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El Occidente, el capitalismo, y el sistema-mundo moderno

ESCRITO POR IMMANUEL WALLERSTEIN*. LQSOMOS. MARZO 2012 1
Si uno se pregunta cuál es el sentido de su infinita persecución, por qué [los hombres d
e negocios] nunca están satisfechos con lo que tienen, y así inevitablemente parecen
actuar en formas sin sentido en términos de cualquier aproximación puramente mundan
a a la vida, ellos ocasionalmente responderían, si supieran del todo cómo responder:
para proveer a mis hijos y mis nietos. Pero ese argumento no siendo peculiar a el
los pero funcionando precisamente muy bien para los tradicionalistas también, prob
ablemente responderían en una forma más simple, más exacta, que el negocio con su cons
tante trabajo se ha convertido en indispensable para su vida. Esta es de hecho, la
única explicación precisa y desprende lo que es tan irracional en su estilo de vida
desde el punto de vista de la felicidad personal, que el hombre existe para su
negocio, y no al revés.1
I. ¿El ascenso de Occidente?
El Occidente, el capitalismo y el sistema-mundo moderno están vinculados indisolub
lemente históricamente, sistémicamente, intelectualmente. ¿Pero cómo exactamente, y por qué?
Esta es una cuestión sobre la cual ha habido poco consenso hasta hoy, y de hecho
cada vez menos.
La imbricación de los tres conceptos (¿tres realidades?) alcanzó su apogeo en el siglo
XIX. Pero ¿cómo incluso delimitamos este siglo XIX? ¿1815-1914? o ¿1789-1917? o ¿1763-1945
? o ¿1648-1968?. Dentro de cualquiera de estos marcos temporales, pero particularme
nte mientras los estrechamos, parecería haber poca duda para la mayoría de la gente
en la mayor parte del globo de que el occidente (o Europa) ha ascendido, y que estaba
ejerciendo, particularmente después de 1815, dominio político y económico efectivo sob
re el resto del mundo, al menos hasta que este dominio comenzó a retroceder en el
siglo XX.
El siglo XIX también fue el período durante el cual las ciencias históricas fueron ins
titucionalizadas como disciplinas formales, como arenas (y modos) de conocimiento.
Y, por supuesto, esta institucionalización particular ocurrió dentro de las univers
idades occidentales, para ser impuestas subsecuentemente sobre el sistema-mundo en
tero. Más aún, es escasamente una exageración afirmar que el problema intelectual cent
ral con que las varias disciplinas emergentes se preocuparon ellas mismas fue la
explicación de este presunto (pero aparentemente auto-evidente) ascenso de occiden
te (conocido también como la expansión de Europa o la transición del feudalismo al capital
ismo o los orígenes de la modernidad).
Dado el dominio del pensamiento Ilustrado en el mundo del siglo XIX, las explica
ciones que fueron ofrecidas todas tuvieron la tendencia a presuponer una teoría de
l progreso, de la inevitable sucesión progresiva de las formas sociales, que ha al
canzado por algún proceso teleológico la configuración particular del sistema-mundo co
mo estaba entonces estructurado. Existía, sin duda, una discrepancia acerca del fu
turo, un desacuerdo acerca de si el sistema-mundo moderno representaba el nivel
cualitativo culminante de este progreso (esencialmente la interpretación Whig de la
historia) o solamente un estadio penúltimo en la progresión de la humanidad (esencia
lmente la afirmación central de la historiografía marxista).
La disputa sobre el futuro, sin embargo, era peleada primariamente en la arena p
olítica, y por medios políticos. Esta era la disputa acerca del pasado que preocupab
a a las universidades. Esta riña giró en torno a dos cuestiones centrales. Primero, ¿c
uál era el agente o fuerza motriz o primer movimiento de esta trayectoria histórica?
¿Era el desarrollo de la tecnología, o el esfuerzo por la libertad humana, o la luc
ha de clases, o la tendencia secular a un incremento de escala y/o de burocratiz
ación del mundo? Y segundo, cualquiera que sea la respuesta dada a esta primera cu
estión ¿por qué fue Occidente (o alguna sub-parte de allí) el primero o el que más avanzó
trayectoria histórica?
Es interesante notar qué cuestiones no fueron preguntadas, o pocas veces preguntad
as, ya sea en el siglo XIX o a partir de entonces. No fue preguntado por qué este
nuevo fenómeno (como sea que sea llamado) no había ocurrido mucho más temprano en la h
istoria humana, digamos mil años antes. No fue preguntado si es que había existido a
lguna alternativa histórica a esta transición o desarrollo particular. Eso es decir ¿fué e
l desarrollo del capitalismo o de la modernidad inevitable, al menos hasta este mome
nto en el tiempo? Y, puesto que esta cuestión no fue preguntada, se sigue que de e
sto no fue preguntado por qué las sendas alternativas no fueron seguidas. La discu
sión entera de hecho se centró en torno a la premisa que lo que sea que haya sucedid
o tuvo que haber sucedido. Y, puesto que esto tuvo que haber ocurrido, parece qu
e esto fue por el mismo hecho a ser considerado más o menos progresivo. Me gustaría
poner la pregunta al revés, a invertir la problemática. En vez de preguntar por qué el
capitalismo, o la modernidad, o el desarrollo industrial o el crecimiento inten
sivo ocurrió primero en occidente, quiero preguntar la cuestión de ¿por qué esto sucedió d
el todo en cualquier parte? Después de todo, casi todas las explicaciones típicas in
vocan variables que han estado en existencia por mucho tiempo y en muchos climas
diferentes en momentos más tempranos de la historia mundial. Aunque previamente n
o ha habido tal transformación. Aparentemente, solo cerca del año 1500 (pero esta da
tación está sujeta a mucha argumentación) ocurrió allí la concatenación de esas variables ta
l que en Europa occidental hubo esta transformación del mundo que la mayoría de la gen
te hoy en día está de acuerdo en que fue de alguna manera especial y significativame
nte diferente de cualquier cosa que había ocurrido antes o en otras partes.
Si uno usa la analogía física de una explosión causada por alguna masa crítica o ensambl
aje particular de variables, la cuestión de si esta explosión fue intrínsecamente necesa
ria o históricamente accidental se convierte en una cuestión intelectual real, una que
tiene que ser resuelta antes de construir un andamiaje teórico para las ciencias
sociales históricas fuera de una transición inevitable.
Comencemos por revisar las declaraciones sobre las cuales hay un relativo consen
so en esta discusión entera. La mayoría de los académicos a lo largo y ancho del mundo
, y de persuasiones muy diferentes, parece estar de acuerdo sobre las siguientes
descripciones mínimas de parte de la situación empírica.
1. Europa (occidental), en lo que es llamada la Edad Media, estaba organizad
a en un sistema (productivo, legal, político) que podría ser designado como feudalism
o. Pero hay poco consenso sobre cuáles fueron sus características cruciales o definid
oras, y sobre si este sistema fue único a Europa o también conocido en otras partes
en el mundo.
2. El feudalismo europeo llegó a un final, o colapsó, y fue transformado en o ree
mplazado por otro sistema que algunos llaman capitalismo, algunos llaman moderni
dad, e incluso otros dan otros nombres. Pero hay poco consenso sobre las caracte
rísticas cruciales o definidas del sistema sucesor, ni sobre si esta transición ocurrió
de una sola vez en la historia, o repetitivamente (en Estados separados).
3. Este sistema, que se originó en Europa (o en varios Estados europeos), de al
guna forma se esparció gradualmente por sobre todo el mundo. En términos geográficos,
esto puede ser visualizado como una expansión de las ideas, poder y autoridad europe
as. Pero hay poco consenso sobre si Europa impuso este sistema sobre el resto de
l mundo, o si el sistema simplemente se difundió como un resultado de sus superiorid
ades supuestamente patentes, ni hay consenso acerca del grado en que los no-euro
peos se opusieron a esa expansión o al grado de ventaja que esa expansión ofrecía a lo
s no-europeos, si es que ofrecía alguna del todo.
4. Este nuevo sistema resultó en un enorme aumento en la capacidad productiva m
undial y en población mundial, pero hay poco consenso sobre la proporción de las dos
(y de cómo medirlo), ni acerca del grado en que el incremento en la capacidad pro
ductiva es igualmente distribuida sobre la población mundial (incrementada).
Resumiendo, un marco bastante mínimo de observaciones acordadas está ahí, aunque cada
una está rodeada por importantes cuestiones relacionadas sobre las cuales incluso
la descripción empírica está bajo severo debate.
Finalmente, hay una enorme confusión sobre qué es lo que debe ser explicado bajo el
encabezamiento ascenso de occidente (o cualquiera de sus nomenclaturas alternativa
s). Hay al menos tres sub-cuestiones sobre las cuales hay argumentos considerabl
es. Una es la explicación de qué causó la llamada crisis del feudalismo, esto es, qué traj
o el declive/desaparición de un sistema histórico existente particular. La segunda c
uestión, cuya relación con la primera no es clara en la mayoría de los estudios, es po
r qué, en ese mismo tiempo que el feudalismo estaba declinando o desapareciendo en E
uropa occidental, pareció estar aumentando (o incluso ocurriendo en algunas áreas po
r primera vez) en Europa oriental en la forma de la llamada segunda servidumbre. U
na tercera cuestión es si distinciones significativas pueden realizarse en los pat
rones entre las zonas europeas occidentales, y en particular si (y por qué) Inglat
erra fue capitalista antes que Francia (o los Países Bajos, o Alemania, o Italia). Final
mente, hay una literatura que busca explicar por qué otras zonas civilizacionales
del mundo (China, India, el mundo islámico) no procedieron a convertirse en capital
istas o modernas en este momento en el tiempo, pero Europa sí. No obstante, a pesar d
e esta confusión, noto una vez más una premisa unificadora que algunas zonas tenían que
moverse hacia adelante de esta manera, y en este momento aproximadamente en el ti
empo.
Y puesto que, en las visiones de todos, la zona que se movió hacia adelante fue de
hecho Europa occidental (o para algunos, más estrechamente, Inglaterra), parece c
laro que ocurrió un ascenso de occidente. Efectivamente, en la literatura más reciente
, esto ha sido denotado como el milagro Europeo.2 El milagro, parece, es la realiz
ación del valor central del sistema capitalista mismo: el productivismo.3 Jones lo
menciona bastante claramente:
La cuestión vital es ¿cómo un mundo de expansión estática dió la vía a una de crecimiento in
ivo? La historia para ser contemplada como repetidos esfuerzos tentativos para in
flar el crecimiento intensivo a través del ascenso estático dinerario del crecimient
o extensivo.4
Esta fuerte formulación de la naturaleza del milagro encaja bien en el ánimo prevale
ciente del problema intelectual como si hubiese emergido en el siglo XIX. Esto e
s seguramente algo solipsístico. El occidente ascendió. ¿Cómo sabemos que el occidente a
scendió? Consiguió el crecimiento intensivo. ¿Por qué el occidente ascendió? Logró el crecim
iento intensivo. ¿Por qué conseguir el crecimiento intensivo es considerado ser un as
censo? Porque es el valor universal, uno sin embargo originado en occidente en gra
n parte, de hecho, después que el occidente haya comenzado a crecer intensivamente.
¿Qué lo hace entonces un valor universal? Fue culturalmente impuesto sobre (difundi
do a) todo el mundo, y tiene sus adherentes hoy en día en todas partes del mundo,
más particularmente entre los gobiernos del mundo.
Una vez más, podríamos invertir la pregunta. ¿El occidente realmente ascendió? ¿O el occid
ente de hecho cayó? ¿Fue un milagro, o fue un grave desastre? ¿Fue un logro, o un seri
o error? ¿Fue la realización de la racionalidad, o de la irracionalidad? ¿Fue una rupt
ura excepcional, o un derrumbe excepcional? ¿Necesitamos explicar las limitaciones
de otras civilizaciones y/o sistemas históricos que no produjeron una transición al
capitalismo moderno, o necesitamos explicar las limitaciones del mundo occident
al o el sistema histórico medieval ubicado en Europa occidental que permitió la tran
sición al capitalismo moderno? ¿Y fue programada, o fue una casualidad?
Propongo discutir este asunto como dos preguntas sucesivas: ¿Qué es lo distintivo ac
erca del sistema histórico moderno capitalista que lo distingue de sistemas históricos
alternativos (y precedentes)? ¿Cómo fue construída históricamente, de hecho, la economía-
mundo capitalista?
II. ¿Qué es lo distintivo acerca del capitalismo?
Han habido tres enfoques para definir la differentia specifica del capitalismo (
o modernidad) como un sistema histórico. Una es delinear las actividades sociales o
fenómenos sociales consideradas primarias o fundamentales. Una segunda es especifi
car los procesos por los cuales estas supuestas actividades o fenómenos ocurren. U
na tercera es describir las estructuras que dan cuenta de tales procesos. En cad
a caso es necesario argumentar que esas actividades o procesos o estructuras pue
den ser vistas como suficientemente diferentes cualitativamente (o cuantitativam
ente o de ambas formas) de aquellos de otros sistemas históricos tales que garanti
zan una designación especial. Esto torna ser una tarea más difícil intelectualmente de
lo que la mayoría de los analistas lo hubiesen admitido.
Por supuesto, no hay ninguna razón por qué debiésemos preferir definir un sistema histór
ico en términos de sus procesos y/o sus estructuras, o viceversa; los tres puntos
de vista están claramente vinculados. Pero no es cierto que estén vinculados de una
manera tan fuerte que definir un sistema histórico de uno de los tres puntos de vi
sta determine inmediata y ciertamente su definición de los otros puntos de vista.
En cualquier caso, varios autores han sostenido una fuerte preferencia al utiliz
ar uno u otro de los puntos de vista.
Comencemos observando las actividades supuestamente distintivas del sistema histór
ico capitalista/moderno. Parece haber poca diferencia en esta consideración entre an
alistas de persuasión ideológica conservadora, liberal o marxista. Virtualmente todo
s tienden a ver el capitalismo como el sistema en que los humanos buscan transfo
rmar (o conquistar) la naturaleza en una forma eternamente expansiva y amasar resi
duos cada vez más grandes de esta expansión. Sea David Landes hablando de Prometeo de
satado o Carlyle deplorando el vínculo en efectivo o Marx analizando la búsqueda por un
a acumulación incesante de capital o las referencias de Keynes a los espíritus animal
es de los emprendedores (de Schumpeter) o, como ya lo hemos visto, la descripción d
el logro del crecimiento intensivo como un milagro, el fenómeno que está siendo observ
ado toma la forma de una curva hiperbólica que no conoce límite social. Seguramente,
si existen límites físicos más allá del control del sistema histórico mismo, esto es, sí la
naturaleza pone inherentemente limites a la humanidad es una cuestión que ha sido p
reguntado cada vez más en el siglo XX. Pero que el capitalismo moderno es un siste
ma histórico sin conciencia de límites sociales internos a sus actividades sistémicas
es ampliamente sostenido, y podría decirse que la acumulación incesante de capital e
s su actividad más central y lo que constituye su differentia especifica. Ningún sis
tema histórico previo parecía haber tenido cualquier mot dordre comparable de infinit
ud social. Así, el capitalismo involucra no meramente la venta de productos para l
a ganancia o el crecimiento del stock de capital (mercancías, o máquinas, o dinero).
Se refiere específicamente a un sistema basado en acumular tal stock infinitament
e, un sistema en donde, como dice el epígrafe de Weber, un hombre existe para su ne
gocio, y no al revés.
Una definición al nivel de la búsqueda continua de crecimiento, expansión, acumulación s
in fin, cuya justificación es sí misma (escalamos el monte Everest porque está allí), tien
e el sello de la doble ventaja de ser no sólo consonante virtualmente con todas la
s explicaciones de las estructuras y procesos del mundo capitalista/moderno, sino
también de ser un buen calco con la realidad histórica. El mundo capitalista de hech
o ha crecido, estable y geométricamente en muchas variables, por muchos cientos de
años, con sus declives cíclicos todos siendo parte de tendencias lineales seculares
a largo plazo. Al menos hasta ahora.
Más aún, es bastante aparente que esta descripción de la actividad capitalista encaje
bien con las tendencias centrales del pensamiento universalista occidental desde l
a Edad Media tardía el Renacimiento y la Reforma, la ciencia Baconiana-Newtoniana,
la Ilustración, la modernidad como una expresión cultural. Veremos, cuando procedamos a
discutir tanto los procesos y las estructuras del capitalismo, que hay muchos p
roblemas en distinguir el sistema histórico capitalista/moderno en estos puntos de l
os no-capitalistas previos. Pero es bastante fácil percibir esta distinción al nivel
de su Weltanschauung, al nivel de su actividad definidora central de crecimient
o incesante, la acumulación incesante de capital. En esta consideración, ningún otro s
istema histórico podría haber dicho que había buscado tal modo de vida social por más qu
e en breves momentos.
El acuerdo sobre la evaluación de la realidad capitalista que existe para la descr
ipción de su actividad central se desmorona tan pronto cuando uno se torna a anali
zar los procesos por los cuales esta actividad es perseguida. Evidentemente, los
análisis que tenemos de los procesos de nuestro sistema histórico capitalista/modern
o son doblemente confusos. Primero, nos dan virtualmente descripciones opuestas p
or analistas diferentes. Y segundo, ni tampoco es claro que las descripciones co
ntrarias describan una realidad claramente diferente de aquellas de otros sistem
as históricos. Podríamos ver esto en la disección de tres procesos que están referidos e
n casi todos los análisis: la libertad de los sujetos, la distribución del excedente
, y la construcción del conocimiento.
La libertad de los sujetos para perseguir sus intereses ha sido por mucho uno de
los temas centrales en el análisis del sistema histórico capitalista/moderno. Lo que,
sin embargo, uno pueda significar por la libertad de los sujetos para perseguir s
us intereses está lejos de ser auto-evidente. En la evolución de la filosofía universa
lista occidental, el énfasis ha sido ubicado en la eliminación (progresiva) de const
ricciones externas externas al sujeto (o individuo) por parte tanto de institucion
es políticas como de instituciones sociales colectivas (por ejemplo: estructuras r
eligiosas). Esto es en parte una cuestión de jurisprudencia, en parte una cuestión d
e mentalidades. La evidencia que es usualmente aducida para demostrar un declive
en las constricciones está por un lado, en la posibilidad de movilidad geográfica, o
cupacional, social y por el otro, la ausencia o minimización de represión política o so
cial.
Sin embargo, la ausencia de constricciones ha sido interpretado por otros analis
tas en una forma directamente contraria. La eliminación de constricciones ha sido
considerada ser la eliminación de garantías para la reproducción. Un sistema constricci
onado ofrece derechos para la reproducción actual sobre la base de actividades pasa
das actividades pasadas del presente individuo o sus sucedáneos. Sin embargo, cuando
las constricciones son removidas, la reproducción actual se vuelve dependiente de l
a actividad actual. Y la actividad actual depende de las alternativas actuales.
Si uno es forzado a ser libre, esto es, si la alternativa de derechos derivada de
la herencia son eliminados, el alcance de alternativas de hecho podría reducirse,
no incrementarse. Esto puede ser cierto sea que uno esté comparando un siervo medi
eval con un proletario comtemporáneo o un señor medieval con un profesional de clase
media contemporáneo.
Nos encontramos en lo que es un debate poco claro sobre el rango de libertades e
fectivas que resultan de la capacidad (derechos) para actuar en el presente y la
capacidad (derechos) para preservar los frutos de actos pasados. Más aún, sea cual
sea el conjunto de factores que uno enfatice (el incrementado rango de opción en e
l presente o las garantías disminuidas derivadas de la actividad pasada), es inciert
a qué tan grande es la diferencia entre el sistema histórico capitalista/moderno y otr
os sistemas (pasados). Por ejemplo, la movilidad de facto de los siervos era más g
rande de lo que la comparación normalmente supone, y la movilidad de facto de los
proletarios menos. Por otra parte, las garantías de reproducción de facto de los sie
rvos era menor de lo que la comparación normalmente supone, y las garantías de repro
ducción de facto de los proletarios mayor.
Nos encontramos en problemas similares cuando miramos al proceso por el cual el
excedente es distribuido. La desigual distribución del producto social total ha si
do presumiblemente cierto para todos los sistemas históricos conocidos. Existen, s
in embargo, muchos aspectos de la desigual distribución que pueden variar. Uno es
qué tan grande es el excedente producido (significando el valor producido por un sis
tema histórico sobre y por encima de la cantidad necesaria para la reproducción simp
le). La segunda es cómo es distribuida la desigualdad (como es medida, por ejemplo
, por una curva de Gini). Pero la tercera y más a menudo citado en la discusión es e
l proceso por el cual ocurre la distribución desigual.
Dada la acumulación incesante de capital, ya establecida como la actividad primari
a del sistema histórico capitalista/moderno, se sigue que el excedente absoluto es g
rande y mucho más grande que en los sistemas históricos previos. Pero ¿es más desigualme
nte distribuido? Aquí las posiciones teóricas (y empíricas) de escuelas ideológicas cont
endientes han estado directamente en desigualdad con la otra. Una escuela se que
ja de que nuestro sistema actual es relativamente más igualitario en la distribución
que en sistemas previos y llegando incluso a serlo más. La escuela opuesta se que
ja exactamente de lo contrario: que la distribución es más desigual (o más polarizada)
y llegando cada vez más a ser así. Una de las fuentes de esta diferencia es que los
dos campos toman unidades espaciales diferentes para medir. Aquellos que ven la
creciente igualdad tienden a enfocarse en los llamados países industriales avanzad
os, categorizadas como las únicas y totalmente capitalistas/modernas (sobre la base d
e ciertas estructuras que serán discutidas abajo). Aquellos que ven la creciente p
olarización tienden a enfocarse en el sistema histórico capitalista/moderno como un to
do. Permanece siendo difícil, por eso, tomar como una característica definitoria de
un sistema histórico una (el grado de igualdad de excedente distribuido) sobre el
cual la evidencia empírica es tan contenciosa.
Llegamos entonces a la medida más frecuentemente propuesta, el modo o proceso de d
istribución. Esto baja para una distinción entre renta y ganancia. Ambos términos están su
tos a mucha confusión terminológica. El tipo ideal de renta es derivado del modelo del
señor que controla (posee) tierra cuyo uso él asigna a los cultivadores directos en a
lgún tipo de contrato, en retorno por algún tipo de pago generalmente llamado renta. L
o que hace renta este pago es una combinación de dos factores: un derecho políticament
e asegurado para imponer tales pagos y el hecho de que el señor no necesita poner
trabajo en el arreglo en orden de recibir el pago. El tipo ideal de ganancia es de
rivado del modelo de fábrica industrial urbana en que el capitalista emprendedor/p
ropietario contrata trabajadores asalariados para utilizar su maquinaria, reteni
endo la ganancia de las ventas del producto final, siendo la ganancia la diferencia
entre el ingreso total y los costos totales. Lo que hace ganancia este ingreso net
o es que allí ha habido una inversión de capital por el emprendedor/propietario y algún
manejo directo de la operación económica.
Una diferencia entre los dos modos de distribución del excedente es la forma de la
justificación moral ofrecida. En la situación ideo-típica de la renta, la justificación m
oral principal es la tradición. La distribución desigual es de alguna forma dada por D
ios (y quizás en una forma secundaria por la actividad militar pasada). En la situ
ación ideo-típica de la ganancia, la justificación ofrecida es bastante contraria. La di
stribución ofrecida no es considerada precisamente dada por Dios sino principalmen
te el resultado de la actividad humana, mayormente en el presente pero parcialme
nte en el pasado. Seguramente, estamos hablando de las justificaciones morales o
frecidas en cada sistema por los beneficiarios de la desigual distribución y aquel
los que la defienden. Los críticos, con visiones opuestas, siempre han existido pa
ra desafiar estas justificaciones morales. Pero, dejando de lado a los críticos, e
s importante notar la diferencia de énfasis de las dos justificaciones morales: es
piritual versus material, supuestamente eterna versus continuamente a ser renova
da por la actividad actual, sirviendo el bien público a través de la mantención del or
den colectivo versus sirviendo el bien público al lograr un crecimiento colectivo ópti
mo.
Pero aquí también, mirando más de cerca, los dos tipos ideales parecen perder mucho de
su distintividad. La renta parece jugar un rol central en el sistema histórico capi
talista/moderno, y nos estamos volviendo cada vez más conscientes de cuántas operacion
es tomaron la forma de ganancia en sistemas históricos previos. Más aún, para muchas act
ividades económicas, es difícil decidir si la apropiación del excedente es renta o gananc
ia.
La diferencia entre el capitalismo como un modo de producción y lás múltiples variedad
es de un modo de producción tributario o redistributivo no es seguramente, como es
defendido a menudo, la diferencia entre un modo en que toda la transferencia de
l excedente es lograda a través de la coacción extra-económica. Porque existe considerab
le coacción extra-económica en nuestro sistema histórico capitalista/moderno, y los merc
ados de algún tipo casi siempre han existido en otros sistemas históricos.
Lo que más podemos argumentar es una distinción que es más sutil. En las constantes te
nsiones entre asignación vía mecanismos de mercado y asignación vía mecanismos administr
ativos (o políticos), y en el contradictorio comportamiento que resulta de las pre
siones conflictivas, cualquiera sea el modo de asignación que pueda prevalecer en
situaciones dadas en cualquier tipo de sistema histórico en el corto plazo. Pero e
n el mediano plazo, el mercado jugará un rol más grande en el sistema histórico capita
lista/moderno que la arena política. De seguro, el mercado mismo es formado, en el med
iano plazo, por la arena política. Sin embargo, una vez formado, tiene una autonomía
coyuntural cuyo impacto es difícil de forzar administrativamente, y en que así fuer
za redefiniciones políticas, de tiempo en tiempo, de la forma del mercado. No es rea
lmente el caso que en el capitalismo el mercado es libre de controles políticos, com
o es sostenido por los economistas neoclásicos. Es más bien que el mercado mismo se
convierte en un importante mecanismo político, algo que no es cierto (o mucho meno
s cierto) en sistemas históricos redistributivos/tributarios.
Podemos poner esto en el lenguaje de la mano invisible. En sistemas redistributi
vos/tributarios, los métodos en que las transferencias del excedente son logradas
tienden a ser bastante visibles: rentas, imposición, pillaje, pagos rituales. En e
l sistema histórico capitalita/moderno, una porción significante de la transferencia o
curre menos visiblemente, vía el mercado, en la forma de ganancia. La ventaja para el
receptor de la mayor parte es que los perdedores en parte, no podrían estar entera
dos de haber perdido, o inmediatamente menos enterados, y también menos enterados
de exactamente con quién han perdido. Así, podrían ser menos capaces de analizar las o
peraciones por las cuales la transferencia ha ocurrido, y por eso menos capaces
de responder su injusticia a ellos. En cualquier caso, un sistema capitalista op
era al tratar de convertir las transferencias visibles en invisibles. Sin embargo,
puesto que la mano invisible es una mano que está políticamente estructurada (y const
antemente reestructurada), es difícil mantenerla invisible. Así el éxito político del disp
ositivo está lejos de ser perfecto; no obstante, ha sido razonablemente eficaz, en
parte precisamente porque es tan complicado.
El tercer proceso que es repetidamente ofrecido como una o la differentia specif
ica del sistema histórico capitalista/moderno es la construcción del conocimiento. Est
o es planteado en un número de ropajes. En general, el énfasis está en el predominio d
e la ciencia, o de una cierta forma de ciencia y por ello de método científico, un m
odo de pensamiento referido algunas veces como newtoniana o baconiana-newtoniana
, y que presupone o enfatiza la linealidad y universalidad de los fenómenos físicos.
Es menos que este modo de ciencia constituya en alguna manera la esencia del si
stema histórico capitalista/moderno, es argumentado, que por sí mismo pudiera haber he
cho posible la destacable transformación de la tecnología que ha ocurrido históricamen
te. A su vez, fue esta transformación de la tecnología lo que hizo posible la sustit
ución, a gran escala, de energía no-humana por humana en actividades productivas lo
que a su vez da cuenta del fenómeno del crecimiento intensivo.
Hay un número de niveles en los cuales esta tesis puede ser desafiada, y lo ha sid
o. A fines del siglo XX, ha habido creciente desafío, desde dentro de la misma com
unidad de la ciencia, de lo adecuado o la utilidad de este modelo de ciencia. El
desafío, en el grado en que es correcto, levanta implícitamente cuestiones sobre la
racionalidad de las elecciones tecnológicas que históricamente se hicieron sobre la
base del modelo newtoniano. Esto, sin embargo, asciende a una crítica de la práctic
a del sistema histórico capitalista/moderno, y no necesariamente un cuestionamiento
de su existencia nominal.
Un desafío bastante diferente ha sido cuestionar la singularidad del logro tecnológi
co de este sistema histórico. Un esfuerzo ha sido establecer un patrón continuo de a
vance científico/tecnológico ubicado en muchas regiones mundiales diferentes (China,
el Medio Oriente, la zona Mediterránea), hacia las cuales los recientes esfuerzos
científicos europeos occidentales se han calzado a sí mismos, principalmente desde
el siglo XVI. Al subrayar las continuidades, este argumento reduce la distintivi
dad de lo que ocurrió en Europa occidental. Más aún, ha sido argumentado que, en esta
arena como en muchas otras, Europa occidental previamente había sido una zona atras
ada o marginal, implicando por eso que cualquier explicación de cambio significativo
no pudo ser considerado por exclusivamente o incluso principalmente en términos de
alguna afinidad europea por o la tradición del conocimiento científico.
Esta rápida inspección de procesos que puede ser pensado para distinguir el sistema
histórico capitalista/moderno de otros sistemas, sugiere que las distinciones son di
fíciles de establecer claramente, y que es dudoso erigir un andamiaje teórico de exp
licación sobre la base de estos procesos supuestamente distintivos. ¿Podemos hacerlo
mejor si observamos las estructuras del sistema histórico capitalista/moderno?
Existen tres estructuras que han sido establecidas en el sistema histórico capital
ista/moderno que han sido repetidamente sostenidas (separadamente o colectivamente
) para ser sus características distintivas: la propiedad privada; la mercantilizac
ión (de bienes, de tierra, y de trabajo); y el moderno Estado soberano. Cada uno pla
ntea problemas en el esfuerzo de descubrir la differentia specifica.
Los derechos de propiedad privada o quiritaria se refieren a la asignación de prop
iedad a individuos (real o ficticios) de fenómenos físicos (extendidos para incluir
la llamada propiedad intelectual), que reciben garantías legales en que pueden ret
ener su propiedad indefinidamente, transferirla o venderla, y heredarla. Podrían t
ambién usarla (o dejarla sin uso), rentarla, o gastarla. Más aún, nadie podría confiscar
la, usarla o disponerla en su sitio o contra su voluntad. Finalmente, todos los
fenómenos físicos en principio son apropiados por alguien.
Hay ciertas objeciones elementales a este cuadro de la institución. No todos los f
enómenos de hecho son poseídos por alguien. Por ejemplo, es generalmente acordado qu
e el aire no es poseído, y que el agua rara vez lo es. No es cierto que la propied
ad esté exenta de todas las decisiones exteriores. Por ejemplo, los Estados retien
en el derecho de dominio eminente. Podrían legislar limitaciones sobre ciertos uso
s a la cual la propiedad pueda ser puesta. En tiempos de emergencia, podrían ir incl
uso más lejos. Las ventas de propiedad están sujetas a varias limitaciones legales.
Así, por una parte, los derechos de propiedad son lejos de ser absolutos en el sis
tema histórico capitalista/moderno. Por la otra, este sistema no es el único que ha te
nido tales derechos de propiedad. Como es frecuentemente notado, la antigua Roma
, por ejemplo, tuvo una estructura similar de derechos quiritarios.
Sin embargo, si dejamos estas objeciones a un lado como menores, y acordamos que
los derechos de propiedad son un fenómeno omnipresente del sistema histórico capita
lista/moderno y de este solamente, permanece allí la cuestión de qué tan relevante es. L
a propiedad es primero que todo, el aseguramiento de fenómenos que conducen potenc
ialmente, directamente o vía el mercado, hacia algún tipo de consumo. ¿Contra quiénes, y
por qué, el consumo necesita ser asegurado? Obviamente, existen genéricamente sólo do
s posibilidades: contra la colectividad de otros, y contra otros individuos.
La seguridad de la propiedad contra la colectividad no es absoluta por supuesto.
Ya hemos notado el concepto de dominio eminente, o los derechos de un Estado en
una emergencia. ¿Pero qué tan efectiva es, incluso normalmente? ¿No pueden los Estados
modernos (y sus subestructuras) gravar, más o menos a voluntad? ¿Si están restringidos
en la imposición, no es principalmente por presiones políticas antes que por decret
o constitucional? Sin duda, hay un punto en que la imposición normal pueda considera
rse excesiva, y el Estado es considerado (ilegítimamente) confiscatorio. Pero esto
es difícil de definir, y más difícil de cumplir legalmente contra la burocracia estat
al, y en cualquier caso la misma definición del nivel límite que constituye la confi
scación está sujeta a constante redefinición y extensión. La cuestión real es la diferenci
a de facto entre la seguridad de la llamada propiedad privada contra la colectiv
idad, y la seguridad de otras formas de control de fenómenos físicos en sistemas his
tóricos no capitalistas contra la colectividad. En estos sistemas, la constricción s
obre la colectividad (o el gobernante político) no podría ser pensada como la ilegit
imidad de la confiscación, sino más bien como la ilegitimidad de violar la economía mor
al. Pero, en la práctica ¿qué tan grande es la distinción?
Existe por supuesto la segunda garantía de seguridad, aquella contra otros individ
uos. Esto es la garantía contra el robo, el pillaje, el fraude. Pero seguramente a
quí tampoco hay diferencias esenciales, sea en ley o en práctica, entre el sistema h
istórico capitalista/moderno y otros (previos). Quizá más pertinente es el aseguramiento
de los derechos de propiedad contra aquellos otros individuos quienes son famil
iares cercanos. Supuestamente, en el sistema histórico capitalista/moderno, los dere
chos de propiedad residen en individuos designados y no en una familia o una comuni
dad, que es más frecuentemente el caso en otros sistemas. Pero incluso aquí, la disti
nción se emborrona. Ha habido una gama muy amplia de reglas en el sistema capitali
sta/moderno que han asegurado los derechos de la familia en la propiedad (reglas de
herencia, reglas de responsabilidad conyugal o parental, etc.). De hecho, en sis
temas que enfatizan la naturaleza de la comunidad de la propiedad, a menudo los líder
es de estas comunidades disponen de facto de derechos que son muy cercanas a aque
llas asociadas con la propiedad privada individual.
La seguridad de los bienes no es el único objeto de los derechos de propiedad. La
mercantilización es un segundo. La seguridad importa principalmente porque supuest
amente actúa como un incentivo para comportamientos riesgosos emprendedores al ase
gurar la permanencia de las recompensas. El comportamiento riesgoso emprendedor
es un comportamiento orientado al mercado, y esto requiere de mercantilización. La
mercantilización es estructurada por ley y por costumbre. Primero que todo, tiene
que ser permitido, después socialmente estimulada.
Por supuesto, la comercialización de bienes es un fenómeno de ninguna manera exclusi
va al sistema histórico capitalista/moderno. Seguramente, hace 50 años, hubo muchos ac
adémicos quienes consideraban esto ser raro o excepcional o restringido a arenas e
speciales en sistemas no capitalistas. Pero todo el trabajo empírico de los últimos
50 años sobre estos otros sistemas ha tendido a revelar que han tenido una mercant
ilización mucho más extendida que lo previamente sospechado, incluso si es que globa
lmente no tan extensiva como en nuestro presente sistema. Sin embargo, la existe
ncia de mercados reales (y mercaderes) en estos otros sistemas es ciertamente su
ficiente para eliminar la visión de que la mera mercantilización de bienes es sufici
ente para distinguir el sistema histórico capitalista/moderno de otros sistemas prev
ios.
Un argumento basado en la mercantilización por eso tiene que descansar en gran par
te sobre la mercantilización de dos fenómenos especiales: tierra y trabajo (o fuerza
de trabajo). En algunas maneras es difícil saber por qué los analistas siempre han
separado estos dos fenómenos como casos aparte. No puede ser que históricamente haya
n sido los más resistentes a la mercantilización. Como ya ha sido notado, el aire (e
incluso el agua) ha sido más resistente a la mercantilización que la tierra. Tal st
atus especial como la tierra está claramente relacionado con el hecho de que la ag
ricultura ha sido la actividad económica central de los últimos 10.000 años, sobre la
cual la reproducción de la humanidad ha sido fundamentalmente dependiente. Es sola
mente en el siglo XX que hemos comenzado a movernos en una forma significativa h
acia una situación en que menos que la mayoría de la población mundial será empleada en
trabajo agrícola. Incluso así, la mayoría de la oferta mundial de alimento todavía viene
esencialmente de la tierra. Por eso, no es sorprendente que varios sistemas his
tóricos desarrollaron mecanismos para limitar (incluso proscribir) la mercantiliza
ción de la tierra. ¿Ha sido esto deshecho en el sistema histórico capitalista/moderno? H
asta cierto punto, por supuesto. La mayoría de la tierra es alienable hoy en día. Pe
ro esto es por supuesto una cuestión de grado: no toda la tierra es alienable, ni
siquiera hoy día. Y esto no era cierto en tiempos previos de que ninguna tierra fu
e del todo alienable. Evidentemente, había algunas zonas, como China, donde la tie
rra era en gran parte alienada. Esto ha sido principalmente una cuestión de aument
o a nivel mundial del porcentaje de tierra que es alienable en los últimos siglos.
En adición, debemos hacer la pregunta de qué tan importante es esa tierra que es ali
enable, y ¿en términos de qué? Las transacciones de mercado seguramente, no son la única
forma de transferir el control de la tierra, y los traspasos de control han sid
o un fenómeno frecuente y recurrente en todos los sistemas históricos conocidos. Si
la consolidación del control es óptima para la producción (y productividad), ha habido
de seguro tanta consolidación en el curso de los sistemas no capitalistas como en
el sistema histórico capitalista/moderno. Si las llamadas unidades de tamaño familiar s
on óptimas, una vez más han sido frecuentes tanto en las unas como en las otras. En
pocas palabras, no es claro que la alienabilidad relativamente incrementada de l
a tierra haya resultado en cualquier enorme diferencia en la morfología de las pro
piedades de tierra.
¿Qué entonces de la mercantilización del trabajo, o de la fuerza de trabajo? La import
ancia clave del trabajador asalariado proletario ha sido enfatizado en muchos anál
isis del capitalismo. Aquí también, tenemos que observar primero la realidad empírica
y después a sus consecuencias. El trabajo asalariado, por supuesto, ha sido una ca
racterística central del sistema histórico capitalista/moderno. Pero nunca ha sido el ún
ico modo de uso de la fuerza de trabajo. Efectivamente, podría ser incluso cuestio
nado si ha sido el modo mayoritario dentro del capitalismo histórico. A la inversa
, apenas (si es que alguna vez) ha estado completamente ausente como un modo de
uso de la fuerza de trabajo en sistemas no capitalistas. Como con la alienabilid
ad de la tierra, la alienabilidad de la fuerza de trabajo es una cuestión de grado
. Ha habido sin duda más de esta en el sistema histórico capitalista/moderno, pero no
es inmediatamente auto-evidente que la diferencia de grado ha sido cualitativame
nte significativa.
Esto deja sin discusión qué justificación existe para distinguir entre la mercantiliza
ción del trabajo y la de la fuerza de trabajo, esto es, la diferencia entre la com
pra y venta de la fuerza de trabajo humana por toda una vida (esclavitud) como c
ontraria a su uso por un periodo especificado (un año, una hora). De seguro, no es
claro que en la historia del mundo haya habido menos esclavitud dentro del sist
ema histórico capitalista/moderno que en los anteriores. Uno quizás podría hacer el caso
contrario.
Finalmente, sin embargo, permanece la cuestión, como con la alienabilidad de la ti
erra, ¿qué diferencia hace la alienabilidad del trabajo (y/o la fuerza de trabajo)?
Si es argumentado que, si solo el trabajo y/o la fuerza de trabajo es alienable,
será posible asignar óptimamente su uso, esto deja fuera de consideración la posibili
dad de que las transferencias administrativas puedan lograr el mismo objetivo, de
hecho lograrla mejor bajo ciertas circunstancias. Si es argumentado que la fuerz
a de trabajo mercantilizada es esencial para proporcionar un mercado sustancial
de bienes mercancías, esto deja fuera de consideración que la compra colectiva de bi
enes para la reproducción (como por una intendencia del ejército o por un propietari
o de una fábrica/plantación) puede tener sustancialmente el mismo efecto de proporci
onar poder de compra en el mercado, como efectivamente ha tenido este efecto his
tóricamente.
Nos dejan por eso con la incertidumbre de si el grado de mercantilización consegui
do bajo el sistema histórico capitalista/moderno, mientras que cualitativamente más gr
ande que en otros sistemas, haya sido hasta ahora cualitativamente fundamental.
E incluso si así lo ha sido, si es que de hecho es cierto que la mercantilización po
r sí misma transforme la productividad.
De ahí, nos tornamos a la tercera característica estructural considerada específica al
sistema capitalista el Estado soberano moderno. ¿Qué es lo que hace diferente al Estado
moderno de las estructuras políticas de sistemas históricos previos? En la teoría polític
a del mismo sistema histórico capitalista/moderno, el tema que es enfatizado es la s
oberanía. La misma palabra aclara su esencia. Soberanía es derivada de soberano un solo
gobernante de un área geográficamente definida que tiene autoridad total y exclusiv
a dentro de esta área. La soberanía es la unificación de la autoridad política, lo contra
rio a la parcelización que ha marcado la estructura política del feudalismo europeo.5
Si la soberanía es a menudo considerada esencial al sistema histórico capitalista/mod
erno, lo es porque es considerada el complemento necesario a la institución de la p
ropiedad privada. La propiedad privada requiere de garantías políticas, y estas gara
ntías solo pueden tomarse en serio si son ofrecidas por un Estado que es soberano
y por medio de la autoridad necesaria para hacer esas garantías.
Sin embargo, hay dos problemas aquí. Uno es, una vez más, la hechura entre la estruc
tura teórica y las estructuras reales. ¿Han sido realmente soberanos los Estados sob
eranos? ¿Han tenido tanta autoridad completa y exclusiva dentro de sus límites? Clar
amente, en la realidad histórica del mundo moderno, ningún Estado ha sido nunca tota
lmente soberano. En adición, los Estados han variado ampliamente en términos de auto
ridad efectiva de la que han sido capaces de ejercer. Muchos han sido bastante déb
iles; unos muy pocos relativamente fuertes. Segundo, si la soberanía es medida por
la autoridad centralizada y unificada como contraria a la autoridad parcelizada
, otros sistemas históricos han conocido esta condición (o hecho este reclamo), por
ejemplo, los grandes imperios-mundo, aunque de hecho el poder real de los imperi
os-mundo en gran parte fue menor que el de los Estados soberanos en el sistema i
nterestatal moderno.
Esto lleva, entonces, a la cuestión de si hay alguna forma de distinguir el Estado
moderno de los imperios-mundo. Todo el corpus de los escritos políticos de Max Webe
r, podría decirse, que es justamente un intento de hacer esto. Los dos elementos c
lave que Weber discierne, muy vinculados de hecho el uno con el otro, son el mod
o de legitimación del poder y la estructura de la burocracia. Weber (y los weberia
nos) han enfatizado el grado en que el Estado moderno está basado en las premisas r
acional-legales como las contrarias a ser patrimoniales. Se dice que una burocracia
racional es técnicamente superior y está directamente vinculada según Weber a las nec
esidades de una economía de mercado capitalista, que los oficiales del negocio de l
a administración pública estén precisamente cumpliendo, sin ambigüedades, continuamente,
y con tanta velocidad como sea posible.6 Con las otras estructuras esenciales, l
a cuestión es doble. ¿Cuál es la realidad empírica de la práctica, como lo opuesto de la d
escripción teórica? Incluso si en la práctica existe una diferencia, ¿cuáles son las conse
cuencias reales de esta diferencia?
La importancia operacional de la legitimación racional-legal está localizada en la rac
ionalidad de la burocracia. ¿Pero qué tan racionales han sido las burocracias? Las l
imitaciones acerca del grado en que las burocracias de los Estados modernos han si
do, de hecho, compuestas por tecnócratas racionales impersonales y desinteresados
están indicadas ahora en la misma literatura extensiva sobre la corrupción, que es con
tinua y omnipresente (en una forma u otra). Efectivamente, ¿no podríamos considerarl
a un elemento integral de las operaciones del sistema histórico? Precisamente como
el trabajo asalariado torna ser sólo un modo de remuneración entre muchos (no resid
ualmente, sino constitutivamente), así el desinterés torna ser sólo una forma de compo
rtamiento burocrático entre muchos (no residualmente, sino constitutivamente). En
añadidura, mientras las estructuras administrativas de los Estados modernos han crec
ido en tamaño, lejos de convertirse en más racionales, como sostuvo Weber, de hecho ha
n removido a un estrato más grande de posiciones desde las operaciones directas de
un sistema de reclutamiento burocrático racional.
También podría preguntarse si la administración pública burocrática es un elemento esencia
l en la maximización de la capacidad de los emprendedores para perseguir sus inter
eses orientados a las ganancias. Obviamente, tiene ventajas en términos de predict
ibilidad y objetividad (en términos de los conflictos de interés de los emprendedore
s en competencia). Pero el interés de emprendedores particulares, especialmente lo
s más grandes entre ellos, puede ser mejor servido por administraciones públicas men
os predecibles, menos objetivas (por tanto más colusivas).
Hay una tercera característica estructural que distingue al Estado moderno, uno que
es frecuentemente menos discutido. Es el hecho de que estos Estados soberanos no s
on de hecho estructuras aisladas políticamente, sino más bien miembros de un sistema
interestatal; efectivamente, son definidos por su membresía en este sistema inter
estatal. Por supuesto, esto no era cierto para los múltiples imperios-mundo preced
entes. Pero ¿cuál es la significancia de esta particularidad estructural final del s
istema histórico capitalista/moderno? ¿No es primero que el sistema interestatal const
ricciona a los Estados soberanos precisamente en todas las características que sup
uestamente distingue los Estados modernos de las otras formas de Estados? El siste
ma interestatal limita la soberanía de los Estados, recreando por medio de la cual
una forma de soberanía parcelizada. El sistema interestatal crea la posibilidad d
e recurso más allá de los límites del Estado, minando con eso la permanencia de las de
cisiones sobre la seguridad de los derechos de propiedad. El sistema interestata
l proporciona el marco dentro del cual los sistemas patrimoniales trans-estatale
s puedan florecer (por ejemplo: la existencia de burguesía compradora, redes subvers
ivas, agentes pagados de potencias externas, etc.). Finalmente, el sistema inter
estatal subvierte el significado de la proletarización dentro de un Estado dado mi
entras refuerza una división del trabajo a escala de la economía-mundo en que el rol
del trabajo no asalariado sigue siendo significativamente alta.
La única cosa que el sistema interestatal no constricciona es la actividad básica de
l sistema histórico capitalista/moderno el crecimiento intensivo, la expansión, la acum
ulación incesante de capital. ¡Muy al contrario! El sistema interestatal mismo ha sid
o una expresión mayor de esta actividad. Mientras que la economía-mundo ha crecido, ta
mbién lo ha hecho el sistema interestatal, desde sus limitadas fronteras (como fue
ron codificadas, digamos, en el Tratado de Westfalia en 1648) hasta su inclusivi
dad global (como ha sido registrado en la vocación universal de las Naciones Unida
s).
Así regresamos a la cuestión, ¿qué es lo distintivo acerca del capitalismo? Esta rápida re
visión de las respuestas típicas a esta cuestión ha servido para presentar el caso de
que las estructuras y procesos supuestamente específicas del sistema histórico capit
alista/moderno son todas menos distintivas en la práctica que en la teoría. Y esto ha
levantado cuestiones acerca de si los varios procesos y estructuras, hasta el pu
nto que de hecho son diferentes de aquellas de otros sistemas, se pueda decir qu
e dan cuenta del desarrollo económico y científico-tecnológico que nosotros vemos. La ún
ica cosa que parece incuestionable, e incuestionada, son las curvas de crecimien
to hiperbólico en producción, población, y la acumulación de capital que han sido una real
idad continua desde el siglo XVI. Pero las curvas de crecimiento hiperbólico no so
n de por sí para ser aplaudidas. Los cáncer crecen también hiperbólicamente.
Tenemos ahora que virar desde el resultado la existencia de un sistema histórico ca
pitalista/moderno hacia la descripción de los orígenes. Esto es a menudo referido como
la cuestión de la transición del feudalismo al capitalismo, o cómo es que nuestro actual
sistema realmente vino a la existencia.
III. La construcción histórica de un mundo capitalista
Hemos tratado de especificar lo que queremos decir por capitalismo y/o modernidad. S
imilarmente, es necesario especificar lo que queremos decir por feudalismo, al men
os en Europa occidental, si hemos de preguntar cómo es que ahí hubo una transición desde
uno hacia el otro en esta zona geográfica específica. Más aún, como Bois nos lo recuerd
a, una teoría del feudalismo tiene que dar cuenta tanto de sus orígenes como de su de
saparición.7
Una vez, se ha argumentado que el feudalismo era algún tipo de economía natural con ause
ncia casi total de mercados, dinero, y manufacturas. Esto se ha convertido en al
go difícil de defender a la luz de la actual erudición. Por el contrario, parece cla
ro que el feudalismo europeo involucró un crecimiento significativo de mercados, d
inero, y manufacturas. Tenemos que empezar con el hecho de que la institución del
sistema feudal en su forma clásica en el siglo XI fue en la época una nueva solución p
ara el continuo problema de cómo explotar trabajo agrícola por un estrato más alto cuy
a principal habilidad era la guerra. La esclavitud había sido un mechanismo import
ante (quizá la clave) para conseguir esto, no solo en el Imperio Romano, sino tamb
ién en la Edad Media temprana (siglos V al IX+).8
Sin embargo, la mantención de la esclavitud en números significativos, requirió dos co
ndiciones simultáneas: primero, la obtención constante de nuevos esclavos por la gue
rra en los bordes (o por fuera) de la zona en que los esclavos son usados (y con
secuentemente la capacidad del Estado, o los guerreros dentro de las zonas, para
conducir o beneficiarse de las razzias necesarias); y segundo, la mantención de un
alto grado de orden interno dentro de la zona en que los esclavos son usados (y
consecuentemente la dificultad para los esclavos para rebelarse o desertar). Doc
kés resume los altibajos históricos del uso de esclavitud en Europa occidental como
sigue:
[H]ubo relativamente pocos esclavos rurales, y especialmente esclavos prebendiar
ios, durante la inquietud étnica y social del siglo III (Bacaudae, invasiones), y
más adelante durante la crisis final de la segunda mitad del siglo IV y el siglo V.
Por contraste, el número de esclavos se incrementó con el establecimiento de reinos
bárbaros, que combinaron represión interna con incursiones militares externas. Pudo
haber habido un número considerable tanto de escapes y domiciliación en el siglo VII
(al menos en su segunda mitad), seguida por un resurgimiento del sistema esclav
ista con los Pipino comenzando a inicios del siglo VIII y por supuesto con el im
perio de Carlomagno. Después del colapso de la aventura imperial y sus órganos estat
ales asociados, y la resultante turbulencia social y tribal acoplada con las inv
asiones vikingas, sarracenas, y húngaras en la segunda parte del siglo IX e inicio
s del siglo X, la esclavitud declinó una vez más.9
La esclavitud no era incompatible con la presencia de trabajadores libres, como in
quilinos o incluso propietarios de tierra adyacente a aquella siendo cultivada p
or los esclavos. Efectivamente, la co-presencia de trabajadores libres pudo inclus
o haber sido altamente positivo para el reforzamiento político del sistema esclavi
sta. La creación de esta distinción étnica entre la fuerza de trabajo pudo haber facilit
ado la mantención del orden. Sin embargo, tales trabajadores libres no estaban por n
ingún medio unidos en comunidades primordiales cuya diferenciación más tarde hubiese d
ado auge a la propiedad feudal de la tierra, aunque así es cómo Takahashi ha ilustra
do la secuencia.10 Este modelo no solo ignora la existencia de villas medievales
y sus esclavos, sino también pierde el hecho de que las comunidades rurales (y su
s ideologías cuasi-igualitarias), lejos de ser primordiales, en sí mismas eran produ
ctos relativamente tardíos de la inclusión de los inquilinos en la red feudal de dep
endencia. Como Guerreau argumenta: Ver en las comunidades del siglo XIV la heroic
a supervivencia de primitivas comunidades volviendo a la Edad de Bronce va contra
el más elemental sentido de la historia.11
El sistema solariego, con su combinación de trabajo esclavo en el dominio y trabaj
adores libres, colapsó al final del siglo X.12 Es este colapso Bois lo llama una revol
ución el que fue la causa inmediata de iniciativas masivas de la población rural en num
erosas regiones, que llevaron a la famosa expansión de los siglos XI-XII.13 Estas i
niciativas fueron institucionalizadas como el clásico sistema feudal (siervos atados
a sus amos, pero también atados a cada uno en las estructuras comunales). Para la
mayoría de los anteriores trabajadores libres, este nuevo sistema de hecho involucró
un aumento considerable en su explotación, combinado con una oportunidad relativa
para algunos de mejorar su situación. Joshua explica esta aumentada presión sobre do
s argumentos. Por un lado, estaba el creciente incremento del costo en la oferta
de esclavos. Mientras las zonas cercanas para la razzia fueron agotadas, uno te
nía que adentrarse más en el campo.14 Por el otro, la reemergencia de una red urbana
(comenzando ya en el siglo VIII+) creó una demanda por mayor producción.15 Así era po
r el año 1000+, más o menos, el banal señorío fue establecido virtualmente en todas parte
s, en parte (¿en gran parte?) debido al fin del sistema de pillaje fructífero.16 Y, con
la creación de este nuevo sistema explotador, se podría decir que comenzó el período de
dinamismo y ascenso para la Europa Cristiana en general.17
Aún, a pesar de la expansión económica y geográfica de las siguientes dos o tres centuri
as, el nuevo sistema de explotación estaba todavía sobre piernas estructurales basta
nte débiles. Un elemento crucial fueron los principales medios de producción, la tie
rra arable misma tenía que ser producida,18 por un proceso de liquidación de tierras.
Brenner nota esto al argumentar que la colonización fue la forma arquetípica del desa
rrollo feudal y de la mejora feudal.19 Él declara esto, sin embargo, demasiado estr
echamente, puesto que la colonización de nuevas áreas completamente nuevas fue solo un
medio de crear tierra arable. La segunda fue convertir la tierra en la vecindad
de las tenencias existentes (tierras de pastos, bosques, tierras pantanosas, et
c.) en tierras arables mediante mejoras.
La colonización de tierras completamente nuevas no fue necesariamente más rentable q
ue la mejora de viejas tierras puesto que la colonización vinculaba el costo de la
conquista. Aunque los desarrolladores, debido a que estaban libres de las constri
cciones de la costumbre, a veces eran capaces de imponer nuevas y ventajosas rel
aciones de producción sobre los productores directos, en otros tiempos encontraron
que la baja relación trabajo-tierra requirió concesiones significativas hacia los p
roductores directos. Seguramente, mejorar la vieja tierra necesitó cambiar los viejo
s patrones culturales y esto se encontró con resistencia. Esto también involucró el cu
ltivo de tierra menos fértil (puesto que previamente la tierra probablemente habría
sido cultivada). Pero tenía la ventaja de utilización de la tierra que de alguna man
era ya en el ámbito (si no el control total) de los desarrolladores, y por eso no
involucrando nuevas obligaciones hacia los señores.
En cualquier caso, el desarrollo de la tierra requirio la aquiesencia política, si
no la asistencia política, de los señores y así estimularon la construcción de organizac
ión militar más efectiva, más grande y/o la construcción de maquinarias extractoras de e
xcedente más grandes.20 Así, es apropiado insistir, como Anderson hace, que:
La singularidad del feudalismo nunca fue agotada meramente por la existencia de
las clases señoriales y serviles como tal. Fue su organización específica en un sistem
a verticalmente articulado de soberanía parcelizada y propiedad escalar la que dis
tinguió el modo de producción feudal en Europa.21
La eficacia del feudalismo estaba ubicado precisamente en el fuerte vínculo entre
los poderes económicos y políticos del señor, la asimilación total del poder sobre la tie
rra y el poder sobre los hombres.22 O, como Hilton lo pone, era señoría el cual era es
pecífico al feudalismo.23
Por otra parte, el vínculo aparentemente estrecho del poder económico y político era m
inado precisamente por la parcelización de la soberanía y el limitado control del pr
oceso productivo:
Estos señores, con sus dependientes armados y sus amplias jurisdicciones privadas
o públicas, por ningún medio tenían completo control incluso sobre el campesinado serv
il. En particular, su poder militar y político no estaba igualado por su poder par
a manejar la economía agraria. Esto era debido a la gran distancia entre ellos y e
l proceso productivo. Ni lo era simplemente el contraste entre la vasta escala d
e la propiedad feudal y la pequeña escala de la empresa familiar, porque estas dis
tancias se aplicaron a los pequeños señores de aldeas únicas así como a los magnates que
poseían cientos. Esto era así también porque, en el todo, la intervención efectiva del
señor o sus oficiales en la economía de la parcela campesina era muy limitada. Es ci
erto que el señor podría afectar, usualmente en un sentido negativo, los recursos de
la parcela campesina en sus demandas por rentas y servicios. Él podría también (aunqu
e nunca tanto como hubiese esperado) controlar el movimiento de la población depen
diente. Pero no era capaz de determinar la aplicación del trabajo y otros recursos
dentro de la economía de la parcela; ni, en el todo, había muchos intentos en término
s de arriendos, incluso cuando la tenencia por costumbre empezó a colapsar al fina
l de la Edad Media, para especificar buenas prácticas agrícolas
Por eso tenemos una clase poseedora de tierra cuya misma existencia dependía de la
transferencia a ésta de plus-trabajo y los frutos del plus-trabajo de una clase q
ue era potencialmente dependiente de esto, sobre la cual ejerció poder político, mil
itar y jurídico, pero en relación a la cual no cumplió ninguna función emprendedora.24
Es por estas razones que Bois insiste en definir al feudalismo como la hegemonía de
la pequeña producción individual combinada, por supuesto, con la apropiación de parte
del excedente por el señor, una apropiación que fue hecha posible por la constricción
política.25
Este sistema funcionó maravillosamente bien para los señores por un tiempo, pero des
pués cesó de hacerlo así. Fue más o menos alrededor de 1250+ que el sistema entró a su cris
is que convencionalmente es visto haber durado hasta más o menos alrededor de 1450+
. De aquí, parecemos estar tratando con un sistema histórico que existió por sólo 500 años
a lo más, un periodo que aparentemente podría decirse está compuesto por una mitad de
ascenso o florecimiento del sistema y una mitad de una crisis o caída. Esto parec
e un esquema curiosamente abreviado y formal. Algunos autores resuelven esta ano
malía al extender la definición de feudalismo más allá del modelo señor-siervo para incluir
dentro el periodo mas o menos 400-500+ hasta más o menos 1000+. Pero a su vez pres
enta otro dilema intelectual, bien declarado por Dockés:
Lo que se necesita es ya sea revisar el concepto de modo feudal como compuesto d
e dos formas sucesivas dentro de un solo modo de producción, o considerar la Edad
Media como un periodo transicional prolongado entre el modo de producción esclavis
ta y el modo de producción capitalista.26
El sistema feudal en Europa occidental parece haber operado bastante claramente
por patrones de ciclos de expansión y contracción de dos longitudes: cerca de 50 años
y cerca de 200-300 años. Los dos tipos de ciclos parecen mostrar características par
alelas y los más cortos estaban incrustados en los más grandes. La evidencia de los
más cortos está presentada más claramente en la cuidadosa reconstrucción por Bois para N
ormandía.27 Los más largos (o más bien el más largo) ha recibido un acuerdo consensual d
e la mayoría de los historiadores económicos que tratan la Edad Media tardía.
Es un fenómeno curioso, faltante a tener una adecuada explicación teórica, que estos c
iclos de 50 años parecen asemejarse a los ciclos encontrados en la economía-mundo ca
pitalista (los llamados ciclos Kondratiev de los siglos XIX y XX), que muchos pi
ensan que existen también en los siglos XVI y XVIII.28 Mientras que para los ciclo
s de 200-300 años de longitud, está ampliamente acordado que han existido de los sig
los XVI al XVIII,29 y un argumento puede hacerse para que continúen también en los s
iglos XIX y XX. Así, de una forma más aún, encontramos un incómodo borrón de la distintivi
dad de los patrones de la Europa medieval y el mundo moderno.
El patrón de expansiones y contracciones son claramente expuestos y ampliamente ac
eptados entre aquellos que escriben sobre la tardía Edad Media y los comienzos de
los tiempos modernos en Europa,30 aunque por supuesto la dirección de la causalida
d está sujeta a un desacuerdo muy intenso.31 Es generalmente acordado que la expan
sión y contracción (relativa) de población, área total de tierra bajo cultivo, precios n
ominales, producción total, y cantidad de transacciones monetarias fueron al alza
y la baja en paralelo. La demanda y los precios crecientes condujeron al aumento
en el área de la tierra dedicada a la producción arable; la demanda y precios decre
cientres condujeron a un cambio desde la tierra arable hacia la producción pastora
l o la producción vitivinícola. La demanda incrementada llevó a mayor innovación agrícola,
mayor uso de fertilizantes, rendimientos más altos, mayor concentración sobre los g
ranos más caros (trigo, después centeno); la demanda disminuida tuvo el efecto inver
so. El aumentado uso de la tierra y población estaba correlacionado con el increme
ntado número de unidades de granjas, siendo reducido su tamaño promedio; la decrecie
nte demanda condujo a una concentración mayor de unidades de tierra. La expansión es
taba correlacionada con un mayor ingreso en rentas hacia los recibidores de rent
as; la contracción con menos ingreso total. La expansión estaba correlacionada con tér
minos de intercambio más favorables de la agricultura con la industria; la contrac
ción con lo inverso (las llamadas tijeras de precios). Los salarios reales bajaron
con la expansión y el incremento de la población; subieron con la contracción. La ind
ustria era más urbana en tiempos de expansión, más rural en la contracción. La expansión e
n el sistema feudal llevó a más servidumbre; la contracción a menos.
La larga oscilación es la que fue crucial. Así 1050-1250+ fue un tiempo de expansión d
e Europa (las Cruzadas; la colonización en el Este y el lejano Norte, y en Irlanda
), que después se detuvo o se replegó. Era la época de florecimiento de los centros ur
banos, la contrucción de grandes catedrales, el fortalecimiento de las estructuras
estatales (y de ahí, de más paz interna, si más guerra en los bordes del sistema). La
crisis o gran contracción de 1250-1450+ incluyó la Peste Negra, el período de numerosas
revueltas campesinas (y el florecimiento de herejías igualitarias en la Iglesia), l
a crisis de los ingresos señoriales, y las grandes luchas intestinas de la nobleza
(por ejemplo: la Guerra de los Cien Años, la Guerra de las Rosas), todas las cual
es involucraron violencia y desorden que se sumaron al declive tanto en la produ
cción como en la productividad total.
Es debido a, o en la víspera de, esta larga contracción de la economía a lo largo de E
uropa, esta crisis del sistema feudal, que la mayoría de los comentadores argumenta
que ahí sucedió (o comenzó) una transición al capitalismo, o hacia un sistema económico come
rcializado moderno. Algunos analistas ponen el énfasis en la ruptura que representó. O
tros prefieren ver el cuadro desde el 1000+ hasta hoy en día como una evolución rela
tivamente estable, pero incluso estos parecen reconocer que un cambio cualitativ
o tomó lugar más o menos en 1500+. Este concepto es consagrado en nuestra periodizac
ión aceptada que ve más o menos 1500+ como el fin de la Edad Media y el comienzo en
Europa de los tiempos modernos o ve el Renacimiento más la Reforma como un punto det
erminante crítico.
Pero, ¿cuáles son las explicaciones normalmente dadas de por qué ocurrió esta transformac
ión? Aquí la literatura es lejos más oscura, puesto que muchas de las explicaciones son p
rincipalmente descripciones empíricas de qué es lo que se piensa que ha ocurrido o e
volucionado, antes que qué ha causado los cambios para que ocurran. ¿De hecho, por q
ué algunos cambios fundamentales ocurrieron del todo? Esto es decir, que una varia
nte particular de un sistema agrícola en que una clase alta explotó de alguna manera
la masa de los productores rurales dio la vía hacia otra variante en Europa occide
ntal o en otras partes no era nada nuevo. Esta ha sido la historia de la humanida
d alguna vez desde la llamada revolución agrícola, Todas las variantes han sido ines
tables, en el sentido de que dada cualquiera apenas ha durado más de 4-500 años. Per
o cuando dada cualquiera había colapsado, esta había sido reemplazada previamente vía
mutación o conquista por otra variante la cual compartió ciertas características estru
cturales: a) la primacía de la producción agrícola con actividad artesanal; b) el exce
dente global limitado; c) el sostenimiento de los productores no agrícolas por una
transferencia políticamente ejecutada del excedente hacia el estrato superior de
(usualmente) guerreros, clérigos, y mercaderes; d) algunas redes de comercio, usua
lmente al menos una red de larga distancia, combinada con las mismas locales. Pr
obablemente el más próspero de todos estos sistemas históricos estaban ubicados en las
zonas agrícolas más fértiles, en donde encontramos por milenios las grandes civilizaci
ones.
Muchos de estos sistemas históricos tuvieron lo que podríamos llamar elementos proto
capitalistas. Esto es, a menudo hubo producción extensiva de mercancías. Existieron
productores y comerciantes que buscaban ganancia. Existía inversión de capital. Exis
tía trabajo asalariado. Existían Weltanschauungen consonantes con el capitalismo. Pe
ro ninguno había cruzado el umbral de crear un sistema cuya principal fuerza condu
ctora fuese la acumulación incesante de capital. Cerca de 1400+, cuando el sistema
relativamente insignificante, oscuro y de corta vida del feudalismo europeo est
aba en colapso total, había poca razón para suponer que cualquier cosa más que una nue
va variante de un sistema de explotación redistributivo/tributario lo reemplazaría.
En vez de ello, hubo una génesis de un sistema radicalmente nuevo. No puedo enfati
zar demasiado fuertemente lo mucho que estoy de acuerdo con Sweezy cuando él dice
que, por qué esto debió haber sucedido es una cuestión genuinamente intrigante.32
IV. Explicaciones civilizacionales
La mayoría de las soluciones al rompecabezas tienden a mirar por algún secreto estru
ctural europeo occidental, alguna característica civilizacional de larga data que co
ndujo inevitablemente a este desarrollo. Estas explicaciones estructurales cruza
n la gran división ideológica del pensamiento liberal y marxista. Unas pocas solucio
nes a este rompecabezas, y más recientes solamente, sugieren explicaciones coyuntu
rales, citando desarrollos que fueron contingentes y por ello no inevitables. Ta
les explicaciones no se correlacionan tampoco con una ideología particular. De hec
ho, la distinción entre explicaciones civilizacionales y coyunturales es de alguna
forma ficticia. La cuestión torna ser realmente este: ¿es el algo que sucedió más o men
os en 1500+ en el occidente para ser explicado por fenómenos que emergieron mucho an
tes, digamos antes del 1000+, quizás milenios antes? O ¿fueron todos esos factores te
mpranos solo condiciones necesarias, aun careciendo de la condición suficiente, la
que sin embargo fue coyuntural en el sentido de que involucró una coyuntura de ocurr
encias (durante los dos siglos inmediatamente precedentes a la transición a un sis
tema histórico capitalista/moderno), una coyuntura que era improbable, pero sin la c
ual la transición nunca podría haber ocurrido? Esto es decir, ¿era el caso de que el r
esultado actual de la crisis del feudalismo era solamente una posibilidad entre mu
chas, y no necesariamente la más probable?
Obviamente, cualquier ocurrencia histórica tiene raíces inmediatas cuya derivación pue
de ser siempre rastreada hacia atrás, ad infinitum. Sin embargo, si creemos que el
punto crucial fue 500-2500 años antes, estamos llegando con una explicación cultura
l-genética que, en efecto, dice que el desarrollo del capitalismo/modernidad en occi
dente, y en occidente primero, ha sido hecha inevitable por el sistema civilizacion
al más temprano. Si, sin embargo, encontramos que tan tarde como en 1300+ no había ra
zón para esperar que los cambios cualitativos que ocurrirían 200 años más tarde fueran c
onstruidas en trayectorias históricas de larga data, pero antes bien fueron coyuntu
rales, somos más libres para apreciar la sabiduría de las opciones históricas que fuero
n realizadas, y somos liberados de la cualidad auto-cumplida y auto-congratulato
ria de la explicación civilizacional.
Las explicaciones civilizacionales son bien conocidas. Quizás la más influyente ha sid
o la de Max Weber, quien hizo su agenda lo bastante clara en el mismo comienzo d
el análisis:
Un producto de la civilización europea moderna, estudiando cualquier problema de l
a historia universal, está atado a preguntarse a sí mismo a qué combinación de circunsta
ncias el hecho debiera ser atribuido en la civilización occidental, y unicamente e
n la civilización occidental, los fenómenos culturales que han aparecido los cuales
(como nos gusta pensar) yacen en una línea de desarrollo teniendo significado y va
lor universal.33
Sabemos lo que Weber encontró: que la tradición judeo-cristiana (algo así volviendo al
gunos miles de años atrás) tomó una expresión particular en el siglo XVI, con la Reforma
, en algo llamado la ética protestante; que esta ética proporcionó el apoyo normativo
para las actividades de los emprendedores capitalistas; que tal apoyo normativo
fue una variable críticamente determinante en la emergencia de un sistema capitali
sta.
Aunque las visiones de Weber supuestamente son visiones contra-marxistas, parece
claro que un gran número de marxistas también dan explicaciones civilizacionales. Per
ry Anderson, por ejemplo, argumenta que el capitalismo pudo haber emergido solam
ente de un modo de producción feudal. Esta es, por supuesto, entre los marxistas l
a visión típica. Sin embargo, a esto él añade la insistencia en que el feudalismo no era
conocido en todas las partes del mundo, sino solamente en Europa y Japón. Lanzand
o invectivas contra un materialismo ciego con los colores que inevitablemente termi
na en un perverso idealismo, él deniega que tales transformaciones sociales como las
confederaciones nomádicas Tatar, el Imperio Bizantino, o el Sultanato Otomano, ent
re otros, puedan ser descritos como feudales en cualquier punto de su historia. Él
está al tanto, por supuesto, de que hay académicos respetados quienes han sostenido
precisamente esto acerca de esos sistemas, pero afirma:
[Estos académicos] han argumentado que [las] declaradas divergencias superestructu
rales [de estos sistemas] de las normas occidentales escondieron una convergenci
a subyacente de relaciones de producción infraestructurales. Todo el privilegio al
desarrollo occidental es por ello sostenido a desaparecer, en el proceso multif
orme de una sola historia mundial secretamente desde el comienzo. El feudalismo,
en esta versión de historiografía materialista, se convierte en un oceano absolvent
e en que virtualmente cualquier sociedad puede recibir su bautizo.
La invalidez científica de este ecumenicismo teórico puede ser demostrado desde la p
aradoja lógica en que esta resulta. Porque si, en efecto, el modo de producción feud
al puede ser definido independientemente de las variante superestructurales judi
ciales y políticas que la acompañan, tal que su presencia pueda ser registrada a tra
vés del globo donde sea que las formaciones sociales primitivas y tribales fueron
superadas, surge entonces el problema: ¿cómo es que el dinamismo único del teatro euro
peo del feudalismo internacional sea explicado?34
Aún, si el feudalismo explica entonces el dinamismo único de Europa ¿por qué entonces Japón
no avanzó al capitalismo tan tempranamente como Europa? Para responder esta cuestión
, Anderson tiene que apelar a una historia profunda (o al menos más larga), él tiene
que dar una respuesta civilizacional:
¿Cuál fue, entonces, la especificidad de la historia europea, que separada así profund
amente de la historia japonesa, a pesar del ciclo común del feudalismo que de otra
manera unió así tan de cerca a las dos? La respuesta yace seguramente en la herenci
a perdurable de la antigüedad clásica. El Imperio Romano, su forma histórica final, fu
e no solamente en sí misma naturalmente incapaz de una transición al capitalismo. El
mismo avance del universo clásico lo sentenció a una regresión catastrófica, de un orde
n por el cual no había otro ejemplo real en los anales de la civilización. El más leja
no mundo social primitivo del feudalismo temprano fue el resultado de su colapso
, internamente preparado y externamente completado. La Europa medieval entonces,
después de una larga gestación, soltó los elementos de una lenta transición ulterior al
modo de producción capitalista, en la temprana época moderna. Pero lo que hizo posi
ble el pasaje único al capitalismo en Europa fue la concatenación de la antigüedad y e
l feudalismo. En otras palabras, comprender el secreto de la emergencia del modo
de producción capitalista en Europa, es necesario descartar en la forma más radical
posible cualquier concepción de esta simplemente como una subsunción evolucionaria
de un modo de producción más bajo por un modo de producción más alto, el uno generado au
tomáticamente y completamente desde dentro del otro por una sucesión orgánica interna,
y con esto borrándola La ventaja de Europa sobre Japón yace en su antecedente clásico, q
ue incluso después de la Época Oscura no desapareció tras ella, sino sobrevivió en ciertos
respectos básicos en frente de esta.35
Así, es la herencia romana el sistema legal y en particular el concepto de propieda
d quiritaria lo que distingue Europa en el período 1000-1500+ no solamente de China
, India, y el mundo Islámico, sino también de Japón.36
Aún otra versión de lo que estoy llamando explicaciones civilizacionales ha sido dada
por Michael Mann. Él empieza con el argumento de que aunque, para el 1000+, Europa
podría haber tenido menos poder extensivo digamos que China, sin embargo tenía más pode
r intensivo, especialmente en la agricultura.37 Y esta ventaja en poder intensivo
fue lograda antes:
La dinámica medieval era fuerte, sostenida y duradera. Pudo haber sido implantada
tan tempranamente como en 800 DC. El libro de Domesday con su profusión en los mol
inos de agua, documentan su presencia en Inglaterra por 1086. La transición que Eu
ropa vio saltar hacia adelante no fue principalmente la transición tardo-medieval
del feudalismo al capitalismo. Ese proceso fue en gran parte la institucionaliza
ción de un salto que ha ocurrido mucho antes, en el periodo que solamente nuestra
carencia de documentación nos lleva a etiquetarlo de Época Oscura. Por el año 1200 DC
ese salto, esa dinámica, ya estaba tomando Europa occidental hacia nuevas alturas
de poder social colectivo.38
Para Mann, la mayoría de las explicaciones comienzan muy tarde en la historia. La Cr
istiandad fue necesaria para todo lo que siguió,39 lo cual nos lleva al menos 1500 año
s de regreso. Fue necesaria porque la dinámica requirió una multiplicidad de redes de
poder (un tema común a muchos análisis), pero estos grupos locales pudieron operar se
guramente dentro de redes extensivas y la pacificación normativa proporcionada por
la Cristiandad. El contenido de esta explicación civilizacional es un poco difícil de
discernir. Las normas cristianas fueron espacialmente extensivas, pero así lo fue
ron también las normas islámicas o confucianas. En qué sentido estas normas cristianas
pacificaron a alguien es difícil de decir, a menos que las normas hagan eso por def
inición, en cuyo caso es igualmente cierto para las normas de otras religiones ext
ensivas. Todo esto es más cierto puesto que, como Mann mismo lo nota en la siguien
te frase misma: La Cristiandad misma fue [en la Edad Media] escindida entre ser u
na ideología inmanente de la moral de la clase gobernante y una ideología más trascend
ente, sin clases,40 una imagen pálida de las fieras batallas entre los dominicanos
y los franciscanos, para tomar una instancia. Existe una cuestión considerable si
podemos de hecho hablar de un conjunto único de normas cristianas en esta época.
El arquetipo del argumento civilizacional sin embargo no está para ser encontrado
en estas magníficas explicaciones totales. Esta yace en la escuela viva para Inglat
erra, al lado de la cual existe una menos conocida pero igualmente apasionada esc
uela viva para Italia. Para estas escuelas, no es la civilización occidental lo que
explica todo, sino el más estrecho modelo inglés o italiano.
Que los triunfos de Inglaterra del siglo XIX fueron extraordinarios es una visión
que ha tenido una amplia resonancia en Inglaterra de seguro, pero no solamente ahí.
Algunos encuentran que los triunfos del siglo XIX eran explicados por la sabiduría
del siglo XVIII (inventando motores a vapor, o plantando nabos, o dando a la ge
ntry su deber). Algunos rastrean los triunfos a la sabiduría de los siglos XVI-XVI
I (moviéndose desde la eliminación de los siervos hacia la eliminación de los yeomen,
o sosteniendo la nueva ciencia, o iniciando el camino hacia la monarquía constituc
ional). Pero, ahora último, ha habido una tendencia a mover la sabiduría inglesa cad
a vez más hacia atrás, hasta 1066+ o incluso más, cuando el Señor bendijo a los anglo-sa
jones. Dos explicaciones recientes, uno en términos de cultura por Alan Macfarlane (
harto liberal) y una en términos de lucha de clases por Robert Brenner (harto marxis
ta), comparten esta larga temporalidad.
Macfarlane busca específicamente hundir la típica visión Marx-Weber de que hubo una se
paración de aguas en el siglo XVI entre, por un lado, una sociedad campesina feuda
l y, por la otra, una moderna, una individualista capitalista. Él dice que esta es
una imagen falsa porque el país en el cual ocurrió la revolución industrial primero (In
glaterra) no juntó los criterios de ser una sociedad campesina en el siglo XVI, en
el siglo XV, o probablemente nunca. Él argumenta al esbozar una larga lista de cara
cterísticas de un modelo de sociedad campesina (familia extendida como la unidad básic
a de producción y consumo, producción para el uso, familias multigeneracionales, alt
a fertilidad, matrimonios tempranos, fuertes vínculos comunitarios, descendencia uni
lineal, autoridad patriarcal, etc.) y negando que Inglaterra alguna vez haya cal
zado en este modelo. En vez de ello, siempre fue una sociedad con fertilidad contr
olada, una que era ordenada, controlada y no violenta, una que fue inusualmente segur
a, y sobre la cual la gente ordinaria tuvo un control inusualmente desarrollado,
una en que la gente ordinaria [estaba] acostumbrada a un mundo no de absolutos, s
ino del bien y mal relativos, donde todo pudiera cambiarse por dinero. Inglaterra
ya tenía matrimonios que eran modernos en estructura, dice Macfarlane, para el sigl
o XI, y con toda probabilidad [ya] entre los siglos IV y IX. Lejos de rastrear la
virtud capitalista hasta la herencia romana, como lo hace Anderson, Macfarlane e
ncuentra el distintivo de Inglaterra y, él dice, un patrón críticamente importante de
parentesco y matrimonio que es un legado germánico, uno que nunca falleció en Inglaterr
a, en donde gran parte de Europa estuvo bastante sumergida por las viejas y nuev
as características de la precedente civilización romana.41 Inglaterra escapó de Roma; d
e ahí se convirtió en capitalista.
De seguro, el feudalismo precedió al capitalismo, pero Inglaterra tuvo una forma más
bien inusual de feudalismo, una que ya contenía una implícita separación entre poder eco
nómico y político, entre mercado y gobierno.42 De hecho, Inglaterra probablemente nun
ca fue del todo realmente feudal.43 Si Inglaterra fue la cuna de la civilización,44 lo
es porque tuvo a Adam Smith en sus genes, por así decirlo.
Robert Brenner está igualmente interesado en demostrar que no solo Europa estaba a
la cabeza de Asia, y Europa occidental a la delantera de Europa oriental, pero
Inglaterra adelantada a Francia (y, seguramente, los Países Bajos, las Alemanias,
etc.). En los inicios de los tiempos modernos, Francia era menos capitalista que
Inglaterra porque sufría del predominio de la pequeña propiedad, de la cual las conse
cuencias eran múltiples: barreras técnicas a las mejoras, especialmente dentro de lo
s campos comunes; una pesada imposición del Estado monárquico que desincentivó la mejo
ra agrícola; el estrujamiento de los arrendatarios por los terratenientes; la subd
ivisión de las parcelas por los campesinos. Juntas todas esas aseguraron un retardo
agrícola a largo plazo para Francia.45
Pero la diferencia del siglo XVI resulta ser explicada por una diferencia del si
glo XIII, porque Inglaterra no mostró:
ninguna señal de la evidente crisis de los ingresos señoriales y en Francia, a su vez,
no hay tendencia de sustituir un emergente sistema de extracción centralizada del
excedente por un erosionado sistema descentralizado ningún ascenso embrionario de
alguna forma absolutista de gobierno.46
Si Inglaterra mostró alguna señal de titubeo, fue solamente por muchas décadas hacia el
siglo XIV, si es que entonces; en cualquier caso, la interrupción económica aparece h
aber sido significativamente menos severa en Inglaterra que en Francia.47
Pero esta diferencia en el siglo XIII, parece ir mucho más hacia atrás, porque las ev
oluciones divergentes del siglo XIII de Inglaterra y Francia fueron causadas
no tanto [por] el retraso de la evolución económica de Inglaterra relativa a la de Fra
ncia, como [Guy] Bois lo hubiera dicho, sino más bien [por] el relativo avance de
Inglaterra en términos de la organización de la clase dominante feudal.48
Y ¿qué da cuenta de esto? No tanto las proezas de los anglosajones, a quienes Macfar
lane en última instancia les acredita. Más bien,
[La centralización feudal inglesa] debió su fortaleza en gran parte al nivel de la o
rganización política feudal ya conseguida por los normandos en Normandía antes de la Con
quista, que probablemente fue sin paralelos en otras partes de Europa.49
Afortunadamente para Inglaterra, Dios ha arreglado que los normandos no conquist
asen Francia.
Ultimamente, la explicación de la diferencia es que el Estado inglés era fuerte de ot
ra forma conocida era la extraordinaria cohesividad intra-clase de la aristocraci
a inglesa (miremos la Guerra de las Rosas) y el Estado francés era débil de otra maner
a conocida como la desorganización relativamente extrema de la aristocracia frances
a. Esto significó que aquellos tuvieron una alta capacidad de dominar al campesinado y
los últimos hicieron posible el éxito de los campesinos franceses. En este sentido, esta
explicación no es meramente política sino que es sobre la construcción de relaciones soc
iales de clase que hicieron posible la más efectiva acumulación en el reino económico.50
Dejando de lado si la descripción es empíricamente correcta o no como justamente Brenn
er minimiza [la] independencia [del campesinado inglés], así exagera la independencia
del campesinado francés51 permanece la cuestión muy pertinente de Bois: ¿[e]n virtud de
qué predisposiciones específicas los campesinos franceses hubiesen combatido mejor q
ue los campesinos ingleses?.52 Más aún, dada la insistencia de Brenner acerca de las
habilidades políticas particulares de los aristócratas normandos, ¿por qué no habrían logr
ado estos mismos resultados en Normandía misma, el terreno exacto en que el análisis
de Bois indicó destacable fortaleza campesina?53
Y todavía, lo suficientemente curioso, el poder de la aristocracia inglesa sobre l
os pobres campesinos (comparado con la ineptitud de la aristocracia francesa) pa
rece no meramente haber desaparecido por el siglo XVI, pero ahora es la ecuación m
uy contraria la que se dice explicar el adelanto inglés:
Fue siempre la incapacidad de los señores ingleses para reconvertir en siervos a l
os campesinos o para moverse en la dirección del absolutismo (como lo hicieron sus
contrapartes franceses) lo que los forzó en el largo plazo a buscar nuevas formas
de salir de la crisis de los ingresos [una crisis que había sido previamente disc
utida por Brenner como relativamente menor en Inglaterra] Careciendo la capacidad
para reimponer algún sistema de recaudación extra-económica sobre el campesinado, los
señores fueron obligados a usar sus poderes feudales remanentes para proseguir en
lo que al final resultó ser el desarrollo capitalista.54
La escuela viva para Italia es más oscura, por dos razones. En el siglo XIX, Italia
no parecía tan resplandeciente como Gran Bretaña (aunque para la década de 1970 podría e
star logrando su venganza). Y pocas personas leían italiano. No obstante, siempre
ha habido una voz fuerte para este tema, traída más recientemente hasta la fecha por
Pellicani.
Para Pellicani, como muchos otros, la historia del capitalismo y la historia de l
as limitaciones sobre los poderes [del Estado] es la misma historia o, al menos,
han aparecido en el escenario histórico como dos historias estrechamente vinculad
as.55 Macfarlane no estaría en desacuerdo. Pero para Pellicani, la historia se inic
ió en Italia, no en Inglaterra.
En orden de presentar el caso para Italia, Pellicani tiene que tratar con el arg
umento de Weber acerca de la importancia crítica de la ética protestante. Él reconoce
la correlación histórica en el siglo XVI del liderazgo económico del norte de Europa y
el predominio del protestantismo, pero argumenta que el elemento clave no fue l
a motivación ética o la justificación del emprendimiento, sino el debilitamiento del co
ntrol espiritual de instituciones hierocráticas todas las cuales están inspiradas po
r un intenso antagonismo a Mamón combinado con tolerancia religiosa y apertura en re
lación a los extranjeros. La Reforma estimuló esto, pero más importante es lo que la Co
ntra-reforma eliminó. Esta tolerancia y apertura hizo posible la distinción entre la
sociedad civil y el Estado, nacidos históricamente, él dice (citando a Jean Baechle
r), de la incapacidad de eliminarse sea el uno al otro.56
Pellicani arguye que el capitalismo siempre ha sido frustrado anteriormente por m
egamáquicas, un término que toma prestado de Lewis Mumford, lo que creó inseguridad de l
a propiedad, paralizando de ese modo la iniciativa.57 La cuestión es por qué no ocurr
ió esto en Europa occidental. La respuesta es que no existieron megamáquinas debido
a la desintegración del Imperio Romano occidental, algo que podríamos considerar cuasip
rovidencial en que al liberar al pueblo europeo de la jaula de hierro, se les ofreció
la oportunidad para construir la sociedad industrial moderna.58
Este colapso de Roma es así el más importante de los factores que dan cuenta del nacim
iento del capitalismo en el occidente.59 El segundo fue el hecho de que la lucha
medieval entre el Papado y los emperadores Sacro Romanos fue un empate, cuyo últi
mo vencedor fue la comuna burguesa. Más aún, en ese tiempo, era en el centro-norte de
Italia que la protoburguesía se beneficiaba de una coyuntura histórica particularment
e favorable y supo cómo tomar el máximo provecho de esta.60 Así, es Roma una vez más, en
este caso no porque dejó un legado (positivo para Anderson, negativo para Macfarla
ne, pero que los ingleses afortunadamente escaparon) sino simplemente porque col
apsó. Y una vez que las ciudades-Estado italianas agarraron el anillo (unos ocho s
iglos más tarde o algo así), pudo emerger el capitalismo.
El problema con las explicaciones civilizacionales es que tienden a ser post hoc e
rgo propter hoc, y por eso suponen que de alguna manera los desarrollos eran ine
vitables. Siempre es difícil cerciorarse en este género de explicación por qué el proces
o era tan lento. Entre la raíz profunda (patrones familiares germánicos o la desinte
gración del Imperio Romano) y el producto final (el capitalismo inglés en el siglo X
IX o incluso en el siglo XVI), hay un gran intervalo de tiempo. Nos dejan con la
impresión de que la profunda raíz llevó al producto final por un proceso de maduración
lenta, como si hubiese sido programada orgánicamente. Lo menos que uno puede decir
acerca de tal proceso maduracional es que se necesita ofrecer un caso fuerte en
que tal programación realmente operó. Pero esto apenas es argumentado, meramente supu
esto, y la explicación de ese modo no es muy persuasiva. Podría ser más razonable empe
zar con una premisa que es encontrada en el mismo Pellicani:
Donde sea que observemos, encontramos rastros de capitalismo, pero también encontr
amos que la vida económica está de alguna forma limitada (cooped in) por rígidas estruct
uras políticas, religiosas y sociales que permiten poco espacio para el juego de l
a catalaxia [la ciencia del intercambio comercial].61
En otras palabras, todos los otros sistemas conocidos han contenido tendencias cap
italistas, en ambos sentidos de la palabra contener. Han tenido esas tendencias;
las han constreñido efectivamente. Si es así, la pregunta entonces se convierte en ¿qué s
e resquebrajó en el sistema histórico ubicado en Europa occidental tal que la barrer
a contenedora fue abrumada? Esto nos presiona en la dirección de circunstancias ex
cepcionales, una rara conjunción de procesos venideros, o lo que era anteriormente
referido como explicación coyuntural.
V. Explicaciones coyunturales
Hay voces fuertes, de diferentes campos ideológicos, pidiéndonos reconocer lo improb
able que fue la emergencia de un sistema histórico capitalista/moderno. Ernest Gelln
er nos urje que nuestro modelo sea lo fortuito, la contingente apertura de una pu
erta normalmente cerrada.62 Michael Mann habla de esto siendo un gigantesco conjunt
o de coincidencias, incluso él insiste si hubo también patrón alguno.63 Y Eric Hobsbawm su
giere que es muy dudoso si podemos o no hablar de una tendencia universal del feu
dalismo a desarrollarse hacia el capitalismo. Más bien, nos dice que miremos por la
contradicción fundamental en esta forma particular [occidental] de sociedad feudal
que da cuenta por el resultado, incluso como él admite que la naturaleza de esta co
ntradicción no ha sido clarificada todavía satisfactoriamente.64
Por eso, discutiremos cuatro elementos en una explicación, haciendo hincapié en cada
una la exageración particular coyuntural de un factor estructural duradero. Formula
remos cada una como un colapso, y veremos cuál fue el efecto de los colapsos acumu
lados. Los cuatro son el colapso de los señores, el colapso de los Estados, el col
apso de la Iglesia, y el colapso de los Mongoles.
Ya hemos visto que el poder relativo de los señores o aristócratas sobre los campesin
os o al menos sobre los pequeños productores agrícolas es una cuestión frecuentemente c
itada. Estamos también al tanto de la vasta literatura acerca de lo que Marc Bloch
llamó la crisis de los ingresos señoriales en el periodo más o menos 1250+ hasta más o me
nos 1450+. Todos concuerdan en que hubo un colapso demográfico en Europa occidenta
l resultante principalmente de la Peste Negra. Si esto es para ser tratado princ
ipalmente en su rol como causa o consecuencia es un asunto que ha sido muy debat
ido, y con pasión, pero para los propósitos de este argumento, la resolución de esta c
uestión importa poco. La realidad fue clara. Hubo menos personas para llenar la ti
erra. Ergo los ingresos desde sus rentas tuvieron que caer, incluso si los señores
han sido capaces de aumentar las tasas, que de hecho no fueron capaces de hacer
. Crear nuevas tenencias estaba, por entonces y en gran parte, fuera de la cuest
ión. De hecho, todo lo contrario estaba sucediendo: las tierras estaban siendo aban
donadas, esto es, dejadas incultivadas.
En esta situación, cada lado utilizó las cartas políticas que estaban disponibles. Ini
cialmente los señores feudales viraron hacia los Estados:
El Estado, que estaba reviviendo por toda Europa occidental en este tiempo [sigl
o XIV] intervino en nombre de los señores al fijar salarios al nivel pre-Peste Neg
ra, y al restringir legalmente la movilidad campesina
El campesinado, por otra parte, así estaba situado para ser capaz de defender su g
anancia mucho más vigorosamente que nunca antes, porque la demanda de trabajo era
mucho más grande que la oferta disponible. Las desoladas tierras proporcionaron ta
mbién la oportunidad hacia aquellos campesinos quienes tenían los otros medios neces
arios para emerger como campesinos libres. El campesinado de ese modo respondió a
la reacción feudal al reventar en una seguidilla de rebeliones en todas partes en Eu
ropa occidental.65
La apelación de los señores a los Estados por su intervención fracasó porque el dramático
colapso demográfico dio al campesinado un arma muy poderosa: la capacidad de negoc
iar con un señor en contra de otro. Esto condujo tanto a una reducción en las rentas
(en un tiempo cuando el número total de los que pagaban rentas ya estaba declinan
do) como a la desaparición de varias restricciones serviles. Combinadas las dos per
mitieron la retención de excedente en las parcelas campesinas, que Hilton llama la d
eclinación de la explotabilidad de los campesinos.66
Las revueltas campesinas no tuvieron éxito en el sentido de conseguir el poder est
atal. Su misma ocurrencia cambió la correlación de fuerzas, que es por qué insiste Dob
b en que es en la revuelta entre los pequeños productores que tenemos que fijar la a
tención en buscar explicar la disolución y declive de la explotación feudal.67 De seguro
, los señores resistieron larga y duramente. Pero los múltiples modos de pérdida acumu
ladas: no cultivo de tierras marginales; reducción de rentas; reducción del precio d
e la tierra; incremento de los atrasos en pagos de rentas por inquilinos en difi
cultad; incremento de demandas por comunidades rurales. Bois ve una larga tenden
cia que culminó en un colapso mayor entre 1415 y 1450.68
Los señores de la tierra, en problemas financieros, fallando en manejar la marea d
e retención creciente del excedente por el campesinado, se pusieron el uno en cont
ra del otro. Esto comenzó bastante temprano. En su explicación de la crisis del feud
alismo, Perroy arguye:
Es en la década de 1335-1345 que los reinos del occidente cambiaron, sin estar al
menos al tanto de esto, de una economía de tiempos de paz a una economía de tiempos
de guerra, un cambio que los acontecimientos harían permanente. Así, llegarían a sufri
r las constricciones de la debilitada imposición, reducción de la producción agrícola y
artesanal así como del comercio interregional, la crisis del crédito y de la inestab
ilidad monetaria.69
Perroy coloca particular hincapié en las consecuencias fiscales, pero uno no debería
descuidar que las guerras tuvieron otras dos consecuencias. Primero que todo, l
as interrupciones de producción en tiempos de guerra redujeron todavía más los ingreso
s, menos al matar a los pequeños productores que al hacerles más difícil a ellos traba
jar o comerciar en zonas directamente involucradas. En añadidura, sin embargo las
guerras particularmente la Guerra de los Cien Años, la Guerra de las Rosas, aunque
no solamente aniquilaron a la aristocracia. La severa reducción en sus números (sobre
y muy por encima de las pérdidas de la plaga) los debilitó más políticamente vis-á-vis lo
s productores directos.
Y si esto no fuera suficiente, los salarios reales subieron firmemente por dos c
enturias, tanto para los trabajadores asalariados de las ciudades como rurales.
Bois lo nota de los campesinos normandos, comparando 1320 con 1465:
[D]e un siglo al siguiente, su salario [calculado en cereales] más que triplicó Enfre
ntando a este hombre mejor alimentado, la muerte se retiró y la vida progresó. Él fue
diferente también en el mundo del trabajo: ¿no debiésemos suponer una mayor aptitud pa
ra el trabajo? ¿No encuentra el Renacimiento mismo sus raíces en este maravilloso te
rreno?70
Dobb dice que esto fue la ineficiencia del feudalismo como sistema de producción, ju
nto con las crecientes necesidades por ingresos señoriales, que fue principalmente
responsable de su declive.71 Quizás, aunque esto de cuenta menos del permanente dec
live que del descenso cíclico. Sweezy insiste que el declive es debido a la incapac
idad de la clase dominante para mantener el control sobre, y de ahí para sobreexpl
otar, la fuerza de trabajo de la sociedad.72 Sin duda esto sucedió, pero ahora tene
mos que preguntarnos por qué esta incapacidad fue tan profunda en este tiempo part
icular. En cualquier caso, de seguro es cierto, como Bloch lo plantea, que al fin
al de la Edad Media los pequeños productores que aquellos que estaban sobre ellos e
ran una clase debilitada, profundamente sacudida en sus fortunas y paupérrimamente
preparada mentalmente para hacer las adaptaciones llamadas por una situación sin
precedentes.73 El gran victorioso de esta lucha fue el granjero yeoman (o laboreu
r), el campesino con un arado de metal (charrue), el controlador de una parcela
suficientemente grande que él tuviera el excedente para el mercado y a menudo nece
sitaba asistencia laboral asalariada para completar la cosecha.
Si esto no fuera suficiente para hacer temblar la aristocracia, el colapso de lo
s Estados sólo se podría sumar a su disconformidad política, si no decir su desesperac
ión política. Los Estados nunca fueron fuertes en Europa a lo largo de la Edad Media
. Pero fueron más fuertes en algunas épocas que en otras. La expansión de la economía en
Europa entre 1000-1250 que creó nuevas bases de ingresos para los Estados y nueva
s necesidades de orden interno, por una parte, y la expansión hacia afuera de Europ
a (las Cruzadas, colonización en el Este y al lejano Norte) que llamó por alguna unif
icación militar, por la otra, combinadas para crear una nueva vida para las maquin
arias de Estado. Los resultados quizá fueron magros para los estándares de hoy en día,
pero importaron. Estos Estados más fuertes comenzaron a recaer otra vez en cáscaras
simbólicas cuando vino el gran declive después de 1250.
Al explicar el declive del poder de los señores, Bois lista dos variables de trasf
ondo. Una es por supuesto el fortalecimiento del campesinado medio; la segunda es
la hipertrofia del Estado (absolutismo real).74 Una de nuestras dificultades en in
terpretar lo que pasó entre 1250-1300 y 1450 en la arena política es nuestra insiste
ncia ideológica en interpretar la historia occidental como una larga historia, firme
mente ascendente y esforzada por las instituciones políticas democráticas. En el com
ienzo, está entonado, estaba el monarca todopoderoso, cuyo poder había sido paulatin
amente reducido desde entonces. Pero esto no fue tan así después de todo. En el prin
cipio (1000-1250), había un débil monarca buscando establecer alguna ficción de autori
dad central. Estos soberanos tuvieron retrocesos severos en el periodo 1250-1450.
Es verdad, como discutiremos, que después de 1450, sus poderes nuevamente creciero
n y bastante considerablemente, pero esto fue porque precisamente el periodo 125
0-1450 reveló el peligro que la debilidad de los Estados representó para los señores.
¿Qué ha sido logrado en el periodo 1000-1300? Algunas entidades políticas han empezado
a tener una existencia duradera, y de ahí una cierta legitimidad. Inglaterra y Fr
ancia eran los ejemplos más adelantados. Strayer nota que los inicios de una buroc
racia habían sido puestos en lugar, una cancillería coordinando a los administradores
de Estado, agentes financieros, administradores locales, jueces. Esto había ocurrid
o hasta cierto grado en todas partes de Europa occidental. Después vino la gran de
presión económica. Strayer concluye que los europeos han creado su sistema estatal so
lamente en el último momento, pero él mismo provee la evidencia de que el incipiente
sistema estatal fue duramente afectado por el descenso económico, que muchas de las
guerras de los siglos XIV y XV balancearon, o incluso retrocedieron el proceso
de construcción de Estado.75 Hubo un resurgimiento del poder baronal. Debilitada vi
s-á-vis el campesinado, los señores al menos pudieron hacerse más fuertes vis-á-vis los
reyes. Efectivamente, muchos de los factores económicos que permitieron a los camp
esinos tomar ventaja en sus tratos con sus señores-terratenientes, permiteron a es
tos tomar ventaja en sus tratos con sus soberanos-monarcas.
Un resultado era que la cohesividad interna del poder central fue minada seriame
nte ahora por el abismo peligrosamente amplio entre los estadistas y sus burócratas:
La brecha entre los estadistas y burócratas no había bajado seriamente para 1300, pe
ro en el siglo XIV esta había sido ensanchada por culpa de ambos grupos. La política
era realizada por el Rey y su Consejo, un cuerpo compuesto por miembros de la f
amilia real, los favoritos reales, los cabecillas de las facciones baroniales, y
los jefes oficiales de las unidades doméstinas y departamentos gubernamentales. L
a atención de príncipes y nobles era esporádica; a menudo el Consejo estaba completame
nte compuesto por oficiales domésticos y administrativos. Tal Consejo podía tratar c
on materias rutinarias de administración interna y podían implementar políticas ya aco
rdadas, por ejemplo, la revisión o el suministro de un ejército. Pero cuando las gra
ndes (y caras) cuestiones de la paz y la guerra, treguas y alianzas viniesen, lo
s príncipes y líderes baroniales tenían que ser consultados. Tales hombres usualmente
no estaban muy bien informados, ni hicieron su trabajo muy duramente para repara
r las brechas en su información.76
Claramente el aumentado poder de los señores, su inclusión en la realización de política
s era decisiva en este proceso. Esto puede ser verificado en el hecho de que había
una particular lentitud en el desarrollo de los departamentos tratantes con la d
efensa y los asuntos externos.77 Pero esto no es del todo un rompecabezas. En un
periodo de guerra extensiva y desintegración estatal, estas eran precisamente las
arenas en que los cabecillas de las facciones baroniales estarían menos dispuestos a
ver fortalecida la burocracia real puesto que reduciría sus propios márgenes de man
iobra para la movilidad ascendente.
De este modo, así fue que la mayoría de los gobiernos se fue a la bancarrota, que eran
incapaces de controlar a sus mercenarios, su moneda, su sistema judicial, [que]
estaban a cargo de camarillas y vivieron mal el día a día. Y así fue que hubo un renacim
iento en Europa de una serie de principados, micro-Estados, que eran autónomos, in
cluso independientes, y que este fenómeno socavó eventualmente la ilusión de un reino
por consenso mutuo.78
No es extraño que Strayer pudiera resumir este periodo al decir que el movimiento h
acia un nuevo tipo de autoridad política estaba contrabalanceada justamente cuando
pareció estar adquiriendo irresistible momentum. Durante el siglo XIV y comienzos
del XV, los gobiernos seculares se debilitaron antes que fortalecerse.79 No es ex
traño que Fossier pudiera introducir su discusión de la situación política en esta sombría
nota:
¡Que triste imagen nos ofrece el Estado en este periodo [1250-1520]! Pontífices que
son honorables pero desafiados, convirtiéndose en dudados y odiados; emperadores t
ragados con sus proyectos, cuyos nombres no podemos recordar aquí; las monarquías oc
cidentales en total disonancia, hombres viejos, menores, hombres locos (abiertam
ente reconocidos o probablemente); y un caleidoscopio de Podesta, o príncipes y ca
pitanes quienes tenían en común solo la brevedad de su poder y la irrealidad de sus
proyectos.80
Uno podría pensar que los señores/aristócratas habrían disfrutado con su incrementada li
beración de la autoridad central y deleitados en los bellos privilegios que ellos arr
ancaron de sus soberanos con la emergencia de las asambleas representativas en esto
s Estados que Guenée dice, se convirtieron en democracias de los privilegiados.81 No
del todo, como vamos a ver.
El colapso de los señores y el colapso de los Estados estuvo acompañada por el colap
so de la Iglesia. Esto es bien conocido; no siempre es conceptualizado como un c
olapso. Pero reflexionemos sobre lo que sucedió. En la época final del Imperio Roman
o el cristianismo se había convertido en religión de Estado. Esto era normal, en el
sentido de que la mayoría de los imperios-mundo tuvieron iglesias oficiales, esto es
, un conjunto de funcionarios religiosos que propagaron un visión de mundo que apo
yó el establishment imperial y que constriccionó fuerzas desintegradoras. Un ejemplo
notable es el confucianismo, pero escasamente es el único. Entre otras cosas, est
as religiones limitaron impulsos capitalistas, en la forma de predicar contra la
avaricia (de seguro, más la avaricia de personas privadas que la avaricia de los
emperadores). El viejo sistema de dioses romano había perdido su apoyo en el Imper
io Romano por muchas razones. Seguramente una, fue el error de comenzar a deific
ar a emperadores vivos o recientemente fallecidos, que tornaron a los dioses en
figuras políticas y terminaron con su distancia mínima necesaria de la existencia ma
terial. Cuando el cristianismo surgió para llenar el vacío, Constantino se movió para
cooptarla como religión de Estado.
El cristianismo había creado una estructura jerárquica integrada, y de ese modo fue
capaz de sobrevivir la caída del Imperio Romano. El resultado fue una situación única,
en que una religión mundial jerárquica se convirtió en el cemento normativo e incluso
institucional de una civilización disgregada políticamente. Por un largo tiempo, la
Iglesia cristiana era por eso suficientemente fuerte para defender sus interese
s organizacionales, económicos, e ideológicos contra cualquier intrusión de autoridade
s políticas particulares. Las consecuencias culturales de este desarrollo intelectu
al serían considerables, dice Perry Anderson.82 La mayoría de los analistas concordaría
n.
Muchos también supondrían que las consecuencias fueron positivas. El argumento usual
que va a lo largo de líneas de que la no concordancia de Iglesia y Estado en la E
dad Media preparó históricamente el terreno para la separación moderna de la Iglesia y
el Estado, y de ahí para el secularismo como la base de una civilización individual
ista, capitalista. Sin embargo, existe una manera alternativa de ver esta evoluc
ión. Uno podría argüir que la fortaleza organizacional de la Iglesia vis-á-vis las múltipl
es entidades políticas fue de hecho su tara fatal. El hecho de que finalmente no e
staba subordinada para poner autoridad política en un sentido como siempre había sido
el caso hasta con las religiones y en otras partes fatalmente socavó su capacidad
de servir a las autoridades políticas como su fuerza constrictora sobre elementos
proto-capitalistas.
La limitación comenzó a desaparecer bastante temprano. Nuccio argumenta que ya en la
Edad Media tardía ocurrió una profunda separación de las posturas religiosas y éticas en
el campo de las ideas políticas.83 Y este desprendimiento tomó lugar primero que tod
o, por supuesto, donde el impulso capitalista parecía más fuerte.
Desde el siglo XII en adelante, los emprendedores italianos han trabajado sustan
cialmente sobre la base de una ética mundana, que los había puesto en el patíbulo y co
ndenado por la moral eclesiástica y ellos se defendieron lo mejor que pudieron, fo
rmulando al mismo tiempo los principios de su autonomía y los criterios establecido
s de su actividad económica, especialmente en los estatutos de la ciudad y los código
s mercantiles.84
Pero ¿por qué la Iglesia era tan débil? Por una cosa, porque la Iglesia era un gran ac
tor económico en sí mismo, y estuvo herida por el declive económico en la misma forma
en que tanto los señores (como recibidores de rentas) como los Estados (como recib
idores de impuestos) estaban heridos. Para defender su propia vida organizaciona
l, la Iglesia en este tiempo incluso se involucró más en cuestiones económicas y finan
cieras.
La brecha entre las ideas espirituales de la Iglesia y el fracaso de sus miembro
s para cumplirlas en sus vidas cotidianas se hizo cada vez más paradójica. ¿Qué, por eje
mplo, haremos del hecho de que en Bunges, durante este periodo, la Iglesia coleg
iada de St. Donatian licenció muchas casas de empeño en su propiedad? Fueron catorce
en 1380 y fueron sobrepasados, no por los lombardos, sino por los flamencos y v
alones. Debido a la licencia eclesiástica, fueron liberadas de la supervisión munici
pal. ¿O los préstamos por el papa Clemente V a Eduardo II (169.000 florines) por una
hipoteca sobre los ingresos de Gasconia? ¿O de Nicolás V, quien concedió al gran merc
ader francés Jacques Coeur (1393-1456) una amplia licencia para comerciar con los
infieles?
El efecto de las crisis financieras fue dañar al papado. Correcta o incorrectament
e, una gran dosis de criticismo se dirigió al papado por los herejes, y más tarde po
r los reformadores protestantes, es lo que dio de boquilla a los valores espirit
uales contrarios al capitalismo, aunque estaba ella misma profundamente inmersa,
e interesada en, su destino como accionista en el capitalismo. O, de nuevo, si
el papado organizó sus asuntos financieros apropiadamente, lo hizo con la ayuda de
los banqueros, y en retorno los protegió al amenazar con excomuniones e interdicc
iones. El arma fue usada contra los laicos y religiosos, pero no hizo más respetab
le al papado.85
Las varias sectas, que recibieron un renovado impulso en esta era, eran en gran
parte igualitarias, anti-autoritarias, y a menudo comunistas. En el período de apret
ura económica y vinculada guerra de los estratos gobernantes por los declinantes i
ngresos globales estaba reflejada en un incrementado conflicto entre la Iglesia
y los gobernantes temporales, y por grandes luchas dentro de la misma Iglesia. E
ste es el periodo del Gran Cisma del occidente (1378-1417), que involucró, entre o
tras cosas, el sostenimiento del poder de los cardenales y los obispos contra el
Papa, paralelo al sostenimiento del poder baronesco contra los reyes.
Si la Iglesia se hubiese subordinado a los gobernantes temporales, habría tenido r
ealmente más autoridad moral. Habría estado disponible para usarse como la fuerza mo
ral limitante. La misma independencia de la Iglesia transformó a la Iglesia en un
contendor secular más por poder y riqueza. Hasta ahora del comentario de Tawney ace
rca de la Iglesia siendo incapaz de compromiso con el capital siendo cierto, par
ece solamente demasiado cierto que el compromiso ha sido de poca dificultad en e
l logro, y virtualmente imposible de romper.86 Knowles, en su análisis de los dos últ
imos siglos de la Iglesia medieval, concluye su análisis con esta nota: Este, enton
ces, era el clima religioso del siglo XV: una iglesia enferma, efectivamente, de
la cabeza y los miembros, y gritando por reforma, pero sin miedo de una catástrof
e tal como la que pronto iba a ocurrir.87 El resultado neto fue el saqueo de Roma
en mayo de 1527, el punto terminal del Papado medieval.88
En general, el periodo 1250-1450 fue un desastroso periodo para las clases gober
nantes en Europa occidental, colectivamente. Sus ingresos fueron estrujados. Est
uvieron involucrados en un nivel excepcionalmente alto de lucha intestina, que a
fectó negativamente su riqueza, su autoridad, y sus vidas. Estuvieron entrentados
con revueltas populares rebeliones campesinas, movimientos heréticos. El desorden públ
ico era alto, como lo estaba la confusión intelectual pública. Lo que era sólido se ib
a derritiendo. Había una crisis en el sistema histórico. Quizas más amenazante para los
señores, quienes eran la mayoría en la clase gobernante, fue el ascenso de aquellos
que uno ha comenzado a llamar los machos,89 los mejores campesinos (granjeros yeomen
, laboreurs), de cuyas unidades de producción el tamaño y el número habían crecido, y qu
ienes enfrentaron mejor la tormenta económica (de hecho, sacaron ganancia de ella).
Como fue observado por los aristócratas-terratenientes, Europa occidental se esta
ba desplazando en la dirección de un paraíso de los kulaks. Y no parecía haber forma d
e atrasar esta tendencia.90
El colapso de una clase gobernante no es inusual en la historia. Sucede, si no f
recuentemente, al menos regularmente. Normalmente, lo ocurrido en la historia es
que un colapso permitía la posibilidad de una conquista externa. Y tales conquist
as, o invasiones, cuando el polvo decantaba, ponían en su lugar a alguna nueva cla
se dominante quienes podrían imponer su explotación efectivamente sobre los producto
res directos.
Esto no ocurrió en Europa occidental en esta época. Discutiremos este crucial no suc
eso bajo la simbólica rúbrica del colapso de los mongoles. Abu-Lughod arguye que 125
0-1350 representó el apogeo de un sistema-mundo que conectó de una manera no jerárquica
a los chinos, indios, arabo-persas, y las subrregiones europeas sobre la base del
comercio a larga distancia. Ella argumenta que, la inclusión de los mongoles en es
te sistema proporcionó un crucial elemento en su funcionamiento óptimo, puesto que e
fectivamente añadió una ruta norteña, reestableciendo un vínculo que había existido previame
nte en tiempos romano-han:
La operación simultánea de dos diferentes rutas a lo largo de Asia Central (una sureña
y otra norteña) y dos diferentes rutas entre el Oriente Medio y Asia vía el Oceano Ín
dico (el Mar Rojo y el Golfo Pérsico) significó que cualquier bloqueo desarrollándose
en sinapsis específicas del sistema circulatorio podrían ser eludidas. Esta flexibil
idad no solo mantuvo la renta del monopolio de protección que los guardias de ruta
s individuales extraían de los comerciantes circulantes dentro de límites soportables,
sino que garantizó que los bienes avanzarían, a pesar de disturbios localizados.91
Ninguna de estas subrregiones fue capitalista en estructura. Todas permitieron, si
n embargo, el funcionamiento de mercaderes a larga distancia. El crecimiento eco
nómico del siglo XI en occidente que hemos discutido fue copiado por una nueva art
iculación de mercado en China, impulsada (abetted) por las mejoras en canales acuáti
cos internos. Ambas vinculadas a una ecúmene de comercio musulmán a lo largo del Med
io Oriente. La comercialización de China reforzó este modelo y, en palabras de McNei
ll, actuó como un gran fuelle, abanicando carbón que ardía lentamente en las llamas.92 E
l gran vínculo mongol completó el cuadro.
Lo que interrumpió este vasto sistema-mundo comercial fue la pandemia de la Peste
Negra, en sí misma una consecuencia bastante probablemente de esa misma red comerc
ial. Esta daño a todas partes, pero eliminó completamente al vínculo mongol.
La conmoción apareció en el segundo tercio del siglo XIV con la erupción de la Peste N
egra, que aparentemente se esparció más rápido entre los elementos más móviles de la socie
dad, el ejército. Demográficamente debilitada, los mongoles eran menos capaces de ha
cer efectivo su control sobre sus dominios que uno por uno comenzaron a sublevar
se. Tales revueltas perturbaron los suaves procesos de producción y apropiación, que
a su vez llevaron a una capacidad reducida para suprimir las revueltas. Una vez
que el proceso comenzó, hubo poco para prevenir su creciente devolución.
Mientras la plaga se esparcía al resto del sistema mundial, el impulso para conduc
ir el comercio a larga distancia estaba similarmanente inhibido, aunque no desap
areció completamente. Pero cuando el comercio revivió, la miríada de números de pequeños c
omerciantes buscó caminos más seguros. Sin embargo, estos ya no estaban en los auste
ros derroches de Asia Central. Los riesgos más bajos, y por eso las rentas protect
oras a lo largo de la ruta, se habían ido para siempre.93
El vínculo mongol pudo haber sido derrumbado en cualquier caso, dado el hecho de q
ue los mongoles enfrentaron limitaciones técnicas que nunca superaron al sostener
un imperio rutinizado extensivamente. En cualquier caso, la Peste Negra ocurrió y
sus efectos fueron inmediatos. Los efectos económicos negativos ocurrieron primera
mente a través del sistema comercial. Ya hemos descrito el impacto en Europa occid
ental. No fue tan diferente para China.
Como fue cierto en otras subrregiones de ese sistema sistema mundial, la salud e
conómica de China descansó principalmente sobre sus propios desarrollos ontogenéticos
en la organización política, inventiva y habilidad tecnológica, y sofisticación comercia
l esto es, su capacidad para aprovechar sus recursos locales. Pero otra parte de s
u vitalidad económica una parte bastante grande en el siglo XIII e inicios del sigl
o XIV vino de su capacidad de extraer excedente desde el sistema externo. Cuando
el sistema externo experimentó cercenamiento y fragmentación, fue inevitable que tod
as las partes anteriormente vinculadas experimentarían dificultades, incluyendo Ch
ina.94
Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la emergencia del capitalismo en Europa occide
ntal? Lo que Abu-Lughod está llamando la caída de Oriente que precedió, dice ella, al asc
enso de Occidente,95 tuvo una implicancia directamente político-militar. Causó que la
s varias subrregiones se retrajeran hacia sí mismas. Ninguna tuvo la fuerza en ese m
omento para entablar la expansión imperial. Europa occidental no estaba amenazada
en el periodo crítico 1350-1450, cuando precisamente hubiera sido más vulnerable deb
ido al triple colapso que estaba experimentando. La aristocracia europea/capa go
bernante no sería reemplazada ni revigorizada por una fuerza externa. Ellas enfren
taron solas y débiles al estrato kulak.
Ahora tenemos que renovar la cuestión, ¿por qué el capitalismo no emergió más temprano en
cualquier otra parte? Parece improbable que la respuesta sea una insuficiente ba
se tecnológica. No es claro qué tipo de base es esencial en cualquier caso. Más aún, la ma
yoría de la base tecnológica del sistema histórico capitalista/moderno es la consecuenci
a de su emergencia, escasamente es la causa. Es improbable que la causa sea una
ausencia de un espíritu emprendedor. La historia del mundo por al menos dos mil años
antes de 1500+ muestra un enorme conjunto de grupos, a través de múltiples sistemas
históricos, que mostraron una aptitud e inclinación por la empresa capitalista como
productores, como mercaderes, como financistas. El proto-capitalismo estaba tan esp
arcido que uno podría considerarlo ser un elemento constitutivo de todos los imper
ios-mundo redistributivos/tributarios que ha conocido el mundo. Por ello, si est
os elementos proto-capitalistas fueron incapaces de asumir las alturas del comand
o no solo de estos varios sistemas históricos como sistemas, sino incluso de sus un
idades productivas, tuvo que haber algo que lo previniese. Porque tuvieron diner
o y energía a su disposición, y ya hemos visto en el mundo moderno qué tan poderosas p
ueden ser estas armas.
¿Quién hubiera querido poner límites a la acumulación incesante de capital? La respuesta
es obvia: todos aquellos que se mantenían en el poder existente en cualquier sist
ema histórico. La acumulación incesante de capital permite inevitablemente que nueva
s personas desafíen al poder existente, para socavarlo, para convertirse en parte
este, y así lo hace incesantemente. El poder en sistemas redistributivos está basado
en rentas, esto es, en ingresos que son políticamente asignados y justificados. E
n un sistema capitalista, las ganancias podrían ser conseguidas, protegidas, ampli
ficadas políticamente, pero nunca son justificadas políticamente. La ganancia sufici
ente por ello puede llevar a la expulsión de recibidores de rentas existentes.
Por supuesto, en sistemas históricos no capitalistas, los recibidores de rentas ex
istentes pueden ser expulsados militarmente. Pero la amenaza militar es visible,
comprensible, y aceptable. La insidiosa amenaza de la riqueza generada por el m
ercado es invisible, caprichosa, y por último totalmente irracional. Por ello, est
a era siempre inaceptable. Para dejar que el genio saliese de la botella uno ten
dría que estar muy desesperado evidentemente. He tratado de indicar las razones po
r la desesperación del Estado gobernante de Europa occidental durante la crisis del
feudalismo, por qué es que no vieron salida alguna dentro de los parámetros de organ
ización social como ellos los conocían, en efecto, por qué, por eso la gran mayoría de l
os señores comenzaron a transformarse a sí mismos en capitalistas-emprendedores.
Recuerden, las habilidades y métodos capitalistas no eran desconocidos para ellos;
ellos meramente las habían rechazado previamente por miedo de las consecuencias a
largo plazo de utilizarlas. La descripción de Marc Bloch del comportamiento del s
eñoriazgo francés en esta época podría ser puesta como típica del nuevo impulso:
Enfrentados con la amenazante catástrofre traída por las transformaciones en la econ
omía, ¿los señores franceses, porque por ley estaba prohibido agrandar la tierra, simp
lemente se iban a rendir? Creer esto sería percibir mal seriamente el estado menta
l que los entrantes más recientes en el status de fief-holder han diseminado entre
la clase a la que recientemente se han unido, formados como lo han sido en la e
scuela de las fortunas burguesas. Sus métodos meramente tenían que ser más insidiosos,
más flexibles. Cierto, los derechos señoriales estaban lejos de no tener ningún valor
; pero su valor se había reducido harto. ¿No sería posible, por medio de un manejo más a
pretado, obtener un retorno más alto? El sistema que había hecho del señor alguien de
cuyos ingresos vinieran menos de la producción y más de las rentas había tornado ser d
esastroso. ¿Por qué no tratar de revertir la operación, sin usar la violencia puesto q
ue no estaba permitida, y trabajar con tenacidad y astucia para reconstituir el
diminio?96
Mientras un señor tras otro comenzó a hacer esto, esto comenzó a rendirle frutos, no e
n más renta sino en más ganancia. Pero el señor no era ni un filósofo ni un científico soc
ial. Después de un largo cruce por el desierto económico, sea renta o ganancia, el ingre
so aumentado era beneficio, beneficio aumentado. Ahora como floreciente capitali
sta y ya no tanto un militar demandante de honor y rentas, el señor descubrió la imp
ortancia del Estado, como garante y facilitador del desarrollo capitalista. Stra
yer lo dice muy bien:
En pocas palabras, el pueblo [¡sic! Hubiera dicho la aristocracia] de Europa occid
ental se había vuelto convencido de que el mal de un gobierno débil era peor que el
mal de un gobierno fuerte y que no desviar la lealtad hacia el rey era la única ma
nera de prevenir el desorden y la inseguridad. La rebelión pareció más peligrosa para
la sociedad que la tiranía real; era mejor para los individuos sufrir calladamente
la injusticia que para ellos hacer protestas que pudieran haber llevado a nueva
s guerras civiles. Estas ideas fueron ensalzadas por casi todos los teóricos polític
os del periodo y fueron aceptadas por la gran mayoría del pueblo. En el hecho actu
al, las nuevas monarquías eran mas bien despotismos ineficientes, y dejaron un buen
espacio para la iniciativa individual dentro del marco de la seguridad que han e
stablecido.97
Como dice Perry Anderson: El dominio del Estado absolutista fue el de la nobleza
feudal en la época de la transición al capitalismo,98 excepto que él debió haber añadido qu
e esta fue la de la nobleza feudal convirtiéndose en capitalistas emprendedores.
Lo que dejó al genio salir de la caja fue la desesperación de las clases dominantes.
Lo que hizo posible a los señores superar a sus adversarios kulak fueron las regl
as del juego que desarmaron a éstos al distraerlos la explotación mas invisible de las ga
nancias. Lo que sostuvo el nuevo sistema y le permitió consolidarse a sí mismo fue qu
e funcionó para las clases dominantes, esto es, funcionó en el sentido elemental de
que dentro de 100-150 años, toda amenaza a la posición del estrato dominante desde e
l emergente estrato kulak había desaparecido y la parte señorial (ahora capitalista)
de la plusvalía absoluta y relativa había catapultado una vez más, para mantenerse a
sí misma a un nivel constantemente alto a lo largo de la historia del sistema-mund
o capitalista.
Este no es el lugar para volver a relatar la historia de este sistema histórico, a
lgo que estoy intendando hacer en los sucesivos volúmenes de The Modern World-Syst
em. Sin embargo, hay dos cuestiones más que deberían discutirse, eso sí brevemente. Un
a es la cuestión del progreso tecnológico. La segunda es la cuestión de la racionalida
d.
Como dice Brenner correctamente, las tecnologías capaces de levantar significativam
ente la productividad agrícola por medio de inversiones relativamente a gran escal
a estaban disponibles en Europa medieval, y en muchas otras partes del mundo debe
ríamos añadir. Más aún, como él añade, estas técnicas fueron usadas en ocasiones. La cuestión
necesita ser preguntada, por eso, es por qué no fueron aplicadas más ampliamente.99
La respuesta, seguramente, es que habían constricciones sociales sobre estas innov
aciones. El crecimiento incesante era temido políticamente y parecía sustantivamente
irracional como un objetivo social. Sin embargo, una vez que se crean incentivo
s para la transformación tecnológica, parece haber poca razón para dudar lo vemos clara
mente en retrospectiva que los humanos son ingeniosos y pueden desarrollar conoci
miento científico y la tecnología derivada.
Pero ¿es racional? No fue otro que Max Weber, gran protagonista del racionalismo,
quien caracterizó la actividad sin descanso del hombre de negocios como lo conducent
e de una vida irracional donde un hombre existe para su negocio, y no al revés. Esta
mos acostumbrados a medir las ganancias que el sistema histórico capitalista/modern
o ha traído, y a descuidar el hecho de que las ganancias han ido a una minoría, una g
ran mayoría quizás, pero aún una minoría de la población mundial. Hemos estado menos dispu
estos a calcular los costos de la mayoría en términos materiales, en calidad de vida.
Y solo recientemente hemos empezado a medir los costos de la biósfera.
El sistema-mundo capitalista ha sido bien establecido ahora por unos 400-500 años.
Este cubre el globo. La historia no se puede deshacer. He intentado indicar aquí
que fueron algunas de las fallas, la coyuntura de las circunstancias, las que hi
cieron que Europa occidental lanzara a la humanidad en esta aventura irracional.
Esto por supuesto, nada indica de cómo podrían ser las alternativas históricas sustan
tivamente posibles, dado el hecho de que este sistema histórico ahora existe y a s
u vez está enfrentando su propia crisis. Precisamente como no era inevitable que el
sistema histórico capitalista/moderno naciera en cualquier parte en el siglo XVI, así
tampoco hay un resultado inevitable a la crisis actual.
El occidente inventó este curioso sistema donde en vez de la economía siendo incorpor
ada en relaciones sociales, las relaciones sociales están incorporadas en el siste
ma económico.100 Todas las otras civilizaciones evitaron sensiblemente esta inversión
. Siendo sustantivamente irracional, este sistema es finalmente insostenible. Au
n habrá que ver sin embargo qué sistema más totalmente racional la humanidad puede inv
entar ahora, y si es que puede.
Más artículos del autor
Referencias bibliográficas
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? Preparado como capítulo de Joseph Needham, Science and Civilization in China, Vo
l. VII: The Social Background, Parte 2, Sección 48, Social and Economic Considerat
ions.
1 Weber, 1947, I: 54
2 Jones, 1987
3 Gellner subraya el punto al decir: La oración no debería ser leída el milagro Europeo.
Tiene que leerse el milagro Europeo (1988; 1)
4 Jones, 1988; 31
5 Anderson, 1974a; 19 y ss
6 Weber, 1978; 974
7 Bois, 1976: 261
8 Domenico Vera apunta que el famoso artículo de Marc Bloch, titulado Comment et po
urquoi finit lesclavage antique? (1963), se pudo haber mejor titulado ¿Cómo y por qué la
esclavitud antigua terminó en la Edad Media?, dado que eso fue el corazón de sus refle
xiones (1989: 32)
9 Dockés, 1982: 93
10 El Hufe (virgate) es una parte total campesina (Lamprecht lo llama Werteinhei
t) compuesta por un Hof (un pedazo de tierra con una casa en ella), una cierta p
arcela principal de tierra arable (Flur) y una parte en la tierra común (Allmende)
; o, toscamente, tierra lo suficiente para mantener al campesino y su familia (Wai
tz). Este es el objeto natural por el cual el campesino se mantiene a sí mismo (o,
la fuerza de trabajo se reproduce a sí misma). Su realización económica en el sentido
de la forma general del Hufe, es la comunidad o las regulaciones colectivas com
unales: el Flurzwang o contrainte communaitaire (G. Lefebvre), servitudes collec
tives (Marc Bloch) que van con el Driefelwirtschaft y el sistema de campo abiert
o, Gemengelage o vaine pature collective. Las regulaciones colectivas constituye
n un aparato de compulsión por el cual el proceso de trabajo está mediado. Sin embar
go, la inevitable expansión de productividad creciente de la propiedad privada inh
erente en el Hufe condujo, y no podía conducir sino al dominio de los hombres sobre
los hombres y la tierra (Wittich). Las relaciones de dominación y dependencia en l
os cuales este tipo de comunidad Hufe se ramificó constituyó la propiedad privada de
l señor feudal, esto es, la casa solariega, o propiedad feudal de la tierra. En es
ta forma tenemos la secuencia del desarrollo categorial, Hufe-Gemeinde-Grundherr
schaft. Inversamente, mientras este tipo de dominación que el señor feudal tomó sobre
la comunidad de la aldea y el Hufe, y las reglas de la propiedad territorial señor
ial las penetraron, ¿el Hufe y la comunidad de la aldea como objetos naturales y sus
relaciones mutuas fueron cambiadas en una forma histórica (específicamente, la feud
al) de relaciones? (Takahashi, 1976: 73)
11 Guerreau, 1980: 86
12 Bois, 1989
13 Guerreau, 1980: 196
14 Joshua, 1988: 63
15 Joshua, 1988: 127
16 Joshua, 1988: 23
17 Gimpel, 1983: 9
18 Joshua, 1988: 20
19 Brenner, 1985b: 237
20 Brenner, 1985b: 238
21 Anderson, 1974a: 408
22 Guerreau, 1980: 180
23 Hilton, 1985: 124
24 Hilton, 1985: 125-27
25 Bois, 1976: 355
26 Dockés, 1982: 262, pdp. 103
27 Bois, 1976
28 Wallerstein, 1984
29 Kriedte, 1983
30 Anderson, 1974b, 197-209; Bois, 1976, 349-65; Génicot, 1966; Slicher van Bath,
1977; Wallerstein, 1974, cap. 1, y 1980, cap. 1
31 Véase Brenner (1985a) y las respuestas en el mismo libro
32 Sweezy, 1976b: 106. Roberto Unger (1987) construye similarmente todo su análisi
s acera de la normalidad de quiebres periódicos de sociedades agrario-burocráticas y l
o que él llama sus ciclos de reversión.
33 Weber, 1930: 13
34 Anderson. 1974a: 402-403
35 Anderson, 1974a: 420-21
36 Noten en esta consideración la modificación de Talcot Parsons al impulso weberian
o. Él reconoce al antiguo Israel y Grecia como sociedades simientes en cuna de lo qu
e él llama el sistema de las sociedades modernas. Pero él insiste en el rol crucial de
l Imperio Romano en la institucionalización de sus valores culturales. Su significad
o dual fue el primero, constituyó el principal ambiente social en que se desarrolló l
a Cristiandad, y segundo, la herencia de las instituciones romanas fue incorporada
en los fundamentos del mundo moderno (1971: 30).
37 Mann, 1986: 378
38 Mann, 1986: 413. Una vez más podemos encontrar cambios paralelos hacia atrás de m
arxistas a aquellos no marxistas como Mann. Joshua regresa sobre el mismo punto
en el tiempo para ver el inicio de un largo impulso económico de Europa hacia arri
ba. Los cambios clave para él son encontrados no en las ciudades sino en el campo
(una visión que Mann comparte en su énfasis sobre la agricultura). Lo que Joshua sac
a en el norte o noreste de Europa (más tarde el locus de todo el desarrollo capita
lista) como lo contrario al sur de Europa es la institución, como en el siglo VIII
, del régimen solariego clasico [el cual] tornará ser la antecámara del capital (1988: 36
8).
39 Mann, 1986: 501, 507
40 Mann, 1986: 412
41 Macfarlane, 1987: 6-7 (Tabla 1), 50, 55, 94, 121, 133, 138
42 Macfarlane, 1987: 189
43 Macfarlane, 1977: 206
44 Macfarlane, 1987: 184
45 Brenner, 1985a: 29
46 Brenner, 1985b: 264
47 Brenner, 1985b: 270-71
48 Guy Bois ha argumentado que en el siglo XII, el feudalismo estaba más avanzado en
Francia, consecuentemente era más puro en forma, y de ahí, existía el fortalecimiento
de las parcelas de pequeña escala a expensas de los dominios, llevando a menores
niveles señoriales (1985: 113).
49 Brenner, 1985b: 254-55
50 Brenner, 1985b: 257-59
51 Croot y Parker, 1985: 83
52 Bois, 1985: 110
53 Unger va más allá al argumentar que Inglaterra es el caso desviado en Europa occi
dental en el sentido negativo, esto es, que Inglaterra representa el caso de Eur
opa occidental no rompiendo casi con sus ciclos de reversión
La cuarta tesis de mi argumento es historiográfica. Tanto las visiones marxistas y
liberales de la historia europea han sido dominadas por una imagen estereotipad
a de la vía inglesa moderna al éxito mundial: arrolladora concentración agraria y la m
archa triunfal desde la producción doméstica y el sistema putting-out, a través de fábri
cas centralizadas, hasta la producción en masa. La contraparte política a este cuadr
o económico es el gradual enfrascamiento y asimiliación de las clases trabajadoras e
n términos de lo que hizo posible la reconstitución de una elite poseedora gobernant
e. Cualquier cosa que se vaya de este estereotipo inglés es realizado para parecer
una desviación, habilitando o retrasando una tendencia inexorablemente de desarro
llo. Pero el argumento de este ensayo gira este prejuicio hacia abajo. Se sugier
e que el estereotipo inglés hasta el punto que incluso describa acertadamente los s
ucesos ingleses representa el aspecto menos revelador y distintivo de la experien
cia europea. La ruta inglesa es la más cercana que Europa pudo haber ido hasta Asi
a esto es, hacia una situación de los imperios brucrático-agrarios sin caer en los cic
los asiáticos. Las supuestas anomalías fueron y eran la cuestión occidental real (1987
: 7-8).
54 Brenner, 1985b: 293
55 Pellicani, 1988: 178
56 Pellicani, 1988: 102, 109, 119
57 Pellicani, 1988: 130, pdp 57. Este es un extraño uso puesto que Mumford sostien
e explícitamente que el mundo moderno tiene una nueva megamáquina, que tiene un prerreq
uisito institucional adicional. Este prerrequisito es un tipo especial de dinamism
o económico basado en la rápida acumulación de capital, rotaciones repetidas, grandes
ganancias, funcionamiento hacia la aceleración constante de la tecnología misma. En
pocas palabras, la economía dineraria (Mumford, 1964: 241).
58 Pellicani, 1988: 153-54. Una vez más, un curioso uso, puesto que este término es
de Max Weber, quien lo usó específicamente para expresar su pesimismo acerca del cap
italismo racional. Weber dijo que, con su ética del deber y sentido vocacional del
honor, ha creado esa jaula de hierro a través de la cual el trabajo económico recibe
su presente forma y destino un sistema que inescapablemente rige la economía y a tr
avés de este el destino cotidiano del hombre (citado en Mitzman, 1970, 160).
59 Pellicani, 1988: 157, pdp 24. Hall añade una importante nota al pié de página a est
e concepto de la desintegración del Imperio Romano conducente a un conjunto de débil
es entidades políticas en Europa: El hecho de que muchos conjuntos de bárbaros vinies
en a Europa al final del imperio Romano, antes que un simple conjunto como fue e
l caso de China e Islam era sin duda una condición inicial en favor de un sistema
multipolar (1985: 134).
60 Pellicani, 1988: 189
61 Pellicani, 1988: 16
62 Gellner, 1988: 4
63 Mann, 1988: 16-17
64 Hobsbawm, 1976: 160-163
65 Mukhia, 1981: 283
66 Hilton, 1985: 133, 128
67 Dobb, 1976: 166
68 Bois, 1976: 201
69 Perroy, 1949: 172
70 Bois, 1976: 98
71 Dobb, 1946: 42
72 Sweezy, 1976a: 46
73 Bloch, 1976: 122
74 Bois, 1985: 111
75 Strayer, 1970: 35, 57, 59
76 Strayer, 1970: 74-75
77 Strayer, 1970: 80
78 Fossier, 1983: 116-17
79 Strayer, 1955: 197
80 Fossier, 1983: 110
81 Guenée, 1971: 405
82 Anderson, 1974b: 152
83 Nuccio, 1983: 121
84 Nuccio, 1983: 105
85 Gilchrist, 1969: 83, 95
86 Gilchrist, 1969: 138
87 Knowles, 1968: 466
88 Binns, 1934: 366
89 Fossier, 1983: 88
90 Unger, cuya detallada explicación se solapa solo parcialmente con la ofrecida a
quí, desea argumentar que lo que da cuenta del ascenso del capitalismo fue la misma
severidad de [el] colapso del sistema feudal. Él habla de la paradoja de que el esc
ape de la reversión podría ser explicada por la misma severidad del episodio de rever
sión (1987: 25).
91 Abu-Lughod, 1989: 336
92 McNeill, 1982: 53
93 Abu-Lughod, 1989: 169
94 Abu-Lughod, 1989: 326-27. Ella establece sus visiones acerca de cómo analizar e
ste periodo en la historia económica china incluso más provocativamente en otro pasa
je:
[L]a cuestión real no es por qué China se salió del mar, sino más bien por qué China exper
imentó un colapso económico en el siglo XV que forzó echar a pique a su armada. Inclus
o cuando los historiadores de China abandonan el argumento del cambio de filosofía y
examinan factores económicos, aun tienden principalmente a observar por causas in
ternas apuntando a la rampante corrupción, facciones políticas, mal gobierno, y una cre
ciente brecha entre ingresos y gastos bajo la tardía dinastía Ming. Aunque estas expl
icaciones no pueden ser descontadas directamente, tienen que ser ubicadas en el
contexto de un ascenso y caída del sistema mundial rastreado en este libro.
¿Podrían las dificultades económicas experimentadas por China haber sido causadas, al
menos en parte, por el hecho de que el sistema mundial había colapsado en derredor
? Esta es una línea de razonamiento válida de explorar. Es nuestra hipótesis que los f
undamentos de ese sistema habían comenzado a erosionarse tempranamente en el siglo
XIV, que fue precipitadamente debilitado por las epidémicas muertes en la mitad y
fines del siglo XIV, y que finalmente fuera minado completamente por el colapso
del imperio mongol que, aunque permitió a los Ming llegar al poder, también cortó a Chi
na de sus hinterlands. De ahí, lo que es visto en la historia china de una restaur
ación de una dinastía legítima tiene que ser vista en una perspectiva del sistema mund
ial como la fragmentación final de un circuito más grande del comercio mundial del s
iglo XIII en que China había jugado tal rol importante (1989: 323-24).
95 Abu-Lughod, 1989: 338
96 Bloch, 1976: 134-35
97 Strayer, 1955: 222
98 Anderson, 1974a: 42
99 Brenner, 1985b: 233
100 Polanyi, 1957: 57
Título original: The West, Capitalism, and the Modern World-System. Publicado enRevi
ew, Vol. 15, N° 4, año 1992, Fernand Braudel Center