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IMAGINARIO

se encuentra la de la aprehensión del in- consciente y de lo subjetivo del Hombre. Platón
sostenía que es posible acceder al conocimiento de las verdades indemos- trables gracias al
lenguaje del mito. Para Kant, en cambio, el campo metafísico es imposible de conocer y los
esquemas de la razón prevalecen por sobre la imagi- nación. Sin embargo, a través de las teo-
rías de F.W. Schelling, Arthur Schopen- hauer o Friedrich Hegel, la imaginación y la estética
van ocupando un papel pro- tagónico. Así, en el siglo XX, la forma- lización de las teorías del
imaginario se desarrolló mucho, en particular gracias a la psicología freudiana, donde las imá-
genes aparecen como las mensajeras del inconsciente. Para el discípulo de Freud, Carl Jung, los
imaginarios personales se arraigan en el inconsciente colectivo, vasto reservorio de arquetipos,
es de- cir “de imágenes universales presentes desde los tiempos más remotos”45. Jung recuerda
que es ilusorio negar la impor- tancia de la capacidad del hombre para imaginar, ya que la
psiquis humana está dividida en dos partes: una tiene que ver con su capacidad para
conceptualizar, en particular a través de las ciencias, y otra con su capacidad de soñar, siendo la
poesía su principal expresión. Así pues, la imaginación y la fantasía aparecen como un atributo
estructurante del com- portamiento humano que obedece a una gramática del imaginario.
Gastón Bachelard es quien sienta las bases de una teoría del imaginario y revoluciona el
pensamiento filosófico de principios del siglo XX, definiendo a la imagen como instancia
primera del psiquismo y considerando que los con- ceptos se construyen en un segundo mo-
mento. De esta manera el Hombre, antes de pensar...¡imagina! La imaginación es el proceso de
creación y de deforma- ción de las imágenes. A continuación de Bachelard, Mircea Eliade y
sobre todo Gilbert Durand investigaron sus estruc- turas universales, desarrollando un siste- ma
dinámico, organizador de imágenes.
45. C.G. Jung, citado en Valentina Grassi, Introduction à la sociologie de l’imaginaire, Éres, 2005, pág.27.
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Para los teóricos del imaginario, el hom- bre es entonces un animal symbolicum y la
imaginación se encuentra en el centro de la vida y de la mente. El imaginario se entiende aquí
como “el mundo de las imágenes y de las representaciones”46. Es un proceso de representación
de los símbolos, “instancias fundadoras de sentido” que ponen al hombre en rela- ción con su
medio47. El imaginario se construye en el intercambio continuo de la dimensión subjetiva con el
medio cósmico y social, lo que Durand deno- mina el “trayecto antropológico”. Es decir que
primero está la percepción de una intimación objetiva que proviene del entorno social, sobre la
cual se inserta un sentido subjetivo. Así pues, esas re- presentaciones subjetivas que el indivi-
duo crea a partir de la realidad objeti- va se reagrupan en el seno de sistemas de interpretación
destinados a producir sentido. Dicho sentido tiene una carga emocional que orientará la
estrategia social. De esta manera, un cambio en esas representaciones acarrea potencial- mente
modificaciones en las maneras de comportarse. El esquema (Durand) es la estructura funcional
de la imaginación, ya que empalma los gestos reflexoló- gicos del individuo con las representa-
ciones imaginales48. Tres conceptos son fundamentales para entender el proceso de imaginación
simbólica: el signo, la imagen y el símbolo.
La imagen, en el sentido de “imagen simbólica”, es la unidad simple del ima- ginario. Es una
representación mental en relación a un modelo real. En efecto, el término imagen tiene la
misma raíz griega que el verbo “imitar”. La imagen
46. En ciencias sociales, el concepto de “representación” es aprehendido como “producto y como proceso de una elaboración psicológica
de lo real” (Denise Jodelet, Re- présentations sociales : phénomènes, concept et théorie, in S. Moscovici (éd.), Psychologie sociale, París,
PUF, 1984), y sobre su “función concreta de construcción de lo real” (Claudine Herzlich, Santé et maladie, analyse d’une repré- sentation
sociale, París, Mouton, 1969), punto extremada- mente importante.
47. O Imaginal según la terminología de Henry Corbin. 48. G. Durand, Les structures anthropologiques de l’imagi- naire, París, Dunod,
1992, pág.61.
es por lo tanto la primera prueba de la actividad imaginaria humana. El signo, según los
trabajos de lingüística de Fer- dinand de Saussure, es la combinación del significado, el
concepto o la repre- sentación mental de una cosa, y del sig- nificante, es decir la imagen
acústica de una palabra. El signo es arbitrario. Así pues, la “representación (es) propia de las
artes plásticas, mientras que el aná- lisis de los modos de significación es propio de las ciencias
del lenguaje”49. La simbolización en cambio, hija de la representación y la significación, se
relaciona con el imaginario. Como el símbolo puede ser una imagen o una palabra se basa en la
cultura y se inserta dentro de la estructura de significación imaginaria. El símbolo procede tam-
bién de la unión de un significante y un significado: el simbolizante y el simbo- lizado. A
diferencia del significado del signo, el simbolizado tiene un sentido figurado intrínseco que
trasciende su sentido propio. En cuanto al simboli- zante, al igual que el significante posee una
base material. Sin embargo, ésta puede ser de naturaleza icónica o dis- cursiva. El símbolo
opera “la media- ción de lo Eterno en lo temporal”50 y su sentido sólo es aprehensible a través
del estudio del proceso de imaginación simbólica. El carácter incompleto, in- definido y
flexible del símbolo se ve contrabalanceado por su “redundancia perfeccionante”51. En efecto,
los sím- bolos se clarifican mutuamente al repe- tirse. El imaginario posee entonces una
naturaleza sistémica, que envuelve a la totalidad de los símbolos. Hay dos me- canismos de
estructuración del imagi- nario: la metonimia (la imagen es parte de una totalidad, al igual que
su reflejo) y el oxímoron (principio de la coinci- dencia de los opuestos). Así, a pesar de su
antinomia, los símbolos se clarifican uno gracias al otro.