LA RETIRADA DE LA METÁFORA Jacques Derrida

Ricoeur inscribe toda su lectura de La mitología blanca en dependencia de su lectura de
Heidegger y del llamado «adagio», como si yo no hubiese intentado más que una extensión o
una radicalización continua del movimiento heideggeriano. e ah! la "unción del ep!gra"e.
#odo ocurre como si yo hubiese simplemente generalizado lo que Ricoeur llama la «cr!tica
restringida» de Heidegger y la hubiese extendido desmesuradamente, más allá de todo
l!mite. $aso, dice Ricoeur, «de la cr!tica restringida de Heidegger a la %desconstrucción& sin
l!mite de 'acques errida en La mitología blanca» (pág. )*+, trad. cast., p. )-*.. /n poco
más adelante, seg0n el mismo gesto de asimilación o al menos de derivación continua,
Ricoeur con"!a en la "igura de un «n0cleo teórico com0n a Heidegger y a errida, a saber, la
supuesta connivencia entre la pare1a meta"órica de lo propio y lo "igurado y la pare1a
meta"!sica de lo visible y lo invisible» (pág. 2), trad. cast., pág. )3-..
#oda la lectura de La mitología blanca propuesta en La metáora !i!a se anuda en torno a
lo que Ricoeur distingue como «dos a"irmaciones en el apretado entrete1imiento de la
demostración de 'acques errida» (pág. )*+, trad. cast. modi"icada, pág. )-*.. /na de
ellas ser!a, pues, 4sta de la que acabamos de hablar, a saber, dice Ricoeur, «la unidad
pro"unda de la trans"erencia meta"órica y de la trans"erencia analógica del ser visible al
ser inteligible». 5cabo de subrayar que esa a"irmación concernir!a al uso y a lo que llama
Ricoeur «la e"icacia de la metá"ora gastada».
La mitología blanca, e incluso, en un grado de explicación literal por encima de toda duda,
desde el E"ergo (desde el cap!tulo titulado «6xergo»., y despu4s de nuevo en el contexto
inmediato de la nota sobre Heidegger, en el párra"o mismo donde se encuentra la llamada
de esa nota.
6l E"ergo anuncia realmente que no se trata de acreditar el esquema del uso, sino más bien
de desconstruir un concepto "ilosó"ico, una construcción "ilosó"ica edi"icada sobre ese
esquema de la metá"ora gastada, o que privilegia por razones signi"icativas el tropo llamado
metá"ora

Hab!a tambi4n que someter a interpretación ese valor de desgaste. 6ste valor parece
mantener un v!nculo sistemático con la perspectiva meta"órica. 7e lo reencontrará por
doquiera que se privilegie el tema de la metá"ora. 6s tambi4n una metá"ora que lleva
consigo un #resu#uesto continuista8 la historia de una metá"ora no tendr!a esencialmente
el ritmo de un desplazamiento, con rupturas, reinscripciones en un sistema heterog4neo,
mutaciones, separaciones sin origen, sino la de una erosión progresiva, de una p4rdida
semántica regular, de un agotamiento ininterrumpido del sentido primitivo. 5bstracción
emp!rica sin extracción "uera del suelo natal 9... :. 6ste rasgo ;el concepto de desgaste; no
"orma parte, sin duda, de una con"iguración histórico;teórica estrecha, sino, más
seguramente, del concepto mismo de metá"ora y de la larga secuencia meta"!sica que aqu4l
determina o que lo determina. 6s en 4sta en lo que nos vamos a interesar para empezar
(pág. +<*..

=a expresión «larga secuencia meta"!sica» lo se>ala bien, no se trataba para m! de
considerar «la» meta"!sica como una unidad homog4nea de un con1unto. ?o he cre!do nunca
en la existencia o en la consistencia de algo as! como la meta"!sica. =o recuerdo para
responder a otra sospecha de Ricoeur. 7i me ha podido ocurrir, al tener en cuenta tal o cual
"ase demostrativa o tal situación contextual, que llegue a decir «la» meta"!sica, o «la»
clausura de «la» meta"!sica (expresión que constituye el blanco a que apunta La metáora
!i!a., tambi4n he propuesto muy a menudo, en otros lugares pero tambi4n en La mitología
blanca, la proposición seg0n la cual no habr!a nunca «la» meta"!sica, no siendo aqu! la
«clausura» el l!mite circular que bordea un campo homog4neo sino una estructura más
retorcida, estar!a tentado de decir actualmente seg0n otra "igura8 «invaginada». =a
representación de una clausura lineal y circular rodeando un espacio homog4neo es
1ustamente ;y 4ste es el tema en que más insisto; una autorrepresentación de la "iloso"!a
en su lógica onto;enciclop4dica. $odr!a multiplicar las citas, a partir de La di$rance,
donde se dec!a por e1emplo que el «texto de la meta"!sica» no está «rodeado sino
atravesado por su l!mite», «se>alado en su interior por el surco m0ltiple de su margen»,
«huella simultáneamente trazada y borrada, simultáneamente viva y muerta» (pág. +<.. @e
limito a estas pocas l!neas de La mitología blanca, en las cercan!as de la nota (pág. +2A.8

Bada vez que de"ine la metá"ora, una retórica implica no sólo una "iloso"!a sino una red
conceptual en la que se ha constituido la "iloso"!a. Bada hilo, en esta red, con"igura, por
a>adidura, un giro, se dir!a una metá"ora si esta noción no resultase aqu! demasiado
derivada. =o de"inido está, pues, implicado en el de"iniente de la de"inición. Bomo es obvio,
no se produce aqu! ning0n requerimiento de alg0n tipo de continuum homog4neo que
remitir!a sin cesar a la tradición a s! misma, tanto la de la meta"!sica como la de la retórica.
7in embargo, si no se comenzase prestando atención a tales presiones más permanentes,
e1ercidas a partir de una muy larga cadena sistemática, si no se hiciese el es"uerzo de
delimitar su "uncionamiento general y sus l!mites e"ectivos, se correr!a el riesgo de tomar
los e"ectos más derivados por los rasgos originales de un subcon1unto histórico, de una
con"iguración identi"icada apresuradamente, de una mutación imaginaria o marginal.
@ediante una precipitación empirista e impresionista hacia presuntas di"erencias, de hecho
hacia recortes principalmente lineales y cronológicos, se ir!a de descubrimiento en
descubrimiento. C/na ruptura en cada pasoD 7e presentar!a, por e1emplo, como "isionom!a
propia de la retórica del «siglo EFGGG» un con1unto de rasgos (como el privilegio del
nombre. heredados, aunque sin l!nea recta, con todo tipo de separaciones y de
desigualdades de trans"ormación, de 5ristóteles o de la 6dad @edia. ?os encontramos
remitidos aqu! al programa, enteramente por elaborar, de una nueva delimitación de los
corpus y de una nueva problemática de las "irmas.

Bomo se ha apuntado entre par4ntesis el «privilegio del nombre», aprovecho para subrayar
que, al igual que $aul Ricoeur, he puesto en cuestión constantemente ;en La mitología
blanca y en otros lugares, con una insistencia que se puede considerar pesada pero que en
todo caso no se puede descuidar; el privilegio del nombre y de la palabra, como tambi4n
todas esas «concepciones semióticas que ;dice con razón Ricoeur; imponen el primado de la
denominación». 5 ese primado he contrapuesto regularmente la atención al motivo
sintáctico, que domina en La mitología blanca (v4ase pág. )H2, por e1emplo.. 5s!, pues, una
vez más me he visto sorprendido por verme criticado por el lado al que yo ya hab!a aplicado
la cr!tica. ir!a lo mismo y a ortiori para el problema del etimologismo o la interpretación
del idion aristot4lico si tuviese tiempo. #odos estos malentendidos están vinculados
sistemáticamente con la atribución a La mitología blanca de una tesis, y de una tesis que se
con"undir!a con el presupuesto contra el que me he es"orzado, a saber, un concepto de
metá"ora dominado por el concepto de desgaste como estar%gastado o de!enir%gastado,
con toda la máquina de sus implicaciones. entro de la gama ordenada de estas
implicaciones, se encuentra una serie de oposiciones, y entre ellas precisamente la de la
metá"ora viva y la metá"ora muerta. ecir, como hace Ricoeur, que La mitología blanca
convierte a la muerte o a la metá"ora muerta en su consigna, es abusar al se>alarla con algo
de lo que aqu4lla se desmarca claramente, por e1emplo cuando dice que hay dos muertes o
dos autodestrucciones de la metá"ora (y cuando hay dos muertes, el problema de la muerte
es in"initamente complicado. o tambi4n, por e1emplo, por acabar con este aparente #ro
domo, en ese párra"o en el que se sit0a la llamada a esa nota que reclama actualmente otra
nota8
5l valor de desgaste (Abnut&ung 9palabra de Hegel sobre la que, le1os de «apoyarme»,
como querr!a Ricoeur, hago pesar el análisis desconstructivo8 me apoyo sobre ella como
sobre un texto pacientemente estudiado, pero no me apoyo en ella:., cuyas implicaciones
hemos reconocido ya, corresponde aqu! la oposición entre metá"oras e"ectivas y metá"oras
borradas. He aqu! un rasgo casi constante de los discursos sobre la metá"ora "ilosó"ica8
habr!a metá"oras inactivas a las que cabe negarle todo inter4s, puesto que el autor no
pensaba en ellas y el e"ecto meta"órico se estudia en el campo de la conciencia. 5 la
di"erencia entre las metá"oras e"ectivas y las metá"oras extinguidas corresponde la
oposición entre metá"oras vivas y metá"oras muertas (págs. +*-;+*3..
Ila lectura de La mitología blanca por $aul Ricoeur, en sus dos premisas

J
«'sure» signi"ica tanto «desgaste» como «usura» e «inter4s». 9#.:
9i:
Recogido en La !erite en #einture, Klammarion, H323.
9ii:
Recogido en (arages, Lalil4e, H3-*.
9iii:
F4ase «$as», en $arages. Lalil4e, H3-*.
?/MGN=5, 'aime. %El !alor cogniti!o de las metáoras) en $. $4rez;Glzarbe y R. =ázaro,
eds., Ferdad, bien y belleza. Buando los "ilóso"os hablan de los valores, Buadernos de
5nuario Kilosó"ico nO HP), $amplona, +PPP, pp. 2);-A.
Mosque, Ggnacio. H3-A. Mibliogra"!a sobre la metá"ora8 H32H;H3-+. Revista de =iteratura A*8
H2);H3A.
Mustos, 6duardo de. H33A. $ragmática y metá"ora. 7igna )8 <2;2<.
?ietzsche, Kriedrich. H3-P. 7obre verdad y mentira en sentido extramoral. Falencia8
Buadernos #eorema nO )*.
=a primac!a de la metá"ora sobre la literalidad se encuentra tambi4n en cierto sentido en
Ladamer o en Ricoeur.

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