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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE

MÉXICO



Facultad de Ciencias Políticas y Sociales



LOS PECADOS AL DESNUDO


T E S I S


QUE PARA OBTENER EL TÍTULO DE:
LICENCIADO EN CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN



P R E S E N T A N :


J ESSICA CHÁVEZ ALCARAZ

ADRIANA GRANADOS RUANO








Agradecimientos:





A nuestros padres por apoyarnos a lo largo de nuestra vida y por
confiar en nosotros...


A nuestros hermanos por darnos la fortaleza en nuestros
momentos de flaqueza...


A los profesores, por habernos dado los cimientos de una
formación profesional...


A nuestros amigos porque sin ellos no hubiéramos sacado este
trabajo adelante...


A quienes sin conocernos apostaron a la misma meta y nos
ayudaron a realizarla...


A todos los que han puesto un granito de arena para crear este
Universo de sueños...


Gracias.


LOS PECADOS AL DESNUDO


Índice




INTRODUCCIÓN ........................................................................................................... 5


PRIMERA PARTE

EL COMIENZO........................................................................................................................ 9


¿FOTOGRAFIAR ES PECADO? ........................................................................................ 10


CAP. I LOS SIETE PECADOS: UNA VISIÓN RELIGIOSA ........................................ 13


CAP. II LOS SIETE PECADOS: UNA REPRESIÓN SEXUAL
EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD ........................................................ 18


LA REVOLUCIÓN SEXUAL Y EL PECADO ............................................ 22



SEGUNDA PARTE

LOS PECADOS CAPITALES: SU SIGNIFICADO SEGÚN LA IGLESIA CATÓLICA
......................................................................................................... 25


CAP. III EL TEMOR AL CASTIGO DIVINO .................................................................. 26

GULA ...................................................................................................... 27
LUJ URIA .................................................................................................. 28
PEREZA ................................................................................................... 30
IRA .......................................................................................................... 32
SOBERBIA .............................................................................................. 33
AVARICIA .............................................................................................. 35
ENVIDIA ................................................................................................. 36


TERCERA PARTE

REFLEXIÓN PSICOLÓGICA ............................................................................... 37


CAP. IV VISIÓN PSICOLÓGICA DEL ALMA
Un acercamiento basado en Freud ........................................................... 38

CAP. V TODO LO GENITAL ES SEXUAL, PERO
NO TODO LO SEXUAL ES GENITAL ....................................................... 40


GULA ....................................................................................................... 44
LUJ URIA ................................................................................................. 45
IRA ......................................................................................................... 48
SOBERBIA ............................................................................................... 49
ENVIDIA ................................................................................................ 50
PEREZA ................................................................................................. 51
AVARICIA .............................................................................................. 52

CONCLUSIONES ................................................................................................................. 54

BIBLIOGRAFÍA .............................................................................................................. 57

GLOSARIO ......................................................................................................................... 65

ANEXO ........................................................................................................................67


INTRODUCCIÓN




“Lo inexpresable está expresado inexpresablemente en lo expresado.”
Wittgenstein


Hoy en día la vida para todo ser humano es rutinaria, somos presas de los
valores y patrones impuestos por la sociedad y mediante éstos nos regimos.
Nacemos, crecemos, nos desarrollamos, procreamos y morimos, pero nadie
nos dijo que en este ciclo vital también teníamos que gozar, sufrir y pecar.

Es la misma vida social la que nos orilla a satisfacer esos deseos y
necesidades que, hasta nuestros días, la Iglesia católica se ha empeñado en
impedir: “Los pecados capitales”. Pero, ¿por qué prohibir algo cuando la
misma Iglesia ha caído en ellos a lo largo de su historia? Dice la Biblia:
“quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Sin temor a equivocarnos, podemos asegurar que nadie ha dejado de
caer en uno de estos pecados, al menos una vez en su vida: la gula, la pereza,
la envidia, la lujuria, la soberbia, la ira y la avaricia.

Pero, por el momento, no entremos en cuestiones religiosas; sólo
queremos aclarar que hasta el día de hoy nadie está libre de pecado y mucho
menos de éstos que, con el paso del tiempo, han ido ganando terreno en las
sociedades modernas y están presentes en el transcurrir de la vida cotidiana.

A veces la sociedad necesita tomarse un minuto para ver plasmadas en
una imagen las actividades más burdas y rutinarias de nuestra vida diaria y,
así, poder percibir a la moral como un estado de ánimo al igual que la
hipocresía de una sociedad quien juzga todo aquello que ya cometió.

Por dichas razones, el tema de este ensayo se nos hace sumamente
atractivo y rico para dedicarle no sólo esta investigación sino, también, para
poder visualizarlo en imágenes fotográficas.


Sabemos que la fotografía surgió en el siglo XIX, como respuesta a la
intensa búsqueda del hombre por reproducir la realidad de una manera cada
vez más precisa. Las reproducciones fotográficas centraron su atención en
paisajes, retratos y en la cobertura documental de guerras y acontecimientos
relevantes. La fotografía fue y sigue siendo el medio de expresión de una
sociedad, gracias a su poder para representar la realidad externa. La fotografía
forma parte de la vida cotidiana, pues gracias a su capacidad para plasmar la
realidad de la vida en cualquier ámbito (social, cultural, artístico, documental)
la sociedad se ha acostumbrado a su uso y presencia como una herramienta
comunicacional.

Anteriormente hablábamos de los deseos y necesidades de todo ser
humano y es precisamente la fotografía quien posee la aptitud de expresarlos y
de interpretar, a su modo, los acontecimientos de la vida. El objetivo de este
ensayo fotográfico está basado específicamente en los siete pecados capitales,
un tema conocido por la humanidad desde tiempos antiguos y polémico en
cuanto al choque de ideas morales y la problemática social en el que se ve
envuelto, repitiéndose así de manera constante en nuestra sociedad.

Consideramos importante abordar este tema en un ensayo fotográfico
porque nos muestra un fragmento de la realidad; por ello, hemos decidido
reflejarlo a través de la fotografía, pensando, además, que este medio es uno
de los más eficaces para moldear nuestras ideas e influir en nuestro
comportamiento.

La comunicación es parte esencial de una sociedad y basándonos en
nuestros conocimientos fundamentales, sabemos que todo proceso
comunicativo está constituido por tres elementos principales: el emisor, el
canal y el receptor; para que pueda darse un proceso completo de
comunicación, es necesario que alguien mande el mensaje por algún medio y
necesita que otro lo reciba dentro de un proceso de comunicación.


En nuestro ensayo, el significado de este proceso puede comprenderse
en el contexto cultural de la foto (su relación con la realidad y la implicación
de las condiciones de producción fotográfica). Se trata, entonces, de mirar los
procesos de significación desde una perspectiva cultural en un momento
histórico determinado, como un reflejo de la realidad social que se vive,
representada en una imagen impresa.


Asumiendo los pecados como una problemática actual, en la que todo
ser humano está involucrado, el tema será analizado desde un enfoque
sociológico y psicológico, e interpretado de manera artística y
expresivamente.

Si bien no somos las primeras en tocar este tema, tratamos –como ya lo
hicieron otros– de mostrar una visión distinta a las que hoy en día están
vigentes en la mente del receptor, como la película Seven (David Fincher, E.U.
1995), donde un asesino en serie comete sus crímenes con base en los siete
pecados capitales, aunque adaptándolos a una historia de la sociedad
contemporánea.

Así, podemos encontrar también libros, pinturas, puestas en escena y
hasta productos comerciales en donde la mercadotecnia utiliza toda su
creatividad para aludir al tema.

“Una imagen dice más que mil palabras”. Esta frase es muy cierta, pero
nosotras no aspiramos a más de mil palabras, queremos sólo las necesarias
para hacer comprender el significado deseado; por ello, recurrimos al formato
a color buscando crear un ambiente realista, artístico, sin soslayar esa
atmósfera sobria y fría que el tema nos exige. Debemos tomar en cuenta que:

“Con la aparición del color, la fotografía ganó realismo y nuevas
formas de expresión que permiten al fotógrafo imágenes que van de un
realismo documental hasta la máxima fantasía del color”;
1
después de todo
la realidad es percibida por nosotros con la calidez del color, ya que
actualmente la fotografía en este formato es un elemento que narrativamente
acerca al público a la idea de la “normalidad”.

De esta manera, podemos decir que no sólo las palabras nos dicen algo,
sino que todo aquello que está detrás de una imagen lleva implícito un proceso
de comunicación. La imagen por sí sola expresa ideas, sentimientos y
realidades.



1
Cassetti Francesco y Di Chio, Cómo analizar un film, Ed. Paidós, Col. Instrumentos,
Núm. 7, Barcelona, 1991, pp. 65-77.

Creemos que el saber qué hay detrás de una imagen es tan sólo el
reflejo de la sociedad en la que actuamos y participamos, la que está cien por
ciento relacionada con aspectos morales, éticos, sociales y culturales.

Nuestro objetivo, por tanto, es encontrar un significado social y cultural
a la realidad (centrándonos únicamente en “los siete pecados capitales”),
mediante una comunicación visual.

Al estar delimitando el tema nos cuestionamos cómo poder reflejar
nuestra realidad en una fotografía que abarca cada uno de los enfoques
mencionados: moral, social, cultural y artístico. Pensamos que es la sexualidad
la que lo integra; así, a través del sexo, englobamos lo que se ha visto hasta
ahora. Pero, ¿cómo saber si efectivamente este punto puede cerrar el círculo
pecado-realidad-arte?

A lo largo de nuestro ensayo iremos dando respuesta a cada uno de
estos cuestionamientos, veremos cómo los pecados capitales aparecen en
nuestra vida cotidiana constantemente y analizaremos sus causas y efectos en
el individuo, dándole un enfoque psicológico.

Cabe aclarar que este ensayo será dividido en dos partes; la primera, formada
por capítulos que nos remiten a un breve desarrollo sobre la historia religiosa
y sexual, enfocada a los pecados capitales; y una segunda, que nos explique de
una manera más detallada cada uno de los pecados, así como un acercamiento
de reflexión psicológica sobre los mismos.




















PRIMERA PARTE






EL COMIENZO









“Los necios piensan que no hay Dios: todos se han pervertido, han
hecho cosas malvadas; ¡no hay nadie que haga lo bueno!... aunque no haya
razón para temblar, ellos temblarán de miedo...”
Salmo 53-Perversión del hombre 1,5.


¿FOTOGRAFIAR ES PECADO?




“Fotografiar es obsceno, ser fotografiado es obsceno, mostrar fotografías es
obsceno, no mostrar fotografías es obsceno, ser capaz de ver las fotografías
es obsceno, las fotografías son obscenidades, las obscenidades son bellas.”
ARAKI


Vivimos una época de transformaciones radicales que conducen a la
humanidad a un cambio social; como comunicólogas queremos transmitir
emociones por medio de la fotografía. Buscamos la comunicación de nuestro
mensaje no sólo con base en las palabras, sino a través de una serie de
imágenes que expresen una realidad tangible.

A través de la historia del hombre, el cuerpo humano ha sido utilizado
con fines artísticos, prueba de ello son las esculturas realizadas desde las
antiguas civilizaciones (griegas, romanas, etc.), las que, en su mayoría, nos
muestran el cuerpo humano al desnudo.

Nuestra fotografía pretende vincular lo artístico con lo obsceno del
desnudo en una sola concepción: el pecado. No tiene porque existir una
separación marcada en estos ámbitos. Mediante la imagen reflejamos no
sólo lo obsceno, sino también lo burdo que a veces pudiera resultar este
tema.

El pecado por sí mismo es la acción del individuo que comete algo malo
o repudiable por la sociedad; fotográficamente es una idea difícil de
representar sin que sea castigada o reprimida por mostrar una verdad humana
de manera reflejante.

Por mencionar un ejemplo, los grandes pintores como Mappletorpe,
trataban de expresar una visión certera del ser humano como pecador,
mostrando una faceta del individuo que a primera vista no es muy agradable y,
sin embargo, forma parte del comportamiento implícito de todo ser, en mayor
o menor grado.



No obstante, día con día la sociedad se abre más a las críticas y
comentarios públicos que se realizan en los medios sobre cuestiones sexuales
que anteriormente incomodaban, o también a un sano análisis sobre el diario
actuar del hombre que lleva consigo un pecado.

Es normal para nosotros enterarnos de la muerte de alguien por haber
engañado a su esposo, saber de gente con sobrepeso que conlleva a problemas
de salud, o que la envidia y la ira merodean a diario los crímenes cometidos
por seres humanos como ustedes o como nosotros.

Por esta razón, creemos necesario poner un poco de nuestra parte en
esta apertura de ideologías, mostrando un poco lo que somos y viendo
nuestros defectos plasmados en una imagen.

Consideramos relevante exponer la percepción como un punto clave
para aclarar nuestra visión y objetivo en este ensayo fotográfico. La
percepción es la sensación que experimentamos al ver una imagen
determinada por el estímulo, lo que nuestro ser internamente pone para
complementarlo, con la ayuda de los conocimientos adquiridos en nuestras
experiencias anteriores.

La interpretación del individuo será cada vez más rica, cuanto más
amplia sea su experiencia y nivel de cultura; así, el significado que se le
atribuya a los objetos, va a depender, en cada caso, de los intereses que
predominan en la vida de cada uno de nosotros.

Esto explica porque los simbolismos utilizados por nosotras para
representar cada pecado serán percibidos de manera diferente, dependiendo
del espectador. Sólo estamos dando, a través de una imagen fotográfica,
estímulos que reflejan nuestra visión de un concepto abstracto, como son los
pecados capitales.

La palabra imagen tiene significados muy diversos, en el
lenguaje corriente una imagen es siempre una imitación,
reproducción o representación de alguna persona, animal o cosa,
realizada por medio de dibujos, pinturas, fotografías o esculturas,
que pueden, por consiguiente, ser objeto de una percepción visual.
La imagen supone pues un original, un modelo que se imita o que
se representa.
2


Para complementar lo anterior, diremos que la imagen percibida por
una persona es una representación de la realidad adaptada con experiencias
propias, combinadas con el estímulo percibido; en psicología a esto se le
conoce como imagen mental. Pero siempre serán captadas de diferente forma,
de acuerdo con la moral de cada individuo.

De este modo podemos decir que la diferencia esencial entre la
percepción y la imagen está en que en la primera el estímulo y las emociones
están presentes, mientras que en la segunda sólo se plasman diversas formas
mediante algún medio, como un reflejo de la realidad, para dar paso a una
percepción.























2
Velásquez, José M., Curso elemental de psicología, Grupo Editorial Sayrols, México, 1985, p. 174.

CAPÍTULO I


LOS SIETE PECADOS: UNA VISIÓN RELIGIOSA



“Reconozco que he sido rebelde; mi pecado no se borra de mi mente, contra
ti he pecado y sólo contra ti haciendo lo malo, lo que tú condenas... en
verdad soy malo desde que nací; soy pecador desde el seno de mi madre...”
Salmo 51-3,4,5.



“Los pecados capitales” son un tema que se encuentra estrechamente
relacionado con la Iglesia católica; por tanto, creemos necesario hacer una
sinopsis sobre la manera cómo surge la humanidad y con ello el pecado, según
el enfoque que la religión ha dado a una sociedad creyente, con el único fin de
poder tener una visión más amplia de nuestro objetivo de trabajo.

Cabe aclarar que esta recopilación se fundamenta en el libro religioso de
la Biblia, que trata sobre las relaciones entre Dios y el hombre; es una pequeña
biblioteca en donde los cristianos pueden leer el antiguo y el nuevo
testamento, y por medio de ella Dios se revela a sí mismo y da a conocer su
voluntad y su propósito redentor.

Desde tiempo inmemorial todos los pueblos y culturas creían en un ser
(o seres) supremo, y desarrollaron códigos de conducta conforme a sus
creencias. A través de la historia podemos encontrar miles y miles de
religiones, como la de los aztecas, los incas y los mapuches, quienes sentían
devoción por varias deidades.

Tal vez las religiones más conocidas para nosotros son las milenarias
del Oriente, como la budista, musulmana y la de los hindúes, por mencionar
algunas.

En el siglo XI, por una serie de razones teológicas, políticas, y
culturales, se separa la Iglesia de Oriente de la de Occidente, y en el siglo XVI
Lutero inicia la Reforma Protestante. Estas son las dos mayores divisiones que
conocemos en la historia de la Iglesia. Todos continúan siendo cristianos, pero
la Iglesia de Cristo está dividida.

Antes que al hombre, que es la criatura más perfecta de todo el mundo
sensible, Dios había creado una infinita variedad de seres de naturaleza más
elevada que el hombre, llamados ángeles.

Los ángeles no tenían forma ni figura sensible, porque eran puros,
espíritus creados para subsistir sin tener que estar unidos a cuerpo alguno;
habían sido hechos por Dios a su imagen, capaces de conocerle y amarle, y
libres para obrar el bien y el mal.

En el momento de la prueba, muchísimos de estos espíritus
permanecieron fieles a Dios, pero muchos otros pecaron. Su pecado fue la
soberbia, pues deseaban ser semejantes a Dios y no depender de él. Los
espíritus fieles, llamados ángeles buenos o espíritus celestes, o simplemente
ángeles, fueron premiados con la eterna felicidad de la gloria.

Los espíritus infieles, denominados diablos o demonios, junto a su líder,
Lucifer o Satanás, fueron expulsados del cielo y condenados al infierno por
toda la eternidad.

Después de esto, según narra la Biblia, Dios creó al hombre a su imagen y
semejanza, y lo hizo así: formó el cuerpo de tierra; luego sopló en su rostro,
infundiéndole un alma inmortal. De esta manera impuso al primer hombre
sobre la Tierra, dándole el nombre de Adán, que significa formado de tierra, y
lo colocó en un lugar lleno de delicias: el Paraíso terrenal.

Mas Adán estaba solo, y queriendo Dios darle una compañera y
consorte, lo sumió un profundo sueño, y mientras dormía le quitó una costilla,
con la cual formó la mujer que presentó a Adán. Éste la recibió con agrado y
la llamó Eva, que quiere decir vida, porque había de ser madre de todos los
vivientes.

Había Dios puesto a Adán y Eva en estado perfecto de inocencia, gracia
y felicidad, exentos, por tanto, de la muerte y de todas las miserias de alma y
cuerpo. Les había permitido que comiesen de todos los frutos del Paraíso
terrenal, prohibiéndoles sólo que gustasen del fruto de un árbol que estaba en
medio del Paraíso, y que la Escritura llama árbol de la ciencia del bien y del
mal.

Se le llamó así porque Adán y Eva, en virtud de su obediencia,
hubieran conocido el bien, esto es, hubieran tenido aumento de gracia y
de felicidad; o en pena de su desobediencia habrían caído ellos y sus
descendientes de aquella perfección y experimentado el mal, tanto espiritual
como corporal.

Quería Dios que Adán y Eva, con el homenaje de esta obediencia, le
reconociesen por Señor y Dueño. Es aquí donde se da el primer pecado de
soberbia, cometido por el mismo Dios, por supuesto según nuestro juicio.

El demonio, envidioso de su felicidad, tentó a Eva, le habló por medio
de una serpiente y la incitó a quebrantar el mandamiento recibido. Una vez
convencida, Eva comió del fruto prohibido, e indujo a Adán a que hiciera lo
mismo, con lo que ambos pecaron. De ahí proviene el primer pecado del
mundo reconocido por la Biblia, el pecado original que nos condenó a todos a
ser mortales.

Este pecado les acarreó a ellos y a todo el linaje humano los más
desastrosos efectos.

Adán y Eva perdieron la gracia santificante, el Señor pronunció contra
ellos la sentencia de muerte, los desterró de aquel lugar de delicias para que,
afuera, se ganasen el pan con el sudor de su frente, entre innumerables
trabajos y fatigas.

El pecado original mancha nuestra alma desde el primer instante de
nuestro ser, nos hace enemigos de Dios, esclavos del demonio, desterrados por
siempre de la bienaventuranza, sujetos a la muerte y a todas las demás
miserias.

Antes de continuar con esta narración, hay que subrayar que el pecado
mismo nos pone en contra de Dios, ya que un pecado nos remite a una
adversidad de los ideales religiosos; sin embargo, es a través de la oración y el
arrepentimiento como uno logra hallar el perdón; pudiera parecer una
paradoja el tener un Dios que castiga pero que también perdona.

El siguiente pecador sobre la Tierra, según la Biblia, fue Caín –hijo de
Adán y Eva–, quien solía mostrar enojo y envidia contra su hermano Abel
que, piadoso e inocente, le ofrecía lo mejor de su rebaño a Dios. Lleno de
rabia ante esta actitud, Caín se lanzó contra él y lo mató.

Con el correr de los siglos se fueron pervirtiendo los descendientes de
Adán y toda la Tierra se llenó de vicios y deshonestidades. Por tanta
corrupción, Dios primero amenazó, después castigó al género humano con un
diluvio universal. Entonces hizo llover 40 días y 40 noches, hasta que las
aguas cubrieron los montes más altos. Así, murieron ahogados todos los
hombres; no se salvaron más que Noé y su familia.

Después del diluvio, los hombres no permanecieron mucho tiempo
fieles a Dios, sino que recayeron muy pronto en las maldades pasadas, y aun
llegaron al extremo de perder el conocimiento del verdadero Dios y de
entregarse a la idolatría, que consiste en reconocer y adorar como divinidad
las cosas creadas.

Ante esto y a fin de conservar en la Tierra la verdadera religión, Dios
escogió un pueblo y tomó a su cargo el gobernarlo con especial providencia,
preservándolo de la general corrupción.

Los diez mandamientos son parte fundamental de la creencia católica
pero es relevante destacar cómo, cuando empezaron a ponerse en práctica,
éstos provocan en Moisés uno de los pecados capitales, la ira.

Al tercer mes de su salida de Egipto llegaron los hebreos a la falda del
monte Sinaí. Allí fue donde, entre relámpagos y truenos, habló Dios y
promulgó su ley en diez mandamientos, escritos en dos tablas de piedra, que
entregó a Moisés en la cima del monte.

Pero cuando bajó, a los 40 días de hablar con el Señor, halló Moisés
que el pueblo hebreo había caído en la idolatría y adoraba un becerro de oro.
Abrasado de santo celo por tamaña ingratitud e impiedad, hizo pedazos las
tablas de la ley, redujo a polvo al becerro y castigó con la muerte a los
principales instigadores de tan grave pecado. La ira se veía reflejada en esta
acción que Moisés lleva a cabo ante su pueblo sin lograr controlarse.

Volvió a subir al monte, imploró el perdón del Señor, recibió otras
tablas de la ley, y cuando descendió, el pueblo quedó atónito al ver que de la
faz le salían rayos de luz que la llenaban de gloria y resplandor. De esta
manera se demuestra cómo Dios perdonaría a todos aquellos que se
arrepientan del pecado cometido y pidan su perdón.

Por otro lado, es interesante observar cómo la cruz es el símbolo de
perdón al pecado, se crea una virtud para curar a los pecadores, como se narra
en la siguiente historia.

Muchas veces los hebreos en el desierto, desesperados, hablaban contra
Moisés y el Señor, con ello se atrajeron graves castigos. Fue notable entre
éstos el de las serpientes ponzoñosas, por cuya mordedura pereció gran parte
del pueblo; muchos, arrepentidos después, sanaron de las mordeduras mirando
una serpiente de metal que, levantada en un asta por Moisés, presentaba la
figura de la cruz. La virtud de este emblema era símbolo de la fe que había de
tener la santa Cruz para curar las llagas del pecado.

Podemos observar que a través de la historia contada en el antiguo
testamento sobre la llegada del Mesías, Dios permitía que los humanos fueran
tentados varias veces por el diablo, incitándolos al pecado; si pecaban, Dios
los castigaba, pero si resistían ante éste, Dios los recompensaba por haber
tenido fe en él y no dejarse arrastrar por la maldad que el pecado
representaba.

Es extraño ver la forma en que se le temía a Dios, se le veía como un
Dios castigador, siendo él mismo quien ponía a prueba al ser humano a través
del pecado; según la Biblia, Dios penaba a causa de la desobediencia
provocando temor entre sus seguidores. Sin duda el pueblo hebreo le temía y
este miedo ha marcado a la sociedad hasta nuestros días, la cual juzga a toda
persona culpable de haber cometido un pecado, rechazándola de su núcleo
social, como una forma de castigo.








CAPÍTULO II


LOS SIETE PECADOS: UNA REPRESIÓN SEXUAL EN LA
HISTORIA DE LA HUMANIDAD


“No puedes resistirte a algo sin que ello implique darle realidad. El acto de
resistirse a alguna cosa es el acto de darle vida, cuanto más te resistas a
algo, más real lo harás, sea lo que sea aquello a lo que te resistas.”
Walsch, Conversaciones con Dios.




A lo largo de la historia, la sexualidad humana ha adquirido connotaciones
negativas y ha sido rodeada de un halo de misterio y secretismo, porque se
consideraba un bajo instinto, algo vergonzoso y censurable que únicamente
respondía a una tentación, al vicio, al pecado.

Remontémonos un poco en las Antiguas Civilizaciones. En
Mesopotamia se rendía culto a Astarté, diosa protectora de la sexualidad, a la
que las mujeres jóvenes ofrecían su virginidad, entregándose a un extraño en
el templo.

Posteriormente, en Grecia se adoraba a Afrodita, en cuyo honor se
realizaban ritos de amor y fecundidad. Éstas y otras manifestaciones, cuya
finalidad era la unión del sexo y lo sagrado, simbolizaban el vínculo del
hombre con la naturaleza y con los dioses.

En el siglo V a. C., en Grecia, la construcción de las ciudades y el
desarrollo de las actividades artesanales y comerciales dio lugar a que el
hombre comenzara a perder el contacto con la naturaleza y se dedicara al ocio
y al arte, por lo que la sexualidad empezó a perder su sentido profundo y se
realizaron múltiples orgías, que suponían simplemente una liberación
personal.

Tras las invasiones bárbaras y el declive económico y territorial sufrido
por los romanos, triunfa el cristianismo, que impone ideas muy restrictivas en
materia sexual. El Antiguo Testamento califica como impuros el adulterio, la
fornicación, la prostitución, la sodomía y la homosexualidad.

Se exalta la castidad como símbolo de pureza y el acto sexual es
considerado como algo pecaminoso, incluso dentro del matrimonio; se admite
porque es imprescindible para la procreación, considerada como un deber
sagrado, pero para conseguir que el placer sea mínimo y evitar la visión del
cuerpo desnudo, las mujeres debían ponerse un camisón que tenía, a la altura
de los genitales, un orificio por el que el marido debía introducir el pene.

Todo ello propicia que se extienda un sentimiento de culpabilidad y
malestar entre los cristianos, obligados a avergonzarse de su cuerpo y a
reprimir sus instintos naturales.

En el año 711 los árabes invadieron la Península y la mayoría de sus
habitantes se convirtió al Islam, religión que, si bien toleraba el placer sexual,
relegaba de nuevo a la mujer a vivir para el hombre, procurarle satisfacción y
cuidar de sus hijos y de su casa. Más aún, se llegaba incluso a considerarla
como un instrumento de servidumbre o un simple vegetal.

Para rebelarse a este sometimiento, a menudo la mujer recurría al
adulterio, por lo que se impuso entonces un drástico remedio, la extirpación
del clítoris, a fin de evitar que obtuviera placer con la relación sexual. Esta
práctica se sigue realizando en la actualidad en algunos países islámicos
cuando la mujer cumple nueve años.

Pero hacia el siglo XI ya todo era diferente. En España, por ejemplo, se
produjo una relajación de las costumbres y la sociedad era más tolerante y
permisiva en materia sexual. Sin embargo, con la caída del califato, los
bereberes impusieron una estricta moral y una intensa vigilancia llevada a
cabo por censores para evitar todo contacto entre hombres y mujeres que
pudiera predisponer a la "fornicación".

Durante la Edad Media, a pesar de las intensas creencias religiosas y del
gran poder del clero, se da cierta promiscuidad y el sexo impregna muchas
actividades cotidianas. Se trataba de una válvula de escape, un desahogo ante
una vida corta y sin comodidades, sometida a continuas guerras, hambre y
epidemias.

Sin embargo, por ser un largo período, encontramos en la Edad Media
muy diversas costumbres y prácticas amorosas. Así, por ejemplo, el amor
cortés es característico de los siglos XII y XIII, un amor platónico por el que
el hombre rendía culto a la mujer de la que se había enamorado; el caballero
se empeñaba en ser merecedor de la dama, elevada a una imagen mítica que la
hacía inaccesible. Pero este amor sólo podía vivirse fuera del matrimonio,
pues no sobreviviría a la rutina diaria, y pronto encontró la oposición de la
Iglesia.

También es característico de la Edad Media el uso del cinturón de
castidad, invento procedente de Oriente y que imponían los maridos a sus
mujeres para garantizar la fidelidad durante su ausencia; se trataba de unos
pesados hierros con candados que impedían realizar el acto sexual.

Por otro lado, sólo a partir del siglo XVI y a raíz del concilio de Trento
(modelos de fe y las prácticas de la Iglesia), se estableció la obligación de que
el matrimonio fuese público y ante un sacerdote. La mujer podía casarse a los
12 años, y el hombre a los 14. Aunque el divorcio estaba prohibido, se admitía
como causa de anulación el que alguno de los cónyuges fuera incapaz de
consumar el acto sexual.

Además, la Iglesia reguló la frecuencia sexual dentro del matrimonio,
de forma que las parejas debían abstenerse 40 días antes de Navidad, los ocho
posteriores a Pentecostés, los miércoles, viernes y domingos, las fiestas
religiosas, los días de ayuno, cinco días antes de la Comunión y uno después;
en total, unos ocho meses al año. Lo anterior favoreció el concubinato y la
asistencia a prostíbulos.

Para este mismo siglo, la homosexualidad femenina se llegó a permitir,
a diferencia de la masculina, cuya práctica fue severamente reprimida. En
cuanto al aborto y al infanticidio, muchas veces suponían la condena a muerte
de quien los llevara a cabo.

Durante el Renacimiento, la mayor parte de Europa fue sometida a una
mayor represión sexual, debido a la unión Iglesia-Estado, pero España gozaba
de cierta libertad, que posteriormente el clero intentó restringir. Mientras, la
sífilis, importada de América, hizo estragos en el continente europeo y se
extendió al resto del mundo. El preservativo se inventó en el siglo XVII, pero
su uso no comenzó a divulgarse sino hasta el siguiente siglo.
En el siglo XVII España se encierra en sí misma y se aísla de las ideas
liberales del extranjero. Impera entonces la incultura, el fanatismo y el
desprecio al trabajo, en tanto que la vida sexual se caracteriza por la constante
oposición de la Iglesia al placer; contrariamente, surge una especie de doble
moral que obliga a la mujer a permanecer fiel mientras el marido adquiere
relevancia social si mantiene a mancebas o queridas. Del mismo modo, como
la mujer debía llegar virgen al matrimonio, la virginidad se convierte en un
valor muy apreciado por los hombres, que incluso llegan a exigirlo por escrito.

La influencia de la Ilustración, en el siglo XVIII, supone una
renovación del pensamiento y la adquisición de nuevos valores en todos los
órdenes. No sin ciertas evasivas por parte de algunos sectores, se implanta una
nueva visión de la mujer, que cuestiona su inferioridad y sumisión al varón en
la institución matrimonial, y se le concede el placer de disfrutar de la vida. Se
puso de moda el cortejo a las damas y una mentalidad más abierta en materia
sexual.

Ya en el siglo XIX, época del Romanticismo, se produce una exaltación
de los sentimientos y una tendencia a la liberalización de las costumbres
sexuales. La clase acomodada muestra a sus amantes y queridas sin pudor, el
adulterio ya no es penado con la muerte, y en 1851 surge un proyecto de Ley
de Divorcio. Los burdeles se multiplicaron y las grandes cortesanas triunfaban
entre la aristocracia y la realeza, al tiempo que aparecieron nuevas formas de
seducción sobre los escenarios, como el strip-tease en Nueva York.

La Revolución industrial, los avances en las comunicaciones y las
controvertidas teorías de Freud sobre la sexualidad humana, constituyen
factores fundamentales para el inicio de la modificación de las actitudes de la
sociedad en materia sexual.














LA REVOLUCIÓN SEXUAL Y EL PECADO



Los movimientos juveniles de la década de 1960 y la transformación política y
económica del momento, propician la ruptura de la ortodoxia sexual impuesta
por la religión a lo largo de los siglos, y se considera que la sexualidad es una
función básica del ser humano, algo natural e inherente a él, que debe ser
disfrutado sin temor ni sentimientos de culpa. Se produce entonces la exaltación
del erotismo, del amor libre y de la no-represión.

Un aspecto crucial de la revolución sexual es el cambio de la situación
social de la mujer, dado el surgimiento de planteamientos igualitarios respecto
al hombre; ello se traduce en la valoración de su capacidad para asumir nuevas
responsabilidades, la no limitación de sus funciones al cuidado del hogar y de
los hijos y, en consecuencia, la integración al mundo laboral.

Por otro lado, el desarrollo de los métodos anticonceptivos proporciona a
la mujer la posibilidad de disociar acto sexual y procreación y una mayor
libertad para entregarse al goce sexual. De hecho, la planeación familiar está
abalada por los gobiernos de varios países, tomando en consideración los
derechos de la mujer y su protección.

Sin embargo, todavía en los años 50 y 60, sociedades tan conservadoras
como la norteamericana quedaron conmocionadas con la aparición de diversos
estudios sexológicos, como los de Masters y J ohnson o el Informe Kinsey, que
revelaban, entre otras cosas, el hecho de que en la sociedad se habían
extendido ciertas prácticas sexuales, como la felación o el sexo anal,
prohibidos por la ley en algunos estados.

A pesar de las reacciones en contra, se implantó de forma progresiva un
nuevo concepto de sexualidad y unas actitudes más permisivas al respecto, e
incluso cierta promiscuidad en los años 80. Pero la aparición del SIDA como
enfermedad de transmisión sexual dio lugar a un nuevo enfoque, tendiente a
recomendar la adopción de las precauciones necesarias, como el uso del
preservativo o la realización del acto sexual exclusivamente con una pareja
estable.




Así, en la actualidad se observa el inicio de una corriente, hasta el
momento minoritaria, caracterizada por el conservadurismo en materia sexual;
prueba de ello son los clubes de castidad que han aparecido en algunos países,
incluido España.

Pero los planteamientos sobre sexualidad varían enormemente en
función de las diversas culturas, sociedades y religiones, y aunque en muchos
lugares se ha conseguido eliminar la mayoría de los tabúes existentes e
implantar una formación en materia sexual, todavía hay países en los que
queda un largo camino por recorrer para considerar la sexualidad humana en
todas sus dimensiones.

Pese a lo anterior, hoy en día todo lo que tenga que ver con sexo sigue
siendo pecaminoso, y puesto que el pecado es obsceno por sí mismo; por
ende, su representación debe ser igual, solo así podremos reflejar lo que
queremos sin uso de mascaras sociales.

Hemos comenzado el tercer milenio y los pecados capitales parecen
haber cambiado su denominación y aún de formas.

Quién no ha gozado de un gran banquete, que aun ya satisfecho, por mera
gula sigue disfrutando de ese manjar; en realidad, en la sociedad
contemporánea todos los que pueden son golosos. ¿Qué es una dieta, si no una
manera de dejar de comer lo que el cuerpo no requiere?

Pero lo natural no son las dietas, sino el comer; cuánta gente ha devuelto
el dinero que se le cayó a un pobre señor caminando por la calle y que por
avaricia prefiere guardarlo en su bolsillo; y en el Metro, esa señora elegante y
bien perfumada ve con soberbia al indígena que se dirige a la Basílica de
Guadalupe, y aun con palabras altisonantes en son de ira se dirige a él para
reclamarle haberle ensuciado sus zapatos; cuántos adolescentes no ven con
envidia a sus amigos por poseer lo que ellos no tienen; qué hombre no fantasea
con tener sexo con más de una mujer, cayendo en la lujuria; ¿Y qué decir de la
pereza?

Si hay algo claro en las sociedades modernas es la necesidad e
importancia del tiempo libre. Un pueblo que no sabe descansar está condenado
al fracaso. Y alguien que descansa demasiado, se dice, es un fracasado, un
“bueno para nada”.



Lo anterior es un pequeño ejemplo del cómo todo pecado está presente
cada día de nuestra vida, y en cualquier momento podemos dejarnos arrastrar
por ellos.

Enseñar a los adolescentes que el sexo es malo, como la tele, la radio,
los periódicos, el tabaco y el vino, es pretender que vivan aislados del mundo
y que no lo disfruten, con la responsabilidad, lo que ello supone; es suponer
que pueden transitar por esta vida con un ascetismo elogiable pero que no
puede ser el camino para todos.

Los jóvenes necesitan información veraz y elementos para conducirse
por la vida; y esto, querámoslo o no, supone que conozcan los llamados
pecados capitales y sepan lidiar con ellos, para asumirlos positivamente.

Antes que se les diga que el sexo es malo, necesitan información para
poder disfrutar del sexo, si así lo desean (y vaya que lo desean), pero con
responsabilidad y, por lo tanto, con seguridad física y emocional.

Considerando que esto forma parte de nuestra realidad, hemos decidido
analizarlo y plasmar “Los siete pecados capitales” mediante un ensayo
fotográfico conjuntado con la sexualidad del individuo, reflejando
corporalmente la perfección y, al mismo tiempo, la banalidad del hombre en
un solo elemento: el desnudo. Es una muestra entre los estados extremos del
cuerpo y alma.

La represión sexual impuesta por la Iglesia y la consideración social de
la mujer como ser inferior han condicionado enormemente el desarrollo de la
conducta sexual del ser humano. De esta manera podemos ver cómo ha
evolucionado este tema que, sin duda, todavía es un tabú para muchas
sociedades.




SEGUNDA PARTE



LOS PECADOS
CAPITALES



Su significado según la Iglesia Católica







CAPÍTULO III


EL TEMOR AL CASTIGO DIVINO



“El apetito de nuestros padres por la carne es la causa de nuestra vida
y por eso somos pecadores."
Papa Gregorio el Grande siglo VI


Ya hemos visto cómo al surgir la vida, comenzó el pecado en manos de Adán
y Eva y cómo es que a través de la creación, los pecados siguieron presentes
en la vida del ser humano, según la Biblia.

Ahora veamos cuáles son y en qué consisten cada uno de los pecados
capitales; cabe mencionar que la información presentada posteriormente está
fundamentada en la concepción de la Iglesia sobre los siete pecados capitales;
sin embargo, nuestra visión al respecto no siempre coincide con esta
ideología.

Saligia era la sigla que correspondía a las iniciales de supervía, avaritia,
luxuria, invidia, gula, ira, acedia, vocablos latinos para soberbia, avaricia,
lujuria, envidia, gula, ira y pereza, los siete pecados capitales (o primarios)
codificados por la Iglesia católica en la Edad Media.

Fue ese un período en que a Roma le preocupaban sobremanera las
herejías (desviaciones del dogma), el nicolaísmo y la simonía, esto es, el
apego a los placeres de la carne y la compra de los cargos eclesiásticos.

Ahora bien, si el pecado por sí mismo es una transgresión de la ley
divina, los siete fueron definidos como mortales: apartaban a quienes los
cometían de la “gracia divina”, por la gravedad que implicaban y, sobre
todo, lo que los diferenciaba del pecado venial era haberlos cometido con
pleno conocimiento y voluntad, lo que los teólogos católicos denominaban un
desorden realizado por la presencia del mal para apartar a los hombres de los
designios de Dios; por supuesto, no se hablaba de la mujer, que en definitiva
era la responsable del pecado original.

Con esta definición el papado afirmaba su dominio sobre los reinos y
los vasallos, porque obligaba a la participación de los seres humanos en los
planes de Dios y la vida de la Iglesia. Esto último especialmente permitía a los
cristianos distinguir entre el pecado por comisión y el pecado por omisión, ya
que uno mismo es la interiorización de la culpa y una visión comprehensiva de
toda la realidad como respuesta divina.

Los “pecados capitales” (denominados así por ser “cabeza” o principio
de todos los demás) muestran con claridad la cuna de todo lo moralmente
reprobable. Lo que verdaderamente constituye el mal moral es entender al
“otro” como un “medio”, como un “objeto” que puede ser utilizado para el
propio beneficio, en conformidad al principio del “amor a sí mismo”.
Analicemos cada uno de los pecados.


LA GULA



Como “uso inmoderado de los alimentos necesarios para la vida” es definido
este pecado. La definición teológica se complementa con que “el placer o
deleite que acompaña al uso de los alimentos, nada tiene de malo; al contrario,
en el efecto de una providencia especial de Dios para que el hombre cumpliese
más fácilmente con el deber de su propia conservación. Prohibido es, empero,
comer y beber hasta saciarse por ese solo deleite que se experimenta”. De esta
manera, la religiosidad latina especifica estas faltas en:

proepropere: comer antes de tiempo o cuando se debe abstener de
comer, por ejemplo en los días de ayuno señalados por la Iglesia
laute: cuando se comen manjares que superan las posibilidades
económicas de la persona;
nimis cuando se bebe o se come en perjuicio de la salud de la
persona; ardenter: cuando se come con extrema voracidad o avidez
a manera de las bestias.




La gula se transforma en pecado en los siguientes casos:

  Cuando por el sólo placer de comer se llega al hurto o se reduce a la
familia a la mendicidad.
  Cuando el deleite en el comer se reduce a un fin único y
preponderante en la vida.
  Cuando es causa de graves pecados, como la lujuria y la blasfemia.
  Cuando transgrede los preceptos de la Iglesia en los días de ayuno y
de abstinencia de ciertos alimentos.
  Cuando se provoca voluntariamente el vómito para continuar el
deleite de la comida.
  Cuando se auto infiere grabe daño a la salud o sufrimiento a sí mismo
y a los que lo rodean.

Además de lo dicho por la teología tradicional, la gula tiene un aspecto
que no debemos dejar de considerar. La gula es la manifestación física de un
apetito más profundo y significativo. El que cae en las tentaciones de la gula,
no sólo quiere consumir comida. Quiere, de alguna manera, ingerir todo el
universo. Asimilar, hacer suyo, todo lo exterior, reducir todo lo otro a sí
mismo.

En este sentido, la gula se mimetiza estrechamente con la lujuria, se
trata de ponerse por sobre lo otro, reducirlo, objetivarlo y hacerlo suyo. Así, el
“glotón” se transforma en el único centro de referencia, de conformidad con el
principio del amor a sí mismo. El asimilar, reducir, el universo en general y al
prójimo en particular a sí mismo es la más radical negación del otro.


LUJURIA


El deseo desordenado por el placer sexual. Los deseos y actos son
desordenados cuando no se apegan al propósito divino, el cual es propiciar el
amor mutuo de entre los esposos y favorecer la procreación. La lujuria crece
cuanto más nos buscamos a nosotros mismos y nos olvidamos de Dios; de esta
manera lo inferior (el deseo carnal) domina a lo superior (el corazón que fue
creado para amar). Cuando la lujuria no se rechaza con diligencia, el sujeto
cae presa de sus propios deseos que terminan por dominarle y envilecerle.

La lujuria se vence cuando guardamos la mente pura (lo cual requiere
guardarse de miradas, provocaciones, etc. que incitan a la lujuria) y dedicamos
toda nuestra energía a servir a Dios y al prójimo, de acuerdo con nuestra
vocación. Si nos tomamos en serio nuestra vida en Cristo podremos
comprender el gravísimo daño que la lujuria ocasiona, y aunque seamos
tentados estaremos dispuestos a luchar y sufrir para liberarnos.

Tradicionalmente se ha entendido la lujuria como appetitus inorditatus
delectationis venerae,
 
es decir, como un apetito desordenado de los placeres
eróticos. La tradición cristiana subdividió este pecado en la simple
fornicación, el estupro, el rapto, el incesto, el sacrilegio, el adulterio, el pecado
contra la naturaleza, comprendiendo bajo esta última especie, la polución
voluntaria, la sodomía y la bestialidad.

La lujuria sería siempre un “pecado mortal”, pues involucra
directamente la utilización del otro, del prójimo, como un medio y un objeto
para la satisfacción de los placeres sexuales.

Hay en este pecado dos grandes principios en juego: el verdadero
concepto del amor y la finalidad de la sexualidad. El cristianismo –y gran
parte de la tradición clásica, especialmente la griega–, entiende por “amor”
algo muy distinto de lo que el mundo contemporáneo comprende. El concepto
de amor tiene una importancia central en el cristianismo. De hecho, Dios
mismo es identificado con el amor.

El amor cristiano, y también el griego, está, desligado en su origen de
cualquier tipo de sexualidad, incluso de la corporeidad. Lo erótico es una
consecuencia, un plus totalmente prescindible. La casi sinonimia entre amor y
sexo es producto de la modernidad. El “hacer el amor” como sinónimo de
“relación sexual” es el mejor ejemplo de lo anterior. La lujuria sería entonces
totalmente contraria al amor –y a Dios–, entendido esto en términos cristianos.

El pecado de la lujuria no considera al otro como una “persona” válida y
valiosa en sí misma. El otro pasa a ser un objeto, una cosa que complace la
más fuerte de las satisfacciones corporales, el placer sexual. Aun más, el


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sujeto mismo que incurre en un acto lujurioso se convierte así en un objeto,
que olvida o suspende su propia dignidad.



Por otro lado, para el pensamiento cristiano la sexualidad tiene una
finalidad preestablecida, única y clara: La reproducción y la perpetuación de la
especie la cual, además, da sentido a la existencia del hombre, ordenando su
acción en vista al amor de Dios. La lujuria, en cambio, que no tiene como
propósito la reproducción, y que por esto pierde todo sentido, se convierte en
una acción vacía, que de alguna manera nulifica al hombre y lo aleja del ser de
Dios.


PEREZA


Es el más “metafísico” de los pecados capitales, toda vez que se refiere a la
incapacidad de aceptar y hacerse cargo de la existencia en cuanto tal. Es
también el que más problemas causa en su denominación. La simple “pereza”,
o incluso el “ocio”, no parecen constituir una falta. Hemos preferido, por esto,
el concepto de “acidia” o “acedía”.

En estricto sentido, es una “tristeza de ánimo” que nos aparta de las
obligaciones espirituales y divinas, a causa de los obstáculos y dificultades
que en ellas se encuentran. Por cosas espirituales y divinas se entiende todo lo
que Dios nos prescribe para la consecución de la eterna salud (la salvación),
como la práctica de las virtudes cristianas, la observación de los preceptos
divinos, de los deberes de cada uno, los ejercicios de piedad y de religión.
Concebir pues tristeza y depresión por tales cosas, abrigar voluntariamente, en
el corazón, desgano, aversión y disgusto por ellas es pecado capital.

Visto de manera rigurosa, es pecado mortal en cuanto se opone
directamente a la caridad que nos debemos a nosotros mismos y al amor que
debemos a Dios. De este modo, se comete si deliberadamente nos
entristecemos o sentimos desgano de realizar aquello a que estamos obligados;
por ejemplo, al perdón de las injurias, a la privación de los placeres carnales,
entre otras acciones; la acidia es un pecado grave porque se opone
directamente a la caridad de Dios y de nosotros mismos.

Considerada en relación a los efectos que produce, si la pereza es tal
que hace olvidar el bien necesario a la salud eterna, descuidar notablemente
las obligaciones y deberes, o si llega a hacernos desear que no haya otra vida,
para vivir entregados impunemente a las pasiones, es sin duda pecado mortal.

Son efectos de la pereza:

• La repugnancia y la aversión al bien que hace que éste se omita o se
practique con notable defecto.
• La inconsistencia en el bien, la continua inquietud e irresolución del
carácter que varía, a menudo, de deseos y propósitos, que tan pronto
hace al individuo decidir una cosa como desistir de ella, sin ejecutar
nada.
• Una cierta pusilanimidad y cobardía por la cual el espíritu abatido no se
atreve a poner manos a la obra, y se abandona a la inacción.
• La desesperación de considerar que la salvación es imposible, de tal
manera que el hombre, lejos de pensar en los medios de conseguirla, se
entrega sin freno alguno a sus propias pasiones.
• La ociosidad, la fuga de todo trabajo, el amor a las comodidades y a los
placeres.

En el fondo, la acidia se identifica con el “aburrimiento”. Pero no con
ese aburrimiento objetivo que nos hace escapar de una cosa, de una situación o
de una persona en particular. Más bien, se refiere al “aburrimiento” que
sentimos frente a la existencia toda, frente al hecho de existir y de todo lo que
esto implica. La vida nos exige trabajo, esfuerzo para actuar según lo que se
debe, esfuerzo que no es ni gratuito ni fácil.

Cuando no somos capaces de asumir este costo y desconocemos aquello
que debemos “hacer” en la existencia, la vida humana se transforma en un
vacío que causa “horror”; se transforma en un vacío que angustia y del cual
escapamos constantemente casi sin darnos cuenta. De hecho, “aburrimiento”
significa originariamente ab horreo (horror al vacío).

La acidia, decíamos, es el más metafísico de los pecados capitales,
porque implica no asumir los costos de la existencia, y evadirse
constantemente de hacer lo que se debe, por no saber lo que se debe.

IRA


El sentido emocional de desagrado y, generalmente, antagonismo, suscitado
por un daño real o aparente. La ira puede llegar a ser pasional cuando las
emociones se exacerban fuertemente.

Appetitus inordinatus vindictae,
  
es decir, un apetito desordenado de
venganza que se excita –continúa la definición latina– en nosotros por alguna
ofensa real o supuesta. Por consiguiente, para que la ira sea pecado se requiere
que el apetito de venganza sea desordenado, esto es, contrario a la razón. Si
no entraña este desorden no se considerará pecado.

La ira, entonces, se convierte en pecado cuando se desea el castigo al
que no lo merece, o si se le desea uno mayor al merecido, o que se le infrinja
sin observar el orden legítimo, o sin proponerse el fin, debido que es la
conservación de la justicia y la corrección del culpable. Hay también pecado
en la aplicación de la venganza, aunque ésta sea legítima, cuando uno se deja
dominar por ciertas actitudes inmoderadas de la pasión.

De esta manera, la ira se convierte en pecado gravísimo, porque vulnera
la caridad y la justicia. Son hijos de la ira:

• el maquiavelismo
• el clamor
• la indignación
• la blasfemia
• la riña

De la definición anterior se desprende que la ira es el uso de una fuerza
directa o verbal que transgrede los límites de la legítima restitución de un bien
ofendido. La violencia, entendida como el uso de la fuerza, si es desmedida,
conduce claramente a la anulación del otro. En el leguaje, mediante la ofensa,
encontramos también el deseo de perjuicio e incluso de nulidad del otro.



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Es importante hacer notar que el uso de la fuerza en contra del prójimo
no siempre es un mal moral. Debe entenderse como un mal menor si el fin por
el cual se realiza no es sólo la anulación del otro sino que persigue fines
legítimos, como la conservación de la vida propia o de terceros. Tal es el caso
de la “guerra legítima”, que procura evitar la propia muerte o la privación de
la legítima libertad a mano de un invasor, la legítima defensa. El uso de la
fuerza se justifica también cuando se procura, con esto, el bien del otro,
evitando así un daño mayor que el dolor que se infringe.

La ira se convierte en pecado gravísimo cuando nuestro instinto de
destrucción sobrepasa toda moderación racional y, desbordando todo límite
dictado por una justa sentencia, se desea sólo la inexistencia del prójimo.



SOBERBIA


Es el principal de los pecados capitales. Es la cabeza de “todos” los restantes
pecados. Por esta falta, según la teología cristiana, el hombre fue expulsado
del jardín del paraíso. Constituye una ofensa directa contra Dios, en cuanto el
pecador cree tener más poder y autoridad que éste.

En general, es definida como “amor desordenado de sí mismo”. Según
Santo Tomás, la soberbia es “un apetito desordenado de la propia excelencia”.
Se considera pecado mortal cuando es perfecta, es decir, cuando se apetece
tanto la propia exaltación, que se rehúsa obedecer a Dios, a los superiores y a
las leyes.

Se trata de renunciar a Dios en cuanto es Verdad y sentido conductor de
la existencia e instalarse a sí mismo como Verdad suprema e infalible y como
fundamento de la acción humana. De la misma manera, y guardando las
distancias, se aplica al respeto y a la consideración que los subordinados le
deben a las autoridades legítimamente constituidas. De la soberbia se
desprenden las siguientes faltas menores:

· La vanagloria: Es la complacencia que uno siente de sí mismo a
causa de las ventajas que uno tiene y se jacta de poseer por sobre los
demás. Asimismo, consiste en la elaborada ostentación de todo lo que
pueda conquistarnos el aprecio y la consideración de los demás.

· La jactancia: Es la falta de quienes se esmeran en alabarse a sí
mismos para hacer valer vistosamente su superioridad y sus buenas obras.
Sin embargo, no es pecado cuando tiene como fin desacreditar una
calumnia o la educación de los otros.

· El Fausto: Consiste en querer elevarse por sobre los demás en
dignidad, exagerando, para ello, el lujo en los vestidos y en los bienes
personales, llegando más allá de lo que permiten las posibilidades
económicas de la persona.

· La altanería: Se manifiesta por el modo imperioso con que se trata al
prójimo, hablándole con orgullo, con terquedad, con tono despreciativo y
mirándolo con aire desdeñoso.

· La ambición: Deseo desordenado de elevarse en honores y
dignidades como cargos o título, sólo considerando los beneficios que les
son anexos, como la fama y el reconocimiento.

· La hipocresía: Simulación de la virtud y la honradez con el fin de
ocultar los vicios propios o aparentar virtudes que no se tienen.

· La presunción: Consiste en confiar demasiado en sí mismo, en sus
propias luces, en persuadirse a uno mismo de que es capaz de realizar,
mejor que cualquier otro, ciertas funciones o empleos que sobrepasan las
fuerzas o capacidades del ser humano en cuestión. Esta falta es muy
común, porque son rarísimos los que no se dejan engañar por su amor
propio, los que se esfuerzan en conocerse a sí mismos para formar un recto
juicio sobre sus capacidades y aptitudes.

· La desobediencia: Es la infracción del precepto del superior. Es
pecado mortal cuando esta infracción nace del formal desprecio del
superior, pues tal desprecio es injurioso al mismo Dios. Pero cuando la
violación del precepto no nace del desprecio sino de otra causa, y teniendo
en cuenta la materia y las circunstancias del caso, puede ser considerada
una falta menor.

· La pertinacia: Consiste en mantener obstinadamente la defensa del
propio juicio, no obstante que la realidad lo desmienta o haya quienes
sostengan argumentos con mayor probabilidad de verificación que los
esgrimidos por el sujeto de que se trata.

El remedio radical contra la soberbia es la humildad. Según el
cristianismo, Dios abate a los soberbios y eleva a los humildes (Lucas 14).



AVARICIA



Se manifiesta como una inclinación o deseo desordenado de placeres o de
posesiones. Está prohibida por el noveno y décimo mandamientos.

La teología cristiana explica el pecado de la avaricia como “amor
desordenado por las riquezas”, es desordenado porque lícito es amar y desear
las riquezas con fin honesto en el orden de la justicia y de la caridad.

El crimen de la avaricia no lo constituyen las riquezas o su posesión en
sí, sino el apego inmoderado a éstas; esa pasión ardiente de adquirir o
conservar lo que se posee, que no se detiene ante los medios injustos; esa
economía sórdida que guarda los tesoros sin hacer uso de ellos ni para las
causas más legítimas; ese afecto desordenado que se tiene a los bienes de la
Tierra, de donde resulta que todo se refiere a la plata, y no parece que se viva
para otra cosa que para adquirirla.

La avaricia, por consiguiente, es pecado mortal siempre que el avaro
ame de tal modo las riquezas, que pegue su corazón a ellas y esté dispuesto a
ofender gravemente a Dios o a violar la justicia y la caridad debida al prójimo
o a sí mismo.

En la avaricia se ven claramente los elementos comunes a todos los
pecados. Por un lado, el avaro pierde el verdadero sentido de su acción,
poniendo el fin en lo que debería ser un medio; en este caso, la obtención y la
retención de las riquezas. Lo que importa al cristianismo es que el prójimo
reciba, justamente, la caridad que todos le debemos al menesteroso.

La avaricia es directamente contraria a la caridad, al concebirse como
un “no dar”; más aún, como la acción de privar a otros de sus bienes por
retener. Por otro lado, el despojar al otro con malas mañas, en su perjuicio, es
también negar su calidad de persona. Lo utiliza para satisfacer, mediante la
acumulación de riquezas, el principio del amor a sí mismo.


Son “hijos” o faltas menores de la avaricia:

• el fraude
• el dolo
• el perjurio
• el robo
• el hurto
• la tacañería
• la usura


ENVIDIA



Rencor o tristeza por la buena fortuna de alguien, simultáneo al deseo
desordenado de poseer ésta. Tal pecado capital es contrario al décimo
mandamiento.

La envidia es definida como “Desagrado, pesar, tristeza, que se concibe
en el ánimo del bien ajeno, en cuanto este bien se mira como perjudicial a
nuestros intereses o a nuestra gloria”.

La envidia constituye una falta gravísima cuando nos incomodan y
angustian de manera intensa los bienes materiales del otro, a tal grado, que
deseamos verlo privado de aquellas pertenencias que legítimamente ha
conseguido y que nosotros, por impotencia, no hemos logrado obtener.




Este deseo de ver privado al otro, no sólo de sus bienes sino, también,
de sus relaciones, del físico o del mismo entorno en el que se encuentra, nos
puede llevar a intentar, por todos los medios, quitarle esos bienes o hacer ver
que aquél no debería poseer lo que posee. La mentira, la traición, la intriga, el
oportunismo, entre otras faltas, se desprenden de esta tristeza frente al bien
ajeno y a nuestra propia incapacidad de acceder a tales bienes.







TERCERA PARTE



REFLEXIÓN
PSICOLÓGICA




Una manera de ver los pecados a través
de una interpretación psicológica













CAPÍTULO IV


VISIÓN PSICOLÓGICA DEL ALMA
Un acercamiento basado en Freud



El intento de conseguir una forma de protección contra el sufrimiento
mediante una reelaboración ilusoria de la realidad es la empresa común de
un número considerable de personas. Las religiones tienen que ser
clasificadas en el grupo de las ilusiones masivas de este tipo. No
necesitamos aclarar que quien participa de una ilusión jamás le asigna este
carácter.
Freud, El futuro de una Ilusión, 1927.



Setenta y seis años después de que Freíd hiciera estas afirmaciones, los siete
pecados capitales parecen rebasados; sin embargo, lo que antes se condenaba
es aceptado socialmente en forma creciente mientras otras derivaciones de
estos pecados los desplazan. Al intentar hacer una reflexión psicológica sobre
los siete pecados capitales es necesario comenzar dando una visión
psicológica sobre la religión; Freud nos da una respuesta muy concisa sobre
esta vida ilusoria de la que la sociedad nos hace presas, misma que es
influenciada sobremanera por un pensamiento religioso.

Empecemos por los antiguos habitantes del mundo, quienes tenían la
idea de que el hombre es doble, es decir, que está formado de cuerpo y alma;
sin embargo, les resultaba difícil determinar con precisión su concepto de cada
uno.

Nuestro trabajo cuenta con las mismas divisiones: cuerpo y alma. El
cuerpo está representado a través de los desnudos y las relaciones que en toda
sociedad existen, las cuales son reprimidas por cuestiones morales. El alma se
ve reflejada en cada uno de los pecados como una sombra de nuestro
inconsciente reprimido.


Las antiguas civilizaciones no tenían un concepto único y definitivo del
alma, sino varios, los cuales se contradecían unos a otros, mostrando así esa
falta de rigor lógico, característica de los pueblos salvajes actuales.
1

Desde la Edad Media todo lo que tuviese relación con el sexo
provocaba un rechazo en el pensamiento social. Esta resistencia fue
provocada, en gran parte, por la educación cultural que tendía a reprimir la
satisfacción instintiva del individuo, lo que nos explica porque hoy en día la
sociedad adopta una actitud hostil frente a este concepto y reprueba ética y
moralmente los instintos sexuales, calificando a todo lo sexual como
indecente, sucio, malo y demoníaco. Por lo anterior, hemos decidido vincular
los pecados con todo aquello que nos remita a lo sexual.

Tiempo atrás, el pensamiento de los individuos impuesto por la religión
cristiana era el temor a ser castigado por las manos divinas de Dios al
momento de cometer un pecado. De esta manera podemos ver cómo la Iglesia
católica poseía cierto poder para controlar a su comunidad.
Todas estas creencias sobre el alma y los pecados respondían a
preocupaciones de carácter psicológico y religioso, pues en aquellos tiempos
el hombre ya trataba de conocer su propia naturaleza, así como su origen y
destino final. Y dada su ignorancia, era natural que sus ideas psicológicas sólo
fuesen un burdo tejido de supersticiones temerosas que, durante siglos y hasta
las civilizaciones actuales, dejaron huellas profundas, y que seguramente
seguirán presentes con el paso del tiempo.







1
Ibid, p. 2.


CAPÍTULO V


TODO LO GENITAL ES SEXUAL, PERO NO
TODO LO SEXUAL ES GENITAL



La sexualidad es una función vital primigenia que influye sobre la conducta de
los individuos y sobre las relaciones humanas en general. Afecta todos los
procesos fisiológicos y psicológicos del ser huma no, y aunque no es
imprescindible para su supervivencia sí lo es para la reproducción.

Se trata de un impulso instintivo que afecta diferentes etapas de la vida
de los individuos y, en gran medida, es condicionado por el entorno
sociocultural en el que viven. Pero ante todo, la relación sexual responde a una
necesidad de comunicación física y psicológica, que va más allá de la mera
unión sexual de los cuerpos. Venimos a este mundo como producto de una
relación íntima entre un hombre y una mujer; en este sentido, la procreación
tiene un origen genital. El ser humano se reproduce sexualmente mediante la
fecundación, proceso que consistente en la unión de dos gametos: el
espermatozoide que aporta el hombre, y el óvulo de la mujer.

El feto, en el vientre de una mujer, comienza a desarrollar un instinto
sexual. Los primeros estados evolutivos de la libido (instinto sexual) se
cumplen en la época fetal, y careciendo de objeto a que aplicarse, es
necesario admitir que antes del nacimiento existe una unidad entre el yo y la
libido.
1

Todo lo que el ser humano busca mucho antes de nacer es la
satisfacción sexual; por tanto, consideramos que todo proceso evolutivo está
íntimamente relacionado con el sexo, y puesto que nuestro proyecto está
enfocado a la sexualidad, haremos un pequeño análisis de los pecados

1
Nunberg, H., Teoría general de las neurosis, Ed. Pubul, Barcelona, 1937, p. 119.
capitales mediante algunos términos psicológicos, basándonos en
conocimientos elementales (no complejos) del psicoanálisis. Es necesario
comprobar cómo llega el ser humano al mundo con toda la libido fuertemente
fijada a sus órganos y al propio yo, de ahí que lo vinculemos con los pecados
y afirmemos que desde antes de nacer somos pecadores.

Ya al nacer, los instintos parciales han entrado en
actividad, pero sin absoluto dominio por igual. Una determinada
región del cuerpo, como es la oral, la anal, la genital o cualquier
otra del organismo, emite hacia la psique impulsos que la excitan
sexualmente.
2

Comúnmente, el deseo sexual es designado como libido, apetito,
excitación, pulsión, ansia, lujuria, pasión, términos que nos remiten a los
pecados y que la Iglesia católica, hasta la fecha, sigue viendo como algo
pecaminoso, sucio y repudiable, aunque de lo único que se trata, en suma, es
de la búsqueda del placer.

Según Freud, el buen y normal desarrollo de la libido deben llevar al
individuo a vincular sus deseos infantiles con las vinculaciones sociales
definitivamente deseables, facilitados por medio de las grandes instituciones
creadas por el ser humano, como la religión, el derecho y la ética, entre otras.

Todo deseo es inconsciente, somos sujetos deseantes; por lo tanto, el
deseo en nosotros es insaciable. El sujeto siempre va a estar en deseo y
pulsión de algo que le motive para vivir, ya que la pulsión es la energía que
mueve al deseo, y éste es una cadena de relaciones entre los objetos y los
sujetos; sin embargo, como ningún objeto coincide con sujetos, el individuo
siempre quedará insatisfecho.

El deseo es determinado por innumerables factores, tanto internos –
como la fantasía, las vivencias, la educación y la personalidad del individuo–
como externos –el entorno, las costumbres culturales y todos aquellos
estímulos que inciden en el individuo en un instante determinado: una mirada,
un olor, una canción, la visión de un cuerpo desnudo, una caricia...




2
Tallaferro, A., Curso básico de psicoanálisis, Ed. Paidós, México, 1997, p. 147.
Si estos estímulos son interpretados eróticamente por la persona que los
recibe, se produce el despertar del deseo. Sin embargo, el interés sexual se
encuentra sometido en buena medida a las fluctuaciones de las hormonas
sexuales, entre las que destaca la testosterona, hormona masculina segregada
tanto por los ovarios como por las glándulas suprarrenales que activa los
circuitos cerebrales de los que dependen el deseo, el placer y el
comportamiento sexual de hombres y mujeres.

También son fundamentales la hormona femenina llamada estradiol y
neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. De esta manera
podemos ver que cuerpo y alma están fuertemente ligados a todo lo sexual y,
en consecuencia, a principios psicológicos.

Fundamentamos este análisis según las teorías de Freud, para quien el
desarrollo sexual se inicia con la fase oral, caracterizada porque el niño
obtiene una máxima satisfacción al mamar, para continuar con la fase anal, en
la que predominan los impulsos agresivos y sádicos. Después de una etapa
latente o de reposo, se inicia la tercera fase del desarrollo, la genital, en la que
el interés se centra en los órganos sexuales. La alteración de una de estas tres
fases conduce, según Freud, a la aparición de trastornos sexuales específicos,
o de la personalidad.

Es importante mencionar que gran parte de nuestros actos están regidos
por el inconsciente, que es todo aquello que actúa por debajo de la conciencia
y que es capaz de movilizar al sujeto sin que éste advierta el origen de su
decisión. El inconsciente jamás dice que no. Acaso nunca hemos pecado
inconscientemente, y peor aun, todas aquellas fantasías que tenemos y
deseamos saciarlas; sabemos que hay muchas fuerzas que nos mueven y nos
llevan a realizar cosas que no son planeadas y de las que proviene un
sentimiento de culpa y remordimiento.

Todo este modo de actuar está regido por el inconsciente, y algunas
veces se expresa utilizando símbolos mediante el sueño, el que forma parte
importante dentro de nuestro análisis, puesto que es a través de éste que
saciamos esos impulsos o instintos sexuales prohibidos por la sociedad.





Veamos un claro ejemplo de lo anterior. Una enfermera sueña que ha
comprado un helado, que sorbe con fruición, y cuando la boca se le llena de
crema chantilly derretida, siente un gran placer.
3
El significado del sueño es
evidente, pero la traducción se ha hecho empleando símbolos.

De igual forma, nosotras nos valdremos de una simbología para poder
representar el placer de los individuos al momento de cometer el pecado. El
ejemplo anterior es una muestra de ello y en él podemos advertir cómo la
gula y la lujuria se hacen presentes en nuestros sueños con el uso de símbolos
que satisfacen “muchas veces” el placer prohibido que el pecado representa.

Se puede decir que el sueño es siempre la tentativa de satisfacer
alucinatoriamente un deseo inconsciente reprimido. Por ejemplo: el niño que
antes de dormir quiere comer una manzana y sus padres no se lo permiten,
durante la noche sueña que la está comiendo, es decir, satisface
alucinatoriamente un deseo que no puede cumplir en la vida real; así, cuando
por cuestiones morales el adulto no puede llevar una vida sexual activa antes
del matrimonio, el sueño puede devenir el medio para satisfacer ese deseo que
no puede concretar en la vigilia.

El sueño es por lo general un enmascaramiento de pensamientos
latentes que el yo no quiere ver.
4
Freud considera que gran parte de los sueños
tienen un contenido sexual, y en las experiencias actuales se ha demostrado
que muchos de los períodos del dormir que coinciden con los sueños van
acompañados por manifestaciones de actividad sexual.

Durante el sueño vemos imágenes, oímos voces y percibimos
sensaciones y sentimientos, mismos que a veces no podemos satisfacer por
diversos factores, es decir, puede aparecer extraño y sin sentido; sin embargo,
si lo analizamos más a fondo, desde su contenido manifiesto, y en un sentido
secreto del mismo, son deseos que jamás van a poder ser expresados de
manera reconocible por la persona.

Antes tiene que ser sometido a una deformación, como restricción del
yo, así nace “el sueño manifiesto”, tal como es recordado al despertar,
deformado hasta resultar irreconocible por las censuras oníricas.
Probablemente éste sea el principio de todos nuestros males, pues la sociedad

3
Ibid, p. 60.
4
Ibid, p. 141.

te causa una represión anímica que a veces es saciada por medio del sueño,
pero al no lograrse en él, nuestro comportamiento tiende a buscar una
satisfacción de modo inconsciente, por medio de un comportamiento
pecaminoso.

Antes de comenzar con nuestro acercamiento psicológico, es necesario
señalar que actualmente la vida anímica de los individuos es un factor
importante para el acto del pecado en sí; según el esquema del psicoanálisis, la
represión provoca un gran conflicto entre las tendencias anímicas; es decir, la
represión nace de la personalidad consciente (el yo) y de motivos éticos y
estéticos, lo que trae como consecuencia impulsos de egoísmo, crueldad y,
sobre todo, impulsos sexuales, muchas veces de naturaleza repulsiva e ilícita.

Estos comportamientos, observados desde el punto de vista pecador, nos
hacen pensar en la envidia, la ira y la lujuria, sobre todo cuando Freud califica
estos síntomas como una sustitución de satisfacciones prohibidas,
correspondiendo a una contención moral que el hombre integra.

Siendo un poco más específicas, en las actitudes anímicas, así como en
las reacciones somáticas la sexualidad infantil se manifiesta desde la más
tierna edad, dependiendo de ésta y de su evolución la sexualidad adulta y la
vida sexual de los perversos.

Aclarado esto, empecemos con la exposición de los pecados desde la
óptica del psicoanálisis; primero vamos a explicar brevemente los conceptos
utilizados, para después enfocarlos a nuestro tema específico de manera
analítica.


Gula


En el caso de la gula, por ejemplo, el que vive para comer es más patente que
el que come para vivir, ya que en lo segundo, el individuo podría comer sólo
por necesidad, sin que esto signifique satisfacer un deseo o producir un
placer, como en el primer caso.

Como primera manifestación de la sexualidad del niño, después del
nacimiento, se observa un predominio de la obtención del placer por la zona
de la boca. Puede citarse el placer del chupeteo en los niños de corta edad.

Un niño chupa su pulgar, o el pezón de la madre, con los labios y la
lengua, rítmicamente, sin obtener beneficio alguno desde el punto de vista de
la autoconservación. La succión empieza moderadamente, después se aumenta
la agitación y alcanza un punto culminante, para decrecer luego.

Este mismo curso sigue el instinto sexual del adulto. Tiene posibilidad
de satisfacer tanto el chupeteo como el placer de morder: fumando, sorbiendo
un helado, mascando chicle o la punta de un lápiz. Y también se permiten
ciertas satisfacciones de este tipo en la actividad erótica, como lo prueba el
hecho de que nadie se niega el placer de besar en sus relaciones sexuales.
Algunos sujetos hallan placer en chupar o morder al objeto querido; el fellatio
y el cunnilinguis son clara expresión de esto.

En este pecado podemos encontrar también una estrecha relación con la
lujuria, pues en la infancia se observa con qué placer el niño introduce objetos
a su boca, el niño quiere masticar y tragar todo lo que está a su alcance; el
adulto actúa de la misma forma queriendo saciar sus deseos, no sólo con una
pareja, por ejemplo, sino con dos o tres y haciendo uso, además, de objetos
que lo inciten al placer; de esta manera, se le puede ligar también con la ira.

En la gula, haciendo una relación con el desarrollo sexual, se debe tener
en cuenta que la vagina o boca reciben al pene de la misma forma en que la
boca recibió al pezón durante la etapa oral; obteniendo el placer al introducir
un órgano sexual que te sacia de la misma manera que lo haces
inconscientemente con otros objetos, ya sea comida o de entretención.

Un ejemplo que está fuertemente ligado con la gula y la ira es el hambre
que desarrolla el niño, ya que cuando es aguda, el niño expresa un intenso
deseo de agresión, que es acompañada de gritos, llantos y pataleos; en el
momento en que la madre le proporciona alimentos, éste siente un deseo de
morder el pecho materno para apoderarse del alimento que necesita.




Lujuria

Este es, quizá, uno de los pecados más criticados por la Iglesia, y de alguna
manera engloba a los demás pecados. Toda actividad sexual de la infancia,
misma que se refleja en la vida adulta, nos remite a la lujuria.

Si bien relacionamos la gula con la etapa oral del niño –la que a su vez
tiene ciertos rasgos de lujuria–, la fase canibalística está estrechamente
vinculada con este pecado; en esta etapa, la actividad instintiva del niño exige
un objeto. La relación en estas personas presenta características que revelan
claramente el placer de morder y devorar a su pareja y valerse de objetos, en
su mayoría sadomasoquistas, para obtener una satisfacción plena. De algún
modo, esto nos lleva también al pecado de la ira.

Las agresiones placenteras contra un objeto se siguen haciendo
presentes en cada una de las etapas de desarrollo sexual infantil; en este caso,
en la fase anal, donde el recto se erige en fuente para recibir placer, el sadismo
se manifiesta con un deseo de pegar, preferentemente en la región glútea.
Seguimos nuevamente vinculando estas actividades con la ira.

Así, la tendencia a la satisfacción directa de las pulsaciones
anales da origen a perversiones tales como la introducción en el
ano de diversos objetos, factor que juega un papel preponderante
en el desencadenamiento de la homosexualidad pasiva.
5

Podemos relacionar este pecado con las perversiones sexuales que la
sociedad considera como desagradables.

Freud entendía la perversión como una forma de comportamiento
ancestral y definía al niño, con su sexualidad normalmente reprimida como
“polimórficamente perverso”, debido a que, al no encontrar un campo de
acción adecuado para su ya existente impulso sexual, el niño busca amparo en
una forma de comportamiento que es calificada como perversa por el mundo
de los adultos y que, por tanto, es reprimida.

Es necesario aclarar que la sexualidad del niño es tenida como una
perversión, pues no se ejerce con fines reproductivos. Por tanto, la lujuria se

5
Ibid., p. 168.
va desarrollando a la par de la vida sexual del infante, aunque sea de manera
reprimida, y no calificada como pecado en sí.

Para poder hablar de la lujuria, tenemos que analizar un poco la vida
sexual de los seres humanos, y los tipos de perversión existentes. La
perversión es la desviación del objeto o de la meta sexual “normal” de los
seres humanos, la primera parte es el objeto sexual creado por los deseos,
funciones excretorias o por fetichismo, la meta sexual es llegar a satisfacerse
de diferentes formas,
6
las cuales pueden clasificarse como sigue:
o Sadomasoquismo
o Necrofilia
o Vouyerismo
o Exhibicionismo
o Pedofilia
o Sadismo
o Zoofilia
o Fetichismo


Por ejemplo, los fetichistas adoran alguna parte del cuerpo, y desean un
objeto que sea propiedad del otro. Los homosexuales, en su caso, sólo
introyectan el amor, y como no lo proyectan, se vuelven narcisistas.

Los vouyeristas, como sabemos, obtienen el placer observando cómo
son otros los que tienen relaciones sexuales, y ninguna de estas personas que
sufra de una perversión sentirá culpa alguna. Los exhibicionistas gozan con
que los demás los estén viendo, los sádicos sienten placer causando dolor a
otra persona, y todo lo contrario con los masoquistas, a quienes les gusta que
los hagan sufrir. Los necrófilos gozan teniendo relaciones con personas
muertas; y qué decir de los pedófilos, que tienen la perversa intención de
mantener una relación con niños, y los zoofilicos con los animales.

6
Freud, S., Esquema del Psicoanálisis. (Obras completas 1923-1924), p. 2739.

Actualmente el sadomasoquismo entra en este rango y la sociedad sigue
sin aceptarlo, cuando es ésta misma la que nos orilla a cometer este tipo de
actividades y todo depende de la libertad sexual que tuvimos durante la
infancia. La perversión también está ligada con la ira, debido a que se le
considera como una conducta violenta.

Las perversiones cumplen una satisfacción sexual que puede ser de tipo
real o de fantasía, de la que ningún hombre se salva, porque todos tenemos
rasgos de perversión.

La lujuria también está presente en los sueños; como se ha mencionado
anteriormente, es mediante el sueño que podemos saciar todas nuestras
fantasías, por muy obscenas que sean; la mayoría, por supuesto, son de
contenido sexual. Pero no sólo los adultos fantaseamos, también los niños,
durante la etapa anal, tratan de investigar en qué consiste la actividad sexual
de los mayores y se ven obligados a construir diversas teorías.

Así, observamos que los niños también tienen relación con el pecado,
en tanto sus fantasías tienen cierto grado de lujuria.


Para complementar el concepto de lujuria, podemos mencionar una de
las teorías sexuales que, correspondientes a la etapa anal y vinculada con el
sadismo, concibe el acto sexual como una riña o lucha entre dos seres. De esta
forma, podemos decir que los sujetos que no superaron esta fase, intentan
satisfacer sus pulsaciones peleando con su objeto, con lo que caen en la lujuria
y en la ira.



Ira


Este pecado se puede vincular con el psicoanálisis en el momento de éxtasis
que experimenta el niño durante el chupeteo, mismo que se refleja con
movimientos bruscos por parte del infante, que se retuerce, golpea y patalea.

En tal estado, es capaz de romper objetos o taparse la nariz y los oídos;
si se le interrumpe, se enoja y corre en busca de un lugar donde continuar su
chupeteo con tranquilidad.

Lo anterior, manifiesta una reacción semejante al orgasmo, que es la
máxima experiencia placentera y la satisfacción más intensa sentida por el
adulto en un acto sexual.

Un adulto que es interrumpido durante una relación sexual, adopta una
actitud hostil, de enojo e indiferencia y en ocasiones es capaz, incluso, de
repartir golpes, con tal de obtener su plena satisfacción; podemos decir,
entonces, que una vida sexual insatisfecha puede provocar la ira, prueba de
ello es que en el siglo XII recomendaban a los histéricos recurrir a la
masturbación como un medio curativo a este mal.

Un neurótico, por ejemplo, no puede soportar el displacer, pues las
tendencias del inconsciente buscan su satisfacción, sin preocuparse por las
consecuencias que ésta pueda deparar. Recordemos que estamos dándole un
enfoque sexual a nuestro trabajo; en este caso, estimamos que este tipo de
individuos pecan de ira y hasta de soberbia, al pretender alcanzar su objetivo
sin importar el daño que ocasionen a su alrededor o incluso a ellos mismos,
con un sólo fin: el placer.

Otra relación que hemos repetido en pecados anteriores puede darse en
la segunda fase de la etapa oral, cuando la forma de placer cambia con la
aparición de los dientes y el chupeteo es sustituido por el goce de masticar y
devorar, razón por la cual esta fase ha sido denominada sádico-oral o
canibalística. En este periodo, se nota con qué placer el niño introduce objetos
en su boca o trata de destruirlos con sus dientes.

Nuevamente hacemos hincapié en que, en el desarrollo infantil, los
pecados son cometidos de manera inconsciente y se verán reflejados e la vida
de todo adulto; así, la ira del niño surge por el deseo de satisfacer la ansiedad
provocada por la comezón en las encías, causada por el crecimiento de los
dientes; este ejemplo se ha dado en pecados anteriores y quizá nos veamos
muy repetitivas, pero nuestro único propósito es dar a entender que en realidad
todos los pecados terminan uniéndose a través de una acción, o muchas veces
por medio de expresiones sexuales.

Las tendencias sádico-orales tienen un matiz agresivo, que se presenta
en personas que ruegan, solicitan, exigen en demasía y no se desprenden de su
objeto, es decir, a la vez que logran su objetivo mediante la agresión, no se
despojan de ello fácilmente; son envidiosos con lo que poseen, lo que nos
remonta a la conjunción de la ira con la envidia en un solo pecado.

Otro claro ejemplo es el que se presenta en la etapa anal, como vimos en
la lujuria; tiene que ver con la ira puesto que la tendencia sádica en esta etapa
se manifiesta en las ganas de destruir el objeto (materia fecal) por la fuerza
bruta.


Soberbia


Es otro de los pecados que presenta rasgos característicos en el
comportamiento del niño, siendo una respuesta al desarrollo sexual que ha
alcanzado; así, vemos cómo la extrema voluntad de poderío, el ansia y el
anhelo de dominarse a sí mismo, unido a la tendencia de dominar al prójimo,
nacen aparentemente del sentimiento de fortaleza que da haber logrado
dominar el control esfinteriano. Un niño que tiene absoluto control de sus
esfínteres, se siente superior a cualquier otro que aún no haya superado esta
etapa.

Durante la fase anal se hace más aparente el masoquismo, que es una
búsqueda instintiva del placer en el dolor físico o moral, mismo que hemos
relacionado anteriormente con la ira y lujuria. A un sujeto puede resultarle
placentero el que otro lo castigue, o verse humillado por alguien. La soberbia
se hace presente con ello, toda vez que debe haber alguien que controle la
relación, obteniendo con ello placer al sentirse superior al otro.

Psicológicamente hablando, la soberbia se refleja también en el
narcisismo del individuo; esto surge debido a la energía de los instintos
sexuales orientados hacia una libido del yo, también conocida como una
energía sexual narcisista, que refleja una gran neurosis obsesiva sexual. El
individuo siente tanto amor por sí mismo, que se cree superior a los demás; el
fálico narcisista es seguro de sí mismo, a veces arrogante, elástico, fuerte y
con mucha frecuencia prepotente e imponente; piensa que no existe ningún
otro ser mejor que él y por eso se idolatra haciendo menos a los demás.

Analizando un poco más este tipo de sujetos, veremos que una de sus
características es la de mantener posiciones respetables, son dominantes,
reaccionan hacia cualquier lesión a su vanidad, ya sea con un firme bloqueo,
con un profundo mal humor o una intensa agresión (conjuntando al pecado
con la ira.) Su narcisismo se hace presente en forma de una acentuada
seguridad en sí mismos, arrogancia y dignidad y no en una forma infantil,
pese a que los fundamentos de su ser no son de tipo menos infantil que los
otros caracteres; además, tienen una especie de valentía agresiva.

En el género masculino, frecuentemente la soberbia se expresa con un
natural menosprecio hacia la mujer, no obstante que ésta prefiere a esta clase
de estereotipos, gracias a su aspecto formal y rasgos de masculinidad
acentuada.

Los soberbios de sexo masculino, por lo demás, tienden más a la
homosexualidad que su contraparte femenina.


Envidia



En el niño, la envidia se manifiesta cuando desarrolla un sentimiento profundo
de destruir su capacidad creadora, ya que ésta posee o goza de algo deseable
para él (el pecho) siendo el impulso el de quitárselo o el de dañarlo.

También, cuando la madre trae en el vientre a otro bebé, el primogénito
siente celos al creerse desplazado por un nuevo miembro de la familia; piensa
que el amor de sus padres le ha sido arrebatado o está en peligro de serlo por
su rival; de esta manera, su venganza es contra la madre y tiende a actuar
agresivamente, por considerarla culpable de dicha situación.

Un adulto puede sentir envidia de un cuerpo bien torneado, de los
bienes que posee una persona, del deseo insaciable por la “mujer u hombre
prohibido”, del amor de su pareja, entre otros. Y cualquiera de estas
sensaciones puede terminar en expresiones de ira.

El complejo de Edipo puede ser un ejemplo más de la envidia, al ser
éste una corriente de amor del hijo varón hacia la madre y rivalidad hacia el
padre, y por el contrario, en las niñas, mostrando cariño hacia el padre y
viendo una competencia directa frente a la madre. Se puede ver cómo la niña
desea tener a su padre sólo para ella, sintiendo odio, egoísmo, rechazo y
envidia por la madre y queriendo destruirla.

Con los ejemplos citados se vemos cómo en muchas ocasiones este
pecado pude ir de la mano con la ira, ya que un estado nos lleva a cometer otro
con fines vengativos. Este tipo de actitudes pueden llegar a la satisfacción
placentera.

Es importante mencionar que en la vida sexual del hombre existe la
envidia a la vagina durante la infancia, el niño identifica la actividad rectal con
la vagina y de esta manera hace que sientan como mujeres su vida sexual, así,
el ano adquiere un significado femenino placentero. Si el niño llegara a
quedarse anclado en esta etapa de desarrollo sexual, se puede desenvolver una
homosexualidad pasiva en la vida adulta.


Pereza


Este pecado es uno de los más deprimentes y no debiera considerarse como
tal, sino como una enfermedad que requiere tratamiento, y mucho tiene que
ver (al igual que los demás pecados) con nuestro desarrollo sexual durante la
infancia.

Para dejar en claro la idea anterior, citaremos el caso de algunos niños
que fueron obligados, en su infancia, a defecar por medio de enemas –es decir,
que otra persona los hizo defecar–; en consecuencia, al crecer evidenciarán
una marcada tendencia a dejar que otros les solucionen sus problemas,
dependiendo con ello de otra persona, volviéndose perezosos y atenidos.

Si la educación del niño fue prematura, posteriormente el sujeto será
inconscientemente negativo, hostil y rebelde; su comportamiento será el de un
niño pasivo y miedoso.


Por ello, es importante que el desarrollo del niño sea en el momento
adecuado y no sea forzado a realizar determinada actividad para la que todavía
no está apto; de otra manera, la pereza vendría como consecuencia inmediata.

Ya apuntamos que los niños presentan fantasías sexuales en la etapa
anal y fálico-genital; en esta última, una de las fantasías que podemos vincular
a la pereza es la que se denomina “fantasía de retorno al vientre materno”, en
la que el sujeto fantasea que vuelve a estar en el seno materno y, por lo tanto,
se siente protegido, cuidado y a salvo de los peligros reales o imaginarios del
mundo externo.

Generalmente, los individuos que pecan de pereza adoptan esta posición
fetal, lo que se le puede ver como placentero, y optan por quedarse en dicho
estado durante largas horas, olvidándose del mundo exterior, que quizá los ha
afectado emocionalmente, orillándolos a mantenerse en esta postura.

Una de las características que presentan quienes sufren de pereza, es la
depresión extrema, que en muchas ocasiones lleva al individuo al suicidio, por
no encontrarle razón de ser a la vida y sentirse parásitos no solamente de su
familia, sino de una sociedad capitalista que los reprime por no formar parte
de ella.


Avaricia


Psicológicamente, la avaricia puede ser interpretada durante la infancia,
debido al placer que el niño obtiene al manipular sus excrementos en la etapa
anal, llevándolo al apego por el dinero en la madurez, de ahí que muchas
veces se utilice el término “dinero sucio”.

El complejo de Edipo, al que hemos recurrido en algunos pecados
anteriores, también tiende a estar presente este pecado, pues el niño, al sentir
un amor desbordado por su padre o madre, según sea el caso, actúa de un
modo egoísta, al tratar sólo de obtener el cariño deseado, sin importarle las
consecuencias que ello implique.

Un ser que es avaro, tiene rasgos narcisistas, dado que sólo le importa él
mismo; además, tiene latente la energía sexual hacia el objeto que quiere
poseer en el inconsciente reprimido, pues al tenerlo en sus manos, nadie será
más importante y nadie merecerá consideraciones más que él mismo y la
satisfacción cubierta por los bienes obtenidos.

En el pecado de la avaricia, a diferencia del fenómeno que se suscita en
los otros pecados, la sociedad presenta una reacción ambigua: así como
rechaza a los avaros cuando éstos llegan a tener el poder que el dinero les da
(no en todos los casos), al mismo tiempo puede provocar en ellos una actitud
de soberbia, al respetarlos y humillarse ante éstos sólo por conveniencia.






CONCLUSIONES


El hombre ha sido reprimido por sí mismo y por la sociedad, la que impone
valores éticos y morales creados por el mismo individuo para poder convivir
en una comunidad, y que, sin embargo, reprimen los deseos instintivos más
profundos. Cuando éstos son liberados del inconsciente, son castigados por la
sociedad y conocidos como pecados.

La evolución cultural del hombre exigió a éste comprender el exterior
real, mismo que le ha negado la satisfacción de sus necesidades,
abandonándolo a grandes peligros. La negación del exterior le obliga a estar
en una constante lucha con su realidad; el desenlace de este enfrentamiento es,
en parte, una adaptación, y en parte un dominio de dicha realidad, en la que es
preciso entrar en colaboración con sus semejantes, para que la convivencia sea
posible.

Al hacer esto, el hombre esta renunciando a varios impulsos instintivos,
que muchas veces no pueden ni podrán ser satisfechos socialmente, pues con
el progreso y el desarrollo de la sociedad han crecido también las exigencias y
la represión.

La civilización está basada en una renuncia de los instintos, para que,
así, cada individuo repita personalmente un camino de la infancia a la
madurez, hasta llegar a una resignación razonable. Tomando esto desde un
punto de vista psicoanalítico, son los impulsos instintivos sexuales, en su
mayoría, los que deben sucumbir ante esta represión cultural.

Sin embargo, siempre habrá una parte que sobreviva en el inconsciente,
en calidad de impulsos insatisfechos, los que tendrán que ser satisfechos por
cualquier deseo, aunque sea totalmente deformado.

Algunos de estos deseos reprimidos pueden enfocarse hacia el arte, la
filosofía y otras formas de desahogo, pero algunos otros se encauzarán
enfocados al pecado y siempre vivirán insatisfechos en el alma de cada cual.




Por otro lado, hemos llegado a la conclusión de que la sublimación es la
defensa contra el recuerdo sexual intolerable para muchos, es por ello que el
ser humano siempre se va a encontrar en un conflicto psíquico. Sin embargo,
mientras más te conflictúes, más oportunidad tendrás de aprender.

En este orden de ideas y según Freud, el instinto sexual siempre vivirá
reprimido en el inconsciente del sujeto; el conflicto que esto ocasiona se debe
a que una sociedad te exige controlar estas pulsiones y te obliga a mantenerte
siempre bajo ciertas reglas, condicionando tu relación con la comunidad.

Podemos concluir que, desde el punto de vista de la Iglesia católica, es
el placer el que nos lleva a cometer los “pecados”, pero no comprende que
este mismo es una necesidad vital para nuestra supervivencia diaria, puesto
que, como se ha mencionado a lo largo de este trabajo, toda vida humana, sea
cual sea su especie, requiere satisfacer esos deseos latentes que exige el
organismo, y que en su mayoría son instintos sexuales.

Todos estamos regidos por el principio del placer. El mismo Freud
aludía a ello en su teoría del desarrollo sexual, confirmando que un instinto es
un excitante interno continuo que produce, cuando es contestado en forma
adecuada, un goce específico; con esto, una vez más confirmamos que los
instintos sexuales se asocian o permanecen en gran parte de nuestra vida.

Dejemos atrás todos los tabúes sociales o religiosos, tengamos claro que
propiciar considerablemente el desarrollo de una sexualidad sana no implica
ningún pecado, simplemente es satisfacernos como seres humanos.

Que no se deba evitar un pecado con otro pecado… ¿quién será tan
necio que diga: pequemos ahora para que no pequemos después, cometamos
ahora el homicidio, no sea que después caigamos en el adulterio?
1

Si esto se considerase, y fuese viable la idea de matarse como una huida
a todos los pecados, no existiría un solo ser humano, puesto que este mundo
siempre ha estado lleno de tentaciones.





1
San Agustín, La ciudad de Dios, Ed. Porrúa, México, 1994, p. 22.


Es posible que todavía exista gente con esta mentalidad; no obstante, el
paso de los años, y gracias a la tecnología, la educación y la influencia de
otras culturas, ha permitido que esta sociedad, católica en su mayoría, haya
ido evolucionando, su ideología ha cambiado; si bien es cierto que vivimos en
un país católico, ya no es tan fácil que nos dejemos arrastrar por estas
creencias.


No más mascaras, el pecado no es pecado como tal, cuando su único
objetivo es satisfacer una necesidad física y biológica. Teniendo una visión
más amplia y libre de perjuicios y aspectos morales, podremos darnos cuenta
que una satisfacción sexual (en cualquiera de sus etapas), lleva a un
optimismo extraordinariamente seguro y, en cambio, privaciones muy intensas
de este tipo producen actitudes pesimistas (depresiones) o sádicas exigencias,
lo que verdaderamente nos llevaría a cometer un pecado, como puede ser el
suicidio o el asesinato.

Con esta reflexión psicológica pudimos percatarnos de que, si nos
ponemos en un plan estricto y con un enfoque meramente religioso, somos
pecadores desde antes de nacer y toda nuestra vida es un continuo pecar pues,
como decíamos anteriormente, este mundo está lleno de tentaciones; pero no
lo veamos así, no es pecado satisfacer nuestros deseos.

Al contrario, consideremos que de nuestra educación y desarrollo sexual
durante la infancia depende nuestro comportamiento como adultos. Hay que
aceptar que los intereses de los niños y adolescentes son en su mayoría
sexuales y que las exigencias que resultan de estos hechos biológicos deben
ser cumplidas.

“Cuando el público dice que una obra es ininteligible, quiere decir que
el artista ha dicho o hecho una cosa de ella, que es nueva; cuando dice que
una obra es inmoral quiere decir que el artista ha dicho o hecho una cosa bella
que es verdadera...”
Oscar Wilde.

“La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista; pero la
moral del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto”...

Oscar Wilde.

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1981, 200 pp.

• ECO, Humberto, Cómo se hace una tesis: Técnica y procedimiento de
estudio, investigación y escrita, Ed. Gedisa, Barcelona, 1996, 267 pp.

• Enciclopedia Microsoft Encarta 2000. Reservados todos los derechos.
1993-1999 Microsoft Corporation.

• FLUSSER, Vilém, Hacia una filosofía de la fotografía, Ed. Trillas,
México, 1990, 78 pp.

• FOUCAULT Michel, Historia de la sexualidad, Tomo II. “El uso de los
placeres”, Siglo XXI Editores, México, 1984, 238 pp.

• FOUCAULT Michel, Historia de la sexualidad, Tomo III. “La
inquietud de sí”, Siglo XXI Editores, México, 1990, 232 pp.

• FREUD, Giséle, La fotografía como documento social, Ed. Gustavo
Gili S.A., Barcelona, 1993, 187 pp.

• FREUD, Sigmund, Esquema del psicoanálisis, CXXVI (obras
completas Sigmund Freud 1923-1924), 2728-2751 pp.

• FREUD, Sigmund, El malestar en la cultura, XXI (obras completas
Sigmund Freud 1923-1924). 1782-1853 pp.

• GOLDEN, Arthur, Memorias de una Geisha, Ed. Alfaguara, México,
2003, 551 pp.

• KATCHADOURIAN, Herant A., La Sexualidad humana, Ed. FCE
México, 1983, 394 pp.

• La Biblia, versión popular, Ed. Sociedades Bíblicas Unidas, segunda
Edición, México, 1984.

• MACCOBY, Eleanor E., Desarrollo de las diferencias sexuales, Ed.
Marova, Madrid, 1972, 237 pp.

• MOLES, Abraham, La imagen: comunicación funcional, Ed. Trillas,
México, 1991, 271 pp.

• NEWHALL, Beaumont, Historia de la fotografía, Ed. Gustavo Gili S.
A., Barcelona, 1983, 349 pp.

• NUNBERG, H., Teoría General de las Neurosis, Ed. Pubul, Barcelona,
1937, 322 pp.

• SADE, Marqués de, Filosofía en el Tocador, Editmat Libros, España,
1999, 211 pp.

• San Agustín, La Ciudad de Dios, Ed. Porrúa, México, 1994, 625 pp.

• SARAMAGO, J osé, El Evangelio según Jesucristo, Ed. Punto de
lectura, México, 1998, 478 pp.

• SCHMELKES, Corina, Manual para la presentación de ante-proyectos
e informes de investigación, Ed. Harla, México, 1988, 213pp.

• TALLAFERRO, Alberto, Curso básico de psicoanálisis, Ed. Paidós,
México, 1997, 324 pp.

• VARGAS Llosa, Mario, Los Cuadernos de Don Rigoberto, Ed.
Alfaguara, México, 1997, 384 pp.

• VELÁZQUEZ, J osé M., Curso elemental de psicología, Grupo
Editorial Sayrols, México, 1985, 416 pp.

• WALSCH, Donald, Conversaciones con Dios, Ed. Grijalbo, México,
1997, 201 pp.

• WILDE, Oscar, El retrato de Dorian Gray, Ed. Época, México,
1974, 275 pp.
















HEMEROGRAFÍA



• SERRANO, Saúl. “Erotismo o Desnudo”, en Cuartoscuro: revista de
fotógrafos, Núm. 59, Ediciones cuartoscuro.

• MONROY Nasar, Rebeca. “Elementos básicos para la crítica
fotográfica”, en Revista de Escuela Nacional de Artes Plásticas, Vol. 4,
Núms. 15 y 16, Ed. UNAM, pp. 41-46.

• “QUO”, Edición especial de sexo, Ed. Televisa, México, agosto de
2000, 120 pp.

• “La pasión de cristo”, en Incursión a la cinefilia, Núm. 1, Corme grupo
impresor, 39 pp.

• “AXE” Revista X Horror, Núm. 6, Ed. Noiselab, año 2, 2003.

• “AXE” Revista X, Núm. 9, 13, Ed. Noiselab, año 3, 2004.

• “QUO” Edición especial 2004 sexo, Ed. Televisa, México, abril de
2004, 112 pp.

• “Conozca más” Edición especial 2004 sexo, Ed. Televisa, México,
2004, 120 pp.

• “Veintitantos” 7 Pecados Sexuales, Ed. Notmusa, junio de 2004, pp.
150-154.

• “Veintitantos” Especial de sexo, Ed. Notmusa, septiembre de 2004, 120
pp.






EXPOSICIONES


• Retrospectiva, J ósef Kouldelka, Palacio de Bellas Artes, México,
octubre de 2003.

• Primera Exposición de Sexo y Entretenimiento. Palacio de los Deportes,
México, febrero de 2004.

• Colección BBVA Maestros de la Pintura Española, Museo de San
Carlos, México, abril de 2004.

• Celebrando Vidas. Una experiencia fotográfica de Annie Leibovitz,
World Trade Center, México, octubre de 2004.

• Memorias jazzeras, Herman Leonard. (50 fotografías de grandes figuras
de jazz), Lobby del Auditorio Nacional, México, noviembre de 2004.

• Segunda Exposición de Sexo y Entretenimiento, Palacio de los Deportes,
México, febrero de 2005.

• 160 Años de Fotografía en México, Centro de la Imagen, México, abril
de 2005.

• Voces del silencio (Exposición de Pintura), J ulián Cevallos Casco, Metro
Bellas Artes, México, mayo de 2005.

• Segundo Festival de Cine Erótico en México, Sala de Armas, México,
junio de, 2005.

• Seis siglos de arte. Cien Grandes Maestros, Museo Soumaya, México,
junio de 2005.



FILMOGRAFÍA


• La mala educación
Actores: Gael García Bernal, Fele Martínez, Daniel J iménez Cacho,
Luis Homar.
Guión y Dirección: Pedro Almodóvar
Producción: Agustín Almodóvar
105 Min.
1994, España

• En el nombre de Dios
Actores: Anne Marie Duff, Nora J ane Noone, Dorothy Duffy.
Guión y Dirección: Peter Mullan
Producción: Frances Higson
2002,

• La pasión de Cristo
Actores: J ames Caviezel, Monica Bellucci, Luca Lionello, Hristo
Naumov Shopov, Maia Morgenstern.
Dirección: Mel Gibson
Guión: Benedict Fitzgerald y Mel Gibson
Producción: Mel Gibson, Bruce Davey, Stephen Mceveety
Fotografía: Caleb Deschanel
2003, USA

• La última tentación de Cristo
Actores: Willem Dafoe, Harvey Keitel, Barbara Hershey, Harry Dean
Stanton, David Bowie.
Dirección: Martín Scorsese
Guión: Paul Schrader
Producción: Barbara de Fina
Fotografía: Michael Ballhaus
1998, USA



• Seven
Actores: Brad Pitt, Morgan Freeman, Kevin Spacey.
Dirección: David Fincher
Producción: Arnold Kopelson
Fotografía: Darius Khondji
127 Min.
1996, USA

• Asesino en serie
Actores: J esús Ochoa, Santiago Segura, Ivonne Montero.
Dirección: Antonio Urrutia
Producción: Tita Lombardo
Fotografía: Serguei Saldívar Tanaka
90 Min.
2002, México.

• Ojos bien cerrados
Actores: Tom Cruise, Nicole Kidman, Madison Eginton, J ackie Sawiris.
Dirección: Stanley Kubrick
Producción: Kubrick
159 Min.
1999, U.S.A.



















SITIOS WEB


• www.corazones.org/diccionarios/pecadoscapitales

• http://www.geocities.com/fdomauricio/pecadoscapitales.htm

• http://www.grupochorlavi.org/opinion/sietevasores.html

• http://dns1.mor.itesm.mx/~al372856/

• www.fotocultura.com

• www.nova.es/~edortega/curtem02.htm

• http://holywar.org/txt/catecismo/PioX/catecismo_mayor_08.htm

• http://www.fortunecity.com/rivendell/mage/719/index5.ht
ml
• http://www.mapplethorpe.org

• www.manray-photo.com

• www.festivalerotico.com.mx

• www.conaculta.gob.mx

• www.conaculta.gob.mx/cimagen

• www.peterwinkins.com




GLOSARIO



• Acedia: Trastorno mental caracterizado indistintamente por apatía o
melancolía: estado de acedia.

• Ascetismo: Doctrina relativa a la práctica y ejercicio de la perfección
espiritual.

• Beréberes: Nombre que reciben la lengua y algunos pueblos no árabes
que habitan grandes zonas del norte de África. A lo largo de los siglos,
los bereberes se han mezclado con numerosos grupos étnicos, sobre
todo árabes; por ello, actualmente se les distingue más por los rasgos
lingüísticos que por los raciales.

• Califato: Territorio bajo jurisdicción del califa, considerado dirigente
supremo de la comunidad musulmana y sucesor del profeta Mahoma.
Bajo Mahoma, el Estado musulmán era una teocracia que tenía como
base jurídica la sharia, conjunto legislativo fundamentado en los
principios religiosos y morales del islam. Los califas, sucesores de
Mahoma, eran jefes seculares y religiosos.

• Clamor: Grito o voz proferidos con vigor o esfuerzo, específicamente
si son colectivos.

• Cunnilingus: Sexo oral que se practica sobre el órgano sexual de la
mujer.

• Depravado: Demasiado viciado en las constumbres.

• Dopamina: Neurotransmisor esencial para el funcionamiento del
sistema nervioso central. Durante la transmisión nerviosa, la dopamina
pasa de una célula nerviosa o neurona a otra y desempeña un papel clave
en el funcionamiento cerebral y la conducta humana.




• Esfínter: Anatómicamente es un músculo en forma de anillo con que se
abre y se cierra el orificio de una cavidad del cuerpo para dar salida al
excremento o secreción o para retenerlos; como el de la vejiga de la
orina, el del ano, o el de la pupila.

• Estradiol: Medicamento utilizado para aliviar los síntomas asociados
con la menopausia, como el rubor o la sudoración nocturna. También se
emplea para prevenir la osteoporosis.


Fellatio: Sexo oral que practica sobre el miembro masculino
.

• Libido: Deseo sexual, considerado por algunos autores como impulso y
raíz de las más variadas manifestaciones de la actividad psíquica.

• Obsceno: Calificativo que alude a lo impúdico, torpe, fuera de lugar;
ofensivo al pudor.

• Pentecostés: (en griego, pentecoste, “quincuagésimo”), en el
cristianismo, fiesta que se observa el séptimo domingo (día
quincuagésimo) después de Pascua, conmemorando la venida del
Espíritu Santo a los apóstoles mientras celebraban la antigua festividad
judía del Shabat.

• Pervertir: Viciar con malas doctrinas o ejemplos costumbres, la fe, el
gusto.

• Polimorfo: Que puede tener varias formas, sin cambiar su naturaleza.

• Serotonina: Se encuentra en muchas células nerviosas del tronco
cerebral; en conjunto, estas neuronas constituyen la vía serotoninérgica.

• Simbolismo: Sistema de símbolos con que se representan creencias,
conceptos o sucesos.

• Simonía: Compra o venta de cosas espirituales, como los sacramentos
o algunos beneficios eclesiásticos.

• Tabú: Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es
lícito mencionar o censurar.

• Transgresión: Violación de un precepto, de una ley o de un estatuto:
durante la década de los 60 muchos intelectuales abogaban por la
trasgresión cultural.

• Usura: Interés que se lleva por el dinero o el género en el contrato
mutuo o de préstamo. Ganancia, fruto o utilidad que se saca de una
cosa, especialmente cuando son excesivos.

• Venial: Que se opone levemente a la ley o precepto, y por eso es de
fácil. remisión.




ANEXO





Análisis fotográfico















1 1

GULA

Modelo: Manuel
Locación: Cocina y patio descuidados. Casa de la colonia del
Valle.
Fecha: J unio 2003.

En nuestra primera producción decidimos empezar por el pecado de la gula. La
interpretación de ésta, la dividimos inicialmente en dos segmentos; el primero
trataba de mostrar al hombre como parte de la cadena alimenticia, por lo que
quisimos resaltar al cuerpo humano como si fuera un exquisito manjar con el
cual deleitarse, no sólo visual, erótica y sexualmente sino, también, de una
manera gustativa. Sin embargo, la producción no llenó nuestras expectativas y
quedó estancada a mitad de la tesis.

Finalmente, la segunda producción sobre la gula –la que nos atañe para
este análisis–, muestra cómo un individuo satisface su deseo carnal, devorando
ávida y repulsivamente los alimentos. Libre de todo prejuicio y sin importarle las
condiciones deprimentes en que se encuentra, nuestro personaje trata de acabar
con todo lo comestible que tiene a su lado, llegando así al máximo de su clímax.

Decidimos realizar esta producción en una locación que nos remitiera a un
ambiente repudiable por la sociedad y poco grato para consumir los alimentos; el
modelo presenta un aspecto sucio y descuidado, con lo que quisimos reflejar su
ansiedad por devorar todo, misma que lo lleva a cometer el pecado de la gula,
hace que descuide su apariencia y no le importe nada más que saciar su deseo.

Nos topamos aquí con un reflejo instintivo del ser que, inconscientemente,
lleva al hombre a saciar sus necesidades, sin reparar en lo que ha de hacer para
conseguir esto. Es relevante observar cómo las expresiones del individuo
manifiestan la plena satisfacción de sus deseos e impulsos primitivos.

Socialmente, el problema es muy grave, pues hoy en día un significativo
porcentaje de la población enfrenta problemas de sobrepeso, sin importar que tan
perjudicial resulte esto para su salud y apariencia física, misma que, de hecho,
2 2
tiende a ser muy criticada por una sociedad regida por modas y estereotipos
creados.

Técnicamente, se trabajó en una locación al aire libre, haciendo uso de los
recursos que el lugar nos brindaba en cuanto a iluminación se refiere, además de
reflectores que nos ayudaron a dar la sensación de un ambiente natural.

La segunda locación fue una cocina, con características que cumplían
nuestro deseo de estar en un lugar asqueroso y un tanto deprimente, agregándole
un valor dado por la iluminación sepia, que nos sirvió para reforzar nuestra
visión de las tomas. Se usó un fresnel con gelatina ámbar para lograr esas
texturas.




























3 3


SOBERBIA

Modelos: Berenice y Gabriel
Locación: CCH Vallejo
Fecha: J ulio 2003.

Como bien sabemos, una persona que peca de soberbia muestra arrogancia y
superioridad ante los demás; tales características fueron relevantes para esta
producción, ya que requerimos de dos actores, uno que expresara altivez y otro
que, en contraste, manifestara un carácter servil y humillado.

Es necesario aclarar que en nuestras tomas fotográficas la humillación de
un individuo por otro no se da por obtener una limosna (económicamente
hablando), sino que ésta sobreviene cuando el hombre, presa de deseo y lujuria,
suplica a ella sus favores; para él, ella siempre será inalcanzable sexual, social y
psicológicamente.

Recordemos que para un sujeto puede resultar placentero que otro le
castigue mediante un acto masoquista; de igual manera, quien presenta actitudes
de soberbia, gusta de tener a alguien que se humille ante sus deseos sexuales.

El aspecto erótico, por supuesto, no quedó de lado, pues estuvo implícito
en el actuar de la modelo y en los simbolismos utilizados, como el vestuario y
los accesorios. Por otro lado, la locación nos reflejó las diferencias sociales, que
deben ser claramente marcadas en este pecado.

En materia técnica, se rescata la idea de que contamos con una
iluminación natural, apoyada sólo por reflectores caseros. Las locaciones no
demandaron elementos de producción pues, a nuestro juicio, complementaron
perfectamente las exigencias requeridas.




4 4



PEREZA

Modelos: J uan Pablo y Daniel
Locación: Casa abandonada de la Viga
Fecha: Septiembre 2003

Con este pecado queremos reflejar, psicológicamente hablando, el desequilibrio
emocional al que todo ser humano está expuesto, y que pude derivar en una
inestabilidad que se hace manifiesta en una inseguridad ante todo lo que lo
rodea, provocando una regresión que, a su vez, demanda una sobreprotección
exhaustiva, que sólo puede otorgar el amor materno.

Tomando en cuenta lo anterior, los modelos adoptan posturas fetales,
remitiéndonos con esto al vientre materno, único “lugar” donde logran encontrar
paz, tranquilidad y el amor de que carecen.

Desear este refugio es consecuencia de una depresión profunda, que
solamente puede ser manifestada con la evasión de la realidad.

En nuestra producción se ven dos individuos de sexo masculino que se
encuentran juntos o de manera individual, relajados y un tanto olvidados de su
ser, distantes de la realidad.

La producción muestra, asimismo, un entorno descuidado y un abandono
por demás visible; los personajes, en tanto, se hallan en un mundo lejano, aislado
y oscuro, donde nadie puede perturbar esa falta de ganas de “querer hacer”, y esa
ausencia de movimientos físicos que la acción de un día cualquiera obliga a
realizar.

Expresar en una imagen los sentimientos abstractos que experimenta el
hombre es complicado; sin embargo, tratamos de congelar en una serie
fotográfica ese estado en que pereza y depresión se conjuntan, y del que todo ser
humano ha sido víctima al menos una vez en su vida.

5 5
Un segundo de apatía y dejadez puede convertirse en una eternidad si no
llegas a estar consciente de que la pereza puede atraparte y condenarte a un
limbo permanente.

Es necesario aclarar que, pese a estar dentro de nuestro juego erótico de
imágenes, el mostrar a dos hombres desnudos no significa que nuestro interés
haya sido reflejar la homosexualidad, y mucho menos establecer relación alguna
entre la pereza y los homosexuales.

Por lo contrario, el relajamiento de los músculos de los cuerpos
fotografiados que hemos querido plasmar, genera una desidia y falta de interés
sexual, es decir, la pereza es tan profunda, que en el momento en que eres presa
de ella ya no importa con qué o quién la compartas, y mucho menos en dónde.


En lo técnico, sólo hicimos uso de reflectores de unicel, ya que en esta
producción la locación fue parte importante para la iluminación y la luz de día
fue nuestra mayor herramienta.














6 6

ENVIDIA

Modelo: Yannis
Locación: Bosque de Tlalpan
Fecha: marzo de 2005

Tenemos claro que la envidia, vista desde diferentes contextos, es el deseo por el
bien ajeno. Visualmente, este pecado puede resultar abstracto o difícil de
descifrar; no obstante, consideramos que remitirnos a una vida ilusoria, por
medio de simbolismos, era la mejor forma de representarlo.

Fue así como tratamos de conseguir, para nuestra producción, una
combinación entre los hechos religiosos y la fantasía creada por el hombre en los
cuentos de hadas, mezcla que conlleva una moraleja real, al aludir a la
incontrolable envidia que siente una persona que, en decadencia emocional,
moral y física, desea insaciablemente la belleza y juventud de su antagonista.
Sabemos que cualquier adulto puede sentir envidia ante un cuerpo bien torneado,
y es justo así como simbolizamos este pecado.

Parte importante de esta producción es la manzana, considerando ésta
como el objeto y símbolo clave del pecado; por un lado, su significado envuelve
el objeto de crimen por medio del cual una segunda persona, no visible, es la que
desea tener la hermosura de su víctima y, por otro lado, es la tentación y el
deseo por lo prohibido de la manzana lo que incita a la modelo a pecar.

Cabe destacar que este sentimiento puede terminar en la ira; así, el deseo
de ver privado al otro de sus cualidades (en este caso, de su belleza), conduce a
sustraer por todos los medios lo envidiado, sin importar hasta dónde sea
necesario llegar, aun ocasionando el peor de los daños.

En lo que a producción se refiere, no se requirió más que la luz del día y
un par de rebotes; nuestra locación fue simple, a fin de tener líneas de fuerza
únicamente en la belleza de la modelo y de la manzana, considerando, desde
luego, las texturas que obtuvimos de la naturaleza muerta existente a su
alrededor. J ugando con cada uno de estos elementos, la producción se convirtió
en la escenografía ideal para mostrar simbólicamente un pecado.
7 7


LUJURIA

Modelos: Miguel, César y Yannis
Locación: Bosque de Tlalpan
Fecha: marzo de 2005

Este es el pecado que puede mostrar las pasiones carnales de manera más latente.
Es el desgarre de las almas, el hambre sexual compartida con la de otros
individuos; es el llenarte de deseo hasta perder los límites entre lo que puede ser
un juego erótico y una depravación, tal cual como aparece.

La idea para realizar esta producción fue remontar al espectador a una
imagen de purgatorio expuesta en la Divina comedia, tomando siempre en
cuenta que lo prohibido es lo que incita a cometer cualquiera de los pecados que
logre satisfacer el deseo que cada ser lleva dentro. Así, nuestra locación fue en
un bosque, valiéndonos de la naturaleza en su esplendor, para gozar de todas las
texturas visuales que ella puede ofrecernos.

Una explicación psicológica de la producción y del porque proyectarla de
este modo y en esta escenografía, es nuestro deseo por reflejar la lujuria como
uno de los pecados más primitivos del hombre y, al mismo tiempo, una
necesidad básica de sobrevivencia, llevada a su máximo extremo, al placer de
poder compartir el acto sexual con más de una persona.

Cabe mencionar que, al igual que en las demás producciones, se ha
querido conservar el estilo fotográfico con un sentido de erotismo fino, un
sentimiento de pasión que está latente en el mismo pecado, sin llegar a esa
imagen pornográfica y grotesca en que pudimos haber caído si no se hubiera
cuidado esa línea que divide lo bello de lo vulgar.

Socialmente, este hecho siempre ha sido reprimido por ideologías
morales, pues pocos ven correcto el que una persona devore sexualmente a otra
con el fin de lograr un placer. Por el contrario, el sexual siempre ha sido
catalogado como un acto necesario para concretar y poder continuar la
reproducción biológica.

8 8


Si bien la producción fue realizada con luz de día, se utilizaron reflectores
que dieran las tonalidades adecuadas a las exigencias del momento. La misma
incomodidad de las escenas nos ayuda a dar la idea de que el acto es
desagradable para algunos o candente para otros, pues cuando se cae en los
placeres sexuales, al grado que queremos mostrar, no importa en qué sitio se
procuren, lo importante es satisfacer la libido de cada individuo.
































9 9



IRA

Modelo: Andrea
Locación: Bodega Tenayuca
Fecha: marzo de 2004

Modelo: Eurídice
Locación: Departamento Sta. Ma. La Ribera
Fecha: octubre de 2004

Hay sentimientos y juegos de emociones que, al ser expresados en su máxima
intensidad, derivan en actitudes fatales de violencia, agresión física y moral,
sentimiento de impotencia o hasta en la misma flagelación.

Este pecado dio lugar a dos producciones; una muestra la ira como
reacción al ataque que ha sufrido tu espacio, a la privación de tu libertad y
agresión total a tu persona por parte de terceras personas. En el primer secuestro,
la víctima externa coraje e ira hacia su atacante, debido a una agresión física o
mental, psicológicamente hablando.

En la segunda producción, la agresión hacia la persona es provocada por
ella misma; es un reflejo de impotencia por haber sido abusada; aquí, es evidente
la violencia física que causa perturbación en la víctima, generando que ella se
provoque un daño mayor.

Cuando alguien es constantemente agredido por otros, pueden aflorar,
como reflejo, varios sentimientos, pero al final éstos siempre irán acompañados
de una ira indescriptible, que puede generar una represión absoluta del ser, por
no poder hacer nada contra los agresores, o bien una agresión impulsiva hacia
los demás y donde ya no importe absolutamente más nada que la defensa de tu
ser, sin medir las consecuencias que estas reacciones puedan ocasionar.

Aunque en la mayoría de los casos los individuos se ven cegados por la
ira, a veces se está consciente que tu agresión, en respuesta, puede desembocar
10 10
incluso en la misma muerte, aunque en ese momento la adrenalina que corre por
la sangre hace que ninguno de estos riesgos importe.

Con frecuencia, la ira es un pecado desatado por la sed de venganza que
nos haya despertado un hecho o una persona. En tal sentido, se puede decir que
hay una ira expuesta a los demás y otra, reprimida, que puede derivar en la
autoflagelación del ser, como una de sus consecuencias directas.

En una de las producciones se utilizó iluminación para un cuarto cerrado,
sólo se dieron efectos de reflejos diurnos y una buena disolvencia de sombras.
La otra sesión se llevó a cabo en un lugar cerrado, pero como era espacioso (una
bodega), sólo se tuvieron que dar ciertos reflejos con rondoflex.























11 11

AVARICIA

Modelos: J ahel, Rodolfo, J uan Carlos, J aredt, Gumaro
Locación: Departamento Condesa
Fecha: agosto de 2004


El pecado de la avaricia fue expresado mediante un collage de cuerpos
desnudos, en el que se maneja un hilo conductor conceptual que representa
imágenes del deseo, seducción y un ímpetu por satisfacer las ansias de los
personajes. Esto refleja hasta dónde es capaz de llegar un ser humano por saciar
el deseo desmesurado de tener en su poder más de lo necesario (hablando sólo
en términos sexuales).

Esta producción pudiera representar aun un mayor pecado, al ser la mujer
nuestro centro de atención, rodeada por cuatro hombres, destacando su deseo
carnal e insaciable, sin hacer visible el poder de la seducción entre ellos. Sin
embargo, es evidente el narcisismo de la mujer, que aquí se expresa en la idea de
que nadie es más importante que ella y, mucho menos, nadie merece obtener
mayor placer que ella, un ser que deja fluir su energía sexual con el sólo
propósito de obtener su propia satisfacción, sin importarle el placer de los
demás. Se observa un erotismo fino y delicado.

De igual forma, se manejó la idea de abundancia en una parte del cuerpo
humano, sin que ello nos remita a una imagen cien por ciento sexual, sino sólo
plasmando varios pies desnudos, que dan una sensación de engolosinamiento
con el cuerpo, el ser y alma de toda persona libre de prejuicios.

Para lograr los efectos requeridos por esta producción, se usó iluminación
cálida con gelatinas en colores rojizos y ámbar, a fin de crear un ambiente de
seducción y pasión desenfrenada (no reflejada en los modelos).

Para nosotros –cabe resaltar– lo más importante es el significado visual
que le dé el espectador a cada una de nuestras producciones, sin influir con
nuestra visión y análisis sobre el contexto sociocultural al que pueda remitir cada
imagen.
Gracias.
12 12