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Mauricio Oswaldo Cázares Rebollar.

Grupo 2SI2
Borrador de Discurso Persuasivo.
Proteja a su familia del abuso de los fármacos.

“Cuando tenía 14 años comencé a tomar pastillas para adelgazar-recuerda una mujer llamada
Laura-. Nuestro médico de cabecera me las había recetado, pues yo quería ser esbelta y atractiva. Me
sentí bien cuando por fin les gusté a los chicos. Pero con el tiempo caí en las drogas duras y en una
vida inmoral. Siempre quería estar eufórica.”

Mayra, que padecía migrañas, tomaba un analgésico que el médico le había recetado. Poco a
poco fue aumentándose la dosis, pero no por los dolores, sino por adicción. Acabó usando hasta los
medicamentos de sus familiares.

Así es, las investigaciones demuestran que un gran número de adultos y cada vez más
adolescentes dan mal uso a medicamentos recetados con tal de relajarse, combatir la ansiedad,
mantenerse activos, perder peso o sentir euforia. En la lista de fármacos utilizados con éstos fines
figuran algunos que suelen tenerse en el botiquín, como los analgésicos, sedantes, estimulantes y
tranquilizantes. También se incluyen productos que en ciertos países se despachan sin receta médica,
como somníferos, descongestionantes y antihistamínicos.

Esta situación constituye un problema mundial que va en aumento. Hay lugares de África,
Europa y el sur de Asia donde el abuso de medicamentos de venta con receta es mayor que el
consumo de drogas, y en Estados Unidos, dicho abuso supera al de casi todas las drogas, excepto los
derivados del cánnabis. Un periódico estadounidense informó hace poco que la cantidad de
adolescentes que “abusan de los fármacos de prescripción rebasa el número de adolescentes adictos a
la cocaína, heroína y metanfetamina”. Tanto es así, que la falsificación de recetas médicas se ha
convertido en toda una industria.

¿Cómo pueden usted y su familia evitar la adicción a los fármacos y el consumo de drogas?

¿Por qué recurren tantos jóvenes a los fármacos? Hay tres razones. La primera, porque están a
su alcance, a veces en su misma casa. La segunda, porque muchos creen que usarlos sin receta
médica no es ningún delito. Y la tercera, porque pudieran parecer inofensivos en comparación con las
drogas. ”Después de todo-piensan algunos-, si a los niños se los recetan, es porque no hacen daño”.

Cuando los fármacos se emplean bajo supervisión médica, sin duda contribuyen a mejorar la
salud o incluso a salvar vidas. Pero si se consumen indebidamente, resultan igual de nocivos que las
drogas. El abuso de estimulantes, por ejemplo, puede ocasionar insuficiencia cardiaca o convulsiones.
Hay productos que pueden disminuir el ritmo cardiaco hasta causar la muerte, y algunos también
podrían tener efectos fatales al combinarse con otros medicamentos o con alcohol.

Otro riesgo es caer en la adicción. Si se usan por razones indebidas o se exceden las dosis,
ciertas sustancias actúan como las drogas, es decir, estimulan el centro de placer del cerebro y
generan una ansiedad compulsiva. Pero lejos de perpetuar el bienestar o de ayudar a la gente a
superar sus problemas, la farmacodependencia empeora la situación. Puede causar toda o algunas de
las siguientes consecuencias: aumento del estrés y la depresión, deterioro de la salud y de las
funciones normales del organismo, así como adicción. Es muy probable que los afectados ya de por sí
tengan problemas en casa, en la escuela o en el trabajo. Ahora bien ¿dónde está la línea que separa el
uso del abuso?

La delgada línea. Un paciente que da buen uso a los fármacos sigue las instrucciones de su
médico en cuanto a la dosis, la forma y el horario de las tomas. Si experimenta reacciones adversas o
inesperadas, se lo dice enseguida al doctor, quien posiblemente cambie el tratamiento. Con respecto a
los fármacos de venta libre, hay que hacer lo mismo: usarlos solo cuando sea necesario y seguir con
cuidado las indicaciones que aparezcan en la etiqueta del producto.

Entonces, ¿cuándo se cruza la línea que separa el uso del abuso? Cuando se modifica la dosis,
se ingieren medicinas de otra persona, se toman sin razones médicas o de manera inadecuada. Por
ejemplo, algunas pastillas deben tragarse enteras a fin de que el ingrediente activo se distribuya poco
a poco por el organismo. Pero hay quienes alteran este proceso triturando o masticando las pastillas, o
pulverizándolas para inhalarlas o disolverlas en agua y luego inyectarse la solución. Aunque esto puede
potenciar los efectos, quizá también sea el primer paso hacia la adicción, o, lo que es peor, hacia la
muerte.

Ahora bien, si alguien cree que se está haciendo adicto, aun cuando ha seguido las indicaciones
de su facultativo, debe hablar con él de inmediato. Este le ofrecerá la alternativa más segura para
tratar el asunto sin descuidar el padecimiento original.

El uso indebido de sustancias que producen adicción es una epidemia que dice mucho sobre la
sociedad actual. El núcleo familiar, que debería ser un remanso de paz donde reine el amor, ahora está
en crisis. Tanto los sanos valores morales y espirituales como el respeto por la vida va en decadencia.
Además, en vez de abrigar la esperanza de un futuro mejor, mucha gente solo vislumbra un porvenir
oscuro. Por eso viven para el momento y van en busca de placeres a toda costa.