La tortuga en la cultura

Jaime Mireles Rangel

Secretaría de Ecología 2001 Gobierno del Estado de Campeche Email: ecología@campeche.gob

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Por su longevidad, las tortugas han tenido tiempo de tomarle la medida a la vida y se han impuesto una rutina de preferencias y hábitos que las mantiene a flote como especie. Es indudable que en el último siglo el hombre hizo todo lo posible por extinguirlas, aunque un examen de consciencia colectivo frenó la matanza y ahora se consolida un proceso de recuperación. Si los quelonios pudieron sobrevivir a las milenarias culturas india y china, como a los regímenes musulmán y católico, se debió a que éstos los vieron como animales cuasi sagrados, donde fueron objeto de dogmas y aventuras que les permitieron vivir en armonía estable con la naturaleza. La imaginación que con el tiempo desemboca en la cultura, es la misma facultad que, sometida a una vigilancia más directa por los acontecimientos externos, proporciona la percepción vulgar. El sueño requiere un soñador material tanto como la sensación de la vigilia. La fantasía poética, creativa, original, no es una forma secundaria de la sensibilidad, sino su primera y última forma. El arte, según Benedetto Croce, es intuición. Ese es el material de este ensayo, donde destella la sensibilidad, la magia y el misticismo por sobre realidades incontrovertibles, todo ello bajo el influjo inspirador de la milenaria tortuga. La cosmología de los pueblos antiguos La tortuga es mito entremezclado con una realidad inconsistente. Duda y verdad, ignorancia y sabiduría se entremezclan para hacer de la cultura universal una amalgama donde el modelo por excelencia es cosmogónico. Tal idealización nos conduce, en sarcástica paradoja, a la incontestable pregunta sobre el origen del mundo que, según los egipcios, australianos, griegos y mayas tiene su principio en la nada, pero que otorga a las deidades poderes omnipotentes y, por ende, éstas son de manera permanente centro de la vida religiosa o tienen sus más fuertes connotaciones en la distancia, permanecen en la periferia. Dentro de este contexto, las tortugas jugaron un papel preponderante como deidad en algunas civilizaciones de la antigüedad, y siguen vigentes en expresiones que pretenden el rescate de las tradiciones indígenas, como medio para reconquistar un mundo que se considera hemos perdido. Los dioses principales de la religión China conocida como Fushoulu, formada a partir del siglo II de nuestra era, son Fu Xing, Lu Xing y Shou Xing,
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quienes personifican la felicidad, la buena suerte y la longevidad, respectivamente. A este último se le presenta, por lo general, con la frente en alto, con frutos y animales a su alrededor, que simbolizan la inmortalidad. En esta representación destaca la tortuga, que está acompañada de cigüeñas, ciervos, melocotones y hongos. La escritura China tuvo sus inicios en el tallado de caparazones de tortuga o clavículas de ciervo. Este uso se remonta al siglo XIV a.C. Las inscripciones plasmadas son divinizaciones ofrendadas a los reyes de la dinastía Shang. Los primeros adivinadores chinos, a través de ellas, predecían el futuro; por esta razón, se les conocían como huesos-oráculos. Cuenta la leyenda que el dios emperador mítico Fuxi, por el año 2400 a.C. descubrió los ocho triagramas en el caparazón de una tortuga sagrada. Después, fue escrito el I Ching o Yijing (“Libro de las Mutaciones”) basado en 64 hexagramas simbólicos, cada uno compuesto a su vez por un par de triagramas formados en tres líneas paralelas. Éstas pueden ser continuas – representan el yang o principio activo– o discontinuas –representan el yin o principio pasivo– de acuerdo a la cosmología China que explicaba los fenómenos por su alternancia entre el yang y el yin. Los hexagramas, entonces, son concebidos dentro de un cambio continuo e infinito, de acuerdo al orden cíclico del universo. El “Libro de las Mutaciones” es un clásico del confucianismo que contiene especulaciones filosóficas.1 Al respecto en su obra “Leyendo en la Tortuga”, Silvia Molina2, con el acento en su visión antropológica, pero sin olvidar la fecundidad de su formación literaria, nos dice: “La tortuga, según la mitología china, participa de la longevidad y de la sabiduría de lo cósmico; por este motivo, solía emplearse la concha para la adivinación. Los augures buscaban presagios en su caparazón y llamaban ‘signo’ a la inscripción en el lomo de la tortuga mágica. “Cuatro son también los animales que rigen los rumbos del espacio y guerrean contra los demonios: El Tigre Blanco preside el occidente, el Dragón Azul el oriente, el norte lo habita una tortuga Negra y el sur un Pájaro Rojo. “Cuenta la leyenda que el emperador Yü el Grande dividió la tierra en Nueve Regiones porque Than-Qui la Tortuga Genio tenía escrito en su lomo el tratado cósmico de la división, llamado Hong Fan.

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Gran Enciclopedia Larousse. Editorial Planeta, Barcelona. 1973 Molina Silvia, Leyendo en la Tortuga. Cuernavaca. 1981p.15

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“Existe la creencia de que las columnas de madera del Templo del Cielo de Pekín estaban originalmente asentadas en tortugas vivas, porque se suponía que estos animales podían existir más de tres mil años sin comida y sin aire. Las tortugas además preservaban la madera de podrirse... La tortuga como especie ha demostrado, dentro de la cultura universal, que tiene mucho de inmortal, de mágica y, por ende, de divinidad. No es para menos, pues los restos fósiles más antiguos identificados de esta género se remontan al triásico, hace unos 200 millones de años, lo que significa que los quelonios existían antes de la aparición de los grandes dinosaurios. En los mitos característicos de los pueblos altaicosiberianos, en Rumania y en India, la creación se produce a través de la acción de un pescador de tierra representado por una tortuga o ave que se sumerge a las aguas primordiales para subir una pequeña porción de tierra de la que después se esparcirá el mundo. A pesar que los hindúes reconocen la existencia e importancia de muchos dioses y semidioses, la mayoría son devotos de un dios o diosa. Los más populares son Siva, Devi y Visnú. Este último es el que está en todas partes; es el creador del universo y fue quien separó el cielo y la tierra; es un dios de cuyo ombligo brotó una flor de loto, que dio a luz al creador Brahma. Cuentan diversas versiones que Siva se habría hecho presente en la Tierra bajo distintas formas; de hecho, la segunda reencarnación del dios fue bajo la apariencia de tortuga y bajo esta representación también es adorado y conocido como Kurna. Desde la concepción griega de la antigüedad, la tortuga es un animal consagrado a Afrodita, diosa del amor y la belleza. El vocablo “quelonio” proviene del nombre de la diosa griega Quelonia, quien junto con Segnites –representación de la holgazanería- fueron transformadas en tortugas por llegar con ostensible retraso a la boda de Juno y Júpiter. El oráculo, en la cultura grecorromana, era quien predecía el futuro y bajo su influjo se regían reinos y vidas. Sus designios se tenían como inobjetables e inmutables por la acción del hombre. El dramaturgo griego Esquilo, uno de los tres grandes de la literatura helénica, recibió como respuesta a su consulta al oráculo la noticia de que moriría aplastado por una casa. Para evadir su fatal sino, se fue a vivir al campo; no obstante, una águila dejó caer sobre su humanidad a una enorme tortuga, incidente del que resultó muerto. Es importante dejar en claro que la segunda parte de la etimología griega de “tortuga” es ekho, que quiere decir “yo habito”; es decir, casa. En la mitología maya de la Península de Yucatán se tiene en un lugar principal al dios Bacab. Los adoradores de esta deidad creían en la existencia de un cielo dividido en trece estratos horizontales, uno sobre de otro. Correspondía a
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los bacabes, personajes barbados que estaban colocados en las cuatro direcciones del mundo, sostener el cielo. Cada uno de ellos ostentaba un emblema que los diferenciaba entre sí, a saber: un caparazón de tortuga, una tela de araña y dos diversas clases de conchas. “El ritual de los bacabes” es un manuscrito que describe el rito: Cada uno de los bacabes, usaban una indumentaria diseñada de acuerdo con el color que les correspondía: para el representante del Norte, estaba reservado el blanco; para el del Sur, el amarillo; para el del Este, el rojo; y para el del Oeste, el negro. En cada uno los puntos cardinales había una ceiba sagrada. A los bacabes se les hacían ofrendas para solicitarles abundancia de miel. El culto tiene estrecha relación con Chac, dios de la lluvia. La leyenda maya relata que desde lo más profundo de los tiempos perdidos existía un pequeño pueblo indígena en la Península de Yucatán, adjunto a una bahía, llamado Kim Pech, el cual fue habitado por pescadores y agricultores. En un cerro cercano, los indígenas habían construido un adoratorio, desde donde se podía observar la línea de la costa. Cuando la lluvia dejaba de caer, las veredas que conducían a las aguadas eran transitadas por el venado cola blanca y el yuk, el zorro, jaguar y tigrillo, jabalí, armadillo, conejo, mapache, oso hormiguero y la mofeta . En el agua esperaban la tortuga y el lagarto. Allí, en armonía, animales y hombre saciaban su sed. Es proverbial la presencia de la tortuga en el calendario maya, relacionada íntimamente con los bacabes y con el ordenamiento de las estrellas en el firmamento, donde las “ec ek”, son estrellas integrantes del signo zodiacal Géminis, que junto con otros cuerpos celestes, presentan en el firmamento la figura de una tortuga. José Argüelles, fundador de Planet Art Network en Estados Unidos, creó un juego-calendario de consciencia denominado “El encantamiento del sueño”. Este ejercicio basa sus teorías y propuestas en el que consideran el calendario más perfecto de la tierra: el Maya, el cual consideran debiera regir en la actualidad, en tiempo real, con el propósito de ayudar a la transformación planetaria a través del cambio de conocimiento. Para ello proponen la instauración del Calendario de las 13 lunas. El maestro en filosofía, poeta e historiador de arte José Argüelles, trabajó en la Universidad de Colorado y en el Naropa Institute. Posteriormente se hizo tibetano budista. Es conocido por sus investigaciones de I-Ching y del calendario maya realizadas a partir de los años 70. En su teoría, Argüelles, a través de un texto que titula “La tortuga de las 13 lunas”, hace una defensa del calendario maya apoyándose en la presunción de una estrecha relación entre éste y los quelonios:

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“Todas las personas indígenas conocen y respetan la sabiduría y el poder de la tortuga. La sabiduría de las 13 lunas y el conocimiento del tiempo se encuentran en la concha de la tortuga, la sabiduría de la tortuga es el poder del conocimiento cósmico. “La concha de la tortuga está compuesta de 13 escamas. La tierra tarda 13 lunas en dar la vuelta al sol una vez. Entre la gente indígena de Norteamérica a la tierra se le conoce como Isla Tortuga. Recordar que la Tierra es la Isla de la Tortuga equivale a recordar que la tierra está guiada por el hombre cósmico de las 13 lunas. “El periodo de las semillas y el plantar llegó después del tiempo original. Entonces llegó la espada y el olvido. Durante los últimos 400 años, la gente indígena del planeta se retiró dentro del bosque, la selva y el desierto; donde quiera que fueran los persiguió la máquina y el calendario de doce meses del colonialismo. Los indígenas fueron forzados a entrar en el tiempo falso de la máquina. “El año de 1993 fue proclamado de los Año de los Pueblos Indígenas por las Naciones Unidas. Una vez más la sabiduría de las 13 lunas ha sido divulgada desde la espalda de la tortuga. Una escama de la tortuga por cada luna, 13 lunas perfectas de 28 días cada una. Cuatro fases de la luna y cuatro semanas perfectas de siete días cada una. 13 lunas perfectas, 52 semanas perfectas, 364 días además de un día fuera del tiempo cada año. Esta es la sabiduría perfecta de las trece escamas de la tortuga. La Isla de la Tortuga está en movimiento, 13 lunas, un océano galáctico”3. Del texto anterior surge la pregunta de porqué la Tierra es llamada “Isla de la Tortuga” por los indios estadounidenses. La respuesta está en la leyenda que habla sobre cuando la tierra estaba cubierta de agua. En ese tiempo, Tortuga nadó hasta el fondo de los mares y trajo a la tierra sobre su espalda, para que la gente pudiera tener un lugar seguro y seco donde vivir. Esta creencia tienen una fuerte influencia de los mitos ya comentados, donde la creación se produce a través de la acción de una tortuga que se sumerge en las aguas primeras para resurgir llevando sobre su caparazón una pequeña porción de tierra, de la que después se formará el mundo. Del pueblo nahua surge la leyenda de la diosa Mayahuel, protectora del maguey y del pulque. La narración afirma que los dioses la metamorfosearon en la planta de donde se extrae el agua miel que, al fermentar, se convierte en la popular bebida. Mayahuel, en el Códice Laúd aparece sobre una tortuga y en el himno sacro en honor de Cinteotl, recopilado por fray Bernardino de Sahagún, se hace mención de la diosa Ayopéchcatl “la que está en el asiento de tortuga”,
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Planet Art http://www.redestb.es/planet-art/textocalen.htm

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considerada, además, como la diosa de los nacimientos y también identificada con la fecundidad, por lo que es probable que Mayahuel y Ayopéchcatl sean la misma divinidad. Según la observación mixteca antigua, en el cielo existía una constelación que a la manera de los signos zodiacales, conformaba la figura de una gran tortuga. Para este pueblo mexicano precolombino las tortugas (en mixteco “Tiondo” o “Londo”) representaban a la tierra, al agua terrestre y al agua celeste. A la tierra, por su carapacho duro, redondo y por su apariencia de escudo; al agua terrestre y de los mares y de los ríos, por ser ese su hábitat; y al agua celeste, la lluvia y los truenos, porque los atraía con sus lágrimas. Los pueblos iroqueses del norte de los Estados Unidos de Norteamérica, compuestos por las tribus mohawks, oneidas, senecas, onandegas y cayugas que habitaron en las riberas de Los Grandes Lagos, tienen a la Gran Tortuga como la instructora del reino animal y fueron las tortugas quienes, después de la formación de la Tierra, crearon el Sol y la Luna. El Mohawk fue el pueblo indígena estadounidense más importante de la confederación iroquesa de las Cinco Naciones, la cual estaba organizada a través de nueve representantes, tres por cada clan: el Lobo, el Oso y la Tortuga. Tribu semisedentaria, ocupaba el valle del río Mohawk, donde los hombres pescaban y cazaban, en tanto que las mujeres se dedicaban a las labores agrícolas. Después de la guerra de Independencia, los Mohawk se refugiaron en Canadá, donde viven en la actualidad en reservaciones indias de Brantfod y Ontario. La tortuga en el arte La tortuga ha sido fuente inagotable de inspiración artística. El fabulesco es un género donde los animales se han ganado su imperio. En este mundo casi exclusivo, a veces como figura principal, en otras ocasiones como personaje de secundario, la tortuga, con sus virtudes y defectos, ha estimulado el espíritu creador de inmortales hombres de letras, desde la antigua Grecia hasta nuestros días. Los griegos basaban los ritmos de su habla en el verso yámbico, cuyo creador se estima que fue Arquíloco. Las fábulas del escritor del siglo VI a.C. Esopo, que se consideran pasan de 200, se escribieron inicialmente en la forma de trímetro yámbico, aunque los textos que conocemos actualmente fueron escritos mucho después, pues al parecer corresponden a la recopilación hecha por el monje bizantino Máximo Planudio en el siglo XIV, quien a su vez posiblemente abrevó de las versiones en verso del poeta griego Babrio (s. I y II d.C.) y del latín del poeta romano Fedro (s.I d.C.).

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La fábula es una composición literaria presentada en verso o en prosa, cuyos personajes son, por lo general, animales u objetos inanimados, donde la tortuga ha sido fuente de generosa inspiración. La forma tradicional trata de demostrar una verdad moral, que a modo de advertencia o consejo se sintetiza al final de la narración. De entre las fábulas de Esopo destaca la titulada “La Tortuga y el Aguila”: Una tortuga que se recreaba al sol, se quejaba a las aves marinas de su triste destino, y de que nadie le había querido enseñar a volar. Un águila que paseaba a la deriva por ahí, oyó su lamento y le preguntó con qué le pagaba si ella la alzaba y la levaba por los aires. – Te daré -dijo- todas las riquezas del Mar Rojo. – Entonces te enseñaré a volar –replicó el águila. Tomándola por los pies la llevó casi hasta las nubes y soltándola de pronto, la dejó ir. La pobre tortuga cayó en una soberbia montaña, haciéndose añicos su coraza. Al verse moribunda, la tortuga exclamó: – Renegué de mi suerte natural. ¡Qué tengo yo que ver con los vientos y nubes, cuando con dificultad apenas me muevo sobre la tierra? – Si fácilmente adquiriéramos todo lo que deseamos, fácilmente llegaríamos a la desgracia4. En Francia se produjo una gran variedad de fábulas entre los siglos XII y XIV, entre las que destacan las de Marie de Francia y la colección de historias de animales titulada Roman de Renart. Posterior a éstos escritores, es de vital importancia la obra de Jean de La Fontaine, cuya obra fabulística se publicó en las postrimerías del siglo XVII: En su trabajo encontramos varias dedicadas a los quelonios: El cuervo, la gacela, la tortuga y la rata, La liebre y la tortuga y La tortuga y los patos. No podemos dejar de mencionar a Tomás de Iriarte y a Félix María Samaniego, autores del siglo XVIII. Este último destaca por su colección de 175 fábulas que incluye textos propios y adaptaciones de Esopo, Fedro, La Fontaine y John Gay. El mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi, también abrevó de las creaciones de los fabulistas clásicos. Entre los autores contemporáneos que han abordado el género están Luis Goytisolo, Juan José Arreola, Juan Benet y
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Fábulas Clásicas- Fábulas de Esopo: www.adyd.com

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Augusto Monterroso, éste último recrea una breve nota deportiva, con el siguiente cuento: La tortuga y Aquiles Por fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta. En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones. En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles. Una de las fábulas más conocidas en todo el mundo y que también ha sido llevada al cine y a la televisión, a través de dibujos animados, se refiere a las virtudes que representa el tesón de la lenta tortuga, frente a la velocidad de la liebre, facultad de la que se jactaba en público. La persistencia del quelonio vence al exceso de confianza del veloz roedor. Esta situación, se convierte en una advertencia para quienes poseen mayores recursos o dotes, pero que envanecidos los desaprovechan sin tratar de mejorarlos con humildad y agradecimiento. En la moraleja se deja entrever que la tenacidad y el empeño son más valiosas que las cualidades innatas, pues éstas, con perseverancia, pueden ser superadas. Un lugar especial tiene Lewis Carrol5, seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, escritor, matemático y lógico inglés, de la segunda mitad del siglo XIX, quien tiene una versión de la paradoja matemática representada por Aquiles y la tortuga, donde se demuestra que aquél nunca podrá alcanzar en una carrera al quelonio si éste inicia con cierta ventaja, aunque fue más conocido por su creación cumbre Alicia en el país de las maravillas, obra publicada en 1865, que ha recreado a sucesivas generaciones de niños en el mundo entero. Alicia es la primera figura infantil de la literatura que deja entrever la hipocresía y presuntuosidad en las enseñanzas proveniente del mundo de los adultos, a través de un mundo en donde entremezcla fantasía y realidad para hacer una sátira. En esta obra Carrol utiliza personajes poco comunes como el gato de Cheshire, la Reina de Corazones y la tortuga “Cabeza de vaca”, quien le cuenta la historia de su desdicha a Alicia, charla que en realidad es una excusa para criticar a la educación de aquel tiempo.

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Carrol, Lewis. Alicia en el país de las maravillas. Editorial Bruguera, Barcelona, 1972

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Del sitio web, www.philosophia.cl, Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, se recopiló este texto que explica, desde un punto de vista matemático de Carrol Lewis, la tan citada carrera donde la tortuga le gana a Aquiles. Lo que la Tortuga dijo a Aquiles6. Aquiles ha alcanzado a la Tortuga y se ha sentado cómodamente en su espalda. ¿Así que has llegado al final del curso de nuestra carrera? Dijo la Tortuga. ¿Incluso a pesar de que consiste en una infinita serie de distancias? ¿No había probado algún sabiondo que la cosa no podía ser hecha? Puede ser hecha, dijo Aquiles. ¡Ha sido hecha! Solvitur Ambulando. Verás, las distancias estaban disminuyendo constantemente: y así... Pero si ellas se incrementaban constantemente. Interrumpió la Tortuga. ¿Cómo entonces? Entonces yo no debiera estar aquí. Aquiles replicó modestamente. !Y en éste momento tú ya deberías haber dado muchas vueltas alrededor de la tierra¡ Me aplastas7... me aplanas, quiero decir, dijo la tortuga !eres un peso pesado, es indiscutible¡ Ahora bien, ¿te gustaría saber de una pista de carreras, que la mayoría de la gente imagina que puede completar en dos o tres pasos, cuando en realidad consiste en un infinito número de distancias, cada una más larga que la anterior?” !Muchísimo, de hecho¡ dijo el guerrero griego, al tiempo que sacaba de su casco (Pocos guerreros griegos poseían bolsillos en aquellos días) una enorme libreta y un lápiz. ¡Procede! ¡Y habla lentamente, por favor! ¡La taquigrafía no ha sido inventada aún! ¡Aquella hermosa Primera Proposición de Euclides! la Tortuga murmuró como entre sueños. ¿Admiras a Euclides?

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Traducción de Alberto Allard. “You flatter me” en el original, que puede ser entendido como “arroyar categóricamente”. 10

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¡Apasionadamente! ¡Tanto, al menos, como pueda uno admirar un tratado que no será publicado, sino en algunos siglos más! Pues bien, tomemos un trocito del argumento en esa Primera Proposición, sólo dos pasos, y la conclusión extraída de ellos. Se tan amable de ingresarlos en tu No-Libreta8. Y en orden a referirlos convenientemente, llamémosles A, B, y Z: (A) Las cosas que son iguales a lo mismo, son iguales entre sí. (B) Los dos lados del triángulo son iguales a lo mismo. (Z) Los dos lados del triángulo son iguales entre sí. Los lectores de Euclides otorgarán, supongo, que Z se sigue lógicamente de A y B, así que quién acepte A y B como verdaderas ¿Deberá aceptar Z como verdadera? ¡Indudablemente! El niño más joven en una secundaria –tan pronto como las secundarias sean inventadas, lo cual no ocurrirá hasta unos dos mil años más adelante– lo concederá. Y algún lector que no haya aceptado aún A y B como verdaderas ¿Puede aún aceptar la secuencia como válida? Supongo. Sin duda un lector tal puede existir. Él puede decir: “Acepto como verdadera la proposición hipotética de que, si A y B son verdaderas, Z debe ser verdadera; pero no acepto A y B como verdaderas”. Un lector como ese debiera abandonar juiciosamente a Euclides, y dedicarse al futbol. ¿Y no podría también haber un lector que dijera “Acepto A y B como verdaderas, pero no acepto la Hipotética9”? Ciertamente puede haber. Él, también, haría mejor en dedicarse al futbol. Y ninguno de esos lectores, continuó la tortuga, ¿está como bajo la necesidad lógica de aceptar Z como verdadera? Correcto. Asintió Aquiles. Bueno, ahora, quiero que me consideres como un lector del segundo tipo, y que me fuerces, lógicamente, a aceptar Z como verdadera.
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“Libreta” ha sido usada como traducción de “Note-book”, que significa literalmente “Libro de notas” (N. de T.) En éste momento, Carroll propone un juego de palabras entre “Notebook” y “Not-Book”, refiriéndose la Tortuga a la libreta de Aquiles como “Not-Book”: Nolibro,no-libreta. (N. de T.)
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Se refiere en estos términos a la proposición hipotética, a la conexión de inferencia entre A, B y Z. (N. de T.) 11

Una tortuga jugando fútbol sería... Empezaba a decir Aquiles. Una anormalidad, por cierto. Interrumpió la tortuga apresuradamente. No te desvíes del punto ¡Veamos Z primero y el fútbol más tarde! ¿Tengo que forzarte a aceptar Z? dijo Aquiles meditativamente. Y tu posición presente es que aceptas A y B, pero tu no aceptas la hipotética…10 Digamos que todo es C, dijo la Tortuga. ... Pero tú no aceptas: (C) Si A y B son verdaderas, Z debe ser verdadera: Esa es mi actual posición. Dijo la tortuga. Entonces debo pedirte que aceptes C. Lo haré. Dijo la tortuga, tan pronto como lo hayas puesto en esa libreta tuya ¿Qué más tienes en ella?” Sólo unos pocos apuntes11. Dijo Aquiles, dejando correr nerviosamente las hojas: unos pocos apuntes de... ¡de las batallas en la cuales me he distinguido! Lleno de hojas blancas, ¡ya veo! La tortuga alegremente recalcó. ¡Las necesitaremos todas! (Aquiles .) Ahora escribe lo que dicte: (A) Las cosas que son iguales a lo mismo, son iguales entre sí. (B) Los dos lados del triángulo son iguales a lo mismo. El cuento, la novela y la poesía han sido géneros donde también la tortuga aparece como un personaje natural. Se le encuentra mencionada en la literatura de casi todas las naciones del orbe y de todos los tiempos. Así, figura tanto en Calila e Dimna, el Popol Vuh, el Libro de los Libros del Chilam Balam, como en el Fausto de Goethe, o en la obra poética de Federico García Lorca y de entre muchos otros autores. Es prolífica la presencia del quelonio en la literatura infantil, donde como personaje se desenvuelve al antojo del autor.
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“Memoranda” en la versión inglesa. (N. De T.) “Memoranda” en la versión inglesa. (N. De T.) 12

Se trata de un animal que permite recrearnos con su apariencia de tristeza o de alegría, en ocasiones hasta eufórico; lo mismo puede ser desgraciado o bienaventurado, solemne o sarcástico, didáctico o gruñón, profundo o frívolo e incluso angelical o demoniaco. Es material que el artista moldea a su antojo, sin remordimientos. Calila e Dimna es una colección de cuentos indios, aparentemente escritos en el siglo IV de nuestra era por un brahmán de Cachemira. El texto más antiguo conocido es el Panchatantra. Está integrado por cinco historias centrales. “El león y el toro”, “La paloma y los animales amigos suyos”, ”Los Búhos y los cuervos”, “El mono y la tortuga” y “El asceta y la mujerzuela”. Este libro está perdido, pero pasó de la versión india a la persa en el siglo VI y a la árabe en el VIII. El escrito castellano se realizó en 1215 por encargo de Alfonso X. A cada nueva versión se le incorporaron historias, diferentes interpretaciones y estilos narrativos. La más popular y que mayor difusión tuvo de éstas fue la árabe realizada por al-Muqaffa. El continente africano posee una rica veta literaria que se desarrolla a partir de las primeras sociedades y que continúa con su florecimiento hasta nuestros días. Los proverbios y adivinanzas transmiten códigos de conducta y reflejan la cultura del hablante, donde son fundamentales la argumentación y la conversación, en tanto que los mitos y leyendas representan la creencia en lo sobrenatural y explican la historia de los Estados, clanes y las organizaciones sociales más representativas. Los cuentos populares, a diferencia de las leyendas y mitos, se tienen como fruto de la ficción. Los principales actores de los cuentos africanos más famosos son la tortuga, la liebre y la araña. Estos llegaron a América a través de las migraciones al Caribe, Estados Unidos y parte de Centro y Sudamérica, como resultado del tráfico de esclavos realizado después del descubrimiento de América. Del “continente negro” proviene el cuento indígena Bubi titulado “La Tortuga y el Perro”12 que ya forma parte integral de literatura de Guinea Ecuatorial, república independiente, ubicada en el noroeste de África. La historia versa sobre un perro envidioso de las crías sanas y fuertes de la tortuga, mientras que las suyas estaban ostensiblemente desnutridas. Un día, el perro preguntó a la tortuga sobre la alimentación que le proporcionaba a sus crías. La respuesta fue: “les doy unos frutos muy nutritivos”, pero, le explicó que no lo podía llevar donde los colectaba pues el dueño había prometido despellejar a quien sorprendiera robando sus mangos.
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Cuentos Bubis. La Tortuga y el Perro Guinea Ecuatorial. 2000. Internet. www.ctv.es/USERS/aebianca

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Una vez convencida la tortuga llevó al perro hasta el árbol, pero le advirtió que en caso de uno de los frutos le cayera sobre la espalda no debía hacer ruido para que no lo atraparan. Primero fue la tortuga a recolectar, quien, protegida por su caparazón, regresó sin novedad. Cuando estuvo de vuelta, le recordó al perro que no debía chillar si le golpeaba un mango. Así advertido el impaciente can inició con la recolecta de mangos. Al poco tiempo de estar ahí, le cayó un fruto sobre el hocico, soltó un gemido corto y continuó con su labor. El segundo mango le cayó sobre el lomo, soltó un gemido un poco más agudo que el anterior, pero reponiéndose continuó con su cometido. Cuando le cayó un mango sobre la cola, los ojos se le saltaron de sus órbitas, no podía soportar el agudo dolor que le recorría por la espina dorsal y soltó un alarido. De repente se oyó una potente voz que dijo: Ajá. ¡Te tengo! Así que eres tú quien robaba mis mangos. Dicho ésto, el dueño del árbol frutal asió por el cuello al animal y lo despellejó. En Japón es famoso el cuento titulado Urashima Taro13. Esta historia se refiere a un pescador que vivía con su madre. En cierta ocasión vio a unos niños que maltrataban a una pequeña tortuga. Sin pensarlo, la rescató para soltarla en el mar. Pasaron los años... Un día mientras pescaba se le presentó la tortuga que había salvado, quien lo invitó a visitar un castillo en el fondo del mar. Una vez ahí, la princesa le dio la bienvenida y disfrutó durante algunos días de exquisitos banquetes, danzas espectáculos de peces y paseos por lugares nunca imaginados; sin embargo, no podía dejar de pensar en su madre que se había quedado sola en su casa. La princesa al ver su desasosiego, le entregó una caja que debería abrir únicamente si tenía algún problema. La tortuga llevó de nuevo a Urashima Taro a su pueblo, pero en él ya no estaba ni su madre ni su casa. Desconsolado y sin comprender qué sucedía, decidió abrir la misteriosa caja que se le había ofrecido. Al hacerlo, un humo blanco emanó de ella y de
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inmediato el pescador envejeció, debido a que mientras él disfrutaba en el castillo, había transcurrido mucho tiempo. Entre los budistas es muy conocido el cuento titulado La deuda de gratitud de la tortuga14, En el relato chino se habla de un joven llamado Mao Pao, quien adquiere, a cambio de su vestimenta, una tortuga blanca capturada por un pescador. El joven y el quelonio vivieron juntos hasta que llegó el momento de liberarla. Pasado el tiempo Mao Pao llegó a ser general del ejército imperial. En cierta ocasión, al ser atacado por el enemigo, sus tropas fueron diezmadas y los sobrevivientes tuvieron que huir hacia el río Yan-tzé. Sin escapatoria, los soldados se vieron obligados a arrojarse a las aguas so pena de ser ejecutados por el enemigo, pero el peso de sus armaduras los hundía en las profundas aguas donde morían ahogados. Mao Pao, sin opción, también saltó al río, pero antes de tocar el fondo fue salvado por su vieja amiga, la enorme tortuga blanca, que lo remolcó sobre su concha hasta la otra orilla. La tortuga estaba feliz porque finalmente había retribuido su deuda de gratitud. No puede faltar la relación de Canek, obra poética escrita en prosa que es en sí historia y leyenda de un héroe maya de la Península de Yucatán. Amante de los débiles, lucha contra la injusticia y encabeza la rebelión de su pueblo, causa por la cual muere ajusticiado. Canek escribe La Doctrina, de la cual se extrae la segunda parte, donde hace mención a la tortuga; no obstante, se trata de una reflexión sobre los hombres blancos y los indios mayas, donde estos, al final, son los auténticos dueños de su historia y de su destino. Canek dijo: Los hombres blancos no saben de la tierra ni del mar ni del viento de estos lugares. ¿Qué saben ellos si noviembre es bueno para quebrantar los maizales? ¿Que saben si los peces ovan en octubre y las tortugas en marzo? ¿Qué saben si en febrero hay que librar a los hijos y a las cosas buenas de los vientos del sur? Ellos gozan, sin embargo, de todo lo que producen la tierra, el mar y el viento de

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Budismo para Gente Joven. www.cebunet.com

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estos lugares. Ahora nos toca entender, cómo y en qué tiempo debemos librarnos de este mal15. La literatura maya contiene cuentos de gran valor, pero que fueron tomados, en algún momento, del acervo universal y pasaron a ser parte integral de esa cultura. De ese origen, se incluye el cuento titulado La Tortuga y el Venado en su versión original en lengua maya. La traducción corresponde a Carlos Herrera Mas, colaborador de la Secretaría de Ecología del Gobierno del Estado Campeche. Juntúul áak yéetel juntúul kéej Jump’éel K’iine’ chéen táan u máan juntúul chan ichil k´’áax, kaj ila’ab tumen juntúuñ kéej – Ola amigo, ¿tu’ux ka bin? – Ku ya’alik kéej ti’ chan áak. – Chéen táan in xíinbal, chéen táan in máan waye’; kux teech. ¿tu’ux ka bin? – Chéen táan in xíinbal xan. Kaj jo’op u tsikbalo’ob. Ichil táan u tsikbalo’obe’, le kéeje’ tu ya’alaj ti’ le chan áake’: –Chan áak, óostsil teech, jach kóom a wook, ma´ta páajtal a wáalkab, jach chambeel a címbal. – Bey a táan wa, nuxib kéej. Wa a k’áate’, ko’ox k ilik máax ku yáax kúchul tu xuul le beja’. Kaj joóp u cheéj le nuxib kéeje’. Ka túun tu ya’alaj: Otsil teech chan áak, jach kóom a wook, ma’ta páajtal a waalkab. ¿Ma’ wa ta wilik bix a wook, bix túun a k´’áat áalkab tin wéetel? Oostsilech, ma’ ta páajtal a tu xuul le beja’. Ka túun tu núukaj le kéeje’. – Bey túun, sáamal k ilikbaj waye’.
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Abreu Gómez, Ermilo. Canek. Ediciones Oasis, México 1973.

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Le chan áake´bin u táan u yéet batsiloób, ka tu ya’alaj ti’ letio’ob: – Sáamal in p’isik in muuk’ yéetel juntúul nuxib kéej. Sáamal in wáalkab yéetel leti’. In k’áat ka a wáantene’ex, in káat ka taalake’ex tin wéetel, ka a tsolabae’ex tu jaal le bejo’. Le ken t’áanak, le nuxib kéejo’ le máax yáan táanil tie, ku núukik u t’aan. Tene’kin bin kutal tu xuul le bejo’ in páat u taal le kéejo’. Ha tu núuko’ob le chan áako’be’. – Ma’alob túun, ko’one’ex pajik u subtal nuxib kéej. Le kaj kúch u k’iinil u yilkubao’ ob, mali’ kúchuk le kéeje’, le chan áako’obe’ bin u tsolubao’ob tu jáal le bejo’. Ma’ sáame’, ku k’uchul nuxib kéej, ka tu ya’alaj: –Ko’ox túun chan áak. Jóokén tánil. –Ko’ox túun, ba’le’ ko’ox ket jóok’ol. Kan jóop’ u yáalkabo’ob. Ma´sáame’, ku yaálik nuxib kéej: – ¿Tu’ux yanech chan áak? Ka tu núukaj juntúul chan áak táanil ti’. –Waye’, ts’o’ok in máansikech nuxib kéej. Ka jo’op’ u lep’ik u yóol áalkab le kéeje’. Ma’ sáame’ tu ya’alajkéej tuka’aten: – ¿Tu’ux yanech chan áak? Ts’o’ok in chukik a paach. Ka tu núukaj’ chan áak táanil ti’. – Waye’, táan in bin táanil ti’ teech, ma’ ta páajtal a chukik in paach. Ka jo’op’ u chichkúuntik u yáalkab le kéeje’. Ka jo’op’ u ka’anaj le óotsil kéeje’, Ku táane’, ku núuka’al tumen juntúul chan áak táanil ti’. Le kaj k’uch tu xuul le bejo’, le kaj tu yóoltaj kutal, tu yu’ubaj u t’aan le chan áake’. –Ola amigo, ma’ a kutal tin wóokol. Táan a wilik wa, k’uchken táanil teech. ¿Ma’ wa ta wa’alak jach xiibechi?
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Le óotsil kéeje’ tu ch’a’aj subtal kaj jook’ yáalkab. Le chan áako’obe’ chen táan u jajalche’e’o’ob. Ts’o’okij16
LA TORTUGA Y EL VENADO

Un día, al pasear por el bosque, la tortuga fue avistada por un gran venado, quien le dijo:
–Hola

amigo. ¿A dónde vas? estoy paseando, estoy de paso por aquí. -¿Y tú, a dónde vas?

–Solamente –Pues,

yo también estoy de paseo.

Comenzando a platicar, el venado le hizo a la pequeña tortuga un comentario.
–Tortuga,

pobre de ti, teniendo patas cortas no puedes correr, sólo caminar

despacio.
–Eso

dices, venadote. Si quieres vemos quien llega primero al final del camino.

El venado riéndose dijo: –Pobre de ti tortuguita. Lástima que tienes patas cortas, no podrás correr. Como vez, jamás podrás competir conmigo. Pobre de ti, tardarás en llegar al final del camino.
–Por

eso mañana aquí nos reunimos.

La pequeña tortuga buscó a sus compañeros y les platicó de la competencia:
–Mañana mido mis fuerzas con un venado grande en carreras y quiero que ustedes me ayuden. Quiero que vengan conmigo y se coloquen a la orilla del camino. Cuando el gran venado hable, la que se encuentre delante de él le contestará; mientras, voy a sentarme al final del camino a esperar que llegue el venado.

Las tortugas contestaron:
–Está

bien, vamos a esperar que llegue el gran venado.

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Anales (Instituto Nacional de Antropología e Historia) Tomo Xvii-1964. XLV de la Colección/Secretaría de Educación Pública. México 1965. Tres cuentos mayas. Moisés Romero Castillo. p. 303

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Cuando llegó el gran día de la competencia, antes de llegar el venado, las tortuguitas se colocaron a la orilla del camino. Después de un rato llegó el venado y dijo: entonces a correr tortuguita, que ya llegué. Entonces vamos a comprobar quien ganará. Un rato después de que iniciara la carrera, el venado preguntó:
–¿Dónde –Vamos

estás tortuguita?

Entonces contestó una tortuguita delante de él:
–Aquí

estoy. Ya te rebasé.

El venado siguió corriendo, después de un tiempo volvió a preguntar:
–¿Dónde –Ya

estás tortuguita?

te alcancé. -Contestó otra tortuguita que estaba delante de él-. Aquí estoy, delante de ti. No me podrás alcanzar. Entonces el venado apresuró su carrera. El venado empezó a cansarse, y cada vez que hablaba le contestaba otra tortuga delante de él. Al pobre venado las fuerzas lo abandonaban y no podía correr tan rápido como al principio. Al llegar al final del camino quiso descansar, pero escuchó la voz de la tortuga:
–Hola amigo, no te sientes sobre mí. Estás viendo que llegue primero que tú. No dijiste que eras muy macho.

El pobre venado dejó su orgullo a la salida del poblado.
–Las

tortugas al final sólo se carcajeaban.

Francisco de Quevedo y Villegas, máximo representante del barroco español, escribió en 1603 La vida del buscón llamado don Pablos, novela picaresca pletórica de originalidad, consistente en la visión vitrólica de la sociedad a la que él pertenece. El principal representante del conceptismo -reacción artística en contra del culteranismo prevaleciente en la época- hace su juego formal en la condensación
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expresiva y para ello se sirve de la polisemia, las elipsis, las antítesis y las paradojas; en suma, de todo lo que exija una agudeza conceptual. La actitud crítica de Quevedo es más bien una reflexión amarga del mundo que le tocó vivir. Representó un desafió estilístico sobre las posibilidades del género literario y de la utilización del idioma de su tiempo. En sus obras el genial escritor español no podía descartar su observación de la tortuga para utilizarla como imagen, al decir en el capítulo V de esta singular pieza literaria: Amaneció, y helos aquí en camisa a todos los estudiantes de la posada a pedir la patente de mi amo. El, que no sabía lo que era, preguntome que qué querían, y yo, entre tanto, por lo que podía suceder, me acomodé entre dos colchones y sólo tenía la media cabeza fuera que parecía tortuga...17 Es evidente que Quevedo se refiere con certeza a la propiedad de la suborden correspondiente a la tortuga marina, la cual es capaz de retraer la cabeza al interior de la concha con un movimiento telescópico del cuello. En la imagen literaria esta propiedad exclusiva de los quelonios marinos está magistralmente representada por los colchones que sólo dejan ver una parte de la cabeza del personaje. Para un hombre universal contemporáneo como Pablo Neruda, no podía pasar desapercibido este animal milenario de quien escribe un breve pero excelente poema titulado La Tortuga. En esta pieza expone, con el virtuosismo característico del poeta chileno, el legendario transcurrir del quelonio, el cual después de vivir siglos, donde todo lo vio, sorteó mil dificultades y disfrutó de múltiples placeres, se quedó dormida y de tan vieja se endureció hasta convertirse en piedra. Hela aquí: La tortuga18 De las piedras de Chile L a tortuga que anduvo tanto tiempo y tanto vio con sus antiguos ojos, la tortuga que comió aceitunas del más profundo
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Quevedo y Villegas, Francisco de. La vida del Buscón llamado don Pablos. Porrúa, 1985, Sepan Cuantos...

Biblioteca Universal Virtual. Facilitado por la Universidad de Chile 20

mar, la tortuga que nadó siete siglos y conoció siete mil primaveras, la tortuga blindada contra el calor y el frío, contra los rayos y las olas, la tortuga amarilla y plateada, con severos lunares ambarinos y pies de rapiña, la tortuga se quedó aquí durmiendo, y no lo sabe. De tan vieja se fue poniendo dura, dejó de amar las olas y fue rígida como una plancha de planchar. Cerró los ojos que tanto mar, cielo, tiempo y tierra desafiaron, y se durmió entre las otras piedras. Tomás Moro, seudónimo usado por Alfredo Quíspez Azín, poeta peruano (1903-1956), es considerado como la voz más pura del surrealismo hispanoamericano, cuya obra fue escrita principalmente en francés. También este artista se inspiró en los quelonios, con ese fulgor visionario de sus imágenes y con el profundo sentido onírico que raya en lo místico en su experiencia creadora,
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como es el caso de la poesía publicada en español La Tortuga Ecuestre, obra cuyo sólo título es una señal de lo insólito de su contenido. Las imágenes inspiradas en el ser de la tortuga se encuentran a través de la literatura contemporánea. En Charles Bukowsky, poeta y narrador norteamericano, creador de un estilo provocador, sórdido, lleno de emociones y sentimientos, en Cuando muera el matorral nadaré en el río Green con el pelo en llamas, recopilado en la antología de poesía y cuentos Peleando a la contra, obra publicada en 1995, un año después de su muerte, donde se pueden apreciar sus primeras cualidades estilísticas: … a las 6 en punto empiezan a llegar las mujeres como el mar o como el periódico de la tarde y, como las hojas del arbusto de ahí afuera, están un poco más tristes ahora; bajo las persianas mientras los científicos deciden cómo ir a Marte o cómo salir de aquí. Llega la tarde, es el momento de comer un pastel, es el momento de la música Whitman está allí, como un cangrejo, como una tortuga congelada y yo me levanto y cruzo la habitación19. En 1998 Javier Tomeo, escritor español publicó El canto de las tortugas, obra que viene a ser el broche de oro al mundo atrevido, directo y contundente, donde el bestiario de personajes y situaciones transitan entre el realismo y lo grotesco, de tal suerte que crea una narrativa experimental francamente humorística. Se trata de una óptica del mundo donde lo peculiar y el absurdo tienen su feudo. De El libro de los seres Imaginarios”, parte de la obra conceptual expresada con inigualable riqueza verbal y profundidad por el genial escritor argentino Jorge Luis Borges, se extrae el siguiente fragmento: “Hay quien afirma que este reptil, madre de todas las tortugas, estaba hecho de agua y fuego; otros le atribuyen una sustancia menos común: la luz de las estrellas que forman la constelación de Sagitario”20. Huellas de Tortuga, libro inédito del venezolano Víctor Meza Hernández, que tal vez algún día sea impreso por la Secretaría del Estado de Aragua, -según informa el autor- se tomaron algunos extractos publicados por el escritor aragüeño, quien es uno de los fundadores de la peña literaria Chahuakao. Huellas de tortuga Día de la Tortuga.
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Bokowski, Charles. Peleando en contra. Antología de Poesía y Cuentos. Editorial Planeta. Barcelona. 1995. p.156 Borges, Jorge Luis. El libro de los seres imaginarios México, Emecé Editores. Buenos Aires. 1986. P.56

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La luna ha pasado millares de veces por encima de su concha, puliéndola, dándole un brillo perlado sin igual que con la luz se torna evanescente. No siente ansiedad alguna. Dos lágrimas viajan de sus ojos al polvo para fabricar el molde a su rastro... ... Ya de día, la tortuga saca cada vez más la cabeza, otea el horizonte y se emociona con las barbas blancas que penden del cielo azul... Ante ella el camino. Hunde sus patas en la tierra floja y cálida... Piensa que lo importante es caminar. Trata de voltear para precisar sus huellas y no lo logra... Ya otra de su género recorrerá su rastro sempiterno. La tortuga recibe su alma. Día de la trascendencia También en mí, fue una necesidad primordial lograr un alma ya que sin ella no podría transitar en el océano. Tardé cinco eras esperando por ella y por su concha (que es un accesorio indispensable para la travesía) hasta que me fue concedida. Una vez recibida y colocada en un lugar seguro de mi cuerpo, transité con más amor y fuerza los días sucesivos, demostrando a mi descendencia lo acertado que fue la búsqueda y la espera paciente”. La Utopía Día de la fecundidad. A la distancia de la orilla. Detrás de mis huellas y un horizonte, un perfil de la tierra y sobre éste una niebla amarillo siena... Ya es el cansancio, pero con un punto de luz en el centro. Una playa blanca, microscópica, con la arena suficientemente suelta y cálida para el desove de mi compañera que me sigue con paso resignado. Estamos dejando nuestros hijos enterrados en la arena, será el tiempo y la suerte los que dicten la sentencia: vivir o morir. De cualquier forma la vida de los quelonios se hace más pesada a medida que su concha envejece. ¿Cómo es posible que dejemos a nuestros hijos sólo una pesada caparazón? ¿Por qué no desechamos en un trance genético todo eso tan pesado que nos hace estar tan distantes de nuestros orígenes?
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Allí están los huevos en la arena cálida. Tal vez sea éste el único momento límbico, el único tiempo verdadero, feliz y sin compromisos con ningún Dios que luego pida cuenta de sus huellas, de sus pasos... La tortuga entrega su alma Día de la ofrenda Cuando el tiempo hizo fósil mi existencia, sentí la necesidad de entregar mi alma y su concha a Dios. Cuando de la playa que habían dejado a mi cuidado huyeron las nubes, y en su lugar flotaron amenazantes masas informes expulsadas por chimeneas absurdas, sentí la necesidad de entregar mi alma y su concha al Dios Tortuga. Cuando por mi playa ya sólo deambulaban seres monolíticos e incoloros, sentí más profunda esa necesidad. Y cuando los seres del planeta olvidaron tomar en cuenta la opinión de nuestra hermana mayor, todo estaba consumado. Cuando todo esto fue... ya no era21. La metodología de esta investigación pudo ser constatada a través del libro Leyendo en la Tortuga, escrito por Silvia Molina, -hija del campechano universal por excelencia, Héctor Pérez Martínez- casualmente nacida en el Distrito Federal, pero cuyas profundas raíces están en el estado de Campeche. La prolífica escritora publicó este libro en 1981. Es posible que con el fin de recrear un grato paralelismo con ese singular trabajo, surgiera la idea, en el seno del consejo editorial, de incorporar a esta edición la presencia del quelonio en la cultura de los pueblos. Del citado libro se extrae parte importante de la introducción, donde nos ilustra con excelente prosa sobre aspectos de innegable valor, relacionados con la tortuga en el devenir de la humanidad: LA TORTUGA, REPTIL LENTO por excelencia, es un ser agazapado de mirada triste. Tal parece que sufriera una condena cargando con su casa –pétrea, pesada- y con milenios de dolor. Animal mágico, lujurioso, tolerante, lleno de fortaleza y participe de la longevidad del cosmos, es considerada como un fósil viviente porque surgió sobre la tierra hace trescientos millones de años. La tortuga aparece en la mitología, en la magia y en la religión de muchos pueblos desde la más remota antigüedad, con una marcada coincidencia en la utilización de sus símbolos: asociada al agua y a la tierra; imagen de la pereza;
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Meza, Víctor. Huellas de tortuga en “Letralia. Letras de la Tierra de Letras, La poesía y la narrativa Hispanoamericana”. 2000 Venezuela Internet: www.letralia.com.

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símbolo de la lujuria; representación del silencio, del cosmos y del sueño; emblema del tiempo y de la inmovilidad. La literatura es, quizá, el testimonio más fascinante de la curiosidad del hombre por este reptil a lo largo de la historia. Resulta asombroso ver como la tortuga ha sido creada recurriendo, consciente o inconscientemente, a los atributos que la mitología de los pueblos primitivos le otorgó. En las fábulas, por ejemplo, la tortuga se burla sabiamente de otros animales bajo el pretexto de su torpeza o por el aspecto pétreo que la asocia, casi invariablemente, ya al tiempo, ya al movimiento. La tortuga se relacionó con la magia debido a las tradiciones orientales de leer presagios sobre su caparazón; todavía más, la tortuga era en sí un animal mágico que podía vivir eternamente sin necesidad de respirar ni comer. La magia del reptil consistía también en que su carapacho era por un lado la representación de la tierra y por el otro, la del universo. La importancia de este animal crecía en la medida en que se observaba la cura de enfermedades cardiacas y renales gracias a los poderes medicinales de la concha. El vocablo tortuga proviene del femenino del latín tardío Tartarukhos, de tártaros (infierno) y ekho (yo habito), y a pesar de que en muchas culturas es una representación del mal, de hecho, este reptil es parte esencial de la economía de todos los pueblos donde existe. Antiguamente el caparazón pulido se empleaba como espejo, pero realmente su prestigio reside en que se le utiliza en la ornamentación o fabricación de objetos de tocador y alhajas. Son también famosas las incrustaciones de carey en muebles de maderas preciosas. Se sabe que los romanos hicieron un gran consumo de carapacho que venía del Mar Rojo y del Mar de las Indias y que los japoneses, durante siglos, han sido muy buenos artesanos en la concha de tortuga. Con el caparazón se fabricaron en muchas culturas instrumentos musicales, de allí que la literatura también asocie la tortuga con la música. De todos los reptiles, es la tortuga el que se halla con mayor frecuencia en el menú del hombre: se comen tanto la carne como los huevos; lo que ha dado origen al temor de la extinción de este animal. La carne de la tortuga se usa inclusive, para la pesca de otras especies marinas. En el siglo XIX el galápago fue importantísimo en la alimentación de balleneros y piratas porque descubrieron que podía vivir en la cubierta de los barcos por mucho tiempo sin comer. La industria codicia el aceite de la tortuga (con el que se fabrica cremas faciales y jabones de tocador), y dos sustancias gelatinosas llamadas calipee y calipash, con las que se elaboran sopas enlatadas. Puesto que la tortuga ha influido en la conformación de mitología, religión, magia y literatura, es natural encontrarla también en las artes plásticas. Pintura, escultura y arquitectura han dado lugar a magníficas representaciones de este animal en todos los rincones del mundo. Las estelas de Quiraguá en Guatemala,
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llamadas Las tortugas; la Casa de las Tortugas en Uxmal o el mural del Templo de los guerreros en Chichén Itzá, podrían ser una buena muestra de ello, así como los cuadros de los pintores japoneses Hokusai y Sunsen. A mi juicio, Francisco Toledo es el pintor que mejor ha sabido captar y plasmar con hermosura y sutileza las formas misteriosas de este quelonio...22 El libro de Silvia Molina, hoy por hoy representa un modelo a seguir en la realización de investigaciones de este tipo, en virtud de su limpia metodología, su marcado interés antropológico y su prosa atrayente que es una invitación al descubrimiento del quelonio. El texto, que propiamente es una recopilación, sino acabada, si muy importante por su carácter precursor que ejemplifica las múltiples facetas –mitológicas, simbológicas, zoológicas, sexológicas y literarias- del mundo fantástico y real de la tortuga. Otro campechano contemporáneo brillante, de exuberante creatividad, que se conduce con propiedad y rapidez inusitadas por los caminos de la ciencia, del arte y de la ilusión poética es Gustavo Ramos, cuya obra, aunque poco conocida, no deja de ser importante, tanto por su riqueza conceptual y conocimiento del idioma, que conjugados con una particular visión fantástica y otra muy clara de la realidad, introduce al lector por caminos poco explorados. De la obra inédita de Ramos, Cantortuga, extrajimos los siguientes segmentos que, por sí solos, representan una nueva zoología fantástica que confunde magistralmente lo terreno con una ficción convincente, mágica, absolutamente aceptada por increíble. Para deleite de los crédulos por excelencia, del prospecto literario extrajimos algunos fragmentos: ¿Alguien sabe de que mueren las tortugas?, de aburrimiento. Les crece lentamente dentro de la piel, como las algas debajo de su caparazón. Etéreo al principio, se confunde con el olor de la marea, con el salitre y su textura, con el rabioso cielo del atardecer y con el murmullo de las rezadoras cotidianas, las perpetuas. Pero continúa creciendo y entonces cobra forma: gana peso, espacio, se torna sólido, se expande, ocupa, presiona, comprime… ¿Alguna vez he dicho de qué mueren las tortugas?… El mejor aliado de las tortugas es el tiempo. También su enemigo más mortal. Cualquier tortuga, incluso las jóvenes, conoce el valor del tiempo. Aprenden a distribuirlo, a usarlo, a emplearlo como moneda y, por último, a padecerlo con entereza y hasta con cierta elegancia cansada. Es un duro arte y por él las tortugas deben pagar tributo. He aquí porqué suelen tener los ojos cubiertos de una pátina acuosa, como si fueran lágrimas. Algún día un investigador descubrirá la verdad acerca de las tortugas y de la música. Es una relación no demasiado evidente, complicada por el hecho de que la carencia de orejas en estos animales induce a la gente a pensar que
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Op. cit. pp.9-11 26

tampoco tienen oídos, lo cual es insensato. Una tortuga no podría existir sin oídos; es más, no se registran casos de sordera entre las tortugas y los que lo parecen son únicamente violentos accesos de indiferencia, ese sí, un padecimiento común entre la especie. Pero volviendo al tema, diremos que la música es una parte fundamental en la vida de las tortugas. De hecho (y ésta, es una revelación que jamás se escribirá en otra parte) su proverbial lentitud obedece a que detestan contaminar, con el ruido de sus pasos, su propia música. Desde su nacimiento, cada tortuga registra una melodía única e irrepetible que se entreteje con fuerza en cada una de sus fibras. Está compuesta de mar y sangre, de atardeceres solitarios, de bancas abandonadas que languidecen en lo alto de los cerros que miran hacia la playa, tiene la armonía de la luz solar y el ritmo del oleaje y de la lluvia, está hecha de truenos y de cuerdas, contrapuntea en cada latido y tiene los colores de la brisa. Le pertenece a cada tortuga y hasta le sobrevive. Con un poco de suerte, es posible escuchar el eco de esa música en los caparazones vacíos que, a veces, se encuentran entre la arena. Pocos individuos sobre la tierra imaginan que algunas tortugas son capaces de volar. Como los pájaros, utilizan un par de alas –tenues e iridiscentes- con las cuales pueden desplazarse por el aire sin hacer el menor ruido. El tránsito hacia lo que constituye la fase aérea de su existencia es complejo y todavía materia de estudio. En virtud de que suele presentarse en las etapas avanzadas de su vida, algunos estudiosos han aventurado la teoría de que no es sino un paso lógico en su propia secuencia evolutiva. Otros, inconformes por las limitaciones de este planteamiento (que no explica por qué motivo la pterogénesis no es un fenómeno generalizado en la especie), arguyen intrincadas razones psicológicas entre las cuales el impulso evasivo de la realidad consensual, ocupa un lugar preponderante. Lo cierto es que las tortugas, aéreas o no, ignoran por completo los febriles debates académicos que sus hábitos originan y permanecen, en su mayoría, en los cómodos esteros de la costa desde donde pueden observar con tranquilidad, y hasta con una pizca de temor reverente, las evoluciones que en el cielo realizan sus privilegiados congéneres, los que vuelan. Todas las tortugas sienten una extraña fascinación por los acertijos. No importa cuán complejos o sencillos puedan ser, siempre habrá una dispuesta a enredarse con ellos. Desde luego, no hablamos de laberintos o vulgares pruebas de laboratorio, indignas aun de las pobres ratas que las toleran, no. Nos referimos a otros acertijos más sutiles y de respuestas menos ciertas. Cuando una tortuga resuelve un enigma, experimenta un profundo placer interior y hay quienes afirman que hasta llega a estremecerse. Sin embargo, cuando el misterio la vence, debe, aparte de soportar la pena, hacerlo del conocimiento de cada una de las tortugas que encuentre a lo largo de su vida. Ninguna de ellas, aunque pudiese, se atrevería a resolver el enigma insoluto. Así se establece una verdadera memoria de especie, dicen. Revisando el Catálogo de insolubilidades
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de la especie quelonia, podemos transcribir algunos de los enigmas ancestrales de las tortugas: Enigma 1: ¿Tienen las tortugas hembra corazón? Enigma 2: ¿Tienen las tortugas macho cerebro? Enigma 3: ¿Si es posible volar, ¿para qué molestarse en caminar? Enigma 4: ¿Velocidad de la luz?, ¿acaso se mueve? Enigma 5: ¿Puede una tortuga morir por otra? Enigma 6: ¿Puede trazarse un camino entre dos tortugas sin pasar por ninguna de ellas? Enigma 7: ¿De cuántas formas puede una tortuga evitar el sufrimiento? Enigma 8: ¿Puede evitarse la muerte?, ¿y la vida? Las tortugas son animales solitarios. La circunstancia de nacer grandes aglomeraciones no cambia en nada este hecho y constituye, de cierto, el único acto colectivo de toda su existencia. Contribuye a esta circunstancia su hábitat marino, enorme, azul y quizá hasta un poco desolado. Así que por esa razón no es común encontrar tortugas en grupo. Algunos cazadores de tortugas se aprovechan de esta situación y utilizan ingeniosos señuelos. Los más sofisticados pueden incluso –según dicen- despedir un sutil olor a profundidades oceánicas. Muchas tortugas jóvenes son atrapadas por estos señuelos y desaparecen del mar o de la playa. El único resto de su fugaz existencia, cuando queda alguno, suele ser un caparazón vacío que no emite ningún sonido, ni siquiera cuando el aire lo atraviesa. En el principio las tortugas moraban en el aire. Compartían con las aves ramas y nubes, pedazos de cielo, fragmentos de un azul que desde hace mucho ya no se ve en el mundo. En ese entonces la arena de ninguna playa conocía sus huellas, ningún rastro de salitre maculaba sus caparazones y no existían historias de tortugas. Eso dicen las leyendas que narran, por las noches, las Tortugas Mayores… Sobra decir que nadie cree en ellas… ¿alguien ha visto –alguna vezvolar a una tortuga? A ciertas tortugas, pero principalmente a las aéreas, les atraen los sueños de las personas. Por las noches, se deslizan con sigilo tierra adentro para buscarlos. Cuando encuentran una persona volando, se acercan a ella y se acomodan en su oído izquierdo. Desde ahí, juegan con los sueños, mejor dicho, con el material de que están hechos (parecido a los algodones de azúcar que comen los niños, aunque no dulce ni pegajoso, dicen)construyen con él altísimos castillos, montañas enormes pero ligeras como el vapor de la arena, sistemas
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planetarios luminosos y terribles, cascadas y escaleras infinitas, construyen, construyen, construyen hasta que se aproxima el alba y entonces deben volver a la playa y lo hacen volando y algunos pescadores mañaneros suelen confundirlas con luciérnagas. Las tortugas-que-juegan-con-sueños deben observar una regla inquebrantable: no alterar el contenido del sueño en modo alguno, lo que equivale a decir que no deben involucrarse en/con él. Una tortuga, se cuenta, fabricó una vez una hermosa escalera de sueños y, viéndola tan perfecta, empezó a subir por ella. Mientras la tortuga ascendía, los peldaños inferiores empezaron a desaparecer obligándola a ir con mayor velocidad. Pronto la imagen de la tortuga subiendo desesperadamente una escalera que desaparecía tras ella, se desvaneció con el azul del cielo y, desde entonces, fue decretada la Prohibición de los Sueños la cual es acatada sin reservas por todas las tortugas. El mecanismo que guía a las tortugas de regreso a sus playas nativas es todavía un misterio para los académicos. Se habla de biomagnetismo, de memoria visual, de influencias estelares. Pero la verdad es infinitamente más sencilla. Cada tortuga lleva inscrito, en las circunvoluciones de su caparazón, un detallado mapa de regreso a casa. Se rebate esta verdad inobjetable arguyendo que, como las huellas dactilares, las circunvoluciones de los caparazones son marcas distintivas, únicas e individuales, de cada tortuga. Esto es cierto. Pero también lo es que cada tortuga sigue su propio camino y por eso requiere un mapa individual que sólo a ella servirá. Esto, muy pocos lo comprenden. Las tortugas aman el sol. Desde sus oscuras profundidades ascienden cada día para saludarlo, para dejarse estrechar por su tacto amable. Esto ha generado una excelente relación entre ellos y enloquece vivamente a los estudiosos empeñados en sujetar la especie al elemento acuático. Así pues, las tortugas pertenecen, sobre todo, al aire, pero han escuchado durante tanto tiempo que su lugar de origen es el mar que la mayoría ha optado por creerlo. De vez en cuando el sol les murmura al oído antiguos secretos, y entonces recuerdos soterrados empiezan a bullirles por dentro con resultados imprevisibles. Quienes comparten estas creencias sostienen que las tortugas no aman tanto al sol, en sí mismo, como a la luz que proyecta y, aventurándose más, afirman que se han dado casos de tortugas que han emprendido el vuelo o que han nadado hasta el horizonte para buscar la fuente de luz donde el sol la toma. Cuando muere una tortuga las demás casi nunca se dan cuenta y por eso siguen con sus paseos y sus vueltas por toda la playa. Eso lo aprenden pronto, desde temprana edad, y por esta razón casi siempre eligen lugares solitarios y distantes para morir. Algunos estudiosos afirman que, al igual que los elefantes, las tortugas tienen cementerios colectivos tan bien escondidos como los de aquellos, pero como lo único que puede encontrarse en esos sitios son caparazones vacíos, es lógico que a nadie interesen. En lo que no se logran poner de acuerdo estos científicos es en la localización de tales lugares. Unos afirman convencidos que deben hallarse en las profundidades del mar, en cuevas tan
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oscuras como remotas, a merced de corrientes invisibles y custodiadas por anémonas o medusas. Otros sostienen que es posible encontrarlos tierra adentro, pero cerca de las playas, en sitios donde la arena empieza a verdear por la hierba. Otros, los menos, están seguros que, si existen, estos míticos lugares deben estar situados en el aire, quizá escondidos entre las nubes o suspendidos de la bruma que, aveces, se incendia al paso del sol por el horizonte. Las tortugas son animales insondables. Ni aún las más pequeñas suelen revelar sus secretos, sus propósitos, las obsesiones que, como faros inextinguibles, las orientan en sus largas travesías. Es tal la reserva que en ellas existe, que son muy pocas las que pueden dar cuenta de alguna otra tortuga, en el remoto caso de que a alguien le interesen las averiguaciones de ese tipo. Sin embargo, se habla de algunos estudiosos, porfiados, perseverantes, que se han propuesto hacer hablar a las tortugas. La técnica o procedimiento es algo, como podrá comprenderse, celosamente guardado y por eso no se explicará aquí en detalle, baste decir que se requiere del concurso de dos tortugas de sexo opuesto y, de preferencia, de edades distintas (esto puede distinguirse fácilmente por el tamaño del caparazón). El asunto, en términos amplios, es muy similar a la forma en que los cazadores de pájaros entrenan a sus aves “maestras”, o a la forma en que se enseña a las palomas mensajeras. Así, lo primero que debe hacerse es juntar a las tortugas durante una o dos vidas (esto puede llevar muchos años, o solamente pocos minutos). Después, las tortugas deben separarse de manera abrupta y repentina (los investigadores subrayan la importancia de esto último: debe ser una ruptura sorpresiva, por completo inesperada, para que se alcance el efecto deseado) y a cualquiera de ellas, aunque usualmente se utiliza el macho, se le aísla por completo en una habitación insonorizada y dotada de potentes micrófonos. La teoría afirma que, con el suficiente tiempo de exposición, la tortuga empieza a desarrollar un lenguaje inteligible. Hasta donde se sabe, nuestros científicos no han logrado obtener en sus cintas más que murmullos suaves y hasta un poco lastimeros. Para las tortugas la muerte sólo tiene tres colores: puede ser gris, éste es el color de la muerte por hastío y, por eso, no el menos conocido por la mayoría de las tortugas. También puede ser amarilla. Este es el color de la muerte por descuido y se presenta cuando alguna infortunada –o distraída- tortuga tiene la desgracia de quedar boca arriba, es decir, apoyada sobre el caparazón y entonces debe morir a manos de lo que más ama: la luz del sol. Por último, puede ser roja. Este es el color más conocido entre las tortugas. Es el de la muerte violenta, el de la crueldad acerada en ojos y cuchillos, el de la muerte-con-menossentido-que- las-demás-muertes”. Tortuga varia En los “comics” y la picaresca popular, han sido expresiones fundamentales de los pueblos, donde aparece sublimada la presencia siempre festiva de la tortuga. Nada se le compara en gracia cuando sus imágenes son tratadas con
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sarcasmo, natural frescura y humor. Existen expresiones de este tipo que encierran en sí mismas llamados a la preservación de la especie. La escritora y periodista argentina contemporánea María Elena Walsh, autora e intérprete de canciones, desde muy joven mostró dotes de poeta y con el paso de los años ha tenido una larga trayectoria internacional a través de la creación literaria. Desde 1977 colabora en el suplemento del diario Clarín, con entregas periódicas sobre la vida de la tortuga Manuelita, personaje que permanece en el gusto del público. De la picaresca popular mexicana, de suyo rica y variada, se rescata el cuento que se refiere a la tortuga, donde se hace una sátira de su lentitud: Un día, los animales de la selva se reunieron para festejar el cumpleaños del rey León. Todos los participantes cooperaron para halagar a su líder. Fue tal el éxito de la fiesta que a la mitad de ella ya se había consumido todo el licor. El cantinero, un hipopótamo muy alegre, le refirió la carencia al homenajeado, quien de inmediato ordenó: ¡Que alguien vaya por más licor! Todos trataron de rehuir la mirada escudriñadora del rey, pues nadie estaba dispuesto a dejar de bailar en ese momento. La tortuga que, por razones obvias, únicamente veía como los demás se convulsionaban al ritmo de la estridente música, pronto quedó al alcance de la vista del león, quien ordenó tajante: ¡Que Vaya la tortuga! Exclamación que todos secundaron. El jolgorio continuó creciendo en entusiasmo y sed conforme pasaba el tiempo, pero la tortuga no llegaba. El voluminoso cantinero, preocupado por la larga demora, se dirigió de nuevo al león para explicarle la penosa situación. El rey de la selva preguntó a la concurrencia sobre la tardanza de la tortuga. Un silenció sepulcral llenó el salón. De pronto, el mono, engullendo un plátano, dijo con evidente disgusto: De haberlo sabido, hubiera ido yo deslizándome entre las ramas. La rana, con voz profunda secundó: a saltos ya hubiera ido y venido dos o tres veces. La liebre, tradicional rival de la tortuga, no se quedó atrás: ¡Se los dije! No se puede confiar en esa lentona.
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A estas expresiones se unieron muchas más que censuraban el hecho, hasta que la tortuga se hizo presente y enfadada les anunció a todos los invitados: ¡Si continúan hablando mal de mí, no voy por el licor¡… Otro de tortugas, extraído del dominio popular en Honduras: Aprovechado y habilidoso Tolentino Oquendo… ¡pah su mecha! En una ocasión vino una peste y empezaron a morir todas las tortugas de todos los aljibes. Tolentino en seguida se puso las pilas para idear cómo podía negociar con el infortunio. Cazó una mulita, la disfrazó de tortuga y la fue a vender al viejo Estergidio Bablo. -Aquí le traigo esta tortuga, pa’ usté se la dejo en quince lempiras. Pónete listo. El viejo Bablo miró con desconfianza a la “tortuga” y le preguntó a Tolentino: -¿No le parece muy angosta pa’ ser tortuga? La tortuga e’ má’ pechugona. El interpelado contestó: -Se quedó así de angosta pue’ Euterio Velloso la tenía encerrada pa’ esperar que subiera de precio y despué, pero se le escapó por un caño y se angostó. El viejo se quedó pensando otro rato, mirando siempre al bicho, objeto: -Pero este animal tiene pelo y la tortuga e’ pelada. Entonces Tolentino le dijo: -Tiene pelo e’ tanto estar con Velloso. Se lo pegó él. El viejo se dio vuelta el cinto, sacó los 15 lempiras y la compró. Las adivinanzas forman parte fundamental de la cultura. También en este subgénero encontramos la intromisión de la tortuga. Aunque jamás se muda A tumbos, como carro de mudanzas Va por sendas tortuosas. ¿Qué es?… La danza y la música no han escapado a la influencia de la tortuga.
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En México son múltiples las danzas inspiradas en animales. La danza, originalmente expresión ritual de la religión, ha evolucionado hasta ser un instrumento inigualable para preservar la identidad de los pueblos y, a la vez, identificarse con un lugar específico y con su historia, a fin de saber de dónde provenimos, quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos. De Oaxaca, rica en este tipo de manifestaciones, como sucede en casi todas las localidades indígenas de México, encontramos la “Danza de la Tortuga”, que no es privativa de esa entidad, sino que es nota coincidente de las zonas costeras del país. Esta danza tiene como propósito ridiculizar el dominio español y rememorar la explotación de los esclavos negros durante la época colonial. El control y la disciplina a que estaban sujetos los siervos africanos están representados por el látigo que lleva en la mano Pancho, capataz que reprime a sus hermanos de raza después de haberse ganado la confianza del amo. Minga, la mujer de Pancho es alegre y coqueta, razón por la cual es motivo de piropos que enfurecen a su pareja, quien la castiga a golpes, del mismo modo que es vapuleado todo aquel que ose abrazarla y besarla. Durante el desarrollo de la danza, la Minga ofrece al público a su “hija” (una muñeca). Al elegido se le pide que la abrace, si la persona no lo hace, llama a gritos a Pancho para que castigue a quien osó despreciar a su hija; pero si la persona toma a la muñeca, entonces llega Pancho de inmediato para reclamarle por abrazar a su niña y lo acusa de tener que ver con su mujer, por lo que le impone un castigo. La pena por la osadía consiste en que baile con la Minga; pero, si el acusado no quiere bailar, tiene que entregar un objeto personal o dar una aportación económica. El dinero recolectado es utilizado en la adquisición de licor que los danzantes liban al concluir el espectáculo. La tortuga danza alrededor del resto de los personajes simulando un desove al final de la danza. El que interpreta a la tortuga, deposita en el suelo huevos del quelonio, los cuales son tomados por Pancho para ofrecerlos a alguna personalidad invitada al festejo. De los catorce danzantes que toman parte, Pancho, la Minga y la tortuga deben ser hombres, situación que le da un toque más festivo.23 Una joya de la lírica infantil mexicana es la canción Caminito de la Escuela, escrita y musicalizada por Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri El Grillito Cantor, quien por más de medio siglo y aún después de muerto ha deleitado a los niños con sus ingeniosas canciones, en las que aborda temas infantiles con exquisito gusto y asombrosa ingenuidad, bajo la influencia de los viejos fabulistas universales. En esta canción “Cri-Cri”, le dedica una estrofa a la tortuga:
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Danzas y Bailes de la Costa Oaxaqueña. de Oaxaca News. Internet: www.folklorico.com

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La tortuga por escrito ha pedido a Santaclós sus dos pares de patines para poder ir veloz, para poder ir veloz Opuesta en tiempo y objetivo a la creación de Cri-Cri, está la canción de Saúl Hernández, intitulada Tortuga, e interpretada por el grupo Caifanes. Se trata de un canto plañidero ante la inminente muerte del animal al caer la noche, cuando se acerca su peor enemigo –el hombre– armado de martillos, por lo que en el estribillo le pide al reptil: ¡Ay!, tortuga: vete mar adentro y déjanos y olvídanos. ¡Ay! Tortuga: vete mar adentro y déjanos en este infierno Para fines utilitarios, la tortuga ha sido codiciada, tanto en el uso de su caparazón para diferentes objetivos o en la preparación de su carne, para la elaboración de exquisitos platillos que forman parte importante del arte culinario internacional, razones que, a través de los años, han sido principales causas de su depredación y que recientemente han puesto en serio peligro su existencia en el planeta. Para la producción musical, también el caparazón de tortuga fue utilizado desde tiempos inmemoriales en la construcción de la lira, instrumento de cuerda formado por dos brazos que sobresalen de una armadura cerrada o cuerpo, en los que se apoya un travesaño que sujeta las cuerdas, las cuales se dirigen hacia el cuerpo, pasan por sobre la tapa armónica, el puente y terminan en un cordal en el extremo inferior de la tapa. Es en las liras de tabla, donde el cuerpo suele ser de caparazón de tortuga. Este instrumento fue utilizado por el antiguo pueblo sumerio, por los egipcios y fue muy popular entre los griegos. Ya hemos hecho mención a los inicios de la escritura China, aunque con el objeto de presentar el aspecto místico de ella. Para esculpir la escritura se utilizó como material principal el caparazón de tortuga. En la India, ligado a la figura de Visnú, se tiene un juego de naipes muy popular llamado el “dasavatara”, Este consiste en una baraja de diez palos basados en los diez avatares o reencarnaciones del dios Visnú; es decir, pescado, tortuga, jabalí, león, enano, hacha, arco y flecha, rayo, caracola y caballo. La mayor parte de los naipes indios son redondos y de diferentes tamaños, están hechos con cartón lacado, cartón piedra y, en ocasiones, marfil. Aquí es donde la imagen del quelonio adquiere otra dimensión. Los antiguos mayas de Uxmal, Yucatán, dedicaron una de sus construcciones a los quelonios. En la actualidad, a esa estructura se le conoce
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como Palacio de las Tortugas, adjunto al Palacio del Gobernador, que aunados con el cuadrángulo de las monjas y la pirámide del Mago o del Enano, conforman estructuras representativas del arte arquitectónico Puuc (600-900 d.C.) donde sobresale la sobria sencillez de los muros inferiores frente a la riqueza ornamental de los superiores. Todas las expresiones escritas conocidas de los mayas están grabadas en las piedras que utilizaron para la construcción de sus templos. Estos monumentos, junto con las inscripciones encontradas en sus estelas, registran fechas y sucesos importantes. Con el nacimiento y difusión del cristianismo se incrementó la demanda de documentos religiosos escritos. Para responder a esa demanda, se fueron perfeccionando los utensilios utilizados para ella. Las plumas para escribir, que originalmente fueron de aves, nombre que por extensión se les da a los bolígrafos de nuestro tiempo, fueron inicialmente de pato, cisne, cuervo y finalmente de pavo; no obstante, en la búsqueda por perfeccionar el arte de la escritura se probaron infinidad de materiales, a fin de no tener que estar afianzando constante la herramienta. Para llegar a la punta de acero que actualmente se usa en la fabricación de los bolígrafos, se emplearon cuernos de diversos animales, caparazones de tortuga y hasta piedras preciosas. Una utilización del nombre de este animal marino fue en la creación del submarino militar inventado en 1770 por el estadounidense David Bushnell, con capacidad para una persona. Este artefacto que podía sumergirse por media hora, pues carecía de un sistema de oxigenación, fue llamado Tortuga, aunque su apariencia recordaba a la de un huevo. En el tallado y esculpido en madera, se practicaron desde la época precolombina con maderas olorosas, suaves y duras. El labrado para bajo relieve o relieve profundo se lograba a través de piedras y maderas duras, por desgaste, quemado parcial y tallado. De esta manera se fabricaban casas, herramientas, armas, instrumentos para castigo corporal como dogales, jaulas y cepos; trampas para cuadrúpedos y pájaros, bastones de mando, ataúdes, esculturas de personas y animales y juguetes, donde está continuamente representada la tortuga24. Por su dinámica visual, la tortuga ha incursionado incluso en el campo de la informática, donde es utilizada a manera de gráficos presentados en un entorno sencillo, a través de diversos lenguajes, consistentes en manipular una tortuga que deja un rastro. Para trabajar con ella se utilizan comandos típicos que ayudan a los pequeños a familiarizarse con el ordenador y para iniciarse en las matemáticas. Jim Henson, fue un diseñador estadounidense de marionetas, creador de mundialmente populares muppets, los cuales constituyeron la base de los
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Rubín De la Borbolla, Daniel F. Arte popular mexicano. Fondo de Cultura Económica. México. 1974

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personajes de Plaza Sésamo. Culminó la carrera de Henderson en 1990 con las Tortugas Ninja, personajes que pronto fueron protagonistas de series de televisión, libros, videojuegos y juguetes aún muy solicitados por los niños de todo el mundo. La tortuga no ha escapado de la investigación científica, pues ha sido utilizada como “conejillo de indias”, en especial para estudios vinculados a la epilepsia. Con su hemisferio cerebral entero in vitro, se han realizado recientemente experimentos, debido a que su estructura es más sencilla que la de los mamíferos. Otra particularidad que favorece su estudio es que el electrograma -similar al encefalograma de los humanos- presenta espontáneamente, ondas de gran amplitud, similares a las observadas en pacientes del mal. Dicen los expertos que existen otras particularidades que hacen de la tortuga una especie ideal para la realización de estas investigaciones, sobre todo que posibilita el estudio de las modificaciones que existen a nivel celular ante la presencia de una crisis convulsiva epilética, así como conocer a profundidad los mecanismos y vías de propagación de un foco de esta enfermedad en el cerebro. Los vendedores de amuletos del siglo XXI, aseguran que la tortuga tiene propiedades médicas. Ellos arguyen que si usted tiene ese tipo de medicina, es capaz de valorar el poder el poder de la tierra, de las aguas de la tierra y de la magia de los cielos, pues Tortuga simboliza tanto la calidad de “hacer tierra” de la energía de la tierra como de la magia de lo místico. Usar la energía de Tortuga puede ayudar a lograr un verdadero equilibrio en tu vida y en tu espíritu, de tal forma que no te quedes atorado en el lodo. La medicina Tortuga incluye una conexión con el centro, la destreza de navegar, la paciencia, los límites propios, asociación con lo femenino, el poder de curar las enfermedades femeninas, el respeto a los límites de los demás, el desarrollo de nuevas ideas, la protección psíquica de uno mismo, la confianza en sí mismo, la tenacidad, la defensa de la violencia.25 El aceite de tortuga es utilizado en la cosmetología para la elaboración de cremas, por su riqueza en vitaminas A y D, que surten efectos revitalizadores sobre todo en la piel de las damas que cuentan con los recursos para adquirirla. Los ejemplos de las maravillosas propiedades que se le atribuyen a los ingredientes extraídos del quelonio, se subliman en los folletos elaborados para su venta, donde los precios suelen ser prohibitivos. Aseguran los asiduos consumidores de tortuga que su incorporación al arte culinario fue obra de un genio, pues nada deja ver en su pesada animalidad que la
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White, Julia C. La Medicina de Animales. Tortuga, La Madre Tierra/Protección. 1995-99.

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pueda convertir en un exquisito platillo. En la actualidad es punto de referencia de la más sofisticada gastronomía. La primera vez que una tortuga fue a terminar en el paladar de un desesperado comensal, fue seguramente en su presentación de huevo flácido y descolorido, al cual, además de su atrayente sabor, se le atribuyen poderes afrodisiacos; pero, también, ser la causa de serios estragos para el corazón humano. La carne de tortuga, en algún momento de la historia fue a parar al perol de una insondable matrona. Ese fue el inició de un largo proceso de combinaciones burdas y exóticas, donde intervinieron aceite, especias, yerbas, ensaladas, frutos y otros menjurjes que la colocaron poco a poco en el gusto de los paladares más exigentes. Hace mucho tiempo era común observar en mercados sobre ruedas, en puestos ambulantes y comercios de curiosidades y artesanías, la venta de productos elaborados con la piel y el caparazón de la tortuga de carey. La carne de este quelonio era muy solicitada por el bajo contenido de grasas y su singular sabor. El caparazón, en especial de la tortuga carey, hasta años recientes fue una forma supervivencia para muchos artesanos de las costas del Golfo de México. Los campechanos también vieron en la coraza un elemento de singular belleza, dúctil y susceptible a ser finamente terminado, lo que permitió por muchos años la fabricación de peines, peinetas, abre cartas y pequeñas piezas artísticas, así como muchos otros productos que fueron muy codiciados por su relativo bajo costo y enorme duración. El caparazón de tortuga natural utilizado mercantilmente procede de la tortuga carey. Es de color negro o castaño oscuro con aplicaciones de amarillo. Los escudos se separan del dorso de la tortuga, aunque esta es capaz de desarrollar nuevos, sin embargo, de inferior calidad e inadecuados para su uso comercial. La captura de estas tortugas para obtener su caparazón condujo a un descenso de sus poblaciones y en la actualidad está considerada una especie seriamente amenazada. La abundancia de tortugas en las aguas campechanas fue un producto muy buscado para la satisfacción de necesidades primarias. Después, se encaminó su aprovechamiento a fines económicos, situación que provocó el inicio de la depredación de este animal marino. Esta situación se observó tanto en el ámbito nacional como en el local, pues la demanda de pieles de tortuga iba en aumento, en general para elaboración de zapatos, mientras que en lo local se vendía la carne para consumo humano y la concha de carey para la producción de artesanías.

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Al respecto, Delio Carrillo Pérez, servidor público, ensayista y fotógrafo, al referirse al ser del campechano, nos dice: “No seríamos, además, sin nuestra artesanía de carey, sin el pámpano frito, sin nuestro faro de San José. ¿Qué pintor o artista campechano no ha plasmado o interpretado en su arte un atardecer o un elemento marino?. ¿Quién no ha cantado la “Novia del Mar” de Pepe Narváez o remembrado a la Isla de Tris? ¿Qué dama campechana no ha tenido entre sus riquezas familiares una pulsera de coral y filigrana? Fina joyería de manos campechanas que han llevado, y han premiado, fuera de Campeche su arte que transforma el producto marino26. Testimonios de viejos pescadores de la Cooperativa “Camino Real” y sus familiares, de la capital del estado de Campeche, recopilados por Claudia Ordaz Córdoba, reportera y fotógrafa reconocida, nos permiten constatar cuales fueron las prácticas en los años en que el quelonio fue acosado casi hasta su desaparición, las formas de aprovechamiento y la visión de los hombres de mar ante las medidas oficiales que protegen actualmente a las tortugas. He aquí las entrevistas: La esposa de un viejo pescador, Esperanza Gudelia Ganzo Rufino, nos comenta que: “antiguamente sí se podía comer carne de tortuga. Todos los barcos traían cuando menos tres tortugas. Las llevaban a vender al mercado grande y el kilo de carne se conseguía a dos cincuenta y tres pesos. Era lo que se vendía, pues había tanta que los pescadores las destazaban y dejaban tirados los caparazones aquí en el muelle. “Cuando mi hermano y yo éramos niños, añade doña Gaudelia, juntábamos las conchas en costales y se las regábamos a un señor que vivía en San Francisco, quien se dedicaba a hacer peinetas y peines y otros objetos de carey. A veces nos regalaba, a manera de agradecimiento, un peine o nos daba un peso con cincuenta centavos para que siguiéramos juntando conchas”. “En ese tiempo -recuerda con nostalgia- en el mar se encontraba de todo en abundancia, había camarón a montones, toda la parte de abajo brillaba de camarones, ostiones, cacerolas. De todo había, no como ahora, que para pescarlos te tienes que ir muy lejos”. El pescador José Eudaldo Arceo Chávez, casi retirado de la actividad pues únicamente sale a la mar para procurarse su sustento, nos relata: “Ahora hay más tortugas que antes, hoy sales a la mar y lo primero que ves son tortugas de todos tamaños y no podía ser de otra manera si continuamente se tiene noticia de liberaciones en diversos campamentos en el estado. La única diferencia, es que ahora no se puede pescar ni una sola, porque está penadísimo: Si por mala suerte
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Carrillo Pérez, Delio, et al. Campeche, El Mar y la Pesca, en Ensayar la Travesía. Consejo Estatal para la Defensa, Conservación y Promoción del Patrimonio Histórico de Campeche, A.C. Campeche, México. 1998. pp. 58-59.

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tienes una y es encontrada por las autoridades te quitan lancha, artes de pesca y hasta a la cárcel vas a dar. Por eso es que ya nadie se arriesga”. Por otra parte, se entrevistó a don Alberto Novelo Hoil, quien nos narra: “En esos tiempos era muy fácil atrapar a la tortuga, por que se encontraba por montones en las piedras. Se tiraban los paños y se sacaban entre diez y doce animales. Algunas de ellas a veces se ahogaban porque la tortuga tiene bofe y si no podían salir a respirar, morían. Estas redes eran especiales para la pesca de tortuga, pues el tejido era mucho más grande. Así, era muy sencillo capturarlas. Por eso también se sacaban tantas por cada paño. “Ahora la tortuga esta en veda. Ya nadie la trae. Solamente si se atora en la red, y se esta muriendo entonces se descuartiza. En ese caso, su carne la comemos; pero si está viva, no, la soltamos porque tenemos que proteger esa especie”. Afirma Novelo Hoil, quien agrega: Ahora las redes son más chicas, especiales para pescados, esas que se usaban antiguamente, están prohibidas. Esos animales ya no se pescan, es arriesgar mucho y lo que pagan por ella es poco. Dicen que en la actualidad el kilo carey está a 150 pesos, pero si te lo encuentran te meten a la cárcel. En cambio, antes lo pagaban a 50 ó a 60 pesos, pero era mejor porque no te arriesgabas y se vendía toda la que encontrabas. “En cuanto a los huevos, sólo se consiguen en Costa Blanca, Haltuchén, porque hay más arena, pero no los venden. Cuando los sacan sólo es para comerlos sancochados. A veces todo el montón se vende en cuarenta pesos. Eso es suficiente para que se alimente una familia. La tortuga no se consume, sólo si se enreda en las redes”. Nos cuenta don José del Carmen Bass Yerbez: “En mis tiempos, hace 40 ó 50 años, se utilizaban mucho los ‘cochineros’, que se hacían con palos de mangle. En esas cajas se metía a la tortuga y sólo cuando se iba a matar se sacaba. Así, siempre había tortuga para vender, Tortuga siempre ha habido en cantidad, antes veíamos hasta veinte en un momento. Por ello, se podían pescar con redes o clavadas, y hasta de noche, porque siempre las encontrabas y cualquiera de ellas se podía traer para comercializar. De la carey se vendía la concha; de la blanca, la carne, es mucho mejor que cualquier otra de tortuga; la caguama se comercializaba con el aceite, que era muy bueno para la tos, y se vendía a 30 pesos el frasco. “La carne de tortuga era muy solicitada en Semana Santa. Para esas fechas era cuando más tortuga se veía en los mercados y muchos pescadores las dejaban en los ‘cochineros’ para cuando ya no había en venta. Así, las vendían si tener que salir a la mar. Ahora se respeta la veda. Ya nadie trae tortuga. Hay mucha, porque nadie las toca”. Concluyó Bass Yerbes. En la actualidad continúa prohibida la pesca y el consumo de carne y huevos, por lo que habremos de conformarnos con el recuerdo de su exquisito sabor, así como de la utilización de productos elaborados con la animalidad del
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quelonio, hasta que aprendamos a conservarlo de manera sustentable, de tal suerte que no lo coloquemos nunca más en peligro de extinción. La curiosidad tiene siempre límites que es locura transgredir, pero a través de las manifestaciones culturales, este desacato, pudimos constatar a través de estas páginas, fructifica en gozo estético, por poco o mucho que tenga que ver con la verdad, sobre todo cuando la función de la mente consiste en incrementar la riqueza del universo en su dimensión espiritual, y lo logra añadiendo a la simple realidad la pasión, el asombro, la aventura, la risa, incluso la quimera, que la más pura esencia excluiría.

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