Breve Estudio sobre la Naturaleza del Tiempo

Por Santiago Sevilla

La Duración es el lapso entre el nacimiento y la muerte, que
prevalece toda la vida. Todos los seres vivientes tienen una
duración. Hay ciertos elementos químicos, como el oro, que
no tienen duración, que son perpetuos. Hay otros metales que
se oxidan y dañan y tienen una duración final. Observamos
que hay ciertos objetos que duran más que nosotros y nunca
se acaban. Los vegetales y animales también tienen una
duración. Hay duraciones que parecen eternas, como el
cosmos y el universo, aunque sus partes pueden tener una
duración perentoria. Todos los organismos son perentorios y
sufren de una duración que les termina y acaba. Así sabemos
que hay seres que duran poco, y cosas que duran mucho por
no decir para siempre.
La duración de seres y cosas pretendemos medir con el
Tiempo.
El Tiempo es una convención por la cual se establece la
duración de algo con respecto a la duración de un evento,
como puede ser la duración de una vuelta de la Tierra
alrededor de sí misma, o la duración de una vuelta de la Tierra
alrededor del Sol, o la duración de una vuelta de la Luna
alrededor de la Tierra. El Tiempo es un cociente entre dos
duraciones. La velocidad de la Luz es así mismo una relación
entre la distancia recorrida y la duración de una hora, que a su
vez no es más que una de las veinticuatro partes en que se
divide la duración de un día y una noche. Por lo tanto el
Tiempo no es más que una definición teórica de la relación
entre dos duraciones. Lo verdadero, tangible y constatable, es
una duración o miles de duraciones o toda duración
establecida empíricamente. El Tiempo es una definición, una
medida teórica, pero no es en sí ninguna realidad. Todos
percibimos duraciones, sin que exista el Tiempo.
Los griegos mitificaron el Tiempo, llamándolo Cronos. Al
instante pasajero lo llamaron Kairos.
La personificación del Tiempo como un anciano padre que
devora a sus propios hijos, más el pensamiento creativo y
fantástico de los humanos, han llevado a creer que el Tiempo
es un ente, una esencia, una presencia, que se origina en
antaño y marcha hacia la eternidad, como un vector tangible,
abordable, un túnel en el que se podría entrar para viajar hacia
el pasado, o hacia el futuro.
El tiempo en la realidad no existe, lo que hay en verdad son
las duraciones, en infinito número y variedad, desde una
duración brevísima de cierta materia en una explosión, hasta
una duración acaso perpetua como la del oro.
Las duraciones pueden ser coetáneas, subsecuentes,
simultáneas, distantes o conjuntas, pero son individuales y no
constituyen el Tiempo, sino que pueden medirse con
referencia siempre unas a otras duraciones.
El resultado de estas mediciones puede y debe llamarse
tiempo: una hora, un año, una década, un siglo, etcétera.
Pero estos resultados no constituyen ni sustancia, ni esencia
de Tiempo. El tiempo no existe, solo hay la duración, o las
muchísimas duraciones. Las Duraciones son procesos de
gestación, de vida, de reproducción, de permanencia en
equilibrio, y por último de muerte, descomposición,
transformación, y renacimiento si se quiere. El tiempo en sí,
no existe y no se lo puede invocar como tal en la física,
porque no tiene modo de ser, pues es tan sólo una medida
teórica.
¡Esto tiene consecuencias filosóficas, sí, ontológicas!
En primer lugar al no existir el Tiempo, tampoco puede haber
Alpha u Omega. Lo que hay es un mar de duraciones, en un
antes, un simultáneo y un después, en la relación entre estas
duraciones, que pueden medirse con el Tiempo como cociente
de unas contra otras. Las duraciones pueden ser perpetuas,
como agregación de todas en una. Pero si no hay el Tiempo
como realidad, sino como apenas una entelequia vana del
pensamiento humano, deberíamos concluir que no hay ni
principio ni fin. Las duraciones podrían estar perpetuamente
en juego, como de hecho lo observamos todos los días.

El Padre Tiempo

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful