You are on page 1of 14

Conocer la problemática de ejercicio de la abogacía, Concepto, Origen.

Podría decirse que los abogados junto con los militares, han formado las élites
más representativas en el desarrollo del Estado Venezolano durante el siglo XX.
Aunque los profesionales del derecho también tuvieron un rol importante
durante el período colonial Venezolano, es interesante ver como su participación ha
cambiado en cada periodo.
Además de intervenir ampliamente en la política y en la conformación
permanente de las instituciones del Estado Venezolano, los abogados han
desempeñado un importante papel en el sector privado.
Esto último ha sido notable desde el inicio de abonanza petrolera que a finales
de la década de 1920 transformó definitivamente a Venezuela. Ello hizo que los
abogados se convirtieran en importantes integrantes del naciente sector empresarial y
marcó el surgimiento de una nueva clase que hemos llamado “los abogados de
negocios”.
El rol que el abogado cumple hoy en la sociedad merece ser reexaminado.
Pero no desde la perspectiva tradicional de su rol como defensor o asesor legal de su
cliente, sino con relación a lo que la sociedad puede esperar de él por su especial
formación en ámbitos de actuación no tradicionales.
Cada vez se hace más preciso, para dotar de contenido al sistema de libertades
y derechos proclamados por la Constitución, que la sociedad se encuentre mejor
informada y mejor defendida. Históricamente el papel de nuestra profesión se ha
justificado en cuanto garantes del Estado de derecho, como protectora de los derechos
de los ciudadanos frente al poder y como defensora de los intereses de esos mismos
ciudadanos, individualmente considerados, desde la independencia. En el siglo que
vivimos esta justificación tiene aún mayor trascendencia puesto que se ha
universalizado el acceso a la Justicia de los ciudadanos, y esta universalización lleva
consigo que los individuos, socialmente considerados, quieran y deban recibir un
asesoramiento jurídico acorde con la nueva realidad social, sin que por ello la
abogacía pierda, sino todo lo contrario, las notas definitorias del papel histórico que
ha venido desempeñando.
Sin embargo creo que los ciudadanos también están “afectados”, cuando la
Administración gasta dinero público apartándose del ordenamiento jurídico. ¿Qué
diferencia hay entre el deterioro ilegal del patrimonio urbanístico y el menoscabo
ilegal de los fondos públicos? Podría decirse que ninguna sustancial. Es verdad que a
los gobiernos no les interesa tener a los ciudadanos vigilándolos, en cuanto a los
gastos, de un modo efectivo y por ello es difícil que propicien la creación de remedios
jurídicos que terminen “entorpeciendo” su gestión.
Solo cuando el obrar administrativo es ostensiblemente ilegal y arbitrario y los
ciudadanos toman conocimiento de ello se considera que es necesario hacer algo.
Pero es en ese momento cuando se advierte que el ordenamiento jurídico no está
preparado para garantizar la “tutela judicial efectiva” necesaria, garantía esta que no
es sino una moderna denominación del derecho de defensa.
Es aquí donde la abogacía progresista tiene algo que decir. Para abrir una
brecha que permita vislumbrar un futuro con mayor participación ciudadana, los
abogados deben contribuir con un rol activo enderezado a promover una mayor
participación ciudadana en el control de la gestión de administración y gobierno. Son
ellos –por sus conocimientos- los que pueden identificar los supuestos que darían
lugar a que los ciudadanos con vocación cívica marquen un nuevo rumbo en el
cansino rol que hoy tiene la sociedad civil.
Generalmente se escucha que los abogados - y, en general, los juristas - están
sujetos al sistema político en el que desarrollan su quehacer profesional. Es ésta una
imputación derivada de la propia naturaleza de la función que proyectan sobre la
sociedad.

Tal reproche es justo sólo en la medida en que ese sometimiento o sujeción
hace referencia a la aplicación de la ley positiva, que por su propia naturaleza
proviene de quienes ejercen el poder político. En otras palabras, pero no
necesariamente al sistema político que engendra aquella.

Antes al contrario, el abogado, el jurista, suele conducirse con una plausible
en términos absolutos, el resultado apetecido.

El abogado no es, por definición, un historiador, que acomete su tarea
investigadora desde una óptica de lejanía y de distancia, que casi nunca se ve afectada
por la influyente inmediatividad del clima ideológico.
Tampoco es, por esencia, un científico, en cuyos análisis no tiene por qué estar
identificado con los parámetros definidores de una norma política o cultural
determinada.
Por contra, al abogado y al jurista es exigible un continuado ejercicio en la búsqueda
de las leyes óptimas, a través de una constante actividad críticamente constructiva,
aunque tenga la clara conciencia de que siempre ha de faltarle algo para lograr la
perfección.

De otro lado, el abogado ha de ser consciente de que su esfuerzo por la
consecución de un ordenamiento jurídico mejor y más justo exige la natural
adaptación a las demandas de la sociedad en cada etapa de su historia, que ahora
adquiere una magnitud increíblemente acelerada.

Por eso, el abogado tiene que huir siempre de toda actividad deformadora de
su personalidad, y en particular de la resignación, o, lo que es lo mismo, de aquellos
criterios que lo llevan al adocenamiento y al conformismo.

Y de ahí, también, el abogado está gravemente obligado, con la sensibilidad
que le confiere su papel protagonista en la natural evolución de la sociedad a la que
sirve, a dar un paso al frente cada día, con la insatisfacción de saber que ese
acontecer, que esa realidad en que el Derecho consiste, necesita de su actividad y de
su reflexión para hacerlo avanzar, avalado por un saber analítico y ordenador.
Señalar las dificultades que atraviesa la abogacía en nuestro país.
Sin duda alguna, durante los últimos años se ha notado, que el ejercicio de la
abogacía no se realiza de manera eficientemente en el campo personal y en claustros
universitarios, además que día a día se vive mucha corrupción por parte del algunos
profesionales del derecho, tanto es así que el análisis entre la oferta versus la
demanda de servicios profesionales de un Abogado ha incrementado muchísimo en
cuanto al mal uso de la profesión . Algún jurista señalaba que no forman Abogados
sino que hoy se “fabrican”. Esta situación en algunos casos trae como consecuencia
el desempleo y el subempleo de los mismos.
El rol social de los abogados puede mejorarse a través de la creación de
registros en los colegios de abogados para que en ellos se inscriban aquellos letrados
que deseen trabajar ad honorem en causas vinculadas con el interés público, o deseen
contribuir a que los ciudadanos con vocación cívica se asocien, o constituyan
organizaciones no gubernamentales, en procura de lograr objetivos de bien público.

Instrumentos que regulan El Ejercicio Del Abogado.
Los distintos instrumentos están tipificados en la ley de Abogados El
Congreso de la República De Venezuela:

TÍTULO II, Del Ejercicio de la Profesión de Abogado
Artículo 7.
Quien haya obtenido el título de Abogado de la República, de conformidad
con la Ley, deberá inscribirse en un Colegio de Abogados y en el Instituto de
Previsión Social del Abogado para dedicarse a la actividad profesional.
Artículo 8.
La solicitud de inscripción del título se formulará por escrito ante el Colegio
respectivo y se acompañará:
1. El título de Abogado de la República expedido de conformidad con la Ley
debidamente protocolizado, o el certificado de reválida si ha obtenido su título en el
extranjero.
2. Los derechos de registro correspondientes.
Cumplidos los requisitos anteriores, la Junta Directiva del Colegio señalará
uno de los cinco días siguientes para que el solicitante preste ante ella el juramento de
obedecer la Constitución y Leyes de la República y de cumplir las normas de ética
profesional y demás deberes que le impone la profesión de abogado. Llenadas estas
formalidades, la Junta Directiva del Colegio ordenará la anotación del título en el
libro denominado Libro de Inscripción de Títulos de Abogados, expedirá al
interesado constancia de la inscripción y lo participará al Director de la Federación de
Colegios de Abogados de Venezuela, al Ministerio de Justicia y a la Corte Suprema
de Justicia.

Artículo 9.
Si la solicitud fuese negada, o no se decidiere en el término de treinta días,
podrá apelarse dentro de los cinco días hábiles siguientes para ante el Directorio de la
Federación de Colegios de Abogados, el cual deberá decidir dentro de los treinta días
consecutivos siguientes. La falta de decisión del Directorio de la Federación podrá
recurrirse para ante la Corte Suprema de Justicia.
Artículo 10.
El Abogado inscrito en un Colegio de Abogados, puede ejercer legalmente en
todo el territorio de la República; cuando pase a ejercer habitualmente su profesión en
una entidad que territorialmente corresponda a otro Colegio, o cambiare de residencia
o domicilio en virtud de la función que desempeñe, deberá incorporarse en este
último dentro del término de treinta días. A la solicitud de incorporación deberá
acompañar la constancia de la inscripción en el anterior Colegio y la prueba de la
solvencia en el pago de las contribuciones con los organismos indicados en el artículo
70. Si la solicitud de incorporación fuere negada, podrá apelarse dentro de los cinco
días hábiles siguientes para ante el Directorio de la Federación de Colegios de
Abogados de Venezuela, caso en el cual se observará el procedimiento establecido en
el artículo anterior.


Artículo 11.
A los efectos de la presente Ley se entiende por actividad profesional del
abogado el desempeño de una función propia de la abogacía o de una labor atribuida
en razón de una Ley especial a un egresado universitario en Derecho, o aquellas
ocupaciones que exijan necesariamente conocimientos jurídicos.
Se entiende por ejercicio profesional la realización habitual de labores o la
prestación de servicios a título oneroso o gratuito, propios de la abogacía, sin que
medie nombramiento o designación oficial alguna.
Parágrafo Único:
Quedan sometidos a la presente Ley, y en consecuencia, sujetos a los mismos
derechos y obligaciones, los abogados que sean: Profesores en las Universidades del
país; Magistrados de la Corte Suprema de Justicia o Jueces de la República;
Secretarios de los Tribunales, Defensores; Fiscales del Ministerio Público;
Registradores; Notarios, Consultores o Asesores Jurídicos de personas individuales o
colectivas públicas o privadas y, en general, todo abogado que en ejercicio de una
función y en razón de sus conocimientos especiales en Derecho, preste a terceros,
pública o privadamente, el concurso de su asesoramiento.
Artículo 12 .
No podrán ejercer la abogacía los ministros de culto, los militares en servicio
activo ni los funcionarios públicos. Se exceptúan de esta inhabilitación los que
desempeñan cargos ad honorem y funciones judiciales accidentales; y los que sirvan
empleos académicos, asistenciales, electorales, docentes o edilicios, salvo que estos
últimos cargos exijan por la naturaleza de sus funciones o por las leyes o reglamentos
que las rijan, dedicación a tiempo completo.
Los abogados Senadores y Diputados, incorporados a las Cámaras, no podrán
ejercer la abogacía en asuntos judiciales contenciosos ni realizar gestiones
profesionales directas o indirectas ante la Administración Pública o ante empresas en
las cuales tenga participación mayoritaria el Estado Venezolano; tampoco podrán
intervenir profesionalmente como representantes de terceros, en contratos,
negociaciones o gestiones en las cuales sea parte la Nación, los Estados, los
Municipios, los Institutos Autónomos o empresas en las cuales dichos organismos
tengan participación.
Los abogados incorporados a las Asambleas Legislativas de los Estados o a
sus Comisiones Permanentes, no podrán ejercer la abogacía en su jurisdicción durante
las sesiones de dichos Cuerpos. Tampoco podrán ejercer, los abogados que presten
sus servicios profesionales a tiempo completo en organismos oficiales nacionales,
estadales o municipales o en institutos autónomos, salvo que actúen en representación
de tales entes.
Artículo 13.
Sin perjuicio de los que establezcan los tratados internacionales de los cuales
sea parte Venezuela, no se permitirá el ejercicio de la profesión a los abogados
extranjeros, originarios de países en los cuales no se permita el ejercicio de dicha
profesión u otra equivalente a los venezolanos.
Artículo 14.
En el mes de enero de cada año, el Ministerio de Justicia publicará en la
Gaceta Oficial, la lista que contenga en orden alfabético por apellido, los nombres de
los abogados cuyos títulos hayan sido inscritos hasta el 31 de diciembre del año
anterior, indicándose el Colegio en el cual quedó anotado el título y la fecha de
Inscripción. Lo dispuesto en este artículo no impide el ejercicio profesional a los
abogados que no aparezcan en la lista, siempre que comprueben que han cumplido los
requisitos de Ley al respecto.

Requisitos para el ejercicio del abogado en Venezuela.
Los siguientes requisitos están tipificados en la ley de Abogados el Congreso
de la República de Venezuela:
TÍTULO IV, Del Ejercicio Ilegal de la Profesión
Artículo 30.
Ejercen ilegalmente la profesión de abogado:
1. Quienes sin poseer el título respectivo se anuncien como abogados, se
atribuyan ese carácter, ostenten placas, insignias, emblemas o membretes de tal, o
quienes realicen los actos o gestiones reservados a los abogados en los artículos 8° y
6° de esta Ley, salvo las excepciones legales.
2. Quienes habiendo obtenido el Título de Abogado de la República, realicen
actos y gestiones profesionales sin haber cumplido los requisitos para ejercer
legítimamente la profesión o se encuentren impedidos de ejercerla conforme al
artículo 12.
3. Quienes habiendo sido sancionados con la suspensión del ejercicio
profesional ejerzan durante el tiempo de la suspensión.
4. Los abogados que presten su concurso profesional, encubran o amparen a
personas natural es o jurídicas u oficinas que realicen actos de ejercicio ilegal de
la profesión.
5. Quienes establezcan, representen o regenten oficinas, firmas o sociedades
destinadas a cobro, ya directamente o haciéndose habitualmente cesionarios,
endosatarios, acreedores o tenedores de la deuda, cualquiera que ella fuere.
También incurren en ejercicio ilegal de la profesión y serán sancionados con las
penas previstas para los responsables directos, los abogados que en alguna forma
patrocinen o encubran a las personas de que trata este artículo.
6. Los abogados que ejerzan su profesión contrariando las disposiciones de la
presente Ley y su Reglamento, de los reglamentos, acuerdos y demás resoluciones de
la Federación de Colegios de Abogados, de los Colegios o Delegaciones respectivas y
del Instituto de Previsión Social del Abogado.
7. Quienes ejerzan un cargo público para el cual se requiera el título de
abogado y no estén inscritos en un Colegio de Abogados, o incorporados al del lugar,
según el caso, o cuando no cumplan las obligaciones que les Impone esta Ley.

 Estudia. El derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos,
serás cada día un poco menos abogado.

 Piensa. El derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando.

 Trabaja. La abogacía es una dura fatiga pues está al servicio de la Justicia.

 Lucha. Tu deber es luchar por el Derecho, pero el día que encuentres en
conflicto el derecho con la justicia, lucha siempre por la justicia.

 Sé leal. Leal con tu cliente, al que no debes abandonar hasta que comprendas
que es indigno de ti. Leal para con el adversario, aun cuando él sea desleal
contigo. Leal para con el juez, que ignora los hechos y debe confiar en lo que
tú le dices; y que, en cuanto al derecho, alguna que otra vez, debe confiar en el
que tú le invocas. Intenta ser leal con todo el mundo y todo el mundo intentará
ser leal contigo.

 Tolera. Tolera la verdad ajena en la misma medida en que quieres que sea
tolerada la tuya.

 Ten paciencia. El tiempo se venga de las cosas que se hacen sin su
colaboración.

 Ten fe. Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia
humana; en la Justicia, como destino normal del Derecho; en la Paz, como
sustituto bondadoso de la Justicia; y sobre todo, ten fe en la Libertad, sin la
cual no hay Derecho, Justicia, ni Paz.

 Olvida. La abogacía es una lucha de pasiones. Si en cada batalla fueras
cargando tu alma de rencor, llegará un día en que la vida será imposible para
ti. Concluido el combate, olvida tan pronto tu victoria como tu derrota.

 Ama a tu profesión. Trata de considerar la abogacía de tal manera que el día
en que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti
proponerle que se haga abogado.






Universidad Fermín Toro
Vice Rectorado Académico
Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas
Escuela De Derecho.


El Abogado en Venezuela.
Integrantes:
Ferreira Isaura. CI: V-21 126 517.
Orellana Génesis. CI: V- 20 009 113.
Cátedra: Ética del Abogado.
Prof. Abog. Blanca Barrios.


Barquisimeto, Enero 2012.