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EL CORAZON MATERNO DE MARIA, MEMORIA DE LA IGLESIA MISIONERA
Juan Esquerda Bifet
Documentos y siglas
Introducción: El Corazón de María, memoria de la Iglesia
1. El Corazón de María en el corazón de la Iglesia
2. El camino del corazón en María y en la Iglesia
3. Escuchar la Palabra de Dios en el corazón como María
4. El proceso de meditar la palabra en el corazón como María
5. La Iglesia de la Palabra vivida desde el Corazón de María
6. El "Magníficat" en el corazón de María y de la Iglesia
7. San José en el Corazón de María
8. Juan Bautista en el Corazón de María
9. Los pastores de Belén en el Corazón de María
10. Los Magos de Oriente en el Corazón de María
11. Los discípulos de Jesús en el Corazón de María
12. El "discípulo amado" en el Corazón de María
13. La pasión y resurreción del Señor en el Corazón de María
14. La Eucaristía en el Corazón de María
15. El Corazón de María en el camino histórico de la Iglesia: las semillas
sembradas en el primer milenio
16. Corazón de María: el camino abierto en el segundo milenio.
17. La perspectiva contemplativa y misionera del tercer milenio. Resumen
histórico y perspectivas de futuro
18. Los hechos y el mensaje de Jesús en el Corazón materno de María y de la
Iglesia.
Conclusión: El eco del Evangelio en el Corazón de María y de la Iglesia
Orientación bibliográfica
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DOCUMENTOS Y SIGLAS
AA Apostolican Actuositatem (C. Vaticano II, sobre el apostolado de los
laicos).
AG Ad Gentes (C. Vaticano II, sobre la actividad misionera).
CEC Catechismus Ecclesiae Catholicae (Catecismo "universal", 1992).
CFL Christifideles Laici (Exhortación apostólica de Juan Pablo II, sobre
la vocación y misión de los laicos: 1988)
CT Catechesi Tradendae (Exhortación apostólica de Juan Pablo II: 1979).
DM Dives in Misericordia (Encíclica de Juan Pablo II, sobre la
misericordia: 1980).
DEV Dominum et Vivificantem (Encíclica de Juan Pablo II, sobre el Espíritu
Santo: 1986).
DV Dei Verbum (C. Vaticano II, sobre la revelación).
EA Ecclesia in Africa (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo
II, sobre la Iglesia en Africa: 1995).
EAm Ecclesia in America (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo
II, sobre la Iglesia en América: 1999).
EAs Ecclesia in Asia (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo II,
sobre la Iglesia en Asia: 1999).
EO Ecclesia in Oceania (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo
II, sobre la Iglesia en Oceanía: 2001).
EEu Ecclesia in Europa (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo
II: 2003).
EdE Ecclesia de Eucharistia (Encíclica de Juan Pablo II, sobre la
Eucaristía en relación con la Iglesia)
EN Evangelii Nuntiandi (Exhortación Apostólica de Pablo VI, sobre la
evangelización: 1975).
IM ncarnationis M!sterium (Bula de Juan Pablo II, sobre convocación del
gran jubileo del año dos mil, 1999).
LG Lumen Gentium (C. Vaticano II, sobre la Iglesia).
MC Marialis Cultus (Exhortación apostólica de Pablo VI, sobre el culto y
devoción mariana: 1974).
NMi Novo Millennio nneunte (Carta apostólica de Juan Pablo II, al
concluir el gran jubileo, 2001)
OT Optatam Totius (C. VAticano II, sobre la formación para el
sacerdocio).
PC "erfectae Caritatis (C. Vaticano II, sobre la vida religiosa).
PDV "astores Dabo Vobis (Exhortación Apostólica postsinodal de Juan Pablo
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II sobre la formación de los sacerdotes: 1992).
PO "resb!terorum Ordinis (C. Vaticano II, sobre los presbíteros).
RC #edemptoris Custos (Exhortación Apostólica de Juan Pablo II, sobre la
figura y la misión de San José: 1989).
RD #edemptionis Donum (Exhortación Apostólica de Juan Pablo II, sobre la
vida consagrada: 1984).
RH #edemptor $ominis (Primera encíclica de Juan Pablo II: 1979).
RM #edemptoris Mater (Encíclica de Juan Pablo II, sobre el Año Mariano:
1987).
RMi #edemptoris Missio (Encíclica de Juan Pablo II, sobre el mandato
misionero: 1990).
RVM #osarium Virginis Mariae (Carta Apostólica de Juan Pablo II, sobre el
Rosario, 2002).
SC %acrosantum Concilium (C. Vaticano II, sobre la liturgia).
SD %alvifici Doloris (Exhortación Apostólica de Juan Pablo II, sobre el
sufrimiento: 1984).
TMA Tertio Millennio Adveniente (Carta Apostólica de Juan Pablo II como
preparación del Jubileo del año 2000).
UR &nitatis #edintegratio (C. Vaticano II, sobre la unidad).
UUS &t &num %int (Encíclica de Juan Pablo II, sobre el empeño ecuménico:
1995).
VC Vita Consecrata (Exhortación Apostólica de Juan PabloII, sobre la vida
consagrada y su misión: 1996).
VS Veritatis %plendor (Encíclica de Juan Pablo II, sobre la doctrina
moral de la Iglesia: 1993).
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INTRODUCCIÓN: El Corazón de María, memoria de la Ile!ia
El Cora'(n de la Madre de )es*s es figura y memoria de la glesia, que
va unificando su propio corazón por un camino de fe, contemplación,
seguimiento evangélico, misterio pascual, comunión eclesial y misión. En
este sentido, "María está en el corazón de la Iglesia" (RMa 27), como
"Virgen hecha Iglesia" según la expresión de San Francisco de Asís. La
Iglesia vive los sentimientos de Cristo Esposo, imitando los sentimientos de
María. "En la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de él"
(MC 25).
Reflexionar sobre la interioridad o "Corazón" de María, equivale a
entrar en sintonía con el "Corazón" de Cristo. "La Iglesia, reflexionando
piadosamente sobre ella y contemplándola en la luz del Verbo hecho hombre,
llena de veneración entra más profundamente en el sumo misterio de la
Encarnación y se asemeja más y más a su Esposo. Porque María... atrae a los
creyentes hacia su Hijo y su sacrificio hacia el amor del Padre" (LG 65). El
corazón de la Iglesia imita el "Corazón puro e inmaculado de María, que ve y
desea al Dios todo santo" (San Juan Damasceno, Orat. in Nativ. B.V. Mariae
I,9: PG 96, 676C).
Cuando Jesús oró por la unidad, pidió al Padre un corazón unificado
para "los suyos", como participación en la comunión de Dios Amor: "Como tú,
Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el
mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21). Aquellas palabras también
encontraron eco en el Cora'(n de su Madre, allí presente como en Caná,
porque "el Corazón de María es el lugar de cita entre la humanidad y la
divinidad" (M. Laura Montoya).
El Corazón de María debe ser el corazón de la Iglesia del tercer
milenio. Dentro de este corazón materno y unificado, el de María y de la
Iglesia, encuentran su propio hogar los pobres, los más pequeños y
necesitados... "Corazón" de María y de la Iglesia significa su amor, su
misericordia, su ternura, su gozo y su dolor, siempre solidario con la
humanidad entera redimida por Cristo. "El Corazón de María es el trono en
donde se dispensan todas las gracias y misericordias" (San Antonio María
Claret, EE, p.500s).
El corazón de la Madre de Jesús es la memoria de la fe de la glesia.
Cada creyente en Cristo y toda la comunidad eclesial, encuentran en la
Virgen María la "memoria" de la fe. En efecto, ella guardaba y "contemplaba
en su corazón" el mensaje y las palabras de Jesús (Lc 2,19.51). Como Isabel,
la Iglesia de todos los tiempos encuentra en ese corazón el modelo y la
memoria de la fe: "Bienaventurada tú que has que creído" (Lc 1,45). "La
Iglesia venera en Maria la realización más pura de la fe" (CEC 149). Por
haber creido que se cumplirían las palabras del Señor (cfr. Lc,45), María es
"Madre de la esperanza".
La Santísima Virgen "vive y realiza la propia libertad entregándose a
Dios y acogiendo en sí el don de Dios... Con el don de sí misma, María entra
plenamente en el designio de Dios, que se entrega al mundo" (VS 120). El
corazón de la Madre de Jesús aparece unificado por la palabra recibida en el
silencio de una escucha humilde, como quien sabe sorprenderse y admirar: "Se
preguntaba qué significaba aquel saludo" (Lc 1,29; cfr. 1,33). De este modo,
"acogiendo y meditando en su corazón acontecimientos que no siempre puede
comprender, se convierte en el modelo de todos aquellos que escuchan la
palabra de Dios y la cumplen (cfr. Lc 11, 28)" (VS 120).
Los santos aprendieron a unificar su corazón, entrando en los
sentimientos del corazón de la Madre de Jesús. "El corazón de la Santísima
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Virgen María es la fuente de la que Cristo tomó la sangre con que nos
redimió" (Santo Cura de Ars). "El Corazón de María no sólo fue miembro vivo
de Jesucristo por la fe y la caridad, sino también origen y manantial de
donde tomó la humanidad" (San Antonio María Claret, EE, p.500s).
Al entrar en sintonía con sus sentimientos virginales, como Hija
predilecta del Padre, Madre del Hijo y templo del Espíritu Santo, la Iglesia
experimenta mejor su dinamismo trinitario: "En el Espíritu Santo, por
Cristo, al Padre" (Ef 1,18). "El Corazón de María fue templo del Espíritu
Santo" (San Antonio María Claret, EE, p.500s).
María recibió con un "sí" al Verbo encarnado también en su corazón. El
creyente, como José esposo de María, es invitado a orientar el corazón hacia
Cristo, sin anteponer nada a él: "Toma al niño y a su Madre" (Mt 2,13). La
orientación del corazón hacia Dios Amor ya tiene una pauta certera: el
corazón de la Madre de Jesús. "A partir del «fiat» de la humilde esclava del
Señor, la humanidad entera comienza su retorno a Dios" (MC 28).
El corazón de la Madre de Jesús es la memoria contemplativa de la
glesia. En el corazón de la Madre de Jesús encontraron acogida las palabras
del Señor: las palabras del ángel (Lc 1,29), el mensaje de Belén (Lc 2,19),
la profecía de Simeón (Lc 2,33), las palabras de Jesús niño (Lc 2,51)...
Todo lo "contemplaba en su corazón" (Lc 2,19.51).
En ese mismo corazón resonaron las palabras de Jesús moribundo: el
perdón (Lc 23,34), la promesa de salvación (Lc 23,43), la sed (Jn 19,28), el
abandono (Mt 27,46), la confianza total (Lc 23,46)... Su "nueva maternidad
según el Espíritu" (RMa 21), proclamada por Jesús (Jn 19,26), convertía su
corazón materno en la memoria contemplativa de la Iglesia: "He aquí a tu
Madre" (Jn 19,27).
La actitud típicamente eclesial es también especifícamente mariana:
escuchar la palabra de Dios en el corazón, ponerla en práctica y anunciarla
(cfr. Lc 11,28). Es como recibir el Verbo bajo la acción del Espíritu Santo,
para transmitirlo al mundo. Por esto, María y la Iglesia son una virgen que
se hace madre por ser una virgen creyente, orante, oferente (cfr. MC 17-20).
Toda la persona de María, subrayando su amor, queda simbolizada por su
corazón, que recibe el proyecto de Dios, tal como es, para ponerlo en
práctica.
El "Magníficat" mariano se hace oración contemplativa de la Iglesia,
donde "se vislumbra la experiencia personal de María, el éxtasis de su
corazón" (RMa 36). De este modo, el Magníficat sigue siendo, también por
medio de la Iglesia, "la oración por excelencia de María, el canto de los
tiempos mesiánicos, en el que confluyen la exaltación del antiguo y del
nuevo Israel" (MC 18). "San Ambrosio, hablando a los fieles, hacía votos
para que en cada uno de ellos estuviese el alma de María para glorificar a
Dios: «Que el alma de María esté en cada uno para alabar al Señor; que su
espíritu esté en cada uno para que se alegre en Dios»" (MC 21; cita a San
Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, II, 26: CSEL 32, IV, 15,16).
Los santos han encontrado en el corazón de la Madre de Jesús la
memoria de la vida de fe y de contemplación, para asociarse a Cristo.
"Libre, vacío de todas las cosas de la tierra y verdaderamente pobre estaba
el corazón de la Virgen para darse desembarazada al que de verdad lo merece
poseer" (San Juan de Avila, sermón 71). Por esto, "quien cavare más en el
corazón de la Virgen, hallará en lo más dentro de él una mar abundantísimo
de gracia y amor" (ídem, sermón 69).
El corazón de la Madre de Jesús es la memoria del seguimiento
evang+lico de la glesia. El corazón de la Madre de Jesús iba guardando las
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palabras del Señor, para transformarlas en gestos de fidelidad concreta,
invitando a la comunidad eclesial a ser fiel a la nueva Alianza simbolizada
por las bodas de Caná: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5; cfr. Ex 24,7). El
seguimiento evangélico recupera entonces el sentido esponsal de correr la
suerte o "beber el cáliz" de Cristo Esposo (Mc 10,38). María había sido la
primera en decir el "sí" (Lc 1,38) y en aceptar la misma "espada" o suerte
del Señor (Lc 2,35).
Los santos más marianos la vivieron así: "Guardad, verted en el seno y
Corazón de María todos vuestros tesoros, todas vuestras gracias y virtudes"
(San Luís Mª Grignon de Montfort). "Es María, es el Corazón de María, la que
más caridad tiene... Es todo caridad... María es el corazón de la Iglesia...
El Corazón de María ha sido el órgano de todas las virtudes en grado
heroico, y singularmente de la caridad para con Dios y para con los hombres"
(San Antonio Mª Claret, EE, p.500s).
El amor esponsal a Cristo se vive con y como María. "Mi corazón
ardiente te lo doy por entero... haz con él lo que quieras, escóndelo en el
Corazón purísimo de tu Madre y ella lo hermoseará... Mi Señor, te amo con el
Corazón de tu Madre" (M. María Inés-Teresa Arias).
En María toda vocación cristiana encuentra el modelo de una respuesta
fiel y generosa: "En íntima unión con Cristo, María, la Virgen Madre, ha
sido la criatura que más ha vivido la plena verdad de la vocación, porque
nadie como ella ha respondido con un amor tan grande al amor inmenso de
Dios" (PDV 35). Es también ella la ayuda materna en todo el proceso
vocacional, porque "sigue vigilando el desarrollo de las vocaciones" (PDV
82) y estimulando a "buscar a Jesús, seguirlo y permanecer en él" (PDV 34).
El corazón de la Madre de Jesús es la memoria pascual de la glesia.
Allí la Iglesia encuentra no sólo la memoria de la fe, de la contemplación y
del seguimiento evangélico, sino también la memoria del misterio pascual. En
aquel corazón, que es el corazón de la Iglesia, resonaron las palabras de
Jesús crucificado y resucitado. Ella las "contempló en su corazón", según su
actitud habitual (Lc 2,19.51), y las cotejó con las promesas de Jesús sobre
su resurreción.
Con las palabras de Jesús, también entraron en su corazón los gestos
redentores de su Hijo. Por esto, "guiada por el Espíritu, se consagró toda
al ministerio de la redención de los hombres" (PO 18), "sufriendo
profundamente con su Unigénito y asociándose con entrañas de madre a su
sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que
ella misma había engendrado" (LG 58).
María es como el corazón pascual de la Iglesia. Las palabras de Jesús,
"he aquí a tu Madre" (Jn 19,27), señalan a quien es Madre, modelo y guía
para asociarse al misterio pascual de Cristo. Ella "cooperó a la
restauración de la vida sobrenatural de las almas" (LG 61) y sigue
cooperando "con amor materno" (LG 63), como figura del "amor materno" que
debe tener todo apóstol (cfr. LG 65). La fecundidad materna "las penas
indecibles del Corazón de María, la única que leía y comprendía los
padecimientos internos de su Hijo divinísimo" (Concepción Cabrera de
Armida). Por esto, "la Iglesia aprende de María la propia maternidad y
reconoce la propia dimensión materna de su vocación" (RMa 43).
El misterio pascual de Jesús, como sus palabras, sólo se comprende
meditándolo, como María, en lo más hondo del corazón. Pero si el corazón
está disperso y enredado en otras preferencias, "la semilla de la palabra"
queda infecunda por no encontrar "un corazón bueno" (Lc 8,11.15).
El corazón de la Madre de Jesús e la memoria de la glesia comuni(n !
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misi(n. La Iglesia se va construyendo como comunidad misionera, viviendo la
fraternidad y la misión "con María la Madre de Jesús" (Hech 1,14). En el
corazón de María aprende a construir la comunión de hermanos y a realizar la
misión recibida de Jesús.
María es el corazón misionero de la Iglesia, por su presencia activa y
materna. Hay comunión de hermanos, cuando el corazón se unifica meditando la
palabra de Dios como María. Hay misión evangelizadora, cuando la comunidad
se decide a ser madre como María, anunciando y dando testimonio de Jesús al
mundo.
La "llena de gracia" es, como fruto excelso de la redención, la Madre
de misericordia, figura de la Iglesia en su ministerio de misericordia.
"María comparte nuestra condición humana, pero con total transparencia a la
gracia de Dios. No habiendo conocido el pecado, está en condiciones de
compadecerse de toda debilidad. Comprende al hombre pecador y lo ama con
amor de Madre" (VS 120).
Ha habido apóstoles, como el santo Cura de Ars, que en su labor
apostólica han vivido espontáneamente y comunicado a los demás una honda
relación con el corazón de la Madre de Jesús: "El corazón de María es tan
tierno para nosotros, que los de todas las madres reunidas, no son más que
un pedazo de hielo al lado suyo... El corazón de la Santísima Virgen es la
fuente de la que Jesús tomó la sangre con que nos rescató"...
Por el corazón de María, como figura de la Iglesia, se nos manifiesta
el amor misericordioso de Cristo. En María encontramos "el tacto singular de
su corazón materno, su sensibilidad peculiar, su especial aptitud para
llegar a todos aquellos que aceptan más fácilmente el amor misericordioso de
parte de una madre" (DM 9). De ella se aprende "una especial ternura
materna" (VC 28). Así lo experimentaron las personas más sensibles al tema
mariano: "Éste es el sagrado asilo de mi refugio... el Inmaculado Corazón de
María está unido al de Jesús; y, por consiguiente, morando en este sagrado
santuario, estamos en el mismo centro del dulcísimo Corazón de nuestro
dueño" (M. Esperanza de Jesús González).
La Iglesia aprende de María la actitud virginal de un corazón que
escucha la palabra y se asocia esponsalmente a Cristo, para hacerlo presente
en la comunión eclesial y en el mundo. Con este corazón virginal, esponsal y
materno, ya se puede experimentar, cantar y proclamar que en Jesús se
actualiza "la misericordia divina de generación en generación", como "luz
para iluminar a todos los pueblos" (cfr. Lc 1,50; 2, 32).
"Oh Signore, Dio nostro, che nel Cuore mmacolato di Maria hai posto la
dimora del Verbo e il tempio dello %pirito %anto, per sua intercessione
concede anche a noi, tuoi fedeli, di essere tempio vivo della tua gloria"
(Preghiera Coletta, Messa del Cuore Immacolato della beata Vergine Maria,
Messale Mariano, n.28).
Un santuario, como el de Santa María la Mayor y tantos otros
esparcidos por toda la geografía eclesial, se convierte en ,memoria mariana,
cuando la comunidad de los creyentes acude para escuchar al Palabra,
celebrar la Eucaristía, orar, recibir el Espíritu Santo, compartir los
bienes, practicar la carida y decidirse a anunciar a Cristo a todos los
pueblos "con audacia" (cfr. Hech 2,42; 4,31-33). Entonces el santuario es el
"corazón mariano" de la Iglesia. "Da questo cuore mariano di #oma, prego per
quanti vivono nella nostra Città. Prego per tutti" Giovanni Paolo II, 8
dicembre 1997, in visita a Santa Maria Maggiore (Insegnamenti XX/2, 1997,
968-969).
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1. EL CORAZON DE MARIA EN EL CORAZON DE LA IGLESIA
Hay algunos momentos clave de la vida de María, en los que se hacen
evidentes los sentimientos de su cora'(n. Es como si los acontecimientos
evangélicos y las palabras del Señor encontraran en ella una resonancia
peculiar. Bastaría con recordar dos momentos especiales, a distancia de
donde años uno del otro:
(En Belén): "María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las
meditaba en su corazón" (Lc 2,19).
(A los doce años): "Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a
ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su
corazón" (Lc 2,51).
Estos sentimientos del corazón de María afloran también en otras
ocasiones, aunque el texto evangélico no use la palabra "corazón": (Ante el
anuncio del ángel): "Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué
significaría aquel saludo" (Lc 1,29). (En la visitación): "Engrandece mi
alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador" (Lc 1.46-47). (En
la presentación del niño en el templo): "Su padre y su madre estaban
admirados de lo que se decía de él" (Lc 2,33). (En la perdida del niño en el
templo): "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo,
angustiados, te andábamos buscando" (Lc 2,48)...
Al leer hoy estos textos, la Iglesia queda cuestionada, como si le
recordaran una figura bíblica (María), con la que debe identificarse
continuamente. En efecto, cuando Jesús califica con términos familiares a su
"comunidad familiar" (su "Iglesia"), que le seguía fielmente, afirma: "Mi
madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen"
(Lc 8,21).
Esta actitud de "escucha" comprometida, por parte de su Madre y por
parte de la comunidad "eclesial" (familiar) de los seguidores de Cristo,
equivale al "corazón bueno y óptimo, que escucha la palabra y la pone en
práctica" (Lc 8,15). Es la parábola del sembrador, que usa el símil de la
"semilla" como equivalente a "la palabra de Dios" (Lc 8,11).
La actitud interior de María, desde lo más hondo de su corazón, es
oblativa, oferente, en unión con la actitud interior de Jesús: "Llevaron a
Jesús a Jerusalén para presentarlo (ofrecerlo en sacrificio) al Señor" (Lc
2,22). El "sí" de María (Lc 1,38) había sido dado en relación con la obra
salvífica de Dios, puesto que se le había dicho: "para Dios no hay nada
imposible" (Lc 1,37).
Pero la "obra de Dios" consistía en llevar a plenitud y complimiento
la Alianza, como actitud de fe respecto a los nuevos planes salvíficos de
Dios en Cristo: "La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado" (Jn
6,29). Dios quería el "sí" de su pueblo elegido: "Todo cuanto dice Yahvé lo
cumpliremos y obedeceremos" (Ex 24,7).
María estaba habituada a decir este "sí": "Hágase en mí según tu
palabra" (Lc 1,38). Es la misma postura que aflorará en las bodas de Caná,
como texto paralelo de su "fiat" y del "sí a la Alianza: "Haced lo que él os
diga" (Jn 2,5).
La Iglesia, para recibir la Palabra y transmitirla al mundo, sigue la
misma ruta de decir que "sí" a la Alianza. Bajo la guía de María, como
figura o icono de su maternidad, se hce madre (instrumento de vida nueva),
en la medida en que se fiel como María, dejando entrar la Palabra hasta lo
más hondo del propio corazón. En este contexto se comprende mejor cómo María
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"está en el corazón de la Iglesia" (RMa 27).
El Corazón de María es "memoria" para la Iglesia, porque la Iglesia va
a inspirarse en su corazón para acertar en el modo de meditar y practicar el
evangelio. En el Corazón de María la Iglesia encuentra en eco o resonancia
del evangelio "rumiado" y vivido, transformado en un "sí".
La expresión que han usado algunos santos, como San Luís María Grignon
de Montfort ("préstame tu corazón"), equivale a este deseo milenario de la
Iglesia, de recibir a María "en comunión de vida" (RMa 45), para aprender de
ella a escuchar la Palabra y a recibir el "pan de vida", hasta el fondo del
corazón, transformado en un "sí" de apertura generosa y total.
La invitación repetida continuamente en la carta apostólica "Rosarium
Mariae Virginis" (cfr. nn.2, 12), de entrar en sintonía con los sentimientos
o Corazón de Cristo, por medio del Corazón de María, es una aplicación
concreta de la invitación de San Pablo: "Tened los sentimientos de Cristo
Jesús" (Fil 2,5). Pablo vive de Cristo (cfr. Fil 1,21; Gal 2,20), para
"formar a Cristo" en los creyentes (Gal 4,19). Es la actitud "materna" del
apóstol, en el contexto de la Iglesia "madre" (Gal 4,26), a imitación de
María, "la mujer", de quien nace Cristo para que nosotros recibamos "la
adopción de hijos por el Espíritu Santo" (Gal 4,4-7).
Así es el camino de la "comunnión vital con Jesús, a través del
Corazón de María" (RVM 2). De este modo, entramos en sintonía con "los
misterios del Señor, a través del Corazón de aquella que estuvo más cerca
del Señor" (RVM 12). Ella "meditaba todas estas cosas en su corazón, puesto
que era como el vaso y receptáculo de todos los misterios" (Ps. Gregorio
Taumaturgo, Homil. 2 In Annunt.: PG 10, 1169C; Omelia II sull'Annunciazione:
"La santissima Madre di Dio conservava tutte queste parole medirandole nel
suo cuore come fosse vaso e ricettacolo di ogni mistero").
Ir al Corazón de María para encontrar el eco o resonancia del
evangelio, equivale a "buscar en su Corazón el fruto de su vientre" (RVM
24). Así se entra en sintonía con los sentimientos de Cristo, para
"permanencer en su amor" (Jn 15,9), siguiendo la invitación de María: "Haced
lo que él os diga" (Jn 2,5). Seguimos la pauta de María, quien "vive mirando
a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras" (RVM 11).
En su rostro y en su corazón, encontramos un signo muy cercano de la
misericordia de Dios: "En el corazón de esta Madre no hay más que amor y
misericordia. Su único deseo es vernos felices. Sólo hemos de volvernos
hacia ella para ser atendidos... El hijo que más lágrimas ha costado a su
madre, es el más querido de su corazón" (Santo Cura de Ars). María es "el
gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y
de Cristo, con quienes ella nos invita a entrar en comunión" (Puebla 282).
La oración mariana del final de "Ecclesia in Europa" resume esta
actitud contemplativa de la Iglesia: "María se nos presenta como figura de
la Iglesia que, alentada por la esperanza, reconoce la acción salvadora y
misericordiosa de Dios, a cuya luz comprende el propio camino y toda la
historia. Ella nos ayuda a interpretar también hoy nuestras vicisitudes bajo
la guía de su Hijo Jesús. Criatura nueva plasmada por el Espíritu Santo,
María hace crecer en nosotros la virtud de la esperanza... María, Madre de
la esperanza, ¡camina con nosotros! Enséñanos a proclamar al Dios vivo;
ayúdanos a dar testimonio de Jesús, el único Salvador" (EEu 125).
Un autor oriental, Teófano Grapto (Nicea, muerto hacia el año 845),
oraba así: "Oh Señora, que tienes un Corazón compasivo y grande ternura,
cura nuestros males y heridas, para que te glorifiquemos como conviene".
"O Signora, che hai cuore compassionevole e grande tenere''a, cura i mali,
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le ferite... afinché ti glorifichiamo come si conviene" (Teofane Grapto,
Canone Paracletico alla Madre di Dio: Parakletikè, ode IX).
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2. EL CAMINO DEL CORAZON EN MARIA Y EN LA IGLESIA
Cuando se dice en el evangelio que María "meditaba en su corazón" (Lc
2,19.51), se quiere indicar su actitud interior, amasada de pensamietos,
motivaciones y actitudes hondas. Es toda su persona simbolizada por el
"corazón". Para expresar esta apertura total a la Palabra de Dios, ella ha
seguido un camino guiada por el Espíritu Santo o por la acción de la gracia
divina. "Guardaba sus palabras en su corazón, no como las de un niño de doce
años, sino como las de aquél que fue concebido por obra del Espíritu Santo,
al que veía crecer en sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres"
(Orígenes, In Luc. homil., 20,6; PG 13, 1853: "non quasi pueri, qui duocedim
esset annorum, sed eius qui de Spiritu Sancto conceptus fuerat, quem videbat
proficere sapientia et gratia apun Deum et homines"; "Conservava nel so
Cuore le parole di lui, non come le parole di un fanciullo di dodici anni,
ma come le parole di colui che era stato concepito da Spirito Santo, di
colui che ella vedeva progredire in sapienza e in gratia agli occhi di Dio e
degli uomini").
Comentando estos pasajes neotestamentarios de Lc 2,19.51, afirma Juan
Pablo II: "María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus
palabras" (RVM 11). Es como el resumen de su "actitud interior" (EdE 53).
San Ambrosio comenta Cant 8,6 ("pone me ut signaculum super cor tuum") y lo
aplica a la Santísima Virgen con estas palabras: "tamquam signaculum ponitur
in medio eius Dominus Iesus" (S. Ambrosio, De Isaac et anima VI, 53: PL
14,547-548).
"Maria conservava ogni parola dentro il suo cuore per evitare che dal suo
cuore nessuna ne colasse fuori" (Commento al Salmo 118, 4,17: PL 15,1247).
El "corazón" de que haban los textos bíblicos ("kardía" en griego,
"leb" en hebreo) simboliza toda la interioridad humana. Es aquel "lugar" más
pronfundo del ser humano, donde Dios se manifiesta, dejando "inquieto" el
corazón, hasta que se abra totalmente a sus designios divinos.
María acogía los acontecimientos y las palabras de Jesús, dejándolos
entrar sin condicionamientos en el corazón, allí donde Dios ya está
presente, aunque escondido y siempre sorprendente.
El "corazón" es como la fuente y la sede de la función intelectual,
emotiva y afectiva, donde se toman las decisiones más vitales. La saede de
la sabiduría se encuentra en un corazón que se abre continuamente a la
verdad, a la belleza y al amor.
La verdadera experiencia espiritual aflora en un corazón que tiene
"sed" de Dios, "como tierra reseca, agotada, y sin agua" (Sal 62,2). Se
busca a Dios, pero movidos por el mismo Dios, quien ha tomado la iniciativa
en esta búsqueda. En la revelación propiamente dicha, es Dios quien busca al
hombre y suscita en él el deseo de encuentro personal. El Corazón de María
refleja esta ansia interior, que quiere recibir al "Dios vivo", tal como es:
"Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios
mío, tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de
Dios?" (Sal 41,2). "Te busco de todo corazón" (Sal 118,10).
Comentando el salmo 72, el Ps.Ildefonso lo aplica a Maria: "Tú eres el
Dios de mi corazón" (sermo 1, De Assumptione: PL 96, 244), y añade: "Tú eres
el Dios de mi corazón" (sermo 1, De Assumptione), y añade: "Mi corazón y mi
carne exultan primero en mi Dios vivo, cuando le di a luz según la carne...
pero ahora él es mi Rey y mi Dios, en quien he creído por la fe y he deseado
con el corazón" (Ps.Ildefonso, ibídem, 245).
En el Corazón de María, esta apertura suponía el sufrimiento de no
poder entender el misterio, porque Dios es siempre más allá de nuestro
12
entender y ver. En nuestro corazón, el sufrimiento se origina también por el
proceso de "compunción" y "conversión". Tanto en María como en nosotros, es
siempre el dolor pacificador y "gozoso" de querer encontrar al "Dios vivo",
aceptando su sorpresa.
El Corazón de María estaba formado en la escucha de la ley, de las
enseñanzas proféticas y de los salmos. Es Dios mismo quien busca el amor del
corazón humano, porque lo ha creado a imagen suya: "Escucha, Israel...
amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda
tu mente" (Deut 6,4-5; Mt 22,37). El hombre, consciente de su propia
debilidad (y, en nuestro caso, también del pecado), pide a Dios la fuerza
para abrirse al amor: "Te gusta un corazón sincero y en mi interior me
inculcas sabiduría... Crea en mí un corazón puro" (Sal 50,8.12)).
Dios ya ha impreso en el corazón del hombre la necesidad de realizarse
amando: "Escribiré mi ley en su corazón" (Jer 31,33). Pero el hombre tiende
a cerrase en sí mismo. Entonces Dios manifiesta más fuertemente que él es
siembre fiel al amor, dispuesto a transformar el corazón hacia un apertura
total: "Os daré un corazón nuevo y pondré en vosotros un espíritu nuevo; os
arrancaré ese corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Ez 36,26).
Dios "escruta los corazones" (Jer 17,10), pero es siempre para
rehacerlos desde la raíz. Su pedagogía consiste en hacer experimentar el
"silencio", para suscitar de nuevo la sede de amor respondiendo al amor de
Dios: "La atraeré y la llevaré al desierto y le hablaré al corazón" (Os
2,16).
En el Corazón de María, esta acción divina de su palabra salvífica
encontró "un corazón bueno" (Lc 8,15). La semilla del sembrador es "la
Palabra de Dios" (Lc 8,11). Jesús, "la Palabra hecha carne" (Jn 1,14),
encontró en María un corazón dispuesto, sin obstáculos y sin amaños.
Comparando la fe de María con la poca fe de Zacarías, dice San Agustín:
"Similis vox, dissimile cor... cor autem dissimile angelo pronuntiante
noscamus" (S. Agustín, Sermo 291, 5: PL 38, 1318). "Para que conozcamos que
sus palabras eran semejantes... pero el corazón era muy diferente" (S.
Agustín, Sermo 291, 5: PL 38, 1318).
Junto al Corazón de María, durante nueva meses, se había formado el
Corazón de Jesús, "manso y humilde" (Mt 11,28). La acción del Espíritu Santo
en María (cfr. Lc 1,35) hizo que ella recibiera al Verbo (Palabra personal
de Dios) en su corazón y en su cuerpo virginal con plena autenticidad.
La Iglesia mira a María para seguir el mismo camino de un corazón que
se abre totalmente al amor, para entrar en sintonía con "los sentimientos de
Cristo" (Fil 2,5). La Palabra de Dios Amor reclama la verdad de la donación:
"Permaneced en mi amor" (Jn 15,9).
El camino del corazón sigue la pauta de las "bieanventuranzas":
"Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt
5,8). El Corazón de María "contemplaba", es decir, veía y miraba a Cristo,
de corazón a corazón. Por esto, en toda circunstancia, hacia de su vida un
"amén", una donación total. Ella "no llevaba ídolos grabados en su corazón"
(Teodoro de Ancira, Sermo in Amnunt., 11; PO, 19.329: Omelia sulla Madre di
Dio, 11: "non impresse nel cuore idoli falsi"; "non erroris simulacra cordi
insculpserit"), sino que "su corazón estaba vuelto hacia Dios" (idem, PO
19,330; Omelia sulla Madre di Dio, 11: "divinamente saggia nell'animo, unita
a Dio nel cuore").
En este camino del corazón, Cristo es el modelo de "corazón manso y
humilde" (Mt 11,28). María es la figura y prototipo de una Iglesia que
quiere recibir el misterio de Cristo hasta el fondo del corazón, es decir,
13
en el modo de pensar, sentir, valorar, amar y actuar, para reaccionar
siempre amando dy perdonando. Ella fue siempre "tota mundissima, a cuius
corde et opere longe fuit omnis peccati labe" (Ps.Ildefonso, De corona
Virginis, 10: PL 96, 298). "toda purísima, porque de su corazón y de sus
obras estuvo siempre lejos la mancha del pecado" (Ps.Ildefonso, De corona
Virginis, 10: PL 96, 298).
El "corazón inquieto" del hombre (según la expresión agustiniana)
encuentra sentido a la vida, sólo cuando aprender a escuchar la voz de Dios,
"dentro", "más íntimamente presente que nosotros mismos". En el corazón del
hombre, durante su peregrinación terrena, siempre queda un atisbo de
búsqueda de verdad y de bien. María es Madre, Maestra, guía y modelo en este
camino del corazón, que se abre totalmente al misterio de Cristo.
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3. ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS EN EL CORAZÓN COMO MARIA
Cuando María "meditaba en el corazón" (Lc 2,19), ella ejercitaba una
actitud interna profundamente vital. "Meditar" (sym-ballousa) era para ella
acoger el mensaje y los acontecimientos, como quien los inserta en su
corazón para confrontarlos unos con otros y así poder responder a Dios con
mayor coherencia y generosidad. Ella había aprendido a armonizar palabras y
acontecimientos:
"Maria... conservabat omnia Domini Salvatoris in corde suo vel dicta vel
gesta" (S. Ambrosio, In Psal. 118,12,1: PL 15, 1361A; "Maria nel suo cuore
custodiva tutto, parole e azioni, del Signore Salvatore").
"Si meravigliava delle cose che si dicevano (cfr. Lc 3,33); tuttavia,
conservava anche queste cose, insieme con le precedenti nel suo cuore (Lc
2,19)"."Sane merito sermones mirabatur; consevabat vero etiam ista cum
prioribus in corde suo" (Teodoro de Ancira, Homil. IV,13: PG 77,1412;
Teodoro di Ancira).
María estaba acostumbrada a esa vitalidad interna, como un enjambre
donde se elabora la miel, ya desde niña, en un ambiente de educación
familiar, para "escuchar" a Dios y responder a su invitación con un amor
pronto y total. Así lo enseñaban los padres a sus hijos, recordándoles el
fragmento más emblemático de la Sagrada Escritura: "Ascolta, o Israele,
Jahve è il nostro Dio, Jahve è uno solo. Ama Jahve tuo Dio con tutto il
cuore"... (Deut 6,4-5).
"Escucha, Israel... amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda
tu alma y con toda tu mente" (Deut 6,4-5)
Dios quiere hacerse escuchar en su llamada al amor, mostrándose como un
padre cariñoso que busca y pide nuestro amor
Meditar era, pues, en María, poner algo "con" y "juntamente" (sym)
para "confrontar" (ballousa), como quien busca una nueva luz. De esta
manera, la Palabra de Dios se convertía en sus mismos latidos, de modo
repetitivo y sincrónico, como quien "rumía" o mastica algo para encontrar su
verdadero sabor.
"Che cosa significa il termine: «meditava»? Vuol dire: custodire nel proprio
cuore; considerare nel proprio cuore; imprimerlo dentro di sé... Meditava
nel proprio cuore perché era santa e aveva letto le Sacre Scritture e
conosceva il profeti" (S. Jerónimo, Homilia in Nativitate Domini: CCL 78,
527).
Era una escucha o lectura convertida en oración, a modo de lectura
"orada", con un afecto profundo de quien ya estaba enamorada de Dios. Este
saborear la Palabra era actitud sapiencial, no necesariamente científica o
ténica. Era un camino de fe profunda que, precisamente por ser tal, muchas
veces parece noche tenebrosa.
María se había formado en la escuela de los salmos e himnos del
Antiguo Testamento, los cuales era fruto de haber escuchado y releido
frecuentemente la ley y los acontecimientos de la historia de salvación.
Esta actitud de escucha es la raíz de la fe bíblica, que no es una simple
especulación, sino una actitud de quien pone en práctica la voluntad divina,
sin esperar compensaciones intelectuales ni constataciones tangibles (cfr.
Sant 1,22; Rom 2,13).
Así iba entrando María en la gran sorpresa de Dios, porque es él quien
tiene la iniciativa de buscar y quien espera la respuesta de nuestro
corazón, ayudándonos con su gracia. Contemplar la Palabra como María es una
actitud vital, exigente y comprometida, para agradecer la iniciativa de Dios
sin hacerse esperar.
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La búsqueda y contemplación constante del "rostro" de Dios traza la
ruta certera del camino del corazón. Se quiere "conocer" a Dios tal como es,
pero la verdadera experiencia contemplativa llega a la convicción de que "No
ver es la verdadera visión, porque aquel a quien busca trasciende todo
conocimiento" (San Gregorio de Nisa, Vida de Moisés). En este sentido, dice
el concilio Vaticano II que "la Santísima Virgen avanzó en la peregrinación
de la fe" (LG 58).
"Non vedere è la vera visione, perché colui che è cercato trascende ogni
conoscenza" (S. Gregorio di Nissa, Vita di Mosè). "La beata Vergine avanzò
nella peregrinazione della fede" (LG 58).
La búsqueda del rostro de Dios es una constante bíblica, que refleja
un corazón sediento: "¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?" (Sal 41,2).
"Oigo en mi corazón:"Buscad mi rostro". Tu rostro buscaré, Señor, no me
escondas tu rostro" (Sal 26,8-9). Por esto la Iglesia aprende "la
contemplazione del volto di Cristo in compagnia e alla scuola della sua
Madre Santissima" (RVM 3 e 43). "Il Rosario, infatti, non è altro che
contemplare con Maria il volto di Cristo" (RVM 3).
"la contemplación del rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su
Santísima Madre. Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar
con María el rostro de Cristo" (RVM 3 y 43).
La Iglesia aprende de María esta actitud contemplativa, para ser de
verdad la Iglesia de la Palabra y de "pan de vida". María "está en el
corazón de la Iglesia" (RMa 27), para guiar en esa apertura total del
corazón a los designios de Dios. La Iglesia busca en el Corazón de María el
eco del mensaje evangélico rumiado vivencialmente por ella, para
contemplarlo, vivirlo y anunciarlo.
María concibió al Verbo en su corazón antes que es su seno: "Fit prius
adventus fidei in cor Virginis, et sequitur fecunditas in utero matris" (S.
Agustín, Sermo 293,1: PL 39,1327-11328; "). La ruta de esta actitud
contemplativa queda trazada desde el momento de la Anunciación ("pensaba":
Lc 1,29), hasta la asociación esponsal al pie de la cruz como "mujer" o
esposa (Nueva Eva) que comparte "de pie" la misma suerte (Jn 19,25-26), con
una "mirada" que quiere abarcar todo el misterio oculto (cfr. Jn 19,37).
Es la ruta de un "sí" generoso (Lc 1,38) y gozoso (Lc 1,46), que sabe
"contemplar" (Lc 2,19.51) y "admirar" (Lc 2,33), invitando a la comunidad
eclesial (la nueva esposa) a emprender este mismo camino contemplativo y
comprometido: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5).
... "Umile ancella accolse la tua parola e la custod- nel suo cuore;
mirabilmente unita al mistero della redenzione, perseverò con gli Apostoli
in preghiera nell'attesa dello Spirito Santo; ora risplende sul nostro
cammino segno di consalazione e di sicura speranza"... (Prefazio della beata
Vergine Maria, IV).
María es custodia de la Palabra. En su corazón va a inspirarse la
Iglesia para meditar como ella todo el mensaje evangélico. María es la
"memoria" evangélica de una Iglesia contemplativa, santa y misionera, que
moldea continuamente su corazón y sus vivencias íntimas por medio de la
Palabra y del "pan de vida" (Jn 6,35ss). Al Corazón de Maria acude la
Iglesia "puesto que era como el vaso y receptáculo de todos los misterios"
(Ps. Gregorio Taumaturgo, Homil. 2 In Annunt.: PG 10, 1169C). Omelia II
sull'Annunciazione: "La santissima Madre di Dio conservava tutte queste
parole medirandole nel suo cuore come fosse vaso e ricettacolo di ogni
mistero").
Así lo reconoce la Iglesia en las oraciones litúrgicas:
..."Padre... fa che sul suo esempio custodiamo e meditiamo sempre nel cuore
i tesori di gra'ia del tuo .iglio"... (Preghiera sulle Offerte, Messa del
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Cuore Immacolato della beata Vergine Maria, Messale Mariano, n.28).
..."Padre Santo... Tu hai dato alla beata Vergine Maria un cuore sapiente e
docile/ pronto ad ogni cenno del tuo volere0 un cuore nuovo e mite/ in cui
hai scolpito la legge della nuova Allean'a0 un cuore semplice e puro che ha
meritato di accogliere il tuo .iglio e di godere la visione del tuo volto0
un cuore forte e vigilante/ che ha sostenuto intrepido la spada del dolore e
ha atteso con fede l1alba della risurre'ione,... (Prefazio, Messa del Cuore
Immacolato della beata Vergine Maria, Messale Mariano, n.28).
17
4. EL PROCESO DE MEDITAR LA PALABRA EN EL CORAZON COMO MARIA
La contemplación de la palabra de Dios es un proceso o itinerario
espiritual de apertura sin condiciones, de dejarse sorpresnder y cuestionar
por Dios y de decidirse a seguir el proyecto o voluntad del mismo Dios. "Chi
ama il Signore ne ama la Legge, come Maria che, nel suo amore verso il
Figlio, ne ripponeva con affetto materno nel suo cuore tutte le parole" (S.
Ambrogio, Commento al Salmo 118, 13,3: PL 15, 1452). ("Porque amaba a su
Hijo, consideraba con afecto materno todas sus palabras en su corazón")
("Maria diligens Filium omnia verba eius in corde suo materno conferebat
affectu")
Ante el saludo del ángel, María deja la puerta abierta a la acción
divina: "Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría
aquel saludo" (Lc 1,29). San Pedro Crisólogo comenta esta turbación de María
como quien entra en la oscuridad de la fe contemplativa: "Se turbó su carne,
se conmovieron sus entrañas, tembló su mente y se llenó de estupor toda la
profundidad de su corazón" (Sermón 143, 8: PL 52, 585; "si turbò la carne,
il grembo sussultò, la mente tremò, l'intera profondità del cuore restò
attonita: la Vergine, infatti, all'ingresso dell'angelo aveva avvertito nel
suo intimo l'ingresso della divinità").
La descripción que hace San Bernardo de Claraval sobre la Anunciación,
indica esta apertura del Corazón de María al Verbo o Palabra personal de
Dios: "Abre, Virgen bienaventurada, tu Corazón a la confianza, tu boca a la
palabra de asentimiento, tu seno al Creador. He aquí que el Esperado de las
gentes está fuera y llama a la puerta... Levántate con tu fe, corre con tu
disponibilidad, abre con su consentimiento" (Homilía 4,8).
"Apri, o Vergine Beata, il tuo Cuore alla fiducia, la tua bocca alla parola
di assenso, il tuo grembo al Creatore. Ecco, l'Atteso dalle genti sta fuori
e bussa la tua porta... Alzati con la tua fede, corri con la tua
disponibilità, apri col tuo consenso" (Omelia 4,8).
Cuando posteriormente, en Belén y en el templo, "meditaba en su
corazón" (Lc 2,19.51), es señal de que adoptaba una actitud que iba más allá
del "estupor" de los pastores (cfr. Lc 2,9) y de los rabinos (cfr. Lc 2,47).
María supera el primor momento de estupor (cfr. Lc 1,29; 2,50), para pasar a
una apertura incondicional del corazón a los nuevos planes de Dios.
"Contemplar" significaba para María, comparar, poner en relación,
rumiar, saborear, como quien armoniza los diversos datos de la fe y de la
revelación (cfr. Lc 2,19; Lc 2,51). De este modo, puede combina, a la luz de
la fe contemplativa, "todas las palabras" ("pantha ta rhemata"), es decir,
todo el mensaje evangélico insertado en el acontecimiento. "Los temas de la
fe los meditaba en su corazón... dándonos ejemplo" (San Ambrosio, In Lucam
II,54: CCL 14,54; "meditava nel suo cuore gli argumenti della fede... ci ha
dato l'esempio").
La palabra divina ("rhema") es creativa y renovadora, procedente de un
Dios que ama, que se hace cercano de modo siempre nuevo y sorprendente,
especialmente por la encarnación del "Verbo" (cfr. Jn 1,14). Por esto,
"ninguna palabra (acontecimiento) es imposible para Dios" (Lc 1,37; cfr. Mc
10,27). Es decir, no hay acontecimientos irreversibles, porque todo
acontecimiento humano puede ser cambiado por el amor. María dijo que "sí" a
esta acción salvífica de Dios en la historia.
San Jerónimo, comentando Lc 2,19, afirma: "Recordabatur quod angelus
Gabriel sibi dixerat, illa quae dicta sunt in prophetis... Hoc legerat (se
refiere a Is 7,14: virginidad), illud audierat. Videbat iacentem puerum...
conferebat quae audierat quaeque legabat cum his quae videbat" (Homilia in
Nativitate Domini: CCL 78, 527; en Enchiridion Marianum, n.828). ("Meditando
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nel cuore si rendeva conto che le cose lette si accordavano con le parole
dell'angelo... Ciò che Gabriele aveva detto, era stato già predetto da
Isaia: «Ecco la vergine concepirà e parturirà» (Is 7,14). Se questo l'aveva
detto, quell'altro l'aveva sentito. Vedeva il bambino giuacente... colui che
giaceva era il Figlio di Dio... Lo vedeva giacere e lei meditava le coswe
che aveva udito, quelle che aveva letto e quelle che vedeva") (S. Jerónimo,
Homilia in Nativitate Domini: CCL 78, 527).
María comparaba lo o2do del ángel, con lo le2do en la Escritura (e.g.
Isaías) y lo visto (el niño recién nacido). Podía relacionar Is 7,14 (sobre
la virginidad, según Mt 1,23), con Is 9,6 ("E' nato per noi un bambino, un
figlio ci è stato donato, egli porta sulle spalle il dominio"). ("Nos ha
nacido un niño, un hijo se nos ha dado, él lleva sobre sus hombros la
soberanía").
San Gregorio Magno comenta Lc 2,19 con estas palabras: "mandata illius
non transitorie, sed implenda opere" (Moralium..., lib.XVI, cap.36, 44;
n.1671 de Enchiridium Marianum: PL 75, 1143). La maternidad de María es
fruto de su escucha comprometida y eficaz, como figura de la maternidad de
la Iglesia (cfr. Lc 8,21).
María custodiaba en su corazón la palabra de Dios, convencida de que
"no hay nada imposible" para él (Lc 1,37). Su actitud de "sí" y de
"contemplación" era una actitud relacional, de quien se sabe insertada en
unos nuevos planes salvíficos de Dios. Ella, meditando o contemplando con
atención, atesoraba algo que venía a ser central en su vida, hasta orientar
toda su existencia poniendo en práctica los designios divinos.
Con esta actitud de "escucha", María continuaba la actitud aprendida
en el Antiguo Testamento y resumida en la "shema" (Deut 6,4-5), para llegar
a su cumplimiento en el Nuevo Testamento (cfr. Lc 1,38; 8,21). Por esto,
Isabel alaba la fe de María, que es garantía de cumplimiento de la obra
mesiánica: "¡Feliz la que ha creído que se cumplir2an las cosas que le
fueron dichas de parte del Señor!" (Lc 1,45).
Esta actitud contemplativa de María es profundamente relacional. "Los
ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya en la Anunciación,
cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo" (RVM 10). Ella aprende a
contemplar el rostro de Dios que resplandece en el rostro de su Hijo. Es el
rostro del "Siervo de Yahvé", hijo de la "sierva del Señor" (Lc 1,48),
rostro doliente en pasión y en la cruz, rostro depuesto en el sepulcro,
rostro glorioso de resucitado. Ella había aprendido a contemplar este rostro
al deponerlo en el pesebre (cfr. Lc 2,7) y cuando lo depusieron en el
sepulcro (cfr. Lc 23,51).
La contemplación del rostro de Cristo, por parte de María, es actitud
relacional, es decir, actitud de fe viva, a modo de "conocimiento de Cristo
vivido personalmente" (VS 88), de intimidad profunda como quien es madre y
"asociada" ("mujer") a la obra redentora del nuevo Adán (cfr. Jn 2,4;
19,26). Ella pertenece, en cuerpo y corazón, exclusivamente a Cristo. Es "la
Virgen", que escucha, ama y se ofrece para recibir y comunicar el misterio
de Cristo. Su contemplación la muestra como la máxima Virgen y la máxima
madre, es decir, la única madre que, por ser Virgen, ha hecho de su
concepción, gestación y parto una donación total al hijo.
La escucha de la Palabra era una invitación a "amar con todo el
corazón" (Deut 6,4). En María, la escucha tendía directamente a la persona
de Jesús, como Palabra definitiva del Padre, a la que ella quedaba asociada
con un "sí" de "ofrecimiento" sacrificial juntamenten con su Hijo (cfr. Lc
2,2). Jesús era la Palabra que penetraba el corazón como una "espada" (Lc
2,35) que corta esquemas anteriores, para conducir a la novedad de compartir
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la misma vida y destino hacia el misterio pascual.
La Iglesia aprende este itinerario de "lectio divina", realizada en la
escuela de María, abriéndose totalmente a la Palabra, dejándose sorprender
por ella, pidiendo con confianza humilde y filial, uniéndose a la voluntad
divina. En este proceso contemplativo de la Palabra, María "accompagna con
materno amore la Chiesa" (Prefazio della beata Vergine Maria, III).
"Oh Dio, che hai preparato una degna dimora dello %pirito %anto nel cuore
della beata Vergine Maria, per sua intercesione concede anche a noi, tuoi
fedeli, di essere tempio vivo della sua gloria"... (Preghiera Coletta, Messa
del Cuore Immacolato della beata Vergine Maria, sabato dopo la solennità del
Cuore di Gesu).
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5. LA IGLESIA DE LA PALABRA VIVIDA DESDE EL CORAZON DE MARIA
La Iglesia, meditando la Palabra de Dios como María, se siente
acompañada e invitada por ella como en las bodas de Caná: "Haced lo que él
nos diga" (Jn 2,5). Con el corazón dispuesto como el de María, se escucha en
cada gesto y palabra del Señor la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado, en
quien me complazco; escuchadle" (Mt 17,5).
La actitud de María, que escucha, medita en el corazón y dice que
"sí", es la figura de la Iglesia, el "icono perfecto de la maternidad de la
Iglesia" y, por tanto, de su fidelidad (RVM 15). Esta actitud equivale a un
proceso de ir asimilando la Palabra de Dios hasta lo más hondo de la propia
vivencia o del propio corazón. "La santísima Virgen es Maestra en la
contemplación del rostro de Cristo" (EdE 53).
La Palabra de Dios sigue siendo suya, "viva y eficaz" (Heb 4,12). Es
el "Verbo" o Palabra definitiva del Padre, insertada en nuestra historia:
"La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros" (Jn 1,14). Es
palabra revelada, como un regalo o don de Dios, para quien "nada hay
imposible" si el corazón se abre a su acción salvífica. A esta Palabra María
respondió con un "sí" (Lc 1,38), pronunciado con el amor de "todo su
corazón" (Deut 6,4). Este "sí" fue un preludio del nuestro, que debe brotar
también de un corazón contemplativo: "El consentimiento de la Virgen fue en
nombre de toda la humanidad" (Santo Tomás de Aquino, III, 30, 1c).
Es la Palabra que encontró en el Corazón de María una actitud de fe:
"¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de
parte del Señor!" (Lc 1,45). Es modelo de fe para la comunidad eclesial
(cfr. Lc 8,21). Es la fe o "teología vivida de los santos" (NMi 27).
El ejemplo y la actitud de María en Caná influyó en la fe de los
primeros discípulos de Jesús. María captó bien el significado profundo de
las palabras del Señor, a pesar de la aparente negativa. San Efrén explica
la actitud de María en Caná, como fruto de su actitud contemplativa: "Ella
era consciente del miráculo que se iba a realizar, como dice el
evangelista...
"Ceterum miraculum quod facturus erat conscia erat illa: «omnem rem», ait
evangelista, «conservabat in corde suo» (Lc 2,51), et «quodcumque dixerit
vobis filus meus facite»" (S. Efrem, Hymni de Nativitate, 5,1: CSCO 145,
44).
La Iglesia, desde sus inicios, aprendió a vivir esta fe en la Palabra,
como actitud de oración y caridad, en la escuela del Cenáculo, "en la
oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la
madre de Jesús, y de sus hermanos" (Hech 1,14). La predicación apostólica
(cfr. Hech 2-4) consistía precisamente en esta misma Palabra, asimilada
previamente en la contemplación por parte de quienes tenían el servicio
magisterial. La Iglesia sigue predicando el mensaje evangélico con
testimonio de vida, como Palabra que sale y que llega al fondo del corazón.
En el camino histórico de la Iglesia, hay una "presencia transvesal"
de María (TMA 43), que es siempre "presencia activa y materna" (RMa 1 y 45),
como "influjo salvífico" (LG 60). María "precede" en este camino, como
modelo y ayuda para releer los acontecimientos a la luz de la Palabra de
Dios. En efecto, "precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios, como
signo de esperanza cierta" (LG 68; cfr. RMa 51-52).
El seguimiento de Cristo, para ser sus "testigos" (cfr. Hech 1,8;
2,32; Jn 15,27), empezó propiamente después de las bodas de Caná: "Después
bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos (parientes) y sus discípulos"
(Jn 2,12). La Iglesia, como el Precursor, es la "voz" de Cristo "presente"
21
(Jn 1,23). En la vocación profética del Batista y en la vocación apostólica
de los discípulos, precedió e influyó María con su fe y con su actitud
contemplativa (cfr. Lc 1,35; Jn 2,5).
Para poder anunciar "el Verbo de la vida" se necesita haberlo
"contemplado" previamente en el corazón (cfr. 1Jn 1,1ss). Dios ha hablado y
sigue hablando de muchas maneras, "en estos últimos tiempos nos ha hablado
por medio de su Hijo" (Heb 1,1-2). Para formar parte de la familia
espiritual de Jesús, hay que escuchar su palabra y ponerla en práctica: "Mi
madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen"
(Lc 8,21; Mc 3,35; Mt 12,50).
María es más bienaventurada por haber recibido a Cristo en su corazón
que por haberlo recibido en su seno: "Dichosos más bien los que oyen la
Palabra de Dios y la guardan" (Lc 11,28). "Virgo erat non solum corpore, sed
etiam mente, quae nullo doli ambitu sincerum adulteraret adfectum: corde
humilis... loquendi parcior, legendi studiosior" (S. Ambrosio, De
Virginibus, II, 7: PL 16, 208). "Ella era vergine non solo nel corpo ma
anche di mente e non falsò mai, con la doppiezza, la sincerità degli
affetti. Umile nel cuore... non loquace, amante dello studio divino"... (S.
Ambrogio, De Virginibus, 2,7: PL 16,209).
"Fit prius adventus fidei in cor Virginis, et sequitur fecunditas in utero
matris" (S. Agustín, Sermo 293,1: PL 39,1327-11328).
... (commenta Lc 11,27-28: "Beati sono piuttosto"?...): "Anche per Maria: di
nessun valore sarebbe stata per lei la stessa divina maternità, se non
avesse portato il Cristo piu felictemente nel cuore che nella carne" (S.
Agostino, De sancta virginitate, 3: PL 40, 398; "Materna propinquitas nihil
Mariae profuisse, nisi felicius Christum corde quam carne gestasset").
La Palabra que resonó en el Corazón de María (cfr. Lc 2,19.51) es el
mismo "pan de vida", Jesús, que se comunica como mensaje y como Eucaristía.
El mensaje evangélico, meditado en el Corazón de María, y el pan eucarístico
tiene el "sabor de la Virgen Madre" (Juan Pablo II Congreso Eucarístico
Internacional, 2000).
Contemplar el rostro de Jesús equivale a entrar en sintonía con su
vida íntima, es decir, con su corazón. El discípulo amado, que reclinó su
cabeza sobre el pecho de Jesús (cfr.Jn 13,13.15; 21,20), es el mismo que
recibió a María como Madre "en comunión de vida" (RMa 45, nota 130). Al
Señor se le conoce sólo de corazón a corazón: "Si alguno me ama, yo me
manifestaré a él" (Jn 14,21).
Al Señor se le capta con un corazón contemplativo como el de María. Se
llega a la "comunión vital con Jesús por medio del corazón de su Madre" (RVM
2). Los textos evangélicos tienen su resonancia en ese corazón materno: "Los
misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de aquella que
estuvo más cerca del Señor" (RVM 12). No sólo se aprenden las cosas que
Jesús enseñó, sino "de comprenderle a Él", porque "nadie como su Madre puede
introducirnos en un conocimiento profundo de su misterio" (RVM 14).
"Non si tratta solo di imparare le cose che Egli ha insegnato, ma di
«imparare Lui»" poiché "nessuno come la Madre può introdurci a una
conoscenza profonda del suo mistero" (RVM 14).
Este es el mejor camino para "modelar al cristiano según el Corazón de
Cristo" (RVM 17), hasta llegar "a la profundidad de su corazón" (RVM 19).
Cuando la Iglesia medita en María, es porque "busca entre sus brazos y en su
corazón, el «fruto bendito de su vientre» (cfr. Lc 1,42)" (RVM 24). "La
contemplación del rostro de Cristo se centra sobre todo en lo que de él dice
la Sagrada Escritura" (NMi 17), como lo hacía María contemplando
(relacionando) estos textos con lo que veía y escuchaba. Es "oración de
22
corazón cristológico" (RVM 1)
La Palabra de Dios está personificada en Jesús. El mismo es la palabra
viva que "crece" y se difunde en el corazón: "La Palabra de Dios iba
creciendo" (Hech 6,7). Es "semilla incorruptible" (1Pe 1,23), que nos
engendra para ser "hijos en el Hijo" (GS 22; Ef 1,5). Esta realidad de
gracia empezó en el seno y en el Corazón de María, como figura de la Iglesia
"madre" (Gal 4,26), que recibe también al Señor en el corazón para "formar a
Cristo" en los demás (Gal 4,19). La Iglesia vive de los mismos sentimientos
del Corazón materno de María.
23
6. EL "MAGNIFICAT" EN EL CORAZON DE MARIA Y DE LA IGLESIA
El "Magníficat" de María, recitado durante la visita a su prima Santa
Isabel, es "una inspirada profesión de su fe", como respuesta a las gracias
recibidas en bien de toda la humanidad. Las palabras de este himno reflejan
"la experiencia personal de María, el +3tasis de su cora'(n" (RMa 36). Ella
es "la Madre del Señor" (Lc 1,43), la Virgen orante.
La "contemplación" de María sobre las palabras del ángel, se expresa
con el himno del "Magnificat", que se inspira en los salmos y otros himnos
del Antiguo Testamento. La novedad del "Magníficat" está en la referencia al
misterio de la encarnación realizado en María: "El Poderoso ha hecho en mí
maravillas" (Lc 1,49).
El gozo de la Anunciación se proclama en el "Magníficat": "Se alegró y
se regocijó su corazón" (Oracula Sibyllina, siglo segundo, VIII, vers.462-
468: GCS 8, 171-172; "Tremante, immobile stette, la mente confusa, con il
cuore che batteva per l'inatteso messaggio. In seguito però ne gioì e caldo
con la voce il cuore si sentì": Oracoli Sibillini.
S. Atanasio: ("Cor eius palpitavit guadii abundantia, protulitque
canticum"...). "Su corazón palpitó de gozo y entonó un cántico" (S. Atanasio
de Alejandría, Sermo de Maria Dei Mater: "Le Muséon" 71, 1958, 209s). La
Anunciación y la visitación, recuerdan el gozo mesiánico anunciado por los
profetas: "¡Exulta, hija de Sión! ¡Da voces jubilosas, Israel! ¡Regocíjate
con todo el corazón, hija de Jerusalén!" (Sof 3,14).
Las expresiones laudatorias del cántico, pueden haberse inspirado en
el himno de la madre de Samuel: "Tengo el corazón alegre gracias al Señor...
yo me regocijo en tu victoria. Nadie como el Señor es santo... Los hartos se
contratan por un poco de pan, mientras que los hambrientos ya no se
fatigan... El Señor empobrece y enriquece, el Señor humilla y enaltece"
(1Sam 2,1ss). Son ideas que también se encuentran frecuentemente en el
salterio y en otros textos que recuerdan los hechos salvíficos del "éxodo"
(cfr. Sal 80).
La actitud habitual de María, de "contemplar en su corazón" (Lc
2,19.51), indica el poner en relación un acontecimiento salvífico (como los
sucesos de la Anunciación y de la visitación) con datos de la historia de
salvación. Lo que veía o escuchaba, lo ponía en relación con las profecías o
los salmos, que ella misma había leído, escuchado o cantado. "El Magnificat
es la oración por excelencia de María, el canto de los tiempos mesiánicos,
en el que confluyen la exaltación del antiguo y del nuevo Israel" (MC 18).
El "gozo" de la Anunciación y del "Magníficat" es el gozo mesiánico
que también cantarán los ángeles en Belén como cumplimiento de las
profecías: "Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os
ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor"
(Lc 2,10). Entonces María puso de nuevo en práctica su actitud contemplativa
(cfr. Lc 2,19). Esta contemplación era fuente de gozo: "Tu palabra es la
alegría de mi corazón" (Jer 15,16).
María expresa los sentimientos de su corazón movido por la acción del
Espíritu Santo, recordando los sucesos de la Anunciación como cumplimiento
de las promesas mesiánicas, ahora ya hechas realidad. El contexto del
"Magníficat" indica el significado del "sí" de María a la voluntad salfícia
de Dios (Lc 1,38) como expresión máxima de la fe (Lc 1,45), que se concreta
en un servicio de caridad (Lc 1,39) y, al mismo tiempo, es instrumento de la
gracia del Espíritu comunicada a Isabel y a Juan Bautista (Lc 1,41).
Se puede apreciar en el "Magníficat" (Lc 1,47-55) un paralelo de los
temas que aparecen en la Anunciación: gozo, poder de la santidad de Dios,
24
salvación universal, humildad o pobreza (bíblica) de la criatura,
misericordia divina según las promesas mesiánicas. En el cántico afloran los
sentimientos más profundos del corazón de María: alabanza a Dios, gratitud,
fe, confianza, humildad (pobreza bíblica), reconocimiento de la misericordia
de Dios, unión con toda la humanidad y con toda la historia de salvación.
María da gracias por la historia de salvación (Lc 1,46-48), en la que
se demuestra la omnipotencia y misericordia divina (Lc 1,49-53), dando
inicio al reino mesiánico (Lc 1,54-55). "Maria alaba al Padre «por» Jesús,
pero también lo alaba «en» Jesús y «con» Jesús" (EdE 58).
La Iglesia recita el "Magníficat" imitando el espíritu de María:
"Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo, como hace
María en el Magnificat, confesando con gratitud que El ha hecho grandes
cosas y que su nombre es santo" (CEC 2097). El cántico, repetido a través de
los siglos, llamando a María "dichosa" (Lc 1,48), recuerda la presencia
activa y materna de María: "La Virgen Madre está constantemente presente en
este camino de fe del Pueblo de Dios hacia la luz. Lo demuestra de modo
especial el cántico del Magnificat que, salido de la fe profunda de María en
la visitación, no deja de vibrar en el corazón de la Iglesia a través de los
siglos. Lo prueba su recitación diaria en la liturgia de las vísperas y en
otros muchos momentos de devoción tanto personal como comunitaria" (RMa 35).
Jesús dice que "de la abundancia del corazón habla la boca" (Lc 6,45).
El contexto de esta afirmación indica una actitud de quien "escucha mis
palabras y las pone en práctica" (Lc 6,47). El "Magníficat" es un ejemplo de
esta actitud comprometida al contemplar la palabra de Dios. Por esto sigue
siendo, a la vez, "el cántico de la Madre de Dios y el de la Iglesia,
cántico de la Hija de Sión y del nuevo Pueblo de Dios" (CEC 2619). La
Iglesia lo considera como "cántico de acción de gracias por la plenitud de
las gracias derramadas en el economía de la salvación, cántico de los
«pobres» cuya esperanza ha sido colmada con el cumplimiento de las promesas"
(ibídem).
El "espiritu del Magníficat" es camino pascual. La Iglesia aprende el
camino de Pascua, pasando por la "humillación" a la "exaltación", por la
"pobreza" bíblica a la salvación. "Puesto que el Magnificat expresa la
espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio
eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que
nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!" (EdE 58).
Cuando la Iglesia canta los salmos, lo hace con el espíritu de María:
"No cantas para un hombre, sino para Dios, y como hacía María, medítalo en
tu corazón" (San Ambrosio, De Instit. Virginis, 102: PL 16, 345). "Que el
alma de María esté en cada uno para alabar al Señor; que su espíritu esté en
cada uno para que se alegre en Dios" (MC 21; San Ambrosio, Expositio
Evangelii secundum Lucam, II, 26: CSEL 32, IV, 15,16).
El espíritu del "Magníficat" se concreta en el compromiso misionero de
anunciar a Cristo único Salvador de toda la humanidad. Este espíritu se
aprende en el Corazón de María: "La Iglesia, acudiendo al Corazón de María,
a la profundidad de su fe, expresada en las palabras del Magníficat, renueva
cada vez mejor en sí la conciencia de que no se puede separar la verdad
sobre Dios que salva, sobre Dios que es fuente de todo don, de la
manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que,
cantado en el Magníficat, se encuentra luego expresado en las palabras y
obras de Jesús. La Iglesia, por tanto, es consciente -y en nuestra época tal
conciencia se refuerza de manera particular- de que no sólo no se pueden
separar estos dos elementos del mensaje contenido en el Magníficat, sino que
también se debe salvaguardar cuidadosamente la importancia que «los pobres»
y «la opción en favor de los pobres» tienen en la palabra de Dios vivo... La
25
Iglesia debe mirar hacia ella, Madre y Modelo, para comprender en su
integridad el sentido de su misión" (RMa 37).
26
7. SAN JOSÉ EN EL CORAZÓN DE MARIA
Diversos pasajes evangélicos dejan entrever una unión íntima entre la
Santísima Virgen y San José. Son textos relacionados, a veces, con la
actitud de María de "meditar en el corazón" (Lc 2,19.51). Los "hechos" y
"palabras" que ella meditaba incluyen también a su esposo José.
Cuando los pastores llegaron a Belén, trayendo el mensaje de los
ángeles, "encontraron a María, a José y al niño reclinado en el pesebre" (Lc
2,16). María "meditaba todas esas cosas (acontecimientos y palabras) en su
corazón" (Lc 2,19).
María y José habían vivido aquellos días conjuntamente y con
intensidad. En efecto, ambos caminaron juntos hacia Belén para cumplir con
las disposiciones de la autoridad civil: "Subió también José desde Galilea,
de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén,
por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su
esposa, que estaba encinta" (Lc 2,4-5). Para ambos, "no había lugar en el
mesón" (Lc 2,7).
Cuando ofrecieron al niño Jesús en el templo, el texto evangélico se
expresa en plural, tanto respecto al viaje, como al acto de ofrecimiento:
"Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor" (Lc 2,22). Ante
las palabras de Simeón, que profetiza una "espada" para María, en el
contexto de un rechazo o escándalo respecto al Mesías, ambos esposos
reaccionan conjuntamente: "Su padre y su madre estaban admirados de lo que
se decía de él" (Lc 2,33).
La huida a Egipto y el regreso a Nazaret se describe también dentro
de una estrecha relación mutua, hecha posible gracias a Jesús. Por esto, el
ángel, por dos veces, le indica a José: "Toma al niño y a su Madre" (Mt
2,13.20). José cumplió la orden como algo esencial a su misión: "Tomó al
niño y a su Madre" (Mt 2,14.21). La residencia definita, "en Nazaret",
indica también esta relación profundamente familiar (cfr. Mt 2,23).
La actitud habitual de María, de "meditar en el corazón", tiene esas
connotaciones comunitarias y familiares, que incluyen el espacio de
interioridad de su esposo José, especialmente cuanto ambos vivían el
misterio de Belén, ambos ofrecían al nño en el templo, ambos sufrían el
exilio y ambos se insertaban en el ámbito familiar de Nazaret.
Cuando a los doce años el niño Jesús se pierde en el templo, de nuevo
el corazón de María "meditaba" el misterio de sus gestos y palabras,
envolviendo en su actitud contemplativa y dolorosa a su esposo José. Los dos
"iban anualmente a Jerusalén a la fiesta de la Pascua" (Lc 2,41). Ambos
quedaron "admirados" al reencontrar al niño discutiendo en el templo con los
doctores (cfr. Lc 2,48). Y, sobre todo, ambos sufrieron profundamente
aquella ausencia, que, en labios de María, defó descrita así: "Tu padre y
yo, angustiados, te andábamos buscando" (Lc 2,48). Era el dolor vivido
conjuntamente por la ausencia del hijo que era toda su razón de ser.
En este contexto de viviencia armónica por parte de ambos esposos, la
actitud contemplativa de María se enraíza en el camino de la fe, doloroso y
oscuro para ambos: "No entendieron sus palabras" (Lc 2,50).
La contemplación de María en lo más profundo de su corazón abarca,
pues, todas estas circunstancias: "Su madre conservaba cuidadosamente todas
las cosas contemplándolas en su corazón" (Lc 2,51). Por esto, la actitud
redentora de Jesús se concretrá en obediencia a sus padres, que habían
corrido su misma suerte: "Bajó con ellos y vino a Nazaret, y les estaba
sujeto" (ibídem).
27
Los dos momentos clave, en Belén y en el templo, vividos intensamente
por el corazón de María, están enmarcados en un conjunto de detalles
evangélicos, que forman parte de la contemplación de María, como
"confrontando" lo que veía, lo que oía y lo que había visto y oído
anteriormente. Es posible intuir el eco o resonancia de estos mismos
acontecimientos y palabras, en el corazón contemplativo de María,
"desposada" con José (Mt 1,18; Lc 2,5).
A Maria y a José, el ángel había eplicado el significado salvífico de
la concepción de Cristo "por obra del Espíritu Santo" (Mt 1,18.30; Lc 1,35).
El intercambio familiar de de sus experiencias sería normal en toda la
convivencia posterior de largos años, hasta que Jesús inició su vida pública
y dejó Nazaret: "Tenía Jesús, al comenzar (la predicación), unos treinta
años, y era, según se creía, hijo de José" (Lc 3,23).
El nombre de Jesús ("Salvador") fue el nombre indicado por el ángel a
ambos esposos (cfr. Lc 1,31; Mt 1,21), aunque fue José, como padre legal,
quien impondría el nombre al recién nacido. El nombre de Jesús, impartido
por José al niño Jesús, según las indicaciones del ángel, y la pronunciación
afectuosa de este mismo nombre, unió a los esposos en una misma suerte (cfr.
Mt 1,25).
Por parte de José, el hecho de "recibir a María como esposa" (Mt
1,20.24), se encuadra en el contexto de su actitud de "varón justo" (Mt
1,19), "hijo de David" (Mt 1,20), en quien se hace patente el cumplimiento
de las promesas mesiánicas, porque Jesús nace de María su esposa. La lista
genegalógica de Jesús termina así: "Jacob engendró a José, el esposo de
María, de la que nació Jesús, llamado Cristo" (Mt 1,16).
La actitud comprometida de José es parecida a la la actitud
contemplativa y fiel de María. El "sí" de la Santísima Virgen se encuadra en
el contexto de la aceptación por parte de José: "Despertado José del sueño,
hizo como el Angel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer"
(Mt 1,24). Recibió a María como esposa virginal, tal como era en los
designios de Dios (cfr. Mt 1,25).
Cuando nosotros leemos o escuchamos estos datos evangélicos, que
encontraron eco contemplativo y comprometido en el corazón de María, podemos
entrever el contenido salvífico de otros datos que ahora a Iglesia debe
meditar en su corazón como María.
A Jesús, cuando "tenía treinta años", se le llama "hijo de José" (Lc
3,23; 4,23; cfr. Jn 1,45) y también "hijo de María" (Mc 6,3). Las dos
afirmaciones se formulan también juntas: "Hijo del carpintero, su madre se
llama María" (Mt 14,55). Y cuando Jesús se presentó como "pan de vida" en la
sinagoga de Cafarnaum, la gente decía de él que era "hijo de José" y
"conocemos a su Madre" (Jn 6,42).
La contemplación de María y de la Iglesia es camino de fe oscura,
dolorosa y humilde, porque se trata de compartir la misma suerte de Jesús,
rechazado y crucificado, para que, una vez resucitado, pudiera mostrar "su
gloria de unigénito del Padre" (Jn 1,14) y atraer a todos hacia él (cfr. Jn
12,32). Para llegar a este objetivo, la "espada" de la Palabra tenía que
penetrar el corazón de María, "consorte" de José. "¡Oh Madre del Señor, en
tu corazón ha penetrado la espada que Simeón te habia profetizado" (S.
Máximo Confesor, Vida de María, VII, n.78: CSCO 478-479; "O Madre del
Signore, nel tuo cuore è penetrata la spada che Simeone ti aveva predetto").
28
8. JUAN BAUTISTA EN EL CORAZÓN DE MARIA
Hay dos expresiones evangélicas, entre otras, que hacen patente una
relación entre el Corazón de María y la persona de Juan Bautista. En efecto,
el niño Juan "exultó de gozo" en el seno de su madre Isabel (Lc 1,41.44)
cuando María "saludó" a su prima (Lc 1,40). El saludo de María se conviritó
también en expresión del "gozo" mesiánico: "Mi espíritu se regocija en Dios
mi Salvador" (Lc 1,47).
La actitud interior de María, simbolizad por su "corazón" o
"espíritu", consistía en una disponibilidad o respuesta inmediata a una
inspiración divina: "Se levantó María y se fue con prontitud a la región
montañosa, a una ciudad de Judá" (Lc 1,39). Fue una actitud parecida a la de
los pastores, que "vinieron con prisa" a Belén, como quien no hace esperar
ni pone obstáculos a la voluntad de Dios (cfr. Lc 2,16).
La fidelidad de María al mensaje de ángel, así como su apertura a la
acción del Espíritu Santo (cfr. Lc 1,35-38), está en sintonía con la actitud
de Isabel que llevaba al niño Juan en su seno: "Isabel fue llena del
Espíritu Santo" (Lc 1,41). El gozo del niño en el seno de su madre forma
parte de las expresiones de ésta respecto a María: "Bendita tú entre las
mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi
Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo,
saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían
las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!" (Lc 1,42-45).
María fue "una ciudad de Judá" (Ain Karim), para servir humildemente
en aquel ambiente familiar. El "Magníficat" es "el éxtasis de su corazón"
(RMa 36). Es la expresión de "la esclava del Señor" (Lc 1,38), que reconoce
su "nada" y, al mismo tiempo, canta las "maravillas" que Dios ha hecho en
ella domo demostración de su "misericordia" para con todos (cfr. Lc 1,48-
50). La alabanza mariana, dirigida a Dios, incluye también las promesas de
salvción que se cumplirán poro medio de la actuación ministerial del
Prevursor. De este modo, Dios "acogió a Israel, su siervo, acordándose de la
misericordia, como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y
de su linaje por los siglos" (Lc 1,54-55).
Tres meses de convivencia con Isabel, desde "el sexto mes" del
embarazo de ésta (Lc 1,6), hasta el nacimiento del niño Juan, fueron
suficientes para compartir los sentimientos maternos de su prima que vivía
pendiente del hijo que llevaba en su seno. El "salto de gozo" del niño
repercutió en el Corazón de María y en todos sus sentimientos de ternura
materna con que ella acompañaba a su hijo Jesús todavía en su seno. En su
corazón materno quedaron para siempre las huellas de unas vivencias que
compartió con Isabel.
"Juan" sería llamado con este nombre, según el mensaje del ángel,
porque era un inesperado "don de Dios" (cfr. Lc 1,13.63). En su nacimiento,
su padre, Zacarías, resumió con un cántico (el "Benedictus") ideas y
vivencias parecidas a las del "Magníficat". Se trataba también de una acción
salvífica y misericordiosa de Dios, para "visitar" y "redimir" a su pueblo
(Lc 1,68). El nombre de "Jesús" (Salvador) recordaba la fuente originaria de
esta presencia salvífica: era el "Emmanuel, Dios con nosotros" (Lc 1,32; Mt
1,23-4). En el Corazón de María (y por medio de sus labios) resonaron los
dos nombres, el de Jesús y el de Juan su precursor, como nombres que ya
serían inseparables, también para ella.
El "gozo" por el nacimiento de Juan (Lc 1,14) era fruto del corazón o
de "las entrañas de misericordia de Dios" (Lc 1,78), según las promesas
mesiánicas (cfr. Lc 1,70). Era el preanuncio del "grande gozo" del
nacimiento de Cristo "Salvador" (Lc 2,10). María, portadora de Jesús en su
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seno, sintió que su vida quedaba también entrelazada con la vida del
Precursor, como parte integrante de las preocupaciones de su corazón
materno, especialnete cuando oyó recitar a Zacarías: "Y tú, niño, serás
llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus
caminos, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados"
(Lc 1,76-77). María le acompañó siempre como nombre inseparable del nombre
y de la persona de Jesús.
La vida de Juan Bautista, tal como se describe en el evangelio,
discurrió por unas circunstancias que parecen ser un paralelo de la vida de
María. El "gozo" de Juan, ya expresado ante el saludo y la presencia de
María (cfr, Lc. 1,41.44), será después un "gozo pleno" por el hecho de
anunciar a Cristo (Jn 3,29). Es sun gozo similar al que María cantó en el
"Magníficat" (cfr. Lc 1,47) por la venida de Cristo al mundo.
Juan era sólo "la voz" (Jn 1,23) que anunciaba la "presencia" de
Cristo (Jn 1,26), también como "Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo" (Jn 1,29.36). María, en Caná, es también la voz que invita a una
relación comprometida con el Señor: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5).
La experiencia de Juan, por "ver el Espíritu descender sobre Jesús"
(Jn 1,32), le recordaba a María la acción del mismo Espíritu Santo en la
Encarnación del Verbo (cfr. Lc 1,35; Mt 1,18). El bautismo de Jesús en el
Jordán recordaba a todos que él había venido a "bautizar en el Espíritu
Santo" (Jn 1,35). Juan ya había experiementado esta acción "espiritual"
desde el seno de su madre (cfr. Lc 1,15.41). Juan señaló a Jesús como "Hijo
de Dios" (Jn 1,34), con las mismas palabras que María había oído del ángel
(cfr. Lc 1,35).
Juan, como "amigo del Esposo" (Jn 3,29), iba desapareciendo para dejar
paso a Jesús (cfr. Jn 3,30). María era "la mujer" (Jn 2,4; 19,26), que con
sus actitudes de fe y de asociación esponsal a Cristo (la "nueva Eva"
asociada al "nuevo Adán"), se convertía sólo en transparencia de quien era
"la luz" que "ilumina a los que viven en tinieblas" (Lc 1,79). La "espada"
anunciada por Simeón, indica esta asociación esponsal a Cristo, para dejarle
traslucir como "luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo
Israel" (Lc 2,32).
Juan era "más que profeta" (Mt 11,9), como "ángel" o "enviado" para
preparar los caminos del Mesías (Mt 11,10). Era "el mayor de todos los
nacidos de mujer" (Mt 11,11). María, Madre de Jesús, era más bienaventurada
por haberlo llevado en su corazón, que por haberlo llevado en su seno,
aunque, en ella, estas dos realidades eran una sola: "Dichosos más bien los
que oyen la Palabra de Dios y la guardan" (Lc 11,28). Ella "Virgo erat non
solum corpore, sed etiam mente" (S. Ambrosio, De Virginibus, II, 7: PL 16,
208). "Ella era vergine non solo nel corpo ma anche di mente".
A Juan lo mataron por haber anunciado a Cristo y por llamar a
"conversión", como apertura a él y a su mensaje salvador. A Cristo le
rechazarían por ser, aparentemente, sólo un ciudadano sin importancia, "hijo
de María" (Mc 6,3; cfr. Jn 6,42; cfr. Lc 4,28ss). Herodes llegó a pensar que
Jesús era Juan Bautista resucitado. Pero los que han anunciado a Jesús, con
el riesgo de correr su misma suerte, siguen hablando después de muertos. En
el Corazón de María, Juan Bautista tuvo siempre un lugar de predilección. El
"estar de pie junto a la cruz" (Jn 19,25) le hizo comprender a María, que
todo discípulo de Jesús estaba destinado a correr su misma suerte, la de
Jesús y la de María: "Mujer, ahí tienes a tu hijo" (Jn 19,26).
30
9. LOS PASTORES DE BELÉN EN EL CORAZÓN DE MARIA
La descripción que hace San Lucas sobre el nacimiento de Jesús en
Belén, indica una actitud materna y virginal de María. Sólo una madre virgen
(en su cuerpo y en su corazón) podía realizar este gesto como una actitud
relacional de donación total al hijo: "Dio a luz a su hijo primogénito, lo
envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la
posada" (Lc 2,7).
Es una actitud relacional de un "corazón" materno, que ha recibido la
"Palabra" hasta lo más hondo de su amor: "Sus ojos se vuelven también sobre
el rostro del Hijo" (RVM 10). Es la misma actitud con que acogerá el mensaje
de los ángeles transmitido por medio de los pastores: "María, por su parte,
guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc 2,19).
Los pastores habían recibido como "señal" de que el recién nacido era
el "Salvador", las mismas indicaciones que reflejan la actitud materna de
María al deponer al niño en el pesebre: "Encontraréis un niño envuelto en
pañales y acostado en un pesebre" (Lc 2,12; cfr. Lc 2,7). Estas palabras del
mensaje de los ángeles a los pastores, que resumen también eel gesto materno
de María, le hicieron recordar a ella la paz mesiánica anunciada por los
profetas: "Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará
el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre... « Príncipe de Paz ».
Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre
su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia" (Is
9,5-6).
María relacionaba el canto de los ángeles ("gloria a Dios en el cielo
y paz en la tierra"...), así como el mensaje sobre el niño, con lo que veía
y lo que recordaba de las santas Escrituras. San Jerónimo, comentando Lc
2,19, relaciona la meditación de María con el texto de Isaías 7,14 ("la
virgen concebirá y dará a luz") y afirma: "Conferebat quae audierat, quaeque
legebat (las profecías) cum his quae videbat" (el niño recién nacido) (San
Jerónimo, Homilia de Nativitate Domini: CCL 78, 527). ("Ciò che Gabriele
aveva detto, era stato già predetto da Isaia: «Ecco la vergine concepirà e
parturirà» (Os 7,14). Se questo l'aveva detto, quell'altro l'aveva sentito.
Vedeva il bambino giuacente... colui che giaceva era il Figlio di Dio... Lo
vedeva giacere e lei meditava le cose che aveva udito, quelle che aveva
letto e quelle che vedeva")
El "temor" de los pastores ante el "ángel" y ante la "gloria del
Señor" (Lc 2,9), es parecido al "estupor" de María en la Anunciación (Lc
1,29-30). La diferencia está en la actitud contemplativa de María, que
transforma el "estupor" en respeto y aceptación del misterio en el fondo de
su corazón. El ángel ayudó a María y a los pastores, a transformar el
"estupor" en "gozo" (cfr. Lc 1,28: saludo de "gozo"; 2,10: "grande gozo").
Es el gozo mesiánico en bien de "todo el pueblo" y especialmente de los más
pobres (Lc 2,10).
El ángel señala a Jesús como "Salvador" y "Cristo Señor", por el hecho
de nacer "en Belén, la ciudad de David" (Lc 2,11). María relacionaba este
mensaje con el que ella había recibido en la Anunciación: "El Señor le dará
el trono de David su padre" (Lc 1,32-33; cfr. Is 9,5-6).
Lo que los pastores transmitieron a María y a José es precisamente
este mensaje mesiánico que ellos cumplierton con premura: "los pastores se
decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido
y el Señor nos ha manifestado»" (Lc 2,15). Sus "prisas" se convierten en
encuentro: "Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño
acostado en el pesebre" (Lc 2,16). Parte integrante del mensaje, que los
pastores "dieron a conocer" también a todos (Lc 2,17) es el canto de los
31
ángeles, que formó parte de la meditación de María en su corazón: "Gloria a
Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor (de
buena voluntad)" (Lc 2,13).
El ver o mirar de los pastores se convierte en certeza de que las
palabras del mensaje angélico se hacía realidad, y los transforma en los
primeros anunciadores de Jesús: "Al verlo, dieron a conocer lo que les
habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban
de lo que los pastores les decían" (Lc 2,17-18). La Palabra de Dios se
cumple cuando el corazón humano la recibe tal como es. Así lo hicieron los
pastores, quienes, por ello mismo, entraron a formar parte de la actitud
materna y contemplativa del Corazón de María: "María, por su parte, guardaba
todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc 2,19).
Los pastores, a quienes el mensaje evangélico había sorprendido
"vigilando su rebaño" (Lc 2,8), ahora, al ver cumplido el anuncio, pasan a
una puesta en práctica, que consiste en la gratitud y la alabanza: "Los
pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían
oído y visto, conforme a lo que se les había dicho" (Lc 2,20). Es la actitud
mariana del "Magníficat", fruto de haber meditado la Palabra de Dios sin
poner trabas en el corazón.
Los "pobres de espíritu", como los pastores, son los únicos que saben
captar el misterio de Cristo, con la actitud de las "bienaventuranzas" que
se refleja en el "Magníficat" de María, fruto de haber visto a Dios
escondido en los signos pobres de todo ser humano, especialmente los más
débiles. Ver a Cristo escondido y manifestado bajo signos pobres, sólo es
posible con la actitud humilde y generosa de un corazón parecido al Corazón
de María, que no antepone nada ni nadie a la Palabra del Señor.
La Iglesia de las "bienaventuranzas" y del "Magníficat" está llamado a
prolongar en el tiempo la actitud de los pastores y, especialmente, la
actitud contemplativa y fecunda de María: "La Iglesia es la cuna en la que
María coloca a Jesús y lo entrega a la adoración y contemplación de todos
los pueblos" (Bula ncarnationis M!sterium, 11).
32
10. LOS MAGOS DE ORIENTE EN EL CORAZÓN DE MARIA
El evangelio según San Mateo nos describe el encuentro de los Magos
venidos de Oriente, con Jesús niño, anotando que este "encuentro" fue "con
María su Madre" (Mt 2,11). La actitud interior de María, al recibir a los
pastores, puede servir de punto de referencia para comprender esa misma
actitud en el venida de los Magos: "Guardaba todas estas cosas, y las
meditaba en su corazón" (Lc 2,19).
En ambos casos (el de los pastores y el de los Magos) el encuentro con
Cristo se describe con una realidad viva y rica, que hay que profundizar con
una actitud contemplativa como fue la de María. Los Magos, como los
pastores, encuentran a Cristo siguiendo una inspiración superior: "Hemos
visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle" (Mt 2,2). Pero
hacen también referencia a una promesa implícita sobre el Mesías: "¿Dónde
está el Rey de los judíos que ha nacido?" (ibídem).
Una respuesta a esa pregunta sobre el Mesías queda descrita en la
explicación escriturística dada por los rabinos de Jersualem: "En Belén de
Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de
Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá, porque de
ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel" (Mt 2,5-6; cfr. Miq
5,1).
Así como María relacionó en su corazón el acontecimiento de los
pastores, con el mensaje que ellos traían de parte del ángel y con las
profecías que ella había leído o escuchado (cfr. Lc 2,19; cfr.Is 7,14; 9,5-
6), de modo semejante, en encuentro de los Magos con Jesús niño y "con María
su Madre", suscitó en ella la "contemplación", como actitud interior de
confrontar un hecho concreto con un mensaje y unas profecías. Los pastores y
los Magos fueron a "Belén, la ciudad de David" (Lc 2,11; Mt 2,5-6); María
relacionaba esta realidad con lo que ella había escuchado en la Anunciación:
"El Señor le dará el trono de David su padre" (Lc 1,32).
La "grande alegría" de los Magos al redescubrir la estrella que les
conducía al encuentro con Cristo (Mt 2,10), es parecida a la "grande
alegría" anunciada por los ángeles a los pastores (Lc 2,10), así como al
"gozo" del niño Juan (en el seno de Isabel) como fruto del al saludo de
María (cfr. Lc 1,41.44). Ella ya cantó ese gozo mesiánico en el
"Magníficat", que brotó de su corazón contemplativo.
La capacidad contemplativa de María, expresada en el "Magníficat", es
también fruto de haber meditado el salterio y algunos himnos del Antiguo
Testamento. Ante la llegada de los Magos, ella podía muy bien "relacionar"
este encuentro con lo que ellos decían y, especialmente, con las promesas
mesiánicas: "Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributos que
los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones, que se postren ante él
todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan" (Sal 71,10-11).
La narración del evangelio según San Mateo puede reflejar y resumir
esta contemplación mariana. La redacción del texto parece un parelelo de
Isaías, sobre una Jerusalem llena de luz y madre de todos los pueblos:
"Levántate, resplandece, que ha llegado tu luz... Caminarán las naciones a
tu luz... Tus hijos vienen de lejos"... (Is 60,1-6). María presenta a Cristo
que es "luz para iluminar a los gentiles" (Lc 2,32).
En cada época, esta narración evangélica recobra una actualidad
especial. Los pueblos siguen encontrando a Cristo, a la luz de una Iglesia
que se hce "madre" como María, en la medida en que sea "signo" o
transparencia de Cristo. El cruce actual de religiones y culturas se
concretiza en un encuentro con la Iglesia, cuya misión materna consiste en
33
ser transparencia e instrumento de Cristo, "como signo levantado en medio de
las naciones, para que, bajo de él, se congreguen en la unidad los hijos de
Dios que están dispersos, hasta que haya un solo rebaño y un solo pastor"
(SC 2; cfr. Is 11,12).
El caminar histórico de la humanidad deja entrever que "el Verbo
Encarnado es, pues, el cumplimiento del anhelo presente en todas las
religiones de la humanidad: este cumplimiento es obra de Dios y va más allá
de toda expectativa humana. Es misterio de gracia" (TMa 6). La Iglesia
llegará a ser el "signo" o transparencia de esta realidad salvífica, en la
medida en que sea contemplativa como María. Si María es "Madre por medio de
la Iglesia" (RMa 24, LG 65), "la Iglesia aprende de ella su propia
maternidad" (RMa 43).
La escena de los Magos y de los pastores es como un aldabonazo
permanente en el corazón de la Iglesia, llamada a ser eco del Corazón de
María. Hoy los diversos pueblos y culturas, ya en contacto con comunidades
eclesiales, dice: "Hemos visto su estrella" (Mt 2,2); "queremos ver a Jesús"
(Jn 12,21). El encuentro se realizará en la medida en que aprenda la actitud
materna, contemplativa y comprometida, de María.
34
11. LOS DISCIPULOS DE JESUS EN EL CORAZON DE MARIA
Leyendo los textos evangélicos, a la luz de la armonía de la fe y de
la revelación, se percibe una relación muy profunda entre María y los
discípulos de Jesús. El evangelio de San Juan describe precisamente los
inicios del seguimiento evangélico de los discípulos con "la Madre de
Jesus". María ya estaba en Caná, invitada para las bodas, antes de que
fueran invitados los discípulos del Señor: "Tres días después se celebraba
una boda en Caná de Galilea y estaba allí la Madre de Jesús. Fue invitado
también a la boda Jesús con sus discípulos" (Jn 2,1-2). El "tercer día"
tiene ya la resonancia de "la hora" cuando sería glorificado Jesús. La
Iglesia vive ahora "el tercer día", es decir, actualiza la resurrección del
Señor como invitación a las bodas, también con María, "la mujer", figura de
la Iglesia esposa (cfr. Jn 2,4).
El episodio de Caná termina describiendo la fe de los discípulos:
"Creyeron en él sus discípulos" (Jn 2,11). La actitud de fe oscura de María,
relacionada con el milagro, tuvo su influencia en la actitud de fe de los
primeros seguidores de Jesús. El seguimiento apostólico, ya en sus inicios,
se describe en relación con "la Madre de Jesús": "Después bajó a Cafarnaúm
con su madre y sus hermanos (parientes) y sus discípulos" (Jn 2,12).
Objetivamente, aunque no necesariamente a nivel de ser consciente, en
esa actitud apostólica de fe y de seguimiento influyó aquella que estaba
asociada a "la hora" de Cristo como "la mujer", es decir, "la Nueva Eva"
(como dice San Ireneo), figura de la comunidad eclesial como esposa de
Cristo (cfr. Jn 2,4). La actitud que manifiesta María recuerda su
contemplación comprometida de cumplir siempre las palabras del Señor: "Haced
lo que él os diga" (Jn 2,5; cfr. Lc 1,38; Ex 19,8; 24,7).
Si ella estaba habituada a contemplar en el corazón las palabras del
Señor para ponerlas en práctica (cfr. Lc 2,19.51), nadie mejor que ella
estaba preparada para entender el significado profundo de la enseñanza de
Jesús sobre la comunidad de los creyentes. Ella era "la bieanventurada" por
haber llevado en su seno y amamantado con su leche al Hijo de Dios; pero era
"más bieanventurada" por haberlo recibido hasta el fondo de su corazón (cfr.
Lc 11,27-28). Ella, como "siempre Virgen", perteneció siempre y totalmente
al misterio de Cristo Esposo. "La verginità e la fede pronta attirano Cristo
nell'intimo del cuore; e così la madre lo custodisce nel nascondimento delle
sue membra intatte" (Prudenzio, Apotheosis 581: PL 59,978; "virginitas et
prompta fides Christum bibit alvo cordis, et intacta condit paritura
latebris").
El mismo evangelista San Lucas, que decribe la fe de María (cfr. Lc
1,45) y su actitud contemplativa (cfr. Lc 2,19.51), es quien transmite el
significado profundo de esta fe y de esta contemplación, que es modelo de la
fe contemplativa y comprometida de la comunidad eclesial, como nueva familia
establecida por Jesús (cfr. Lc 11,27-28; cfr. 8,21).
En este mismo contexto cabe interpretar la afirmación de Jesús: "Todo
el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi
hermana y mi madre" (Mt 12,50). En el texto paraleto, Lucas matiza que se
trata de la misma actitud contemplativa de María: "Mi madre y mis hermanos
son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen" (Lc 8,21; cfr. Lc
11,27-28).
Por esta actitud contemplativa, nadie mejor que María podía comprender
el sentido relacional de muchas expresiones de Jesús. Nosotros prestarmos
más bien atención principal a unas ideas; la persona que vive con fe
contemplativa fija su atención más bien en el aspecto relacional y afectivo:
35
"Mi Madre y mis hermanos" (Lc 8,21); "mi Iglesia" como comunidad-familia (Mt
16,18), "mis ovejas" (Jn 10,14ss); "los que tú me has dado" (Jn 17,6ss); "a
m2 me lo hicisteis" (Mt 25,40).
María más que nadie, guiada por el Espíritu Santo, especialmente
después de Pentecostés, podía captar con el corazón lo que significaba para
Jesús el grupo de sus discípulos, "los suyos", a quienes "amó hasta el
extremo" (Jn 13,1). El evangelio encontraba siempre eco en su corazón
materno: "Todo lo cual lo consideraba en su corazón la Santa Madre del Señor
de todo el universo y verdadera Madre de Dios, como está escrito, y
añadiendo aquellos hechos maravillosos que de El (de Jesús) se contaban,
multiplicó la alegría de su corazón" (Basilio de Seleucia, In
Annuntiationem, 39: PG 85,447-448) "Tutte queste cose la santa Madre del
Signore di tutti e vera Madre di Dio conservando nel cuore - come sta
scritto - con l'aggiunta degli straodinari eventi che erano avvenuti attorno
a lui, multiplicava l'esultanza del cuore" (Omelia sulla Madre di Dio).
Contemplando en su corazón estos gestos y palabras de Jesús, intuía
que ella misma formaba parte de una familia que iba más allá de los
estrechos muros del hogar de Nazaret e incluso más allá del grupo familiar
de "sus parientes" (Jn 2,12).
La "mirada" de Jesús a su Madre, "de pie junto a la cruz" Jn 19,25-
26), se prolonga hacia el "discípulo amado" en representación de los demás.
María, "la mujer" asociada a "la hora" de Jesús, para correr su misma suerto
o "espada" (Lc 2,35), abría su maternidad hacia su único Hijo y aprolongado
y presente en cada uno de sus seguidores: "Mujer, ahí tienes a tu hijo" (Jn
19,26).
Ella estaba unida a Cristo inmolado "con corazón maternal" (LG 58). Su
actitud materna, por ser virginal, fue siempre de oblación total: "Se
condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a
su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima
engendrada por Ella misma" (LG 58).
Los discípulos, representados por San Juan y las piadosas mujeres,
aprendieron de ella a estar también "de pie junto a la cruz" (Jn 19,26),
viviendo en comunión de vida con ella, es decir, recibiéndola como Madre "en
el propio hogar" o casa familiar (cfr. Jn 19,27). Recibirla como Madre y
como modelo de maternidad, equivale a aprender de ella la actitud
contemplativa, asociativa y oblativa.
El Espíritu Santo, enviado por Jesús, haría que la Santísima Virgen
pudiera relacionar el encargo del Señor ("ahí tienes a tu hijo") con sus
palabras de despedida orando al Padre en la última cena: "He sido
glorificado en ellos" (ellos son mi expresión-gloria) (Jn 17,10), "tú les
amas como a mí" (Jn 17,23), "yo estoy en ellos" (Jn 17,26).
La invitación que hace San Juan, de "mirar al que traspasaron" (Jn
19,37), equivale a la actitud mariana de fe contemplativa, hecha oblación al
pie de la cruz, unida a los sentimientos del corazón del Señor. El "costado
abierto", del quebrota "sangre y agua", es como el resumen de toda la
redención y de todo el evangelio, concretado también en las últimas palabras
de Jesús, que encontraron eco contemplativo en el corazón de su Madre. Todo
sucedió para que la comunidad creyera con la fe contemplativa de María y de
Juan el "discípulo amado": "El que lo vio lo atestigua y su testimonio es
válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis" (Jn
19,35).
La presencia de María, "la Madre de Jesús", en el Cenáculo (Hech
1,14), con ciento veinte discípulos, incluidas algunas mujeres que seguían
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al Señor (Hech 1,15), es un signo de cómo los discípulos estaban en el
Corazón de María su Madre. "Todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo"
(Hech 2,4), para asimilar el mensaje evangélico en el corazón, hacerlo vida
propia y transmitirlo a los demás.
Recibir a Jesús y transmitirlo a los demás, siempre bajo la acción del
Espíritu Santo, es el resumen de la realidad materna de la Iglesia, que se
inspira en la actitud contemplativa y materna de María. "Fue en Pentecostés
cuando empezaron los hechos de los Apóstoles, como había sido concebido
Cristo al venir al Espíritu Santo sobre la Virgen María, y Cristo había sido
impulsado a la obra de su ministerio, bajando el mismo Espíritu Santo sobre
El mientras oraba" (AG 4). María es el "icono" en que se inspira la Iglesia
de todos los tiempos.
En el Corazón de María encontraron y siguen encontrando eco especial
las palabras de Jesús, que repiten los Apóstoles y sus sucesores en la
celebración eucarística: "Este es mi cuerpo... ésta es mi sangre... haced
esto en conmemoración mía" (Lc 22,19-20). Mientras la Iglesia cumple este
encargo eucarístico, María sigue diciendo: "Haced lo que él os diga" (Jn
2,5).
Los "hermanos" del Señor aprendieron a vivir "en comunión de vida" con
María. Ella lleva en su corazón la expresión que había dicho Jesús
refiriéndose a su comunidad eclesial ("mis hemanos": Lc 8,21), y la
relacionaba continuamente con el encargo recibido en la cruz ("tu hijo": Jn
19,26). Ella acompañó a todos y a cada uno (no sólo a Juan), llevándolos en
su corazón, especialmente a los que gastaron vida por el Señor y a los que,
como Santiago, dieron la vida por él (cfr. Hech 12,2). El santuario mariano
del Pilar es una expresión de esta realidad salvífica.
El Corazón de María es modelo de seguimiento evangélico. En el
Prefacio de la Misa sobre "María Madre y Maestra de vida espiritual", la
Iglesia ora al Señor con estas palabras: "María es modelo de vida
evangélica; de ella nosotros aprendemos, con su inspiración nos enseña a
amarte sobre todas las cosas, con su actitud nos invita a contemplar tu
Palabra, y con su "orazón nos mueve a servir a los hermanos".
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12. EL DISCIPULO AMADO EN EL CORAZON DE MARIA
Existe una interrelación familiar entre María y el "discípulo amado".
Ella recibió el encargo de asumirlo como hijo; él recibió el encargo de
tratarla como Madre: "Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a
quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al
discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la
acogió en su casa" (Jn 19,26-27).
Era un encargo mutuo, que debía vivirse de corazón a corazón,
recibiendo las palabras de Jesús en "un corazón bueno" (Lc 8,15), como María
las había recibido en su corazón (cfr. Lc 2,19.51).
El resultado de esta interralación entre madre e hijo, así como entre
hijo y madre, la concreta San Jua con esta expresión: "La acogió (o recibió)
en su casa". Ello equivale a una convivencia familiar, que puede traducirse
por "comunión de vida" (RMa 45, nota 130, citando a San Agustín), es decir,
"la introduce en todo el espacio de la vida interior" (ibídem).
El hecho de que San Juan describa a María como "la mujer"
extrechamente relacionada con Cristo, en Caná y en el Calvario (Jn 2,4ss;
19,25ss), deja entender una relexión contemplativa del mismo discípulo que
convivió con ella después de la muerte y resurrección del Señor.
Este recuerdo de Juan incluye su propia experiencia de fe en Cristo
(cfr. Jn 2,11) y de seguimiento evangélico junto "con su Madre" (Jn 2,12).
Todo el evangelio de Juan refleja una actitud contemplativa de "ver la
gloria" del Hijo de Dios a través de sus gestos y palabras (Jn 1,14), hasta
descubrir, con esta "mirada" contemplativa, y vivir profundamente el
misterio de Cristo (cfr. Jn 12,21; 19,37).
Esta actitud contemplativa de Juan equivale, siempre con grado y modo
distinto, a la actitud contemplativa de poner en práctica lo que dice el
Señor (Jn 2,5) y de perseverar "de pie" junto a Jesús cuando había llegado
"su hora" (Jn 19,25ss). A Juanle tocó también "estar de pie" junto a la
cruz, con María, para aprender a "mirar" a Jesús con los ojos de la fe.
Esta "mirada" contemplativa hacia Cristo, que observamos en María y en
el discípulo amado, contrasta con el escándalo de Nazaret (que también nos
los narra San Juan), cuando sus conciudanos no aceptaron a Cristo como
Salvador, porque, según decían ellos: "Es hijo de José y conocemos a su
padre y a su madre" (Jn 6,42).
La invitación constante del evangelio de Juan consiste en aprender a
pasar o "mirar" más allá de los "signos" pobres de la humanidad de Cristo,
descubriéndolo como "Salvador del mundo" (Jn 3,42), "Hijo de Dios" (Jn 6,69;
20,31). Así era la fe contemplativa de María, con quien Juan convivió
después de la muerte y resurrección del Señor.
La fe contemplativa de Juan era un conocimiento de Cristo vivido desde
el amor. Es el discípulo que "reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús" (Jn
13,23.25; 21,20) y, por tanto, supo conocer a Cristo amándolo, siguiendo la
pauta trazada por el mismo Jesús: "Si alguno me ama, yo me manifestaré a él"
(Jn 14,21; cfr. 10,14). Juan supo descubrir, por medio de esta mirada
contemplativa y amorosa, al "Verbo de la vida" (1Jn 1,1ss).
Se puede decir que la mirada contemplativa de Juan encuentra su punto
culminante cuando "vio" o decubrió a Cristo resucitado en un sepulcro
vacío: "Entró... vio y creyó" (Jn 20,8). Los signos que había dejado Cristo
resucitado eran tan pobres como los de la gruta de Belén: sepulcro vacío,
lienzos por el suelo, sudario plegado; pesebre, niño envuelto en pañales...
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La mirada contemplativa de María, envolviendo a Jesús con pañales y
colocándolo en la cuna (cfr. Lc 2,7), es la representación del creyente que
decubre el misterio pascual de Cristo resucitado enmedio de signos pobres.
"Contemplar" es ver a Jesús como Hijo de Dios y Salvador, donde humanamente
parece que no está. María "contemplaba en su corazón" (L 2,19) con esta
actitud de fe. Es la misma actitud que refleja el discípulo amado ante el
sepulcro vacío.
No puede pasarse por alto que esta fe contemplativa de Juan en Cristo
resucitado, está relacionada con el hecho de haber convivido con María, al
menos durante la tarde del viernes santo y todo el día del sábado antes de
la resurrección: "La recibió en su casa", es decir, convivió con ella en
familia, en comunión de vida (Jn 19,27).
En esta convivencia íntima con María, podía observar que a ella le
bastaba "contemplar las palabras del Señor en su corazón" (cfr. Lc 2,19.51),
para intuir su profundo misterio, puesto que "para Dios no hay nada
imposible" (Lc 1,37). Cristo había dicho que "resucitaría al tercer día" (Mt
17,23). Meditar estas palabras en el corazón, mientras, al mismo tiempo, se
cotejaban con los detalles pobres de un pesebre y de un sepulcro vacío, era
suficiente, con la gracia del Espíritu Santo, para creer en el misterio de
Cristo, "Hijo de Dios", resucitado.
A Cristo se le descubre de corazón a corazón (cfr. Jan 13,23, en
relación con Lc 2,19.51). Juan, en la última cena, reclinó su cabeza sobre
el pecho de Jesús; en el Calvario, invita a mirar con fe su costado abierto.
Esta actitud de fe contemplativa (descrita posteriormente en la redacción
del evangelio), supone una acción del Espíritu Santo enviado por Jesús
resucitado. La narración evangélica posterior no cambia los hechos (reclinar
la cabeza sobre su pecho, mirar al crucificado), sino que indica una actitud
contemplativa fruto de la redención de Cristo y de la gracia del Espíritu
Santo, que ayuda a interpretar los hechos reales en su significado salvífico
más profundo.
Convivir con María, recibiéndola "en familia" o "en casa", se
convirtió para Juan en una actitud de fidelidad contemplativa hacia las
palabras de Señor: "He aquí a tu Madre". Acogiendo a María, aprendió de ella
a a "ver" a Jesús donde parece que no está, meditando sus palabras "en el
corazón", en relación con unos signos pobres en los que Jesús se esconde y
se manifiesta.
Según los Santos Padres, el evangelio no se puede comprender, si no se
adopta una actitud contemplativa, que equivale a recibir a María como Madre,
imitando su contemplación: "Ninguno puede percibir su significado, si antes
no ha posado la cabeza sobre el pecho de Jesús y no ha recibido de Jesús a
María como Madre" (Orígenes, Commen. sec. Lc., X, 129131: CSEL, 32/4, 504s).
Al describir en el Apocalipsis el camino histórico de la Iglesia, Juan
presenta una dinámica escatológica que tiende hacla "la mujer vestida de
sol" (Ap 1,12), transformada por la luz de Cristo resucitado. En la fiesta
de la Asunción, los textos litúrgicos citan este pasaje en relación con el
"Arca de la Alianza" que ha subido al cielo (Ap 11,19). Para comprender
mejor este lenguage simbólico, se lee también el texto paralelo de Lucas que
describe la "subida" de María "a la montaña" para visitar a su prima Isabel.
Ambos textos tienen el mismo trasfondo bíblico, que deja entender el
contenido mariano explicado por el concilio Vaticano II: "La Madre de Jesús,
de la misma manera que ya glorificada en los cielos en cuerpo y alma es la
imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada en el futuro siglo,
así en esta tierra, hasta que llegue el día del Señor (cfr. 2 Pe 3,10),
antecede con su luz al Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza y
de consuelo hasta que llegue el día del Señor" (LG 68).
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La actitud contemplativa de Juan (aprendida "en comunión de vivda con
María"), que tiene dimensión cristológica, mariana y eclesial, presenta a la
Santísima Virgen como "la mujer" (Ap 12,1; cfr. Jn 2,4; 19,26), figura de la
Iglesia peregrina, que camina hacia el encuentro definitivo con Cristo
resucitado en el más allá. María, precedienco a la Igleisa, ya ha llegado a
esta realidad escatológica ("final") fruto de la redención de Cristo.
Cabe pensar que cuando Juan escribe el evangelio, tiene en cuenta la
actitud contemplativa de María y, por tanto, busca el eco de todo el
evangelio en su corazón materno. Juan escribió y anunció lo que había
"visto y oído... el Verbo de la vida" (1Jn 1,1s). María "vió", a través de
los gestos y palabras de Jesús, contempladas en su corazón, mucho más que el
discípulo amado.
La contemplación de María, en toda su hondura, quedó escondida en el
silencio de su Corazón, lleno de "alguien", que es siempre más allá de lo
que podamos pensar, sentir y decir. Estamos invitados todos a entrar en este
Corazón, que sólo vivió para decir que "sí" a la Palabra personal de Dios,
para que nosotros también busquemos y encontremos en él la resonancia de
todos los contenidos evangélicos meditados con fe viva, alentada por el amor
y la esperanza que no defrauda.
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13. LA PASION Y RESURRECION DEL SEÑOR EN EL CORAZON DE MARIA
Es muy frecuente en toda la tradición eclesial y especialemnte durante
la época patrística, hacer referencia al Corazón de María en relación con la
pasión del Señor. Muchas veces se relaciona el hecho mariano de "estar de
pie junto a la Cruz", con la "espada" profetizada por Simeón, para expresar
el dolor de María desde lo más profundo de su corazón.
"Espada... que atravesará también el Corazón de María" (Orígenes, In
Lucam homil. 17, 6: PG 13, 1845; Origene, Omelie su Luca: "spada che
trafigge non solo il cuore degli altri, ma anche quello di Maria").
"O Madre del Signore, nel tuo cuore è penetrata la spada che Simeone
ti aveva predetto. Allora si infissero nel tuo cuore i chiodi che
perforarono le mani del Signore... le innomerevoli sofferenze e ferite
del Figlio si repercuotevano nel tuo cuore"... (S. Massimo Confessore,
Vita di Maria, VII, n.78: CSCO 478-479).
(copié ya y sólo la primera parte de la frase en el cap.8 sobre
S.José, al final).
"Il cuore della Vergine stessa fu ripieno di dolore nel segno della
croce... Simeone chiama spada i molti pensieri che feriscono le
viscere"... (Anfiloquio di Iconio, Anfilochio di Iconio, Homilia di
octava Domini, 8: PG 39,57A). "También el corazón de la Virgen se
llenó de tristeza en el signo de la cruz").
Si María "contemplaba en su corazón" las palabras y los
acontecimientos salvíficos, no podía pasarle por alto la referencia, al
menos implícita, a la pasión del Señor. En efecto, el nombre de "Jesús", del
que le habló el ángel ("vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre
Jesús": Lc 1,31), está relacionado con la redención de los pecados, según la
aclaración hecha por el ángel a San Jose: "Porque él salvará a su pueblo de
sus pecados" (Mt 1,21).
A esta contemplación del misterio redentor de Cristo se añade el
aspecto doloroso de correr su misma suerte o de sufrir la misma "espada",
como oposición por parte de quienes no aceptarían las exigencias de la
Palabra de Dios: "¡Y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de
que queden al descubierto las intenciones de muchos" (Lc 2,35).
Estos hechos salvíficos se dan en el contexto de una meditación
profunda por parte de María, que queda descrita cuando llegan los pastores a
adorar al niño (cfr. Lc 2,19). Poniendo ella "en relación" el mensaje del
ángel, con lo que ella veía y con las profecías mesiánicas (todo ello
integrado en la "contemplación" de su corazón), se vislumbra el significado
sacrificial de la presentación del recién nacido en el templo: "Cuando se
cumplieron los días de la purificación, según la Ley de Moisés, llevaron a
Jesús a Jerusalén para presentarlo (ofrecerlo) al Señor" (Lc 2,22).
La "víctima" que ella había concebido en su seno, tenía que ser
ofrecida al Señor como "Cordero de Dios que quita los pecados del mundo" (Jn
1,29.36). La "admiración" de María y José (cfr. Lc 2,33) es también una
especie de intuición del misterio profundo de quien, para redimir al mundo,
tenía que cargar con nuestros pecados haciéndose el "siervo doliente" (Is 42
y 53,12).
Cuando Jesús fue reencontrado en el templo, después de la celebración
de la Pascua, sus palabras dejaban entender que su vida estaba ligada
estrechamente a la acción salvífica de Dios en un contexto sacrificial.
Jesús pertenecía a "la casa" del Padre (Lc 2,49), donde se realizaría el
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sacrifico redentor cuando llegaría "su hora" de "pasar de este mundo al
Padre" (cfr. Jn 2,4; 13,1). La "búsqueda dolorosa" del niño perdido en el
templo (Lc 2,48), se puede describir como un ansia del corazón: "Ecce ego et
pater tuus afflicti, cor in ore, ibamus, circumibamus, quaerebamus te" (San
Efrén, Hymni de nativitate, 4,130; CSCO 187,33).
Cuando Jesús, en Caná y en el Calvario, se dirige a María,
calificándola de "mujer", indica el sentido de asociación de su Madre a su
misma obra redentora como "Nueva Eva". Ella pertenece a "la hora" de Jesús y
está llamada a asociarse con actitud sacrificial, "de pie junto a la cruz".
La unión entre Jesús y María es indisoluble, como figura del amor del Señor
a su Iglesia (cfr. Ef 5,25), su esposa "inmaculada" y su "complemento" (cfr.
Ef 1,23).
La asociación de María al sacrificio de Jesús fue "con corazón
maternal": "La Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y
mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la Cruz, en donde, no sin
designio divino, se mantuvo de pie (cfr. Jn 19, 25), se condolió
vehementemente con su Unigénito y se asoció con corazón maternal a su
sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada
por Ella misma, y, por fin, fue dada como Madre al discípulo por el mismo
Cristo Jesús, moribundo en la Cruz con estas palabras: «¡Mujer, he ahí a tu
hijo!» (Jn., 19,26-27)" (LG 58).
"Stabat Mater dolorosa - iuxta crucem lacrimosa - dum pendebat Filius.
Cuius animam gementem - contristatam et dolentem - pertransivir
gladius". "La Madre piadosa estaba - junto a la cruz y lloraba -
mientras el Hijo pendía, - cuya alma, triste y llorosa - traspasada y
dolorosa - fiero cuchillo tenía" (Himno litúrgico, fiesta de la Virgen
Dolorosa, 15 septiembre). "Addolorata, in pianto - la Madre sta presso
la Croce - d cui pende il Figlio. - Immersa in angoscia mortale - geme
nell'intimo del Cuore - trafitt da spada". (abajo siguen otras frases)
María, como puede vislumbrarse en el "Magníficat", estaba acostumbrada
a recitar el salterio y otros himnos del Antiguo Testamento. Los salmos 21 y
68 describen los sufrimientos del futuro redentor: ultrajes, crucifixión,
repartición de sus vestidos, sed... Solamente al llegar esos momentos
culminantes de la pasión, ella podría captar todo su significado, pero el
mismo Espíritu Santo, que inspiró aquellos textos, obraba en el Corazón de
María haciéndole intuir la intimidad y vivencia de su Hijo.
Las últimas palabras de Jesús, muriendo en la cruz, fueron escuchadas
directamente por María y meditadas en su corazón. Su gesto de estar "de pie"
indica una actitud interna de "mirar" con fe contemplativa. En el Corazón de
María resonaron las palabras de Jesús como un resumen de todo el evangelio:
perdón (cfr. Lc 23,34), esperanza de salvación (cfr. Lc 23,43), función
materna de María y de la comunidad eclesial (cfr. Jn 19,26-27), las ansias o
sed de comunicar la salvación (cfr. Jn 19,28; Sal 68), abandono o silencio
de Dios (Mt 25,46); Sal 21), fidelidad de Jesús a la voluntad del Padre (Jn
19,30), confianza en las manos del Padre (Lc 23,46; Sal 30). La Iglesia
acude al Corazón de María, para encontrar en él el eco de las palabas del
Señor.
La "túnica inconsútil" que se rifaron los soldados (Jn 19,23), suponía
muchas horas de trabajo hecho con amor. La túnica desapareció; el amor que
María puso en su elaboración queda insertado en la historia como "influjo
salvífico en favor de los hombres" (LG 60), puesto que forma parte de su
colaboración como asociada al Redentor ("se asoció con corazón maternal a su
sacrificio": LG 58).
En el himno litúrgico "Stabat Mater" (citado más arriba), el creyente
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se siente invitado a vivir en sintonía con Cristo por medio del Corazón de
su Madre: "Sancta Mater, istud agas, - crucifixi fige plagas - cordi meo
valide". "En mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí". "Ferisci il mio
cuore con le sue ferite, - stringimi alla sua croce, inèbriami del suo
sangue!
GIORGIO DI NICOMEDIA (Jorge de Nicodemia): "Se de!aarró el "orazón de
!# Madre". "Chi mai dunque potrebbe contare i numerosi colpi che in
questa circostanza attraversarono il cuore della Madre?... l'ardente
amore per il Figlio... mossa dall'amore verso il Figlio... la forza
della su abruciante fiamma interiore... con immutabile forza interiore
guardava il Figlio... cocente dolore... quanto !i la!"er$ il "#ore di
Maria! Quanto restò interamente scosso!... allora una piu penetrante
spada si conficcò nel cuore della Vergine... mentre nella mano si
piantava il chiodo, nel cuore invece si conficcava una ferita
moratlae!" (Giorgio di Nicomedia, Omelie, Maria ai piedi della croce:
PG 100, 1457-1489).
El "discípulo amado", que, en nombre nuestro, "recibió" a María en su
casa ("en comunión de vida") (cfr. Jn 19,27), invita a "mirar" con mirada de
fe contemplativa aquel hecho salvífico del costado abierto de Jesús, del que
brotó "sangre y agua" (Jn 19,34). La "mirada" contemplativa de María podía
captar más que nadie que aquella "sangre" (formada en su seno por obra del
Espíritu Santo) era también el símbolo de una vida donada por amor (Jn
10,17; 15,13); y que aquella "agua" significaba el "agua viva" o vida nueva
comunicada por el Espíritu Santo gracias a la obra redentora de Cristo (cfr.
Jn 7,38-39).
Con esta "mirada" de fe contemplativa, el Corazón de María fue
siguiendo los acontecimientos que se siguieron a la muerte del Señor: el
descenso de la cruz y la desposición en el sepulcro, envolviendo el cuerpo
de Jesús con una "sábana": "Después de descolgarle, (José de Arimatea) le
envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca en el
que nadie había sido puesto todavía" (Lc 23,53). María, una vez más,
siguiendo su actitud habitual, relacionó lo que veía con otros hechos de la
vida de Jesús y con las profecías: "Lo envolvió en pañales y le acostó en un
pesebre, porque no tenían sitio en la posada" (Lc 2,7). Así lo describe un
escritor oriental:
(la vergine profondamente addolorata chiede al Figlio di poterlo
accogliere di nuovo nelle sue viscere e di sepelirlo nel suo cuore):
"Ahimè, questa fredda pietra tombale, come colpita da un ferro mosso
dal tuo forte braccio, quali scintille spirituali manda nel mio cuore!
Perché non mi si spezza il petto? perché non posso scolpirti un pi4
arcano sepolcro, sí da poterti accogliere di nuovo nelle mie viscere e
seppellirti nel mio cuore5 Io sono il mistico calice che non è stato
distaccato dalla sua pietra preziosa: porto con me la mia porta, che è
stata piantata in me, illuminata dal divio splendore!" (Simeone
Metafraste, Vita di Maria: PG 114-224; Homologion 964-965).
La fe de María era fe contemplativa y "pascual" (de "paso" hacia el
misterio más profundo de la glorificación). Toda la vida de Jesús consistía
en "pasar de este mundo al Padre" (Jn 13,1). Su donación sacrificial, de la
que forma parte la actitud de María como figura de la Iglesia, no termina en
la cruz, puesto que él había dicho: "Yo doy mi vida para volverla a tomar"
(Jn 10,17). La fe contemplativa le hacía recordar a María las veces que
Jesús, al anunciar la pasión, había también profetizado su resurrección: "El
hijo del hombre... resucitará al tercer día" (Mt 17,22-23; 20,17).
Acostumbrada a recitar los salmos, la armonía de la fe y de la revelación,
le hacían vislumbrar algo del misterio profundo de la resurrección, sin
saber todavía los detalles de la misma: "No dejarás a tu santo conocer la
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corrupción" (Sal 15,10; cfr. Hech 2,27, sermón de Pedro en Pentecostés,
rodeado por la comunidad primitiva en la que estaba María, Hech 1,14ss).
La fe María en la resurrección del Señor se puede también intuir de
modo indirecto. Efectivamente, Juan, el "discípulo amado", cumplió el
encargo de Jesús, de recibir a María "en su casa" o "en comunión de vida"
(Jn 19,7), al menos durante las horas que pasaron entre la muerte del Señor
y su resurrección. Cuando Juan llegó al sepulcro y lo encontró vacío, en el
que Cristo había dejado los lienzos (sábana) por el suelo y el sudario
plegado, "vio y creyó" (Jn 20,8). La convivencia con María durante aquellas
horas de profundo silencio contemplativo, le ayudó a aceptar con espíritu de
fe la prediccción del Señor sobre su resurrección al tercer día. Entre los
discípulos del Señor existía ya la convicción de que "el tercer día" tenía
un significado profundo (cfr. Lc 24,21); faltaba sólo descubrir este
significado con la fe del "discípulo amado", que supo convivir con María
esperando la resurrección.
Así vivió ella el misterio pascual y ahora lo sigue vivieno en nuestro
caminar eclesial. Convivendo con ella, la Iglesia aprende a descubrir a
Cristo resucitado presente en los signos pobres de la historia.
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14. LA EUCARISTIA EN EL CORAZON DE MARIA
Jesús, "pan de vida" (Jn 6,35), se formó en el seno de María, junto a
su corazón, por obra del Espíritu Santo. En aquel corazón encontraron
especial resonancia contemplativa todas los gestos y palabras de Jesús.
Cuando María oyó por primera vez las palabras del Señor, "este es mi
cuerpo... esta es mi sangre" (Lc 22,19-20), se conmovieron sus entrañas de
Madre, puesto que se trataba de carne de su misma carne y sangre de su misma
sangre. Se repetiría la experiencia de la Encarnación, cuando, según San
Pedro Crisólogo, "Se turbó su carne, se conmovieron sus entrañas, tembló su
mente y se llenó de estupor toda la profundidad de su corazón" (Sermón 143,
8: PL 52, 585; "si turbò la carne, il grembo sussultò, la mente tremò,
l'intera profondità del cuore restò attonita").
Ya en Cafarnaún, cuando Jesús anunció el misterio eucarístico, usó las
expresiones "mi carne", "mi sangre": "El que come mi carne y bebe mi sangre,
permanece en mí, y yo en él... el que me coma vivirá por mí" (Jn 6,56-57).
El "escándalo" respecto a la Eucaristía, queda unido al escándalo por no
querer aceptar la realidad humana de Jesús, hijo de María: "Murmuraban de
él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo». Y decían:
«¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede
decir ahora: He bajado del cielo?»" (Jn 6,41-42).
Ella iba "todos los años" a Jerusalén para celebrar la Pascua, como
consta desde la infancia de Jesús, en vida de San Jose (cfr. Lc 2,41). El
viernes santo estaba ella junto a la cruz (Jn 19,25). Los gestos y las
palabras de Jesús durante la última cena, ella las captó o directamente en
el mismo momento de la celebración de la Pascua, o inmediatamente después.
En Pentecostés, ella formaba parte de la comunidad reunida en el Cenáculo
(cfr. Hech 1,14ss).
Es, pues, lógica esta observación del Papa Juan Pablo II en la
encíclica Ecclesia de Eucharistia: "¿Cómo imaginar los sentimientos de María
al escuchar de la boca de Pedro, Juan, Santiago y los otros Apóstoles, las
palabras de la Última Cena: «Éste es mi cuerpo que es entregado por
vosotros» (Lc 22, 19)? Aquel cuerpo entregado como sacrificio y presente en
los signos sacramentales, ¡era el mismo cuerpo concebido en su seno! Recibir
la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su
seno el cora'(n 6ue hab2a latido al un2sono con el su!o y revivir lo que
había experimentado en primera persona al pie de la Cruz" (EdE 56)." (EdE
56).
La presencia real de Cristo en la Eucaristía nos recuerda que su
cuerpo y su sangre son verdaderamente humanos por haberlos tomado de María.
Ella "ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe
eucarística de la Iglesia... es el primer «tabernáculo» de la historia" (EdE
55). La Eucaristía tiene el "sabor" de la Virgen Madre, o, como decía San
Juan de Avila, "por ser ella la guisandera, se le pegó mejor sabor". Se
trata del "pan de la Vigen" ("il pane della Vergine"), que nosotros adoramos
y recibimos como "verdadero cuerpo nacido de María Virgen" (EdE 62).
El sacrificio de Jesús, hecho presente en la celebración eucarística,
es la actualización de la actitud y gestos sacrificiales de Jesús,
especialmente en el Calvario. Alí "no falta lo que Cristo ha realizado
también con su Madre para beneficio nuestro" (EdE 57). "María, con toda su
vida junto a Cristo, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía...
«para presentarle al Señor» (Lc 2, 22)... Preparándose día a día para el
Calvario, María vive una especie de «Eucaristía anticipada» se podría decir,
una «comunión espiritual» de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión
con el Hijo en la pasión" (EdE 56).
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El acontecimento sacrificial de Jesús incluye su dolor al ver a su
Madre junto a la Cruz y, al mismo tiempo, el hecho de quererla asociada ("la
mujer") a la obra redentora (como figura y Madre de la Iglesia) y el don que
Jesús nos hizo de ella como Madre. Por esto, "vivir en la Eucaristía el
memorial de la muerte de Cristo implica también recibir continuamente este
don. Significa tomar con nosotros -a ejemplo de Juan- a quien una vez nos
fue entregada como Madre. Significa asumir, al mismo tiempo, el compromiso
de conformarnos a Cristo, aprendiendo de su Madre y dejándonos acompañar por
ella. María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en
todas nuestras celebraciones eucarísticas. Así como Iglesia y Eucaristía son
un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y
Eucaristía. Por eso, el recuerdo de María en el celebración eucarística es
unánime, ya desde la antiguedad, en las Iglesias de Oriente y Occidente"
(EdE 57).
La "actitud interior" de María, simbolizada en su Corazón, es el
aliciente y el modelo que invita a toda la Iglesia a vivir en sintonía con
esa actitud contemplativa, esponsal y sacrificial: "María puede guiarnos
hacia este Santísimo Sacramento porque tiene una relación profunda con él...
la relación de María con la Eucaristía se puede delinear indirectamente a
partir de su actitud interior. María es mujer « eucarística » con toda su
vida. La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su
relación con este santísimo Misterio" (EdE 53).
Durante la celebración euacarística, la comunidad eclesial se une al
sacrifico de Cristo con un "sí" ("amén"), que recuerda el "sí" de María:
"Por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación
del Verbo de Dios... hay una analogía profunda entre el «fiat» pronunciado
por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando
recibe el cuerpo del Señor" (EdE 55). Por esto ella es "el inigualable
modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística"
(ibídem).
La Iglesia celebra y adora el misterio eucarístico, "haciendo suyo el
espíritu de María" (EdE 58), es decir, imitando su "fiat" (su "sí") de la
Encarnación y haciendo de la vida un "Magníficat" como "éxtasis de su
Corazon". Por esto se puede afirmar que "¡La Eucaristía se nos ha dado para
que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!" (ibídem).
El "pan de vida", que es Jesús, como Palabra y como Eucaristía,
encontró el Corazón de María preparado para una nueva transformación. Ella,
la Inmaculada desde su concepción, era también la asociada a Cristo ("la
mujer", la "Nueva Eva") y en quien, como Asunta o glorificada en cuerpo y
alma, se demostraría el fruto de la resurrección del Señor. "Mirándola a
ella, conocemos la fuerza trasformadora que tiene la Eucaristía. En ella
vemos el mundo renovado por el amor" (EdE 62).
María es modelo de fe para la Iglesia. La acción del Espíritu Santo,
que la hizo a ella Madre virginal del Señor, es la misma acción que
transforma el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús, y a nosotros
nos hace partícipes de la misma vida de Señor (cfr. Jn 6,57). La oración del
ofertorio del domingo cuarto de Adviento, está formulada así:
"Accogli, o Dio, i doni che presentiamo all'altare, e consacrali con la
potenza del tuo Spirito, che ha riempito con la sua potenza il grembo della
Vergine Maria".
Cuando la Iglesia "invoca" la venida del Espíritu Santo en la
celebración eucarística ("epíclesis"), se acuerda de María, quien recibió
este mismo Espíritu para pode concebir virginalmente al Hijo de Dios (cfr.
Lc1,35ss). San Juan Damasceno explica la "epiclesis" en estos términos:
"Preguntas cómo el pan se convierte en el cuerpo de Cristo... Te baste oír
46
que es por la acción del Espíritu Santo, de igual modo que gracias a la
Santísima Virgen y al mismo Espíritu, el Señor, por sí mismo y en sí mismo,
asumió la carne humana" (De fide ortodoxa IV, 13).
"Domandi come il pane si converte nel corpo di Cristo?... Ti basti udire che
e per l'azione dello Spirito Santo, nello stesso modo che, grazie alla
Santissima Vergine e allo stesso Spirito Santo, il Signore, per sé e in se
stesso, assunse la carne umana" (De fide ortodoxa IV, 13).
La espiritualidad mariana, concretada en la imitación de su vida de
fe, lleva a una participación más profunda en la liturgia, especialmente
eucarística. En efecto "la meditación sobre Cristo con María" (como puede
ser por medio del rezo del Rosario), ayuda a penetrar más "en la vida del
Redentor". De este modo, se consigue que "cuanto Él ha realizado y la
Liturgia actualiza sea asimilado profundamente y forje la propia existencia"
(RVM 13).
La relación de María con el misterio eucarístico, se fundamenta en su
realidad de ser "Madre del Sumo y Eerno Sacerdote", porque "guiada por el
Espíritu Santo, se entregó totalmente al misterio de la redención de los
hombres" (PO 18). La unción sacerdotal de Cristo tuvo lugar en el seno de
María. Mientras ella decía su "sí", el Verbo se encarnó en su seno. Junto a
su Corazón de Madre, Cristo Sacerdote se ofreció al Padre en sacrificio
redentor: "Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificio y oblación no
quisiste; pero me has formado un cuerpo... ¡He aquí que vengo... para hacer,
oh Dios, tu voluntad!" (Heb 10,5-7).
Todo bautizado está llamado a hacer de su vida una oblación, unida a
la oblación de Cristo al Padre en el Espíritu, "un sacrificio de alabanza"
(Heb 13,15), puesto que "por él, ya podemos decir «sí» a Dios" (2Cor 1,20).
El Corazón materno de María ve en cada creyente un "Jesús viviente" por
hacer. Cada bautizado está llamado a recibir a María como Madre, siguiendo
el ejemplo del "discípulo amado". Los sacerdotes ministros están llamados a
"venerar y amar con filial devoción y veneración a esta Madre del Sumo y
Eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles y auxilio de su ministerio" (PO 18;
cfr. OT 8).
Pero toda vocación cristiana encuentra en ella un Corazón de Madre
para modelarse en él, según el ejemplo de Cristo Sacerdote: "María es la
persona humana que mejor que nadie ha correspondido a la vocación de Dios;
que se ha hecho sierva y discípula de la Palabra hasta concebir en su
corazón y en su carne al Verbo hecho hombre para darlo a la humanidad; que
ha sido llamada a la educación del único y eterno Sacerdote, dócil y sumiso
a su autoridad materna. Con su ejemplo y mediante su intercesión, la Virgen
santísima sigue vigilando el desarrollo de las vocaciones y de la vida
sacerdotal en la Iglesia" (PDV 82).
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15. EL CORAZON DE MARIA EN EL CAMINO HISTORICO DE LA IGLESIA: LAS SEMILLAS
SEMBRADAS EN EL PRIMER MILENIO
Durante todo su caminar histórico, la Iglesia se ha ido inspirando en
el Corazón de María, como "memoria" del evangelio contemplado y vivido. Los
temas ya desarrollados anteriormente nos han ido habituando a releer los
hechos y el mensaje de Jesús, buscando su "eco" en el Corazón de María. El
caminar eclesial más auténtico es el que se ha realizado imitando el Corazón
de María (su actitud interior), fiel a la Palabra del Padre y a la acción
del Espíritu, asociada a su Hijo Redentor.
Desde los primeros siglos, se ha tomado el Corazon de María como un
símbolo de su persona, de su interioridad, de su amor materno, siempre como
figura o modelo de lo que la Iglesia está llamada a ser: Iglesia
transformada por la Palabra, alimentada por el "pan de vida", en cuyo
corazón resuena la actitud interior de María expresada en su "fiat" (Lc
1,38), en su "Magníficat" (cfr. 1,46), su "contemplación" (Lc 2,19.51) y su
"estar de pie junto a la cruz" (Jn 19,25).
Entre los Padres y escritores eclesiásticos de los primeros siglos, el
Corazón de María era todo un símbolo de profundo significado cristológico y
eclesial.
Ya los or7culos sibilinos (siglo II) presentan el Corazón de María
amalgamado de gozo y de dolor: "Se alegró y se regocijó su corazón" (Oracula
Sibyllina, VIII, vers.462-468: GCS 8, 171-172; Ital.; "Tremante, immobile
stette, la mente confusa, con il cuore che batteva per l'inatteso messaggio.
In seguito però ne gioì e caldo con la voce il cuore si sentì" (Oracoli
Sibillini).
Es muy sugestiva la referencia a la interioridad de María (a su
Corazón) en relación con las palabras del ángel (Anunciación) y con el
"gozo" mesiánico cantado en el "Magníficat". Así lo hace %an Atanasio (295-
373): "Cor eius palpitavit guadii abundantia, protulitque canticum"...).
"Su corazón palpitó de gozo y entonó un cántico" (San Atanasio de
Alejandría, Sermo de Maria Dei Mater: "Le Muséon" 71, 1958, 209s).
El tema del Corazón de María, atravesado por la espada, sirve de clave
para entrar en la pasión del Señor. Or2genes (185-254) habla del Corazón de
María, atravesado dolorosamente por la "espada" profetizada por Simeón (In
Lucam homil. 17, 6: PG 13, 1845). ("gladius qui non aliorum tantum sed etiam
Mariae cor pertransiit")
En esta misma línea, se expresaron otros Padres y autores
eclesiásticos, haciendo referencia a la pasión del Señor, contemplada desde
el corazón doloroso de María. Así %an M73imo Confesor (580-662): "O Madre
del Signore, nel tuo cuore è penetrata la spada che Simeone ti aveva
predetto. Allora si infissero nel tuo cuore i chiodi che perforarono le mani
del Signore... le innomerevoli sofferenze e ferite del Figlio si
repercuotevano nel tuo cuore"... (S. Massimo Confessore, Vita di Maria, VII,
n.78: CSCO 478-479).
Frecuentemente se presenta el Corazón de María lleno de dolor en la
pasión, Así Anfilo6uio de conio (340-394): "Il cuore della Vergine stessa
fu ripieno di dolore nel segno della croce... Simeone chiama spada i molti
pensieri che feriscono le viscere"... (Anfiloquio de Iconio, Anfilochio di
Iconio, Homilia di octava Domini, 8: PG 39,57A). "También el corazón de la
Virgen se llenó de tristeza en el signo de la cruz"; "Fuit ergo ipsius
Virginis cor tristitia impletum in signum crucis"). También )orge de
Nicomedia (+860): "Se desagarró el corazón de su Madre". "Chi mai dunque
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potrebbe contare i numerosi colpi che in questa circostanza attraversarono
il cuore della Madre?... l'ardente amore per il Figlio... mossa dall'amore
verso il Figlio... la forza della su abruciante fiamma interiore... con
immutabile forza interiore guardava il Figlio... cocente dolore... quanto si
lascerò il cuore di Maria! Quanto restò interamente scosso!... allora una
piu penetrante spada si conficcò nel cuore della Vergine... mentre nella
mano si piantava il chiodo, nel cuore invece si conficcava una ferita
moratlae!" (Giorgio di Nicomedia, Omelie, Maria ai piedi della croce: PG
100, 1457-1489).
Al presentar la "contemplación" de María en lo más profundo de su
Corazón (Lc 2,19.51), Or2genes desribe la intuición de María sobre el
misterio del Hijo de Dios que se deja entender a través de sus palabras de
niño: "Guardaba sus palabras en su corazón, no como las de un niño de doce
años, sino como las de aquél que fue concebido por obra del Espíritu Santo,
al que veía crecer ein sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres"
(Orígenes, In Luc. homil., 20,6; PG 13, 1853: "non quasi pueri, qui duocedim
esset annorum, sed eius qui de Spiritu Sancto conceptus fuerat, quem videbat
proficere sapientia et gratia apun Deum et homines"; "Conservava nel so
Cuore le parole di lui, non come le parole di un fanciullo di dodici anni,
ma come le parole di colui che era stato concepito da Spirito Santo, di
colui che ella vedeva progredire in sapienza e in gratia agli occhi di Dio e
degli uomini").
Por esto, la referencia al Corazón de María es una invitación para que
la Iglesia siga el mismo camino de entrar en el misterio de Cristo por medio
de una fe contemplativa parecida a la de María y a la de San Juan que la
recibió como Madre: "Ninguno puede percibir su significado, si antes no ha
posado la cabeza sobre el pecho de Jesús y no ha recibido de Jesús a María
como Madre" (Orígenes, Commen. sec. Lc., X, 129131: CSEL, 32/4, 504s) (ver
texto italiano en RMa n.23, nota 47).
%an Efr+n (307-373) describe el Corazón de María como un templo donde
reside Jesucristo como Sumo Sacerdote: (no lo cité arriba) "Dichosa aquella
en la que habitas en su mente y en su corazón. Ella es para ti un aula
regia... El Sancta Sanctorum, o Summo Sacerdote" (San Efrén, Hymni de
nativitate, 17,5: CSCO 186,89; "Beata colei nella cui mente e nel cui cuore
sei presente! Essa è per te un'aula regale, o Fihlio del re; ed è per te il
Santo dei santi, o Sommo sacerdote!" ("Beata illa in cuius mente et corde tu
es! Aula regis illa est per te... et Sancta Sanctorum per te, o summe
Sacerdos!").
La vida interior de María, su corazón, discurría en unión con Cristo.
Buscar al niño perdido, según %an Efr+n, era una búsqueda dolorosa del
corazón: "Ecce ego et pater tuus afflicti, cor in ore, ibamus, circumibamus,
quaerebamus te" (San Efrén, Hymni de nativitate, 4,130; CSCO 187,33). De
esta búsqueda se seguía una contemplación más profunda de su corazón acerca
de los hechos y las palabras de Jesús, intuyendo su misterio más allá de sus
milagros como en Caná: "Ceterum miraculum quod facturus erat conscia erat
illa: «omnem rem», ait evangelista, «conservabat in corde suo» (Lc 2,51), et
«quodcumque dixerit vobis filus meus facite»" (S. Efrem, Hymni de
Nativitate, 5,1: CSCO 145, 44).
8asilio de %eleucia (siglo V) describe la alegría del Corazón de
María, al meditar los acontecimientos de la vida del Señor: "Todo lo cual lo
consideraba en su corazón la Santa Madre del Señor de todo el universo y
verdadera Madre de Dios, como está escrito, y añadiendo aquellos hechos
maravillosos que de El (de Jesús) se contaban, multiplicó la alegría de su
corazón" (Basilio de Seleucia, In Annuntiationem, 39: PG 85,447-448) "Tutte
queste cose la santa Madre del Signore di tutti e vera Madre di Dio
conservando nel cuore - come sta scritto - con l'aggiunta degli straodinari
49
eventi che erano avvenuti attorno a lui, multiplicava l'esultanza del cuore"
(Omelia sulla Madre di Dio).
Teodoro de Ancira (+ antes del 446) presenta el Corazón de María
abierto totalmente a Dios: "No llevaba ídolos grabados en su corazón"
(Teodoro de Ancira, Sermo in Amnunt., 11; PO, 19.329: Omelia sulla Madre di
Dio, 11: "non impresse nel cuore idoli falsi"; "non erroris simulacra cordi
insculpserit"), sino que "su corazón estaba vuelto hacia Dios" (idem, PO
19,330; Omelia sulla Madre di Dio, 11: "divinamente saggia nell'animo, unita
a Dio nel cuore"). De ahí su capacidad contemplativa y de confrontación: "Si
meravigliava delle cose che si dicevano (cfr. Lc 3,33); tuttavia, conservava
anche queste cose, insieme con le precedenti nel suo cuore (Lc 2,19)"."Sane
merito sermones mirabatur; consevabat vero etiam ista cum prioribus in corde
suo" (Teodoro de Ancira, Homil. IV,13: PG 77,1412; Teodoro di Ancira). %an
)uan Damasceno (675-749) reafirma la pureza inmaculada del Corazón de María:
"Corazón puro e inmaculado de María, que ve y desea al Dios todo santo" (S.
Juan Damasceno, Orat. in Nativ. B.V. Mariae I,9: PG 96, 676C: "Cor purum et
labe carens, Deum videns omni labe carentem"). (no encontré en italiano en
Città Nuova 2).
En este sentido, según el "s9 Gregorio Taumaturgo (s.VI?), el Corazón
de María "era como el vaso y receptáculo de todos los misterios" (Ps.
Gregorio Taumaturgo, Homil. 2 In Annunt.: PG 10, 1169C). ..."velut quae
omnium misteriorum vas ac receptaculum esset" (Ps. Gregorio Taumaturgo,
Homil. 2 in Annunt.: PG 10,1169C). Omelia II sull'Annunciazione: "La
santissima Madre di Dio conservava tutte queste parole medirandole nel suo
cuore come fosse vaso e ricettacolo di ogni mistero").
Entre los Padres y escritores eclesiásticos latinos de los primeros
siglos, prevalece la figura de María que concibe a Cristo en su seno y en su
corazón. La Iglesia entera y cada fiel imita esta actitud de fe "virginal"
de María. Así lo afirma %an Ambrosio (333-397): "Virgo erat non solum
corpore, sed etiam mente, quae nullo doli ambitu sincerum adulteraret
adfectum: corde humilis... loquendi parcior, legendi studiosiorElla "Virgo
erat non solum corpore, sed etiam mente" (S. Ambrosio, De Virginibus, II, 7:
PL 16, 208). "Ella era vergine non solo nel corpo ma anche di mente e non
falsò mai, con la doppiezza, la sincerità degli affetti. Umile nel cuore...
non loquace, amante dello studio divino"... (S. Ambrogio, Le Vergini, De
Virginibus, 2,7: PL 16,209). Y también %an Agust2n (354-450): "Fit prius
adventus fidei in cor Virginis, et sequitur fecunditas in utero matris" (S.
Agustín, Sermo 293,1: PL 39,1327-11328). (no encuentro traducción italiana;
pero texto semejante augustiniano:
... (commenta Lc 11,27-28: "Beati sono piuttosto"?...): "Anche per Maria: di
nessun valore sarebbe stata per lei la stessa divina maternità, se non
avesse portato il Cristo piu felictemente nel cuore che nella carne" (S.
Agostino, De sancta virginitate, 3: PL 40, 398; "Materna propinquitas nihil
Mariae profuisse, nisi felicius Christum corde quam carne gestasset"). Así
lo afirma también el poeta "rudencio (+405): "La verginità e la fede pronta
attirano Cristo nell'intimo del cuore; e così la madre lo custodisce nel
nascondimento delle sue membra intatte" (Prudenzio, Apotheosis 581: PL
59,978; "virginitas et prompta fides Christum bibit alvo cordis, et intacta
condit paritura latebris").
Los Padres latinos explican también concretamente cómo era el proceso
contempativo del Corazon de María, relacionando palabrfas, hechos y
profecías. Así %an )er(nimo (347-420): "Conferebat quae audierat, quaeque
legebat (las profecías) cum his quae videbat" (el niño recién nacido) (S.
Jerónimo, Homilia de Nativitate Domini: CCL 78, 527). ("Ciò che Gabriele
aveva detto, era stato già predetto da Isaia: «Ecco la vergine concepirà e
parturirà» (Os 7,14). Se questo l'aveva detto, quell'altro l'aveva sentito.
Vedeva il bambino giuacente... colui che giaceva era il Figlio di Dio... Lo
50
vedeva giacere e lei meditava le cose che aveva udito, quelle che aveva
letto e quelle che vedeva"). También %an Ambrosio (333-397): "Los temas de
la fe los meditaba en su corazón" ("argumenta fidei conferebat in corde...
exemplum edidit") (San Ambrosio, In Lucam II,54: CCL 14,54; "meditava nel
suo cuore gli argumenti della fede... ci ha dato l'esempio"). "Maria...
conservabat omnia Domini Salvatoris in corde suo vel dicta vel gesta" (S.
Ambrosio, In Psal. 118,12,1: PL 15, 1361A; "Maria nel suo cuore custodiva
tutto, parole e azioni, del Signore Salvatore").
Es un proceso contemplativo que sirve de modelo para la contemplación
de todo creyente. %an Ambrosio (333-397) invita a cantar los salmos como lo
hacía María, desde lo hondo de su corazón: "No cantas para un hombre, sino
para Dios, y como hacía María, medítalo en tu corazón" (San Ambrosio, De
Instit. Virginis, 102: PL 16, 345). Entonces el corazón del creyente se hace
eco del alma o Corazón de María: "Que el alma de María esté en cada uno para
alabar al Señor; que su espíritu esté en cada uno para que se alegre en
Dios" (MC 21; San Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam, II, 26: CSEL
32, IV, 15,16)."Sia in ciascuno l'anima di Maria a magnificare il Signore,
sia in ciascuno lo spirito di Maria a esultare in Dio". Siguiendo el ejemplo
de María, el creyente pone las palabras de Cristo en el centro del corazón,
con afecto materno: "Maria conservava ogni parola dentro il suo cuore per
evitare che dal suo cuore nessuna ne colasse fuori" (Commento al Salmo 118,
4,17: PL 15,1247). "María conservaba todas las palabras en su corazón, para
evitar que ni una sola se derramase fuera". "Los temas de la fe los meditaba
en su corazón" ("argumenta fidei conferebat in corde... exemplum edidit")
(San Ambrosio, In Lucam II,54: CCL 14,54; "meditava nel suo cuore glio
argumenti della fede... ci ha dato l'esempio"). "Chi ama il Signore ne ama
la Legge, come Maria che, nel suo amore verso il Figlio, ne ripponeva con
affetto materno nel suo cuore tutte le parole" (S. Ambrogio, Commento al
Salmo 118, 13,3: PL 15, 1452). ("Porque amaba a su Hijo, consideraba con
afecto materno todas sus palabras en su corazón") ("Maria diligens Filium
omnia verba eius in corde suo materno conferebat affectu").
La contemplación de María, según %an "edro Cris(logo (406-450) se
expresaba con el "estupor" de su corazón: "Se turbó su carne, se conmovieron
sus entrañas, tembló su mente y se llenó de estupor toda la profundidad de
su corazón" (Sermón 143, 8: PL 52, 585; "si turbò la carne, il grembo
sussultò, la mente tremò, l'intera profondità del cuore restò attonita").
51
16. CORAZON DE MARIA: EL CAMINO ABIERTO EN EL SEGUNDO MILENIO.
La herencia recibida del primer milenio cristiano sobre el Corazón de
María, se explicitará especialmente desde mediados del segundo milenio. Los
textos evangélicos de Lc 2,19.51, que hacen referencia explícita al Corazón
de la Santísima Virgen, servirán de punto de referencia, como modelo en el
camino de la contemplación de la Palabra y de su puesta en práctica en el
camino de perfección.
%an 8ernardo de Claraval (1090-1153), cuando describe el "fiat" de
María en la Anunciación, imagina en suspenso toda la creación esperando su
"sí" (Homilía 4, 8-9). En este contexto, relaciona el corazón con el seno y
dice a María: "Abre, Virgen bienaventurada, tu Corazón a la confianza, tu
boca a la palabra de asentimiento, tu seno al Creador. He aquí que el
Esperado de las gentes está fuera y llama a la puerta... Levántate con tu
fe, corre con tu disponibilidad, abre con su consentimiento".
"Apri, o Vergine Beata, i ltuo Cuore alla fiducia, la tua bocca alla parola
di assenso, il tuo grembo al Creatore. Ecco, l'Atteso dalle genti sta fuori
e bussa la tua porta... Alzati con la tua fede, corri con la tua
disponibilità, apri col tuo consenso" (Homilía 4,8).
Un autor del siglo XII, Egberto de %ch:nau (1120?-1184), hermano de la
famosa mística Isabel, y abad del monasterio benedictino de Schönau, en una
oración al Corazón de María, se siente unido a ella y ensalza sus
cualidades: ..."Dal profondo che è in me, saluterò il tuo Cuore immacolato,
il primo sotto il solo che fu trovato degno di ospitare il Figlio di Dio,
disceso dal seno del Padre... Con quale parole saluterò degnamente il dolce
Cuore che sta nel tuo petto pudico? (pudoroso en esp.)... Vivi, vivi e gode
in eterno, o Cuore santo e amantissimo, nel quale ebbe inizio la salvezza
del mondo e la divinità, che portando pace al mondo, ha baciato l'umanità...
Ogni anima ti magnifichi, o madre di dolcezza, e ogni lingua di genti pie
esalti nel secoli eterni la beatitudine del tuo Cuore, dal quale scaturì la
nostra salvezza".
"Desde lo más profundo de mi ser, saludaré a tu Corazón Inmaculado, el
primero bajo el sol que fue encontrado digno de hospedar al Hijo de Dios,
procedente del seno del Padre... Oh Corazón santo y amantísimo, en el cual
tuvo inicio la salvación del mundo y en donde la divinidad, que trayendo al
mundo la paz, ha besado a la humanidad!... Toda alma te glorifique, Madre de
dulzura, y toda lengua de las gentes piadosas exalte por los siglos eternos
la bienaventuranza de tu Corazón, del cual brotó nuestra salvación".
El Papa nocencio (pontificado: 1198-1216) escribió sobre la
Santísima Virgen, subrayando sus virtudes y su ternura maternal. Su corazón
era el símbolo de su actitud interior. Siguiendo la doctrina de San Ambrosio
y San Agustín, afirma la virginidad corporal y espiritual de María.
Comentado el texto de Lc 10,38 (cuando Jesús entró en un pueblo o castillo),
dice: "En este espiritual castillo, que es la Madre de Dios, Virgen María,
el muro exterior es la virginidad corporal, la torre interior es la humildad
del corazón... Concibió en su Corazón al Verbo, que se hizo carne y habitó
en ella. Concibió en su Corazón al Verbo" (Inocencio III, 1198-1216: ML 217,
583-584).
El Papa )ulio (pontificado: 1503-1513) manifestaba predilección
por el título de María "Reina de misericordia", haciendo referencia a su
corazón: "Oh gloriosísima Reina de misericordia, saludo tu virginal Corazón,
que fue limpísimo de toda mancha de pecado. Ave María" (Julio III, 1503-
1513) (citado por H. Marín, o.c., p.19).
%an )uan de Avila (1500-1569), con su predicación mariana y su gran
influencia en los santos y escritores de su época y de epocas posteriores,
52
tiene ya una doctrina muy amplia sobre el Corazón de María. Fue el gran
apóstol del Corazón de María en el siglo XVI, precursor de los grandes
apóstoles marianos de los siglos XVII-XVIII. En el "Corazón de María" se
resume toda la interioridad contemplativa de la Santísima Virgen, como
camino de gozo y de dolor, en sintonía con la interioridad del Corazón de
Cristo. Su Corazón ansiaba ardientemente ver al Jesús nacido (cfr. Carta 40)
y verle definitivamente en la gloria (cfr. Ser 70). María vivía pendiente de
la voluntad divina, "herida con su amor, que era ley de su Corazón" (Ser
70). Por esto es Corazón desprendido de toda criatura: "Libre, vacío de
todas las cosas de la tierra y verdaderamente pobre estaba el Corazón de la
Virgen, por darse desembarazada al que de verdad lo merece poseer" (Ser 71).
En el Corazón de María, el creyente encuentra el modelo y la ayuda necesaria
para imitar a Cristo y unirse a él: "Quien cavare más en el Corazón de la
Virgen, hallará en lo más dentro de él una mar abundantísima de gracia y
amor, de la cual salían las virtudes así como ríos" (Ser 69).
La descripción que hace San Juan de Avila sobre el Corazón de María,
tiene dimensión trinitaria, cristológica y pneumatológica. Y "como fue allí
derramado el Espíritu Santo abundantemente en su corazón y entrañas, ámanos
en gran manera, ámanos entrañablemente... como a hijos adoptivos nos tiene"
(Ser 32). "Mucha es la ternura de su Corazón maternal para con nosotros"
(Ser 68). De este "purísimo Corazón" brotó el canto del "Magníficat", porque
el "altar de su Corazón ardía en honra de Dios" (Ser 69). Tiene "muy amoroso
y maternal Corazón" (ibídem); "Corazón de Madre tiene la Virgen contigo"
(Ser 71). Es el "virginal Corazón" que quedó "lastimado" acompañando a
Cristo en la pasión (Ser 67). Fue Corazón herido por "cuchillo de amor" (Ser
70).Por ser "el Corazón más tierno del mundo", cada golpe que daban a
Cristo, era "una lazada que atravesaba el Corazón de la Virgen" (Ser 67).
Todos los momentos de la pasión y de la sepultura repercutían en su Corazón;
por esto, aunque con su "cuerpo se iba alejando del sepulcro, mas el Corazón
se quedaba dentro" (ibídem).
La primera imagen del Cora'(n de Mar2a, con el niño en su regazo, que
también muestra su Corazón mientras señala del de la Madre, es originaria
del Brasil (misiones o "reducciones" jesuíticas de Pernambuco), ideada por
el jesuita Beato José Anchieta (provincial entre los años 1565-1577). Esta
imagen llegó a ser muy popular, especialmente entre la población indígena.
En 1829, debido a las dificultades religiosas, fue trasladada a Nápoles
(convento capuchino de San Efrén el Viejo) y coronada canónicamente en 1841.
%an )uan Eudes (1601-1680) ha sido el gran apóstol del Corazón de
María. En el martirologio romano se dice de él que fue "promotor del culto
litúrgico a los sagrados Corazones" (de Jesús y María). Fue fundador de la
"Congregación de Jesús y de María", de la "Orden de Nuestra Señora de la
Caridad" y de la "Congregación del Corazón admirable de la Madre de Dios"
(tercera orden de los Eudistas). Fundó muchas Cofradías dedicadas a los
sagrados Corazones. %an "2o ; resumió posteriormente su finalidad: "Imitar
cuidadosamente las virtudes de los sacratísimos Corazones de Jesús y de
María, especialmente la caridad" (Carta Apostólica "Pia Consotiatio": AAS 2,
1911, 227s) y presentó al santo como promotor del culto litúrgico a los
sagrados Corazones y "padre de esta suavísima devoción" (Carta Apostólica
"Divinus Magister": AAS 1, 1909, 480).
Muchas Cofrad2as de los %agrados Cora'ones fueron fundadas y
promovidas (desde el siglo XVII en adelante) también por otros Pontífices y
figuras históricas, en diversos países cristianos. Hubo muchos intentos para
conseguir la aprobación de la fiesta litúrgica del Corazón de María. Desde
el siglo XVIII en adelante, se fundan también diversas Congregaciones
religiosas con el título de "Corazón de María" o también "Corazones de Jesús
y de María".
53
%an Luis M< Grignon de Montfort (1673-1716) puede considerarse también
como uno de sus grandes promotores, aunque es más conocido por la
"esclavitud mariana". Decía el santo: "Guardad, verted en el seno y Corazón
de María todos vuestros tesoros, todas vuestras gracias y virtudes". Su
oración ,Totus tuus, va dirigida al Corazón de María para pedir que su
Corazón viva en el nuestro. "Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt.
Accipio te in mea omnia! "raebe mihi cor tuum/ Maria" ("Sono tutto tuo, e
tutto ciò che ho è tuo. Sii tu mia guida in tutto. Dammi il cuo cuore,
Maria"). El significado nos lo da el mismo santo: "Piu un'anima sarà
consacrata a lei, piu sarà consacrata a Gesu Cristo" (Tratado de la
verdadera devoción a María, Trattato della vera devozione a Maria, 120).
En los siglos siguientes, además de las Cofradías y Congregaciones
dedicadas al Corazón de María, proliferaron las oraciones, imágenes,
consagración y devociones populares. En tiempo de "2o V (1775-1799), gran
devoto de María, se divulga esta oración: "Sagrado Corazón de María... vos
salváis el alma mía" (ASS 31, 1888-1889, 740).
"2o V (1800-1822), en sus escritos, habla de la Virgen dolorosa y de
su mediación materna. Durante su pontificado se aprobaron algunas oraciones
que se refieren al Corazón de María: "Corazón ambabilísimo, objeto de las
complacencias de la adorable Trinidad y digno de toda la veneración y
ternura de los ángeles y de los hombres; Corazón el más parecido al de
Jesús, cuya más perfecta imagen sois; Corazón lleno de bondad y tan
compasivo con nuestras miserias... Hacedlos sentir la ternura de vuestra
maternal Corazón" (oraciones indulgencias por la S. Congregación de las
Indulgencias, 18 agosto 1807).
%anta Catalina Labour+ (1806-1876) tuvo la aparición de María en 1830,
quien le dio el signo de la ,Medalla Milagrosa, (las manos de María
comunican la luz de la grazia divina a todo el mundo). En el reverso de la
medalla aparece la letra M con una cruz sobrepuesta y debajo dos corazones.
La santa, al preguntar sobre el significado, afirma que le pareció oír: "La
M y los dos corazones hablan suficientemente". Se divulgo por todo el mundo
la oración jaculatoria que formaba parte de la aparición: "¡Oh María, sin
pecado concebida! Rogad por nosotros que recurrimos a Vos".
El culto público y oficial al Corazón de María tiene lugar
especialmente desde el siglo XIX. ,Nuestra %e=ora del %agrado Cora'(n,
(Notre-Dame du Saint-Coeur) fue coronada en 1869 con una corona bendecida
por Pío IX. Durante todo el siglo XI se fundaron numerosas Congregaciones y
Cofradías cordimarianas. Entre las Congregaciones religiosas: "Hijas del
Santísimo e Inmaculado Corazón de María" (Gerona, 1848), "Misioneros Hijos
del Inmaculado Corazón de María" (1849, por San Antonio María Claret),
"Misioneros del Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María"
(Scheut, Bruselas, 1862), "Esclavas del Inmaculado Corazón de María"
(Lleida, 1862, por M. Esperanza), "Hijas del Purísimo Corazón de María"
(Varsovia, 1867), "Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y de María"
(Instituto Ravasco, Génova, 1868) y muchas otras más. Algunas ya fueron
fundadas en el siglo XVIII, como la "Congregación de los Sagrados Corazones
de Jesús y de María" (Picpus. 1797), etc., etc.
"2o V (1829-1839), cuando era obispo de Montalbo, había escrito:
"El purísimo Corazón de María es el fiel trasunto del de Jesús". En tiempo
de Beato "2o ; (1846-1878), se indulgencia esta oración, conocida hoy
universalmente: ,Dulce Cora'(n de Mar2a sed la salvaci(n m2a, (30 septiembre
1852). Otra oración parobada: "Por estar vuestro Corazón purísimo lleno de
caridad, de dulzura y de ternura para con nosotros pecadores, os llamamos
madre de la divina Piedad" (26 marzo 1860). Aunque ya desde Pío VII se
concedió permiso para celebrar la fiesta del Corazón de María a quienes lo
pidieran, fue Pío IX (21 de julio 1855) quien promulgó el oficio y la misa
54
propia para esas ocasiones.
En ,Nuestra %e=ora de las Victorias, (Notre-Dame des Victoires),
Paris, se fomentó, especialmente desde 1836, la devoción y consagración al
Corazón de María, por medio de una Archicofradía de influjo universal. Ya en
1870, con ocasión del concilio Vaticano I, se recogieron adhesiones de los
obispos en vistas a este objetivo. Pío IX era favorable. Se intentó de nuevo
(en 1906) la consagración de todo el género humano al Corazón Inmaculado de
María. %an "2o ; (1907) acogió la súplica. La fórmula de consagración fue
aprobada por la Congregación de Indulgencias y se expresa así: "¡Oh María,
Virgen poderosa y Madre de misericordia, Reina del cielo y Refugio de los
pecadores! Nosotros nos consagramos a vuestro Corazón Inmaculado... Os
prometemos finalmente, oh gloriosa Madre de Dios y Madre de los hombres,
poner todo nuestro corazón al servicio de vuestro culto bendito, para
asegurar, por medio del reinado de vuestro Corazón Inmaculado, el Reino del
Corazón de nuestro adorable Hijo en nuestras almas, en nuestro país y en
todo el universo" (S. Congregación de Indulgencias, 21 febrero 1907).
%an Antonio Mar2a Claret (1807-1870), fundador de los "Misioneros
Hijos del Inmaculado Corazón de María" (1849) es otro de los grandes
pioneros de esta devoción y culto. Algunas de sus afirmaciones compendian
esa devoción cordimariana: "El Corazón de María no sólo fue miembro vivo de
Jesucristo por la fe y la caridad, sino también origen y manantial de donde
tomó la humanidad... Es María, es el Corazón de María, la que más caridad
tiene... Es todo caridad... María es el corazón de la Iglesia... El Corazón
de María ha sido el órgano de todas las virtudes en grado heroico, y
singularmente de la caridad para con Dios y para con los hombres... El
Corazón de María es el trono en donde se dispensan todas las gracias y
misericordias... El Corazón de María fue templo del Espíritu Santo" (EE,
p.500s).
Le(n ; (1878-1903), por medio de sus numerosas encíclicas sobre el
Rosario, fomentó la devoción a la Santísima Virgen. En algunos de sus
documentos habla explícitamente del Corazón de María: "Ardientemente
deseamos que el pueblo católico (italiano) acuda a esta gran Virgen y haga
dulce violencia a su Corazón de Madre" (ASS 20, 209, Epistola "Vi è ben
noto", 20 sept. 1887). Durante su pontificado, se aprobaron algunas
oraciones, como la siguiente: "Omnipotente y sempiterno Dios, que preparaste
digna morada del Espíritu Santo en el Corazón de la bienaventurada Virgen
María, concédenos propicio, que festejando devotamente su purísímo Corazón,
podamos vivir conforme a tu Corazón" (oración aprobada para el Congreso
Mariano de Turín: ASS 31, 1898-1899, 538-540). Hay una nota de la S.
Congregación de Ritos, que precede a esa fórmula, indicando que la oración
fomentará "la esperanza en el amor y bondad de su Corazón". La fórmula misma
empieza dirigiéndose a María, a modo de "consagración a vuestro Corazón
maternal".
%an "2o ; (1903-1914), al que ya hemos hecho referencia anteriormente,
invita a profundizar la doctrina mariana haciéndola vida propia. En la
encíclica "Ad diem illum", después de afirmar que "por María... penetramos
en el conocimiento de Cristo", indica el camino para imitar la contemplación
de María, en sentido de vivencia del misterio de Cristo: "No sólo
conservaba, confiriéndolo en su corazón lo acaecido en Belén y en el templo
del Señor en Jerusalén, sino que ... vivía la vida del Hijo, partícipe como
era de sus planes e intenciones. Nadie, pues, como ella conoció
profundamente a Cristo" (AAS 36, 1903-1904). Durante su pontificado se
aprobaron algunas invocaciones, como las siguientes, en las que se habla del
Corazón de María: "Nuestra Señora del Sagrado Corazón, ruega por nosotros"
(ASS 37, 1904-1905, 16-17; "Corazón doloroso e inmaculado de María"
(aprobación del Cardenal Mercier y carta autógrafa de San Pío X;
indulgenciada por Benedicto XV, 28 septiembre 1916).
55
En tiempo de 8enedicto ;V (1914-1922), siguiendo la costumbre de toda
el siglo XIX e incio del siglo XX, se fue intensificando el deseo de
consagración de personas e instituciones al Corazón de María, instando a la
consagración de toda la humanidad, especialmente teniendo en cuenta las
calamidades de la época. En este contexto tienen lugar las apariciones de la
Virgen en Fátima (desde el 13 de mayo de 1917). La Santísima Virge apareció
con su Corazón rodeado de espinas.
Las apariciones de .7tima (1917) radifican, pues, la devoción al
Corazón de María, indicando también la consagración del mundo. En la
aparición del 13 de mayo se pide a los tres videntes "reparar... las ofensas
hechas al Corazón Inmaculado de María". El 13 de junio, María aparece con su
"Corazón rodeado de espinas", comunicando el siguiente mensaje: "Jesús
quiere servirse de ti para darme a conocer y hacerme amar. El quiere
establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado". El 13 de julio
insiste sobre la consagración: "Vendré a pedir la consagración del mundo a
mi Corazón Inmaculado... Al fin triunfará mi Corazón Inmaculado".
También en tiempo de Benedicto XV, se conceden indulgencias a algunas
oraciones que hacen referencia al Corazón de María: "Os presento el Corazón
Inmaculado de María en unión con el Corazón amantísimo de nustro Señor
Jesucristo inmolándose en la cruz en el Calvario y ahora en el altar para
santificar y salvar las almas" (25 noviembre 1920). "Corazón purísimo de
María Virgen, alcanzadme de Jesús la pureza y humildad de corazón" (13 enero
1922).
"2o ; (1922-1939), el Papa de las Misiones, describe la mirada
amorosa de María: "Son ojos abiertos sobre nosotros, que nos siguen por
todas partes, como nos sigue su Corazón" (10 mayo 1926). "Confiándose al
Corazón de la Madre, se llega al Corazón del Hijo" (3 julio 1933). El
cuidado maternal de María se dirige a todos los redimidos: "María, por
habérsele confiado todos los hombres a su maternal Corazón en el Calvario,
no cuida cuida y ama menos a los que ignoran haber sido redimidos por Cristo
Jesús, que a los que disfrutan felizmente de los beneficios de la misma
redención" (encíclica "Rerum Ecclesiae" 1926: AAS, 18, 1926, p.83).
Entre las oraciones aprobadas en tiempo de Pío XI, destacamos las
siguientes: "María, mi dulce madre... Prestadme vuestro Corazón, dadme
vuestro amor y el de Jesús, que esto me basta para ser feliz" (29 julio
1924). "Aunque hijitos vuestros, volvemos con nuestros pecados a crucificar
en nuestro corazón a Jesús y traspasamos nuevamente vuestro Corazón" (20
julio 1925).
Sería interesante aportar aquí testimonios y vivencias de santos y
personas con fama de santidad en este período (siglo XIX e inicio del XX),
puesto que esta herencia que estamos constatando llegó a ser patrimonio de
innumerables fieles, en sintonía con las enseñanzas del magisterio. Además
de los citados más arriba, recogemos sólo unos pocos testimonios
posteriores.
Decía el %anto Cura de Ars (1786-1859): "El Corazón de la Santísima
Virgen María es la fuente de la que Cristo tomó la sangre con que nos
redimió". La Sierva de Dios M9 Esperan'a de )es*s Gon'7le' (1823-1885),
fundadora (Lleida, 1862) de las "Esclavas del Inmaculado Corazón de María"
(Misioneras), deja escrita su vivencia: "Éste es el sagrado asilo de mi
refugio... el Inmaculado Corazón de María está unido al de Jesús; y, por
consiguiente, morando en este sagrado santuario, estamos en el mismo centro
del dulcísimo Corazón de nuestro dueño".
%anta Teresa de Lisieu3 (1873-1897), Patrona de las Misiones, también
56
manifiesta espontáneamente una relación íntima y filial con el Corazón
materno de María: "Te me apareces, Virgen, en la sombría cumbre del
Calvario, de pie junto a la cruz... ¡Oh Reina de los mártires, quedando en
el destierro, prodigas por nosotros toda la sangre virginal y pura de tu
sublime corazón de madre!" (Poesía 44). Jesucristo "sufrió este martirio por
salvar almas, abandonó a su Madre, vio a la Virgen Inmaculada de pie junto a
la cruz con el corazón traspasado por una espada de dolores" (Carta 184, al
A. Bellière).. "Vivir contigo quiero, Madre amada... de tu inmenso corazón
descubro los abismos de amor. Tu maternal mirada desvanece mis miedos, y me
enseña a llorar, y me enseña a reír" (Poesía 44).
La Venerable Concepci(n Cabrera de Armida (1862-1937) ha dejado
escritas las confidencias recibidas del Señor, en las que el mismo Jesús
indica su relación íntima con el Corazón de María: "En el Corazón de María
vibraba constantemente el eco de mi pasión interna de aquella que oprimió a
mi alma desde la Encarnación"" (CC 42,288-290, junio 23, 1919). "Todos los
cálices que apuré Yo, los puse también en el corazón de María, que fue la
corredentora y como el eco de mis martirios. Por eso es la Reina del dolor,
porque ni uno solo, de mis tormentos internos y externos, dejó de repercutir
en su corazón de Madre" (CC 41,274, junio 16,1917). "El Corazón de mi Madre,
canal único por donde se derraman las gracias a la humanidad" (CC. 51, 309-
311, abril 8,1928).
En su librio titulado "Ternuras al Corazón Inmaculado de María"
(1919), Concepción Cabrera de Armida describe la interioridad de Jesús desde
el Corazón de María. Son meditaciones puestas en labios de la Santísima
Virgen, con reflexiones y propósitos del lector: "Las penas fueron para mi
corazón; los frutos serán para el tuyo" (n.4, destierro a Egipto). "Comunicó
a mi corazón toda la fortaleza del suyo, toda la resignación y la serenidad
que necesitaba para el sacrificio que iba a ofrecer al Eterno Padre" (n.19,
Cenáculo). "Y así abismado su corazón en el mío y el mío en el suyo,
permanecimos juntos el «Varón de dolores» (Is 53,3) y la Madre del Dolor...
Ahí naciste en mi corazón" (n.23, Jesús muerto en la cruz). Se pide a María:
"Ensancha mi corazón para que sea como Tú en la Eucaristía" (n.17); "Madre
mía, préstame tu Corazón" (n.20).
La Sierva de Dios M9 Mar2a n+s>Teresa Arias (1904-1981) invita a
vivir el amor esponsal a Cristo con y como María. En sus escritos íntimos
aflora su vivenia filial: "Mi Señor, te amo con el Corazón de tu Madre". "Lo
escribí todo en el Corazón de mi Madre, ese es mi libro que siempre tengo
abierto". "Madre mía en tu corazón me encierro toda". "En el corazón
purísimo de tu Madre, derramaré el mío todo entero". "Se va mi confianza al
Corazón de María... María se conmueve, y Jesús me abre sus brazos". "Quiero
sacrificarme en el Corazón de María, por las almas".
Los "apas de mediados del s9;; en adelante, siguieron las líneas
trazadas por sus antecesores. En la doctrina y actuación de "2o ; (1939-
1958) encontramos ya toda esta herencia milenaria como algo vivido
espontáneamente por la Iglesia entera. Sus discursos son un arsenal de
dotrina, que recoge esta herencia eclesial. "Virgen compasiva, de Corazón
herido por la espada, Madre del autor de la paz y Reina de la paz"
(Alocución 29 mayo 1950). "El fiat de la Encarnación, su colaboración en la
obra de su Hijo... y esa muerte del alma que experimentó en el martirio,
habían abierto el Corazón de María al amor universal de la humanidad"
(Alocución 17 julio 1954). "Con el Corazón atravesado por una espada, está
al pie de la cruz de su divino Hijo" (Alocución 25 octubre 1942). "El
Corazón de la Madre lleno de misericordia" (Radiomensaje 19 juno 1947). "El
Corazón misericordioso de la santa Virgen se compadecerá de las necesidades
de las familias" (Alocución 10 mayo 1959). "Como la madre de familia, que
abraza con su mirada, que aprieta contra su Corazón a su querida
descendencia" (Alocución 22 mayo 1952). "Corazón maternal y compasivo"
57
(Radiomensaje 13 mayo 1946). "La delicadeza de su Corazón Inmaculado"
(Radiomensaje 26 julio 1954). "Su Corazón Inmaculado, canal dulcísimo de
todos los bienes" (Radiomensaje 12 octubre 1954, Montevideo, Congreso
Mariano). "El Corazón purísimo de la Virgen, sede de aquel amor, de aquel
dolor, de aquella compasión y de todos aquelos altísimos afectos que tanta
parte fueron en la redención nuestra, prinicipalmente cuando... velaba en
pie junto a la cruz" (Radiomensaje 12 octubre 1954, Congreso mariano
nacional de España: AAS 46, 1954, 680).
También en sus documentos más importantes va delineando los matices
peculiares del Corazón de María: "Aquel maternal Corazón que, juntamente con
el Corazón suavísimo de su Hijo, palpitó ardentísimamente" (Carta Apostólica
"Novissimo universarum", 1 mayo 1947). "María tiene Corazón maternal para
con todos los miembros del mismo augusto Cuerpo" (Const. Apost.
Munificentissimus Deus, 1 noviembre 1950: AAS 42, 1950, p.753, en la
definición del dogma de la Asunción). "Su virginal Corazón, sagrario de
todas las virtudes" (Epist. 14 noviembre 1954).
Nuestra oración confiada es "como para violentar suavemente al
maternal Corazón de María" (Encíclica "Ingruentium malorum", 15 septiembre
1951). Pueden verse también algunas oraciones aprobadas en tiempo de Pío
XII: "Nos refugiamos en tu Corazón Inmaculado, seguros de encontrar en él
todos los alientos, que anhela nuestro desolado corazón; depositamos en ti
toda confianza, para que tu mano maternal nos guíe y nos sostenga en el
áspero camino de la vida" (Penitenciaria Apostólica, 28 agosto 1956). "Nos
echamos en vuestros brazos... oh inmaculada Madre de Jesús y Madre nuestra,
confiados de encontrar en vuestro Corazón amantísimo la satisfacción de
nuestras ardientes aspiraciones y el puerto seguro de las tempestades"
(Oración para el año mariano de 1954).
En tiempo de Pío XII tiene lugar la Consagraci(n del mundo al Cora'(n
nmaculado de Mar2a (el 31 de octubre, en Fátima por Radiomensaje, y el 8 de
diciembre de 1942, en Roma). Recogemos la frase final de la fórmula de
consagracion del 8 diciembre 1942: "Nosotros nos consagramos perpetuamene a
Vos, a vuestro Corazón Inmaculado, oh Madre nuestra y Reina del mundo, para
que vuestro amor y patrocinio apresuren el triunfo del Reino de Dios, y
todas las gentes, pacificadas con sí y con Dios, os proclamen
bienaventurada, y entonen con Vos... el eterno Magníficat de gloria, amor,
agradecimiento al Corazón de Jesús, en solo el cual pueden encontrar la
Verdad, la Vida y la Paz" (AAS 34, 1942, 345-346). La consagración se
renovó, incluyendo "todos los pueblos de Rusia", el 7 de julio de 1952:
"Consagramos de modo especialísimo al mismo Inmaculado Corazón, todos los
pueblos de Rusia" (Carta "Sacro vergente anno": AAS 44, 1952, 505). En la
encíclica "Ad caeli Reginam" (11 octubre 1954) se establece la renovación
anual de la consagración (AAS 46, 1954, 615).
La fiesta del Cora'(n de Mar2a pasó a ser fiesta litúrgica con Oficio
y Misa propia para la glesia universal. El Decreto de la S. Congregación de
Ritos (4 mayo 1944) resume la doctrina cordimariana con estas palabras: "La
Iglesia... bajo el símbolo de este Corazón, venera devotísimamente la eximia
y sin par santidad del alma de la Madre de Dios, mas principalmente su
ardentísimo amor a Dios y a Jesús su Hijo, y su maternal piedad para con los
hombre redimidos con la divina sangre" (AAS 37, 1945, 50-51).
El Beato )uan ;; (1958-1963) continuó las enseñanzas de Pío XII.
Cuando era cardenal Patriarca de Venecia, fue legado pontificio para
conmemorar el 25 aniversario de la consagración de Portugal al Corazón de
María (13 mayo 1956), pronunciando un discurso programático. En la encíclica
"Ad Petri Cathedram" (29 junioi 1959) hace alusión explícita a la
consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María (AAS 51, 1959, 518).
Alentó a la práctica de esta consagración, recordando su propia experiencia
58
personal y hablando frecuentemeente del "amor maternal de María y del "reino
de su Inmaculado Corazón" (AAS 52, 1960, 190, 449).
"ablo V (1963-1978), al final de la tercera sesións conciliar del
Vaticano II (21 novembre 1964), después de promulgar la Constitución "Lumen
Gentium", de tanto contenido mariano, quiso consagrar el mundo al Corazón de
María, renovando la consagración de Pío XII. Después de recordar esta
consagración hnistórica, el texto de la fórmula dice: ..."Immaculato Corde
Tuo, o Deipara Virgo, universum genus humanum commendamus" (AAS 56, 1964,
1017).
(es la única frase sobre el "Corazón") (saqué directamente de AAS)
En la encíclica ,%ignum Magnum, (13 mayo 1967), Pablo VI recuerda esta
consagración, en el 25 aniversario de la consagración hecha por Pío XII (31
octubre 1942), invitando a renovarla, con actitud filial hacia el "Corazón
Inmaculado de la Madre de la Iglesia: "Invito a rinnovare la consacrazione
personale al Cuore Immacolato di Maria. E poiché in quest'anno si ricorda il
XXV anniversario della solenne consacrazione della Chiesa e del genere umano
a Maria, Madre di Dio, e al suo Cuore Immacolato, fatta dal Nostro
Predecessore di s.m., Pio XII, il 31 ottobre 1942, in occasione del
radiomessaggio alla nazione Portoghese - consacrazione che Noi stessi
abbiamo rinnovato il 21 novembre 1964 - esortiamo tutti i figli della Chiesa
a rinnovare personalmente la propria consacrazione al Cuore Immacolato della
Madre della Chiesa, ed a vivere questo nobilissimo atto di culto con una
vita sempre piu conforme alla divina volontà, in uno spirito di filale
servizio e di devota imitazione della loro celeste Regina" (Signum Magnum,
n.8).
En esta misma encíclica "Signum Magnum", Pablo VI hace un resumen de
la doctrina cordimariana, recordando el significado del santuario mariano de
Fátima. Es "Corazón maternal y compasivo" (introducción, citando a Pío XII).
Se remite a la doctrina de San Agustín, sobre concebir a Cristo también en
el corazón: "la consanguineità materna nulla avrebbe giovato a Maria, se
ella non si fosse sentita piu fortunata di ospitare Cristo nel cuore che nel
seno" (n.3). Por esto, "in Maria la Chiesa di Cristo addita l'esempio del
modo piu degno di ricevere nei nostri spiriti il Verbo" (ibídem). Si el
pueblo cristiano aprende a imitar la actitud del Corazón de María, se
seguirán frutos de renovación: "Possa il Cuore Immacolato di Maria
risplendere dinanzi allo sguardo di tutti i cristiani quale modello di
perfetto amore verso Dio e verso il prossimo; li induca esso alla frequenza
dei santi Sacramenti... li stimoli inoltre a riparare le innumerevoli offese
fatte alla divina Maestà; rifulga, infine, come vessillo di unità e sprone a
perfezionare i vincoli di fratellanza tra tutti i cristiani in seno
all'unica Chiesa di Gesu Cristo" (n.7).
En la exhortación apostólica Marialis cultus (1974), Pablo VI resume
también la doctrina cordimariana, invitando a imitar su actitud de
conemplación y de "fe, con la que Ella, protagonista y testigo singular de
la Encarnación, volvía sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo,
confrontándolos entre sí en lo hondo de su corazón (cfr. Lc. 2,19.51). Esto
mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la sagrada Liturgia, escucha
con fe, acoge, proclama, venera la palabra de Dios, la distribuye a los
fieles como pan de vida y escudriña a su luz los signos de los tiempos,
interpreta y vive los acontecimientos de la historia (MC 17). La Iglesia ha
ido aprendiendo a entrar en el Corazón de María: "Pero la misma Iglesia,
sobre todo a partir de los siglos de la Edad Media, ha percibido en el
corazón de la Virgen que lleva al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor
(cfr. Lc. 2,22), una voluntad de oblación que transcendía el significado
ordinario del rito" (MC 20). De ella se aprenden las virtudes teologales:
"la fe, la esperanza y la caridad que animaron el corazón de la Virgen (MC
26). Los misterios del Señor se meditan "vistos a través del Corazón de
59
Aquella que estuvo más cerca del Señor", para que "desvelen su insondable
riqueza" (MC 47).
El Papa )uan "ablo (1978ss) ha ido manifestando continuamente, ya
desde su primer radiomensaje (17 de octubre de 1978: AAS 70, 1978, 927) y su
primera visita a Santa María Mayor (8 diciembre 1978), su predilección por
la oración de San Luís María Grignon de Montfort ("Totus tuus"), que termina
con la expresión "praebe mihi cor tuum" (Tratado de la verdadera devoción,
233). "Così, grazie a San Luigi, cominciai a scoprire tutti i tesori della
devozione mariana da posizioni in un certo senso nuove" (,Dono e mistero9
Nel ?@A del mio sacerdo'io, (5 novembre 1996). Lo recuerda también en la
carta apostólica "Rosarium Virginis Mariae" (2002), n.15.
En 1981, también en su visita a Santa María Mayor (8 diciembre), al
final de la Santa Misa, Juan Pablo II quiso renovar la consagración a María,
haciendo referencia a la consagración de Pío XII en 1942 y explicando su
significado: "quel particolare dialogo di amore e di affidamento, che la
Chiesa della nostra epoca conduce con lo Spirito Santo mediante il Cuore
della Genitrice di Dio... Nei nostri tempi, insieme con l'opera del Concilio
Vaticano II, è rinnata nella Chiesa la speranza del rinnovamento. E mentre
questa speranza incontra diverse difficoltà... è sembrato che si debba
un'altra volta rivolgersi allo Spirito Santo mediante il Cuore della
Genitrice di Dio, Colei che il Papa Paolo VI spesso chiamava «Madre della
Chiesa»" (Insegnamenti IV/2, 1981, pp. 871-875; preghiera nell'atto di
affidamento: pp. 876-879).
En 1982, el 13 de mayo, un año después del atentado, Juan Pablo, quiso
renovar la consagración en Fátima para agradecer la protección de María. El
16 de octubre de 1983, el Papa quiso de nuevo realizar la consagración del
mundo al Corazón de María, en la plaza de San Pedro, conjuntamente con los
cardelaes y con los obispos partipantes en el Sínodo. De nuevo, el 25 de
marzo de 1984, repitió el acto de consagración.
Comentando el tema de la Inmaculada, en otra visita a Santa María
Mayor (8 diciembre 1985), Juan Pablo II glosó el texto paulino de Rom 5,20
de este modo: "Proprio laddove - nel cuore di una donna: Eva - è abbondato
il peccato - nel cuore di una donna: Maria - è sobrabbondata la Grazia. La
Grazia che viene all'umanità attraverso Maria è molto piu abbondante del
danno che proviene dal peccato dei nostri Progenitori. In Maria, come in
nessun'altra creatura umana, vediamo il trionfo della grazia" (Insegnamenti
VIII/2 (1985) 1458-1462). En esta misma ocasión, repitió la consagración al
Corazón de María: "Al cuore materno della Vergine, quasi accogliendo gli
impulsi di un solo desiderio, affido tutti coloro che, in ogni parte del
mondo, per qualsiasi angustia o sofferenza, hanno particolare bisogno della
sua protezione... Il tuo Cuore mmacolato regni nelle coscienze, nelle
famiglie, nella società, nelle Nazioni, nell'intera umanità! O clemente, o
pia, o dolce Vergine Maria. Amen" (ibídem).
Al ofrecer una corona de flores a la imagen de la Inmaculada, en plaza
España (8 diciembre 1986), comentó el "Magníficat", diciendo: "In queste
parole si esprime la tua anima... Insegnaci 6uesto mistero del tuo cuore.
Insegnaci che Dio è tutto" (Insegnamenti IX/2 (1986) 1902-1903). En el mismo
lugar, el 8 diciembre 1990, comentó la Anunciación: "Soltanto Colei che è
«piena di grazia», che è l'Immacolata, può accogliere l'insondabile Mistero
di Dio; è capace di sentirlo con tutta la profondità del suo cuore di donna"
(Insegnamenti XIII/2 (1990) 1574-1576). En 1992 (también el 8 diciembre):
"Tu sei la memoria perpetua. Madre della Chiesa, sostienici in questo
compito... Tu sei l'immacolata sensibilitB del cuore umano a tutto ciò che
é di Dio" (Insegnamenti XV/2 (1992) 861-864).
En la recitación del "Angelus", el día 8 diciembre 1997, fiesta de la
60
Inmaculada, presentó la pureza del Corazón de María: "Nel suo cuore non vi è
ombra di egoismo: non desidera nulla per sé, ma solo la gloria di Dio e la
salvezza degli uomini" (Insegnamenti XX/2 (1997) 963-964).
Juan Pablo ha sido una invitación para toda la Iglesia, en el paso
entre dos milenio, para adentrarse en los "sentimientos de Cristo" (Fil
2,5), es decir, en su Corazón, por medio de la actitud contemplativa del
Corazón de María. La encíclica #edemptoris Mater (1987), del año mariano
para preparar el grande Jubileo, es también un resumen de la doctrina
cordimariana.
La fe de María fue aceptación gozosa del misterio de Cristo en su
corazón: "María, que por la eterna voluntad el Altísimo se ha encontrado,
puede decirse, en el centro mismo de aquellos inescrutables caminos y de los
insondables designios de Dios, se conforma a ellos en la penumbra de la fe,
aceptando plenamente y con cora'(n abierto todo lo que está dispuesto en el
designio divino" (RMa 14). "No es difícil, pues, notar en este inicio una
particular fatiga del cora'(n, unida a una especie de «noche de la fe»
-usando una expresión de San Juan de la Cruz-, como un «velo» a través del
cual hay que acercarse al Invisible y vivir en intimidad con el misterio"
(RMa 17).
Su fe se concretó en obediencia responsable: "María es digna de
bendición por el hecho de haber sido para Jesús Madre según la carne
(«¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!»), pero también
y sobre todo porque ya en el instante de la anunciación ha acogido la
palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente a Dios, porque
«guardaba» la palabra y «la conservaba cuidadosamente en su cora'(n» y la
cumplía totalmente en su vida" (RMa 20)
La Iglesia, pues, encuentra en el Corazón de María la "memoria" de
todo el evangelio: "Ella fue para la Iglesia de entonces y de siempre un
testigo singular de los años de la infancia de Jesús y de su vida oculta en
Nazaret, cuando conservaba cuidadosamente todas las cosas en su cora'(n"
(RMa 26). Por esto diariamete canta el "Magnífica" mariano, por ser "el
+3tasis de su cora'(n" (RMa 36). "El cántico del Magníficat, que, salido de
la fe profunda de María en la visitación, no deja de vibrar en el cora'(n de
la glesia a través de los siglos" (RMa 35). En el caminar de la Iglesia
entre dos milenio, María "está en el corazón de la Iglesia" (RMa 27).
En el inicio de tercer milenio del cristianismo, Juan Pablo II recoge
esta herencia milenaria es invita a toda la Iglesia a ser más contemplativa,
más santa y más misionera. Sus aportaciones las resumimos en el apartado
(capítulo) siguiente.
61
17. LA PERSPECTIVA CONTEMPLATIVA Y MISIONERA DEL TERCER MILENIO. RESUMEN
HISTORICO Y PERSPECTIVAS DE FUTURO
La herencia mariana de Juan Pablo II, que recoge y resume una historia
milenaria de gracia, se podría concretar en la presencia activa y materna de
María, quien con su "heorica fe", "precede el testimonio apostólico de la
Iglesia, y permanece en el cora'(n de la glesia, escondida como un especial
patrimonio de la revelación de Dios" (RMa 27). En el corazón de la Iglesia
se hace presente, por la imitación y el afecto, el Corazón materno de María,
el Corazón de la Madre de Dios.
El Misterio de Cristo, en toda su hondura y su "amor hasta el extremo"
(Jn 13,1), se hace patente en el corazón de quienes creen en él con una fe
que es "conocimiennto de Cristo vivido personalmente" (VS 88). En el Corazón
de María, la Iglesia encuentra una actitud interior de línea trinitaria: el
máximo "modelo de fe vivida" en Cristo (TMA 43), la "mujer del silencio y de
la escucha, dócil a la voz del Espíritu" (TMA 48), el "ejemplo perfecto de
amor" al Padre (TMA 54).
Los documentos que hemos citado en los apartados anteriores, recogen
los testimonio de Santos Padres, Papas, Santos y autores espirituales en el
decurso de dos milenios. El Corazón de María es el punto de referencia para
la Iglesia, en vistas a entrar en una dinámica trinitaria, cristológica,
pneumatológica, eucarística, contemplativa, misionera, antropológica y
sociológica.
Es el Corazón de la Madre de Dios, que medita la Palabra del Padre,
asociándose a Cristo, bajo la acción del Espíritu Santo. Es Corazón que
vibra al unísono con el de Cristo, ahora presente en la Eucaristía. Es
Corazón Inmaculado, todo puro y santo, virginal, lleno de ternura materna y
misericordia. La Iglesia encuentra allí su "memoria", donce resuena todo el
evangelio.
Es Corazón lleno de alabanza gozosa (San Atanasio, s.III; Bsilio de
Seleucia, s.V) y también atravesado por la espada del dolor especialmente en
la pasión (Orígrnes, s.II-III; Anfiloquio de Iconio, s.IV; San Máximo
Confesor, s.VI-VII, y muchos otros). Corazón que guarda y relaciona las
palabras y los hechos del Señor, como adentrándose en su misterio, según la
enseñanza de muchos Santos Padres, como San Jerónimo (s.IV-V): "Conservaba
en su corazón todos los dichos y los hechos del Señor" (⋅custodiva tutto,
parole e azioni del Signore"); Corazón que relaciona lo que ve, lo que
escucha y lo que ha leído o recuerda. Su meditación era "con afecto materno"
(San Ambrosio, s.IV) ("ne ripponeva con affetto materno nel suo cuore tutte
le parole"). Precisamente por haber meditado las palabras del Señor en su
Corazón, nos invita a escucharlas (San Efrén, s.IV).
Es Corazón virginal, porque ella "concibió antes en su corazón que en
su seno" (San Amborio y San Agustín, s.IV y V). Es templo de Cristo Sumo
Sacerdote (San Efrén, s.IV), siempre abierto a Dios, sin ídolos (Teodoro de
Ancira, s.V), Corazón "puro e inmaculado, que ve y desea al Dios inmaculado"
(San Juan Damasceno, s.VII-VIII), "recipiente de todos los misterios" (Ps.
Gregorio Taumaturgo, s.VI) ("vaso e ricettacolo di ogni mistero"). Es
Corazón confiado que pronuncia su "sí" (San Bernardo, s.XII); "Corazón
Inmaculado, el primero bajo el sol que fue encontrado digno de hospedar al
Hijo de Dios, procedente del seno del Padre" (Egberto de Schönau, s. XII).
Es Corazón humilde, que concibe al Verbo (Inocencio III, s.XII-XIII),
"virginal Corazón, limpísimo de toda mancha de pecado" (Julio III, s.XVI).
Los santos ha experimentado su bondad, contemplándolo "herido de
amor", "mar de gracia y de amor", lleno de Espíritu Santo y de "ternura
62
maternal", "amoroso y maternal", "Corazón de Madre", "virginal Corazón" que
quedó "lastimado" acompañando a Cristo en la pasión, "el Corazón más tierno
del mundo" (San Juan de Avila, s.XVI). Por esto, invitan a imitar sus
virtudes y pide a María poderla amar con su mismo Corazón (San Luís Mª
Grignon de Montfort (s.XVII-XVIII).
"El Corazón de la Santísima Virgen María es la fuente de la que Cristo
tomó la sangre con que nos redimió" (Santo Cura de Ars, s.XIX). Por esto es
instrumento de salvción, como reza la jaculatoria unversalmente conocida:
"Dulce Corazón de María sed la salvación mía" (oración indulgenciada el 30
septiembre 1852, en tiempo del Beato Pío IX). Las oraciones aprobadas por la
Iglesia son la "lex orandi" que manifiesta la "lex credendi" de los fieles:
"Corazón ambabilísimo, objeto de las complacencias de la adorable Trinidad y
digno de toda la veneración y ternura... Corazón el más parecido al de
Jesús, cuya más perfecta imagen sois; Corazón lleno de bondad y tan
compasivo con nuestras miserias... Hacedlos sentir la ternura de vuestra
maternal Corazón" (oraciones indulgencias por la Congregación de las
Indulgencias, 18 agosto 1807). "Corazón purísimo lleno de caridad, de
dulzura y de ternura" (oración indulgenciada, 26 marzo 1860). Al acudir a
ella, se desea y pide "el reinado de vuestro Corazón Inmaculado" (oración
indulgenciada, 21 febrero 1907). Se pide imitar todas sus virtudes y
especialmente su fe, esperanza y caridad, su pureza y humildad.
El purísimo Corazón de María es el fiel trasunto del de Jesús. Es
"origen y manantial de donde Jesús tomó la humanidad... Es todo caridad...
es el corazón de la Iglesia... el órgano de todas las virtudes... el trono
en donde se dispensan todas las gracias y misericordias... templo del
Espíritu Santo" (San Antonio María Claret, s.XIX). Es "digna morada del
Espíritu Santo... amor y bondad de su Corazón" (oración aprobada en tiempo
de León XIII). Su Corazón "vivía la vida del Hijo" (San Pío X, s.XX).
Acudimos al "Corazón doloroso e inmaculado de María" (oración aprobada
entiempo de San Pío X). Reparamos las ofensas que se hacen a su Corazón y al
Corazón de su Hijo, para restablecer su reinado en el mundo (Fátima, 1917, y
consagraciones sucesivas).
Ella cuida de todos con amor maternal. Su Corazón está "unido al de
Jesús" (M. Esperanza, s.XIX). Tiene un "sublime corazón de madre", donde se
descubren "abismos de amor" (Santa Teresa de Lisieux, s.XIX). Es "canal
único por donde se derraman las gracias a la humanidad" (Venerable
Concepción Cabrera de Armida, s.XIX-XX). Por esto se tiene la audacia de
contar con ella para todo: "Mi Señor, te amo con el Corazón de tu Madre...
Lo escribí todo en el Corazón de mi Madre, ese es mi libro que siempre tengo
abierto" (Sierva de Dios M. María Inés-Teresa Arias, s.XX)
Los Papas que realizaron la consagración al Corazón de María, han
indicado su aspecto relacional: "Corazón herido por la espada... El Corazón
de la Madre lleno de misericordia... Corazón maternal y compasivo... La
delicadeza de su Corazón Inmaculado... Su Corazón Inmaculado, canal
dulcísimo de todos los bienes... sede de aquel amor, de aquel dolor, de
aquella compasión y de todos aquelos altísimos afectos que tanta parte
fueron en la redención nuestra... maternal Corazón que, juntamente con el
Corazón suavísimo de su Hijo, palpitó ardentísimamente... sagrario de todas
las virtudes" (Pío XII, s.XX). Al dirigirnos a María, descubrimos su
"Corazón maternal y compasivo", "modello di perfetto amore verso Dio e verso
il prossimo" (Pablo VI, Signum magnum).
Un Decreto de la Congregación de Ritos, que aprueba la fiesta
litúrgica para la Iglesia universal (4 mayo 1944), resume la doctrina
cordimariana con estas palabras: "La Iglesia... bajo el símbolo de este
Corazón, venera devotísimamente la eximia y sin par santidad del alma de la
Madre de Dios, mas principalmente su ardentísimo amor a Dios y a Jesús su
63
Hijo, y su maternal piedad para con los hombre redimidos con la divina
sangre".
Ella meditaba "los acontecimientos de la infancia de Cristo,
confrontándolos entre sí en lo hondo de su corazón (cfr. Lc. 2,19.51). Esto
mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la sagrada Liturgia" (Pablo
VI, MC 17), aprendiendo de su Corazón la "voluntad de oblación" (MC 20) y el
camino de todas las virtudes (MC 26). Por esto, los misterios del Señor se
meditan "vistos a través del Corazón de Aquella que estuvo más cerca del
Señor", para que "desvelen su insondable riqueza" (MC 47).
En su Corazón se aprende la fidelidad a las nuevas gracias del
Espíritu Santo en nuestra época: "quel particolare dialogo di amore e di
affidamento, che la Chiesa della nostra epoca conduce con lo Spirito Santo
mediante il Cuore della Genitrice di Dio" (Juan Pablo II, en su visita a
Santa María Mayor, 8 diciembre 1981, al renovar la consagración a María). En
ella encontramos "la profondità del suo cuore di donnaC (ídem, 1990). "Tu
sei l'immacolata sensibilitB del cuore umano a tutto ciò che é di Dio... Nel
suo cuore non vi è ombra di egoismo: non desidera nulla per sé, ma solo la
gloria di Dio e la salvezza degli uomini" (ídem, 1992).
María tenía un "cora'(n abierto todo lo que está dispuesto en el
designio divino" (Juan Pablo II, RMa 14). Pero su camino de fe suponía "una
particular fatiga del cora'(n" (RMa 17). Su cántico en la visitación (el
"Magníficat") es "el +3tasis de su cora'(n" (RMa 36). "El cántico del
Magníficat, que, salido de la fe profunda de María en la visitación, no deja
de vibrar en el cora'(n de la glesia a través de los siglos" (RMa 35).
El gesto de Juan Pablo II, de levantar y mostrar el Evangelio, al
iniciar el tercer milenio del cristianismo, es también una invitación a
imitar el Corazón de María que contemplaba todas las palabras del Señor en
lo más profundo de su ser. En la apertura de la puerta santa en Santa María
la Mayor (1 enero 200), se invita a toda la Iglesia a adentrarse en el
Corazón maternal de María:
"La storia di ogni uomo è scritta innanzitutto nel cuore della propria
madre. Non stupisce che la stessa cosa si sia verificata per la vicenda
terrena del Figlio di Dio... Maria... «serbava tutte queste cose meditandole
nel suo cuore». Quest'oggi, primo giorno dell'anno nuovo, alla soglia di un
nuovo anno di questo nuovo millennio, la Chiesa si richiama a
quest'interiore esperienza della Madre di Dio... All'inizio dell'anno
Duemila, mentre avanziamo nel tempo giubilare, confidiamo in questo tuo
«ricordo» materno, o Maria! Ci poniamo su questo singolare percorso della
storia della salvezza, che si mantiene vivo nel tuo cuore di Madre di Dio"
(Testo dell'omelia: "L'Osservatore Romano" 3-4 gennaio 2000, p.6).
En la carta apostólica Novo Millennio ineunte (6 enero 2001), al
clausurar el gran Jubileo, Juan Pablo II invita nuevamene a imitar la fe
contemplativa de María: "Hemos de imitar la contemplación de María, la cual,
después de la peregrinación a la ciudad santa de Jerusalén, volvió a su casa
de Nazareth meditando en su corazón el misterio del Hijo (cf.Lc 2,51)" (NMi
59).
Con ocasión de año dedicado al rosario (octubre 2002-2003), en la
carta apostólica #osarium Virginis Mariae (16 octubre 2002), la invitaión se
concreta en unas pautas que ayuden a entrar en el Corazón ("intimidad") de
Cristo, por medio del Corazón de María: "El Rosario en su conjunto consta de
misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y nos ponen en comunión vital con
Jesús a través -podríamos decir- del Corazón de su Madre" (RVM 2). "Nadie se
ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de
Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya en la
Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo" (RVM 10). "María
64
vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras: « Guardaba
todas estas cosas, y las meditaba en su corazón » (Lc 2, 19; cf. 2, 51). Los
recuerdos de Jesús, impresos en su alma, la han acompañado en todo momento,
llevándola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida
junto al Hijo. Han sido aquellos recuerdos los que han constituido, en
cierto sentido, el rosario que Ella ha recitado constantemente en los días
de su vida terrenal" (RVM 11).
La orientación hacia el Corazón de María es eminentemente
cristológica, porque en él se aprende "la meditación de los misterios de la
vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca
del Señor" (RVM 12). La Iglesia se siente identificada con la actitud
interior del Corazón de María, en vistas a configurarse con Cristo:
"Haciendo nuestras en el Ave Maria las palabras del ángel Gabriel y de santa
Isabel, nos sentimos impulsados a buscar siempre de nuevo en María, entre
sus brazos y en su corazón, el «fruto bendito de su vientre» (cf. Lc 1, 42)"
(RVM 24). Entrando en sintonía con e Corazón de María, encontramos el eco de
su invitación permanete: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). Entramos, pues,
en "los sentimientos de Cristo" (Fil 2,5), por medio del Corazón
contemplativo de María.
Si Cristo es el cumplimiento de todos los anhelos que Dios ha sembrado
en el corazón del hombre (en todas las culturas y religiones), lo es de modo
especial respecto a los deseos de los creyentes cristianos, que, en el
decurso de veinte siglos, han cristalizado en la imitación del Corazón de
María para poder entrar en sintonía con el mismo Señor que quiso formase
junto a este Corazón.
"La plenitud de los tiempos" (Gal 4,4), que se concrreta en la
concepción de Cristo por obra del Espíritu Santo en el seno de María, invita
a discernir los "signos de los tiempos" (Mt 16,3) en la historia eclesial,
partiendo de las gracias que el Espíritu Santo ha sembrado en el corazón de
los creyentes y en las enseñanzas eclesiales. El corazón de la Iglesia se ha
ido modelando en el Corazón de María, para poder ser, como ella, la
transparencia y el signo portador de Cristo. El Corazón materno de María se
encuentra en el corazón misionero de la Iglesia.
Las reflexiones teológicas que se han realizado sobre el Corazón de
María durante la historia son aportaciones válidas, dentro del contexto de
todo el esfuerzo teológico por reflexionar sobre la fe. Gestos que se han
cumplido respecto al Corazón de María (consagraciones, imágenes, oraciones,
etc.), siguen teniendo su valor, siempre bajo una acción del Espíritu Santo
que perfecciona y renueva en una evolución armónica. Toda esta herencia de
gracia (que hemos resumido anteriormente) parece ser una invitación a una
vivenvia más profunda de fe. La espiritualidad mariana en relación con el
Corazon de la Madre de Dios, es un camino de "vida escondida con Cristo en
Dios" (Col 3,3).
El tema del Corazón de María, tal vez más que otros temas, es una
invitación a imitar la experiencia y "teología vivida de lo santos" (NMi
27). Los cristianos del tercer milenio, para poder responder a los nuevos
retos de la evangelización, necesitamos ser contemplativos como María. Las
comunidades cristianas están llamadas a ser "escuelas de oración" (NMi 33),
"escuelas de comunión" (NMi 43) para llegar a ser verdaderamente misioneras.
"Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la
historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amorde los
hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de
Dios" (NMi 33).
65
18. LOS HECHOS Y EL MENSAJE DE JESUS EN EL CORAZON MATERNO DE MARIA Y DE LA
IGLESIA
La actitud eclesial de identificarse con la vida interior de María, es
decir, con su Corazón contemplativo, será el mejor camino para hacer una
relectura del evangelio en cuanto incide en la historia actual del mundo. No
podría hacerse este relectura, que es también verdadero discernimiento de
los "signos de los tiempos", a la luz del evangelio meditado en el corazón.
La "devoción" al Corazón de María o, si se quiere formular con otros
términos, la "espiritualidad cordimariana", consiste en dejarse moldear por
la Palabra, como María, en lo más profundo del corazón: criterios,
convicciones, motivaciones, escala de valores, decisiones, actitudes... Se
trata de la Palabra, tal como es, toda entera, en la situación concreta, que
llama a la contemplación, seguimiento, comunión y misión... "Contemplar"
como María (cfr. Lc 2,19.51), supone poner en relación los contenidos de la
Palabra de Dios, en la armonía de la fe y de la revelación, que es la base
para construir la armonía de la creación y de la historia de la humanidad.
Esta "espiritualidad" o "devoción" deja entrar el Corazón materno de
María en el corazón materno de la Iglesia. Si María tiene un Corazón
misericordioso, debe reflejarse en el corazón misericordioso de la Iglesia.
De este modo la maternidad de María, que "perdura sin cesar en la economía
de la gracia" (LG 62), se realiza "por medio de la Iglesia" (RMa 24). El
"corazón maternal" de María (LG 58) se prolonga en el de la Iglesia. Esta,
al contemplar en el corazón el encargo de Jesús ("He aquí a tu Madre", Jn
19,27), "aprende de Maria su propia maternidad" (RMa 43).
La maternidad virginal de María es un proceso de escucha de la Palabra
en el corazón y de respuesta de donación. Por esto afirma el concilio
Vaticano II: "También en su obra apostólica, con razón, la Iglesia mira
hacia aquella que engendró a Cristo, concebido por el Espíritu Santo y
nacido de la Virgen, precisamente para que por la Iglesia nazca y crezca
también en los corazones de los fieles. La Virgen en su vida fue ejemplo de
aquel afecto materno, con el que es necesario estén animados todos los que
en la misión apostólica de la Iglesia cooperan para regenerar a los hombres"
(LG 65). María es modelo y figura de la maternidad eclesial, para colaborar
a que los creyentes
"reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de
la Palabra de Dios viva y permanente" (1Pe 1,23).
Esta actitud eclesial, que se adentra en las singladuras del Corazón
de María, es una búsqueda del eco del evangelio en quien dedicó toda su vida
a hacerlo parte integrante de su corazón. Cualquier texto evangélico y de la
Sagrada Escritura en general, esconde el Verbo encarnado, que se quiere
comunicar a quienes abren el corazón como María.
En los primeros capítulos hemos concretado algunos de estos textos, a
partir de la actitud mariana de "contemplar en el corazón" (Lc 2,19.51). Han
sido los textos referentes a la Anunciación, Magníficat, San José, Juan
Bautista, los pastores de Belén, los Magos de Oriente, los discípulos de
Jesús, el "discípulo amado", el misterio pascual y la Eucaristía.
Cuando uno se habitúa a meditar el evangelio, buscando el eco
vivencial en el Corazón de María, va encontrando la armonía de la revelación
y de la fe en los textos más sencillos, sin extrapolar su significado.
Indicamos algunos ejemplos:
* Cualquier texto del evangelio puede meditarse en la perspectiva mariana
del "fiat"(Lc 1,38), "Magníficat" (Lc 1,46), "contemplaba en su cora'(n" (Lc
2,19.51), "estaba de pie junto a la cruz" (Jn 19,25), "en oración, con un
66
mismo espíritu... en compañía de la María la Madre de Jesús" (Hech 1,14).
Entonces, al meditar las palabras y los gestos del Señor, ella, presente en
la vida de cada persona y en la historia de toda comunidad cristiana, dice:
"Haced lo que él os diga" (Jn 2,5).
* El "sí" de María en la Anunciación (Lc 1,38) es un "sí" que indica la
donación de toda la persona a los nuevos planes de Dios. María está
acostumbrada a contemplar en su cora'(n el "sí" del pueblo de Israel, como
respuesta a la Alianza o pacto de amor: "Haremos lo que él nos diga" (Ex
24,7). El eco de estas palabras en su corazón se traduce por el "sí" de la
Anunciación y por las palabras dirigidas a los servidores en las bodas de
Caná: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). Era una constante de su vida de
fidelidad, admiración y donación generosa.
* Los nueve meses de gestación suponían una vivencia íntima entre la Madre y
el Hijo. De hecho, el Verbo encarnado en el seno de María se ofrecía al
Padre: "Me has formado un cuerpo... ¡He aquí que vengo para hacer tu
voluntad!" (Heb 10,2-7). La actitud mariana reflejada en su "fiat" ("hágase
en mí según tu Palabra": Lc 1,38), es una actitud parecida de oblación. La
interferencia entre Madre e Hijo, estaba también guiada por el Espíritu
Santo. María recitaba los salmos, inspirados por el mismo Espíritu. En el
salmo 109, mésiánico, se dice: "Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy".
María vivía esta realidad: "Ha sido en su vientre donde se ha formado,
tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad
espiritual ciertamente más grande aún... Los oDos de su cora'(n se
concentran de algún modo en Él ya en la Anunciación, cuando lo concibe por
obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su
presencia y a imaginar sus rasgos" (RVM 10).

* En la casa de Isabel, cuando nació Juan el Bautista, su padre Zacarías,
entonando el himno del "benedictus", hizo referencia a Abraham: El Señor "ha
hecho misericordia a nuestros padres, recordando su santa alianza y el
juramento que juró a Abraham nuestro padre" (Lc 1,72-73). Jesús durante su
predicación en los años de vida pública, se refirió a Abraham, diciendo:
"Vuestro padre Abraham se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se
alegró... Antes de que existiera Abraham, existo yo" (Jn 8,56-57). María, en
el Magníficat ("el éxtasis de su Cora'(n"), habia también recordado a
Abraham: "Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo
había anunciado a nuestros padres en favor de Abraham y de su linaje por los
siglos" (Lc 1,54-55). María es "la creyente" (cfr. Lc 1,45), como modelo de
fe en el Nuevo Testamento.
* Durante la presentación del niño Jesús en el templo, Simeón entonó un
himno de alabanza, indicando al Mesías como la "salvación... "preparada a la
vista de todos los pueblos, lu' para iluminar a los gentiles y gloria de tu
pueblo Israel" (Lc 2,30-32). María y José "estaban admirados" (Lc 2,33); era
la actitud contemplativa de recibir la acción salvífica de Dios hasta lo más
hondo del corazón. Jesús se presentaría en la vida pública con esas
palabras: "Yo soy la luz del mundo" (Jn 9,5).
* Cuando Jesús, a los doce años, fue encontrado en el templo, dijo a sus
padres: "¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa
de mi "adre?" (Lc 2,49). María había escuchado del ángel que su $iDo, Jesús,
"será llamado $iDo de Dios" (Lc 1,35). María, al "contemplar en su cora'(n",
"ponía en relación" lo que veía, lo que escuchaba y lo que recordaba.
* Jesús, cuando visitó Nazaret durante su vida pública, fue llamado "hiDo de
Mar2a" (Mc 6,3). La gente admiraba, como si no se atreviea a creer en él
como Mesías, afirmaba: "Conocemos a su padre y a su madre" (Jn 6,42). María
corre la misma suerte de Jesús, su misma "espada", como "señal de
contradicción" (Lc 2,34) y "piedra desechada por los constructores" (Mt
67
21,42; 1Pe 2,7; cfr. Sal 118,22-23). La actitud interior de María era la de
"oblación" unida a la oblación de Jesús (cfr. Lc 2,22).
* María escuchó de Jesús, en Caná y en el Calvario, que la llamada como "la
muDer" (Jn 2,4; 19,26). Como "asociada" a la persona y obra salvífica de
Cristo, ella era la "Nueva Eva" (según San Ireneo). Por esto "se condoli(
vehementemente con su Unigénito y se asoció con cora'(n maternal a su
sacrificio" (LG 58). Cuando Jesús se presenta como "Esposo" (Mt 9,15),
describiendo esta realidad también por las parábolas de bodas, la Iglesia
queda invitada a adoptar la actitud esponsal y maternal de María.
* La "paz" es la característica del mensaje de Jesús. El anuncio del
evangelio de Jesús se concreta en una "paz" que personifica al mismo Jesús
(cfr. Lc 10,5-6). En el nacimiento del Señor, los ángeles cantaron esta paz
y anunciaron a Cristo como mensaje de "gran gozo" (cfr. Lc 2,10.14). Es el
gozo con que el ángel había saludado a María en la Anunciación: "Alégrate,
llena de gracia, el Señor está contigo" (Lc 1,28). Y es también el "gozo"
que, por medio de María, se comunicó a Juan Bautista en el seno de su madre
Isabel (Lc 1,41.44). Maria "contemplaba todo esto en su cora'(n" (Lc 2,19).
* En la Anunciación, el ángel le dijo a María que Jesús "será llamado Hijo
del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre" (Lc
1,32). Repetidas veces, llaman a Jesús, durante su vida pública, "hijo de
David": curación del ciego de Jericó (cfr. Lc 18,38) y de otros enfermos, en
el domingo de Ramos (cfr. Mt 21,9), etc. Jesús mismo hace referencia a esta
título (cfr. Lc 20,41-42), recordando el salmo 110. Maria recordaba el
mensaje del ángel, recitaba con frecuencia los salmos, acogía todas las
palabras de Jesús contemplándolas en su cora'(n...
* Después de la Ascensión, los discípulos (unos 120) se reunieron en el
Cenáculo "con María la Madre de Jesús" (Hech 1,14). Todos ellos había
escuchado las promesas de Jesús, en el momento de suvir a los cielos, sobre
la venida del Espíritu Santo (cfr. Hech 1,5-8). Y "todos ellos fueron lleno
de Espíritu Santo" (Hech 2,4). María recordaba en su cora'(n las palabras
del ángel: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te
cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado
Hijo de Dios" (Lc 1,35).
* La fe de María se expresa continuamente por el hecho de recibir las
palabras del Señor en su cora'(n y ponerlas en práctica. Isabel alabó esta
fe de María: "¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le
fueron dichas de parte del Señor!" (Lc 1,45). Cuando Jesús, durante su
predicación, alabó la fe de algunas personas como la hemorruisa (Mt 9,22),
la cananea (Mt 15,28), el centurión (Mt 8,10), indicaba que se trataba de
una fe que ponía en práctica su mensaje. "Mi madre y mis hermanos son
aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen" (Lc 8,21). Jesús encontró
esta fe en María (cfr. Lc 1,45). Es la fe que espera de su Iglesia:
"Dichosos los que no han visto y han creído" (Jn 20,29).
* Todos los textos de la Escritura, a la luz de la vida y enseñanzas de
Jesús, nos hacen entrar en su "corazón manso y humilde", que "lleno de gozo
en el Espíritu Santo", dijo "sí, Padre" (cfr. Lc 10,21; Mt 11,25-29). El
Corazón de Jesús se formó Dunto al Cora'(n de Mar2a, plasmado con su misma
sangre y redimensionado según su misma psicología. El Corazón de María es el
de la "esclava" del Señor, la que reconoce su propia "nada", la que
compartió con mansedumbre su misma suerte.
* Las últimas palabras de Jesús en la cruz, encontraron eco en el Cora'(n de
Mar2a. En ese Corazón, la Iglesia va a buscar su significado y, sobre todo,
el modo de llevarlas a la práctica.
La espada que atravesó su corazón, según la profecía de Simeón (cfr. Lc
68
2,34-35), eran todos los sufrimientos de Cristo. Pero sus palabras eran para
muchos una "señal de contradicción. Ella las recibió en su corazón con fe
contemplativa, "de pie", "mirando", descubriendo en ellas resumen de todo el
evangelio: perdón (cfr. Lc 23,34), esperanza de salvación (cfr. Lc 23,43),
función materna de María y de la comunidad eclesial (cfr. Jn 19,26-27), las
ansias o sed de comunicar la salvación (cfr. Jn 19,28; Sal 68), abandono o
silencio de Dios (Mt 25,46); Sal 21), fidelidad de Jesús a la voluntad del
Padre (Jn 19,30), confianza en las manos del Padre (Lc 23,46; Sal 30). En el
Corazón de Jesús se han modelado los santos, siguiendo la escuela del
Corazón de María.
* En cualquier texto de la Escritura encontramos la voz del Padre que nos
señala a su Hijo escondido bajo signos pobres: "Este es mi Hijo amado, en
quien me complazco" (Mt 3,17)... "escuchadlo" (Mt 17,5). María, acostumbrada
a abrir su cora'(n a la voz de Dios, ayuda a descubrir al Señor manifestado
en sus signos, como en Caná: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). La acción
del Espiritu Santo, manifestado en forma de paloma (en el bautismo) o en
forma de "nube luminosa" (en el Tabor), hace posible la fe del creyente.
María había sido cubierta con "la nube" (la sombra) del Espíritu Santo y
supo decir que "sí" (cfr. Lc 1,35-38), inaugurando el camino oscuro y
luminoso de la fe cristiana.
69
CONCLUSIÓN: El eco del Evangelio en el Corazón de María y de la Iglesia
En el corazón de la Madre de Jesús, la Iglesia encuentra la "memoria"
activa y materna, que le recuerda, actualiza y hace efectiva su fe, su
contemplación de la palabra, su seguimiento evangélico, su participación en
el misterio pascual de cruz y resurrección, su realidad materna de comunión
y misión, su tensión de esperanza hacia el más allá. La exhortación
apostólica "Pastores gregis", presenta a "Maria, «memoria» dell'Incarnazione
del Verbo nella prima comunità cristiana" (PG 14).
El corazón de la Madre de Jesús sigue meditando y haciendo suyas las
palabras y la vida de su Hijo, que está presente en nosotros. Por esto,
nuestra vida en Cristo sigue siendo su principal preocupación, para hacer
que cada uno llegue a ser un "Jesús viviente" (San Juan Eudes) por la
prolongación del corazón de Cristo en el propio corazón y en la propia vida.
En el Corazón de María seguimos ocupando un puesto privilegiado, como
cualquiera de las figuras evangélicas que fueron objeto de su contemplación.
La comunidad eclesial y todo creyente se siente invitado a acudir al Corazón
de María, para encontrar en él el eco de todo el evangelio. Hoy esta
meditación mariana engloba la realidad histórica de todos los días, porque
el evangelio sigue aconteciendo en el Corazón de María y en el corazón de la
Iglesia.
Jesús, que no ha venido a destruir, sino a llevar a la plenitud (cfr.
Mt 5,17), llama a sintonizar con su pensar, sentir y querer, según las
reglas del verdadero amor. La actitud de un corazón unificado por el amor,
que encontró en el corazón de su Madre (cfr. Lc 2,19.51), la quiere
encontrar en el corazón de los suyos. María, "accogliendo e meditando nel
suo cuore avvenimenti che non sempre comprende (cfr Lc 2,19), diventa il
modello di tutti coloro che ascoltano la parola di Dio e la osservano (cfr.
Lc 11, 28)" (VS 120).
María está "nel cuore della Chiesa" (RMa 27), como memoria, figura y
Madre de la unidad eclesial universal querida y pedida por el Señor. La
actitud de todo creyente respecto a María es de dependencia filial. Se trata
de vivir en "comunione di vita" con ella, dejándola entrar "in tutto lo
spazio della propria vita interiore" (RMa 45). Es, pues, actitud que unifica
el corazón por ser actitud: relacional: de oración, contemplación;
imitativa: de fidelidad a la voluntad de Dios; celebrativa: en torno al
misterio pascual de Cristo; vivencial: viviendo su presencia activa y
materna en todo el proceso de configuración con Cristo y de misión.
En realidad, es una especie de infancia espiritual, per "diventare
come i bambini" (Mt 18,3). En el fondo, no es más que vivir, en relación
afectiva y efectiva con la maternidad de María, la participación en la
filiación divina de Jesús (cfr. Ef 1,5). Hasta los niños lo pueden vivir
así, porque "di questi è il regno dei cieli" (Mt 19,14). Así lo dejaba
entender la Bta. Jacinta de Fátima: "¡Me agrada tanto el Inmaculado Corazón
de María! Es el Corazón de nuestra Madre del cielo". Y así lo vivieron
muchas almas fieles al evangelio: "Mi corazón todo entero... escóndelo en el
Corazón Purísimo de tu Madre y ella lo hermoseará" (M. María Inés-Teresa
Arias).
La relación de los creyentes con María es de corazón a corazón. El
"Magnificat" se convierte en una escuela para sintonizar con los
sentimientos de María, que son expresión de los sentimientos de Jesús. Por
esto, "attingendo dal cuore di Maria, dalla profondità della sua fede,
espressa nelle parole del Magnificat, la Chiesa rinnova sempre meglio in sé
la consapevolezza che non si può separare la verità su Dio che salva" (RMa
70
37). En el cántico evangélico de María se aprende a vivir la preocupación
por la gloria de Dios y por la salvación de la humanidad, la misericordia y
el servicio a los pobres.
El camino de la unidad eclesial universal pasa por un corazón
unificado, "contemplativo", donde resuena el "fiat", el "magnígicat" y el
"stabat" junto a la cruz. El corazón de los creyentes y de toda la Iglesia
se moldea donde se moldeó el de Jesús. Bien vale la pena "entregarse",
"consagrarse", "confiarse" a quien es Madre del Cristo total, para que
nuestra entrega al Señor sea con María y como María.
71
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