You are on page 1of 17

¿QUIÉN ES EL

ZARATUSTRA DE
NIETZSCHE?
MARTIN HEIDEGGER
Traducción de Eustaquio Barjau, publicada en Conferencias
y artículos, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1994.


Contestar a esta pregunta parece fácil. Porque encontramos
la respuesta en el mismo Nietzsche, en proposiciones claramente
formuladas Y además en itálicas. Se encuentran en aquella obra de Nietzsche que
presenta de un modo expreso la figura de Zaratustra. l libro consta de cuatro partes,
surgi! entre los a"os #$$% & #$$' & lle(a el t)tulo de Así hablaba Zaratustra.

Nietzsche dio a este libro un subt)tulo, como compa"ero de (ia*e. +ice as), -.n
libro para todos & para nadie/. -Para todos/, es decir, sin duda no para todo el mundo
en el sentido de para cualquiera. -Para todos/ quiere decir, para todo hombre en tanto
que hombre, para cada uno, siempre & en la medida en que en su esencia de(iene para
s) mismo digno de ser pensado. -... & para nadie/, esto quiere decir, para nadie de los
curiosos que aflu&en en masa de todas partes, que lo 0nico que hacen es emborracharse
con fragmentos aislados & con sentencias concretas de este libro & que, a ciegas., (an
dando tumbos en un lengua*e medio cantar)n, medio grit!n, ahora meditati(o, ahora
tempestuoso, a menudo de altos (uelos, pero a (eces chato & bidimensional, en (ez de
ponerse en camino hacia el pensar que está aqu) buscando su palabra.

«Así hablaba Zaratustra. .n libro para todos & para nadie. / +e qu1 modo tan
inquietante ha demostrado ser (erdad el subt)tulo de este libro en los setenta a"os que
han pasado de su aparici!n... pero exactamente en el sentido contrario. Se con(irti! en
un libro para todo el mundo, & hasta el momento no se (e ning0n pensador que est1 a la
altura del pensamiento fundamental de este libro ni que sea capaz de medir su
procedencia en el alcance que 1sta tiene. 23ui1n es Zaratustra4 Si leemos con atenci!n
el t)tulo de esta obra. nos percataremos de una se"a, Así hablaba Zaratustra. Zaratustra
habla. s un hablante. 2+e qu1 tipo4 2.n orador de masas o incluso tal (ez un
predicador4 No. l que habla, Zaratustra, es un -porta(oz/ (Fürsprecher: el que habla
delante5. n este nombre nos encontramos con una palabra mu& antigua de la lengua
alemana, & además de m0ltiples significados. «Für» significa Propiamente «vor»
6delante5, «Fürtuch» es el nombre a0n ho& usual en el alemánico para el delantal. l
-porta(oz/ (Fürsprech) habla delante & lle(a la (oz cantante 6lle(a la palabra5. Pero
«für» significa además, en fa(or de & como *ustificaci!n. l porta(oz (Fürsprecher) es
finalmente aquel que explica & aclara aquello de lo que & para lo que habla.

Zaratustra es un porta(oz en este triple sentido. Pero 2qu1 es lo que habla
delante 6de los demás54 2n fa(or de qui1n habla4 23u1 intenta explicar4 2s
Zaratustra s!lo un porta(oz cualquiera de cualquier cosa o es el porta(oz de lo .no que
siempre, & antes que nada, está interpelando al hombre4

7acia el final de la tercera parte de Así hablaba Zaratustra ha& una secci!n que
lle(a por t)tulo, -l con(alescente/ 6+er 8enesende5. 9ste es Zaratustra. Pero 2qu1
significa «der Genesende»? «Genesen» es la misma palabra que el griego n¡omai,
notow Significa, regresar a casa: nostalgia es la morri"a, el dolor de hogar. l
«Genesende» es el que se recoge para el retorno al hogar, es decir, para entrar en
aquello a lo que está destinado. l -con(alescente/ está en camino hacia s) mismo, de
tal modo que puede decir de s) qui1n es. n el fragmento citado, el con(alescente dice,

-Yo, Zaratustra, el porta(oz de la (ida, el porta(oz del sufrimiento, el porta(oz
del c)rculo ... /

Zaratustra habla en fa(or de la (ida, del sufrimiento, del c)rculo, & esto lo dice
delante 6lo proclama5. stas tres cosas, -;ida Sufrimiento<C)rculo/ se pertenecen
mutuamente, son una misma cosa. Si fu1ramos capaces de pensar correctamente esta
=riplicidad como .no & lo >ismo, estar)amos en situaci!n de presentir de qui1n es
porta(oz Zaratustra & qui1n quisiera ser 1l como tal porta(oz. ?ien es (erdad que ahora
podr)amos inter(enir con una explicaci!n de brocha gorda, &, de un modo
indiscutiblemente correcto, podr)amos decir, -;ida/ significa en la lengua de
Nietzsche, (oluntad de poder como rasgo fundamental de todo ente, no s!lo del ser
humano. @o que significa -sufrimiento/ lo dice Nietzsche con las siguientes palabras,
-todo lo que sufre quiere (i(ir .. / 6A A ;B, CDE5, es decir, todo lo que es en el modo
de la (oluntad de poder. sto quiere decir, -@as fuerzas configuradoras chocan entre
s)/ 6F;B, #'#5. -C)rculo/ es el signo del anillo, cu&a cur(atura (uel(e sobre s) misma &
de este modo alcanza siempre el retorno de lo igual.

n consecuencia, Zaratustra se presenta a s) mismo como el porta(oz de esto,
todo ente es (oluntad de poder, que, como (oluntad creadora que choca, sufre, & de este
modo se quiere a si misma en el eterno retorno de lo Bgual.

Con este enunciado hemos llegado a una definici!n de Zaratustra, como se dice
en el lengua*e de la escuela. Podemos anotar esta definici!n, grabarla en la memoria &
decirla cuando sea necesario. sto que acabamos de decir podemos ilustrarlo incluso
con aquellas proposiciones que en la obra de Nietzsche, subra&adas con itálicas, dicen
qui1n es Zaratustra.

n el fragmento citado, -l con(alescente/ 6%#C5 leemos,-G=06es decir,
Zaratustra5 eres el maestro del eterno retorno

Y en el pr!logo de la obra entera 6n. %5 encontramos,

- Yo 6es decir Zaratustra5, os enseño el ultrahombre ».

Seg0n estas proposiciones, Zaratustra, el porta(oz, es un -maestro/. H o*os
(ista, ense"a dos cosas, el eterno retorno de lo Bgual & el ultrahombre. S!lo que, de
buenas a primeras, no se (e si, & de qu1 modo, estas dos cosas que ense"a se pertenecen
mutuamente. Pero aun en el caso de que se aclarara esta conexi!n, seguir)a siendo
cuestionable si estamos o&endo al porta(oz, si estamos aprendiendo de este maestro.
Sin este o)r & aprender no sabremos nunca bien qui1n es Zaratustra. Hs) que no basta
con que nos limitemos a poner unas *unto a otras proposiciones de las cuales sale lo que
el porta(oz & el maestro dice de s) mismo. =enemos que prestar atenci!n a cmo lo dice
& además en qu1 ocasi!n & con qu1 intenci!n. @as palabras decisi(as, -=0 eres el
maestro del eterno retorno/, no las dice Zaratustra desde s) mismo a s) mismo. Se las
dicen sus animales. Se las nombra al principio mismo del pr!logo de la obra &, de un
modo más claro, al final 6n. #I5. Hqu) se dice, -... cuando el sol estu(o en el mediod)a,
mir! 6Zaratustra5 interrogati(amente a lo alto: porque, por encima de 1l, o)a la llamada
clara & n)tida de un pá*aro. Y he aqu) que un águila describ)a amplios c)rculos en el
aire, & de ella colgaba una serpiente, no como una presa sino como una amiga, pues el
águila la ten)a enroscada en tomo a su cuello/. n este misterioso abrazo presentimos
&a de qu1 forma, sin que se diga de un modo expl)cito, en los c)rculos que describe el
águila & en el enroscamiento de la serpiente se enroscan c)rculo & anillo. Hs)
resplandece el anillo, que se llama anulus aetern!tat!s: anillo sigilar & a"o de la
eternidad. n el aspecto de los dos animales se muestra ad!nde ellos mismos
pertenecen con su girar & su enroscarse. Porque no son ellos nunca los que empiezan
haciendo c)rculo & anillo, sino que se ensamblan en 1l para, de este modo, tener su
esencia. n el aspecto de los dos animales aparece Hquello que le concierne al
Zaratustra que le(anta su mirada interrogati(a hacia lo alto. +e ah) que el texto
contin0e,

-Son mis animales/, di*o Zaratustra, & se alegr! de todo coraz!n.
l más orgulloso de los animales que ha& ba*o el sol & el más inteligente de los
animales que ha& ba*o el sol < los dos han salido de exploraci!n.
3uieren a(eriguar si Zaratustra a0n (i(e. 2n (erdad, a0n (i(o4/

@a pregunta de Zaratustra s!lo conser(a su peso si la palabra indeterminada
-(ida/ la entendemos en el sentido de -(oluntad de poder/. Zaratustra pregunta,
2corresponde mi (oluntad a la (oluntad que, como (oluntad de poder, domina la
totalidad del ente4

Sus animales a(eriguan la esencia de Zaratustra. l se pregunta a s) mismo si 1l
es a0n, es decir si es &a aquel que propiamente es. n una : nota a Así hablaba
Zaratustra, procedente de los escritos p!stumos 6FB;, JKE5, se dice,

-L2=engo tiempo para esperar a mis animales4 Si son m!s animales, sabrán
encontrarmeM. l silencio de Zaratustra. /

+e este modo, luego sus animales, en el pasa*e citado del fragmento -l
con(alescente/, le dicen lo siguiente, que las palabras escritas en itálica no deben
hacernos pasar por alto. +icen,

-Porque tus animales, oh Zaratustra, saben bien qui1n eres & qui1n debes llegar
a ser, mira, eres el maestro" eres el #ue enseña el eterno retorno -, G1ste es ahora tu
destinoN /

+e este modo sale a la luz lo siguiente, Zaratustra antes que nada tiene que
lle$ar a ser el que es. Hnte tal llegar a ser, Zaratustra retrocede asustado. ste susto
atra(iesa toda la obra que lo representa. ste susto determina el estilo, la andadura
(acilante & siempre ralentizada de la obra entera. ste susto ahoga toda seguridad en s)
mismo & toda presunci!n de Zaratustra, &a al principio de su camino. 3uien, de todos
estos discursos, que a menudo suenan a pretenciosos & en los que muchos de sus giros
son s!lo gestos de ebriedad no ha&a o)do &a desde el principio, & no est1 o&endo
siempre este susto, 1ste no podrá saber nunca qui1n es Zaratustra.

Si Zaratustra debe llegar a ser primero el maestro del eterno retorno, entonces
no puede empezar de entrada con esta ense"anza. Por esto al principio de su camino
están estas otras palabras, «%o os enseño el ultrahombre».

Hhora bien, con la palabra -ultrahombre/ lo primero que tenemos que hacer es
mantenernos a distancia de todos los acentos equi(ocados & perturbadores que suenan
habitualmente en las opiniones. Con la denominaci!n -ultrahombre/, Nietzsche
precisamente no menciona a un hombre simplemente de dimensiones ma&ores que las
que ha tenido el hombre hasta ahora. =ampoco menciona a un tipo de hombre que
arro*e lo humano fuera de s) & haga de la mera arbitrariedad su le& & de un furor
titánico su regla. l ultrahombre, tomando la palabra en su sentido completamente
literal, es más bien aquel hombre que (a más allá del hombre que ha habido hasta
ahora, 0nica & exclusi(amente para lle(ar a este hombre a la esencia que tiene a0n
pendiente & emplazarlo all). .na nota p!stuma relati(a al -Zaratustra/ dice 6FB;, JK#5,

-Zaratustra no quiere perder ning0n pasado de la humanidad, quiere arro*arlo
&odo en el molde/.

Pero 2de d!nde pro(iene la llamada de socorro que pide la (enida del
ultrahombre4 2Por qu1 el hombre de antes &a no basta4 Por que Nietzsche se da cuenta
de que ha llegado el momento hist!rico en el que el hombre se dispone a entrar en el
dominio de la tierra como totalidad. Nietzsche es el primer pensador que, colocándose
en la perspecti(a que contempla el primer emerger de la historia acontecida del mundo,
plantea la pregunta decisi(a & la piensa hasta el final en todo su alcance metaf)sico. @a
pregunta dice as), 2está el hombre, como hombre, en su esencia, tal como se ha
re(elado 1sta hasta ahora, preparado para hacerse cargo del dominio de la tierra4 Si no
es as), 2qu1 debe ocurrir con el hombre, tal como ha sido hasta ho&, para que pueda
LsometerM la tierra &, de este modo cumplir la palabra de un Hntiguo =estamento4 2No
(a a ser necesario que este hombre sea lle(ado m's all' de s) mismo para que pueda
corresponder a esta misi!n4 Si esto es as), entonces el LultrahombreM, pensado
correctamente, no puede ser ning0n producto de la fantas)a desenfrenada & degenerada
que se lanza impetuosa al (ac)o. Sin embargo, este tipo de hombre tampoco puede
encontrarlo la 7istoria por medio de un análisis de la 1poca moderna. +e ah) que no
podamos buscar nunca la configuraci!n esencial del ultrahombre en aquellos
persona*es que, como funcionarios principales de una (oluntad de poder superficial &
mal interpretada, están siendo empu*ados a la cabeza de sus distintas formas de
organizaci!n. +e una cosa, ciertamente, deber)amos darnos cuenta, este pensar que se
dirige a la figura de un maestro que ense"a al ultrahombre nos concierne 6(a con
nosotros5, concierne a uropa, concierne a la tierra entera, no s!lo ho& mismo sino ante
todo ma"ana. sto es as) independientemente de que afirmemos o combatamos este
pensamiento, de que lo pasemos por alto o de que lo imitemos con falsos acentos. =odo
pensar esencial atra(iesa la muchedumbre de sus partidarios & de sus ad(ersarios, sin
que ninguno pueda hacerle nada.

+e ah) que lo primero que tenemos que hacer sea aprender a aprender del
maestro, aunque s!lo sea aprender a preguntar más allá de 1l. 0nicamente de este modo
experienciaremos un d)a qui1n es el Zaratustra de Nietzsche, o no lo experienciaremos
nunca.

+e todos modos, queda por considerar si el preguntar más allá del pensar de
Nietzsche puede ser una continuaci!n de 1ste o tiene que ser un paso hacia atrás.

3ueda por considerar antes si este -hacia atrás/ es s!lo un pasado fi*able por los
medios de la ciencia hist!rica, un pasado que quisi1ramos reno(ar 6por e*emplo, el
mundo de 8oethe5, o si este -hacia atrás/ se"ala algo sido cu&o comienzo está
esperando a0n una conmemoraci!n, para llegar a ser un principio que el alba de*a
emerger.

+e todos modos, ahora nos limitaremos a aprender unas pocas cosas, & además
pro(isionales, relati(as a Zaratustra. @o más conforme a la cuesti!n será que
intentemos acompa"ar los primeros pasos del maestro que 1l es. 9l ense"a mostrando.
Pre(1 la esencia del ultrahombre & la lle(a a una figura (isible. Zaratustra es s!lo el
maestro, no es &a el ultrahombre mismo. Y, a su (ez, Nietzsche no es Zaratustra sino el
que pregunta, el que, pensando, intenta hacerse con la esencia de Zaratustra.

l ultrahombre (a más allá del modo de ser del hombre de ho&, & del hombre tal
como ha sido hasta ho&, & as) es una transici!n, un puente. Para que, aprendiendo,
podamos seguir al maestro que ense"a el ultrahombre, tenemos que <para no salir de
esta imagenllegar al puente. @a transici!n la pensaremos de un modo hasta cierto punto
completo si consideramos tres cosas,

#. Hquello de lo que se ale*a el que pasa.
J. l paso mismo.
%. Hquello a lo que pasa el que pasa.

sto 0ltimo que hemos dicho no podemos perderlo de (ista: no puede perderlo
de (ista ante todo el que pasa, & antes el maestro que tiene que mostrarlo. Si no se (e de
antemano ad!nde se (a, entonces este pasar carece de direcci!n, & aquello de lo que
tiene que liberarse el que pasa permanece en lo indeterminado. Pero por otro lado,
aquello a lo que está llamado el que pasa s!lo se muestra a plena luz cuando &a ha
pasado all). Para el que pasa &, de un modo total, para aquel que como maestro tiene
que mostrar este paso, para Zaratustra mismo, el ad!nde está siempre en la le*an)a. @o
le*ano permanece. n tanto que permanece, permanece en una proximidad, es decir, en
aquella que conser(a lo le*ano como le*ano al pensar en lo le*ano & en direcci!n a lo
le*ano. @a proximidad a lo le*ano, que conmemora lo le*ano, es lo que nuestra lengua
llama nostalgia ((ehnsucht). rr!neamente enlazamos la palabra «(ucht» con
-suchen/ & con -ser arrastrado/. Pero la (ie*a palabra «(ucht» significa, enfermedad,
padecimiento, dolor.

@a nostalgia es el dolor de la proximidad de lo le*ano.

Hll) donde (a el que pasa, a este el lugar le pertenece la nostalgia. l que pasa, &
&a el que lo muestra, el maestro, como &a (imos, está en camino de regreso, hacia su
esencia más propia. s el con(alescente. n la tercera parte del Así hablaba
Zaratustra, inmediatamente despu1s del fragmento titulado -l con(alescente/, sigue
aquel fragmento que lle(a por t)tulo -+e la gran nostalgia/. Con este fragmento, el
antepen0ltimo de la % a parte, alcanza la obra Así hablaba Zaratustra su punto
culminante. n una nota p!stuma 6FB;, J$'5 se"ala Nietzsche,

- .n sufrimiento d!v!no es el contenido del tercer Zaratustra./

n el fragmento -+e la gran nostalgia/, Zaratustra habla con su alma. Seg0n la
doctrina de Plat!n, regulati(a para la metaf)sica occidental, la esencia del pensar
descansa en el diálogo alma consigo misma. s el lñgow, ön aét¯n ² cux¯ diez¡rxtai
perÜ Ún n skop°,el recogimiento dicente del alma, el que el alma misma recorre de
camino hacia s) misma, en el ámbito de lo que cada (ez (e 6=heaetet. #$Ee: cfr.
(oph!stes JD%e5.

n diálogo con su alma, Zaratustra piensa -el más abismal de sus
pensamientos/ ()er Genesende, n. #: cfr. BBB. *om Ges!cht und +,tsel, n. J5. n el
fragmento -+e la gran nostalgia/, Zaratustra empieza con estas palabras,

-Oh, alma m)a, te ense"1 a decir L7o&M como LHnta"oM & L.n d)aM, & a pasar
danzando tu danza en corro por encima de todo Hqu) & Hh) & Hll)/.

@as tres palabras -7o&/, -.n d)a/, -Hnta"o/ están escritas con ma&0sculas &
entre comillas. Nombran los rasgos fundamentales del tiempo. l modo como
Zaratustra las pronuncia explica aquello que a partir de ahora Zaratustra tiene que
decirse a s) mismo en el fondo de su esencia. 2Y qu1 es esto4 3ue -Hnta"o/ & -.n
d)a/ son futuro & pasado como el -7o&/. Pero el ho& es como lo pasado & lo que (iene.
@as tres fases del tiempo se desplazan hacia lo >ismo, como lo >ismo, *untándose en
un presente 0nico, en un constante Hhora. @a >etaf)sica llama al continuo Hhora, la
eternidad. =ambi1n Nietzsche piensa las tres fases del tiempo desde la eternidad como
continuo presente. Pero lo permanente en 1l no descansa en un estar (stehen) sino en un
retorno de lo Bgual. Zaratustra, cuando le ense"a a su alma aquel decir, es el maestro del
eterno retorno de lo >ismo. ste retorno es la plenitud inagotable de la (ida gozosa<
dolorosa. 7acia all) se dirige -la gran nostalgia/ del maestro del eterno retorno de lo
>ismo.

+e ah) que, en el mismo fragmento, a -la gran nostalgia/ se le llame -la
nostalgia de la sobre<abundancia/.

@a -gran nostalgia/ (i(e sobre todo de aquello de lo que ella saca el 0nico
consuelo, es decir, la confianza. n lugar de la palabra antigua «&rost» 6consuelo5
6emparentada con ella, trauen" -utrauen, tener confianza, fiarse5, en nuestra lengua ha
entrado la palabra «.offnun$» 6esperanza5 -@a gran nostalgia/ entona & determina a
Zaratustra, animado por ella, a su -más grande esperanza/.

Pero 2qu1 es lo que le autoriza & le lle(a a 1sta4

2Cuál es el puente que le de*a pasar hasta el ultrahombre & que al pasar a la otra
orilla le de*a ale*arse del hombre del pasado & de ho&, de tal modo que puede librarse
de 1l4

s la estructura peculiar de la obra Así hablaba Zaratustra, que debe mostrar la
transici!n del que (a más allá, lo que hace que la contestaci!n a la pregunta que
acabamos de formular se d1 en la J.P parte de la obra, en la parte preparatoria. Hqu)
Nietzsche, en el fragmento -de las =arántulas/, hace decir a Zaratustra,

-Porque #ue el hombre sea l!brado de la ven$an-a: esto para mi es el puente a
la más alta esperanza, & un arco iris despu1s de largas inclemencias del tiempo/.

3u1 singular & qu1 extra"o para la opini!n habitual que la gente se ha hecho de
la filosof)a de Nietzsche. 2No pasa por ser Nietzsche el, instigador de la (oluntad de
poder, de la pol)tica de la (iolencia Y de la guerra, de la furia de la -bestia rubia/4

@as palabras -que el hombre sea librado de la (enganza/ en el texto están
impresas incluso en itálica. l pensar de Nietzsche piensa en (istas a la liberaci!n del
esp)ritu de la (enganza. Su pensar quisiera ser(ir a un esp)ritu que, como liberaci!n de
toda ansia de (enganza, precede a todo mero hermanamiento, pero tambi1n a todo
0nicamente<querer<castigar, a un esp)ritu que es anterior a cualquier esfuerzo por la paz
& a toda acti(idad b1lica, fuera de los l)mites de un esp)ritu que quiera asegurar &
fundamentarla pax, la paz, por medio de pactos. l espacio de esta liberaci!n de la
(enganza está, del mismo modo, fuera de los l)mites del pacifismo & de la pol)tica de
(iolencia & de una neutralidad calculada. stá tambi1n fuera de los l)mites de una
actitud d1bil que de*a que las cosas sigan su curso o de la huida en torno al ara del
sacrificio, del mismo modo como está fuera de las inter(enciones ciegas & de la
actuaci!n a cualquier precio.

Propio del esp)ritu de la liberaci!n de la (enganza es la presunta condici!n de
librepensador de Nietzsche.

«/ue el hombre sea l!berado de la ven$an-a. » Si nosotros, aunque sea s!lo de
un modo aproximado, consideramos este esp)ritu de la libertad como el rasgo
fundamental del pensar de Nietzsche la imagen de Nietzsche que ha corrido hasta
ahora, & que sigue corriendo, tiene que hacerse a"icos.

-Porque #ue el hombre sea l!berado de la ven$an-a: esto es para m) el puente a
la suprema esperanza/, dice Nietzsche. +ice con ello al mismo tiempo, en la lengua de
un ocultar que prepara, ad!nde dirige su -gran nostalgia/.

Pero 2qu1 entiende aqu) Nietzsche por (enganza4 2n qu1 consiste para 1l la
liberaci!n 6le la (enganza4

Nos contentaremos con aportar algo de luz a estas dos preguntas. =al (ez esta
luz nos hará (er con ma&or claridad el puente que, para un pensar como 1ste, tiene que
lle(ar al hombre de a&er & de ho& al ultrahombre. Con la transici!n se pone de
manifiesto Hquello hacia lo que (a el que pasa. Hs) podremos comprender antes en qu1
medida Zaratustra, como el porta(oz de la (ida, del sufrimiento, del c)rculo, es a la (ez
el maestro del eterno retorno de lo >ismo & el ultrahombre

ntonces 2por qu1 algo tan decisi(o depende de la liberaci!n de la (enganza4
2Cuál es la guarida del esp)ritu de la (enganza4 Nietzsche nos contesta en el tercer
fragmento de la J.P parte de Así hablaba Zaratustra. @o titula, -+e la sal(aci!n/. Hqu)
se dice,

«El espíritu de la venganza: amigos m)os, esto fue hasta ahora la me*or
reflexi!n del hombre: & donde hab)a sufrimiento, all) deb)a haber siempre castigo/.

Con esta proposici!n la (enganza se relaciona de antemano con todo lo que el
ser humano ha reflexionado hasta ahora. @a reflexi!n que aqu) se nombra no se refiere
a alg0n tipo de reflexi!n sino a aquel pensar en el que descansa & (ibra la relaci!n del
hombre con lo que es, con el ente. n la medida en que el hombre se comporta con el
ente, representa el ente en (istas al hecho de que es, en (istas a lo que es & a c!mo es, a
c!mo quisiera & debiera ser, en pocas palabras, el ente en (istas a su Ser. ste re<
presentar es el pensar.

Seg0n la proposici!n de Nietzsche, este representar ha estado determinado hasta
ahora por el esp)ritu de la (enganza. H la relaci!n de 1sta, determinada de esta manera,
con lo que es la consideran los hombres lo me*or.

Como sea que el hombre se represente al ente como tal, se lo representa siempre
en (istas al ser de 1ste. Por medio de esta mirada, (a siempre más allá del ente & se
dirige al ser. >ás allá se dice en griego met‹ +e ah) que toda relaci!n del hombre con
el ente como tal sea en s) metaf)sica. Cuando Nietzsche entiende la (enganza como el
esp)ritu que entona (durchst!mmt) & determina (best!mmt) el respecto del hombre para
con el ente, está pensando de antemano la (enganza de un modo metaf)sico.

@a (enganza no es aqu) simplemente un tema de la >oral Y la liberaci!n de la
(enganza no es una tarea de la educaci!n moral. +el mismo modo, la (enganza & el
ansia de (enganza no son un ob*eto de la Psicolog)a. @a esencia & el alcance de la
(enganza los (e Nietzsche metaf)sicamente. Pero ante todo, 2qu1 significa (enganza4

Si, con la amplitud de miras necesaria, nos atenemos primero al significado de
la palabra, podemos sacar de este modo una se"a. +ache 6(enganza5, r,che" 0re1en"
ur$ere significa, golpear, empu*ar, hacer a(anzar delante de uno, perseguir, ir a la caza.
2n qu1 sentido la (enganza es un ir a la caza4 lla no busca meramente dar caza a
algo, cogerlo, apropiárselo. =ampoco busca simplemente abatir aquello a la caza de lo
cual (a. ste ir a la caza para (engarse se opone de antemano a aquello en lo que se
(enga. Se opone a ello de este modo, reba*ándolo, con el fin de, frente a lo que ha
reba*ado, ponerse a s) mismo en una posici!n de superioridad &, de este modo,
reconstruir su propia (alidez, que es tenida como lo 0nico que cuenta. Porque la sed de
(enganza es excitada por el sentimiento de ser (encido & per*udicado. Por los a"os en
los que Nietzsche creaba su obra s! hablaba Zaratustra, escribi! esta obser(aci!n,

-Qecomiendo a todos los mártires que reflexionen si no fue la sed de (enganza
lo que los empu*! a lo extremo/. 6FBB, p. JE$5.

23u1 es la (enganza4 Podemos decir ahora de un modo pro(isional, (enganza
es la persecuci!n que se opone & que reba*a. 2Y es esta persecuci!n lo que ha sostenido
& penetrado hasta ahora toda reflexi!n & toda representaci!n del ente en (istas a su ser4
Si al esp)ritu de la (enganza le compete el alcance metaf)sico del que hemos hablado,
este alcance tiene que poder (erse desde la constituci!n de la >etaf)sica moderna. Para
lograr de alg0n modo esta (isi!n, fi*1monos en esto, en qu1 impronta esencial aparece
el ser del ente dentro de los l)mites de la >etaf)sica moderna4 sta impronta esencial
del ser se expresa de una forma clásica en unas pocas proposiciones que Schelling ha
escrito en #$IE en sus -Bn(estigaciones filos!ficas sobre la esencia de la libertad & los
ob*etos que están en conexi!n con ella/. stas tres proposiciones dicen,

-n la 0ltima & suprema instancia no ha& otro ser que el querer. 3uerer es ser
primigenio, & a 1ste 6al querer5 s!lo se le pueden aplicar los predicados de 1ste mismo
6del ser primigenio5, ausencia de fundamento, eternidad, independencia del tiempo,
auto<afirmaci!n. =oda la Rilosof)a aspira s!lo a encontrar esta suprema expresi!n./6R.
A. S. Schelling. 2h!losoph!sche (chr!ften, tomo B, @andshut #$IE, S. C#E5.

@os predicados que el pensar de la >etaf)sica atribu&e desde antiguo al ser,
seg0n su 0ltima & suprema & por ello acabada figura, Schelling los encuentra en el
querer. Sin embargo, la (oluntad de este querer no está aqu) pensada como capacidad
del alma humana. @a palabra -querer/ es aqu) el nombre del ser del ente en su
totalidad. 9ste es (oluntad. sto nos suena extra"o & además lo será mientras sigan
si1ndonos extra"os los pensamientos fundamentales de la >etaf)sica occidental.
Seguirán si1ndolo mientras no pensemos estos pensamientos sino que lo 0nico que
hagamos sea hablar de ellos. Se puede, por e*emplo, dar cuenta de un modo
hist!ricamente exacto, de los enunciados de @eibniz sobre el ser del ente sin que
pensemos lo más m)nimo de lo que 1l pens! cuando, a partir de la monada, determinaba
el ser del ente como unidad de percept!o y appet!tus, como unidad de representar &
aspirar, es decir, como (oluntad. @o que piensa @eibniz llega, a tra(1s de Tant & Richte,
al habla como (oluntad racional, una (oluntad sobre la que 7egel & Schelling, cada uno
a su manera, reflexionan. @o mismo quiere decir Schopenhauer cuando da a su obra
fundamental el t)tulo -l mundo 6no el hombre5 como (oluntad & representaci!n/. @o
mismo piensa Nietzsche cuando reconoce al ser originario del ente como (oluntad de
poder.

l hecho de que el ser del ente aparezca aqu) por todas partes como (oluntad no
descansa en opiniones sobre el ente que algunos fil!sofos se hagan. @o que significa
este aparecer del ser como (oluntad no lo podrá descubrir nunca ninguna erudici!n:
s!lo se puede obtener por medio de un pensar que pregunta, honrarlo en su
cuestionabilidad como lo digno de ser pensado, & de este modo guardarlo en la
memoria.

Para la >etaf)sica moderna, & por medio de ella, el ser del ente aparece
expresado propiamente como (oluntad. Pero el hombre es hombre en tanto que,
pensando, se relaciona con el ente, & es de este modo mantenido en el ser. l pensar, en
su propia esencia, debe corresponder a aquello respecto a lo cual se relaciona, al ser del
ente como (oluntad.

Pues bien, seg0n las palabras de Nietzsche, el pensar estu(o hasta ahora
determinado por el esp)ritu de la (enganza. 2C!mo piensa entonces Nietzsche la
esencia de la (enganza, suponiendo que la piensa metaf)sicamente4

n la segunda parte de Así hablaba Zaratustra, en el fragmento -+e la
liberaci!n/, &a mencionado, Nietzsche hace decir a Zaratustra,

-sto, s), esto s!lo es la ven$an-a misma, la contra(oluntad de la (oluntad
contra el tiempo & su LfueM./

3ue una determinaci!n esencial de la (enganza haga sobresalir aquello a lo que
ella se opone & se enfrenta & con ello haga sobresalir una contra(oluntad es algo que
corresponde a la peculiar persecuci!n con la cual caracterizábamos la (enganza. Pero
Nietzsche no dice 0nicamente, (enganza es contra(oluntad. sto es (álido tambi1n para
el odio. Nietzsche dice, (enganza es contra(oluntad de la (oluntad. Pero -(oluntad/ es
el ser de la totalidad de los entes, no s!lo del querer humano. Por la caracterizaci!n de
la (enganza como -contra(oluntad de la (oluntad/, su persecuci!n & oposici!n
permanecen de antemano dentro de los l)mites del respecto con el ser del ente. 3ue esto
es as) se (e claro si nos fi*amos contra qu1 se dirige la contra(oluntad de la (enganza.
;enganza es -contra(oluntad de la (oluntad contra el tiempo & su LfueM./

Hl leer esta determinaci!n esencial de la (enganza, por primera, por segunda &
aun por tercera (ez, al hecho de relacionar de un modo insistente la (enganza con el
tiempo lo tomaremos como algo sorprendente, incomprensible &, en 0ltima instancia,
arbitrarlo. incluso ha& que tomarlo as), si no seguimos considerando lo que quiere
decir aqu) el nombre -tiempo/.

Nietzsche dice, (enganza es -contra(oluntad de la (oluntad contra el tiempo ...
/. No se dice, contra algo temporal. =ampoco se dice contra un carácter especial del
tiempo. Se dice sin más , -contra(oluntad contra el tiempo ... /.

Hhora bien, inmediatamente siguen las palabras, -contra el tiempo & su UfueU/.
Pero esto dice, (enganza es la contra(oluntad contra el LfueM del tiempo. Se hará notar
con raz!n que al tiempo no s!lo le pertenecen en propio el -fue/ sino, de un modo
igualmente esencial, el -será/& el -es ahora/: porque el tiempo no s!lo está
determinado por el pasado sino tambi1n por el futuro & el presente. +e ah) que si
Nietzsche subra&a el -fue/ del tiempo, es e(idente que, en su caracterizaci!n de la
esencia de la (enganza, no se está refiriendo en modo alguno a -el/ tiempo como tal
sino al tiempo desde una perspecti(a determinada. Pero 2qu1 pasa con -el/ tiempo4
Pasa que se (a. Y se (a pasando. @o que (iene del tiempo no (iene nunca para quedarse
sino para irse. 2Hd!nde4 Hl pasar. Cuando un hombre ha muerto decimos que se ha
despedido de lo temporal. @o temporal pasa por ser lo que pasa 6lo pasa*ero5.

Nietzsche define la (enganza como -la contra(oluntad de la (oluntad contra el
tiempo & su LfueM/. sta caracterizaci!n que 1l ad*unta no subra&a un carácter aislado
del tiempo ol(idando unilateralmente los otros dos, sino que caracteriza el rasgo
fundamental del tiempo en su esencia temporal total & propia. Con el -&/ del giro -el
tiempo & su UfueU/, Nietzsche no pasa a un mero a"adido que habla de un carácter
especial del tiempo. l -&/ significa aqu) tanto como, & esto quiere decir. ;enganza es
contra(oluntad de la (oluntad contra el tiempo, & esto quiere decir, contra el pasar & su
carácter pasa*ero. sto para la (oluntad es algo contra lo que ella no puede hacer nada,
algo con lo que su querer choca continuamente. l tiempo & su -fue/ es la piedra contra
la que choca la (oluntad & a la que no puede hacer rodar. l tiempo & su pasar es lo
ad(erso de lo que padece la (oluntad. Como (oluntad que padece as), ella misma se
con(ierte en sufrimiento por el pasar, un sufrimiento que luego quiere su propio pasar &
con ello quiere que todo sea digno de pasar. @a contra(oluntad contra el tiempo reba*a
lo pasa*ero. @o terrestre, la tierra & todo lo que pertenece a ella es lo que propiamente
no deber)a ser & que en el fondo tampoco tiene ser (erdadero. Ya Plat!n lo llam! el m¯
ön, el no ente.

Seg0n las proposiciones de Schelling, que expresan s!lo la representaci!n
rectora de toda >etaf)sica, -independencia del tiempo, eternidad/ son proto<predicados
del ser.

Pero la contra(oluntad más profunda contra el tiempo no consiste en el mero
reba*ar lo terrenal. @a más profunda (enganza consiste para Nietzsche en aquella
reflexi!n que pone los ideales ultratemporales como los absolutos, unos ideales
medidos con los cuales lo temporal tiene necesariamente que reba*arse a s) mismo
como lo propiamente no<ente.

Pero 2c!mo podrá el hombre acceder al dominio sobre la tierra, c!mo puede
tomar en su custodia a la tierra como tierra si reba*a, & mientras reba*e, lo terrenal, en la
medida en que el esp)ritu de la (enganza determina su reflexi!n4 Si ha& que sal(ar a la
tierra como tierra, entonces primero tiene que desaparecer el esp)ritu de la (enganza.
+e ah) que para Zaratustra, la liberaci!n de la (enganza sea el puente hacia la suprema
esperanza.

Pero 2en qu1 consiste esta sal(aci!n de la contra(oluntad contra el pasar4
2Consiste en una liberaci!n de la (oluntad en general4 2n el sentido de Schopenhauer
& del budismo4 n la medida en que, seg0n la doctrina de la >etaf)sica moderna, el ser
del ente es (oluntad, la liberaci!n de la (oluntad se equiparar)a a una sal(aci!n del ser,
& con ello a una ca)da en el (ac)o de la nada. Sin duda, para Nietzsche la liberaci!n de
la (enganza es la liberaci!n de lo ad(erso a la (oluntad, de lo opuesto a ella & de lo que
la reba*a, pero en modo alguno un desprenderse de todo querer. @a liberaci!n libera a la
(oluntad de su No & la hace libre para un S). 23u1 afirma este S)4 Sustamente aquello
que la contra(oluntad del esp)ritu de (enganza niega, el tiempo, el pasar.

ste S) al tiempo es la (oluntad de que el pasar permanezca & no sea reba*ado a
la nada. Pero 2c!mo puede permanecer el pasar4 S!lo as), que como pasar no est1 s!lo
&1ndose continuamente sino (iniendo siempre. S!lo as), que el pasar & lo que pasa de
este pasar regrese en su (enir como lo >ismo. Pero este mismo regreso s!lo es un
retorno que permanece si es un regreso eterno. l predicado -eternidad/ seg0n la
doctrina de la >etaf)sica, pertenece al ser del ente.

@a liberaci!n de la (enganza es el paso de la contra(oluntad contra el tiempo a
la (oluntad que, al con(ertirse en porta(oz del c)rculo, se representa el ente en el eterno
retorno de lo >ismo.

+icho de otra manera, s!lo cuando el ser del ente se presente para el hombre
como retorno de lo >ismo, s!lo entonces puede el hombre pasar por el puente &,
liberado del esp)ritu de la (enganza, ser el que pasa al otro lado, el ultrahombre.

Zaratustra es el maestro que ense"a el ultrahombre. Pero ense"a esta doctrina
0nica & exclusi(amente porque es el maestro del eterno retorno de lo >ismo. ste
pensamiento, del eterno retorno de lo >ismo es, por su rango, el primero, el -más
abismático/ de los pensamientos. +e ah) que sea el 0ltimo que el maestro pronuncie, &
s!lo de un modo (acilante.

23ui1n es el Zaratustra de Nietzsche4 s el maestro que a la reflexi!n que hasta
ahora ha estado (igente quisiera liberarla del esp)ritu de la (enganza lle(ándola al S), al
eterno retorno de lo >ismo.

Zaratustra, como maestro del eterno retorno, ense"a el ultrahombre. l estribillo
de esta ense"anza dice, seg0n una nota p!stuma, -Qefrán, (lo el amor debe 3u-$ar <
6el amor que se olv!da de s) mismo en sus obras5/.

Como maestro del eterno retorno & del ultrahombre, Zaratustra no está
ense"ando dos cosas distintas. @o que ense"a forma un todo coherente porque una cosa
pide la correspondencia de la otra.

sta correspondencia, aquello en lo que ella esencia & el modo como se retira,
es lo que oculta en s) la figura de Zaratustra &, no obstante, lo que al mismo tiempo
muestra, &, de este modo, es lo primero que lo hace digno de ser pensado.

S!lo que el maestro sabe que lo que 1l ense"a es s!lo una (isi!n & un enigma.
Perse(era en este saber que reflexiona.

Nosotros, los hombres de ho&, debido al peculiar predominio de las ciencias
modernas, estamos enredados en el extra"o error que cree que el saber se puede ganar
desde las ciencias & que el pensar está sometido al tribunal de la ciencia. Pero lo 0nico
que un pensador es capaz de decir no puede probarse ni refutarse de un modo l!gico ni
emp)rico. =ampoco es un asunto de fe. S!lo se puede lle(ar a (isi!n por un pensar<
interrogati(o. @o (isto aparece as) siempre como lo d!$no de ser cuestionado.

Para descubrir el rostro del enigma & mantenerlo en la (ista fi*1monos de nue(o
en el aspecto de sus animales, un aspecto que aparece al principio de su peregrinaci!n,

-ntonces mir! Zaratustra interrogati(amente a lo alto: porque, por encima de
1l, o)a la llamada clara & n)tida de un pá*aro. Y he aqu) que un águila describ)a amplios
c)rculos en el aire, & de ella colgaba una serpiente, no como una presa sino como una
amiga, pues el águila la ten)a enroscada en torno a su cuello./
-LSon mis animalesM, di*o Zaratustra, L& se alegr! en su coraz!nM./

Hs) dice el pasa*e del fragmento -l con(alescente/, n. #, que antes,
intencionadamente, hemos citado s!lo de un modo fragmentario,

- Yo, Zaratustra, el porta(oz de la (ida, el porta(oz del sufrimiento, el porta(oz
del c)rculo, Ga ti te llamo, el más abismático de mis pensamientosN/

Con la misma palabra llama Zaratustra al pensamiento del eterno retorno de lo
>ismo en el fragmento de la J.P parte -+el rostro & del enigma/ 6n. J5. Hll) Zaratustra,
en el enfrentamiento con el enano, intenta pensar por primera (ez lo enigmático, que 1l
(e como el ob*eto de su nostalgia. l eterno retorno de lo >ismo sigue siendo rostro
para Zaratustra, pero un enigma. No se puede demostrar ni refutar de un modo l!gico ni
emp)rico. n el fondo esto es (álido para todo pensamiento esencial de todo pensador,
algo a(istado pero enigma, digno<de<ser<cuestionado.

23ui1n es el Zaratustra de Nietzsche4 Hhora podemos contestar con una
f!rmula, Zaratustra es el maestro del eterno retorno de lo >ismo & el maestro del
ultrahombre. Pero ahora estamos (iendo, quizá estamos (iendo de un modo más claro
más allá de la mera f!rmula Zaratustra no es un maestro que ense"e dos cosas, dos
cosas distintas, Zaratustra ense"a a el ultrahombre porque es el maestro del eterno
retorno de lo >ismo. Pero tambi1n al re(1s, Zaratustra ense"a el eterno retorno de lo
>ismo porque es el maestro del ultrahombre. Hmbas doctrinas pertenecen
con*untamente a un c)rculo. Por su mo(imiento circular, esta doctrina corresponde a lo
que es, al c)rculo que, como eterno retorno de lo >ismo, constitu&e el ser del ente, es
decir, lo permanente en el de(enir.

@a doctrina & el pensamiento de 1sta llegan a este mo(imiento circular cuando
aqu1lla pasa por el puente que se llama, liberaci!n del esp)ritu de (enganza. s as)
como el pensar que ha estado (igente hasta ahora debe ser superado.

+el a"o #$$', es decir inmediatamente despu1s de que Nietzsche terminara la
obra Así hablaba Zaratustra, ha& una nota, recogida con el nV D#K en el libro que está
hecho espigando la obra p!stuma del autor & que se public! con el t)tulo de -@a
(oluntad de poder/. @a nota lle(a, subra&ado, este t)tulo, -Qecapitulaci!n /. Hqu), en
pocas frases, con una lucidez inusitada, Nietzsche resume lo fundamenta de su
pensamiento. n una obser(aci!n marginal del texto, entre par1ntesis, se nombra
expresamente a Zaratustra. @a -Qecapitulaci!n/ empieza con esta proposici!n,
«4mpr!m!r en el de(enir el carácter del ser < esto es la suprema voluntad de poder».

@a suprema (oluntad de poder, es decir, lo más (i(o de toda la (ida, es
representar el pasar como permanente de(enir en el eterno retorno de lo >ismo &
hacerlo as) permanente & estable. ste representar es un pensar que, como Nietzsche
se"ala haciendo hincapi1 de un modo especial, -imprime/ al ente el carácter de su ser.
ste pensar toma al de(enir <al que pertenece un constante choque, el sufrimiento< en
su cobi*o, ba*o su protecci!n.

ste pensar, 2supera la reflexi!n que ha estado (igente hasta ahora, supera el
esp)ritu de (enganza4 2O bien ocurre que en este imprimir que toma a todo de(enir
ba*o el cobi*o del eterno retorno de lo >ismo se está ocultando toda()a una
contra(oluntad contra el mero pasar & con ello un esp)ritu de (enganza
extremadamente espiritualizado4

Hs) que planteamos esta pregunta parece que demos la impresi!n de que le
estamos pasando a Nietzsche la cuenta de aquello que es lo su&o más propio, que es
precisamente lo que 1l quiere superar, como si abrigáramos la opini!n de que con esta
cuenta se está refutando el pensar de este pensador.

Pero el a*etreo del querer refutar no llega nunca al camino de un pensador.
Rorma parte de aquella cortedad de miras de cu&os desahogos necesita el p0blico para
su di(ersi!n. Hdemás, hace tiempo que Nietzsche se ha anticipado &a a nuestra
pregunta con una respuesta. l escrito que precede inmediatamente al libro Así
hablaba Zaratustra apareci! en #$$J ba*o el t)tulo -@a 8a&a Ciencia/. n su
pen0ltimo fragmento, n.V %C#, -el más abismático de los pensamientos/ de Nietzsche
está presentado por primera (ez ba*o el t)tulo de -l más grande de los pesos/. l
fragmento que le sigue, la conclusi!n, n.V %CJ, está incorporada palabra por palabra
como principio del pr!logo, en la obra Así hablaba Zaratustra.

n los escritos p!stumos 6A A tomo FB;, pp. CIC & ss5 se encuentran esbozos
del pr!logo al escrito -@a 8a&a Ciencia/. Hll) leemos lo siguiente,

-.n esp)ritu fortalecido por guerras & (ictorias & para el que la conquista, la
a(entura, el peligro, incluso el dolor, se han con(ertido en necesidad: una habituaci!n
al aire cortante de las alturas, a paseos in(ernales, a hielo & monta"as en todos los
sentidos: una especie de sublime maldad & extrema petulancia de la (enganza <porque
ha& ven$an-a ah), (enganza que se toma con la (ida misma cuando uno que tiene
grandes sufrimientos toma la v!da ba3o su protecc!n.»

23u1 otra cosa nos queda por decir que esto, la doctrina de Zaratustra no trae la
liberaci!n de la (enganza4 @o decimos. Pero en modo alguno lo decimos como
presunta refutaci!n de la filosof)a de Nietzsche. No lo decimos ni siquiera como
ob*eci!n al pensar de Nietzsche. Pero lo decimos para dirigir nuestra mirada sobre el
hecho de que el pensar de Nietzsche se mue(e dentro del esp)ritu de la reflexi!n que ha
estado (igente hasta ahora: & lo decimos para fi*arnos en qu1 medida esto es as). Si este
esp)ritu del pensar, tal como ha estado (igente hasta ahora, al ser interpretado como
esp)ritu de (enganza, ha sido alcanzado en su esencia decisi(a o no, es una cuesti!n que
(amos a de*ar abierta. n cualquier caso, el pensar que ha estado (igente hasta ahora es
>etaf)sica, & presumiblemente el pensar de Nietzsche cumplimenta el acabamiento de
1sta.

Con ello, en el pensar de Nietzsche aparece algo que este mismo pensar &a no es
capaz de pensar. ste quedarse detrás de lo pensado caracteriza lo creati(o de un
pensar. Hdemás all) donde un pensar lle(a a la >etaf)sica a su acabamiento, este
pensar, en un sentido mu& especial, se"ala hacia algo no pensado, & lo hace de un modo
al mismo tiempo claro & confuso. Pero 2d!nde están los o*os para (er esto4

l pensar metaf)sico descansa en la diferencia entre aquello que (erdaderamente
es & aquello que, medido con esto, constitu&e lo que no es (erdaderamente. Para la
esenc!a de la >etaf)sica, sin embargo, lo decisi(o no está en que la diferencia citada se
presente como la contraposici!n entre lo suprasensible & lo sensible, sino que aquella
diferencia, en el sentido de una grieta que se abre entre una cosa & otra, permanezca
como lo primero & lo fundamental. sta grieta sigue estando ah) aun en el caso de que
la *erarquizaci!n plat!nica entre lo suprasensible & lo sensible sea experienciada al
re(1s, & aun en el caso de que lo sensible sea ob*eto de una experiencia más esencial &
más amplia, en el sentido que Nietzsche llam! con el nombre de )!on5sos. Porque la
sobre<abundancia a la que se dirige -la gran nostalgia/ de Zaratustra es la inagotable
consistencia del de(enir, aquello como lo cual la (oluntad de poder, en el eterno
retorno de lo >ismo, se quiere a s) misma.

Nietzsche ha lle(ado lo esencialmente metaf)sico de su pensamiento a la forma
extrema de la contra(oluntad, & lo ha hecho en las 0ltimas l)neas de su 0ltimo escrito
6cce homo, -c!mo se llega a ser lo que se es/. Nietzsche redact! este escrito en
octubre de #$$$. No se public! por primera (ez hasta (einte a"os más tarde, en una
edici!n reducida, & en el a"o #E## fue incluido en el tomo F; de la edici!n en gran
octa(o. @as 0ltimas l)neas de 6cce homo dicen,

- 2Se me ha entendido4 < +ion&sos contra el 7ruc!f!cado...»

23ui1n es el Zaratustra de Nietzsche4 s el porta(oz de +ion&sos. sto quiere
decir, Zaratustra es el maestro que en su doctrina del ultrahombre, & para 1sta, ense"a el
eterno retorno de lo >ismo.

2Contesta esta proposici!n a nuestra pregunta4 No. No la contesta, ni aun en el
caso de que nos atengamos a las indicaciones que, para seguir el camino de Zaratustra,
aunque s!lo sea en sus primeros pasos por el puente, explican esta proposici!n. @a
proposici!n, que parece una respuesta, podr)a sin embargo hacernos prestar atenci!n &
lle(arnos con ma&or atenci!n a la pregunta que constitu&e el t)tulo de este ensa&o.

23ui1n es el Zaratustra de Nietzsche4 sto pregunta ahora, 2qui1n es este
maestro4 23ui1n es esta figura que en el estadio del acabamiento de la >etaf)sica
aparece dentro de los l)mites de ella4 n la historia de la >etaf)sica occidental en
ninguna parte como aqu) se poetiza o, digámoslo de un modo más adecuado, &
literalmente, se ex<cogita 6se consigue con el pensar5 la figura esencial del pensador de
cada momento: en ninguna parte excepto en los comienzos del pensar occidental, en
Parm1nides, Y aqu) s!lo en perfiles (elados.

@o esencial en la figura de Zaratustra es que el maestro ense"e dos cosas que en
s) mismas se pertenecen la una a la otra, el eterno retorno & el ultrahombre. Zaratustra
es 1l mismo en cierto modo esta pertenencia mutua. Seg0n esta perspecti(a, tambi1n 1l
sigue siendo un enigma que a nosotros apenas nos ha sido dado (er a0n.

-terno retorno de lo >ismo/ es el nombre del ser del ente. -.ltrahombre/ es
el nombre de la esencia del hombre que corresponde a este ser.

2+e d!nde procede la copertenencia de ser & esencia del hombre4 2+e qu1
modo se pertenecen el uno al otro si ni el ser es un artefacto del hombre ni el hombre es
s!lo un caso especial dentro de los l)mites del ente4

2,Se puede siquiera dilucidar la copertenencia de ser & esencia del hombre
mientras el pensar est1 a0n pendiendo del concepto de hombre que ha estado (igente
hasta ahora4 Seg0n 1ste es el an!mal rat!onale, el animal racional. 2s una casualidad
o solamente un adorno po1tico el hecho de que los dos animales que acompa"an a
Zaratustra sean un águila & una serpiente, que ellos le digan qui1n debe llegar a ser para
ser el que es4 n la figura de los dos animales tiene que aparecer para el que piense la
con*unci!n de orgullo & sagacidad. Pero ha& que saber lo que Nietzsche piensa sobre
ambos. n las notas que proceden de la 1poca de la redacci!n de Así hablaba
Zaratustra se dice,

->e parece que modest!a y or$ullo se pertenecen mutuamente de un modo
)ntimo... @o com0n Wen los dos casosX es la mirada fr)a, segura, que e(al0a 6A A FB;,
p. EE5.

n otro pasa*e se dice,

-Se habla tan tontamente de or$ullo - G& el cristianismo incluso lo ha hecho
sentir como algo pecam!nosoN @a cosa es, el que se e8!$e al$o $rande 5 lo cons!$ue
tiene que sentirse mu& le*os de Hquellos que no hacen esto: esta d!stanc!a la interpretan
estos otros como -opini!n sobre uno mismo/: pero Hquel la conoce 6la distancia5 s!lo
como traba*o constante, guerra, (ictoria, de d)a & de noche, de todo esto los otros no
saben nada/ (!b!d. p. #I#5.

l águila, el más orgulloso de los animales: la serpiente, el más sagaz. Y los dos
ensamblados en el c)rculo en el que (ibran, en el anillo que circunda su esencia: & que
*unta una (ez más c)rculo & anillo uno dentro de otro.

l enigma sobre qui1n es Zaratustra como maestro del eterno retorno & del
ultrahombre se nos hace (isible en el aspecto de los dos animales. n este aspecto
podemos fi*ar de un modo inmediato & con ma&or facilidad lo que nuestra exposici!n
ha intentado mostrar como lo digno de ser cuestionado, el respecto del ser con el ser
(i(o hombre,

-Y he aqu) que un águila describ)a c)rculos en el aire, & de ella colgaba una
serpiente no como una presa sino como una amiga, pues el águila la ten)a enroscada en
torno a su cuello.

LGSon mis animalesNM, di*o Zaratustra & se alegr! en su coraz!n./



NOTA SOBRE EL ETERNO RETORNO DE LO MISMO

Nietzsche mismo sab)a que -el más abismático de sus pensamientos/ segu)a
siendo un enigma. =anto menos podemos nosotros pensar en resol(er este enigma. @o
oscuro de este 0ltimo pensamiento de la >etaf)sica occidental no debe lle(arnos a
rehuirlo con e(asi(as.

(asi(as ha& en el fondo s!lo dos,

O bien se dice que este pensamiento de Nietzsche es una especie de ->)stica/ &
no pertenece a los temas a los que se enfrenta el pensar.

O se dice que este pensamiento es &a mu& antiguo. 3ue en el fondo es la
representaci!n c)clica de la historia del mundo, algo conocido desde hace &a mucho
tiempo. +entro de la Rilosof)a occidental se puede documentar por primera (ez en
7eráclito

@a segunda de estas informaciones, como todas las de su especie, no dice
absolutamente nada. Porque 2de que nos sir(e que sobre un pensamiento constatemos,
por e*emplo, que -&a/ se encuentra en @eibniz o incluso -&a/ en Plat!n4 2H qu1 (iene
este dato si de*a lo pensado por @eibniz o por Plat!n en la misma oscuridad en la que
estaba aquel pensamiento al que, con esta referencia hist!rica, damos por aclarado4

Por lo que hace a la primera e(asi(a, seg0n la cual la idea nietzscheana del
eterno retorno de lo >ismo es una fantas)a m)stica, la 1poca actual bien podr)a
instruirnos con algo distinto: en el supuesto, bien es (erdad, de que al pensar le est1
determinado poner a la luz la esenc!a de la t1cnica moderna.

23u1 otra cosa es la esencia del motor moderno sino una forma del eterno
retorno de lo >ismo4 Pero la esencia de esta máquina no es ni algo maquinal ni, en
absoluto, algo mecánico. +e igual modo, la idea de Nietzsche del eterno retorno de lo
>ismo no se puede explicar en un sentido mecánico.

l hecho de que Nietzsche interprete & experiencie el más abismático de sus
pensamientos a partir de lo dionis)aco habla s!lo en fa(or de que 1l tu(o que pensar
este pensamiento a0n de un modo metaf)sico & s!lo de este modo. Pero no habla en
contra de que este pensamiento, el más abismático de todos, oculte algo no pensado
que, al mismo tiempo, se cierra al pensar metaf)sico. 6Cfr. @a conferencia -2Aas heiYt
+enZen4/ A S. '#['J, #E'C, aparecido en forma de libro en la editorial Nieme&er,
=\bingen5.
Martin Heidegger