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en Data.

Revista del Instituto de
Estudios Andinos y Amazónicos, nº 3,
La Paz, 1992, pp.37-54.
Roberto Choque Canqui
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1. Rol de los indígenas excombatientes del Chaco

a) Derechos políticos de los indígenas excombatientes

La exclusión del indígena de la ciudadanía boliviana en la práctica
continuaba hasta la Guerra del Chaco. Después del conflicto, los
excombatientes que habían peleado en el Chaco con el Paraguay en
condiciones desventajosas, por una parte, por no saber leer y escribir, lo que
dificultó su comunicación con los demás, y, por otra, por estar sometidos a la
explotación de sus patrones de hacienda, corregidores y otras autoridades
locales, tuvieron que buscar nuevos mecanismos de lucha, incluyendo el
sindicalismo. Lo cual significaba además la participación de otros sectores
sociales en su lucha. De modo que el movimiento indígena o campesino,
liderizado por los excombatientes, principalmente en las haciendas, promovió
fuertes conflictos con los patrones. Mientras los otros en las comunidades
originarias, además de promover el establecimiento de escuelas, luchaban por
el cargo de corregidor, siempre resistido por los vecinos pueblerinos. Así,
durante la guerra chaqueña en Santiago de Machaqa, por primera vez es
elegido como corregidor de ese cantón, un indígena nombrado Esteban
Surculento. Pero su elección fue resistida por los vecinos, hasta que el 3 de
marzo de 1933 el referido Surculento fue destituido de su cargo, aunque el
Prefecto de La Paz desautorizó esa acción ejecutada por el legionario Nicolás
Montes de Oca (ALP, P-C, 1935). En el mismo cantón, el 9 de diciembre de
1935, los indígenas excombatientes, reunidos en asamblea general, pidieron al
Prefecto de La Paz que como corregidor de ese cantón se nombre al
ciudadano indígena Basilio Yampasi, excombatiente de la Guerra del Chaco
que había alcanzado incluso el grado de suboficial (ALP, P-EP,1936).

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El autor es un conocido historiador aymará formado en la Universidad Mayor de San Andrés
(La Paz) y rnasterado de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO)
Programa-Bolivia. Su labor investigativa se ha concentrado fundamentalmente en el estudio de
las comunidades indígenas y los caciques indios del Altiplano boliviano, producto de lo cual ha
publicado numerosos artículos en revistas de Perú, Bolivia y otros países de América Latina.
*
Este trabajo forma parte de la Tesis de Maestría en Ciencias Sociales, "Los contenidos
ideológicos y Políticos de las rebeliones indígenas de la pre-revolución de l952". FLACSO
Programa Bolivia. La Paz, 1991.
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Efectivamente Yampasi fue nombrado "corregidor territorial", en lugar del
vecino Nicolás J. Rodríguez, pero los vecinos se opusieron a ese
nombramiento manifestando: "nos oponemos formalmente tanto para su
posesión como para el ejercicio de dichas funciones". Para invalidar a Yampasi
utilizaron actitudes discriminatorias considerándolo como "analfabeto e
incapacitado" para ejercer funciones de corregidor en un cantón como Santiago
de Machaqa, ubicado en el tripartito entre Chile, Perú y Bolivia (ALP, P-EP,
1936; Cf. Mamani Condori, 1988).

El cargo de corregidor para el indígena, sin duda, sólo es explicable
porque era una forma de reclamar sus derechos de ciudadano para elegir o ser
elegido corno una autoridad política de un cantón; seguramente desde ese
cargo se propendía a cambiar o cortar los abusos tanto de los vecinos como de
los hacendados. Dentro del sistema político de ese momento, el indígena no
podía aspirar a otro cargo superior porque su grado de escolarización era
todavía muy precario. Por otra parte, también es necesario aclarar que el cargo
de corregidor siempre fue ocupado por un vecino (mestizo) como verdugo del
indígena. En ese sentido, la Sociedad "Amigos del Indio", en 1935 sostuvo:
"generalmente con excepciones contadísimas, el corregidor es un verdugo
titulado de la raza indigenal. Sus abusos son constantes, dando lugar a
reclamaciones y protestas igualmente constantes" (ALP, P-C, 1935).

b) Los colonos a la sindicalización

En cierta medida, el sindicalismo campesino en Bolivia es una imposición
del proceso histórico, lo cual se debe a tres factores de la lucha
indígena-obrera: 1) el movimiento indígena en la segunda década del presente
siglo tuvo su vinculación con las organizaciones del movimiento obrero y
artesanal de tendencias anarquizantes; 2) el movimiento indígena estaba
vinculado estrechamente al proceso educativo, a la defensa de tierras
comunitarias y a la lucha contra los patrones de haciendas, de modo que los
colonos se constituían en los más explotados por sus patrones y podían
organizarse en sindicatos agrarios para defender sus derechos sociales y
económicos; 3) los cambios políticos y sociales que sucedieron después de la
Guerra del Chaco iban orientando al movimiento indígena hacia otras formas
de organización para sentar las bases sociales y políticas en favor de un
movimiento popular en Bolivia.

Desde antes de la Guerra del Chaco, los movimientos obreros y artesanos
desarrollaron su lucha sin duda con acciones anarquistas, vinculando éstas con
el movimiento indigenal. Entretanto, muchos indígenas de diferentes áreas
rurales, corno consecuencia de una mayor penetración de haciendas en sus
comunidades originarias, por no poder soportar la explotación inhumana de sus
patrones, tuvieron que emigrar hacia los centros urbanos. Los migrantes,
después de adaptarse a las condiciones de la vida citadina, se organizaron en
gremios de artesanos a la cabeza de un maestro mayor. Según Leandro
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Condori Chura, entre 1925 y 1926, los veleros en la ciudad de La Paz se
organizaron "en maestros mayores". "Ya que no había sindicato. Ellos
empezaron con maestro mayor, alcalde y hilaqata" (Ticona,1987:42). Es
necesario resaltar tres formas de organización de los trabajadores en los
centros urbanos. Una primera era de carácter gremial, cuyos socios eran
generalmente los que se ocupaban en la misma actividad artesanal. Quizá no
era problema la división que existía entre el trabajador (operario) y el dueño del
taller artesanal, puesto que los intereses de ambas partes se concentraban en
la defensa de la fuente de trabajo, es decir, que entre el dueño del taller y los
operarios no existía una división antagónica, sino más bien una estrecha y
recíproca solidaridad para mantener la ocupación y producción permanente. La
mejor remuneración y productividad dependían de la cantidad y calidad de los
productos. La otra característica de organización laboral era la de los
trabajadores de una empresa estatal o privada, predominantemente salarial. En
este caso, el objetivo principal de la organización fue conseguir un mejor
salarío y ocho horas de trabajo diario. La segunda forma de organización de los
trabajadores se orientó hacia nuevas formas de organización social, de modo
que el avance del movimiento indígena había madurado con nuevas formas
organizativas de lucha contra los patrones de haciendas y las autoridades
locales. De manera que tenlan el carácter de resistencia ofensiva contra toda
forma de explotación. La educación indigenal (rural y urbana), con la creación
de los centros educativos "Quilasuyu" y "Bartolomé de las Casas", fue
promovida y dirigida por los propios preceptores aymaras y caciques
apoderados. Posteriormente, la escuela, además de su función educativa, será
utilizada como instrumento de sindicalización campesina. Y la tercera forma
organízativa condujo al movimiento indígena hacia la sindicalización. Esto se
debió a los cambios políticos operados desde las trincheras de la Guerra del
Chaco. Aunque ya desde fines del siglo pasado hubo fuertes tendencias a la
búsqueda de apoyo político entre los líderes indígenas y los jefes de grupos
políticos.

Los cambios políticos operados como consecuencia de los conflictos
sociales desde la Guerra del Chaco han permitido al movimiento indígena
vincularse con los políticos que mostraban defender la causa de los explotados.
Por su parte, el gobierno de Toro, con la sindícalización obligatoria del 19 de
agosto de 1936, empujó a los indígenas colonos a organizarse en sindicatos,
los cuales fueron resistidos por sus patrones. En la sindicalización del
campesinado de las haciendas jugaron un papel importante los excombatientes
de la Guerra del Chaco y los profesores rurales. Así, el director de la "Escuela
Rural de Vacas", Toribio Claure, organizó en persona el "Sindicato de
Trabajadores Agrarios de Vacas". De modo que el 20 de diciembre de 1936 se
reunieron los 176 colonos de Vacas para organizar su primer sindicato agrario.
Las carteras constaban de seis secretarías (gobierno, hacienda, justicia, rela-
ciones, propaganda e instrucción). Cada secretario contaba con tres asesores,
elegidos en la misma ocasión (Claure,1949:133-135). Por su parte, los colonos
de la hacienda del Monaterio de Santa Clara, en Ana Rancho, en agosto de
ese año, se habían constiuido en "sindicato", con el objeto de lograr el
arrendamiento de los terrenos en favor de ellos (Dandler,1969:70). Las
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referidas haciendas se hallan ubicadas en el departamento de Cochabamba.
Indudablemente en otras haciendas, en diferentes puntos del país, hubo
intentos de sindicalización, pero no habrían prosperado debido a la resistencia
de los patrones hasta después de la Revolución de 1952.

2. La significación del gobierno de Villarroel

a) El movimiento indígena y el "Primer Congreso Indigenal Boliviano"

Desde luego, hubo varios congresos indigenales (regionales) antes del
llamado "Primer Congreso Indigenal Boliviano" de 1945. Se sabe que en 1930
el profesor indígena Eduardo Leandro Nina Quispe organizaba un Primer
Congreso Indigenal; el objetivo de este evento estaba referido al intercambio de
ideas sobre la educación indigenal (Mamam Condori,1989:153). En 1942, en
Sucre, hubo un congreso de habla quechua, donde se postuló un pacto entre
obreros y campesinos. Este congreso fue organizado por la Federación
Sindical y la Federación Obrera Local. Los planteamientos debieron ser
orientados sobre todo hacia "la toma de las haciendas por parte de los
campesinos y la abolición de los servicios gratuitos". Como resultado de las
discusiones en este evento, los campesinos tomaron dos decisiones radicales:
"1) Realizar huelgas de brazos caídos en el medio rural. 2) Pactar con los
obrero de las ciudades para formar una alianza insurreccional" (Ranabol-
do,1988:131-132). La primera de ellas, antes y después de la muerte de
Villarroel, fue aplicada con la toma de haciendas en algunas zonas rurales más
conflictivas, como veremos más adelante.

El movimiento indígena, hacia la década del cuarenta, entró a su cauce
decisivo por la conquista de sus reivindicaciones sociales y políticas. Ahora, los
indígenas del campo ya no estaban más solos, sino que habían otros sectores
sociales interesados por su lucha. Entretanto, las quejas de los comunarios
sobre los abusos de la autoridad del corregidor continuaban. Esta autoridad
siempre requería los servicios personales gratuitos como la mita, o en su
defecto, en compensación a veces imponía el pago de dinero (ALP, P-C, 1941).
Se acostumbraba a obligar a los indígenas a la prestación del servicio de
postillonaje, a pesar de que este servicio había sido abolido desde 1911. Pero
el corregidor como tal, podía utilizar incluso la violencia para imponer
obligaciones a los indígenas (ALP, P-C,1942). Los abusos del corregidor
generalmente radicaban en la exacción. Así, el corregidor del cantón
Mocomoco de la provincia Camacho, por cada denuncia cobraba cinco
bolivianos, por cada demanda resuelta una multa caprichosa (según el
pecador). Para aquéllos que se resistieran a prestar servicios de postillonaje o
pongueaje también aplicaba una multa caprichosa (ALP, P-C, 1944). Claro
está, no solamente el corregidor era el único responsable de los atropellos y
abusos, sino también todas 1as autoridades civiles y eclesiásticas" (ALP,
P-C,1942).
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Frente a la justicia imperante para el indígena, era necesario adoptar
algunos mecanismos de defensa de tipo jurídico. Con este motivo, el 4 de
marzo de 1943, el Ministerio de Gobierno y Justicia comunicó al Prefecto de La
Paz, la creación de la "Oficina Jurídica de Defensa Gratuita de Indígenas" en la
Sección Justicia de ese Ministerio, cuyas atribuciones se referían a la defensa
gratuita de los indígenas de la República "en todos los litigios relacionados con
asuntos civiles, criminales, administrativos y municipales". Su finalidad era
"contener los abusos y explotadores" de que fue objeto el indígena,
especialmente para evitar "la explotación del tinterillaje cuando tiene que
defender sus derechos" (ALP, P-C, 1943). La "Oficina Jurídica de Defensa
Gratuita de Indígenas" dependía del Ministerio de Gobierno y era atendida por
los connotados abogados Alipio Valencia Vega y Arturo Flores Torrico (ALP,
P-C,1943). Para el conocimiento de todos los indígenas de la República, el
referido Ministerio comunicó a los prefectos de los departamentos a fin de que
se encarguen de comunicar a los subprefectos y corregidores para que éstos
den publicidad y conocimiento de la creación de esa oficina jurídica en favor de
la defensa indígena (ALP, P-C, 1943).

Poco antes de la realización del llamado "Primer Congreso Indigenal" de
1945, la situación conflictiva de los indígenas colonos se presentaba bastante
crítica, y, entretanto, los hacendados esperaban cómo afrontar a los posibles
contrastes que amenazaban a sus intereses. Los hacendados temían lo que
podía hacer el gobierno de Villarroel con respecto a sus intereses, como
consecuencia del ascenso del movimiento indígena, mientras los líderes
indígenas procuraban ejecutar cambios contra el sistema de haciendas. Pero
esto dependía de la decisión del mismo gobierno que se había identificado con
la lucha indígena.

El documento importante que refleja la situación creada como
consecuencia de la lucha entre los colonos y los hacendados, especialmente
sobre la rumoreada reversión de tierras de la hacienda, corresponde al
Subprefecto de la provincia Sikasika. Este, el 17 de febrero de 1944, en su
informe al Prefecto de La Paz, da a conocer las denuncias acerca de que se
alienta a los indígenas "para reversión de tierras" de las haciendas al sistema
comunitario. El referido Subprefecto le manifestó a la autoridad prefectura]: "lo
que debo informarle es, que existe desde tiempo atrás y desde hace algunos
años, que los indígenas comunarios con sus titulados CACIQUES y abogados
que tienen el orden público y hasta se saben que mandan emisarios donde los
colonos de fincas para hacer causa común. A ello se agrega que se ha hecho
prédica de la supresión de pongueaje y otros servicios establecidos desde la
colonia en las fincas del Altiplano, que los colonos se han creído con derecho
de obrar conforme a sus conveniencias y no de acuerdo con las conveniencias
tanto de ellos como de los propietarios". En este sentido, los comunarios,
desde muchos años atrás, han luchado a través de sus caciques apoderados
en la defensa de las tierras comunitarias. Por tanto, la reversión de tierras de la
hacienda al sistema comunitario necesitaba la participación de los propios
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colonos, y de esta manera hacer una causa común de acuerdo a las
conveniencias recíprocas de solidaridad de ambas partes contra el sistema de
haciendas.

Por otra parte, esa autoridad provincial empezaba a acusar a los líderes
indígenas que se organizaban en contra de las haciendas, manifestando que
entre los comunarios existen "indios medios letrados" que han comenzado "a
servir a expensas de los comunarios y a explotarles sus economías" (a través
de cuotas o ramas) con la promesa de encontrar los "títulos de la colonia para
reivindicar tierras que han sido consolidadas desde hace siglos". Con ese afán,
los comunarios más se ocupaban de invadir y atacar a las fincas particulares
queriendo alterar límites" que existieron desde hace siglos, aunque hasta ese
momento los abogados patrocinantes que influían a los comunarios en procura
de %r siempre por las vías de hecho contra las propiedades particulares en
lugar de pedir a la justicia la rectificación de linderos dentro de un pleito
honroso", pero los comunarios avanzaban algo más tratando de 11 sublevar a
los colonos de fincas" (ALP, P-C,1944). Aunque la verdad era otra, porque en
la práctica lo que buscaban los comunarios era la recuperación de sus tierras
usurpadas a través de sus títulos coloniales. Para ello, la justicia era inalcanza-
ble o no funcionaba por la constante obstrucción de los hacendados.

Entretanto, los preparativos para el Primer Congreso Indígena empezaron
a funcionar con muchas dificultades. El 17 de noviembre de 1944, el Ministerio
de Gobierno comunicó al Prefecto de La Paz, al igual que a otros prefectos de
la República, que el 25 de diciembre de ese año se realizaría en la ciudad de
La Paz el "Congreso Indigenal Boliviano" convocado por el Comité
Organizador, cuyo Secretario General era el señor Luis Ramos Quevedo; "con
el objetivo de resolver cuestiones propias sobre la situación, vida, trabajo y
educación del indio". A este evento deberían "concurrir los representantes de
los campesinos, labradores y comunarios" de los distintos puntos de la
República. El referido Secretario General solicitó Ia colaboración de las
autoridades políticas y comunales, a objeto de que, por todos los medios
posibles, procuren la exitosa realización de aquel acontecimiento", de manera
que el Prefecto debía impartir instrucciones precisas a las autoridades de su
dependencia (subprefectos, intendentes, corregidores y agentes cantonales),
en sentido de que éstos hagan conocer a las haciendas, alcaldes, hilaqatas,
caciques o curacas, appderados y alcaldes escolares (ALP, P-C,1944). Pero
pese a ese esfuerzo inicial no se llevó a cabo este evento anunciado. El 4 de
enero de 1945, el Ministro de Gobierno, Mayor Edrnundo Nogales, comunica al
Prefecto de La Paz respondiendo a la consulta de éste sobre el número de
representantes que debía asistir al "Congreso Indigenal Boliviano" y sobre los
gastos que demandaría el viaje de los mismos. En lo que respecta al primer
punto, el Comité Organizador deseaba la concurrencia de los mejores
indígenas" a dicho Congreso, uno o dos delegados por hacienda y cada co-
munidad de la República. Respecto al segundo punto, era necesario aclarar a
los delegados que iban asistir sobre los gastos del viaje, puesto que los
mismos debían correr por cuenta de ellos, "en vista de que se trata de un
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asunto que interesa directamente a los indígenas" y porque el Comité
Organizador no contaba con los recursos necesarios. De todas maneras, el
Comité Organizador oportunamente debía enviar de Oruro a los diferentes
centros de la República, "cien comisionados especiales para que se encarguen
de absolver las consultas que deseen formular los indígenas" (ALP, P-C, 1945).

Pero hubo dificultades para llevar a cabo el mencionado Congreso en la
fecha fijada (25 de diciembre de 1944). Entonces, tuvo que sufrir dos
postergaciones, primero para el 2 de febrero y luego para el 10 de mayo de
1945. De manera que, entre los numerosos indígenas que se encontraban en
la ciudad de La Paz, en febrero de 1945, se propagó "el temor de que al volver
a sus respectivas haciendas, podían ser víctimas de abusos y atropellos por
parte de sus patrones" (ALP, P-C, 1945). Además, las postergaciones
producían desconfianza entre los indígenas y amenazaban con sublevaciones.
Es cierto que en algunos lugares existía ambiente de sublevaciones contra los
patrones de haciendas y los vecinos. A propósito de esto, el Subprefecto de la
Provincia Sikasika, el 22 de enero de 1945, informó al Prefecto sobre la
existencia de una sublevación de los colonos de la hacienda Calacala y Vi-
laque. Estos colonos, con motivo del Congreso Indigenal a celebrarse
próximamente, y en vista de los artículos publicados en un periódico y firmados
por Luis Ramos Quevedo en Oruro, habían "abandonado sus obligaciones de
colonos de hacienda", con la idea de que "todas las tierras de haciendas serán
revertidas a poder de los indios como antes de la Conquista Española o en
tiempos de los Incas". Efectivamente, "se resistieron a seguir prestando el
servicio de rnulero", establecido para el cuidado de los animales de la labranza
y no propiamente como un servicio personal al propietario. Se negaron a
realizar trabajos en las chacras y dejaron de cuidar el ganado de la hacienda.
Asimismo, se pudo constatar que los colonos durante las noches celebraban el
cabildo, en el cual leían circulares reservadas y especiales enviadas desde
Oruro por Luis Ramos Quevedo (ALP, P-C,1945). Según el Centro de Acción
de "Peñas", el 22 de febrero de ese año, en esa población la gente vivía mo-
mentos de "verdadera angustia y zozobra, por el acentuado rumor de una
sublevación indigenal". El mismo indicaba que hubo un cacique nombrado
Willca que recorría "por todas las comunidades y fincas" de la jurisdicción del
cantón Achacachi, ordenando el recojo de una cuota de 20 bolivianos por
persona, con el objeto de seguir juicio a todos los patrones que serían
desplazados en breve tiempo, ya que todas las fincas serían convertidas en
comunidades; de esta manera, se volvería "al tiempo de los incas en que no
habían españoles", significando con esto la desaparición de los blancos. Desde
luego, los vecinos de Peñas pedían soldados y armas para la defensa de esa
población (ALP, P-C, 1945).

El gobierno estaba muy preocupado por las reiteradas denuncias de
sublevación indigenal. El 2 de marzo de 1945, el Prefecto de La Paz informó al
Ministro de Gobierno "sobre el grave problema de sublevación indigenaV que
venía produciéndose en los distintos lugares de la República y especialmente
en el Departamento de La Paz. La Prefectura paceña recibía diariamente
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quejas de carácter grave de diferentes puntos; muchas de ellas estaban
relacionadas "con el desconocimiento de los patrones por parte de los colonos
con amenazas sobre su vida y haciendas". Algunos colonos habían optado por
la huelga de brazos caídos para no cumplir con el laboreo de la hacienda y
esperaban la distribución de tierras después del Congreso Indigenal. Entonces
se produjeron hechos de sangre en algunos distritos. Como consecuencia de
ello, según el Prefecto de La Paz, se producirían los levantamientos, conflictos
que en el futuro cercano traerían para el Supremo Gobierno graves problemas,
entre ellos, el de la escasez casi completa de productos agrícolas. Por su parte,
la prensa, con habilidad y organizada en forma de propaganda, promovía todos
los días información sobre "el asunto indigenal". En cierta medida, el Prefecto
no sabía como enfrentar la realidad "ante la gravedad de los hechos". Entonces
la autoridad prefectural solicitó al Ministro de Gobierno que le indique "la
política que sobre este asunto desea seguir el Supremo Gobierno" y las
medidas "que deben tomarse de inmediato y toda instrucción sobre el
particular" (ALP, P-C, 1945).

De manera que el gobierno de Villarroel estaba enfrentado a un
movimiento indigenal en estado de sublevación. Esta situación, en cierta
medida, fue motivada por el anunciado Congreso Indigenal, puesto que de
hecho hubo movilizaciones indígenas y la consecuente preocupación de los
propios hacendados. Para verificar los lugares de convulsión tuvo que enviarse
una comisión de emisarios de inspección, organizada por el Ministerio de
Gobierno. Los emisarios constataron que algunas denuncias sobre
sublevaciones, hechas por los vecinos, eran infundadas y de carácter
alarmista. Los emisarios que salieron a las provincias paceñas de Omasuyos,
Camacho y Muñecas, por ejemplo, "no solamente conversaron con los corre-
gidores, sino también con los mandones de diferentes comunidades". También
explicaron “con detalles mínimos tanto en aymara como en quechua los
alcances del Congreso Indigenal" (ALP, P-C, 1945).

El Primer Comité Organizador del Primer Congreso Indigenal Boliviano su-
frió su descomposición porque el Secretario General Luis Ramos Quevedo, por
acusaciones sobre supuestas sindicaciones del gobierno, fue confinado a
Riberalta y posteriormente fue al Brasil (Ranaboldo,1988:96). El Segundo
Comité Indigenal se organizó a partir del 12 de marzo de 1945 en la comunidad
de Machacamarca, provincia Aroma. Los objetivos eran la abolición del
pongueaje y mitanaje, además de buscar los mecanismos escolares para que
los campesinos aprendan a leer y escribir. Dentro de este Comité estaban
colonos y comunarios. También participaban algunos seguidores de Luis
Ramos Quevedo. De modo que, el Segundo Comité Indigenal preparó el
Congreso (Ranaboldo, 1988:103).

De todos modos, el gobierno, a través del Ministerio de Gobierno,
ultimaba los preparativos para llevar a cabo el Congreso Indigenal. El mismo
Ministerio (19 de abril de 1945), mediante una circular telegráfica trasmitía a los
señores prefectos de los departamentos de la República, la realización del
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Congreso Indigenal, fijado para el 10 de mayo de 1945, bajo el auspicio del
Supremo Gobierno. El Comité Directivo del Primer Congreso Indigenal
Boliviano (conformado por un director, un secretario general, un prosecretario y
los delegados de los Ministerios de Agricultura, Trabajo y Educación) era el
único encargado de impartir directivas y absolver consultas. La duración del
Congreso estaba fijada en cinco días, debiendo los representantes indígenas
constituirse en la Sede de Gobierno hasta el 9 de mayo. Concurrían dos
representantes por cantón, uno por los colonos y otro por los comunarios. Los
representantes indígenas eran elegidos por los mismos indígenas sin coacción
de ninguna naturaleza y sólo intervenían las autoridades políticas en la
designación en caso de existir disentimiento entre aquellos. De acuerdo a la
mentalidad de la época, se prefería a los representantes indígenas más
pudientes, puesto que el Estado sólo proporcionaba limitada ayuda de medios
de subsistencia y alojamiento. Los Prefectos de Beni, Pando y Santa Cruz
calculaban sobre el número de representantes que vivían en regiones alejadas
de los centros de movilidad, a fin de proporcionarles los pasajes en avión. De
los núcleos indígenas debía ir un solo representante. El objetivo del Congreso
Indigenal consignaba cuatro puntos: 1) supresión de servicios gratuitos; 2)
educación indigenal, cultura agraria y social-, 3) reglamentación del trabajo
agrario; 4) organización de policía rural. Pero el Gobierno debía hacer respetar
la propiedad privada "desechando toda idea sobre la reversión de tierras" (ALP,
P-C, 1945). Efectivamente el Gobierno de Villarroel no podía cambiar el
sistema de haciendas con la reversión de tierras", planteada en forma reiterada
por los indígenas, con más fuerza durante los preparativos del Congreso
Indigenal.

Poco antes de conocer las instructivas del Comité Directivo del Congreso
Indigenal, los cabildantes de Umala (19 de enero de 1945), por su propia
iniciativa, aprobaron que sus representantes al Congreso vayan con sus
esposas, es decir, todos los Jilaqatas debían viajar acompañados de sus
esposas (ALP, P-C, 1945). En este sentido no estaba ausente la concepción
dual andina (chachawarmi) para poner en práctica la participación de la mujer
junto a su marido en el Congreso Indigenal.

Los componentes del Comité Directivo del Primer Congreso Indigenal
Boliviano eran miembros natos, con derecho a voz y voto y también miembros
natos de las Comisiones del Congreso, de acuerdo a sus especialidades y a la
materia tratada en sus ponencias, Para facilitar sus labores, el Congreso
designó cuatro comisiones:

1) una que estudiaba lo relativo a la supresión de los servicios gratuitos; 2) otra
que elaboraba la reglamentación del trabajo agrario; 3) otra que estudiaba la
cuestión educacional; 4) la cuarta comisión discutía la reglamentación de la
policía rural. Todo ello en base a las ponencias, trabajos o peticiones que
presentaren.

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Las comisiones estaban constituidas por el delegado del Comité Directivo
y por dos delegados indígenas de cada Departamento, de los cuales uno
siempre representaba a los comunarios y otro a los colonos. En calidad de
adscritos, podían pertenecer a estas comisiones los directores de núcleos
indigenales que estaban presentes en el Congreso, los miembros
colaboradores del Comité Directivo o las personas que por su capacidad o
competencia en asuntos indigenales fueron invitadas especialmente al
Congreso por el Comité, de acuerdo a la elección que ellos habían escogido en
cuya materia querían intervenir.

Los departamentos de La Paz, Cochabamba, Oruro, Chuquisaca y Potosí,
estaban representados por dos indígenas delegados con derecho a voz y voto,
por cada cantón. De estos delegados, uno necesariamente era representante
de los comunarios y otro de los colonos. Los departamentos de Tarija, Santa
Cruz, Beni y Pando, estaban representados por dos indígenas de cada
provincia, igualmente con derecho a voz y voto. Los adscritos tenían
únicamente derecho a voz. Los miembros de la Directiva para presidir las
labores y deliberaciones del Congreso, tenían derecho a voz y voto, excepto el
Presidente, quien solamente dirimía con su voto en los casos de empate (ALP,
P-C, 1945).

El Congreso Indigenal se inaguró el 10 de mayo de 1945 en la ciudad de
La Paz, en el Coliseo deportivo Luna Park, con la presencia de un millar de
delegados indígenas del país. Se eligió a la directiva del Congreso,
nombrándose Presidente a Francisco Chipana Ramos, Vicepresidente, a
Dionisio Miranda y Secretario General a Desiderío Cholina, representantes de
aymaras, quechuas y del oriente, respectivamente.

Evidentemente los discursos en la inauguración del Congreso Indigenal no
reflejaban la verdadera ideología indígena y su posición política reivindicativa;
tampoco lo que estaba aconteciendo en el país, con repercusiones, de una
parte de los líderes indígenas considerados como agitadores, y de la otra, de
los enfrentamientos entre los colonos y los patrones de haciendas. El
Presidente Villarroel, de acuerdo a la época y la mentalidad colonialista, se
sentía como un padre de los indígenas al afirmar que "el campesino es igual
hijo", de modo que "corno hijo ha de ser tratado por el gobierno: será protegido,
tendrá escuelas, tendrá garantías, pero él también está obligado a trabajar
cumpliendo fielmente sus deberes y obligaciones" (Dandler y Torrico, 1984:
158). Por su parte, el Presidente del Congreso, Francisco Chipana Ramos, en
su discurso agradecía al Presidente Villarroel por la realización del evento,
puesto que el gobierno había confiado en los indígenas "y por tanto ellos
debían confiar en él", ya que la patria necesitaba "trabajo y paz", y todo hacía
pensar "que la hora de la redención de los indígenas ha llegado" (Dandler y
Torrico, 1984:159). Esto parecía un sueño más y seguramente no estaba claro
para Chipana. De acuerdo a esas manifestaciones públicas, se nota fácilmente
la predominancia de la ideología paternal. Entonces, para la sociedad
criollo-mestiza, el indígena seguía siendo hijo o menor de edad desde la
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colonia, porque además éste no había desarrollado su capacidad social y
cultural para redimirse de sus explotadores. Por lo tanto, sólo podía lograr su
"redención" o liberación con la ayuda del protector.

El Congreso Indigenal, después de la ceremonia inaugural, en sesiones
plenarias deliberaba todos los días fijados para su funcionamiento (10 al 15 de
mayo), desde la cinco de la tarde. En la sesiones se consideraban todas las
ponencias, trabajos o peticiones que presentaban, previo informe de las
comisiones respectivas (ALP, P-C, 1945). Es decir, en las cuatro comisiones
los delegados discutieron los temas propuestos en el objetivo y luego
elaboraron las resoluciones para su aprobación en el Congreso. Para la
clausura, el Presidente del Comité Organizador, Carlos Moles Guillén, presentó
proyectos para la abolición del pongueaje y mitanaje, establecimiento de
escuelas indigenales y reglamentación de servicios personales. Los mismos
fueron presentados en forma de decretos al Congreso Indigenal en su clausura,
el quince de mayo, y ese mismo año fueron promulgados por el Presidente
Villarroel. Estos decretos son los siguientes:

1) Decreto N° 00318, referido a la prestación de servicios personales gratuitos y
de especies y productos sin justa remuneración.

2) Decreto N° 00319, se refiere a la abolición de los servicios de pongueaje y
mitanaje.

3) Decreto N° 00320, se refiere a la educación indigenal en base al Decreto
Supremo del 19 de agosto de 1936 sobre el establecimiento de escuelas tu-
rales.

4) Decreto N° 00321, se refiere a las medidas transitorias tendientes a obtener un
máximum de producción en el país y facilitar las relaciones entre patrones y
colonos, evitando abusos de ambos.




b) Los efectos de los decretos de Villarroel

Los indígenas comunarios y colonos que asistieron al Primer Congreso
Indigenal, al volver a sus lugares de origen, informaban a sus bases el
resultado del evento, traducido en decretos. Mucha gente de las bases creyó
en las palabras de sus representantes al Congreso Indigenal, de modo que,
después, muchos colonos dejaron de servir a su patrón e incluso suspendieron
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las faenas agrícolas en las haciendas. Por su parte, los patrones reaccionaron
frente a la situación creada por los decretos de Villarroel, obligando a sus
colonos a cumplir con sus obligaciones de pongueaje y mitanaje, además de
otros servicios gratuitos. Si bien muchos colonos estaban confundidos frente a
estos hechos, se conformaron con seguir sirviendo a sus patrones, mientras los
que continuaban con la resistencia fueron perseguidos y confinados a lugares
inhóspitos como Ichílo en Santa Cruz y la isla Coati en el Lago Titicaca.

La idea de recuperación de las tierras de manos de los patrones estaba
generalizada entre los indígenas. Según Alvarez Mamani, los campesinos
"querían quitar las tierras a los patrones, haciendo uso de violencia si era
necesario". A esta idea, el Presidente de la Sociedad Rural Boliviana contestó
diciendo que: "el indio nació para servir al blanco", nunca conseguirá
indemnizar al propietario si quiere recuperar sus tierras. Entonces, no quedaba
otro camino que seguir con la lucha corno sea" (Ranaboldo, 1988:140-141). La
lucha por la recuperación o reversión de las tierras estaba enraizada en la
conciencia de los indígenas desde mediados del siglo XIX, entonces tarde o
temprano, ese anhelo tenía que lograrse, porque además esa lucha tenía el
apoyo de otros sectores sociales. Vale decir que la lucha por la tierra co-
munitaria fue el objetivo sostenido por los caciques apoderados, y algunos de
ellos influyeron indudablemente en los representantes del Congreso Indigenal
de 1945.

Desde el segundo semestre de 1945, como efecto del Congreso Indigenal,
hubo movilizaciones y amenazas de sublevación en los departamentos de
Tarija, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba y La Paz. En la región de Tiwanaku,
zona conflictiva desde hacía más de una década, los vecinos vivían en estado
de alarma por existir sublevaciones indigenales; incluso tuvieron que recoger
sus enseres y abandonar la población. Desde luego, solicitaron a la fuerza
pública policial para tomar medidas punitivas contra los cabecillas de la
agitación indigenal (ALP, PC, 1946). Según el Ministerio de Gobierno, hasta el
26 de febrero de 1946, llegaban a la Sede de Gobierno en un "número cada
vez mayor" las "representaciones campesinas procedentes de las diversas
regiones de la República", especialmente de los departamentos de La Paz,
Cochabamba, Chuquisaca, Potosí y Oruro, en demanda de justicia y garantías
frente a los vejámenes, exacciones y persecuciones que sufrían tanto de parte
de los propietarios de fondos rústicos y de sus empleados, cuanto de las autori-
dades provinciales y cantonales. Los colonos denunciaban que los
subprefectos, intendentes y corregidores, por lo general, lejos de cumplir y
hacer cumplir las disposiciones contenidas en los decretos promulgados, en
vista de las recomendaciones aprobadas por el Primer Congreso Indigenal, se
parcializaban "en favor de los patrones", les obligaban "a seguir prestando en
las haciendas servicios que han sido prohibidos o restringidos legalmente,
imponiéndoles multas y otras sanciones en casos de justa reclamación".

Por su parte, los comunarios se quejaban contra algunas autoridades que
seguían exigiéndoles la prestación de servicios personales gratuitos, provisión
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de combustible, la venta de ganado y productos alimenticios a precios viles,
etc. Estos hechos fueron considerados como verdaderas transgresiones de las
normas legales vigentes porque violaban los más elementales principios de
justicia social, desprestigiaban la función administrativa y contradecían los
elevados propósitos del Supremo Gobierno, que encaraba en "forma resuelta la
llamada 'cuestión del indio... (ALP, PC, 1946).

La reacción de los hacendados de la Sociedad Rural Boliviana contra los
protagonistas del Congreso Indigenal no se dejó esperar. De todas maneras,
los enfrentamientos entre patrones y colonos ya se habían producido mucho
antes del referido evento indigenal. Durante el gobierno de Villarroel no faltaron
las persecuciones de algunos líderes radicales, principalmente en el transcurso
de los preparativos del Congreso Indigenal. Después, las represiones a
indígenas rebeldes se acentuaron con los decretos de Villarroel.

El ex-presidente del Primer Congreso Indigenal Boliviano, Francisco
Chipana Ramos, fue acusado por la Sociedad Rural Boliviana de apropiarse de
la hacienda "Taracoca", propiedad de la señora Gregoria Mendoza, ubicada en
la jurisdicción de Timusí, de la provincia Muñecas del departamento de La Paz.
Al posesionarse de aquélla, habría desalojado de sus huertos a los arrenderos,
poniendo nuevos jilaqatas, cambiando el nombre de la hacienda por el de “Tilla
Pando" y disponiendo el traslado de los productos ya cosechados a la ciudad
de La Paz. En vista de ello, los miembros de la Sociedad Rural Boliviana, como
estaban alarmados por ese hecho, solicitaron al Ministro de Gobierno que la
Prefectura tome las medidas para hacer respetar el derecho de propiedad de la
mencionada señora; al mismo tiempo, pedían que Chipana Ramos sea
sometido a juicio (ALP, P-C, 1946). Después del derroca~ miento de Villarroel,
el nuevo Prefecto de La Paz, el 2 de octubre de 1946, solicitó al Jefe de la
Policía de Seguridad viajar a la capital de la provincia Aroma, Sikasika, para
conducir al indígena Francisco Chipana Ramos, que se encontraba detenido en
el establecimiento penal de dicha población, a la cárcel de la ciudad de La Paz
(ALP, P-C, 1946). Desde ese momento, Chipana se encontraba "tras las rejas
de la cárcel", no sabemos hasta cuándo. Una de las graves acusaciones que
se le hacía era haber actuado como Presidente del Primer Congreso Indígenal
Boliviano en 1945 (Valencia Cabrera, 1947).

Entretanto, en la provincia Camacho, la agitación indigenal estaba latente,
especialmente como consecuencia de la circulación de rumores respecto a la
abolición de las leyes sociales que garantizaban los derechos de los indígenas
en el agro boliviano. Esto creaba un ambiente de zozobra, que conducía a
soliviantar al elemento indígena en contra del orden público. Pero la autoridad
prefectural del nuevo Gobierno reaccionaba afirmando la vigencia de los
artículos de los decretos 318 y 319 de fecha 15 de mayo de 1945 (ALP, P-C,
1946).

3. Las rebeliones indígenas durante el Sexenio
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a) La rebelión de Ayopaya en Cochabamba

Después de la muerte de Villarroel, como hemos dicho, se reimplantaron
los servicios gratuitos con mayor fuerza en las haciendas del país,
especialmente en la de Yayani y haciendas vecinas a ella, en la zona de
Ayopaya. Se persiguió a los cabecillas que fueron delegados al Congreso
Indigenal Boliviano; algunos, por no sufrir las consecuencias de las reacciones
de los hacendados, abandonaron la hacienda. Entre ellos, Hilario Grájera y
Nicolás Carrasco, se mantuvieron ocultos en la misma zona, mientras otros
tuvieron que soportar los ultrajes por no perder sus tierras y continuar en
contacto con el resto de los campesinos.

Seis meses después del derrocamiento de Villarroel (5 al 10 de febrero de
1947) se desencadenó un gran levantamiento en Ayopaya que duró casi una
semana, con acciones de hecho, siendo violentamente reprimido por las
fuerzas policiales, tropas del ejército y aviones de reconocimiento (Dandler y
Torrico, 1984:179). Dandler y Torrico nos relatan las acciones de la rebelión
indígena de Ayopaya de la siguiente manera:

Una gran masa indígena de los cuatro suyos de Yayani se congregó en la
noche del 4 de febrero de 1947 y atacó la casa de hacienda con dinamitazos.
Se encontraban en la casa de hacienda el hijo del patrón, My. Carlos Zavalaga
y el Tcnl. josé Mercado (radicado en ella como consecuencia de una orden
policial); ambos eran miembros de la logia Radepa que apoyó a Villarroel. Al
intentar la fuga, el Tcni. Mercado fue muerto a golpes y el My. Zavalaga logró
huir descalzo, juntalnente con otras personas de la administración de la
hacienda. Los indígenas atacantes saquearon la casa de hacienda, llevándose
consigo algunas herramientas, armas y víveres. Esa misma noche,
prosiguieron con el ataque a la hacienda Lachiraya, donde se plegó otro grupo
de indígenas de ésta y otras haciendas. Al día siguiente, pasaron a Parte Libre,
Punacachi y Quiriquiri, haciendas aledañas a Yayani. Continuaron con el
ataque y saqueo a las haciendas de Moyapampa y Llallajrna. También
atacaron a la hacienda Charapaya, cerca de Cochabamba, colindante con la
provincia de Tapacarí. A partir del tercer día, se movilizaron tropas del ejército y
de la policía, desde las ciudades de Cochabamba y Oruro, con la intención de
cercar a los sublevados desde varios puntos estratégicos. Contaban además
con aviones de reconocimiento. Y la mayoría indígena se replegó a sus lugares
de origen, mientras el contingente liderizado por Grájeda continuó con los
ataques a otras haciendas, reclutando a indígenas que se encontraban al paso.
Luego, parte de este grupo continuó hacia Leque y Challa, ubicadas en el cruce
de la carretera Oruro-Cochabamba, con la intención de obtener refuerzos en
Oruro. Sin embargo, en Challa unos veinte indígenas (incluyendo a Grájeda)
fueron apresados y llevados a Oruro. Otros indígenas tomaron otro camino
hasta llegar a Oruro, pero a los pocos días también fueron apresados (Dandler
y Torrico, 1984:179-180). Las rebeliones de Ayopaya se extendieron a las
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haciendas del altiplano de Oruro y La Paz. El 10 de febrero de 1947, Mauricio
Hochschild, desde Colquiri, comunicó al Prefecto de La Paz que los vecinos de
esa capital y los de los cantones Caluyo, Uyuni, Coriri, Mohoza, pedían auxilio
para la defensa por encontrarse los indígenas de toda esa región en contacto
con la sublevación de los indios de la provincia de Ayopaya. En vista de ello, el
Prefecto paceño instruía al Director General de Policías que para toda
determinación e instrucciones que quiera impartir, utilice los servicios de la
Empresa de Hochschild 11 por ser la única vía utilizable para dichos servicios"
(ALP, P-C, 1947). De todas maneras, luego de una semana de acciones, las
tropas lograron controlar la rebelión de Ayopaya. Según la prensa, durante el
mes de febrero de 1947, las rebeliones o amenazas de rebelión estaban
centradas en los departamentos de La Paz (provincias Los Andes, Omasuyos,
Pacajes e Ingavi), Cochabamba (Ayopaya y Sipesipe) y Oruro (Leque y Challa)
(Dandler y Torrico, 1984:180-183).

La zona de Ayopaya, por caracterizarse por un dominio hacendal,
requería el sobre trabajo campesino para responder a una situación comercial,
al igual que en otras zonas productivas para intensificar la producción de
ciertos cultivos como la papa (Dandler y Torrico, 1984:193). Para los colonos
ese dominio de explotación generaba, al mismo tiempo, la lucha de resistencia
contra sus explotadores (patrones y administradores). Entonces los explotados
de la hacienda, como consecuencia de los decretos aprobados por el Primer
Congreso Indigenal Boliviano y promulgados por el gobierno de Villarroel, no
podían aceptar nuevamente continuar con los servicios gratuitos como el
pongueaje y mitanaje. Es evidente que la lucha contra la servidumbre indígena
había empezado hace mucho tiempo; ahora, con el transcurrir de los años,
habían variado las acciones políticas y sociales, especialmente con el proceso
de sindicalización en el agro, sobre todo en Cochabamba, apareciendo otras
estrategias de lucha como la huelga de brazos caídos. Sin duda, los colonos de
las haciendas de Ayopaya estaban conscientes de la condición social en que
vivían, la cual debía terminarse pronto. Seguramente con las acciones de
hecho pensaban aproximarse al logro de sus reivindicaciones
socio-económicas y políticas. La destrucción de haciendas a través de las
acciones de hecho, sin duda, apuntaba hacia la liquidación del sistema feudal y
de la hegemonía oligárquico-gamonal en esa región. Así lo entendían los
líderes indígenas como Luis Ramos Quevedo, Hilarión Grájeda y Nicolás
Carrasco. Para éstos, los contáctos con los líderes obreros y políticos tenían
suma importancia para la prosecución de la lucha contra el sistema imperante.

b) Las rebeliones indígenas en La Paz

Después del Congreso Indigenal y de la caída de Villarroel, en el departa-
mento de La Paz se puede advertir una de las acciones de hecho
protagonizada por los colonos y comunarios contra los hacendados y vecinos.
De modo que hubo amenazas de sublevación, ataques relámpago y saqueos
de las casas de hacienda. Pero todo intento de ataque y sublevación fue
reprimido con la ayuda del ejército, la aviación y la policía.
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, El veinte de enero de 1947, el corregidor del cantón Porvenir de la
provincia Loaiza comunicó al Prefecto de La Paz su preocupación por la
amenaza de una sublevación indígena, ya que los indígenas de esa región
"para tener mayor fuerza han recurrido a los sindicatos mineros". Los colonos
se negaban a trabajar para el propietario los cuatro días que les tocaba a la
semana y a cumplir su obligación de muleros (ALP, P-C, 1947). Por su parte,
según el Alcalde Municipal de Yaco y el corregidor de ese cantón, de acuerdo a
la comunicación de ambos con el Prefecto (27 de enero de 1947), la
sublevación indígena amenazaba invadir esa población instigada por los
agitadores profesionales y los cabecillas del Altiplano de las regiones de
Pukarani, Corocoro y otros lugares (ALP, P-C, 1947).

Entretanto, en el Altiplano, los días del 22 al 24 de enero, con motivo de
las amenazas de sublevación indigenal, dos camiones conducían una tropa del
Regimiento de Carabineros "21 de Julio" a la población de Pukarani (ALP,
PC,1947). Desde ese momento, Pukarani se estaba convirtiendo en el centro
de agitación indígena más importante de La Paz. La subversión indígena
además estaba extendida en varias regiones del altiplano paceño. El 31 de
enero, desde Santiago de Huata (provincia Omasuyos), se daba cuenta de la
existencia de amagos de levantamientos indígenas (ALP,P-C,1947). También
en la región de Peñas (provincia Los Andes), la sublevación amenazaba a la
población de vecinos. En la provincia Ingavi, en los pueblos de Jesús de
Machaqa y Guaquí existían amenazas de sublevación indígena. Por este
motivo, los vecinos pedían garantías a las autoridades. Se dijo que los co-
munarios de Jesús de Machaqa atacaban a la hacienda Corpa, ubicada en la
misma jurisdicción de ese cantón (ALP, P-C, 1947). Igualmente, el ataque
estaba dirigido hacia el cantón Caquiaviri (provincia Pacajes). En este cantón,
en las haciendas de Anta, Comanche y KeIla Kella, existía sublevación de la
"indiada" (ALP, P-C, 1947), indudablemente, contra los patrones y
administradores de las mismas. Muchos colonos de las referidas haciendas,
sindicados de agitadores, fueron perseguidos, apresados y confinados a
lugares inhóspitos, especialmente a Ichilo (Santa Cruz). En la misma provincia
pacajeña, los familiares del doctor Francisco Jurado denunciaron, el 8 de abril
de 1947, contra los comunarios de llavi, que habían atacado destruyendo las
sementeras en la hacienda Chorocosi de la jurisdicción del cantón Santiago de
Machaqa. (ALP, P-C, 1947).

Frente a estos hechos preocupantes, la Sociedad Rural Boliviana,
extremadamente contraria a los intereses de los colonos y los comunarios en
general, el 8 de abril de 1947 solicitó al Prefecto de La Paz "se tomen las
medidas para evitar que el orden público sea alterado en el campo y que los
políticos continúen con su perniciosa labor". Denunció que en los últimos días
se habían reunido en la localidad de Viacha los representantes de la
Federación Obrera Local y de la Federación Agraria Departamental, con
numerosos indígenas "de más de quince propiedades circunvecinas a Viacha".
Se sospechaba que las reuniones de los referidos representantes obedecían al
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"deseo de sindicalizarse so pretexto de que se establezcan escuelas indigena-
les", pero la petición de escuelas -sostuvo- era "un simple pretexto para que los
agitadores que están sembrando la discordia y el desorden entre la clase
indígena, obtengan como lo están haciendo excesivas ramas de los indígenas
que ingenuamente son explotados por estos individuos". La Sociedad Rural
Boliviana acusó a los cabecillas de realizar reunión de comunistas, ya que
éstos no tenían autorización para reunir a los indígenas por contravenir las
disposiciones legales, sancionadas por los artículos 10 y 11 del D. S. de 15 de
mayo de 1945 (ALP, P-C, 1947).

En la provincia Los Andes, la agitación indígena tenía el apoyo de la
Federación Obrera Local. De acuerdo a la comunicación del Subprefecto de
esa provincia al Prefecto de La Paz, el 26 de mayo de 1947, aquél sostenía
que desde el mes de enero de ese año se venía atravesando "una serie de
dificultades en toda la provincia Los Andes, en virtud de encontrarse toda la
indiada en actitud de subversión", amenazando continuamente con
desencadenar la rebelión sobre la totalidad del Altiplano, para luego ingresar
hasta la ciudad de La Paz. Entonces, al mismo tiempo, destruirían todos los
pueblos vecinales de esa provincia para luego repartirse las tierras de las
haciendas, y una vez logrado todo ello nombrarían sus propias autoridades.
Para cumplir ese objetivo fue "decretada la sublevación general" por los
principales cabecillas de la hacienda Carapata, ubicada en el cantón Puerto
Pérez, para los días del 1° al 5 de mayo; pero esta sublevación fue frustrada
por el referido Subprefecto, quien había tomado las medidas necesarias antes
de esa fecha. Posteriormente volvió la tensión con mayor intensidad en toda la
provincia Los Andes, a través de otra sublevación fijada para el día 21 de julio
de ese año. Para ese propósito, la mayoría de los indígenas habían realizado
sus recorridos por todas las haciendas, las mismas que alcanzaban al número
aproximado de treinta y seis. En vista de ello, el Subprefecto solicitó al Prefecto
la dotación de cincuenta soldados debidamente armados para reprimir a los
subvertores del orden público, capturar a los cabecillas y decomisar sus armas
(ALP, P-C, 1947). Desde luego, la sublevación indígena estaba generalizada
en toda la provincia Los Andes. Entonces no faltaron hechos lamentables. Por
ejemplo, según el Subprefecto de esa provincia, los indígenas de la hacienda
Carapata, en la noche del 19 de junio, en la hacienda Tacanoque victimaron
"atrozmente" al propietario de ésta, Dr. Agustín Prieto y su sobrina Ana Videla.
Dicha víctimación fue ejecutada con la complicidad de los colonos de la
hacienda Tacanoque (ALP, P-C, 1947).

Seguramente por esos hechos, considerados como lamentables, hubo
preocupación en los organismos del Estado. Así, el Comandante de la Región
Militar NQ 1, el 19 de junio de 1947, comunicó al Prefecto de La Paz que por
"efectuarse movimientos de tropas en las diferentes provincias del Altiplano con
motivo de la sublevación de indígenas", solicitaba a su autoridad que instruya a
los subprefectos y corregidores del departamento de La Paz para que presten
la mayor colaboración en lo que se refiere al alojamiento y alimentación de las
tropas (ALP, P-C, 1947). La comunicación militar sobre la movilización de
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tropas del ejército en el Altiplano, indudablemente, obligó a la Prefectura a
dictar el auto de buen gobierno (20 de junio de 1947), considerando que en las
regiones del Altiplano subsistía la amenaza de sublevaciones indigenales,
siendo necesario adoptar las medidas adecuadas para prevenir mayores
alteraciones del orden público. Entonces, a partir de esa fecha y hasta nueva
orden, se prohibía con carácter general el expendio de bebidas alcohólicas en
las poblaciones del Altiplano. Las autoridades políticas, administrativas,
municipales y de tránsito, quedaban encargadas de la ejecución y cumplimiento
del auto de buen gobierno, con facultad de controlar y requisar el movimiento
general de los diferentes medios de transporte en las distintas poblaciones y
zonas del Altiplano (ALP, PC, 1947).

Esto quiere decir que el gobierno de Hertzog, viéndose en una situación
de crisis social y política, por el avance del movimiento indígena-obrero en el
campo, trató de aplastar a la movilización indígena con la acción de las fuerzas
armadas y la policía. En varías acciones punitivas, la matanza de indígenas se
ejecutó de enero a julio de 1947, en las localidades de Topohoco, Pukarani,
Caquiaviri, Ayo Ayo, Laja y Carabuco, en el departamento de La Paz;
Yayani-Ayopaya en el departamento de Cochabamba, y Macha-Chayanta en el
departamento de Potosí. Esas acciones fueron ejecutadas por el gobierno de
Hertzog que decretó "una movilización de tiempo de guerra de las fuerzas del
ejército, la aviación y la policía" (Antezana y Romero, 1973: 137).

En las provincias de Sikasika y Pacajes, entre enero y mayo de 1947,
hubo amagos de sublevación indígena con ataques a las haciendas. Así, el 13
de enero de ese año, en la hacienda Calacachi, los indígenas comenzaron con
amagos de sublevación, desobedeciendo las órdenes de realizar trabajos de
hacienda y, al mismo tiempo, evacuando a los mayordomos (ALP, P-C, 1947).
En la capital de la provincia Sikasika, aunque se decía que reinaba la
tranquilidad, hubo temores por los movimientos subversivos indígenas,
especialmente en Patacamaya (ALP, P-C, 1947). Entretanto, en la provincia
Pacajes, en las haciendas Anta, Comanche y Kella Kella, hubo arnagos de
sublevación. En la finca Anta, según la comunicación del Subprefecto al
Prefecto, el 17 de mayo de 1947, los indígenas asesinaron al administrado
Andrés Montes y saquearon la casa de hacienda; su propietario era el canónigo
Casimiro Crespo (ALP, P-C, 1947). En la región de Desaguadero, los
comisionados d la Federación Obrera Local, en la hacienda Titijoni, se habían
constituido para ordenar que “no trabajen las mujeres colonas y solo los
hombres dos días". Esto indudablemente afectó a la propietaria de ella, quien
se quejó, considerando que ésta es una arbitrariedad que le ocasionaba
momentos apremiantes y pérdidas en la cosecha (ALP, P-C, 1947).


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Archivo de La Paz (ALP)

Expedientes de la Prefectura de La Paz (P-EP). Documentos referentes al
movimiento indígena (1900-1936).
Correspondencia de la Prefectura de La Paz (P-C). Documentos referentes a
las sublevaciones indígenas (1920-1947).

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