Historia de España.

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TEMA 4. LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO LIBERAL (1833-1868).
1. LA REGENCIA DE MARÍA CRISTINA (1833-1840). 1.1. LA PRIMERA GUERRA CARLISTA (1833-1840). 1.2. LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL RÉGIMEN LIBERAL. 1.2.1. Los gobiernos de transición. Estatuto Real de 1834. 1.2.2. Los gobiernos progresistas. Reformas y Constitución de 1837. 1.2.3. Los moderados en el gobierno. 2. LA REGENCIA ESPARTERO (1840-1843). 3. LAS OPCIONES DEL LIBERALISMO. EL SISTEMA DE PARTIDOS EN EL REINADO DE ISABEL II. 3.1 Evolución de las formaciones políticas durante el reinado de Isabel II 4. EL REINADO DE ISABEL II: LA DÉCADA MODERADA (1844-1854). 4.1. Configuración y caracteres del régimen moderado. 4.2. Constitución de 1845. 4.3. La institucionalización del Estado liberal. 4.4. La oposición al régimen moderado. 5. EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856) 5.1. La revuelta de 1854 y el nuevo gobierno progresista. 5.2. La Constitución de 1854 y las reformas. 6. LA ETAPA FINAL DEL REINADO: LA VUELTA DEL MODERANTISMO. UNIONISTAS Y MODERADOS. 6.1. La vuelta al poder de los moderados. 6.2. El “Gobierno Largo” de la Unión Liberal (1858-1863). 6.3. La crisis final del reinado (1863-1868). 1

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1. LA REGENCIA DE MARÍA CRISTINA (1833-1840).

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En 1833 murió Fernando VII y comenzó la regencia de María Cristina, que debería durar hasta que su hija Isabel alcanzará la mayoría de edad. Pero los partidarios de don Carlos, hermano del difunto rey, iniciaron una insurrección armada para impedir la consolidación del trono isabelino. 1.1. LA PRIMERA GUERRA CARLISTA (1833-1840). A la muerte de Fernando VII, los sectores ultra-absolutistas se negaron a reconocer a la princesa Isabel como reina, proclamaron rey al infante don Carlos y se sublevaron contra el gobierno de la regente María Cristina de Borbón, lo que dio lugar a una guerra civil que se prolongó entre 1833 y 1840. 3 → Las bases sociales del carlismo estaban compuestas por parte de la nobleza rural, gran parte del clero y el campesinado del País Vasco, Navarra, interior de Cataluña y de Valencia y Bajo Aragón. → Bases ideológicas del carlismo: El carlismo es una ideología tradicionalista y antiliberal, defensora de la legitimidad de la monarquía absoluta, de la preeminencia de la Iglesia católica y de la conservación de un sistema foral particularista. La causa del pretendiente al trono recibió el apoyo internacional de potencias absolutistas como Rusia, Prusia o Austria, que le enviaron dinero y armas. → La causa isabelina encontró el apoyo de los sectores absolutistas que habían apoyado las tímidas reformas del último período del reinado de Fernando VII y los sectores más moderados del liberalismo, partidarios de un compromiso con la Corona para construir el régimen liberal. Además, contó con el apoyo internacional de Inglaterra, Francia y Portugal (Cuádruple Alianza de 1834). Fases del proceso bélico: ► Octubre de 1833-Julio de 1835: Desde el levantamiento de las partidas carlistas hasta la muerte de Zumalacárregui en el asedio de Bilbao. Se caracteriza por la delimitación de zonas de influencia. En 1834 Carlos abandona Gran Bretaña y se instala en Navarra, donde creó una monarquía alternativa. Zumalacárregui conquistó Tolosa, Durango, Vergara e Éibar pero fracaso en Bilbao. Situación de los carlistas en otros escenarios: en la zona levantina mal organizados, en el norte de Cataluña se sitúan en el Prepirineo. Las partidas del Ebro se unen a las del Maestrazo y el Bajo Aragón, conducidas por el general Cabrera. ► Julio de 1835-Octubre de 1837: Durante esta fase tienen lugar las principales acciones del carlismo fuera de su zona de influencia (expedición del general Gómez y expedición real de Carlos V hasta las puertas de Madrid). ► Octubre de 1837-Agosto de 1839: La contienda se decanta a favor de los isabelinos. Don Carlos se repliega al norte del Ebro y se produce una escisión dentro del carlismo entre los partidarios del pacto o transaccionistas de Maroto y los intransigentes (apostólicos de Cabrera). Los transaccionistas firmaron con los isabelinos el Convenio de Vergara, sellado por Espartero y Maroto. ►Agosto de 1839-Julio de 1840: Don Carlos no reconoce el Convenio de Vergara y la guerra continua en los focos de resistencia de Levante, hasta la derrota final de los últimos leales carlistas, acaudillados por Cabrera, y su retirada hacia Francia. 1.2. LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL RÉGIMEN LIBERAL. La guerra carlista aceleró de forma irreversible el proceso de revolución liberal en España. Frente al absolutismo y al tradicionalismo de los insurrectos, el bando isabelino sólo podía establecerse con una base social sólida atrayendo a los liberales hacia su causa. Fue así como entre 1833-1843 se llevó a cabo el desmantelamiento jurídico del Antiguo Régimen, la consolidación de la propiedad individual y la configuración de un Estado liberal.

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1.2.1. Los gobiernos de transición. → Paralelamente a la Guerra Carlista tuvo lugar la destrucción definitiva de las bases políticas y socioeconómicas del Antiguo Régimen y la implantación irreversible del liberalismo en España. → El primer gobierno de la Regencia (Cea Bermúdez) suponía la continuidad respecto a la última etapa del reinado de Fernando VII: su programa político, inspirado en los principios del Despotismo Ilustrado, se centró en reformas administrativas (ejemplo: división provincial de Javier de Burgos), pero sin acometer las necesarias reformas políticas, lo que frustró las expectativas de los liberales que apoyaban a Isabel II. →La necesidad de apoyos contra el carlismo y de ayuda financiera para sostener la guerra obligó a María Cristina a entregar el poder a los liberales moderados (gobierno de Martínez de la Rosa), quien 4 inició un conjunto de tímidas reformas políticas que se plasmaron en el Estatuto Real de 1834: * Análisis del Estatuto Real. - El régimen del Estatuto Real se inspiraba en los principios del liberalismo doctrinario. No se trata de una Constitución, sino de una Carta Otorgada en la que la Corona se autolimita, pero que no reconoce la soberanía nacional ni la división de poderes. - Las Cortes, que no tienen la iniciativa legislativa, eran bicamerales: estamento de Próceres (jerarquía eclesiástica, grandes de España, miembros designados por la Corona) y estamento de Procuradores (elegidos por sufragio censitario muy restringido, lo que reserva la participación política a las clases más acomodadas). En esta etapa se consolidó la división (ya existente desde el Trienio) de los liberales en dos corrientes: * Los liberales moderados: fortalecer la corona ante la soberanía nacional y sufragio muy limitado (propietarios). * Los liberales progresistas: limitar el poder del rey a favor del Parlamento y favorables a las reformas sociales 1.2.2. Los gobiernos progresistas. → Los progresistas protagonizaron un conjunto de levantamientos y revueltas urbanas que reclamaban reunión de Cortes, libertad de prensa, nueva ley electoral, etc., lo que, junto a la necesidad de ampliar la base social de la causa isabelina y de conseguir recursos financieros para la guerra hizo que María Cristina entregara el poder a los progresistas (Gobierno Mendizábal). → La oposición de la nobleza y el clero a la desamortización de los bienes eclesiásticos emprendida por Mendizábal obligó a María Cristina a prescindir de Mendizábal y los progresistas y a entregar el poder a los moderados (Gobierno Istúriz). Sin embargo, las revueltas de los sectores progresistas de las ciudades y los pronunciamientos militares del verano de 1836 (motín de los sargentos de la guarnición de la Granja) obligaron a María Cristina a entregar nuevamente el poder a los progresistas (Gobierno Calatrava) y a restablecer la Constitución de 1812, lo que ponía fin al régimen del Estatuto Real y convertía a España en una Monarquía Constitucional. Debemos destacar que en todos los motines, revueltas o pronunciamientos liberales aparecen dos elementos fundamentales: las Juntas y la Milicia Nacional, organismos de tipo burgués y popular creados en las ciudades para defender el liberalismo. Fueron instrumentos fundamentales de progresistas y más tarde demócratas para movilizar al pueblo y forzar un cambio de régimen político. * Las reformas progresistas: La implantación del liberalismo en España. Los gobiernos progresistas de Mendizábal (septiembre de 1835-mayo de 1836) y Calatrava (agosto de 1836-agosto de 1837) asumieron la tarea de desmantelar las instituciones del Antiguo Régimen e implantar un régimen liberal, constitucional y de monarquía parlamentaria. Los puntos fundamentales de las reformas son;

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A) Transformaciones de los derechos de propiedad, consagrando la propiedad libre e individual. → Abolición de los señoríos: Los señores perdían sus atribuciones jurisdiccionales y las rentas que de ellas se derivaban, pero conservan la propiedad de las tierras que los campesinos no pudieron documentar como propias. El antiguo señor se convirtió en propietario con plenos derechos, mientras que los campesinos se vieron convertidos en arrendatarios o jornaleros. → Desvinculación: Se liberaron definitivamente las tierras de los patrimonios vinculados, con lo cual sus propietarios eran libres de venderlos, arrendarlos o explotarlos con mano de obra agraria. Como consecuencia de esta medida, grandes extensiones de tierra salieron al libre mercado. → Desamortización de los bienes eclesiásticos: Emprendida por Mendizábal en 1836, consistió en la disolución de las órdenes religiosas que no se dedicaran a la enseñanza o a la asistencia hospitalaria y la incautación por parte del Estado del patrimonio de las comunidades afectadas. La desamortización 5 implica que los bienes amortizados adquieren la condición de bienes nacionales (propiedad de Estado) y posteriormente son privatizados mediante su venta a particulares, lo que les convierte en bienes libres. Los bienes desamortizados fueron vendidos en pública subasta y el precio de remate podía pagarse en metálico o con títulos de la deuda pública. → Objetivos de la desamortización de Mendizábal: 1. Convertir unas propiedades amortizadas y de titularidad colectiva en propiedades libres en manos de particulares, creando una base social comprometida con el nuevo régimen liberal. 2. Conseguir los recursos necesarios para luchar contra el carlismo. 3. Aumentar los ingresos del Estado y recuperar títulos de la deuda para reducir el déficit. B) Reformas orientadas a la liberalización de la economía. → Abolición de los privilegios de la Mesta, derecho a cercar los campos, fin de las prácticas comunales (ej. : derrota de mieses) y libertad de arrendamientos agrarios. →Libertad de precios y de comercio interior, con la desaparición de las aduanas interiores, lo que permite la creación de un mercado nacional. → Abolición de los gremios (libertad de industria) y abolición de los diezmos eclesiásticos. C) Constitución de 1837 → Elaboración de una nueva Constitución, de carácter ecléctico, con elementos propios de liberalismo doctrinario (moderado) y aportaciones del liberalismo progresista (Constitución de 1837): * Elementos moderados: Otorgaba a la Corona el poder moderador y amplios poderes (veto de leyes, disolución del Parlamento, nombramiento y cese de los ministros); Cortes bicamerales (Congreso de los Diputados y Senado); sufragio censitario muy restringido. * Elementos progresistas: Soberanía nacional y división de poderes; amplia declaración de los derechos del ciudadano (libertad de prensa, de opinión, de asociación, etc.); ausencia de confesionalidad católica.

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A partir de este momento quedó configurado un primer sistema de partidos, sobre la base de los partidos moderado y progresista, que se alternaron en el poder durante el reinado de Isabel II. Pero el modelo político se vio fuertemente mediatizado por la intromisión constante de los militares, que habían aumentado su poder gracias a las guerras carlistas. Así, los generales Espartero, Narváez y O´Donell desempeñaron un papel determinante en el funcionamiento de todos los gobiernos que hubo en España entre los años 1837 y 1843. 1.2.3. Los moderados en el gobierno El triunfo de los moderados en las elecciones de 1837 supuso el inicio de un proceso de revisión de la legislación progresista (ley electoral más restrictiva, limitación de los derechos constitucionales y freno a la desamortización eclesiástica) que culminó con la Ley de Ayuntamientos de 1840 que 6 otorgaba a la Corona la facultad de nombrar a los alcaldes de las capitales de provincia. El apoyo de Mª Cristina a la política moderada provocó el enfrentamiento entre los progresistas y la Regente, lo que dio lugar a un amplio movimiento insurreccional que condujo a su renuncia. → Los sectores progresistas volvieron sus ojos hacia el general Espartero, vencedor de la guerra carlista, la única autoridad con carisma que podía asumir el poder y convertirse en regente. 2. LA REGENCIA ESPARTERO (1840-1843). La regencia de Espartero se caracterizó por la evolución del Régimen hacia el autoritarismo, lo que desembocó en el progresivo aislamiento del Regente. → Durante la regencia de Espartero se retomó el programa de reformas progresistas (desamortización de los bienes del clero secular). → El arancel de 1842, menos proteccionista que los anteriores, provocó un levantamiento en Barcelona, ya que la industria catalana se veía amenazada por la entrada de tejidos ingleses. Espartero respondió con el uso de la fuerza, bombardeando Barcelona, lo que puso en su contra a Cataluña y a buena parte del partido progresista. Los moderados aprovecharon la división del progresismo y el aislamiento de Espartero para realizar una serie de conspiraciones encabezadas por los generales Narváez y O’Donnell, acabaron con la regencia de Espartero, dando lugar a la proclamación de Isabel II como reina en 1843.
3. LAS DIFERENTES OPCIONES DEL LIBERALISMO. EL SISTEMA DE PARTIDOS EN EL REINADO DE ISABEL II.

El sistema político liberal configurado por la Constitución de 1837 se articuló a través de dos grupos, el moderado y el progresista. Con el paso de los años, a la izquierda de este último se formaron los primeros núcleos de demócratas y republicanos. Los partidos políticos del siglo XIX no eran como los concebimos en la actualidad. No se trataba de grupos compactos y homogéneos con una ideología y un programa bien definidos, sino que constituían más bien agrupaciones de personas influyentes y poderosas (notables, civil o militar). Más que partidos organizados eran corrientes de opinión o “camarillas”, vinculadas por relaciones personales o intereses económicos, que se unían para participar en las elecciones y controlar las diferentes parcelas del poder. Se caracterizaban por: → Fuerte componente individualista (divisiones y enfrentamientos entre sus líderes). → Sus ideas se traducían a través de la práctica electoral (sometida a la corrupción y el arreglo), la prensa política y la oratoria parlamentaria. → Era muy importante el peso de los líderes (Narváez, moderado; Espartero, progresista; O’Donnell, unionista). → Uso de elementos simbólicos de raíz histórica (himno de Riego, escarapelas tricolor, banderas…).

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Tenían poco contacto con la realidad social. Con escasa participación electoral de las clases bajas . Se impuso un sufragio muy limitado a las clases más pudientes Evolución de las formaciones políticas durante el reinado de Isabel II

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4. EL REINADO DE ISABEL II: LA DÉCADA MODERADA (1844-1854). 4.1. CONFIGURACIÓN Y CARACTERES DEL RÉGIMEN MODERADO. Tras la caída de Espartero y la breve etapa del Gobierno Olózaga, los moderados se hicieron con el poder, con el apoyo de la Corona, e iniciaron la última etapa de la configuración del Estado liberal en España. El apoyo decidido de la Corona a los moderados de Narváez conducirá a que los progresistas se aparten del sistema político (retraimiento) e intenten acceder al poder por la vía insurreccional (recurso al pronunciamiento, la formación de Juntas revolucionarias y la movilización popular). → Bases sociales. El régimen moderado se basa en el predominio social, político y económico de la burguesía terrateniente, clase surgida de la fusión de la vieja nobleza señorial y los nuevos propietarios 8 rurales, cuyo objetivo era consolidar un nuevo orden social que salvaguardase las conquistas más conservadoras de la revolución liberal frente a la reacción carlista y los excesos revolucionarios de las clases populares. → Liberalismo doctrinario. Los moderados antepusieron la defensa del orden y de la propiedad frente a la libertad y los derechos individuales y colectivos. Ello dio lugar a la sucesión de gobiernos autoritarios cuya política se orientó a la absoluta prohibición de cualquier acción u opinión que atentara contra las bases del régimen. La etapa está presidida por la figura de Narváez, auténtico hombre fuerte del partido moderado, quien controló la vida política tanto como jefe de gobierno como bajo gobiernos ajenos y fue el principal artífice de la Constitución de 1845 y de algunas de las principales reformas del período. Además, reprimió con extrema dureza los movimientos de protesta populares, lo que le granjeó el apoyo de la Corona y de los terratenientes. → Apoyos del moderantismo. Los principales apoyos del moderantismo español fueron la propia Corona y gran parte del ejército, quienes garantizaban el régimen político y el orden social. La reina Isabel apoyó invariablemente a los sectores más conservadores y se alineó claramente con el moderantismo. Los moderados elaboraron un nuevo texto constitucional, inspirado en los principios del liberalismo doctrinario 4.2. Constitución de 1845 → Establece un régimen de monarquía liberal de tendencia conservadora, basado en la participación política exclusiva de una oligarquía de propietarios, garantizada por un sufragio censitario muy restringido. → Establece la soberanía compartida entre la Corona y las Cortes, que siguen siendo bicamerales, con la novedad de que los senadores son de designación real, lo que limitaba la posibilidad de reformas profundas. → Ampliación de los poderes del ejecutivo (gobierno), en perjuicio del legislativo (Cortes). → Sometimiento de los ayuntamientos y las diputaciones a la administración central, lo que inicia el proceso de centralización y uniformización administrativa que caracteriza este período. → Respeta la declaración de derechos de la Constitución de 1837, pero remite su regulación a leyes ordinarias que tenderán a limitarlos en la práctica. → Exclusividad de la religión católica, con el compromiso del Estado de mantener el culto y clero.

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4.3. LA INSTITUCIONALIZACIÓN DEL ESTADO LIBERAL.

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El moderantismo pretendió consolidar la estructura del nuevo Estado liberal reformas administrativas inspiradas en los criterios de centralización y uniformización que caracterizan al Estado liberal: → Reforma fiscal y hacendística de Alejandro Mon (1845): Racionalizó la recaudación de impuestos y los centralizó en manos del Estado (contribución directa y consumos). → Reorganización de la administración: se refuerza la estructura centralizada mediante el fortalecimiento de los gobernadores civiles y militares y el nombramiento de los alcaldes por la Corona y los gobernadores civiles. → Para poner fin a la dispersión de códigos, se aprobó el Código Penal (1848) y se elaboró un proyecto de Código Civil, que recopilaba y racionalizaba el conjunto de leyes anterior, pero que no se aprobó 9 hasta años más tarde. → Ley de administración local de 1845 que intentaba controlar el poder municipal, los alcaldes de municipios de más de 200 habitantes y de las capitales de provincias serían nombrados por la Corona. En resumen, una estructura jerarquizada y piramidal de poder entre municipio, provincia y poder central. → Regulación estatal del sistema de instrucción pública (enseñanza). → Creación de la Guardia Civil (1844), encargada de mantener el orden público y de la vigilancia de la propiedad privada, sobre todo en el medio rural. → Se adopto un único sistema de pesos y medidas, el sistema métrico decinal. Los moderados firmaron en 1851 un Concordato con la Santa Sede, con el objetivo de restablecer las relaciones del Estado Español con la Iglesia Católica, muy deterioradas por las reformas del período anterior (desamortización y abolición del diezmo). 4.4. LA OPOSICIÓN AL RÉGIMEN MODERADO. El fortalecimiento del poder ejecutivo, el sufragio restringido y el apoyo decidido de la Corona al partido moderado, anularon la vía política y parlamentaria como medio de la oposición progresista para acceder al poder, por lo que se vio empujada a la vía insurreccional. Los levantamientos carlistas se revitalizaron en 1847-1849 con la acción de partidas guerrilleras que actuaron fundamentalmente en el Pirineo catalán. La Segunda Guerra Carlista o Guerra de los Matiners (en castellano, madrugadores, en referencia a que las partidas hostigaban a las tropas a primeras horas de la mañana) tuvo lugar fundamentalmente en Cataluña entre septiembre de 1846 y mayo de 1849 debido, al menos teóricamente, al fracasar los intentos de casar a Isabel II con el pretendiente carlista, Carlos Luis de Borbón, que había sido pretendido por distintos sectores moderados de Isabel, singularmente Jaime Balmes y Juan Donoso Cortés y del carlismo. Sin embargo, Isabel II terminó casándose con su primo Francisco de Asís de Borbón. El conflicto, cuestionado por muchos historiadores como tal guerra, fue fundamentalmente un levantamiento popular en distintos puntos de Cataluña. El partido demócrata nació en 1849 como una escisión del ala izquierda del partido progresista y defendía el sufragio universal, al tiempo que criticaba la monarquía de Isabel II. El proyecto de reforma política de Bravo Murillo de 1851, que pretendía hacer evolucionar el régimen hacia el autoritarismo, provocó la crisis política del moderantismo. Dicho proyecto significaba la práctica eliminación de la vida parlamentaria, lo que unió en su contra a todos los grupos del moderantismo y provocó su dimisión. La sucesión de gobiernos cada vez más ineficaces y aislados alentó a los progresistas y demócratas a unir sus fuerzas para recurrir al pronunciamiento frente al gobierno Sartorius, que a fines de 1853 había disuelto las Cortes y gobernaba de forma dictatorial.
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5. EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856)

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5.1. LA REVUELTA DE 1854 Y EL NUEVO GOBIERNO PROGRESISTA. El Bienio Progresista comenzó con la revolución de 1854, consecuencia de la confluencia de un sector del partido moderado y los progresistas, que triunfó gracias al respaldo popular. El movimiento insurreccional se inició con el pronunciamiento de los generales moderados O’Donnell y Dulce, quienes se enfrentaron a las tropas gubernamentales en Vicálvaro, batalla que dejó la situación indecisa y tras la cual los pronunciados se retiraron hacia Andalucía. El objetivo de este pronunciamiento era un relevo de gobierno para terminar con el autoritarismo antiparlamentario y volver al espíritu de la Constitución de 1845. Los rebeldes se reagruparon y publicaron el Manifiesto de Manzanares que reivindicaba una 10 serie de principios para el cambio de la situación con vistas a una regeneración liberal: estricto cumplimiento de la Constitución, reforma de la ley electoral para ampliar el derecho al voto, reducción de los impuestos y restauración de la Milicia Nacional. Esta proclama determinó que los progresistas se sumaran al levantamiento. os levantamientos populares en las ciudades, en apoyo del movimiento insurreccional, contribuyeron a su radicalización y facilitaron el triunfo de los pronunciados: el 26 de julio de 1854, Isabel II encargó la formación de gobierno al general progresista Espartero, con O’Donnell como Ministro de Guerra, iniciándose un período de gobiernos progresistas que retomaron algunos aspectos del programa más radical del liberalismo. Las primeras reformas fueron la restauración del régimen político de la Constitución de 1837, de la Milicia Nacional y de la ley municipal progresista. En las elecciones a Cortes Constituyentes apareció una nueva fuerza política, la Unión Liberal. Era un partido con vocación de centro integrado por moderados aperturistas, cansados del conservadurismo de su partido y convencidos de la necesidad de ampliar la base social del régimen, y progresistas cercanos al moderantismo, asustados de los planteamientos radicales de progresistas y demócratas. A lo largo del Bienio fue creciendo su influencia, al tiempo que se constituía en la única alternativa al progresismo, con O’Donnell como líder. 5.2. CONSTITUCIÓN DE 1854 Y RFORMAS. La elaboración de un proyecto de nueva Constitución que recogiera los principios básicos del liberalismo progresista (Constitución nonata de 1856): soberanía nacional, limitación de los poderes de la Corona y del gobierno, que pasarían a estar estrechamente controlados por las Cortes, declaración de derechos individuales detallada y precisa, con especial énfasis en la libertad de imprenta y en la libertad religiosa, elección directa de alcaldes por los vecinos de cada municipio, restablecimiento de la Milicia Nacional y ampliación del cuerpo electoral. Esta Constitución nunca llegó a tener vigencia: su puesta en vigor fue aplazándose ante la agitación política que inundaba el país y en otoño de 1856 el general O’Donnell decretó la anulación del proyecto y la confirmación de la Constitución del 45. Los progresistas actuaron en defensa fundamentalmente de los intereses económicos de la burguesía urbana y de las clases medias y acabaron chocando tanto con los movimientos obreros y urbanos como con los moderados. Las principales reformas del Bienio fueron una serie de leyes encaminadas a sentar las bases de la modernización económica del país: → Se reanudó la obra desamortizadora con la Ley de Desamortización General, conocida como Desamortización de Madoz (1855), que declaraba la venta de toda clase de propiedades rústicas y urbanas pertenecientes al Estado, a la Iglesia, los propios y los comunes de los Ayuntamientos y, en general, todos los bienes que permanecieran amortizados, completando el proceso iniciado por Mendizábal en 1836.

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→ La Ley General de Ferrocarriles (1855) tuvo como objetivo promover la construcción ferroviaria, hasta entonces casi inexistente. Las ventajas fiscales, las subvenciones y la protección del gobierno dieron todo tipo de facilidades a las compañías con objeto de atraer inversiones y permitieron impulsar la construcción acelerada de vías y estaciones. La configuración de la red imitó el modelo radial de carreteras implantado en el siglo XVIII con Madrid como centro. → La Ley de Sociedades Bancarias y Crediticias (1856) contribuyó a facilitar la inversión ferroviaria y permitió el surgimiento de un mercado financiero moderno, promoviendo la entrada de capitales y un clima de euforia en las Bolsas. A su amparo, gracias a las exenciones fiscales y a la libertad de movimientos, surgieron sociedades de crédito y bancos industriales y comerciales por todo el país. El grave clima de conflictividad social, debido al alza de precios y al consiguiente empeoramiento de las condiciones de vida de las clases populares, provocó levantamientos obreros y 11 campesinos, con incendios de fincas y fábricas, cada vez reprimidos con mayor brutalidad por el ejército y la guardia civil. Estos conflictos sociales ocasionaron la caída de Espartero y su sustitución por O’Donnell, quien restableció los principios del moderantismo (Constitución de 1845), poniendo fin al Bienio Progresista. 6. LA ETAPA FINAL DEL REINADO: LA VUELTA DEL MODERANTISMO. UNIONISTAS Y MODERADOS. 6.1. LA VUELTA AL PODER DE LOS MODERADOS. El gobierno O’Donnell que puso fin al Bienio Progresista y liquidó el proyecto de Constitución (Constitución nonata de 1856) fue sustituido en octubre de 1856 por un gobierno presidido por Narváez, quien volvió a una política claramente moderada: suspendió la desamortización, anuló todas las disposiciones de libertad de imprenta y cuantas se opusieran al Concordato de 1851, y restableció el impuesto de consumos. El gobierno Narváez coincidió con un período de malas cosechas y de recesión industrial y financiera que provocó el empobrecimiento de amplias capas sociales: el gobierno reprimió duramente las protestas y prohibió las asociaciones obreras. Durante esta etapa se aprobó la Ley de Instrucción Pública (Ley Moyano) que estableció el sistema educativo vigente hasta bien entrado el siglo XX. El talante conservador y represivo de Narváez acabó minando su apoyo en las Cortes y la Reina acabó sustituyendo a los moderados por los unionistas de O’Donnell. 6.2. EL “GOBIERNO LARGO” DE LA UNIÓN LIBERAL 1858-1863. Su programa político consistió en la defensa obsesiva del orden y tuvo como objetivo principal hacer más eficaz el funcionamiento de la Administración. Contó con una mayoría abrumadora en las Cortes, gracias a las prácticas de Posada Herrera, ministro de Gobernación, quien aseguraba al gobierno cómodas mayorías a través del control de las listas electorales y la presión de los caciques del partido en provincias. La estabilidad política coincidió con un período de prosperidad económica: fue la etapa dorada de la especulación y la construcción ferroviaria, de una nueva expansión de la industria textil catalana y del surgimiento de los primeros altos hornos en Vizcaya y Asturias. El gobierno de la Unión Liberal emprendió una activa y agresiva política exterior, en el contexto de la expansión imperialista de las potencias europeas, cuyos objetivos eran desviar la atención de los españoles de los problemas internos (crisis social motivada por los levantamientos campesinos y las manifestaciones obreras), contentar a importantes sectores del ejército para evitar su participación en aventuras políticas y exaltar la conciencia patriótica, en pleno auge del nacionalismo en Europa (“Guerras de prestigio”):

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* Expedición hispano-francesa a Cochinchina (1858-1863): fue un paseo militar, pero no reportó nada concreto a nuestro país, y sí a los franceses, que iniciaron así su control de Indochina. * La guerra contra Marruecos (1859-1860) tuvo como pretexto el ataque de los rifeños a la plaza de Ceuta, pero respondía realmente a un intento de expansión colonial en el norte de África. Tras las victorias de los Castillejos y Wad-Ras, el ejército español tomó Tetuán y puso cerco a Tánger. La amenaza de una intervención inglesa, que no quería permitir una expansión española tan cerca del Estrecho, obligó a España a aceptar un acuerdo de paz por el que se ampliaban las plazas de Ceuta y Melilla y se obtenía Sidi-Ifni. * Otros conflictos: expedición a México, el intento de recuperar Santo Domingo y la guerra contra Perú y Chile. 12 6.3. LA CRISIS FINAL DEL REINADO 1863-1868. La descomposición de la Unión Liberal, ante la falta de objetivos políticos y el desgaste que producía el ejercicio del poder, provocó la dimisión de O’Donnell y el retorno de los moderados de Narváez al gobierno. Con la vuelta de un gobierno conservador y represivo se abrió el proceso que acabó con la monarquía borbónica, proceso en el que fue decisiva la crisis económica y el agravamiento de la situación social y política: Los primeros síntomas de la crisis se produjeron en 1864: freno de las construcciones ferroviarias y descenso de las inversiones extranjeras. Las causas esenciales del parón de la actividad económica fueron el déficit de las empresas ferroviarias y la falta de algodón como consecuencia de la Guerra de Secesión estadounidense, lo que hizo caer en picado la producción textil catalana. A ello se añadió el derrumbamiento de la Bolsa en 1866 por el crack europeo, lo que provocó la ruina de muchos pequeños inversores. Se agudizó el clima de descontento político, ante la inoperancia y la actitud cada vez más autoritaria de los sucesivos gobiernos: → Matanza de la Noche de San Daniel (abril de 1865): represión indiscriminada de las protestas estudiantiles que siguieron a la expulsión de Castelar de su cátedra universitaria por sus críticas al gobierno. → Pronunciamiento del general progresista Prim en Villarejo de Salvanés (enero de 1866). → Sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil (junio de 1866): el cuartel fue tomado al asalto por las tropas gubernamentales, a lo que siguió una durísima represión. En agosto de 1866, progresistas, demócratas y republicanos firmaron el pacto de Ostende, con el objetivo de destronar a la Reina y convocar Cortes Constituyentes por sufragio universal. En 1867, tras la muerte de O’Donnell, la Unión Liberal (Serrano) se sumó al pacto, completando la coalición de fuerzas que protagonizó la Revolución de 1868 y puso fin a la monarquía borbónica.

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- Defendían el Antiguo Régimen y la monarquía absoluta. - Apoyos sociales: nobleza rural, clero y campesinado.

CARLISTAS
ADVERSARIOS

PRIMERA GUERRA CARLISTA (18331840)

- Proponían la abolición del Antiguo Régimen y la implantación de un Estado liberal. ISABELINOS - Apoyos sociales: alta nobleza, funcionarios, burguesía y clases populares urbanas. * Octubre de 1833-Julio de 1835. Hasta la muerte de Zumalacárregui. * Julio de 1835-Octubre de 1837. Expediciones de Gómez y Carlos. * Octubre de 1837-Agosto de 1839. Convenio de Vergara. * Agosto de 1839-Julio de 1840. Resistencia de Cabrera y final.

FASES

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CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO LIBERAL 1833-1843
● Último intento desde el pasado: El Estatuto Real de 1934. ● Se inicio en 1836 con la llegada al poder de los progresistas. ● Consolidó la abolición del Antiguo Régimen y la sustitución del absolutismo por un sistema político liberal. - Constitución de 1837. - Abolición del rég. señorial. ● Principales reformas - Reforma agraria liberal - Desvinculación. - Desamortización de Mendizábal. - Medidas liberalizadoras de industria y comercio. - Soberanía nacional, constitucionalismo y parlamentarismo. - Moderados - Alternancia en el poder de - Progresistas. - Marginados del sistema: demócratas y republicanos. → Intervención del ejército: pronunciamientos. → Fraude electoral e intromisión de la Corona. → Revueltas populares para conseguir el cambio político.

Revolución liberal

●Fundamentado en

Estado liberal

● Inestabilidad política

- Gobiernos de transición (1833-35). * Regencia de Mª Cristina (1833-40) - Gobiernos progresistas (1835-1837) - Retorno de los moderados (1837-1840. ● Etapas - Gobierno de los progresistas. * Regencia de Espartero (1840-1843) - Autoritarismo del regente. - Política librecambista. - División y crisis del progresismo.

Historia de España. 2º Bachillerato
CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO LIBERAL 1843-1868.

IES FRAY LUIS DE LEÓN

DÉCADA MODERADA 1844-1854.

→ Bases ideológicas: liberalismo doctrinario (ley y orden). Constitución de 1845. → Apoyos sociales: burguesía terrateniente, Corona, parte del ejército, Iglesia. ● Concordato con la Santa Sede. ● Reforma de la Administración. → Institucionalización del Estado. ● Reforma fiscal y jurídica (Código penal) ● Creación de la Guardia Civil. - Centralización. - Uniformismo. - Jerarquización.

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BIENIO PROGRESISTA (1854-1856)

● Pronunciamiento de 1854: gobierno de progresistas y Unión Liberal. ● Nuevo proyecto de constitución no aprobado (1856). * Desamortización de Madoz. ● Legislación económica * Ley de Ferrocarriles. ● Conflictividad social: inicios del obrerismo.

- Estabilidad política y crecimiento económico. GOBIERNOS UNIONISTAS (1856-1863) - Política exterior de prestigio - Indochina - Marruecos. - México.

GOBIERNOS MODERADOS 1863-1868

● Autoritarismo del gobierno y represión de la oposición. ● 1866: crisis económica. ● Pacto entre unionista, progresistas y demócratas para derrocar a Isabel II.

Prof. Félix González Chicote

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