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Gasca 1

Luis Fernando Gasca B.
Viviana Nieto.
Taller de redacción.
9 de Mayo del 2013.
Descifrando El Sur
El Sur, suena lejano y así lo era para Dalhmann, quien al igual que Jorge Luis
Borges, inician un viaje para encontrarse con su destino. Al final de la década de los años
treinta, Borges pierde a dos de las figuras más representativas de su vida, a su abuela
Fanny, y luego a su padre. Este acontecimiento lo obligó a conseguir empleo para poder
sostenerse cuando tenía más de treinta años. Gracias a su amigo el poeta Francisco Luis
Bernárdez logra emplearse en la biblioteca municipal Miguel Cané del barrio porteño
de Almagro. En esta época se golpeó la cabeza con una ventana, y al igual que el
personaje de su cuento sufre una infección por septicemia. Este periodo coincide con la
escritura de algunos de sus cuentos fantásticos más famosos. El Sur, se publicó en 1944
por primera vez incluido en el libro de cuentos: Ficciones.
Esta coincidencia hace ver que el personaje del cuento Dalhmann y su autor son
la misma persona. Este punto de encuentro se hace evidente dentro del relato desde el
inicio. Quien conozca la biografía de Borges descubrirá a sus ascendientes cuando relata
con detalle de fecha y lugar el arribo de su Abuelo. “El hombre que desembarcó en
Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la Iglesia
Evangélica; en 1939 uno de sus nietos Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca
municipal en la calle Córdoba y se sentía hondamente argentino” (525)
En este mismo párrafo, también narra con precisión sobre el abuelo materno de
Dahlman, Francisco Flores quien murió “lanceado” mientras luchaba con los indios. Un
poco más adelante agrega que existe una discordia entre estos dos linajes, y que ha
decidido elegir una muerte romántica como la de este último. Borges propone descubrir
una realidad más tangible pero lejana. El abuelo germano del personaje es mencionado
como. “El hombre que desembarcó...” (525) Es decir, se menciona como si se tratara de
un desconocido, mientras describe con nostalgia, lo que dejó su otro abuelo:
Un estuche con el daguerrotipo de un hombre inexpresivo y barbado,
una vieja espada, la dicha y el coraje de ciertas músicas, el hábito de
estrofas de Martín Fierro (!) el casco de una estancia en el sur, que
fue de los Flores; una de las costumbres de su memoria era la


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imagen de los eucaliptos balsámicos y de la larga casa rosada que
alguna vez fue carmesí (525)
Pero, la ambivalencia del personaje apenas se plantea, y vale la pena preguntarse
¿Qué es el sur para Dahlmann que además representa a Borges? Borges en el cuento El
Sur. Repite objetos como el libro de las mil y una noche, repite colores como el rojo,
menciona con detalle algunos espacios mientras otros los deja en la ambigüedad, de tal
manera que establece a lo largo del relato un contrapunto que marca ciertas diferencias
entre el mundo moderno conocido suficientemente por el protagonista, respecto al más
primitivo y mítico del que sólo tiene referencias por sus recuerdos y por lo tanto
representa un ideal.
Después de que el personaje plantea sus aspiraciones, lo encontramos muy
ansioso por leer un ejemplar de las “Mil y una noches de Weil”. La puntualidad por
nombrar a Weil, como si fuera el autor de estos relatos, se deja de lado en los otros
momentos. Gustav Weil, fue quien tradujo del persa y el árabe Las mil y una noches.
Cuando el libro se fue a imprimir a los editores les pareció que era necesario reescribir
algunos de los cuentos para que fueran más aceptables y vendibles. Weil se opuso, sin
embargo, circularon versiones transformadas y otras originales. Por lo tanto estas últimas
se conocen como: Las mil y una noches de Weil.
La primera vez que menciona el libro se refiere al que recoge la originalidad de los
relatos, son los auténticos, la semilla de la antigüedad, sin embargo, después de que
Dahlman sufre el accidente, ya no se menciona a Weil, y Las mil y una noches cambia su
valor: “La fiebre lo gastó y las ilustraciones de las Mil y una noches sirvieron para decorar
pesadillas” (525) A partir de aquí el libro es tierra de nadie. Durante el viaje en tren hacia
el sur deja el libro de lado para apreciar el paisaje. “La verdad es que Dahlmann leyó
poco; la montaña de piedra imán y el genio que ha jurado matar a su bienhechor era,
quien lo niega, maravillosos, pero no mucho más que la mañana y que el hecho de ser”
(527) Al final en el Almacén donde los muchachos lo molestan, y se dirige al tomo para
parecer indiferente. “Dahlmann, perplejo decidió que nada había ocurrido y abrió el
volumen de las Mil y una noches, como para tapar la realidad” (529)
Es el viaje paralelo de Dalhmann y Borges a su estancia en el Sur, y la manera
como esa tierra va cobrando forma. Sin embargo, el héroe no conocía nada del lugar
auténtico que había heredado de su abuelo criollo. Solo tenía en su mente el sueño de lo
que quería encontrar, y creía que esa realidad inmediata reflejaba su sueño. En dos
momentos descubrimos como se hace presente: primero deja de lado el libro para


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disfrutar de la maravillosa realidad, más maravillosa que el cuento del genio desleal.
Dahlmann, no estaba disfrutando de la realidad, sino de la que él imaginaba. Esta idea se
refuerza al final en el momento que toma el libro para intentar evadir la provocación del
compadrito. El Sur, es un ideal, cercano a los orígenes, a las mismas raíces del ser
nacional. “Mañana me despertaré en la estancia, pensaba, y era como si a un tiempo
fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria” (527)
Pero, parecía que el héroe no se había vuelto a despertar desde el momento en que tuvo
las primeras alucinaciones, y solo hasta la inminencia del peligro hubiera vuelto a abrir
los ojos para descubrir que había estado dormido.
El detalle en describir los lugares que le son familiares. El sanatorio de la calle
Ecuador. El coche de plaza que lo llevó allí, y el otro que lo llevaba a Constitución. Hacen
del primer espacio un lugar perfectamente reconocible y por lo tanto tangible para él.
“Dahlmann la reconocía con felicidad y con un principio de vértigo; unos
segundos antes de que las registraron sus ojos, recordaba las esquinas,
las carteleras, las modestas diferencias de Buenos Aires. En la luz
amarilla del nuevo día todas las cosas regresaban a él (526).
Luego sigue. “Nadie ignora que el Sur empieza del otro lado de Rivadavia” (526)
“Nadie ignora”, pero no se sabe que hay más allá, es lo imaginado, es una
ambigüedad en la que solo se sabe que a partir de allí comienza el Sur. El Sur, es
un lugar intangible.
Dalhmann, conservaba en común con su abuelo mucho más que su apellido
germano. Él también había desembarcado en un lugar desconocido. Y aunque se llamaba
Juan, seguía siendo Johannes, un extranjero en una tierra que le era ajena. Apenas lo
descubrió, cuando el tren lo dejó en el lugar equivocado. Así, el Sur comienza a tomar
forma en la llanura interminable, inmensa e inconquistable y el color rojo de la sangre, la
sangre desconocida. Esta comienza a hacerse presente desde el comienzo, primero
cuando cuenta que: “(...) y la larga casa rosada que alguna vez fue carmesí” (525) El rojo
aparece de nuevo cuando por la expresión de su vecina se lleva la mano a la frente y
puntualiza “...salió roja de sangre” (525) Luego como una premonición mientras viaja en el
tren “...el sol amarillo que precede al anochecer y no tardaría en ser rojo” (527). Y la
llegada al Almacén donde Dahlmann hará lo posible por definirse. “El Almacén, alguna
vez, había sido punzó, pero los años habían mitigado para su bien ese color violento”
(529). La casa y el Almacén, son las raíces lejanas y ajenas que habían sido rojas y se
había descolorido, era lo que quedaba del Sur, que soñaba, como el viejo gaucho que


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parecía una cosa. “En el suelo, apoyado en el mostrador, se acurrucaba, inmóvil, como
una cosa, un hombre muy viejo (....) estaba como fuera del tiempo (!) Dahlmann registró
con satisfacción la vincha, el poncho de bayeta, el largo chiripá...” (528)
El contrapunteo que se da a lo largo del relato muestra que El Sur, era un lugar
imaginario para Borges, muy diferente al Sur real primitivo y violento que, sin embargo,
aun conserva algunos vestigios de ese pasado romántico que soñaba con encontrar
Dalhmann. El libro que lleva consigo de las Mil y una noche, en la que solo encontramos a
su autor la primera vez que es mencionado, es una metáfora de este viaje de la realidad a
lo imaginario. Desde el inicio nos encontramos con un héroe que “sueña” con morir de
marea romántica como su abuelo materno, aunque también sueña con descansar en la
vieja estancia que heredó. Cuando la realidad le muestra que ese lugar mítico esta
desapareciendo, decide aceptar el duelo del compadríto, porque quizás para Dalhmann,
citadino e inexperto en la lucha con cuchillo, esta tal vez, sería su última oportunidad de
morir como había soñado, de forma romántica y que su sangre roja, como el color que
una vez tuvo su estancia, el cielo del atardecer o el viejo Almacén; se mezclara con
aquella tierra para hacer parte de esta llanura, indomable y lejana.

Bibliografía.
Borges, Jorge Luis. (1944) FICCIONES. Buenos Aires: Ediciones La Cueva.
http://es.wikipedia.org/wiki/Jorge Luis Borges
http://it.wikipedia.org/wiki/Gustav Weil