces no exenta de conflictos
entre el nivel regional y sectorial de gobierno.
En cuanto a los gobiernos regionales, su origen se remonta a la regio-
nalización decretada en enero de 1974, cuando a través de la Corporación
Nacional de Reforma Administrativa (Conara), en ausencia de democracia, el
gobierno de la época fijó el estatuto del gobierno y la administración interior
del Estado (Decreto Ley Nº 573) bajo una concepción centralista que aún
persiste, a pesar de las importantes reformas posteriores. Entre ellas, funda-
mentalmente la que dio origen a los gobiernos regionales a partir de la Ley
N° 19175 Orgánica Constitucional de Gobierno y Administración Regional
(iocc~v), de 1993, promulgada con el regreso a la democracia. La regionali-
zación impulsada hace poco más de tres décadas, se basó en una propuesta de
la Oficina de Planificación Nacional (Odeplan) de los años sesenta, la cual
propuso doce regiones y una zona metropolitana, para fines de planificación
y de organización, las cuales fueron oficializadas por el Decreto N° 1104 de
1969. Otro intento de regionalizar que precedieron la decisión de la Conara,
fue la propuesta de Corfo, que en la obra Geografía económica de Chile (1950-
1966) distinguía seis regiones según un criterio geográfico, demográfico y
económico: Norte Grande, Norte Chico, Núcleo Central, Concepción y La
Frontera, Región de los Lagos, y Región de los Canales.
13
De las trece regiones originales, ya en la década pasada se agregaron dos
más hasta completar quince; se incluyeron la Región de Arica y Parinacota y
la Región de los Ríos, nuevos territorios que se escindieron de la Región de
Tarapacá y la Región de Los Lagos, respectivamente. En cuanto a las regio-
nes que hoy enfrentan la necesidad de abordar la problemática del proceso de
metropolización, están las de Tarapacá, Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso,
Metropolitana, Del Libertador Bernardo O’Higgins, Biobío, La Araucanía y
De Los Lagos, ocho de las quince regiones donde se concentra poco más del
80% de la población del país.
En cuanto a las facultades y atribuciones para ejercer las políticas públi-
cas que sostienen los gobiernos regionales en Chile, ellas son amplias y se
encuentran establecidas en los artículos de la iocc~v, siendo particular-
mente importante destacar algunas contenidas en el Artículo 17, relativas al
Ordenamiento Territorial, que corresponden al Capítulo ii sobre Funciones
13 Esto es ampliamente tratado en el trabajo de Arenas, Hidalgo, Orellana y Aliaga (2007).
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y Atribuciones del Gobierno Regional, entre las cuales explícitamente se
señala que a los gobiernos regionales les corresponde:
a) Establecer políticas y objetivos para el desarrollo integral y armónico del
sistema de asentamientos humanos de la región, con las desagregaciones
territoriales correspondientes;
b) Participar, en coordinación con las autoridades nacionales y comunales
competentes, en programas y proyectos de dotación y mantenimiento de
obras de infraestructura y de equipamiento en la región;
c) Fomentar y velar por la protección, conservación y mejoramiento
del medioambiente, adoptando las medidas adecuadas a la realidad
de la región, con sujeción a las normas legales y decretos supremos
reglamentarios que rijan la materia;
d) Fomentar y velar por el buen funcionamiento de la prestación de los
servicios en materia de transporte intercomunal, interprovincial e
internacional fronterizo en la región, cumpliendo las normas de los
convenios internacionales respectivos, y coordinar con otros gobiernos
regionales el transporte interregional, aplicando para ello las políticas
nacionales en la materia, sin perjuicio de las facultades que correspondan
a las municipalidades.
Por otra parte, a una escala político-administrativa como la comunal,
los municipios ejercen su función de gobierno sobre la base de lo que les
faculta la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades N° 19806, de
junio de 2002, la cual constituye la versión más actualizada de la original
Ley N° 18695, publicada en marzo de 1988. En este instrumento legal se
establece, en su Artículo 1, que “las municipalidades son corporaciones autó-
nomas de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio,
cuya finalidad es satisfacer las necesidades de la comunidad local y asegurar
su participación en el progreso económico, social y cultural de las respectivas
comunas”. En el Artículo 3, sobre funciones y atribuciones de los municipios,
se señala que corresponderá a las municipalidades, en el ámbito de su territo-
rio, las siguientes funciones privativas:
a) Elaborar, aprobar y modificar el plan comunal de desarrollo cuya
aplicación deberá armonizar con los planes regionales y nacionales;
b) La planificación y regulación de la comuna y la confección del plan
regulador comunal, de acuerdo con las normas legales vigentes;
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c) La promoción del desarrollo comunitario;
d) Aplicar las disposiciones sobre transporte y tránsito públicos, dentro de
la comuna, en la forma que determinen las leyes y las normas técnicas de
carácter general que dicte el ministerio respectivo;
e) Aplicar las disposiciones sobre construcción y urbanización, en la forma
que determinen las leyes, sujetándose a las normas técnicas de carácter
general que dicte el ministerio respectivo; y
f ) El aseo y ornato de la comuna, todo lo anterior contenido.
Aunque los municipios cuentan con un significativo número de disposiciones
legales para ejercer una adecuada gobernabilidad, planificación y gestión de
su territorio, existen diferencias importantes de autonomía territorial, capital
endógeno y disponibilidad de recursos entre municipios, que explican que
muchos deban externalizar sus decisiones para generar dinámicas transfor-
madoras en sus territorios (Allard, Fuentes & Orellana, 2007). Lo anterior
queda de manifiesto en los resultados del icvu, donde claramente se observa
que los municipios urbanos pequeños y que tienen un perfil socioterrito-
rial superior muestran en todos los ámbitos de su calidad de vida mejores
resultados que los de perfil socioterritorial inferior (Orellana, 2009). Una pla-
nificación normativa en detalle y actualizada, el desarrollo de una estrategia
de desarrollo local coherente y articulada, una ciudadanía más empoderada
social y económicamente, mayor autonomía de recursos y alta independencia
del Fondo Común Municipal,
14
equipos profesionales más amplios y com-
petentes profesionalmente (Matus et al., 2010), son un conjunto de factores
que determinan y explican que en una misma ciudad metropolitana algunas
comunas urbanas tengan mejor calidad de vida que otras.
Todas las atribuciones anteriores constituyen un marco de acción
significativo. Sin embargo, en la práctica, los objetivos perseguidos y declarados
incluso en las Estrategias de Desarrollo Regional,
15
las cuales cada cierto
período se evalúan y actualizan, en gran medida no se cumplen; en las últimas
dos décadas han demostrado claramente ser insuficientes para guiar un
desarrollo equilibrado y sustentable a escala regional, pero sobre todo a escala
14 El Fondo Común Municipal constituye la principal fuente de financiamiento para los
municipios chilenos, tal como lo define la propia Constitución Política en su Artículo 122:
“Mecanismo de redistribución solidaria de los ingresos propios entre las municipalidades
del país” (www.subdere.cl).
15 Instrumento normativo promovido desde la Subsecretaría Regional de Desarrollo del
Ministerio del Interior de Chile.
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metropolitana. Estas configuraciones socioterritoriales representan una realidad
compleja y preocupante, cuyas externalidades están en muchos casos fuera de
las posibilidades de gestión de los gobiernos regionales y municipales, algo que
en gran medida se corrobora con los resultados obtenidos por el icvu 2013.
No obstante, reconociendo que los gobiernos regionales ejercen su tarea sobre
la base de un conjunto de facultades y atribuciones que no difieren mayormente
entre las diferentes regiones, dado que casi dos tercios de la inversión pública
se decide desde el gobierno central y con un enfoque predominantemente
multisectorial y no intersectorial, es decir, ajeno a un enfoque territorial, el
impacto de los recursos provenientes de los Fondos Nacional de Desarrollo
Regional (vxuv)
16
sobre los cuales decide el Consejo Regional no son
significativos en el proceso de transformación y configuración metropolitana.
Más bien, los Consejos Regionales administran un fondo de compensación
municipal sobre el cual deciden políticamente y gestionan transferencias desde
el presupuesto nacional y/o sectorial, con facultad de asignarlas regionalmente.
Por lo tanto, se puede afirmar que el crecimiento demográfico y posiciona-
miento regional de las metrópolis obedece fundamentalmente a la acción del
mercado, en ausencia de una política de desarrollo urbano a escala metropoli-
tana. En este contexto, los municipios compiten para generar recursos propios, en
virtud de que los recursos provenientes del Fondo Común Municipal que esta-
blece la Ley N° 19806 no resultan suficientes para garantizar que cada municipio
pueda sostener el desarrollo de la comuna con estándares de calidad similares en
la presentación de bienes y servicios públicos a su población residente.
coxsiuvv~cioxvs :v:ouoiócic~s
En conformidad con que se trata de un estudio exploratorio, se pretende en
su primera parte establecer si los datos que arrojan los censos 1992, 2002 y
2012 permiten dar cuenta de que las ciudades clasificables como metropoli-
tanas en términos demográficos, no solo concentran parte significativa de la
población regional, sino que siguen una tendencia a concentrar cada vez más
población regional. De constatarse lo anterior, significa que existiría evidencia
para el caso chileno respecto de que el proceso de metropolización, en términos
16 El Fondo Nacional de Desarrollo Regional (vxuv) es el instrumento más descentralizado del
gobierno central para transferir recursos fiscales a cada una de las regiones, ya que, conforme
a la normativa, el Ejecutivo no tiene competencia en las decisiones de inversión que priorizan
y sancionan las autoridades regionales. Su administración corresponde principalmente a la
Subsecretaría de Desarrollo Regional (Subdere) y a los gobiernos regionales.
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de concentración demográfica, seguiría un patrón similar al que se advierte en
otros países, especialmente en Latinoamérica. Y, una vez verificado este resul-
tado, se procederá a revisar los resultados del icvu 2013 por comunas, y también
al interior de las regiones que concentran la mayor población y las tres ciuda-
des metropolitanas más consolidadas: Gran Santiago, Gran Valparaíso y Gran
Concepción.
Ahora, para tener en propiedad un panorama completo del crecimiento de
las ciudades metropolitanas en Chile en los últimos períodos intercensales
(1992-2002 y 2002-2012), se han considerado todas las áreas urbanas con
población cercana o superior a los 300.000 habitantes, compuestas por una
o más comunas, que concentren más de un tercio de la población regional
al año 2012 y sean cabeceras regionales, para garantizar su rol articulador
de la economía regional. En virtud de lo anterior, las ciudades metropolita-
nas consideradas en este estudio son: Iquique-Alto-Hospicio, Antofagasta,
Coquimbo-La Serena, Gran Valparaíso, Gran Santiago, Rancagua-Machalí,
Gran Concepción, Temuco-Padre Las Casas y Puerto Montt-Puerto Varas.
Con ello se quiere entender el proceso de evolución y configuración de las
áreas metropolitanas en Chile, tanto del norte como del centro y sur del país.
En el caso del Gran Valparaíso, se considerarán como parte de esta
ciudad metropolitana cinco comunas,
17
las cuales se han ido conurbando
morfológica y funcionalmente, siendo la comuna de Valparaíso el nodo
central de esta área metropolitana en su calidad de capital regional; se tiene,
sin embargo, la particularidad de que la mayor población está en la comuna
de Viña del Mar, con algo más de 330.000 habitantes, contra los 292.000 de
Valparaíso. El caso del Gran Santiago representa una extensa área urbana
que compromete física y funcionalmente a 34 comunas,
18
siendo esta ciudad
metropolitana la más importante del país; su nodo articulador es la comuna
de Santiago, donde se concentran y residen prácticamente todas las depen-
dencias político-administrativas del gobierno central. Finalmente, se tiene
la ciudad metropolitana del Gran Concepción,
19
con poco más de 922.000
habitantes, que resulta ser el nodo urbano principal de la región más grande
de Chile después de la Metropolitana, con la comuna de Concepción como
su centro neurálgico principal en tanto capital regional.
17 Las comunas de Valparaíso, Viña del Mar, Concón, Quilpué y Villa Alemana.
18 Incluye las 32 comunas de la provincia de Santiago, más las comunas de San Bernardo y
Puente Alto, capitales de las provincias del Maipo y Cordillera, respectivamente.
19 Incluye las comunas de Concepción, Talcahuano, San Pedro de la Paz, Chiguayante,
Hualpén, Penco, Tomé, Coronel y Lota.
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i~ vvoiucióx v i~ coxvicuv~cióx uv i~ c~iiu~u uv viu~ uv i~s ciuu~uvs...
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uv:ocv~vico uv i~s ciuu~uvs :v:vovoii:~x~s
En el Gráfico 1 se expone la concentración demográfica de población que
reside en las ciudades metropolitanas en relación con la región a que pertene-
cen, para los años censales 1992, 2002 y 2012. Queda en evidencia que todas
cumplen con la condición definida en el estudio en términos de concentra-
ción de población superior a un tercio al año 2012, destacando sobremanera
la concentración que alcanzan al año 2012 la conurbación Iquique-Alto
Hospicio en la Región de Tarapacá, con un 93,3%, y el Gran Santiago con
87,4%, eso sí siguiendo el primero una tendencia sostenida al alza en su con-
centración, mientras que el segundo en sentido inverso.
-./01") *A varíacíón de ía concentracíón demo¿raííca re¿íonaí de ías cíudades
metropoíítanas en íos años censaíes i§§z, zooz y zoiz (porcenta|es)
0'23&2. Líaboracíón propía, se¿un censos i§§z, zooz y zoiz (preíímínar), lnstítuto Nacíonaí de Lstadístícas, Chííe.
En el otro extremo, con la menor concentración entre ciudades metropolita-
nas, se sitúan las conurbaciones de Puerto Montt-Puerto Varas, con 33,9%, y
Temuco-Padre Las Casas, de 37,4%, ambas con una tendencia al alza soste-
nida desde el año 1992.
55%
46%
93%
64%
59%
54%
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47%
37%
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90%
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-*19$(4% I ; 8%)!&+*)#4#"*" 3 8!'$#.+ (&)*+*
Por su parte, casi todas las ciudades metropolitanas restantes, cuya
concentración demográfica en la región fluctúa entre 46,9% y 63,8%, mues-
tran crecimiento en el nivel de concentración demográfica en el período
intercensal 1992-2012, exceptuando una leve baja de 55,2% a 54,0% en el
Gran Valparaíso.
Ahora bien, resulta especialmente interesante evidenciar que tanto las
ciudades metropolitanas del norte de Chile (Iquique-Alto-Hospicio y
Antofagasta), así como del sur (Temuco-Padre Las Casas y Puerto Montt-
Puerto Varas) crecieron en concentración demográfica. No obstante,
las primeras lo hicieron en un contexto de auge en la minería del cobre,
expresado en aumento de inversión, producción y buenos precios en los
mercados externos, mientras que el sur de Chile experimentó una crisis en
su industria principal, la salmonicultura, derivada de un problema sanitario
(virus Isa) e inestabilidad de precios en los productos agrícolas.
En términos generales, se advierte que las ciudades metropolitanas tienen
un peso demográfico significativo en las regiones. Existe una diferencia, sin
embargo, y es que aquellas que están en proceso de consolidación muestran
una tendencia a aumentar su concentración, mientras que las ciudades metro-
politanas consolidadas (Gran Santiago, Gran Valparaíso y Gran Concepción)
tienden a disminuir levemente o a ralentizar su concentración demográfica
en la región. Desde este punto de vista, podemos afirmar que se produce una
suerte de fagocitación regional
20
por parte de las metrópolis.
Otra forma de analizar los cambios demográficos producidos en las ciuda-
des metropolitanas y las regiones resulta de comparar las tasas de crecimiento
demográfico en los períodos intercensales 1992-2002 y 2002-2012. Para estos
efectos, se presenta el Gráfico 2, donde las dos primeras columnas comparan la
tasa de crecimiento de la ciudad metropolitana con la de su región respectiva
para el período 1992-2002, mientras que las segundas columnas comparan la
tasa de crecimiento de la ciudad metropolitana con la de su región respectiva,
pero para el período 2002-2012. De este modo se obtiene evidencia sobre el
papel que ocupa, en términos de crecimiento demográfico, cada ciudad metro-
politana en relación con la región donde se localiza.
20 Sobre el particular, lo que pretende este término es graficar el hecho de que el desarrollo
urbano de las ciudades metropolitanas en Chile va generando un proceso excesivo y no
equilibrado de concentración del desarrollo económico, social y político en la región,
fundamentalmente debido a la inexistencia de una institucionalidad local y regional fuerte
en términos de gobernabilidad, planificación y gestión.
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i~ vvoiucióx v i~ coxvicuv~cióx uv i~ c~iiu~u uv viu~ uv i~s ciuu~uvs...
En el caso de las ciudades metropolitanas del norte (Iquique-Alto
Hospicio, Antofagasta y Coquimbo-La Serena) y sur (Temuco-Padre Las
Casas y Puerto Montt-Puerto Varas) del país, es significativa la brecha de
diferencia entre la tasa de crecimiento de las ciudades metropolitanas y la de
las regiones respectivas, en algunos casos doblando las primeras a las segun-
das. No obstante, se reconoce que en el caso de Iquique-Alto Hospicio la
brecha es mínima para el período intercensal 1992-2002 y leve para el 2002-
2012, fundamentalmente porque concentra más del 90% de la población
regional, por lo que su crecimiento es similar al de la Región de Tarapacá a
la que pertenece.
-./01") +. Comparacíón entre crecímíento demo¿raííco de cíudades metropoíítanas
versus re¿íones respectívas en períodos íntercensaíes i§§z·zooz y zooz·zoiz
(porcenta|es)
0'23&2. Líaboracíón propía, se¿un censos i§§z, zooz y zoiz (preíímínar), lnstítuto Nacíonaí de Lstadístícas, Chííe.
En el caso del resto de las ciudades metropolitanas, se advierte mayor diver-
sidad de comportamiento entre el crecimiento de ambas tasas, las de los dos
periodos intercensales considerados. En el periodo 1992-2002, Gran Valparaíso
pasa de una situación de menor crecimiento demográfico de la ciudad metropo-
litana respecto de la Región de Valparaíso, a la situación inversa en el período
2002-2012. En cuanto al Gran Santiago, en ambos períodos manifiesta un
44%
18%
20%
11%
16%
12%
08%
12%
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tasa crec. ciudad metro. 1992-2002 tasa crec. región 1992-2002
tasa crec. ciudad. metro. 1992-2012 tasa crec. región 2002-2012
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menor crecimiento demográfico que la Región Metropolitana.
21
Por su parte,
Rancagua-Machalí, de crecer como ciudad metropolitana en el período inter-
censal 1992-2002 a una tasa superior al crecimiento de la Región de O’Higgins,
pasó a la situación inversa en el período 2002-2012. Y, por último, el Gran
Concepción experimentó cambios significativos entre períodos intercensales,
ya que de tener un crecimiento negativo entre 1992 y 2002, mientras que el
de la Región del Biobío fue positivo, en el período siguiente la ciudad metro-
politana creció por sobre la tasa de crecimiento de la región. Ahora, lo más
significativo en relación con los datos que presenta este Gráfico 2 resulta ser
que durante el período intercensal 2002-2012, todas las ciudades metropolita-
nas crecieron a una tasa superior a la media nacional (10,1%), excepto el Gran
Santiago, que creció al 8,9%, aunque la Región Metropolitana creció levemente
por sobre la media nacional (al 10,6%). En definitiva, la evidencia que entregan
estos resultados nos dice que no solo las ciudades metropolitanas concentran
significativamente la población en la región y con una tendencia al alza, sino
que también lideran a nivel país el proceso de crecimiento demográfico urbano.
Para complementar los resultados mostrados en el análisis de las gráficas
anteriores, vale la pena revisar el crecimiento demográfico promedio que han
tenido las ciudades metropolitanas entre los censos 2002 y 2012 (preliminar),
para lo cual se incluye el Gráfico 3. Como se observa, la tasa de crecimiento
promedio en el país ha sido de 11,8%, siendo superada esta tasa por la de
las tres ciudades metropolitanas del norte del país y las dos al sur del Gran
Concepción. Las ciudades metropolitanas del Gran Valparaíso, Gran Santiago,
Rancagua-Machalí y Gran Concepción han crecido menos que el promedio
nacional, aunque solo Gran Concepción muestra una tasa significativamente
menor; en las restantes, la diferencia no supera un punto porcentual.
Finalmente, para los casos en que la participación demográfica aumentó,
existe evidencia económica según la cual, en el caso de Copiapó y Antofagasta,
dicho aumento se explica por el auge económico derivado de la expansión
de proyectos mineros asociados a la explotación del cobre y otros minerales
metálicos y no metálicos. En el caso de Puerto Montt, responde a una década
marcada por una grave crisis en la industria de la salmonicultura, principal acti-
vidad generadora de empleo en esta región, la cual hizo que desde comunas de
21 Sobre el particular, vale la pena recordar que el Gran Santiago concentra actualmente el
87% de la población de la región, pero además, en virtud de la incidencia funcional que
ejerce actualmente sobre varias comunas periféricas de alto crecimiento residencial, como
Colina, Lampa y Padre Hurtado, probablemente en el corto plazo deberemos redefinir en
los estudios el alcance territorial de esta ciudad metropolitana.
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i~ vvoiucióx v i~ coxvicuv~cióx uv i~ c~iiu~u uv viu~ uv i~s ciuu~uvs...
la región afectadas se desplazara fuerza de trabajo (incluso familias completas),
buscando mejores oportunidades para emplearse. En el Gráfico 2 se compara el
crecimiento intercensal entre las ciudades metropolitanas y su región respectiva.
-./01") ,. Tasa de crecímíento demo¿raííco promedío de cíudades metropoíítanas
i§§z·zoiz (porcenta|es)
0'23&2. Líaboracíón propía, se¿un censos i§§z, zooz y zoiz (preíímínar), lnstítuto Nacíonaí de Lstadístícas, Chííe.
c~iiu~u uv viu~ uvn~x~ vx i~s ciuu~uvs
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Durante el período intercensal 2002-2012 ha habido cambios significativos
en la calidad de vida en las ciudades metropolitanas en Chile, como se puede
corroborar en el ranking de comunas de los cuadros 1 y 2, que recogen resul-
tados obtenidos para el icvu 2013. De las 93 comunas que fueron objeto de
este ranking, aquí el análisis se centra en las 59 que son parte de las nueve
ciudades metropolitanas referidas en este trabajo. El Cuadro 1 da cuenta de
las 27 comunas que alcanzan un icvu superior al promedio nacional (46,08),
22

22 Para entender mejor la metodología empleada, que establece una escala de 0 a 100 para los
índices por dimensión y para el icvu en general, se puede revisar el artículo de Orellana,
Bannen, Fuentes, Gilabert y Pape (2013).
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24°
31°
11°
11°
12°
08°
18°
31°
12°
00°
03°
10°
13°
20°
23°
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mientras que el Cuadro 2 se refiere a las 32 comunas restantes con un icvu
menor al promedio nacional.
Un primer nivel de análisis se focalizará en las ciudades metropolitanas que
estén compuestas por una o dos comunas, lo que lleva a exceptuar de este
análisis al Gran Santiago, Gran Valparaíso y Gran Concepción. Así, entonces,
para la medición del icvu, el año 2013 Antofagasta se sitúa en el décimo lugar
del ranking de comunas metropolitanas, calificando también como ciudad
metropolitana. Por su parte, la ciudad metropolitana compuesta por las comu-
nas de Iquique y Alto Hospicio muestra que Iquique se ubica en undécimo
lugar (Cuadro 1) con un icvu de 56,69, mientras que Alto Hospicio está en
el penúltimo lugar (Cuadro 2) con un icvu de 34,39, lo que evidencia un gran
contraste en términos de calidad de vida al interior de esta ciudad metropoli-
tana. Cabe consignar que, en la última década, Iquique ha avanzado dieciséis
lugares en su posición relativa en términos de calidad de vida urbana, siendo
posible que esto sea reflejo de que, para el año 2002, el territorio que ocupa
hoy la comuna de Alto Hospicio era parte de la comuna de Iquique.
En el caso de la ciudad metropolitana que conforman las ciudades de
Coquimbo y La Serena, con más de 400.000 habitantes, los resultados del
icvu 2013 dan cuenta de que mientras La Serena alcanza un icvu de 49,28,
superior al promedio nacional de 46,08, Coquimbo se encuentra por debajo,
con un icvu de 44,97. Además, la última columna de los cuadros 1 y 2 regis-
tra que, en una década, La Serena ha mantenido su posición relativa en el
ranking, mientras que Coquimbo ha avanzado nueve lugares, cuestión que
nos permite afirmar que hay una cierta homogeneidad en términos de cali-
dad de vida urbana entre ambas comunas.
Luego, hacia el sur del país están las comunas de Rancagua y Machalí,
definidas en este estudio como una ciudad metropolitana en cierne, donde es
posible comparar la situación de la comuna de Machalí, que se ubica dentro
de las diez comunas con mejor ranking icvu 2013, ocupando el octavo lugar
del Cuadro 1, con 57,42, mientras que Rancagua se ubica en el lugar 41,
con un icvu de 42,32 en el Cuadro 2, donde están las comunas con icvu
inferior al promedio nacional. Ahora, si comparamos la evolución que ambas
comunas han tenido en una década, se advierte que Machalí ha avanzado
24 posiciones en el ranking y que Rancagua ha retrocedido cinco, cuestión
que advierte no solo sobre un marcado contraste entre ambas comunas, sino
también sobre una evolución antagónica en una década.
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Siguiendo con el análisis de las ciudades metropolitanas conformadas por
dos comunas, se tiene el caso de Temuco-Padre Las Casas, donde los resul-
tados del icvu 2013 muestran que la comuna de Temuco se encuentra en la
posición 37 de comunas metropolitanas, con un icvu de 42,92, mientras que
Padre Las Casas se posiciona en el lugar 54, con un icvu de 36,33, ambas
bajo el promedio nacional, siendo parte de las comunas del Cuadro 2. Su
evolución en una década expresa que ambas han retrocedido su posición rela-
tiva frente al resto de las comunas del país, ya que mientras Temuco bajó 28
lugares en el ranking, Padre Las Casas bajo 10 posiciones; sin embargo, de
acuerdo con el icvu 2013, la situación de Padre Las Casas es más desfavora-
ble en términos de calidad de vida urbana que la de Temuco.
Y, terminado el análisis de esta categoría de ciudades metropolitanas, para
el caso de Puerto Montt-Puerto Varas se constata que mientras la comuna
de Puerto Varas se posiciona en el ranking del icvu 2013 en el lugar 25,
con 46,78 en el Cuadro 1, la comuna de Puerto Montt se posiciona en el
lugar 38, con un icvu de 42,88 en el Cuadro 2. En la última década, mien-
tras Puerto Montt ha retrocedido 13 posiciones, Puerto Varas ha retrocedido
22 posiciones,
23
manifestándose una situación de calidad de vida urbana con
cierta tendencia a una homogeneización entre comunas.
Ahora, volcando el análisis hacia las tres áreas metropolitanas principa-
les, se pueden analizar los contrastes que arroja el icvu 2013 para el caso
del Gran Valparaíso revisando la posición relativa que tiene cada una de las
cinco comunas que la configuran, registradas en los cuadros 1 y 2. Se destaca
la posición 6 que ocupa Concón en el ranking de comunas metropolitanas,
con un icvu de 59,02, solo superado por cinco comunas del “cono oriente”
del Gran Santiago. Por su parte, las comunas de Viña del Mar (47,87) en
el lugar 22, Villa Alemana (47,32) en el lugar 24 y Quilpué (46,57) en el
lugar 26, comparten el hecho de estar en el Cuadro 1, es decir, en el selecto
grupo de comunas metropolitanas que sustentan un icvu superior al prome-
dio nacional. En total contraste, la comuna de Valparaíso obtiene un icvu de
38,9, muy por debajo del promedio nacional, posicionándose en el lugar 50
del ranking y en el Cuadro 2, siendo llamativo el hecho de que se trata de
una capital regional. Respecto de su evolución en la última década, entre las
comunas del Gran Valparaíso, Concón avanzó tres lugares, Villa Alemana
avanzó doce lugares y Quilpué avanzó dos lugares, Valparaíso mantuvo su
23 Cabe señalar que el ranking del icvu 2013 se hizo para 93 comunas, siendo el cambio
de posición relativa que se señala en razón de este ranking, no de las 59 comunas
metropolitanas de este trabajo.
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posición y Viña del Mar retrocedió cuatro lugares. Lo anterior muestra tres
realidades diferentes en términos de calidad de vida urbana: las extremas
de Concón y Valparaíso dentro del ranking, y las de Viña del Mar, Villa
Alemana y Quilpué, que se sitúan levemente sobre la media nacional.
En el caso del Gran Concepción, compuesto por nueve comunas metro-
politanas, la situación que se presenta en el Cuadro 1 da cuenta de que las
comunas de Chiguayante (51,55) en el lugar 12, Talcahuano (49,16) en el
lugar 17, San Pedro de la Paz (48,55) en el lugar 19 y Hualpén (46,29) en el
lugar 27, son las cuatro de las nueve comunas que superan el promedio nacio-
nal del icvu 2013. Especialmente, se destaca que las dos primeras comunas
han superado en más de treinta lugares su posición en el ranking en la última
década, mientras San Pedro de la Paz ha retrocedido seis posiciones y Hualpén
no existía como comuna el año 2002, para saber su evolución. En contraste, el
Cuadro 2 incluye las comunas de Concepción (45,11) en el lugar 30, Coronel
(44,56) en el lugar 34, Tomé (42,56) en el lugar 39, Lota (39,2) en el lugar 48
y Penco (39,08) en el lugar 49. De este grupo de comunas, solo Coronel ha
avanzado en la última década, 19 lugares, ya que el resto, en total contraste,
retrocedió entre 15 y 25 posiciones en el ranking. En síntesis, podemos seña-
lar que hay contrastes importantes en la evolución de las comunas del Gran
Concepción, pero en el agregado tienden a tener una condición de calidad de
vida urbana más homogénea que la que presenta el Gran Valparaíso.
En el caso del Gran Santiago, los resultados obtenidos a partir del icvu
2013 dan cuenta de una situación de gran contraste respecto de la calidad de
vida urbana en las 34 comunas metropolitanas que lo configuran. En cifras
gruesas, se advierte en primer término que mientras las 34 comunas represen-
tan el 57,6% de las 59 comunas metropolitanas analizadas en este estudio, son
14 las comunas que obtienen un icvu superior al promedio nacional, con lo
que dan cuenta del 51,9% de las 27 comunas del Cuadro 1; y las 20 comunas
que obtienen un icvu inferior al promedio nacional representan un 62,5%
de las 32 comunas del Cuadro 2, cuestión que indica una primera tenden-
cia manifiesta de desigualdad entre comunas metropolitanas, pero también de
mayor concentración proporcional de comunas en la parte baja del ranking.
Complementando el análisis anterior, se puede constatar que en la parte
superior del ranking, los cinco primeros lugares no solo son ocupados por
comunas del Gran Santiago, sino que todas estas están localizadas en el
sector oriente de la capital, cuyos índices varían entre 85,14 el de Vitacura,
que obtiene el primer lugar, y los 66,60 que alcanza La Reina, con 66,60,
en el quinto lugar, marcando respecto del promedio nacional un diferencial
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máximo de casi 40 puntos, y un mínimo de 20 puntos. Adicionalmente, se
comprueba que en una década no han alterado significativamente su posición
en el ranking, manteniéndose Vitacura en el primer lugar y el resto un lugar
más arriba o más abajo, pero siempre al tope del ranking.
Por otro lado, si revisamos los resultados de las cinco comunas metropo-
litanas con más bajo icvu 2013, podemos confirmar que cuatro pertenecen
al Gran Santiago —La Pintana (59), Cerro Navia (57), Puente Alto (56)
y El Bosque (55)—, mientras una quinta comuna, Pedro Aguirre Cerda, se
ubica en la posición 53, fluctuando entre un mínimo de 32,13 y un máximo
de 37,02, lo que la sitúa dentro de las cinco comunas del Gran Santiago
con peor calidad de vida urbana, según este ranking. Estas comunas también
tienen la característica de que en una década han retrocedido en su posición
relativa en el ranking, siendo la comuna de Pedro Aguirre Cerda la que ha
tenido una mayor caída, al bajar veinte lugares.
Finalmente, si bien para el caso del Gran Santiago estos antecedentes
son suficientes para demostrar que es la ciudad metropolitana donde existen
mayores diferenciales de calidad de vida urbana entre comunas, es posible
aportar mayor evidencia si se compara el diferencial que alcanzan las cinco
comunas de ambos extremos del ranking respecto del promedio nacional
del icvu 2013. En el caso de las comunas que están en el extremo superior,
el diferencial fluctúa entre 40 y 20 puntos, mientras que en el caso de las
comunas que están en el extremo inferior, el diferencial fluctúa entre 14 y 9
puntos. Ello muestra que la distribución no solo no es equilibrada entre las
comunas que están sobre o bajo el promedio nacional, sino que la diferencia
en el icvu es muy amplia entre los extremos del ranking.
coxciusioxvs
En síntesis, el fenómeno de la metropolización es una realidad y una ten-
dencia no solo en Latinoamérica, sino también en Chile. Las investigaciones
que se suceden en diferentes países nos señalan que existen ciertos patrones
comunes en términos de sus efectos, como puede ser el mayor consumo de
suelo urbano a medida que crece el ingreso per cápita, una terciarización de
la economía urbana, mayor flexibilización e informalidad en el mercado del
trabajo, aumento de los tiempos de viaje y del uso del transporte privado,
mayor segregación socioespacial, entre otros fenómenos.
La evidencia entregada en este trabajo da cuenta de que para las ciudades
metropolitanas de Chile, el comportamiento demográfico en las dos últimas
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décadas no solo acentúa su predominio a escala regional, sino que es una
tendencia creciente que se expresa especialmente en las ciudades metropo-
litanas noveles, es decir, aquellas que están en proceso de consolidación. A
excepción del Gran Concepción, todas están creciendo a una tasa superior
al 10,1%, que corresponde al aumento de la población en el período inter-
censal 2002-2012. Incluso las ciudades metropolitanas de Iquique-Alto
Hospicio, Antofagasta, Coquimbo-La Serena, Temuco-Padre Las Casas y
Puerto Montt-Puerto Varas crecieron muy por sobre la tasa de crecimiento
de 11,8% calculada para estas áreas urbanas.
Adicionalmente, al incorporar los resultados del icvu 2013, también se dio
cuenta de diferencias significativas en materia de calidad vida entre comu-
nas al interior de las ciudades metropolitanas, sobre todo al interior de estas
últimas. Es en el Gran Santiago donde se evidencian las mayores brechas, y
donde se da la más extrema: una de 53 puntos, entre las comunas de Vitacura
y La Pintana. En los casos del Gran Valparaíso y Gran Concepción, ciuda-
des metropolitanas que secundan en importancia, por su peso demográfico,
al Gran Santiago, las brechas entre las comunas con mayor y menor icvu
2013 son de 21 puntos en el Gran Valparaíso, y de 12 puntos en el Gran
Concepción.
Finalmente, aun reconociendo el carácter exploratorio de este estudio,
se muestra suficiente evidencia estadística de que el proceso de consolida-
ción de país urbano en Chile no solo es un hecho, sino que se refuerza la
tendencia a configurar cada vez más ciudades metropolitanas en casi todas
sus regiones. No obstante, de por sí esto no debería ser necesariamente un
problema en términos de desarrollo socioterritorial. Por un lado, se cons-
tata que se sigue un cierto patrón de fagocitación regional en las ciudades
metropolitanas que alcanzan o superan levemente los 300.000 habitantes,
concentrando también las ventajas en materia de calidad de vida respecto de
ciudades intermedias. No obstante, por otro lado, se van marcando diferen-
cias significativas en materia de calidad de vida entre las comunas que son
parte de estas ciudades metropolitanas, especialmente en el caso del Gran
Santiago y en menor medida para el Gran Valparaíso. Esta realidad hace
urgente entender la acción de la política pública desde una escala metro-
politana, en términos de institucionalidad, planificación y gestión tendiente
al logro de una mejor calidad de vida para cada uno de los territorios que
conforman las metrópolis.
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