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LA SEXUALIDAD

Cabe hacer una distinción entre:

Sexualidad: El modo en que uno es humano = varón o mujer.

Genitalidad: La manifestación externa de la sexualidad = aparato genital y rasgos sexuales
secundarios.

Tres finalidades de la sexualidad:

1) Perfección mutua de los esposos.
2) Imitación de Dios, que es amor.
3) Colaboración con Dios en la obra de la vida.

Por potencia absoluta, Dios podría habernos creado a todos de una vez, pero en su amor ha
querido que el hombre y la mujer colaboremos con Él en la tarea de continuar la vida. Para ello
hace de nosotros seres sexuados, distintos y complementarios, naturalmente atraídos y
necesitados cada uno del otro sexo.


El joven y la sexualidad

Ante todo, hay que sentirse gozoso y agradecido a Dios por este tan gran regalo, sin caer en la
inmadurez de ver como inferior al otro sexo. En segundo lugar, debemos empeñarnos en vivir con
fidelidad el plan que Dios tiene sobre la propia sexualidad. Y, para ello, renunciar a todo uso
egoísta de la genitalidad. Fortalecer la voluntad de modo que podamos decir siempre sí al bien
y no al mal, aunque el mal nos sea placentero. Muchas veces el bien se nos presentará como
una tarea y un objetivo difícil de alcanzar. Cultivar dos cosas: Una amistad profunda y sincera con
todos y cada uno de los amigos, pues sólo si se vive bien y a fondo la amistad y la benevolencia,
nos haremos capaces de amar de veras y para siempre a la que un día será nuestra esposa o
nuestro esposo.

Una gran benevolencia para con todos y cada uno de los que Dios un día pondrá en el camino
de nuestra vida.

Nuestra sexualidad viene con un manual de instrucciones

Sólo nos es lícito usar nuestra genitalidad:

1. Cuando está integrada en el amor y a su servicio.
2. Cuando, integrada en el amor, está abierta a la vida.
3. Cuando, integrada en el amor, se usa de modo humano.

Queda excluido, por tanto, el uso de la sexualidad sólo por placer. Un derecho fundamental del
hijo que un día deberá nacer: que cuando papi y mami lo llamen a la vida, papi y mami sean
familia. Luego la pareja que tiene relaciones sexuales sin estar casados, comete un atropello
grave contra el derecho del hijo.

Alguno dirá que no hay derecho sin sujeto de derechos. Que si falta el sujeto, es decir el niño, no
existe el derecho. Será así en el derecho positivo humano, pero no en este caso tan fundamental
del derecho natural y divino.
Cuando una pareja se ama verdaderamente, su amor necesariamente se proyecta sobre los hijos
que un día tendrán. Si su amor es verdadero, esperarán hasta estar casados para manifestárselo
también a través de la genitalidad. Puede darse que alguno desconozca sin culpa esta
proyección del amor y el derecho del hijo y, engañado por el ambiente, use indebidamente su
genitalidad. Pero el que a sabiendas actúa así, comete un gran acto de egoísmo, aunque diga
que lo hace por amor.


Peca contra el amor el que...

Contradice el plan de Dios sobre la sexualidad y, por tanto, peca contra el amor:

El que satisface a solas su deseo carnal; este es un acto de inmadurez y de egoísmo. Por más
común que sea, no es natural, como algunos pretenden, pues sólo es natural aquello que sigue
las reglas de la naturaleza. Además, con ello no se manifiesta amor a nadie ni se llama a la vida
a nadie. Pensemos que hubo un momento de la historia en que Dios concretó nuestra llamada a
la existencia, para lo cual se valió del acto natural de nuestros padres. Si papi hubiera satisfecho
a solas su deseo y no lo hubiera puesto al servicio del amor y de la vida, nosotros hoy no
existiríamos. Quizá hubiera otro con mi misma edad, nombre y apellidos, pero no sería yo. Cada
uno de nosotros es un proyecto único e irrepetible del amor de Dios.

El que tiene relaciones sin estar casado. Este también es un acto de egoísmo, es atropellar el
derecho del hijo.

El que comete adulterio. Además de atropellar el derecho del hijo, atropella el del cónyuge o
cónyuges ofendidos.

El que comete actos de homosexualidad. No entramos a juzgar de dónde o cómo le viene el
impulso a ellos, pero sí distinguimos entre el impulso y el acto. Por más involuntario e inculpable
que pueda ser el impulso, el acto siempre es objetivamente malo, por más o menos atenuantes
que pueda tener.

El que hace, ve o muestra pornografía. El que se exhibe. El que introduce a otros en el mal uso de
la genitalidad.

El que consiente pensamientos y deseos sexuales contrarios al orden natural y divino.


La mala vivencia de la sexualidad

La mala vivencia de la sexualidad juvenil pone en grave peligro la duración permanente y la
felicidad de la futura propia familia; la mala vivencia de la sexualidad lleva a ver a la mujer como
un juguete con el que pasar un lindo rato. La futura esposa puede terminar siendo un juguete más
de la lista, no menos desechable que los demás. Se degrada la dignidad humana de cada mujer
y ya no se la ve desde el amor sino desde el egoísmo. Y lo que se dice de la mujer puede decirse
igual del varón.

La mala vivencia de la sexualidad cambia el anhelo profundo de felicidad permanente por un
momento de pasarla bien. No es lo mismo ser feliz que pasarla bien. Pasarla bien a toda costa,
incluso contra Dios, termina trayendo una muy profunda amargura. Pasarla bien terminará siendo
la anestesia que nos impida sentir la infelicidad que acumulamos en cada acto que cometemos
contra Dios y nuestra conciencia. Pero llegará el día en que el efecto de la anestesia se pase y
nos sintamos aplastados por el peso de nuestra amargura.
La mala vivencia de la sexualidad impide madurar en el amor. Estanca en un egoísmo en el que
sólo importa lo que gusta, incluso aunque lo que gusta sea perjudicial para otro. El adulto
inmaduro, el don Juan o Casanova, juega con las mujeres igual que de niño jugaba con carritos.

La mala vivencia de la sexualidad pone en peligro la futura felicidad de la esposa y de los hijos,
pues la infelicidad y la amargura se contagian. Si yo no llego a ser feliz, tampoco haré felices a la
esposa y los hijos que un día tendré.


Para vivir bien la sexualidad

La sexualidad bien vivida es un trabajo de dos y una tarea para valientes. Los dos somos Cristo y
yo. La vida cristiana toda es una llamada permanente al heroísmo. Una llamada eficaz de por sí,
pues Dios, que llama, da las fuerzas para responder eficazmente. Cristo, que es EL HOMBRE
perfecto, EL HOMBRE, se me propone como modelo para mi vida. Alcanzo la plenitud de mi
humanidad en la medida en que voy configurando mi vida a Cristo.

La sexualidad bien vivida en cada una de las etapas de nuestro existir es siempre fuente de
felicidad. Sin embargo, vivir la sexualidad según Dios nos pide es una lucha permanente. Los
blandengues cobardones, nunca gozarán de la gran dicha que trae vivir la sexualidad según
Dios. Para el que lucha sin rendirse, aunque llegara a perder alguna batalla, Dios reserva el gozo
de la victoria final.

Por el Bautismo fui llamado al heroísmo de la santidad. Cristo me llama a ser héroe y me da la
fuerza para serlo.

En el sacramento de la Reconciliación se me da de nuevo lo que perdí con mi pecado. En la
Eucaristía Cristo se me da como la energía que hará real mi victoria sobre mí mismo y sobre el
pecado. El amor de Cristo me da la posibilidad de recuperar lo perdido.
Ningún pecado mío, por grande que pudiera ser, es mayor que el amor con que mi Padre Dios
me ama: que yo pueda salvarme le ha costado a Dios la sangre de su Hijo Jesucristo.


Nunca olvides...

En cada recepción bien hecha del Sacramento de la Reconciliación, con verdadero
arrepentimiento y propósito de enmienda, recupero el amor de Dios y la dignidad de hombre y
de hijo suyo que perdí con mi pecado.

La sexualidad es una muy bella perla que alcanza su máximo esplendor si se engarza en la
valiosísima joya del amor. Pero sin el pulido de la renuncia y de la superación de la pasión egoísta,
no pasa de ser un guijarro con el que reventarle la vida al otro y reventármela yo mismo.
La sexualidad es una perla de gran belleza y de muy alto valor. Al igual que las perlas no son para
jugar a las canicas, tampoco la genitalidad humana es para usar de ella de cualquier modo y
por simple gusto y capricho. La sexualidad humana viene con un manual de instrucciones
editado en la imprenta de Dios.