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“NEGOCIOS SON NEGOCIOS”

¿Qué sentido tiene la expresión "Negocios son negocios", que frecuentemente
se usa en la vida económica? ¿Cómo juzga Ud. desde el punto de vista de la
moral económica?

El sentido popular de la frase “negocios son negocios” es un mensaje básicamente
moral si no inmoral. La idea de la frase es que en cuestión de negocios no deben
tenerse en cuenta los valores, de que la vida económica tiene sus propios valores,
reglas y principios, los cuales no deben mezclarse con el resto de la vida.
Esta frase nos da una idea fraccionaria de la existencia, como si cada actividad que
tenemos estuviera circunscrita a un espacio aislado de nuestra vida y que no
afectarlos otros espacios que la componen.
No estoy de acuerdo con esa visión de la vida. Por el contrario, creo que la división es
sencillamente para fines explicativos, pero que no funciona en la realidad. El
decaimiento espiritual seguramente va a tener un efecto moral, y el moral un efecto
económico.
Nuestras decisiones económicas seguramente van a tener un efecto social,
y así un impacto ético y moral. Y los ejemplos podrían continuar. Muchas veces, este
tipo de aseveraciones parten de mitos, como por ejemplo que la productividad debe
ser una productividad sin límite, o que el lucro no debe tener ningún freno.
Personalmente, prefiero asimilarme al pensamiento que dice que mi derecho termina
donde comienza el de la otra persona y que la humanidad entera es un cuerpo por el
cual soy directamente responsable, comenzando por mi prójimo, donde están incluidos
mis proveedores, mis colaboradores, mis clientes, etc.
Hasta donde llegue mi influencia en mi contexto o aun en el mundo (caso de los
directivos de las grandes transnacionales).Otra reflexión que me trae esta frase es que
las crisis morales van a tener como consecuencia crisis económicas y a la vez que las
económicas van a tener un impacto moral. Todo lo que pasa en la intimidad se
proyectará a la sociedad, todo lo que pasa en la sociedad tendrá un impacto en lo
personal, en diferentes aspectos y niveles. Todos los recursos económicos manejados
desde una perspectiva espiritual, moral, humana. No hacerlo de esta manera es
ignorar la conexión que existe en todas las áreas de la vida personal y social, es
desconocer nuestra responsabilidad de influencia en cada acto de nuestra
vida, incluida la económica.

Para finalizar, pienso que los grandes desfalcos de las últimas décadas tanto en
empresas como en gobiernos, nos han mostrado cuan relacionados están los
aspectos económicos y morales, cómo se afectan mutuamente y cómo afectan a la
sociedad en todas sus líneas. Desde los efectos directos de pobreza e injusticia hasta
los efectos de mala imagen y mal ejemplo que se dan a las generaciones futuras. Es
un problema complejo, porque este tipo de pensamiento amoral y hasta inmoral está
sustentado por filosofías pragmáticas, materialistas y hedonistas que se han arraigado
y campean en una sociedad de consumo. Tomar consciencia y actuar en
consecuencia es un desafío actual para todos los que nos consideramos responsables
en la sociedad, y así dar ejemplo a las futuras generaciones con enseñanza y
con hechos.









NEGOCIOS SON NEGOCIOS
Todos hemos escuchado la expresión “negocios son negocios”. Sin embargo, rara vez alguien
se ha detenido a pensar en su sentido. Pues, ¿qué significa realmente esta frase? Si tratamos
de ver en qué contextos se da, generalmente se asocia a algo así como “disculpa, te
perjudiqué, pero cuando hay un negocio de por medio todo es posible; lo siento”; o bien algo
así como “que diablos, hay que sobrevivir”. De algún modo, es vanagloriarse o beneficiarse de
un negocio en el cual se ganó a costa de la credulidad del otro, de la confianza previa, o de lo
que estaba escrito con letra pequeña.

Pensar y actuar en los negocios y a veces en la vida misma de esta manera, justificando todo
porque “los negocios son negocios”, evidentemente desvincula a la persona de toda ética. Es
una frase que no tiene nada que envidiarle a la famosa frase “el fin justifica los medios”; incluso
más bien es una aplicación particular del mismo principio. Es como decir que los negocios
existen con independencia de todo lo demás: la ética, la moral, los valores, los ideales, etc., lo
cual lleva por lo tanto a considerar este tema directamente en el ámbito de la ética.

En un distrito de Lurín, poniendo muebles de melanina, conocí un empleado increíblemente
arribista (trepador sería un término más correcto), que llegó a desvincularse en forma voluntaria
y negociada de su empresa. En los años que estuvo ahí llegó a tener un gran acercamiento
con el dueño, que terminó en una amistad familiar. Sin embargo una vez que se retiró, montó
su propia empresa –y del mismo rubro que su ex patrón-, se llevó todo el conocimiento que
había adquirido, y se robó las bases de datos. De modo que empezó a competir con su ex jefe.
Increpado en un momento por el ex jefe, su respuesta fue muy clara y contundente: “negocios
son negocios”, le expresó con una gran sonrisa de triunfo. Con esto justificaba todo. Pero la
historia no tuvo un final feliz, pues después de un par de años de gozar de interesantes
ganancias, comenzó a perder los clientes hasta quedar “en la calle”. Terminó convertido en un
estafador.

Desde luego un asunto como éste plantea todo un problema de ética, que es susceptible de
mucho análisis y formas de mirarlo. Incluso cada punto de vista puede tener cierta razón. Por lo
demás, en grandes corporaciones nos encontramos a veces con esta misma forma de ver los
negocios. Por ejemplo, hubo una serie de empresas norteamericanas que durante la segunda
guerra mundial, aún estando su país en guerra, siguieron vendiendo pertrechos bélicos al
ejército alemán. También se hizo público hace un par de décadas las vinculaciones que
supuestamente tenía el Banco del Vaticano con la mafia. Y para qué decir de la venta de
armas, como cuando un gran fabricante de armas, acosado por un periodista que le planteó
que sus bombas mataban personas, justificó su proceder diciendo que “si yo no las fabrico
otros lo harán”. Y esto sin citar el caso de las tabacaleras, o de algunos laboratorios
farmacéuticos, que es ya emblemático. Nuevamente, negocios son negocios.

¿Pueden los negocios desvincularse de toda ética? ¿O puede el afán de lucro pasar por alto
toda consideración moral, amparándose en que “negocios son negocios”?
Preguntas difíciles y espinudas, que requieren de estudio y análisis. En lo personal, me inclino
claramente porque los negocios estén dentro de un marco ético. Y como estudiante, creo que
quienes son capaces de desvincular tan fuertemente su vida personal de sus negocios, viven
una incongruencia interna, casi un proceso de cierta alienación mental, que tarde o temprano
los llevará al colapso.