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2014/06/16

EKONOMIA | Análisis | Entidades financieras vascas

EKAI GROUP

ENTIDADES FINANCIERAS VASCAS


KUTXABANK: PRIVATIZACIÓN EN
QUINCE DÍAS
Los autores del análisis consideran que los responsables de la privatización de Kutxabank
son conscientes de que la práctica totalidad de la sociedad vasca está rotundamente en
contra de este proyecto y pretenden contener el coste político del mismo.

Nos encontramos ante la culminación del esperpento que viene suponiendo la


gestión institucional y el proyecto de “privatización” de Kutxabank durante los
últimos cuatro años.

Ayer mismo se conoció el contenido de las propuestas de transformación en


fundación bancaria que se pretenden aprobar el día 30 de junio en las
asambleas generales de BBK y Caja Vital.

Las razones de la extremada aceleración del proceso son conocidas y ya las


había anticipado EKAI Center. Sus promotores son conscientes de que la
práctica totalidad de la sociedad vasca está rotundamente en contra de este
Proyecto y pretenden contener el coste político del mismo. Ahora es el
momento ideal. Recién celebradas las últimas elecciones, cuanto antes se
pongan en marcha y se diluya el recuerdo de estos procesos, menor será el
coste en las siguientes elecciones, para las que todavía queda un año.

A través del texto de los Proyectos de Estatutos aprobados por los Consejos de
Administración de BBK y Vital Kutxa nos hemos enfrentado a una realidad que
nos costaba creer que fuera posible.

Según este Proyectos, desaparecen la Asamblea General y el Consejo de


Administración de las cajas que controlan Kutxabank y son sustituidos por un
órgano único, con el nombre de Patronato. De esta forma, el control de estas
fundaciones –y, por lo tanto, el de Kutxabank- quedará en manos de 15

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patronos de los que sólo 3 representarán a las entidades fundadoras. Como
dijimos, se trata de “la peor de las privatizaciones posibles”.

El primer sentimiento que nos ha inspirado la lectura del Proyecto de Estatutos


es el de perplejidad. Sinceramente, no acabamos de creer que esto sea posible.
No acabamos de creer que nuestra clase política pretenda no ya privatizar –lo
que, en el caso de Kutxabank, hubiera sido por sí mismo una barbaridad- sino
llegar al punto de entregar nuestro sistema financiero a un grupo de personas
que, a partir de ahora, se cooptarán y quedarán configuradas como el grupo de
poder oligárquico con la mayor concentración de poder económico y político
que hemos conocido en nuestra historia (si prescindimos del período
franquista).

El desastre que esto supone desde cualquier punto de vista jurídico,


organizativo, económico o social sólo parece ser superado por la magnitud de
los intereses personales y de partido que parecen defender quienes están
impulsando semejante disparate, única forma de entender lo que está
sucediendo.

Sabemos que, evidentemente, hay grandes intereses personales detrás de esto.


Más de una y de dos personas se van a hacer millonarias a través de este
proceso. Más de uno va a encontrar una futura colocación en un puesto
directivo. Sabemos también, por supuesto, que hay intereses de partido
llevados a una desproporción demencial, hasta el punto de justificar el derribo
de nuestro sistema financiero con el mero objetivo de asegurar el control
ilegítimo y oligárquico del país o, simplemente, “hacerse con una parte del
botín”.

Pero no nos podíamos creer, hasta que no lo hemos visto redactado en los
Estatutos, que nuestra clase política fuese capaz de terminar haciendo efectivo
semejante proyecto. Dábamos por seguro que, en el último momento, alguien
tendría la voluntad o la capacidad de poner en marcha los resortes necesarios
para evitar o reconducir este tema. No ha sido así.

Ésta es la increíble realidad. La irresponsabilidad de nuestra clase política ha


llegado a unos extremos inconcebibles. Hasta ahora habíamos intentado creer
que el problema radicaba en la falta de seriedad y de orientación estratégica de
los ejecutivos financieros y en el excesivo peso alcanzado durante los últimos
años por estos ejecutivos en las políticas de Kutxabank y en el conjunto de las
políticas económicas de este país. Hemos intentado exculpar a nuestra clase
política de cualquier tipo de responsabilidad directa en lo que estaba

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sucediendo. Como hemos dicho, queríamos pensar que, en el último momento,
los responsables políticos frenarían o reconducirían esta amenaza. Que ningún
político responsable -o, al menos, con un mínimo grado de respeto a la voluntad
de los ciudadanos o con un mínimo de sensibilidad con el futuro de este país-
podía ser capaz de avalar la gratuita privatización de una entidad financiera sana
como Kutxabank.

Ahora vemos que no. Que no sólo son capaces de eso sino incluso de poner en
marcha un proyecto con mucho menos sentido y más dañino que una mera
privatización. Todo esto nos obliga a concluir que son nuestros responsables
políticos los que han estado alentando durante años este proceso y los que
desde el principio han tenido perfectamente claro el objetivo de apropiarse
ilegítimamente de nuestro sistema financiero. Por muy increíble que nos
parezca, los Estatutos ayer aprobados por los Consejos de Administración de
Vital Kutxa y BBK son la prueba definitiva.

Colección de documentos sobre Kutxabank elaborada por EKAI Center:

http://www.scribd.com/collections/3352719

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