El Principio de Oportunidad en el Código de Procedimiento Penal de Colombia

Tras más de un año de debate en el Congreso de Colombia, fue sancionado el nuevo
Código de Procedimiento Penal el 1 de septiembre del año en curso. El Código, que
comenzará a aplicarse a partir de enero de 2005, pretende instaurar un verdadero sistema
acusativo en el país, y un proceso oral, público, expedito y restaurativo acorde con los
principios constitucionales de protección y promoción de los derechos humanos y de la
lucha contra la impunidad. El objeto de este escrito no es establecer si estos propósitos
serán alcanzados con las normas finalmente aprobadas, sino tan solo concentrarse en una de
las novedades del Código: el principio de Oportunidad, definido como la facultad otorgada
a la Fiscalía General de la Nación para suspender, interrumpir o renunciar a la persecución
penal de los autores y partícipes en hechos que revistan las características de una conducta
punible(1).
El presente texto está dividido en tres partes: el concepto y evolución jurídica del principio
de oportunidad, un estudio de la normatividad vigente en Alemania como ejemplo de la
regulación del principio de oportunidad en el derecho comparado, y finalmente, un acápite
dedicado al estudio de la consagración constitucional y legal del principio de oportunidad
en Colombia.
CONCEPTO Y EVOLUCIÓN DEL PRINCIPIO DE OPORTUNIDAD
Desde la supresión de las hostilidades particulares y la venganza privada en la Europa
medieval, ostenta el Estado el derecho a juzgar los crímenes y castigar a los responsables.
El monopolio estatal en la imposición de la pena ha sido desde entonces una constante
prácticamente universal fundada en el interés público de persecución de los delitos. Pero la
cuestión acerca de la definición de los delitos que debían castigarse fue resuelta de distinto
modo, según el sistema jurídico en que se aplicó. La tradición jurídica continental europea
instauró el principio de Legalidad, según el cual todo hecho que aparezca como delictivo
debe ser investigado y sus autores acusados y juzgados penalmente. Una vez iniciada la
persecución penal, no puede suspenderse, interrumpirse o hacer cesar. El sistema jurídico
anglosajón, por el contrario, implantó el principio de Oportunidad, que consiste en la
disposición de la acción penal al criterio del ente estatal al que se encomienda la
persecución penal, teniendo en cuenta el mejor interés de la justicia y la utilidad o
conveniencia del ejercicio de la acción. Puede citarse como ejemplo el sistema procesal
penal estadounidense, donde el Fiscal puede elevar la acción o abstenerse de hacerlo,
cuando hay gran probabilidad de que el acusado ha cometido un delito, e incluso puede
negociar(2) con él su pena, sin sujeción a limitaciones (plea bargaining), y el juez sólo
decide sobre los términos de la negociación. Adicionalmente, el imputado puede declararse
culpable (guilty plea) para evitar ser juzgado por un jurado y ser condenado por un hecho
más grave o por una pena mayor. Mediante el uso de estas figuras asociadas al principio de
Oportunidad, se resuelven la mayoría de los casos en Estados Unidos.
Heredero del sistema continental europeo, el derecho penal colombiano se fundó en el
principio de Legalidad. La estructura del proceso penal se desarrolló con base en este
principio rector: una vez recibida la notitia criminis, surgía la obligación de iniciar la
investigación penal. Tal función fue encomendada a la Fiscalía General de la Nación por la
Constitución de 1991, y era armónica con los principios y derechos relativos al proceso
establecidos en la Carta, como el derecho de igualdad ante la ley (art. 13 CP), que implica
que no se puede seleccionar arbitrariamente a qué personas se investigará y a quienes no; a
la independencia de la administración de justicia (art. 228 de la CP), lo que justifica que
exista un ente distinto al juzgador y que obliga a que no dependa de las otras ramas del
poder público; a la jurisdicción y al acceso a la justicia (art. 229 CP); al debido proceso y a
la presunción de inocencia (art. 29 de la Constitución).
Sin embargo, en el desarrollo jurídico del principio de Legalidad se ha ido aceptando en los
países de tradición continental europea la posibilidad de admitir excepciones al mismo. Al
resultado de la introducción de algunos criterios de oportunidad (como la mínima gravedad,
la descongestión del sistema judicial o la pena natural) se le ha denominado “Sistema de
Oportunidad Reglado”. En Alemania se instauró desde los años 70, con la característica
primordial de establecer como regla el principio de Legalidad y como excepción el de
Oportunidad, contemplando taxativamente los eventos en los que el Fiscal puede suspender
el proceso o declinar la persecución penal.
En los años 80 y 90 un movimiento reformador se difundió por Latinoamérica, en la
búsqueda de un juicio oral y la instauración de un sistema acusatorio que se adaptara a las
nuevas realidades políticas de estos países. El Código Modelo para Iberoamérica es un
ejemplo de estos esfuerzos. Varias instituciones jurídicas propias del sistema anglosajón
fueron tenidas en cuenta a la hora de elaborar los nuevos Códigos de procedimiento penal,
entre ellas, las relacionadas con el principio de Oportunidad, y gradualmente se ha ido
adoptando en las legislaciones del continente, generalmente como excepción al principio de
Legalidad.
Varios factores explican este cambio. De un lado, el desbordamiento de la delincuencia
produjo congestión judicial, lo que a su vez obligó a la justicia a concentrarse en ciertos
delitos, dejando sin respuesta crímenes que eran denunciados pero no atendidos. Los
sistemas judiciales aplicaban de facto el principio de Oportunidad. Entre más limitados
fueran los recursos en el país, mayor era el espectro de delitos que no eran investigados.
Ello a su vez tenía un impacto sobre la comunidad, que no ponía en conocimiento de la
justicia diversos crímenes que presumía que no serían investigados, generando de este
modo un círculo vicioso de impunidad. Incorporar el principio de Oportunidad significaría
reconocer que en la práctica se efectúa tal selección, y que es mejor que la misma la realice
el legislador y no arbitrariamente el sistema judicial. También propendería por la celeridad
procesal, al abstenerse de investigar hechos de mínima lesividad.
Otra consideración, esta vez desde la perspectiva de los derechos del imputado, se esgrimió
a favor del principio de Oportunidad. En el caso de delitos de escasa relevancia social o de
mínima culpabilidad, debía otorgarse al fiscal la posibilidad de suspender un proceso para
no exponer al imputado a una reacción penal injustificada, dado los efectos criminógenos
de las penas cortas privativas de libertad, y teniendo en cuenta el principio de
Proporcionalidad.
Para evitar una colisión con el principio de Legalidad, se prefirió en los países de tradición
jurídica continental europea instaurar el principio de Oportunidad como excepción al de
Legalidad. La regla general es la persecución de todos los delitos; los casos en que puede
aplicarse el principio de Oportunidad están taxativamente consagrados en la ley.
EL PRINCIPIO DE OPORTUNIDAD EN EL DERECHO ALEMÁN
Como se ha visto, el derecho continental europeo optó inicialmente por un sistema penal
basado en el principio de Legalidad. En la actualidad, algunos Estados mantienen este
sistema en sentido estricto. Pero otros países han admitido en sus legislaciones, en mayor o
menor medida, la posibilidad de aplicar en ciertos eventos el principio de Oportunidad.
Entre ellos, es preciso mencionar el caso alemán, por el notable influjo que ha tenido en el
nuevo Código de Procedimiento Penal colombiano.
Según el artículo 152 [2](3) de la Ordenanza Procesal Penal alemana (StPO), que consagra
el principio de Legalidad, la Fiscalía está obligada a proceder judicialmente por causa de
todos los delitos perseguibles -siempre que haya suficientes puntos de apoyo sobre su
ocurrencia-, salvo que la ley defina algo distinto. Como se aprecia, el principio de
Oportunidad se consagra como excepción al principio de Legalidad, lo que tiene
importantes efectos para la interpretación de la norma (singularia non sunt extendenda).
Empero, una revisión de la lista de excepciones permite concluir que el principio de
Oportunidad es la regla frente a la criminalidad leve y media en Alemania(4). Esto se ha
regulado de este modo para brindar la flexibilidad necesaria a la administración de justicia
frente a ciertos casos que pueden considerarse “delitos de bagatela” o insignificantes,
contra los que no existe interés público en la persecución penal [artículo 153 (5)]. La
aplicación del principio de Oportunidad queda en todo caso sometida a la aprobación de un
juez.
Frente a situaciones de mediana gravedad, la legislación alemana contempla también la
posibilidad de hacer cesar la persecución penal, pero con el lleno de algunas formas de
reparación y sanción (artículo 153a StPO). Dado que estas formas de reparación se
imponen contra una persona que se presume inocente, el acusado debe dar su
consentimiento(6). La Fiscalía también podría renunciar a la imposición de una pena, si en
un caso dado el juez penal puede prescindir de ella (artículo 153b StPO).
La Fiscalía está facultada para archivar un proceso cuando se trata de hechos punibles
cometidos por fuera del ámbito territorial de la ley penal alemana (numeral 1 del párrafo 1
del artículo 153c StPO), aunque tal facultad debe ejercerse en el entendido que tales delitos
no sean de gravedad. Sería contrario al espíritu de la ley, por ejemplo, un sobreseimiento de
una causa contra ex-oficiales nazis y militares argentinos que participaron en la
desaparición y asesinato de ciudadanos alemanes durante la dictadura con base en esta
excepción al principio de Legalidad.
La Fiscalía puede abstenerse también de la persecución de los “delitos a distancia”, es
decir, hechos punibles que se cometieron en Alemania, pero a través de una actividad
ejercida fuera de ella, si 1) la realización del proceso provoca el peligro de una grave
desventaja para el país, o 2) cuando a la persecución se oponen otros intereses públicos
superiores [artículo 153c StPO(7)]. Por estas dos razones la ley alemana contempla también
la posibilidad de cesar la persecución de los delitos políticos [artículo 153d StPO(8)], bajo
el entendido de adelantar los procesos sólo cuando los beneficios políticos sean más altos
que los perjuicios. La ley faculta adicionalmente al Fiscal General Federal a inaplicar la
pena en el caso de colaboración con la justicia, cuando el autor de un delito político
contribuye a evitar un peligro para la existencia o seguridad de la República o el orden
constitucional (artículo 153e StPO). Este punto podría resultar de particular interés en el
caso colombiano, como se analizará más adelante.
Finalmente, la ley procesal penal alemana, teniendo en cuenta el Estatuto de Roma de la
Corte Penal Internacional, que proclama la vigencia del principio de Justicia Universal sin
necesidad de un punto de conexión en Alemania cuando se trate de delitos del Código
Penal Internacional, establece en su artículo 153f que la Fiscalía puede abstenerse de
perseguir estos delitos cuando el inculpado no se encuentre en el territorio nacional, ni se
espere tal presencia. Sin embargo, si en los supuestos del artículo 153c párrafo 1 numeral 1
el inculpado es alemán, lo anterior sólo regirá cuando el hecho sea perseguido por un
tribunal internacional o por el tribunal del Estado en cuyo territorio fue cometido el hecho o
cuyos ciudadanos fueron lesionados por el hecho(9). De este modo se asegura que el
principio de Oportunidad no obre como mecanismo de impunidad.
Adicionalmente, según el párrafo 2 del artículo en análisis, el Fiscal debe abstenerse de
perseguir un delito de aquellos consagrados en el Código Penal Internacional en los
supuestos del numeral 1, párrafo 1 del artículo 153c, cuando:
1. No exista ninguna sospecha contra un alemán.
2. el hecho no fue cometido contra un alemán
3. ningún sospechoso se encuentra en el territorio nacional ni es de esperar tal presencia, y
4. el hecho es perseguido por un tribunal penal internacional o por un Estado en cuyo
territorio fue cometido el hecho, cuyo ciudadano es sospechoso del hecho o cuyo ciudadano
fue lesionado por el hecho.
Lo mismo rige cuando el extranjero imputado por un hecho cometido en el extranjero se
encuentra en territorio alemán pero se dan los anteriores supuestos y la entrega a un tribunal
internacional o la extradición al Estado que persigue es admisible y está prevista(10).
Lo interesante de esta extensa regulación del principio de Oportunidad en los eventos de
delitos internacionales es la imposición de las enumeradas limitaciones en el ejercicio de la
acción penal en Alemania en los casos contemplados en el Código Penal Internacional
cuando no fueron perpetrados por alemanes o contra alemanes. De la redacción del artículo
153f StPO se puede percibir un marcado interés por reducir la discrecionalidad que en torno
a estos casos pudiera tener la Fiscalía. No de otro modo podría interpretarse la diferente
redacción entre el párrafo primero (“puede abstenerse”) y el párrafo segundo (“debe
abstenerse”) del artículo 153f.
En resumen, el principio de Oportunidad se aplica en Alemania frente a:
1. Delitos de bagatela o de mínima culpabilidad.
2. Delitos de mediana gravedad, con la imposición de medidas de reparación.
3. Delitos que ocurrieron el exterior.
4. Delitos políticos, por razones de seguridad del Estado o intereses superiores a la
persecución penal.
5. Colaboración con la justicia, bajo el criterio de mayor interés.
6. Delitos internacionales, en los supuestos mencionados anteriormente.
EL CAMINO DE LA REFORMA PROCESAL PENAL EN COLOMBIA
El procedimiento penal en Colombia ha sido reformado constantemente durante la última
década. Desde la Constitución de 1991 y la creación de la Fiscalía General de la Nación,
diversas leyes han intentado implantar un sistema acusatorio oral, sin mayor éxito.
Inicialmente, la Fiscalía se diseñó como un ente bajo el cual se reunían las facultades más
importantes del proceso: decidir sobre la libertad, recopilar pruebas, valorarlas y
calificarlas, así como acusar o dar por terminado el proceso. Existía además un proceso
paralelo de excepción conocido como “justicia sin rostro”, que era claramente incompatible
con la Constitución. El péndulo normativo se ha movido desde las legislaciones laxas, con
rebajas penales de todo tipo (v. gr. la ley 81 de 1993) hasta regulaciones más fuertes, que
incluyen medidas como la extradición de colombianos, la extinción de dominio y el
incremento de penas. Hace sólo 4 años, se elaboró un nuevo Código de Procedimiento
Penal, con la idea de adaptar el procedimiento penal a la Constitución. Pocos meses
después de su entrada en vigor empezó a hacer trámite en el Congreso una nueva reforma,
esta vez constitucional, que permitiera restringir las funciones de la Fiscalía e introducir el
sistema acusatorio en Colombia.
EL ACTO LEGISLATIVO 03 DE DICIEMBRE DE 2002
El Acto Legislativo reformó la Constitución en sus artículos 116, 250 y 251. El artículo 116
incluyó la facultad de los particulares para ser investidos transitoriamente de la función de
administrar justicia en la condición de jurados en las causas criminales. El artículo 250
introduce el principio de Oportunidad en Colombia y reforma las funciones de la Fiscalía
General de la Nación (entre ellas, abre la posibilidad de facultar por ley a la Fiscalía para
realizar capturas, adelantar registros, allanamientos, incautaciones e interceptaciones de
comunicaciones), y el artículo 251 otorga al Fiscal General de la Nación las funciones de
“asumir directamente las investigaciones y procesos, cualquiera que sea el estado en que se
encuentren, lo mismo que asignar y desplazar libremente a sus servidores en las
investigaciones y procesos. Igualmente, en virtud de los principios de unidad de gestión y
de jerarquía, determinar el criterio y la posición que la Fiscalía deba asumir, sin perjuicio
de la autonomía de los fiscales delegados en los términos y condiciones fijados por la
ley”(11).
En relación con el artículo 250, el principio de Oportunidad quedó consagrado como sigue:
ARTICULO 250. La Fiscalía General de la Nación está obligada a adelantar el ejercicio de
la acción penal y realizar la investigación de los hechos que revistan las características de
un delito que lleguen a su conocimiento por medio de denuncia, petición especial, querella
o de oficio, siempre y cuando medien suficientes motivos y circunstancias fácticas que
indiquen la posible existencia del mismo. No podrá, en consecuencia, suspender,
interrumpir, ni renunciar a la persecución penal, salvo en los casos que establezca la ley
para la aplicación del principio de oportunidad regulado dentro del marco de la política
criminal del Estado, el cual estará sometido al control de legalidad por parte del juez que
ejerza las funciones de control de garantías. Se exceptúan los delitos cometidos por
Miembros de la Fuerza Pública en servicio activo y en relación con el mismo servicio.
La fiscalía, ante sospechas verosímiles de la perpetración de un delito, tiene siempre la
obligación de investigar y acusar a los presuntos responsables, salvo que la ley permita la
suspensión, interrupción o renuncia de la persecución penal. De ello se desprende que, al
igual que en Alemania, el principio de Oportunidad está consagrado como excepción al
principio de legalidad y su aplicación está sometida al control de legalidad de un juez. Sin
embargo, el marco de excepciones depende no sólo de lo que defina la ley, sino además de
la política criminal del Estado (fijada por el Presidente de la República), y por otro lado, se
exceptúan del control de legalidad del juez de garantías los delitos cometidos por las
Fuerzas Militares.
LA LEY 906 DE 2004
Con un esquema constitucional acorde con las reformas que se pretendían introducir, se
inició el trámite del nuevo código procesal penal. Para su elaboración, se nombró a una
comisión conformada, entre otros, por el Fiscal, el ministro de Justicia, el Procurador
General, el Defensor del Pueblo, los presidentes de las Altas Cortes, y penalistas
reconocidos. Tras un año de debate en el Congreso, el 9 de junio de este año la Cámara de
Representantes aprobó el nuevo Código. El 31 de agosto fue expedido como Ley 906, el 1
de septiembre fue sancionado, y corregido -dado los numerosos errores de redacción y de
concordancias- por el Decreto 2770 de 2004.
El artículo 66 de la Ley 906 faculta a la Fiscalía General de la Nación a aplicar el principio
de Oportunidad:
Artículo 66. Titularidad y obligatoriedad. El Estado, por intermedio de la Fiscalía General
de la Nación, está obligado a ejercer la acción penal y a realizar la investigación de los
hechos que revistan las características de un delito, de oficio o que lleguen a su
conocimiento por medio de denuncia, petición especial, querella o cualquier otro medio,
salvo las excepciones contempladas en la Constitución Política y en este código.
No podrá, en consecuencia, suspender, interrumpir ni renunciar a la persecución penal,
salvo en los casos que establezca la ley para aplicar el principio de oportunidad regulado
dentro del marco de la política criminal del Estado, el cual estará sometido al control de
legalidad por parte del juez de control de garantías.
El Título V rige el principio de Oportunidad. El artículo 321 reitera que la aplicación del
principio de Oportunidad está sujeta a la política criminal del Estado, lo que significa que la
decisión de investigar o no ciertos delitos no sólo queda en manos del Fiscal General de la
Nación, sino que éste deberá tomarla de común acuerdo con el Presidente de la República,
según la definición que haga el Consejo de Política Criminal acerca de las conductas que el
gobierno considera prioritarias, graves y leves. El Fiscal deberá desarrollar el plan de polí-
tica criminal del gobierno a través de un reglamento que determine de manera general el
procedimiento interno de la Fiscalía “para asegurar que la aplicación del principio de
oportunidad cumpla con sus finalidades y se ajuste a la Constitución y la ley” (artículo
330).
El artículo 322 consagra el sistema de Oportunidad Reglado. Al tenor de la ley, “[l]a
Fiscalía General de la Nación está obligada a perseguir a los autores y partícipes en los
hechos que revistan las características de una conducta punible que llegue a su
conocimiento, excepto por la aplicación del principio de oportunidad, en los términos y
condiciones previstos en este código”. El artículo 324 establece los casos en los que el
principio de Oportunidad puede aplicarse, y los artículos 325 y 326 regulan la suspensión
del procedimiento a prueba. El control judicial en la aplicación del principio de
Oportunidad, cuando la decisión es extinguir la acción penal, se encuentra en el artículo
327, y a continuación, en el artículo 328, se impone la obligación del Fiscal de tener en
cuenta los intereses de las víctimas y escucharlas -si se presentaron en la actuación-, antes
de aplicar el principio de Oportunidad. Finalmente, el artículo 329 prescribe los efectos de
la aplicación del principio en cuestión.
Diversas justificaciones se esgrimieron para la incorporación de esta figura en el derecho
penal procesal colombiano. De un lado, la Fiscalía pretende emplearla como herramienta
para desarticular organizaciones criminales, cuando alguno de sus miembros ayude a
desmantelarlas, y con ello evitar una acción penal en su contra. También como mecanismo
para diferenciar la respuesta penal entre la criminalidad menor y la grave, según el
principio de Proporcionalidad, lo que lo convierte en instrumento para descriminalizar
cuando existan otras sanciones más eficaces o se considere innecesario iniciar un proceso o
penalizar al imputado. Por otra parte, se busca dar un mejor uso a los recursos escasos,
concentrando los esfuerzos de investigación en los delitos más graves, y una mayor eficacia
y celeridad del sistema, en tanto lograría descongestionar los despachos judiciales.
Adicionalmente, y según el modelo de justicia restaurativa, se persigue como finalidad el
obtener la rápida indemnización de la víctima, y contribuir a la consecución de la justicia
material sobre la formal.
CAUSALES
El artículo 324 de la Ley 906 regula las excepciones al principio de Legalidad, es decir, la
lista taxativa de eventos en los cuales puede aplicarse el principio de Oportunidad. Los
casos son:
1. Delitos de criminalidad mínima y media (numeral 1): Cuando se trate de delito
sancionado con pena privativa de la libertad que no exceda en su máximo de seis (6) años.
Se exige reparación previa integral a la víctima (en caso de que se conozca), y además, que
se haya determinado de manera objetiva la ausencia o decadencia del interés del Estado en
el ejercicio de la acción penal. En el proyecto de ley se contemplaba esta causal para delitos
de máximo 10 años y no se exigía la reparación previa(12). Con la Ley 890 de 2004,
diversas conductas que podían resultar incluidas en esta causal fueron retiradas, ante el
aumento de los máximos de las penas(13).
2. Delitos cometidos por personas entregadas en extradición: el principio de
Oportunidad se aplica frente a los delitos por los cuales fueron entregados (numeral 2) o
frente a otra conducta punible cuya sanción en Colombia carezca de importancia en
comparación con la sanción que le sería impuesta en el extranjero (numeral 4).
3. Delitos de competencia de la Corte Penal Internacional (Genocidio, crímenes contra
la humanidad, crímenes de guerra, etc.), cuando la persona fuere entregada a la Corte por
alguna de estas conductas punibles. Frente a otros delitos que esa persona haya cometido
sólo procede la suspensión o la interrupción de la persecución penal (numeral 3). Si la
persona a la que se le imputen hechos que puedan significar violaciones graves al derecho
internacional humanitario, crímenes de lesa humanidad o genocidio, no es entregada a la
Corte en mención, el fiscal no puede hacer uso del principio de Oportunidad (parágrafo 3º
del artículo 324).
4. Colaboración con la justicia: Puede aplicarse el principio de Oportunidad frente al
imputado que colabore eficazmente para evitar que continúe el delito o se realicen otros, o
aporte información esencial para la desarticulación de bandas de delincuencia organizada
(numeral 5). También cuando sirva como testigo principal de cargo contra los demás
intervinientes, y su declaración en la causa contra ellos se haga bajo inmunidad total o
parcial (numeral 6). En este caso, los efectos de la aplicación del principio de oportunidad
serán revocados si la persona beneficiada con el mismo incumple con la obligación que la
motivó.
5. Pena natural (numeral 7): Cuando el imputado ha sufrido, a consecuencia de la
conducta culposa, daño físico o moral grave que haga desproporcionada la aplicación de
una sanción o implique desconocimiento del principio de humanización de la sanción
punitiva. Es el caso del conductor que pierde el control de su vehículo por embriaguez y en
el accidente muere su esposa.
6. Culpabilidad disminuida: Cuando la imputación subjetiva sea culposa y los factores
que la determinan califiquen la conducta como de mermada significación jurídica y social
(numeral 12); cuando el juicio de reproche de culpabilidad sea de tan secundaria
consideración que haga de la sanción penal una respuesta innecesaria y sin utilidad social
(numeral 13); o cuando los condicionamientos fácticos o síquicos de la conducta permitan
considerar el exceso en la justificante como representativo de menor valor jurídico o social
por explicarse el mismo en la culpa (numeral 17).
7. Cumplimiento en la suspensión del procedimiento a prueba (numeral 8): Cuando
exista la posibilidad de suspender el proceso para someter a prueba al imputado, en el
marco de la justicia restaurativa y como consecuencia de éste se cumple con las
condiciones impuestas.
8. Revaloración del interés público en la persecución de la conducta: Cuando la
realización del procedimiento implique riesgo o amenaza graves a la seguridad exterior del
Estado (numeral 9); o cuando la persecución penal de un delito comporte problemas
sociales más significativos, siempre y cuando exista y se produzca una solución alternativa
adecuada a los intereses de las víctimas (numeral 15). En este último evento, el principio de
Oportunidad no procede a favor de los jefes, organizadores o promotores, o a quienes hayan
suministrado elementos para su realización (parágrafo 1º del artículo 324).
9. Importancia ínfima: Cuando en atentados contra bienes jurídicos de la administración
pública o recta impartición de justicia, la afectación al bien jurídico funcional resulte poco
significativa y la infracción al deber funcional tenga o haya tenido como respuesta
adecuada el reproche y la sanción disciplinarios (numeral 10); cuando en delitos contra el
patrimonio económico, el objeto material se encuentre en tan alto grado de deterioro
respecto de su titular, que la genérica protección brindada por la ley haga más costosa su
persecución penal y comporte un reducido y aleatorio beneficio (numeral 11); o cuando se
afecten mínimamente bienes colectivos, siempre y cuando se dé la reparación integral y
pueda deducirse que el hecho no volverá a presentarse (numeral 14).
10. Mínima participación (numeral 16): El principio de Oportunidad puede aplicarse
cuando la persecución penal del delito cometido por el imputado, como autor o partícipe,
dificulte, obstaculice o impida al titular de la acción orientar sus esfuerzos de investigación
hacia hechos delictivos de mayor relevancia o trascendencia para la sociedad, cometidos
por él mismo o por otras personas. Se excluyen de la aplicación de esta causal los jefes,
organizadores o promotores, o a quienes hayan suministrado elementos para su realización
(parágrafo 1º del artículo 324).
La aplicación del principio de oportunidad respecto de delitos sancionados con pena
privativa de la libertad que exceda de seis (6) años será proferida por el Fiscal General de la
Nación o el delegado especial que designe para tal efecto, según lo ordena el parágrafo 2º
del artículo 324.
LÍMITES AL PRINCIPIO DE OPORTUNIDAD
Debido a que la Constitución incorpora los tratados de derechos humanos ratificados por el
Estado y las normas de derecho internacional humanitario al bloque de
constitucionalidad(14), y que por ello las leyes internas deben ser acordes a tales
normativas, el principio de Oportunidad fue limitado por el legislador al prohibir su
aplicación cuando los hechos de los que se trate puedan significar violaciones graves al
derecho internacional humanitario, crímenes de lesa humanidad o genocidio de acuerdo con
lo dispuesto en el Estatuto de Roma (parágrafo 3º del artículo 324 de la Ley 906)(15). De
otro modo, podría invocarse el artículo 1.1. de la Convención Americana, que impone a los
Estados Parte (entre ellos Colombia) la obligación de garantizar el libre y pleno ejercicio de
los derechos y libertades reconocidos en el Tratado a toda persona que esté sujeta a su
jurisdicción, lo que supone a su vez no sólo que exista un orden jurídico que propenda por
la realización de este mandato(16), sino además que el Estado se organice de tal modo que
pueda asegurar jurídicamente el libre y pleno ejercicio de los derechos humanos. Si se
admitiera la aplicación del principio de Oportunidad frente a delitos como la desaparición
forzada o el genocidio, el Estado violaría este mandato e incumpliría su obligación de
prevenir, investigar y sancionar toda violación de los derechos fundamentales(17). Desde la
más temprana jurisprudencia de la Corte Interamericana se ha sostenido que,
[e]l Estado está (…) obligado a investigar toda situación en la que se hayan violado los
derechos humanos protegidos por la Convención. Si el aparato del Estado actúa de modo
que tal violación quede impune y no se restablezca, en cuanto sea posible, a la víctima en la
plenitud de sus derechos, puede afirmarse que ha incumplido el deber de garantizar su libre
y pleno ejercicio a las personas sujetas a su jurisdicción(18).
Por lo anterior, el principio de Oportunidad no puede aplicarse frente a hechos en los que se
hayan visto afectados los derechos humanos protegidos por la Convención Interamericana.
Por lo tanto, delitos como el homicidio doloso, el genocidio o la desaparición forzada
siempre deberán ser investigados. Una interpretación distinta podría comprometer la
responsabilidad internacional de Colombia ante la Corte Interamericana(19).
Esto tiene incidencia en el tema del conflicto armado, dado que numerosos jefes
guerrilleros y paramilitares están vinculados a investigaciones por este tipo de delitos. El
uso del principio de Oportunidad como mecanismo para otorgar “indultos” o “amnistías” a
grupos armados ilegales por delitos que no pueden ser perdonados ni por el gobierno ni por
la rama judicial hubiera generado un conflicto con la Constitución y los Tratados
internacionales, que habría de resolverse en la Corte Constitucional (mediante sentencia de
inexequibilidad), y en la Corte Interamericana, respectivamente. No obstante, frente a
delitos políticos, el principio de Oportunidad sí podría operar, v. gr., por colaboración con
la justicia (numerales 5 y 6 del artículo 324 de la Ley 906), o en los eventos contemplados
en los numerales 15 y 16 del artículo 324 de la Ley 906, con la excepción ya mencionada
de improcedencia a favor de los jefes, organizadores, promotores o personas que
suministren elementos para la realización del delito.
Una limitación adicional, introducida en el último debate en la plenaria del Senado,
consagra el parágrafo 3º del artículo 324: en ningún caso el fiscal podrá hacer uso del
principio de oportunidad cuando se trate de delitos de narcotráfico y terrorismo.
CONCLUSIONES
El principio de Oportunidad no es en lo absoluto una invención del legislador colombiano.
Por el contrario, la figura tiene sus orígenes en el sistema penal anglosajón, y su
introducción al proceso penal colombiano ha seguido los lineamientos fundamentales
trazados por países de tradición continental europea como Alemania, que han
implementado un sistema de Oportunidad Reglado. Tampoco es una novedad en el
contexto latinoamericano; en el Perú se incorporó desde 1991 (aunque con escaso
desarrollo hasta finales de la década), y ya en el Código Modelo para Iberoamérica se
contemplaba posible su introducción al proceso penal. Su inclusión como instrumento para
buscar mayor eficacia en la justicia, al concentrar su acción en la persecución de los delitos
más graves, es comprensible desde las tesis criminológicas modernas, que se preocupan por
dar respuestas proporcionadas según los hechos que se investigan, ponderando el caso
individual y las consecuencias de la pena. También en supuestos como la pena natural,
donde la sanción carece de sentido, la figura parece ser una respuesta apropiada. La
consagración taxativa de los casos en que la Fiscalía puede escoger entre adelantar una
investigación o extinguir la acción penal podría ser un mecanismo legal a través del cual se
pueda reducir la arbitrariedad de la selectividad de los casos penales que son sometidos al
conocimiento del sistema judicial. Desde la perspectiva de la víctima, si la figura garantiza
la reparación del daño, no se contrapondría con los intereses de justicia restaurativa que
motivan el proceso penal.
Empero, la regulación del principio de Oportunidad en Colombia no está exenta de críticas.
Una primera surge del artículo 250 de la Constitución: tal como quedó establecido el
principio de Oportunidad, se entrega la facultad de definir los delitos que serán perseguidos
primariamente al Presidente de la República. El Fiscal debe consultar la política criminal de
cada gobierno para dar aplicación al principio de Oportunidad, lo que genera para la rama
judicial dependencia del ejecutivo y afecta el principio de Separación de Poderes, tan caro
para los intereses de la democracia y el imperio de la ley. Las experiencias de justicia
politizada en el mundo no son positivas; un paso en esa dirección no parece ser muy
adecuado para un país que requiere con urgencia frenos y contrapesos entre las ramas del
poder y particularmente un sistema judicial verdaderamente independiente.
Esta vulneración al principio de independencia de la administración de justicia, consagrado
en el artículo 228 de la Constitución, conduce a una segunda observación. Tratándose de un
país que ha fundado el proceso penal en el principio de Legalidad, es necesario adaptar la
figura de la Oportunidad al ordenamiento constitucional. El principio de Oportunidad no
puede invocarse en contra de los mandatos constitucionales. Son varios los principios y
derechos que deben ser armonizados:
1. El derecho a la jurisdicción y el acceso a la justicia penal (artículo 229 de la
Constitución) se entendían bajo los principios de oficiosidad y obligatoriedad de la
persecución penal, lo que suponía para quien daba noticia de un crimen que el delito sería
investigado y los responsables perseguidos. Al aplicar el principio de Oportunidad, el
denunciante (que no necesariamente tiene que ser la víctima) puede sentir que sus derechos
a obtener tutela jurisdiccional y de petición (artículo 23 de la Constitución) son
desconocidos. Es previsible que se reduzcan las denuncias de hechos que no serán
investigados, lo que en un Estado que carece del monopolio de la fuerza puede derivar en
mayor criminalidad y venganza privada. La pérdida del carácter preventivo del derecho
penal frente a estos delitos es un factor que en el mediano y largo plazo no puede
descuidarse.
2. El derecho de igualdad ante la ley [artículo 13 de la Constitución(20)], que implica -al
armonizarse con el principio de Legalidad- que no puede escogerse arbitrariamente a qué
personas se investigan y a quienes no. Si bien en la práctica se presentaba una selección que
rayaba en la discriminación (en especial por la condición social), ahora que la selección
está legalizada es necesario garantizar que la Fiscalía y el gobierno actuarán correctamente
y con sujeción a este derecho, y que la condición social o la posición en el poder no serán
factores determinantes en la escogencia de los delincuentes que dejarán de perseguirse. Por
lo pronto, dado que los delitos susceptibles de la aplicación del principio de Oportunidad no
quedaron definidos por completo (depende siempre de la política criminal del gobierno de
turno), el sistema tiende hacia la desigualdad en la aplicación de la ley.
3. La presunción de inocencia (artículo 29 de la Constitución), que implica que el imputado
sea tratado como tal mientras no quede en firme decisión judicial definitiva sobre su
responsabilidad penal(21), puede verse comprometida. Aún cuando en nuevo Código, en su
artículo 327, ordena que la aplicación del principio de oportunidad no afecte la presunción
de inocencia, es evidente que la figura misma opera en el entendido de que la persona pudo
haber sido autor o haber participado en la conducta. La ley misma desdeña el trato como
inocente, v. gr., en el numeral 1º del artículo 324: para que el principio de Oportunidad
opere en este caso se requiere la reparación de la víctima. Si se presumiera realmente la
inocencia del imputado, no debería tener que responder civilmente por un daño que no ha
causado. En estos casos, la solución del derecho alemán parece ajustada a la presunción de
inocencia, al hacer depender la aplicación del principio de Oportunidad a la aceptación del
imputado.
4. La obligación del ciudadano de denunciar los crímenes y la penalización del
incumplimiento de la misma (artículos 417 y 441 del Código Penal) se sustentan en el
principio de Legalidad. ¿A qué lógica responde, v. gr., el que una persona que omite el
deber de informar sobre la comisión de un delito de enriquecimiento ilícito deba cumplir
una condena de hasta 7 años y medio, pero el imputado de tal delito sea beneficiario del
principio de Oportunidad por colaboración con la justicia y se extinga para él la acción
penal? Es necesario plantearse si debe seguir penalizada la omisión de denuncia, y qué
efectos podría esto tener en términos de impunidad.
Por otra parte, tal como quedó regulado, el principio de Oportunidad se convierte en el
nuevo mecanismo a través del cual la Fiscalía mantendrá las “funciones de juez” que
esperaban eliminarse con este nuevo Código. En efecto, como se mencionó en líneas
superiores, uno de los objetivos de la reforma era evitar que se concentraran en la Fiscalía
las facultades primordiales del proceso penal. Aunque la reforma intentó evitar que las
decisiones sobre la libertad del imputado o sobre la terminación del proceso recayeran
sobre el Fiscal, al dar aplicación al principio de Oportunidad la Fiscalía conservará estas
funciones. El proceso ante el juez seguirá siendo excepcional: la mayoría de casos se
resolverán ante el Fiscal, lo que atenta contra el derecho a un juicio.
En relación con las causales de aplicación del principio de Oportunidad vale la pena hacer
algunos comentarios. Como excepciones al principio de Legalidad, los casos de aplicación
deberían ser taxativos. Sin embargo, la amplitud de las causales y su dependencia de la
política criminal del gobierno hacen que la lista del artículo 324 sea enunciativa. En
comparación con otras legislaciones, los casos permiten un amplio margen de aplicabilidad,
por lo que la excepción puede terminar como regla. En cuanto a las limitaciones, si bien se
resguardaron los delitos más graves como el genocidio y el secuestro, el principio de
Oportunidad puede operar frente a delitos de corrupción o enriquecimiento ilícito. En este
punto, la solución del ordenamiento jurídico peruano podía haber sido más apropiada, al
excluir de la aplicación del principio de Oportunidad a los funcionarios públicos. Lo que en
otras latitudes se diseñó para delitos insignificantes, en Colombia podría llegar a aplicarse
para delitos graves.
Ahora bien, existen al interior mismo del artículo 324 inconsistencias que muestran la falta
de rigor jurídico en la elaboración del texto. Por ejemplo, la limitación del parágrafo 3º del
artículo 324 en relación con los delitos de narcotráfico, pensada para impedir que a través
de las causales de colaboración con la justicia el delincuente escapara al castigo,
prácticamente anula la viabilidad de aplicar el principio de Oportunidad en el evento del
numeral 2 del artículo en comento (delitos cometidos por persona entregada en
extradición). Gran parte de las solicitudes de extradición tienen relación con el delito de
narcotráfico. Si, como argumentaba el Fiscal General, era necesario aplicar el principio de
Oportunidad en este caso para evitar que una investigación en Colombia retrasara o
impidiera la entrega del imputado a la autoridad extranjera, la limitación en relación con el
delito de narcotráfico no debería predicarse en este caso. Esto también tendrá efectos
negativos sobre otros apartes del propio Código, como las nuevas actuaciones de la Fiscalía
para la investigación de los delitos, v. gr., la infiltración de organizaciones criminales, los
agentes encubiertos y la entrega vigilada(22).
Surge al menos preocupación sobre la manera como operará el principio de Oportunidad en
los casos de colaboración con la justicia (numerales 5 y 6 del artículo 324). Dado que la
limitación del parágrafo 1º no opera en este evento, el jefe de una organización criminal -es
decir, el responsable principal de sus delitos-, podría escapar a la persecución del Estado
por el hecho de colaborar con la justicia, entregando a algunos de los miembros menos
importantes de la organización. Asimismo, como se analizó previamente, por está vía
podría concederse el perdón judicial a los delitos políticos, sin que la norma ofrezca
protección especial para las víctimas ni garantías de verdad y justicia. En todo caso, es
importante recordar nuevamente que no pueden quedar en la impunidad delitos que
lesionen gravemente los derechos humanos, so pena de comprometer la responsabilidad
internacional del Estado.
De una revisión somera de los hechos punibles que podrían quedar exentos de persecución
penal con base en la causal primera del artículo 324, se encuentra buena parte de los delitos
contra la familia (v. gr., violencia intrafamiliar, maltrato mediante restricción a la libertad
física, ejercicio arbitrario de la custodia de hijo menor de edad, inasistencia alimentaria,
malversación y dilapidación de bienes de familiares, e incesto). También los delitos contra
la integridad moral, como la injuria y la calumnia, estarían incursos en esta causal. El que
estos bienes queden desprotegidos en la práctica puede llamar la atención de diversos
sectores, aunque la discusión no se compararía con los debates que suscitaría la aplicación
del principio de Oportunidad frente a delitos como el homicidio por piedad, la ayuda al
suicidio, el aborto, la fecundación y tráfico de embriones humanos, o la violación a la
libertad religiosa, cuyos máximos, según la Ley 890, oscilan entre 3 y 6 años.
Este punto conduce a una reflexión final. Un sector de la doctrina opina que el principio de
Oportunidad termina con la hipocresía del Estado, que sostenido en el principio de
Legalidad aseguraba perseguir todos los delitos, cuando en realidad se concentraba en
aquellos que no afectaran intereses económicos o políticos. El principio de Oportunidad
sería entonces una forma de admitir que el Estado es incapaz de perseguir todas las
conductas criminales, y podría evitar la selección arbitraria que se efectúa en el sistema
judicial, al contemplar expresamente los casos en que el Estado renuncia a la persecución
penal. Sin embargo, el principio de Oportunidad guarda en su esencia misma un
fundamento que podría igualmente tacharse de hipócrita, o al menos contradictorio. De un
lado, el Estado criminaliza una serie de conductas en el Código Penal y posteriormente
eleva todas las penas; de otro, descriminaliza esas mismas conductas en el Código de
Procedimiento Penal. Todo ello deja la sensación de que se desea engañar al ciudadano,
haciéndole creer que lo que las leyes penales condenan será efectivamente juzgado por el
Estado. Existen herramientas más eficaces de descriminalización que pueden
implementarse desde el derecho penal sustancial, y que no atentan contra algo tan valioso y
tan urgente en Colombia como la credibilidad en el sistema judicial y el respeto a la ley. De
la confianza que el ciudadano tenga en la Justicia y de la protección que sienta del Derecho
depende la seguridad del Estado, más que de la acción represiva o el uso de la fuerza.






Corte Constitucional tumba principio de oportunidad para 19 mil desmovilizados

La Corte Consititucional tumbó el principio de oportunidad para 19 mil
desmovilizados de las autodefensas y que no habían sido cobijados por la ley de
Justicia y Paz

Por considerar que este beneficio va en contra de los presupuestos de verdad, justicia y
reparación, la Corte Constitucional le cerró la puerta a que los desmovilizados se acojan a
esta figura para que cese la acción jurídica contra ellos.

El 19 de junio de 2009, el Congreso había aprobado una ley que permitía el sometimiento a
la justicia de más de 19 mil paramilitares rasos que se desmovilizaron mientras era
aprobada la Ley de Justicia y Paz, y que quedaron en un limbo jurídico porque no se les
podía aplicar los beneficios de la ley pues la Corte Suprema de Justicia (sentencia del 11 de
julio de 2007) y la Corte Constitucional argumentaron que estos paras no se podía procesar
por delitos políticos y debían ser juzgados por el delito de concierto para delinquir.
La Corte decidió tumbar el principio de oportunidad consagrado en esta ley porque no
respetaba los derechos de las víctimas. Según informaron fuentes del alto tribunal, este
principio no se permite para la justicia transicional, porque concedía un grado muy amplio
de discrecionalidad al fiscal, entre otrospuntos. La decisión pone en una situación critica el
proceso con estos desmovilizados porque todos tendrán que ser juzgados por la justicia
ordinaria y pueden recibir condenas mayores a las que recibirán los jefes paramilitares por
estar en Justicia y Paz(8 años como pena alternativa).
Esta ley fue presentada por el Gobierno Uribe al Congreso, y en ella introducía una
modificación al Código de Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004), permitiendo que el
'principio de oportunidad' fuera aplicado a desmovilizados de grupos armados ilegales bajo
ciertas condiciones, incluyendo a los paramilitares que se desmovilizaron después de julio
de 2005.

Lo que buscaba esa reforma era que si un delincuente o un integrante de un grupo armado
ilegal se entrega a las autoridades pudiera recibir un beneficio al confesar sus delitos, pero
quedaban exentos quienes hubieran cometido delitos de lesa humanidad.

El texto aprobado preveía la aplicación de dicho beneficio al desmovilizado que "haya
manifestado con actos inequívocos su propósito de reintegrarse a la sociedad, siempre que
no haya sido postulado por el Gobierno Nacional al procedimiento y beneficios
establecidos en la ley 975 de 2005 y no cursen en su contra investigaciones por delitos
cometidos antes o después de su desmovilización con excepción de la pertenencia a la
organización criminal, que para efectos de esta ley incluye la utilización ilegal de uniformes
e insignias y el porte ilegal de armas y municiones".
La votación en la Corte Constitucional fue 5 a 4, los magistrados que salvaron su voto
fueron: Juan Carlos Henao, Humberto Sierra, Jorge Pretelt y Mauricio González.
Este es un nuevo problema al proceso de Justicia y Paz con los paramilitares que ya
atravieza por una crisis porque desde el pasado 14 de octubre, varios de ellos decidieron
paralizar sus colaboración con la justicia colombiana.
En una carta los ex jefes paramilitares Raúl Hasbún, FreddyRendón alias „El Alemán‟,
Rodrigo Pérez alias „Julián Bolívar‟, Arnubio Trianaalias „Botalón‟ e Iván Roberto Duque
alias „Ernesto Báez‟ (excluido delproceso), indican en siete puntos “los tropiezos” de la
Ley. Entre ellos, quehay un limbo jurídico para quienes se desmovilizaron después del 25
de julio de2005, que el proceso judicial es lento y que por eso “la pena alternativa (de 5a 8
años de prisión) es una expectativa cada vez más improbable”. Ademásrechazaron las
condiciones de “reclusión, hacinamiento y seguridad de una granmayoría de
desmovilizados presos”.
Desde que la carta fue emitida los cronogramas de Justicia y Paz se han ido alterando.
Según HernandoAníbal García, procurador nacional delegado para la Justicia y Paz,
algunos exparamilitares recluidos en las cárceles de Palmira, Ibagué, Bogotá,
Medellín,Barranquilla y Cúcuta se han negado varias veces a participar de lasdiligencias
judiciales.
El pasado 8 de octubre alias 'el Alemán' había anunciado su decisión de no colaborar más
con la justicia colombiana señalando entre sus razones que no había claridad jurídica, las
condiciones carcelarias, las restricciones al trabajo de recopilación de hechos perpetrados
durante las operaciones contrainsurgentes y las amenazas e intimidaciones lo llevaron a
anunciar que él y los hombres no volverán a las versiones libres ante Justicia y Paz ni ante
la justicia ordinaria.
“Hoy es a la última versión que estos hombres y yo venimos”, le dijo alias „el Alemán‟ al
Fiscal Delegado 48 para la Justicia y la Paz durante una diligencia conjunta de versión libre
realizada el miércoles 6 de octubre en Medellín, en la que participaron Juan Pablo López
Quintero, alias „Gabriel‟; Elkin Castañeda Naranjo, alias „Hermógenes Mazo‟; Bernardo
Díaz Alegre, alias „el Burro‟; Libardo Alonso Calle Calle, alias „Cumbamba‟; Javier
Morales Estrada; Diego Vélez Trujillo, alias „el Tío‟; y Javier Ocaris Correa Alzate, alias
„Fredy‟, quienes respaldaron la decisión de Rendón Herrera.
“Llevamos cuatro años y hemos hecho un trabajo durante este tiempo que muestra avances,
pero hoy nos toca decir que hay que hacer un alto en el camino porque el Estado
colombiano no nos está posibilitando nada e incumple todo lo acordado”, afirmó alias „el
Alemán‟, quien anunció, además, que otros miembros de bloques paramilitares tomarán en
próximos días la misma decisión. Por considerar que este beneficio va en contra de los
presupuestos de verdad, justicia y reparación, la Corte Constitucional le cerró la puerta a
que los desmovilizados se acojan a esta figura para que cese la acción jurídica contra ellos.

El 19 de junio de 2009, el Congreso había aprobado una ley que permitía el sometimiento a
la justicia de más de 19 mil paramilitares rasos que se desmovilizaron mientras era
aprobada la Ley de Justicia y Paz, y que quedaron en un limbo jurídico porque no se les
podía aplicar los beneficios de la ley pues la Corte Suprema de Justicia (sentencia del 11 de
julio de 2007) y la Corte Constitucional argumentaron que estos paras no se podía procesar
por delitos políticos y debían ser juzgados por el delito de concierto para delinquir.
La Corte decidió tumbar el principio de oportunidad consagrado en esta ley porque no
respetaba los derechos de las víctimas. Según informaron fuentes del alto tribunal, este
principio no se permite para la justicia transicional, porque concedía un grado muy amplio
de discrecionalidad al fiscal, entre otrospuntos. La decisión pone en una situación critica el
proceso con estos desmovilizados porque todos tendrán que ser juzgados por la justicia
ordinaria y pueden recibir condenas mayores a las que recibirán los jefes paramilitares por
estar en Justicia y Paz(8 años como pena alternativa).
Esta ley fue presentada por el Gobierno Uribe al Congreso, y en ella introducía una
modificación al Código de Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004), permitiendo que el
'principio de oportunidad' fuera aplicado a desmovilizados de grupos armados ilegales bajo
ciertas condiciones, incluyendo a los paramilitares que se desmovilizaron después de julio
de 2005.

Lo que buscaba esa reforma era que si un delincuente o un integrante de un grupo armado
ilegal se entrega a las autoridades pudiera recibir un beneficio al confesar sus delitos, pero
quedaban exentos quienes hubieran cometido delitos de lesa humanidad.

El texto aprobado preveía la aplicación de dicho beneficio al desmovilizado que "haya
manifestado con actos inequívocos su propósito de reintegrarse a la sociedad, siempre que
no haya sido postulado por el Gobierno Nacional al procedimiento y beneficios
establecidos en la ley 975 de 2005 y no cursen en su contra investigaciones por delitos
cometidos antes o después de su desmovilización con excepción de la pertenencia a la
organización criminal, que para efectos de esta ley incluye la utilización ilegal de uniformes
e insignias y el porte ilegal de armas y municiones".
La votación en la Corte Constitucional fue 5 a 4, los magistrados que salvaron su voto
fueron: Juan Carlos Henao, Humberto Sierra, Jorge Pretelt y Mauricio González.
Este es un nuevo problema al proceso de Justicia y Paz con los paramilitares que ya
atravieza por una crisis porque desde el pasado 14 de octubre, varios de ellos decidieron
paralizar sus colaboración con la justicia colombiana.
En una carta los ex jefes paramilitares Raúl Hasbún, FreddyRendón alias „El Alemán‟,
Rodrigo Pérez alias „Julián Bolívar‟, Arnubio Trianaalias „Botalón‟ e Iván Roberto Duque
alias „Ernesto Báez‟ (excluido delproceso), indican en siete puntos “los tropiezos” de la
Ley. Entre ellos, quehay un limbo jurídico para quienes se desmovilizaron después del 25
de julio de2005, que el proceso judicial es lento y que por eso “la pena alternativa (de 5a 8
años de prisión) es una expectativa cada vez más improbable”. Ademásrechazaron las
condiciones de “reclusión, hacinamiento y seguridad de una granmayoría de
desmovilizados presos”.
Desde que la carta fue emitida los cronogramas de Justicia y Paz se han ido alterando.
Según HernandoAníbal García, procurador nacional delegado para la Justicia y Paz,
algunos exparamilitares recluidos en las cárceles de Palmira, Ibagué, Bogotá,
Medellín,Barranquilla y Cúcuta se han negado varias veces a participar de lasdiligencias
judiciales.
El pasado 8 de octubre alias 'el Alemán' había anunciado su decisión de no colaborar más
con la justicia colombiana señalando entre sus razones que no había claridad jurídica, las
condiciones carcelarias, las restricciones al trabajo de recopilación de hechos perpetrados
durante las operaciones contrainsurgentes y las amenazas e intimidaciones lo llevaron a
anunciar que él y los hombres no volverán a las versiones libres ante Justicia y Paz ni ante
la justicia ordinaria.
“Hoy es a la última versión que estos hombres y yo venimos”, le dijo alias „el Alemán‟ al
Fiscal Delegado 48 para la Justicia y la Paz durante una diligencia conjunta de versión libre
realizada el miércoles 6 de octubre en Medellín, en la que participaron Juan Pablo López
Quintero, alias „Gabriel‟; Elkin Castañeda Naranjo, alias „Hermógenes Mazo‟; Bernardo
Díaz Alegre, alias „el Burro‟; Libardo Alonso Calle Calle, alias „Cumbamba‟; Javier
Morales Estrada; Diego Vélez Trujillo, alias „el Tío‟; y Javier Ocaris Correa Alzate, alias
„Fredy‟, quienes respaldaron la decisión de Rendón Herrera.
“Llevamos cuatro años y hemos hecho un trabajo durante este tiempo que muestra avances,
pero hoy nos toca decir que hay que hacer un alto en el camino porque el Estado
colombiano no nos está posibilitando nada e incumple todo lo acordado”, afirmó alias „el
Alemán‟, quien anunció, además, que otros miembros de bloques paramilitares tomarán en
próximos días la misma decisión.



















A Farc se les podría dar principio de oportunidad': Montealegre

Por: REDACCIÓN JUSTICIA |
11:09 a.m. | 29 de Abril del 2013

El Fiscal dijo que los militares vinculados a 'falsos positivos' no recibirían beneficios.
El fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre, se refirió este lunes a
diferentes puntos de la reglamentación del Marco Jurídico para la Paz.
El alto funcionario dijo que los militares vinculados a casos de „falsos positivos‟ no podrían
recibir beneficios de esa norma, aprobada por el Congreso a finales del año pasado y cuya
reglamentación está en curso en el Congreso.
Además, consideró que esos delitos no están ligados directamente al conflicto armado y no
podrían entrar a la justicia transicional. Advirtió que si el Congreso incluye esos delitos
estaría abriendo una posibilidad para una intervención de la justicia internacional. Así
mismo, Montealegre dijo que a las Farc se les podría dar principio de oportunidad para
cesar la investigación penal en contra de los guerrilleros que lleguen a firmar la paz.
El jefe del ente acusador indicó que los guerrilleros que no sean considerados máximos
responsables de delitos de lesa humanidad podrán recibir ese beneficio con lo que no irían a
prisión.
Esa figura del principio de oportunidad sería clave para lograr que en la reglamentación del
Marco Jurídico para la Paz se dé un paso para dar beneficios penales a quienes firmen la
paz con el Gobierno.
Montealegre insistió en sus diferencias con el Procurador General en el tema del Marco
para la Paz y dijo que esa norma no sustituye la Constitución ni tampoco desborda sus
posibilidades de reformar la Carta Magna, por lo que podría ser avalada por la Corte
Constitucional.
Este lunes, EL TIEMPO publicó una entrevista hecha por María Isabel Rueda al Fiscal
General, en la que afirmó que los militares también deben tener una justicia transicional.
“El camino para conseguir la paz todavía está lleno de obstáculos, como en los Olímpicos.
La paz no dependerá exclusivamente de la voluntad política del Gobierno. Tiene que haber
un examen de la Corte Constitucional y, en su momento, otro de organismos
internacionales como la CPI. Políticamente puede haber unos acuerdos, unas voluntades,
pero todavía el país tiene que determinar hasta dónde se puede y se quiere llegar. Las Farc
no la tienen fácil”, afirmó Montealegre.
De otro lado, el Fiscal General dijo que hay personas que están atacando el Marco para la
Paz "con intereses politiqueros". "No se puede mezclar el futuro del país con la mezquindad
de intereses políticos con miras a la próxima campaña electoral", indicó el funcionario.
Insistió en que no se puede permitir que la búsqueda de la paz se afecte por los intereses de
sectores que están pensando más en el próximo proceso electoral que en lograr el fin del
conflicto y agregó: "el país se tiene que montar en el bus de la paz".
Notarios que unan a gays no incurren en delito
Sobre el matrimonio gay, el Fiscal General consideró que los notarios que unan a parejas
del mismo sexo no estarán incurriendo ninguna irregularidad o delito.
"Hay un margen de interpretación que permite a un notario legítimamente casar bajo el
nombre del matrimonio a una pareja del mismo sexo y esa interpretación es válida y el
funcionario no cometió ninguna falta penal o administrativa", sostuvo Montelegre.
REDACCIÓN JUSTICIA

http://www.eltiempo.com/justicia
http://www.menschenrechte.org/lang/de/lateinamerika
http://derechocomparado-uniandes.blogspot.com
http://www.inspiraction.org/justicia-economica/conflicto
http://www.verdadabierta.com/justicia-y-paz
http://www.unilibre.edu.co/verbaiuris/images/stories/vol1
http://www.avancejuridico.com/actualidad/ultimassentencias/C-673
http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso
http://desastres.usac.edu.gt/documentos/pdf/spa/doc16274/doc16274-1a.pdf

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