Pobreza Energética

Por: Nelson Hernández
A nivel mundial, 1,3 millardos de personas carecen de acceso a la electricidad y 2,6
millardos carecen de instalaciones de cocina limpias
La pobreza energética es un término relativamente nuevo. Establecido en 1991 por la Dra.
Brenda Boardman
1
, en su libro titulado “Fuel Poverty”, en el cual define la pobreza
energética como la incapacidad de un hogar de satisfacer una cantidad mínima de servicios
de la energía para sus necesidades básicas, como mantener la vivienda en unas condiciones
de climatización adecuadas para la salud (18 a 20º C en invierno y 25º C en verano). Como
esto es difícil de monitorear, en el Reino Unido se ha establecido el 10%, como el
porcentaje máximo de dedicación de los ingresos netos del hogar a los gastos en energía
para determinar, a partir de ese umbral, el número de hogares en pobreza energética.

El concepto de pobreza energética toma cada día mayor importancia como consecuencia de
condiciones climáticas más extremas (cambio climático): veranos más calientes e inviernos
más fríos. Cabe señalar que una familia puede estar en pobreza energética pero no en
pobreza crítica, pero no así lo contrario.

Las causas que generan esta precariedad energética son diversas: bajos ingresos del hogar,
calidad insuficiente de la vivienda, precios elevados de la energía, precios elevados de la
vivienda, etc. Sus consecuencias en el bienestar son también variadas: temperaturas de la
vivienda inadecuadas, incidencias sobre la salud física y mental (incluyendo mortalidad
prematura de ancianos), riesgo de endeudamiento y desconexión del suministro energético,
degradación de los edificios, despilfarro de energía, emisiones, etc. Obsérvese que la
definición de Boardman, esta circunscrita, principalmente, a la adecuación climática de la
vivienda. De allí que el concepto desarrollado por ella, hoy se le denomina “pobreza de
combustible”, y no de pobreza energética que abarca un espectro económico, político y
social más amplio.

Según la FAO, la mitad de la población mundial depende de fuentes de energía de baja
calidad basadas en la biomasa, como madera o los residuos de cultivos o excretas de
ganado, para satisfacer sus necesidades domésticas, (fundamentalmente cocinar y calentar
el hogar), y se señala que reducir la „pobreza energética‟ ha sido reconocido como el
Objetivo „faltante‟ de Desarrollo del Milenio. Estos desarrollos ponen de manifiesto que los
objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero necesitan alcanzarse
mejorando al mismo tiempo la cantidad y calidad de servicios de la energía que los hogares,
sobre todo los más pobres, reciben en la actualidad.

1
Brenda Boardman es miembro emérito de la ECI.. También es profesor visitante en la Universidad de
Exeter. En la ECI, Brenda fue jefe del equipo de emisiones de carbono y co-director del Centro de
Investigación de Energía del Reino Unido. Su principal línea de investigación es sobre la reducción de la
demanda de la energía a través de la economía en el Reino Unido.

Lo anterior, produce una nueva definición de pobreza energética como la falta de acceso a
servicios energéticos modernos. Estos servicios se refieren al acceso de los hogares a las
instalaciones de electricidad y de cocina limpias (por ejemplo, los combustibles y las
cocinas que no causan la contaminación del aire en las casas), los cuales deben ser fiables,
eficaces, asequibles y respetuosos del ambiente Los servicios de energía modernos son
cruciales para el bienestar humano y el desarrollo económico de un país; y sin embargo, a
nivel mundial más de 1,3 millardos de personas carecen de acceso a la electricidad y 2,6
millardos de personas carecen de instalaciones de cocina limpias.



Es de señalar que cada país enfrenta retos distintos de acuerdo a su nivel de ingresos para
superar la pobreza energética. Los de bajos ingresos deben adoptar fuentes modernas de
energía y dotar de insumos energéticos para elevar su calidad de vida y acceso a servicios
básicos de salud, alimentación y educación. Para los de ingresos medio el reto es reducir la
intensidad energética a través de acciones orientadas a un mejor aprovechamiento de la
energía y alcanzar un crecimiento armónico con el ambiente. Para los de alto ingreso su
tarea es el uso de tecnologías limpias y profundizar acciones de eficiencia energética, así
como reducir sus emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI), para mitigar el fenómeno
de Cambio Climático.

Es importante que un mix energético completo e integral debe ser considerado para la
solución en comunidades pobres, tales como suministro de electricidad desde redes
interconectadas o no, y combustibles (GLP o gas) para cocinar, dejando el uso de la
biomasa como última opción. Para los habitantes urbanos, la extensión de la red de
suministro de electricidad y de combustibles líquidos y gaseosos para cocinar son las
soluciones más adecuadas, aunque en muchos casos puede ser necesaria la biomasa para
cocinar en los pueblos más pequeños. Para los habitantes rurales, las opciones más
adecuadas pueden ser una combinación de cocinilla eléctrica para los que viven cerca de las
líneas de transmisión, con opciones de energía renovable descentralizadas (incluyendo
micro hidroeléctrica, la energía solar fotovoltaica y mini eólica) para el suministro de
electricidad fuera de la red interconectada. Para cocinar en el área rural, la biomasa es
probable que siga siendo la opción principal de combustible para la mayoría, pero debe
incorporarse el uso de dispositivos de cocina más eficientes y menos contaminantes.

Es de señalar que la pobreza energética no debe confundirse con la seguridad energética. La
primera se refiere a la accesibilidad a los servicios energéticos modernos, y la segunda es
referida a la confiabilidad del suministro de dichos servicios. Venezuela, hoy, con todos los
racionamientos energéticos por los cuales atraviesa (electricidad, GLP, diesel, gasolina,
etc.) tiene una inseguridad energética. Pero lo que si debe quedar claro es que si la
inseguridad energética no es atendida, se convierte en pobreza energética.

Finalmente, la ausencia adecuada de la accesibilidad de la energía desde el punto de vista
familiar (pobreza de combustible) o la colectiva regional (pobreza energética) es un
indicador clave para la elaboración de políticas públicas que conlleven al desarrollo
sustentable de la población. De allí que se haya considerado como “un gazapo” de los
objetivos de desarrollo del milenio. Que por cierto en el 2015 los países deben presentar los
resultados alcanzados en dichos objetivos: Erradicar la pobreza extrema y el hambre;
Lograr la enseñanza primaria universal; Promover la igualdad de género y la autonomía de
la mujer; Reducir la mortalidad infantil; Mejorar la salud materna; Combatir SIDA,
paludismo y otras enfermedades; Garantizar la sostenibilidad ambiental y Fomentar una
asociación mundial para el desarrollo.

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